El impacto del Nuevo Mundo en la invención de Utopía de Tomás Moro**

O impacto do Novo Mundo sobre a invenção da Utopia de Tomás Moro

The impact of the New World on the invention of Tomás Moro's Utopia

DOI: 10.30578/nomadas.n47a8

 

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Carolina Martínez**

Resumen

El artículo analiza el impacto de la noción de Nuevo Mundo en la escritura de Utopía de Tomás Moro hacia 1516. En este sentido, evalúa los alcances de las novedades americanas y asiáticas y sus canales de circulación en la elaboración de un discurso cosmográfico verosímil, tal como se evidencia en el tratado de Moro. El texto propone que la creación de un espacio utópico virtual se fundó (en términos geográficos y políticos) en la ambigüedad generada por las tensiones entre el saber clásico y la experiencia transoceánica de la modernidad temprana.

Palabras clave: Utopía, Nuevo Mundo, Renacimiento, expansión ultramarina, saberes geográficos.

Resumo

O artigo analisa o impacto da noção do Novo Mundo na redação da Utopia de Tomás Moro em 1516. Nesse sentido, avalia o alcance das novidades americanas e asiáticas e seus canais de circulação na elaboração de um discurso cosmográfico credível, como evidenciado no tratado de Moro. O texto propõe que a criação de um espaço virtual utópico se baseou (em termos geográficos e políticos) na ambiguidade gerada pelas tensões entre o conhecimento clássico e a experiência transoceânica da modernidade precedente.

Palavras-chave: Utopia, Novo Mundo, Renascimento, expansão no exterior, conhecimento geográfico.

Abstract

The article studies the impact of the notion of the New World in the work of Utopia by Tomás Moro in 1516. Accordingly, the text evaluates the scope of American and Asian novelties and their communication channels in the creation of a credible cosmographic discourse, as evidenced in the Moro Treaty. The text proposes that the creation of a virtual utopian space was created (in geographical and political terms) in the ambiguity originated in the tensions between classical knowledge and the transoceanic experience of early modernity.

Key words: Utopia, New World, Renaissance, overseas expansion, geographical knowledge.

*El tema propuesto en el presente artículo se origina en el análisis de los contextos de producción, circulación y recepción de relatos de viaje utópicos publicados en lengua francesa entre los siglos XVI y XVII. La investigación, titulada “Mundos perfectos y extraños en los confines del Orbis Terrarum”, fue realizada en el marco de una tesis doctoral (París 7-UBA) financiada por el Conicet (Argentina) entre el 2010 y el 2015.
** Investigadora asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) con sede en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y profesora de la carrera de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Doctora en Historia. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

Utopía y la imagen del mundo en 1516

El objetivo del presente artículo es indagar en torno a los elementos que Tomás Moro retomó del incipiente proceso europeo de expansión transoceánica en el momento de componer los dos libros que integrarían Utopía y cuyas primeras cuatro ediciones se realizaron entre 1516 y 1518 en las ciudades de Lovaina, París y Basilea (Prévost, 1979)1. Para ello son examinadas las complejas redes de circulación de las novedades ultramarinas al tiempo que son tomadas en cuenta sus recepciones en los principales centros intelectuales y comerciales del período. En otras palabras, el artículo busca privilegiar el contexto social y político de producción de saberes geográficos, así como sus espacios de circulación, analizando su presencia en la obra del humanista inglés2. El impacto del llamado Nuevo Mundo, así como la importancia de la isla como figura cartográfica capaz de proveer un conocimiento parcelado pero completo del orbe constituyen, en este sentido, algunas de las variables por tener en cuenta en el momento de repensar Utopía en su relación con el desarrollo teórico y práctico del saber cartográfico temprano-moderno3.

Una mirada exhaustiva a la producción historiográfica en torno a Utopía, al concepto y a sus derivaciones literarias evidencia la escasa atención que ha merecido el estudio de su vínculo con los saberes geográficos y la cartografía renacentista tal como aquí se propone4. Han primado, en cambio, análisis centrados en los aspectos político-filosóficos de una obra que, quinientos años después de su primera edición, sigue despertando el interés tanto de las ciencias sociales como de las humanidades cuando no del pensamiento político en su más pragmática expresión5.

La fascinación por la obra ha derivado en gran parte del complejo entramado de referencias literarias y políticas a las que alude un Moro que a la vez se distancia de éstas. Vale recordar, en este sentido, la controversia respecto del modelo empleado por el humanista inglés al concebir Utopía. Si para Quentin Skinner (1967) fueron la República y las Leyes de Platón las que inspiraron la organización política de la isla, para el historiador italiano Carlo Ginzburg (2002) no debe olvidarse el espíritu lúdico que recorre el texto. Es muy probable que el topos horaciano de lo utile dulce, señala Ginzburg, haya sido retomado por Moro del Relato verídico (s. II d. de C.) de Luciano de Samosata, autor con cuyas obras tanto Moro como Erasmo estaban familiarizados y a quien habían traducido6.

Sin embargo, es en el juego al que Moro invita a participar a su círculo humanista donde ha residido, tal vez, su principal atractivo. La ambigüedad, que desde el mismo título se brinda como una clave de lectura para comprender el sentido de la obra en su totalidad7, propició desde 1516 un espacio para la reflexión generado en el hiato abierto por el verosímil aller-retour de la ficción poética. En términos de Louis Marin:

[…] el creador de Utopía intenta por la práctica misma del lenguaje y de sus formas literarias, relato, descripción, discurso, otorgar a su producto el estatus de la ficción poética. No niega que su discurso tenga un referente real, tampoco lo afirma —eso sería mentir—. Es el verbo en sí mismo como poiesis, como práctica creadora que “suspendiendo” la cuestión de la referencia entre realidad e irrealidad, imaginario y existente, se instaura así en la realidad y en la existencia del poema. (Marin, 1989: 14)8

En otras palabras, tanto la descripción de los aspectos sociopolíticos de Utopía9 como la de sus elementos geográficos está determinada por la ambigüedad que supone un relato de viaje verosímil10. Esto es, una ficción que toma los elementos propios del género del relato de viaje para crear un espacio y una cartografía desprovistos de un correlato material, pues su único sustento es el texto impreso y el conjunto de paratextos que acompañaron las primeras cuatro ediciones11. Con la creación de un espacio textual, Moro genera entonces un espacio virtual.

