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Juan Carlos Portantiero: la persistente vocación intelectual de la sociología Argentina*

Juan Carlos Portantiero: a persistente vocação intelectual da sociologia argentina

Juan Carlos Portantiero: the persistent intellectual vocation of Argentine sociology

José María Casco**


* Agradezco los aportes de Lucas Rubinich y Alejandro Blanco. Y un reconocimiento muy especial a la ayuda invaluable de Aurea Días, Ana María Kaufman y Osvaldo Pedroso.

** Sociólogo y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Estudiante del programa de doctorado, Mención en Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Nacional de Quilmes. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.


Resumen

Parte de la historia de la sociología argentina está ligada a los vaivenes de la vida política del país y al desarrollo de su campo cultural en general. El sociólogo Juan Carlos Portantiero es un ejemplo de esa historia de relaciones llena de consecuencias productivas, pero no exenta de tensiones. A través del análisis de su extensa trayectoria, este trabajo centra su mirada en algunos momentos fuertes de esa vinculación.

Palabras clave: sociología, política, intelectual, marxismo, democracia, universidad.

Resumo

Parte da história da sociologia argentina está ligada aos vaivéns da vida política do país e ao desenvolvimento da sua área cultural em geral. Assim, o sociólogo Juan Carlos Portantiero é um exemplo dessa história de relações cheia de consequências produtivas, mas não isenta de tensões. Através da análise da sua extensa trajetória, este trabalho centra o seu olhar em alguns momentos fortes dessa vinculação.

Palavras-chaves: sociología, política, intelectual, marxismo, democracia, universidade.

Abstract

Part of the Argentinean Sociological History is related with the fluctuations in the political life of the country and with the development of its cultural field in general. In this way, the sociologist Juan Carlos Portantiero is an example of this history, full of productive consequences but not exempt of tensions. By the analysis of his vast intellectual trajectory, this work is focused in some of the strong moments in this relation.

Key words: sociology, politics, intellectual, marxism, democracy, university.


Buena parte de la historia de las ciencias sociales argentinas, y de la sociología en particular, está estrechamente vinculada a los vaivenes de la vida política del país y al desarrollo del campo cultural en general. Esa historia de cruces, llena de implicaciones productivas y no exenta de tensiones, está poblada de nombres emblemáticos. Uno de ellos es Juan Carlos Portantiero.

Nacido en 1934, en el barrio Flores de la ciudad de Buenos Aires, se crió en el seno de una familia de clase media (su padre era gerente de la empresa Siemens y su madre, ama de casa), que simpatizaba con el socialismo de cuño democrático. Siendo joven ingresó como estudiante en la Universidad de Buenos Aires. Luego de probar suerte en otras carreras, abrazó definitivamente la sociología como profesión. Desde los años cincuenta, combinó el ejercicio de la enseñanza universitaria y la investigación social con una intensa vocación por intervenir en las grandes cuestiones políticas de su país. El “Negro” Portantiero, como lo llamaban sus amigos y como es conocido en el ambiente cultural y de las ciencias sociales de Buenos Aires, falleció el 9 de marzo de 2007. Además de sus tres hijos, ha dejado un invaluable legado de reflexiones y conceptos que resultan insoslayables a la hora de intentar comprender la historia de nuestro país. Este texto penetra en su largo recorrido de vida pública y académica, para destacar algunos momentos fuertes de una trayectoria ligada al desarrollo de la sociología y la política argentinas.

Los años cincuenta: el comienzo de un largo camino

Juan Carlos Portantiero pasó su infancia y gran parte de su juventud en el barrio porteño de Flores. Allí, con un grupo de amigos, desarrolló sus primeras charlas sobre política que derivarían en la búsqueda de un lugar en los partidos tradicionales de la izquierda argentina. Como producto de ese anhelo, en 1952, luego de terminado el bachillerato y recién iniciaba la Carrera de Derecho en la Universidad de Buenos Aires (que luego abandonó por la Carrera de Letras, en la que tampoco se quedó mucho tiempo) ingresó en la Federación Juvenil del Partido Comunista argentino. Con apenas dieciocho años, después de haber probado suerte de manera infructuosa en el Partido Socialista y el Partido Demócrata Progresista, buscó una alternativa política que se opusiera al clima que el peronismo le imprimía a la vida nacional.

