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Fin de año sin fin

Fim do ano sem fim

End of the year without end

Roberto Marafioti*


* Profesor de semiología en las universidades de Buenos Aires y Lomas de Zamora. Actualmente dirige una investigación UBACYT. Sus últimos dos libros son: Charles S. Pierce. El éxtasis de los signos, y, Sentidos de la comunicación. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.


Resumen

El artículo refiere a una tragedia ocurrida en Buenos Aires a fines del 2004. Relaciona un segmento del universo del rock local con la falta de respuestas hacia los jóvenes de las instituciones y la sociedad. La semiótica de la cultura y el concepto de texto permite mostrar que las canciones del grupo Callejeros evidencian el deterioro de un sector sin inserción laboral, educativa y social. El mito conforma una identidad dentro de las tribus juveniles porteñas.

Palabras clave: tribus urbanas, texto, semiótica de la cultura, mito, rock, Callejeros.

Resumo

O artigo refere-se a uma tragédia ocorrida em Buenos Aires no fim de 2004. Relaciona um segmento do universo do rock local com a falta de respostas para os jovens das instituições e da sociedade. A semiótica da cultura e o conceito de texto permite mostrar que as canções do grupo Callejeros evidenciam a deterioração de um setor sem inserção trabalhista, educativa e social. O mito forma uma identidade dentro das tribos juvenis portenhas.

Palavras-chaves: tribos urbanas, texto, semiótica da cultura, mito, rock, Callejeros.

Abstract

This paper talks about a tragedy that happened in Buenos Aires at the close of 2004. It relates the rock universe’s to the lack of response to young people to that of institutions and society. The semiotic theory of culture and the concept of text allow to show that Callejeros’s songs reflect the impairment of young without possibilities of education, work, and social inclusion. The myth built by the group aims to shape an identity in the urban tribes settled in Buenos Aires.

Key words: urban tribes, text, semiotic theory of culture, myth, rock, Callejeros.


Introducción

El 30 de diciembre del 2004 estalló, en un popular barrio de Buenos Aires, un incendio en un recital de rock de un grupo que venía en ascenso, Callejeros. El local, excedido en capacidad1, donde se realizaba el encuentro, se llamaba República Cromañón. 193 jóvenes fueron devorados por el humo cargado de ácido cianhídrico. Se habilitaron líneas telefónicas de consulta para quienes asistieron a ese recital, brindando asistencia psicológica.

El grupo Callejeros, surgido de un barrio del sudoeste de la ciudad de Buenos Aires, Villa Celina, por su actitud, por las letras de sus canciones, por el público que convocaba, por su propio nombre, congrega a jóvenes impugnadores de la cultura oficial. Lo que, en ámbitos roqueros, se denomina “la cultura careta”. Sus integrantes pertenecen a sectores de clase media baja, aquellos a quienes más afectó la crisis de los noventa2.

Desde el punto de vista de quienes eran sus seguidores, sin embargo, manifestaban el carácter policlasista de todo el rock nacional con la novedad de sumar rituales y gestos futbolísticos. La pasión argentina, se sabe, se resume en fútbol y rock.

Como se encargó de detallar el diario Clarín pocos días después del acontecimiento, los fans de la banda se organizaban en dos grupos que, solventados por Callejeros, iniciaban cada presentación encendiendo pirotecnia; replicaban la entrada de las hinchadas a una cancha. Ambos estaban en contraposición y pertenecían a barriadas diferentes de Buenos Aires. La escenografía futbolística se trasladó al espacio roquero y fue el origen de la catástrofe3. Incluso los testimonios posteriores de participantes de estos grupos coincidieron en señalar que el vino, la “merca” (cocaína) y los traslados a los recitales, eran solventados por la banda, cuyos integrantes estaban interesados en promocionar estos “juegos de representaciones”.

El incendio iluminó una crisis más honda y severa que se puede extender a otros sitios de Latinoamérica. Desde entonces se produjo un intenso debate alrededor de la cultura roquera.

La juventud, un nudo complejo en el pasado y el presente de Argentina

Desde el Nunca Más pronunciado por el fiscal Julio César Strassera en el alegato del Juicio a las juntas militares, pasaron muchos años. Entonces se juzgó a los militares por los 30.000 desaparecidos, en su gran mayoría jóvenes y trabajadores.

Un poco antes, en 1982, la dictadura militar había emprendido la recuperación de las islas Malvinas dando lugar a una guerra que terminó en derrota. Allí también la mayoría de los muertos fueron jóvenes humildes de las provincias más desfavorecidas.

