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De jóvenes y juventud

De jovens e juventude

Of young people and youth

Fernando Quintero Tobón*


* Sociólogo. Investigador de la Línea sobre Jóvenes y culturas juveniles del IESCO-UC. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.


Resumen

A partir de los resultados del Estado del arte del conocimiento producido sobre jóvenes en Colombia 1985- 2003 el presente artículo aborda, desde una perspectiva biopolítica, una reflexión acerca de la producción de la condición juvenil en Colombia y la incidencia de los discursos y los contextos sociopolíticos en dicha producción.

Palabras clave: condición juvenil, juventud y biopolítica, discursos y dispositivos para la producción de la juventud en Colombia.

Resumo

A partir dos resultados do Estado da arte do conhecimento produzido sobre os jovens em Colômbia 1985- 2003 o presente artigo aborda, desde uma perspectiva biopolítica, uma reflexão sobre a produção da condição juvenil na Colômbia e a incidência dos discursos e dos contextos sócio políticos nesta produção.

Palavras-chaves: Produção juvenil, juventude e biopolítica, discursos, dispositivos para a produção da juventude na Colômbia.

Abstract

Base on the results of Estate of the art about knowledge produced about youth in Colombia 1985-2003, this article presents, from the perspective of the biopolitics, a reflection about the production of the condition of youth in Colombia and the effect of the discourses and the social politic contexts in this production.

Key words: youth condition, youth and biopolitics, discourses and dispositives involved in the production of youth in Colombia


Introducción

Podría afirmarse que la producción generalizada de una condición juvenil en Colombia es más bien reciente. Si bien es cierto que las generaciones jóvenes pertenecientes a las elites económicas y políticas ya podían gozar de una moratoria social1, que en el país circulaban desde las primeras décadas del siglo XX, discursos provenientes de la psicología social que definen al joven como adolescente, y que hacia los años treinta y cuarenta ya se podían evidenciar las primeras manifestaciones de las formas de vida juvenil2, tan sólo a partir de la segunda mitad del siglo pasado su producción logra extenderse a otros sectores que no fueran exclusivamente las clases y sectores sociales mejor posicionados.

Ahora bien, el hecho de ampliar a otros sectores sociales dicha condición no significó que los jóvenes de las clases populares fueran a compartir las mismas experiencias que los de clases altas y medias, como tampoco las mismas oportunidades en el presente y el futuro; lo mismo podría decirse con relación al género. De igual manera, desde el momento en que comienza a ser extendida una condición juvenil en el país y hasta el día de hoy, la transformación de los contextos sociopolíticos ha incidido de manera directa en la producción específica de dicha condición. Así que el hecho de compartir una edad “natural” transida únicamente por lo biológico no se constituye en el único determinante de la condición juvenil.

Por su parte, la producción discursiva que se hace de lo juvenil arroja imágenes específicas y variadas de un sujeto denominado como joven. Ellas le dan sentido y lugar en el marco de la experiencia social a las prácticas consideradas juveniles. De manera que el nombramiento resultante de estos discursos es al mismo tiempo la asignación e incorporación de un conjunto de prácticas sociales que lo ubican de acuerdo con los intereses y prioridades que se tienen como sociedad.

Teniendo en cuenta lo anterior, el presente artículo intenta elaborar una reflexión desde una perspectiva biopolítica sobre la producción de una condición juvenil en Colombia a partir de los resultados de la investigación Estado del arte del conocimiento producido sobre jóvenes en Colombia 1985-20033 y teniendo como preguntas orientadoras: ¿cómo se ha dado la producción generalizada de una condición juvenil en el país?, ¿qué intereses entran en juego para que se emprenda dicha producción?, ¿en qué contextos se produce determinada condición juvenil? y ¿cuál es el lugar de los discursos sobre los jóvenes en tal producción? Para ello, se presentan, en primer lugar, unas relaciones conceptuales entre biopolítica y juventud y, en segundo lugar, los referentes y contextos más importantes que repercuten en la construcción discursiva de una juventud en Colombia y los mecanismos implementados para su producción.

