nomadas52-banner1

Spanish English Portuguese
  Versión PDF

 

Eva Giberti: trayectoria institucional, científica y cívica

Eva Giberti: trajetória institucional, científica e cívica

Eva Giberti: institutional, scientific and civic trajectory

Eva Giberti*
Vita Escardó**
Hernán Invernizzi***
Diana Maffia****
David Maldavsky*****


* Psicoanalista e investigadora argentina. Protagonista del presente artículo.

** Actriz, autora, psicodramatista especializada en drama terapia, coordinadora de grupos con orientación en jungiana. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

*** Periodista y funcionario de la Defensoría del Pueblo de Buenos Aires, profesor de dramaturgia y lenguaje audiovisual en centros públicos y privados. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

****Doctora en Filosofía, Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género, Universidad de Buenos Aires. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

*****Doctor en Filosofía y Letras (UBA). Director del Instituto de Altos Estudios en Psicología y Ciencias Sociales, la Maestría en Problemas y Patologías del Desvalimiento, el Doctorado en Psicología y la revista Subjetividad y procesos cognitivos, en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires. Colaboró en la edición de este escrito. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.


Resumen

Pese a la diversidad de perspectivas abordadas por los autores, este texto –que presenta la trayectoria institucional, científica y cívica de Eva Giberti– destaca sus hitos y facetas: su actividad académica, su trayectoria integrando diferentes responsabilidades, su labor como clínica, su participación cívica, sus aportes en los medios de comunicación (donde fue la pionera en la divulgación del psicoanálisis) y sus publicaciones (entre ellas, las dedicadas a la desmitificación de lo que se supone una familia). Los autores coinciden en una combinación de gratitud, cariño y respeto hacia esta mujer.

Palabras clave: Psicoanálisis, escuela para padres, derechos humanos, víctimas de violencia, mujeres, adopción y familia

Resumo

Apesar da diversidade de perspectivas abordadas pelos autores, este texto –que apresenta a trajetória institucional, científica e cívica de Eva Giberti– destaca suas dificuldades e facetas: sua atividade acadêmica, sua trajetória integrando diferentes responsabilidades, seu trabalho como clínica, sua participação cívica, suas contribuições nos meios de comunicação (onde foi a pioneira na divulgação da psicanálise) e suas publicações (entre elas, as dedicadas à desmitificação do que se supõe uma família). Os autores coincidem em uma combinação de gratidão, carinho e respeito para com esta mulher.

Palavras-chaves: psicanálise, escola para pais, direitos humanos, vítimas da violência, mulheres, adoção e família.

Abstract

In spite of the diversity of perspectives approached by the authors, this text –which presents the institutional, scientific, and civic trajectory of Eva Giberti– highlights her landmarks and facets: her academic activity, her trajectory integrating different responsibilities, her clinical labor, her civic participation, her contributions in the mass media (where she was the pioneer in the spreading of psychoanalysis), and her publications (among them, the ones about the demystification of what is supposed to be a family). The authors coincide in a combination of gratitude, fondness, and respect to this woman.

Key words: psychoanalysis, school of parents, human rights, victims of violence, women, adoption and family.


Yo misma

Eva Giberti1

 

Aceptar la distinción que este resumen biográfico significa, produce una singular vivencia de desconcierto benevolente: ¿por qué importaría dar a conocer qué hice y produje durante años, seleccionando y amputando porciones de un curriculum que reclamaría un grueso volumen, ya que habito este planeta desde 1929? Al mismo tiempo, la invitación me propone la alternativa de narrar segmentos de la historia de quienes durante décadas trabajamos en América Latina.

La consciencia de haber recorrido el Continente dictando cursos y asistiendo como relatora a congresos de la región, me obliga a reconocerme como un producto de lo que generó nuestra América. Educada por familia europea, recién cuando gané dos becas para estudiar en Francia (Centre Internationale de l´Enfance) y posteriormente otra proveniente de la OPS (desarrollada en instituciones y universidades de Bélgica e Italia), descubrí que soy americana del continente sur. Porque cuando me preguntaban acerca de pueblos de América no disponía de información suficiente. Apenas conocía algo de los mayas y los aztecas. En Europa –a los 24 años– descubrí la torsión identitaria que padecía.

Egresé de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires con el título de asistente social (trabajadora social). Luego obtuve el título como psicóloga en la misma Universidad. Empecé como docente y fui profesora adjunta de Clínica de Niños y Adolescentes. Para entonces ya había comenzado con éxito en el periodismo a través de Escuela para Padres. Esto sirvió para iniciar, en 1957, la divulgación del psicoanálisis en mi país, por los medios de comunicación.

Dos años antes de que se desatara el terrorismo de Estado en Argentina, Hernán, mi hijo, fue detenido como preso político; a partir de entonces abandoné los medios de comunicación y las universidades. Mantuve mi práctica profesional como psicoanalista hasta el advenimiento de la democracia en 1985, cuando retomé mi labor académica en la Universidad de Buenos Aires, con las especializaciones de Derecho de Familia y de Violencia Familiar (en esta última, la cátedra: Las culturas de la violencia); además, fui codirectora de la maestría en Ciencias de la Familia, en la Universidad Nacional de Gral. San Martín. En la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES) tengo la cátedra de Ética y Deontología Profesional y la destinada a Adopción, tema que también forma parte del Seminario a mi cargo en la Facultad de Derecho.

En cuanto a la producción editorial, escribí libros que fueron bien recibidos por la comunidad (Escuela para padres, tres volúmenes que alcanzaron 30 ediciones, y Adolescencia y educación Sexual, 16 ediciones) y por la cultura académica: La Adopción, Adopción y silencios, con S. Chavanneau; Tiempos de mujer, La mujer y la violencia invisible, con Ana Fernández; “Hijos del rock”, incluido en el libro Viviendo a toda que editó el DIUC –ahora IESCO– de la Universidad Central de Colombia; Madres excluidas (investigación que se ocupa de las mujeres que “entregan” sus hijos en adopción, acompañada por S. Chavanneau y Beatriz Taborda). Uno de los volúmenes más significativos de mi producción fue Incesto paterno filial.

Sensibilizada por consultas sobre nuevas técnicas reproductivas escribí Los hijos de la fertilización asistida, junto con G. Barros y C. Pachuk. En el año 2005 produje La familia a pesar de todo, y Vulnerabilidades y malos tratos contra niños y niñas en las organizaciones familiares en colaboración con J. Garaventa y S. Lamberti. Desde Escuela para Padres hasta ahora, la tarea de desmitificar la idealización de las organizaciones familiares fue una prioridad intelectual, así como la incorporación de las personas transgénero en la concreción de dichas organizaciones. Otros libros son: Hospitalismo (Escardó y Giberti, 1964); La mujer y la violencia invisible (Giberti y Fernández, 1989); Sexualidades de padres a hijos (Giberti, y Labruna de Andra, 1993); Incesto paterno-filial (Giberti, Lamberti y colabs. 1999); Nuevos enigmas en la adopción (Giberti y Vul (comps.), 1999); Adolescencia y educación sexual (Giberti, 1968); Mujeres carceleras: un grupo en las fronteras del poder (Giberti, 1984); Adoptar hoy (Giberti, 1994a); Políticas y niñez (Giberti, 1994b) y Adopción para padres (Giberti, 2001b).

