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Orientamos este número monográfico de NÓMADAS desde un marco crítico de la modernidad, entendida como una articulación de prácticas ligadas sobre todo al desarrollo del mercado capitalista, que conforman una experiencia (paradójica y heterogénea), y no un indicador de civilidad o progreso.

Por lo que en vez de sumarnos al consenso historiográfico que conmemora los bicentenarios de los movimientos de independencia, y que alaban la democracia, la civilidad, la vigencia de la constitucionalidad y de una interculturalidad tolerante e incluyente, convidamos, en cambio, los puntos de vista críticos respecto del pasado, el presente y el futuro más inmediato del continente y de nuestro país, esperando mapear las discusiones críticas actuales en torno a la relación entre colonialismo, independencia y descolonización.

Invitamos a que, además de la investigación realizada por los académicos de las ciencias sociales, también estuvieran presentes las prácticas de conocimiento de los movimientos indígenas y de las negritudes; predecesoras, algunas, en resistir el racismo y el colonialismo y en enfrentar la globalización de la modernidad de corte euro-norteamericano.

Por esto mismo recordamos que la celebración del Centenario independentista tuvo lugar en medio de una Hispanoamérica subordinada a Europa y, a finales del siglo XIX, a merced del nuevo imperio de los Estados Unidos, y que en el país las élites exaltaron su nexo histórico con España, atribuyendo nuestra "incivilidad" a una debilidad sociocultural de las comunidades prehispánicas, al mestizaje racial y a las condiciones climáticas y geográficas.

Tal régimen de representación sobre la Independencia obliteró la agencia de los sectores subalternos, insubordinados en la revuelta comunera y que ayudaron a constituir los gobiernos provisionales en varias ciudades. Asimismo, ignoró la actividad libertaria del movimiento de resistencia cimarrón y su constitución de palenques que animaron otras rebeldías en Latinoamérica y el Caribe.

Tal recuento, involucra una pregunta por los actos de consentimiento que reflexivamente podemos formular acerca de la obediencia o desobediencia respecto de los nuevos regímenes de representación que, por quince años, festejarán los países latinoamericanos alrededor de los bicentenarios.

El actual talante celebratorio obvia los efectos del "Consenso de Washington" en Latinoamérica, que también propició una especie de "reconquista española" por parte de bancos y empresas que se convirtieron en el segundo inversionista mundial de la región, posibilitada en gran medida por la proximidad lingüística y cultural.

Para el Bicentenario, el gobierno colombiano hizo un ejercicio prospectivo de planeación hasta el 2019, repensando el país para insertarlo "en un mundo en transformación, con una inminente recomposición económica y política" y que hará rentables, el agua, los productos tropicales, los recursos minero-energéticos y la biodiversidad...

Si la crítica es un arte de la indocilidad reflexiva, ¿qué perspectivas encontraron nuestros articulistas respecto de los antiguos y nuevos procesos de colonización, resistencia y descolonización, cuando desanclados del Estado- nación derivamos hacia las nuevas circunstancias del desorden global de la mundialización?

Nuestro mapa inicia con dos propuestas de desujeción alrededor de las siguientes "Genealogías": la primera, apoyada en el proyecto nietzscheano de hermenéutica, muestra que ese ideal de "querer parecer civilizados", ha favorecido una producción de conocimiento en la cual los colombianos hemos entendido la razón humanista como un "despliegue de crueldad", entrevisto como necesario y normal, lo que exige la creación de otro tipo de aparatos críticos para articular el conocimiento, el saber y lo político. La segunda, repiensa los aportes literarios de Roberto Bolaño, quien al hablar de república en América Latina se refiere a una violencia ejercida contra las mujeres y de un régimen de orfandad donde la venganza pareciera la forma apropiada de "hacer justicia". Pero ante las violaciones en la frontera mexicana, que ahora también mutilan y asesinan, traspasando todos los límites morales, tal vez el relato novelado sea una de las formas de resistir a esta violencia inveterada.

El eje denominado "Otra historia", debate distintas formas de la "historia nacional" y la actualidad. Un análisis del expediente de los esclavos de Medellín que reclamaron su libertad en 1812 revela la polisemia de las ideas de libertad, pero también la irresoluble condición social y política de los esclavos y libertos. Con la revisión de los escritos de mujeres que integraron la intelectualidad americana entre los siglos XIX y XX en América Latina, otra autora visibiliza una feminidad al margen de las ideas políticas y sociales masculinas. Otro texto subraya la persistencia de la colonialidad asentada en la racialización e inferiorización de los subalternos, condición que aún soportan las poblaciones negras, indígenas y los sectores populares, lo que lleva a preguntarnos: ¿quién imagina la nación? Un cuarto artículo critica la certidumbre historicista de la globalización, como una continuidad de la Independencia y del progreso, con la que se agencia un paradigma de gobierno sustentado en la excepción, la seguridad, la necesidad y la autoridad decisoria y preventiva, que abocan al mundo a una era de riesgo, incertidumbre y crisis generalizada.

En la sección "Políticas del reconocimiento" se analizan diversas propuestas de construcción de lo nacional: algunas dinámicas de violencia política regional no serían prueba del fracaso del Estado colombiano, sino más bien, del desconocimiento de las luchas realizadas por experiencias políticas locales y regionales que aún lo estarían formando o reconfigurando. Otro texto revisa el modo de afianzamiento de la educación multicultural en Colombia, argumentando que esas "otras educaciones" forman parte de una inacabada experiencia de la constitución de la nacionalidad. En Argentina, por vía de las iniciativas de restitución del Estado y de la recreación de la educación escolar en Buenos Aires, se encuentra una política cultural del reconocimiento del otro como nueva vía para la formación no hegemónica de maestros.

En el eje "Dominaciones e insumisiones", se analizan, las luchas contemporáneas de los indígenas, los campesinos y de los sectores populares por revertir, dentro de la prensa hegemónica argentina, los procesos de invisibilización, estigmatización y silenciamiento por resistir los megaproyectos de la IIRSA. Y un último texto, debate si el cuerpo y la sexualidad constituyen un nuevo campo de acción posible para descolonizar el deseo, preguntándose si existen otras finalidades para la pornografía, en términos de articulación con lo político y lo artístico.

Esta revisión crítica de los procesos coloniales y de las luchas de liberación, señala que para la generación de renovadas posibilidades de descolonización hay que prestar especial cuidado a las formas como se superponen la producción de conocimiento, la política, la moral y la sexualidad, lo que implica un arduo trabajo reflexivo sobre el deseo y la singularidad de las prácticas, confrontadas ahora por las nuevas condiciones de una mundialización capitalista, despiadada en muchos otros sentidos, si se la compara con lo que aconteció con la conquista luso-española.


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