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Gino Germani: rebelión de sus discípulos e impugnaciones a la sociología científica*

Gino Germani: rebelião dos seus discípulos e impugnações à sociologia científica

Gino Germani: rebellion of his disciples and refutations to scientific sociology

 

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Anabela Ghilini**

Resumen

El artículo propone indagar la institucionalización de la Carrera de Sociología en 1957 en el marco del proceso de modernización y renovación académica de la Universidad de Buenos Aires. Señala la fundación científica de esta disciplina, impulsada por Gino Germani, quien pretendía consolidar una sociología empírica, alejada de la filosofía social y del ensayismo previo. Concluye que a comienzos de los años sesenta, la “sociología científica” fue cuestionada por la izquierda estudiantil y algunos de los jóvenes discípulos de Germani, provocando que la actividad científica se volcara progresivamente hacia institutos privados.

Palabras clave: Argentina, Universidad de Buenos Aires, sociología, Gino Germani, modernización, politización.

Resumo

O artigo propõe indagar a institucionalização do Curso de Sociologia em 1957 no marco do processo de modernização e renovação acadêmica da Universidade de Buenos Aires. Aponta a fundação científica dessa disciplina, impulsada por Gino Germani, que pretendia consolidar uma sociologia empírica, afastada da filosofia social e do ensaísmo prévio. Conclui que ao início dos anos sessenta, a “sociologia científica” foi questionada pela esquerda estudantil e alguns dos jovens discípulos de Germani, provocando que a atividade científica se voltasse progressivamente para institutos privados.

Palavras-chave: Argentina, Universidade de Buenos Aires, sociologia, Gino Germani, modernização, politização.

Abstract

The article proposes to examine the institutionalization of the Sociology Program beginning in 1957 within the framework of the modernization process and the academic renewal of the University of Buenos Aires. It mentions the scientific foundation of sociology promoted by Gino Germani who sought to consolidate an empirical sociology that was very different from social philosophy and previous existing sociological practices. It concludes that during the early sixties, "scientific sociology" was questioned by the left wing student body and by some of Germani's young followers, causing scientific activity to gradually turn from public institutions to private ones.

Key words: Argentina, University of Buenos Aires, sociology, Gino Germani, modernization, politicization.

* Este artículo constituye un aporte de la investigación en curso inscrita en el Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de La Plata “Universidad y política: las cátedras nacionales una experiencia de la peronización”. Ésta contó con la financiación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas (Conicet) a través de una beca doctoral en el período 2010-2015.
** Profesora y Licenciada en Sociología por la Universidad Nacional de La Plata (Argentina); docente en la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ); integrante del proyecto de investigación “Las formas y los sentidos de la política y la militancia: la nueva izquierda argentina en los años sesenta y setenta”, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina). E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

La creación de la Carrera de Sociología en la Universidad de Buenos Aires

El intenso proceso de modernización cultural y científica que se llevó a cabo en la Universidad de Buenos Aires (UBA)11 a partir de 1955 se propuso como principales ejes la articulación entre investigación y docencia, la modificación y renovación de los planes de estudio, y la departamentalización2 como estructura organizativa. Estas transformaciones tenían como finalidad estimular la investigación y la producción científica frente al rasgo “profesionalista” que históricamente había tenido la Universidad en el país. El impulso a la investigación se expresó a través de la creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) en febrero de 1958, y en el plano universitario, en la generalización de la dedicación exclusiva a la docencia, becas para investigar y estudiar en el exterior3, un fuerte apoyo a los institutos de investigación, el fortalecimiento de las bibliotecas y la formación de una editorial universitaria —Eudeba—. Hasta 1955, en la Facultad de Filosofía y Letras había sólo dos profesores con dedicación exclusiva, pero a partir de ese año se revirtió esta situación y la dedicación se extendió hasta abarcar una parte más significativa del profesorado (Buchbinder, 2005, 1997)4.

La emergencia de nuevas carreras y la reformulación de los planes de estudios fue otra de las transformaciones más novedosas a primera vista (Buchbinder, 1997). Da cuenta de ello la creación de la Carrera de Ciencias de la Educación (1957) en reemplazo de la antigua Carrera de Pedagogía, la instauración de la Carrera de Psicología (1957), la reformulación del plan de estudios de Filosofía, la creación de la Carrera de Ciencias Antropológicas (1958), la reformulación del plan de Historia y la fundación de la Carrera de Historia del Arte (1962). Se abogaba por una universidad donde las carreras como Abogacía, Ingeniería y Medicina dejaran de ser centrales para darle lugar al desarrollo de las ciencias sociales y las ciencias exactas. Estas disciplinas tendrían en común ciertos rasgos característicos: una metodología considerada científica, la investigación de base empírica y la independencia de la política —pues la línea de demarcación trazada oponía también a profesionales y ensayistas— (Sarlo, 2001; Suasnábar, 2004).

La creación del Departamento de Extensión Universitaria completó el trípode en que se afirmó el programa renovador de la UBA. Fue precisamente en el grupo fundacional de este Departamento donde se pueden encontrar los antecedentes que posibilitaron la creación de la Carrera de Sociología5. Ésta sería impulsada por Gino Germani6 junto con estudiantes agrupados en el Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras (CEFYL) y graduados. Quienes acompañaron a Germani y le dieron apoyo político eran alumnos provenientes de la Carrera de Economía, como Jorge Graciarena y Ruth Sautu, alumnos de la Carrera de Letras como Ana María Babini y Marta Bachis, Eliseo Verón y Miguel Murmis, quienes provenían de la Carrera de Filosofía, y otros como Juan Carlos Marín y Torcuato di Tella de la Carrera de Ingeniería (Noé, 2005)7. Entre 1957 y 1964 sería Germani el responsable de la reorganización y dirección del Instituto de Sociología y al mismo tiempo, de la organización del Departamento de Sociología. De este modo, el fundador de la Carrera de Sociología lograría integrarse a la élite renovadora liderada por Risieri Frondizi, José Luis Romero, Rolando García, entre muchos otros intelectuales que desde la Universidad dieron su apoyo al proyecto de Germani.