En 1990 fui designada representante para América Latina y países del Caribe de la Fèdération Internationale d’Ecoles del Parents et Educateurs, con sede en Francia. En mi país me desempeñé como asesora del Consejo de los Derechos del Niño, la Niña y Adolescencia de la Ciudad de Buenos Aires en el Área de Adopción. Actualmente, coordino el programa “Las víctimas contra la violencia” del Ministerio del Interior de la Nación, cuyos tres proyectos principales se ocupan de la creación de una Unidad Móvil, que llegue velozmente a las comisarías donde la víctima de violación instala su denuncia; la reformulación de la Ley de Violencia Familiar; y la regulación de la intervención del Estado en la prostitución a la que son sometidos los niños/as, así como de la trata que esclaviza. Este programa es una consagración de mi labor de toda una vida.

Todo este trabajo me ha dado reconocimientos. En 2002 fui declarada Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires y, además, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos me distinguió por mi trabajo en defensa del género mujer. En lo académico, he sido honrada con el título de Doctora Honoris Causa de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina.

Después de 50 años de lucha contra las injusticias y el enfrentamiento con impunidades recalcitrantes advierto cuánto se mantienen pendientes. De allí mi insistencia en divulgar el conocimiento utilizando los medios de comunicación, para instalar en la comunidad aquellos saberes que se mantenían en las universidades y para incorporar en los currículos universitarios la información y el aprendizaje que proviene de otros campos. He presenciado cómo las mujeres, los niños/ as han hecho escuchar sus voces, así como las víctimas se han insertado con perfil propio en las áreas abstractas de las teorías, y los pueblos originarios han alzado sus banderas. Los años vividos me han mostrado cuánto es posible revisar, corregir y cambiar siempre que decidamos no someternos a lo convencional y “revisar lo sabido”. Aun en el que se supone final del camino, un recodo misterioso y fecundo nos espera para sorprendernos con una nueva posibilidad. Seguramente, en él encontraremos una nueva forma de la vida. Deseo que esa nueva forma me reclame amorosamente crítica e insurreccional.

Los pasos de mi madre

Vita Escardó

 

Transgresiones fundantes

De las múltiples perspectivas que pueden tomarse para escribir sobre la vida de Eva Giberti, aquella que me resulta más atractiva es la de la transgresión. Transgredir implica movimiento intelectual, teórico y emocional. Requiere haber captado consciente o inconscientemente las reglas del statu quo, las limitaciones que estas reglas imponen y las necesidades implícitas y subyacentes para el cambio. Una profunda intuición rebelde llevó a Eva Giberti desde muy temprano a protagonizar transgresiones. “¡Niña Giberti! ¿Qué hace descalza sobre el pupitre? Este es un Colegio Normal de señoritas… si ya comienza así desde primer grado inferior… ¡qué será cuando crezca!”. Primera travesura que revela la posibilidad de posibilidades de una niña de cinco años, inmersa en plena década del 30 en una Buenos Aires de educación moral encorsetadora de la más elemental espontaneidad. La anécdota es la primera perla de un collar que se eleva, intacto, sobre la rigidez de toda una serie de instancias. La primera fue la Escuela; la segunda, la Iglesia. Como era de esperar en una adolescente de los años 40, participaba de las tareas de la parroquia de su barrio. En el mural que anunciaba las actividades de los boy scouts, una Eva tempranamente periodista, adosó, a modo de ilustración, una “Chica Divito”. Divito fue un caricaturista cuyas ilustraciones “subidas de tono” exhibían mujeres pulposas, con cinturas de avispa, faldas breves y pechos generosos –sin duda secretamente deseadas por la gran mayoría de los scouts de la parroquia–. Aquí aparece la interpretación de una psicoanalista precoz sobre el mundo masculino. Muchos años después, en 1970, la publicación de Los argentinos y el amor, uno de sus primeros libros, daría cuenta teórica de tales intuiciones.

En 1956 publicaba investigaciones en la Revista Mundo Argentino. Una de ellas fue sobre la Colonia Hogar R. Gutiérrez, establecimiento carcelario para adolescentes. Sabiendo de los malos tratos que recibían los chicos, aprovechó su condición como asistente social para entrar al lugar y se las ingenió para que los fotógrafos de la revista se colaran en las celdas de castigo y obtuvieran fotos de los adolescentes golpeados. Además, sustrajeron correas de cuero manchadas con sangre, que los celadores utilizaban para azotar a los internos y las escondieron en los bolsos de las cámaras fotográficas. La publicación generó la reacción del Presidente de la República de entonces, Pedro Aramburu, quien citó a Eva, para indagar sobre la veracidad de lo publicado, suponiendo los datos fraguados con afán sensacionalista. Acudieron también el director de la Revista, A. Jara, y los dos fotógrafos. La duda presidencial fue zanjada depositando las correas de cuero sobre la mesa de su despacho. La Colonia fue intervenida y su director derivado a otro destino. La serie de cuatro notas publicadas se llamó “Operación Desamparo”.

Parto vertical: transgresión horizontal

Continuó con persistencia su tarea de divulgación en los medios de comunicación, también luego de licenciarse en la carrera de Psicología, disciplina apenas integrada al currículo de la Universidad de Buenos Aires en la década del 60. Fue pionera en esta actividad, bajo la ética de que una disciplina a cargo de lo psíquico no debe darles la espalda a los procesos sociopolíticos. Inmensa transgresión, la de ofrecer a gente que no accedía a los consultorios psicoanalíticos, herramientas para atravesar un espacio donde dejar morir conceptos obsoletos. Transgresión del ascetismo de los consultorios y de la posición de poder del analista. El público respondió, asistiendo masivamente al desarrollo de escuela para Padres, desde 1957 hasta 1973.

Mi propio nacimiento se inscribió en una de las perlas del extenso collar de transgresiones: en agosto de 1965 fui el parto vertical número siete acaecido en una clínica argentina. El número legitima muchos partos espontánea y sabiamente llevados a cabo por muchas mujeres aborígenes, acuclillándose para pujar mejor, para acortar el canal de parto y optimizar los músculos abductores que la naturaleza ha hecho más resistentes en el cuerpo femenino. El número homenajea a muchas otras mujeres, sometidas por el patriarcado a la posición supina, cómoda para el galeno, absolutamente artificial para la parturienta y el naciente. Eva no sólo escribió acerca del parto vertical; lo practicó, viviendo sus propias teorías.

