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Desde los orígenes mismos de la modernidad, la sensibilidad se ha pensado como lo otro de la razón. El pensamiento cartesiano bifurcó la senda del conocimiento, dejando a un lado la razón, la ciencia y los objetos, y, del otro, lo sensible, el arte y los sujetos. Así, dos mundos fueron inscritos en la vida como opuestos, con lo que la sensibilidad se cubrió bajo el manto de la desconfianza, como un lugar equívoco y problemático para el conocimiento.

En consecuencia, el conocer del mundo y de la humanidad misma sospecha de la sensibilidad como posibilidad de producción y de reflexión, o la subordina al marco científico que la define en términos de universalización. Quizás, tal perspectiva nos ha inscrito en un cuerpo de cuya sensibilidad no podemos esperar saber alguno, a menos que sea domesticada en la experiencia regulada y controlada del experimento. No obstante, y siguiendo a Le Bretón, la idea cartesiana "pienso, luego existo" debería implicar también el reconocimiento de que siento luego pienso, siento luego existo.

Pero el problema de la subordinación de la sensibilidad a la razón no sólo afecta la posibilidad de conocimiento. Las fuerzas de poder y de saber desplegadas desde el modelo civilizatorio moderno, operan minuciosamente sobre los cuerpos y las poblaciones, interviniendo las posibilidades de la experiencia sensible. Así, la sensibilidad no escapa a las regulaciones y los intentos por constreñir sus potencias transformadoras: precisamente, por su posibilidad subversiva y creadora, la sensibilidad es objeto de diversas intervenciones y estrategias.

El mundo existe desde los sentidos y las diversas sensaciones que nos permiten percibirlo. Pero la percepción no es aprehensión directa de cosas y estímulos externos al sujeto, por el contrario, es interpretación desde las adscripciones culturales. Por tanto, la intervención del poder sobre la sensibilidad se expresa también en las distintas tecnologías que, por ejemplo, se implementan para configurar cuerpos dóciles o, contemporáneamente, cuerpos hiperestésicos, prestos a la excitabilidad del consumo incesante.

Está suficientemente demostrado cómo las instituciones disciplinares de la modernidad intervinieron los cuerpos hacia la domesticación del sujeto. Por consiguiente, la sensibilidad propiciada apuntaba al máximo aprovechamiento de las fuerzas corporales tanto como a su incorporación en la maquinaria social. Como estas instituciones siguen existiendo (piénsese en el papel central de la escuela, la Iglesia y el ejército), su operación en las sensibilidades es un tema que requiere reflexión. Por tanto, vale la pena indagar las maneras como se regulan diversas formas del movimiento, se determinan prácticas para el crecimiento corporal y se pautan modos del sentir según los enclasamientos de jerarquías y géneros. ¿Seguimos produciendo mujeres "sensibles" y expresivas al tiempo que hombres "endurecidos" y ascetas frente a sus sensaciones? ¿Cómo se codifica la experiencia sensorial para la regulación del cuerpo-sujeto productivo? ¿Se privilegia la abstracción y las formas más racionales del pensar como camino de formación de los sujetos? ¿Qué posibilidades de resistencia y de reconfiguración del poder se gestan y movilizan desde las potencias de la sensibilidad?

Pero, además, el sistema socioeconómico que sustentó la modernidad se ha transformado hacia su globalización, deslocalización y predilección por los flujos. Entonces, ¿qué formas de la sensibilidad requiere propiciar ahora el poder? Asistimos a configuraciones del cuerpo y la subjetividad que se anudan a formas de la experiencia sensible cada vez más estimulada, caracterizadas por la exacerbación de la intensidad, lo híper, el plus de las sensaciones crecientes, las nuevas formas de articulación de la experiencia del tiempo, que incitan una percepción siempre abierta, en búsqueda constante. ¿Emergen "nuevos paradigmas estéticos" en los cuales el ser busca modos creativos que se alejan de la tendencia maquínica de lo social?

El tránsito de la sociedad disciplinar a aquella que Debord llamó del espectáculo nos aboca a la preeminencia de uno de los sentidos en la configuración del entramado social. El mundo sensible se organiza en la modernidad tardía esencialmente en torno a lo visual. El sujeto sabe que su imagen no le representa fielmente y justo por ello está en constante construcción de aquella que dé cuenta de su sensibilidad instantánea. La imagen se torna en eje de un proyecto con permanente puesta en escena de mismidad. Y, de igual forma, los modos de comunicación virtual abren el espectro a una movilidad de la otrora identidad unívoca.

