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Retrato de una dama incómoda

Retrato de uma senhora desconfortável

Portrait of an uncomfortable lady

Sandra Lorenzano*


* Escritora “argen-mex”, doctora en Letras, profesora-investigadora de la Universidad Autóno - ma Metropolitana, miembro del Consejo Editorial de debate feminista, directora de la colección de narrativa latinoamericana Primero Sueño. E-mail: slorenzano@ laneta.apc.org


Resumen

Por su trabajo como activista convencida del movimiento feminista, como defensora del derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, como brillante ensayista, como interlocutora de los partidos y movimientos de izquierda mexicana, como fundadora de debate feminista, la antropóloga mexicana Marta Lamas se ha convertido en un símbolo de la cultura contemporánea de su país. Este artículo muestra un perfil de esa intelectual, luchadora y crítica.

Palabras clave: debate feminista, libertad, derechos, mujeres, género, pensamiento contemporáneo.

Resumo

Por seu trabalho como ativista convencida do movimento feminista, como defensora do direito da mulher a decidir sobre seu próprio corpo, como brilhante ensaista, como interlocutora dos partidos e dos movimentos da esquerda mexicana, como fundadora de debate feminista, a antropóloga mexicana Marta Lamas se converteu em um símbolo da cultura contemporânea de seu país. Este artigo mostra um perfil dessa intelectual, lutadora e crítica.

Palavras-chaves: debate feminista, liberdade, direitos, mulheres, gênero, pensamento contemporâneo.

Abstract

Marta Lamas has become a symbol of contemporary culture in her country, because of her work as a convinced activist of the feminist movement, a defender of the women’s right to decide on their own bodies, a brilliant lecturer, a listener of left parties and movements, and as the founder of the journal debate feminista. This article is a profile of this intellectual, fighter, and critical woman.

Key words: debate feminista, freedom, rights, women, gender, contemporary thought.


Para la banda de los martes,
por las complicidades y el cariño

Había una vez una niña solitaria a la que le gustaba leer rodeada de sus gatos… Había una vez una adolescente que, con ojos espantados, miraba las desigualdades que tenía alrededor… Había una vez una joven estudiante de antropología que descubrió el marxismo… Había una vez una mujer que supo que su cuerpo y su sexualidad eran también políticos… Había una vez una cantante que con guitarra en mano le disparaba al sexismo… Había una vez una intransigente luchadora por la despenalización del aborto… Había una vez una lúcida pensadora que se oponía a encasillar sus reflexiones… Había una vez…

¿Cuál es el mejor comienzo para este cuento? ¿Cuál es el mejor comienzo para el cuento –que no es cuento– que nos permita acercarnos a Marta Lamas? ¿Hablar de su vida, de su militancia, de sus libros o de sus gatos? “Es necesario involucrarse en varias actividades para que cada una de ellas resulte positiva, ilumine, sirva, trascienda. Por eso he trabajado en distintos ámbitos, del activismo a la reflexión, de la antropología al psicoanálisis, del debate feminista al Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE)” (Lamas, 2001: 363). Marta Lamas es un referente ineludible en la cultura mexicana contemporánea: militante convencida del movimiento feminista desde sus inicios, crítica feroz del pensamiento conservador y el statu quo, defensora del derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, activa interlocutora de los partidos y movimientos de la izquierda mexicana, aguda ensayista. Su rigor reflexivo, su claridad e independencia ideológicas, su compromiso político más allá de límites y fronteras partidistas la han vuelto una figura clave en el México de comienzos del siglo XXI.