A partir de la recuperación democrática se ha instalado un vínculo distinto hacia los jóvenes. De una manera u otra se asiste a su permanente exclusión. La desocupación o la subocupación es más aguda en el sector juvenil que en el resto de las capas sociales.

Esta realidad se conforma paradójicamente en medio de discursos mediáticos (sobre todo el publicitario) que alaban las opiniones y los deseos juveniles. De a uno, de a varios o de a cientos, caen jóvenes de diferente manera. No tienen trabajo, alternativa profesional, ni horizonte. A veces se les propone un mundo laboral de cuasi esclavismo que algunos aceptan alegremente (mcdonalización laboral).

Algunas muertes tuvieron la particularidad de desencadenar fenómenos imprevistos y dejaron una huella imborrable en la sociedad. La violación y asesinato de María Soledad Morales pulverizó el régimen de una familia gobernante en la provincia de Catamarca. La muerte del conscripto Carrasco en un Batallón del Ejército aniquiló el régimen de conscripción militar. Otros casos, como el de Miguel Bru o de Walter Bulacio permanecen impunes. En el 2002 dos piqueteros jóvenes, Darío Santillán y Maximiliano Kostecki, fueron fusilados por la policía bonaerense y esto obligó al Presidente Duhalde a adelantar las elecciones. Pero hay muchos casos más.

Hay jóvenes que son secuestrados de modo circunstancial o aparecen muertos. En algunos casos las policías, federal o provincial, son responsables o cómplices (“gatillo fácil” es la metonimia preferida), en otros se trata de seguridad privada, bandas de delincuentes o secuestradores.

han escuchado diferentes voces, sobre todo desde la derecha local, clamando por endurecer el código penal. Proponen bajar la edad de imputabilidad, acelerar los tiempos judiciales. El blanco preferido es la franja juvenil, riesgosa e inmanejable por naturaleza. En el mismo año 2004 se sucedieron multitudinarias manifestaciones de apoyo a un padre que encontró muerto a su hijo secuestrado de 22 años. En este caso la víctima pertenecía a un sector social acomodado y el reclamo tuvo una exposición mediática contundente. La respuesta sobresaltada de los legisladores llevó a aprobar, incluso con errores, reformas al código penal.

Hasta el 30 de diciembre, el tema de la seguridad se trató desde la represión a los jóvenes que, por pobreza o exclusión, atraviesan la delgada línea que culmina en la delincuencia. La simpleza de las soluciones mostró la miopía de los análisis.

En estas circunstancias los medios acompañaron y mostraron los sucesos escandalosos poniendo en el escenario las realidades más difíciles. En más de un caso fueron determinantes para el cambio de realidades aberrantes.

Otro aspecto se refiere a cierta característica propia de aquello que se llamó el “ser argentino”. La arrogancia, la jactancia, se condensan en el “piola”, esa palabra porteña que retrata a un personaje omnipotente y transgresor. El 30 de diciembre mostró que este significante no sólo pertenece a los adultos sino que fue apropiado por segmentos de la juventud. Nadie creyó que se debían respetar las normas de acceso a un local bailable. Nadie preguntaba quién era responsable de que se cumpliera con las normas de seguridad. Nadie creía que lo atroz podía incluirlo.

El dueño del lugar bailable4, Ómar Chabán, declaró en una oportunidad no muy lejana que el rock era un muy buen negocio porque allí funciona la consigna de cuanto peor, mejor. A los jóvenes no les importa, aseguraba, ni la higiene, ni la comodidad, ni la seguridad. El apretujamiento es cálido y lucrativo. El capitalismo salvaje se extendió a un reino ideal donde todo se puede impugnar y nada se controla.

El festival de acusaciones continúa y el resultado de la política de fuga del estado de sus funciones elementales sigue con independencia de los colores políticos de quienes gestionan5. Las instituciones oficiales fueron condescendientes y/o cómplices de empresarios interesados en maximizar sus ganancias. Los padres fueron incapaces de poner límites a la voluntad transgresora de sus hijos, incluso aquellos que tienen que ver con la propia conservación. El universo del rock operó como legitimador de la descalificación generalizada de una sociedad incapaz de dar respuestas consistentes y creíbles para un sector al que sólo le propone una libertad de palabra pero sin ninguna responsabilidad. La vieja sentencia de Spinoza, “la libertad es la necesidad de tomar conciencia”, fue escamoteada.