Biopolítica y Juventud

Los conceptos de biopoder y biopolítica provienen de la filosofía foucoltiana. Fue justamente Michel Foucault (1991) quien identificó un biopoder o una forma de poder que regula y administra la vida social mediante una biopolítica que incorpora y naturaliza los constructos sociales. Así que, como su nombre lo indica, la biopolítica es la política sobre la vida y se refiere a todos los dispositivos o mecanismos mediante los cuales opera el biopoder sobre el cuerpo social e individual. Según el autor, es aquella “que hace entrar a la vida y sus mecanismos en el dominio de los cálculos explícitos y convierte el poder-saber en un agente de transformación de la vida humana…” (Foucault, 1991:173).

Según Foucault, en la historia se podría hablar de dos contextos biopolíticos. El primero el disciplinar y el segundo el del control. En el primero la biopolítica se vale de una anatomopolítica del cuerpo humano con el fin de disciplinar el cuerpo y, de esa forma, incorporar al sujeto en el orden social. Tal política de disciplinamiento es realizada por lo que Foucault llamó las instituciones normalizadoras como la familia, la escuela, el hospital psiquiátrico, el ejército y el taller. Por su parte, en el segundo contexto, la biopolítica de las poblaciones tiene como propósito el control y la regulación poblacional, razón por la cual “se centra en el cuerpo-especie, en el cuerpo transido por la mecánica de lo viviente y que sirve de soporte a los procesos biológicos: la proliferación, los nacimientos y la mortalidad, el nivel de salud…” (Ibíd.: 168). Esta estrategia puede afirmarse cuando los cuerpos logran una inserción controlada en el aparato de producción, mediante procesos de ajuste de los grupos poblacionales a los procesos económicos y sociopolíticos.

Ahora bien, ¿cuál sería la relación de la biopolítica con la producción de una condición juvenil? Al respecto, esta condición puede entenderse como una producción biopolítica en la medida en que la construcción de un cuerpo juvenil implica la naturalización de la condición juvenil en cuyo proceso se comprometen tres factores principalmente: a) la asociación entre edad biológica y edad sociocultural; b) la incorporación de representaciones y prácticas consideradas inherentes a una condición juvenil; y c) la adaptación a los procesos político- económicos, especialmente los relacionados con las demandas del sistema socio-productivo.

Según Serrano et al. (2003), la producción de una condición juvenil implica dos procesos simultáneos: la construcción de la juventud que se refiere a los constructos discursivos que se hacen de las generaciones jóvenes un objeto de conocimiento, y la producción de lo juvenil que compromete todos los dispositivos, mecanismos, roles y posicionamientos que tienen como tarea la producción y reproducción de dicha condición. En consecuencia, los discursos pueden comprenderse como constructores-productores de lo juvenil, pues con las cosas que enfatizan, y también con las que dejan de lado, determinan los modos de relación y producción social de dicha condición (Serrano et al. 2003). De manera que los discursos producidos sobre la juventud y los dispositivos políticos implementados a partir de dichos nombramientos se constituyen en un mecanismo que naturaliza y homogeneiza un modo histórico específico de experimentar lo juvenil.

En esa medida, lo juvenil podría entenderse como una condición subjetiva que es definida por la categoría juventud y producida por una serie de mecanismos de intervención sobre una población en particular. Por lo tanto, podríamos decir que la producción de lo juvenil es el proceso mediante el cual se naturaliza a partir de los discursos y las prácticas el sentido de ser joven, el cual se expresa mediante una performatividad4.

Podemos deducir entonces que al obedecer a un ordenamiento de tipo poblacional desde el factor etáreo, la juventud es producto de una biopolítica de las poblaciones (Foucault, 1991), en la medida en que la producción de un cuerpo juvenil implica la puesta en marcha de dispositivos biopolíticos que se caracterizan principalmente por: a) los disciplinamientos corporales encargados a instituciones como la familia y la escuela, a las cuales se les ha asignado la responsabilidad de transmitir los órdenes morales y las posturas corporales legitimadas por la sociedad, produciéndose así un sujeto definido como joven; y b) la regulación de las poblaciones, la cual se expresa mediante la puesta en marcha de dispositivos de control y regulación poblacional como formas de intervención social sobre esta población; así pues, las políticas públicas que inciden en las condiciones sociales y materiales de la población joven, sean explícitas o implícitas5, tienen como resultado la producción de una condición juvenil.

