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Tiempo y construcción biográfica en la “sociedad de la incertidumbre”; reflexiones sobre las mujeres jóvenes

Tempo e construção biográfica na “sociedade da incerteza”; Reflexões sobre mulheres jovens

Time and biographical construction in the “society of uncertainty”; Reflections on young women

Carmen Leccardi *
Traducción María Valentina Turrini **


* Profesora de Sociología de la Cultura del Departamento de Sociología y Ciencias Sociales. Universidad Milano-Bicocca, Italia. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

** Licenciada en Ciencias de la Educación con especialización en Evaluación educativa.


Resumen

La dimensión del tiempo no constituye solamente un medio esencial en la regulación y coordinación de la vida social. Por su trámite y anchas posibilidades se vislumbran sus relaciones entre ésta última y el plano de la subjetividad. Sobre la base de esta concepción teórica, el artículo se centra en la trayectoria de la construcción biográfica de las mujeres jóvenes durante un período histórico, caracterizado por intensas transformaciones en el modo de representar y vivir el tiempo, ligado a aquello que está sucintamente definido como “sociedad de la incertidumbre” (Z. Bauman) Desde este punto de vista se reflexiona sobre la riqueza de la experiencia temporal de las vidas juveniles, ligada en primer lugar a la capacidad de reconocer el tiempo plural que plasma la existencia humana (relacionada con el tiempo de la naturaleza), a través de la narración subjetivamente construida.

Resumen

The dimention of time doesn’t simply constitute a medium for regulation and coordination of social life. Through its transit and ample possibilities there are revealed relations between these and the level of subjectivity. This article focuses on the trajectory of biographic construction by young women during a period of their lives characterized by intense transformations in the way time is represented and lived, and linked to what has been called the “society of uncertainty” (Z. Bauman). From this angle, a reflection is made on the richness of temporal experience in young women, linked in the first place to the capacity to recognized plural time in human existence and to cosmic and natural processes of time.


Introducción

El análisis de la dimensión temporal representa, como sabemos, un instrumento particularmente eficaz, bien sea para construir un mapa del complejo campo de los cambios en los cuales estamos colocados, o para poner a punto un código eficaz para su interpretación. (Adam, 1995; Leccardi, 1991; Nowotny, 1989). Al interior de estos cambios reviste gran importancia, hoy, la transformación de los cursos de vida –siempre en dirección a una mayor individualización (Beck y Erdmann Ziegler, 1997; Kohli, 1994)– que acompaña el surgir de formas y estilos inéditos de construcción de la subjetividad y de las biografías.

En tal contexto, la referencia a las categorías temporales como medium interpretativo se revela útil desde un doble punto de vista. En primer lugar porque estas transformaciones llevan consigo una redefinición de los modos de vivir y de representar el tiempo. En segundo lugar, porque tanto la subjetividad como las construcciones biográficas son estructuras temporales por excelencia: la subjetividad como la capacidad de intervención creativa sobre el mundo y recurso de sentido construido a partir de la conciencia de la limitación de la naturaleza humana (Gadamer, 1987); la biografía como forma de narración que une en llave temporal una serie de eventos con un campo de significados, de un lado; de finalidades y fines, del otro (Kerby, 1991).

Estas notas pretenden enfocar las transformaciones, en esta fase histórica, de las construcciones biográficas de las mujeres jóvenes, considerándolas a la luz de sus características temporales. Tales construcciones aparecen, efectivamente, como el resultado de la interrelación entre tres ases temporales: el tiempo interior, el tiempo biográfico y el tiempo histórico- social. El primero, el tiempo interior, expresa la dimensión de la subjetividad y es inseparable del carácter corpóreo de la existencia humana .

