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Resumen

En el 2005, el IESCO-UC organizó en Bogotá el congreso "¿Uno solo o varios mundos posibles?" en el cual participaron invitados de distintos países, entre ellos el filósofo y sociólogo italiano, ahora radicado en Francia, Maurizio Lazaratto. Durante el evento se generó un interesante diálogo entre Lazaratto –reconocido adherente de la llamada “filosofía de la diferencia” en la línea de Foucault, Deleuze, Hardt y Negri, etc.– y pensadores latinoamericanos como Ramón Grosfoguel y Santiago Castro-Gómez –este último coordinador de una línea de investigación del IESCO–, ambos miembros de la red latino/latinoamericana modernidad/colonialidad. Al finalizar el evento, Lazaratto ofreció publicar las intervenciones de estos dos científicos sociales en la reconocida revista francesa Multitudes, los cuales aparecieron en el número 26 de esta publicación, en otoño de 2006. A continuación presentamos tres textos que recogen este debate centrado en la relevancia de la teoría decolonial latinoamericana en el contexto europeo y particularmente en Francia.

Palabras clave: colonialidad, teorías poscoloniales, Imperio, Multitudes, geopolítica del conocimiento.

Abstact

In the year 2005 the IESCO-UC held in Bogota the congress "Only One of Many Possible Worlds?", with the presence of international participants, among them the Italian philosopher and sociologist, Maurizio Lazaratto, who currently lives in France. In the congress there was an interesting dialog among Lazaratto – adherent of the so-called “philosophy of the difference” in the line of Foucault, Deleuze, Hardt, and Negri, etc., – and Latin American thinkers like Ramón Grosfoguel and Santiago Castro- Gómez – the last one coordinator of a research program at IESCO –, both of them members of the Latino/Latin American Modernity/Coloniality Network. By the end of the event, Lazzarato offered to publish the addresses of the two Latin American social scientists in the prestigious French journal Multitudes, which were published in the autumn edition of 2006 (number 26). Following, we present three texts that compile this debate focused on the relevance of the Latin American de-colonial theory in the European context, French in particular.

Keywords: coloniality, post-colonial theories, Empire, Multitudes, geopolitics of knowledge.

Resumo

No ano de 2005, o IESCO-UC organizou em Bogotá o congresso “Um ou vários mundos possíveis?” no qual participaram convidados de distintos países, entre eles o filósofo e sociólogo italiano, que agora reside na França, Maurizio Lazaratto. Durante o evento surgiu um interessante diálogo entre Lazaratto –reconhecido aderente da chamada “filosofia da diferença” na linha de Foucault, Deleuze, Hardt e Negri, etc.– e pensadores latino-americanos como Ramón Grosfoguel e Santiago Castro-Gómez –este último coordenador de uma linha de pesquisa da IESCO–, ambos os membros da rede latino/latino-americana modernidade/colonialidade. Ao finalizar o evento, Lazaratto ofereceu publicar as intervenções destes dois cientistas sociais na reconhecida revista francesa Multitudes, as quais apareceram na edição número 26 da revista, no outono de 2006. A continuação, apresentamos três textos que percorrem este debate centralizado na relevância da teoria de-colonial latino-americana no contexto europeu, e particularmente na França.

Palavras chave: colonialidade, teorias pós-coloniais, Império, Multitudes, geopolítica do conhecimento.


De la colonialidad del poder al Imperio y viceversa

Da colonialidade do poder ao Império e vice-versa

From the coloniality of power to the Empire and vice versa

Yann Moulier Boutang*
Jerôme Vidal**

Traducción del francés: Alhena Caicedo ***


* Director de la redaccin de la revista Multitudes. Encargado de la coordinación y edición de la Antología Multitudes. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

** Editor de la Revista Multitudes

*** Antropóloga. Doctorante en Antropología social y etnología de la EHESS, París.


Por qué consagrar este vigésimo- sexto número de Multitudes a la cuestión poscolonial y el Imperio? La revista ha mantenido la línea de Imperio y de Multitud, las dos obras de Hardt y Negri que proponen una renovación profunda del análisis del poder, del Estado y de la mundialización y que participan de una revitalización de amplio espectro del pensamiento crítico sobre las transformaciones históricas del capitalismo. Ahora bien, la cuestión del carácter colonial del poder (colonialidad del poder) hace parte de los grandes interrogantes que atraviesan las diferentes corrientes del pensamiento político e histórico que han emergido en esos últimos años bajo múltiples formas, para animar esta renovación del pensamiento crítico.

