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Bosque nativo: conflictos de explotación*

Floresta nativa: conflitos de exploração

Native forest: conflicts of exploitation

Diana Mosovich Pont-Lezica**


* Una primera versión de este artículo fue presentada en la Journée thématique GRAL Constructions identitaires, marzo, 2002, Toulouse, Francia.

* * Doctora en ciencia política; investigadora asociada, Centre de Recherches sur l’Amérique latine et les Caraïbes, Institut d’Etudes Politiques Universidad de Aix-en-Provence, Crealc; CIRUS/CIEU, Universidad de Toulouse-Le Mirail. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.


Resumen

Se presentan conceptos y marco para analizar conflictos distributivos relativos a un bien colectivo, y se los refiere a Chile. Se analiza el conflicto que opuso a quienes, basándose en el modelo económico neoliberal, explotan el bosque por su madera, y quienes, defendiendo una visión patrimonial, explotan las externalidades del ambiente forestal nativo. Éstos desarrollaron una estrategia de construcción identitaria y alcance multidimensional que pone de relieve modelos de desarrollo alternativos.

Palabras clave: uso, usufructo, conflictos distributivos.

Resumo

Apresentam-se conceitos e contexto para analisar conflitos distributivos relativos a um bem coletivo referente ao Chile. Analisa-se o conflito que opôs a quem baseando-se no modelo econômico neoliberal exploram a floresta pela sua madeira e quem defendendo uma visão patrimonial exploram as partes externas do ambiente florestal nativo. Estes desenvolveram uma estratégia de construção identitária e alcance multidimensional que põe em destaque modelos de desenvolvimento alternativos.

Palavras-chave: uso, usufruto, conflitos distributivos.

Abstract

Concepts and a theoretical approach for the analysis of distributive conflicts regarding a collective good are presented, and referred to Chile. A case study is analyzed: the conflict opposing those who, based on the neo-liberal economic model, exploit the forest for its wood, and those who defend a patrimonial view and exploit the forest environment’s externalities. The latter put in place a multidimensional strategy of identity construction and multidimensional reach that highlights models of sustainable development.

Key words: use, usufruct, distributive conflicts.


Desde siempre el bosque ha tenido un papel central en el desarrollo de Chile. No sólo se erigió en formidable obstáculo a abatir, condición necesaria para la expansión de la frontera agrícola; la madera fue y es la principal fuente de energía, lo que da lugar a un mercado para el producto del desmonte. Es así que, tradicionalmente, el valor de usufructo del bosque como ecosistema o ambiente forestal natural ha sido inferior al precio de las fuentes alternativas de energía o de las tierras arables.

Señalemos la sutil distinción que subtiende y justifica esta explotación maderera destructiva del bosque. Se trata, jurídicamente, del carácter de res nullius de los ecosistemas, al contrario de las tierras forestadas, que en Chile son en su gran mayoría de propiedad privada. Esta distinción fue reforzada por la no-valorización de los ecosistemas como patrimonio social nacional, y en la a menudo débil intervención del Estado para proteger y salvaguardar ese patrimonio (incluidos los recursos naturales renovables y no renovables), y asegurar la distribución de sus beneficios y costos entre los diferentes grupos de la sociedad.

Señalemos que, como parte constitutiva del patrimonio nacional, el bosque nativo es un bien (o recurso) colectivo. Recordemos rápidamente las características de estos bienes: en un grupo, dan lugar a ventajas exclusivas a los miembros, en idénticas condiciones de calidad y cantidad. Al mismo tiempo, su existencia depende del compromiso que asumen los miembros del grupo: contribuir (de manera voluntaria o coercitiva) a su mantenimiento (Olson, 1971). Es sabido que en grupos pequeños es más fácil controlar el cumplimiento de ese compromiso. Cuando el grupo es muy numeroso los problemas distributivos ligados al usufructo y mantenimiento del bien colectivo son de difícil resolución. Las partes deben negociar y acordar la forma de repartición del bien y de los costos de su mantenimiento (la contribución de cada uno), asegurar los medios para estabilizar los acuerdos logrados, y fijar los beneficios y las penalidades asociadas a los acuerdos (motivaciones positivas y negativas, costos de la transgresión a las reglas convenidas). Si los problemas distributivos no son resueltos podrán producirse conflictos. Sus consecuencias serían, por ejemplo, la dominación de los grupos más poderosos; o la exclusión de uno o varios grupos o miembros; o más aún, la destrucción o el aniquilamiento del bien público (Wijkman, 1982). Tarde o temprano se llega al empobrecimiento general del grupo.