Puede ser considerado el fundamento de todas las demás dimensiones temporales humanas. El tiempo biográfico se entiende, de acuerdo con Luckmann (1993), como el proceso a través del cual el sujeto da significado al curso de su propia vida sobre la base de esquemas interpretativos sacados del stock de conocimientos socialmente disponibles en un determinado momento histórico. En estos esquemas el sujeto se apoya para construir un puente entre su propio tiempo interior y el espacio temporal que lo trasciende, el tiempo histórico-social en primer lugar. Este último puede ser considerado el producto de las actividades sociales históricamente determinadas y el instrumento que consiente en coordinarlas (Sue, 1994). Juntos, tiempo interior, tiempo biográfico y tiempo histórico-social dibujan las coordenadas al interior de las cuales se construye la dimensión de la experiencia: la posibilidad de cruce reflexivo de lo vivido en la base de la capacidad de preparar una propia narración biográfica, y de colocarla dentro de las más amplias duraciones sociales1. En cuanto forma de interpretación y de conciencia de sí mismo, la experiencia es una dimensión exquisitamente ligada al tiempo interior (Jedlowski, 1994). Paralelamente, sin embargo, llevando la marca de los procesos sociales de cambio2 se puede afirmar que una parte al menos de sus contenidos sea plasmada por el tiempo histórico-social. El tiempo biográfico, a su vez, puede ser considerado como el fruto de la intersección entre la autorreflexión del sujeto y su exigencia de ponerse en relación con el tiempo de las instituciones sociales.

El cuadro de fondo en el cual el proceso de construcción biográfica tiene lugar hoy está caracterizado por un aumento constante de la incertidumbre social, ligada al futuro opaco y colectivamente ingobernable que la risk society delinea (Beck, 1992)3. Tal proceso implica la puesta en acción de estrategias individualizadas de contraste. En las palabras de Bauman (1995, 113): “La incertidumbre debe ser superada ahora gracias a los propios recursos; la escasez de los “motivos- a-causa-de-los cuales” debe poder ser compensada por “motivos-para-loscuales” auto producidos”. Sobre las estrategias que las mujeres jóvenes ponen en acción para hacer frente a esta incertidumbre fijaremos la atención en forma específica.

La transición siempre más larga, e incierta, hacia la edad adulta

La tendencia hacia el alargamiento de la fase de vida juvenil representa hoy un dato incontrovertible en las transformaciones del curso de vida de las sociedades occidentales contemporáneas (Galland, 1991; Cavalli y Galland, 1993). No sólo se entra siempre más tarde, sino, a diferencia de lo que ocurrió por lo menos hasta la mitad del siglo XX, los ritos canónicos de entrada –el final de los estudios, el inicio de la vida profesional, el abandono de la casa de los padres, el matrimonio–, aparecen entre ellos de-sincronizados. De acuerdo con el progresivo acercamiento de las construcciones biográficas de los dos géneros (Sorensen, 1990), el modelo de ingreso retardado y de-sincronizado en la vida adulta tiene, entre otras, características siempre más andrógenas (du Bois-Reymond, 1998). Adquieren paralelamente importancia los modelos biográficos, siempre más distantes de trayectorias lineales de vida4, que envían a la llamada choice biography (Beck, 1992; Fuchs, 1983), caracterizada, bien por una fuerte individualización o bien simultáneamente, por una acentuación de los lineamientos de risk biography (Furlong y Cartmel, 1977), conectados estos últimos a la necesidad constante de cumplir estas elecciones en un contexto social caracterizado por procesos de “volver menos tradicional” y de una difusa incertidumbre por el futuro (Adam, 1996).

En su complejo, entonces, esta realidad enfatiza los aspectos de “subjetivismo biográfico”, dando grande importancia a la responsabilidad individual en la definición de las elecciones y, más en general, asignando un papel de primer plano a la capacidad de elaborar proyectos. Este último aspecto, sin embargo, entra en clara contradicción con otra característica de nuestro Zeitgeist, ligada a la contradicción de los horizontes temporales colectivos: la necesidad de evitar compromisos a largo plazo, de eludir lo fijo a favor de lo fluido, de aislar el presente tanto del pasado como del futuro (Feixa Pámpols, 2001).

Los jóvenes viven entonces la transición hacia la edad adulta en un clima social en el cual el derecho a elegir la propia identidad está acompañado de la dificultad de individuar puntos de referencia, en su construcción, capaces de restarse a la indeterminación (Bynner, Chisholm y Furlong, 1997). En líneas se puede afirmar que lo imperativo de la elección no está para ellos sostenido por la certeza de que las decisiones personales estarán en grado de incidir de forma efectiva en los éxitos biográficos futuros (Leccardi, 1999). Para garantizar un buen resultado a la transición, ellos deben entonces ser capaces de elaborar las condiciones de incertidumbre en las cuales se encuentran viviendo transformándolas en un recurso para la acción.

