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La educación ciudadana: un nuevo deber ser

Educação cidadã: um novo dever de ser

Citizen education: a new duty to be

Oscar Darío Forero Usma *


* Médico. Candidato a magister en Planificación y Administración del Desarrollo Regional. Docente-Investigador de la especialización en Comunicación-Educación de la Universidad Central.


Resumen

En este ensayo se presenta una primera sistematización de los hallazgos obtenidos al indagar por las vinculaciones entre la educación ciudadana y los discursos del desarrollo social. La primera parte del texto se centra en reflexionar acerca de los componentes básicos de la capacidad hegemonizadora del discurso del crecimiento económico; en un segundo momento se argumenta que la sinergia entre los conceptos de capital humano y ciudadanía permite la configuración de la educación ciudadana, como categoría que posibilita renovar la subordinación de discursos emergentes, alternativos y de oposición a la racionalidad productiva. A modo de pistas, en la última parte, se trazan brevemente algunas consideraciones para fundamentar nuevas indagaciones.

“Además, ¿qué sabemos de lo que hay más allá del absurdo?”
Ernesto Sábato
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El panorama señuelo

Ya se perfila en el horizonte la imagen del mañana que Jacques Attali en los albores de esta década vaticinó como el sendero humano del próximo milenio. Tierra prometida y oasis del confort para algunos, representación de la máxima deshumanización para otros:

“(…) hiperindustrial, en fuerte crecimiento, dominado por dos espacios rivales: el espacio europeo y el espacio del Pacífico2 (…) la economía mundial se animará por una demanda de objetos nuevos que cambiarán completamente nuestros modos de vida, y que yo llamo objetos nómadas, porque serán portátiles y permitirán cumplir lo esencial de las funciones de la vida sin tener ya lazo fijo (…) la democracia gana terreno. Y, con ella, se liberan las fuerzas del mercado, dejando entrever a los que acceden a él la imposibilidad de incorporarse a su vez al movimiento general del crecimiento” (Attali 1990:6)

Grandes avances en la producción de objetos nómadas en la comunicación y la alimentación, son los primeros cambios hacia este panorama anunciado; luego se harán más evidentes los de la salud y la educación, que hoy siguen siendo áreas de altos costos. También el ser humano “será algún día producido como un objeto, en serie, como lo son ya los animales que come o aquellos de los que se rodea. Esto es en cualquier caso lo que la lógica de la ciencia y la economía conduce a predecir” (Attali 1990: 27). En síntesis, con base en este augurio, se puede prever que, transmutando su apariencia, seguirá siendo válido el núcleo teórico del crecimiento económico: si una economía destina una proporción determinada de su ahorro para invertirlo, logrará aumentar la cantidad de recursos para asignar; si además se logra el máximo posible de condiciones para la competencia perfecta y el libre intercambio, esto llevará a mayor ingreso per capita y en consecuencia aumentará el nivel de consumo.

Son dos las vías principales a través de las cuales se va arribando a este polémico escenario. De un lado está «lo que invariable desde hace milenios, estructura aún nuestros comportamientos más inconscientes»: la construcción de formas sociales destinadas a ordenar la violencia que surge en cuanto nos damos cuenta que somos idénticos; primero fue el orden sagrado, luego el de la fuerza, ahora el del dinero. «Cada una de estas formas define un orden que corresponde a un cierto tipo de formas sociales. Estos se han sucedido alimentándose de las que les precedieron.» (Attali 1990: 14); nutriéndose de los ya constituidos se gesta el orden de la legitimidad, que incorporando represión y acumulación, sienta las bases de las nuevas formas sociales. De otro lado, la creciente incorporación personal y colectiva de la racionalidad económica, lo que hace cada vez más deseable, y demandable, la producción de objetos nómadas; pues desde la esfera íntima, la búsqueda de vida y goce, se idealizará en el uso de éstos.

