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Narraciones sociales y mediación intercultural. El trabajo intermediador de Hermann Herlinghaus

Narrações sociais e mediação intercultural. O trabalho intermediário de Hermann Herlinghaus

Social narratives and intercultural mediation. The intermediary work of Hermann Herlinghaus

Jesús Martín-Barbero*


* Pionero en los estudios sobre la Comunicación y la Cultura en América Latina. Ha sido, entre otros, Presidente de ALAIC (Asociación Latinoamericana de Investigadores de Comunicación); miembro del Comité de Políticas Culturales del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y autor de numerosas publicaciones editadas en diversos idiomas. Email: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.


Resumen

La densa e implacable denuncia de Gramsci sobre la hipocresía intelectual, que se solaza en su interesada incomprensión del gusto popular, resuena fuertemente en la reflexión de Hermann Herlinghaus. Pues como en los tiempos de Gramsci lo que ahora está en juego son, de un lado, los conflictos éticos de la modernidad y, de otro, la más honda de las heterogeneidades que la desgarran, y al mismo tiempo la dinamizan. No es circunstancial que sea en Latinoamérica, ese continente a la vez el más asimilado por la modernidad y el que más tenazmente la resiste, la burla y retuerce, donde se producen hoy las narrativas popularmasivas más desordenadoras del lenguaje trágico.

Palabras clave: Hermann Herlinghaus, comunicación de masas, modernidades alternativas.

Resumo

A densa e implacável denúncia de Gramsci sobre a hipocrisia intelectual, que se alegra com sua falta egoísta de compreensão do gosto popular, quase não ressoa no reflexo de H. Herlinghaus. Para o que está em jogo é, como no tempo de Gramsci, os conflitos éticos da modernidade, por um lado, e, por outro lado, a heterogeneidade mais profunda que a torna mais dinâmica. Não é circunstancial que seja na América Latina, um continente tanto mais assimilado pela modernidade quanto aquele que o resiste, o evade e o distorce mais tenazmente, onde são produzidas as mais enraizadas narrativas de massa popular de linguagem trágica.

Palavras-chave: Hermann Herlinghaus, comunicação de massa, modernidades alternativas.

Abastract

Gramsci’s dense and implacable denunciation on intelectual hypocrisy, that rejoices in its selfish lack of understanding of popular taste, hardly resounds on H. Herlinghaus’ reflection. For what is at stake is, as in Gramsci’s time, the ethical conflicts of modernity on the one hand, and on the other, the deepest heterogeneity that rends but dynamizes it. It is not circumstantial that be in Latin America, a continent both the most assimilated by modernity and the one which more tenaciosly resists, evades and distorts it, where the most upsetter popular mass narratives of tragic language are produced.

Keywords: Hermann Herlinghaus, mass communication, alternative modernities.


Va siendo hora de hacer justicia al trabajo intelectual de un investigador que, primero desde Alemania, y ahora desde Estados Unidos, se ha dedicado a colocar los temas latinoamericanos en la agenda investigadora de los países del Norte y hacer audibles en esas latitudes las voces de los investigadores latinoamericanos. Por mi parte, no puedo empezar este texto sin reconocer el largo tiempo que llevo trabajando con Hermann Herlinghaus tanto en seminarios conjuntos dictados en Berlín y Pisttsburgh como en el libro escrito a dos voces, Contemporaneidad Latinoamericana y análisis cultural (Berlín/Madrid, 2000). Lo que aquí presento es un acercamiento a la ya larga trayectoria intermediadora de este investigador alemán –mediación que incorpora una decidida intervención– entre las tradiciones intelectuales de la Europa continental con las de América del Sur y últimamente también con las de Norteamérica.

