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Violências civilizatórias e potências interculturais

Civilizing violence and intercultural powers

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Editorial

Una civilización que se muestra incapaz de resolver los problemas que su funcionamiento suscita, es una civilización decadente.
Aimé Césaire

El presente número de NÓMADAS indaga desde múltiples perspectivas epistémicas, políticas y estéticas por las relaciones entre violencias civilizatorias y potencias interculturales. Para abrir dicha indagación, quisiera ubicar este debate en el horizonte del pensamiento social contemporáneo, con el fin de resaltar el carácter situado de las contribuciones que conforman esta publicación, así como su aporte a lo que denomino la crítica de la razón civilizatoria.

Existen dos autores que han planteado la relación entre violencias y procesos civilizatorios desde la geopolítica del conocimiento del norte global. En primer lugar, se encuentra la interpretación de Norbert Elias (2009 [1987]) quien, siguiendo a Max Weber (2014 [1922]), considera que durante el proceso de la civilización —que se narra ideológicamente como un único proceso— la violencia fue monopolizada por el Estado, mientras que los ciudadanos incorporaron, por su parte, una serie de hábitos que los alejaron de su uso. Por lo tanto, la condición de posibilidad de la civilización se basaría en el monopolio estatal de la violencia y en un progresivo distanciamiento de ésta del ámbito de las relaciones sociales cotidianas.

Con todo, Elias se refiere únicamente al proceso civilizatorio de Europa centro-occidental. Se trata entonces de una historia local con veladas pretensiones de universalidad trascendente. Ésta encubre las complicidades constitutivas entre procesos civilizatorios y prácticas violentas contra semiosis, naturalezas y gentes pretendidamente incivilizadas, contra aquellas identidades que fueron ubicadas de manera despótica en lo que Frantz Fanon llamó la “zona del no-ser” (2009 [1952]: 42). En esa historia intraeuropea no habría entonces lugar para la conjunción civilización yviolencia, sino únicamente espacio para la disyunción progresiva —imaginariamente asintótica— entre civilización o violencia.

Así emerge en el argumento de Elias una singular formulación estatista de carácter directamente proporcional: a menor monopolio de la violencia menos civilización, y a mayor monopolio de la violencia más civilización. Por supuesto esta disyuntiva permite actualizar en el presente una escala clasificatoria eurocéntrica que ya estaba formulada en las crónicas de la Conquista y de las empresas colonialistas de los siglos XVI, XVII y XVIII. Hace parte de una genealogía planetaria que instituye la imaginación abismal de la diferencia.

En segundo lugar, Samuel Huntington (2001 [1996]) ha planteado que, tras el derrumbe de la Unión Soviética, el mundo occidental entró en una nueva situación bélica de carácter civilizatorio: la convulsión planetaria del “choque de civilizaciones”. Ante los valores supuestamente antidemocráticos del mundo no occidental —la mayor parte del mundo, como advierte Partha Chatterjee (2008)— Occidente debería garantizar a toda costa la expansión y pervivencia de su particular interpretación de los valores democráticos: el individualismo, la libertad de mercado capitalista, la competencia y las instituciones liberales representativas.

En la interpretación de Huntington el papel de la violencia sería justamente el de un medio necesario para alcanzar el fin supremo de defender los valores occidentales. La correspondencia violencia-civilización pasa entonces por una peculiar adecuación de medios a fines, en la cual el fin justifica los medios. La violencia adquiere así el estatuto de condición trascendental de la civilización.

Con el presente monográfico invito a pensar la relación civilización-violencia desde otra perspectiva: la geopolítica del conocimiento del sur global antiimperial, pues vistas las cosas desde este lugar, no se trata de optar teóricamente por la disyuntiva entre civilización o violencia, ni por la implicación necesaria civilización violencia. Por el contrario, en nuestra experiencia histórica colonial, poscolonial y neocolonial la violencia ha sido constitutiva de los proyectos civilizatorios.

Las democracias estatales del sur global se han establecido, mantenido y proyectado sobre la base de violencias civilizatorias, las cuales se justifican por medio de discursos racistas, patriarcales y oligárquicos que se inscriben en la dicotomía civilización o barbarie. Sólo las luchas sociales e íntimas han conseguido ampliar parcialmente esta particular forma de comprensión de la democracia. En el sur global no hay civilización moderna sin violencia civilizatoria. Por eso invito a pensar críticamente, a propósito de este número de NÓMADAS, las particulares conjunciones históricas —localizadas, singulares y contextuales— entre civilización y violencia.

