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Editorial

Ha pasado casi una década desde 1996 cuando el número cuatro de la naciente revista NÓMADAS se dedicó al tema de “Jóvenes, cultura y sociedad”. Se perfilaba entonces la emergencia en Colombia de un campo de estudio que ponía el acento en la comprensión sociocultural de dinámicas y expresiones más bien recientes en los y las jóvenes. Posteriormente en el 2000, la revista No. 13 retomó la cuestión, proponiendo una discusión en torno a pistas diversas que surgían en las investigaciones, “preguntas básicas sobre las formas en que se constituyen las cosmovisiones juveniles, sus procesos creativos y sus prácticas”. La especificidad y la particularidad de las narraciones y experiencias de los jóvenes, confirmaron la condición de singularidad de este “nuevo” sujeto social.

Numerosos ejercicios de investigación y de acción social se han desarrollado en el tema en Colombia y Latinoamérica; se podría afirmar que hemos pasado por un boom de la práctica social intencionada con y para jóvenes. La academia, los medios de comunicación y las instituciones encargadas de política pública, entre otras instancias, continúan haciendo de los jóvenes un nodo de preocupación social, formulando interrogantes sobre ellos, atribuyéndoles problemáticas específicas. El joven es entonces una construcción social a la que se le reconoce cualitativamente diferente, al tiempo que convoca una polifonía de inquietudes y de acciones.

La Línea de investigación en jóvenes y culturas juveniles del IESCO (antes DIUC) se ha mantenido en la indagación por las condiciones, contextos, discursos y prácticas en que se producen y reproducen diversas subjetividades juveniles. Sin embargo, más allá de describir y comprender unos sujetos, una condición o unas generaciones, la pregunta por ellos y ellas ha sido ante todo un interrogante amplio hacia las sociedades que se están gestando. Por esto, el presente número vuelve a proponer el tema de los jóvenes, con el adjetivo de “contemporáneos”.

El énfasis del monográfico en las diferencias y las desigualdades de los jóvenes contemporáneos se relaciona con las transformaciones más recientes del contexto geopolítico a las que asisten las culturas del mundo, cambios que afectan notablemente las maneras de ser y narrarse sujetos, entre ellas las de los y las jóvenes. Los procesos de globalización económica, política, tecnológica y cultural nos abocan a pensar las tensiones en la configuración de los horizontes sociales; por ejemplo en cómo la interconectividad global propicia tanto la homogenización de los distintos pueblos como resistencias y flujos con contenidos más locales. En el caso de los y las jóvenes, su singularidad es visibilizada y exaltada, pero también es incorporada a los discursos globales hegemónicos, y transnacionalizada como particularidad viable en cualquier contexto. Así, la diferencia –en este caso “juvenil”– como posibilidad crítica, que cuestiona, interpela e incluso transgrede los órdenes vigentes, enfrenta la cooptación de sus sentidos; pero también emerge desde ciertos jóvenes una creatividad de dinámicas y flujos que escapan a tales hegemonías, acercándose a otras lógicas de comprensión social, quizás alternativas.

Jóvenes cuyas narraciones reclaman no sólo ser especiales y particulares sino diferenciarse del otro. Instituciones sociales y gubernamentales e industrias del entretenimiento prestas a incorporar las diferencias, pero despolitizando las construcciones culturales juveniles; mientras que diversidad de organizaciones y movimientos sociales buscan nuevos sentidos políticos desde su práctica cotidiana. Paradoja de interconexión con circuitos simbólicos globales en jóvenes latinoamericanos cuyas necesidades básicas de inserción social, cultural y productiva no están resueltas para la mayoría. Sujetos que se narran entonces en la complejidad de unos órdenes globalizados en que aún hay vestigios, arraigos y tradiciones locales, y en donde además persisten carencias y exclusiones. Jóvenes contemporáneos cuya experiencia de sí se gesta entre la heterogeneidad y las desigualdades.

Múltiples entradas son posibles para transitar por el interrogante planteado. La coyuntura de esta convocatoria a distintos investigadores e investigadoras, así como las bondades y limitaciones de espacio para la escritura, tal vez explican unas temáticas presentes y otras omitidas en la revista. Preguntas por los discursos sociales sobre los y las jóvenes como un campo específico de conocimiento, por el espacio-tiempo y la vida cotidiana en tanto ejes de sus trayectorias vitales, y por sus neociudadanías y sentidos políticos, fueron abordadas desde distintas reflexiones presentadas en este número.

