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Actio in distans. Sobre los modos de formación teleracional del mundo

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Actio in distans. Sobre los modos de formación teleracional del mundo

Actio in distans. Sobre os modos de formação teleracional do mundo

Actio in distans. On the modes of telerational formation of the world

Peter Sloterdijk*

Traducción del alemán: Marta Kovacsics M.**


* Ph.D en Filosofía, Germanística e Historia en las universidades de Munich y Hamburgo. En los últimos años ha sido profesor de Filosofía y Estética en la Hochschule für Gestaltung en la Universidad de Karlsruhe. Actualmente es rector de esta misma universidad. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

** Formada en Historia del Arte y Germanística, especializada en traducción de textos de Filosofía y Literatura.


Resumen

El artículo parte de la tesis según la cual, toda historia de los medios es una historia de las transferencias de pensamientos. Para entender la especificidad de este proceso en relación con los nuevos fenómenos mediales, se realiza un rodeo por el pensamiento arcaico y la metafísica clásica, a partir de la idea de que el medio primordial es el cerebro humano. Desde allí, se analizan los fenómenos actuales de la profusión de la información, la telecomunicación global y las comunicaciones entre medios aparáticos.

Palabras clave: pensamiento arcaico, metafísica, tele-tecnologías, telecomunicación, medios, información.

Resumo

Este artigo parte da tese segundo o qual, toda história dos meios é uma história de transferências de pensamentos. Para entender a especificação deste processo em relação com os novos fenômenos mediais, realiza-se um rodeo pelo pensamento arcaico e a metafísica clássica, a partir da idéia de que o meio primordial é o cérebro humano. Desde aí, analisam-se os fenômenos atuais da profusão da informação, a telecomunicação global e as comunicações entre meios de aparatos.

Palavras-chaves: pensamento arcaico, metafísica, tele-tecnologias, telecomunicação, meios, informação.

Abstract

The starting point of this article is the thesis that every media history is a history of thoughts transferring. We go through the archaic thought and classic metaphysics, with the idea that the fundamental media is the human brain, in order to understand the specificity of this process in relation to the new media phenomena. From this frame we analyze the current phenomena of information profusion, global telecommunications, and the communications among media.

Key words: archaic though, metaphysics, tele-technologies, telecommunications, media, information.


El presente puede ser definido como una época caracterizada por una crisis de la epoché filosófica: la orientación en una situación mundial más que compleja se dificulta, desde que la operación básica filosófica, así como la enseñó Edmund Husserl, ya casi no permite que el retroceso ante la imagen de la realidad y la puesta entre paréntesis de las propias intenciones existenciales sean llevados a cabo de manera convincente dentro de las actuales turbulencias. Que esta experiencia no sea del todo nueva, nos lo aclara la circunstancia de que ya Walter Benjamin, en sus reflexiones del periodo entreguerras, se había desprendido de la ilusión de la libre distancia frente a las cosas:

Locos aquéllos que se quejan de la decadencia de la crítica. Su buena hora pasó hace mucho tiempo. La crítica es cuestión de la distancia correcta. Ella se encuentra en un lugar, donde el énfasis está en las perspectivas y prospectos y donde aún era posible tener un punto de vista. Pero las cosas, mientras tanto, acosaron en forma abrasadora a la sociedad humana (Benjamin, 1928: 95).

Benjamin llevó a cabo este desprendimiento de manera un poco divertida, porque después de su encuentro con el marxismo pensaba haber encontrado un hilo de Ariadna para orientarse luego en el laberinto del Minos del capitalismo tardío, es decir, el hilo del materialismo dialéctico y de la hermenéutica mesiánica. Aunque nosotros hoy en día ya no participamos de este privilegio de la orientación, la observación de Walter Benjamin sigue siendo reveladora, en tanto ayude a entender en qué sentido la crisis de la epoché1 es a la vez una crisis de la racionalidad contemplativa y, en cierto sentido, también de toda forma de escapismo lógico y de teoría señorial. Hasta se podría decir que Benjamin había previsto con su aforismo una forma de creación del mundo, cuyo fuerte distintivo radica en la transición hacia un sistema de las tele-vecindades globales y de las interacciones tele-causales.

Teniendo esto en cuenta, en lo que sigue debemos renunciar a los privilegios inmediatos de la teoría observadora. El paso hacia atrás aún puede ser un gesto prometedor si se está ante paisajes y cuadros, pero pierde su sentido en los laberintos y en todas las demás situaciones en las que nuestra proporción del mundo está marcada por la pérdida de las distancias. Bajo estas condiciones, los intereses de la teoría totalizadora se dejan defender de la mejor manera mediante la introducción de un proceso sustituible: en nuestro caso, éste consistiría en enajenar de manera sistemática los fenómenos "abrasadores" del mundo contemporáneo, de los laberintos técnicos y de los flujos caóticos de datos. Para ello, tenemos a disposición en este momento, sobre todo, dos procedimientos: el primer enajenamiento se logra porque observamos las apariciones contemporáneas a través del anteojo de la metafísica clásica; el segundo, porque los fenómenos enajenados metafísicamente se enajenan por segunda vez, ahora a través de la lupa de la lógica arcaica y de la historia antropológica, o más exactamente, a través de la paleo-antropología. Si se quisiera resumir estos dos procedimientos en frases cortas, éstas serían:

Nada existe en la técnica que no existiera antes en la metafísica.

Nada existe en la metafísica que no existiera antes en la lógica arcaica.

En este sentido, los movimientos que llevan de la magia a la metafísica y de la metafísica a la tecnología, deben ser entendidos como explicaciones –con el significado expuesto en el tercer tomo de Sphären [Esferas] (Sloterdijk, 2005)–. Éstas no sólo logran una realización técnica de los fantasmas pre-técnicos, sino que igualmente encarnan, en general, la tendencia básica de la modernización como una transformación de estructuras inmunológicas vagas y simbólicas hacia las técnicas operacionales de inmunización.