Los contextos en los cuales se despliega este mutante discurso3 del crecimiento económico también se metamorfosean, van adquiriendo las formas adecuadas para el sentido del desarrollo que ya se incuba en la remozada perspectiva racional hegemónica. Boisier, en un intento por llamar la atención de los planificadores regionales y del desarrollo para que ganen las competencias teóricas y metodológicas que el futuro en ciernes exige, expone las características primordiales de las nuevas regiones. Ya, .el poder depende, no del tamaño, sino del control asimétrico de recursos escasos, algunos de los cuales ni siquiera son de naturaleza material”. No solo el tamaño, también otras nociones básicas que han fundado el concepto de región, como distancia y contigüidad, han empezado a cambiar vertiginosamente, .entraron en una fase de obsolescencia debido a la robotización, a la miniaturización y a la satelización (…) un bit de información puede producir en una región una operación económica de una cuantía mayor que el embarque de un navío con carga completa de productos tradicionales. (Boisier 1994: 20 - 21).

Ahora, el ideal de región es aquel que presente dos características simultáneas, organización compleja flexible y poco territorio: las llamadas regiones pivotales, que aprovechan oportunidades competitivas, implican el desarrollo de identidad particular y buscan el consenso poblacional para unirse con otras similares, contiguas o no, para conformar regiones asociativas destinadas a disminuir los costos de transacción. A su vez, las pivotales o las asociativas pueden hacer acuerdos específicos - tácticos o temporales - con otras, enfatizando en objetivos comunes sin diluir las identidades regionales, emulando las estrategias corporativas en boga, para conformar las así llamadas regiones virtuales (Boisier 1994: 22).

Desde una orilla se apuesta por la validez profunda de este camino, ya sea como arrebato fundacional, que confía en el desplazamiento definitivo de los demás metarrelatos para posicionar la industrialización como brújula4; o como optimismo científico y tecnológico, que acumula pruebas para demostrar que los límites al crecimiento siempre pueden dilatarse, distanciarse, abriendo el camino del progreso sin fin. Desde la otra se intenta rebatir, dentro de los límites disciplinares de la economía y allende estas fronteras, el reduccionismo que se hace de la vida compleja a la necesariedad y suficiencia del crecimiento material como motor de todo desarrollo social.

La estrategia del ave fénix

Esta tendencia a atraer y centralizar la discusión en sus categorías fundamentales, ya sea para adscribirse a ellas o para rechazarlas, es un componente básico de la capacidad hegemonizadora del discurso del crecimiento económico.

No es la primera vez que este señuelo se despliega. A este discurso económico racional dominante se le han opuesto otros, en diferentes contextos: Para señalar la inequitativa asignación de recursos que provee el crecimiento permanente5; para llamar la atención sobre el tipo de consumo que es esencial en la búsqueda de niveles mínimos de vida6; para mostrar que además de la oferta y la demanda son importantes las capacidades humanas (en el sentido de lo que se puede hacer y no de lo que se tiene) y llamar la atención sobre aspectos no económicos que influyen en el margen de dominio o derechos7; para redefinir el desarrollo centrándolo en las personas y no en los bienes, propiciando el auge y la autodependencia de lo local8; para evidenciar los límites naturales al crecimiento económico9. El propio Attali se inscribe en una línea alternativa que podría denominarse democrático - integradora10.

No obstante, a la manera del ave fénix, el discurso racional económico dominante ha subsumido en el ámbito de su dominio estos interrogantes. La caja negra de la producción parece seguir incólume11, las argumentaciones sobre el ingreso, el límite ambiental para el crecimiento y la calidad de vida que se oponían y tensionaban el argumento del crecimiento económico, han sido transmutadas como factores del capital: Capital humano, natural y social, que paradójicamente son piezas claves en el logro fundamental que se reclama desde las teorías del crecimiento, haber convertido los límites al crecimiento en crecimiento de límites y estar ad portas del futuro que ya comienza y nos anunciaron Boisier y Attali.