A pesar de las pretensiones jerárquicas, totalitarias y monoculturales que caracterizan los proyectos imperiales, existen múltiples prácticas, discursos e imaginarios que buscan abrir la posibilidad de vivir de un modo otro y que, por lo tanto, desafían la ontología esencialista que sirve de fundamento a las violencias civilizatorias. Estas potencias interculturales desestabilizan los discretos estereotipos identitarios y geoculturales que operan a partir de la matriz de clasificación de la colonialidad/modernidad, y permiten la emergencia de relacionalidades que van más allá de las gramáticas ontológicas imperiales.

Son formas de vida que deambulan en el “estar siendo” (Kusch, 2007) —más que en el ser imperecedero— y que habitan en una singular condición abigarrada por las fronteras, intersticios y exterioridades de la colonialidad del poder. Con ello crean paródicamente devenires insubordinados frente a dicha matriz de clasificación social, conjurando su gobierno totalitario.

Por todo lo anterior, el presente número de NÓMADAS busca contribuir a la crítica de la razón civilizatoria desde el sur global. Es decir, a la analítica de las condiciones históricas y geográficas de posibilidad de las violencias civilizatorias y a la comprensión cómplice de las potencias interculturales que desafiaron y desafían las ignominias del pensamiento único: blanco, patriarcal y capitalista.

Pensar violencias civilizatorias y potencias interculturales desde la perspectiva el sur global es importante para el pensamiento social contemporáneo. Lo anterior porque las otrora potencias coloniales —y ahora neocoloniales—, aún se niegan a llevar a cabo una justa reparación histórica por los cinco siglos de civilización que impusieron, a sangre y fuego, sobre la mayor parte del mundo, y a establecer garantías de no repetición de semejante proyecto. Por el contrario, se empeñan delirantemente en dar continuidad a esta cadena de destrucción y saqueo de semiosis, naturalezas y gentes pretendidamente incivilizadas. Ni siquiera hacen un reconocimiento explícito de que en la base de la civilización moderna se encuentra la violencia racializada que justifica la impunidad, la ultraexplotación que ha garantizado los extraordinarios circuitos asimétricos de acumulación de capital globales y la inquietante reducción de la diversidad ecológica y cultural del planeta. Todos estos son problemas que ha suscitado la civilización colonial moderna. Y como advierte Aimé Césaire (2006 [1950]), en el apartado que uso como epígrafe para este Editorial, esto nos permite constatar que se trata de una civilización decadente: que no puede dar solución a los problemas que ha creado, y que más bien los escamotea.

La crítica de la razón civilizatoria supone entonces la desestabilización contenciosa y antagónica del sentido común imperial que exalta la intervención altruista, el gobierno sistemático y la destrucción ilimitada de la alteridad en nombre de una supuesta buena causa: el tutelaje de la diferencia. Se trata de sospechar de las buenas intenciones del colonizador y de develar las articulaciones políticas y culturales que enlazan las cadenas significantes de su economía libidinal y discursiva. Algo que es imprescindible para poder imaginar estrategias geopolíticas, colectivas y subjetivas que subviertan, contradigan, agrieten o erosionen la sutura ideológica entre violencias y procesos civilizatorios. Esta es una tarea necesaria. Sobre todo, en el marco del escenario histórico que nos plantea el giro global hacia la ultraderecha política, el sexismo y la misoginia, la homofobia, el racismo xenófobo y la criminalización de la diferencia, que parecieran dibujarse inquietantemente en el aura de nuestro presente como nubarrones de nuestro futuro.

Referencias bibliográficas

  1. CÉSAIRE, Aimé, 2006 [1950], Discurso sobre el colonialismo,Madrid, Akal.

  2. CHATTERJEE, Partha, 2008, La nación en tiempo heterogéneo y otros estudios subalternos, Buenos Aires, Clacso/Siglo XXI.

  3. ELIAS, Norbert, 2009 [1987], El proceso de la civilización: investigaciones psicogenéticas y sociogenéticas, México, Fondo de Cultura Económica.

  4. FANON, Frantz, 2009 [1952], Piel negra, máscaras blancas,Akal, Madrid.

  5. HUNTINGTON, Samuel, 2001 [1996], El choque de las civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, Buenos Aires, Paidós.

  6. KUSH, Rodolfo, 2007, Obras completas, IV tomos, Córdoba, Fundación Ross.

  7. WEBER, Max, 2014 [1922], Economía y sociedad, México, Fondo de Cultura Económica.


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