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Hacia un diálogo crítico-solidario con la izquierda europea

Rumo a um diálogo crítico-solidário com a Esquerda Europeia

Towards a critical-solidarity dialogue with the European left

Ramón Grosfoguel*


* Doctor en Sociología. Profesor asociado del Departamento de Estudios Étnicos de la Universidad de California - Berkeley. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.


El texto de Yann Moulier Boutang y Jérôme Vidal titulado “De la colonialidad del poder al Imperio y vice-versa” (2006) abre un diálogo transnacional importante entre la perspectiva “poscolonial” latino/latinoamericana de la “colonialidad del poder” y la tendencia de la izquierda europea conocida como Multitudes, seguidoras del pensamiento de Antonio Negri y la tradición italiana denominada “autonomía obrera”. Hasta el momento, la perspectiva de la colonialidad del poder ha sido víctima del silenciamiento producido por la propia colonialidad/eurocentrismo que atraviesa a la izquierda a nivel mundial. El texto de Boutang y Vidal constituye un paso sumamente positivo al abrir un diálogo necesario e inminente. La siguiente es una breve lista de los puntos de coincidencia: 1) la importancia de una perspectiva global frente a aquellas perspectivas que se limitan a tomar como unidad de análisis epistemológico el Estado-nación; 2) la crítica a los nacionalismos no sólo como perspectiva epistémica sino también como perspectiva política; 3) la crítica a la perspectiva “soberanista” y “estatista” que privilegia la “toma del poder” desde el Estado-nación como “solución” al capitalismo global en detrimento de las luchas que pasan por encima y por debajo del Estado nacional; 4) la importancia de la geopolítica del conocimiento o los saberes situados subalternos como punto de partida para una crítica epistemológica a los saberes e ideologías hegemónicas; 5) la articulación entre la lucha contra la explotación del trabajo con otras luchas contra la opresión y la dominación (racial, sexual, de género, etc.); 6) el apoyo a la necesidad de una lucha por la descolonización del mundo en el siglo XXI, entendida de forma más radical y más amplia que la lucha descolonizadora del siglo XIX y XX, donde la descolonización epistemológica ocupa un lugar privilegiado.

Estos son puntos importantes de coincidencia que sirven de base para un diálogo crítico entre las corrientes de izquierda, tanto del Norte como del Sur, que compartimos una visión crítica de la izquierda tradicional en su versión socialdemócrata o en su vertiente marxista-leninista. Sin embargo, existen puntos importantes de divergencia que no puedo elaborar aquí en detalle pero que constituyen las bases para un debate en el futuro cercano. En este breve espacio me limitaré a debatir/criticar algunas tesis de Hardt y Negri en su libro Imperio que considero importante destacar como punto de partida para un diálogo crítico decolonial. Debido a la importancia de Imperio para el grupo de la revista Multitudes, me parece importante deslindar algunos puntos de discrepancias con el mismo. Antes de continuar, es importante aclarar que no estoy criticando directamente la obra de Yann Moulier Boutang, director de Multitudes y autor del libro De l’esclavage au salariat (1998), el cual tiene muchos puntos de coincidencia con la perspectiva de la colonialidad del poder al devolverle a las revoluciones de esclavos en la periferia colonial su plena agencia social e influencia en la transformación del capitalismo mundial en el siglo XIX y concebir el trabajo esclavo como forma de trabajo vinculada a la acumulación de capital global.

La tesis principal que voy a dilucidar en este breve ensayo es que la categoría Imperio de Hardt y Negri, si bien realiza aportes en términos de identificar formas de trabajo (trabajo inmaterial) y de dominación novedosos (capitalismocognitivo), está atrapada en una conceptualización/ narrativa eurocéntrica leninista del imperialismo. Históricamente, la discusión acerca del concepto de imperio e imperialismo ha asumido una serie de premisas que quiero cuestionar. Para hacer este cuestionamiento utilizaré cuatro categorías que me parecen centrales en cualquier discusión contemporánea de imperialismo y que a su vez sirven como base teórica para descolonizar las teorías existentes. Me refiero a: 1) la geopolítica del conocimiento, categoría abierta por la obra de Enrique Dussel; 2) la corpo-política delconocimiento, inspirada en la obra de Frantz Fanon y Gloria Anzaldúa; 3) la colonialidad del poder, categoría desarrollada por Aníbal Quijano; y 4) la “diferencia colonial”, acuñada por Walter Mignolo. En este breve comentario haré uso de estas categorías.