Un tercer ente, cuya legitimidad es reconocida por todos, y cuyo poder le permite obligar a las partes a negociar y encontrar un acuerdo, puede intervenir para resolver los conflictos distributivos y asegurar una distribución juzgada adecuada por todos –aún cuando, desde la perspectiva de cada parte, no sea forzosamente la mejor–. Este ente reglamenta los acuerdos, controla su aplicación y castiga a los infractores. Habitualmente un ente dotado de autoridad –el Estado– asume este papel (Knight, 1992)1.

¿Cuál ha sido históricamente el papel de las autoridades políticas nacionales chilenas con relación al bosque nativo? Hemos constatado que, salvo durante períodos cortos, no han estado en la vanguardia de innovaciones relativas al valor social de los recursos naturales, en particular, el bosque2. En gran parte de los países dotados de grandes superficies forestadas, la convicción de que se trataba de un recurso inagotable primó hasta hace poco, justificando la ausencia de interés por los ambientes forestales naturales y sus usos alternativos.

La legislación relativa a los recursos forestales refleja esta situación. Tradicionalmente, la política pública forestal chilena se apoyó en instrumentos económicos (ventajas fiscales, reembolsos, etc.) para lograr sus objetivos (Vial, 1996). Agreguemos que ni la primera Ley Forestal (1931), ni el Decreto-Ley siguiente (1974, reglamentada en 1980) establecen la diferencia entre bosque nativo y plantaciones3. La activación de los movimientos ecologistas, las ONG y el partido político de los Verdes, la denuncia de la destrucción de los ambientes forestales, lograron hacer aprobar leyes de protección del medio ambiente y, sobre todo, despertaron la conciencia del público4. Sin embargo localmente, en las regiones forestales, los valores sólidamente enclavados y la falta de alternativas económicas impedían el cambio de percepción del recurso forestal. Aún no existían las condiciones para que otros aspectos del ecosistema forestal, en particular sus externalidades positivas, fueran tenidos en cuenta. Difícilmente superable, el carácter de res nullius llegaba a amenazar la existencia misma del bosque. En 1995, una comisión ad hoc creada por el presidente Aylwin e integrada por representantes de movimientos ecologistas, empresarios e industriales de la madera, de partidos políticos, etcétera, presentó al Parlamento un proyecto de ley que pretendía innovar en el tema. No solamente daba su lugar al bosque nativo sino que, a tono con los acuerdos internacionales por un desarrollo sustentable firmados por Chile, valorizaba sus dimensiones ecológicas, sociales y patrimoniales. El proyecto suscitó gran controversia, al punto que nunca salió de la Sub-comisión de Agricultura del Senado5.

El conflicto en torno de la explotación de los recursos forestales cobró amplitud en Chile a partir de la década de los años 1980, una vez establecido el modelo económico neoliberal. Poderosos grupos económicos, frecuentemente aliados a empresas o capitales extranjeros, aprovecharon la legislación y un contexto económico favorables para explotar la madera. Sostenían que si era necesario reforestar se haría con especies exóticas, mejor apreciadas por los mercados. La sobreexplotación dio lugar a una viva presión sobre los bosques chilenos, nativos y exóticos.

A su vez, los aspectos dogmáticos del modelo económico contribuyeron a ocultar el papel del Estado. Porque aún si, en el nivel de las hipótesis, los principios económicos neoliberales son del dominio de la economía (y el Estado, las reglas institucionales, etc., serían del dominio de la política), la realidad demuestra que el papel del Estado en la economía es insoslayable, aunque sus acciones dependerán de los intereses en juego y de los objetivos explícitos o implícitos de los factores de poder (Biersteker, 1990). Por ejemplo, en el caso del bosque nativo, la aparentemente débil acción emprendida por el Estado chileno para reglamentar su distribución debe ser analizada a la luz de este papel político- económico. Esto es, al inclinarse, por acción u omisión, por las actividades depredadoras del bosque, el Estado generalmente favoreció a los grandes propietarios, al tiempo que los pequeños y medianos reprodujeron el comportamiento depredador, sin mirar la destrucción de los ambientes naturales forestales o el bienestar de las generaciones futuras (Mosovich Pont-Lezica, 2001; 2004).