La identidad profunda de las dos orillas

Este simulacro de eterno retorno, logra visos de comedia dramática: En algún punto de una vasta oscuridad brilla una débil llama… hacia ésta, como polillas enceguecidas, se dirigen discursos que aleteándole intentan extinguirla, sin lograrlo; por el contrario los diversos corpus son asimilados por la flama, alimentándose de ellos; entonces se yergue, renovada, cobrando legitimidad un tiempo más. ¿Cuál es el secreto de esta atracción que parece inexorable?

Apelando a la abstracción podemos encontrar un núcleo común a las diversas perspectivas o experiencias que aspiran a explicar o lograr el desarrollo social, que puede enunciarse así:

En un contexto dado se concretan, o se podrían concretar, acciones orientadas, para lograr algo nuevo, o el crecimiento, ampliación, propagación de algo ya conocido, en un tiempo determinado.

El contexto puede ser traducido como espacio, territorio, región. Nociones diversas no sólo como definiciones previas, sino al nivel de la escala en la cual designan y, de acuerdo con las relaciones expositivas o explicativas de las cuales formen parte. Prima sin embargo un uso indiscriminado y sinónimo, las más de las veces modular: Cualquiera de estos términos se usa aquí o allá a condición que denote la inmovilidad aparente que evoca, lo dado o establecido que supuestamente caracteriza a aquello que representa; siempre que remita a algo demarcado, un retazo, un escenario geográfico en el cual acontecen las acciones, durante un tiempo, para lograr el algo que se persigue.

Acción, palabra movimiento que, por esta característica, ha ganado centralidad en el debate, en las elaboraciones teóricas y en los ensayos empíricos. Encarna, en apariencia, lo realmente importante, aquello sin lo cual el estancamiento deviene anunciando la regresión, el ir atrás, la muerte de la oportunidad. Esta es su segunda característica, se nos aparece en su doble condición de sueño y sendero: Encarna la promesa del nuevo horizonte, del algo que podremos tener, si seguimos un plan o unos mapas; a veces basta el plano, incluso la fórmula, aun el recetario puede ser útil. Entonces se desvanece la preocupación por lo que significa y la mayoría de elaboraciones, conformes con identificar estas dos connotaciones, se centran en ¿cómo acontecen en un contexto determinado para alcanzar o renovar el algo?, ¿qué o quién les da la fuerza y la dirección? Este panorama sigue siendo muy amplio, poco útil, para el pragmatismo común a estas diversas miradas, lo cual impele a delimitar con mayor precisión el campo del cuestionamiento: ¿Qué actitud asumir ante ese acontecimiento? Entonces lo realmente importante ya no son las acciones, sino la actitud humana ante ellas: ¿Dejar que transcurran espontáneamente, crear condiciones para que se den y desplieguen, intervenir para orientarlas, ordenarlas, diseñarlas, combinar diversas actitudes?

Algo puede ser renovado o aumentado, algo nuevo puede ser alcanzado. No es solo una promesa, es primordialmente una aspiración, pues su logro posibilitaría la felicidad, establecería condiciones para lograrla o, por lo menos, sería un peldaño o un tramo que la acercaría. Este algo se nos revela como la imagen primordial de lo trascendente y, por tanto, sintetiza la trama axiológica que da sentido al devenir. Es el referente para jerarquizar esa red de valores, la forma de priorizar nuestras posibilidades existenciales y definir las características de las relaciones en las cuales participamos.

Al proceso de aumento, ampliación o propagación del algo se denomina desarrollo. El contexto, lo actual, al igual que la imagen del mañana, lo que podrá suceder, comparten una configuración común, que puede describirse como la realización continua y simultánea de relaciones, con finalidades e intensidades diversas que en conjunto están subordinadas a un sistema de valores referenciales, por lo tanto implica jerarquización de estos acontecimientos, es decir lo social. El contexto es la forma social a desarrollar, el algo, es la forma social a la cual se aspira. Cada perspectiva12 entiende que en el nivel abstracto, ambas tienen los mismos constituyentes primarios, son escenarios para ordenar el acontecer (formas sociales), pero con contenido diferente, pues hacen énfasis distintos en este ordenamiento de los componentes primarios de lo social; al privilegiar la fuerza, el capital, el conocimiento o la información como ordenador de lo social, implican estructuras, funciones, categorías, nombres, artefactos y maneras de vivir y relacionarse diferentes.