1. La intermediación que llegó de donde menos se esperaba

En Latinoamérica se ha ido articulando paralelamente, y hasta con anticipación a los balances postmo- postmodernos, un cuestionamiento no menos radical de las lógicas moderno tradicionales, enfrentándose a ideas que diseñaban lo moderno del continente bajo el signo de lo deficitario y lo complementario (…) El pensamiento articulador de la diferencia adquiere así contornos inconfundibles con el advenimiento, en la década de los ochenta, del concepto descentrado de una modernidad periférica. Modernidad no situada en medio de criterios y expectativas previamente racionalizadas, sino modernidad como conjunto de experiencias de una nueva extensión cultural señalada por las topologías de lo heterogéneo, de lo multicultural y multitemporal, de los cruces de lo político con lo cultural y, revelando la riqueza de una historización distinta (…) Las bases desde donde se repiensa la modernidad en la América Latina de los ochenta revelan un entramado propio de epistemologías: modernidad periférica es una noción abierta, que implica metodologías de búsqueda ubicadas en una nueva transdiciplinariedad de ‘ciencias nómadas’, en los espacios estratégicos que se abren entre la sociología de la cultura, los estudios de la comunicación, la ‘politología cultural’ y unos estudios literarios que han dejado de concebir a la cultura desde los cánones de la literatura misma.

(H. Herlinghaus y M. Walter, 1994)

En 1994 aparece publicada en Alemania, por la muy alemana editorial LangerVerlag, una antología en castellano de textos de autores latinoamericanos, Posmodernidad en la periferia, recopilada e introducida por Hermann Herlinghaus y Monika Walter, berlineses y profesores de la, hasta hacía apenas cinco años, Alemania Oriental. Se trata de la primera antología que recoge, pone juntos, textos de teoría y análisis cultural pertenecientes a sociólogos, filósofos, historiadores, politólogos y críticos de literatura, de seis países latinoamericanos. Y digo que es la primera pues, si en América Latina algunos de esos científicos sociales ya habían aparecido juntos en varios libros, su motivo había sido alguna temática particular y no su pertenencia a una corriente en formación de pensamiento cultural. Esa antología marcará a su vez el inicio del sostenido trabajo de intermediación, de intervención mediadora, de H. Herlinghaus en el campo de los estudios sobre comunicación y cultura de América Latina. El lugar desde donde nos llegó esa puesta en común no era, ni la Francia en la que nos habíamos formado no pocos de los autores recogidos –cinco de los diez–, ni la Inglaterra de donde provenía la matriz de los primigenios Estudios culturales en los que nos habíamos inspirado buena parte de los investigadores, ni los Estados Unidos, país con el que varios de los autores mantenían un fuerte diálogo intelectual, sino de la también periférica Alemania Oriental, ¡con la que nuestros vínculos eran bien escasos!

Sabedores de esa exterioridad, los compiladores, e introductores de Posmodernidad en la periferia, trazan ahí no sólo un mapa de las razones que cohesionan al mundo latinoamericano sino otro que permita entender el lugar que el pensamiento latinoamericano está llamado a jugar en el debate sobre la crisis de la modernidad tal y como éste se presenta en los países centrales a partir de la emergencia del pensamiento llamado “posmoderno”. Es en el trazado paralelo de ese doble mapa donde emerge un nuevo sentido de la crítica que me parece hallarse a la base de toda la intermediación de H. Herlinghaus: el que devela “aquel conflicto interno de la modernidad que no deja de generar contramodernidades”, como la que se hace visible en la conformación de la periferia latinoamericana: “metáfora experimental de una perspectiva desde la cual se experimenta y problematiza una modernidad específicamente hetereogénea” (pp. 18 y 23). Una modernidad cuya heterogeneidad no es pensable sin profundas rupturas con aquella etnocéntrica tradición filosófica que, iniciada por Hegel, llega hasta algunos pliegues del pensamiento de Foucault señalando los límites de su heterotopía; y que aun subyace a buena parte del cuestionamiento posmoderno, en la medida que en él perduran aún ciertas “lógicas tradicionales de lo moderno”. La comprensión de la diferencia latinoamericana escapa así al voluntarismo para ubicarse en las premisas desde las que se produce el acercamiento a su realidad, pues lo Otro no escapa a la doblez de lo Mismo por más mayúsculas que se le añadan. O mejor al revés: son quizás las mayúsculas las que mejor oscurecen las razones y motivaciones de la otredad ya que donde ésta se produce no es en la hipóstasis de una diferencia transcendentalizada –y rescatable desde el pensamiento especulativo–, sino en la hermenéutica de los mundos cotidianos, en la lectura del “nuevo funcionamiento social de rituales arcaicos”.