Producción biopolítica de la condición juvenil en Colombia: discursos y contextos

Partiendo de una revisión de los estudios sobre la juventud en Colombia, se identifican unos momentos históricos que han incidido significativamente en la construcción y actualización6 de la juventud como categoría social; es así como las condiciones materiales y simbólicas de determinado contexto sociopolítico en particular repercuten en la problematización y nombramiento que se hace de lo juvenil y en las formas de intervención que producen, objetivan y reproducen una determinada imagen de sujeto joven en el sistema social7. Teniendo en cuenta lo anterior, en el presente apartado se hará un breve recorrido histórico por algunas décadas significativas en el tema para tratar de abordar preguntas como: ¿de qué manera se refleja una biopolítica en la producción de una condición juvenil en el país? y ¿qué discursos e imágenes se construyen sobre esta población en dicha producción?

Según varios investigadores (Rodríguez, 1988; Parra, 1985; Leal, 1984), la década de los cincuenta significó para Colombia el inicio de una serie de reformas que se extendió hasta los ochenta, y que tenía por objeto la modernización de las estructuras políticas y económicas con el fin de alcanzar mejores niveles de crecimiento económico. La necesidad de adaptarse a las exigencias de un mundo cada vez más industrializado implicó no sólo orientar el crecimiento económico en torno a la industria, sino también, propiciar el desarrollo de los centros urbanos. Estos dos factores incidieron de manera determinante en cambios de tipo cualitativo en la composición misma de la población colombiana.

Tanto la adaptación a un modelo de producción industrial como la adopción de modos de vida urbanos se constituyeron en los desencadenantes de una intervención sistemática sobre la población, encaminada no sólo a transformar sus hábitos y costumbres localesrurales, sino también, a reordenar los grupos poblacionales y las edades sociales en torno a las nuevas demandas de la estructura productiva. A partir de ese momento, se puede señalar que la producción de una condición juvenil se estableció como prioridad política y económica para el país en la medida en que esta población en particular se constituyó en la posibilidad de mantener el modelo productivo adoptado y, por tal razón, en la esperanza de un futuro mejor para el país.

A partir de lo anterior, el contexto de la modernización implicó la ampliación de la moratoria social debido a la necesidad de extender la cobertura educativa a otros sectores sociales –populares y rurales– con el fin de satisfacer las demandas de mano de obra calificada que el modelo productivo exigía para garantizar su sostenibilidad. Esta situación condicionó la producción discursiva, emergiendo una doble imagen del joven adolescente y estudiante. En dicho contexto, las transformaciones socio-económicas obligaron a adoptar de categorías sociales propias de las sociedades industrializadas para definir y ubicar a los sujetos en la estructura social, lo que condujo a tomar representaciones sobre el joven, provenientes tanto de la psicología social que lo nombra en tránsito a la identidad adulta como de la sociología que le asigna la mencionada moratoria social, obligando a la implementación de políticas y acciones institucionales encaminadas a la ampliación educativa y el uso del tiempo libre (Abad 2002).

Sin embargo, la ampliación educativa y los acontecimientos sucedidos el 8 y 9 de junio de 19548 trajeron consigo la emergencia de una conciencia política generacional9: la juventud estudiantil se convirtió en uno de los sectores sociales que más cuestionó las limitaciones del régimen político colombiano, hasta el punto de constituirse en uno de los bastiones sociales que precipitarían la caída de la dictadura de Rojas Pinilla y, años más tarde, la crisis del Frente Nacional10 (Leal, 1984).

Después de los hechos del 10 de mayo de 1957 y el establecimiento del Frente Nacional, los estudiantes manifestaron su oposición debido a la exclusión política de muchos sectores sociales que éste significaba. Así pues, la oposición al Frente Nacional y el triunfo de la revolución cubana repercutieron en la forma de la participación política de los movimientos estudiantiles, la cual sería de carácter beligerante y abstencionista. Esta tendencia se mantuvo incluso hasta después del acuerdo frentenacionalista, cuando se intentó reprimirla con el Estatuto de seguridad inspirado en las dictaduras del cono sur e implementado durante el gobierno de Turbay Ayala (1978- 1982). Este tipo de acciones institucionales se enmarcan dentro de las políticas centradas en el control de los jóvenes estudiantes movilizados mediante la criminalización de la participación política de la juventud estudiantil (Abad, 2002).