“Futuro breve”: las mujeres jóvenes y la multiplicidad de los tiempos de vida

¿Podemos individuar diferenciaciones con base en el género para afrontar los problemas ligados a la transición hacia la edad adulta en la “sociedad de la incertidumbre”?5 La respuesta va articulada sobre la base de un análisis de las aceleradas transformaciones que han caracterizado la construcción biográfica femenina en los últimos cuarenta años del siglo XX (Duby y Perrot, 1992). El aumento del nivel de escolaridad al cual se liga la nueva capacidad de autonomía económica de las mujeres; una construcción de la identidad desligada de trayectos unívocos, centrados exclusivamente en la esfera privada de vida; la posibilidad / necesidad de contar siempre más consigo mismas en la definición de trayectorias del tiempo biográfico; bajo el perfil subjetivo, estos procesos implican que las “mujeres desarrollan hoy –que deben desarrollar– un creciente número de esperanzas, de deseos, de proyectos de vida no referidos sólo a la familia, sino a la propia persona. Ellas deben proyectar sus propias seguridades existenciales, en primer lugar en sentido económico, eventualmente también sin el hombre” (Beck-Gernsheim, 1994, 122-23).

Esta transformación de los horizontes existenciales de las mujeres no ha sido sin embargo acompañada de una complementaria modificación de los horizontes masculinos, en dirección a asumir una substancial responsabilidad en la gestión de los tiempos familiares. La “doble presencia” es, por ahora, una característica específica de la construcción biográfica femenina. Alrededor de ella se estructura la narración biográfica que la gran mayoría de las mujeres jóvenes escoge perfeccionar proyectándose al futuro. Esta narración - es la tesis que aquí se quiere sustentar –, no anticipa sin embargo sólo contradicciones existenciales en sí poco resolubles y apenas a veces negociables; ni sólo aspectos de sobrecarga temporal, de burn-out, en la gestión del tiempo cotidiano. Ella consiente también, en forma positiva, en conceptuar la riqueza particular de la experiencia del tiempo de muchas mujeres, los modos y las formas con las cuales ellas sincronizan tiempos diferentes, creando ex novo, a partir de la multiplicidad de los tiempos existenciales, un sistema temporal unitario. En líneas más generales, el análisis de los caracteres de esta narración permite reflexionar sobre las modalidades a través de las cuales las mujeres jóvenes enfrentan, y en algunos casos voltean, la incertidumbre social en la cual su transición a la edad adulta se verifica. Para recolectar en todo su alcance los trazos innovadores de estas modalidades es también oportuna una breve digresión sobre el carácter específicamente gendered de la experiencia temporal.

La literatura feminista ha sacado a luz, en estos años, diferentes aspectos de tal experiencia (ver Adam, 1995; Davies, 1990; Forman y Sowton, 1989; Jurczyk, 1998; Kristeva, 1981; Leccardi y Rampazi, 1993; Leccardi, 1996b; Odih, 1999; Paolucci, 1998; Saraceno, 1987). En referencia a nuestro tema, es sobre todo necesario subrayar el carácter pluralista e interdependiente de la representación del tiempo que emerge del análisis sobre la doble responsabilidad, en la esfera familiar y en el mundo del trabajo remunerado, de las mujeres adultas con cargas familiares. La metáfora de la red, en la cual cada punto contribuye en la misma medida a componer el dibujo global se adapta bien para ilustrar este trazo. Tiempos públicos, tiempos familiares, tiempos subjetivos, tiempos biológicos y tiempos cósmicos6 no solo conviven en su experiencia, sino que participan en su totalidad, a través de las recíprocas interconexiones, en la producción de sentido y en la construcción del universo simbólico de estas mujeres (Leccardi, 1996b).