• Éxtasis de San Francisco, 1290 | Giotto di Bondone

Ahora bien, interesa a los fines del presente artículo que ese espacio textual creado por el humanista inglés no es otro que un espacio cartográfico ficticio (Du Verger, 2010)12. En este sentido, es la escritura la que otorga una dimensión posible a Utopía, haciendo de la isla un paisaje verosímil. Dicha operación requirió, en principio, de una astuta lectura del contexto por parte de Moro, pues fue sólo a partir de la combinación de elementos propios de los avances en materia de descubrimientos geográficos junto con miradas novedosas sobre el espacio y la ecúmene que el humanista inglés pudo convertir el relato de Rafael Hitoldeo en un texto verosímil. De esta forma, no es causal el hecho de que Utopía haya sido concebida durante la estadía de Moro en Amberes, en el marco de un viaje diplomático a Flandes. Fue en esta ciudad que un floreciente mercado editorial puso a disposición del público lector las imágenes sobre un Nuevo Mundo articulado a partir de crónicas, cartografías y cartas diversas. Tanto Mundus Novus como la Lettera de Américo Vespucio habían conocido varias ediciones desde su publicación en 1503 y 1504, respectivamente. A su vez, el propio Vespucio pareciera haberse inspirado en relatos de viaje portugueses previos a su experiencia en el Nuevo Mundo. En cuanto a la disponibilidad de documentos cartográficos, desde principios del siglo XVI circulaban en Europa mapas de una futura Pars Quarta cuyos contornos cada vez más precisos reconfiguraban la imagen del mundo conocido por los antiguos. Al igual que sus contemporáneos, Moro convivió pues con una imagen del orbe terrestre en vías de transformación, modelada al calor de la experiencia de viaje y de los avances del saber técnico. Conviene preguntarse entonces cuáles fueron las nociones sobre el Nuevo Mundo disponibles en los principales centros intelectuales y comerciales europeos a comienzos del siglo XVI.

Recepción y circulación de las novedades americanas: ¿un corpus sobre el Nuevo Mundo?

Es tan cierto afirmar que “la exploración y el desarrollo de la cartografía fueron dos procesos estrechamente vinculados” (Lois, 2004: 6) cuanto reconocer la primacía de los reinos ibéricos en la organización de una empresa verdaderamente marítima entre fines del siglo XV y comienzos del XVI. La puesta en disponibilidad de los saberes producidos al calor de aquella experiencia, sin embargo, cupo a cartógrafos, matemáticos y grabadores, no siempre directamente involucrados en el viaje de exploración, sino en su divulgación en las principales plazas comerciales de Europa. De allí que en 1516 Moro confiera a su protagonista una identidad particular, Rafael Hitlodeo es un navegante portugués, y escoja un escenario específico como la ciudad de Amberes. Ambas coordenadas permitieron al humanista inglés construir una compleja red de referencias geográficas y cartográficas presente tanto en los libros primero y segundo de Utopía como en el conjunto de cartas y en el mapa que acompañaron a las primeras cuatro ediciones. Las referencias introducidas permitieron que la isla creada por Moro fuese ficticia pero posible. En efecto, más allá de que la “ubicación exacta” de Utopía sea desconocida (Moro, 2014 [1516])13, pareciera existir cierto consenso expresado en los paratextos de que la isla se encuentra en alguna parte del Nuevo Mundo. En lo que atañe a las referencias geográficas explícitas mencionadas en el libro, se destacan: la procedencia de su protagonista, la alusión a la figura de Américo Vespucio y sus cuatro viajes al Nuevo Mundo, el viaje por mar y tierra realizado por Hitlodeo desde América hasta su regreso a Europa y la ya mencionada ubicación del relato en la ciudad de Amberes.

La procedencia de su protagonista: Rafael Hitlodeo, un navegante portugués

En 1415 la ocupación de Ceuta por Enrique el Navegante abrió a los portugueses las puertas al comercio y a la exploración marítima costera de África, habilitando así su posterior llegada a Asia (Parry, 1952). En efecto, en el transcurso del siglo XV la toma de posesión de las islas de Madeira (1419), Azores (1432), Cabo Verde (1456) y Santo Tomé (1470), a lo largo de la costa occidental africana, allanó el primer viaje de circunnavegación de aquel continente, realizado por Vasco da Gama entre 1497 y 1498. Aquella ampliación del conocimiento del mundo a partir de la multiplicación de islas descubiertas continuaría con el más novel auspicio de España, hasta tiempos de Moro, pues si los portugueses habían dominado la ruta oriental de la especiería, la monarquía española llegaría poco después a las Antillas y Bahamas. Por su parte, Caboto y Cartier alcanzarían Terranova y, hasta comienzos del siglo XVI, los recientemente descubiertos territorios de Perú y Brasil, así como California e incluso América, se incluyeron como islas en los atlas insulares o islarios del período (Lestringant, 2006).

Cabe preguntarse qué de toda esta información y de qué forma pudo haber llegado a oídos de Moro. A diferencia del conocimiento que hoy en día existe respecto de las lecturas y los textos impresos a disposición de viajeros como Colón (Lois, 2004), en el caso de Moro es poco lo que se sabe respecto del acceso que el futuro canciller de Inglaterra pudo haber tenido a obras constitutivas de lo que podría denominarse un corpus sobre el Nuevo Mundo14. Es posible afirmar, sin embargo, que la llegada de mapas impresos a Inglaterra sufrió un acentuado incremento a comienzos del siglo XVI. Esta avidez por nuevos formatos cartográficos y mapas “refrendados” de antiguos clásicos convivió a su vez con los intereses de quienes ya estaban familiarizados con la Geographia de Claudio Ptolomeo (en sus primeras traducciones del siglo XV), así como con los mapamundis y portulanos existentes (Barber, 2007). En su condición de humanista, señala Peter Barber, es posible que Moro haya estado familiarizado con las últimas tendencias en lo que se refiere a la práctica cartográfica, pues “su amplio círculo de corresponsales europeos incluía a eruditos tales como Willibald Prickheimer quienes estaban activamente involucrados en la creación de ‘nuevos’ mapas ptolemaicos y atlas” (Barber, 2007: 1597).