Tres años después, en octubre de 1997, y publicado en la revista Diálogos, de la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social (FELAFACS) aparece el texto Entre posmodernidad latinoamericana y postcolonialismo angloamericano, en el que H. Herlinghaus lleva su intermediación a la otra esquina del debate para seguir profundizando valientemente en los desplazamientos epistemológicos que el pensamiento latinoamericano de lo cultural produce y que el poscolonialismo norteamericano transviste. Rastreando en N. Wiener, G. Bateson y D. Bell, los modelos eco-lógicos que han abierto las ciencias a su trabajo transdisciplinar, y con él a la investigación de las zonas de frontera entre los diversos saberes que cruzan lo sociocultural, Herlinghaus encuentra herramientas con las que evidenciar los centralismos que aun lastran buena parte de “la crítica” reproduciendo viejos dualismos que “dificultan historizar aquel conflicto profundo de la modernidad” a cuya dinámica responden las modernidades otras en su dialéctica de negación/afirmación, en su heterogénea narratividad actuante.

He ahí ya anunciada/enunciada por primera vez la veta más fecunda de la intermediación de Herlinghaus: las narraciones constitutivas de la heterogeneidad cultural en su opacidad radical para la episteme logocéntrica del universalismo formal y especulativo, ahora “recentrado” por los procesos de la globalización hegemónica “cuando el concepto ‘centro’ se hallaba debilitado por la disminución de su capacidad panorámica para explicar y normativizar lo que ocurre en las afueras” (ponencia de H. Herlinghaus en Mapas nocturnos. Diálogos con la obra de Jesús Martín-Barbero, 1998, p.12). Pero aun así esas “afueras” configuran ya periferias con dinámica propia, esto es, no reducibles a mero reflejo de lo que la nueva centralidad produce. De ahí las dificultades de la episteme logocéntrica, y del “patetismo metafísico” para dar cuenta de las movilidades –descolocaciones e hibridaciones– culturales que agencian las identidades en la periferia. Y con ellas los discursos que las acompañan mediante modalidades nómadas de conceptualización e investigación. Modalidades esas que apuntan a una apuesta hermenéutica nueva, tensionada entre los residuos metafísicos de la tradición y las derivas formalistas de lo textual, pero capaz entonces de asumir y desentrañar el estatuto epistemológico de narración que sostiene y moviliza la comunicación contemporánea.

2. La apuesta: desentrañar lo que de narración constituyente moviliza la comunicación hoy

La mayoría de los estudios sobre las categorías del lenguaje no han prestado mayor atención a las diferencias y tensiones entre discurso y narración. Pero la distinción nos parece clave para empezar a repensar la imaginación en criterios de conflicto simbólico y praxis social. La normatividad occidental, en que se hacen cómplices el cristianismo, la ilustración y el pragmatismo de la globalización, ha trabajado en la colonización de la narración y la imaginación por la categoría del discurso. Nos encontramos ante tres conceptos claves de la historia de las subjetividades, dos de los cuales han debido sucumbir al trabajo ordenador de la modernidad: narración e imaginación. Pero el sucesivo triunfo del discurso, las fuerzas heterogéneas de la imaginación y la narración, se ha tornado nuevamente problemático ante la propia historicidad de las culturas modernas (…..) Nos interesa pensar, en los intersticios de lo discursivo y lo ‘no-discursivo’, un concepto paradójico de narración que posibilite descubrir en los imaginarios sociales unas lógicas propias de figuración, saberes narrativos ya no meros apéndices del ‘discurso’ y el registro del ‘macrorrelato’.(…..) Saberes otros que se producen en los niveles de la corporeidad, la recurrencia y la acción mimética, aquellos saberes que actúan, en palabras de H. Arendt, como ‘asuntos humanos’ (…) No hay modo de comprender el presente sin comprender-explicar lo cultural como diversidad de discursos, narraciones e imaginarios en conflicto. Una notable parte de la crítica cultural, traumatizada por la difusión ‘ecológica’ de los poderes y la contaminación massmediática de los mundos de vida, suele manifestar su rechazo al estatuto retórico y narrativo de lo cultural. Pero hay una tarea conceptual que el postestructuralismo de los centros no asumió: pensar una hermeneútica comunicacional que interprete las nuevas experiencias que se viven desde las diferentes estrategias y tácticas de participación y reterritorialización simbólica del mundo de hoy. Para analizar los conflictos que pasan por estas zonas opacas, de contacto y conflicto, el pensamiento latinoamericano ofrece estímulos propios.