Usos e identidades

Numerosos habitantes de la Región de Los Lagos –que cuenta 3.600.000 hectáreas de bosque nativo– siguen considerando que la utilidad del bosque es su madera y no se preocupan por su renovación (Lara, 1998). Esto está fuertemente integrado a la idea que los habitantes se hacen de sí mismos, a la manera de sentirse diferentes de los otros: se identifican como habitantes de una región rica en tierras forestadas, consumidores de madera. Cuando la explotación del bosque se hacía a una velocidad que permitía su renovación natural no había gran desfase entre estos valores identitarios y la existencia permanente del ambiente forestal. Pero la velocidad de renovación llegó a ser menor que la intensidad de la explotación forestal. Numerosos sectores se alarmaron ante la aceleración del desmonte, fácilmente visible en las montañas peladas (Vial, 1996; Sáez, 1997; J. Silva, 1993; Lara, 1998). También se manifestaron las organizaciones ecologistas y otros especialistas del tema, aportando argumentos sobre la necesidad de introducir cambios en los valores y las costumbres.

Observando el gráfico 1 se constata lo imponente que es el consumo de madera. Según el Infor (Instituto Nacional Forestal), en 1998 el uso total del bosque en la Región de Los Lagos fue de 5 millones de metros cúbicos.

Pero estos datos reflejan una visión reduccionista del bosque: sólo contabilizan el uso maderable y no contemplan otros usos posibles de los ambientes forestales. Por ejemplo, en lugar de no ver más que tierras forestadas, podría privilegiarse el hecho de que son ambientes naturales, complejos y vivientes, de los que se hace usufructo. Estos ambientes, establecidos como patrimonio nacional y protegidos por la ley, podrían tener diferentes figuras legales: desde la propiedad privada (como el Parque Pumalín, por ejemplo, más al sur de la Región de Los Lagos) hasta el bien público (res communis), como el aire puro. Como ocurre con las otras visiones del bosque, los ambientes o ecosistemas naturales participarían de la organización de la identidad y darían lugar a otras formas de uso y usufructo hasta ahora dejadas de lado.

Consecuencias del desarrollo de las ventajas competitivas: nuevas representaciones ligadas al patrimonio natural social

El modelo económico neoliberal puso también en marcha otros procesos a nivel local. La reducción del Estado, la desregulación de las actividades económicas y productivas, la despolitización del acceso a los servicios públicos que siguió a su privatización, desataron cambios que modificarían profundamente la realidad social y económica chilena. En conjunto, contribuyeron al desarrollo de la capacidad de organización de las sociedades locales (Mosovich Pont-Lezica, 1998).

Aprovechando la apertura económica y el interés de los mercados por los productos chilenos no tradicionales, un gran número de empresas comenzó a instalarse en los territorios periféricos, tal como la región que nos ocupa. Muchos nuevos empresarios regionales comprendieron la potencialidad de los ambientes forestales naturales, e invirtieron en su aprovechamiento. Instalaron, junto a las actividades forestales extractivas tradicionales, empresas para explotar los atractivos de esos ambientes: turismo ecológico, pesca deportiva, acuicultura6. Su expansión, realzada por el discurso de las organizaciones ecologistas, movilizó la valorización de las externalidades positivas: soporte de la fauna y de la flora, de la purificación de las aguas subterráneas y de superficie, de las cualidades paisajísticas; reserva de anhídrido carbónico, etcétera. Todas estas circunstancias, se verá, contribuyeron a cambiar la percepción de los ecosistemas forestales, a despertar las conciencias respecto de los valores patrimoniales, y a desarrollar los elementos de una nueva identidad local comprometida con el desarrollo sustentable. Los principios del desarrollo sustentable encontraban eco en las actividades económicas no tradicionales: en sus dimensiones política, social (gestión a partir de los intereses locales, desarrollo de vínculos horizontales teniendo en cuenta los valores de los grupos sociales en presencia y su participación en la toma de decisiones) y económica, al propiciar la reproducción social y de la naturaleza.

Los datos que a continuación se describen muestran la evolución de las diferentes industrias y la importancia creciente de las actividades no tradicionales.

En el cuadro 1 se observa el peso de las nuevas actividades, no solamente con relación a las otras actividades económicas de la Región sino también al contexto nacional. Desde el punto de vista de la creación de empleo, es clara la importancia del aporte de las nuevas actividades a la economía local y nacional. En cambio, es notablemente baja la contribución de las actividades de elaboración de la madera destinadas a la exportación, basadas en la actividad extractiva tradicional.