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Por otra parte, su condición de agente de los mercaderes de Londres y vice-sheriff de aquella ciudad lo ubicaron en el epicentro de la actividad marítima y comercial, al viajar en representación de sus intereses (y de los del Rey de Inglaterra) a Flandes para reunirse con la comitiva de Carlos I y pasar parte de su estadía final en la ciudad de Amberes (Houtte, 1961). En el “Libro Primero” de Utopía, la figura de Moro-personaje es presentada, por intermedio de su amigo Pierre Giles (secretario general del tesoro de la ciudad de Amberes desde 1510), al navegante portugués Rafael Hitlodeo. Rafael, cuya “navegación no fue como la de Palinuro, sino como la de Ulises, o mejor, como la de Platón”15, en palabras de Giles, “legó el patrimonio que le correspondía a sus hermanos y, ansioso por ver el mundo, se unió a su amigo Américo Vespucio, al que acompañó en los últimos tres o cuatro viajes que ahora son materia universal de lectura […]” (Moro, 2014 [1516]: 29). De tal forma, Hitlodeo, quien llega a la isla de Utopía y relata las costumbres de sus habitantes, representa doblemente el campo de la experiencia pues, en sentido amplio, encarna la práctica del ver y hacer ver el mundo16. En el Renacimiento esto implicó dar plena cuenta de su diversidad. En sentido estrecho, Hitlodeo representa a su vez la avanzada portuguesa en sus navegaciones mundiales y, en especial, en su búsqueda de un acceso a las Indias Orientales.

En 1516 el pasaje marítimo del gran Mar Océano a Oriente por América meridional no había sido aún navegado por la expedición de Magallanes, por lo que tanto Moro como sus contemporáneos tenían una visión aún circunscripta de las posibles formas de acceder por mar a Oriente (es decir, al no conocerse la existencia de un pasaje interoceánico de Este a Oeste por el Gran Mar del Sur, toda navegación a las Indias Orientales debía necesariamente hacerse de Oeste a Este). Efectivamente, tal como la describe Moro, la ruta seguida por Hitlodeo desde Europa hasta su llegada a Utopía y su posterior partida no sólo dan cuenta de ello, sino que se asemejan al recorrido realizado por Pedro Álvares Cabral en su viaje a Oriente y recalada en Terra Brasilis de 1500 (Lestringant, 2006).

Por último, es la pericia del protagonista de origen portugués la que garantiza la narración del relato y, una vez más, hace de Utopía una historia verosímil (Racault, 2003). Moro sabe del uso frecuente que los navegantes portugueses dieron a los portulanos, así como de sus habilidades en el manejo de instrumentos de medición para navegaciones de larga y media distancia (Lois, 2004), conocimiento del que el propio Hitlodeo se jacta al describir sus derroteros en los mares de las zonas templadas. En efecto, al narrar las experiencias del portugués entre los navegantes de Oriente, Moro-personaje dice: “Los marineros eran diestros en su conocimiento de los mares y del clima. Pero nos contó que se ganó su favor extraordinario al mostrarles el uso de la aguja magnética, de la que eran ignorantes, al punto de que no se aventuraban sin recelo en los mares más allá de los meses de verano” (Moro, 2014 [1516]: 31).

Utopía en el contexto de las cuatro navegaciones de Américo Vespucio

La única referencia explícita a una experiencia de viaje contemporánea en Utopía es la mención a la figura del navegante florentino Américo Vespucio, a sus 4 viajes ultramarinos (probablemente realizados entre 1497 y 1504) y a los relatos de viaje que, producto de aquellos, se publicaron en Europa poco tiempo después. Moro es hábil en escoger una figura y un texto de referencia ineludible para la época que, tal como ha sido señalado en el apartado precedente, es considerado “materia universal de lectura” más allá de su credibilidad, puesta en duda por sus contemporáneos. De los 4 viajes realizados por Vespucio a América entre finales del siglo XV y comienzos del XVI, fueron 3 las publicaciones que, a partir de las cartas escritas por el florentino, alcanzaron más éxito editorial. Mundus Novus, la Lettera y las Quatuor Navigationes, publicadas por primera vez entre 1503 y 1507, recorrieron Europa en múltiples ediciones, traducciones y formatos durante las primeras décadas del siglo XVI. En el caso de Mundus Novus, carta escrita por Vespucio a Lorenzo Pier Francesco de Médici en 1502, ésta había sido traducida del italiano al latín en 1503 y publicada en París ese mismo año. Las ediciones crecerían exponencialmente en los años siguientes. Se cuenta entre 1503 y 1506 la impresión de 12 ediciones latinas en 9 ciudades y entre 1505 y 1508, 12 ediciones en alemán realizadas en 7 ciudades germanas. Asimismo, Amberes produjo una edición en holandés y en inglés, y en Praga se hizo una edición en checo. La obra también fue editada en italiano en 1507 y en francés en 1510 y 1515 (Levillier, 1966).

A su vez, los escritos de Vespucio fueron retomados por el cosmógrafo de Saint-Dié, Martin Waldseemüller, en su Cosmographia introductio de 1507. En dicha obra, Waldseemüller había incluido las Quatuor navigationes del florentino, que narraban sus acercamientos a las costas de América (tal como Waldseemüller llamara a aquella región del mundo). Al narrar el último de sus cuatro viajes, aunque en realidad eran las peripecias del tercer viaje las que describía, el propio Vespucio señalaba haber dejado en las costas al sur de la bahía de Todos los Santos un fuerte con veinticuatro hombres:

Después de navegar 260 leguas, entramos a un puerto donde decidimos construir un puesto de avanzada. […] Dejamos en el fuerte a los veinticuatro cristianos, dándoles doce armas y suministrándoles provisiones para seis meses. Durante nuestra estadía nos habíamos hecho amigos de las tribus de aquel país, sobre las cuales hemos mencionado aquí muy poco, a pesar de que vimos un gran número de ellas y teníamos trato frecuente con las mismas […]. Ese país está ocho grados al sur del Ecuador y treinta y cinco grados al oeste del meridiano de Lisboa, según nuestros instrumentos. (Herbermann, 1907: 149-50)

En la opinión de Jean du Verger, es probable que Moro haya leído la obra de Waldseemüller, puesto que ésta tuvo “una considerable influencia en su época” (Du Verger, 2010: 15). Además de las cuatro ediciones realizadas en 1507, la obra volvería a ser reeditada en los años siguientes. Waldseemüller había sido, además, el encargado de editar la Geographia de Ptolomeo en 1513, obra en la que no sólo reproducía el conocimiento legado por el geógrafo alejandrino, sino que también incluía mapas de los descubrimientos más recientes (Lestringant, 2002).