La geopolítica y la corpo-política del conocimiento nos obligan a localizar geopolíticamente el “desde donde” se está pensando y nos muestran cómo si cambiamos la geografía de la razón o la localización epistemológica desde la cual se piensa, se transforma toda la manera de entender el mundo o el fenómeno en cuestión. La colonialidad del poder nos ofrece un análisis “heterogéneo histórico-estructural” (Quijano) de larga duración sobre las coordenadas del poder global producidas por la expansión colonial europea a escala planetaria desde el siglo XVI hasta nuestros días. Esta conceptualización pone en el centro de la discusión la matriz de poder colonial (sexual, racial, de género, de clase, lingüística, espiritual, epistémica, etc.) entre europeos y no-europeos que se impuso a partir del siglo XVI y que todavía hoy día sigue constituyendo las relaciones de poder global, a pesar de la desaparición casi completa de las administraciones coloniales en las últimas seis décadas. En este sentido, no hay un “pos” a las relaciones coloniales. Estamos ubicados no en un simple “sistema-mundo capitalista” o “capitalismo global poscolonial” sino en un “sistema-mundo europeo/euro-Norteamericano cristiano/ eurocentrado capitalista/ patriarcal moderno/colonial” (Grosfoguel). Por último, la categoría de diferencia colonial es una síntesis de las categorías anteriores y nos invita a ubicar la geopolítica y la corpo-política del conocimiento en términos del eje articulado por la colonialidad del poder, es decir, desde que lado de la diferencia colonial (el lado dominante o el lado subalterno) se está produciendo tal o cual conocimiento. Dicho esto, paso a continuación a discutir el asunto que atañe a mi presentación: el eurocentrismo en la discusión del imperialismo y su influencia en la manera como Hardt y Negri entienden su Imperio.

El imperialismo no es una fase superior del capitalismo correspondiente a su etapa monopolista donde el capital financiero es la fracción hegemónica como sostiene Lenin. Por el contrario, el imperialismo con sus oligopolios y su hegemonía del capital financiero es constitutiva del sistema-mundo como sistema-histórico desde el siglo XVI. La tesis leninista del imperialismo como fase superior del capitalismo parte de una conceptualización linear y etapista de la historia. Para Lenin, el imperialismo sería una etapa monopolista del capitalismo posterior al “capitalismo competitivo” y al “capitalismo industrial”, donde el capital financiero adquiere un carácter expansionista y dominante sobre el comercio y la industria.

La tesis leninista está pensada desde una geopolítica y una corpopolítica del conocimiento muy particular, es decir, desde el lado dominante de la diferencia colonial. Lenin piensa con gafas europeas desde lo que Mignolo caracteriza como la diferencia imperial. Es solamente desde la competencia imperial europea que se puede hablar de “capitalismo competitivo”. Pero ¿qué pasa si nos movemos de terreno epistemológico y miramos este asunto desde la periferia colonial o neo-colonial, es decir, desde el lado subalterno de la diferencia colonial? El cambio de localización en la geopolítica y la corpo-política del conocimiento, nos obliga a conceptualizar este asunto de otra forma. Desde la periferia colonial, el capitalismo ha sido monopolista y sus inversiones han estado hegemonizadas por el capital financiero de los diversos imperios coloniales desde sus comienzos. Hay toda una literatura que va desde los teóricos de la dependencia hasta la escuela del sistema-mundo influenciada por estos últimos (tales como Fernand Braudel, Immanuel Wallerstein y Giovanni Arrighi) que muestra una y otra vez cómo el capitalismo histórico ha sido monopólico, imperial y financiero desde sus orígenes a fines del siglo XV. De manera que la caracterización leninista que tanto ha influenciado la discusión del imperialismo en el siglo XX, parte de una visión eurocéntrica del capitalismo con su correspondiente concepción linear y etapista del tiempo histórico. Primero el “capitalismo comercial”, luego el “capitalismo agrario”, seguido por el “capitalismo industrial” y por último el “capitalismo financiero” a principios del siglo XX donde los primeros tres se articulan a una etapa “competitiva” del capitalismo y el último a la fase superior “monopolista” del mismo. Esta posición asume una linearidad de modos de producción donde las formas anteriores de trabajo se van superando por las formas posteriores y donde capitalismo se identifica como equivalente a trabajo asalariado. Otras formas de trabajo son concebidas como pre-capitalistas.

