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La profecía de Flaubert: Rodrigo Parra Sandoval, el científico social y el novelista

A profecia de Flaubert: Rodrigo Parra Sandoval, cientista social e romancista

Flaubert's prophecy: Rodrigo Parra Sandoval, the social scientist and the novelist

Rocío Rueda Ortiz *


* Docente e investigadora del Departamento de Investigaciones de la Universidad Central. Sus dos campos de desarrollo profesional son: la etnografía educativa, a partir de su trabajo con Rodrigo Parra Sandoval, en .La Escuela Vacía., y el hipertexto como ambiente de aprendizaje, en lo cual viene trabajando los últimos años.


«Ningún estudio social que no vuelva a los problemas de la biografía, de la historia y de sus intersecciones dentro de la sociedad ha terminado su jornada intelectual»
Charles Wright Mills

«Lo fundamental es conocer al hombre dentro de la sociedad y de su historia, dentro de sí mismo, como él es, múltiple, contradictorio, perplejo, desbordado,


violento, hábil,
negador, a veces,
de su propia naturaleza»
Rodrigo Parra Sandoval

Sin pretender ser exhaustivos con la obra de Rodrigo Parra Sandoval, a continuación y a propósito del tema monográfico de esta Nómadas, se hace un reconocimiento a uno de los científicos sociales que ha construido, con su trabajo de casi treinta años, un fresco de la educación colombiana con sus matices y fracturas. Indudablemente es uno de los pioneros que opta por una ciencia social que retorna a la subjetividad creadora de sentido y logra sumergirse en el alma de la escuela, exhibiendo sus actores, sus espacios, sus relaciones, sus prácticas cotidianas, en fin, su particular cultura. El camino escogido, desde la etnografía, ha llevado a Rodrigo Parra a plantearse preguntas éticas y de sentido sobre el oficio de investigar y su función social, convocando a la creación de comunidades científicas, que permitan que el conocimiento sobre este país se democratice para que los que tienen menor oportunidad de ser escuchados, esto es, los marginados, los excluídos, los que hacen parte de la educación rural, urbana marginal y en general de la llamada educación pública y popular, tengan alternativas de llegar a ser ciudadanos contemporáneos. Invita también a asumir una actitud creativa y participante como lectores y a tener un espíritu imaginativo, que para él constituye el centro mismo del pensamiento científico.

Parece ser ilustrativo reconstruir la trayectoria vital de Rodrigo Parra Sandoval, agrupándola en cuatro mundos: el mágico, el religioso, el moderno y el posmoderno, buscando allí al investigador con sus pasiones, sus temores, sus crisis, en relación íntima con la ciencia social en el escenario sociocultural colombiano. En consecuencia, se ha tratado de hallar un hilo narrativo a través de fragmentos de entrevistas, artículos, sus textos de sociología de la educación y sus novelas, intentando encontrar el sentido de su obra. Es evidente que su labor en el campo de la literatura merecería un desarrollo independiente, sin embargo, aquí arriesgamos juntar, aunque de manera tangencial, esas dos caras porque ciertamente vemos en ellas al hombre que lucha por comprender este mundo cambiante, fragmentario y mestizo ’que lo habita y en el que habita’.

Primer mundo: lo mágico, entre la realidad, la imaginación y la fantasía

«Esta, querido primocordio, es mi palabrita entrecortada pero neblinosa»(Arnovio Filigrana)1