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Al margen del impacto editorial que Du Verger atribuye a la obra de Waldseemüller, es posible que Moro no estuviera en realidad familiarizado con ésta y haya accedido en cambio la edición en latín de los Paesi novamente retrovati et novo mondo da Alberico VesputioFlorentino intitulato (1507) de Fracanzio de Montalboddo, que incluía el relato de Vespucio entre otras crónicas de viaje. En efecto, si bien Moro convierte a Hitlodeo en uno de los veinticuatro hombres dejados por Vespucio al final de su tercer viaje, no queda del todo claro a cuál de todas las cartas del florentino se refiere en el momento de citar su obra. En palabras del humanista:

[…] ansioso por ver el mundo, se unió a su amigo Américo Vespucio, al que acompañó en los últimos tres o cuatro viajes que ahora son materia universal de lectura, aunque en el viaje final no regresó con él. Insistió y hasta importunó con Américo para conseguir el permiso de ser uno de los veinticuatro que se quedaron en el fuerte, en el punto más alejado del último viaje. (Moro, 2014 [1516]: 29)

A partir de ese momento, que coincide perfectamente con el relato de Vespucio, Moro agrega:

[…] cuando, tras la partida de Vespucio, se aventuró con cinco compañeros del fuerte a través de cinco países, llegó por casualidad hasta Ceilán, desde donde luego alcanzó Calcuta. Allí se encontró, convenientemente, con algunas naves portuguesas, y finalmente regresó a casa, superando todas las previsiones. (Moro, 2014 [1516]: 30)

Las aventuras que, según Moro, Hitlodeo vive tras la partida de Vespucio, son semejantes a las que el propio florentino ha narrado en sus Cuatro navegaciones, pues la descripción detallada de la estancia de Hitlodeo en aquellas tierras revela que:

[…] después de la partida de Vespucio, él y los amigos que habían quedado en el fuerte comenzaron poco a poco a tener encuentros y acuerdos que los congraciaron con los nativos, hasta que no sólo no hubo peligro de parte ellos sino que, inclusive, ganaron el favor y la admiración de un jefe (cuyo nombre y procedencia he olvidado). […] Después de muchos días de viaje, dijo, encontraron pueblos, ciudades y repúblicas populosas con instituciones excelentes. (Moro, 2014 [1516]: 30)

Ahora bien, de tomarse en cuenta el recorrido que Hitlodeo realiza desde Europa hacia América y desde allí hasta Oriente, es posible pensar que Moro pudo haberse inspirado de otros textos e imágenes disponibles en el momento de idear su obra. Si a ello se agrega el hecho de que en ningún momento se hace una referencia explícita a América, aunque sí al Nuevo Mundo, resulta aún más convincente suponer que Moro conocía y había leído sobre los viajes de Vespucio pero no necesariamente había accedido a la Cosmographia introductio de Waldseemüller, única obra en su tiempo en la que esta tierra fue llamada América. Nuevamente, pareciera ser la experiencia portuguesa en las Indias Orientales la que se insinúa en el viaje a Utopía.

El regreso de Hitlodeo: primacía portuguesa en las Indias Orientales

Tal como ha señalado Frank Lestringant, es probable que, además de las Cuatro navegaciones de Vespucio, Moro haya leído el Itinerarium portugallensium, compilación impresa en Milán en 1508 que contenía, entre otros, los relatos de viaje de Ca’da Mosto, Vasco da Gama y Pedro Alvares Cabral (Lestringant, 2006). Fue señalado en el primer apartado de esta sección cómo Hitlodeo narra el inicio de su viaje a partir del final del tercer viaje de Vespucio. La descripción que realiza de sus aventuras tras dejar el fuerte construido se asemeja a aquella de Cabral en su recorrido por Guinea, Brasil, África oriental e India. El Itinerarium17 era en realidad la traducción al latín de la compilación de viajes que el veneciano Francanzio de Montalboddo había realizado un año antes bajo el título de Paesi novamente retrovati, et novo mondo da Alberico Vesputio Florentino intitolata. A diferencia de la presentación de conjunto realizada por Montalboddo en 1507, el cambio de título de la obra hacía foco en los viajes portugueses a las Indias Orientales pero casualmente incluía, además de los viajes de Vasco da Gama (1498), Cabral (1500) y los tres viajes de Colón “in occidentem”, el ya mencionado tercer viaje de Vespucio a Occidente, realizado entre 1501 y 1502.

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La mención que Moro hace de Ceilán y el regreso de Hitlodeo desde Calcuta, además del ya mencionado recorrido Europa-Occidente-Oriente (a través del Mar Océano), pareciera refrendar la suposición de que las fuentes que habían llegado a manos del humanista inglés orientaron su mirada a las Indias Orientales y en menor medida a Occidente. Por otra parte, es nuevamente la corona portuguesa la que muestra su supremacía en la navegación por mares lejanos, aspecto que refrenda una vez más el carácter verosímil de la obra: “Allí se encontró, convenientemente, con algunas naves portuguesas, y finalmente regresó a casa, superando todas las previsiones” (Moro 2014 [1516]: 30), relata Moro al describir el regreso de Hitlodeo a Europa. El dominio portugués de los mares se refrendaba, a su vez, en su dominio de la cartografía. Tal como ha señalado Vitorino Magalhães Godinho (1991), fue su arte en la navegación el que permitió plasmar en un mapa por primera vez la totalidad del continente africano, la India y una aún incompleta costa brasileña.

Es difícil saber, sin embargo, cuál de todos los documentos cartográficos disponibles pudo haber sido visto por Moro. Noticias de la existencia del globo terráqueo de Martin Behaim (1492), del planisferio del cartógrafo flamenco Johann Ruysch (1508), de la Cosmographieae introductio (1507) de Martin Waldseemüller y de su reedición en 1513 de la Geographia de Ptolomeo bien pudieron haber llegado a sus oídos. En cuanto a las nuevas tierras descubiertas, más allá de que el término América no sea mencionado directamente, es la noción de Nuevo Mundo la que aparece en el primer libro de Utopía así como en las cartas incluidas como paratextos. En mayor o menor grado, una renovada representación del orbe terrestre plasmada en mapas y cosmografías pareciera haber incidido en el pensamiento del humanista inglés.

