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Del internacionalismo al nacionalismo: rumbos del conflicto armado en Colombia

Do internacionalismo ao nacionalismo: direções do conflito armado na Colômbia

From internationalism to nationalism: directions of the armed conflict in Colombia

Mónica Zuleta P.**


* Este ensayo es producto de la investigación denominada “Procesos de interacción propiciados por el conflicto interno en Colombia”, auspiciada por el Departamento de Investigaciones de la Universidad Central (DIUC) y realizada por Mónica Zuleta (investigadora principal), Gisela Daza (co investigadora) y Liliana Paredes (Beca Joven investigadora de Colciencias), junto con un equipo de estudiantes de último semestre en el año 2002, de las Facultades de Comunicación Social y de Ingeniería de Sistemas de la Universidad Central.

** Investigadora, con pregrado en psicología, especialización en investigación cualitativa, maestría en sociología y en filosofía y candidata a doctora en Historia; directora de la línea de investigación en Socialización y violencia del DIUC, grupo de investigación reconocido por Colciencias. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.


Resumen

Este ensayo tiene por propósito sugerir una interpretación del desarrollo del conflicto armado colombiano durante la última década del siglo XX mediante el uso de la concepción de poder de Michel Foucault. Ello con miras a presentar alternativas analíticas frente a la relación entre lo global y lo local donde se consideren algunas de las hipótesis contemporáneas sobre la cuestión del nacionalismo. El ensayo utiliza el término nacionalismo como sustantivo (lo que es) en lugar de como adjetivo (lo que debe ser) y ordena los conjuntos de acciones que, en torno al proyecto de lo nacional, han sido puestos en práctica por las guerrillas en Colombia.

Palabras clave: guerrillas colombianas, nacionalismo, guerra, imperio.

Resumo

O objetivo deste trabalho é sugerir um ponto de vista sobre o desenvolvimento do conflito interno colombiano durante a última década do século XX, através do uso da concepção de poder de Michel Foucault; Este propósito tem a intenção de levar em consideração uma perspectiva analítica da relação global-local onde alguns dos argumentos contemporâneos são considerados quanto à questão do nacionalismo. De acordo com isso, usa o termo nacionalismo como substantivo (que é) em vez de como adjetivo (o que é suposto ser), e organiza as ações conectadas que, em torno do projeto quanto ao nacional está em causa, foram colocadas em Prática da guerrilha colombiana.

Palavras-chave: guerrilheiros colombianos, nacionalismo, guerra, império.

Abstract

The purpose of this paper is to suggest a point of view about the development of the Colombian internal conflict during the last decade of the twentieth century, through the use of power conception of Michel Foucault; this purpose has the intention to take in consideration an analytical perspective of the global-local relationship where some of the contemporary arguments are considered regarding the question of nationalism. According to that, it uses the term nationalism as a noun (which is) instead of as adjetive (what is supposed to be), and it arranges the connected actions which, around the project as to the national is concerned, have been put in practice by the Colombian guerrilla.

Key words: Colombian guerrillas, nationalism, war, empire.


1. La transformación del modo de soberanía: la Coordinadora Nacional Guerrillera Simón Bolívar

El 8 de febrero de 1991, tres movimientos guerrilleros colombianos, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) y una disidencia del Ejército Popular de Liberación (EPL) (guerrilla que en ese momento se encontraba finalizando un acuerdo de paz), aceptaron acceder a un proceso de negociación mediante un diálogo. Para ello reactivaron un mecanismo de alianza que había sido creado hacía algunos años para propósitos similares, denominado la Coordinadora Nacional Guerrillera Simón Bolívar1. El gobierno que por ese entonces había llevado a buen término una negociación con el EPL fue quien planteó la realización de dicho proceso2. Dos fueron las condiciones para el inicio de la negociación: por parte de la guerrilla, la no imposición del cese al fuego durante la misma, considerándolo más bien como un resultado3; por parte del gobierno, la constitución de un organismo multilateral de “países amigos” que “facilitara” los diálogos, y la propuesta de que el lugar de la negociación no fuera Colombia, sino un espacio “neutral”4. A su turno, los medios para alcanzar la negociación propuestos por la guerrilla se basaron en el establecimiento de unas reglas que permitieran realizar una estrategia promotora de una nueva constitución para el país, denominada Convención Nacional5; el gobierno, a su vez, planteó la determinación de procedimientos para la financiación de las guerrillas durante el tiempo de la negociación, lo que incluía, por ejemplo, el establecimiento de un número de zonas de distensión (entre 50 y 60) por todo el territorio nacional, donde pudieran establecerse los guerrilleros mientras culminaba el proceso6. Por último, los principales fines por negociar sugeridos por la guerrilla fueron: 1. La desmilitarización de la sociedad. 2. Un nuevo orden económico y social. 3. Democratización nacional. 4. Soberanía, autodeterminación y política exterior independientes7.

Si se evalúan las condiciones para poner en marcha la negociación, es lícito suponer que, a diferencia de otros procesos de paz que exigieron acuerdos al interior de un solo movimiento, este proceso requería, además, acuerdos entre diferentes grupos guerrilleros. En primera instancia, cada guerrilla tenía que determinar unas reglas de juego para participar. A partir de estos acuerdos, los distintos grupos debían establecer unas reglas que aseguraran la participación de las distintas fuerzas en juego. Y, con base en esas reglas, las guerrillas necesitaban fijar unos propósitos generales y específicos, también comunes, que se convirtieran en los instrumentos de los diálogos. Visto de este modo, se demandaba una forma de negociación y de mediación con características democráticas, por lo menos en lo que concernía a la actuación de la guerrilla. Sin embargo, las dos partes sabían de antemano que estas condiciones mínimas eran de muy difícil cumplimiento dado el desenvolvimiento de los movimientos guerrilleros durante otros procesos de paz que habían fracasado no hacía mucho tiempo (sin entrar a analizar el desempeño del gobierno)8. Y tal como se podía anticipar que sucedería, sucedió: la responsabilidad del funcionamiento del mecanismo fue asumida por unos pocos responsables, los comandantes del ELN y de las FARC, a pesar de la necesidad de la participación de la pluralidad de fuerzas constituyentes9. En razón de lo anterior, los procedimientos democráticos de comunicación fueron coptados por pocos participantes, al tiempo que aparecieron elementos de distorsión de la información10.

Igualmente, si se evalúan los medios para el desenvolvimiento de las negociaciones, era presumible anticipar la imposibilidad de que las tres organizaciones guerrilleras aprobaran de forma concertada la realización de la Convención Nacional, ya que ni siquiera una sola de ellas aceptaba esa estrategia, lo que era del conocimiento de todas las partes en juego desde antes del 8 de febrero de 1991. Así, dentro del ELN, a la línea que suponía posible una transformación democrática del Estado, se le antepuso la militarista que pretendía lograr esa transformación sólo por la vía de una revolución armada, lo que concluyó en grandes divisiones internas11. Por otro lado, las FARC postulaban un proyecto comunista de autogobierno que no era ni siquiera coincidente con la Convención Nacional y, en virtud de lo mismo, dio señales de divisiones internas que, si bien no fueron tan marcadas como las del ELN, manifestaron pugnas entre sus direcciones política y militar12. Finalmente, la disidencia del EPL ya había demostrado que no compartía esa estrategia democrática y, por el contrario, postulaba una revolución cultural al estilo maoísta que diera lugar, por vía armada, a un Estado comunista, tipo China13. En lo referente a la posibilidad de establecer formas de financiación de las guerrillas se puede llegar a similares conclusiones. De hecho, existía toda suerte de documentación y de estudios, además de experiencias anteriores de procesos de paz, que daba cuenta de la dificultad de financiar a una guerrilla y, con mayor razón, a varias sin que se generaran problemas graves al interior del gobierno, de las fuerzas sociales o de las guerrillas. Lo mismo puede decirse de la posibilidad real de crear zonas de distensión, dada la gran injerencia de las guerrillas a lo largo del territorio nacional, lo que podría conducir a que, por un lado, las fuerzas militares no aceptaran dicho acuerdo y que, además, se presentaran enfrentamientos entre las tres agrupaciones que esgrimían diferente capacidad militar, política y económica en las zonas donde actuaban mancomunadamente14.

Tales circunstancias dieron lugar a los problemas que se manifestaron en divisiones inter e intra grupos, los cuales perturbaron la acción de la Coordinadora Guerrillera desde el mismo momento de la puesta en marcha de las negociaciones15. Las divisiones fueron atribuidas a traiciones de los participantes lo que a su vez generó conflictos internos y confrontaciones entre las tres guerrillas16. De suerte que las negociaciones se enfrentaron a una serie de obstáculos y suspensiones hasta el 18 de marzo de 1995, momento en que públicamente se anunció que la Coordinadora Guerrillera dejó de existir17.

¿A qué obedece que un mecanismo de negociación que de entrada estaba condenado al fracaso, fuera asumido como una opción plausible y se le otorgara alguna suerte de viabilidad por las guerrillas, el gobierno y la sociedad, a lo largo de un periodo de tiempo? En general, las tendencias de las respuestas que comúnmente se esgrimen frente a los fracasos de los procesos de paz en el país pueden esquematizarse en los siguientes términos: mientras que para algunos, es un asunto de mala fe de las guerrillas, para los otros, el problema estriba en la mala fe del gobierno. Así mismo, tales tendencias comparten el enunciado de la hegemonía que supone que la mayoría de las fuerzas sociales que componen a nuestra sociedad está en una posición de subyugación ya sea frente al gobierno, frente a las guerrillas o frente a otras fuerzas sociales (las económicas, por ejemplo), por lo que siempre termina subordinada.