La consolidación de la sociología científica

La estrategia germaniana tenía como objetivo principal demostrar el arcaísmo de la sociología en la Argentina dominada principalmente por la “sociología de cátedra”. Lo que estaba en cuestión en esos años era quiénes eran los “sociólogos” y junto con ello, cuál era la frontera que separaba al ensayo de la sociología como disciplina científica. El proyecto de Germani consistía en promover una sociología científica alejada de la filosofía social, el ensayo, el periodismo y la literatura precedente en la historia del pensamiento social argentino y latinoamericano. Desde su punto de vista, la sociología debía apuntar a un conocimiento “objetivo” de la realidad social, separar ciencia e ideología y formar especialistas en la nueva disciplina.8 Al respecto, sostuvo Germani que esa tarea era posible porque la metodología y la técnica de la investigación social habían llegado a un notable grado de perfección capaz de lograr, por los menos, una descripción cuantitativa y cualitativa de los hechos y, a la vez, establecer o descubrir las principales correlaciones entre las diferentes series de fenómenos sometidos a estudio (Delich, 1977).

La sociología científica y la posición conquistada por Germani sería resistida en un primer momento principalmente por quienes hasta entonces eran los representantes de la disciplina, cuyas tradiciones intelectuales filosóficas y normativas estaban fundadas en la fenomenología, el neotomismo y el existencialismo alemán (Germani, 1968). La mayoría de los “sociólogos de cátedra”9 eran graduados en derecho, una disciplina que se inclinaba más hacia la reflexión sobre las ideas que hacia la investigación empírica. De acuerdo con la investigación de Blanco “hacia 1950 existían 16 cátedras de sociología —casi el doble de las 9 existentes diez años atrás— con un total de 30 profesores entre titulares y suplentes” (Blanco, 2006a: 80). La “sociología de cátedra” tenía como principal referente a Alfredo Poviña10, quien controlaba hasta el momento las principales bases institucionales de la profesión (las cátedras y el Instituto de Sociología), las publicaciones (el Boletín del Instituto de Sociología), las sociedades nacionales como la Sociedad Argentina de Sociología y las regionales, la Asociación Latinoamericana de Sociología (Alas) (Blanco, 2004)11.

Germani planteaba una fuerte oposición entre aquellos que, reivindicándose como sociólogos, competían por un mismo espacio intelectual, y, de este modo, la sociología científica se erigía desconociendo los esfuerzos por institucionalizar la disciplina que se habían venido desarrollando desde finales del siglo XIX con la primera cátedra de sociología en el país (Pereyra, 2005; Blanco, 2006a)12. En ese marco, era preciso reemplazar

[…] al antiguo profesor, abogado, político, administrador, para quien la cátedra universitaria era el apéndice honorífico de su profesión principal, en el mejor de los casos fecundo ensayista, capaz de incursionar con desenvoltura en el campo de la literatura, la filosofía, el derecho o la sociología, mediocre aficionado la mayoría de las veces. (Germani, 1964a: 1)

En contraposición, Germani plantea que la sociología como “ciencia” y la sociología como “profesión” debían estar fuertemente unidas. De este modo, la sociología “rompió con el pasado y adhirió a nuevos modelos teóricos y prácticas de investigación” (Murmis, 2007: 59). La institucionalización de la sociología como disciplina contemplaba otorgar títulos y certificados que incluían la Licenciatura y el Profesorado en Sociología, ya que hasta entonces era sólo una materia auxiliar de otras carreras. El Plan de Estudios de Sociología sería reformado a partir de 1958 y quedaría organizado de la siguiente manera: 1) un bloque de materias introductorias como “Introducción a la filosofía”, “Introducción a la historia”, “Introducción a la sociología”; 2) un bloque de disciplinas sociológicas y otras ciencias sociales como “Sociología sistemática”, “Historia social general”, “Introducción a la psicología social”, “Introducción a la economía”, “Introducción a las ciencias políticas”; 3) un bloque de materias sociológicas de especialización. El énfasis en la investigación se expresó en la presencia de materias metodológicas: “Elementos de metodología estadística”, “Elementos de metodología y técnicas de la investigación social”.

Además de las 28 materias, entre las innovaciones que se establecieron, se destaca la participación de los alumnos en las tareas de investigación por un período de 200 horas en el Instituto de Sociología dirigido por Gino Germani13. Germani logró dotar al Instituto de Sociología de un conjunto de investigadores y de una estructura organizativa que permitió abrir la disciplina hacia la exploración de nuevos objetos de estudio: la estratificación, la inmigración, la movilización política, la personalidad autoritaria, la secularización y el desarrollo económico. A modo ilustrativo, el Instituto en 1958 contaba con 19 personas y en 1964 tenía 59 investigaciones de carácter empírico14. En cuanto a las tradiciones intelectuales que la sociología científica recuperaba, en los programas de las principales materias se reconoce la influencia de los clásicos, sobre todo de Durkheim y Weber, junto con la tradición norteamericana: George Mead, Talcott Parsons y Robert Merton, entre otros (Blanco, 2006a; Rubinich, 2003)15. Frente a la necesidad de superar el giro excesivamente especulativo de la sociología en Argentina y también en América Latina, Germani recuperaba la tradición empirista anglosajona, heredera de la Escuela de Chicago, vigente en Estados Unidos desde principios del siglo XX. En contraste con otras tendencias teóricas, esta escuela estaba comprometida con la realización de estudios empíricos basados en el trabajo de campo, sobre todo a través de la observación participante y los estudios de caso.