•  Cruzando el Styx, 1861 | Gustave Doré

Amberes, epicentro del comercio y de la vida intelectual a principios del siglo XVI

En cuanto a la elección de Amberes, la mencionada primacía de esta ciudad frente a otros centros comerciales europeos se gestó, en realidad, en tiempos del propio Moro. De acuerdo con Jonathan Israel, fue recién hacia a mediados del siglo XVI que el patrón comercial de tipo regional (en donde prevalecían las ciudades de Génova, Venecia, los centros comerciales al sur de la actual Alemania, Lübeck, Londres y Amberes) fue sustituido por la preeminencia de Amberes como centro comercial de carácter internacional. Ésta se sustentó a su vez en la producción industrial de Flandes y el poder marítimo mercantil de Holanda y Zelanda (Israel, 1991). A principios del siglo XVI, entonces, Amberes comenzó a perfilarse como el “depósito de todas las mercancías del mundo y centro de distribución” (Israel, 1991: 5).

Además de ser el epicentro del comercio internacional, Amberes fue también un centro intelectual, con impresores ávidos de noticias de ultramar bien dispuestos a hacerlas circular en diversos formatos y ediciones. De todas las publicaciones realizadas en la ciudad en este período, resulta de interés destacar la novena edición en latín de Mundus novus de Américo Vespucio. Publicada en 1504, ésta demostraba el interés de los comerciantes de Flandes por los viajes que pudiesen contribuir al comercio de especias pero también la avidez de los impresores de aquella región por satisfacer el interés de un creciente público lector. No es extraño, entonces, que la tercera carta de Vespucio haya sido editada en Amberes, ciudad cuyos comerciantes e industriales financiaban las expediciones de Don Manuel, rey de Portugal, para controlar luego la venta de “especias, esencias […] y las maderas finas tintóreas traídas de la [India] Occidental. Si en alguna ciudad norteña podía interesar el alto viaje a las tierras australes del nuevo mundo, era precisamente en Amberes” (Levillier, 1966: 101). Sin duda, la presentación de Hitlodeo como uno de los veinticuatro hombres que supuestamente habían acompañado a Vespucio en sus viajes por el Atlántico sur se amparaba en el interés de los mercaderes de Amberes por las cartas de este último. El encuentro entre el navegante utópico y el humanista en esta última ciudad completaba la construcción de un paisaje textual verosímil18. En efecto, es la elección de Amberes la que permite a Moro ubicar los orígenes del relato en un eje de coordenadas posibles. Asimismo, la prevalencia de esta ciudad en el contexto de producción de la obra evidencia su importancia geopolítica en la producción y circulación concreta de saberes geográficos.

Saberes geográficos renacentistas en la confección de Utopía

Ha sido señalado hasta aquí cómo Moro construyó una compleja red de referencias geográficas y cartográficas con el objetivo de crear un texto verosímil en términos históricos (Du Verger, 2010). Estas estrategias narrativas se complementaron, a su vez, con el uso que el humanista inglés hizo de una serie de nociones y elementos propios del pensamiento geográfico renacentista. En efecto, además de evocar una serie de imágenes y personajes vinculados al Nuevo Mundo, Moro recurrió a un conjunto de conceptos propios de la geografía renacentista que, a la luz del avance interoceánico europeo, debió revisar ciertos postulados heredados de la Antigüedad clásica. En relación con lo dicho, Utopía podría comprenderse entonces como un ejercicio de reflexión donde la noción de isla, de mundo fragmentado y de Nuevo Mundo, así como el encuentro con otras culturas, la teoría de las zonas climáticas, la importancia del testigo ocular o la puesta a prueba del saber clásico permitieron al humanista inglés articular un discurso geográfico verosímil en consonancia con el orden político propuesto.

En su caracterización de lo que podría llamarse una geografía propia del Renacimiento, Jean-Marc Besse ha señalado que más que tratarse de un conjunto de mapas y cartas, fue ésta también “un depósito de saberes, un discurso” (Besse, 2003: 8). En la misma línea, Frank Lestringant ha resaltado con aún más énfasis la importancia que la experiencia en un espacio dado adquirió como eje ordenador del relato en este período (Lestringant, 2002). Ahora bien, el pensamiento geográfico en el Renacimiento no estuvo libre de los conflictos que atravesaron otras disciplinas en el mismo período. Estos fueron producto de la superposición (muchas veces contradictoria) entre nociones heredadas de la Antigüedad clásica y los nuevos saberes adquiridos a partir de los viajes de exploración y descubrimiento.

A diferencia de lo sucedido en otras especialidades, sin embargo, la geografía del siglo XVI logró convertirse en un espacio propicio para combinar aquello que ya se sabía con las perspectivas abiertas por la navegación en un mundo ampliado. Esto se debió en gran medida a los elementos propios de la disciplina, en sí mismos recuperados del saber clásico a finales del siglo XV. La traducción de la Geographia (II d. de C.) de Ptlomeo, por ejemplo, permitió concebir un mundo ordenado a partir de un eje de coordenadas y no ya en función de una jerarquización simbólica. Efectivamente, la grilla ptolemaica, que a partir de un conjunto de coordenadas permitió disponer en un único plano cualquier punto del orbe terrestre, proporcionó la teoría para extender los límites del mundo conocido en mapas precisos. De allí que las ediciones temprano-modernas de la obra hayan sido reconocidas como “el esfuerzo más serio que pudo haberse hecho para englobar los descubrimientos antiguos y modernos en una única descripción verbal y visual” o “el más exitoso de todos los modelos antiguos para lidiar con la cantidad de nuevos datos sobre Occidente” (Grafton, 1995: 54). Si toda región del globo recientemente descubierta podía ser situada con precisión (Magalhães, 1991), la isla de Utopía también podía ser (al menos teóricamente) ubicable.

• Ilustración por Rubens para el "Opticorum libri sex philosophis juxta ac mathematicis utiles

En el caso de Utopía, la carta de Pierre Giles a Gerónimo Busleyden incluida como paratexto en las primeras cuatro ediciones explicita, por un lado, el hiato abierto por la avanzada europea en ultramar respecto de las explicaciones cosmográficas heredadas, pero al mismo tiempo lo justifica. En ésta, Gilles pone en evidencia el conocimiento incompleto de los antiguos en materia de islas, pues frente a la obligación de describir la ubicación exacta de Utopía, señala:

Es verdad, por supuesto, que el nombre de la isla no se encuentra en las cartas de los cosmógrafos, pero el mismo Hitlodeo tenía una respuesta elegante para ello. Decía que, o bien el nombre que le habían asignado los antiguos a la isla fue cambiado más tarde, o bien nadie la había descubierto. En nuestros días se descubren toda clase de tierras que los viejos geógrafos nunca mencionaron. (Moro, 2014 [1516]: 19)