Sin embargo, creemos que las anteriores respuestas hacen uso del siguiente tipo de razonamientos: “dado que el todo es corrupto, y ese elemento forma parte del todo, luego ese elemento es corrupto”. O, su inverso: “dado que ese elemento es corrupto, y ese elemento representa el todo, luego el todo es corrupto”. Razonamientos que comparten un mismo principio acorde con aquello que M. Foucault (1986) denomina “una concepción monárquica de la teoría del poder”. En sus palabras:

En el fondo, a pesar de las diferencias de época y de objetivos, la representación del poder ha permanecido acechada por la monarquía. En el pensamiento y en el análisis aún no se ha guillotinado al rey: De allí la importancia que todavía se otorga en la teoría del poder al problema… del Estado y de la soberanía (… ) hace ya siglos que entramos en un tipo de sociedad donde lo jurídico puede cada vez menos servirle al poder de cifra, o de sistema de representación… (pp. 108 y 109)

¿Qué respuestas serían factibles frente a la misma pregunta si se hiciera un desplazamiento que se acercara a la propuesta que toma en consideración el campo relativo a la inmanencia del poder? De acuerdo con Foucault:

…Me parece que por poder hay que comprender, primero, la multiplicidad de las relaciones de fuerza inmanentes y propias del dominio en que se ejercen, y que son constitutivas de su organización: el juego que por medio de luchas y enfrentamientos incesantes las transforma, las refuerza, las invierte; … hay que ser nominalista, sin duda: el poder no es una institución y no es una estructura, no es cierta potencia de la que algunos estarían dotados: es el nombre que se presta a una situación estratégica compleja en una sociedad dada. (pp. 112 y 113)

Siguiendo esta concepción, nuestra hipótesis sugiere que, mediante las negociaciones con la Coordinadora Guerrillera, se cumplieron propósitos específicos, distintos del provecho particular y de la subyugación, que sirvieron de enclave para la transformación del modo de soberanía basado en el imperialismo, al modo de soberanía sustentado en lo que M. Hardt y A. Negri denominan Imperio (2000)18. En sus palabras:

… Con todo, ya podemos reconocer algunos síntomas importantes del renacimiento del concepto de imperio… Un síntoma es, por ejemplo, el renovado interés que despierta y la efectividad que tiene el concepto de bellum justum, es decir, «guerra justa»… El concepto tradicional de una guerra justa implica la banalización de la guerra y su elogio como un instrumento ético, dos ideas que el pensamiento político moderno y la comunidad internacional de los Estados-nación habían repudiado resueltamente. Estas dos características tradicionales han reaparecido en nuestro mundo posmoderno: por un lado, se reduce la guerra a la condición de acción política y, por el otro, se sacraliza el nuevo poder que puede ejercer legítimamente funciones éticas a través de la guerra… (p.26)

Repasemos algunos de los requerimientos para otorgarle viabilidad a la negociación con la Coordinadora Guerrillera: primero, exigió una forma de negociación “democrática”, por lo menos en lo que concernía a las guerrillas. Segundo, demandó de la actuación de países amigos, que sirvieran de facilitadores. Tercero, determinó un espacio para la negociación con características de neutralidad que diferenció las acciones de negociación, de las acciones de guerra propiamente dichas. Cuarto, favoreció la manifestación de la guerra en el lugar como condición de la paz por fuera del lugar.

Hardt y Negri describen el nuevo modo de la soberanía de la siguiente manera: Primero, conformación de un orden democrático basado en organismos multilaterales. Segundo, conformación de proyectos constitucionales mediante los cuales se solicite la actuación militar a las grandes potencias. Tercero, actuación del orden democrático por fuera del espacio de las confrontaciones militares. Cuarto, imposición de la política de la “guerra justa” que hace necesaria la guerra en el lugar como expresión de la paz en el no lugar (Ibid, pp.11-33).

Puede notarse una gran coincidencia entre el orden promovido por esa noción de imperio y el mecanismo de negociación puesto en marcha con la Coordinadora Guerrillera. De ahí que postulamos que éste, más que haber cumplido un papel destinado a que las partes en juego obtuvieran provecho, configuró una puerta de entrada a la política de la “guerra justa” y sus particularidades, en el ámbito específico del conflicto armado colombiano. Lo que se produjo entonces, por efecto de su acción, fue un cambio de dirección de la soberanía que estimuló la diferenciación del espacio relativo a la paz de aquel particular de la guerra y convirtió al territorio colombiano en un campo de batalla, condición para poner en marcha cualquier tratado de paz. Así mismo, ese cambio de soberanía favoreció que los tratados de paz fueran un asunto supranacional, a la vez que, de manera constitucional, se solicitara para combatir la guerra la intervención militar de fuerzas extranjeras. En virtud de lo anterior, dichas negociaciones provocaron cambios en el ejercicio del poder, en el sentido en que lo entiende Foucault, que trastocaron la función y el papel de las guerrillas en Colombia, cuyo carácter nacionalista de un momento a otro dejó de tener una razón de ser y fueron tildadas, más bien, de grupos armados delincuenciales, desde la perspectiva de las directrices del Derecho Internacional Humanitario (DIH), de la Lucha contra el Narcotráfico y de la Seguridad Mundial.

2. ¿Guerra coyuntural o guerra estratégica?

Entre 1994 y 1996 se llevó a cabo el cambio de la función de las guerrillas, quienes dejaron de ser percibidas como resistencia política y se les impugnó, entonces, un carácter delincuencial, lo que facilitó no solo el ingreso, sino la instalación definitiva de la política de la “guerra justa” en nuestro país. El conjunto de sucesos que promovió este cambio puede ordenarse de acuerdo con tres direcciones: 1. La diferenciación entre las finalidades de los movimientos guerrilleros, que atribuyó a las FARC un interés nacional y a las demás guerrillas un interés local. 2. La equiparación entre guerrilla y narcotráfico lo que facilitó la injerencia directa de los países del norte (EE UU, y la Unión Europea) en el conflicto interno colombiano, a través de la política del DIH, por un lado, y de la política de la lucha contra el narcotráfico, por el otro. 3. La guerra entre guerrilla y paramilitarismo mediante la cual se transformó el carácter de ambas organizaciones. A continuación, se mostrarán las maneras como se desenvolvieron dichos sucesos.

1. Desde el año de 1994, las FARC iniciaron una guerra por el control territorial, mediante la cual se enfrentaron a las otras guerrillas, en la región de Urabá (una zona estratégica de gran importancia tanto por constituir una posible vía de comunicación entre los océanos Atlántico y Pacífico, por los ríos Atrato y San Juan, como por su cercanía al canal de Panamá), donde hasta entonces operaban los tres grupos guerrilleros. En esta zona también tenían una fuerte injerencia los movimientos paramilitares dado el predominio del latifundismo (del que dependía gran número de organismos de carácter obrero y sindical)19y del narcotráfico (en cuanto constituía una vía para el contrabando de narcóticos hacia el Caribe). Así, desde principios de este año, la prensa nacional y algunos comunicados de la guerrilla informaron de la “conquista” de las FARC del territorio de Urabá. De acuerdo con dichas informaciones, esta conquista buscaba consolidar esa región como la nueva central de operaciones, para reemplazar a aquella de la región de La Uribe (ámbito tradicional de operaciones de las FARC localizado en los Llanos Orientales que había sido desmantelado por las Fuerzas Armadas en 1990)20. Estas acciones dieron pie para una primera diferenciación “oficial” de los propósitos de las guerrillas; en efecto, según la prensa nacional, mientras que el objetivo del ELN y del EPL era mantener el control local en los municipios donde tenían injerencia, como tradicionalmente lo venían haciendo, el objetivo de las FARC era apoderarse del control del poder nacional, comenzando con la conquista de Urabá21 .

La hipótesis del reciente “interés nacional” de las FARC se basó en el cambio de su táctica que, de acuerdo con las noticias, de defensiva pasó a ser ofensiva. Ello tuvo como una de sus manifestaciones la declaratoria de guerra a las demás guerrillas que actuaban en la zona. En lo que respecta al EPL, las FARC pusieron en marcha una estrategia de exterminio de los reinsertados, política iniciada por las FARC y el EPL desde 1991 cuando la fracción del EPL que se había desmovilizado configuró el movimiento político denominado Esperanza, paz y libertad22. No obstante, a partir de 1994, se reportó que la acción de las FARC se volvió más agresiva y tuvo como blanco a los obreros de las bananeras de Urabá bajo la acusación de que los reinsertados del EPL pertenecían ahora a los paramilitares que actuaban en esa región23. En lo que concierne al ELN, las noticias no fueron tan explícitas, si bien mencionaban el interés de las FARC de dominar la zona a expensas de expulsar las columnas del ELN que actuaban en ella24. Así mismo, se hizo referencia a una declaratoria de guerra del ELN a las FARC en esa región por uno de los principales líderes del ELN, lo que condujo a problemas al interior de esa guerrilla25. Aunque se le dio relevancia a la guerra entre guerrillas en Urabá, las noticias también hicieron referencia a que en el resto del territorio nacional, ellas actuaron concertadamente, a través de la Coordinadora Guerrillera, específicamente en lo concerniente a actividades destinadas a construir nuevas iniciativas tanto para diálogos de paz, como para hacer la guerra. Hubo, sobre todo, dos tipos de acciones concertadas: el primero consistió en la promoción de diálogos regionales26 y en el desarrollo de tácticas militares ofensivas que facilitaran aumentar la extensión del control territorial27. El segundo tipo se relacionó con la utilización de la Coordinadora Guerrillera para el fortalecimiento de las milicias populares, asociada a los sucesos que se denominaron “la extensión de la guerra a las ciudades”, hechos que venían ocurriendo desde 1991. Sin embargo, a partir de 1995, los medios de comunicación le dieron gran despliegue a esta táctica que, de forma sistemática, iba tomando los barrios periféricos de las ciudades y suponía una estricta organización miliciana28.