De estas premisas se puede deducir una tesis con una cierta fuerza subversiva: se llega, desde un punto de vista teórico-cultural, a la dilucidación de la esencia y la tendencia de la tecnología contemporánea, en general, y de la tecnología avanzada de medios, en especial, siempre y cuando, y gracias al desvío a través de la enajenación metafísica, éstas sean representadas en conceptos paleo-antropológicos y en operaciones de la inteligencia arcaica. Aplicado todo esto al horizonte de intereses actual, significa que para entender lo que mueve a los agentes y agencias de la técnica mediática actual y del diseño mediático en sus transacciones, es útil ocuparse de una lógica paleolítica y de la manera menos irónica posible, para luego, como en un segundo impulso, ocuparse de la transformación del pensamiento arcaico mediante la metafísica clásica.

Si mi percepción no me engaña, existe en el discurso de los nuevos medios dos puntos álgidos, alrededor de los cuales se organizan casi todas las tesis individuales mediológicas y de la sociología de los medios: en el primer foco se discute principalmente ¿qué es lo que hacen los nuevos medios con las personas que cayeron en su campo de influencia? Aquí se habla de una verdadera "revolución cultural" y sobre el nuevo acondicionamiento del campo humano mediante las tele-tecnologías. En los centros de formación teórica de vanguardia, surgieron nuevas disciplinas como la telemática, la investigación sobre la inteligencia artificial, la antropología de Internet, entre otras. Una escena teórica creativa agota continua e ideológicamente estas innovaciones –un indicio de la tendencia sucesiva de los intelectuales, es estar volcados de manera inmediata sobre el suceso, que, a su vez, es el más diseccionado en nuestra época–. El mismo tipo de inteligencia, que hasta los años sesenta y setenta del siglo XX quería convertirse inmediatamente en la gran historia (para ser más exactos, en la supuesta e inminente y ya existente revolución), se ha convertido hoy en red y en la turbulencia de lo virtual; sería ejemplar para esto investigar la vida e historia del pensamiento de Regis Debray, pero también la de Jean Baudrillard. En el segundo foco, los debates se mueven alrededor de la pregunta: ¿cómo asimilan los distintos medios su manera de ser pluralista? La respuesta estándar de los tiempos más recientes es: ellos convergen. Se acercan, se unen y se relacionan y se compenetran cada vez más, tanto, que los hasta ahora separados núcleos principales de la tecnología mediática, los medios de transmisión (referentes al paradigma de la radio y de la comunicación de una sola vía, incluyendo la televisión) y los medios de telecomunicación clásica (que corresponden al paradigma del teléfono y de la comunicación de doble vía) son fusionados cada vez más mediante la técnica-puente, la digitalización, un fenómeno sobre el que los teóricos de moda (que hoy en día quieren más bien ser llamados hacedores de tendencias o de contra-tendencias, antes llamados críticos) reaccionaron con la expresión "mediamática"2. Esta última resume las tendencias hacia la hibridación de los distintos géneros mediáticos. En este proceso, la orientación hacia la primacía de las teletecnologías, tanto móviles como individualizadas, a expensas de los medios tradicionales de una sola vía, es cada vez más evidente.

A continuación me voy a limitar a explicar algunas observaciones sobre el segundo foco del debate mediático-teórico. Quisiera reunir una serie de observaciones alrededor de las siguientes preguntas: ¿qué es lo que hacen unos medios con otros? y ¿cuáles son las formas de cooperación que surgen a nivel inter-aparático e inter-programático? Referente a este asunto se puede intuir cuál es la relación entre la dimensión de lo interaparático con la dimensión de lo inter-subjetivo. Lo que será decisivo en este contexto es cómo se modifica la forma de la subjetividad mediante las tele-funciones. Como lo anuncié, no estoy intentando un acceso directo a los fenómenos, sino que los discuto indirectamente a través del enajenamiento metafísico, que, a su vez, se transforma en enajenamiento arqueológico o paleológico.

Se debería comenzar con una tesis mediático-teórica, que parece ser lo suficientemente amplia para trascender las situaciones tanto paleolíticas como modernas, y que también tendría validez para las estructuras de mentalidad marcadas por el animismo, el personalismo y el mecanicismo. Antes de que se propague la duda de que una tesis así sea viable, quiero decir sin rodeos cómo podría posiblemente ser: toda historia de los medios es una historia de las transferencias de pensamientos. Nosotros conocemos esta expresión generalmente de los contextos parapsicológicos, mientras que mostrarla aquí equivale a que sin ella, todo el campo de las relaciones interpersonales investigables de manera racional, sean éstas próximas o distantes, debería negarse a la investigación misma.

El contenido de todo el complejo I&C3, desde el paleolítico hasta el presente, es la serie histórica de las respuestas biológicas, semióticas y técnicas a la siempre inmediata pregunta: ¿cómo puede ser asegurada la accesibilidad del otro relevante? El común denominador de todas las respuestas, que fueron desarrolladas en la historia por la información y la comunicación, se basa en el concepto de los medios convergentes, siempre y cuando sea adecuado al estado logrado de la evolución. Hay que familiarizarse con el entendimiento de que el concepto medio sólo tiene sentido si por él entendemos una relación de complemento respecto a otro medio, o la complacencia de un medio respecto a un co-medio. Obviamente, habría que pensar primero en la definición de McLuhan, según la cual, el contenido de un medio siempre es otro medio (así como la escritura reproduce la palabra hablada, la televisión lo hace con la fotografía o la película). En nuestra relación, sin embargo, se trata de ampliar el concepto de medio más allá del límite hombre-máquina. De esta manera, llegamos a un campo en el que la habitual estrechez tecnicista de la comprensión de los medios se vuelve ilegítima, y entre más nos devolvamos de estados técnicos muy avanzados a condiciones arcaicas, en las que el avance mediante las herramientas y signos debió ser bastante pobre, tanto más tendremos que traspasarnos de un concepto mediático técnico o "aparático" a un concepto personal y mediatístico, una situación que sólo puede ser familiar para aquellos modernos que no sólo creen en la televidencia, sino también en la clarividencia y la clariaudiencia. Mientras que en la televisión el medio es el aparato, en la clarividencia el medio es el clarividente y en el caso de la clariaudiencia, el profeta.

Entre más retrocedamos hacia las formas más antiguas de la creación del mundo, tanto más sopesará el carácter mediático personal lo "aparático". Esto llega tan lejos, que el representante más desnudo y pobre del género homo sapiens debe ser abordado como el representante más puro del régimen de medialidad personal. El carácter sapiente del homo consiste en que siempre ha sido capaz de ser un mediador entre dos o varios de sus semejantes.