En Trujillo, Valle, un 28 de diciembre de finales de los años treinta nace Rodrigo Parra Sandoval, un niño tímido, flacucho y de ojos vivarachos que luego esconder á burlonamente tras las gafas. A su nacimiento confluyen dos procesos colombianos conocidos. El primero, del lado de su padre, es la colonización antioqueña y los fundadores de pueblos, emprendedores y empresarios, que vinieron a dar al Quindío. El segundo proceso, del lado de su madre, es totalmente opuesto, la descomposición de las familias dueñas de tierras e indios del Cauca, familias que emigran hacia la ciudad y pierden su naturaleza de señores hacendatarios. A esta mezcla se suma una migración en cadena, de pueblo en pueblo, hasta llegar a Cali. De su infancia hay sobre todo un recuerdo de la inestabilidad. Su padre se movía de un sitio a otro, cada cuatro o cinco meses, peleando por sobrevivir. En los recuerdos .entrecortados y neblinosos. de su primera infancia no está un lugar concreto, sino que existen muchos sitios y amigos que van pasando; hasta su llegada a Cali, ciudad donde vivirá su infancia y parte de su adolescencia. En esta época vivió tres hechos que marcaron su vida: el descubrimiento de la ciencia y la literatura a través de los comics, con su tío ingeniero, los viajes en tren y el amor de infante por una indígena guambiana en la finca de sus abuelos.

La ‘tienda de aventuras’: libertad, creación y desobediencia

«Los chorritos de viento que entran por la ventana enmallada abanican las historietas a color. Las piolas están clavadas en los extremos de cada pared y de ellas cuelgan los cuentos. Los banderines rojos del América y los verdes del Deportivo Cali adornan la ventana que da a la calle»2. Cuando cursaba los estudios de primaria, Rodrigo descubrió, entre otros, a Tarzán, a Superman, a Batman, al Fantasma, al Capitán Marbel y el Doctor Sibana que le mostraron unas historias fantásticas, de héroes, de inventos, de relatos asombrosos que habitaban sus pensamientos. «Se alquilan, venden, compran y cambian comics, cuentos y novelas. Siga usted. Supermán le da la bienvenida. Por sólo 5 centavos lea Ud. las aventuras de su héroe preferido». Decidió entonces con su amigo de estudios, Fabio Tovar, montar una tienda de comics: .la tienda de aventuras., un refugio donde, a diferencia de la casa y de la escuela, no estaba prohibido leerlos. Era sobre todo eso, un espacio de libertad, un espacio propio, donde todo gravitaba alrededor de las historias; primero fue su lectura y poco a poco se convirtió en una especie de taller literario en el que junto con otros niños del barrio escribían e ilustraban versiones propias de sus héroes.

Incluso, creamos un concurso de ‘comics’, pasando de la lectura a la escritura, y del pequeño grupo a uno más amplio, donde niños y niñas fueron jurados, todos tenían derecho a votar e hicieron una elección democrática… Pienso que la creación es un fenómeno que tiene que democratizarse3.

En particular, el personaje del Doctor Sibana y las historias de Julio Verne marcaron su gran interés por la ciencia. Este Doctor se inventaba cosas loquísimas como un aparato para filmar los sueños que se ponía en la cabeza y lograba grabarlos y reproducirlos a color. Esto le ocasionaba una emoción impresionante y sobre todo le llamaba la atención que Sibana hacía cosas consideradas desobediencias ante la sociedad, actuaba entre lo permitido y lo prohibido.

Además a Sibana le encantaba trabajar con niños y les inventó un tareómetro para que mientras lo acompañaban en sus experimentos, la máquina les hiciera sus tareas. Les contaba las vidas de los científicos y les decía por qué había que hacer cosas que no eran permitidas; todo lo que hace un científico o un creador es desobedecer el conocimiento que existe hasta inventarse algo nuevo, el ser irreverente con los grandes teóricos, a no dejarse imponer una manera de ver el mundo. Pero sobre todo les decía que lo que hace un científico o un creador debía ser un gran placer. En últimas era como una ética de la desobediencia, para ser científico, para crear, para inventar hay que ser desobediente, salirse del molde, inventarse su propia historia.