En el Partido Comunista –PC– se vinculó con los dirigentes y militantes del Frente Cultural, donde comenzó colaborando con algunas revistas literarias para pasar luego, al promediar la década, a ejercer el periodismo cultural y político en los principales órganos de propaganda del partido, como Nuestra Palabra y La Hora. Al tiempo que estableció lazos de amistad con personajes como Juan Gelman, Manuel Mora y Araujo y Andrés Rivera, conoció allí a quien fuera su maestro en el oficio de escribir y su primer referente intelectual, Héctor Pablo Agosti, que por esos años era el principal promotor, dentro del partido, de una renovación cultural y de la apertura hacia horizontes diferentes de los que marcaba la línea oficial1.

De la mano de Agosti, principal difusor de Antonio Gramsci en Argentina, Portantiero experimentó su primer acercamiento al pensamiento de este autor. En efecto, colaboró, por invitación de aquél, en el equipo que dirigía la traducción y los estudios preliminares de la obra del marxista italiano, que luego sería publicada por la editorial Lautaro perteneciente al PC. Al mismo tiempo, Agosti lo erigió en una suerte de secretario de redacción de Cuadernos de Cultura, revista destacada del área cultural del partido, que también administraba.

Como fruto de esos trabajos, se produjo el encuentro con quien sería uno de sus más grandes amigos y compañero de aventuras intelectuales, el joven José María “Pancho” Aricó, militante de la Federación Juvenil del PC de la ciudad de Córdoba y colaborador en los trabajos de recepción de Gramsci realizados en su provincia. Este vínculo se volvería muy estrecho y sería altamente significativo para la trayectoria futura de Portantiero, al punto de que todas las empresas intelectuales colectivas emprendidas de ahí en adelante, hasta la muerte de Aricó en 1991, lo serían junto a este gran amigo.

Los años sesenta: radicalización política y cultural

Estos años de militancia juvenil y encuentros decisivos se coronaron en el plano de la producción intelectual entrados los años sesenta. En 1961, Portantiero editó su primer libro, Realismo y realidad en la literatura argentina, en el que ya se vislumbran los trazos de lo que podría denominarse una sociología de la cultura. Allí, el análisis del campo literario argentino, más específicamente del realismo literario, fue alumbrado por el influjo que dejaban sus recientes lecturas de Antonio Gramsci.

En mayo de 1963 se produjo un acontecimiento aún más decisivo, que significó una inflexión en la trayectoria de Portantiero, poniendo fin a la etapa juvenil de su militancia política y cultural. La fracción cordobesa de la Federación Juvenil Comunista lanzó el primer número de la revista Pasado y Presente, en la que aquél colaboraba desde Buenos Aires. Este lanzamiento condensó un proceso de radicalización de las lecturas de la política y la historia del país, que se venía incubando desde los años previos en un grupo de jóvenes militantes del partido y que tenía la obra de Gramsci como su principal referente teórico. La publicación marcó el comienzo del fin de la relación de Portantiero, y de muchos otros, con las líneas directrices de los partidos tradicionales de la izquierda argentina respecto de las estrategias para llevar a cabo una política que propiciara un enlace entre intelectuales, partido y clase obrera. El grupo de Pasado y Presente cuestionaba el canon marxista-leninista y la suscripción del partido a las directivas de la URSS, sostenidos por la cúpula del PC, anteponiendo a ello un marxismo inspirado en Gramsci que reivindicaba una lectura diferente de la relación intelectuales/masa. Por otra parte, enarbolaba una relectura de la adhesión de la clase obrera al peronismo, retomando la senda inaugurada un tiempo atrás por la revista Contorno2. En la nueva interpretación del fenómeno, la clase trabajadora ya no era caracterizada como una masa en disponibilidad manipulada por un demagogo –visión clásica sostenida por la izquierda tradicional– sino como una clase con conciencia de sus intereses. De esta manera, la fracción integrada por Portantiero se inscribía en un fenómeno más amplio de renovación intelectual y política que, protagonizado por las nuevas generaciones, tenía lugar dentro del campo de la izquierda argentina, conformando lo que se denominaría Nueva Izquierda. En este sentido, debe anotarse que el nuevo grupo poco a poco pasó del antiperonismo más cerrado al apoyo expreso al peronismo en algunos casos, y, en otros, a un reconocimiento de su importancia, aunque manteniendo cierta distancia y cautela. Otro elemento característico de la nueva generación fue el optimismo respecto del futuro latinoamericano que había contribuido a despertar la reciente Revolución Cubana.