Esto puede ser formulado de manera mucho menos misteriosa y algo más fisiológica: la accesibilidad de los seres humanos para los seres humanos en la época de las hordas tiene su explicación en el hecho de que utilizaban cerebros de la misma serie biológica, resaltando la ironía de la expresión "utilizar": también las personas de la antigüedad están, respecto a su operar con su dotación de inteligencia, desde todo punto de vista, en la posición de los usuarios4 de un equipo inescrutable. El usuario, según la definición, es aquél que sólo se puede mover en la superficie de los usuarios de un sistema, a pesar de que intuye oscuramente que existe un más allá en esa superficie. Para las personas, como "usuarios de cerebros", significa que ellos navegan sobre la superficie psíquica (o superficie interior) de los estados cerebrales, es decir, se mueven en pensamientos, percepciones, sentimientos, sensaciones y ambientes, pero no pueden traspasar esta superficie hacia una substrucción técnica. Sin embargo, desarrollan intuiciones en el sentido de que existen los pensamientos, percepciones, sentimientos, sensaciones y ambientes, pero se engañan normalmente en la dirección, porque trascienden hacia los mundos de los dioses y fantasmas y no en la dirección del cerebro, que queda escondido hasta el final, en la base oculta de sus contenidos y estados, hasta que finalmente es involucrado en el proceso de la explicación y luego es expuesto mediante una revelación tardía y dramática como el portador físico y generador de todas las manifestaciones psíquicas. De hecho, sólo hasta la neurocibernética de nuestros días se ha podido articular la idea de que los dioses, por su parte, son fenómenos gramaticales y emocionales en la superficie del usuario de los cerebros y que no pueden ser grandezas trascendentales absolutas. Así a Dios le correspondiera, según el rango ontológico, la realidad más alta, debería presentarse ante nosotros bajo las condiciones de la cerebridad desarrollada evolutivamente y bajo sus herramientas simbólicas.

Con el trasfondo de estas indicaciones, se le puede dar un campo de uso más específico a nuestra tesis conductora. La frase "toda la historia de los medios es la historia de la transferencia de pensamientos" entra ahora inmediatamente en la tesis más puntual de que los cerebros son medios primordiales y además en primera línea, medios para la imagen y transmisión de estados e ideas de otros cerebros. Este proceso parece trivial, mientras nos ocupemos de comunicaciones de grupos pequeños o de campos vecinos. Inmediatamente se vuelve misterioso y se presenta con una luz sublime en cuanto las conversaciones locales entre los cerebros se transforman en conversaciones de larga distancia, porque sólo con las telecomunicaciones simbólicas –las actiones in distans (las acciones a distancia) comienza lo que tradicionalmente se conoce como la historia superior de la cultura–. Por lo tanto, la fecha de partida en el campo de las cooperaciones de los medios es la "abertura", condicionada neurológicamente, de cerebros para cerebros coexistentes. Una abertura, naturalmente, que no es pensable en sí misma sin el cierre sistemático de todo sistema cerebral. La exigencia biológico- comunicativa de la redificación de varios agentes cerebrales entre ellos mismos, se satisfizo sobre todo mediante la revolución superior de la audiovisualidad humana en relación con una sensibilidad extrema para ambientes interpersonales.

Aquí, sin embargo, hay que llamar la atención sobre un engaño omnipresente: mis pensamientos son invisibles para los demás; mi cabeza es una caja fuerte llena de imaginaciones y sueños, que yacen sellados en mí; mis reflexiones dan para un libro que nadie más, excepto yo, puede leer desde afuera; mis ideas y conocimientos me pertenecen exclusivamente, transparentes para mí, impenetrables para los demás y todo esto hasta un grado en el que tal vez ni siquiera bajo tortura sería capaz de compartir con los demás lo que yo sé: este síndrome de representaciones sobre el ocultamiento de pensamientos en el sujeto pensante, cobró importancia en la historia contemporánea de la ilusión privada que nunca debe ser subestimada. Tanto más provocadora resulta la osadía de pensar que precisamente estas representaciones fueron las que co-crearon la ilusión privada. En nuestro círculo cultural no sobrepasan los dos mil quinientos años; para los macro-historiadores es como un incipiente vello sobre las capas masivas de las realidades antropológico-psicológicas de antes. Si no fueran hoy en día las ideas que dominan todo, no tendrían casi importancia frente a la fuerza de gravedad de la historia de la evolución humana. Durante la mayor parte de la evolución, casi la totalidad de lo que cada persona pensaba y sentía era en tal grado transparente para su entorno, que se asumía como si fueran vivencias propias. La imaginación de las representaciones privadas (que deberían ser transmitidas mediante formulaciones explícitas) no tenía apoyo en la experiencia o en el concepto espacial social: aún no había para cada uno celdas o apartamentos, ni en las arquitecturas imaginarias, ni en las arquitecturas físicas de la "sociedad". En grupos pequeños, que viven bajo la ley de la mutualidad, el quehacer del uno es el quehacer del otro; también los pensamientos de unos son generalmente los pensamientos del otro. En un mundo así de permeable, la accesibilidad de los otros en situaciones estándar no suscita problemas. Telecomunicadores y mediamáticos literalmente no tendrían nada que hacer, porque las antiguas hordas humanas eran en sí mismas asociaciones mediamáticas puras. Esto es también válido para las arcaicas "culturas de la vergüenza", en las que a cada uno le habría gustado volver invisible su interior, porque sufrían bajo la exposición extrema de sus afectos ante la sensibilidad de los demás. El poderoso afecto de la vergüenza es en sí mismo sólo un sedimento evolutivo de la imposibilidad de ocultar el interior ante la sensibilidad de los otros. Los pensamientos privados aparecen desde el punto de vista paleo-psicológico como un absurdo completo. La idea de que existe un interior protegido en el cual el individuo puede cerrar la puerta tras de sí y logra expresarse y reflexionar a sí mismo, no aparece antes del primer giro individualista propio de la Antigüedad. Sus publicistas fueron los hombres, conocidos primero con el nombre de sabios y luego como filósofos, antecesores de los intelectuales modernos y del single posmoderno. Ellos, los inventores del apartheidpsicológico de lo individual, dieron una nitidez revolucionaria a la idea de que el pensamiento verdadero sólo es posible como un pensar propio y distinto- al-tonto-pensar-de-las-multitudes. De sus impulsos se deduce el efectivo y amplio modelo-de-la-clausura-en-lacabeza, cuya perspicacia política se conoce: los pensamientos son libres, nadie los puede adivinar. Esta fórmula del liberalismo alemán del siglo XIX significa, en consecuencia, que tan sólo los pensadores de pensamientos nuevos e inesperados son invisibles para los celadores de los pensamientos convencionales. En el mundo de los pensamientos nuevos, el axioma de que los pensamientos del uno también son los pensamientos del otro, pierde cada vez más validez: lo que yo mismo no pienso y nunca he pensado no puedo adivinarlo en los demás. En sociedades diferenciadas, otras personas tienen en efecto otros pensamientos en la cabeza. Y por eso mismo, en esta clase de sistemas se infla la telecomunicación: ésta expresa el nuevo contenido, en el sentido de que la transferencia de pensamientos entre extraños ya no es posible en la forma de la empatía participativa, sino mediante comunicaciones explícitas que superan las distancias y por las que los participantes pagan altos precios a partir del uso de los sistemas de símbolos –sólo hay que pensar en los enormes costos de la alfabetización inicial–, costos que hoy en día todos tratan de reprimir, porque ya han sido socializados en un cien por ciento. (Si el alfabeto fuera tan caro como una red telefónica, se ahorraría decididamente en las palabras escritas). En sociedades diferenciadas, con distintos trabajos y pensamientos, son los psicoterapeutas los encargados del entretenimiento y los proveedores de redes los que se deben ocupar de que los individuos no caigan demasiado profundo en la privacidad patológica de sus pensamientos y sentimientos. Sólo hay que recordar que lo privado patológico fue pensado, desde 1900, como lo inconsciente. Eso era hasta un cierto punto plausible, mientras que se pudiera explicar que algunas categorías de lo inconsciente se crean mediante las transferencias de pensamientos de un emisor a un receptor, en las que el sujeto del receptor queda excluido, de tal manera que el individuo no sabe lo que le fue transferido. En este sentido, el concepto de lo inconsciente correspondía a la modernización de la obsesión y la psicoterapia al exorcismo de lo moderno.