(H. Herlinghaus, 2003)

Una primera exploración de ese tema es el objetivo del primer libro en castellano de H. Herlinghaus, publicado en Caracas por el CIPOST el año 2000, Modernidad heterogénea. Descentramientos hermenéuticos desde la comunicación en América Latina. El des-pliegue de la paradoja conceptual que da título al libro se encuentra ya en la primera frase del prólogo: ella apunta, frente al poscolonialismo, a “estrategias de descolonización epistemológica sin por ello despedir la modernidad como horizonte” (p.15) y yendo más allá: a “un marco de historización para pasar de un postulado filosófico de identidad a una ‘atención retórica’ hacia las identidades narrativas que permiten resignificar la experiencia del ser modernos” (p.16). La puesta en marcha de esa apuesta implicará dos movimientos previos: la recuperación del pensamiento filosófico mediante una crítica de su ejercicio normalizado que permita diferenciarlo del mero “criterio especulativo en tanto privilegio de autodefinirse desde un todo: la modernidad con mayúscula en tanto principio de emancipación articulado fuera de las condiciones del acontecimiento” (p.25); y la formulación de una hipótesis: “que pensar la modernidad desde la comunicación se ha convertido en tarea clave de los estudios culturales latinoamericanos de la globalización” (p.31).

Estigmatizada desde el ámbito intelectual, a izquierdas y derechas, la comunicación se halla necesitada de una reubicación eminentemente filosófica pero a la vez histórica: esto es, en cuanto esfera de lo común y espacio de teatralización del derecho a comunicar; y al mismo tiempo en cuanto experiencia histórica particular de la desigualdad y la asimetría sociales que atraviesan y cargan la cultura. Ese doble vínculo en que se produce la comunicación desbarata cualquier pretensión de abordar su comprensión especulativamente. No existe otro camino que el del largo rodeo que nos lleva por los conflictos entre culturas y discursos diversos y nos inserta en la radical ambigüedad que presenta la situación contemporánea. Es de ahí que proviene la exigencia de radicalizar la hermenéutica historizando la comprensión. Y con ese propósito Herlinghaus traza dos recorridos: el que de los “clásicos” de la hermenéutica conduce al Gadamer de Verdad y método, para el que “comprender e interpretar textos no es sólo una instancia científica sino que pertenece a la experiencia humana del mundo”. Pues lo que tenemos por “verdadera” comprensión sólo es posible mediante lo que el mismo Gadamer llama pre-entendimiento, ese yacimiento de tradición, vida e intercambio en que se basa la reflexión, esto es un “primer círculo” hermenéutico que se mueve entre conocimiento y reconocimiento, entre cotidianidad y comunicación. Y el otro recorrido, el abierto por los “desviados” que, partiendo de Vico, cuestionador de la separación entre logos y pathos, y articulador de las certezas de la verdad con “lo cierto” –lo comúnmente sabido– de la experiencia, desemboca en Gramsci y en E. P. Thompson, para quienes la praxis, el actuar, constituye también un modo de saber. Y ello principalmente en el espacio de las culturas populares, que son la larga matriz de la actual cultura massmediada, esto es, la agenciada por los medios de comunicación.