El tipo de acciones orientadas al desarrollo, es decir de acuerdo con una aspiración o énfasis particular, se realizan en un contexto dado de manera progresiva y lineal en el tiempo. El pasado es fuente de información sistematizada y almacenada, que sirve de referencia para organizar las acciones que se realizan en el presente y están orientadas a aproximar el mañana, futuro cuya imagen es el horizonte que las atrae; este lapso del ayer al futuro puede ser corto o extenderse por largos períodos, de acuerdo con la preocupación o perspectiva de desarrollo; no obstante, casi siempre se asume como periodización particular de procesos mayores como el desarrollo de la ciudad, del campo, de la región, de las sociedades, de las naciones, de la humanidad. La cantidad y diversidad de información acumulada que se logre involucrar para realizar en el presente el proyecto de futuro define el contenido de la acción para el desarrollo social. La claridad en la imagen de futuro instaura el sentido de ésta. Y la cantidad de relaciones y contextos que se involucren simultáneamente en esta acción, define la velocidad y la amplitud del desarrollo.

Así, el pasado es al mismo tiempo fuente y puerto para zarpar (tiempo atrás fue punto de llegada) que se añora, a medida que se deja atrás, tanto como se desea superar; el presente es la nueva travesía, jornada, tránsito, que en sus inicios reproduce lo conocido, sin olvidar que su brújula es el futuro, salva obstáculos, recoge materiales extraños o conocidos que van haciendo parte de la nueva obra, trasforma su caminar, anunciando las formas del nuevo contexto.

Este recorrido por los núcleos teóricos en disputa, permite ver un contacto esencial e íntimo entre los diversos enfoques en aparente pugna: La metáfora del progreso, como imagen de desarrollo social que el discurso hegemónico de la racionalidad económica comparte con otras elaboraciones económicas y no económicas, que han pretendido confrontarlo y erigirse como alternativas fundacionales para reorientar el ejercicio humano. Además de esta imagen común, las diversas aproximaciones en discordia comparten la asignación de un privilegio, el de autonomizar «la «razón», la racionalización y por racionalización la cuantificación». (Castoriadis 1998: 5)

He ahí un primer boceto del secreto de esta atracción: las diversas formas del discurso hegemónico y las tendencias contrahegemónicas son manifestaciones de una misma naturaleza, comparten una identidad profunda desde la cual se despliegan.

La estrategia del Ave Fénix es posible porque, en un nivel más profundo, desde las dos orillas se da prelación a dos características que consideran constitutivas de lo humano. Se asume que la capacidad de razonar y el afán de progresar son características, no sólo intrínsecas, sino esenciales del ser humano. Este convencimiento obstaculiza la posibilidad de comprender el proceso histórico a través del cual hemos incorporado como fundamentales estas nociones, hasta transformarlas en referentes axiológicos prioritarios para la toma de decisiones personales y colectivas.

La emergencia del ciudadano y la posibilidad de formarlo

Ahora vivimos en la transición, aperándonos para acceder a la aparentemente, inevitable y progresiva instauración de esa premonición que Attali comparte, de ese algo que ya se insinúa: Un nuevo mundo en el cual el nómada de la élite podrá usar, y el de la periferia soñará con poseer, estos objetos que demandan tiempo para usarlos y permiten «creer que se compra vida»(Attali 1990: 26) No obstante al mismo tiempo que nos vemos ataviados con versiones diversas de los nuevos artefactos, la polifonía social se muestra, cada vez más, como característica inmanente de los diversos contextos que hemos territorializado: La evidencia de lo plural, lo heterogéneo y la multi-inserción son hoy ingredientes fundamentales en los procesos de construcción de identidad (Laclau 1987), además, delinean las características fundamentales de los conflictos sociales modernos. (Dahrendorf 1990).