A partir de estos hechos, la Coordinadora Guerrillera dejó de tener incumbencia en las negociaciones y sólo cumplió funciones militares, lo que coincidió con la conversión de las FARC en la guerrilla de mayor capacidad política y militar29. Paulatinamente, la Coordinadora fue desplazada hasta que, prácticamente, dejó de operar, salvo en algunas actividades puntuales que combinaban la acción de las guerrillas para asuntos militares específicos, en zonas donde actuaban las FARC y el ELN.

2. Durante el año de 1994, los medios de comunicación involucraron a las FARC con el tráfico de drogas. A diferencia de equiparaciones anteriores entre narcotráfico y guerrillas que se venían realizando desde los años ochenta, las de ahora suponían que las FARC no solamente tenía injerencia en el cultivo de la coca y en el de la amapola, sino que además participaba del proceso de fabricación de la cocaína y de la heroína y, más importante aún, del proceso de comercialización de la droga, con lo que se señalaba a esa guerrilla directamente de narcotraficante. Cabe anotar que la información presentada a lo largo de ese año no mostró pruebas concluyentes de esta actividad, sino que de forma sutil hizo coincidir algunas zonas de acción de las FARC con el descubrimiento de grandes cultivos ilícitos y grandes laboratorios de procesamiento de la droga30. En el año de 1995, la prensa hizo la equiparación de modo más explícito, ateniéndose a fuentes de información provenientes del ejército nacional que aseguraban la participación de las FARC en el procesamiento de la heroína y de la cocaína y en su tráfico31.

Lo anterior se complementó con otros sucesos que equipararon a las FARC con grupos de narcotraficantes y de paramilitares. Sin ser concluyentes, los medios de comunicación asimilaron, por un lado, la acción de los milicianos urbanos y la acción de las bandas de sicarios que trabajaban para el narcotráfico32 y, por otro, la acción de los milicianos urbanos y la acción de grupos de “limpieza social”33, estos últimos más acordes con el operar de las cooperativas de autodefensa que si bien fueron deslegitimadas por la Constitución de 1991, en 1996 fueron nuevamente legitimadas mediante personería jurídica, bajo el nombre de las Convivir34.

Así mismo, otra forma de equiparación entre guerrilla y narcotráfico se refirió a la actuación de las FARC en torno a Urabá. A diferencia de las anteriores, ésta se hizo de forma explícita y favoreció una hipótesis por medio de la cual se asumió que la importancia de esa zona para las FARC reposaba, principalmente, en que era un lugar estratégico tanto para el contrabando de armas, como para el contrabando de drogas. El día 11 de septiembre de 1996, se dio a conocer una declaratoria del Congreso de los Estados Unidos que proclamó a las guerrillas colombianas organizaciones narcotraficantes. Según esta declaración, aunque todas las guerrillas estaban envueltas en el narcotráfico, las FARC eran quienes prácticamente manejaban el negocio de la droga en Colombia35. La equiparación entre guerrilla y narcotráfico dio vía libre a la intromisión de otros países, ya no sólo en su rol de “facilitadores” para las negociaciones de paz, sino también en el papel de participantes activos con injerencia directa en el conflicto armado colombiano. De igual manera, estimuló una actuación de los organismos del DIH que influyó en la percepción nacional e internacional de la confrontación36, lo que, primero, obligó al ejército colombiano a acatar, por lo menos de manera nominal, las normas del Protocolo II de Ginebra37 y, segundo, presionó, también de manera nominal, a que los grupos en confrontación “humanizaran la guerra” y a que fueran enjuiciados por cortes internacionales con base en el acatamiento, o no, del DIH38.

3. Desde la segunda mitad del año de 1994, las noticias informaron de la guerra entre las FARC y los paramilitares, por el control de Urabá. De acuerdo con estas noticias, las FARC actuaron de la misma forma como tradicionalmente lo hacían los paramilitares: en primer término, las acciones de ocupación territorial comenzaban con una masacre obrera-campesina mediante la cual, con lista en mano, los guerrilleros escogían a sus víctimas que asesinaban frente a la comunidad (la mayoría de ellos pertenecientes a Esperanza, paz y libertad que residían en esa zona); a continuación venía la retirada, con consignas que informaban del control de la zona; al cabo de algunos días, se llevaba a cabo una ocupación del ejército que ocurría una vez los guerrilleros habían abandonado la zona. Por último, tales acciones ocasionaban migraciones masivas de campesinos que habitaban en la región de confrontación39.

La disputa de Urabá se volvió, entonces, un problema entre las FARC y los paramilitares, los últimos aparentemente unidos y bajo el mando de un solo comandante, líder hasta entonces del movimiento denominado Autodefensas Campesinas de Córdoba (ACC). Las ACC tenían como principal objetivo el control regional a través de artimañas para ocupar, apoderarse o forzar a vender al pequeño propietario. Posteriormente, fueron conocidas con el nombre de Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) y su nuevo comandante, quien asumió el cargo en 1996, le adjudicó propósitos políticos, tales como auxiliar las actividades estatales de protección de la tenencia de la tierra, lo que incluía una lucha abierta contra las guerrillas40.

Con miras a expulsar a las guerrillas de Urabá, las ACCU pusieron en marcha, además de las maniobras militares y del terror que comúnmente utilizaban, una operación que tuvo gran efectividad: el secuestro de parientes de los guerrilleros ajenos a la confrontación armada. Esta operación fue originalmente interpretada por la prensa como retaliación a acciones de la misma índole que habían cometido las guerrillas frente a los paramilitares y, posteriormente, cuando condujo, por ejemplo, a que 160 hombres del EPL se desmovilizaran y se entregaran al ejército y 40 más lo hicieran directamente a las ACCU, fue interpretada como una táctica militar41. En 1997, las ACCU lograron su objetivo y expulsaron a las FARC de los municipios del norte de Urabá42.

La confrontación entre las FARC y los paramilitares generó cambios en la percepción de ambas organizaciones. Mientras las FARC fueron caracterizadas como una agrupación que abandonaba sus “ideales” políticos para volverse una “banda” ilegal y criminal, los paramilitares fueron juzgados ya no sólo como una organización criminal sino a la que, también, podía atribuírsele “ideales” políticos. Como es evidente, las guerrillas se opusieron a dicha consideración y la interpretaron como una táctica norteamericana de internacionalización de la guerra mientras que los paramilitares dieron inicio a un movimiento demagógico que generó polémica en distintos puntos de la opinión pública acerca de si podían o no participar de algún proceso de paz43.

De forma que, aunque los medios de comunicación privilegiaron una interpretación sobre la guerra entre las FARC y las ACCU en Urabá como problema coyuntural por el control de un territorio, la interpretación que queremos proponer la concibe, más bien, como la estrategia para que la política de la “guerra justa” tuviera un asidero territorial. En este sentido, se demandaba la conversión de los distintos grupos paramilitares en uno con propósitos políticos, lo que otorgó un reordenamiento del conflicto interno que, desde ese momento, apareció con dos bandos equivalentes44. De hecho, si bien era difícil suprimir de un tajo el carácter de resistencia política de las guerrillas, éste fue puesto seriamente en duda mediante su designación como narcotraficantes y delincuentes comunes. Igualmente, si bien era difícil imponer de un tajo carácter político a los grupos paramilitares, este carácter fue introducido, de modo sutil, mediante su reconocimiento como contrincantes legítimos de la guerrilla. Finalmente, la importancia de la región de Urabá no solamente concernió a su función en la agroindustria exportadora y en el narcotráfico sino, además, a su potencialidad de convertirse en la vía alternativa de comunicación entre el océano Atlántico y el Pacífico con las repercusiones que ello acarreaba para el neoliberalismo y para la globalización45.

3. ¿Hay o no hay resistencia?

Hasta ahora, el énfasis de este ensayo ha radicado en mostrar los caminos para la introducción y el asentamiento de las políticas de la “guerra justa” en el conflicto armado colombiano y ha dejado de lado las cuestiones de índole local a las que el conflicto también hace referencia. Estas cuestiones invocan una dimensión que se refiere al papel de resistencia de las guerrillas frente a la internacionalización del conflicto. Desde finales del año de 1996 hasta el año 2001, el protagonismo de las FARC en estos hechos fue de gran importancia y produjo un nuevo proceso de paz que gozó de características que difirieron en forma notable de las negociaciones con la Coordinadora Guerrillera al principio de la década.