Además del énfasis puesto en la investigación, Germani aspiraba a la consolidación de la sociología como ciencia aplicada, es decir, que esperaba que esta disciplina se constituyera en un saber “capaz de colaborar en la resolución de problemas sociales concretos” (Germani, 1956a). La sociología debía participar en los debates públicos, evitando una excesiva “autonomización” de la disciplina, y el sociólogo debía ser alguien comprometido con aquello que ocurría fuera del ámbito universitario (Blois, 2012). En tal sentido, la sociología fue concebida como una herramienta capaz de resolver o aportar soluciones para los conflictos de las sociedades contemporáneas. Una muestra de ello la constituyó la preocupación de Germani por interpretar el “fenómeno peronista” y aportar una fórmula política capaz de superarlo en la nueva etapa que se abría en el país junto con sus estudios sobre el cambio social y la modernización (Blanco, 2004; Neiburg, 1998)16. Por ello, para Germani, uno de los interlocutores centrales de la sociología científica debía ser el Estado —ya fuese a través de consultorías o por la incorporación de los sociólogos como “profesionales expertos”—. Sin embargo, en esta etapa, parte esencial del financiamiento del proyecto de Germani provino de instituciones extranjeras como la Fundación Ford (FF) y la Fundación Rockefeller17. Incluso, los recursos que obtuviera por parte del Conicet —institución que financió becas de posgrado para los discípulos de Germani— provenían de la FF y no de fondos públicos (Blois, 2013; Diez, 2013).

Cabe destacar que la institucionalización de la sociología científica se producía en un contexto internacional específico, y la propuesta de Germani ofrecía una notable adaptación de la sociología a este nuevo escenario que promovía la declinación de la reflexión filosófica y un optimismo acerca de los fundamentos científicos y empíricos. El desarrollo de diversas técnicas y metodologías de investigación, particularmente de tipo cuantitativo, fue notable. Además, por diversas razones, la sociología norteamericana devino central a nivel mundial y, al mismo tiempo, se desplegaba una activa promoción de un sistema científico basado en la investigación empírica. En este contexto, se promovían becas de estudio en el exterior para la formación de docentes y estudiantes —muchos jóvenes discípulos de Germani completarían sus estudios a través de estas becas, como Eliseo Verón—, y se invitó a profesores extranjeros como Alain Touraine, Raymond Aron, H. F. Cardoso, Enzo Falleto, Paul Barán. Al mismo tiempo, Germani también se convertía en miembro de asociaciones internacionales como la American Sociological Association (ASA) y establecía redes institucionales internacionales con el Instituto Internacional de Sociología (ISA), el Instituto de Sociología de la Unesco y otros organismos (Blanco, 2006a). Esto demuestra cómo Germani concentraría sus esfuerzos en conseguir financiamiento, identificar oportunidades de investigación y construir redes institucionales. La combinación de estos elementos consolidaría su liderazgo y lo convertiría en el “héroe modernizador” de la sociología (Noé, 2005).

La rebelión de los discípulos y las impugnaciones desde la izquierda

A comienzos de la década del sesenta, los estudiantes empiezan a cuestionar el proyecto modernizador, y los conflictos en torno a cuestiones curriculares y pedagógicas, así como aquellos vinculados a las funciones de la Universidad, se agudizan. El dilema que se plantea con mayor urgencia es el de cómo canalizar la actividad política en el seno de las instituciones académicas y cómo articular la vida política nacional y el funcionamiento de aquéllas (Buchbinder, 2005). En aquel entonces, el movimiento estudiantil de tradición reformista pasa a estar hegemonizado por sectores “de izquierda” —socialistas, independientes de izquierda y comunistas— y elabora un programa fuertemente antiimperialista, que aboga por el levantamiento de la proscripción del peronismo y la intervención de la Confederación General del Trabajo (CGT). La Revolución cubana tiene un efecto político importante para distintos grupos de la izquierda. Asimismo, estas transformaciones están ligadas con la cuestión del peronismo y la revisión crítica de la postura adoptada por los partidos tradicionales de la izquierda respecto a este movimiento. Cuba constituye un enlace entre socialismo, nación y peronismo (Sigal, 1991). Estos hechos dan lugar a una relectura del peronismo que, a su vez, desempeñaría un papel central en el desencadenamiento del proceso de formación de los primeros grupos intelectuales y políticos de la nueva izquierda (Tortti, 1999).

El consenso en torno al modelo de Universidad instalado desde 1955 ya se había debilitado y la sociología inspirada por Germani, así como su liderazgo, comenzarían a ser disputados. Si hasta los años sesenta, Germani era cuestionado por los sectores tradicionalistas y en particular por la derecha católica, luego sobrevendrían las críticas por parte de sus propios discípulos y de sectores provenientes de la izquierda. Germani expresaría al respecto que:

Los conflictos afrontados por la sociología profesional en aquel primer decenio de su institucionalización se encontraron esencialmente con tres grupos sociales diferentes pero influyentes, que tuvieron efectos negativos para la consolidación de la nueva disciplina: 1- las tradiciones intelectuales de un considerable sector de las instituciones académicas y de la élite literaria antipositivista, que compartía orientaciones filosóficas y normativas fundadas en la fenomenología, el neotomismo y el existencialismo alemán; 2- el miedo profundo y la desconfianza de ciertos grupos de dirigentes, particularmente los militares y la alta jerarquía de la Iglesia católica que consideraban la nueva sociología como una forma de subversión social. Estos últimos fueron los que trataron de impedir el desarrollo de la disciplina; 3- los estudiantes y los intelectuales de extrema izquierda que hicieron una agresiva oposición en la confrontación de lo que percibían como un centro de penetración ideológica del imperialismo estadounidense. (Germani, 1968; Germani, 2004: 31-32)