Proyectando el “círculo hermenéutico” sobre la comprensión de la experiencia massmediada de los habitantes que pueblan las grandes ciudades latinoamericanas, H. Herlinghaus enfoca el nuevo círculo que dialectiza en términos de reconocimiento y diferencia lo que en Gadamer eran reconocimiento e incorporación, y que ahora remite a otro de mayor envergadura: el de la narratividad (de las identidades y los sujetos) y la performatividad (socio- política de los discursos). No se trata de oponer dualistamente el discurso racional del poder a la narración expresiva de los subalternos sino de pensar su asimetría y su transversalidad: la disparidad de los ejes sobre los que se agencian y a la vez sus entrecruzamientos y complicidades, sus remisiones y dislocamientos. Lo cual solamente será posible si la narración es tenida por un espacio conceptualmente intermedio entre lo discursivo y lo no discursivo, espacio de dislocación de la oposición misma. A estudiar esa dislocación ayudará grandemente la veta abierta por el concepto de intermedialidad que, proveniente de los Estados Unidos (Dick Higgins) se encontrará en Europa con la conceptualidad baktiniana, de cuya mano posibilitará superar los reduccionismos formalistas de la intertextualidad y asumir las materialidades discursivas, las conflictividades narrativas y las prácticas transgresoras que movilizan la interculturalidad.

Esa trama no puede sin embargo hacernos olvidar el largo anclaje cultural desde el que emergen las teatralizaciones de una socialidad que se resiste a desaparecer en las versiones hegemónicas o funcionalizadas del lazo social. Y es para bucear en los sentidos profundos de esa resistencia que H. Herlinghaus recupera la hermenéutica radical presente en El narrador de Walter Benjamin: “Postulamos la reaparición del narrador en los márgenes de la modernidad” (p. 119). Un narrador portador de relatos que renarran dise-minándola la moderna tradición de lo nacional, pues las nuevas ficcio-narraciones de la nación ya no la contienen sino que la diseminan “agenciando anhelos colectivos de reterritorialización narrativa en vista de las fuerzas ominosas desencadenadas por la globalización” (p. 132). Pues justo allí donde la globalización carga y recarga sus hegemonías de desmovilización más sofisticadas, en los procesos y medios de la massmediación audiovisual, es también donde las renarraciones de lo nacional se hacen más densas y contradictorias. Claro que sólo para quienes, siguiendo a W. Benjamin, sean capaces de apostarle al vigor de las narraciones en una sociedad del olvido. Esto es a un acercamiento hermenéutico a la comunicación masiva como vía para una comprensión distinta de la modernidad. Acercamiento que, poniéndose a distancia de la “ciudad letra”, sea capaz de proponer una concepción no restringida de la narración, para que en ella quepan, sin populismos teóricos, sino por pleno derecho las narrativas que vienen de la oralidad, y las que emergen de su encuentro con la visualidad avanzada. “Ciudad melodramática” llama H. Herlinghaus al nuevo espacio en el que, frente a las exclusiones socioculturales de la “ciudad letra”, adquieren visibilidad cultural y relieve político las narraciones en las que se expresan y constituyen nuevas subjetividades e identidades que, como las de la mujer –protagonista tanto ancestral como moderna del melodrama–, apuntan a la transgresión social desde lo emocional convirtiendo “los desafíos del amor en derecho a la felicidad” y a ésta en “problema de justicia” (p.142).