Dicotomías y esquemas conceptuales

Es interesante internarse en el universo juvenil y considerar su propia organización. Desde hace tiempo se viene incorporando el concepto de tribus urbanas (Maffesoli, 1990: 17; Costa et al., 1996: 91) para definir una situación sociológica novedosa. Así, se delimita un espacio social conformado desde una identidad fragmentada pero intensa. Los múltiples grupos juveniles se identifican entre sí por rasgos diferenciales que van desde la ropa, los conjuntos de rock a los que siguen, los tatuajes, los piercings, los peinados, los sitios de encuentro, las bebidas que consumen, etc. Esta fragmentación lleva a pensar en la complejidad del campo de estudio, señala la necesidad de contar con variables múltiples y de proponer afirmaciones cautas.

Las respuestas que se ensayan aquí, apuntan a ver el fenómeno desde una perspectiva social y, sobre todo, cultural. Se trata de ahondar en los mecanismos articuladores de un discurso con peculiaridades y debilidades.

Es propio de un tiempo, como el juvenil, en el que se buscan identidades más fuertes para acceder a la vida adulta, el necesitar construir esquemas dicotómicos que ubiquen con nitidez y precisión a los otros.

De allí que se organicen parejas semánticas opuestas para separar aquello que la realidad muestra de un modo más complejo. La cultura comienza allí donde nace la necesidad de una relación (Lotman, 1996:81).

Así, para los jóvenes, ser careta se opone a ser del palo. Cultura a contracultura. Under o alternativo a comercial. La lista podría seguir.

Es obvio que nadie es sólo careta, y el ser del palo a veces no es más que una mera descripción. Nadie es todo el sistema y tampoco la paz o la autenticidad se monopolizan por edades ni por generaciones. Pero, por ello mismo, resulta más valioso reconocer los términos opuestos que describir sus contenidos.

Pero también grupos como los rollingas6 se oponen a los alterna, a los punk, a los cumbieros, a los dark, a los raperos, a los ya canosos hippies. Y se podría continuar con los ejemplos. Lo que importa es que al relacionarlos constituyen un sistema que hace que cada uno deba reconocerse en su propio espacio de producción de sentido. Ello genera un exceso de producción de significación que conduce al estereotipo. Por eso se puede afirmar que el universo juvenil funciona con un alto grado de esquematismo. Cuando se ve a jóvenes vestidos con el mismo diseño indumentario, con cortes de pelo similar, con tatuajes u otro tipo de aditamentos, no se puede más que recordar la presión del universo tradicional de la moda que impone registros de vestimenta como unidades enunciativas. Y aquello que busca la diferencia termina conformando la uniformidad. Paradojas de la producción de sentido: la libertad máxima concluye en la obligación máxima.

Cultura, memoria y Olvido

Ya hemos señalado la importancia que han adquirido en la cultura local ciertos hechos que involucraron a jóvenes y su vínculo con situaciones más estructurales. La definición de Lotman acerca de la cultura servirá al análisis aquí propuesto. Él alude a la cultura como la “memoria no hereditaria de una colectividad” (Lotman, 1979:71). Y agrega que, “por esencia propia, va dirigida contra el olvido” (1979, 74). Memoria y olvido, información acumulada, conservada y transmitida por los diferentes colectivos de la sociedad humana generan tensiones que en nuestros países tienen un alto grado de conflictividad. Las Madres, las Abuelas de Plaza de Mayo y las más recientes Madres del dolor se han convertido en organizaciones destinadas a esclarecer crímenes pero también a promover el recuerdo como mecanismo de consolidación social.

Las formas de la memoria dependen de lo que se considere sujeto de memorización, de la estructura y orientación de una civilización determinada. Lotman reinterpreta la noción de cultura escrita y cultura oral (Lotman, 1993:3). La primera actúa como un archivo por acumulación de acontecimientos singulares en tanto que la segunda trabaja con una memoria fraguada en la práctica rítmica del rito y sus formas de organización y comprensión de lo cotidiano. Si la primera prefiere las relaciones de causa a efecto y apunta a los resultados de una acción narrativizada, la segunda enfila a lo cíclico y a los recursos que tienen que ver con la imaginación y la construcción de los mitos.

La teoría propuesta por la Escuela de Tartu es provechosa para el análisis del rock en tanto manifestación de una subcultura que posee rasgos que la aproximan a la cultura oral.