La creciente politización estudiantil se manifestó en el progresivo rechazo a la autonomía de la ciencia respecto a los procesos políticos. La sociología germaniana fue cuestionada y acusada de replicar a la sociología norteamericana (estructural-funcionalista) y de proponer un modelo de desarrollo inspirado en “los intereses imperiales”. La crisis de la sociología germaniana es analizada por Sarlo, quien señala que se identifica a la “sociología científica” con la “sociología oficial norteamericana” y se critica en ésta no sólo la perspectiva funcionalista y adaptativa que se le atribuye, sino también su hostilidad al conflicto social. “Se trataría de una sociología de la integración, dócil, en Estados Unidos, a los designios del capital monopolista y, en América Latina, a los intereses del imperialismo norteamericanos” (Sarlo, 2001: 116). En tal sentido, puede entenderse por qué sobrevendrán las acusaciones sobre el vínculo de esta sociología con los poderes hegemónicos e imperialistas. Las críticas de los estudiantes estaban dirigidas a los subsidios extranjeros que recibía la Carrera de Sociología, entendidos como “formas de penetración norteamericana”18.

Si bien, como mencionamos anteriormente, Germani contó con el apoyo estratégico del movimiento estudiantil, en su mayoría jóvenes provenientes del socialismo y militantes activos de la Facultad de Filosofía y Letras (FFYL), alrededor de 1962 esa alianza estratégica comenzó a romperse (Noé, 2005). Ese año se produjo este hecho en el marco de articulaciones electorales de carácter estratégico entre el peronismo y la izquierda. En aquel momento, se desprendió el “ala izquierda” del Partido Socialista Argentino y formó el Partido Socialista Argentino de Vanguardia (PSAV) que estaba dispuesto a sostener una política “frentista” con el peronismo19. José Luis Romero, quien era la figura más importante de la izquierda socialista, se opuso a ello, luego también lo hizo Jorge Graciarena20 y Torcuato di Tella. La alianza del grupo fundacional de la Carrera con el movimiento estudiantil se rompió debido a que el grupo socialista que sostenía la postura frentista era mayoritario entre los estudiantes. Esto demuestra cómo las rupturas que se daban en los partidos de izquierda tuvieron un impacto en el ámbito de la sociología.

Los cuestionamientos surgieron desde diversos ámbitos y por diversos motivos, incluso los discípulos más renombrados de Germani también se enfrentaron con él cuando intentaron renovar la disciplina e introducir las perspectivas críticas21. Al respecto, Miguel Murmis y Eliseo Verón, luego de la experiencia del posgrado en el exterior, retomarían sus cargos en la cátedra “Sociología sistemática” dirigida por Germani, y comenzarían a introducir autores marxistas, la antropología estructural y la teoría de la comunicación. “La experiencia norteamericana de Murmis y la francesa de Verón van a producir una serie de cambios que resultarán en el piso sobre el que se asentarán las futuras críticas a la versión de Germani de la sociología” (Rubinich, 1999: 7). Eliseo Verón en relación con esta cuestión sostiene que en el período que va desde 1962 a 1966 el proyecto de Gino Germani comienza a deteriorarse y esto se debe en parte a una cierta diversificación ideológica, en la medida en que aumentan los planteles docentes con la incorporación de graduados jóvenes y el retorno de becarios del exterior (1974). Se abría el camino hacia la sociología crítica. La introducción del marxismo como teoría y como fenómeno social, la atención a la problemática nacional y la relación de la sociología con la historia serían algunos de los puntos clave22.

Un libro por demás influyente que aportó elementos útiles para cuestionar algunos de los fundamentos de la sociología científica fue La imaginación sociológica de Wright Mills. Germani, lejos de escapar a este debate, sería quien realizaría el prólogo a la versión castellana, efectuando allí un análisis comparativo del estado de la sociología a nivel mundial y latinoamericano23. Si bien Germani definió la sociología científica desde una clara oposición al ensayismo precedente, aquí mostraría la intención de incorporar algunos aspectos de esas tradiciones previas —aunque sus declaraciones tendrían un sutil tono irónico24. Uno de los acontecimientos vinculado con la recepción del libro de Mills entre los estudiantes de sociología fue la “huelga” a la cátedra de “Metodología de la investigación social” a cargo de la profesora Regina Gibaja, una de las docentes del grupo cercano a Germani. El eslogan que levantaron los alumnos y que los llevaría a la protesta fue “Contra el empirismo abstracto” (Rubinich, 2003). Esto generó debates y tensiones en el Departamento de Sociología durante meses hasta que se produjo una ruptura “silenciosa” con Germani25.

A partir de esta crisis y el clima hostil en la Carrera de Sociología, Germani fue progresivamente migrando y radicando sus proyectos de investigación en el emblemático Instituto Torcuato di Tella (ITDT) —que se puso en funcionamiento desde 1962 y el cual estaba financiado, en parte, por la FF y la Fundación Rockefeller26. Este instituto estuvo fuertemente influenciado por las ideas desarrollistas en boga en esos años (Gil, 2011). Allí se fundaría al año siguiente el Centro de Sociología Comparada en el que participaron prestigiosos sociólogos del Departamento de Sociología de la UBA —Gino Germani, Miguel Murmis, Silvia Sigal, Ruth Sautú— y de la Universidad Católica Argentina: Francisco Suárez junto con Julio Aurelio y Luis Rigal —como estudiantes colaboradores27.