3. El nuevo programa o cómo leer la modernidad desde donde se pensaba que no había

“Mientras el discurso tiende, según Foucault a la codificación, especialización e institucionalización, es la narración (popular) la que habita los márgenes de los sistemas discursivos, la que sabe aprovecharse ágilmente de elementos y espacios tanto propios como ajenos. La intermedialidad –prácticas transgresoras entre diversos medios que se constituyen en interculturalidad conflictiva–, remite particularmente a las prácticas populares que narrando, o imaginando narrativamente, atraviesan, ocupan y desocupan distintos terrenos simbólicos. Esa acepción de ‘intermedialidad’ permite pensar lo melodramático como imaginario heterogéneo, sin que ello descarte el hecho de que el melodrama exista también dentro de géneros o formatos. Pero si hablamos del carácter intermedial del melodrama, y la referimos a su versatilidad para atravesar géneros y medios generando intersticios y nuevos puentes hermenéuticos, es porque esa versatilidad responde a una rearticulación de excesos no discusivos que la hacen parte de una narración o una matriz narrativa. Lo melodramático muestra que, por debajo de la racionalidad institulizada (en el discurso) laten los imaginarios de la vida y la acción, desde los que a su vez se negocia un acceso simbólico a las esferas de la imaginación. Para comprender esas dinámicas se necesita, no un concepto de pluralidad o diversidad cultural, sino una noción de heterogeneidad capaz de problematizar las asimetrías entre discurso y narración que constituyen un fondo clave de los combates simbólicos de la modernidad (…) Ese desde el que el melodrama moviliza fantasías de una socialidad residual, la del sincretismo popular hacia nuevas imágenes de transgresión sensual y corporal, y nuevos rituales de empoderamiento afectivo. Por el melodrama pasan, en determinadas condiciones, libidinalidades alternativas y fuerzas de afecto que subvierten la racionalidad formal o compensan lo que ella ha dejado trunco, que convierten el significado social desvalorizado en colectiva ubicación sentimental, tornando la voz y el cuerpo afectivos en lugares alternativos de significación”.

(H. Herlinghaus, 2002)

Me atrevo a iniciar esta tercera y última parte señalando mi convencimiento de que H. Herlinghaus ha hecho más por la comprensión de la modernidad latinoamericana que muchos libros y artículos escritos en nuestros países con el empecinado propósito de demostrarnos o bien los daños que la modernidad nos ha hecho o lo lejos que aún nos hallamos de la Modernidad . . . europea y con mayúsculas ¡claro!

Los tres años del nuevo siglo han conducido la intermediación de Herlinghaus hacia el esclarecimiento y profundización de su apuesta por una comprensión distinta de la modernidad. Y no de la modernidad latinoamericana sino de las modernidades diversas que hoy componen lo moderno del mundo, o como le gusta decir desubicando el dictum de Heidegger: las diversas maneras de estar en la modernidad- mundo. Este último tramo del trabajo se inició con la ponencia que Herlinghaus presentó el año 2000 en el X Encuentro de FELFACS, y cuyo largo título era necesario para juntar las dos claves que orientan este tramo del trabajo: Hacia una hermenéutica de la comunicación. Narrativas anacrónicas de la modernidad en América Latina (Lima, 2000). En esta ponencia la reaparición del narrador es tematizada bajo la guía de Jorge Luis Borges, uno de los cuestionadores más explícitos de la división impuesta por la razón moderna entre story e history, entre historia y relato. Y no a través del sabio discurso explicador sino de una finita gama de renarraciones: “donde otros han novelado o, al pisar el terreno de la filosofía, omitieron el suelo de la narración, Borges se empeña en un interminable proyecto de renarraciones y ‘falsificaciones’ de probadas tradiciones discursivas” (p. 283). Esa estratégica operación borgiana no se agota en el dispostivo de la escritura, no es mera escritura, sino que tiene el calado de una profunda deconstrucción cultural pues apunta a rehacer/repensar el tiempo-de-la-modernidad en cuanto experiencia y diferencia. En el texto borgiano Una vindicación del falso Basílides, Herlinghaus devela las claves de esa narrada deconstrucción: la ironización del discurso de “los orígenes” al que se suele remitir la autenticidad de las identidades mediante su conversión en relato episódico, y la asunción del relato como discursividad otra del filosofar. Por distintos caminos, Paul Ricoeur (Temps et recit, París, 1985) se reencuentra también con el sendero borgiano al indagar cómo es en el relato donde la gente construye la experiencia del tiempo cotidiano: el narrar nos permite transcender la temporalidad de lo vivido mediante la construcción de su figura. El sentido del tiempo se elabora entre la repetición –que da cuenta del fondo rutinario en que se sostiene lo cotidiano– y la figuración, que es el montaje de hechos y ficciones con que se teje la narración.

