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•Zandra Pedraza | Foto: Erika Diettes

A vida que somos: conversação com Zandra Pedraza

The life that we are: conversation with Zandra Pedraza

 

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Camila Aschner Restrepo*

Resumen

El artículo presenta la entrevista que realiza la autora a la investigadora social Zandra Pedraza, en la que ésta última revela cómo se han formado sus preguntas de investigación a través de los años. Indaga sobre sus procesos de pensamiento y el origen de sus reflexiones acerca de la vida, lo humano y el cuerpo. Resalta el hecho de que su propuesta es tanto teórica como metodológica, ya que la investigadora advierte sobre los riesgos de la fragmentación del pensamiento y el conocimiento, e invita a idear nuevas herramientas metodológicas con el fin de construir una visión más comprensiva sobre el cuerpo y los sujetos.

Palabras clave: investigación social, estudios sobre el cuerpo, sujeto, educación, Zandra Pedraza, procesos de pensamiento.

Resumo

O artigo apresenta a entrevista que a autora faz à investigadora social Zandra Pedraza, na que a entrevistada revela como a través dos anos ela foi criando suas preguntas de pesquisa. Indaga seus processos de pensamento e a origem de suas reflexões sobre a vida, o humano e o corpo. Ressalta o fato de que sua proposta é tanto teórica como metodológica, pois a pesquisadora adverte sobre os ricos da fragmentação do pensamento e o conhecimento, e convida a idear novas ferramentas metodológicas visando construir uma visão mais compreensiva sobre o corpo e os sujeitos.

Palavras-chave: pesquisa social, estudos sobre o corpo, sujeito, educação, Zandra Pedraza, processos de pensamento.

Abstract

The article is about an interview made by the author with the social researcher Zandra Pedraza in which the social researcher reveals how Pedraza’s research questions have arisen along the years. The article investigates her thought processes and the origin of her reflections about life, about what is human and the human body. It also highlights the facts about Pedraza’s proposal which is both theoretical and methodological, as the researcher warns about the risks of the fragmentation of thought and knowledge, and also encourages others to devise new methodological approaches in order to build a more comprehensive view of the body and individuals.

Key words: social research, studies on the body, subject, education, Zandra Pedraza, thought processes.

* Profesora e investigadora del Iesco-Universidad Central, Bogotá (Colombia) donde coordina el grupo de investigación Estéticas y Poéticas. Doctora y Magíster en Estudios Interdisciplinarios en Humanidades y Ciencias Sociales de la Emory University, Atlanta (Estados Unidos); Posgrado en Artes Vivas de la Escuela Nacional de Artes Escénicas, Bruselas (Bélgica), e Historiadora de la Pontificia Universidad Javeriana. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

A lo largo de su carrera, Zandra Pedraza nos ha mostrado que no hay aspecto de lo que somos, como individuos ni como sociedad, que no pase por nuestra corporalidad. Pionera en los estudios del cuerpo en América Latina, Zandra Pedraza prefiere no autodenominarse de esta manera pues, afirma, los latinoamericanos no nos tomamos como interlocutores serios los unos a los otros. Todo conocimiento se produce en contexto, nos advierte, mientras nos llama la atención una y otra vez acerca de la estrecha relación del saber con la vida.

Le preguntamos a la investigadora sobre sus procesos de pensamiento y el origen de sus agudas reflexiones acerca de la vida, lo humano y el cuerpo. Su propuesta es tanto teórica como metodológica: Zandra Pedraza nos advierte sobre los riesgos de la fragmentación del pensamiento y el conocimiento, y nos invita a idear nuevas herramientas metodológicas con el fin de construir una visión más comprensiva sobre el cuerpo y los sujetos.

En esta entrevista la autora nos revela cómo se han formado sus preguntas de investigación a través de los años, siempre a partir de la vida misma: “Esto es tan obvio que cuesta verlo”, nos dice una y otra vez, “por eso se dificulta decirlo”. Hablamos sobre la educación corporal, las trampas de la teoría, el materialismo de la vida saludable y el embellecimiento como política de higiene. Para la sección de Procesos de Creación mostramos, entonces, el camino de pensamiento de esta reconocida académica a la que tanto le debe el país en materia de estudios sobre cuerpo y educación en Colombia.

Camila Aschner: ¿De dónde viene su fascinación con el tema del cuerpo? ¿Cómo nacen sus preguntas de investigación?