Marta nació en la ciudad de México, hija mayor de una pareja de argentinos liberales, hijos –a su vez– de españoles. “Migrantes hijos de inmigrados”. A los cuarenta días de nacida la llevaron a Buenos Aires. “Gran parte de mi infancia la pasé yendo y viniendo. Mi padre era un apasionado de este país. Con la idea de que volveríamos a radicar en Argentina nos empezó a llenar de México; nos llevaba a ver las ruinas arqueológicas y los conventos en varias partes de la República y a conocer lo más posible” (Lamas, 2001: 364). Como su padre, Marta se convirtió en una enamorada de México, país que decidió que sería el suyo. Pero la realidad mexicana no era sólo arqueología y conventos; afuera del pequeño grupo familiar, de la cultura y los libros, de los viajes y los amigos intelectuales, había desigualdades e injusticias, había un mundo incomprensible y doloroso. Tratar de entenderlo y de transformarlo fueron dos objetivos que nacieron entonces y que parecen haber guiado la vida de Marta hasta ahora. Volverse monja o trabajar en un kibutz –dos de sus aventuras adolescentes– no parecían darle las respuestas que buscaba. Pero en la preparatoria –en la Mexico City School, escuela fundada por refugiados españoles– el maestro de doctrinas filosóficas les habló del marxismo: “…para mí fue como si descorriera una cortina y se aclararon muchos de mis interrogantes sobre la miseria y las diferencias sociales. A partir de ese momento comencé a vivir una época muy difícil. Mi papá era banquero y vivíamos en una zona muy rica de Polanco; en ese contexto me volví una izquierdista radical” (Lamas, 2001: 366). Llegaron entonces el 68 y el movimiento estudiantil; Marta, estudiante de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, participó en él activamente.

Poco después, nacieron de manera casi simultánea –y es probable que en esa simultaneidad no haya casualidad– Diego, su hijo, y su relación con el feminismo. En una charla que Susan Sontag dio en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Marta descubrió aquello de que “lo personal es político”; más allá de la lucha de clases y de la política en el sentido tradicional, “también en la cama y en las relaciones con los hombres había una situación de poder y debíamos preguntarnos qué pasaba con la sexualidad. (…) Después de la conferencia un grupo de mujeres nos acercamos a Sontag y Marta Acevedo nos invitó a una reunión feminista. Desde entonces participo en este movimiento. Era 1971, yo tenía 23 años y mi hijo, uno” (Lamas, 2001:367). A la militancia de izquierda, le sumó entonces la posibilidad de identificar su propia problemática como mujer y de empezar a luchar también desde ahí. Esto no borró el compromiso con los grupos marginados sino que, en cierto sentido, lo afinó. “Por ejemplo, la lucha que mantengo desde 1972 por la despenalización del aborto evidentemente beneficiará en mayor medida a las mujeres que viven en peores circunstancias, las que no cuentan con los recursos para practicarse un aborto –aunque clandestino– en un lugar higiénico y con personas preparadas. Pero con esa lucha también estoy reivindicando una libertad básica: la posibilidad de decidir sobre una misma” (Lamas, 2001: 367).

La dificultad que existe en términos sociales para poder entender el aborto como un derecho de las mujeres –más allá de la observación que hiciera Carlos Monsiváis hace algunos años en el sentido de que la sociedad mexicana ya había despenalizado moralmente el aborto– “… tiene que ver básicamente con la ideología religiosa que está entretejida en nuestra cultura y cuyo discurso es: ‘Tú no eres dueño de tu vida, Dios es el dueño de tu vida, tú no puedes disponer de ella’. En este contexto, el ‘derecho a decidir’ –sobre tu cuerpo y sobre tu vida, sobre la religión que quieres practicar, con quién te quieres ir a la cama, con quién te quieres casar, cuántos hijos quieres tener, qué quieres leer, cómo quieres vivir; o sea, todo lo que tiene que ver con la vida íntima– se vuelve de alguna forma un atentado contra la idea de que hay un ser supremo que decide por ti y que tú tienes que someterte a sus designios o seguir los dictados que los voceros de ese poder supraterrenal, sus representantes en la tierra, dictaminan. No está formulado de esa manera, pero ese es el sustrato de todas las resistencias, es decir, algo que es un hecho de mínima autonomía en el ejercicio de la conciencia se convierte en todo un desafío cultural a la religión” (Brito, 2002).

Las fronteras del derecho a decidir se deben establecer a partir del respeto:

El respeto al derecho ajeno es la paz,
El respeto a la sexualidad ajena es la paz,
El respeto al aborto ajeno es la paz,
El respeto a las creencias ajenas es la paz,
El respeto al ateísmo ajeno es la paz,
El respeto a la vida ajena es la paz.
Vamos respetando las fronteras entre lo público y lo privado.
Vamos respetando el derecho de las personas a tomar decisiones privadas en materia de sexualidad y de reproducción.
Vamos respetando la frontera necesaria entre Estado laico e iglesias. (Lamas, 2001-2).