Imperio leído desde una perspectiva poscolonial

Cuando Ramón Grosfoguel o Santiago Castro-Gómez, investigadores que se inscriben en la corriente de estudios poscoloniales que se ha desarrollado particularmente en América Latina, se preguntan por los vacíos o por “el capítulo faltante de Imperio”, su crítica es infinitamente más fructífera que la crítica de los discípulos del imperialismo o la de los nacionalistas republicanos. Su contribución entra en consonancia con aspectos subyacentes a la deconstrucción metódica de las grandes categorías propias de la ortodoxia del movimiento obrero, inaugurada por el operaismo1 italiano, a través de un rencuentro con el trabajo de la filosofía francesa de la diferencia. Por razones de tiempo, Hardt, Negri y Cocco aún no han respondido a esta copiosa literatura pero lo harán pronto.

El debate se sitúa sobre el plano histórico y filosófico, pero tiene consecuencias políticas inmediatas y evidentes si se tiene en cuenta el laboratorio que volvió a ser América Latina con la llegada al poder de Lula, Kirchner, Bachelet y de una izquierda cada vez más indígena en Venezuela y en Bolivia. Es la tercera descolonización que comienza en América Latina después de su separación de las metrópolis coloniales, del divorcio cubano, de las guerrillas y las dictaduras. ¿Puede el Estado nacional soberano constituir todavía una respuesta estratégica?, ¿el pensamiento poscolonial no se esteriliza cuando se convierte en elogio?, ¿qué se puede inventar en la edad del Imperio?

El debate en curso sobre la crítica poscolonial

Los artículos contenidos en este número permiten recoger diversas posiciones de la opción poscolonial. Más que una escuela, se trata de una corriente compleja y plural, de un verdadero programa de investigación, como lo señala el artículo de Sandro Mazzadra. Pero, ¿qué sucede con la cuestión poscolonial en Francia? La cuestión colonial sigue siendo rechazada en el espacio cultural francés aunque recientemente ha hecho una ruidosa irrupción en la escena pública. Sin embargo, ¡es increíble el provincialismo que persiste sobre el tema! Francia es, sin duda, el último país en Europa en aceptar, en leer y en traducir los trabajos producidos por los estudios poscoloniales. Un campo de investigación transdisciplinario, reconocido institucionalmente y equivalente a los postcolonial studies que se desarrollaron en el mundo anglófono y en los centros de investigación del antiguo imperio británico, sólo existe en estado embrionario en Francia. Aquí, la historia de los saberes y de los límites disciplinares, y la relación con el pasado/presente colonial es muy diferente, particularmente porque el Estado juega un papel mucho más importante en la definición de los saberes y en la constitución de una memoria oficial.

Sin duda, en Francia existen trabajos realizados desde la historia, el derecho, la sociología, la literatura, etc., a veces de excelente calidad, que podrían calificarse bajo el rótulo de “estudios poscoloniales”. Pero estas investigaciones no se toman como parte de un conjunto comparable a los postcolonial studies y no hacen referencia a un corpus de textos fundadores, conceptos comunes, problemáticas y polémicas compartidas. Los investigadores franceses, cuando no ignoran la existencia misma de esta corriente, demuestran cierta desconfianza frente a ella –bajo la sospecha de ceder a la tentación del relativismo cultural, de preferir la teoría a la investigación empírica y de emplear a menudo un lenguaje confuso–, desconfianza que se apoya en una representación caricaturesca de este espacio teórico y crítico. El hecho de que no existan traducciones al francés de la rica literatura científica desarrollada por los estudios poscoloniales es causa y consecuencia de esta reserva.