El discurso de la productividad económica encuentra un nuevo reto, ya no es posible transar considerando tan sólo la racionalidad de los individuos y las empresas que los impele a maximizar beneficios, tampoco basta suponerles racionalidad limitada y considerar al desequilibrio como principal característica de los mercados a los que concurren; mantener la hegemonía en este nuevo mundo, que ya se incuba, implica dar cuenta de las necesidades múltiples y simultáneas de los seres humanos: nómadas en el tiempo y el espacio, pero también en su condición existencial; esto significa que, por lo menos, tienen la posibilidad de ejercerse simultáneamente como individuo, persona y actor.

El orden del dinero basta para dar forma al ejercicio individual; resonar desde esa legión que se ha denominado voz propia .es decir ser persona” puede involucrar gramáticas diversas que lo desbordan; la actuación política es incierta e inaprensible sobre todo cuando se habla de actores colectivos, multiformes y en permanente cambio13; para ordenar los escenarios derivados del ejercicio personal y político emerge una nueva forma social cuyo núcleo esencial es la lógica de la legitimidad que integra, subordinando, los órdenes de la fuerza y la riqueza o, lo que es lo mismo, las lógicas represivas y de acumulación.

En el nivel teórico, las categorías microeconómicas de agentes económicos racionales, consumidores y productores, que intercambian en condiciones de escasez e incertidumbre, se revelan insuficientes. En un nivel más concreto, se evidencian fallas de la invisible mano del mercado, que no pueden ser resueltas por la acción pública porque ésta también comporta fallas14. Los hallazgos conceptuales, tal vez más promisorios para el nuevo fortalecimiento del discurso económico del crecimiento son la categorización del capital humano y el redescubrimiento de la noción de ciudadanía.

Desde las dos orillas (en sus variadas expresiones) de la oposición que antes se ha descrito se incorpora en los andamiajes conceptuales la renovada categoría ciudadanía; se cuestiona y supera el carácter ortodoxo y restringido (Kymlicka y Norman 1996) que se le había dado en la segunda postguerra; cada perspectiva hace un énfasis específico para incorporarla en su particular armazón conceptual y en sus procedimientos de accionar político. El debate en torno al sentido esencial de la ciudadanía se puede esquematizar diciendo que desde algunas perspectivas se propugna por dar relevancia a su dimensión privada centrada en su potencialidad de otorgar derechos; desde otras posturas se realza la connotación de responsabilidad como condición fundamental antes que la pasiva de tener derechos; también se enfatiza en su íntima relación con la pertenencia a comunidades de intereses; hay quienes destacan su papel de potencial facilitador para la toma de decisiones colectivas.15 En lugar de tomar partido por una exclusiva significación, el enfoque del crecimiento, se queda con la polivalencia y ambigüedad de esta categoría. Este carácter comodín, permite que los humanos nómadas puedan sentirse siempre ciudadanos: Ciudadana o ciudadano simultáneo de múltiples comunidades territoriales y de significación, que tiene derechos (íntimos, privados, colectivos) siempre y cuando internalice ciertas reglas del juego. Unas veces convendrá ejercer una ciudadanía comunitaria que le dé reconocimiento entre los pares; otras será mejor concurrir como ciudadano racional al mercado o a la plaza electoral, en la arena política puede ser más conveniente ajustar la voz propia al margen de negociación.

