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Editorial

En cada proyecto colectivo el conocimiento adquiere una forma particular y ocupa un lugar significativo, que se organiza y valida de acuerdo con el contexto y las condiciones históricas en las que se produce. En particular, la modernidad se constituye como el proyecto civilizatorio en el que la forma más valorada de conocimiento es la ciencia, pensada como el conocimiento obtenido a través de la experimentación, validado por el seguimiento riguroso de un método determinado, y en el que el científico se inscribe dentro de una postura de objetividad y neutralidad que da confiabilidad a sus hallazgos.

Wallerstein (1996) recuerda que hasta el siglo XIX, el término ciencia se identificó con el de ciencia natural, en tanto que otras formas alternativas de conocimiento se llamaron, indistintamente, artes, humanidades, filosofía, e, incluso, cultura. Muestra cómo dos acontecimientos vienen a cuestionar la validez de la distinción entre las "culturas" ideográfica y nomotética, propiciada por la discusión abierta por la ciencias sociales. El primero está vinculado con la aceptación en las ciencias naturales de los postulados que cuestionan las premisas newtonianas por largo tiempo indiscutibles; el otro hecho es el de la emergencia de los llamados estudios culturales, evento que renovó la discusión alrededor de temas relacionados con la importancia para el análisis de los sistemas sociales históricos de los estudios no eurocéntricos; el interés por el análisis histórico local; y, tercero, la estimación de los valores relacionados con los logros tecnológicos, o de manera más precisa, la expresión de su escepticismo respecto a los méritos del progreso tecnológico.

Estas preocupaciones condujeron a plantear un abordaje metodológico quizá más importante: examinar los procedimientos de eventualización del conocimiento, esto es, aquellos que establecen las conexiones que existen entre unos mecanismos de coerción (tales como las legislaciones, los reglamentos, los dispositivos materiales, los ejercicios de autoridad, etcétera) y determinados contenidos de conocimiento que conllevan efectos de poder "en tanto que son validados como formando parte de un sistema de conocimiento" (Foucault, 1995). Sin duda, atender a este asunto ha permitido comprender el proceso de transformación que ha sufrido el conocimiento científico en las últimas décadas, que ha puesto en evidencia una deslegitimación de la racionalidad totalizadora universalista, mostrándola como una narrativa entre otras en la historia.

En la contemporaneidad esta condición se expresa como una crisis mediante la cual la Universidad deja de ser el lugar privilegiado de la producción de conocimientos frente a su nuevo centro: la empresa transnacional. En el marco del capitalismo posfordista, la Universidad se va plegando a los imperativos del mercado planetario, y deja de servir a los intereses y a la guía del Estado, por lo cual, la función narrativa de los metarrelatos deja de justificarse respecto de su forma propiamente moderna. En este contexto la investigación científica no difiere de la investigación tecnológica, por lo que se produce la tecnociencia como una especie de "fusión óntica" (Latour, 1983). Así, a principios del siglo XX, ocurrió una revolución tecnocientífica, producto de un cambio, no en el conocimiento científico, sino en la forma de organizar la estructura de la práctica y la actividad científica, lo que se materializó en la organización corporativa y en el cuantioso financiamiento privado de la investigación, orientados por las necesidades de generar desarrollos tecnológicos que derivaran en innovaciones prácticas para el mercado, la empresa, la industria militar y la sociedad.

En este orden de ideas, y con el ánimo de abrir un espacio en el cual pensemos sobre la ciencia y la tecnología en la vida contemporánea, de provocar reflexiones interdisciplinarias que nos permitan recordar que toda ciencia es social, y, sobre todo, con el interés de generar una movilización en torno a diversos problemas que tienen profundas implicaciones éticas y políticas en torno al hacer de la ciencia, el número 42 de la revista NÓMADAS se configura en torno a las preguntas ¿qué ciencia es posible hoy? y ¿qué cosas puede y debe hacer la ciencia en diversos planos de la vida contemporánea? Se proponen, entonces, tres ejes en los que se presentan diversas posibilidades de respuesta a dichas cuestiones:

    1. ¿Qué ciencia es posible hoy? Como hemos visto, la ciencia implica estrategias de diversa naturaleza. La primera es anular las circunstancias sociales que conllevan a la construcción de un hecho, para que pueda ser incorporado en un cuerpo de conocimiento y usado por otros (Latour y Woolgar, 1995). Igualmente, como lo sugirió Bacon, la estrategia de establecer una tajante separación entre el mundo "en sí mismo", dispuesto para ser conocido mediante la verdad científica, y los mundos "imaginarios", con lo cual, la imaginación ha quedado a la deriva (Ingold). Así, cabe la pregunta por ¿cómo se produce la ciencia hoy?, ¿quiénes la legitiman y qué poderes políticos y económicos se ocultan tras la producción de los hechos científicos contemporáneos? 