Experiencia y sentido a los que remite –por debajo de las lógicas mercantiles y los aparatajes tecnológicos de las massmediación– la cuestión del “sentido [en] común” en la modernidad, esto es, la comunicación de la moderna sociedad con lo que en ella queda de comunidad, o mejor de comunidades. Que es lo mismo a lo que nos referimos hoy cuando nos planteamos la pregunta por el sentido de las identidades en la sociedad globalizada. Pues bien, el verdadero drama de las identidades en la modernidad-mundo se re-velaría, según Herlinghaus, en las narraciones anacrónicas con las que desde la periferia se cuentan juntos los deseos de las masas, las extraterritorializaciones de la subjetividad y las revueltas urbanas. Teatralización de las socialidades residuales y emergentes (a lo Raymond Williams) en la modernidad hiperurbana, y en la que afectividades y ritualidades otras dejan entrever las hondas transformaciones que atraviesa el lazo social para sobrevivir a los devastadores efectos de la racionalización generalizada de los mundos de vida. Como ese paso – esa otra migración, Carlos Monsivais– que de lo privado-elitista va hacia lo público-masivo: “del silencio a la visibilidad, de la mujer abnegada a la imagen agresiva de la mujer, de la sensualidad controlada a su desborde o enloquecimiento, del leguaje supuestamente auténtico al infectado por las agencias públicas de la grosería y el deseo, de la moral religiosa a su doblegamiento en las salas oscuras o las calles” (p.288).

En uno de sus últimos textos “La imaginación melodramática”, que da entrada a una espléndida recopilación de estudios sobre Narraciones anacrónicas de la modernidad (Santiago de Chile, 2002), Herlinghaus nos pone a mirar de frente las tramposas artimañas de la modernidad una y pretenciosamente universal al proclamar especulativamente una noción de cultura que nada tiene que ver con la heterogeneidad de las experiencias culturales, identificando a la cultura con el orden del lenguaje “desde donde una subjetividad especulativa administra el mundo cultural” (p.22). ¡Pocas veces se había llevado la crítica de la razón moderna tan adentro! Pues lo que ahí se está de-velando es la incapacidad de esa razón para hacer se cargo de uno de sus más fuertes desajustes: el que divorcia los imaginarios del actuar de la norma establecida por el sujeto autorreflexivo, esto es, la irreprimible heterogeneidad de esos imaginarios. Es esa heterogeneidad la que hacen explícita las narraciones anacrónicas que, como las del melodrama en América Latina, apunta al desordenamiento del territorio cultural acotado, demarcado, por la modernidad. Y una vez adentrados en ese trans-fondo de la modernidad con lo que nos topamos es con el carácter mistificador de uno de sus discursos más sagrados: el del imaginario trágico de tantos intelectuales que enmascaran su aburguesada lejanía de las situaciones y prácticas de la mayoría tras la elegante melancolía en la que esconden “los héroes-fantasma de la razón especulativa”. Al menos los héroes de la imaginación melodramática no simulan la tragedia sino que escenifican los conflictos entre los hombres, concernientes a las redes de los asuntos humanos y en narrativas tan abiertas y precarias como el mismo actuar humano.