La confrontación armada tomó otro giro, esta vez en el sur del país, zona donde estaban ubicadas grandes extensiones de plantaciones de hoja de coca y de amapola y funcionaba una pluralidad de asociaciones de pequeños productores, desde hacía décadas. El Bloque Sur de las FARC que actuaba como gobierno en algunos municipios de la región, contaba con amplio reconocimiento popular. En diciembre del año 1996, las FARC lanzaron públicamente una propuesta en la que señalaron la necesidad de despejar esa zona para reanudar los diálogos46. A diferencia del mecanismo puesto en marcha a través de la Coordinadora, éste fue elaborado por las FARC sin asociarse con otra guerrilla y tuvo dos antecedentes: en primera instancia, el conjunto de marchas, paros y tomas de carreteras realizados por cultivadores campesinos de hoja de coca y de amapola que ocurrieron durante el año de 1996, por medio de los cuales se buscó promocionar una solución al problema de los cultivos ilegales, consistente en la conformación de una mesa nacional de concertación que proponía la participación de representantes de organizaciones campesinas de diversas regiones del país donde hubiera plantaciones ilícitas47. Aunque las FARC no reconocieron injerencia alguna en el desenvolvimiento de estas movilizaciones, ni en la elaboración de la solución planteada, sí reconocieron coincidencias entre las luchas de los campesinos y la suya propia48. En segunda instancia, durante el año de 1996, se desarrolló una nueva ofensiva de las FARC que dio como resultado una serie exitosa de ataques a diferentes bases y centros de comunicaciones de las Fuerzas Armadas localizadas en el sur del país, con la consecuente toma de militares y policías como prisioneros49. Esta ofensiva generó formas de negociación encaminadas explícitamente a la liberación de rehenes, con características de acuerdos humanitarios50. Lograr acuerdos de esta naturaleza forzaba al gobierno a otorgarle a las FARC estatuto político, reconocimiento que finalmente obtuvo, mediante un pacto humanitario que, después de muchos obstáculos, tuvo lugar entre junio y julio de 1997, el cual ocasionó la desmilitarización de una extensa región del sur51 y consolidó otro antecedente de lo que más tarde daría lugar a la zona de distensión, nuevo mecanismo de diálogos de paz puesto en marcha por las FARC en 199852.

El 7 de enero de 1999 se inició oficialmente, en el municipio de San Vicente del Caguán (Caquetá), el desarrollo de la nueva iniciativa de diálogos entre las FARC y el gobierno colombiano. Al igual que el de la Coordinadora, supuso unas garantías, unos medios para llevar a cabo las negociaciones y unos fines. Entre las garantías más importantes se encontraba lo siguiente: 1. Despeje de las fuerzas militares en el sur de Colombia de cinco municipios que correspondían a 42.000 kilómetros cuadrados53; 2. Aislamiento de los paramilitares del proceso lo que implicaba el no reconocimiento de estatuto político; 3. Abandono del método de fumigación de los cultivos ilícitos, por lo menos en las zonas despejadas; 4. Inicio de las conversaciones sin el requerimiento de cese al fuego54. Así mismo, algunos de los medios fueron los siguientes: 1. Designación previa de los negociadores de la guerrilla y del gobierno (aunque podían hacer presencia representantes de otras instituciones nacionales y de otros países, los delegados del gobierno y de las FARC serían los únicos voceros oficiales); 2. Escogencia previa de sede de las conversaciones y elaboración el cronograma de reuniones; 3. Flexibilidad en la construcción de las reglas del juego, las cuales se conformarían en la medida en que el proceso se fuera desenvolviendo; por último, en cuanto a los fines, las FARC presentó una agenda provisional para iniciar las conversaciones que incluía: 1. Formulación de una estrategia oficial para la eliminación del paramilitarismo; 2. Cambio de las políticas estatales sobre los cultivos ilícitos, 3. Creación de una ley de canje permanente. Igualmente, el gobierno planteó, entre otros, la fijación de unos plazos específicos para el cese al fuego y para la liberación de los secuestrados55.

A diferencia de los hechos de 1991, este proceso de negociación sí tuvo viabilidad para su puesta en operación, razón por la que el cumplimiento de las garantías y de los medios fue anterior a su desenvolvimiento: el despeje de las zonas se llevó a cabo según las exigencias de las FARC, los medios para la negociación descansaron en pre-acuerdos tanto del gobierno como de la guerrilla. Igualmente, se tomaron medidas para evitar pugnas por el territorio o interferencias en los sistemas de comunicación56. Además, los residentes de esas zonas despejadas aceptaron que las negociaciones se llevaran a cabo en sus municipios57. Por otro lado, el gobierno consideró públicamente la necesidad de darle vía a algunos de los puntos de la agenda tales como el cambio de la política para la erradicación de los cultivos ilícitos, una ley de canje permanente58, la lucha contra el paramilitarismo e, incluso, otros de mayor envergadura para el país como una reforma agraria. Por último, al igual que lo que ocurrió en el año de 1991, el mecanismo contó con el apoyo de la mayoría de la sociedad colombiana que eligió como presidente de la república a quien aceptó ponerlo en marcha59.

Como es bien es sabido, el mecanismo fracasó después de sufrir, desde el comienzo, toda suerte de obstáculos y de suspensiones. Empero, al igual que con la interpretación ofrecida en relación con las negociaciones entre el gobierno y la Coordinadora Guerrillera, ¿es posible suponer que, además de los provechos particulares, el mecanismo de la zona de distensión produjo otro tipo de efectos? Quisiéramos, entonces, intentar nuevamente una aproximación que recoja los planteamientos de Foucault en lo que se refiere a su concepción inmanente del poder.

La iniciativa de paz de las FARC se acompañó de movilizaciones de distintos sectores, además de esgrimir diferentes formas de presión frente al gobierno, una de ellas, en el Caquetá en marzo de 1998, que fue considerada como el más cruento ataque al ejército nacional en los últimos cincuenta años de violencia60. Razón por la que, a través de esta propuesta de “conversaciones”61, las FARC querían demostrar que, lejos de conformar una banda de índole delincuencial y narcotraficante, constituían una resistencia de gran envergadura que gozaba de carácter político y que, como tal, debía ser legitimada62. De ahí la insistencia en la necesidad de incluir a diversos sectores de la sociedad, campesinos, obreros y políticos, entre otros, en cualquier iniciativa de paz que se pusiera en marcha. De ahí la insistencia por postular una ley de canje mediante la cual, jurídicamente, se hiciera el reconocimiento oficial de los propósitos políticos de las FARC para que, posteriormente, fueran legitimadas como movimiento beligerante. Pero, sobre todo, de ahí la presión por cambiar la dirección del conflicto armado y de reconvertirlo en un asunto interno, con características de pugna política que, aunque ligado al narcotráfico, no era un problema de narcotraficantes63.

Precisamente, a nuestro juicio, la insistencia de las FARC en la lucha por la soberanía nacional de la que se derivaron las garantías cuyo cumplimiento fue la condición para el principio de las conversaciones, respondió a un asunto que el grupo guerrillero parecía tener muy claro consistente en la renacionalización del conflicto64. Razón por la cual, este mecanismo difirió de otras fórmulas, compartidas entre guerrilla y gobierno, para alcanzar la paz65 en tanto contenía elementos singulares que le daban un giro a la forma como el conflicto armado se venía desenvolviendo en el país. En especial, esta estrategia buscaba desviar las tres direcciones anotadas que, a nuestro juicio, favorecieron la instalación de la política de la “guerra justa”, a saber: la atribución de un interés nacional a las FARC para acceder al control del gobierno; la equiparación entre las FARC y los narcotraficantes y, por último, la guerra entre las FARC y los paramilitares. A continuación especularemos un poco acerca de las tácticas utilizadas por este grupo para desviar las direcciones mencionadas:

En lo que respecta a la primera dirección, creemos que las FARC, a partir del mecanismo de la zona de distensión, pusieron en juego propósitos regionales, más que nacionales66. Esos propósitos no estaban solamente encaminados a obtener el control del gobierno local sobre territorios estratégicos, sino que además movilizaron una problemática inscrita en la crisis actual de los Estado-nación que hace referencia a la realidad de los pobladores rurales y aborígenes de diversas zonas intercontinentales quienes han mantenido relaciones ancestrales y tradicionales entre sí, con independencia de las fronteras geopolíticas y de sus legislaciones67. En este sentido postulamos que el mecanismo de la zona de distensión visibilizó la existencia de una pluralidad de organizaciones campesinas e indígenas de carácter multirregional conformada alrededor del problema de los cultivos ilícitos. De manera que la acción de las FARC movilizó una dimensión que traspasó las fronteras nacionales y se extendió a países como Ecuador, Venezuela, Perú y Brasil, al tener impacto sobre las poblaciones de pequeños productores campesinos y de colonos y aborígenes de la Región de la Orinoquia, del Putumayo y de la Amazonia, poblaciones profundamente imbricadas con asuntos globales tales como el de los flujos migratorios y el de las políticas ambientales, además del problema de los cultivos ilícitos, entre otros68. No es gratuito, entonces, que aparecieran noticias de prensa sobre una posible influencia de las FARC en las regiones limítrofes con Colombia69, ni tampoco es gratuito, ni coyuntural, la propuesta denominada Plan Colombia (mediante la cual el gobierno colombiano solicitó apoyo económico y militar de los Estados Unidos y de la Unión Europea para la lucha contra el narcotráfico, así como control militar sobre las fronteras por parte de los países limítrofes con Colombia )70 y su gran aceptación por el gobierno de los Estados Unidos71 .

En lo que respecta a la segunda dirección, puede señalarse algo parecido dado que ambas problemáticas están vinculadas. Aunque es cierto que las FARC buscaron explícitamente combatir su denominación jurídica de narcoguerrillas y obtener, otra vez, estatuto político, también es cierto que su acción perturbó el rumbo del problema de las drogas ilegales en el ámbito internacional72. Aunque la consecuencia de mayor envergadura de esa perturbación, fue la solicitud por parte del gobierno colombiano a los EE UU y a otros países europeos de intervenir en el conflicto interno colombiano a través del Plan Colombia, lo que convirtió un problema de carácter policial (lucha contra el narcotráfico), en un problema de carácter militar (guerra contra la narcoguerrilla)73, ello no significa que no haya habido otro tipo de efectos. Así por ejemplo, el hecho de que países como los EE UU tengan que asumir algunos de los costos de sus acciones unilaterales, por un lado y, por otro, de que se cuestione, en alguna medida, la eficacia de las fumigaciones74, aunque a corto plazo aparentemente reviste poca importancia, a mediano y a largo plazo puede ocasionar cambios mayores. En virtud de lo mismo, si bien era prematuro que en la zona de distensión pudiera darse un experimento exitoso de sustitución de cultivos ilícitos75, ello no quiere decir que tales experimentos y otros de distinta índole, si se quiere más radicales, no puedan llevarse a cabo en un futuro76.