      La sección inicia, justamente, con el texto "Soñando con dragones: sobre la imaginación de la vida real" que muestra cómo al seguir el mandato de Bacon, la ciencia se ha distanciado funestamente de la vida misma, lo que ha traído como consecuencia una forma de leer que se asienta en encontrar el significado en el propio texto y no en lo que este pueda revelar entre líneas, y de conocer la naturaleza al margen de unirse y comprometerse con ésta en la actividad, desde una gramática participativa. A continuación, el artículo "Los mitos de la ciencia: desventuras en las prácticas científicas" examina los profundos cambios que se producen en la organización de la ciencia actual, en las formas de comprenderla y en las políticas que la promueven, para mostrar la gran distancia que existe entre las maneras de conceptualizar las prácticas científicas y los procesos de burocratización que las regulan.

 

    1. Cambios en la vida, cambios en la ciencia. Como ya se ha planteado, para la producción moderna de conocimiento hay distinciones fundamentales, una de éstas es la que diferencia la ciencia de la tecnología, o de la ciencia aplicada. Y es precisamente en este complejo entramado de relaciones donde se origina la pregunta: ¿cómo se producen nuevos modos de ser, hacer, conocer desde esta íntima relación entre ciencia y tecnología? ¿Qué alteraciones se generan como consecuencia de la íntima relación e interacción vida-ciencia? 

      En este eje, encontramos el artículo "La cuestión del sujeto: psicopatologías del yo y la transformación biopolítica de la subjetividad", que presenta el replanteamiento de la idea de sujeto, profundizado por la emergencia de nuevas concepciones neuroquímicas de la subjetividad, que conllevan el "rediseño" plástico de lo humano. También presentamos el texto "Corpo, esporte e biotecnologías: um ensaio inspirado em Peter Sloterdijk" que examina el caso de la formación de atletas de alto rendimiento, problematizando los saberes y el uso de la biotecnología en la formación de una nueva clase de subjetividades. 

      Por su parte, el escrito "Relaciones biosociales de producción" propone la noción de biosocialidad como fusión entre lo biológico y lo social a través de la biotecnología moderna, y como manera de superar el concepto de lo biosocial, entendido como mera complementariedad de las esferas de la biología y la sociedad. Aquí se considera que una noción ampliada de las relaciones sociales de producción es útil para capturar las nuevas jerarquías y articulaciones de lo social y lo biológico en la reproducción de la vida misma, desde lo que denomina relaciones biosociales de producción. 

      Finalmente, esta sección la cierra "Biopolíticas del abandono: migración y dispositivos médicos en la frontera sur de México" que trata sobre los usos estratégicos y las dificultades ético-políticas del uso de la ciencia en condiciones extremas, que transgreden las fronteras entre países, pero que conllevan otro tipo de límites, los cuales ponen en tela de juicio la propia vida y la condición humana.

 

  1. Ciencia tecnología y políticas. Este grupo de artículos alude a las dimensiones políticas de la acción de la ciencia y la tecnología, así como a los planos menos visibles de la producción de conocimiento en este campo. El artículo "Cismas entre enunciación y efectuación en las políticas científicas de Colombia, México y Argentina" se pregunta por las implicaciones de la aplicación de estas políticas, que vienen de otros contextos y no reconocen las particularidades de nuestra región en tanto producción de conocimiento. El autor nos propone una serie de reflexiones sobre la necesidad de generar prácticas críticas en las formas en que se asume la producción de conocimiento en nuestras instituciones y en nuestro país. El texto "De la investigación a la política pública: producción y circulación de conocimiento científico entre científicos y gestores de políticas públicas" plantea la discusión sobre la incidencia de la investigación en la formulación y aplicación de políticas públicas. Este texto retoma la tensión que se genera entre el sector público y las demandas de solución que se le hacen al aparato científico, y las implicaciones de que investigadores/as participen en la formulación e implementación de política pública. Finalmente, presentamos el artículo "Concepciones del área tecnológica informática: discusiones desde una investigación reciente" que se pregunta por las posibilidades de la tecnología como instancia y espacio de formación en la escuela, así como en torno a la necesidad de promover una reflexión más profunda sobre la tecnología y superar las visiones instrumentalistas que tienden a reproducirse en la escuela.

Queda entonces la pregunta de hasta dónde las actuales prácticas académicas pueden subsanar la separación entre imaginación y realidad, evitando la instrumentalización del conocimiento y el plegarse a los intereses del mercado.


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