Zandra Pedraza: Lo que siempre vuelvo a encontrar fascinante, para usar el término, es que en algún momento me di cuenta de lo que significa el sentido de lo corporal. Me di cuenta de una manera vivencial, cuando comencé a leer una serie de textos, no de ciencias sociales, sino la literatura de las técnicas corporales y la psicosomática. Después comencé a leer algunas investigaciones sobre “historia del cuerpo”. Entonces me di cuenta, entendí, cómo podía comprender mi vida en esos términos, y percibí que nuestras vidas se hacen de esa manera, no porque la mía tenga algo particular. Me di cuenta de cómo todas esas actividades que hoy se llaman corporales son simplemente todas las actividades, porque no habría actividades incorpóreas. Ése es mi punto. Porque los seres humanos somos corporales, no somos de otra manera. Por ser tan obvio cuesta trabajo reconocerlo.

Para mí la fascinación y el reto están en intentar decir o decir mejor, tal vez, o con mayor claridad, que lo que somos, lo somos corporalmente. Que las ideas acerca de lo mental, lo espiritual, de pensar o sentir, como sea que comprendamos las actividades “inmateriales”, son de todas maneras, siempre, corporales. Éste sigue siendo el punto de mi trabajo. Y como parte del reconocimiento de lo que esto significa, veo una multiplicidad de posibilidades: están desde los temas más corporales —como la figura o los asuntos de la salud— hasta los menos evidentes. Sobre estos últimos hay debates sobre si las emociones son corporales, si el cerebro es corporal, o si las actividades espirituales son o no corporales, y, además, cómo las formas del conocimiento científico nos muestran las facetas de lo que es corporal. Para mí es interesante y ha sido una guía a lo largo de mi trabajo, tratar de entender que el conocimiento, tanto el científico como de otra índole, continuamente nos revela lo corporal de nuevas y distintas maneras. Estos cambios inciden en lo que entendemos sobre nuestra propia condición y nuestras capacidades.

CA: ¿Cómo explica la emergencia de los estudios sobre cuerpo en América Latina y qué impactos cree que han generado en la región?

ZP: Ha crecido la sensibilidad, no solamente en la academia, sino en la sociedad, hacia las diferentes facetas de lo que en las ciencias sociales llamamos el cuerpo. Ese interés de las ciencias sociales proviene de una sensibilidad social que, en el último siglo, ha comenzado a hablar del cuerpo. Creo que la palabra cuerpo no se usaba tanto en el siglo XIX o en el siglo XVIII con los varios sentidos con que la usamos ahora: llamamos explícitamente con la palabra cuerpo a muchas cosas, lo que guarda relación con una serie de fenómenos que comúnmente llamamos sociales y que han incrementado la sensibilidad de la gente por lo corporal, lo han hecho comprensible. En la actualidad, mucha gente entiende más hechos de su vida como fenómenos corporales y los involucra en sus proyectos de vida. Por otra parte, esta tendencia se encuentra en los proyectos de intervención social y muchas personas, de diversas condiciones sociales, entienden como corporal y usan la palabra cuerpo para referirse a los sujetos, a las personas y a sus interacciones. Eso, me parece, es lo que finalmente ha hecho proliferar los estudios del cuerpo.

En todo caso, el interés creció en el mundo académico en los años ochenta —y cuando decimos el mundo académico nos referimos principalmente a Europa y a los Estados Unidos—. Se demoró, como suele suceder, en expandirse a la región. Algunas personas en Colombia comenzaron a proponer ciertas actividades y reflexiones a finales de los ochenta y principios de los noventa, a inquietarse por los nuevos términos: experiencia, cuerpo vivido, disciplina. Los estudios del cuerpo permiten reflexionar e investigar en varios planos —culturales y estéticos, por ejemplo— y me parece que por esa razón, en América Latina han sido muy exitosos en su interacción con nuevas comprensiones de lo político. Veo que en América Latina los estudios corporales están particularmente teñidos de una crítica política.

Aquí entendemos políticamente muchos aspectos corporales, diría que más que en otros lugares del mundo. En América Latina este punto es notable y creo que ha ayudado, como parte de la tradición crítica de las ciencias sociales en América Latina, a que los estudios del cuerpo le hayan permitido a los investigadores abordar conjuntamente asuntos estéticos y aspectos culturales que antes parecían pertenecer a campos diferentes. Los acercamientos analíticos que se hacen en torno de los varios conceptos sobre el cuerpo permiten entender cómo operan estéticamente algunas cuestiones políticas o cómo, por ejemplo, las actividades estéticas que realizamos son políticas. Esta posibilidad se ha convertido en una cantera prolífica para entender muchos fenómenos. Los acercamientos a las prácticas corporales y a la noción crítica de cuerpo también han mejorado lo que entendemos, de una manera general, como lo privado y lo público, lo individual y lo colectivo. Veo ahí ciertos canales de comunicación que en los estudios del cuerpo son particularmente importantes y que los investigadores han podido reconocer y estudiar. Se trata de un campo versátil, rico, con una multiplicidad de usos y de posibilidades de estudios y también de intervención. Estamos comenzando a ver que las actividades corporales han sido abiertamente involucradas, por ejemplo, en proyectos de intervención social, que es algo muy notable en América Latina. También vemos nuevas investigaciones que pueden ahondar en el sentido de la experiencia corporal en campos jurídicos, médicos y educativos.