Precediendo el debate en torno a la noción ciudadanía, se había acuñado el concepto capital humano. Paul Romer acometió la sistematización e integración de dos aportes relegados por la teoría económica: El planteamiento de Adam Smith que preveía cómo el aprendizaje se podría potenciar en la cercanía generada por el trabajo en grupo; la reflexión de Schumpeter, según la cual el verdadero motor del crecimiento era el empresario arriesgado que emprende una innovación, gana un monopolio temporal, mientras la innovación se difunde en lo público, generando condiciones para el surgimiento de un nuevo empresario arriesgado. Además, describe cómo la tecnología responde a señales de mercado. Con base en estos supuestos plantea que el conocimiento y la tecnología pueden considerarse variables que se potencian entre sí, generando un círculo virtuoso con posibilidades de permanente expansión. Las implicaciones políticas de este andamiaje señalan en dirección de crecimiento económico limitado.

En consonancia con este planteamiento, la innovación tecnológica exige niveles crecientes de cualificación, lo que tensiona los procesos educativos a todos los niveles (educación formal, formación profesional en ejercicio, educación no formal), propiciando la diversificación y profundización de los contenidos. A mayor cobertura y calidad educativa, mayores posibilidades de innovación tecnológica y de generación de ventajas competitivas, lo que posibilita mayor productividad y ampliación de oportunidades para el progreso16.

Combinar las potencialidades de estos dos conceptos, permite transitar simultáneamente en dos niveles; de un lado crear condiciones para la productividad en contextos de globalización altamente competitivos y, del otro, superar el paternalismo, conjugando las oportunidades del crecimiento con las oportunidades políticas: «El tema de la exclusión social y la pobreza necesita abolir la figura del necesitado al cual hay que darle ayuda, en vez de investirlo de derechos y dotarlo de capacidad de participación política» (Calderón 1997: 132). Esta combinación es posible, emulando el círculo virtuoso de la economía: el ejercicio ciudadano devela posibilidades educativas para ganar competencias ciudadanas. Así, la educación ciudadana, en el ejercicio directo o en los ámbitos formales, no formales e informales17 adquiere estatus propio.

Esta y la práctica de la planificación18, son dos de las acciones más eficaces en el despliegue del discurso desarrollista. La eficacia discursiva de la educación ciudadana deriva de su ambigua identidad. Se presenta como una herramienta recipiente que puede, en apariencia, ser llenada con cualquier contenido; sin embargo su forma instrumental surge en el ensamblaje de una gramática metodológica particular: Concertación, reglas del juego, asunción de roles, definición de prioridades, aceptación del consenso, cambio de actitud, escenarios del debate, adecuación del entorno, posibilidad de progreso. La puesta en circulación de estos morfemas básicos y de sus múltiples articulaciones, es una vía expedita para dotar al nómada humano de las competencias básicas para ejercerse alternativamente como ciudadano privado, ciudadano persona y ciudadano personaje.

Variados discursos que promulgan no restringirse a la dimensión económica del ser, se valen de esta dúctil herramienta, dándole contenidos «alternos»: educación popular, formación de dirigencias o de cuadros, educación comunitaria, educación alternativa, educación cívica, animación juvenil, son algunos ejemplos de un amplio muestrario. La confianza en lo inocuo del instrumento es tan espontánea, que pareciera derivarse de la calidez cándida que da la seguridad de lo conocido: el sentido profundamentecompartido del progreso conquistado en el ejercicio racional restringido, que los identifica con aquello que cuestionan o combaten.

Desde cada una de estas posturas se supone que el molde general de la educación ciudadana puede ser vaciado de su contenido opresor ideologizante y utilizarse como recipiente para transmitir sus particulares ideas de progreso y orden social, esperando cualificar la capacidad discursiva de los pares y permear la opinión pública como posibilidad de ganar legitimidad o, por lo menos, injerencia.

Se ignora o se subvalora toda la gramática discursiva que es la sustancia misma del molde y se despliega en las múltiples acciones educativas, familiarizando a los profesores y los alumnos, a los docentes y los dicentes, a los animadores y los participantes, a los cuadros y los colectivos con las reglas del juego del nuevo orden de la legitimidad, al mismo tiempo que los dota de competencias para actuar en éste.