Cabe destacar que desde este Centro se publicó a partir de 1965 y bajo la supervisión e idea de Germani, la prestigiosa Revista Latinoamericana de Sociología (RLS). Se trató de una revista especializada, de alcance internacional por la composición de su comité editorial que fue muy relevante en esos años y cristalizó importantes debates de la época como los referidos al desarrollo y la modernización en la Argentina. Entre los miembros del Comité de Redacción se puede mencionar a los brasileños Florestán Fernades y Luis Costa Pinto, el español radicado en México José Medina Echeverría, el colombiano Orlando Fals Borda y el suizo Peter Heinz (Germani, 2004; Noé, 2005). Tanto la revista como el ITDT aspiraban en sus temas, enfoques y metodologías a presentar una sociología de carácter científico que aspiraba a tener un alcance y nivel internacional.

Al poco tiempo, Germani decidió presentar la renuncia como director del Departamento de Sociología y del Instituto y en su reemplazo asumiría Jorge Graciarena. En la UBA, sus discípulos —Miguel Murmis y Eliseo Verón— quedaron a cargo de la cátedra de “Sociología sistemática” y se convirtieron en referentes importantes del programa. Sin duda, la renuncia de Germani afectaba a la carrera porque perdía a un docente y un investigador que había introducido el perfil moderno de la sociología y, fundamentalmente, perdía un organizador cultural (Rubinich, 2003).

La intervención universitaria de 1966 y su impacto en la carrera de Sociología

La UBA repudió desde un primer momento el golpe de Estado de Juan Carlos Onganía. El rector de la Universidad, Hilario Fernández Long, expresó:

En este día aciago en el que se ha quebrado en forma total la vigencia de la Constitución, el rector de la UBA hace un llamado a los claustros universitarios en el sentido de que sigan defendiendo como hasta ahora la autonomía de la universidad, que no reconozcan otro gobierno universitario que el que ellos mismos han elegido de acuerdo a su propio estatuto y que se comprometan a mantener vivo el espíritu que haga posible el restablecimiento de la democracia. (Caldelari y Funes, 1997: 24)

También en ese entonces, la Federación Universitaria Argentina (FUA) emitió un comunicado en el que expresó su apoyo a esta declaración y caracterizó al gobierno de facto como “gorila” y “fascista”. Sin embargo, como advierten Caldelari y Funes (1997), la dictadura de Onganía recogió importantes adhesiones por parte de organizaciones estudiantiles no reformistas, y también de siete miembros del Consejo Superior de la UBA que apelaron la declaración del rector. Existían diversos sectores que reclamaban la intervención a las universidades para terminar con el marxismo y el reformismo definidos como “obstáculos” y “factores de perturbación” de esta casa de estudios (Caldelari y Funes, 1997).

De tal modo ocurrió, que un mes más tarde, el 29 de julio de 1966, se llevó a cabo la intervención de la UBA para clausurar la experiencia modernizadora inaugurada en 1955 a la cual se consideraba responsable de una excesiva “izquierdización” del mundo universitario. Desde ese momento, el Decreto ley 16.912 marcó un punto de inflexión: se suprimió la autonomía universitaria, anularon las representaciones de los claustros y se prohibió la actividad política en las casas de estudio28. En la UBA, los edificios de las facultades de Medicina, Ingeniería, Arquitectura, Ciencias Exactas y Filosofía y Letras fueron tomados por alumnos y profesores que fueron desalojados violentamente por las fuerzas militares, dejando como saldo un grupo considerable de detenidos29.

Después de estos acontecimientos, conocidos como la “noche de los bastones largos”, numerosos profesores fueron cesanteados y otros tantos renunciaron, lo que produjo un notable vacío. Debemos tener en cuenta que la ola de renuncias en esta Universidad se produjo particularmente en las facultades de Filosofía y Letras y de Ciencias Exactas. Según datos proporcionados por Pablo Buchbinder, 1.378 docentes dejaron sus cargos (Buchbinder, 2005: 190).

Ante la compleja situación que provocó la intervención, los docentes e investigadores se debatían entre dos posiciones: la primera convocaba a la renuncia como forma de repudio masivo. La segunda opción consistía en quedarse en la Universidad intervenida y en la Carrera de Sociología, ésta fue la posición adoptada por la mayoría de los docentes. Los discípulos de Germani como Eliseo Verón, Miguel Murmis, Silvia Sigal, Inés Izaguirre optaron por no renunciar y firmaron una declaración conjunta. Silvia Sigal recuerda que “las asambleas para decidir si se renunciaba o no, fueron interminables” y también lo fueron las reuniones de un grupo chico, donde estaban principalmente Juan Carlos Marín, Eliseo Verón, Miguel Murmis e Inés Izaguirre. Sigal sostiene: “No teníamos para nada claro lo que había que hacer” (Tortti et al., 2013: 6). Ellos perdieron sus lugares en Sociología el primer cuatrimestre de 1967 porque no fueron renovados sus contratos y de unos veintiocho profesores con formación en la disciplina quedarían solamente cuatro30.

Estos hechos tuvieron una amplia repercusión en el mundo académico. Docentes y estudiantes de sociología de otras casas de estudio como la Universidad Católica Argentina (UCA) y la Universidad del Salvador (USAL) repudiaron lo ocurrido. Desde la comunidad científica internacional también se manifestaron en favor de la autonomía universitaria y reclamaron por la reincorporación de los docentes. Figuras destacadas de la sociología le enviaron una carta a Onganía: Talcott Parsons, Martin Lipset, Gino Germani, Reinhard Bendix, Edward Shils, Johan Galtung, Robert Merton y Raimond Aron31.