Que en la antigua esfera social haya habido grandezas generales, públicas y no ocultas, tiene primero una razón evidentemente mediáticofisiológica: los cerebros humanos son, como los genitales, sistemas de parejas y, más allá de esto, sistemas sociales. Su estado normal es la promiscuidad, su funcionamiento corriente implica la relación perenne hacia cerebros complementarios o paralelos. Si la frase ominosa: "Mi barriga me pertenece" puede tener, en contextos polémicos, un sentido plausible: cuando la madre es la que debe tener la última palabra en casos de aborto, entonces la frase: "Mi cerebro me pertenece" sería inaceptable tanto en lo específico-material como en lo moral. No podría significar ni, conforme a la verdad, que yo sea el único artífice de mis pensamientos ni que estaría totalmente dispensado de compartirlos con los demás. También la tesis de que alguien podría pensar lo que quisiera es insostenible. Un individualismo cerebral de este tipo desconocería que el cerebro sólo puede despertar a una cierta capacidad funcional mediante el concierto con un conjunto de uno, dos o, incluso, de varios cerebros estructurados de manera semejante. Los cerebros son medios para aquello que otros cerebros hacen y han hecho. Sólo a través de otra inteligencia recibe la inteligencia impulsos claves para su propia actividad. Como el lenguaje y las emociones, la inteligencia no es un sujeto, sino un entorno o un sistema de resonancia.

Ahora, la inteligencia pre-alfabética, al contrario de la alfabética capaz de una distancia, está dirigida hacia un denso clima participativo, porque estando totalmente empotrada en las comunicaciones-cercanas, necesita para su desenvolvimiento la experiencia estimulante de un entorno presente. Los cerebros existen, por lo tanto y de forma a priori, en convergencia con otros cerebros. Este converger es, en el sentido preciso, de naturaleza medial, porque la cerebridad aparece, según lo entendemos nosotros, con una estructura múltiple. Esto significa que un cerebro está desde siempre ordenado en una relación resonante, de manera diádica con otro cerebro. Está desde siempre concebido de manera triádica o múltiple como algo central entre un cerebro del que es informado y un cerebro al que se le transmite la información. (De esto se deduce que detrás del medionismo inevitablemente se encuentran los procesos inter-cerebrales). Para poder hablar de mundos cerebrales reales, hay que partir por lo menos de la base de trinidades cerebrales. Esto se omite lamentablemente en los debates populares, así como también en la investigación científica, porque en ambos contextos sólo se conocen los cerebros singulares y se llega bajo la excusa de la aclaración neurológica, a una desinformación despiadada e individualista.

En consecuencia, de lo expuesto hasta ahora surge una deducción que modifica nuestro teorema de base en una parte esencial. De ahora en adelante también tenemos que poner atención al lado económico de las transmisiones. Si toda la historia de los medios es la historia de la transmisión de pensamientos, su comienzo en la época de las hordas está marcado inicialmente por un principio de ahorratividad característico: las comunas cerebrales primordiales se equilibran mutuamente bajo la minimización intencional del despliegue de simbolismos explícitos. Se podría decir que se informan menos mutuamente de lo que se sintonizan. Comunas cerebrales homeostáticas, en lenguaje coloquial "pueblos", son conjuntos que ondulan en redundancias sincrónicas. (Esto se puede estudiar aún hoy en día en el famoso socialismo-de-la carpa-de-cerveza en Munich). Lo que se conoce como "sentirse en casa"5 no es en esencia nada distinto que esta forma de comunicación altamente redundante y ampliamente libre de información. Es sentida como una promesa de felicidad, apenas se haya perdido ese "sentirse en casa" en la redundancia, es decir, cuando se debe superar un exceso de información no redundante, estresante e individualista. Aquí, en este entrar en la comprensión sin palabras, aún es válido lo que todavía hoy se conoce y se alaba en las últimas subculturas anti-retóricas y antitelecomunicativas aún existentes –por ejemplo, en los ambientes campesinos o en algunas comunidades espiritualistas lejanas– como la única comunión verdadera entre personas. La persona antigua es aquella que siente la palabra que ha sido dicha demasiadas veces como una palabra perdida.