Desde esta perspectiva, es el momento de llenar el déficit editorial e intelectual francés, no solamente por los debates que suscita en la opinión el pasado/presente colonial de Francia, sino porque los estudios poscoloniales despliegan actualmente importantes esfuerzos por dar una mirada crítica a su propia historia y a su institucionalización. Mirada que debería facilitar su “aclimatación” al mundo intelectual francés. La ausencia de traducciones (lingüísticas, pero también culturales y políticas) de los debates que han tenido lugar especialmente en Asia y los mundos de habla inglesa, portuguesa y castellana, es revelador de un nacionalismo lingüístico e intelectual francés que hay que combatir. Es necesario entonces emprender un largo trabajo de traducción de los estudios poscoloniales a fin de producir efectos saludables de diferenciación cronológica, geográfica, teórica, cultural, lingüística y política. De esta manera, se podrá comprender la razón y el sentido del lugar preponderante de las traducciones en este número de Multitudes.

En su primera entrega del 2000, Multitudes abordó la cuestión del multiculturalismo blanco a partir de la vigorosa crítica que Ghassan Hage hizo a propósito de Australia. En ese número, la entrevista con Homi Bhabha se inscribe en la misma perspectiva, criticando el liberal relativism que sirve de fundamento a las políticas multiculturalistas de las democracias británica y estadounidense, y refutando además el punto de vista “republicano universalista” del que Francia es especialista.

En su sexto número, la revista abordó el tema de la “razón mestiza”, la crítica al universalismo, haciendo una relectura de uno de los textos canónicos sobre la constitución del sujeto y del deseo en Occidente: la celebre descripción del combate entre el amo y el esclavo propuesta por Hegel en su Fenomenología del Espíritu, así como las interpretaciones de este texto desarrolladas desde Kojève a Lacan. Por su parte, Walter Mignolo, cuyo nombre se asocia al de Aníbal Quijano, introdujo una dimensión histórica a la cuestión de los “saberes situados” (según la fórmula de Donna Haraway): la estructura colonial de los saberes.

El mestizaje o hibridación es igualmente discutido en este número. Podríamos pensar que el punto de vista de Homi Bhabha se opone al de Jocelyne Dakhlia al invitar, el primero, a hacer uso de un concepto largamente criticado por la segunda. Es cierto que el mestizaje (difícilmente admitido en el universo anglosajón), sirve a menudo de excusa en los espacios de habla portuguesa y francesa. La naturaleza ambigua del concepto no deja duda, pero en ambos autores se encuentra la línea de separación entre los usos subversivos de la hibridación y la excusa de la igualdad republicana (que se valdría de medidas enérgicas de acción positiva contra la discriminación). Lo híbrido sólo es interesante si está vivo y si es concebido como originario y no como posterior a componentes que existían previamente en estado separado. Se puede establecer un paralelo con la relación entre clases y lucha de clases señalada por Tronti (1966) o Balibar (1976). Las primeras no existen previamente al antagonismo que las constituye. La mezcla, el contacto, lo intercultural o lo “transcultural”, para retomar el concepto de Fernando Ortiz, son los datos de base; las clases, los grupos, las razas, los colores, las fronteras religiosas son sólo supuestos, incisiones operadas en la movilidad de las categorías. Lo mismo ocurre con fenómenos diferenciales como el mimetismo y la copia irónica analizados por Anne McClintock.

Lenguaje situado, traducción, trascripción entre grupos o fuerzas iguales. ¿Los dominados están condenados a reproducir y a desear las prácticas de los colonizadores como podrían hacerlo creer las interpretaciones mecanicistas del marxismo o de la sociología bourdieusiana?