Crueldad y ridículo

Durante la dictadura argentina de 1976 a 1986, Eva acompañó a madres y abuelas de Plaza de Mayo exponiendo en mesas redondas que, acechadas por autos sin patente, se realizaban en domicilios itinerantes de Buenos Aires. Era fundamental dar espacio al pensar para sostener la lucha, la reacción visceral ante lo incomprensible de la crueldad. Hasta la crueldad se rinde a veces en brazos del ridículo. Los presos políticos estaban ávidos de lectura. La requisa y la censura de los textos eran feroces. Cada entrega de libros era una interminable pesquisa, rotura de páginas, sellado y burocracia. En una ocasión, mi madre llevaba un diccionario español-inglés. Como los libros en otro idioma estaban interdictos, el alférez que requisaba propuso traducirlo. “Pero, alférez, si lo traducimos deja de ser un diccionario”. Mi madre describe la cara del alférez como la de “un primate que se encuentra ante una banana con botones”. La sencilla complejidad de este ejemplo nunca deja de sorprenderme.

Durante todos esos años, hubo quienes abrieron espacio a esta mujer: la Universidad de Belgrano (Buenos Aires); Virginia Noca, quien la convocó para trabajar con padres adoptantes en Rosario (Argentina); la Facultad de Medicina de Brasilia (Brasil), donde dictó Psicoanálisis con niños y adolescentes y el Ministerio de Educación de La Paz (Bolivia), donde dio un curso para técnicos dedicados a atención de niños y adolescentes asilados o en correccionales.

Entre 1972 y 1984 fue docente de la Universidad de Belgrano, en el equipo que formó el licenciado Yamil Abuchaem, para el posgrado de la carrera de Psicología. Dictaba Sociología de la Vida Sexual. Dentro del año lectivo, incluyó “Erótica” como especialidad. Fue la primera cátedra en América Latina destinada al estudio de la vida sexual, dictada en una universidad y reconocida por el Ministerio de Educación. También, fue la única a cargo de una mujer.

Como en el viaje heroico, la estadía en el vientre de la ballena refinó intelectualmente las perspectivas de Eva. El género, otro espacio en segundo plano esperando voz, se alzó desde el Normal 1, atravesando la cartelera de los boy scouts y el derecho de parir naturalmente. Una vez restablecida la democracia incluyó en su consultorio el funcionamiento de grupos destinados al estudio de temas de género y erótica.

Un paso más allá… y otro más

Ensayando posibles explicaciones a los múltiples reconocimientos por parte de la comunidad dice:

Yo siempre saco a relucir una vieja tesis de Max Weber. Él dice que hay corrientes subterráneas que no son visibles en el marco de una comunidad, pero que hay alguien que las interpreta, las produce y las pone en superficie. Y yo, sin habérmelo propuesto, debo estar funcionando como alguien que siempre dijo cosas que estaban, sólo que aún estaban por decirse2.

La observación es acertada, pero insuficiente. Eva Giberti dio palabras a muchos saberes que aún estaban en silencio, sin duda. Pero avanzó con una llama personal y constante por senderos en los que muy pocas mujeres se aventuraron. Hoy, lejos de retirarse a descansar sobre unos merecidos laureles, afronta desafíos nuevos: además de coordinar el programa “Las víctimas contra la violencia”, desde septiembre de 2004 asesora, ad honorem, el Registro Único de Aspirantes a Guarda con fin de Adopción de la Ciudad de Buenos Aires. Su producción teórica sobre adopción es amplísima. Cuando le pregunté por qué había elegido ocuparse del tema, respondió: “porque nadie lo hacía”.

Entonces, a mano alzada enumeré más temas que fue abordando por ése y otros motivos: género, familia, violencia familiar, niñez y adolescencia, parto vertical, derechos humanos, adopción, bioética y fertilización asistida, incesto paterno-filial, erótica, transgénero3. Antes que pretender abarcarlos en toda su dimensión, prefiero transmitir, como yo lo veo, el espíritu que guía los pasos de mi madre a través del hilo conductor de la transgresión. La miro, desde este privilegiado lugar como hija, desde hace años, emprender la travesía una y otra vez, con su llamita a cuestas, ora atravesando el rutilante fulgor de la hoguera, ora defendiendo una chispa incipiente de la ventisca implacable.

Eva desobediente

Diana Maffia

 

¿Por qué Eva?

Conocí a Eva Giberti a fines de los 80. Para entonces, ella era una intelectual prestigiosa y yo una joven que creía que inventaba lo que en realidad descubría. Fue por la oportunidad de presentar un libro de Jutta Marx al que ella le había escrito el prólogo (Giberti, 1989); allí comencé diciendo que iba a presentar dos libros, uno, el de la autora y otro, el prólogo de Eva Giberti. No sabía que ella era la dueña de la mirada penetrante y atenta de la primera fila, que sonrió con el comentario. La observación era absolutamente cierta: el prólogo de Eva era un libro aparte. He leído desde entonces otros prólogos suyos y siempre son oportunidades inteligentes de dialogar con el texto e incluso, a veces consigo misma. Enorme generosidad, porque así legitima las producciones de conocimiento que ella ayudó a construir con tal eficacia que, a veces, olvidamos quién fue el demiurgo de tantas ideas, de tantos problemas hoy instalados en la discusión profesional, incluso de originales estilos de indagación. Por suerte está su prolífica producción teórica para recordárnoslo. Libros, artículos, columnas periodísticas, folletos y hasta videos y discos educativos, son sólo la punta del iceberg de la presencia de Eva en la cultura.

Cuando inició su carrera como psicóloga y como asistente social debió asumir funciones de responsabilidad, tanto a nivel de políticas públicas (como Jefa del Servicio Social de la Dirección Nacional de Maternidad e Infancia, del Ministerio de Salud Pública, de 1957 a 1959) como de docencia universitaria (como Profesora Adjunta de Niñez y Adolescencia, cátedra de Psicología Evolutiva de la Facultad de Psicología de la UBA, en 1961 y 1962). Aún ejerce funciones en los dos ámbitos, pero hoy con muchas más responsabilidades y con un trabajo de mayor irradiación.

Con el programa “Las víctimas contra la violencia”, por ejemplo, ha desarrollado la iniciativa de fortalecer a los más vulnerables (mujeres, niños y niñas, pobres, presos y detenidos, minorías sexuales y otros grupos discriminados) en el protagonismo de su ciudadanía y no cometer el engaño de volverlas pasivas con el argumento de la protección.

El psicoanálisis y la “Escuela para Padres”

Con el proyecto Escuela para Padres, a través de columnas en un diario popular de gran difusión primero, y de otros medios después, ponía en manos del gran público una herramienta para que revisaran sus propias vidas y sacudieran el yugo de la costumbre, en beneficio del cuidado de una infancia que merecía otra historia.