Buena parte de los docentes de la Carrera de Sociología que fueron cesanteados, luego de abandonar la Universidad se refugiarían en centros académicos privados, particularmente en el ITDT —de gran relevancia en aquel momento— en el cual ya venían desarrollando investigaciones. La dirección del centro de investigaciones del ITDT —rebautizado Centro de Investigaciones Sociales (CIS)— junto con la dirección de la Revista Latinoamericana de Sociología habían pasado a estar a cargo del sociólogo español y profesor de la UCA Juan Francisco Marsal32, debido al temprano exilio de Germani —radicado en Boston antes del golpe de Onganía—. Por otra parte, otro grupo que se había ido constituyendo como disidente de Germani en los años previos a la intervención, aprovechó estas circunstancias para crear un establecimiento de estudios propio —el Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales (Cicso)—. Este grupo estaba integrado por Miguel Murmis, Eliseo Verón, Inés Izaguirre, Darío Cantón, Silvia Sigal, Juan Carlos Marin y Beba Carmen Balvé33.

Como queda demostrado, el repliegue de una visión de la sociología es indisociable del clima político y social más general. Los vaivenes en el proceso de la institucionalización de la sociología como disciplina científica demuestran que, tal como afirma Sigal (1991), las periodizaciones políticas proporcionan un marco posible para comprender la historia de la vida intelectual y académica durante el siglo XX.

Notas

  1. Como nos advierte Buchbinder, los efectos de la modernización deben ser comprendidos de acuerdo con las particularidades que tuvo en las distintas universidades nacionales. En el caso particular de la UBA, este proceso fue intenso comparado con lo ocurrido en otras casas de estudio. Por ejemplo, en la Universidad Nacional de Córdoba, Cuyo o el Litoral, estos procesos fueron limitados y restringidos a pequeños grupos. “El proceso de transformación fue intenso en Buenos Aires, pero su impacto debe diferenciarse de acuerdo con las carreras, las facultades y los ámbitos académicos” (Buchbinder, 2005: 184).

  2. La organización por departamentos implicó un proceso más complejo y constituyó un aspecto más controvertido de la modernización. El Departamento se creaba con la intención de promover una mayor articulación entre las diferentes cátedras de cada disciplina y afianzar los vínculos entre la docencia y la investigación a partir de la inclusión de los institutos de investigación en los departamentos. Además, era pensado como un espacio que permitía un mayor intercambio entre profesores titulares, adjuntos, auxiliares (Buchbinder, 1997). Sin embargo, hubo quienes se opusieron a la departamentalización. Al respecto, sostiene Sigal que “si la defensa de la departamentalización podía recurrir al argumento reformista originario, alegando que se evitaba así ‘el riesgo de caer en la cátedra feudal’, dominaba ya en las polémicas la oposición entre docencia e investigación. Este último carril del progreso científico privilegiado por el proyecto de la modernización, pasó a estar fuertemente identificado con una distribución no democrática del poder universitario” (1991: 192).

  3. En 1957 la Universidad ofreció seis becas para que graduados pudieran realizar estudios en el exterior. También a partir de 1959, los ofrecimientos de becas partieron tanto de la Universidad como del Conicet.

  4. En toda la UBA en 1956 había 10 profesores con dedicación exclusiva y para 1966 ascendía a 678 (Buchbinder, 1997: 198).

  5. En ese grupo estaban: Gino Germani, Risieri Frondizi, Juan Carlos Marín, Noé Jitrik y Guillermo Sablof (Noé, 2005).

  6. Gino Germani nació en Roma en 1911. Tras haber estado preso bajo el régimen de Mussolini se radicó en la Argentina a partir de 1934 donde estudió filosofía. A partir de 1955 se desempeñó como docente en la UBA, hasta que en 1957 es designado director de la Carrera de Sociología y del Instituto de Sociología. En 1966 tras el golpe de Estado deja el país para ser profesor en Harvard; en 1975 se traslada a Italia para trabajar en la Universidad de Nápoles y muere al poco tiempo en Roma, en 1979 (Germani, 2004).

  7. El movimiento estudiantil reformista apoyó la creación de la Carrera de Sociología. Afirma Juan Carlos Marín: “Germani nos explicaba el proyecto fundacional de Sociología, realmente nos entusiasmaba y nos seducía a todos. Era importante que hubiera figuras como Germani, y nuestros deseos iniciales era aprender sociología. En esa época había una enorme esperanza en que la sociología trajera nuevas respuestas” (Noé, 1990: 41).

  8. La ausencia de carácter científico en la sociología argentina tenía que ver “con el alto grado de politización, o de ideologización” que hasta entonces había sido dominante en ese campo (Sarlo, 2001: 113).

  9. Algunos de ellos eran: Francisco Ayala, Alberto Baldrich, Raúl Orgaz, Jordán Bruno Genta, Renato Treves, Miguel Figueroa Román (Blanco, 2004).

  10. Alfredo Poviña se había doctorado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba en 1930 con la tesis “Sociología de la revolución”. A partir de entonces publicó sus primeros escritos sobre sociología en medios locales y era un colaborador habitual de las publicaciones sociológicas más prestigiosas de la región, como la Revista Mexicana de Sociología y la brasileña Sociología. Desde 1930 en adelante fue profesor de sociología en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba, y entre 1936 y 1943 dirigió la Revista de la Universidad Nacional de Córdoba. En 1939 fue designado por concurso profesor adjunto de sociología en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y en 1948 accedió, también por concurso, a la titularidad de la cátedra de dicha Facultad (Blanco, 2005).

  11. Alas fue creada 1950, fue la primera organización regional a nivel mundial de la disciplina y Alfredo Poviña (en ese momento profesor titular de Sociología de la UBA) fue elegido su presidente (cargo que mantendría hasta 1964). En 1959 Alfredo Poviña fundó la Sociedad Argentina de Sociología (SAS), que llegó a reunir a todos los profesores de sociología de las universidades del interior. En 1960 Germani respondió con la creación de una nueva asociación, la Asociación Sociológica Argentina (ASA), y quedarían formalmente diferenciados los sociólogos “científicos” de los ensayistas (Blanco, 2005).