El tío y los viajes en tren: pasado y futuro, ciencia y tecnología, campo y ciudad

Pero también estaba otro gran personaje, al que podía ver de vez en cuando y acompañarle en sus viajes .interplanetarios. de Cali a Buenaventura, el tío ingeniero, hermano de su madre. Este tío que le evoca una imagen paterna, fué quien lo introdujo en el mundo de la ciencia y la tecnología, de cómo se construyen puentes, carreteras y vías para el tren. Era un ingeniero de la tradición del cubano Cisneros, de la época heroica de la ingeniería colombiana. Un día le dijo que lo necesitaba como secretario para un viaje de dos semanas que iba a realizar en una gasolinera4, para verificar el estado de la carrilera entre Cali y Buenaventura. La responsabilidad de Rodrigo, niño, era anotar en un cuaderno los datos que el tío le iba dando sobre los daños de los rieles, el kilómetro exacto, los cruces con los ríos, las caídas de piedras de las montañas. Por el camino le narraba la épica de la construcción del ferrocarril, también le habló de las locomotoras, cómo funcionan, cómo se clasifican, cómo viven las personas que trabajaban con los trenes. Se sentía apabullado, fascinado, como en un viaje con Buck Rogers o uno de los intergalácticos: tanta cosa, tanto paisaje y gente nueva ¿qué más podía ser? Ya en Buenaventura, asaltado por la presencia salada del mar en el aire, por la comida y por los negros de cuerpos y manos grandes, se topó con unas conversaciones cifradas entre su tío y ellos. No entendía su significado, pero las grabó en su mente, quizás para jugar con ellas y sus personajes de .la tienda de aventuras.: sindicato, poder negro, salario, huelga. Algo tenía que ver el tío con esas cosas y eso lo hacía aún más interesante. Estaba embriagado de tanta novedad, del yodo pegado a su piel, de la cerveza, de las palabras raras, del sopor del puerto, del paisaje. Sí, había pasado del olor a cadmías de Valle del Cauca al desvanecimiento de las montañas en un mar oscuro, imponente, salado.

De regreso, tomaron el tren y dejaron la gasolinera. El tío era tratado respetuosamente por el maquinista como el .doctor Sandoval. y Rodrigo, niño, se sentía feliz; su tío, en medio de planos, libros, mapas y gráficos representaba el futuro, el conocimiento, la ciencia. Le recordaba al doctor Sibana, a Flash Gordon y a Julio Verne; sí, era como uno de esos personajes que trabajan en megaproyectos, estaba viviendo lo que había leído: un viaje al fondo de la tierra o algo así. En la escuela le habían dejado de tarea leer María, de Jorge Isaacs y se propuso entonces leerla en el tren:

…y la estaba leyendo con emoción, hermosa me parecía, me arrugaba el corazón y recuerdo el momento en que Efraín regresa de Londres, porque María está muy mal, y viene por el mismo camino que yo traigo, sólo que él no lo hace en tren que en ésa época no existía, sino que lo hace por el río Dagua y después por la cordillera. Pero yo voy en tren y abajo veo el río y me doy cuenta que ese hombre cuya historia leo va en busca del amor, desesperado, apresurando a los bogas, con el corazón anudado de tristeza y yo, en cambio, voy en el tren con el corazón henchido de felicidad porque voy con el capitán de un gran navío, regresando del futuro. Miro los paisajes, siento el olor de las montañas e intento imaginar las sensaciones de Efraín.

En ese mismo viaje, estando en el hotel de Buenaventura, vió que a la piscina iban unas mujeres rubias, de ojos azules, altas, hermosas, con unos vestidos de baño chiquitos y que además hablaban un idioma extraño. Se juró eso que un día, cuando fuera grande, amaría y sería amado por una mujer del futuro, aunque le tocara aprender inglés. Esas mujeres estaban en el futuro. El viaje de Efraín era un viaje hacia el pasado, hacia la hacienda colonial, esclavista. El mundo era la libertad, una aventura: el pasado y futuro se habían juntado, la ciencia, la tecnología y el mundo social premoderno presente en un mismo tiempo, un tiempo mestizo.

Pasaba las vacaciones en una hacienda de sus abuelos maternos en Cajibío, Cauca. Allí vivían sus tíos con sus familias y también familias de indígenas guambianos a quienes les daban unos pedazos de tierra en aparcería.