Los estudios feministas, los minority studies, la “visión de los vencidos”, los estudios históricos de Bajtín sobre la cultura popular, todos tienden a mostrar que la orden de silenciamiento, promovida de manera subliminal por las clases dominantes y el Estado, no es verdaderamente efectiva. Incluso en el interior de los peores guetos, las memorias se inventan y los espacios se crean. Por lo tanto, la cuestión es la constitución de los sujetos que se toman la palabra y que por su capacidad de acción ejercen el poder de romper las barreras de su condición.

Warren Montag vuelve sobre las preguntas planteadas por Gayatri Chakravorty Spivak: ¿pueden los/as subalternos hablar de manera autónoma sin sufrir el sometimiento del discurso del dominador? Las prácticas transculturales que mestizan y travisten las referencias, constituyen probablemente una de las primeras respuestas de las multitudes (los débiles, las minorías, los colonizados, los interiorizados, los excluidos) a la orden de hablar de manera “clara y distinta”. ¿En qué condiciones se crean cadenas de significado que rompen las cadenas de violencia del monopolio de la ley? Esta cuestión fue ampliamente abordada por el operaismo italiano bajo el término “autonomía”, lo mismo que por el movimiento negro- americano que reflexionaba simultáneamente sobre el movimiento de los pobres y el de los esclavos (a propósito de la comunidad de los esclavos pensemos en G. P. Rawick, From Sundown to Sunup, the Formation of the Black Community o en Roll, Jordan, Roll: The World the Slaves Made, por Eugene D. Genovese).

El continente de exploración del pensamiento poscolonial está constituido por los procesos de subjetivación de la diferencia en situaciones de extrema desigualdad. La entrevista de Bhabha, el extracto del libro de McClintock y el ensayo de Spivak que critica Montag tienen en común la búsqueda de una definición del “rechazado” en las sociedades democráticas (sus puntos ciegos, sus zonas de críticas, su borde extremo, los límites de su espacio de representación). Para Spivak, la exclusión radical de los subalternos en las representaciones podría definir la condición de subalternidad. De esta forma, lo subalterno se distinguiría de los “simples” oprimidos o dominados que gozan de una visibilidad relativa y que se inscriben, de alguna manera, en el juego establecido y legítimo de las representaciones. De allí su aproximación “trascendental”: en las democracias occidentales hay, según Spivak, una exclusión radical, a priori estructural, de los subalternos. Esta, tal vez, sería una respuesta al reproche que le hace W. Montag cuando afirma que los subalternos efectivamente pueden hablar pero ellos o ellas no pueden ser entendidos puesto que no pueden acceder a la esfera de la representación.

Sobre el progreso, las luces, las revoluciones, la transformación social, la articulación entre resistencia a la explotación y liberación de las diferentes formas de opresión, aportamos las mismas respuestas que el movimiento moderno. Post-socialistas, post-comunistas, post-nacionales, post-modernos, ninguno elige serlo por moda, simplemente no hacerlo resulta tan imposible como situarse por fuera de la globalización. Lo poscolonial responde a esta misma situación. Nadie podría apoderarse de una historia que hubiera logrado abolir el imperialismo occidental, cinco siglos de conquista del planeta o la marca profunda de otros grandes imperios. La descolonización más difícil es la de las categorías sobre las que se orienta el pensamiento. Los textos de Mezzadra, Bhabha, McClintock, Spivak y Montag vuelven sobre la cuestión del papel de los intelectuales y los críticos. Preguntas pertinentes en Francia, donde hemos visto sospechosas unanimidades, incluso en el interior de la corporación de los historiadores: cuando los Indígenas de la República2 lanzaron el grito de batalla; cuando, a raíz de las revueltas de noviembre del 2005, el gobierno francés reactivó una ley que data de la guerra contra Argelia, mientras debía ser firmado un tratado de amistad con este país; cuando, unos meses antes, los diputados de las provincias del sur, quienes contaban con un amplio respaldo de electores descendientes de harkis y de pieds-noirs, votaron en la Asamblea Nacional una ley sobre el carácter “positivo” de la colonización. Es allí donde uno descubre que las representaciones persisten mucho más tiempo que los hechos.

