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Textos en contexto: activismo de las mujeres afrocolombianas en el litoral pacífico colombiano

Textos em contexto: ativismo de mulheres afrocolombianas na costa do Pacífico colombiano

Texts in context: activism of Afro-Colombian women on the Colombian Pacific coast

Kiran Asher*
Traducción Adriana Escobar**


* Ph.D. en Ciencias Políticas de la Universidad de Florida. Profesora asistente del Departamento de Desarrollo Internacional, Comunidad y Medio Ambiente, Clark University.

** Profesional en Lenguajes y estudios socioculturales de la Universidad de los Andes, con énfasis en traducción e historia del arte. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.


Resumen

Este documento recorre la línea divisoria entre teóricos feministas y expertos de género que se orientan hacia la praxis, con el fin de apoyar una lectura más adecuada de las críticas feministas poscoloniales en torno al género y al desarrollo. Inspirándose en el activismo de las mujeres afrocolombianas del Litoral Pacífico de Colombia, este texto argumenta que el «lenguaje teórico denso» de feministas poscoloniales no está dirigido a las mujeres del Tercer Mundo. Así mismo, fundamenta el hecho de que las mujeres de esta región poseen una habilidad independiente para actuar y reflexionar sobre su propia realidad y afirma que tales enfoques exhortan a los investigadores, académicos, activistas y expertos en género del Norte y el Sur a hacer una reflexión crítica de sus deseos y métodos para mejorar la vida de las mujeres del Tercer Mundo, así como a comprometerse con políticas feministas estratégicas más inclusivas.

Abstract

This paper speaks across the divide between feminist theorists and praxis-oriented gender experts to argue for a more enabling reading of postcolonial feminist critiques of gender and development. Drawing on the activism of Afro- Colombian women in the Pacific Lowlands of Colombian it asserts that the “dense theoretical language” of postcolonial feminists is not directed at third world women. It argues that third world women have an independent ability to reflect and act on their own realities, and claims rather than such approaches urge researchers, scholars, activists and gender experts from the north and south to reflect critically on their desires and methods to better the lives of third world women as well as to engage in more inclusive strategic feminist politics


Desde la década de los años setenta las mujeres del Tercer Mundo han formado parte de los discursos en torno al desarrollo.1 En la literatura sobre el crecimiento económico, ellas han sido etiquetadas sucesivamente como “beneficiarias de ayuda social”, “víctimas”, “reproductoras” y “productoras”. Más recientemente, con la combinación de los discursos de la conservación ambiental y el desarrollo económico, se las ha proclamado en el contexto del desarrollo sostenible, así como en los discursos ecofeministas, como “gerentes de recursos”, “administradoras de la naturaleza” y “guardianas de la cultura”.2 Cualquiera que sea la etiqueta, las mujeres del Tercer Mundo se han convertido en un elemento central del léxico del desarrollo económico global y del medio ambiente. A pesar de este interés, hoy en día la posición socioeconómica y política de las mujeres del Tercer Mundo es más desfavorable que en 1975, fecha de inicio del programa de las Naciones Unidas, Década para la Promoción de la Mujer (Antrobus, 1989: 26; ONU, 1995; ONU, 1989). Los profesionales que al interior de las instituciones de desarrollo y medio ambiente nacionales e internacionales se concentran en las cuestiones sobre mujer y género, atribuyen este problema a la necesidad de métodos más eficaces para incluir a las mujeres en los procesos y políticas de desarrollo y conservación. De otra parte, un amplio espectro de feministas, académicos y activistas occidentales y no occidentales, influenciados por las teorías postestructurales y poscoloniales, aducen que las estrategias pragmáticas ostensiblemente no ideológicas para incluir a las mujeres en el desarrollo actual y en las prácticas de conservación, reproducen y se anquilosan en las suposiciones sobre el Tercer Mundo en general y sobre las mujeres del Tercer Mundo en particular. Así mismo, ellos sostienen que los expertos de género movilizan representaciones etnocéntricas, esencialistas e inexactas de estas mujeres y de su papel en la cultura y en la historia y que dichas representaciones sirven para reconfigurar o reforzar las relaciones de poder existentes.