La lucha por la despenalización del aborto es la lucha contra la intolerancia, contra los fundamentalismos de cualquier tipo; es en este sentido que se constituye en uno de los ejes fundamentales del trabajo de Marta Lamas, tanto en términos de militancia política como de reflexión teórica; esto es así “porque no quiero que la vida de muchas corra peligro por un elemental acto de libertad: decidir sobre su propio cuerpo” (Lamas, 2001: 376).

Al marxismo y al feminismo que se trenzan como fundamentos teóricos y como modos de mirar la realidad en sus reflexiones y análisis, es necesario sumarle un tercer pilar: el psicoanálisis.

Mis ídolos intelectuales son Marx y Freud, que en cierto sentido me resultan similares, pues comparten la misma sospecha sobre las apariencias y hablan de la existencia de otro tipo de mecanismos en las personas y sus acciones; por sus enseñanzas me he propuesto mantener un alto nivel de cuestionamiento, crítica y apertura. Para mí, marxismo y psicoanálisis siguen siendo válidos, más que por dogmas que ya están rebasados, por cierta manera de pensar, determinados principios de funcionamiento. Ésas son las grandes influencias intelectuales en mi vida. Que yo me dedique a la defensa de los derechos sexuales y reproductivos o a la edición de una revista feminista tiene que ver con un compromiso político básico: la lucha irrenunciable por ciertos intereses vitales. También mi labor con las trabajadoras sexuales me resulta importantísima, pues en la estigmatización y explotación de estas mujeres se juega todo el peso del sexismo. (Lamas, 2001: 368).

De la reflexión teórica a la militancia, de la cátedra universitaria a las manifestaciones, del trabajo con líderes políticos a la investigación antropológica en las calles… Como modo de tender puentes entre estos diferentes espacios, Marta funda la que llegará a ser una de las publicaciones más importantes en lengua española sobre feminismo:

debate feminista nace de la necesidad compartida entre varias feministas de disponer de un medio de reflexión y debate, un puente entre el trabajo académico y el político, que contribuya a movilizar la investigación y la teoría feministas, dentro y fuera de las instituciones académicas, y ayude a superar la esterilidad de los estudios aislados del debate político. No compartimos la concepción de las ‘mujerólogas’ (especialistas en el tema de la mujer, desvinculadas del movimiento feminista) y tampoco aprobamos el antiintelectualismo que tiñe algunas posiciones en el movimiento. d ebate feminista es una toma de posición frente a la fabricación de estudios banales (y su aprovechamiento curricular) y las explosiones de resentimiento a nombre de la Revolución. (Lamas, 1990).

Con este párrafo se abre, en marzo de 1990, el número 1 de debate feminista; párrafo que es a la vez declaración de principios y establecimiento de objetivos. Los nuevos aires que debate feminista lleva dentro y fuera del movimiento de mujeres comienzan, sutilmente, con una “pequeña” transgresión ortográfica de una enorme fuerza simbólica: debate será siempre debate, con minúscula, no por minimizar sino por hacer de lo “menor” punto de crítica y resistencia –como proponían Deleuze y Guattari–, por bajarle el tono grandilocuente al discurso hegemónico. El Partido, la Revolución, las Instituciones, muestran ya, hacia 1990, las grietas del edificio que sostuvo al PRI (Partido Revolucionario Institucional) en el poder durante casi setenta años. A pesar del mal sabor de boca que habían dejado las elecciones de 1988, o quizás por lo mismo, era un buen momento para detenerse a pensar, a crear espacios de reflexión, a tratar de imaginar nuevos caminos para la sociedad mexicana. debate feminista se propone, así, desde un principio, transformar las “minúsculas”, el margen, la transgresión a las expectativas sobre lo que debía ser una revista, sobre lo que debía ser el feminismo, en espacio generador de inquietudes, de análisis, de incomodidades para cualquier tipo de agenda política (hablo también, por supuesto, de política de género, de política académica, de política militante). No es gratuito que el tema principal de este primer número haya sido la democracia.