Cuadro 1. Generación de empleo por industria, Región de Los Lagos y país, 1995.

  Astillas
Paneles
Salmón Turismo Salmón y turismo
Región de Los Lagos
País
1.731
4.679
13.808
16.000
42.573
196.192
56.381
212.192

Fuente: Infor – Sernatur– Sernapesca. Elaboración: Fundación Terram, en: M. Fierro, “Proyecto maderero y de astillas Cascada Chile”, mimeo, sf.

En el cuadro 2 se observa la evolución entre 1992 y 1996 de la relación entre el valor agregado de los diferentes usos del bosque nativo y el valor del producto interno bruto de la Región. El valor de base es el de los paneles de madera. En las actividades no extractivas, el valor agregado es mucho mayor que en las actividades vinculadas a la extracción tradicional y, globalmente, su evolución es positiva.

Cuadro 2. Relación entre Producto Bruto Interno y Valor Agregado, 1992-1996

Año Turismo Ecoturismo Astillas bosque nativo Paneles Acuicultura
1992 190,3 19,4 2,5 1,0 6,2
1993 174,0 17,6 1,9 1,0 7,4
1994 149,4 14,6 1,6 1,0 11,7
1995 173,0 15,3 2,3 1,0 10,6
1996 211,7 18,2 1,8 1,0 15,5

Fuente: Banco Central de Chile – Sernatur – Instituto Forestal Forestry – Sernapesca. Elaboración: Fundación Terram, en: Mauricio Fierro, “Proyecto maderero y de astillas Cascada Chile”, mimeo, sf.

Cuando la crisis asiática de fines de los años 1990 puso en evidencia la fragilidad del modelo de exportación de materias primas, las empresas extractivas reaccionaron cortando aún más árboles, aumentando la explotación y la amenaza de destrucción del medio ambiente forestal. La crisis también golpeó fuerte a los nuevos empresarios, que no habían consolidado aún sus jóvenes empresas. La mayoría no estaba dispuesta a abandonar lo que habían conquistado con gran esfuerzo, y decidieron movilizarse por la preservación del bosque nativo. Recurrieron a su experiencia para plantear otras maneras de explotar y rentabilizar el recurso, nuevos valores y maneras de percibirlo. Buscaron aliados en la sociedad local, entre las personas que habían tomado conciencia de la necesidad de impedir la destrucción del bosque: los ecologistas, y también los pequeños y medianos empresarios forestales y otros profesionales vinculados al bosque. Estos, así como los campesinos, habían sufrido rudamente las consecuencias del modelo económico agro-exportador. A la deforestación de las pequeñas y medianas propiedades se sumó el aumento del desempleo rural. Ciertamente, los ecologistas habían advertido sobre el peligro de la destrucción del bosque, pero ¿qué alternativas proponían? Pronto el peligro se convirtió en realidad: agotado el recurso forestal, muchos propietarios habían debido malvender su lote y sumarse a los desempleados rurales que henchían los cordones de pobreza en los centros urbanos de la Región. Estos grupos comenzaban a comprender lo que ocurría; deploraban la destrucción de su bosque, que sus hijos ya no conocerían, y que los había llevado a abandonar su hábitat. El discurso de los nuevos empresarios, muchos de los cuales eran de su mismo nivel socioeconómico, les hablaba de las alternativas que les hubieran permitido conservar su propiedad y su bosque. ¿Cómo no apoyarlos, y a su propuesta?, ¿cómo no participar en la denuncia de una economía que crea pobreza y destrucción?, ¿cómo no advertir a quienes aún podían elegir?

Otros sectores locales no necesitaban mucho para convencerse. Mencionemos los universitarios, que habían estudiado el empobrecimiento de los ecosistemas y la modificación de los ambientes; los amantes de la naturaleza; los habitantes urbanos, abiertos a una reconceptualización del recurso forestal y del bosque. Sin olvidar la legislación de protección del medio ambiente y la garantía constitucional que establece el derecho de todo ciudadano a vivir en un ambiente de calidad. Este marco legal favoreció la solidez y viabilidad de los argumentos que dieron fuerza a los sentimientos de la población.