Se presentan aquí dos fenómenos propios del período. Por un lado, la superposición de nombres para una única isla, muchas veces representada más de una vez en un mismo mapa o carta náutica debido a la dificultad de precisar longitudes. Por el otro, se hace patente el reciente descubrimiento de tierras anteriormente desconocidas, consecuencia de la ampliación del área geográfica navegable por las potencias oceánicas europeas. Este último punto es refrendado por la carta de Guillermo Budé a Tomás Lupset de Inglaterra. Budé, quien participa activamente del trompe l’oeil pergeñado por Moro, “se interesa” por la ubicación de la isla de Utopía que, según le explica a Lupset, se encuentra por “fuera de los límites del mundo conocido”. En su carta, señala:

De hecho, he descubierto, después de investigar el asunto, que Utopía está situada fuera de los límites del mundo conocido. Tal vez sea una de las Islas de la Fortuna, cercana a los Campos Elíseos. Como señala el mismo Moro, Hitlodeo no ha dicho exactamente dónde se encuentra. (Moro, 2014 [1516]: 10)

El humanista francés reconoce la distancia existente entre el mundo conocido y el mundo por conocer, espacio descripto tanto en los relatos de viaje de navegantes contemporáneos como en la cartografía del período. A su vez, el hecho de que Budé mencione las Islas Afortunadas y los Campos Elíseos refrenda el carácter ficticio de Utopía, que es comparada a otros espacios imaginarios heredados de la Antigüedad clásica.

Ahora bien, tal como fue señalado, el impacto de la expansión transoceánica en la elaboración de una imagen moderna del mundo no implicó que el conocimiento de los clásicos fuera por ello descartado. Muy por el contrario, si algunas teorías fueron revisadas al calor de los nuevos descubrimientos, otras tales como la teoría de las zonas climáticas fueron reforzadas, perviviendo incluso hasta finales del siglo XVII y más adelante aún. Esta correlación de fuerzas entre unas y otras también se evidencia en Utopía, donde Moro abreva en algunos de los presupuestos por entonces más corrientes para crear un espacio geográfico imaginario pero verosímil en relación con el conocimiento disponible a principios del siglo XVI. La obra aparece entonces como interfaz, ubicándose en los intersticios de antiguos y nuevos saberes (Martínez, 2015).

En cuanto a la teoría de las zonas climáticas, la forma en la que Moro describe las distintas poblaciones que Hitlodeo encuentra en su viaje a Oriente da cuenta de la importancia atribuida a las condiciones del clima en la determinación del carácter de un pueblo. Según esta teoría, el calor se encontraba en los orígenes del salvajismo y la desorganización, mientras que el frío moderaba el carácter y orientaba al trabajo. Al igual que en el hemisferio norte, las zonas templadas en el hemisferio sur, donde pareciera encontrarse la isla de Utopía, eran propicias para la vida comunitaria, los gobiernos ordenados y el bienestar de los pueblos. A comienzos del “Libro Primero” Moro retoma la teoría vigente:

Es cosa segura que, por debajo del ecuador y a ambos lados de la línea hasta donde se extiende la órbita del sol, hay desiertos enormes, abrasados por un calor permanente. En todas direcciones abundan las regiones deprimentes y tenebrosas, sin cultivo ni atractivo natural, habitadas por bestias salvajes y por serpientes, o por hombres no menos salvajes y dañinos que las bestias. Pero si se avanza un poco más, el país comienza a adquirir gradualmente un aspecto más lozano, el clima se hace menos atroz, el suelo se cubre con una hierba verde y suave, y el carácter de las criaturas vivientes se vuelve menos salvaje. Se encuentra uno, finalmente, con pueblos, ciudades y aldeas que mantienen un tráfico continuo por mar y por tierra no solamente entre ellos, o con sus vecinos, sino también con países lejanos. (Moro, 2014 [1516]: 30-1)

De las nociones propias de la geografía del Renacimiento, cimentadas no ya en el saber antiguo sino en los más recientes descubrimientos, se destaca la importancia del islario o atlas de islas como forma de aprehender un espacio ampliado por la expansión ultramarina de los siglos XV y XVI. En este sentido, merecen particular atención tanto el islario como la isla, entendida tanto como un espacio físico como una noción geográfica. El segundo libro de Utopía comienza con la descripción de los orígenes de la isla para continuar con la disposición actual de sus ciudades y gentes:

Las crónicas antiguas afirman —y así lo confirma la visión sobre el propio terreno— que alguna vez la isla no estuvo totalmente rodeada por las aguas. Utopo […] que elevó a sus habitantes rústicos y rudos hasta el grado de perfección en civilidad y humanidad que hoy los hace superiores a casi todos los demás mortales, obtuvo una victoria apenas pisó la tierra. Y entonces ordenó una excavación de quince millas en el lado en que la península comunicaba con el continente, para que el mar la rodeara por completo. (Moro, 2014 [1516]: 70)

El hecho de que Utopía haya sido alguna vez parte de una masa continental, y se haya separado de ésta solamente por voluntad de su fundador, el rey Utopo, señala la elección deliberada, por parte de Moro, de este accidente geográfico. La invención de una isla como Utopía garantizaba, en principio, las condiciones de aislamiento y novedad necesarias para la descripción de una sociedad imaginaria pero verosímil, pues en un mundo ampliado por los viajes de exploración fue a través del descubrimiento de múltiples islas que pudieron establecerse rutas comerciales duraderas. Como consecuencia de la experiencia marítima, el conocimiento geográfico del mundo también se ordenó en islas, convirtiéndose el islario o libro de islas en la forma preferencial de organizar las nuevas informaciones de ultramar.

A fines del siglo XIV el notario florentino Domenico Silvestri publicó el primer islario moderno, que llevó por título De insulis et earum propietatibus (Lestringant, 2004). El interés por aquella “descripción del universo insular”, tal como Lestringant ha llamado a este dispositivo textual, continuaría con la publicación del Liber insularum archipelagi del padre florentino Cristóforo Buondelmonti a principios del siglo XV. El formato adoptado por esta última publicación cristalizaría en el género del islario, cuya vigencia se constata para los siguientes tres siglos (Lestringant, 2004). Esta novedosa forma de organizar un conocimiento aún fragmentario del mundo se consagraría con la publicación del Libro de tutte l’isole del mondo de Benedetto Bordone en 152819. Éxito que se corroboró algunas décadas después, cuando el cosmógrafo sevillano Alonso de Santa Cruz confeccionó el Islario general de todas las islas del mundo (c. 1560) para el monarca español Felipe II.