De otro lado, a mediados de la década de los ochenta, la crisis de las políticas de modernización implementadas treinta años atrás, junto con las políticas de ajuste económico a nivel global y la participación de jóvenes en las violencias ligadas al narcotráfico en Colombia llamaron la atención de los investigadores y de las instituciones públicas. Lo anterior determinó significativamente la construcción de un nuevo relato sobre los jóvenes en el país, así como la implementación de nuevas estrategias institucionales para la producción de este sujeto. En esa medida, se generan representaciones sobre lo juvenil constituidas a partir de la relación violencia-vulnerabilidad, lo que produjo su criminalización y vulnerabilización.

Dicho relato expone a los jóvenes de sectores populares no sólo como los causantes de la crisis social, sino también como sus víctimas. Desde esta perspectiva, las condiciones de marginalidad en la que se encuentran muchos jóvenes denotan dos situaciones: por un lado, la vulnerabilidad de su condición “humana” debido al bloqueo de la posibilidad de acceso a diferentes bienes simbólicos y materiales; por el otro, estas condiciones de marginalidad impulsan a los jóvenes a vincularse a actividades al margen de la ley, contribuyendo en el incremento de la criminalidad y la delincuencia urbana.

Por lo general, se asocian las condiciones de vulnerabilidad y peligrosidad a jóvenes de sectores populares. Mientras que la condición de vulnerabilidad es asociada a jóvenes vinculados a la prostitución, y a las madres adolescentes principalmente, la peligrosidad de los jóvenes es relacionada con aquellos que desarrollan su vida cotidiana generalmente en la calle y que oscilan entre la legalidad y la ilegalidad.

Al respecto, es posible identificar en las estrategias desarrolladas institucionalmente para incidir en dicha situación, dispositivos que buscan principalmente controlar y reprimir las dinámicas juveniles que, según el concepto de los investigadores, los ponen en condiciones de riesgo. A partir de lo anterior, las estrategias se encaminan hacia el enfrentamiento de la pobreza y prevención del delito lo que “obliga a los gobiernos de entonces a diseñar programas de contención para las poblaciones más afectadas (…) la mayoría de sus acciones involucraban especialmente a los jóvenes de sectores marginados, en procura de mostrar una cara amable del Estado en medio de los complicados trayectos de una difícil democratización” (Ibíd.: 136) y cuyo objetivo era diezmar la participación de jóvenes en actividades ilegales impulsadas por sus precarias condiciones de vida.

Si bien a partir de la década de los noventa Colombia ingresó a un nuevo contexto social, político y económico en el que se respira un ambiente reformista debido a la nueva carta constitucional y a la apertura económica como estrategia de desarrollo, el conflicto social no fue superado como se esperaba que sucediera después de haber formulado la nueva Constitución; esto se ve reflejado en la leve disminución de la pobreza, en el estancamiento del mejoramiento de las condiciones de vida, en la caída del ingreso real, en el crecimiento de la informalidad y el desempleo en los adultos jóvenes, así como en el incremento de la violencia y la delincuencia urbana y en el aumento en las tasas de fecundidad y de la deserción escolar (Abad, 2002; Serrano, et al., 2003).

A partir de ello, el Estado desarrolla programas focalizados de intervención en la población juvenil, destacándose la estrategia que busca la Inserción laboral de jóvenes excluidos, mediante la cual se adoptan reformas inspiradas en lógicas de gestión pública análogas a los modelos empresariales, con el fin de desarrollar programas que favorezcan la especialización y las prácticas de subcontratación, privatización de los servicios públicos y gasto focalizado en una oferta asistencial para los sectores más marginados. Al respecto, Abad señala que en ese contexto, adquieren “especial relevancia las acciones del Estado para incorporar a los jóvenes más pobres al mundo laboral sin hacer grandes inversiones para mejorar la calidad de la educación pública, desarrollando programas de capacitación e inserción laboral mediante acuerdos con la empresa privada vía flexibilización del régimen laboral” (Ibíd.: 238).