Con esto no quiero negar la aparición de diversas formas de trabajo e innovaciones en la producción capitalista desde el siglo XVI hasta hoy. Pero éstas solamente pueden ser entendidas en relación con la dominación y la explotación en las relaciones coloniales y neocoloniales centro-periferia a escala mundial. Por ejemplo, el primer proceso de producción capitalista industrial en la historia del sistema-mundo se dio, como bien ha señalado el caribeñista Sidney Mintz, siguiendo la obra del pensador afro-caribeño Eric Williams (Capitalism and Slavery, su tesis doctoral en Oxford en 1944), no en Europa sino en las refinerías azucareras de las plantaciones con trabajo esclavo en el siglo XVII en el Caribe. Estas innovaciones fueron extrapoladas a los centros metropolitanos donde se desarrolló el trabajo industrial bajo formas de trabajo asalariadas. De manera que el capitalismo industrial como innovación posterior al capitalismo agrícola y comercial, ocurrió primero en la periferia antes que en los centros y su desarrollo coexistió con otras formas de trabajo (esclavas, semi-feudales, etc.) para la producción y acumulación capitalista mundial (agraria, minera, etc.). Sin embargo, la colonialidad del poder global asignaba formas de trabajo coercitivo a los pueblos no europeos y formas de “trabajo libre” a los obreros europeos. En fin, los monopolios y el capital financiero se hacen dominantes desde el siglo XVI y las relaciones centro-periferia son constitutivas del capitalismo global desde entonces.

La más reciente manifestación de esta tesis eurocéntrica y etapista de la historia se encuentra en las afirmaciones del libro Imperio de Michael Hardt y Antonio Negri (2000). Las tesis de estos autores no son otra cosa que una continuidad actualizada de la idea leninista eurocéntrica sobre las etapas del desarrollo capitalista. En lugar de cuestionar esta concepción, Hardt y Negri nos señalan que estamos ahora en una nueva etapa superior del capitalismo, más allá del imperialismo que ellos llaman Imperio. El Imperio de Hardt y Negri está pensado, al igual que el imperialismo de Lenin hace ochenta años, desde el lado dominante de la diferencia colonial, es decir, desde la diferencia imperial, sólo Hardt y Negri pueden permitirse el lujo de concluir lo siguiente: primero, que el obrero industrial ha disminuido significativamente dando paso al obrero intelectual (Hard y Negri, 2000: 29 y 53); segundo, que no hay centros de poder global sino que se trata de una red global difusa del capital internacional con sus instituciones de control/ poder pos-disciplinarias donde las relaciones centroperiferia están obsoletas (Ibíd., xiii, Prefacio); tercero, que el capitalismo superó el control de territorios, ya que ahora opera a través de la desterritorialización de los flujos de capital global; y cuarto, que las formas del poder van en sentido lineal del poder soberano al poder disciplinario y, más recientemente, al biopoder. Desde la periferia colonial, ninguna de estas tesis son ciertas ni en términos absolutos ni en los términos lineales en que Hardt y Negri lo plantean. Las invasiones de Bush a Afghanistán e Iraq pocos meses después de la publicación de Imperio, son la mayor confirmación de que algo anda profundamente mal con las tesis de Hardt y Negri.

En primer lugar, el obrero industrial ha crecido como nunca antes en la historia del “sistemamundo”. El crecimiento de maquiladores en la periferia neo-colonial del planeta ha contribuido al desplazamiento de millones de campesinos de zonas agrícolas y rurales hacia zonas urbanas e industriales. En segundo lugar, los centros del poder global se han centralizado en unas pocas ciudades globales del sistema- mundo donde se localizan los aparatos financieros y militares que centralizan el poder decisional de procesos a escala planetaria que afectan, destruyen y hasta liquidan la vida de millones de seres humanos. Desde unas pocas oficinas en Washington, Londres o París se decide el destino de millones de seres humanos en términos militares, económicos y culturales como nunca antes en la historia de la humanidad. En tercer lugar, el capital continúa todavía operando sobre la base del control y conquista de territorios para producir materia prima y mercancías baratas, lo cual no niega que hoy en día se hayan desterritorializado importantes procesos de producción y circulación de capital. Finalmente, vistas desde la periferia, las formas de poder soberano, disciplinario y el biopoder no se suceden de forma lineal sino que han coexistido simultáneamente desde el siglo XVI hasta hoy. En resumen, Hardt y Negri en aras de ofrecernos una visión actualizada y al día de las nuevas formas de trabajo y poder capitalista, terminan reproduciendo un eurocentrismo grosero que limita el entendimiento de las coordenadas del poder global.


Bibliografía

  1. BOUTANG, Yann, 1998, De l’esclavage ausalariat. Economie historique du salariatbridé, París, PUF.
  2. BOUTANG, Yann y Jerome Vidale, 2006, “De la colonialidad del poder al Imperio y viceversa”, en: Multitudes, octubre, disponible en: <http://multitudes.samizdat.net>
  3. HARDT, Michael y Antonio Negri, 2000, Empire, Londres, Harvard University Press.
  4. WILLIAMS, Eric, 1944, Capitalism andSlavery, Chapel Hill, University of North Caroline.

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