A su vez, en la medida en que fue “a través de las islas, elemento móvil y maleable, que el mundo cerrado de la Edad Media se abrió y renovó” (Lestringant, 2004: 116), la invención de la isla operó también como un espacio propicio para la experimentación. En efecto, las posibilidades de dar con nuevas formas de alteridad en tiempos de la expansión ultramarina europea incentivaron la especulación sobre el posible hallazgo de una sociedad tan perfecta como la imaginada por Moro. Si a comienzos del siglo XVI fueron descubiertas tierras “jamás descriptas por los Antiguos”, el encuentro de una sociedad de tipo utópica podía hallarse cuando menos en el horizonte de expectativa del hombre del Renacimiento.

En cuanto a la noción de Nuevo Mundo, debe señalarse, en principio, que en el período de los llamados grandes descubrimientos el concepto fue utilizado para denominar cualquier tierra recientemente descubierta de la que no se hubieran tenido noticias previamente. Esto incluía tanto a las Indias Occidentales como a las Orientales (Broc, 1986). América no fue entonces el único Nuevo Mundo. En el caso de Utopía, la noción es mencionada repetidas veces para hacer alusión a lo novedoso del “descubrimiento”. Guillaume Budé, por ejemplo, considera a Utopía una isla ubicada en el Nuevo Mundo. La asociación de ambos elementos se evidencia cuando, al hablar de Moro, sostiene: “[…] lo amo y lo respeto por lo que ha escrito acerca de esta isla del Nuevo Mundo, Utopía” (Moro, 2014 [1516]: 12). El binomio Utopía-Nuevo Mundo es refrendado nuevamente por Moro, quien en su carta a Pierre Giles vincula la isla directamente con el Nuevo Mundo:

Olvidamos preguntar, y él olvidó decir, en qué parte del Nuevo Mundo queda Utopía. Lamento que se haya omitido este asunto, y estaría dispuesto a pagar una suma considerable por la información, en parte porque me avergüenza bastante ignorar en qué mar se sitúa la isla de la que tanto hablo, y en parte porque hay muchos entre nosotros, y, en particular, un hombre devoto, teólogo de profesión, que arde en deseos extraordinarios de visitar Utopía. (Moro, 2014 [1516]: 23)

El hecho de que a principios del siglo XVI la noción de Nuevo Mundo no se circunscribiera únicamente a territorios americanos vuelve a poner el foco en la importancia de las Indias Orientales en el relato del humanista inglés. Romuald Lakowski ha enfatizado la influencia de estos territorios en el diseño de Utopía al señalar que “muy a menudo se olvida la existencia, de hecho, de al menos dos ‘Nuevos Mundos’ en el siglo XVI —no sólo América sino el África subsahariana y gran parte de Asia, que eran igualmente nuevos para los europeos en este período” (Lakowski, 1999: 3.1). Sin duda, las “nuevas geografías”, tal como las llama Carla Lois (2004) en su análisis de las exploraciones y conjeturas de Cristóbal Colón, potenciaron la imaginación de un interesado público lector, ávido de recibir noticias muchas veces promocionadas por los propios editores (y monarcas) con sugerentes títulos y grabados. Los relatos de viaje, así como la cartografía, son, en este sentido, de naturaleza política, pues, más allá de que proveyeran la descripción o ubicación de espacios y lugares físicos, su desarrollo también respondió a las intencionalidades de un orden sociocultural específico.

Por último, en lo que refiere a la impronta de los saberes geográficos temprano-modernos en la confección de Utopía, resta destacar la importancia del testigo ocular. Desde el comienzo de la obra, Moro resalta el hecho de que Rafael describe únicamente lo que ha visto con sus propios ojos, acaso la prueba más fehaciente de la veracidad del relato. Esto se refrenda en la carta de Giles a Busleyden, donde el secretario del tesoro enfatiza la validez del testimonio dado por Hitlodeo al señalar que éste

[…] no recurrió a grandes ornamentos expresivos para decir lo suyo; quedó perfectamente claro que no estaba repitiendo apenas lo que había escuchado de otros, sino que estaba describiendo exactamente lo que había visto de cerca, con sus propios ojos, y lo que durante mucho tiempo había experimentado en su propia persona. (Moro, 2014 [1516]: 17)

Giles vuelve a resaltar la importancia del testigo ocular, del histor que regresa para contar lo sucedido, cuando compara a Hitlodeo con otros navegantes: “[…] a su lado parece que Vespucio no hubiese visto nada”, o sentencia: “[…] siempre se describe mejor lo que se ha conocido que lo que sólo se sabe de oídas […]” (Moro, 2014 [1516]: 18).

La importancia de quien “ha visto con sus propios ojos” aparece en el relato como una de las “pruebas” más contundentes de la veracidad de lo narrado. La valorización del observador en el terreno respondía, en principio, a la necesidad de narrar el hallazgo de flora, fauna y poblaciones nunca antes descriptas en el marco de las navegaciones transoceánicas. Pero, tal como ha señalado Anthony Pagden, la autopsia era en realidad una antigua categoría de la retórica que consistía en “la apelación a la autoridad del testigo ocular, al entendimiento privilegiado que aquellos presentes en un acontecimiento podían tener sobre aquellos que sólo habían leído u oído sobre el mismo” (Pagden, 1993: 51). Resignificada a la luz del impacto que el Nuevo Mundo produjo en los criterios de verdad y métodos cognitivos hasta entonces privilegiados, la autopsia se presentó como un mecanismo para crear textos de autoridad sobre temas y lugares de los que nunca antes se había hablado (Pagden, 1993). En Utopía, el testimonio del testigo ocular se convierte en una estrategia narrativa que tanto Moro como sus colegas humanistas adoptan para conducir al lector al ambiguo terreno de lo verosímil. Vale recordar que además de ser un excelso navegante, Hitlodeo, como su nombre lo indica, también es aquel hábil en decir tonterías (figura 1).

Figura 1.
Importancia del testigo ocular en el grabado incluido en la edición de Johann Froben de noviembre de 1518

•Mapa de la isla de Utopía, grabado de Ambrosius Holbein correspondiente a la edición de 1518.
Fuente: www.britannica.com

Hacia una cartografía de Utopía: algunas reflexiones finales

En 1516, Utopía se presentó al lector humanista como un espacio virtual en el que se evidenciaban las tensiones entre el saber heredado de la Antigüedad clásica y el impacto de las novedades ultramarinas. La circulación de estas últimas no sólo resignificó categorías del saber geográfico tradicional, alterando o ampliando sus sentidos originales, también propició la reflexión frente a las posibilidades abiertas por un mundo ampliado. La circulación de conocimientos sobre el Nuevo Mundo revistió, en este sentido, un carácter político, pues el acto de traducir la experiencia transoceánica en un determinado saber sobre el mundo respondió a contextos de producción e intereses concretos.