Descentrarse, una pista para posibles búsquedas

Este polivalente ciudadano parece una caricatura del nómada desnudo que hemos sido; el olvido o la atrofia de las capacidades plásticas intr ínsecas para ejercerse integralmente en interacción continua parece querer remediarse ortopédicamente, colgándose cuantos artefactos sean necesarios para poder transitar en las diversas esferas que reconoce. El problema no son los aparatos sino el sentido restringido que se les asigna, derivado de la estrechez de mira que guía su ejercicio vital.

Mientras se privilegie esa idea de progreso como acumulación progresiva de fuerza, riqueza o conocimiento (guiada por la racionalidad autónoma que inventa el tiempo secuencial y los contextos objetivos para después convencerse de que esta representación es la realidad), los discursos alternos seguirán aleteando en torno a la flama, pues esta centralidad seguirá siendo la única posibilidad.

También es factible reconocer la vastedad de la oscuridad en la cual esta llama habita; es posible optar por habitar los umbrales, los bordes.

Ya existen algunos ejemplos: La meditación deconstructivista de

Derrida, como una apuesta por «decir cosas significativas sin importar a partir de qué punto de la tradición textual o de la lengua en que nos encontramos », practicando la filosofía «como encuentro y atención hacia nuevos sistemas metafóricos». También el trazado gadameriano que radicaliza la crítica a la pretensión objetiva y asume que la búsqueda hermeneú- tica «como teoría puede justificarse coherentemente sólo mostrando que ella misma no es, a su vez, otra cosa que una interpretación hermeneúticamente correcta de un mensaje que recibe del pasado, o en todo caso, «de otra parte » a la que, en cierta medida, ella misma pertenece ya siempre» (Vattimo 1992: 141 - 161). También, como otro ejemplo ilustrativo, vale considerar la opción de Edgar Morin, que muestra lo insuficiente del pensamiento predominante: Ante la evidencia de ser en la complejidad pretende que baste aproximarse simplificando para dar cuenta de lo fundamental de lo real. La vía de este autor es embarcarse en una aventura que reconociendo la complejidad de lo existente, intenta propiciar un pensamiento también complejo.

Es probable que el riesgo sea quedar atrapado en una retórica balbuceante que se pretende poliglota o, en peroratas metafísicas que subordinen la búsqueda o, en un laberinto generado por el sinfín de aproximaciones a lo complejo. La herencia moderna es tan fuerte que advierte los posibles desatinos de estas búsquedas y exhorta a considerarlas inútiles, irracionales o como débiles arrebatos de personalidades pusilánimes.

Con todo, es viable escoger este tránsito en los márgenes: Elegir la posibilidad, sin certeza, de ser preñado de sentido en el acto mismo de contribuir a sembrarlo, con el riesgo de perder el ancla, el cordón que lo mantiene unido a la seguridad de lo conocido, que hasta ahora ha sido la identidad misma.


Citas

1 En Entre la letra y la sangre - conversaciones con Carlos Catania-, séptima jornada.

2 Predice Attali la posible alianza entre asiáticos - principalmente Japón - y Estados Unidos.

3 A lo largo de este ensayo se usará el término discursos con la connotación que Escobar le asigna, retomando variados trabajos de Foucault, Deleuze, Guattari, entre otros; esto es: .Estos discursos no son necesariamente descripciones objetivas de la realidad .como en general se pretende- sino reflejo de la lucha por definir la realidad en cierta forma y no de otra. Estas luchas siempre están ligadas al poder, así sea sólo por el hecho de que de unas percepciones y definiciones dadas saldrán políticas e intervenciones que no son neutras en relación con sus efectos sobre lo social. (Escobar 1994: 139).

4 Al respecto, Gadamer plantea que «no podemos negar que la industrialización de nuestra sociedad se presenta a veces como una «religión» de la economía mundial y marca las tendencias de futuro.» (Gadamer 1996: 282)

5 Este fue el caso de los enfoques de empleo para el desarrollo social que propuso la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a finales de los sesenta.