Finalmente, en lo que hace mención a la guerra entre las FARC y los paramilitares también creemos que la confrontación iba más allá de una lucha por el control de algunas zonas del territorio nacional, aunque fuera de este modo como se presentaban los hechos. A nuestro juicio, la lucha tuvo que ver con un asunto que roza los proyectos de nación fortalecidos por el país77. En este sentido, reconocemos que los paramilitares no solamente han sido grupos delincuenciales creados para la defensa de la propiedad, sino que también expresan un amplio sector de la población colombiana (industriales, terratenientes, campesinos y obreros, entre otros)78 que se resiste a trastocar los privilegios mantenidos a lo largo de la historia del país. Justamente, la lucha entre los paramilitares y las FARC puso sobre el tapete la marcada diferencia de dos proyectos de nación: el uno encaminado a mantener las condiciones en las que prima “el derecho de propiedad”79, el cual ha consolidado las tendencias en la tenencia de la tierra por parte de grandes terratenientes y que demanda de las fronteras de los Estados-nacionales tal como se experimentan en la actualidad neoliberal, como condición para favorecer la fluctuación de los grandes capitales80. El otro proyecto se encamina a un reordenamiento regional en donde la tenencia de la tierra entre en otros regímenes de propiedad que privilegien una reorganización de lo regional mediante la cual se impacten las fronteras de los Estados nacionales, como condición para nuevas distribuciones geo-políticas de la soberanía.

Así, a pesar de que las FARC privilegiaron la línea militarista, a la vez que estimularon autoritarismos de distinta clase en la región del sur del país donde tuvieron pleno control, también impulsaron un modo de resistencia acorde con estos tiempos posmodernos de la era de la globalización. En efecto, tal como lo mostramos, el mecanismo de la zona de distensión promovió otra manifestación del nacionalismo que desvió en algún grado las tres direcciones de la política de la “guerra justa” a las que hicimos referencia. En consecuencia, aunque creemos plausible el argumento generalizado de que las FARC desaprovecharon una opción de resistencia de carácter nacional-global en la medida en que endurecieron las condiciones para la negociación81 y favorecieron, con ello, el ingreso en el país de la estrategia anti-terrorista (no es gratuito que en las elecciones presidenciales del año 2002 hubiera ganado el candidato que propuso explícitamente la puesta en marcha de esa estrategia y que lo lograra con la votación suficiente en la primera vuelta)82, igualmente suponemos que su modo de desviar las direcciones de la política de la “guerra justa” puso de manifiesto problemáticas sociales de gran envergadura (la regionalización, la cuestión del narcotráfico y la disputa por la propiedad de la tierra), que atañen al continente desde hace décadas. Si bien son inciertas las maneras como estas problemáticas se manifestarán en un futuro próximo, estamos seguros de que su importancia será crucial para el devenir latinoamericano.


Citas

1 “…Luego de la reciente reconciliación de la Coordinadora que aglutina ahora a los subversivos de las FARC, ELN y la disidencia del EPL…”, en: “La guerrilla de nuevo en el Magdalena Medio”, periódico El Tiempo, Bogotá, 08/03/1991.

2 “La Coordinadora Nacional Simón Bolívar dijo que ve con buenos ojos la propuesta de paz del Gobierno…”, en: “Frente del ELN acepta el diálogo y anuncia tregua”, periódico El Tiempo, Bogotá, 20/ 02/1991.

3 “La sexta cumbre guerrillera de comandantes de la CGSB aprobó que el tema de cese al fuego será debatido al final del proceso de paz y no al principio…” en: “Cese al fuego, última prioridad de la guerrilla”, periódico El Tiempo, Bogotá, 26/ 02/1992.

4 “El Gobierno aceptó la propuesta inicial de diálogo emitida por las FARC y el ELN el día 8 de febrero… los comisionados tendrán una reunión en el exterior para definir con los miembros del Gobierno, las FARC y el ELN… ,” en: “Listo en diálogo con las FARC y el ELN”, periódico El Espectador, Bogotá, 12/02/1991.

5 “El diálogo directo es el primer paso para lo que se supone que es el principal objetivo de la CGSB: lograr unas curules en la Asamblea Nacional Constituyente…”, en: “Buscando curul a plomo”, revista Semana, Bogotá, 12/02/1991.

6 “… El comisionado presidencial para la paz, Jesús Bejarano, condicionó un acuerdo de cese de hostilidades a la reclusión de la guerrilla en las llamadas zonas de distensión… ” en: “Guerrilla preparada para ceder en diálogos de paz”, revista Semana, Bogotá, 21/06/1991.

7 “Nuestra propuesta para una nueva constitución contempla cuatro grandes temas… ” en “Propuesta de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar para un gobierno democrático y popular,” en: Comunicado de la Coordinadora, 30/04/ 1991.

8 De acuerdo con Gallón y Orozco, las guerrillas colombianas son de distinta clase, por lo que es posible tipificarlas, a partir de la experiencia de su lucha en los últimos 30 años, en función de las relaciones con la población, el territorio y el proyecto estratégico, en militares, partisanas y societales. Así, según los autores, las FARC surgieron imbricadas en los procesos colonizadores, por lo que se pudieron instituir en algunas regiones del país como contra-Estados, a diferencia del ELN y el EPL, lo que les ha otorgado características societales. “Elementos para una tipología de las guerrillas colombianas,” en: Gallón, G., Orozco, I., et al. Derechos humanos y conflicto armado en Colombia, Bogotá, Editorial XXX, 1991.

9 “La violencia guerrillera viene incrementándose desde septiembre del año pasado cuando se produjo una cumbre de la Coordinadora donde se hizo evidente que la postura del cura Pérez del ELN, se había tomado la Coordinadora…”, en: “Buscando curul a plomo”, revista Semana, Bogotá, 12/02/1991 .

10 “Manuel Marulanda Vélez ‘Tirofijo’, Alfonso Cano, Iván Márquez, Raúl Reyes, Timoleón Jiménez y los comandantes de sus 46 frentes replantean la forma como la Coordinadora aplicó sus estrategias político-militares durante los últimos 18 meses… ”, en: “FARC: ¿No más en la Coordinadora?”, periódico El Tiempo, Bogotá, 10/07/1992.

11 “El ELN se dividió en dos bandos: el de los que defendían la necesidad de que los grupos insurgentes participaran en la Constituyente y el tradicional que se negaba a cualquier alternativa distinta a la de las armas… Todo esto derivó en la disidencia La corriente de renovación socialista que hoy asegura que representa una tercera parte de ese grupo guerrillero… ”, “La corriente sobre el ELN” en revista Semana, Bogotá, 22/10/1991.

12 “… Uno de los hombres que representó la línea de los intelectuales de las FARC, opuesta a Tirofijo, fue eliminado, según una comunicación interceptada entre Tirofijo y Reyes, donde el primero decía que varios hombres estaban condenados a muerte: ‘Ellos están corazón de pollito…’” en: “Corazón de pollito”, revista Semana, Bogotá, 03/03/1992.

13 De acuerdo con los estudios de Gómez Buendía, el origen de las FARC está asociado a la autodefensa campesina comunista que emigró al sur del Tolima y conformó las 16 Repúblicas Independientes, en 1960. El EPL surgió de deserciones de las FARC y del partido comunista en 1963. Con características maoístas, vinculadas con el conflicto sino-soviético, su campo de operaciones es la región del río Sinú, el río San Jorge y la región del bajo Cauca. Finalmente, el ELN tuvo como origen la Revolución Cubana y el movimiento estudiantil de los años 60. Por esta razón, dice el autor, es imposible hablar de un movimiento guerrillero unificado. Gómez Buendía, H. “La violencia contemporánea en Colombia: un punto de vista liberal”, en Sánchez, G., y Peñaranda, R. (Comp.) Pasado y presente de la violencia en Colombia, Bogotá, IEPRI y CEREC, segunda edición, 1991.

14 “La muerte violenta de más de 15 miembros de Esperanza, Paz y Libertad ha puesto al descubierto una realidad en Urabá: el ala disidente del EPL está asesinando a sus antiguos camaradas…” en “El pasado que no perdona”, periódico El Tiempo, Bogotá, 12/04/1992.

15 “… los delegados del frente Domingo Laín advirtieron que no apoyarían la decisión del diálogo, sean regionales o nacionales y que mantenían su posición: votar positivamente la declaratoria de una guerra contra el Estado…”, en: “Se dividió el ELN”, revista Cambio 16, Bogotá, 08/10/1993.

16 “La última reunión de la hoy dividida Coordinadora Guerrillera se produjo el pasado 28 de mayo, en una zona montañosa, en ella inclusive habría participado el ahora prisionero Francisco Caraballo”. En: “Cúpula de la CG estuvo de rumba” periódico El Tiempo, Bogotá, 29/08/1994.

17 “El último comunicado del secretariado del Estado Mayor Central de las FARC –fechado el 18 de marzo pasado– evidencia lo que de oídas se venía diciendo: ya no existe la coordinadora guerrillera…”, en “Tácita recriminación de las FARC al ELN por ataque a Carabobo”, periódico El Tiempo, Bogotá, 24/03/1995.