Por todo ello, Utopía se encuentra profundamente anclada en un conjunto de saberes y experiencias novedosas que la inscriben en una esfera de producción, circulación y recepción determinada social, política y culturalmente. Lejos de ser comprendida como la obra inaugural del género, desde la historia cultural, emplazar Utopía en un contexto de producción y circulación signado por la renovación cartográfica y la disputa entre potencias marítimas ha permitido aproximarse a la obra como un primer ejercicio de reflexión, acaso tan político como la tradición en la que se inserta el texto, frente al impacto de una ecúmene ampliada por los viajes de descubrimiento.

Del conjunto de documentación sobre el Nuevo Mundo disponible en 1516, sin duda, los relatos de viaje y las imágenes cartográficas que circulaban en los principales centros comerciales y que comenzaron a ser editados y leídos con cada vez más interés, constituyen una fuente privilegiada de análisis. La lectura que Moro posiblemente hiciera de alguna de las ediciones de los viajes de Vespucio que por entonces circulaban, su acceso a mapas del período (haya sabido o no de aquel incluido en la Cosmographiae introductio de Martin Waldseemüller) o su conocimiento del Itinerarium portugalensium de Fracanzio de Montalboddo, cuyos rastros pueden percibirse en el itinerario de Hitlodeo, dan cuenta ciertamente del complejo entramado de lecturas y referencias a las que un humanista de principios del siglo XVI pudo haber accedido. A su vez, la utilización de una serie de teorías o nociones heredadas de la Antigüedad clásica (renovadas al calor de los recientes hallazgos en ultramar), o el surgimiento de nuevas formas de representar la imagen del mundo, permiten reconstruir, acaso “cartografiar”, los alcances políticos y literarios de una nueva forma de concebir la geografía propia del Renacimiento.

Notas

  1. La primera edición de Utopía se publicó en Lovaina en 1516. Al año siguiente, la obra se publicó en París. En marzo y noviembre de 1518 se publicaron en Basilea la tercera y cuarta edición, respectivamente. En este artículo se trabajará con el texto y el conjunto de paratextos presentes en la edición de Basilea de noviembre de 1518.

  2. La importancia del análisis contextual en lo que se refiere a la producción y circulación de saberes en la modernidad temprana ha sido destacada particularmente por Jacob (2014).

  3. Se sigue en este sentido la línea de investigación propuesta por Jean du Verger (2010).

  4. El trabajo de George Parks (1938) fue, tal vez, el primer (y por muchos años, único) estudio en acercarse a la obra de Moro desde una perspectiva geográfica.

  5. De las últimas producciones en torno al opúsculo de Moro se destacan aquellas de Macherey (2011); Abensour (2016), y Baczko, Porret y Rosset (dirs.) (2016). Por otra parte, dentro del conjunto de estudios clásicos sobre la elusiva obra del futuro canciller de Inglaterra sobresalen los trabajos de Cioranescu (1972), Marin (1973), Trousson (1999) y Racault (2003), por mencionar sólo algunos.

  6. Sobre la recepción de Luciano en el siglo XVI, véase Lauvergant-Gagnière (1988).

  7. Utopía es el lugar de la felicidad (eu-topía) pero también un no-lugar (u-topía).

  8. Todas las traducciones en el presente trabajo ha sido realizadas por la autora.

  9. Así la organización social de la isla, el régimen de trabajo, la duración de cada jornada, el reparto de tareas, la comunidad de bienes, etcétera.

  10. Se trata de la creación de un espacio textual carente de referencia empírica. Utopía es definida como un lugar que es a su vez un no-lugar (u-topos). Moro refrenda esto al utilizar topónimos que se invalidan en sí mismos (el río anhidro es el río sin agua, etcétera) o al describir corográficamente una ciudad inexistente.

  11. En el caso de la editio princeps de Thierry Martens hecha en Lovaina en 1516 y de la tercera edición, hecha en Basilea en 1518, el texto fue acompañado de un grabado que ilustraba la disposición de la isla.

  12. “El lector puede observar así cómo el espacio textual se metamorfosea poco a poco en un espacio geográfico, que toma la forma de un mapa sobre el cual se inscriben las etapas sucesivas del viaje de Hitlodeo” (Du Verger, 2010: 14).

  13. Señala Gilles: “En cuanto a las dificultades para ubicar la isla, Rafael no intentó en modo alguno omitir tal información, sino que apenas la mencionó de pasada, como dejando el tema para otra ocasión. Pero un lamentable accidente impidió que ambos pudiéramos entender lo que él nos dijo. En efecto, mientras Rafael estaba hablando sobre el particular […] un comensal tuvo un acceso de estornudos, causado, supongo, por un resfrío que se habrá pescado a bordo, e hizo tanto ruido que se me escaparon las pocas precisiones que nos brindara Hitlodeo” (Moro, 2014 [1516]: 19).

  14. Más allá de la alusión a los viajes de Vespucio que el mismo autor realiza en el “Libro Primero” de >Utopía.

  15. Moro busca la complicidad del lector humanista, quien sabe que la descripción de Hitlodeo (el hábil en decir tonterías) se asemeja más a las fabulaciones de Ulises o al pensamiento político de Platón que a las observaciones de cualquier viajero moderno sobre el Nuevo Mundo.

  16. Sobre la noción de experiencia en la modernidad temprana, véase Pagden (16993).

  17. La obra llevó por título: Itinerariu[m] Portugalle[n]siu[m] e Lusitania in India[m] [et] in de in occidentem [et] demum ad aquilonem. Fue publicada en Milán por Johannes Angelus Scinzenzeler en 1508.

  18. Moro-personaje narra su llegada a Amberes en el “Libro Primero”: “[…] apenas me lo permitieron mis obligaciones, me corrí hasta Amberes. Mientras permanecí allí, el mejor bienvenido entre mis visitantes fue Pedro Giles, natural de Amberes, hombre honorable de elevada posición […]” (Moro, 2014 [1516]: 28).

  19. En 1534 la obra fue reeditada bajo el título definitivo de Islario.

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