Me permito anticipar aquí la tesis de que la tendencia civilizatoria de la modernidad está corriendo manifiestamente del ahorro de la palabra a su despilfarro. Y tomo en consideración que naturalmente son las industrias mediáticas, especialmente las compañías telefónicas, las que incitan y administran nuestro derroche. Si se sale de la base del estándar de comunicación paleolítico, aparece como la meta de todas las intenciones comunicativas la provisión de varias individualidades cerebrales con los mismos contenidos de la representación y con percepciones situacionales concordantes en lo posible. Esto resulta bajo dos condiciones: o bien los miembros de un grupo están tan fuertemente ligados en la cooperación técnica o simbólica, que todos siempre saben justo lo suficiente, para saber cuál pensamiento o acción está presente en el otro –en el caso de ir a cazar juntos y en la realización de un ritual–; o bien, ellos convergen al mirar al mismo tiempo una presencia de percepción inmediata –por ejemplo, la aparición imponente del leopardo al borde del campamento–. Con esto se suministra una impresión visual inmediata, que ofrece suficiente garantía para que se presenten imaginaciones comunes y simultáneas del leopardo en los cerebros de la comunidad de vida y de percepción. Entre otras, este último mecanismo es utilizado por la industria publicitaria en sociedades mediáticas de tipo moderno, cuando poblaciones completas perciben a la hora de los principales noticieros la presencia virtual del alce de una famosa fábrica de muebles –casos felices de transmisión masiva de pensamientos en el espacio mediático–.

El paradigma paleolítico se orienta desde el punto de vista económico a una reducción de información y comunicación más o menos radical, también se podría decir de ideas nuevas a ideas viejas, con el resultado típico de que el hombre antiguo no puede pensar en preguntar lo que piensa el otro, porque, en general, aún no hay aplicación para la experiencia de que otros piensan otras cosas y de que esto podría ser una otredad provechosa. Con la pregunta por qué tiene otra persona en la cabeza, en épocas anteriores no se pensaba en ideas, sino en un delicado bocado. Como se sabe, hace algunos años, en el famoso sitio de excavación paleontológico de Atapuerca en España, salió a la luz del día un fragmento de cráneo del europeo más antiguo, con la edad sensacional de 780.000 años: diez veces más la edad que se le había otorgado al homo sapiens. Huellas de raspadas y raeduras en los pedazos de cráneo de niño indican que se trata de un relicto de un rito de antropofagia, y esto es sorprendente, porque no se esperaba una prueba tan temprana respecto a la participación de hombres prehistóricos en los contenidos mentales de sus semejantes prehistóricos o sus pre-semejantes.

El paradigma más antiguo de convergencia mediática (como convergencia cerebral) se orienta, de esta manera, hacia una doble meta: primero, transmitir pensamientos de un cerebro a otro y esto con un despliegue mínimo en signos manifiestos. Segundo, reprimir todos los nuevos pensamientos potenciales y de individuación, para reducirlos así a unos que sean antiguos y socializantes. La tendencia a la reducción caracteriza el estado mítico de todos los tiempos y pueblos. El mito es desde siempre la esponja que limpia las diferencias de individuación.

En este punto debemos hacer un gran salto, para poder ir del paradigma arcaico al metafísico. La filosofía se origina, entre otros fenómenos, porque la batalla arcaica de las comunicaciones y comuniones redundantes contra la información, es decir, contra la nueva experiencia, resultó siendo una empresa paradójica. Los innumerables cuentos y mitos, en los que las tribus y los pueblos dejaban ondular sus comunicaciones, se mostraron en los tiempos de las mezclas de culturas, como un medio inservible para la reducción de la información. La ciudad comercial portuaria de Atenas, en la que se reunían la mercancía y la opinión de muchos países, era de alguna manera un laboratorio político y mediático-técnico, en el que se examinaba cómo se desenvolvían las personas en situaciones poli-míticas. Como se sabe, Platón llegó a la conclusión de que para la necesidad de verdad del hombre postsocrático, ya no era suficiente la orientación mediante mitos, poesías y fábulas sobre dioses. Las personas, que intentan ponerse en sintonía en la ciudad poli-mítica, no son de ninguna manera traspuestas mediante sus cuentos en estados de participación de pensamientos que sean casi libres de palabras; no vivencian una sintonía, una ondulación semejante, o una concordancia. Más bien, entran cada vez más en un torbellino para el acrecentamiento de los discursos y, por lo tanto, en una escalada perpetua de la pelea por las opiniones. Platón tenía con razón la concepción de que las personas no se comunicaban poco, sino demasiado. Por eso mismo mienten tanto y se distancian cada vez más de la verdad. Esto es, según el filósofo, peligroso políticamente, porque la proliferación del disparate cuestiona la síntesis ciudadana. Pero como el filósofo no tenía nada distinto en mente que la modernización del principio arcaico del ahorro mediante medios lógicosemánticos, intentó reducir las excrescencias comunicativas de las personas que pelean, mienten y fabulan, mediante un filtro epistémico. Lo que le importaba era contener la charlatanería del disentimiento y la habladuría proliferante de los poetas, las nodrizas, los sofistas y, finalmente, también de los hacedores democráticos de las guerras, inventando un método ingenioso de poner todas las comunicaciones locales bajo un monopolio telecomunicativo divino. Precisamente en este momento y lugar es inventada la forma filosófica de la comunicación universal del top-down.

Si el proyecto de mundo de Platón fue sugestivo por más de dos mil años y para muchas generaciones, lo fue sobre todo porque no podía haber en él pensamientos nuevos y relevantes, e incluso menos que en la esfera mítica, pero por razones más profundas. La filosofía se presenta como una redención definitiva de la información –su modelo no es en vano el sabio que ya no se sorprende de nada–. Por eso, la palabra modelo de la técnica filosófica disuelve todas las informaciones en recuerdos, nil admirari6. Por cierto que la reflexión filosófica nace del asombro, pero su meta es la aniquilación del asombro mediante la evidencia final. Sin embargo, el a priori debe hacerle la guerra al a posteriori y apartar el grano del conocimiento de la paja de la opinión. Y el conocimiento verdadero –esto no debe ser nada nuevo– no proviene del intercambio de información, sino del recuerdo de una época anterior del alma colmada mediante la observación de los arquetipos.