debate nace después de la experiencia de la revista Fem, de la que yo me salgo en 86 más o menos, después de regresar de Barcelona, porque me doy cuenta que la dinámica interna se había vuelto muy conflictiva… En 87, le propongo a Carlos Payán hacer un suplemento feminista para La Jornada –que es Doble jornada–; empezamos a trabajar en el proyecto y las propias periodistas de La jornada quisieron sumarse; tuvimos una reunión con ellas y ahí me di cuenta de que ellas querían un suplemento de mujeres muy distinto al que yo estaba pensando que era un suplemento en el que escribieran no sólo mujeres, sino también hombres pero con una perspectiva feminista. Entonces, opté por no pelearme y decidí que se quedaran con el proyecto las propias periodistas de La jornada. Yo seguía con la idea de un proyecto en el que hubiera un nivel de debate interesante, político, en el que involucráramos tanto a hombres como a mujeres, y así nació la idea de sacar una revista feminista, que no tuviera el mismo público de la revista Fem; es decir, no iba a ser una revista para vender en la calle, sino que iba a ser más tipo journal. Invité a muchas de las mujeres a las que había convocado para hacer el suplemento, entre ellas básicamente a Hortensia Moreno, a Sara Sefchovich, a Martha Acevedo, a Teresita de Barbieri, entre otras. Yo tenía muy claro que no quería una dirección colectiva después de la experiencia de Fem, pero sí quería un grupo con el que me entendiera; tampoco pensaba hacer algo representativo de todas las tendencias del feminismo, quería que el propio hecho de hacer la revista se volviera en sí un hecho disfrutable, no solamente el producto sino también el proceso. (Lamas, 2005).

debate feminista cumplió quince años. Sin duda, la democratización de México es ya un proceso imparable, a pesar de violentos vaivenes; sin duda, la secularización y la modernización de la vida nacional han cambiado en muchos aspectos la realidad de 1990; sin duda, el movimiento feminista ha replanteado sus estrategias políticas; y sin duda también debate feminista es producto de todo esto, y al mismo tiempo uno de sus motores menos complacientes. En las páginas de debate se han discutido temas vinculados a la situación del país y a los conflictos internacionales –del levantamiento zapatista a la guerra de Irak, de los asesinatos en Ciudad Juárez a las leyes de cupo en Europa–; se ha reflexionado sobre conceptos y problemas clave del pensamiento contemporáneo (identidad, alteridad, ciudadanía, empoderamiento, género, cuerpo, racismo, nación, queer, escritura, sexualidades, justicia); se han revisado los vínculos entre teoría y praxis, entre producción intelectual y militancia, entre análisis y realpolitik; se han deconstruido los supuestos más firmes del pensamiento feminista para revisarlos una y otra vez. En cada número los análisis coyunturales dialogan con reflexiones teóricas que surgen de las principales líneas del debate internacional. En este sentido, es fundamental la labor de divulgación que debate feminista ha realizado, dentro del ámbito latinoamericano, de algunos de los más importantes pensadores contemporáneos. Por sus páginas han pasado, en muchos casos con textos traducidos por primera vez a nuestra lengua, Pierre Bourdieu, Pietro Barcellona, Judith Butler, Mary Louise Pratt, Jean Franco, Bell Hooks, Benedict Anderson, Luisa Muraro, entre muchos otros.

Carlos Monsiváis, interlocutor privilegiado de debate y colaborador asiduo, dice: “Me parece una gran revista; es útil, tiene materiales de primera, una actitud militante y, lo básico, ha conquistado la continuidad. Su mayor logro, así lo sepan todavía muy pocos, es mantener y ampliar los beneficios sociales de una corriente de pensamiento” (Gámez, 2005: 12). Irreverente, crítica, inteligente, aguda, la revista ha logrado incluir en el debate intelectual mexicano temas y discusiones fundamentales que muestran que el feminismo no es “una cosa de mujeres”. A través de sus páginas, así como de una amplia producción textual (artículos periodísticos, ensayos, conferencias, libros…), Marta Lamas defiende una concepción libertaria, abierta, democrática del género y la sexualidad.

