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Editorial

Al tratar de establecer las relaciones que se presentan actualmente entre investigación y transformaciones sociales, se imponen un conjunto de retos que pueden clasificarse en los ordenes de lo epistemológico, lo político y lo ético. Esta triada de desafíos principales subyace en contextos complejos y cambiantes trenzados por las diferentes articulaciones de planos locales, nacionales y globales que caracterizan la globalización de la sociedad y la mundialización de la cultura. Una aproximación al debate de los principales aspectos que residen en tales retos es la función principal que cumple el presente tema monográfico.

El artículo Epistemología, ética y política de la relación entre investigación y transformación social introduce la sección monográfica valiéndose de una visión panorámica de los complejos problemas de la relación planteada, enfocando las interdependencias que las dimensiones consideradas suscitan. El carácter de la investigación se problematiza por Cubides y Durán desde las distintas posiciones que el sujeto puede asumir en la realización de su reflexión y práctica, privilegiando aquellas que agencian un futuro posible mediado por las diferencias culturales, la comunicación con los contextos y la transformación social con responsabilidad comunitaria.

El escrito de Edgar de Assis Carvalho recorre algunos de los hilos de la relación desde un enfoque ético-político, exalta la necesidad de hacer visible una ética de la comprensión planetaria como actitud deliberativa y política de resistencia que niegue el progreso unidimensional de la sociedad como un todo e instaure un paradigma ecológico. En este sentido, el autor propone el establecimiento de prácticas educativas y pedagógicas que animen a la formación de investigadores con capacidad de religar los conocimientos y flujos de interconexión de la vida natural y social; para ello enfatiza en la necesidad de una alfabetización ecológicainterdependiente.

La tensión entre lo epistemológico y lo político de la relación la retoma Jorge A. Huergo, llamando la atención sobre el carácter estratégico-político de la investigación y la acción de los investigadores respecto de la sociedad que habitan. Su propuesta exalta la constitución de un proyecto de subjetivación o de emergencia del sentido existencial del investigador que refiere al autorreconocimiento de su carácter de sujeto de la crisis y la transformación, a cambio de pensarse y asumirse meramente como un observador e intérprete de la realidad, reforzando, por esa vía, el divorcio entre teoría y práctica o entre investigación y transformación social. El sentido existencial se hace visible en la investigación crítica caracterizada por la comunicación del saber académico y el saber empírico —proveniente de los movimientos sociales— con las situaciones de conflicto y recomposición orgánica de las sociedades; así mismo, al reconocer que esta investigación se da en situaciones de complejidad e incertidumbre; y, finalmente, por ser flexible y abierta al contexto que interroga y por el cual es interrogada.

Por otra parte, la visibilización de la tensión entre lo político y lo cultural de la relación entre investigación y transformación social es el propósito del texto de John Beverly quien vincula lo político con la cultura desde una reflexión que tiene su origen en los estudios subalternos latinoamericanos. Su propuesta al tema monográfico reside en la necesidad de reconquistar el espacio de la desjerarquización de la cultura cedido al mercado y al neoliberalismo; formula una invitación para que los investigadores asuman una ‘postura de sospecha’ que teniendo en cuenta dicha desjerarquización, la apertura hacia la diferencia y hacia nuevas formas de libertad y autodesarrollo, se llegue a un convencimiento de la necesidad de desplazar al capitalismo y su institucionalidad. Convoca al investigador a no refugiarse en la figura del intelectual crítico y, más bien, lo invita a asumir la tarea de realizar una crítica de la razón académica desde sí misma y desde su responsabilidad social como profesional y formador.

Reflexión que continúa Alejandro Grimson desde un posicionamiento central: todo proceso de investigación constituye una acción ética y política lo que permite desafiar los límites de la imaginación social. Tal comprensión establece un diálogo entre los diferentes conceptos, sucesos y actores involucrados en la investigación. Es decir, ésta ha de partir de conocimientos localizados en donde cada sociedad descubra, en sus circunstancias específicas de interculturalidad, qué significa y cómo se construyen sus valores. Según este autor la investigación ha de buscar desestabilizar creencias, saberes y nociones que ‘gobiernan’ las distintas formas de pensar y actuar, mas no reproducirlas.

Un análisis sobre el sentido del cambio social en la sociedad actual lo expone Martín Hopenhayn, quien considera que el vínculo entre el trabajo intelectual y el cambio societal se difumina dado que los diferentes lugares que ocupan los intelectuales latinoamericanos contemporáneos (academia, medios masivos de comunicación, empresas, gobierno), antes que generar complementariedades y sentido social han generado una mayor división entre ellos, lo cual ha conducido a reducir sensiblemente su protagonismo frente al cambio social. Cambio que pasó a ser visto como crecimiento económico, competitividad externa, difusión de la sociedad de la información, etc., en vez de búsqueda de equidad y progreso social. Su propuesta radica en que los diferentes espacios sociales puedan ser habitados por intelectuales críticos productores de discursos que permitan nuclear, movilizar y resistir en colectivo con miras a lograr la ampliación del sentido del cambiosocial.

Posibilidad esta última que Rossana Reguillo propone asumir desde y para las ciudades contemporáneas a partir de la constitución de un Proyecto Social del Riesgo que integre tres aspectos principales: desarrollo sistémico urbano, política social ciudadana y reflexividad de las prácticas culturales. La urgencia de tal proyecto reside, según la autora, en los peligros crecientes de la sociedad actual, los cuales son manifestación de las vulnerabilidades de los entes urbanos. Como respuesta se plantea la incorporación de una ‘cultura del riesgo’ en donde cada actor tenga un rol específico que cumplir; se sugiere, entonces, una co-responsabilidad de los diferentes actores en la ‘gestión del riesgo’ no como víctimas sino como ciudadanos.

El cambio social desde la perspectiva de una teoría integral de la vida es la apuesta de Carlos Alberto Jiménez. Teoría que comprende una cartografía sobre una visión que reivindique las interrelaciones entre el ser humano y el entorno desde una lógica de jerarquía del orden natural creciente. Sus postulados conciben la transformación (natural y social) como la inestabilidad necesaria para que los sistemas vivos y no vivos se auto-organicen. Los procesos de cambio se dan a cuatro niveles: intención, conducta, cultura y sociedad; su identificación requiere de una inteligencia espiritual que se caracterice por la autoconciencia (autorrealización), el reconocimiento del otro (espacios culturales) y el comportamiento ético (comprensión ecológica del mundo).

El último escrito del tema monográfico llama la atención sobre los métodos que utilizan los investigadores y su responsabilidad frente a las representaciones discursivas que promueven. Kiran Asher hace énfasis en la necesidad de crear métodos más eficaces para incluir a las mujeres en los procesos y políticas de desarrollo y conservación, con el fin de contrarrestar las representaciones etnocéntricas, esencialistas e inexactas de las mujeres. Representaciones que sirven para reconfigurar o reforzar las relaciones de poder existentes. Asher sugiere la creación de métodos de investigación con capacidad de comprender las subjetividades, los agenciamientos de los actores involucrados así como procurar la defensa del respeto y la autonomía de los conocimientos y prácticas locales.

En síntesis, los artículos incluidos en el tema monográfico coinciden en un punto: elamalgamamiento de las dimensiones de lo ético, lo político y lo epistemológico de la relación entre investigación y transformación social lo que supone, igualmente, que de los investigadores y de los actores de los movimientos sociales y comunitarios depende, en gran medida, la visibilización de aquellos rasgos que han de plantearse para pensar y promover una sociedad más democrática, solidaria e incluyente.

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