Durante los noventa, emergen imágenes del joven como un sujeto deseado por un lado y diverso por el otro. La primera imagen se hace visible en los trabajos que construyen una representación del joven como generador del cambio social. El periodo pre y post-constituyente11 se estableció como el contexto desde el cual surge un nuevo relato sobre el joven en Colombia. Su participación decidida en el Movimiento de la Séptima Papeleta12 origina la construcción de una imagen del joven basada en la idea de la fuerza transformadora de la juventud, que le asigna a este sujeto un potencial político necesario en la construcción de una democracia participativa y en la solución del conflicto social que atraviesa el país (Perea, 1999: 132 y anexos; Salazar, et al., 1998). A partir de lo anterior, se promueven fuertemente las estrategias encaminadas a la institucionalización de la acción política juvenil como mecanismos de gestión y reconocimiento de los diversos modos de expresión juvenil, de manera que se implementan experiencias locales que intentan reconocer y convocar a todos los jóvenes a participar en procesos con sus comunidades, a la vez que se crean espacios y mecanismos de participación como los Consejos de Juventud, programas de veedurías juveniles y las casas de la juventud, entre otros (Viera, 1994).

Por su parte, la llamada apertura económica introduce de manera más decidida al país en la economía global de mercado, situación que incide directamente en la emergencia generalizada de agrupaciones juveniles en las grandes ciudades constituidas fuertemente a partir del consumo de músicas, objetos y signos producidos y distribuidos por las industrias culturales. En consecuencia, aparece la imagen del joven como diverso debido a la especial atención que se pone en las dinámicas grupales e individuales estéticamente diferenciadas y articuladas a los signos y mercancías que determina e impone el mercado.

Conclusiones

A partir del breve recorrido histórico hecho en el presente artículo, podemos identificar entonces que durante la última mitad del siglo XX se dan tres contextos o periodos significativos en la producción generalizada de una condición juvenil en Colombia. El primer contexto es el de la modernización política y económica que va desde 1950 hasta los ochenta e implica una serie de intervenciones de reordenamiento sociodemográfico y se refleja en la producción de lo juvenil mediante las políticas de ampliación educativa y uso del tiempo libre, las cuales traen consigo la institucionalización de la moratoria social. En este contexto, los hitos de los que se desprende una producción discursiva sobre los jóvenes son: la visualización del joven como relevo generacional y los acontecimientos del 8 y 9 de junio de 1954 que lo constituyen en un actor social y político; este hito en particular origina estrategias de represión a la participación política de muchos sectores juveniles movilizados.

El segundo contexto es el de la crisis de la modernización a mediados de los setenta y que se extiende hasta finales de los ochenta, en el cual se vuelve prioridad la acción estatal frente al incremento de la pobreza y la marginalidad social creciente. En ese periodo el primer hito que desencadena una nueva producción discursiva sobre los jóvenes es el incremento de la marginalidad y la delincuencia urbana; el segundo hito de este periodo es el asesinato, en 1984, del ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla. En este contexto se implementan acciones institucionales encaminadas, en especial, a la erradicación de la pobreza y prevención del delito.

Y, finalmente, el tercer contexto, que se desprende del periodo pre-constituyente, es el momento en que se ve la posibilidad de construir un nuevo país donde el conflicto social quede subsanado después del nuevo acuerdo político que significa la constitución del 91. En este contexto los hitos más importantes son: el Movimiento de la Séptima Papeleta, la promulgación de la nueva carta constitucional y la apertura económica, los cuales originan una producción discursiva en torno a un joven como deseado y necesario para la transformación positiva del país y un joven heterogéneo vinculado a lógicas globales y locales mediadas por el mercado. En dicho contexto, los discursos producidos desencadenan acciones centradas en la institucionalización de lo juvenil y en políticas económicas que intensifican el mercado como un nodo central en la construcción identitaria de los jóvenes colombianos contemporáneos.