Eva explica así el éxito rotundo de esta iniciativa:

Teníamos, por una parte, la adhesión intelectual a las corrientes filosóficas que llegaban, desde otras latitudes, incrementadas por los postulados de una izquierda aún romántica… El discurso de “Escuela para Padres”, centrado en la revisión del autoritarismo(…) encontró un caldo de cultivo favorable en esa interacción de intereses dispares pero preocupados por lo que podía entenderse como autoridad, sus deformaciones y derivados. (Giberti, 1996b)

La historia de Escuela para Padres acompaña con sus avatares la historia de Argentina, donde los parentescos han adquirido un tono eminentemente político. Es la fuerza de su contundencia y de su valentía en desmarcarse de teorías consolidadas, lo que le dio siempre a sus intervenciones el valor de una vanguardia para la defensa de los más débiles y de una amenaza para la naturalización del dominio de los más fuertes. Por eso, Eva vivió siempre peligrosamente, siempre en riesgo, siempre amenazada (y a veces herida en sus afectos más cercanos de un modo que no habrían logrado herirla en carne propia). Nunca lograron amordazarla. Su relato de la evolución contundente y la súbita detención de Escuela para Padres resulta así conmovedor. Tras referirse a sus orígenes y a la temática de los hijos y el género, agrega: “mediante esta divulgación, introduje el psicoanálisis en los medios de comunicación, lo que permitió a la comunidad tomar contacto con la teoría y utilizar varios de sus conceptos, simplificados, a partir de 1957”. Luego del allanamiento, en 1973, de su sede en el Hospital de Niños y las reiteradas amenazas que recibió, determinó que Escuela para Padres cesara en todas sus actividades (Giberti, 2006). Cuando retorna la democracia se abrieron espacios para retomar estas prácticas.

Eva fue una pionera en la divulgación del conocimiento, por medio de la radio y la televisión, usando las tecnologías disponibles para acrecentar con espíritu generoso la accesibilidad de toda su producción (Giberti 1962, 1972, 1976; Giberti y Escardó, 1964). Una muestra es su página web: www.evagiberti.com, que sugiero visitar.

Familias, adopción, unión civil

Eva es una especialista de las más reconocidas en el tema de adopción (Giberti, 1981). No sólo por sus publicaciones y sus clases siempre en el doble aspecto de la subjetividad y el derecho, sino por su compromiso en la construcción y control de las políticas públicas apropiadas para evitar la transformación de sujetos en mercancías; la presencia de Eva fue una garantía visible cuando se creó por decreto el “Registro Único Nacional de Aspirantes a la Guarda de Adopción”. El Decreto 383/05, art. 1º, Anexo 1, menciona que el objeto del Registro es: “Facilitar a los adoptados el acceso al conocimiento de su identidad biológica”. Para asomarnos un poco a la provocación incisiva del pensamiento de Eva Giberti, copio un fragmento de su disertación ante la Asociación de Mujeres Jueces de la Argentina, con la tinta de la resolución todavía fresca:

Este Registro comienza por no tomar en cuenta la diferencia entre conocimiento e información.(…) La información es rápidamente acumulable, es algo externo, se puede automatizar, es inerte (…) El conocimiento, en cambio, es algo interiorizado, (…) solamente es humano, no puede separarse de las condiciones sociales donde se genera, es una construcción conceptual que proviene y depende de la reflexión. Para que se hable de conocimiento de la identidad (…) no es suficiente aportar una información cargada en un banco de datos. Más aún, hablar de conocimiento de la identidad dependiendo de la inscripción en un Registro computarizado constituye un agravio para el sujeto. (…) Identidad biológica responde a un criterio escencialista que refuerza la prioridad del mundo de la biología (…) adhiriéndole el término identidad. La unión de ambas logra singular fuerza semántica. (…) ¿Por qué se elige este lenguaje que tiende a escencializar aquello que se caracteriza como “biológico”? (Giberti, 2005a).

Imaginemos la cara de juezas y jueces, la activación de redes neuronales que permanecían ajenas a la interpretación de la norma. Pero, estaríamos lejos de su trayectoria si pensáramos que se conforma con aceptar el marco normativo. Eva puso su prestigio y autoridad al servicio de un proyecto con resistencias prejuiciosas muy fuertes, como es el de Ley Nacional de Unión Civil, en un tema altamente conflictivo como es la posibilidad de adopción por parte de parejas homosexuales. Y lo hace no desde la retórica antidiscriminatoria sino poniendo las cosas en su lugar, en el marco de los derechos humanos reconocidos por nuestra legislación y atendiendo al interés superior del niño/a.

Por si faltaran sujetos no registrados y en las sombras, Eva se ocupó de esa cara oculta que son las madres biológicas que dan sus hijos en adopción, con una investigación pionera. Con esta indagación se ocupa de las estadísticas y de la historia y la identidad de estas mujeres; incorpora un sujeto ausente en el análisis que suele contemplar sólo los derechos de niños dados en adopción y padres adoptantes; ubica un problema característico de Latinoamérica que ha transformado a sus mujeres en productoras de materia prima humana para un primer mundo que no puede perder tiempo en estas cosas (Giberti y Otros, 1997 y 1999).

Lejos de idealizar la familia en su forma y sus funciones (Giberti, 2005b), Eva se atrevió con un tabú que no cuenta con nombre propio en la legislación, pero en el que ella ha insistido y seguramente logrará ponerlo finalmente en sus propios términos penales: el incesto paterno-filial. A través de la cátedra, del peritaje, de la investigación en un audaz programa universitario sobre un tema tan reluctante, se propone criticar las creencias que sirven de fundamento a fallos judiciales y tratamientos psicoterapéuticos, cuando se interpreta el incesto como abuso sexual contra menores. Como ella misma afirma: “dichas violencias se homologan en la tesis que se refiere al abuso sexual, que se complementa con la de malos tratos a los niños, expresiones ambas que escamotean las características de la violación que funda el incesto” (Giberti, 1998: 8-9).

Nos pone así de frente a una realidad que profundiza el debilitamiento de la víctima y de paso garantiza la impunidad del victimario, el patriarca que construye las instituciones alrededor de sus intereses y dispone de mujeres y niños como sus posesiones. Es contra ese abuso de poder patriarcal que la autora concluye:

(…) la tendencia a antropologizar la práctica del incesto en particular cuando alguien la expone como relación entre un padre victimario y una niña/hija víctima. La experiencia parece demostrar que no alcanza con calificar este delito como aberrante, sino que es preciso instalar la convicción acerca de lo que significa violar a la propia hija/niña, es decir, se trata de resignificar qué se entiende por funciones paternas (Giberti, 1998: 289).

Mujeres, sexualidad, erótica, otras identidades

Es por eso que el compromiso de Eva Giberti con la infancia y las mujeres, a pesar de los años transcurridos, sigue siendo un territorio de resistencia. Baste como muestra que, en este momento, Argentina está debatiendo con altibajos la posibilidad de algo tan elemental como brindar educación sexual en las escuelas. ¡Giberti escribió sobre esto hace más de cuarenta años! Y todavía lo sigue haciendo, con la paciencia de una artesana que conoce el reflujo de las resistencias y la naturalización de las subordinaciones.

