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A los educadores deconstructores y constructores de vida: Ubencel, Águeda, Pascual, Artemio, Betsy, Pacho Cruz, Darío, Ricardo y Mauricio, por ser tejedores del Magdalena Medio posible.

 

Marco Fidel Vargas Hernández *

Alberto Rincón López **

 

La nación colombiana está constituida por un conjunto de pueblos de diversas culturas y lenguas, producto de migraciones que se han gestado en diferentes momentos de su historia. Los conflictos que la multiculturalidad y el plurilingüismo propician se resuelven construyendo una cultura para el equilibrio social e individual, en el que todos y cada uno de los pueblos con sus culturas y sus lenguas sean respetados y donde la equidad sea un principio fundamental. La educación intercultural permitirá formar personas espiritualmente fuertes, pero sensibles al conocimiento, la comprensión y el respeto de cada ciudadano. En este documento se presenta un esbozo de las condiciones educativas y sociolingüísticas que deberán superarse para alcanzar una educación intercultural la cual, además, se aspira a que sea trabajada más allá del Programa de Etnoeducación del Ministerio de Educación, como la educación que propiciará la convivencia armoniosa en una sociedad multicultural como la colombiana.

To construct social texture, educational community, solidarity, civility and development, in midst of war, is the paradox from which educational processes take form in the Magdalena Medio region of Colombia. Above the hegemony of “warriors” there is life, even if it finds itself veiled; life and the construction of citizenship are in dialogue, they propose democratic outcomes to the social and political conflict. Education is understood in this context, as the process of creation of possible relations, and as the intentional and implicit manner of contribution to the heightening the capacities and potentialities of its inhabitants in the regional context, and guaranteeing the full accomplishment of human beings as such and of future generations.

 

Históricamente el Magdalena Medio ha estado marcado por el surgimiento y la presencia permanente de diferentes actores armados, al ser franja estratégica de comunicación y control de los corredores geográficos que permiten el acceso a recursos económicos y armamento. Es un escenario de conflicto donde la escalada de la guerra, cada vez mayor, genera altos niveles de desplazamiento, desapariciones forzadas y muertes selectivas.

Esta región ubicada al centro nororiente de Colombia, está atravesada de sur a norte por el río Magdalena y abarca 29 municipios de los departamentos de Santander, Antioquia, Bolívar y Cesar. Posee una extensión es de 30 mil Km2 y cuenta con una población de 715.862 habitantes, de los cuales 240 mil son familias campesinas. El 70% de sus habitantes son pobres, con necesidades básicas insatisfechas, y el 40% de los mismos está por debajo de la línea mínima de ingresos. La población escolarizada en la región es aproximadamente del 42% y el índice promedio de analfabetismo es del 21%. Aproximadamente el 40% de los pobladores están excluidos de la atención básica de salud.

Es una de las regiones más ricas del país, su producto interno es de 2.600 millones de dólares por año, generados en un 67% por la refinación del petróleo. El 60% del suelo está dedicado a la ganadería extensiva y sólo un 6% a la agricultura. Los cultivos de coca se han incrementado en los últimos años y en la actualidad alcanzan una extensión de 18 mil hectáreas; se han convertido actualmente en fuente de ingresos del campesino pobre y un medio de financiación de la guerra.

En los últimos cincuenta años, ha sido escenario de la lucha sindical del movimiento obrero, derivada de la explotación del petróleo, la extracción minera, la ganadería extensiva y la exclusión y marginalización del Estado central. El conflicto aparece como eje identificador de sus realidades, imagen de sí e imaginario de una sociedad conflictiva y violenta.

En el escenario del Magdalena Medio se concatenan múltiples factores generadores de conflictos:

- Una economía extractiva o de enclave que deja el 21% del PIB a la región.

- La precariedad, la poca legitimidad institucional y la corrupción administrativa.

- El 70% de la población excluida socialmente de los recursos económicos, de los centros y espacios de participación, del reconocimiento cultural y de la vida política.