Con base en el trabajo de concientización que habían realizado las organizaciones de protección del medio ambiente, una percepción diferente del bosque comenzó poco a poco a tomar fuerza: elemento indisoluble de los ecosistemas que integra, y que son constitutivos del patrimonio natural social. Las nuevas representaciones sociales fueron rápidamente integradas a la construcción de identidades locales y por diferentes caminos se fueron construyendo los nuevos valores identitarios. Para los nuevos empresarios, por ejemplo, las cosas eran claras. Habiendo nacido y vivido en la Región su propuesta les permitía aspirar a generar ingresos en condiciones ambientales similares a las que habían conocido, contribuyendo al mismo tiempo al desarrollo económico y social de la Región. El bosque cobraba así dimensiones complejas, situándose en el origen de valores sociales difícilmente reducibles a las ganancias generadas en la explotación de la propiedad forestal privada. Para llevar adelante el proyecto de explotación no destructiva de los ambientes forestales había que actuar de conjunto. Se hacía entonces necesaria una coordinación social para explotar los ambientes forestales, ello requería el reconocimiento social de sus valores y los de sus externalidades. La estrategia de la construcción identitaria parecía ser la vía para lograr estos objetivos, sobre los que coincidía el interés de todos.

Sin embargo, y a pesar de los cambios, los actores y sus circunstancias constituían todavía un conjunto inconexo y mal organizado, faltaba claridad respecto de cómo amalgamar los diferentes grupos en torno de los intereses comunes. Entonces, la noticia de que una gran empresa de productos madereros, de capitales chileno-estadounidenses, había decidido instalarse cerca de la capital regional, despertó a distintos sectores de la sociedad, que se movilizaron en grupo, algunos a favor otros en contra. El nudo del enfrentamiento fue el conflicto distributivo en torno de un bien o recurso que uno de los sectores reconocía como colectivo, es decir res communis. Para quienes sintieron que el Proyecto Cascada Chile era una amenaza a su modo de apropiación del bosque y a sus intereses, la construcción identitaria fue un importante recurso movilizado para pesar en el conflicto entre dos percepciones del bosque y, más profundamente, dos modelos de desarrollo7. Es lo que veremos en lo que sigue.

Conflicto distributivo: valores identitarios y el Proyecto Cascada Chile

El estudio del conflicto que se desarrolló en torno del Proyecto Cascada Chile nos llevó a conocer y entrevistarnos con diferentes actores en los niveles local y nacional, y a analizar los intereses en juego. Desde el principio, a las autoridades administrativas locales, a los políticos de los partidos de centro y de derecha, y otros sectores que apostaban al desarrollo económico que el Proyecto pondría en funcionamiento, se opusieron las organizaciones ecologistas que afirmaban que el Proyecto no daba suficientes garantías para la preservación del bosque nativo de la Región. Basándose en la experiencia histórica, sostenían que no había razón para no creer que una vez cortado, el bosque nativo no sería reemplazado por especies exóticas de crecimiento rápido, destruyéndose así los medios naturales patrimoniales y su biodiversidad. Esta declaración, que resumía la desconfianza de los grupos opuestos al Proyecto creó importantes tensiones y acentuó las posiciones.

El conflicto evolucionó a lo largo de tres años, entre 1998 y 2000. Los unos interpusieron acciones ante la justicia para impedir la instalación del Proyecto, los otros se apoyaron en los grupos económicos y políticos que defendían el modelo económico impuesto desde Santiago, centro del poder nacional, dentro de cuya lógica se inscribía el Proyecto.

¿Quién estaba por, quién contra el Proyecto?, ¿cuáles eran sus argumentos? Grandes empresarios de Santiago y los políticos asociados a los empresarios veían en el Proyecto un gran negocio. Pero también había miembros de la clase política celosos de la cosa pública, que no veían otra salida para el bosque o para el desarrollo regional, y que creían importante dar una oportunidad a las inversiones en la Región. Estos actores, sumados al partido político en el poder, hicieron presión sobre la sociedad local y sobre el poder judicial, al tiempo que utilizaron todos los medios de difusión públicos para defender el proyecto y desacreditar la oposición local y nacional.

Entre quienes se opusieron al Proyecto ya mencionamos antes las organizaciones ecologistas y el Partido Político de los Verdes, así como algunos miembros de partidos políticos de izquierda y una gran parte de la sociedad local; todos nutrieron profusamente las manifestaciones que lo rechazaban.