El cuerpo, la erótica, la sexualidad, ¡cuántas de estas vetas del borde del discurso ingresaron al lenguaje académico con su autorización! Ahora que tenemos una reciente Ley del Parto Humanizado, tenemos que recordar que ella escribió sobre el tema desde “El parto vertical” (Giberti, 1979) en revistas académicas y otros medios masivos. Que incluso su palabra, repulsiva para los dueños del poder, llegó a nosotras durante la dictadura militar, gracias a la solidaridad feminista y militante de periodistas que supieron subvertir sin violentar las reglas explícitas. El libro Tiempos de Mujer (Giberti, 1990a), de enorme influencia en el medio intelectual y político sobre todo para el movimiento de mujeres, recoge entre los muchísimos artículos periodísticos compilados publicados en los medios desde 1956, una nota del diario La Opinión, cuyo director fue secuestrado y el diario cerrado luego de una intervención militar en aquellos años negros, lo que da una idea de la peligrosidad del libre pensamiento por estas tierras. En esta nota llamada “La mujer ante el parto: saber + temor” aclara Eva antes de su transcripción:

Este reportaje estuvo a cargo de la periodista Inés Cano. Lo reproduzco en su totalidad porque para redactarlo utilizó el ensayo que yo había publicado en una ficha interna del Centro de Estudios de la Mujer (…) En esa época mi nombre figuraba en las “listas negras” de la dictadura militar y no podía escribir en periódicos ni revistas; tampoco había quien pudiera hacerme un reportaje. A pesar de lo cual Inés lo produjo y consiguió publicarlo. Según ella misma me lo contara, el diario recibió un llamado desde la Casa de Gobierno informando acerca del disgusto que en esos ámbitos había provocado la aparición de esta nota (p. 113).

Durante esos años de silenciamiento y sobre todo al retornar la democracia, Eva sostuvo grupos de estudio y reflexión acerca de la condición femenina, que dieron lugar a publicaciones audaces por su carácter colectivo y dialógico, tan infrecuente en nuestros medios donde el narcisismo autoral impide, a veces, hasta citar las ideas tomadas prestadas a los/as colegas. Intervenciones que impactaban no sólo como resultado sino como metodología, por la autoridad conferida a la experiencia de mujeres (Giberti y Otros, 1988-89; Giberti, 1990a, 1990b).

No quiero dejar de mencionar entre las generosidades de Eva su aporte para una compilación que realicé durante mi gestión como Defensora del Pueblo en la Ciudad de Buenos Aires, destinada a la construcción de ciudadanía de los grupos queer. Allí afirma en coherencia:

(…) no se trata tan solo de la denuncia imprescindible frente a la evidencia de la violación de sus derechos, sino de recurrir a una lectura deconstructiva de los discursos que las califican y de los silencios e indiferencias que omiten comprometerse con el ejercicio de tales derechos (Giberti 2004b: 36).

Hijos del cautiverio, hijos de la reproducción asistida, hijos del rock

Su compromiso con los derechos humanos, manifestado de tantos modos intelectuales y existenciales, la acercó a Abuelas de Plaza de Mayo en la lucha por la restitución de niños nacidos en cautiverio, y la recuperación de la filiación de aquellos que fueron secuestrados por las fuerzas de seguridad en el contexto de secuestros y desapariciones forzadas, entregados a apropiadores muchas veces pertenecientes y allegados a esas mismas fuerzas represivas. Un trabajo que continúa, con las vicisitudes de que quienes van recuperando su identidad son ya adultos, muchas veces a su vez padres, y en muchos casos superan la edad que tenían sus padres al ser desaparecidos por la fuerza.

Otros hijos inusuales que ocuparon la pluma de Giberti, preocupada consecuentemente por temas de bioética en relación a los derechos humanos y el género, son los que resultan de técnicas de fertilización y reproducción que se autonomizan así del coito parental e introducen sujetos extraños a la parentalidad (médicos, tecnólogos) que se mueven entre el milagro y la enajenación (Giberti, 2001a). Se pregunta, incluso allí, mucho antes de que el primer caso llegue a la justicia, pero cuando ya impactaba sobre las subjetividades de las parejas, sobre la posibilidad de considerar que cuando los padres utilizaban gametas de donantes anónimos e incluían así a una persona ajena a la familia, el bebé pudiera considerarse “medio adoptivo” (ibíd., 37). Extraña pregunta si no es para el oído atento y sensible, pero además filosóficamente informado para poder procesar experiencias contemporáneas completamente disruptivas desde una escucha como la psicoanalítica, que va borrando sus fronteras terapéuticas. Es sobre esta escucha afinada por lecturas filosóficas que reflexiona Giberti:

Cuando una mujer soltera que recurrió a la implantación de un embrión gestado por una pareja desconocida nos dice, comentando la pérdida del mismo: “Se me cayó”, después de habernos descrito que “necesitaba y deseaba tener un hijo”, produce un efecto que se diferencia notablemente del que produce una mujer que describe el aborto espontáneo de un embrión concebido con su compañero. Su lenguaje recurre a una condensación y se la escucha como a quien describe algo penoso de modo bizarro; o como quien describe algo bizarro (implantación de un embrión ajeno) mediante una condensación de un objeto (se: él) que ella (se me) posee, con la acción de caer(se). Se le cae de ella lo que no es de ella, pero que es propio (me) en tanto estaba en el interior de su cuerpo (p. 19-20).

La sensibilidad de Eva con los niños/as y adolescentes la lleva a poner la mirada y la escucha psicoanalítica en ese sujeto paradójico que ya atraviesa generaciones, que sin embargo no ha hecho que los hijos sean más comprendidos por los padres: la generación del rock. Temas como la territorialidad, las tribus urbanas, la música y las percepciones, la lógica totémica y la lógica mítica, las drogas, el lenguaje, lo visual, las bandas y las chicas ofrecen un caleidoscopio de las transgresiones en clave de identidades. Como un regalo, Eva comparte en este libro dos capítulos escritos por sus hijos, Vita Escardó y Hernán Invernizzi. (Giberti, 1996a).

Todas somos hijas de Eva

Que una intelectual de la talla de Eva haya permanecido entre nosotros es casi milagroso; que haya sorteado los peligros de la persecución y la mediocridad de la ignorancia (cada una letal a su modo) y no haya abandonado estas tierras es una combinación de amor y empecinamiento que difícilmente puede comprenderse. Una pista quizás es ese entrañable texto que, al modo de las Aguafuertes Porteñas de Roberto Arlt (mi escritor argentino preferido, confieso aquí), recorre con mirada lúdica detalles de la vida porteña y perfiles de Buenos Aires que muestran una raíz profunda y amorosa (Giberti, 1970).