La condición poscolonial dura y perdura. El nacimiento de movimientos como los Indígenas de la República o el CRAN que reúne las asociaciones negras de Francia, muestra la aparición de nuevas rupturas. Aunque no les guste a nuestros republicanos, la democracia sigue siendo algo fundamentalmente “inacabado”. Si constatarlo y luchar empecinadamente por acabar los residuos borbónicos del Estado nacional y poscolonial es muestra de radicalismo y extremismo, pues adherimos a este programa mínimo. ¿Rezagos comunitaristas para algunos furiosos republicanos?, para otros, ¿reavivamiento de la conocida y vieja lucha de clases? Son estas las “típicas malas peleas” entre las que está el debate recurrente en el imaginario francés sobre la discriminación positiva (affirmative action) del que, tanto la derecha como la izquierda, tienen tanto problema para deshacerse. El cálculo del número, la ponderación del peso de los grupos sociales, de los colores, del género en todas las articulaciones de la sociedad puede ser algo problemático pero, sobre todo, hace parte de la sociología cívica, condición básica para una constatación lúcida y no complaciente que el cuerpo político hace sobre sí mismo.

Los valores de igualdad, libertad y fraternidad son incondicionales y es por esto que la acción política, la educación, la reglamentación para la atribución de empleo y de vivienda, es decir, la acción pública, debe subordinarse a ellos en lugar de enarbolar falsos pseudo-incondicionales y alentar los gritos de los guardianes del templo del saber y el poder. Las cuotas son soluciones temporales que se da una sociedad para llenar el vertiginoso y creciente abismo que desfigura la democracia. Nada más ni nada menos.

El cuerpo teórico de la condición poscolonial constituye un punto de unión entre aquello que podemos aprehender de nuestro presente y el punto de vista desde donde hay que considerar a los modernos. La cuestión del punto de vista es clave, condiciona la memoria, la constitución incesante de las referencias de la sociedad (que no cesa de legislar sobre su patrimonio de valores, sobre la captación de herencias y la invención de tradiciones) como nos lo recuerda Olivier Le Cour Grandmaison a propósito de Argelia. Pero esta cuestión también actúa poderosamente sobre la “fábrica de la historia con H mayúscula” que ha conquistando como único derecho definitivo el derecho a no ser jamás definitiva. Las fronteras de la liberación son tan móviles y porosas como los límites del Imperio Romano. La democracia sexual que surgió progresivamente a escala molecular conquistando victorias tan apabullantes como en España (a raíz de lo cual aparece el movimiento reaccionario de todas las iglesias reunidas) se convierte, tal y como lo demuestra Éric Fassin, en una pieza del dispositivo anti-terrorista propio de los dispositivos molares accionados después del 11 de septiembre del 2001. En efecto, la historia es escrita por hombres, por grupos, por funcionarios, por letrados; todo saber, incluso la ciencia más pura y más dura está situada históricamente lo que la condiciona a estar determinada. Ya Lucien Fevre nos había acostumbrado a menos positivismo y arqueologismo frente a las protestas virtuosas e indignadas de la “corporación” que reclama el derecho a resguardarse de la class action de cualquier asociación.

La polémica actual alrededor de la emergencia del movimiento de los Indígenas de la República que se levantó a raíz de la pésima publicación de Pétré-Grenouilleau sobre la historia de las tratas, es un buen ejemplo de una disputa falsa, del self-fulfilling (de la ideología auto-realizadora). En principio, un libro sobre el fenómeno de la trata esclavista, lo que de por sí no constituye una gran revelación, señala la existencia anterior a la trata europea y atlántica de la trata árabe en el océano Índico y en el interior del continente africano. Hasta ahí nada extraño. El problema comienza cuando los descendientes de los esclavos africanos en Europa o en las colonias del imperio francés, leen en este hecho –teniendo en cuenta el contexto huntingtoniano de “guerra de civilizaciones”– una excusa de Occidente para exonerarse y deshacerse del “lastre del hombre blanco”. El resto del contexto expuesto más arriba (la ley sobre los beneficios de la colonización) confirma, para estas comunidades, la idea de que está en curso una dudosa revisión de los manuales de historia, mientras la tinta de la historia de la esclavitud apenas se está secando.