Y ahora, con los proyectos para el posconflicto, veremos seguramente el crecimiento de esta clase de actividades basadas en la interrelación de aspectos políticos y estéticos, y en las actividades corporales como vía para equilibrar y “sanar” al sujeto en la sociedad. Ha crecido la confianza en que intervenir corporalmente la vida es una manera de balancear planos estéticos, culturales, políticos, personales y sociales porque en esta noción amplia, el cuerpo se entiende como un campo de experiencias interconectadas. Por esta comprensión, entre otras, creo que los estudios del cuerpo han tenido tanto auge.

CA: ¿Podríamos hablar del abandono de las posturas genealógicas en pro de las más fenomenológicas?

ZP: Primero, debo decir que no las he entendido como corrientes contrapuestas. En lo concerniente a los hechos corporales me parecen complementarias. He entendido que la relación de los estudios sobre cuerpo, sujeto y poder se desprendieron de los acercamientos fenomenológicos. Esto supone entender que la experiencia del sujeto sobre sí mismo es básica en la condición humana y no sucede con independencia de todos los aspectos políticos que circulan en la sociedad.

Nadie desarrolla aisladamente sus experiencias corporales porque éstas, así como el sentido corporal que se tiene, suceden en un entramado de relaciones sociales altamente complejas e históricas. De esa manera he visto esta relación, pero entiendo que en la sociedad, e incluso en las mismas ciencias sociales, se pueden entender y de hecho se tratan a menudo como dos cosas separadas: que en un acercamiento genealógico o en una analítica del poder el sujeto podría parecer más bien pasivo como objeto del poder, mientras que una mirada fenomenológica incursionaría en las vivencias genuinas, espontáneas y naturales del sujeto, y que éstas son capas que pueden concebirse como inconexas.

Insisto: no encuentro que sean dos propuestas separadas, pero en la literatura se encuentran a menudo como orientaciones desvinculadas, entre otras cosas porque para efectos de la investigación, los fenómenos que han interesado a la genealogía involucran procesos vitales que fácilmente pueden separarse de los que interesan a la fenomenología —aunque en un sentido más amplio de los fenómenos corporales no lo estén— y, con eso, se refuerza la idea de que son de distintos índole. Metodológicamente implican retos diferentes y eso ha ayudado a que se ahonde la brecha entre ambas posturas.

CA: ¿Cómo cree que su postura crítica frente al cuerpo humano y lo natural afecta la definición misma de lo humano y de la vida? ¿Cree usted que los desarrollos teóricos en el campo pueden ayudarnos de alguna manera a vivir mejor?

ZP: Hay varios elementos involucrados en la pregunta. Resaltaría que toda intención actual de orientarnos hacia una nueva vida, una mejor vida para las personas corrientes, implica generalmente vivir más tiempo y tener buena salud. Socialmente, como interpretación antropológica de la condición humana actual, ser conscientes del cuerpo implica haber introducido un límite específico para comprender la vida, que es, en relación con una vida larga y sana, la vida corporal, y supone, entre otros asuntos, limitar las posibilidades para imaginar formas de vida que no sean corporales. Bajo esta consideración, suelo afirmar que las sociedades contemporáneas son materialistas y apegadas a una idea de la vida corporalmente vivida, porque justamente la característica de este cuerpo que concebimos hoy en día, cada vez más polifacético y polisémico, es que abarca dimensiones de la vida que en otros momentos no se habrían podido considerar corporales.

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Este materialismo supone grandes retos, como asumir las espiritualidades o las ideas de transcendencia en el mundo actual. Y, en general, una progresiva dificultad de las sociedades en el último siglo: la de darle sentido a la muerte, porque si el cuerpo es crecientemente nuestro núcleo ontológico y nuestra idea de la vida es la corporal, es arduo pensar en algo después, o en algo distinto de la vida materializada en el cuerpo.