Me quedan tantos caminos por recorrer buscando la huella de Eva (o Lilith, como ella preferiría ser vista). Sólo espero haber podido transmitir el afecto y la admiración que me unen a ella. Para finalizar, transcribo parte de las palabras de homenaje que preparé cuando tuve el honor de transferir a Eva Giberti el Premio Dignidad, de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Entonces estudié su trayectoria, la que merecidamente le ha hecho ganar tantos premios como este a lo largo de su carrera. Me tomo el atrevimiento, porque creo que estas palabras expresan el sentimiento de muchísimas argentinas deudoras de la desobediencia de Eva, de su invitación a construir mundos diferentes y más audaces, pero también más humanos y amorosos para todos/as.

Me toca hoy presentar a Eva Giberti, a quien la Comisión “La Mujer y sus Derechos” de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos otorga el Premio Dignidad 2002 (…) Pero ¿qué significa? Pensando qué haría en mi lugar Eva Giberti, consulté el diccionario de María Moliner, que en su entrada define Dignidad como “cualidad de las personas por la que son sensibles a las ofensas, desprecios, humillaciones o faltas de consideración. Actitud que no tolera esas cosas”. Me consta que esto es verdad, que Eva no puede asistir impasible a un abuso de poder, y que si algo ha hecho en su prolífica vida profesional es comprometer su intelecto y su acción en contrarrestarlo, a veces con rigor teórico, a veces con mordacidad.

Pero sigue María Moliner: “aplicado a las personas y, correspondientemente, a sus actos, palabras etc., se aplica al que obra, habla, se comporta etc. de manera que merece el respeto y la estimación de los demás y de sí mismo, que no comete actos que degradan y avergüenzan, que no se humilla y que no tolera que la humillen”.

El premio Dignidad es el premio a la coherencia de una trayectoria de vida. Una trayectoria que se mantiene fija en sus valores éticos, pero enormemente variable en sus modos de sostenerlos y hacerlos fructificar en obras y actos (…)

No dije todavía que la palabra dignidad deriva del latín, dignitãs, donde expresaba no sólo valor personal, mérito y virtud, sino también “belleza majestuosa”. Aunque este no es un concurso de belleza, sin duda describe la presencia a la vez magnética y distante de Eva cuando está en silencio. Una distancia que ella rompe invariablemente con una palabra inesperada, con su humor irreverente, con una observación que va directo al corazón y la cabeza. Perdón si me he excedido en esta presentación. Como se habrán dado cuenta, presento a Eva Giberti con emoción filial. Claro que esto no es nada original, y es casi inevitable, como sabemos “todas somos hijas de Eva”.

Cincuenta años detrás de lo mismo

Hernán Invernizzi

 

Basta un recorrido superficial por la obra de Eva Giberti para observar su vastedad temática, toda ella articulada alrededor de por lo menos cuatro elementos: rigor epistemológico, tenacidad ética, divulgación teórica y empeño creativo. Ética, creatividad, consistencia académica y capacidad de comunicación articulan 50 años de producción teórica –y de compromiso personal– en torno a temas aparentemente heterogéneos: violencia (en diversos abordajes), victimología, adopción, niños y adolescentes, niñas (que no es lo mismo, dada su especificidad de género), mujer, familia, erótica, desaparecidos, presos políticos, escuela para padres, divulgación del psicoanálisis…

Estas cinco décadas de producción intelectual y de práctica socio-política alrededor de tales temas, siempre y en todos los casos, gira en torno a un conjunto de principios éticos y de formulaciones ideológicas que denominamos derechos humanos. Esto plantea por lo menos un problema. Por un lado, resulta casi inverosímil que una mujer transite 50 años vinculada a los derechos humanos, que se instalan en el escenario políticosocial a mediados de los 70 –salvando la singularidad de Alicia Moreau de Justo, estaríamos frente a un caso excepcional–. Desde el origen mismo de la trayectoria de Eva, estaba instalada la tutela de ciertos principios a cuya defensa muchos llegaron tarde. Y por el otro lado, ante la variedad de su obra, optamos por abordar el tema desde una perspectiva histórico-personal, lo cual es insatisfactorio desde el punto de vista de las elaboraciones teóricas de una intelectual que produjo mucha teoría, pero ofrece la ventaja de proponer esa teoría en el marco de la trayectoria de una personalidad de poderosa inserción y proyección social. Ciertos cambios ideológicos entre los años 60 y el 2000 son incomprensibles sin su presencia.

Siempre las víctimas

Su obra está atravesada por una hipótesis, que quizás ella admitiría como propia: todo sistema de poder –por definición y entre otras cosas– es también un régimen de producción y administración de víctimas. “La víctima produce miedo y angustia… porque encierra peligrosidad” señala en Victimización y pasaje puberal (Giberti, 2001a). En otro texto se pregunta, “¿qué es lo que la torna peligrosa? Ser una perdedora respecto del victimario, cuya existencia se descubre en la presencia de la víctima, pero también la convierte en peligrosa que su existencia nos haga flaquear éticamente” (Giberti, 1999).

En la patria de los desaparecidos, ella propone que las víctimas son peligrosas. Porque las víctimas, como Ofelia, terminan en la locura y la muerte ambigua – pero desatan la desesperación de Hamlet y la furia de Laertes peleando sobre su cadáver–. O pueden, como el espectro del padre asesinado, volver del más allá para asignarnos la tarea. Hoy, ocuparse de las víctimas es algo que “está bien visto”. Hace 50 años, para algunos era una excentricidad. Víctimas hubo siempre, del patriarcado o del terrorismo de Estado. Pero los derechos humanos no siempre fueron los mismos. Porque no se trata de una esencia común e inmutable propia de lo humano –como pretende la tradición contractualista–, sino de una producción histórica que se construye y se defiende en las alternativas de las correlaciones de fuerzas político-ideológicas, en las cuales la participación personal puede ser ejemplar.

No es necesario internarse en el debate entre naturalismo y hermenéutica para admitir que educar a un niño a los golpes no está bien. No obstante, era una práctica frecuente en muchas familias argentinas en los años 50. Tampoco es necesario llegar hasta la Antígona de Sófocles para admitir –frente al Estado terrorista– que tenemos el derecho de enterrar a nuestros muertos queridos. Sin embargo, la desaparición de personas fue una práctica sistemática durante la dictadura.

Hasta hace poco ella asesoró el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires, hoy es funcionaria del Ministerio del Interior: es el momento de señalar otra de sus preocupaciones: el problema de las relaciones de la sociedad civil con el Estado. Nunca perdió de vista el problema de la “base material” que hace posible el ejercicio de los derechos. Lo cual equivale a decir, que se trata de esa clase excepcional de intelectual sistemáticamente preocupada por las políticas públicas, por medio de las cuales los derechos dejan de ser meros enunciados y se vuelven práctica social concreta.

Historias pasadas, problemas de siempre

En 1957 Eva fundó la primera Escuela para Padres del país, sin imaginar que por más de una década se iba a transformar en un fenómeno social de alcance nacional4. Poco después coincidieron dos episodios aparentemente independientes. “En el año 1962 (trabajaba en los Consultorios Externos del Hospital de Niños) diseñé una encuesta destinada a producir información acerca de los castigos a los cuales estaban sometidos los chicos y las chicas con quienes teníamos contacto durante las consultas…” (Giberti, 1965).