La reacción en el PC frente a la avanzada juvenil encabezada por los jóvenes de Pasado y Presente fue inmediata y determinó la expulsión del partido de todo el grupo editorial y de los colaboradores de la revista. El alejamiento llevó a la formación de un efímero grupo político llamado Vanguardia Revolucionaria, que editó un único número de sus sendos órganos de difusión, primero la revista Táctica en 1964, y un año después, Nueva Política. Este último periódico expresaba ya desde su título el modo en el que la nueva generación de políticos e intelectuales de izquierda se colocaba frente a los partidos tradicionales y a los nuevos acontecimientos de la escena nacional e internacional.

Paralelamente a estos nuevos derroteros, después de un punto muerto algo prolongado, Portantiero retomó sus estudios universitarios, ya en la Carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires-UBA, en la que obtuvo su licenciatura en 1966. Este hecho marcó otro jalón en el proceso de clausura de su itinerario juvenil. En efecto, ya como sociólogo y en medio de un panorama político fuertemente convulsionado como consecuencia de otro golpe militar en el país, comenzó su trabajo en la docencia universitaria y la investigación. Como docente, se desempeñó en la asignatura de Sociología Sistemática de la Carrera de Sociología de la UBA, primero como ayudante y luego, desde 1970, como profesor adjunto. Como fruto de la actividad de investigación, y a instancias de Miguel Murmis3, salieron a la luz dos artículos sobre el peronismo. En forma de documento de trabajo se publicó en 1968 Crecimiento industrial y alianza de clases en Argentina (1930-1940), y, al año siguiente, El movimiento obrero en los orígenes del peronismo. Estos trabajos tomaron la forma de libro dos años más tarde. Por iniciativa de Aricó, en efecto, se editó, en 1971, el que quizá deba ser considerado como el más influyente trabajo académico sobre el peronismo realizado en Argentina, Estudios sobre los orígenes del peronismo, que Portantiero firmó en co-autoría con Murmis. Este libro, en tanto proponía una interpretación de la conformación del peronismo que rompía con las visiones clásicas del fenómeno sostenidas por la izquierda tradicional y por algunos referentes de la sociología del momento (masas en disponibilidad manipuladas por un demagogo), marcó una época y con el tiempo se convirtió en un clásico que en la actualidad ya lleva más de diez ediciones. Este hecho pone de manifiesto cuán implicada estaba la sociología de la época en las cuestiones políticas y sociales del país, de manera que sus practicantes se convertían en verdaderos intelectuales que cruzaban la actividad académica con preocupaciones políticas, situación que queda ejemplificada tanto en el interés de Portantiero por abordar desde un enfoque sociológico la problemática del peronismo, como por la amplia repercusión que tuvo el libro dentro del ámbito disciplinar de las ciencias sociales.

En 1973, Portantiero, Aricó y todo el grupo cordobés ya instalado en Buenos Aires, lanzaron la segunda etapa de la revista Pasado y Presente. Allí, Portantiero volvió a usar el arsenal gramsciano y, con ese prisma, su ensayo “Clases dominantes y crisis política en la Argentina actual”, ilumina en clave histórica los obstáculos que encontraba el país para constituir un orden político y económico estable. Este texto, junto con el libro sobre el peronismo mencionado, constituyeron las primeras contribuciones decisivas del autor al análisis de la realidad del país. Nociones como “empate hegemónico” y “crisis orgánica” fueron retomadas en su perspectiva para condensar las dificultades que, tanto los sectores dominantes como los subalternos, enfrentaban en el plano de la política para encontrar una salida a la crisis que corroía al país desde los años treinta. Su enfoque, además, contenía la fuerza que los movimientos contestatarios le imprimían al análisis político. Así, Portantiero podía afirmar, respecto de la finalidad de su trabajo, que este buscaba “inscribirse en la discusión y, por medio de ella, en la práctica de constitución de un bloque social de poder alternativo al dominante” (Portantiero, 1970: 2). Por el mismo año, el grupo de Pasado y Presente estableció contactos con la organización Montoneros, brazo juvenil del peronismo de izquierda, y acompañó su avanzada hacia la radicalización política que en muchos casos era la opción por la lucha armada, en momentos en que el peronismo, luego de una larga proscripción, había vuelto al poder y en sus filas se libraba una lucha por el liderazgo del movimiento entre dos facciones, el ala derecha (sindicalista) y el ala izquierda (Montoneros).