De un lado, aparecen los partidarios del “respeto” por una memoria apenas naciente, y del otro, los defensores de la “libertad del trabajo del historiador”. Este es un magnifico ejemplo de la ideología que se alimenta a ella misma. Sin embargo, desde un punto de vista poscolonial, ambas posiciones resultan falsas. Si podemos comprender la rabia y la indignación de generaciones de humillados, la posición de los guardianes del saber del templo de la historia merece menos indulgencia. Tal vez un poco menos de ignorancia desdeñosa de los trabajos norte y suramericanos sobre la esclavitud y la trata, así como de los trabajos de los africanistas francófonos, hubiera conducido a no hacer de Pétré-Grenouilleau el arquetipo del historiador honesto atacado por una banda de fanáticos. No se trata de lloriquear sobre el número de esclavos producidos por cada una de las tratas atlánticas y árabes (la primera le gana largamente a las otras en este macabro conteo), sino de poner en relación la amplitud del fenómeno de los dos lados, y su concordancia con ciertos factores endógenos (presentes en las grandes sociedades africanas). La competencia entre víctimas y victimarios no sirve sino para hacer historias apologéticas mediocres y de corto vuelo. La comprensión de la articulación entre condiciones permisivas endógenas y las olas de mundialización inducidas por el Islam o la cristiandad de la Reconquista sirve para comprender tanto la sociedad brasileña, como las migraciones internacionales actuales y el mal llamado desarrollo africano.

Afirmarse poscolonial no es pues limitarse a las demandas por conservar en la memoria la historia de Argelia (para lo que aún hay increíbles resistencias), o por tener presente el daño causado a las víctimas, los nuevos cultos de los muertos o los “lugares de la memoria”; es, sobre todo, mover las líneas de división de la historia en el interior mismo de las disciplinas universitarias. La disolución de los marcadores “clásicos” sobre los cuales se había construido el imaginario político, tanto del poder como del movimiento obrero, hace parecer el campo de la filosofía un inmenso campo en ruinas donde los deconstructivistas derridianos y foucaultianos han substituido a la Escuela de Frankfurt. Haríamos mal en pensar que no está surgiendo nada en este laboratorio un poco caótico. En el momento mismo en el que las palabras nación y pueblo, de un lado, y clase, masa y unidad, del otro, pierden el sentido de transformación y de invención democrática que tenían hace dos siglos para terminar en manos de los populistas y los amantes del kitch, el número, la multitud, la diferencia, la individuación, que habían sido conceptos descuidados en el siglo XVIII, reaparecen.

Está bien pensar en conjunto la modernidad y Auschwitz, la revolución socialista y el Goulag, para limpiar el espíritu de las necedades de los diversos laicismos. Pero otras sólidas antilogías esperan a los historiadores y a sus manuales: 1492, el Descubrimiento de América, la Reconquista del reino de Granada (fin de la presencia musulmana en Europa) y la expulsión de los judíos del reino de España; o en 1685, la revocación del Edicto de Nantes y la promulgación del Código Negro. O bien, un poco más cerca en 1802, la Paz de Amiens, el Código Civil napoleónico y el restablecimiento de la esclavitud en Haití y las otras colonias. Hay que asir las dos puntas de la cadena para poder sospechar de los conceptos demasiado gruesos. Es desde esta lógica que debemos enfrentarlos para hacerlos estallar. La historia, la política, la memoria, la identidad, el sujeto hacen parte de estas “grandes palabras” a las que quisiéramos aplicar la formula de Wittgenstein según la cual “sobre lo que no se sabe gran cosa, es mejor callarse”.