En tal sentido, desde algunos análisis feministas (ver Balbo, 1991) la dimensión plural del tiempo existencial de las mujeres –los tiempos de vida– es conscientemente asumida, junto con las ambivalencias de la vivencia temporal que ella genera, como trazo para valorizar en sentido específico. A través de él, se vuelve de hecho visible aquello de que el predominio de una visión recortada del tiempo tiende en cambio a ocultar el carácter no determinado, capaz de autogeneración del tiempo de vida, la natural coexistencia, en su interior, de tiempo para sí y de tiempo para el resto. El sujeto que ella delinea no es el Sujeto universal –como tal fuera del tiempo y del espacio– sino un sujeto sexual y carnal, al que la multiplicidad de los tiempos concretos de la vida cotidiana le permite enfocar junto con sus contradicciones. El aspecto “de trabajo” del tiempo cotidiano es en consecuencia ennoblecido, mientras se subraya la inconsistencia de una visión como tiempo que simplemente se repite, un tiempo crítico siempre igual a sí mismo8. Paralelamente se subrayan los trazos intrínsecamente creativos del tiempo cotidiano, y los contenidos siempre diferentes que él difunde.

En forma típica, esta experiencia del tiempo nos envía a una dimensión de frontera, a la travesía de una infinidad de territorios sin considerar nunca alguno de ellos como la meta definitiva. No existe aquí, ni siquiera un orden establecido del recorrido, o una jerarquía interna estable. Las prioridades temporales son cambiantes y negociables según las diversas fases del curso de vida de las mujeres y de sus diferentes prioridades de acción. Desde el punto de vista positivo, tal experiencia señala la importancia de las formas de control subjetivo sobre el sofisticado mecanismo de las interdependencias temporales con el fin de garantizar un equilibrio (por ser constantemente reconstruido), entre los diferentes ámbitos y tiempos de vida.

Si bien no dependiente aún de las curvaturas de la doble responsabilidad familiar /laboral, la ubicación del límite del tiempo de vida de las mujeres jóvenes, su estar contemporáneamente al interior y al exterior de varias lógicas temporales, consideradas todas igualmente significativas, aparece del análisis de sus estrategias de construcción biográfica. Algunas investigaciones que han estudiado tales estrategias con particular interés en la dimensión del proyecto8, han sacado a la luz este trazo. A pesar del escenario bastante incierto en el cual se inscriben las decisiones de las mujeres jóvenes, ambas investigaciones subrayan su grande voluntad de ejercer formas de control sobre su propio futuro. Un reciente survey sobre la condición de los jóvenes en Italia (Buzzi, Cavalli y de Lillo, 1997) confirma esta orientación activa hacia un futuro incierto por parte de las mujeres jóvenes. En la relación con el devenir, ha sido de hecho notado (Cavalli, 1997, 30), las mujeres jóvenes aparecen particularmente comprometidas, más que sus coetáneos del otro sexo, en la definición de estrategias capaces de garantizar el máximo nivel posible de auto-determinación. Es de anotar, no obstante, que ellas no parecen sufrir de sentimientos de omnipotencia, no cultivan, en otras palabras, la idea de que “todo depende de mí”, que todo puede ser tenido bajo control. La capacidad de compararse en forma dúctil y reflexiva con la dimensión de la incertidumbre y del límite aparece como uno de los aspectos más interesantes de su relación con el futuro.

Hay que tener en cuenta, de todos modos, que para las mujeres jóvenes el futuro se presenta incierto también desde el punto de vista más específicamente de género. La incertidumbre ligada a la anticipación del tiempo de la maternidad –tiempo biográfico central tanto como aquel de la vida profesional–, está por ejemplo, bien claro en su horizonte. De hecho, las mujeres jóvenes saben bien que la maternidad requiere la compleja re-estructuración de las prioridades esenciales, y que con frecuencia impone la renuncia a otros proyectos de vida. Este aspecto, por consiguiente, contribuye notablemente a plasmar una dimensión central en la construcción biográfica de las mujeres jóvenes: la anticipación en el presente de una probable, futura discontinuidad biográfica. Por otra parte, si bien la maternidad representa siempre más para las mujeres un espacio de elección consciente, el componente inconmensurable y en sí indecible de este tiempo, su cualidad exquisitamente subjetiva, está bien presente para ellas.

Todo ello conduce a una especie de paradigma biográfico. Por un lado formular un proyecto de vida, instrumento por excelencia para poder controlar el futuro, se vuelve para las mujeres jóvenes más que nunca esencial. Por otro lado, sin embargo, la maternidad se sustrae desde otros puntos de vista, a diferencia del otro tiempo biográficamente crucial, aquel del trabajo remunerado, al registro de aquello que es posible proyectar: de hecho, deja espacio a lo inesperado, lo imprevisto, lo indecible, a aquello que se pone fuera de un marco de racionalidad.