- Un orden social sin equidad por la discriminación en el gasto público y en el acceso a los ingresos y bienes de la región y por la imposibilidad de exigir bienestar social.

- Una tradición de culturas autoritarias que lleva a la creación y conformación de grupos hegemónicos y a su consideración como únicas opciones válidas.

- La privatización de lo público, tanto de los espacios sociales como de los bienes.

- La frustración de las comunidades y sus pobladores, como resultado de las privaciones sociales y de la imposibilidad de desarrollar sus potencialidades.

- Como consecuencia de la anterior, la anomia social, la agresividad y la resistencia.

El PDPMM, una estructura dinámica

En este contexto de factores generadores de conflicto, de violencia política y pobreza extrema que afecta a la mayoría de los pobladores de la región, surgió a finales de 1995, el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (PDPMM) como un proceso social en marcha, dinámico, incluyente, envolvente, expansivo y empoderante. Se inició cuando algunos grupos de ciudadanos( as) efectivaron un diagnóstico para comprender las raíces de la pobreza y la violencia. Ha sido propuesto como una convocatoria de hombres y mujeres que quieren llegar a ser libres para trabajar por el derecho al desarrollo que se merecen como seres humanos, sin excluir ningún habitante, organización, institución o empresa de la región.

El proceso es conducido por una red de pobladores compuesta por hombres y mujeres participantes en Núcleos llamados Municipales, integrados por representantes de distintos sectores sociales, organizaciones gremiales, organizaciones comunitarias, organizaciones profesionales, comunidades educativas y funcionarios de la administración. El propósito de estos núcleos es ampliar, fortalecer y orientar la participación de los pobladores, ser interlocutores con los diferentes actores, y apoyar y concertar los intereses particulares para que se constituyan en iniciativas de bien colectivo.

El municipio ha sido escogido como escenario privilegiado de acción, ya que en él se congregan simultáneamente la dimensión estatal e institucional y la dimensión comunitaria. Con los núcleos y las comunidades, se impulsa un proceso de aprendizaje y ampliación de las capacidades de los actores locales públicos y privados, que permite formular Propuestas Municipales para orientar la planeación, el desarrollo y la participación ciudadana. Es una concertación que implica procesos de acercamiento entre intereses particulares para llegar a constituir intereses más generales en una dinámica donde las comunidades toman decisiones conjuntamente, establecen prioridades, definen responsabilidades y concilian intereses a nivel local. De igual manera, las Propuestas Municipales son espacios de convivencia y respeto para adversarios políticos e ideológicos, de manera que las minorías tienen la posibilidad de participar y ser reconocidas en el diseño de políticas públicas.

A nivel subregional, se han estructurado Equipos Técnico– Pedagógicos (ETP), integrados por los asesores del programa, los representantes de los núcleos municipales y de las organizaciones subregionales. Los ETP se trazan como propósito la construcción de “modelos” graduales de desarrollo subregional, en el marco del horizonte estratégico de las Propuestas Municipales. A través de estos equipos se construye una visión de subregión que supera las parciales miradas locales; se fortalece el trabajo en equipo, se orienta la acción pedagógica del programa para el logro de los aprendizajes propuestos y se toman las decisiones sobre los procesos subregionales.

Los objetivos del PDPMM

El PDPMM le apuesta a la vida digna con pleno respeto de los derechos humanos de todos los pobladores de la región mediante la convivencia ciudadana en una cultura de paz positiva; a la construcción del espacio público o construcción del hogar común sin exclusiones; a la puesta en marcha de una economía sostenible, desarrollada y controlada por los pobladores, organizaciones, campesinos y empresarios locales y a la calidad de vida regional como primer objetivo de la actividad productiva. Para lograr este propósito, el PDPMM considera necesario fortalecer la sociedad civil impulsando la participación, organización y empoderamiento de los pobladores en torno a proyectos que respondan a sus necesidades, problemas y aspiraciones; estimula la concertación entre ellos y de ellos con las autoridades o poderes presentes en la región: banca mundial, empresa privada, agencias de cooperación internacional, ONGs, centros académicos y Estado. De este modo se promueve la configuración del Estado a partir de las bases sociales y se le consolida institucionalmente con el propósito de construir escenarios de tolerancia, convivencia y democracia en el ámbito municipal y regional.