Los expertos de género que trabajan en las instituciones de desarrollo refutan estas quejas y afirman que el “lenguaje teórico denso” de estas críticas no es accesible para las mujeres del Tercer Mundo. Además, ellos desestiman tales enfoques argumentando que el énfasis en el análisis de los “discursos” de desarrollo es demasiado “textual” y no ayuda a enfrentar las condiciones materiales en deterioro de la mayoría de las mujeres del Tercer Mundo. Estos profesionales de género también sostienen que el silencio de los críticos feministas en torno a los contradiscursos y resistencias de estas mujeres, no permite un espacio para la construcción de una coalición ni para la acción política.

En este documento recorro la línea divisoria entre teóricos feministas y expertos de género que se orientan hacia la praxis, con el fin de apoyar una lectura más adecuada de las críticas feministas poscoloniales en torno al género y al desarrollo. Inspirándome en el activismo de las mujeres afrocolombianas del Litoral Pacífico de Colombia, argumento que el “lenguaje teórico denso” de feministas poscoloniales no está dirigido a las mujeres del Tercer Mundo. Así mismo, sostengo que las mujeres del Tercer Mundo poseen una habilidad independiente para actuar y reflexionar sobre su propia realidad y afirmo que tales enfoques nos exhortan -investigadores, académicos, activistas y expertos en género del Norte y el Sur- a hacer una reflexión crítica de nuestros deseos y métodos para mejorar la vida de las mujeres de este sector, así como a comprometernos con políticas feministas estratégicas más inclusivas.

Mujeres del Tercer Mundo y género en los discursos de desarrollo y medio ambiente

Alrededor de la década de los años setenta, las primeras discusiones en torno al medio ambiente y al desarrollo en el Tercer Mundo caracterizaban a las mujeres de dos formas: debido a las altas tasas de crecimiento de la población, a la explotación excesiva de recursos y a la degradación de los mismos, estas eran a menudo consideradas culpables de la pérdida de la biodiversidad. Al mismo tiempo, las mujeres también fueron identificadas como las víctimas predominantes de los impactos negativos de los proyectos de macrodesarrollo (Braidotti y otros, 1994; ONU, 1989). Durante este periodo, las mujeres del Tercer Mundo, especialmente aquellas de las áreas rurales, constituían el blanco principal de las políticas de control de natalidad y de reducción de la pobreza; estas políticas estaban encabezadas por los enfoques de desarrollo de “las necesidades humanas básicas” orientados hacia la ayuda social (Braidotti y otros, 1994).

Este hecho abrió un camino hacia los programas de Crecimiento con Equidad (Growth with Equity) concentrados en aprovechar “el trabajo de la mujer” para el crecimiento económico y en integrar a la mujer en los procesos de desarrollo más importantes. Influenciados en gran parte por el famoso libro de Ester Boserups, Women’s Role in Economic Development (el cual demuestra que las mujeres del Tercer Mundo contribuyen considerablemente a los sectores productivos, especialmente la agricultura), estos programas, que forman parte de los enfoques de Mujeres en el proceso de desarrollo (Women in Development, WID), tenían como objetivo poner en igualdad de condiciones a hombres y mujeres y asegurarse de que estas disfrutaran de los mismos beneficios del desarrollo.

En la década de los años ochenta los discursos sobre el manejo de recursos y el medio ambiente transformaron la caracterización de las mujeres del Tercer Mundo; éstas dejaron de ser “devastadoras de recursos” y “víctimas” para convertirse en “guardianas de recursos” y “administradoras de la naturaleza”. Ecofeministas como Vandana Shiva de India y Wangari Maathai de Kenia jugaron un papel clave en este cambio al resaltar el hecho de que las mujeres del Tercer Mundo dependen de la naturaleza para sobrevivir. Las agencias de desarrollo empezaron a describir a las mujeres como actores clave en la búsqueda del desarrollo sostenible de los recursos naturales y del manejo ambiental.

Este cambio tuvo lugar en un periodo en el que la arena del desarrollo económico del Tercer Mundo se caracterizaba por políticas de liberalización económica tales como los “programas de ajuste estructural” que buscaban mejorar el problema de la deuda creciente, de la pobreza cada vez mayor y de la agitación social. Las mujeres del Tercer Mundo fueron incorporadas como mano de obra barata y no calificada en los nuevos sectores productivos orientados hacia la exportación, y fueron las más afectadas por las reducciones en el gasto social.3 Los enfoques integracionistas de WID prepararon el terreno para los enfoques de Género y Desarrollo (Gender and Development, GAD), los cuales estaban dirigidos a la transformación de las relaciones de género existentes y al “empoderamiento” de las mujeres para que éstas, mediante un trabajo que las preparara para enfrentar sus necesidades prácticas diarias, pudieran tomar decisiones clave en el hogar y en la comunidad.