Quienes no ven en el bosque más que árboles respondían a sus opositores que las externalidades del bosque primario no tienen mercado, o que si lo tienen, es marginal y sin interés para los agentes económicos. ¡Conservar árboles para recuperar elementos sin valor!, semejante acción ocasionaría la ruina de la economía regional. En cambio, afirmaban, el mercado de la madera existe, aún si los precios practicados son bajos y evidentemente no tienen cuenta de las externalidades. Al fin de cuentas, señalaban, es la sociedad quien debería pagar el costo de las externalidades. Puesto que la sociedad se beneficia, ella, y no a los empresarios, debe asumir los gastos de conservar los árboles8.

Hemos evocado ya las razones de quienes pretenden explotar el bosque sin destruirlo. A la valorización y a la comercialización de las externalidades positivas, es preciso agregar los argumentos ligados a los ecosistemas forestales en tanto patrimonio nacional y aún mundial, así como aquellos que pasan por el compromiso por un desarrollo local sustentable. Gran parte de los nuevos empresarios se organizó profesionalmente para luchar por esos derechos; al establecer que la desaparición del bosque implicaba su quiebra, los empresarios lograron definir el valor económico de las externalidades, es decir del ecosistema forestal que puede albergar una actividad productiva concebida a partir de criterios de sustentabilidad y de usufructo del recurso. De esta manera ubicaron el medio ambiente forestal en el campo de las leyes de la oferta y la demanda, contribuyendo a evitar que la visión idealista de los ecologistas (“no heredamos la tierra, sino que la tomamos en préstamo a las generaciones futuras”), se transforme en humo o astillas. Este grupo abrió la posibilidad para que los valores del desarrollo sustentable tuvieran un anclaje patrimonial.

Algunos empresarios del sector turismo viajaron a Valparaíso, para presentar su caso ante los parlamentarios y solicitar su apoyo. Los buenos resultados económicos de sus actividades eran prueba del valor del recurso que hoy debían defender de la destrucción. Todos estos posicionamientos pusieron de manifiesto un verdadero cambio de tendencia en la relación con el bosque nativo.

En el momento en que la controversia estaba en su punto máximo las autoridades locales ordenaron realizar una encuesta de opinión. Pensamos que los resultados de la encuesta, hecha por un instituto independiente, pueden ser interpretados como reveladores del cambio de valores que se operaba en las mentalidades: la problemática ambiental está fuertemente instalada en la conciencia del público. Se constata también la importante polarización: el apoyo al modelo de desarrollo económico nacional se eclipsa frente a la preocupación de la población por conservar los recursos ambientales. Presentamos aquí algunos valores elaborados a partir de las respuestas de los individuos encuestados.

83% da la prioridad al medio ambiente antes que al desarrollo económico
84% considera que la problemática ambiental es urgente
50% considera que el problema más grave es la contaminación de los lagos, debida a la deforestación
11% cree que el problema del medio ambiente pertenece al futuro

Fuente: Market Opinion Research Institute (MORI), Encuesta de opinión: “Expectativas, perspectivas y visión de futuro de los habitantes de la X Región”, Osorno, 1999. Población encuestada: 200.000 hombres y mujeres de más de 18 años de edad (61% del universo total).

Este “cuadro de situación” permite una apreciación cuantitativa del conflicto distributivo en torno del uso del bosque. Queda sin embargo por establecer el rol del gobierno nacional. En el curso de este conflicto su posición fue en general ambigua, ya que se encontraba aprisionado entre sus compromisos con el modelo neoliberal y sus poderosos representantes, y la oposición militante pero localizada en la Región de Los Lagos. A ello se sumaba el estancamiento en la Comisión Parlamentaria del Proyecto de ley de Recuperación del Bosque Nativo. Ante la desigualdad de las fuerzas en presencia, la ambigüedad de las autoridades no podía sino inclinarse hacia los sectores más fuertes. Sin embargo, la forma en que se resolvió el conflicto estaba lejos de ser previsible. Las organizaciones ecologistas, conscientes de que se enfrentaban a un adversario de talla, activaron sus redes internacionales, lo que catapultó el conflicto a la escala mundial, fuera del alcance de los partidos políticos e instituciones nacionales chilenas (Mosovich Pont-Lezica, 2001). Frenar el Proyecto Cascada Chile se convirtió en bandera de lucha de los movimientos de protesta de Seattle, Estados Unidos, en diciembre de 19999. La presión ejercida, por un lado, sobre el gobierno chileno, para que cumpliera con sus compromisos internacionales de protección del medio ambiente y, por el otro, sobre los inversionistas extranjeros de la empresa del Proyecto, hizo que estos últimos lo abandonaran.