Llegaban “niños y niñas con lastimaduras, fracturas, quemaduras y golpes cuyo origen no era claramente explicado por sus padres”. En los corredores y salas de espera observaron, además, que las madres zamarreaban o amenazaban a sus hijos cuando éstos manifestaban cansancio. De modo que llevó adelante la investigación (hoy clásica) titulada “Los padres y el castigo” (Giberti, 1965). “Te echo pimienta en la lengua”. “Le pego con una correa”. Más del 88% de las madres reconoció que les pegaban a sus hijos. Inclusive lo admitían como “una pauta cultural internalizada transmitida de padres a hijos”. Las respuestas de niños/as, por su parte, “indicaban (que)… las víctimas de los castigos asumían, mediante sus respuestas, la lógica del poder dominante”. Acá no podemos desarrollar su lectura psicoanalítica sobre el maltrato a los niños. Nos limitamos a señalar que se trata de una investigación pionera de 1962: la Convención sobre los Derechos del Niño se sancionó 25 años después.

En junio de ese mismo año, el grupo neonazi Tacuara secuestró a una joven estudiante judía y le grabaron esvásticas en los pechos. Entre otras medidas de protesta, se realizó un acto en la Facultad de Medicina. En las inmediaciones, comandos de Tacuara trataban de impedir la llegada de los adherentes. Advirtieron el remise en el cual llegaban el decano, Eva y su hijo de 10 años (que nunca olvidaría aquella noche) y se les fueron encima. A pesar del peligro, tuvo la sangre fría de resguardarlo en el auto, ordenó al chofer que lo sacara de allí y avanzó en medio de la patota amenazante hacia el acto, en el cual contaban con su participación.

A todo esto, el alcance de sus ideas, en Escuela para Padres, penetró con tanta amplitud en la sociedad, que a mediados de los años 60 se pusieron en el aire dos programas de televisión: Tribunal de apelación (una hora de lunes a viernes) y Tribunal para Mayores (una hora los miércoles a la noche). El primero llegó al extremo de ganarle en sintonía a las telenovelas de la tarde. En estos programas se discutían temas tan variados y complejos, como el matrimonio entre católicos y judíos, el divorcio, el sexo prematrimonial o el uso de anticonceptivos. Es desconcertante que no existan investigaciones académicas (o al menos periodísticas) que den cuenta del fenómeno de estos dos programas de TV. Esta capacidad de influencia sociocultural atravesó dos generaciones de argentinos. Hoy es frecuente encontrarse con abuelas que recuerdan a “la doctora de la televisión” y con familias enteras que celebran haber criado a sus hijos según las pautas de Escuela para Padres.

Años después, Eva formuló una autocrítica teórica acerca de esta experiencia, como modelo de honestidad intelectual y rigor conceptual. Escuela para Padres se había consolidado como un paradigma y fue su misma creadora quien lo revisó y cuestionó frente a sus propios admiradores.

De ‘Operacion desamparo’ al terrorismo de Estado

En 1976 la transformación social fue abatida por la dictadura militar. Prohibida y amenazada por el régimen genocida, Eva ingresó a la categoría de las víctimas y de los perseguidos. A pesar del terrorismo de Estado y de la censura, acompañó y respaldó inquebrantablemente al autor de estas líneas –uno de los diez mil presos políticos– durante más de doce años.

Con excepción de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, los restantes organismos fueron creados después de mediados de los años 70. Sin contar los dirigentes políticos que se acercaron a ellos por presión de las circunstancias históricas, la mayoría de sus militantes y referentes llegaron a esta lucha por experiencias personales (desaparición, cárcel o exilio de familiares, sobre todo). Eva, en cambio, había comenzado este itinerario con Operación Desamparo y lo mantuvo durante veinte años, hasta que llegó la dictadura que cambió nuestra historia.

En septiembre de 1973 detuvieron a su hijo. Al día siguiente allanaron su domicilio. Empezaron las amenazas. Le intervinieron el teléfono. Durante años, los servicios de inteligencia controlaron todos sus movimientos. Peregrinó por unidades militares y por infiernos carcelarios cuidando la vida y la salud de su hijo y, al mismo tiempo, preservó su propia supervivencia sobre la base de defender su dignidad personal. Por lo general, cuando se trata de una psicóloga, suelen omitirse aspectos de la vida personal, pero no sería justo hacerlo en esta oportunidad. Sólo citaremos un caso, entre muchos posibles.

En 1977 la dictadura militar estaba en el apogeo. El autor, encarcelado en una unidad militar, sufría un grave problema de salud que nadie atendía. Sola, y después de poner a su hija menor a resguardo, fue hasta la sede del Ejército a reclamarle atención para su hijo al general Viola, uno de los mayores genocidas del continente. Y lo consiguió. Veinte años antes había enfrentado al dictador Aramburu. Las víctimas, propias o ajenas, siempre contaron con su coraje personal.

No obstante, no postergó su preocupación por los niños o por las mujeres. Por un lado, organizó grupos de investigación y estudio que se ocuparon del problema de género. Y por el otro, hacia fines de la dictadura militar, inició sus investigaciones acerca del problema de la adopción, tema postergado por el mundo académico y que al principio era poco conocido en el ambiente de los derechos humanos. Integró a su compromiso público el problema de los desaparecidos, de los presos políticos y de las familias que padecieron el terrorismo de Estado, tanto en el trabajo institucional en los organismos de derechos humanos como en la tarea académica y en su propio consultorio. Hasta que, por último, fue reconocida como perito en causas judiciales sobre expropiación de niños nacidos en cautiverio.

La palabra clave es “trayectoria”. Hay algunas que son ejemplares: esos recorridos que articulan durante toda la vida la excelencia intelectual, la responsabilidad moral y el compromiso personal. En estos casos se dice que se trata de alguien consecuente. Estamos hablando de 50 años de trayectoria, algo que recuerda el verso inolvidable acerca de los imprescindibles.


Citas

1 Agradezco a David Maldavsky, maestro inigualable en el oficio de abrir espacios de pensamiento y crear tesis inquietantes y prometedoras, de quien recibo enseñanzas, ejemplos permanentes de solidaridad y el aporte de exquisitos momentos dialogales. Le debo el mayor caudal de lo aprendido. Le agradezco a Diana Maffia la que supone descripción de mis ideas, cuando en realidad su texto transparenta su afecto hacia mí. A Vita Escardó la tierna y enérgica poética de su texto, y a Hernán Invernizzi la rigurosa recopilación de datos teñidos por la ternura; a ambos les añado la gratitud por su convivencia conmigo: ella y él son mis hijos.

2 Este texto es un aparte del artículo “Eva, la nueva” elaborado por María Moreno y publicado en el Suplemento Las 12, Diario Página 12 el 7 de marzo de 2003. Buenos Aires, Argentina.

3 Sugiero un paseo por www.evagiberti.com donde se puede acceder a múltiples publicaciones de diversos temas que ha abordado E. Giberti a través de los años.