En la década de los años noventa términos como “el medio ambiente”, “biodiversidad”, “desarrollo sostenible” y “mujer” y “género” se convirtieron en palabras clave que se relacionaban entre sí y que estaban presentes en diversos campos disciplinarios, discursivos y organizacionales. Sin embargo, tal como muchos afirman, a parte del cambio retórico del término “mujer” al término “género”, no existe una diferencia sustancial entre las versiones institucionalizadas de los enfoques de WID y los de GAD, especialmente en la conceptualización inadecuada de las relaciones de poder.

Críticas y contracríticas de WID y de GAD

De hecho, en los años recientes, feministas del Norte y del Sur, influenciados por las teorías postestructurales y poscoloniales, han criticado ampliamente las suposiciones feministas liberales y sociales que constituyen la base de los enfoques institucionales de WID y de GAD (Kandiyoti, 1998; Mohanty, 1991; Ong, 1998; Spivak, 1989; Spivak, 1999). Estos académicos observan que el conocimiento y las prácticas al interior de los principales discursos feministas sobre las mujeres del Tercer Mundo, género y desarrollo, a menudo reproducen o reinscriben de manera implícita las relaciones de poder en las que dichos discursos están arraigados. Por ejemplo, en su ensayo Under Western Eyes, Chandra Mohanty (1991) describe la forma en que los principales discursos feministas sobre género y desarrollo han construido a las mujeres del Tercer Mundo como súbditas empobrecidas y monolíticas de la opresión patriarcal universal. Mohanty argumenta que dicha categorización borra o minimiza las muchas diferencias entre las mujeres del Tercer Mundo y limita la comprensión de su subjetividad y de su agenciamiento. Además, las críticas de estos académicos sugieren que la representación de las mujeres del Tercer Mundo ya sea como víctimas del patriarcado y del desarrollo capitalista o como resistentes y guardianas de su ambiente natural y social, proporciona un entendimiento inadecuado de la naturaleza compleja e impar del poder y de la resistencia.

Los expertos de género responden a estas críticas argumentando que el afán de protegerse contra el esencialismo y de enfatizar las diferencias entre las mujeres, puede poner en peligro la necesidad de solidaridad y de acción colectiva, reforzando, así, el poder del patriarcado y del capitalismo. Al igual que los académicos feministas, estos profesionales de género afirman que “la jerigonza impenetrable de muchos escritos posmodernos, la cual es desalentadora para las personas que han realizado estudios” puede ser a menudo “un obstáculo insalvable para las personas sumergidas en el analfabetismo generalizado y en la crisis económica” (Parpart y Marchand, 1995: 19). Comparto la preocupación que estos académicos-activistas expresan. Sin embargo, pienso que el trabajo de los feministas poscoloniales no ignora el agenciamiento de las mujeres y sus acciones políticas, sino que atrae la atención hacia la naturaleza dinámica y opuesta de dominación y resistencia en medio de campos de poder con fuerzas desiguales.

Conservación de la biodiversidad y género en el Litoral Pacífico

El Litoral Pacífico colombiano forma parte de la región biogeográfica que se extiende a lo largo de la costa pacífica, desde el sur de Panamá hasta el norte del Ecuador. El Chocó colombiano, con sus ocho millones de hectáreas, comprende cinco millones y medio de hectáreas de selvas tropicales vírgenes y es considerado como uno de los puntos clave de biodiversidad en el mundo. En 1991 Colombia adoptó una nueva Constitución que incluye leyes y políticas que hacen de la región pacífica y de sus habitantes un lugar central de intervención estatal y de capital (Asher, 1998; Escobar, 1997). En primer lugar, las reformas económicas neoliberales de la Constitución de 1991 se dirigen a las áreas “marginales” como la región pacífica con el fin de llevar a cabo varios proyectos de macrodesarrollo que han sido diseñados para la extracción de los recursos naturales y para la modernización de la región. Segundo, esta Constitución hace un llamado a la adopción de medidas extensivas de conservación ambiental y de la biodiversidad.4 Tercero, ésta reconoce a Colombia como una “nación pluricultural y multiétnica” y promulga derechos especiales para los grupos minoritarios del país, incluyendo derechos culturales y territoriales para los habitantes, en su mayoría negros e indígenas, de la región pacífica.5

