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La moral cruel colombiana*

A moral cruel colombiana

The cruel Colombian morality

Mónica Zuleta Pardo**


* Este proyecto fue financiado por la Universidad Central por ser uno de los ganadores de la Primera Convocatoria Interna de Investigaciones (2011). La investigación se realizó durante el 2012.

** Psicóloga, socióloga y filósofa. Doctora en Historia. Profesora e investigadora del Iesco-Universidad Central, Bogotá (Colombia) y coordinadora de su línea de Socialización y Violencia. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. (2011).


Investigadora principal:

Mónica Zuleta

Co-investigadora:

Luisa Soraya Vega

Auxiliar de investigación:

Óscar Guerrero

Entidad financiadora:

Universidad Central


El grupo de investigaciones Socialización y Violencia del Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos (Iesco) de la Universidad Central, se ha propuesto desde hace unos años realizar una serie de estudios para explorar la moral colombiana. Éste en particular, tuvo como objetivo formular una interpretación que comunicara el proyecto de ciencia jovial de Nietzsche y las imágenes paradójicas de los cuentos de Borges, para examinar los prejuicios revelados en la literatura documental publicada entre los años treinta y los noventa del siglo pasado, sobre la confrontación armada campesina de mediados del siglo, conocida como la Violencia, sus antecedentes y consecuencias. El estudio fue a contracorriente de las prácticas científicas humanísticas que se sustentan en la epistemología kantiana y aprecian las costumbres morales como objeto metafísico o estético, pero no como objeto científico.

Las congregaciones humanísticas, cuando apareció La crítica de la razón pura, estipularon como su función "buscar la verdad". Ennoblecieron el conocimiento científico y sometieron o marginaron a los demás porque, de acuerdo con sus integrantes, era el único que estaba capacitado para ir al encuentro de los "fenómenos" de la experiencia. Definida su función y determinada su actividad, dichas comunidades delimitaron un campo para materializar el proyecto al que bautizaron con el nombre de razón ilustrada. La perspectiva nietzscheana de la sospecha evidenció la hipocresía de la Ilustración, al revelar que la práctica científica de contemplación de los fenómenos estaba soportada en ideales metafísicos; aceptó, sin embargo, la función establecida para la ciencia por Kant, pero advirtió que sólo llegaría a cumplirse en el momento en que los científicos problematizaran las verdades absolutas y eternas que les servían como sustento.

La ciencia jovial, como Nietzsche la propone, encamina el conocimiento a develar los prejuicios que recubren los objetos, de manera que al quedar desnudos, dejen ver las fuerzas que llama nobles y viles, que los constituyen. Critica la moral rectora de las pasiones, entendida ésta como la voluntad de poder que se enseñorea en las cosas que "proporcionan color a la existencia". Fundamenta estos presupuestos en la tesis de que la capacidad humana está "narcotizada" por la acción de la razón. Usa como método el perspectivismo, con el cual empequeñece y acorta en la distancia el interés apasionado, grande y pesado por lo próximo, y emplea como instrumentos el gusto y la fuerza creadora, valores del arte. A través del cuestionamiento de la moral, esa ciencia invita a despertar la voluntad adormilada y a participar del acontecimiento que propiciará encuentros alegres entre diferentes expresiones de la vida.

Las imágenes de Borges resultan de la conjunción de series de causas y efectos que ordinariamente son disyuntivas, y hacen aparecer la ambigüedad al enfrentar al lector con alternativas que no se resuelven lógicamente: al protagonista del relato no le es factible optar por una u otra posibilidad, sino que debe optar por ambas a la vez. Mediante combinaciones entre la predestinación y el azar, que en última instancia se vuelven lo mismo, dichas imágenes hacen aparecer la perversión del orden humano en el destino y la experiencia. También delinean a los personajes no por actos subjetivos psicológicos, sino por actos paradójicos externos a la razón: cuasimarionetas que tienen que hacer aquello para lo que están predestinadas, al mismo tiempo que deben experimentar azarosamente infinitas opciones cuya vivencia termina por volverse siniestra o trágica. La crueldad se revela cuando las imágenes entrecruzan el destino laberíntico que predetermina la vida y el azar caótico que vuelve la vida un juego de múltiples opciones paradójicas que los personajes no pueden escoger, sino que experimentan arbitrariamente.