En algunas canciones de Callejeros se juega con el ritmo y la rima por encima de la significación. Hay un forzamiento por desencadenar mecanismos de fácil recordación antes que por la búsqueda de una coherencia y cohesión discursivas. En “Todo eso” dicen: Todo eso y tus besos/ son la mueca que me va a quedar/ cuando me vengan a buscar/ Todo eso es el peso/ que tendrá mi alma/ (…) La obsesión por la letra y por la rima/ más la presión por trepar a la cima.

Lotman también recuerda la noción de sistema. Un espacio semiótico donde actúan sistemas de signos. Ello supone la instauración de normas que operan en su interior pero que, al mismo tiempo, interactúan con el exterior. En este punto la noción de contexto e historia aparece rediseñando la tradición semiótica que se interesaba sólo por la producción de sentido en el seno de un espacio clausurado sobre sí mismo. Los productos culturales cobran sentido en el pasaje entre el dentro y el afuera del sistema de significaciones. Este es un aspecto fundamental cuando se estudian ámbitos de la producción artística y cultural que se proclaman como vanguardias y/o rupturas frente a un orden establecido. Los vasos comunicantes entre los diferentes productos interactúan brindando nuevas significaciones. El tiempo actúa como un flujo donde nadie puede renunciar al pasado. No hay ruptura definitiva sino nuevas continuidades. Callejeros asume esta realidad aun cuando se aíslen de ese espacio que conforman por fuera y por dentro del sistema de signos.

Los textos y el rock

Para Lotman el texto conforma un espacio semiótico en el interior del cual los lenguajes interactúan, se interfieren y organizan jerárquicamente. Incluso la cultura en su totalidad es un texto, un texto complejamente organizado que se descompone en niveles de “textos en los textos”. El texto restaura el recuerdo y genera nuevos sentidos por parte de los usuarios.

La imagen de Callejeros es la de un grupo marginal. Sin embargo, ostentan bastante vaguedad acerca de sus adversarios. Sus canciones los revelan como un conjunto preocupado por encontrar un sentido en un contexto del que se sienten ajenos. Esta búsqueda se expresa en un estado de descreimiento generalizado. Toda afirmación es puesta en duda o negada. No existe un discurso ordenado y coherente, sino un flujo de contradicciones y cambios de opinión. El autor de las canciones, Patricio “Pato” Fontanet, describe esa permanente insatisfacción. En “Canciones y alma” es elocuente esta posición: … y para adentro me pregunto/ Pato qué es lo que habrá pasado/ que me moría por tocar rocanrol/ y ahora que puedo, algunos me están fusilando/ Te la creíste, las entradas son muy caras/ te subiste al caballo/ después los ves pagar el doble por un show que no vale 10 centavos/ es que mientras haya mundo habrá caretas que la van a seguir boqueando

En “Rocanroles sin destino” hay una descripción implacable del mundo del rock y una identificación con el público. Dice: A esta ciega razón de vivir/ de tratar de lograr/ ser la revancha de todos aquellos/ que la pelearon al lado, de cerca o muy lejos/ y no pudieron reír sin llorar/ Te llaman si convocas, te llaman si pagas bien.

La industria cultural, en muchos casos, simula rebeldía detrás de negocios millonarios. El rock y sus adyacencias (la ropa identificatoria, los Cd, las revistas7) se han convertido en una fuente inagotable de ganancias que tienen como protagonistas a un segmento que, a veces, olvida los fundamentos del régimen.

En “Un lugar perfecto”, Callejeros se desliza hacia afirmaciones más universales: No creo en Navidades ni en las noches de paz/ Las verdades no son absolutas y hay mentiras y verdad/ … Las verdades son tan irreales como la realidad…

En “Parte menor” se describe la realidad ciudadana, los ómnibus 91 y 60, la calle del límite de la ciudad de Buenos Aires que es la avenida General Paz y se dice: Está el ‘91’ y la General Paz; ahora, soy empleado de la capital, de este infierno/ y llego hasta el Centro que es todo protesta:/ el excluido reclama y el Congreso que apesta./ y yo sólo quiero patear al sistema hacia otro lugar/ Pero hoy ficho igual, igual, como lo hice ayer,/ con la vena de ser parte menor de este todo,/ que no me cierra y que me encierra mal./ …/ La madrugada me ve solo en la mesa viendo al mundo por televisión…/ no cambio nada y vuelvo a la cama/ pensando que tal vez mañana,/ todo será un poco menos peor que hoy. En este caso no se trata sólo de la ambigüedad (no podemos saber hacia adónde pretenden “patear al sistema”) sino también la perplejidad que culmina observando al mundo por televisión. La enunciación es la de alguien que critica al sistema, se ve excluido, pero está inerme.