Ahí están entrelazadas dos cosas: por un lado, la idea de cómo se vive la vida, en donde la palabra vida tiene un sentido bien amplio, y, por otro, un sentido más restringido de la palabra vida, que es el sentido biológico y, según el cual, estamos vivos desde que nacemos hasta que morimos. Como esta concepción biológica es bastante reciente en la historia del pensamiento y en la antropología contemporánea, tiene implicaciones importantísimas para la pregunta por lo que entendemos de la vida, y por lo que puede ser mejor en la vida. En la importancia que ha ganado el propósito de la vida saludable es evidente que una vida buena será también una vida larga. Ante todo, queremos vivir más tiempo, porque la vida es lo que ocurre y tenemos desde que nacemos hasta que morimos. Así, muchas de nuestras acciones y decisiones buscan prolongar la vida: estar vivos más tiempo. En un segundo momento pensamos en vivirla con una buena calidad, y esa calidad es, hoy en día, inseparable de la noción médica de salud y de las consideraciones sobre el bienestar. Tanto lo que entendemos por la vida como su ejercicio se despliegan en el horizonte médico de la salud.

Suena corriente y creo que es simplemente muy corriente, y que esa obviedad define una buena parte de este problema: el asunto de que cada vez nos cuesta más pensar en la vida por fuera de ese marco. Basados en éste, podemos pensar en nociones de bienestar, de si el progreso material es o no importante, o el desarrollo espiritual, y en qué medida y de qué manera; qué papel juegan las artes, el desarrollo de la subjetividad, todo esto en el marco de que ojalá podamos vivir más tiempo y con buena salud. Esta tendencia da el tono de lo sucedido alrededor de la comprensión de qué es el cuerpo en relación con la vida. Diría que nuestra noción de vida está cada vez más restringida a la comprensión de qué es el cuerpo.

CA: Ante afirmaciones como que la gente va a dejar de tener sexo para reproducirse, ¿cree usted que —como sostienen algunos— nos enfrentamos como sociedad a una creciente “descorporalización” de la vida social? De ser así, ¿cuáles cree que podrían ser sus consecuencias a largo plazo?

ZP: En la idea de que la gente no va a tener sexo para reproducirse, la segunda parte es muy importante: “para reproducirse”. No me ocuparía de que la gente no vaya a tener sexo. Me interesa, en cambio, subrayar lo que implica que la reproducción de la especie humana pueda ocurrir sin sexo. Este es el meollo e implica al menos dos cosas: una, que el sexo tiene por sí mismo un sentido y su sentido va dejando de ser la reproducción, que hasta ahora ha estado necesariamente presente. En la medida en que las técnicas de reproducción que, calculo, apenas están empezando a progresar, verdaderamente avancen, se van a desprender completamente del coito.

Entonces varias sociedades verán separadamente el sexo de la reproducción. La especie humana se podrá reproducir en laboratorios, con vientres alquilados, por implantación, pero ya no será la cópula el acto necesario para la reproducción. Ese, en sí mismo, me parece un hecho asombroso. A gran escala sucede, por ejemplo, con el ganado vacuno y, en fases todavía experimentales y de forma muy controlada, con los seres humanos.

Estas transformaciones vendrán con cambios en propósitos como el de la educación sexual, que ha estado implicada con la reproducción, pero que dejaría de estarlo. No digo que ahora la gente ha dejado de reproducirse sexualmente, pero sí que en las próximas décadas será más frecuente escoger cómo va a ser la/el hija/o, diseñarlos.

No me sorprenderían personas que dijeran: “En realidad quiero que mi hijo sea, incluso, de otra mujer o de otro hombre para que no sea bajito, enfermo o fea como yo. Entonces, lo gesto pero no lo concibo, o ninguna de las dos”. Muchas cosas se pueden hacer hoy.

Ahora bien, otro asunto es el de la “descorporalización”. No le hallo mucho sentido; me cuesta pensar qué implicaría la “descorporalización” de la vida social, porque tendría que ser sin seres humanos. Lo que yo supongo que se quiere indicar con ello es que la gente no querría tener tanto contacto físico o no lo tendría en absoluto. Al respecto diría que sería una forma de educación corporal interesada en restringir el contacto físico, pero no la llamaría descorporalizada.

Uso el ejemplo de lo que significa la clase de educación corporal que practicamos en las sociedades muy escolarizadas: nuestra formación consiste, durante años, en aprender a no movernos o a movernos poco para invertir nuestra atención en un proceso pedagógico basado en el sedentarismo y sólo movernos un tiempo del día en un gimnasio o en la clase de educación física. Esta educación corporal requiere una enorme inversión. Muchos la llaman descorporalizada, porque hay poca actividad “física”. Pienso, por el contrario, que es una educación muy especializada y con propósitos claros. Es tan especializada como la educación de los cazadores-recolectores que están en continuo movimiento, usando la mirada para cazar, que tienen unas habilidades manuales, cinéticas y sensoriales específicas para conseguir lo que necesitan. Encuentro que la especialización de las sociedades implica una especialización de su educación corporal. En la palabra descorporalización intuyo una idea nostálgica de integración, de hermandad humana, de libertad y espontaneidad, donde el tacto y el “encuentro de los cuerpos”, como suele exponerse esta idea, son vistos como la esencia de una naturaleza humana genuina y emancipada.