Por otra parte, el PDPMM propende por el desarrollo humano sostenible que consiste en la implementación de una economía integral que favorezca a todos los pobladores, en la cual cada uno contribuya con sus conocimientos, intereses y recursos, a construir el capital social y a adelantar las iniciativas privadas y públicas sin las cuales no sería posible la vida digna.

El programa, una acción educativa en la región

Cuando hablamos de la acción educativa del PDPMM, nos referimos a ciertos procesos práctico-teóricos intencionados que inciden, influyen o afectan a los sujetos, comunidades, organizaciones y colectivos sociales a través del mundo de los saberes y los conocimientos, y a las experiencias y sentidos de los pobladores, con la intención de fortalecer, construir y reconstruir las relaciones sociales y el tejido social en una zona de conflicto como la del Magdalena Medio.

Estos procesos marcan la diferencia con respecto a otros, en la medida en que asumen como compromiso las necesidades identificadas por los sujetos y los grupos sociales, ayudan a la priorización de las mismas, orientan en la conceptualización de sus problemas y construyen participativamente y en consenso, soluciones viables a los problemas.

Los procesos educativos del PDPMM contribuyen a que los pobladores de la región se constituyan en actores sociales que aportan al desarrollo sostenible, al desescalamiento y transformación continua del conflicto, a la transformación de las violencias por proyectos sociales que permitan nuevos pactos, ya reconstruir nuevos imaginarios y nuevas reglas de juego.

El PDPMM es un agente educador, una oportunidad que promueve una visión de sociedad en construcción. Pedagógicamente plantea los siguientes principios orientadores de la acción educativa, que a la vez son integradores del proceso de intervención en la región:

1. El respeto al proceso total de la vida. Con este principio se fundamenta el derecho a la vida misma en todas sus dimensiones; proceso a través del cual se recrea y potencia la relación entre los seres humanos y entre estos y los demás seres de la naturaleza.

2. El Magdalena Medio se construye entre todos o no es posible. Es un proceso de aprendizaje donde el diálogo y la negociación son pilares fundamentales para llegar a acuerdos a pesar de la existencia de posiciones contradictorias.

3. Todo el mundo, sin excepción, tiene que cambiar sus actitudes como persona hasta superar las exclusiones, las explotaciones, los odios, las corrupciones, las impunidades, los miedos y las desconfianzas.

4. El desarrollo de nuevos aprendizajes que transformen los sujetos y las formas de organización social y desencadenen altos niveles de autonomía, construcción de la convivencia y sostenibilidad de proyectos.

En su acción educativa, el PDPMM interviene a partir de tres modalidades simultáneas, articuladas e interdependientes:

- Educación integral: busca incidir en el “saber actuar”. Se define como un proceso potenciador de ciertas capacidades en los pobladores y las comunidades para la reconstrucción colectiva de la región, capacidades relacionadas con la construcción de lo público como las concernientes al desarrollo socioeconómico y cultural. Instrumentalmente el PDPMM lo realiza a través de las redes de pobladores, los núcleos municipales, las propuestas municipales y los ETP.

- Educación no formal: busca incidir en el “saber hacer”. En esta modalidad se desarrollan procesos de formación ciudadana para la planificación de los entes territoriales, la consolidación del control social sobre las acciones del Estado local y regional. Involucra organizaciones de la región, líderes sociales, políticos, comunitarios y campesinos, maestros, empleados públicos y acompañantes del programa. Se desarrolla a través de la escuela de formación comunitaria, escuela de formación campesina y del diplomado en gestión y participación ciudadana.