El mito Callejeros

El mito es un objeto cultural, un referente en una comunidad determinada, organiza una narrativa propia. Lévi-Strauss lo define como algo que narra una historia (Lévi-Strauss, 1975:190). Es una anécdota. No importa la verdad de los hechos sino la credibilidad que construye. La juventud multiplica la producción mítica. Las tribus y los conjuntos de rock conforman a su alrededor infinidad de relatos míticos.

La imagen de Callejeros es la de una rebeldía sin un discurso definido al cual aferrarse, ni una escala de valores ordenada. La única apuesta es la sincera expresión de las emociones, aunque éstas reflejen un mundo interior caótico. El mito se edifica en la figura de un representante de la juventud porteña cuasi marginal, rollinga, que busca algo pero no lo encuentra.

La crisis argentina tiene una manifestación clara en los temas en donde se alterna la demanda con la denuncia. El amor con la fragilidad de las relaciones. La sinceridad con la hipocresía.

Inicialmente Callejeros se enorgullecía por circular fuera del sistema comercial. Sus grabaciones se vendieron en otros ámbitos de validación pero al ganar en popularidad, es inevitable la incorporación a un sector que sólo contabiliza las ganancias. De esta manera, la exploración de la propia sensibilidad se convierte en un producto de mercado, cerrándose un círculo sin salida. Su propuesta artística, a pesar de buscar lo alternativo, concluye como un objeto más en venta.

El proyecto de generación de Callejeros se incubó en la herencia del desencanto que sigue al fracaso de los grandes movimientos políticos y sociales. Aprendió a no creer en los discursos oficiales, en un sistema que se sostiene en valores que se manipulan según la conveniencia. Descubrió que la democracia no trajo cambios sustanciales para su proyecto vital. Por ello, toda filiación a un pensamiento establecido, cuyo contenido siempre puede ser tergiversado por los intereses del poder, es sospechosa y rechazada. Así, un discurso que no se compromete en ningún momento y que opta por un aislamiento de la hipocresía social expresa con gran eficacia este sentir.

Los jóvenes descubren en Callejeros una nueva forma de expresión, una especie de lenguaje que se ven forzados a reconstruir para entender el sentido de las canciones. Lotman afirma que, además de poseer la función comunicativa, los textos generan significados. El texto precede al lenguaje. “Se presenta no como la realización de un mensaje en un solo lenguaje cualquiera, sino como un complejo dispositivo que guarda variados códigos, capaz de transformar los mensajes recibidos y de generar nuevos mensajes, un generador informacional que posee rasgos de una persona con un intelecto altamente desarrollado” (Lotman, 2003:3). En el estudio de las canciones de Callejeros observamos que el significado original de un texto sufre, a lo largo de su funcionamiento cultural, una serie de reelaboraciones y transformaciones que incrementan su significación, produciéndose la función creativa.

Si bien en su función comunicativa el texto se presenta como homogéneo, en su función creativa es heterogéneo: aparece como una manifestación simultánea de varios lenguajes.

El retrato que hace Callejeros de su grupo de referencia enfatiza la idea del escepticismo frente a la lucha social y el resultado es la apatía general. Se dice por ejemplo en “Rebelde, agitador y revolucionario”: Hoy me sacrifican como cerdo por no estar de acuerdo/ con conservas y militares/ Por no querer altares de oro y sangre/ me acusan de rebelde, agitador y revolucionario/ por no pensar lo mismo y decirlo…/ pero al haber un día, todo cambiará,/ habrá una iglesia que comprenderá/ al reprimido y no al represor./ Y será honesta como lo fui yo… o tal vez no. Es llamativa, en este caso, la alusión a la iglesia.