En síntesis, se podría señalar que los contextos y factores desencadenantes de una construcción discursiva sobre la juventud en el país se diferencian de los estudios de otros grupos sociales debido a que la producción de conocimiento sobre algunos sectores de la población como las mujeres, las comunidades afrodescendientes y otros sectores sociales históricamente excluidos ha sido motivada principalmente por sus luchas de reivindicación social y reconocimiento de sus identidades. Por lo tanto, la producción de una condición juvenil y los estudios sobre juventud en Colombia han estado motivados sobre todo por la preocupación y la alarma social que se enfoca principalmente hacia el control y adaptación de este sujeto al orden social y productivo. De manera que los discursos producidos sobre la juventud y los dispositivos políticos implementados a partir de dichos nombramientos se constituyen en un saber-poder13 que ordena y objetiva a estos sujetos en determinadas posiciones de la estructura social, de acuerdo con los intereses particulares de determinado momento histórico.

En esa medida, se identifica una biopolítica sobre los jóvenes que produce y ordena una condición juvenil mediante la incorporación de los relatos producidos acerca de ellos, para lo cual intervienen mecanismos de disciplinamiento y normalización en instituciones como la familia y la escuela, y dispositivos de producción y control reflejados en las estrategias de intervención institucional de acuerdo con la norma social. Así pues, el adolescente, el estudiante, el peligroso, el o la vulnerable, el heterogéneo y el deseado, entre otras imágenes, son codificaciones de los cuerpos juveniles que determinan los modos de intervención sobre ellos y sus formas de inserción en la estructura social.


Citas

1 Se entiende como moratoria social un periodo caracterizado por la inserción del joven en procesos de escolarización, expulsión de la producción laboral y vivencia de un ocio socialmente aceptado (Margulis y Urresti, 1998).

2 Al respecto, trabajos como los de Pilar Riaño afirman que fue en la década de los treinta donde empezaron a presentarse las primeras manifestaciones de participación juvenil en el ámbito urbano, las cuales tendían a ser de tipo cultural. En los años treinta se presenta el primer hecho juvenil de importancia: El festival estudiantil, por medio del cual los jóvenes de clases altas se oponían a las formas tradicionales de entretenimiento de la sociedad capitalina de su época. Posteriormente, la radio y el cine tienen un impacto importante en las expresiones juveniles culturales produciendo nuevas formas de relacionarse con lo público (Riaño, 1992).

3 El Estado del arte del conocimiento producido sobre jóvenes en Colombia 1985-2003 fue realizado por la Línea sobre Jóvenes y culturas juveniles del IESCO-UC. El estudio abarcó las cinco regiones de Colombia, específicamente 18 ciudades del país. El proyecto tuvo en cuenta 520 trabajos sobre juventud fruto de investigaciones y ejercicios reflexivos profundos y sistemáticos. El dispositivo o técnica para la lectura analítica de dicha producción fue el RAE Reseña Analítica Especializada, la cual se diseñó con relación a los presupuestos teóricos de base de este trabajo investigativo. Este dispositivo es adoptado para esta investigación porque, además de la descripción general del texto, su elaboración exige una información muy específica y detallada de las variables o temáticas de interés. Para este caso, el RAE exigió información sobre las imágenes de sujeto que tienen implícitos o explicitos los textos revisados, el contexto de producción, el actor o agente que lo produce y qué instancia lo demanda; además requiere describir detalladamente las temáticas que abordan y cómo son desarrolladas, entre otros aspectos. Las temáticas revisadas fueron: Visiones de futuro, Familia, Escuela, Cuerpo, Educación, Inserción sociolaboral, Conflicto y convivencia, Culturas juveniles, Participación social y política, y políticas públicas.

4 Al respecto Butler (2002) señala que la performatividad del cuerpo generizado “…no es el acto mediante el cual un sujeto da vida a lo que nombra, sino, antes bien, como el poder reiterativo del discurso para producir los fenómenos que regula e impone” (Butler, 2002: 19). Así que de la misma manera como los nombramientos que intervienen en la construcción social del género acuden a la diferencia “natural” del sexo para producir lo masculino y lo femenino, los discursos sobre la edad biológica de los cuerpos se constituyen en dispositivos performativos que “juvenilizan” los cuerpos y, de esa manera, determinan comportamientos y prácticas sociales considerados como inherentes a este particular ciclo vital, hasta el punto que para el cuerpo “juvenilizado” se establecen como “naturales” prácticas hedonistas, convulsas, transgresoras, entre otras.