Es en contraste con esta pretensión donde uno podría encontrarse hablando de una sociedad “descorporalizada”, donde la gente no tendría contacto físico. La vida social se basaría tal vez en intercambios visuales, virtuales, en los sentidos de la distancia, y se querría, acaso, neutralizar las experiencias de los sentidos de la cercanía: el olfato y el tacto especialmente. Desde mi punto de vista, ésta sería una especialización de la educación corporal, no una “descorporalización”, porque no es posible que la vida social o humana sea “descorporalizada”. No vería cómo podría suceder, ni siquiera en lo que algunos encuentran que ocurre en el ciberespacio, pues no hay ninguna posibilidad de interacción humana ni experiencia humana que no sea corporal.

Para la persona su ser corporal es irrenunciable: no puede dejar de ser corporal, a menos que opte por suicidarse y, entonces, no habría ni corporalidad ni vida. Pero es cierto que ésta es una percepción de mucha actualidad: considerar la sociedad contemporánea “descorporalizada” y, por tanto, deshumanizada, por falta de contacto entre las personas mediante los sentidos de la cercanía.

CA: Como estas culturas juveniles que ya no salen de la casa o que se la pasan encerradas con un computador y ésa es su vida social…

ZP:Pero éstas también son experiencias muy corporales e involucran otras facetas corporales. Entre las preguntas de estas investigaciones, una de las que me parecen clave para entender las transformaciones sociales que acarrean las tecnologías informáticas, es la que se ocupa de las nuevas generaciones, cuyo entorno estimula usos sensoriales distintos, y reclaman una educación corporal distinta. Referirse a su experiencia diciendo que están encerrados solos, muestra una suerte de sanción moral sobre lo que hacen: no salen a la calle, no se enteran… Esta sentencia la emite un tribunal que prefiere otra forma de educación corporal para los jóvenes: la de la actividad “física”, el deporte, el contacto con la naturaleza…

Esta es la clase de inquietudes que están apareciendo y nos invitan a pensar qué son las transformaciones sociales y cómo afectan las actividades más cotidianas. En este caso, por ejemplo, las relaciones intergeneracionales más recientes han estado basadas en el legado de la pedagogía romántica que encontró que los niños debían estar al aire libre y bajo la supervisión de los adultos. La misma sociedad que defendía esos principios desarrolló las tecnologías de la información y la comunicación y se las entregó a los niños y ahora se asusta porque ellos las usan. Pero no fueron los niños los que se las inventaron. Eso es cambio y como sucede a menudo con éste, los adultos emitimos una sanción. Se repite de una a otra generación la afirmación de que los jóvenes y los niños no se están educando de la manera adecuada porque no reciben la educación corporal que recibieron los adultos. Esta inquietud expresa muy bien —aunque no siempre podamos decirlo— cómo la sociedad comprende lo que abarca la experiencia corporal y la importancia que tiene para la reproducción y el cambio.

La educación corporal que hemos tenido tiene una historia, tanto como la tienen estos niños que vemos encerrados, que parece que se vuelven adictos y tienen que ir a clínicas de desintoxicación tecnológica porque se les paralizan los dedos y no saben establecer relaciones cara a cara con otras personas. Esta clase de enfermedades y padecimientos están asociados con una forma de la educación corporal relacionada con ese desarrollo tecnológico, con una serie de aparatos que les ofrecen a los niños y jóvenes un mundo sensorial e intelectual y unos desafíos que no plantea el mundo al aire libre.

CA: Alguna vez usted utilizó la metáfora del archipiélago para referirse a la manera en que operan las diversas corrientes acerca de los estudios sobre cuerpo. ¿Cree que es posible conectar las islas? ¿Considera que vale la pena o será que la alternativa está en otro lugar?

ZP: Primero, tengo que hacer una observación sobre la metáfora del archipiélago: las islas e islotes del archipiélago están conectadas, sólo que por debajo del agua, y por eso no vemos la conexión. Esto es lo que me interesa de la metáfora: que en los estudios del cuerpo lo que nosotros vemos son esas cúspides, las investigaciones especializadas nos las muestran sin conexión aparente, pero la metáfora sugiere que para ver las conexiones hay que sumergirse y que para esto se necesitan ciertos aparatos.

Para que entendamos cómo el archipiélago es una sola formación, para verla, tenemos que sumergirnos, y el punto, metodológicamente hablando, es con qué nos sumergimos para llegar hasta donde están las conexiones. Pienso que uno de los retos que se les plantea a los estudios del cuerpo es sumergirse y no mirar solamente las cúspides: si sólo observo lo que es visible sobre la superficie, veo montañas y puedo considerar que cada una es una cosa distinta porque no veo la conexión, que está sumergida.

