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Falotopias: indagações na crueldade e o desejo

Phallotopies. Inquiries of cruelty and desire

 

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Yecid Calderón Rodelo

Docente de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá (Colombia). Filósofo de la Universidad Nacionalde Colombia, Magíster en Filosofía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Candidato a Doctor en Estudios Latinoamericanos de la UNAM. E-mail: yecid. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

AUTOR:
Rodrigo Parrini Roses

EDITORIAL:
Universidad Central-Iesco y Universidad Nacional Autónoma de México-PUEG

CIUDAD: Bogotá, D. C.

AÑO: 2016

NÚMERO DE PÁGINAS: 188

Cuando se “incursiona” en el libro Falotopías: indagaciones en la crueldad y el deseo de Rodrigo Parrini, lo que de entrada salta a la vista es el juego de conceptos, neologismos, mecanismos y métodos diversos de rastreo de los falotopos, entendidos como lugares en los cuales las representaciones se construyen desde sedimentaciones, estratos ocultos, maneras de configuración que se relacionan directamente con un régimen de representación masculina: el falo. Con esta figura se asocian una serie de coreografías, constelaciones, ordenamientos del poder que se efectúan desde un tipo específico de masculinidad.

Parrini da cuenta de ello a lo largo de su texto, orientando su destino literario a partir de una ruta que transita a través de diversos lugares de la investigación: diarios de prensa local, programas de televisión, mensajes de los medios masivos de diverso orden. Mediante este recurso y otros más sofisticados —como aquella técnica de lectura e interpretación que el autor denomina an-trapo-logía con la cual se recuperan los deshechos, como archivos, registros de memoria y testimonios de otra manera de las microhistorias— la mirada aguda del observador encuentra las claras huellas de un uso del poder y la violencia que se organizan en torno a prácticas de crueldad.

En este orden de ideas, la lectura del libro nos lleva a reconocer que, incluso, el mismo término incursionar, con el cual abro esta reseña, corresponde a las lógicas y dinámicas de las coreografías, las representaciones sociales, el poder, el deseo y la violencia propia de los falotopos. Incursionar se puede asociar con invadir el campo de los otros, entrar en éste, pene-trarlo. Decir incursionar, siguiendo a Parrini en su manera de interpretar el falo y el poder, muestra lugares que Falotopías nos obliga a reconocer a través de un análisis del México de los últimos años, en el cual la narcocultura y la narcopolítica se entremezclan en un siniestro baile del terror y la crueldad.

El principal protagonista en los falotopos es el orden ficcional. Se trataría de una manera de hacer relatos, de construir jerarquías, a partir de una tácita confabulación de los hermanos-enemigos para el ejercicio de la dominación patriarcal, pero, esta vez, sin padre, dentro de una lógica de la exhibición en la que se cuenta aquella práctica que expone cuerpos entumecidos, muertos, puestos en el nivel del aire; configuración de atmósferas mortecinas en relación con un específico modo de economía que ordena las prácticas de la crueldad, incluso más allá de lo que Balibar designa como “dialéctica entre el poder y la violencia”.

Con el análisis de las falotopías se evidencian las dinámicas sociales establecidas a partir de la idea de un macho conquistador, con la cual se apuntalan múltiples estrategias para demostrar una suerte de virilidad, unívoca y sustanciada. Pero no es de una manera explícita que se evidencian estos juegos de poder-violencia. La irrupción de un manejo mediático, de una fachada como máscara de la crueldad, genera una especie de orden moral que establece una guerra entre los dos bandos: los buenos y los malos, pero como mero encubrimiento, velamiento de las formas directas en que se ejerce la dominación masculina, de la cual los mismos gestores, es decir, lo hombres, son víctimas.

Pero el texto no reduce este espacio del ejercicio del poder y la violencia a las coreografías evidenciadas en ese primer análisis de registro mediatico o en el material reciclado de la an-trapo-logía —asunto que Parrini desarrolla a partir de Walter Benjamin—, sino que lo articula con la experiencia de las subjetividades y los cuerpos desde los “territorios del afecto” que se despliegan en lo cotidiano. La polisemia de las atmósferas que se constatan en la vida prosaica se destaca mediante el análisis de los movimientos de migrantes, esos que atraviesan la zona fronteriza entre México y Guatemala, donde el autor habita, trabaja, y lugar en el cual sitúa la experiencia de las falotopías. Esa vida aparentemente ingenua y libre de sesgos en la que operaría el macropoder de la masculinidad dominante, muestra, a despecho, que los territorios afectivos —una vez evidenciados en su múltiple estratificación y en las maneras en que fluyen como si fueran constelaciones densas y complejas— son emplazamientos del afecto gobernados bajo el mismo régimen libidinal, a saber, el deseo heteropatriarcal, con lo cual encontramos nuevamente territorios de las pasiones, del alma, en los cuales se impone la crueldad del falo.

Sin lugar a dudas, este es un libro que navega hacia el borde y el abajo, se ubica en una textualidad no epicentrada en la cual se constata la ubicuidad fálica, la persistencia del falo que todo lo permea y que, en tránsito y nomadismo, en desplazamiento y fuga, se encuentra en las lógicas del poder y la violencia de cualquier lugar de América Latina. Lo anterior empalidece a los ojos de las grandes narrativas, de las investigaciones más centradas; es decir, aquello que no es privilegiado por los discursos oficiales de la investigación social se convierte en “rojo vivo”, en sema o señal de algo frente a la mirada del investigador situado y sensible que puede identificar las construcciones de la economía de la violencia. Hablo de esa clase de autor que, como Parrini, reconoce las estrechas relaciones entre los ejercicios de la crueldad y los órdenes del deseo, logrando, seguramente en algunos lectores, el despertar de aquel “sueño dogmático” en el cual se concibe la realidad social, así como la investigación y la academia, libres de falocentrismos y espacios figurales del falo.

A contrapelo de esta cosmovisión masculina, Falotopías indica algunos emplazamientos del falo o falotopos en los que se ejecutan juegos y danzas, movimientos y estrategias, en las que todas/os ejercemos un doble papel: de un lado, somos partícipes y, por el otro, somos testigos; es decir, hacemos parte del interior y del exterior en las configuraciones más audaces de esos espacios figurales del poder y la violencia.

Referencia bibliográfica

  1. BALIBAR, Étienne, 2005, Violencias, identidades y civilidad. Para una cultura política global, Trad. Luciano Padilla, Barcelona, Gedisa, p. 107.


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