La literatura documental de la Violencia, del siglo pasado, además de abundancia de imágenes de guerra entre ejércitos, muestra gran cantidad de imágenes crueles. En dichas imágenes, personas y grupos, armados y poderosos, abusan de personas o grupos, desarmados o impotentes, los amedrantan, los expulsan de sus territorios, les arrebatan sus bienes, los someten, o les provocan su muerte. Por otro lado, muchos autores de los escritos no condenan esas imágenes, sino que las aprecian como naturales y ordinarias, o las condenan cuando achacan la responsabilidad de los actos de crueldad a quienes valoran como enemigos; igualmente, muchos de ellos parecen más preocupados por demostrar que sus creencias ideológicas son verdaderas que en "buscar la verdad" de la realidad que contemplan. Al encontrar esa misma actitud, a pesar de las diferencias ideológicas explícitas, entre lo que entienden los distintos autores como prácticas políticas "correctas" e "incorrectas", entrevimos lo que llamamos moral cruel. Nos propusimos entonces construir una interpretación "jovial" que permitiera revelar las lógicas gobernantes de esa actitud moral.

Porque el advenimiento de Colombia como república se ha acompañado de pequeñas guerras que no cesan; porque el país es uno de los más violentos del mundo pero a cuentagotas, en donde se hace daño de a poquitos; y porque las tradiciones políticas privilegian el reinado de la crueldad, consideramos importante interpretar las costumbres morales que nos gobiernan. Quizás al contemplar dichas tradiciones como un objeto de la ciencia, pero jovial, y convertirlas en caricatura y risa, y en vacuidad y distancia, puedan ser abiertas ventanas que dejen entrar vientos nuevos.

Objetivos

El objetivo general fue construir una interpretación "jovial" de la moral cruel que empleara técnicas nietzscheanas de revelamiento de la verdad y técnicas borgianas de composición paradójica de personajes, para desnudar el funcionamiento de las lógicas culturales con las cuales se juzgan las costumbres políticas colombianas, lógicas entreveradas en la literatura documental que durante el siglo pasado se ocupó de estudiar, analizar e informar sobre la Violencia, sus antecedentes y consecuencias.

Para alcanzar esa finalidad, se delimitaron los siguientes objetivos específicos: en primer lugar, descifrar el concepto de voluntad de poder de Nietzsche, a través de un método de lectura genealógico que develara los significados de los valores del concepto, delimitara los acontecimientos que lo fundan y diferenciara las fuerzas que lo integran, así como las distintas funciones que las fuerzas cumplen. Igualmente, descomponer el mundo imaginativo de Borges mediante un método de lectura interpretativo que extrajera las cualidades de sus personajes principales, seleccionara las circunstancias donde actúan, describiera los papeles que ejecutan, explicitara los sentimientos que acompañan sus acciones y descifrara las escalas de valores en las que justifican sus sentimientos. Por último, desfigurar las imágenes de los prejuicios de la literatura documental sobre la Violencia, a través de un método de lectura pragmático que al unir la idea de voluntad de poder y la imaginación paradójica, revelara los significados de los valores que gobiernan las creencias en lo que se considera como hábitos políticos "buenos" y "malos".

Resultados

Quisimos construir una opción que puede llamarse genealógica, resultado no solamente de lecturas sobre el método, sino de irlo poniendo en práctica en función de la noción también nietzscheana de voluntad de poder. Trazamos un camino de doble vía: fabricar un proceso sistemático para ir dando respuesta a las preguntas que formulábamos respecto a lo que llamamos moral cruel colombiana, y en vez de seguir unas fórmulas a ciegas, usar lo que íbamos construyendo para ir replanteando el camino. Con este propósito, formulamos una definición destinada a que otros apliquen este método. Entendimos, entonces, por genealogía, el ejercicio de pensar encaminado a develar en el orden de las razones, el significado de un término en función de los valores en los que se constituye, consecuencia a su vez del predominio de una relación de fuerzas. Su aplicación demanda descifrar el sentido que se constituye cuando un conjunto de valores que no estaban relacionados entre sí, se entretejen; también requiere diferenciar las condiciones de subyugación que hacen posible que esos valores permanezcan entretejidos; finalmente, supone determinar las condiciones que originaron ese encadenamiento valorativo.