- Educación formal: busca incidir en el “saber sentir, pensar y actuar”. Hace referencia al sistema de escolarización creciente: pre-escolar, básica, media y superior. Se trabaja desde la escuela, para tener una mirada sobre la región y los dilemas en que ésta se debate desde la perspectiva de los jóvenes, los niños y niñas y de la comunidad educativa. En la región, esta modalidad se desarrolla a través de tres proyectos: escuelas básicas integrales para el desarrollo sostenible (a nivel rural), ciudadela educativa (a nivel urbano) y educación media rural.

Nos referiremos ahora al papel que viene jugando la institución escolar en este escenario de conflicto.

La percepción del conflicto desde la escuela

El proceso adelantado en la región del Magdalena Medio nos ha permitido reconocer que la escuela está sola y en la actualidad afectada por múltiples violencias. Se encuentra cerrada a los fenómenos sociales, aislada de las comunidades y de la realidad política, incapacitada de proponer transformaciones culturales, que aborden, en el ámbito escolar, elementos como el miedo, la desconfianza, la intolerancia, el irrespeto en las diferentes relaciones sociales que se generan en las instituciones, y el uso de amenazas y de comportamientos agresivos. Este ambiente afecta la forma en que niños(as), jóvenes, educadores y actores de las comunidades educativas resuelven los conflictos, creando el imaginario de medios rápidos y contundentes para resolverlos a partir de la intimidación, la imposición y la fuerza.

Ante este reto, el PDPMM crea y propicia espacios de encuentro, conversación, negociación, comunicación y búsqueda, mediante foros educativos, encuentros culturales, asambleas comunitarias, pasantías, mesas veredales y municipales de trabajo, para construir una nueva cultura escolar vinculada a la vida de la región, fortalecida como institución y como espacio de integración y socialización.

Con este compromiso, las comunidades educativas de los municipios y la escuela en particular, inician un proceso embrionario de comunicación con el mundo de la vida y con otros actores, acogiendo y procesando las demandas que la región le plantea. También les exige asumirse como espacios de tensión cultural, reconociendo su interdependencia con las realidades políticas, económicas, sociales y culturales de la región, aportando en la construcción de un nuevo marco de relaciones sociales, dadas las múltiples violencias que la caracterizan. Esto se produce a través de encuentros y reencuentros: el primer encuentro de ellos es con la comunidad educativa, y en este sentido, la escuela se plantea como lugar de múltiples relaciones culturales, abierta a las dinámicas locales y regionales, a la reflexión conjunta sobre los problemas del poder, conocimiento, conflicto, saberes comunitarios, gestión y su relación con el mundo del trabajo. Con esta apertura, se da un reconocimiento a otros actores, saberes, visiones, sentires y deseos que posibilitan nuevos puentes de comunicación con la cultura universal.

El segundo encuentro es con la realidad de la guerra, para reconocer sus raíces, sus posibilidades de solución y sus limitaciones. Los maestros, las comunidades educativas y las escuelas construyen una concepción de cultura pluralista, abierta al diálogo con los diversos actores sociales, sus saberes y mentalidades, lo mismo que al encuentro positivo entre diversas disciplinas, enfoques y concepciones para el enriquecimiento mutuo y la construcción de una sociedad mejor. Esta concepción pluripolar les permite ir superando las concepciones bipolares (amigo-enemigo, buenomalo, izquierda-derecha) de la vida, de la cultura y la sociedad.

El tercer encuentro, es el de la comunidad educativa y la escuela con lo humano, la persona, abordándolo desde el mundo de lo subjetivo. En este sentido, la deconstrucción se presenta como una estrategia metodológica de encuentro de los sujetos con sus deseos, miedos, necesidades y sentimientos, entendiendo cuáles son los elementos conflictivos. El sujeto negocia desde lo más íntimo, desde su individualidad, para reconstruir lo colectivo. Este proceso pedagógico permite mediar entre las diferentes subjetividades, reconociendo cuáles son los elementos comunes en la transformación del conflicto, que a la vez acerquen las expectativas personales y hagan viables los proyectos colectivos.