5 Al respecto, Libardo Sarmiento señala que “Las políticas explícitas hacen referencia a la legislación, programas y directrices orientados a transformar las situaciones que viven los jóvenes (…) al contrario, las políticas implícitas son las leyes reglamentos y otras directivas que aunque no son promulgadas con el objeto de influir directamente en la situación específica de los jóvenes, pero tienen repercusiones positivas y/o negativas sobre su condición y situación” (Sarmiento, 2004: 146).

6 Actualizar o actualización se entiende en el presente artículo como el reacomodamiento o adaptación del dispositivo que produce determinada condición social, en este caso lo juvenil, a las condiciones y exigencias del momento histórico específico.

7 Según Pierre Bourdieu, el sistema social es un sistema de posiciones y relaciones que se definen dentro y en oposición misma; en esa medida, el sociólogo francés considera que el sistema social se compone de luchas entre los agentes por un posicionamiento específico en la red de relaciones sociales, por tal razón, la posición de un agente o sujeto en el sistema social se encuentra determinado por su opuesto y con relación al acceso y usufructo del poder y los distintos capitales para su enclasamiento y posicionamiento. Según Bourdieu, en el caso de la juventud, ésta es una palabra en relación directa con su opuesto el adulto o viejo: a la lucha entre detentores de poder y sucesores de éste al interior de un campo determinado. Una lucha que se agencia mediante dos estrategias: por un lado, los viejos intentan mantener en estado de juventud, en estado de irresponsabilidad y faltos de poder a los jóvenes; éstos bien pueden aceptar dicha situación y recibir beneficios secundarios como programas de recreación y deporte para el uso sano del tiempo libre, para poner un ejemplo, como también, pueden acelerar y forzar la transmisión del poder mediante señalamientos a los detentores de éste como antiguos y acabados. “Esta estructura –señala Bourdieu– pone de manifiesto que de lo que se trata, en la división lógica entre jóvenes y viejos es de poder, de división de los poderes. Las clasificaciones por edad vienen a ser siempre imposiciones de límites y producciones de un orden al que todos deben atenerse, en el que cada uno ha de mantenerse en su lugar” (Bourdieu, 2000: 143). Por lo general, la posición asignada a los jóvenes se relaciona con la incapacidad en la toma de decisiones debido a las limitaciones en el ejercicio de la autonomía y a la restricción al acceso a determinados capitales.

8 Los acontecimientos del 8 y 9 de junio de 1954 pasaron a la historia de Colombia como uno de los episodios más dramáticos del régimen dictatorial. Todos los años, el 8 de junio, los estudiantes de la Universidad Nacional se dirigían al Cementerio Central con el fin de depositar una ofrenda en la tumba de Gonzalo Bravo Pérez, estudiante asesinado en 1929 en una movilización y conmemoración a la masacre de las bananeras ocurrida un año atrás. El 8 de junio las fuerzas armadas intentaron reprimir el acto conmemorativo; no obstante, la marcha logró superar el cerco militar que se proponía impedirla y pudo llegar al Cementerio Central donde se realizó el acostumbrado ritual. Al regresar al campus universitario, los estudiantes no ingresaron a clases y optaron por tomarse los predios para lanzar arengas y consignas. Ante dicha situación, el rector en ese momento solicitó la presencia de la fuerza pública, lo que desató un enfrentamiento que culminó con la muerte del estudiante Uriel Gutiérrez Restrepo. Al día siguiente, como forma de rechazo y luto por los sucesos acontecidos el día anterior, los estudiantes organizaron una marcha hacia el palacio presidencial que fue interrumpida por un pelotón del ejército a la altura de la avenida Jiménez con carrera séptima frente a lo cual se reaccionó sentándose en la vía, se cantó el himno nacional y se gritaron consignas. En medio de la tensión del momento, un oficial desenfundó su arma y un estudiante se lanzó contra éste: en el forcejeo el arma se dispara y siembra el caos. Inmediatamente la tropa abrió fuego contra los manifestantes, dejando como saldo un total de nueve estudiantes muertos y una treintena de heridos entre quienes se contaban tanto manifestantes como soldados. Minutos más tarde a esos hechos, uno de los estudiantes que había sido detenido fue asesinado a quemarropa por un soldado porque intentó fugarse (Leal, 1984; Salazar y Useche, 1998).