La densa e implacable denuncia de Gramsci sobre la hipocresía intelectual, que se solaza en su interesada incomprensión del gusto popular, resuena fuertemente en la reflexión de H. Herlinghaus. Pues como en los tiempos de Gramsci lo que ahora está en juego son, de un lado, los conflictos éticos de la modernidad, y de otro la más honda de las heterogeneidades que la desgarran, y al mismo tiempo la dinamizan. No es circunstancial que sea en Latinoamérica, ese continente a la vez el más asimilado por la modernidad y el que más tenazmente la resiste, la burla y retuerce, donde se producen hoy las narrativas popular-masivas más desordenadoras del lenguaje trágico. Y no lo es precisamente porque en pocos territorios culturales del mundo el combate entre oralidad cultural y cultura letrada ha sido y sigue siendo tan cuerpo a cuerpo, es decir, tan mediador de las luchas contra la exclusión social y política. Es ahí que reside la fuerza performativa de las narraciones melodramáticas, más allá de lo reaccionario de muchos de sus contenidos y de la capacidad cooptadora de las lógicas mercantiles de su producción: en su capacidad de mediar “los desfases constitutivos de la comunicación en los que se articulan las fantasías cotidianas y las sensibilidades culturales con los conflictos e identidades sociales” (p. 51). Las pequeñas historias hablan a su modo de la historia que no se deja contar en las narrativas oficiales: la de los mestizajes narrativos con base en los cuales la memoria de las comunidades se incorpora a la contemporánea reinvención de las identidades y las socialidades.

Indagando ese desconcertante mestizaje de la imaginación melodramática en América Latina, los trabajos de H. Herlinghaus desembocan sobre una redefinición de la heterogeneidad latinoamericana que ha encontrado en su último libro, Renarración y descentramiento. Hacia una epistemología alternativa de la imaginación en América Latina, una explicitación de sus dimensiones más polémicas y esclarecedoras a través del análisis de las metáforas con que se buscan decir las “otras razones culturales”: desde las que puso en escena Bernardino de Sahagún hasta aquellas en que se narra la postdictadura chilena, pasando por las metáforas éticas del zapatismo. Todo un programa de relecturas en el que no sólo se ensancha la agenda de las ciencias sociales sino donde se ponen a prueba las genealogías y las deconstruciones en cuanto nuevas estrategias de la renarración de las historias que en nuestros países se han venido contando y de la imaginación con que buscamos construir futuros menos excluyentes para nuestras sociedades.


Bibliografía de H. Herlinghaus

  1. (Editor con M. Walter), Postmodernidad en la periferia. Enfoques latinoamericanos de la nueva teoría cultural, Langer Verlag, Berlín, 1994ª.
  2. Intermedialitat als erzahlerfarung (Intermedialidad como experiencia narrativa), Verlag, Peter Lang, Francfort, 1994b.
  3. “Entre postmodernidad latinoamericana y postcolonialismo angloamericano: un debate necesario en torno a una nueva ecología de las identidades”, en: Diá-logos de la comunicación, No. 49, Lima, 1997a.
  4. (Coeditor), Sprunge im Spiegel. Poskloniale Aporien der Modern in beiden Amérika, Langer, Berlín, 1997b.
  5. “La modernidad ha comenzado a hablarnos desde donde jamás lo esperamos: una nueva epistemología de la cultura”, en: María C. Laverde y R. Reguillo (eds.), Mapas nocturnos. Diálogos con la obra de Jesús Martín-Barbero, Siglo del Hombre, Bogotá, 1998.
  6. (Coeditor), Heterotopien der Identitat, Heidelberg, 1999.
  7. Modernidad heterogénea. Descentramientos hermenéuticos desde la Comunicación en América Latina, CIPOST, Caracas, 2000ª.
  8. (Con J. Martín-Barbero), Contemporaneidad Latinoamericana y análisis cultural, Iberoamericana- Vervuert, Madrid/Francfort, 2000b.
  9. (Editor), Narraciones anacrónicas de la modernidad. Melodrama e intermedialidad en América Latina, Cuarto Propio, Santiago de Chile, 2002.
  10. Renarración y descentramiento. Hacia una epistemología alternativa de la imaginación en América Latina, Iberoamericana-Vervuert, Madrid/Francfort, 2003a.
  11. (Coeditor), Fronteras de la modernidad en América Latina, IILI, University of Pittsburg, 2003b.

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