Con el fin de conservar la biodiversidad mediante la recuperación de prácticas de producción “tradicionales” en desaparición, desde 1996 se han lanzado en la región docenas de proyectos de conservación financiados internacionalmente y administrados a nivel nacional con una base comunitaria. Es en esta intersección de conservación ambiental y de derechos étnicos que las mujeres afrocolombianas se convierten en un elemento central. Varias entidades étnicas, regionales y estatales caracterizan a las mujeres negras como matriarcas, administradoras de la naturaleza y transmisoras de cultura. Estas percepciones, así como la institucionalización de las preocupaciones de género a través de las iniciativas de WID y de GAD a nivel internacional, nacional y regional, han convertido a las mujeres afrocolombianas en sujetos y objetos centrales de acciones de desarrollo y conservación en la región.

La Red de mujeres afrocolombianas, Matamba y Guasá

La Red de Organizaciones Femeninas del Pacífico Caucano Matamba y Guasá: Fuerza y convocatoria de la mujer del Pacífico caucano es una red de 74 grupos femeninos locales, ribereños y regionales en el departamento del Cauca en la región pacífica.6 De acuerdo con Teófila Betancourt, coordinadora de Matamba y Guasá, cada grupo está involucrado en varios tipos de actividades que se ajustan a sus necesidades, percepciones y experiencias como mujeres negras. Estos proyectos incluyen proyectos “productivos” como el cultivo y recuperación de alimentos y de plantas medicinales nativos, así como proyectos de “conservación” que se enfocan en las prácticas agrícolas y silviculturales para preservar el medio ambiente y la biodiversidad. Por ejemplo, los grupos en Guapi promueven el uso de las plantas de sus azoteas y desarrollan menús de platos tradicionales; los grupos en Río Saija se concentran en la extracción de productos tradicionales a partir de cultivos locales de alimentos (como miel de caña); los grupos en la región de Río Timbiquí se enfocan en la cría de cerdos y de pollos para consumo y para la venta. Varios de estos proyectos reciben grados diferentes de apoyo logístico y financiero por parte del gobierno y de las organizaciones no gubernamentales en la región. Además, estos grupos de mujeres se involucran en proyectos de iniciativa propia que no reciben mucha ayuda por parte de las comunidades negras exteriores. Estas actividades internas son especialmente dominantes en áreas rurales más remotas e incluyen proyectos de vivienda, salud, transporte, educación básica y capacitación de las mujeres negras y de sus hijos.

Muchos de los grupos de las redes están involucrados en el desarrollo de sus habilidades organizacionales y en el establecimiento de una comunicación más fuerte entre las comunidades a menudo remotas del Pacífico. A través de estas redes, las mujeres se proponen compartir sus preocupaciones y conocimientos, desarrollar una agenda común basada en sus necesidades y experiencias como mujeres negras y participar de forma más eficiente en los nuevos espacios democráticos creados gracias a la Constitución de 1991, así como en los movimientos sociales de la región.

El activismo de las mujeres de Matamba y Guasá puede interpretarse de varias formas. Podría afirmarse que la institucionalización de las cuestiones del medio ambiente y de género al interior de los programas de desarrollo (internacional, nacional y regionalmente) jugó un papel decisivo en la promulgación de leyes referentes a estos temas en la Constitución de 1991. Desde esta perspectiva es posible interpretar el apoyo a Matamba y Guasá como la forma en que el Estado colombiano promueve el desarrollo económico sostenible y la conservación de la biodiversidad a través del respeto de los derechos étnicos y de la participación local. Podríamos decir que los esfuerzos de los feministas orientados hacia la praxis y de los expertos de género tienen una doble influencia en el desarrollo de políticas y de leyes del Estado colombiano: primero, la inclusión y participación de los pueblos y mujeres locales en el desarrollo y conservación de proyectos que conducen a su empoderamiento a través de y en medio de estos procesos; segundo, el vínculo exitoso entre crecimiento económico y las preocupaciones en torno a la equidad social y a la justicia ambiental.