Como la juventud ya no se identifica con la lucha social de décadas anteriores, en las que el objetivo era llevar a cabo una transformación de la sociedad, la protesta culmina en el plano individual. La preocupación se centra en el entorno inmediato y en la mentalidad de los individuos que integran esta sociedad.

el personaje, según el mito que lo erige, puede resumirse de la siguiente forma: Callejeros muestra a un grupo crítico, inconformista, que busca un sentido, dentro de una sociedad despiadadamente competitiva. A pesar de desconfiar de los valores de su comunidad, también muestra escepticismo frente a las luchas tradicionales de la contracultura. Por este motivo, se rebela contra la mentalidad del ciudadano común. La hostilidad del medio obliga a la retracción y al aislamiento, encontrando en su mundo interior un refugio, en el que es posible dar rienda suelta a la sensibilidad – y a la creación musical–, sin necesidad de preocuparse por la imagen que debe mostrar a los demás. Sin embargo, el retraimiento crea nuevos conflictos, debido a que hay una fuerte insatisfacción: la opción de la marihuana y el alcohol se inscriben en la búsqueda de una realidad alternativa. Por otro lado, la falta de un sentido de vida provoca tedio, de modo que el sentimiento de infelicidad es constante: ninguna afirmación es satisfactoria, por lo que debe ser negada si bien ha sido formulada.


Citas

1 En un local donde podían ingresar 1.700 personas se permitió el acceso a más de 3.000.

2 Las declaraciones posteriores de los miembros del grupo, independientemente de la situación emotiva excepcional que atravesaban (algunos de ellos perdieron a familiares, novias o amigos), mostraron una escasa habilidad para manejar recursos argumentativos. La desaparición de la educación pública afecta sobre todo a estos sectores sociales.

3 La revista Rolling Stone 81 (p.56) en una nota de diciembre de 2004 da cuenta de esta particularidad. “En vivo, Callejeros siempre encarnó una celebración para la catarsis. Sus primeros recitales ante más de quinientas personas fueron durante el pico de la última gran crisis argentina. Entonces, sus fans usaban los pocos patacones que les quedaban para comprar bengalas, o para concebir una bandera de palo que decorara el fresco ritual roquero. Así fue como ese detalle se convirtió en característica: hoy son tantas las bengalas que se encienden (mínimo tres por canción, lo que ha acarreado discusiones entre la banda y algún sector del público) y tantos los trapos que flamean, que pareciera que alguien disparó un loop cargado con las emociones que generaba el himno ricotero “Juguetes perdidos”.

4 El nombre de Cromañón no puede dejar de aludir a una metáfora social que refleja una situación obvia.

5 El gobierno de la ciudad de Buenos Aires es ejercido por un jefe de gobierno, Aníbal Ibarra, que representa a lo que se puede denominar sectores progresistas.

6 Este tipo de tribu se identifica con Mick Jagger y en el nivel nacional con Luca Prodan, Los Redonditos de Ricota, Divididos, La Renga y Los Piojos, en los recitales invocan la figura del Che Guevara y Diego Maradona.

7 La revista Rolling Stone (aunque no es la única) es paradigmática en este sentido. Se trata de una réplica de la revista editada en los E.U.A, pero es publicada por el grupo La Nación que en Argentina representa a los sectores más tradicionales y conservadores del periodismo.


Bibliografía

  1. COSTA, Pere-Oriol; Pérez Tornero, José Manuel y Tropea, Fabio, Tribus urbanas. El ansia de identidad juvenil: entre el culto a la imagen y la autoafirmación a través de la violencia, Barcelona, Paidós, 1996, p.91.
  2. LÉVI-STRAUSS, Claude, “La estructura de los mitos”, en Antropología Estructural, Buenos Aires, EUDEBA, 1975, p.190.
  3. LOTMAN, Iuri M., y Escuela de Tartu, Semiótica de la cultura (Introducción, selección y notas J. Lozano, traducción de N. Méndez), Madrid, Cátedra, 1979, pp.71, 74.
  4. LOTMAN, Iuri M., La semiosfera, I. Semiótica de la cultura y del texto, (Selección y traducción de Desiderio Navarro), Madrid, Cátedra, 1996, p.81.
  5. _________, “Consideraciones sobre la tipología de las culturas”, en: Eutopías 11, Valencia, Episteme, 1993, p.3.
  6. _________, “La semiótica de la cultura y el concepto de texto”, en: Escritos. Revista del Centro de Estudios del Lenguaje 9, Puebla, México, 1993. En Entretextos, Revista Electrónica Semestral de Estudios Semióticos de la Cultura 2, Noviembre de 2003, <http://www.ugr.es/~mcaceres/Entretextos/entretextos2.htm>, p.3.
  7. MAFFESOLI, Michel, El tiempo de las tribus, Madrid, Icaria, 1990, p.17.

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