  12. Entre tales antecedentes, cabe mencionar la fundación del Instituto de Sociología de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA en 1940, en el que su director, Ricardo Levene, buscó federar la labor de los profesores de sociología en las distintas cátedras dispersas a lo largo del país. Sus trabajos de investigación aparecieron en el Boletín del Instituto de Sociología de la UBA, la primera revista “estrictamente” sociológica publicada en Argentina. Cuando, en 1940, Ricardo Levene inauguró el Instituto de Sociología en esa Facultad, Germani fue invitado a participar junto a varios estudiantes en esa experiencia de investigación. Levene y Germani compartían el diagnóstico sobre la necesidad de ofrecer desde la Universidad nuevos datos empíricos sobre la sociedad argentina (Pereyra, 2007). Germani se hizo cargo primero de una sección en el Boletín de Sociología, que publicaba información demográfica y censal. Luego, coordinó una investigación sobre consumo cultural de la clase media porteña. Más tarde, Levene lo nominó para formar parte de la Comisión Demográfica que asesoró la realización del Cuarto Censo Nacional. Toda esta actividad le permitió realizar sus primeros informes y publicaciones, acumulando una experiencia de investigación, análisis y lectura que sería muy importante para su futuro (Pereyra, 2005).

  13. Hacia mediados de los años sesenta, Gerardo Andújar señala que se les exigía a los estudiantes cumplir con horas de investigación, pero el Instituto de Sociología no estaba haciendo investigaciones nuevas por falta de financiamiento. El presupuesto universitario resultaba escaso y las investigaciones que se llevaron adelante en esta etapa se hicieron con fondos de fundaciones extranjeras (Agulla, 1966).

  14. Señala Blanco (2006a) que no es casual que el Instituto de Sociología contara con una colección que se llamara Datos, donde se publicaba información producida en este Instituto.

  15. Germani organiza un sistema de traducciones de diversos autores contando con la colaboración de alumnos y graduados. Hace conocer a autores como Max Weber, casi desconocidos en Argentina, pero también en Estados Unidos (Izaguirre, 2010).

  16. El peronismo planteaba un problema fundamental en aquel entonces: “¿qué hacer con las masas?” y “¿cómo integrarlas al sistema político?” (Altamirano, 2001). “Si la sobrevivencia del peronismo afectaba las relaciones del conjunto del campo político, en la naciente sociología se va a convertir en un objeto central de discusión y de divisiones de grupos y estilos de trabajo y hasta (para perspectivas nada marginales) en una especie de espacio epistemológico privilegiado” (Rubinich, 1999: 1-2). En el marco de estas preocupaciones, Germani elaboró una interpretación del peronismo que escapaba a las definiciones comunes de aquella época, las cuales identificaban esta corriente con los regímenes totalitarios; más bien él se propuso distinguir ambos fenómenos políticos. En ambos casos se trataba de regímenes políticos que tuvieron un amplio apoyo de las masas, pero mientras en el fascismo el grueso de este apoyo provendría de las clases medias, en el peronismo la base del sustento político serían las clases trabajadoras urbanas y rurales (Germani, 1956b, 1962). En Argentina el proceso de industrialización y la urbanización masiva habrían dejado como “masa en disponibilidad” a la clase trabajadora. Esta clase, “carecía de experiencia sindical” y no se hallaba integrada en los partidos políticos tradicionales, le había dado su apoyo político a un líder “autoritario” como Perón. Sin embargo, más allá de los componentes autoritarios, Germani reconocía el carácter socialmente progresivo del peronismo en tanto “democracia sustantiva” (Blanco, 2006b).

  17. El Departamento de Sociología obtuvo 210.000 dólares de la FF para “expansión de la enseñanza e investigación”. El subsidio fue ejecutado durante 4 años- desde 1961 hasta 1965- y se utilizó para contratar profesores extranjeros (100.000 dólares), becas y perfeccionamiento en el exterior (55.000), biblioteca (30.000) y equipos materiales (15.000). En cuanto a la Fundación Rockefeller, el subsidio fue de 35.000 dólares. Estos datos son proporcionados por Gil (2011: 130-131).

  18. Tal como lo destaca Juan Carlos Marín, militante socialista, estas críticas provenían principalmente de los estudiantes comunistas liderados por Juan Carlos Torre y Mora y Araujo. “Las críticas de Torre y Mora y Araujo, eran críticas atendibles, no eran críticas ideológicas, mal intencionadas. ¿Cuáles eran las críticas? que los subsidios deformaban a la Sociología, y también una crítica a la administración del Departamento de Sociología” relata Juan Carlos Marín (citado en Noé, 1990: 23).

  19. Este partido fue cercano al pensamiento del “Che” Guevara y a John William Cooke, al sostener una tendencia socialista revolucionaria, pro peronista y cubana. Estas rupturas fueron provocadas -entre otras cuestiones- por los distintos posicionamientos en torno la reinterpretación del peronismo, el intento de depurar “el gorilismo” de estos partidos y el acercamiento con los trabajadores y los sectores populares (Tortti, 2009, 2014). Juan Carlos Marín recuerda las repercusiones que esto trajo aparejado en la relación con Germani y el resto de los profesores. “¿Qué pasa en el momento en que se rompe el frente de los socialistas? Prácticamente, los profesores quedan de un lado, y los estudiantes de otro […]” (Noé, 1990).

  20. Graciarena se encontraba en Londres y no entiendía lo que estaba pasando, pero inmediatamente a su regreso se alineó con Romero y Germani.