18 Como un ejercicio de carácter especulativo, pretendemos utilizar el concepto que estos dos autores proponen, en lugar de tan sólo citarlo. Cf. Hardt, M., y Negri, A. Imperio, Buenos Aires, Paidós, 2002.

19 “El Urabá cordobés conformado por los municipios de Tierra Alta y Valencia es el enclave del proyecto paramilitar de Fidel Castaño… Se crean, pues, enclaves productivos y se logra que a través de la amenaza o el asesinato la población abandone la región quedándose despoblada hasta por períodos de 6 meses, pasados los cuales es repoblada por recomendaciones del “patrón”, es decir, Fidel Castaño…” Colectivo de Derechos Humanos “Semillas de Libertad”, “Paramili tarismo en el suroeste antioqueño” en Guerra integral y alternativas de paz, Medellín, Editorial “Semillas de Libertad”, 1995, p. 50.

20 “El poder que Iván Márquez y el bloque Noroccidental han adquirido en la región les han hecho pensar que las FARC pretenden establecer una segunda Casa Verde en la inhóspita región de Urabá…” en “La paz de los fusiles”, revista Semana, Bogotá, 04/04/1995.

21 “Fuentes cercanas a los movimientos guerrilleros dijeron que… mientras las FARC buscan presencia nacional, el ELN pretende consolidar poder local y resolver sus crisis internas.” En “¿A cuantas muertes y cuánta sangre está el diálogo?”, revista Cambio 16, Bogotá, 25/07/1994.

22 “Los espacios que dejamos quiso tomarlos la guerrilla de las FARC, que además persiguió a los ex guerrilleros del EPL que abandonaron las armas, considerándolos traidores de la revolución, cuando lo único que soñaban era vivir en paz…”, en “Quien era Fidel Castaño” www. colombialibre.org.co, 2002.

23 “Toda vez que la pelea entre las FARC y los actuales reinsertados data de hace diez años… Uno de los puntos claves para lograr… el dominio de la región es el sindicato de trabajadores bananeros, SINTRAINAGRO, que agrupa el 70% de la fuerza laboral…” en “Juegos de guerra”, revista Cambio 16, Bogotá, 14/02/1994.

24 “El contraste con Urabá es enorme. Aquí donde se concentran los frentes V, XVIII, XXXIV y XXXV de las FARC, además de las columnas del ELN y la disidencia del EPL… Para que el dominio sea total, las FARC rechazan la presencia de movimientos o fuerzas políticas que pongan en peligro su soberanía…” Ibid.

25 “Francisco Galán (cabecilla del ELN) dio una orden a los comandantes de la columna, que podría ser interpretada como la declaratoria de guerra a las FARC por la región de Urabá…” en “En boca cerrada”, revista Semana, Bogotá, 14/11/1995.

26 “… Manuel Pérez, jefe del ELN, quien en las montañas del Noreste anda trabajando en el diseño de una estrategia negociadora que, según se logró establecer, coincide con el planteamiento de las FARC en el sentido de fortalecer y fomentar los diálogos regionales…” en “Se dividió el ELN”, op cit.

27 “La vía entre Bucaramanga y La Gloria fue tomada por guerrilleros de las FARC y el ELN durante varias horas. Los subversivos montaron retenes desde muy tempranas horas en diversos lugares y procedieron a incendiar vehículos particulares y de servicio público…” en “Queman 13 carros en la vía a la Costa”, periódico El Tiempo, Bogotá, 22/09/1994.

28 “…Cada milicia revolucionaria tiene N número de comandos. Cada integrante de comando está a cargo de una célula de 7 hombres, lo que significa que una milicia puede operar con 20 hombres en armas y 80 personas realizando inteligencia a los comandos. En Santa Fe de Bogotá, el movimiento miliciano está influenciado básicamente por las FARC y el ELN y opera en Ciudad Bolívar, Suba y Bosa principalmente… ,” Téllez, A.M. Las milicias populares: otra expresión de la violencia social, Bogotá, Editorial Rodríguez, Quito, 1995, p. 45.

29 “Esta guerrilla, que para Tirofijo es una empresa política pero para los militares una empresa criminal, se constituye hoy en el principal grupo subversivo del país y del continente…” en “A la sombra de Tirofijo”, revista Cambio 16, Bogotá, 01/02/1997.

30 “Un cultivo de amapola condujo accidentalmente al Ejército Nacional hasta el que, según los altos mandos militares, es el cementerio de los 65 guerrilleros de los frentes XI, XII y XXII de las FARC, que la organización fusiló, en septiembre de 1988…”, en “Hallan 65 fosas en Santander”, periódico El Tiempo, Bogotá, 12/01/1994.

31 “Aunque, según Briceño, las FARC no tienen nada que ver con el narcotráfico, el Brigadier general Norberto Andrade dice que, en la operación fulminante que avanza contra las FARC –en Dabeiba e Ituango–, se han encontrado cultivos de amapola y laboratorios que confirman que las FARC están involucradas con el narcotráfico…” en “Narcoguerrilla”, revista Semana, Bogotá, 27/09/1994.

32 “Bajo el dominio directo del V Frente de las FARC también están las Milicias Bolivarianas, unos 500 muchachos entre 12 y los 17 años que realizan ‘trabajitos’ de boleteo, extorsión y secuestro… Su forma de operar recuerda la de los sicarios de Medellín…” en “Justicia para La Chinita”, revista Cambio 16, Bogotá, 30/01/1995.

33 “En el barrio Malvinas, unas lomas escarpadas al suroeste de Bogotá que fueron invadidas a partir de la década del ochenta, hay una célula de las milicias populares… Sus líderes políticos… han prestado los servicios de ‘seguridad’ y ‘justicia’ al ‘limpiar’ las zonas de delincuentes comunes y drogadictos…” en “La incorrección de las milicias”, revista Cambio 16, Bogotá, 12/06/1995.

34 “Recientemente para darle la cobertura legal a su empresa de fachada, el Estado oficializó las cooperativas de seguridad llamadas eufemísticamente Las Convivir. Al amparo de la Constitución de 1886, las FFMM crearon estos grupos, según confesión de parte de muchos generales entre ellos Alvaro Valencia Tovar… Las Convivir ya tienen, pues, personería jurídica…” en “paramilitares y gobierno ¿Dialogando sobre qué?” Revista Resistencia, 00/07/1996.

35 “Lo que ocurrió al medio día del miércoles 11 de septiembre… fue lo que habían esperado durante 10 años militares y policías colombianos… El subsecretario de Estado para asuntos de narcotráfico… y un grupo de congresistas republicanos… declararon que la guerrilla colombiana se convirtió en un ‘cartel del narcotráfico’ y que representan un peligro para la sociedad norteamericana… ‘Actualmente controlan el 80% de los cultivos ilícitos del país…’ dijo el Ministro de Defensa Juan Carlos Esguerra. De esa cifra, el 70% de los cultivos estarían en manos de las FARC, el 25% bajo control del ELN y un 5% con influencia del EPL…” en “Guerrilla del cartel”, revista Cambio 16, Bogotá, 16/09/1996.

36 “Fuentes del Ministerio insisten en que no es cierto que las FARC respetan los derechos humanos. ‘El 5 de marzo en el centro de la plaza de Ituango, por ejemplo, asesinaron a tres presos que sacaron de la cárcel y los fusilaron frente a todo el mundo…’” en “Las FARC no son como se pintan”, revista Cambio 16, Bogotá, 17/04/1995.

37 “… Las buenas noticias para la paz no terminaron allí… la Corte Constitucional declaró exequible la ley que avala el Protocolo II de Ginebra. Esto significa que jurídicamente se acogen definitivamente las normas internacionales sobre derecho internacional humanitario y de paso se le da un voto de confianza al actual proceso de paz… ”, en “Empujón de paz”, revista Cambio 16, Bogotá, 29/05/ 1995.

38 “En Colombia, según información de la dirección de inteligencia militar, son 2.000 los menores que han sido utilizados para acciones de combate…” en “Soldaditos de plomo”, revista Semana, Bogotá, 30/04/1996.

39 “Con base en decenas de testimonios y análisis de casi 2000 folios de transcripciones y documentos recogidos entre el 23 de abril y el mes de julio de este año, la Comisión Verificadora de Actores de la Violencia en Urabá encontró que todos los actores armados de la zona, sin excepción, han sacrificado a la población civil por el interés en el control territorial y de dominio político en la región…” en “Urabá debe ser un laboratorio de paz”, periódico El Tiempo, Bogotá, 04/ 09/1995.

40 “Los cambios que impuse se vieron en lo político… Con la ayuda del comandante Rodrigo, ‘Doble Cero’, redactamos los primeros estatutos de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, lo que se comenzó a llamar oficialmente las ACCU… , iniciamos la fuerte propagación de la Autodefensa en Urabá, allí se dio la etapa más dura de toda la guerra, la lucha por controlar el eje bananero asediado por las FARC y una columna del EPL. Todo esto sucedió entre junio de 1994 y abril de 1997” en Castaño, C. “Estamos cambiando”, Mi confesión, www.colombia libre.org.co 2002.

41 “… La guerra que se inició la semana pasada llegó a su punto máximo con el secuestro de la madre y la hermana del cabecilla de las FARC, Luciano Marín Arango…., y que confirma lo que las ‘Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá’ (ACCU), dijeron a Cambio 16 en… diciembre del año pasado: ‘El secuestro será nuestra nueva arma contra la guerrilla…’ el efecto más inmediato fue la desmovilización de 200 hombres del EPL que operaban en Urabá…” en “La otra guerra sucia”, revista Cambio 16, Bogotá, 21/10/1996.