Los encuentros y reencuentros son posibles por la vía de la negociación cultural, que contiene y va más allá del diálogo de saberes. La negociación cultural reconoce el conflicto como posibilidad educativa porque pone en evidencia lo propio y lo contrasta con lo ajeno, y tiene la función pedagógica de posibilitar la descentramiento - el distanciamiento de uno mismo- y el reconocimiento del otro.

Los reencuentros, las negociaciones y los nuevos aprendizajes en el manejo del conflicto, se plasman y materializan en proyectos educativos de diferente dimensión: personales, de aula, educativos-comunitarios, educativos-territoriales, y de resignificación de los currículos escolares; todos ellos adscritos al Proyecto Educativo Municipal -PEM- y gestionados por las comunidades educativas ante las instituciones territoriales del Estado. En esta misma dinámica y simultáneamente como producto de las concertaciones, los consensos y discensos, se forman los maestros, los padres y madres de familia, los jóvenes y niños(as) con poder de decisión.

Lo anterior significa reconocer el conflicto como condición de la vida cotidiana, como constitutivo del vínculo social, y como posibilidad creadora y constructora de nuevas interacciones para encontrar salida a los múltiples y complejos problemas. Abordarlo educativamente supone que los diferentes actores construyan nuevos escenarios civiles, reconozcan el abanico de posibilidades y reconstruyan espacios públicos de participación, negociación y concertación garantizando un Estado social de derecho.

A la luz de este horizonte, para el PDPMM es importante desarrollar una educación para la vida y por la calidad de vida, que permita la consolidación de la libertad individual, la justicia y la sociedad civil incluyente y autónoma frente a los grupos armados para dé paso a la construcción del desarrollo humano sostenible.

Conclusiones

- Aunque se interprete como obvio, sin la garantía a la vida no es posible ningún proceso humano ni social. Se tiene que comenzar por recuperar el amor a ella e impregnarlo en la cultura, en el comportamiento humano y en el sistema social.

- En zonas de conflicto, los procesos educativos se deben centrar en los principios de reconocimiento y valoración del otro como legítimo en forma trascendente, reconociéndole sus realidades, derechos, saberes y experiencias, para permitir el crecimiento de todas las personas.

En contextos de conflicto la escuela es un lugar de privilegio para la transformación del mismo por ser visto como lugar público. Constituye un espacio de comunicación, solidaridad, búsqueda y encuentro de múltiples realidades. Esta visión es compartida por los pobladores, las autoridades municipales y los actores de la guerra que ven en ella una oportunidad para que sus hijos construyan relaciones de convivencia ciudadana y una sociedad sin guerra.

- La construcción de un proyecto educativo liderado por las comunidades y que responda a las necesidades colectivas, garantiza por un lado la sostenibilidad de los procesos y por otro, que los pobladores ganen confianza y seguridad en sus capacidades, para aceptar y valorar lo que son y tener una imagen más favorable de sí mismos. Esto incentiva a los diferentes actores a asumir el proceso en forma concertada y negociada.

- Concebir la escuela como parte integral de una propuesta de sociedad en construcción, exige a maestros, padres de familia, líderes comunales, jóvenes y demás actores sociales de las comunidades educativas, asumir los procesos educativos como proyectos culturales que contribuyen a mejorar la calidad de vida de la sociedad local.

 

Bibliografía

SEN, Amartya, Desarrollo y libertad, Barcelona, Planeta, 2000.

GIDDNES, Anthony, La transformación de la intimidad, Madrid, Cátedra, 1992.

DERRIDA, Jacques, El tiempo de una tesis: deconstrucción e implicaciones conceptuales, Barcelona, 1997.

DIMENSIÓN EDUCATIVA, “El diálogo en la educación”, Aportes 53, Bogotá, 2000.

MEJÍA, Marco Raúl, “La deconstrucción como ayuda para una nueva cultura escolar”, mimeo, CINEP, 1999.

 

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* Sociólogo - Investigador del CINEP. Magíster en Estudios políticos de la Universidad Javeriana, Coordinador de lo Educativo en el PDPMM. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

** Educador – Investigador del CINEP. Magíster en Educación Comunitaria de la Universidad Pedagógica Nacional.


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