Una comprensión ecofeminista de los grupos activistas como Matamba y Guasá podría resaltar la importancia de aquellas actividades y habilidades que, al interior de las organizaciones de mujeres negras, proporcionan una alternativa a los marcos de desarrollo del Estado colombiano. Al subrayar la interconexión entre los aspectos femeninos/ feministas y ecológicos de los movimientos de mujeres negras, los enfoques ecofeministas podrían hacer una lectura de las actividades y del activismo de estos grupos como un esfuerzo de base para fortalecer la relación estrecha y compleja entre las mujeres y su medio ambiente una relación de la que ellas son conscientes y que alimentan. Por ejemplo, la promoción de los métodos tradicionales de cultivo y del uso de alimentos y plantas medicinales nativos requiere la validación y protección de conocimientos y prácticas locales de producción. En consecuencia, los ecofeministas podrían ver estos esfuerzos por preservar dichos conocimientos y prácticas locales como campañas simultáneas para proteger los recursos naturales, así como para fortalecer las relaciones sociales de género y etnicidad que sirven de base a dichas prácticas de conservación y de manejo. De acuerdo con los ecofeministas, este activismo podría resultar no sólo en la conservación de conocimientos y prácticas de producción ambientalmente amigables, sino que también ayudaría a aplazar el malestar del macrodesarrollo. Esto quiere decir que las perspectivas ecofeministas defienden un mayor respeto, apoyo y autonomía de los conocimientos y prácticas locales y se oponen a su incorporación en las iniciativas de desarrollo nuevas o ya existentes en la región.

Inspirándome en los métodos de análisis trazados por feministas poscoloniales, deseo mostrar la forma particular en que los procesos de desarrollo dan forma a las identidades y actividades afrocolombianas, excluyendo simultáneamente otras. La siguiente cita, publicada en el boletín anual de la red, 1997-1998, expone la visión y la perspectiva política de las organizaciones de la red:

“Es importante aclarar que nosotras generamos y construimos los espacios de reunión (de la red); con iniciativas propias, hemos luchado por el reconocimiento de la mujer en nuestra región y para vencer (los obstáculos hacia el reconocimiento). Actividades como las nuestras implican sacrificios, implican entrega para hacer realidad nuestros sueños y para lograr los objetivos propuestos. Partiendo de estos principios, hoy en día estamos preparadas para identificarnos como mujeres y para unirnos como género, para reconocer nuestras similitudes y diferencias. (p. 15)

En todo esto hemos tenido el sentido de la creación de una nueva democracia que nos incluye como mujeres, que desarrolla formas críticas de conciencia y condiciones prácticas que nos valorizan y nos resignifican. Siempre hemos tenido un valor, siempre hemos sido significativas, pero hoy en día, con este proceso de lucha y de reorganización, nos resignificaremos como mujeres y nos revalorizaremos. Por consiguiente, como mujeres, dejaremos de pensar en nosotras mismas como seres “para”. Cuando se habla de las mujeres en general se dice que las mujeres están (allí) “para” cocinar, “para” cuidar a los niños, “para” tener una familia o estar con los otros. Es decir, las mujeres no tienen la autonomía de ser completas –ellos hablan de la media naranja, dicen que somos el segundo sexo, que estamos incompletas o que somos inferiores. No queremos ser representadas “por” nadie. Queremos ser consideradas como protagonistas de nuestra vida y de nuestro mundo; por nuestra capacidad demostrada para la lucha, para la entrega y la rebelión, la mujer negra ha logrado hacerse visible a través de su capacidad y habilidad de asumir el liderazgo con una dignidad que debería resaltarse”. (Red Matamba y Guasá, 1997- 1998: 14-16)

El extracto anterior pone en evidencia varios puntos: que existen diferencias entre las mujeres afrocolombianas, que ellas son conscientes de estas diferencias, que ellas han decidido identificar comunidades entre ellas y formar alianzas entre estas comunidades para alcanzar metas particulares, que ellas rechazan la idea de que las mujeres negras son primordialmente “víctimas” que necesitan ayuda del exterior, que ellas poseen un fuerte entendimiento de su valor propio y que ellas están profundamente conscientes del poder de las palabras, de los discursos y de la representación.