En un plano diferente pero complementario se debe anotar, como recuerdan Geissler y Oechsle (1996), que el concepto de continuidad biográfica ha sido más que todo vinculado, en los últimos dos siglos, a la figura de un individuo de sexo masculino capaz de construir una relación estable, que es parte esencial de la identidad, con el universo del trabajo remunerado. En una sociedad como la moderna, que ha hecho del tiempo de trabajo remunerado el centro del tiempo social y, conjuntamente, del tiempo de vida, el proyecto biográfico es posible en primer lugar gracias a una proyección de continuidad biográfica fundada en la relación no incierta con este universo. Si bien hoy, como es reconocido, esta realidad está modificándose rápidamente, esta dimensión de continuidad tiende aún, en cierto sentido, a ser dada por descontada en la construcción biográfica de los hombres jóvenes. La “doble presencia”, observada con anterioridad, queda por el momento como una prerrogativa femenina.

La gran mayoría de las mujeres jóvenes rechaza en cambio la tradicional idea de continuidad biográfica femenina, fundada en la coincidencia entre tiempo de vida y tiempo familiar (y sobre bases bien fundadas: la pareja es hoy por definición vacilante y con la caída de las tasas de fecundidad el tiempo del “maternage” stricto sensu se reduce). Entonces, a menos que una identificación tout-court con el modelo biográfico masculino de una sola “presencia”, esta mayoría debe estar en grado de preparar modalidades activas de cotejo con una más que predecible discontinuidad biográfica.

Bajo este perfil, una de las estrategias compartidas por un buen número de mujeres jóvenes, aquella de alejar la idea de futuro a largo plazo, que conlleva la previsión y pausas en el tiempo biográfico, para concentrar en cambio energías y capacidad de proyectar en la dimensión del “presente extendido”, el área temporal que bordea el presente sin coincidir sin embargo con el “presente simultáneo”9. Cottle (1976), quien fue el primero en captar la centralidad de esta dimensión en la experiencia del tiempo de un número significativo de mujeres, lo define como aquel espacio temporal que se extiende a lo largo de una particular actividad (generalmente de carácter institucional: en el caso de las mujeres jóvenes, ligada por ejemplo a la escuela y / o el trabajo), para concluirse cuando esa actividad se lleva a término. Salta inmediatamente a los ojos el carácter auto-determinado del presente extendido, unido al campo temporal de la intencionalidad. De hecho es el sujeto quien decide las actividades en las cuales empeñarse y a través de las cuales expresarse. Es siempre y solo el sujeto quien es responsable de su desarrollo y de sus resultados. Cada una /o es en conjunto responsable de, y entendedor de, aquello que sucede en el interior de esta área temporal. El presente extendido es también el reino de la previsión –los esfuerzos personales producen efectos previsibles en tiempos previsibles– y del auto-gobierno –la extensión de este presente se detiene allí donde se interrumpe la percepción de la posibilidad de una intervención autónoma y creativa sobre los hechos–. Esto es percibido como tiempo continuo; en esta zona temporal no solo el pasado, el presente y el futuro están contenidos en igual medida en las actividades emprendidas, mas la continuidad se alcanza también en el plano interior, como capacidad de someter al propio dominio el tiempo de vida.

A través de la definición de una capacidad de proyectarse temporalmente más reducida, un “futuro breve” (Leccardi, 1996 a) que coincide en el plano de las intenciones con el presente extendido, un buen número de mujeres jóvenes delinea entonces una estrategia activa para afrontar dudas y previsiones, futuras discontinuidades biográficas. La dimensión del proyecto –entendido como resultado del entrecruce de dos ases del tiempo y de las metas personales–, no se desvanece completamente del todo en el horizonte, pero es más bien redefinida a la luz de las nuevas condiciones que el tiempo histórico dibuja. En un mundo en el cual el devenir se presenta siempre menos como fruto de las decisiones del presente, y siempre menos gobernable en sentido colectivo, la orientación que aquí surge para restringir la amplitud temporal de los proyectos, para considerar los objetivos a más largo término constantemente re-negociables, para afrontar en forma dúctil (y no omnipotente) su definición, representa una modalidad vencedora para afrontar un futuro para todos objetivamente incierto.