El estudio de las obras de Nietzsche nos había dejado un sinsabor porque la noción de impotencia que plantean, la más importante para nosotros, nos parece que mantiene algunos elementos de la perspectiva predominante en ciencias sociales de juzgarnos a través de modelos occidentales, en cuanto afirma que el único mundo que existe es el que se encamina a alcanzar ideales. Distanciándonos de esta lógica nietzscheana, al tiempo que acogiéndola, postulamos que el mundo de la crueldad no está regido por sólo una operación de simulación, como el autor asegura en referencia al mundo idealista, sino por dos: sus pobladores simulan que simulan al no querer alcanzar ideales sino al fingir que quieren hacerlo. En este sentido, se asemejan al personaje del artista corrupto que Nietzsche bosqueja, quien finge creer en esos ideales para obtener provecho Sin embargo, se distancian de él en que deben practicar para persistir, dos operaciones de simulación. La crueldad no da tregua porque lo que pone en juego, a diferencia de aquello que según Nietzsche motiva la música de Richard Wagner, es decir, el ansia vanidosa de la perpetuidad, es continuar con vida, literalmente. Entendimos, pues, por hermenéutica, el ejercicio de crear una ficción que desnude las construcciones que los seres humanos inventamos para persistir. Emplearla supone extraerle al arte su fuerza de invención para ponerla a funcionar en la formulación de problemas científicos.

Teníamos que hacer puentes entre la distancia que nos separaba de Nietzsche y otras propuestas de las que también pudiéramos sustraer herramientas, en este caso, para el análisis. Habíamos variado el presupuesto nietzscheano, según el cual, el vacío sólo es propio del arte, puesto que, a nuestro juicio, puede también ser particular de mundos constituidos que aunque reactivos, tienen existencia propia. Entonces, era hora de analizar las fuerzas que llevan a que los personajes de la literatura sobre la violencia colombiana actúen, a la vez, cruel y alegremente. La aplicación de la pragmática nos hizo ver algunas de las operaciones que ponen en práctica las fuerzas de la crueldad para dominar. En este sentido, y consecuentes con nuestros propósitos de convertir el método particular en uno que pueda ser aprovechado por otros, entendimos por pragmática el análisis de los componentes de la dominación destinado a vislumbrar sus tendencias, las fuerzas que la contienen y la impelen a seguir actuando de la misma manera, y las que la empujan a transformarse en cuanto quieren liberarse del medio en el que están atrapadas.

Con los elementos con los cuales contábamos de la literatura que analizamos, construimos lo que llamamos máquina de simulación. Tomamos de Henry Bergson su noción de moral estática y dinámica, según la cual, el arte de fabular es la manera como las sociedades "primitivas" le dan sentido a su mundo, a través de ficciones religiosas con las cuales justifican lo que les sucede y lo que hacen; mientras que el arte de experimentar es la manera de inventar vida nueva. Y la propuesta de pragmática de William James que es el ejercicio de pensar encaminado a conformar las conductas que se adecúan a la definición de un término. Combinándolas, discernimos esta máquina de simular en la literatura que analizamos, a través de las operaciones de inventar imágenes que construye, mediante artilugios que convierten ficciones en realidad. Los artilugios manipulan las sensaciones provenientes de los sentidos para obligar a la conciencia a captar lo que la imagen le muestra en lugar de lo que le provoca la sensación corporal. Su potencia radica en la operación de maniobrar triquiñuelas que seduzcan por miedo a perder gabelas. Finalmente, esos artilugios cubren de velos la existencia y son amplificadores de sentimientos de placer y reductores de sentimientos de dolor.

Sabemos que esta intuición hay que profundizarla y densificarla para volverla una noción propia, tarea a la que nos queremos dedicar. Se diferencia de lo que comúnmente se entiende por conductas de representación, porque no está sostenida en premisas universales sobre el conocimiento ni en aprioris espaciotemporales sobre la percepción, sino en la fórmula idealista de Borges; funciona en lo fallido, haciendo que se inviertan sus premisas: desordena la promesa civilizatoria de que en el futuro terminaremos por volvernos una sociedad adelantada, para que en cambio de que actúe como ideal por alcanzar, se convierta en el motor que nos impele a sacar provecho de nuestra existencia presente.


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