¿Con qué aparatos me voy? ¿Cómo me voy a ir dotada metodológicamente? Y, ¿qué tan hondo tengo que bajar para encontrar la formación completa? Creo que encontramos en los estudios de cuerpo una fragmentación que en realidad no lo es, y diría que nos falta trabajo para mostrar el conjunto de la formación, que es la formación del sujeto moderno, la antropología de las sociedades tecno-científicas en sus diferentes expresiones. Desde luego, como en todos los archipiélagos, algunas cúspides pueden sobresalir y otras quedar sumergidas, y por eso uso esta metáfora.

CA: ¿Cómo cree que podemos pensar la relación sujeto-cuerpo en el contexto contemporáneo? ¿Qué sería lo novedoso en el campo hoy?

ZP: Creo que hay una creciente tendencia —tanto en la vida de las personas como en el campo académico— a equiparar el cuerpo con el sujeto, es decir, a enriquecer la noción de cuerpo que prácticamente tiende a coincidir con la idea misma del sujeto, al punto de que muchas personas hablan del sujeto con la palabra cuerpo: pocos habrían hablado de esa manera hace cien años. Debates importantes son, por ejemplo, qué es el cerebro en relación con el cuerpo; qué son las emociones en relación con el cuerpo; qué son, en general, el conocimiento y la memoria, esas me parecen cuestiones interesantes, y como el desarrollo en los campos científicos que investigan al respecto crece, las nuevas ideas y descubrimientos cambian la relación entre sujeto y cuerpo.

Mientras que para algunos su persona sólo puede ser pensada como cuerpo y su vida sólo como vida corporal, puede haber otros que piensan en sí mismos como compuestos de cosas distintas, como una mente, un espíritu o un alma y un cuerpo. Y pueden, entonces, también, imaginar y vivir una vida hecha de diferentes facetas.

Para ampliar la cuestión sobre los intereses políticos y el hecho de por qué en América Latina los estudios del cuerpo han tenido esa valencia política, creo que en términos de gobierno y política, el cuerpo tiende a ser el sujeto. Establecer esta sinonimia me parece una evidencia de la transformación antropológica que ocurre en el mundo contemporáneo. Este cambio está afectado por muchas novedades, porque como hay tantas maneras de intervenir el cuerpo en la actualidad, así mismo se interviene toda la idea del sujeto. Veamos la idea de que puedo transformar mi identidad con una cirugía cosmética: una transformación de uno o varios rasgos de la apariencia puede implicar una transformación del sujeto. En este caso ya estamos familiarizados con los procedimientos y los resultados. Una forma más avanzada de transformación que por ahora vemos en la ciencia ficción, es la posibilidad de cambiar los recuerdos o sembrar sueños. Pero resulta que este cambio que puede parecer inmaterial, mental, ocurre materialmente, mediante una intervención corporal. En las ciencias sociales estas modificaciones están asociadas con voluntades estéticas, sociales y políticas.

Entonces, hay novedades, como decíamos antes, en el hecho de que la reproducción pueda suceder de formas artificiales. Suceden, como efecto, cambios en la relación del sujeto y el cuerpo en la medida en que la noción de cuerpo está hondamente afectada por el desarrollo del conocimiento, sobre todo del científico, pero también por el estético.

Otra faceta que me parece importante es el problema de las diferencias sociales, que se captan muy bien corporalmente. Ese ha sido uno de los hitos en los estudios del cuerpo, probablemente uno de los acercamientos que hoy por hoy pueden explicar mejor las dificultades que persisten para eliminar o disminuir las diferencias sociales y algunas formas de discriminación. Hoy entendemos mejor cómo las diferencias sociales se producen y reproducen en la subjetividad corporal.

La idea del habitus nos ha permitido entender muy bien que el problema de la diferencia social y la discriminación está constitutivamente encarnado en el sujeto; que eliminar la percepción de las diferencias no se reduce a la voluntad de querer superarlas mediante enunciados y programas, sino que los sujetos se han constituido como tales en la capacidad de establecer diferencias, y esta forma en que se encarnan las disposiciones corporales es un asunto sociológicamente significativo.

En la medida en que podemos modificar el cuerpo y la condición del sujeto, nos acercamos al debate de lo que pasa con las diferencias sociales. Es un tema poco explorado hasta ahora pero pertinente en relación, entre otros, con programas de apoyo a la educación escolar y universitaria que buscan disminuir la inequidad social. También involucra el sentido de las diferencias sociales y, por ejemplo, la práctica cada día más frecuente de someterse a cirugías de embellecimiento. Hasta ahora estas últimas han sido principalmente consideradas un asunto de género, subordinación de las mujeres o de falta de autonomía, y han sido menos estudiadas como un recurso para reducir diferencias sociales.