  21. Atilio Borón (2010) sostendrá que la crítica al estructural-funcionalismo brotaba por todos lados y a la obra de Charles Wright Mills -especialmente su libro La imaginación sociológica se le sumaba una creciente intelectualidad radicalizada de América Latina en donde sobresalían los nombres de Pablo González Casanova, Florestán Fernándes y su discípulo Fernando Henrique Cardoso, Aníbal Quijano, Octavio Ianni y Edelberto Torres Rivas.

  22. Al respecto, Portantiero sostiene que la literatura marxista entra en sociología después de 1966, y que mientras Germani fue director de la carrera no hubo introducción de autores y temas marxistas (Tortti y Chama, 2006).

  23. Germani fue capaz de aplaudir a Wright Mills y ser reconocido entre los jóvenes que llevaban a cabo la revuelta antiparsoniana, especialmente a través de Irving Horowitz (Germani, 2004).

  24. “Más a la vez no debemos olvidar aquellos elementos de la tradición intelectual latinoamericana que sin duda nos colocan en una posición más favorable que la existente en el país del norte: así no cabe duda que el ‘pensamiento social’ de América Latina presenta más de un hermoso ejemplo de los que Mills llama análisis social clásico” (Germani, 1964a: 134).

  25. Horacio González recuerda este episodio: “Marcos Slajter -delegado estudiantil de la Carrera de Sociología- se le ocurrió que la metodología empirista no iba con la revolución y eso fue para mí muy importante”. Entrevista a Horacio González en Archivo Oral de Memoria Abierta, Buenos Aires, 2005-2006. Marcos Slajter estudiaba sociología e integró el Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), núcleo guerrillero instalado en Salta entre 1963 y 1964, encabezado por J. Masetti, promovido por Cuba y Ernesto Che Guevara.

  26. El ITDT recibió de la FF montos elevadísimos dirigidos a la organización de los centros de economía y ciencias sociales. A partir de ello, el ITDT pudo desarrollar una gran variedad de investigaciones en esas áreas (Gil, 2011). Este Instituto fue concebido como una “institución paraguas”, que pudiera mantenerse independiente de los factores políticos en la Universidad y los cambios de gobierno. Al respecto, sostiene Oteiza (1997) que el ITDT seguía el modelo de las fundaciones filantrópicas norteamericanas, asumiendo el compromiso por la modernización cultural.

  27. Según consta en la Revista Latinoamericana de Sociología, en junio de 1965 se registraban diversas investigaciones en marcha desde 1964 entre las cuales se destacan: Miguel Murmis, “El proceso de cambio en el volumen y formas de participación política de la clase obrera: el caso de la clase obrera de Buenos Aires en los comienzos del peronismo”; Silvia Sigal, “Estudio de comunidades, una tipología sociológica para el análisis del cambio”; Ruth Sautu, “Estratificación social y desarrollo económico en la Argentina”; Torcuato di Tella, “Estratificación social en América Latina de acuerdo con el censo de 1950” y otras.

  28. El Decreto-Ley suprimía el gobierno tripartito, disolvía los consejos superiores y obligaba a los rectores y decanos a transformarse en interventores del Ministerio de Educación. Los rectores de las universidades nacionales de Cuyo, del nordeste y del sur aceptaron transformarse en interventores, mientras los de Tucumán, Litoral, La Plata, Córdoba y Buenos Aires rechazaron la disposición. Véase Buchbinder (2005).

  29. Uno de los estudiantes de Sociología detenido ese día sería Horacio González.

  30. El Instituto de Sociología, en el que había quince proyectos de investigación en marcha, cerró sus puertas por casi un año. También se interrumpieron las actividades de los sociólogos en el Instituto de Sociología de la Universidad del Litoral y Tucumán. Véase Kratochwil (1969).

  31. Reunidos en Francia en el Congreso Internacional de Sociología enviaron un telegrama a Juan Carlos Onganía repudiando las “brutalidades cometidas contra profesores y estudiantes”. Agregan “queremos manifestar nuestra solidaridad con las exigencias de los profesores argentinos por el restablecimiento de la libertad académica, el autogobierno democrático de las universidades y su autonomía completa. Pedimos que se reintegre a sus puestos académicos a todos los profesores que han renunciado, sin ninguna clase de discriminación política, religiosa o ideológica. Finalmente pedimos a las actuales autoridades argentinas que restablezcan en las universidades las condiciones adecuadas para que los profesores renunciantes reanuden sus obligaciones académicas o científicas” (La Razón, 1966: 8).

  32. Doctor en Derecho y Licenciado en Ciencias Políticas. También poseía el Doctorado en Sociología por la Universidad norteamericana de Princeton. Se desempeñaba como docente en la Universidad Católica Argentina (UCA) en la carrera de Sociología en la cual dictaba “Teoría social comparada”.

  33. En sus estatutos se aclaraba que para ser miembro pleno del Cicso era necesario tener como mínimo dos investigaciones publicadas con fuerte sustento empírico y con aplicación del método marxista —esto lo diferenciaba de los otros centros existentes—. Al respecto, Juan Carlos Marín dirá que “un programa a lo Marx en el campo de la Sociología y de las Ciencias Sociales, era más que nada un desafío, que algo conocido y por implementar” (Noé, 1990: 29). Beba Balvé, una de las fundadoras de Cicso destaca que en aquel momento comienza a producirse un mayor interés por estudios vinculados a la clase obrera. “Un indicador de esto es que la mayor cantidad de estudios sobre sindicatos, clase obrera, luchas obreras, etc. fue producida en la década del ’60. Es en este marco y atmósfera de la doble década 1950-1960, que un grupo de investigadores decide fundar Cicso” (Cicso, 1995: 3).

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