También por aquella época, Portantiero protagonizó la llamada disputa entre “Cátedras Marxistas” y “Cátedras Nacionales” que tenía lugar en el seno de la UBA. Se trataba de una experiencia singular que rompía los moldes clásicos de la enseñanza y colocaba las discusiones políticas como el locus que guiaba las acciones en la universidad. Una frase del Portantiero de entonces resume el clima que se vivía en la sociología del momento y en la institución universitaria: “Frente al problema general de la sociología, quisiera decir en primer lugar que yo no me defino como sociólogo, sino como socialista revolucionario (...). La respuesta es simple y lógica: o la sociología sirve como instrumento capaz de apoyar cambios de tipo político, o no me interesa como profesión” (Cit. en Rubinich, 1999: 31). Esta afirmación no hacía más que sintetizar el tono que había adquirido la cuestión académica y que tuvo en 1973 su punto más álgido. Este proceso encontró su fin en 1974 cuando, poco tiempo después de la muerte del viejo líder Juan Domingo Perón, fue dispuesta la intervención de las universidades nacionales por decreto del gobierno nacional en manos del ala derecha del peronismo. Como consecuencia de ello, Portantiero se vio obligado a abandonar la enseñanza en la UBA y comenzó a dar clases en la sede Buenos Aires de FLACSO. Pronto, en 1975, marchó al exilio en México.

El fin de los años setenta y el reencuentro con la democracia

México fue el comienzo y el fin de varias cosas para Portantiero. Estando allí, el 24 de marzo de 1976 cayó en Argentina el gobierno constitucional de Isabel Perón debido al golpe militar que, instaurando un régimen autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”, impuso el estado de sitio, la censura y la represión por siete años. En este contexto, tomó forma una autocrítica de lo actuado en los años precedentes sobre la base de lo que se visualizaba, para toda una generación de políticos e intelectuales, como una derrota incontestable. El accionar de los grupos armados, la política desplegada por los agrupamientos nucleados en la Nueva Izquierda y el formato teórico con que se había decodificado el análisis de la política y lo social, comenzaban a ser fuertemente impugnados. En efecto, el golpe de Estado y la feroz represión que le siguió, trastocaron la subjetividad de los actores que se habían involucrado, para Portantiero y para toda una generación terminaba una etapa.

En lo que tiene que ver con el plano estrictamente profesional, Portantiero trabajó como profesor en la sede mexicana de FLACSO, enseñando teoría social durante toda su estadía en ese país. De su variada producción teórica de la época, debe destacarse en 1977 la publicación de Los usos de Gramsci en la colección Cuadernos de Pasado y Presente que dirigía Aricó, donde se incluyó ese texto como prólogo a los escritos políticos del marxista italiano. Los usos de Gramsci, que en 1981 salió a la luz en forma de libro, tuvo la singularidad de ser la última producción en la que el pensador italiano recibió una atención central en las reflexiones de Portantiero, constituyéndose, de algún modo, en una bisagra en su trayectoria. Podría decirse que fue una despedida de su vínculo con el comunista sardo y respecto de una forma de concebir la relación entre pensamiento social y política.