Regresemos desde este punto nuevamente a nuestra tesis de base: con la intervención de Platón, la situación de que toda historia de los medios es la historia de transferencias de pensamientos da un nuevo giro, porque ya no se trata de ahora en delante sólo de transferencias horizontales de estados cerebrales a estados cerebrales en diálogos neurológicos locales. Platón, en cambio, corta la banda comunicativa entre las personas reunidas en presente y sólo la deja en un delgado hilo, lo necesario para poder manejar una escuela y para poder investigar conjuntamente la verdad mediante un diálogo académico. Esta verdad, sin embargo, ya no puede ser transferida en comunicaciones face-to-face o ear-to-ear7, sino que sólo puede ser observada por cada inteligencia individual para sí misma en el camino a través de un recuerdo filosófico radicalizado en arquetipos prenatales. En un universo platónico, los participantes de los juegos lingüísticos colectivos ya no pueden ser socializados en todas partes, como de costumbre, por la co-ondulación en la charlatanería grupal. Más bien lo que sucede es una suerte de socialización profunda por el hecho de que cada uno se refiere en soledad y libertad a un cielo de ideas universales y comunes a todos. Más allá de la habladuría poli-mítica, que no solamente es estéril informativamente, sino también polemogénica, Platón pone a cada alma pensante en una relación directa con las fuentes emisoras de todo saber válido, hacia el dios noético, quien, según las regulaciones de la escuela, ya no se llama Zeus o Apolo, sino Agatón, el bien.

La filosofía es la informática del bien y, por lo tanto, una anti-informática, porque no reúne tontas informaciones empíricas, sino que se ocupa exclusivamente del trabajo de recuerdos o de la anamnesis sanadora. La transferencia decisiva de pensamientos se lleva ahora a cabo entre un cerebro humano individual y un cerebro divino central –digamos entonces entre Platón y Agatón, sobre todo en el medio de la evidencia lógica–. Sólo mediante la transferencia de pensamientos de un único y mismo dios a cada persona, se puede instalar un régimen comunicativo en el que virtualmente, ya que no es posible en la actualidad, pueden participar todas las inteligencias humanas y en el cual se puede de manera más o menos segura, diferenciar las frases verdaderas de la charlatanería pura.

Los demás destinos de la revolución filosófica de los medios ya se conocen: en el curso de la historia europea, el sistema platónico fue derrumbado, esencialmente mediante dos efectos colaterales no intencionados o fallas de construcción, que eran inmanentes: por un lado, el platonismo puso en el mundo un problema de elite incontrolable, porque la diferenciación entre aquellos que poseen recuerdos claros de las ideas prenatales y aquellos cuyos recuerdos son muy turbios para conducir a evidencias concluyentes, no podía ser tan practicable, con el resultado de que la ilustración moderna despidió el ideal del sabio y le dio oportunidad al common sense8de reivindicarse por la ofensa de más de dos mil años de los filósofos (si no me equivoco, la orgía de la revancha sobrepasó su clímax en el siglo XX tardío, y después del overkill9 de filosofía en el vitalismo y en la ideología posmoderna del entretenimiento, se vislumbran nuevas divisiones de trabajo entre el pensamiento filosófico y los demás géneros del comportamiento inteligente). Por el otro lado, el proyecto- logos del ahorro de Platón estaba condenado al fracaso, porque de ninguna manera llevaba a que circularan menos discursos en el mundo. Por el contrario, a todas las formas de juego de la charlatanería cotidiana se le agregaba ahora el discurso filosófico, que generaba una infinidad de derechos propios. En el intento de reducir la información, la comunicación falló en todo su ancho. Este fracaso tuvo su lado positivo, empero, porque a pesar de que la filosofía temprana no pudo estabilizar un saber absoluto, dio con un producto secundario de una obstinación con consecuencias insospechadas: las ciencias antiguas europeas. En éstas se llegó a una acumulación de informaciones auténticas y a una proliferación desmesurada de discursos informativos y pseudos-informativos. Teniendo en cuenta este desarrollo, no sorprende que la corriente filosófica se disgregara más tarde en la rama mística –en la que dios y alma aún se entienden sin palabras, como suele ser en las comuniones arcaicas y las transferencias de pensamientos sin desvíos– y en la rama científicodiscursiva, en la que el discurso que lleva la información se sale totalmente de sus cauces. En este último caso, no se puede naturalmente hablar de un control de la información mediante la comunicación.

De los efectos secundarios a largo plazo producto de las fallas de construcción de la metafísica clásica, surgieron dos elementos característicos de la modernidad. Por un lado, el igualitarismo cognitivo de la cultura moderna del discurso, que en el sistema del saber no le admite a ningún compañero de juego un acceso privilegiado a las primeras o últimas razones. Por otro, la emancipación de la información y la positivación del conocimiento nuevo, mientras que esto era evaluado de manera afirmativa por primera vez en la historia de los sistemas cognitivos. De hecho, la modernidad es aquella extraña época en la que el bien disuelve su aparente y eterna alianza con lo antiguo y desdesiempre- válido, para aliarse a su vez con lo nuevo y aún más nuevo. Mediante la positivación de la información, los cerebros, los medios e instituciones del conocimiento son juntados en una configuración histórica sin precedentes. Es en ella que uno debe orientarse hoy en día.