A modo de conclusión

Si reflexionamos atentamente, el nexo que une la construcción biográfica caracterizada por la adhesión que no renuncia a la idea de un “futuro breve” con la conciencia de la multiplicidad de tiempos de vida es más clara de cuanto aparece a primera vista. La discontinuidad biográfica a la cual esta particular forma de proyección pretende hacer frente, está de hecho directamente unida a la imposibilidad de trazar jerarquías netas y fijas entre los diversos planos de experiencia como la pluralidad de los tiempos de vida manda. Todos estos tiempos, en su conjunto, contribuyen de hecho a la definición de la identidad.

Como se recordó al inicio de estas notas, esta reconocida pluralidad del tiempo de vida incorpora también, a través de la mediación corpórea, los tiempos naturales y cósmicos, ligándolos a la dimensión más profunda y secreta de la subjetividad. Ella estructura, en paralelo, el tiempo biográfico, dibujándolo como tiempo poli céntrico, enriquecido por lógicas también conflictivas, pero siempre dominables a través de una narración subjetivamente construida. Finalmente, en la base de la redefinición de los modos y de las formas de la capacidad de proyectarse en una época de desencanto colectivo en relación con la idea de un “futuro” abierto y controlable, la conciencia de la multiplicidad de los tiempos de vida se sintoniza con el plano del tiempo histórico-social, y puede constituir un antídoto para las inquietudes específicas de la “sociedad de la incertidumbre”.

El análisis conducido a lo largo de los ases del tiempo interior, del tiempo biográfico y del tiempo histórico-social nos permite enfocar la particular cualidad de las transformaciones de la construcción biográfica de las mujeres jóvenes, y de razonar sobre sus nuevos recorridos de experiencia. Al mismo tiempo, ella nos revela el nexo que une esta construcción a los dos polos de crecimiento de la capacidad de reflexionar por un lado, de la pluralidad de los tiempos de vida, por otro.


Citas

1 “Nuestra experiencia se construye sea a través del mundo externo sea a través del mundo interno: una conciencia reflexiva puede favorecer la relación circular entre ellos y, de tal forma, puede arraigar la persona en su presencia”, escribe Melucci (1998, 181).

2 Sobre las transformaciones de la experiencia –de Erfahrung a Erlebnis– ver las observaciones de Benjamin (1962). La experiencia moderna, según esta perspectiva, sería siempre más fragmentada, puntiforme, incapaz de sedimentación.

3 Mathieu (1995) define este proceso con el término fuertemente evocativo de insécurisation.

4 Para comprender estas tendencias se necesita tener presentes las transformaciones, que especialmente en los dos últimos decenios han incursionado con fuerza, junto con las normas de edad, áreas sociales neurálgicas como el trabajo y la familia. Para una crítica a la formación de un concepto de la juventud veáse en particular, Wyn y White (1997).

5 El término “sociedad de la incertidumbre” copia el título de una reciente colección de ensayos de Zygmunt Bauman (1999).

6 “Los ritmos que golpean la vida del cuerpo femenino, están regidos por una temporalidad astral que los une, a través de invisibles consonancias, con el ciclo de las estaciones, las fases de la luna, el giro de las mareas, el alternarse del día y la noche”, anota Vegetti Finzi (1990, 214).

7 Vea, a este respecto, las observaciones de Adam (1995).

8 La referencia es a dos investigaciones de carácter cualitativo hechas, respectivamente, en Italia (Leccardi, 1996) y en Alemania (Geissler y Oechsle, 1996), entre el final de los años ochenta y el inicio de los noventa. En Italia una anterior investigación dirigida por el mismo equipo había analizado la experiencia del tiempo (incluida la experiencia del futuro) de un grupo de hombres jóvenes (Cavalli, 1988). Ver también Leccardi (1990).

9 Sobre el presente extendido como resultado de la re-elaboración conceptual del futuro impuesta por las transformaciones temporales contemporáneas, con especial referencia al rol que juegan las nuevas tecnologías electrónicas, ver Nowotny (1989).


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