Los feministas poscoloniales han señalado repetidamente que, en el caso de las mujeres de color en Occidente al igual que en el de las mujeres del Tercer Mundo, las luchas feministas o las luchas por los derechos de género están entretejidas con cuestiones de racismo y de nacionalismo. Esto sugiere que la formación de una red de mujeres afrocolombianas debe entenderse desde el contexto socioeconómico, político y cultural multifacético de la región pacífica. La comprensión astuta que las mujeres de Matamba y Guasá tienen de las realidades dinámicas del Pacífico se hace evidente cuando Teófila y otras mujeres expresan repetidamente que el objetivo primario de la red es “la reivindicación de la etnicidad, del género y de la apropiación de territorio”. Por ejemplo, los miembros de la Fundación Chiyangua de Guapi expresaron durante una entrevista que sus proyectos para recuperar y promover el cultivo de alimentos y plantas medicinales nativos –es decir, sus esfuerzos para conservar la biodiversidad– están unidos a la lucha por los derechos étnicos y territoriales de las comunidades negras y que el intercambio de información sobre las necesidades y experiencias de las mujeres afrocolombianas se convierte en la base para construir una red fuerte; primer paso crucial hacia el fortalecimiento de los lazos organizacionales entre y al interior de las comunidades negras y hacia el establecimiento de alianzas políticas más allá de la región (El Hilero, 1998; Red Matamba y Guasá, 1997; Red Matamba y Guasá, 1997-1998).

Una visión breve de la forma en que el desarrollo nacional e internacional y las agendas de conservación ambiental dan forma al agenciamiento de las mujeres negras, nos impide idealizar las actividades de la red. Los millares de proyectos de desarrollo sostenible y de conservación de la biodiversidad que se han lanzado en la región pacífica desde la década de los años noventa ofrecen a menudo apoyo o dan origen a grupos como Matamba y Guasá. Dicho apoyo significa que los esfuerzos de desarrollo y conservación que son financiados de manera oficial están vinculados con o son sensibles a las necesidades de base comunitaria. Sin embargo, también existe una apropiación de las identidades y conocimientos locales con fines diferentes a aquellos del Estado y de los grupos locales. Teófila mencionó que muchas de las mujeres de los grupos habían expresado su preocupación en torno al hecho de compartir su conocimiento sobre las plantas locales con los “científicos estatales” y con los agroecologistas. Ellas temen que la información recolectada durante los talleres dirigidos a la recuperación de la “etnociencia” o del etnoconocimiento pueda almacenarse en los “bancos nacionales de datos de biodiversidad”, los cuales pueden utilizarse con fines obscuros. Es decir, las actividades productivas, ambientalistas o prácticas de la red, así como su lucha estratégica de tipo cultural y de género en la región se desarrollan en medio de relaciones de poder desiguales.7

Uno de los principales argumentos de los enfoques feministas poscoloniales es que este poder se encuentra localizado no sólo en la afirmación o restricción de las prácticas materiales, sino que también se ejerce a través de la imposición de ciertos significados y de la exclusión de otros. Y, tal como lo indica el último segmento de la cita tomada del boletín anual de Matamba y Guasá, las mujeres afrocolombianas también entienden el poder de las palabras y del lenguaje para representar la realidad de su vida. De hecho, los juegos de palabra, la poesía, las historias y las canciones son un rasgo primordial de la cultura afrocolombiana y esto se refleja en el nombre mismo de la red –Matamba es el nombre de un vino bastante fuerte y Guasá es el nombre de un instrumento musical interpretado tradicionalmente por las mujeres. En este caso estos términos sirven para denotar la fuerza de las mujeres negras y para hacer un llamado a la acción colectiva. Esta cultura oral es el punto de apoyo de la estrategia de comunicación de las mujeres de la red. Las cuestiones de interés común, las quejas, los conflictos y las noticias se expresan a través de coplas –un tipo específico de ritmo que las mujeres negras emplean ampliamente (aunque no son las únicas en utilizarlo) (Proyecto Ríos Vivos, 2000). La atención a las palabras, textos y discursos que las mujeres negras utilizan para referirse a ellas mismas y a su trabajo, podría conducir a aseveraciones problemáticas de su resistencia y de su activismo político. Al mismo tiempo, vistos desde el contexto político, económico y sociocultural del Pacifico colombiano, estos elementos sirven para acabar con la tendencia de los activistas y académicos a generalizar sobre las identidades y el activismo de las mujeres negras. La atención a los textos en contextos sirve para complicar nuestra comprensión de la subjetividad y del agenciamiento de las mujeres negras, resaltando la manera en que ellas son modeladas diferente, desigual y discursivamente por y contra los proyectos de desarrollo.