En este punto podemos volver a saltar, para alcanzar el horizonte del problema actual. Como lo anunciamos, la modernidad sólo pudo encontrar una conciencia ofensiva de sí misma desde el momento en el que quedó claro que el proyecto metafísico de una dirección general de los asuntos mundiales mediante la transferencia vertical de pensamientos entre el dios monoteísta y el individuo pensante, había fracasado. Este fracaso se llevó a cabo, según la provincia lógica en la que permanecía el europeo inteligente de la modernidad, entre el siglo XVII y el siglo XX. En esta época se impuso el entendimiento de que las transferencias de pensamientos, que se dan en nuestra estructura mundial, no pueden producirse ni en la comunión arcaica de los cerebros en el tráfico (interior) telepático-sensitivo, ni en los sutiles y anamnésicos diálogos a distancia de las almas individuales inteligentes con el dios de los filósofos. Lo que ahora cuenta es una transferencia de pensamientos des-regulada de cierta manera, y mixta, en dirección horizontal y vertical, a través de medios simultáneamente comunicativos e informativos. Entre ellos, primero sobresale el libro, al cual le ha salido una competencia muy efectiva desde el siglo XIX, mediante los sistemas eléctricos y electrónicos. En este proceso, la verticalidad es desplazada cada vez más por la horizontalidad, hasta que se llega a un punto desde el cual los participantes comprenden en los juegos de sociedad que son comunicativos e informativos, que ya nada les llega desde arriba y que están, con sus cerebros, sus medios, sus equivocaciones y sus ilusiones, solos en este mundo decantado. Están condenados a una ciudadanía mundial electrónica, cuyas categorías son dadas mediante los hechos de la densificación del mundo y de la tele-vecindad de todos con todos. Lo que de hecho se define con la palabra telecomunicación, implica una forma de mundo tele-operativa, que es a su vez definida por actiones in distans de toda naturaleza. A ella le corresponde una conciencia que debe convencerse cada vez más de sus tareas tele-morales.

Ahora es necesario especificar la fórmula de que toda historia de los medios es la historia de las transferencias de pensamientos en su punto más sensible, es decir, en el concepto de pensamiento, de una manera aún más manifiesta. Arriba hemos aprehendido respecto del mundo arcaico la noción de pensamientos de manera tan amplia, que prácticamente podrían ser entendidos como todos los estados vividos de los cerebros comunicantes. Para la metafísica clásica hemos, en cambio, utilizado un concepto contrario: cum grano salis10, que tenía el mismo significado del saber-a-priori o las intuiciones arquetipo. Para el mercado des-regulado de la información del mundo moderno, se debe iniciar una comprensión distinta de los "pensamientos" que corresponde a lo que, en las teorías convencionales de la cognición, se denomina frases de la experiencia, y en la terminología kantiana juicios sintéticos a posteriori. Con esta última noción nos acercamos al concepto de información formulado por la sistémica moderna, según el cual, la información es una unidad de medida para las innovaciones, que a su vez recoge un sistema recopilador de datos mediante un mensaje. Tan pronto como la innovación es positivada, puede serlo también la información: así obtenemos la ecuación típica moderna entre nuevo, mejor y más, una ecuación que es necesaria para que el negocio de las transferencias sin límites de pensamientos pueda florecer. La ventaja ontológica del nuevo concepto de la información radica en que hace descriptibles las transferencias de pensamientos, en las que los pensamientos transferibles no necesariamente tienen que pertenecer a alguien: ahora podemos dejar hundir los pensamientos transformados en informaciones bajo el umbral de las personas, de tal manera que los sistemas técnicos se pueden entretener con sistemas técnicos, sin que deba intervenir un sí mismo vivencial. En la medida en que esto pueda ser entendido como una descarga (descongestión) del lado personal, en la entrega del trabajo comunicativo a los aparatos yace un enorme potencial emancipador.

Con la positivación de la información, se crea para los participantes en el mercado de la innovación, sin embargo, un novedoso problema ecológico: la pregunta por la eliminación del desecho informático. La dramática de este problema podía ser mantenida a raya en la era de los libros, porque éstos son comparativamente transportadores compactos e inertes. En la era de las transferencias electrónicas de información se llegó a un desarrollo explosivo. Hay que volver a tener presente que los cerebros convencionales están formados como sistemas ahorrativos de ideas, se podría también decir como organismos a la defensiva en contra de una nueva-experiencia no bienvenida. Cualquiera se puede convencer de que esto también es válido para el presente mediante una autoobservación. Cada introspección sencilla nos deja en claro que nuestros cerebros siempre buscan el nivel homeostático más próximo, es decir, un estado, en lo posible, cómodo y conservador en sus estructuras, que es vivenciado como auto-satisfacción: ésta apoya la sensación de tener toda la razón, prolonga la licencia de seguir adelante con nuestros juegos de identidad. Todo el mundo sabe que los hombres, en caso de necesidad, se vuelven incluso creativos para evitar cambios de su auto-estado. La mutación decisiva de la modernidad radica en el atrevimiento de los cerebros humanos de más bien celebrar integralmente las informaciones futuras, más que rechazarlas. Ya en la era de la imprenta esto llevó a una revolución antropológica, de la cual surgieron las figuras características de la modernidad como el mago-científico, el artista, el ingeniero, el intelectual y, finalmente, el ciudadano alfabetizado. A todas estas figuras les llegó la hora, porque la boda histórica entre cerebros y flujos de información basados en la imprenta ya pasó de manera tendencial; dicho de manera más cuidadosa, porque la constelación humanística se salió de su lugar óptimo. En su sucesión, hoy en día se desarrollan nuevos caracteres sociales. Para éstos es esencial un alto grado de flexibilización, en relación con la capacidad destacada de fingir aceptación del programa mundial del aprendizaje de por vida. Con la positivación de la información llega indiscutiblemente una inflación informática a los compañeros de juego del sistema moderno del I&C, una inflación que es demasiado poderosa para poder ser asimilada en el cerebro creado en la evolución biológica. Los cerebros, por tanto, retroceden cada vez más del frente de la involucración mediante informaciones y permiten progresivamente el contacto entre los medios, es decir, medios aparáticos con medios aparáticos. Esto sucede desde el reconocimiento de que después del trabajo físico, correspondiente a la regla de compensación de la evolución técnica, se reduce también el pesado trabajo comunicativo, si es que no se quiere abolirlo del todo.