Un primer grupo de artículos indaga por la diversidad y la diferencia en términos de los actores jóvenes que se nombran y configuran en distintos procesos y contextos. La interculturalidad pareciera ser un interrogante transversal a propósito de las y los jóvenes; si algo se evidencia en sus expresiones y cuerpos, y en la pregunta por lo juvenil hacia ciertas etnias, es la complejidad del encuentro de culturas en la contemporaneidad. Lo diverso no parece siempre converger en un crisol multiculturalista armónico, por el contrario, son obvios la tensión y el conflicto presentes. El énfasis en la diferencia de las subjetividades juveniles puede propiciar su visibilidad, reconocimiento e inclusión en los órdenes sociales, pero no necesariamente resuelve las profundas desigualdades que acompañan la vida de millones de jóvenes latinoamericanos.

El asunto de la relación entre jóvenes e instituciones es reflexionado desde las tensiones que, por ejemplo, ciertas lógicas institucionales plantean a la vida cotidiana del sujeto. Se nos recuerda que las temporalidades ordenan y representan al joven, uno más cercano al ideal de sujeto de la modernidad (con unidad identitaria, predominantemente racional, inserto en roles y estructuras coherentes), otros con identificaciones acaso más mutantes y paradójicas. La pregunta por la memoria como posibilidad de construcción de subjetividades colectivas, así como la eventualidad de vulnerabilización de tales procesos, emergen claramente en algunos de los textos.

El tercer apartado incluye artículos que indagan por la producción del conocimiento en relación a la juventud. Se interrogan coyunturas, actores e intereses que muestran cómo las relaciones de poder conforman no sólo “problemas de los jóvenes” sino además “jóvenes problemáticos”. Se enfatiza en los efectos políticos de los discursos, pues la definición de los problemas sociales moviliza acciones y recursos en unos sentidos más que en otros. Además, los nombramientos de los y las jóvenes inciden en sus procesos de subjetivación, produciendo en momentos sociohistóricos particulares ciertas representaciones y narrativas.

En el siguiente grupo de escritos la pregunta por jóvenes y políticas vuelve a llamar la atención no sólo hacia las resignificaciones de lo político presentes hoy en las y los jóvenes, sino hacia la influencia de los eventos socioeconómicos, los contextos y crisis locales y globales, en las formas como ellos y ellas agencian su acción. Se percibe una actuación política de los jóvenes caracterizada por la complejidad; con raíces en formas tradicionales, pero a su vez con desplazamientos hacia expresiones culturales y movimientos sociales más emergentes.

Finalmente queda la inquietud por los focos, las atenciones y olvidos que podrían revelar ausencias reflexivas con las que nos encontramos al producir el tema monográfico. Los cuestionamientos sobre la relación tecnología, tecnoculturas y subjetividad juvenil, no se lograron incluir desde una perspectiva de las desigualdades de conexión cultural que experimentan no pocos jóvenes. El asunto de la fragilidad de la inclusión productiva, la flexibilidad y desprotección laboral a la que también están expuestas las nuevas generaciones, se anuncia como un tema clave de indagación. Exclusiones “de vieja data” en Latinoamérica como, por ejemplo, el asunto de los habitantes de la calle o las diversidades de orientación sexual, no contaron con reflexiones a propósito de los y las jóvenes. Su vínculo en el conflicto armado –por ejemplo en los distintos ejércitos de Colombia– no pareciera ser aún un tema investigado a profundidad. El cuerpo en tanto lugar de batalla de las subjetividades juveniles, las formas de biopoder en torno a unos cuerpos enunciados como juveniles, ameritan incluso un monográfico particular; desafortunadamente, aquí no se alcanza a dar cuenta suficiente.

Sin embargo, confiamos en que las imágenes que acompañan la revista, constituyen en este caso otro relato que muestra facetas que no aparecen en palabras, pero complementan un cuadro de diferencias y desigualdades. Percibimos allí la fuerza de unos retratos que hablan por sí solos de las complejidades y contradicciones de la experiencia del joven contemporáneo.

Se apuesta por un relato visual que se distancia de las reiteradas imágenes juveniles cercanas a las industrias del consumo y el entretenimiento, de los signos que la publicidad transnacional aporta como sentido hegemónico. La opción es por una narrativa visual que nos recuerda que en los “tiempos de globalización” existen múltiples conflictos locales con jóvenes cuyas imágenes aún no son del todo absorbidas y transversalizadas por las industrias culturales. Las fotografías de distintos procesos, incluidas en esta revista, nos hablan de un joven inmerso en la guerra, asumiendo desplazamiento forzado, resistiendo los embates de una pobreza cuya intensidad nos vuelve a ubicar en las desigualdades contemporáneas.

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