Toda la sociedad genera costumbres y normas, prácticas y creencias, que regulan la expresión sexual: cuándo tener relaciones sexuales, con quién tenerlas, cuántas veces, de qué manera, con qué objetivo y, sobre todo, qué tipo de relaciones. A pesar de la impresionante pluralidad cultural, nuestra conciencia de la diversidad sexual humana es muy limitada: ignoramos las prácticas y costumbres sexuales de las demás culturas. Respecto de la nuestra, damos por ‘natural’ la ideología heterosexista en la que nos han educado y sin el menor pudor calificamos de antinatural lo que desconocemos o nos parece extraño. La evidencia antropológica nos muestra cómo los discursos moralistas construidos a partir de un supuesto orden ‘natural’ están filtrados por valores etnocéntricos (centrados en una cultura), cuya definición de la sexualidad oculta, desecha o niega otras prácticas, creencias y deseos. Cada cultura otorga valor a ciertas prácticas sexuales y denigra a otras a partir de una limitada concepción de la sexualidad. (…) Quienes ejercen el poder simbólico –desde los chamanes hasta los sacerdotes– establecen las fronteras entre lo normal y lo anormal, dictaminando qué prácticas son buenas o malas, naturales o antinaturales, decentes o indecentes. (…)

Hoy en México, muchas personas empiezan a expresar su desacuerdo con la visión heterosexista tradicional de la sexualidad. Frente al atraso conservador, que invoca una única moral ‘auténtica’ para restringir la sexualidad a sus fines reproductivos, se alza una ética libertaria que defiende la posibilidad de una relación sexual placentera, consensuada y responsable con el otro. Como las premisas valorativas de la sexualidad se establecen a partir de la relación entre el sexo, la identidad y la vida pública, se requiere una ética no etnocentrista ni fundamentalista que elimine las clasificaciones artificiales sobre las prácticas y se centre en el carácter del intercambio. (Lamas, 1997).

En términos de activismo político, Marta ha preferido no ser militante de ningún partido sino convertirse en una interlocutora imprescindible para varios de ellos, fundamentalmente desde GIRE (Grupo de Información en Reproducción Elegida), asociación que fundó en 1991. Si debate feminista cubre el aspecto más teórico y académico de sus preocupaciones, GIRE le ha permitido ser el canal a través del cual se manifiesta su activismo. Asimismo ha estado muy cerca de la formación y consolidación de diversas agrupaciones y organizaciones políticas feministas como la Sociedad Mexicana Pro Derechos de la Mujer (Semillas), Milenio feminista, Diversa, el partido político México Posible, y actualmente el Partido Alternativa Socialdemócrata y Campesina, presidido por Patricia Mercado.

Yo me asumo como mujer aunque el papel que se me ha asignado culturalmente en la sociedad no me gusta. Por eso me reivindico como feminista y lucho día a día con el fin de mostrar los complejos orígenes de la discriminación sexual y los sutiles mecanismos del sexismo. (…) Pienso que en sus luchas políticas mujeres y hombres deben ir a ratos juntos y a ratos separados; cuando hay cuestiones que ellos no entiendan, no acepten o no apoyen, las mujeres tienen que empujarlas por su cuenta. Nosotras somos personas antes que cualquier otra cosa y lo que nos hace mujeres es nuestro sexo. Esto determina una posición en la sociedad y una lectura de la manera en que se nos ve y se nos trata. Tenemos que luchar por la igualdad con los hombres como personas iguales, sin dejar de reivindicar nuestra diferencia como género. (Lamas, 2001: 374).

La lucha tiene también un lado lúdico que a Marta le gusta explorar, por eso no es raro encontrarla cada tanto guitarra en mano, disfrutando de lo que ella llama “mis locuras semicómicas y levemente musicales”. “La primera canción feminista arreglada que Marta cantó fue el ‘Querreque del aborto’, en 1972 durante una conferencia en el Poli. Con su guitarra y su cara de ‘yo no fui’ soltó las subversivas estrofas: ‘Si el hombre se embaraza / les apuesto lo que quieras / habría abortos gratuitos / seguro que entonces sería / el aborto un sacramento’. ¡La que se armó!” (Roffiel, 1985, 23). En 1975 fundó el grupo “La tet ala ire”; en 1976 inició “Las leonas” que trabajó intensamente hasta 1982 y de manera esporádica a partir de 1986. En 2004 Marta volvió al placer de cantar con ¡“Las moscas muertas”!