Finalmente, la fuerza de la convicción sumada a la capacidad estratégica de los grupos opuestos al Proyecto dieron resultado: en 2000 el Proyecto fue suspendido por tiempo indefinido. Esta evolución del conflicto no había sido prevista por los aliados del Proyecto (y quizá ni siquiera por sus opositores); de hecho, todo parecía indicar que la oposición, considerada como local y débil, sería vencida por la coalición nacional de los principales factores de poder. En la Región de Los Lagos constatamos que el saldo organizativo, sumado a la conciencia medioambiental y valorización patrimonial del bosque nativo, reorientaron los intereses hacia nuevas formas de desarrollo.

Conclusión

El proceso analizado nos permitió establecer que, si se dan las condiciones, la construcción identitaria puede evolucionar rápidamente, en este caso, a partir de una visión del medio ambiente forestal como bien colectivo o recurso público, patrimonio social. Las circunstancias evocadas otorgan un papel importante a los intereses económicos, a la vez que permiten ver que hay varias maneras de definir y valorizar el recurso natural. Los conflictos distributivos que resultan se originan en esas diferencias de intereses y representaciones sociales.

Asimismo hemos constatado que, tratándose de un conflicto distributivo en torno de un recurso patrimonial, la falta de un papel activo del Estado llevó a que el grupo que preconiza el uso sustentable basara su éxito en la movilización de todos los recursos posibles, incluyendo algunos que están fuera de las convenciones habituales en el país. Esto situó inopinadamente al conflicto fuera del alcance de los grupos de poder nacionales.

Ahora bien, a pesar de la movilización de los aliados internacionales del movimiento ecologista, si los nuevos empresarios no hubieran logrado establecer la valorización económica de los ecosistemas forestales, es muy probable que el desarrollo sustentable habría quedado en la utopía. Recordemos entonces que, aún si el modelo basado en el desarrollo sustentable sigue siendo frágil y minoritario, hechos como los consignados, y las movilizaciones que suscitan, contribuyen a hacer avanzar la realidad local; modifican la relación de fuerzas de la sociedad con los sectores de poder económico y político; cuestionan y enfrentan el modelo impuesto “desde arriba” que, dejado a su lógica económica reductora, terminaría por agotar los recursos colectivos. Estos casos demuestran que existen alternativas al modelo económico neoliberal.


Citas

1 El Estado tiene una influencia crucial en la mediación y la distribución, pero su posición no es neutra. Aún tratándose del Estado sus propios intereses pueden jugar en el conflicto y puede también inclinarse a favor de unos u otros.

2 A pesar de los esfuerzos realizados para distribuir la tierra bajo el gobierno de Salvador Allende, el ámbito forestal permaneció ligado a la idea de que la madera era un recurso inagotable. Desde el punto de vista económico no se distinguía el bosque nativo del exótico, ni siquiera se pensaba en los ambientes naturales como bienes patrimoniales.

3 La cobertura vegetal de los bosques nativos está constituida por especies endémicas, las plantaciones constan de especies exóticas.

4 Nótese en particular la Ley 19. Trescientas bases para la protección del medio ambiente, de 1994.

5 En julio de 2001 las partes interesadas lograron firmar un protocolo de acuerdo para que se vuelva a poner en discusión el proyecto de ley.

6 Como estrategia adaptativa, además de la actividad forestal extractiva, los pequeños y medianos empresarios forestales siempre han practicado, en menor escala, la diversificación de las actividades económicas: agricultura, ganadería, pesca artesanal, secadero de algas, etcétera. Las nuevas actividades pretenden reemplazar la extracción como actividad principal.

7 Cascada Chile es un proyecto económico iniciado en 1998 con capitales estadounidenses y chilenos, con el objeto de instalar en la proximidad de Puerto Montt una fábrica de páneles de astillas y un gran puerto de aguas profundas. La materia prima se extraería de los bosques nativos vecinos.

8 De hecho, cuando el sector privado hace ganancias a partir de la apropiación de bienes patrimoniales, es la sociedad entera, y en particular las sociedades locales, quienes pagan en tiempo real las externalidades sin obtener prácticamente ningún beneficio.

9 Primera reunión de la Organización Mundial de Comercio.


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