Así, ya desde finales de los años setenta, aparecieron diversos artículos publicados en revistas latinoamericanas y europeas que expresaban un doble movimiento. A la vez que criticaban las orientaciones de la izquierda que seguían sosteniendo como guía política una táctica de tipo revolucionaria, comenzaban a realizar una recuperación positiva de la cuestión democrática. Una buena muestra de ese doble movimiento también la constituyen los temas y los autores que Portantiero privilegiaba cuando, en 1979, fundó la revista Controversia. Para el análisis de la realidad argentina, junto con parte del grupo que había integrado Pasado y Presente. Esta publicación desplegó, a lo largo de sus catorce números, la discusión que el socialismo argentino sostuvo en torno a la llamada crisis del marxismo que, por la misma época, también tenía lugar en Europa. La revalorización de la política entendida como un diálogo entre fuerzas adversarias y de la democracia como régimen político, tema que sería decisivo para Portantiero en los años venideros, son cuestiones centrales a las que los diferentes colaboradores se dedicaron. En este marco, Portantiero publicó en la revista una entrevista realizada a la intelectual Christine Buci-Glucksmann, militante del comunismo francés, en la que sostenía la conveniencia de una salida parlamentaria para los partidos de izquierda latinos. Con este gesto, el sociólogo argentino ajustaba cuentas con el marxismo revolucionario y reivindicaba la salida democrática como estrategia política alternativa a la estrategia revolucionaria fracasada. En esa dirección, en un dossier de Controversia de 1980 sobre el tema de la democracia, Portantiero indagaba sobre los vínculos entre democracia política y socialismo y colocaba en el centro del debate la idea de que la democracia no constituye un patrimonio de las clases burguesas sino una conquista de la acción política de las masas en su proceso de auto-liberación.

Hacia 1982, ese diálogo crítico con el socialismo y esa búsqueda de aperturas teórico-políticas, se coronó con la publicación, en la revista argentina Desarrollo Económico, de una reseña de la edición castellana de los Escritos políticos de Max Weber, aparecida en México dos años antes de la mano de la editorial Folios dirigida por Aricó. En ella, Portantiero destacaba la contribución que el pensamiento del alemán podría brindar a la solución de los problemas a los que, según su perspectiva, nada podían aportar ni el propio Marx ni el marxismo. De esta manera, producía una ruptura definitiva con una adscripción exclusiva al socialismo.

Los años ochenta: el Estado de derecho y la vuelta a la vida universitaria

En el marco de la restauración de las instituciones democráticas, en 1983 Portantiero regresó a Argentina y se convirtió en uno de los mayores exponentes del pensamiento sobre la democracia del campo cultural y político del país. En este contexto fundó, junto con reconocidos intelectuales, el Club de Cultura Socialista en 1984, institución sin filiación partidaria que tendría como centro de sus preocupaciones la reflexión, desde una perspectiva democrática, sobre los grandes desafíos del momento4. Dos años más tarde, la iniciativa se plasmó en la creación de Ciudad Futura, una revista cultural que, con distintas etapas, protagonizó el debate público hasta el año 2006. En la primera etapa, durante los años ochenta, la revista se convirtió en la tribuna privilegiada de los debates centrales de la época. Diferentes dimensiones de la política y lo social, como la educación pública, la democracia como forma de gobierno, el papel del sindicalismo y otros temas fueron tratados en ella por especialistas de variadas ramas del saber.

Al mismo tiempo, por aquellos años Portantiero formó parte, junto con otros intelectuales de diversas extracciones, de un acontecimiento inédito en Argentina: el llamado Grupo Esmeralda, suerte de grupo asesor de carácter informal del presidente Raúl Alfonsín (1983-1989), que contribuyó a discutir con el mandatario algunos temas importantes de la agenda política y colaboró en la elaboración de documentos centrales de su gestión. El más destacado de ellos, quizá, sea el que desembocó en el llamado “Discurso de Parque Norte”5. Esta experiencia fue inédita porque rompió con una tradición en el país que había hecho del divorcio entre políticos e intelectuales una marca de su vida pública durante el siglo veinte.

En el plano de la producción escrita, junto a José Nun, Portantiero editó en 1987 la compilación Ensayos sobre la transición democrática. Allí, a través de dos artículos en los que realizó un análisis de la coyuntura, indagó acerca de los problemas que visualizaba como obstáculos para fundar un orden político estable en el país. Las cuestiones de la confrontación y el acuerdo fueron abordados con gran agudeza, resaltando las dificultades que portaban las culturas políticas de los actores de la escena nacional para establecer un orden democrático. En la misma dirección, reflexionó sobre la necesidad de una concertación política plural, tema que reenvía la discusión a una idea que se erigió como central en los análisis de Portantiero a la hora de pensar la democracia argentina: el pacto político como modo de procesar los acuerdos y los conflictos, instaurando una gramática común como base sobre la cual pudieran establecerse las diferencias6.

Al año siguiente, salió La producción de un orden. Ensayos sobre la democracia entre el Estado y la sociedad, libro en el que Portantiero reunió buena parte de su producción de fines de los años setenta y principios de los ochenta, que tenía como premisa central buscar caminos, en lo teórico y en lo político, que hicieran posible el encuentro entre democracia y socialismo.