Miremos cirugías como las de desracialización o desetnización que suavizan los rasgos asiáticos en los párpados o los rasgos afro en la nariz. Esas intervenciones disminuyen la diferencia entre las personas, más que ser de embellecimiento. Debemos entender que los estándares de belleza, en la medida en que tienden a igualarse, imponen sobre las personas unos modelos, pero resulta que ahora las personas pueden en efecto acercarse a tales ideales mediante procedimientos estéticos y quirúrgicos. Las que eran circunstancias inamovibles para las personas, hoy pueden cambiarse. En síntesis, surgen constantemente en este campo de estudio nuevos hechos que lo hacen muy dinámico.

CA: ¿Qué movimiento supone la creación teórica? ¿Cómo cree que podría fortalecerse este campo en Colombia y en América Latina?

ZP: No sabría decir qué es lo propiamente teórico. Cuando se trata de repetir las nociones, definiciones y conceptualización que han hecho diversos autores, entonces la teoría es una suerte de formalización del lenguaje o de exposición de principios, similar a un modelo matemático cuyos enunciados pueden exponerse de forma sistemática. Pero si uno piensa así, podríamos decir que hace bastantes décadas no surgen nuevas teorías en ciencias sociales. A cambio, tenemos una cantidad importante de postulados que podemos llamar conceptuales, de abstracciones sobre fenómenos sociales y culturales.

Uno puede estar de acuerdo con la afirmación de que muchos investigadores en América Latina no ajustan sus enunciados y resultados a esos formatos teóricos. Creo que parte de esta situación se debe a que las teorías que pueden repetirse bien en los salones de clase no se ajustan del todo al tipo de problemas que tenemos en la región y, por ello, las usamos más bien estratégicamente. La mayor atención que le prestamos actualmente a la diversidad y a las situaciones locales hace menos necesaria y útil la formulación de grandes teorías.

Por otra parte, a la vez que hay una necesidad de usar las palabras y las formas de las “teorías”, persiste cierta desconfianza hacia los autores locales. En el campo de los estudios del cuerpo es notorio. Si tenemos en cuenta la bibliografía estudiada en los cursos universitarios, parece que no quedamos satisfechos si no decimos las cosas con las palabras y formas de determinados autores que en pocos casos son locales. Para quedarnos entonces en el campo de los estudios del cuerpo: revisar las bibliografías de los cientos de ponencias que se presentan en América Latina —que son cientos— o de las publicaciones que ya son numerosas, nos permite ver que hay poco diálogo entre autores locales, quienes simplemente se ignoran mutuamente. Los autores aparecen citados, pero no se establece un diálogo entre ellos. Casi nadie lo hace: ni los más experimentados y reconocidos, ni los jóvenes, a cambio, volvemos a los autores del canon, que nunca es ni regional, ni nacional, ni local. Desde ese punto de vista, no puedo entender que soy una pionera ni nada, porque difícilmente voy a encontrar a alguien en diálogo con lo que los autores latinoamericanos hemos dicho, no como un diálogo. En general, nuestros trabajos son puentes hacia los otros, hacia los autores norteamericanos, británicos y centroeuropeos. Esta característica de la formación merece mucha atención en la educación que impartimos a los jóvenes estudiantes, y en la manera como nos relacionamos nosotros los autores: no nos interpelamos mutuamente, sino que interpelamos a autores que están distantes porque hicieron sus investigaciones en otros contextos, y nosotros, sin más, asimilamos como igual el contexto y los resultados de esas investigaciones, y leemos los resultados como teóricos, distanciados y desprendidos de la realidad correspondiente. Cuando leemos las obras “teóricas” omitimos el estudio y el debate de la base empírica que esos autores emplearon. De este ejercicio, reiterado, somos responsables los profesores, y habrá que pensar si tiene que ver con no aceptar nuestra palabra como suficientemente legítima. Una de nuestras grandes dificultades está ahí, en cómo aceptamos nuestros resultados como legítimos y cómo, además, constituimos una verdadera comunidad del conocimiento en torno a estos resultados. Entonces podríamos interpelarnos mutuamente, dialogar y considerarnos autores verdaderos.

CA: Mirando su trayectoria, ¿cuáles considera que son los cambios más importantes que ha sufrido su proyecto a través de los años? ¿Qué le ocupa hoy?