Siguiendo esta línea del “cabaret feminista” que en México tiene a sus representantes más “conspicuas” en Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe, me gustaría cerrar estas páginas – poner el “Colorín, colorado…” a este cuento, que no es cuento– con el “Re corrido de Marta Lamas”…. ¡Música maestros!!!

Nació Argentina y Jarocha
hija de rico banquero
su cuna fue de oro y plata
su sino meter la pata.

Su infancia fue al tiro “popis”
las Europas y el Club Yokis
pero desde muy chiquilla
se dio cuenta que había pobres
…muchos pobres.

Y allí empezó el desgarriate
con la mamá y el magnate
la corrían de los colegios por
presumida y orate.

Los papás desesperados
prefirieron la ignominia
de meterla en una escuela
de españoles refugiados.

Y ora sí fue para pior
ahí le dio por ser marxista
apenas adolescente
ya era roja y comunista
…¡ bien troskista!

O se iba para el demonio
o se iba p’al matrimonio
y así fue como un tal Maher
entró y salió de su vida.
…Porque no todo es saber
algo de antropología.

Se llegó el sesentayocho
ella ya era militante
y a escondidas del marido
llevó a un tipo proscribido.
…al mero departamento
que estaba rete elegante.

¿Junto con otros sujetos
quieres pernoctar la noche
y meter al del morral
en el lecho conyugal?

¿Y llenarme los libreros
de panfletos subversivos?
¡Va a venir la policía!
¡Yo voy a dormir al coche!

Marta puso un hasta aquí
aquel guey se fue pa´siempre
y del romance siguiente
con poeta guerrillero
… nació Diego Sebastián
el único descendiente.

Ya tenía veintitrés años
y se había vuelto muy lista
ya tenía su casa sola
ya era dueña de sí misma.
…por andar leyendo libros
que se vuelve feminista.

Pa'qué les cuento señoras
lo que se volvió su vida
marchas, mítines, protestas
y una cantidad de encuestas.

Prostitutas y violadas
costureras y golpiadas
mujeres abandonadas
el aborto y… la chingada.

Y fue haciéndose de amigas
las Leonas y las Peludas
todas ellas chipocludas
divorciadas y hasta viudas.

Dicen que todos los viernes
se resuelven en su casa
problemas universales,
políticos y sexuales
… muy mundiales!

Ha cambiado mucho Marta
no quiere hombres, quiere gatas
y aunque te acuestes con ella
oye gata no la lamas
… ay qué ganas!

Una cosa les diré
ya publicó una revista
donde se da a conocer
la Debata Feminista.

Otra cosa les diré
la vida es una revista
mientras que algunos la leen
otros le pasan la vista.

Y aquí comienza la historia
de esta mujer singular
que es capaz de enamorar
hasta al propio Monsiváis.

Con la más grande emoción
le hicimos este corrido
por ser la más generosa
la más chula
la más güena,
la más dulce,
la más alta,
la más, la más
Lamas Marta.


Bibliografía

  1. BRITO, Alejandro, “Marta Lamas. El aborto, una cuestión de libre decisión ciudadana”, en: Letras S, suplemento de La Jornada, México, 2 de marzo de 2002.
  2. GÁMEZ, Silvia Isabel, “El feminismo en México. Juicio al feminismo”, en: Enfoque, suplemento de Reforma, México, 31 de octubre de 2004.
  3. LAMAS, Marta, “Valores sexuales. Una perspectiva libertaria”, en: Letra S, suplemento de La Jornada, México, 7 de agosto de 1997.
  4. ________, “Presentación”, Debate feminista, año 1, Vol. 1, México, 1990.
  5. ________, “El feminismo como batalla cultural”, en: Mujeres mexicanas del siglo XX. La otra revolución, Francisco Blanco Figueroa (director), México, UAM/Edicol, 2001
  6. ________, “Las fronteras del derecho a decidir”, en: Letra S, suplemento de La Jornada, México, 5 de abril de 2001.
  7. ________, Entrevista inédita, 2005.
  8. ROFFIEL, Rosa María, “Las leonas”, en: Fem, año 9, No. 42, octubre-noviembre, 1985.

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