Por otra parte, durante todos esos años volvió a desempeñarse como docente e investigador en la Carrera de Sociología de la UBA, y en 1985 ingresó como investigador en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicet) llegando a ocupar el cargo de investigador independiente.

Los años noventa, la política universitaria y el comienzo del nuevo siglo

En 1990 (y luego de que el gobierno al que había acompañado desde el Grupo Esmeralda entregara el mando presidencial de forma anticipada y traumática a su sucesor, como consecuencia de una grave crisis política y económica), Portantiero fue elegido Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. En 1994 renovó ese cargo, completando su segundo período en 1998. Al frente de la Facultad, en el marco de profundas reformas en el orden económico y social del país vinculadas con las políticas neoliberales impulsadas por el nuevo gobierno nacional y que involucraron un proceso de privatizaciones de diferentes bienes económicos y sociales, Portantiero defendió la gratuidad de la enseñanza y el gobierno autónomo de la institución universitaria, frente al avance de importantes sectores que llamaban a privatizar la educación pública. Ese fue un combate al que Portantiero le aportó un empeño significativo, en un ambiente por demás desfavorable producto del progresivo desfinanciamiento de la educación pública.

Asimismo, con suerte dispar, intentó llevar adelante un proceso de modernización de la educación superior y colocar la docencia y la investigación como pilares de la política universitaria. Diferentes factores no hicieron posible llevar adelante de manera cabal esos cambios. Sin embargo, un hecho destacable es el impulso brindado como director a la revista Sociedad, publicación de la Facultad que reunió en sus páginas a las figuras más relevantes del ámbito académico del país y a algunas de la región, convirtiéndola en un órgano de difusión de los mejores exponentes de la producción académica y científica del momento. Por ella pasaron nombres importantes como José Joaquín Brunner, Julio Labastida, Guillermo O’Donnell, Sergio Zermeño, Jesús Martín-Barbero y Ernesto Laclau, entre otros. Además, la publicación se constituyó en la única de su tipo, ya que por esos años sólo Desarrollo Económico era una revista académica stricto sensu.

Cuando los años noventa terminaban y ya despuntaba el nuevo siglo, Portantiero retomó sus investigaciones que, aunque nunca había abandonado del todo, permanecieron en un segundo plano durante su gestión como Decano. Ese nuevo impulso a sus investigaciones tuvo como tema central la indagación histórica del papel del socialismo argentino en la escena política de los años treinta del siglo veinte. Como parte de ese proyecto, en 1999 publicó Juan B. Justo. Un fundador de la Argentina moderna, una pequeña biografía del fundador del Partido Socialista argentino, donde trazó los puntos salientes y las debilidades de su proyecto político. Esta empresa, que luego del libro sobre Justo tuvo varios artículos en su haber, buscaba poner en escena una mirada que desmintiera las afirmaciones que, desde la historiografía de corte nacional-popular, aseveraban que no había nada importante con respecto a la política obrera antes de la llegada del peronismo al poder en los años cuarenta7 . Hasta su muerte, producida en el último verano argentino, esa fue su preocupación teórica central.

El 5 de septiembre de 2006, en una emotiva ceremonia realizada en la ciudad de Buenos Aires, promovida por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) con sede en México, el “Negro” Portantiero fue distinguido con el doctorado Honoris Causa. Este fue el reconocimiento más importante que recibió en vida, reconocimiento ampliamente merecido por su permanente y tenaz compromiso con la producción científica y el pensamiento político y social argentinos.

Posteriormente a su fallecimiento, fueron numerosas las declaraciones de pesar y los homenajes organizados a su persona y trayectoria. Así, por ejemplo, la Cámara de Diputados de la Nación argentina aprobó en los primeros días del mes de abril un proyecto de declaración de “pesar por el fallecimiento del politólogo argentino Juan Carlos Portantiero”. Entre los argumentos que avalaron el proyecto se expresaba: “Son numerosas las charlas y conferencias dictadas en la Argentina y en el mundo, en las cuales puso de manifiesto su sutil intelecto y la profundidad de sus análisis políticos, contribuyendo de esta forma en la construcción de las ideas que fortalecen la institucionalidad, el civismo y la democracia” (Cámara de Diputados de la Nación, Trámite Parlamentario No. 27, 11/04/2007).