4 Ibíd.


Bibliografía

  1. ESCARDO, E. y E. Giberti, 1964, Hospitalismo, Buenos Aires, Editorial
  2. EUDEBA, Serie Cuadernos, No. 119.
  3. GIBERTI, Eva, 2006, “Síntesis de la Historia de Escuela para Padres en Argentina”, en <www.evagiberti.com/articulos/escuelaparapadres16.shtml>, leído el 10 de junio de 2006.
  4. ________, 2005a, “Análisis del Registro Único Nacional de Aspirantes a la Guarda de Adopción. Perspectiva psicológica”, XII Encuentro Nacional y IV Regional: Independencia Judicial, Asociación de Mujeres Jueces de Argentina, 26 de agosto de 2005.
  5. ________, 2005b, La familia a pesar de todo, Buenos Aires, Noveduc.
  6. ________, 2004a, “La adopción y la alternativa homosexual”, en: Adopción. La caída del prejuicio. Proyecto de Ley Nacional de Unión Civil, editado por la Comunidad Homosexual Argentina, Buenos Aires, del Puerto.
  7. ________, 2004b, “Transgéneros: síntesis y aperturas”, en: D. Maffía, Sexualidades migrantes, género y transgénero, Buenos Aires, Feminaria. Accesible libremente en <www.feminaria.com.ar>, colección Temas Contemporáneos.
  8. ________, 2002, “Los malos tratos y las violencias contra niñas y niños”, en: Actualidad psicológica, a. 27, No. 299, Buenos Aires.
  9. ________, 2001a, “Victimización y pasaje puberal”, en: Actualidad psicológica, Buenos Aires, 26, No. 290.
  10. ________, 2001b, Adopción para padres, Buenos Aires, Lumen.
  11. ________, 1999, “La Víctima: generalidades introductorias” en: Revista Victimología, No. 20, Córdoba, Argentina.
  12. ________, 1998, “Prólogo”, en: Giberti, Lamberti, Viar, Yantorno, Incesto Paterno-filial. Una visión multidisciplinaria. Perspectivas históricas, psicológicas, jurídicas y forenses, Buenos Aires, Universidad.
  13. ________, 1996a, Hijos del Rock, Buenos Aires, Losada.
  14. ________, 1996b, “Psicoanálisis y divulgación. La experiencia de Escuela para Padres”, en: Lunes de Psicoanálisis en la Biblioteca Nacional, Buenos Aires, Lugar Editorial / Secretaría de Cultura de la Nación.
  15. ________, 1994a, Adoptar hoy, Buenos Aires, Paidós.
  16. ________, 1994b, Políticas y niñez, Buenos Aires, Losada.
  17. ________, 1990a, Tiempos de Mujer, Buenos Aires, Sudamericana.
  18. ________, 1990b, Y por qué? Se preguntan algunas mujeres, del Grupo de la Paradoja, Ideas y coordinación de Eva Giberti, publicado por la Fundación Alicia Moreau de Justo.
  19. ________, 1989, “Prólogo”, en: Marx, J. Mujeres y partidos políticos, Buenos Aires, Legasa.
  20. ________, 1987, “Prólogo”, en: Burin, 2002, M. Estudios sobre la subjetividad femenina. Mujeres y Salud Mental, 2ª edición, Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, Librería de Mujeres.
  21. ________, 1984, “Aufseherinenn im Gefängnis. Eine Gruppe im Grenzbereich der Macht. Mujeres carceleras: un grupo en las fronteras del poder”, en: Horacio Riquelme U. (comp.), Die Belagerung des ged ächtnisses. Una perspectiva testimonial de la relación Psicología y dictadura militar en América Latina, edición de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Deutscher Psychologen, Verlag, 2001.
  22. ________, 1981, La Adopción, Sudamericana, se reeditó en 1984, 1990 y 1996.
  23. ________, 1976, “Parto Vertical”, película, filmación en la Clínica de E. Rossenvasser (1970-8) mm.
  24. ________, 1972, “Enseñemos a nuestros hijos”, película alemana destinada a educación sexual. Presentación del film (incluida en el mismo) e intervención en la película. 1971, “El parto vertical”, en: Cuadernos de Psicoterapia, vol. VI, No. II.
  25. ________, 1970, Los argentinos y el amor, Buenos Aires, Merlín.
  26. ________, 1968, “Adolescencia y educación sexual”, curso que se dictaba en el hospital de niños, Buenos Aires.
  27. ________, 1965, “Los padres y el castigo”, en: Revista Mexicana de Psicología, México D.F., y en Acta Psiquiátrica, 1966, Buenos Aires, Argentina.
  28. ________, 1962, cortometraje: “Los que no deben morir”, guión y asesoría, Dirección Bullaude y S. Feldman, Centro de Estudios Audiovisuales de Tucumán (Prevención de diarrea infantil). Adquirido por Oficina Sanitaria Panamericana.
  29. GIBERTI, E. y F. Escardó, 1964, Disco: “Los ejercicios del bebé. Entrenamiento en el desarrollo de esquema corporal”, Ed. Abril.
  30. GIBERTI, E. y Otros, 1988-1989, Mujer y Obediencia, Lo invisible y lo explícito, Grupo Anacaona, aportes teóricos y coordinación de Eva Giberti, edición de las autoras.
  31. GIBERTI, E., y A. M. Fernández, 1989, La mujer y la violencia invisible, Buenos Aires, Sudamericana.
  32. GIBERTI, E., y L. Labruna de Andra, 1993, Sexualidades de padres a hijos, Buenos Aires, Sudamericana.
  33. GIBERTI, E. y Otros, 1997, E. de Gore Giberti S. y B. Taborda, Madres excluidas. Mujeres que entregan sus hijos en adopción, Buenos Aires, FLACSO.
  34. GIBERTI, E. y S. de Gore, 1999, Adopción y Silencios, Buenos Aires, Sudamericana.
  35. GIBERTI, E., S. Lamberti y colaboradores, 1999, Incesto paterno-filial, Buenos Aires, Universidad.
  36. GIBERTI, E. y M. Vul (comps.), 1999, Nuevos enigmas en la adopción, Buenos Aires, Sudamericana.
  37. GIBERTI, E. G. Barros y C. Pachuk, 2001, Los hijos de la reproducción asistida, Buenos Aires, Sudamericana.
  38. GIBERTI, E., J. Garaventa y S. Lamberti, 2005, Vulnerabilidad, desvalimiento y maltrato infantil en las organizaciones familiares, Buenos Aires, Noveduc.
  39. MORENO, María, 2003, “Eva, la nueva”, en: Suplemento Las 12, Diario, pp. 12, 7 de marzo, Buenos Aires, Argentina.

Contáctenos

Revista Nómadas

Dirección de Investigación y Transferencia de Conocimiento

Carrera 5 No. 21-38

Bogotá, Colombia

Correo electrónico: nomadas@ucentral.edu.co