42 “Las FARC están desesperadas por ganar el territorio de Apartadó que, a diferencia de los municipios del Norte –San Pedro, San Juan, Arboletes y Necoclí– donde las autodefensas no les permiten el paso, está todavía en disputa…”, periódico El Espectador, Bogotá, 02/03/1997.

43 “El Presidente Samper también habló y dio a su manera otro empujón a la paz. Se refirió al paramilitarismo un tema que hasta ahora había estado ausente en las agendas de paz… ‘El Gobierno trabajará en la creación de una política especial de sometimiento a la justicia. Así se les permitirá a los integrantes de estos grupos obtener beneficios si dejan las armas’… ”, en “Empujón de paz”, op cit.

44 “El presidente Samper, a través de los tres poderes, los partidos políticos y utilizando los medios de comunicación, ha manifestado públicamente que el país está en guerra…” en “El bloque Sur de las FARC comunica a la opinión pública”, periódico El Espectador, Bogotá, 26/11/ 1996.

45 “Aunque a la mayoría les parece impronunciable la palabra “Urabá” no es extraña para los políticos y autoridades de los Estados Unidos… Desde 1994, aparece cada vez con más frecuencia en informes confidenciales sobre seguridad nacional norteamericana… El Departamento de Estado la incluyó ese año en sus documentos sobre narcotráfico y violación de derechos humanos… ”, en “Banana Republic”, revista Cambio 16, Bogotá, 13/05/1996.

46 “…Elaboración de una nueva carta a través de una Asamblea Nacional Constituyente, con amplia representación de todas las vertientes políticas, iglesia, clase obrera, campesinado y la insurgencia, en igualdad de condiciones… que abra las puertas de una nueva democracia… Derogatoria de todos los decretos represivos contra el pueblo… Desmonte total del paramilitarismo y de las cooperativas Convivir, por ser hijos legítimos del régimen y del Estado… Trato correcto del gobierno, mandos militares y autoridades civiles, en los medios de comunicación para la insurgencia… Suspensión oficial de ofrecimientos por las cabezas de los dirigentes de la insurgencia en los medios de comunicación… el despeje total de tropas de cuatro municipios: La Uribe, Mesetas, Vista Hermosa, y Macarena, para poder reunirnos con las comisiones oficiales de ambas partes para exponer sus puntos de vista en relación con la política de paz… ” en “Carta de Manuel Marulanda Vélez a Augusto Ramírez Ocampo”, Comunicado de las FARC, 00/12/1996 .

47 “De cualquier manera, el estado de las negociaciones y el análisis de los hechos generan expectativa sobre un incremento del conflicto… Además de que se conocen informaciones sobre la preparación de nuevas marchas, la presencia de los guerrilleros de las FARC en la promoción del paro cívico de Orito es mencionada por los negociadores oficiales como una señal preocupante hacia el futuro… La comisión gubernamental consideró inaceptable la propuesta de hacer una reunión en Bogotá, con representantes de campesinos productores de coca provenientes del Caquetá, Putumayo y Guaviare… La idea formulada por los representantes de los campesinos era la de hacer una gran ‘mesa nacional de concertación’ con participación de representantes de todas las zonas donde se presentan situaciones semejantes… ” en “La guerra de la coca”, revista Cambio 16, Bogotá, 19/08/1996 .

48 “Mientras esto ocurre, la inteligencia militar desarrolla su trabajo de propaganda negra… Emitieron un falso comunicado a nombre del Secretariado, que pretendía vincular las marchas campesinas de todo el país, pero especialmente las del Caquetá y Putumayo con las FARC… no se convencen que el pueblo colombiano está ejerciendo su derecho de lucha por mejores condiciones de vida…” en “Los sesenta soldados no están secuestrados, son prisioneros políticos”, revista Resistencia, 00/12/1996.

49 “Tres exguerrilleros de las FARC que tomaron parte en el asalto de las Delicias y el secuestro de los 60 soldados relataron a Semana como vivieron esos días… Había unos 400 guerrilleros… En ese sitio habían construido un réplica exacta de la base las Delicias…” en “Los desertores”, revista Semana, Bogotá, 21/04/1997.

50 “Por otro lado, el Gobierno se mostró en las últimas horas dispuesto a disponer todo cuanto sea posible para la liberación…” en “Tregua de reconciliación ronda a la zona del Caguán”, periódico El Espectador, Bogotá, 01/06/1997.

51 “Aunque la hora cero para el despeje militar en Caquetá comienza a partir de las cero horas de mañana, para quienes van a participar en la liberación de los militares, es claro que hasta el 1 de junio se adelantará la verificación del despeje y entre el 2 o 3 de junio se realizaría un encuentro con los delegados de las FARC…” en “Cita con las FARC el 2 o 3 de junio”, periódico El Espectador, Bogotá, 22/05/1997.

52 “En una semana, cuando termine el despeje militar de los 13.161 kilómetros en el Caquetá, la selvática región del Caguán volverá a ser lo que fue: zona de guerra. Por eso San Vicente del Caguán, Cartagena del Chairá, Remolino y otras localidades como Puerto Rico, Curillo y la misma capital, Florencia, continuarán en la mira del bloque sur de las FARC…”, en “La refriega continuará en el Caquetá”, periódico El Espectador, Bogotá, 14/ 06/1997.

53 “La fuerza pública tendrá 23 días, a partir de hoy para cumplir la orden presidencial de despejar los cinco municipios que harán parte de la zona de distensión… En ese lapso de 90 días se cumplirá la etapa de verificación por parte de las FARC de las órdenes de despeje y se iniciará el diálogo respectivo con este grupo guerrillero… en “Así se realizará el despeje”, periódico El Espectador, Bogotá, 15/10/1998.

54 “El pasado 22… el presidente Pastrana abrió la posibilidad de un diálogo entre Estado y guerrilla ‘para construir un tercer escenario de democracia en Colombia’… Pastrana reconoció la necesidad económico-social de la población que sobrevive del cultivo de coca y la amapola… en presencia de Enrique Iglesias presidente del BID, dijo que en ‘Colombia la expresión jurídica prioritaria de una democracia plena’, es la realización de una ‘reforma agraria integral’… Esta necesidad también ha sido defendida por la organización guerrillera, desde el 20 de julio de 1964 cuando aprobó su programa agrario… ” en “Coincidencias con las FARC” periódico El Espectador, Bogotá, 25/10/1998.

55 “Por el momento, esta semana empezará una fase del proceso de paz en la que se deben obtener algunos acuerdos preliminares de forma alrededor del Caguán y la agenda, según lo explicaron los analistas, Enrique Serrano y Alfredo Molano… “ en “Paz: un camino que se empieza a andar”, periódico El Espectador, Bogotá, 03/ 01/1999.

56 “Ricardo Piñeros aseguró que los periodistas cuentan con una gran herramienta en las manos, como son los medios de comunicación, para comenzar a crear una verdadera conciencia de reconciliación entre la sociedad civil… Fue claro en advertir que no se pueden debatir temas previstos para una negociación de paz a través de los medios de comunicación y mucho menos, se pueden conocer los puntos de un posible acuerdo antes que llegue a la mesa de conversación… , en “Contactos del nuevo gobierno con la guerrilla”, periódico El Espectador, Bogotá, 05/07/1998 .

57 “… La instalación de las mesas de diálogo es de gran importancia para Colombia y a la vez, ha generado expectativa en buena parte del mundo. En San Vicente entretanto, se vive un auténtico ambiente de fiesta, casi todas las casas están engalanadas con la bandera nacional y la bandera blanca de la paz. Los pobladores abrigan la esperanza de que Colombia ingrese pronto a la senda de la reconciliación…” en “La paz parece hoy más cerca”, periódico El Espectador, Bogotá, 07/ 01/1999.

58 “… Acogiendo la sugerencia de Manuel Marulanda, máximo dirigente de las FARC, el Presidente Andrés Pastrana convocó a representantes de los tres poderes públicos para decidir sobre el canje de guerrilleros detenidos, por soldados y políticos secuestrados… con el fin definir la viabilidad jurídica de la propuesta de canje… ” en “Gobierno cita cumbre para definir el canje”, periódico El Espectador, Bogotá, 27/10/1998.

59 “Tirofijo no votó en las elecciones del pasado 31 de mayo, pero aún así terminó apostándole a la candidatura de Pastrana. Para las FARC fue definitivo que el candidato de la alianza por el cambio se comprometiera desde el primer momento al despeje de los cinco municipios sin contraprestación alguna y a no mezclar las negociaciones con la guerrilla y los paramilitares…” en “El voto de Tirofijo”, revista Semana, Bogotá, 29/06/1998.

60 “¿Cómo explicar un balance tan cruento? Ochenta militares muertos entre el lunes 2 y el martes 3 de marzo en el inhóspito sector del Billar. Treinta uniformados más heridos, 43 secuestrados, según las FARC… De todas formas es un hecho sólo comparable al ocurrido en los años 50…”en “La batalla del Caguán”, revista Semana, Bogotá, 09/03/1998.

61 “En medio de la conversación del 11 de agosto, Calarcá lanzó una frase que sorprendió a todos: ‘no va a haber una mesa de negociación, lo que va a haber es una mesa de conversaciones, la verdad es que nosotros no tenemos nada que negociar’…” en “Negociación o diálogo”, revista Semana, Bogotá, 05/10/1998.