9 Algunos autores que han investigado el asunto de la participación política de los jóvenes en la historia reciente del país señalan que la ampliación de la matrícula universitaria se constituyó en el factor central que permite el surgimiento de una conciencia social y política que se manifiesta en el ascenso de la participación política de los estudiantes universitarios (Abad, 2002: 234). Por su parte, Leal (1984) afirma que dicha ampliación significó para algunos sectores de las clases medias emergentes una mejor representación política de sus intereses de clase. “El trasfondo de la formación del movimiento estudiantil, es posible ubicarlo dentro del proceso de configuración de una amplia gama de sectores de clase media, como resultado de la transformación profunda que se operó en Colombia en las dos décadas que rodearon el medio siglo. La consolidación de una organización capitalista, con todo y los inmensos traumatismos que experimentó, provocó abruptos y complejos cambios en la estructura de clases. Entre ellos, las nuevas clases medias se encontraron ante la situación de tener que ubicarse económica y socialmente en forma estable en la nueva sociedad, pero, más que todo, ante la necesidad de construirse un espacio político propio e inexistente (…) De todas formas, ante estas circunstancias, el sector de clases medias más evolucionado y mejor expuesto ante el maremágnum social que se presentaba, estaba constituido por la emergente población estudiantil universitaria. Por ello, ésta pudo asumir el papel de vanguardia política de los múltiples intereses de clase de donde provenían, politizándose y buscando una organización que indujera situaciones de hecho para construir los espacios políticos requeridos” (Leal, 1984: 158, 159).

10 Régimen político caracterizado por al alternancia del poder por parte de los dos partidos políticos tradicionales. El Frente Nacional se extiende desde 1958, después de la caída de la dictadura de Rojas y la sucesión del poder por parte de la junta militar, hasta 1970.

11 Al hablar del periodo pre y post constituyente se hace referencia la periodo entre 1989 y 1991 durante el cual se llevó a cabo el proceso de convocatoria, construcción y publicación de la carta constitucional de 1991 en Colombia.

12 El movimiento de la Séptima Papeleta se constituye en un movimiento juvenil que a finales de los ochenta obliga la realización del referendo que culmina con la formulación de la constitución de 1991. De esa manera, se constituye en la representación del cambio social. Bajo el lema “¡Hacer política es volver a participar!”, este movimiento se enuncia en “contra a la imagen que se perpetúa del joven violento, el de la piedra y los graffitis, el muchacho con capucha, el que va al monte (…) Contra la frialdad de toda aquella masa restante de jóvenes que no se identifican con nada y se sienten mal en cualquier orilla ideológica” y de esa manera hacerse partícipes, como jóvenes, en la construcción de una democracia participativa (Orjuela, et al., 1993: 56).

13 Al respecto el filósofo colombiano Édgar Garavito, en uno de sus ensayos conmemorativos a la obra de Foucault, señala que si bien entre el saber y el poder se puede establecer una clara diferencia, entre estos existe una adaptación inmanente en la medida en que el poder implica el saber y el saber explica el poder. “Entre poder y saber hay, por supuesto, una clara diferencia: el poder moviliza fuerzas, efectos, puntos de dominación, en relaciones que llegan a ser infinitesimales. El saber es, en cambio, formal, formaliza las materias discursivas y estabiliza la función enunciativa (…) Pero entre poder y saber hay inmanencia: sin una relación de poder, las formas del saber quedarían vacías, no se verían obstaculizadas. Inversamente, sin las formas del saber, las fuerzas del poder serían inestables y evanescentes. El poder implica el saber y el saber explica o complica el poder” (Garavito, s.f.).


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