¿Cómo entender ese actuar constante del sujeto sobre su propia imagen? ¿Enajenación sensorial? ¿Trayectos de una subjetividad volcada a sí misma? ¿Renuncia a proyectos de sociedad en aras de una multiplicidad de imágenes de sí? ¿Modos de resistencia a la captura de la representación universal y prescrita? Estos son, entre otros, los interrogantes que circulan en el presente número de Nómadas, en tanto se indaga la sensibilidad respecto al poder y su relación en la configuración de la sociedad en los planos del conocimiento, la producción de los sujetos y las transformaciones de la creatividad contemporánea. Tales reflexiones han convocado un conjunto importante de artículos que proponemos en una serie de nodos, con los cuales esperamos suscitar sospechas y nuevas preguntas, como sigue.

Teorías desde la sensibilidad

Este eje articula reflexiones e investigaciones orientadas a hacer visible la potencia de formas de saber y conocer inspiradas y tensionadas desde varios ámbitos de la sensibilidad. Preguntas que atraviesan por los archipiélagos del cuerpo o los trayectos de los estudios de la corporalidad en Colombia, por la posibilidad de pensar los cuerpos y las emociones en el pensamiento de Marx, así como por la potencia de la teoría para una biopolítica afirmativa desde el pensamiento de Judith Butler.

El bien-estar de la subjetividad corporeizada

La sensibilidad nos avoca a la experiencia limítrofe del cuerpo, desde el placer al dolor, de la vitalidad hasta la enfermedad. Por ello, urge la apertura y visibilidad de variadas formas de intervención que producen nociones de salud y bienestar, efectos en el vivir de la subjetividad corporeizada, maneras de pensar, lo que implica estar "bien" en la sociedad contemporánea.

Sensibilidad y movilización social

Se abre espacio a las investigaciones sobre políticas culturales y acciones orientadas hacia transformaciones y reconfiguraciones políticas desde las vivencias de subjetividades, por ejemplo juveniles, que ponen sus cuerpos en el centro de modos festivos de resistencia, en contraste con la experiencia corporal de quienes arriban por desplazamiento a una ciudad como Medellín en Colombia. Este eje también nos confronta con la relación cuerpo-territorio, entendiendo la tierra en íntimo vínculo con formas de resistencia sensible, que se movilizan en España y Portugal.

Subjetividades descentradas

En este eje se han incluido dos artículos que proponen reflexiones en torno al trastrocamiento de las feminidades y las masculinidades a partir de experiencias sensibles relacionadas con posibilidades de cultura y comunicación contemporáneas. Así, el género es interpelado como centro dual de configuración de la subjetividad de hombres y mujeres, e indagado en la multiplicidad de su puesta en escena.

Sensibilidad y globalización

Se presentan reflexiones y resultados de investigación que proponen experiencias en las cuales se reconfiguran los marcos sensibles para la constitución de identidades. Se trata de modos en que los sujetos se exponen a las rupturas de sus propias formas de sentir, tanto como a la interpelación de los roles que conforman. Prácticas cotidianas como el videojuego, la religión y el teatro exploran los derroteros de la sensibilidad en el mundo contemporáneo.

Este acervo de indagaciones, nos permite pensar que la sensibilidad acontece como posibilidad para la construcción de ciertas formas de conocimiento, a la vez que tensiona la subjetividad con sus contingencias de subjetivación, y avoca las relaciones con el mundo y la intersubjetividad hacia alternativas políticas de resistencia. Se trata de elevar la potencia de las apuestas por otras formas de ser, hacer y conocer, que incorporan la razón -la incardinan-, e integran la sensibilidad a la experiencia, y nos recuerdan, tal como lo señaló Foucault, que allí donde hay ejercicios de poder, también hay potentes maneras para resistir, que pueden devenir en actos creadores y de transformación social. En últimas, esta "vuelta" de la sensibilidad nos anima a reinventar el mundo y, también, nuestro propio cuerpo desde sus posibilidades sensitivas, expresivas y creativas.


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