Sin embargo, la historia, bajo la forma del retorno de los rechazados, se invita a sí misma al banquete de la política. En este sentido, la república francesa ha recibido dos contragolpes. Las revueltas del otoño del 2005 mostraron la fragilidad y la inanidad de la integración/ asimilación de las poblaciones de origen extranjero (y particularmente, de aquellas provenientes de las antiguas colonias africanas). En sí mismo, el asunto no tiene nada de particular. El modelo multicultural británico, mucho menos asimilacionista, no escapó a los atentados de Londres en el verano del 2005. Por su parte, el modelo norteamericano, tan “acertado” para los migrantes de Europa y Asia, se enfrenta a las minorías negras e hispanas. Su sistema migratorio, menos tímido y estúpido que el francés, aunque endurecido a la europea, se sacudió en el 2006 con las manifestaciones de los “ilegales” latinos, de una proporción que no veíamos desde los años sesenta. El inimitable perfume republicano francés tiene el aroma de la ideología que ya se había desarrollado furiosamente con la cuestión del porte del velo islámico. Desde esta perspectiva, la ideología es lo que permite mantener, bona o mala fide, una negación encarnizada de la realidad.

Allí donde el multiculturalismo blanco reconoce que la sociedad está hecha de heterogeneidad y de múltiples, y se ocupa entonces de preservar su poder ante la caída de la ficción de la unidad originaria, del mito nacional, el republicanismo político francés, completamente desfasado con respecto a la sociedad francesa (tan abierta como sus colegas europeas en el plano de las costumbres y las sexualidades), continua haciendo el papel de Hobbes: si usted autoriza la expresión pública de los grupos construidos sobre relaciones interétnicas, si usted acepta la negociación entre coaliciones de minorías en vez de acogerse al centralismo democrático, (sobre la base del pueblo soberano, la voluntad general), usted destruye los fundamentos laicos y se irá directo a la guerra civil y a las guerras de religiones. La ley del número sería la guerra de todos contra todos, la descomposición para De Gaulle.

La república gala no ve salvación por fuera del Estado. No se trata de un Estado obstinado en la garantía de los espacios públicos, en el arte del pilotaje de la sociedad compleja, sino en el fundamento místico del individuo. Al principio no fue el verbo, el lenguaje de las multitudes, sino el Estado, el dios creador de todo. Hay por lo tanto que desnacionalizar el pensamiento, desestatizarlo tanto como descolonizarlo.

Del Imperio a lo poscolonial y viceversa.


Citas

1 Se conoce como operaismo a la corriente marxista obrerista iniciada a principios de la década del 60 alrededor de las revistas Quaderni Rossi y Classe Operaïa, cuyos principales teóricos son Mario Tronti y Tony Negri.

2 El texto hace referencia al polémico manifiesto “¡Somos los Indígenas de la República!... Llamado a juicio del anticolonialismo poscolonial” (Nous Sommes Les Indigènes De La République!...». Appel Pour Les Assises de l’anti-colonialisme post-colonial), lanzado en Francia en el 2005 por varias organizaciones sociales, personalidades intelectuales y militantes asociativos quienes denuncian la continuidad de proyecto colonialista francés y su manifestación en las condiciones de exclusión, discriminación y precariedad a las que son sometidas las poblaciones provenientes de las colonias (los territorios de ultramar) y ex-colonias francesas y en general las poblaciones de la inmigración poscolonial (N. del T.).


Bibliografía

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  3. DORIGNY, Marcel, 2005, “Traites négrières et esclavage: les enjeux autour d’un livre récent”, en: Revue de la Ligue des Droits de I’homme, septiembre.
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  5. GEARY, Patrick, 2002, Quand les Nations refont I’histoire, L’Invention des origenes Médiévales de I’Europe, Aubier, Flammarion.
  6. PÉTRÉ-GRENOUILLEAU, Oliver, 2003, Les Traites négrières. Essai d’histoire globale, París, Gallimard.
  7. VIRNO, Paolo, 2002, Grammaire de la multitude, Montreal / París, Conjuntures / I’Eclat.

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