6 Aspecto en el cual enfatizó la OIT, a mediados de los setenta con el enfoque de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI).

7 Estas dos críticas han sido expuestas en detalle por Amartya Sen.

8 La postura más beligerante ha sido la liderada por el CEPAUR (Max Neef, Helizalde y otros); también la propuesta de Desarrollo Humano del Banco Mundial ha realizado algunos aportes.

9 A finales de los sesenta varios científicos, principalmente biólogos y físicos, se dieron a la tarea de predecir el estrago ecológico que implica el crecimiento desaforado, lo cual dio sustento a la protesta que los movimientos de contracultura ya venían haciendo desde comienzos de la década; todo esto desembocó en el pronunciamiento vehemente, y argumentado matemáticamente, del Club de Roma (1971) para tomar opción mundial por políticas de cero crecimiento económico y poblacional como única medida para evitar la hecatombe mundial en el siglo XXI… Doce años después, los teóricos del crecimiento económico argumentan y muestran cómo es posible crecer los límites, gracias a la innovación tecnológica permanente.

10 Propone articular .un proyecto que de sentido al tiempo, conciliando modernidad y espíritualidad, enriqueciendo la libertad de cada uno y la de la especie entera (Attali, 1990, 91).

11 En realidad, los cuestionamientos (principalmente los referidos a empleo, capacidades humanas, niveles de consumo mínimos), lograron desplazar la mirada hacia otras dimensiones de la vida social; este desplazamiento, sin embargo, se ha dado en los términos del discurso imperante como ámbito de la reproducción.

12 La perspectiva hegemónica del crecimiento económico o las que se pretenden alternativas.

13 A propósito, es interesante la reflexión que hacen Luis Mauricio Cuervo y Josefina González en su reciente texto, sobre la insuficiencia de las categorías económicas para dar cuenta de la relación entre espacio y economía; en especial se hace mención de la complejidad que implica el comportamiento colectivo.

14 Este debate entre neoconservadores y estructuralistas se dio desde mediados de los setenta. De un lado los gobiernos neoconservadores, Reagan, Thatcher, Kohl, diagnostican una profunda y creciente distorsión del mercado, principalmente por fallas en la acción gubernamental y propician el diseño de un paquete de medidas - estabilización macroeconómica y ajuste estructural - que en conjunto se han denominado neoliberales y que desde el BM y el FMI se propusieron como lineamientos para la formulación de política en Latinoamérica. De otro lado, los estructuralistas las critican por no tener en cuenta la diversidad histórico - social de los países, la desventajosa inserción del subcontinente en la economía mundial y la persistente concentración del ingreso y la riqueza. Ha sido un fructífero debate que fortaleció el discurso del crecimiento económico, dotándolo de nuevos conceptos e instrumentos y, sobre todo, permitió encontrar vías alternas de cooperación entre Estado y Mercado, como las propuestas neoestructuralistas y neoinstitucionalistas que empiezan a desarrollarse a inicios de los noventa.

15 Diversas aproximaciones a estos debates han sido propuestas por muchos autores, ver por ejemplo Cortina 1995, Kymlicka y Norman 1996, Bárcena 1997, Calderón 1997, Miller 1997.

16 Una interesante crítica a esta tendencia por convertir la educación en «la reedición moderna de la piedra filosofal» y, particularmente, a «la relación tan en boga entre educación, progreso y crecimiento económico », puede verse en Sarmiento 1998.

17 Que incluyen diversos niveles, entre otros vale resaltar, la puesta en escena de concertación entre actores (en Colombia son de especial relevancia los procesos de formulación e implementación de la Ley 100 de 1993, salud, y la Ley 115 de 1994, educación), la renovación de los espacios de participación comunitaria y ciudadana y los juegos de simulación que propicia el gobierno escolar.

18 Arturo Escobar ha realizado diversas aproximaciones para señalar cómo en el ejercicio planificador se despliega el discurso desarrollista.


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