ZP: Últimamente se me ha complicado escribir, no por las exigencias formales, sino porque me gustaría poder mostrar que cualquiera de estos fenómenos corporales, esté uno hablando de la salud, de la educación de los niños, de la transformación del sujeto por técnicas corporales o de la educación de las mujeres, ocurre en el juego de muchísimos elementos, y me interesa mostrar esa riqueza y complejidad.

Lo que da trabajo es dar cuenta de esta complejidad porque en los estudios del cuerpo también hay subespecialidades importantes: están los estudios en torno al performance, los acercamientos estéticos, los que se preocupan por la salud, el género, el deporte o la educación. Estoy intentando, para volver a la imagen del archipiélago, sumergirme para comprender mejor la constitución corporal del sujeto moderno, las ontologías y las antropologías contemporáneas afectadas por la asimilación de la condición corporal de la vida humana. Así que estoy pensando con qué me sumerjo y qué tan hondo puedo llegar, o si voy a poder decir lo que vea allí. Por eso recurrí a esta imagen, porque he notado que he estado viendo principalmente aspectos producto de la especialización temática, y que si pudiera empezar a profundizar tal vez podría encontrar mejores recursos para una comunicación más amplia sobre los fenómenos corporales de interés para la región. Quienes estudian fenómenos estéticos pueden no ver las relaciones con la gente que estudian los especialistas en cuestiones médicas, se puede pensar que son dos cosas distintas, que la noción de cuerpo en cada caso es una coincidencia o que es “natural”, y me parece que no lo es. Pero aún está por hacerse el trabajo que lo muestre.

CA: ¿Qué le ocupa hoy?

ZP: He insistido en que cuando me refiero al cuerpo como rasgo antropológico, no lo propongo como variable etnológica sino como el fenómeno propiamente moderno de la materialización de la vida en los fenómenos corporales. No creo que sea universal esta concepción en la que el cuerpo es el meollo del sujeto, y he tratado de establecer las particularidades del sujeto corporal como se ha constituido en Colombia, y de dejar claro que llamar corporal a la manera como estamos en el mundo, no quiere decir que todas las culturas lo hagan y lo experimenten así. Esta antropología está asociada con formas particulares del conocimiento y el desarrollo de una concepción anatómica y, luego, con otra psicosomática del cuerpo humano, que han dejado huellas y determinan también qué entendemos que es la vida: esa vida que es la del cuerpo y que tiene en el centro el organismo y la subjetividad.

•Zandra Pedraza | Foto: Erika Diettes

Aunque no comencé mi trabajo con el problema del conocimiento médico, se me presentó la necesidad de resolver la relación entre la representación del cuerpo, la acción y la experiencia, así que seguí el camino del efecto y del uso social del conocimiento en las “autocomprensiones” modernas de la naturaleza humana y su relación con la educación. Cuando trato el proceso de educación y me detengo en cómo hacer más palpable o visible lo que implica la condición corporal, enfrento la paradoja de que todo lo corporal es visible, pues ésta es básicamente la condición de la materia. Todo lo que llamamos corporal es visible, directamente o a través de aparatos y representaciones que lo hacen visible. Me resulta curioso este esfuerzo y me he detenido allí para comprender sus efectos estéticos, culturales y políticos.

En mi tarea es fundamental considerar el mundo cotidiano en el que nos desenvolvemos, pues ahí actuamos y desplegamos lo que somos. Así que me ocupo de cosas corrientes porque la educación corporal que nos constituye como sujetos está en todas partes: en el salón de clases, en el jardín infantil, en los oficios, en las interacciones cotidianas y permanentes entre las personas, en la mamá que dice: “Mijo, siéntese derecho”. Esa interacción, el gesto de la mamá que no abre del todo la boca y más bien susurra, es un elemento de la educación corporal que crea hábitos, no sólo con lo dicho sino con la manera decirlo y en cómo lo asimila el hijo.

Tengo pendiente comprender mejor y ahondar en el fenómeno de la normalización, es decir, el proceso de educación corporal que fija en cada uno, y en la sociedad unas normas sobre lo humano que delimitan lo que aceptamos, deseamos y comprendemos acerca de lo que somos y podemos ser a partir de nuestra condición corporal. Pienso que dar cuenta de cómo se han establecido y cómo se transforman constantemente las nociones y las prácticas que convierten a unos en personas corrientes y frente a las cuales otros resultan diferentes, anormales, discapacitados, discriminados o menos humanos, servirá para comprender varios aspectos que inquietan y ocupan a las personas y a las sociedades contemporáneas: la prolongación de la vida, la reproducción artificial, la constitución de nuevas formas familiares, las modificaciones corporales, la introducción de prácticas para la educación de la conciencia corporal en las políticas sociales y en la educación escolar, el uso de las tecnologías de la información o el embellecimiento como estándar de normalidad.


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