Con este resultado, nuestra derivación de la relación mundial telecomunicativa logró el umbral de la actualidad. En la forma actual del mundo, que cambió radicalmente del ahorro de signos a su despilfarro, no quedó casi nada de la moral del ahorro y del ideal de las comuniones neurológicas, excepto el reconocimiento de que los cerebros humanos aún siguen sin valer la pena para la mayoría de aquello que los que ofrecen información en los mercados abiertos de I&C quisieran embutirles directamente. A este desarrollo sólo se puede reaccionar con la formulación de una ontología de spam. Las transferencias de pensamientos del nivel informático no pueden por siempre dirigirse eo ipso11 a los cerebros naturales, porque éstos no tienen usos para la mayoría de las informaciones y porque de manera tendencial, aún están orientados a la reducción de la información, a la comunión, como en el paleolítico. Por eso mismo, la modernidad desarrolla su interés en procesar los ríos de información liberados por fuera del cerebro. Por eso mismo es que necesitamos la convergencia de los medios I&C. No en vano, hoy está tan masivamente difundida la evidencia de la enorme ventaja que representa para todos que un aparato se dirija a otro aparato. Están de entrada hechos para el trabajo informático pesado, mientras que los poseedores de nervios siempre tienen algo mejor que hacer que recibir información superflua y estresante. Estas situaciones pueden ser formuladas también en contra de los sistemas nerviosos, al constatar junto con Friedrich Kittler que las reflexiones basadas en proteínas no pueden hacer frente a las reflexiones basadas en silicio.

Quisiera cerrar estas observaciones tan abstractas con algunas aún más abstractas, que nos regresen a una cesura platónica y al mundo de las comuniones arcaicas. Si de verdad toda historia de los medios es estructuralmente la historia de las transferencias de pensamientos, entonces la teleología de todos los actos telecomunicativos se deja caracterizar a través del sueño de que un día podría ser posible acercarse nuevamente sin desvíos visibles, directamente a los cerebros de los otros. Si existe de verdad la tendencia a la repetición de lo arcaico en lo técnico, ésta debería llegar a reproducir los antiguos diálogos locales de los sistemas neurosimpáticos armonizados entre sí, en el horizonte de las telecomunicaciones y las comunicaciones masivas. Esto finalmente se muestra en el enorme éxito de los teléfonos celulares, que aportan a la reproducción de la oralidad arcaica en el nivel de la aldea global. Sin embargo, la mediología especulativa no se puede contener de pasarse más allá de este nivel. Al final de todos los días mediáticos, un comunicador debería ser capaz de irradiar sus propios pensamientos directamente en los cerebros de personas lejanas. Para esto sólo sería necesario un sistema neuro-telepático con una técnica avanzada de direcciones. Un sujeto-emisor solo necesitaría adaptar sus intenciones lógicas a un grupo de direcciones neurológicas, a quienes en la edad media mediática se les denominaba "personas", e inmediatamente se desarrollaría en un monitor interno del receptor, un proceso de recepción, al cual el destinatario sólo tendría que aportar lo suficiente para poner su sistema en recepción. En la época final de los medios, los ojos y oídos tan exigidos hoy en día serían obviados mediante el proceso neurotelepático del bypass12. Podríamos, con la ayuda de suaves tecnologías rompe cabezas, dirigirnos directamente a nuestra comunidad de nervios desde cualquier distancia, y de tal manera que ya no nos deberíamos dejar impresionar por las tan populares indicaciones respecto a la reserva de referencia propia de los neuro-sistemas. En aquellos días de los que ya sólo nos separa un siglo de investigaciones y desarrollo, podríamos provocar técnicamente y mediáticomasivamente, lo que hoy los sicóticos de la influencia y algunos telecomunicadotes religiosos ya dan por hecho: nos podríamos transponer sin encontrarnos físicamente, en estados maravillosos o terribles de discretas obsesiones telecomunicativas; nos sumergiríamos mediante circuitos intercerebrales a través de grandes distancias y no solamente enviaríamos y recibiríamos, a diferencia del platonismo, imágenes originarias o ideas eternas, sino también representaciones individualizadas y mensajes con fecha, dirección y localización. Los que hoy en día llamamos "nuevos medios" son entonces en su totalidad tecnologías pesadas, externas y caducas, si uno sacude la cabeza sobre la superflua y malintencionada intermediación que trató de monopolizar y explotar comercialmente la transferencia de pensamientos entre los hombres. El único problema que debería ser resuelto es la protección de la esfera cerebral privada. Probablemente, las personas que no quieran estar en recepción, tendrán que portar cascos ANT de protección, es decir, cascos anti-neuro-telepatía, disponibles si se busca desconectarse de los siempre presentes conciertos de transferencia. La palabra intelectual irritante de aquella época será neuroglobalización. La forma hoy en día más extendida del rechazo a la información, el no-entender, sería derogada en la era final de la transferencia de pensamientos. Así, se deberá ejecutar explícitamente cada acto de la negación del entendimiento y llevarlo a cabo según las reglas del arte. Ante semejantes perspectivas del futuro, deberíamos gozar de nuestras reservas naturales del no-entender, mientras haya tiempo.


Citas

1 En griego en el original (N. de la T.).

2 Mediamatik: carrera que reúne elementos de distintas disciplinas de la informática como marketing, multimedia y administración. Esta carrera existe desde el año 1998 en Suiza. Los técnicos graduados trabajan en el campo de los cibersitios, servidores y computadores (N. de la T.).

3 En el original K&I que corresponde a las siglas de Kommunication und Information, de ahora en adelante se usarán las siglas correspondientes en español (N. de la T.).

4 Users en el original (N. de la T.).

5 Sloterdijk usa el término heideggeriano Heimatlichkeit, que a su vez proviene del concepto Heimat, que ya de por sí trae problemas para la traducción. A veces se usa la palabra familiaridad (N. de la T.).

6 En latín en el original. Significa "no admirar nada" (N. de la T.).

7 En inglés en el original (N. de la T.).

8 En inglés en el original. Significa "sentido común" (N. de la T.).

9 En inglés en el original: Significa "exceso" (N. de la T.).

10 En latín en el original. Literalmente "con un grano de sal", figuradamente "con una capa de sano escepticismo o con moderación" (N. de la T.).

11 En latín en el original. Significa "por eso mismo" (N. de la T.).

12 En inglés en el original (N. de la T.).


Bibliografía

  1. BENJAMIN, Walter, 1928, Einbahnstraße, Berlín, Ernst Rowohlt Verlag.
  2. SLOTERDIJK, Peter, 2005, Esferas III. Espumas, Barcelona, Siruela.

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