62 “Las FARC-EP… en reunión plenaria de su Estado Mayor Central, efectuada en noviembre de 1997, ratificó la invariable disposición de conversar con los colombianos en nuestra propia patria… ”, en “Gobierno mentiroso”, revista Resistencia, 00/05/1998.

63 “…Rechazamos los intentos de deslegitimizar nuestra lucha con calumnias como vincularnos con el narcotráfico y con el terrorismo, …” en “Solidaridad”, revista Resistencia, 00/05/1998.

64 “Tras las cortinas de humo de la guerra antinarcótica camina en realidad la guerra contra la soberanía nacional y con la estrategia andina aplicada desde Bolivia, Perú y Colombia para perseguir la cocaína, la heroína, la marihuana y otras yerbas, en realidad se profundiza el sometimiento colombiano a ambiciosos planes de colonización del Gobierno norteamericano…” en “Soberanía y lucha antidrogas: pepas y pepas”, Revista Resistencia, 00/08/1998.

65 “Advierte Ríos Muñoz, ‘se están dando elementos de aproximación entre la propuesta gubernamental anunciada el pasado 9 de septiembre, y el giro inesperado de las FARC…’ “ en “Gobierno y FARC coinciden en fórmulas de despeje”, periódico El Espectador, Bogotá, 12/ 10/1997.

66 00/02/98(1268) De acuerdo con González, la influencia de las FARC en las poblaciones del sur de Colombia responde a un proceso de largo plazo, asociado a la colonización y al poblamiento de dichas regiones y vinculado a la dinámica propia de los cultivos ilícitos. Cf. González, J. J. “Regionalización y conflicto: De colonos, guerrilleros y chipalos” en González, J.J. et al. Conflictos regionales: Amazonia y Orinoquia, Bogotá, IEPRI, 1998.

67 “Nos denominamos bolivarianos porque creemos y rescatamos los principios fundamentales del Libertador Simón Bolívar, entre ellos, la lucha por la unidad latinoamericana, la lucha antiimperialista, y la lucha por el bienestar de los pueblos… Por nuestras características y por las actividades que realizamos somos puente entre la guerrilla y la organización popular, teniendo en cuenta que no es posible llegar a un proceso insurreccional armado sin una base social…” en “El cambio que requiere el país necesita la toma del poder”, revista Resistencia, 00/03/2000.

68 “El rostro del Putumayo por su parte constituye un espejo más auténtico: mientras que paras y guerrilleros se disputan el control de 60.000 hectáreas de coca, la población huye aterrorizada hacia el Ecuador mientras el gobierno trata de implementar un programa de sustitución de cultivos en medio del paro…” en “Cincuenta y tres muertos”, revista Semana, Bogotá, 22/10/2000.

69 “La voz de alarma la dio la semana pasada el ministro de Defensa de Ecuador, Hugo Unda, cuando aseguró a la prensa en Quito que detrás de las multitudinarias protestas indígenas por la crisis económica de su país, estaría un creciente apoyo de las FARC…” en “El patio trasero” revista Cambio, Bogotá, 12/02/2001.

70 “A medida que avanza el debate en el Congreso norteamericano, sobre el paquete de ayuda por mil seiscientos millones de dólares, solicitado por el Gobierno colombiano a los EE UU como aporte a la financiación del denominado Plan Colombia, va quedando al descubierto el origen, alcance y verdaderos objetivos del mismo…” en “La ayuda gringa no viene en plata sino en plomo”, en revista Resistencia 00/03/2000.

71 “Se espera que finalmente el Senado de los Estados Unidos apruebe el mes entrante la ayuda para el Plan Colombia, y Clinton ha enviado permanentes señales de que no piensa terminar su mandato en deuda con el gobierno Pastrana. Así que su contraparte en la mesa sabe que los fondos vienen en camino. Así las cosas, el monto de las apuestas no es para nada despreciable. El case del gobierno, con 60 helicópteros artillados, dos batallones antinarcóticos armados hasta los dientes y el respaldo de la comunidad internacional que ve cada vez con más malos ojos a las amenazas de la guerrilla, no resulta fácil de igualar…” en “Se delicó Pastrana”, revista Cambio, Bogotá, 08/ 05/2000.

72 “El Secretariado de las FARC invitó a una delegación del Congreso de los Estados Unidos a la zona de despeje y a visitar Cartagena del Chairá ‘para que aprecien con sus propios ojos la realidad que viven miles de campesinos pobres, convertidos por sus necesidades económicas en cultivadores de coca…’” en “FARC proponen legalización de droga”, periódico El Espectador, Bogotá, 30/ 03/2000.

73 “Las acciones del batallón contra el narcotráfico se extenderán por dos semanas más… , según lo indicó el comandante de la Fuerza Aérea Conjunta del Sur… Al mismo tiempo se prueba la capacidad táctica del batallón contra el narcotráfico que se enfrenta a una acción de este tipo… En medio de la operación que lleva 12 horas, las fuerzas militares han encontrado a guerrilleros de los frentes 48 y 49 de las FARC en el 80% de los lugares allanados… ” en “Avanza en selvas operación Jaguar”, periódico El Espectador, Bogotá, 13/09/ 2000.

74 “…Simultáneamente el gobierno a través del INCORA aprobó un programa que define como zona de reserva campesina el municipio de Puerto Asís (Putumayo), para contribuir al desarrollo de programas de sustitución de cultivos ilícitos y beneficiar a 4.700 campesinos de la región. Esta decisión se produce diez días después de que las FARC levantaran el paro armado que mantuvieron en el Putumayo casi durante dos meses, y que provocó un creciente éxodo campesino y parálisis en la región fronteriza con Ecuador…” en “Iglesia propone a las FARC una tregua navideña”, periódico El Espectador, Bogotá, 24/12/ 2000.

75 “Las versiones no oficiales indican que Ramírez quien actúa como segundo comandante del Bloque Sur se pondrá al frente del proyecto de sustitución de cultivos que las FARC han propuesto de manera reiterada a Estados Unidos…” en “Cambios en equipo negociador con las FARC”, periódico El Espectador, 04/04/ 2000.

76 “El comandante en jefe de las FARC-EP Manuel Marulanda Vélez, presentó una propuesta de sustitución de cultivos ilícitos hace un año y medio… ‘En ese tiempo no obtuvimos respuesta favorable por parte del presidente… Por eso no tiene sentido seguir insistiendo en esa propuesta que fue presentada en detalle en la audiencia pública sobre cultivos ilícitos, explicó el líder insurgente…’” en “FARC no insistirá en sustitución”, periódico El Espectador, Bogotá, 29/08/ 2000.

77 “Según fuentes cercanas del movimiento insurgente, el cese al fuego tiene que amarrar la actuación de los grupos paramilitares… para las FARC, las fuerzas armadas y el paramilitarismo son harina del mismo costal…” en “Si hay cese al fuego ¿para qué helicóptero?”, periódico El Espectador, Bogotá, 18/04/2000 .

78 Existe una discusión alrededor del problema de la composición del paramilitarismo. A nuestro juicio, este movimiento es cultural, es decir, está fuertemente inserto en la sociedad y, en virtud de lo mismo, está compuesto por grupos sociales de carácter heterogéneo. Dice C. G. Páramo en relación con el paramilitarismo: “apela en este caso a valores asentados en la estructura profunda de la sociedad y la cultura, carentes de cualquier proyección utópica…, apuntando a un retorno a los valores imperantes en la sociedad agraria previos al cooperativismo y la ideología proletaria.” Páramo, C.G. “Civilización y barbarie en el proyecto paramilitar”, en Cubides, F., y Domínguez, C. (Eds) Desplazados, migraciones internas y reestructuraciones territoriales, Bogotá, CES-UN, 1999, pp. 199.

79 A partir de nuestras investigaciones hemos sostenido la tesis de que en Colombia se ha desarrollado lo que G. Deleuze y F. Guattari denominan “el derecho de propiedad” o concepción de la posesión como un privilegio, en contraste con lo propiamente capitalista que la hace circular como un derecho a ser alcanzado o “la propiedad en tanto derecho”. Cf. M. Zuleta y G. Daza El particular desorden de la periferia, Bogotá, DIUC- Siglo del Hombre Editores, 2002, pp. 118-125.

80 De acuerdo con S. Amín y R. Herrera una de las estrategias que desarrolló el neoliberalismo consistió en darle curso a los capitales flotantes, a través de las fronteras nacionales. A nuestro juicio, el proyecto político desplegado por el paramilitarismo, aunque no está inscrito en las condiciones capitalistas de liberalización de los flujos de la propiedad, sí está inscrito en las condiciones neocapitalistas de liberalización de los flujos de los capitales. Cf. S. Amín y R. Herrera, “El sur en el sistema mundial en transformación,” Nómadas No. 12, Bogotá, pp. 10-18.

81 “El pasado 15 de mayo fue enviada a la Fiscalía una carta de siete páginas firmada por campesinos del área de despeje que afirman representar a 60 familias. Su contenido es un recuento de acciones ilegales y de hechos de violencia que, según la denuncia, han sido propiciados por las FARC…” en “Los conflictos del despeje”, periódico El Espectador, Bogotá, 09/07/2000.

82 “El obispo de Tunja, monseñor Luis Augusto Castro, quien también integra la delegación de la Iglesia que visita la zona del Caguán, consideró que el país está atravesando un ‘momento delicado porque las voces que quieren adoptar medidas de fuerza o tomar actitudes intolerantes pueden ser más escuchadas’…” en “Iglesia propone a las FARC una tregua navideña”, periódico El Espectador, Bogotá, 24/12/2000.


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