Conclusión

Desde la década de los años setenta las preocupaciones en torno a la crisis ambiental global y a la disponibilidad futura de los recursos naturales para el crecimiento económico continuo, han conducido a alianzas entre académicos, agencias gubernamentales, organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales y bancos multilaterales. Al enfatizar la importancia de la biodiversidad tropical para el bienestar humano global, estas alianzas se concentran en generar planes para conservar la biodiversidad de manera eficiente y efectiva y en promover un desarrollo económico sostenible en el Tercer Mundo. A larga escala, los proyectos de desarrollo que se imponen desde el exterior no tienen éxito en Colombia, al igual que en otras partes del mundo; los discursos sobre el manejo sostenible del medio ambiente hacen énfasis en las formas de desarrollo y de conservación que son participatorias y descentralizadas. Este interés en las capacidades de las entidades hasta ahora marginalizadas, como es el caso de las mujeres, las comunidades indígenas y los grupos de base, aparece en un momento en el que los estados del Tercer Mundo están en un proceso de redefinición de sus roles y de reformulación las relaciones entre ellos y la sociedad civil. Las actividades y organizaciones de las mujeres afrocolombianas surgen y funcionan en medio de esta red compleja de relaciones de poder.

En este documento he argumentado que, al contrario de lo que sostienen los expertos de WID/GAD, los enfoques y métodos teóricos de los feministas poscoloniales (con su énfasis en identidad y diferencia, subjetividad y agenciamiento y la atención en la textualidad y el discurso) proporcionan un insight invaluable para interpretar las cuestiones que las mujeres del Tercer Mundo suscitan y enfrentan. Estos enfoques también nos invitan –a académicos y activistas– a cuestionar nuestras interpretaciones y a recordar que nuestros proyectos feministas y políticos están implicados y arraigados en redes complejas y desiguales de relaciones de poder.


Citas

1 Mi uso del término “mujeres del Tercer Mundo” de ninguna manera implica la existencia de una categoría homogénea y ya constituida de mujer en y del Tercer Mundo que compartan identidades e intereses similares a través de las culturas, clases y naciones. Más bien uso el término como un descriptor para referirme a las mujeres de los así llamados países en desarrollo, en procesos de industrialización o “Tercer Mundo”, tal como se los menciona en la literatura sobre el desarrollo.

2 Para una discusión sobre cómo los discursos sobre crecimiento económico y medio ambiente se enlazaron en la búsqueda del “desarrollo sostenible”, ver Asher (2000).

3 Para un examen del impacto de las políticas de ajuste estructural sobre las mujeres del mundo en desarrollo, ver Sparr (1994).

4 Por ejemplo, bajo la nueva Ley del medio ambiente, Ley 99/1993, del Ministerio del Medio Ambiente (MMA. La Ley 99, además de crear el Ministerio, también establece que “La biodiversidad del país, por ser patrimonio nacional y de interés de la humanidad, deberá ser protegida prioritariamente y aprovechada en forma sostenible.” (Ley 99, artículo 1, No. 2). De igual manera se estableció el Sistema Nacional del Ambiente (SINA), el cual provee programas detallados de acción para la conservación del medio ambiente y el manejo sostenible de los recursos naturales renovables de la nación.

5 La Ley 70 de 1993 reconoce a los afrocolombianos, quienes componen el 90% de la población de la región pacífica, como un grupo étnico independiente, con derechos a poseer la tierra colectivamente para usarla de manera tradicional. Se ha emprendido la expansión de derechos territoriales, administrativos y jurídicos para los indígenas, a través de la creación de entidades territoriales indígenas o ETI.

6 Para una discusión sobre cómo los asuntos de mujer y género se dieron a conocer en la región pacífica, ver Rojas (1996).

7 Para detalles sobre los enlaces entre las luchas culturales y políticas de las comunidades negras del Litoral Pacífico, ver Asher (1998; 2000), Escobar (1997) y Grueso y colaboradores (1998).


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