Sin embargo, son las expresiones de sus amigos y ex compañeros de militancia y actividad intelectual, las que nos aportan una imagen más cercana e íntima del “Negro” Portantiero. Pablo Gerchunoff, que conoció a nuestro autor cuando era un niño en las reuniones organizadas por sus padres, lo recuerda de esta manera:

No podría decir que fuera mi amigo, porque antes que nada se convirtió en mi hermano mayor, pero el tiempo pasa, las edades convergen, después de los 25 años todos tenemos la misma edad y mi hermano se convirtió en mi amigo, un amigo entrañable y admirado cuya amistad fue una piedra preciosa heredada. ¿Por qué admirado? No podía contestar esa pregunta por esos tiempos, pero había una señal que me venía de los otros. Si el negro no acudía una noche de tertulia a casa, la pregunta ansiosa e inevitable de los otros era: ¿Qué dice el negro sobre esto?; ¿qué opina el negro sobre esto otro? Era ya entonces una personalidad magnética, y esas personalidades están aunque no estén. (Discurso pronunciado en el homenaje del Ministerio de Educación de la Nación).

También, y por último, queremos citar las palabras de su gran amigo y compañero de ruta Emilio de Ipola en ocasión de un reciente homenaje:

Me digo con tenaz constancia que el dolor por el amigo que ya no veremos en el encuentro cotidiano no debe hacernos olvidar que también se fue un sociólogo y un politólogo de primer nivel, y también un intelectual comprometido en toda empresa política que juzgara digna de ser acompañada si coincidía con sus ideales de justicia, igualdad y libertad. Su opción de vida fundamental lo llevó en toda ocasión a dejarse capturar por los requerimientos del presente político, a embarcarse en decenas de proyectos de todo tipo, a condición que fueran en la dirección en la que siempre inscribió su acción: la búsqueda de caminos que nos acercaran a una sociedad más justa, más igualitaria y más libre. (Suplemento Radar, página 12, 8 de abril de 2007).


Citas

1 Portantiero se colocaba, de esa manera, en una tradición que, como primer escalón, remitía a la figura de José Ingenieros, ya que éste había formado en el campo cultural a Aníbal Ponce, del cual Héctor P. Agosti, a su vez, había sido discípulo.

2 La revista Contorno se editó a mediados de los años cincuenta y fue la primera que reunió a un grupo de intelectuales que hacía una relectura del fenómeno peronista, esa relectura cancelaba la descalificación del fenómeno de manera total y en su lugar trataba de comprender las razones del apoyo de la clase obrera al líder militar. Animaron esa empresa los hermanos David e Ismael Viñas, León Rozichner y J. J. Sebreli, entre otros.

3 Miguel Murmis fue profesor titular de la asignatura de Sociología Sistemática hasta 1967, año en que se separó del cargo a raíz de la intervención sufrida por la UBA por parte del gobierno de facto instaurado en 1966.

4 En la etapa inaugural del Club de Cultura Socialista, pasaron por allí, además de muchos de sus antiguos compañeros de Controversia, buena parte de las grandes figuras de las ciencias sociales y de las humanidades de Argentina, como Beatriz Sarlo, Carlos Altamirano y Oscar Terán.

5 El discurso fue pronunciado por el presidente Raúl Alfonsín el 5 de diciembre de 1985 ante un plenario de la Unión Cívica Radical, partido político al que pertenecía, convocando a una “convergencia democrática”. En 1990, Portantiero y Emilio de Ipola, con quien había escrito buena parte de ese discurso, realizaron un examen de las ideas centrales que este contenía, a la vez que intentaron trazar un balance de lo que había quedado del mismo en la dirigencia argentina, en un artículo de Ciudad Futura, en su número 25/26.

6 Nos referimos a “La transición entre la confrontación y el acuerdo” y “De la Ley Mucci a la concertación que no fue”, en: Nun y Portantiero (1987).

7 En otro orden, en el año 2001, dirige un proyecto sobre “Calidad de la democracia en Argentina” para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Una parte de las conclusiones producidas en ese trabajo fueron publicadas en un volumen en el año 2004. Esa iniciativa sirvió para colocar en la agenda pública algunos de los problemas que respecto de la calidad institucional tiene el país.


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