Me llamaron la atención sus hermosos vestidos, su idioma, como un susurro y su actitud de subordinación ante los adultos de mi familia. Eran unos seres misteriosos, eran como el pasado, un pasado en el que en ese momento yo estaba viviendo. Había una niña guambiana que se llamaba María Jesús, que era la encargada de hacer los quesos, tenía la misma edad mía, quizás nueve años, y yo estaba locamente enamorado de María Jesús, chiquitica, mofletudita, de piernas regordetas, con su sombrero y su vestido variopinto y yo le daba dulces a escondidas de los otros. Era un amor de miradas. Un día yo andaba con el hermano de María Jesús trabajando en el campo. Hacía calor y él me dijo: vamos a la casa a tomarnos una chicha. Cuando llegamos a su casa, estaban el papá, los otros hermanitos y María Jesús, sentados fuera de la casa, con caras aburridas y yo ví que Vicente, mi amigo, se puso muy nervioso y se sentó junto a su papá. No supe qué hacer y salí corriendo para la casa a ver qué era lo que pasaba. Allí encontré a uno de mis tíos con la madre de María Jesús. Tuve que comprender de esta manera violenta que se trataba de una institución que se llamaba el derecho de pernada, que no incluía sólo la primera noche sino cada vez que lo desearan. María Jesús y yo habíamos sido novios de miradas durante tres vacaciones. Pero el descubrimiento de que mi familia ejercía prerrogativas medievales y de que la familia de María Jesús era la víctima de esas costumbres, rompió la inocencia de las miradas. Me llevó a preguntarme por la violencia que se agazapa en las entrañas de la sociedad premoderna.

En este primer pasaje, que se ha denominado el primer mundo: lo mágico, realidad y fantasía, están los primeros atisbos de lo que será la actividad creadora de Rodrigo Parra. Es llamativo cómo, por una parte, los intereses investigativos y la producción científica estarán permeados por la atmósfera cultural de la sociedad del Valle del Cauca en que creció: el valor social de la tierra, la explotación del indígena, la vida en una organización social premoderna, la vivencia del proceso de modernización de la región; la industrialización y su consecuente proletariado; el advenimiento de la cultura urbana; las migraciones y los cambios sociales y económicos .como la aparición de grandes poblaciones marginales, rurales y urbanas., entre otros fenómenos, serán temas de investigación social y, en particular, elementos de comprensión de su teoría del tiempo mestizo, y, a su vez, escenario en el que se re-crearán las .Historias del paraíso..

De otra parte, van emergiendo las motivaciones y los rasgos piscólógicos del investigador social y el escritor de novelas: un atento observador del mundo que le rodea, de las personas, sus actitudes y comportamientos; un ingenioso inventor de historias reales e imaginarias, un hombre con una sensibilidad particular que lo vuelca tanto a la comprensión de los otros, como a un constante monólogo interior.

Aquí está la semilla de donde nace su pasión por la ciencia y la literatura y, junto con ellas, el espíritu de aventura que conserva de manera vital el Rodrigo de hoy: .La literatura puede servir de muelle para el científico como ejemplo de valor de la imaginación para llevar una hipótesis hasta sus extremas consecuencias y el lenguaje de la lógica formal puede salvar al escritor del desgaste en que han caído palabras e imágenes. […] ¿Qué sentido tiene interrogarse hoy en día por la relación entre ciencia y novela.?5

«Los superhéroes se miran alelados, trambulequiados, apelotardados, bironchos, atarantados, se tocan la cumbamba, cumbiamba, chumbimbe, cuando de repente se oye una potente voz que dice: -Arnovio, ya es hora de cerrar, ya se fueron todos »6

Segundo mundo: el pensamiento religioso, el mundo del seminario

«Vivan Jesús y María. El presidente del Centro Literario Miguel Antonio Caro, de común acuerdo con el padre prefecto, convoca a un concurso literario de pensamiento para honrar el día de la madre. Los pensamientos deben ser cortos, de menos de cinco renglones, originales, es decir, inventados por el seminarista concursante y referirse a la madre y cantar sus bellezas y su misión. La fecha límite de entrega será el jueves anterior a la fiesta de la madre. […] N.B. Cada concursante puede enviar solamente un pensamiento»7

Rodrigo decide ingresar al Seminario, pues para él las historias que cuenta la Biblia son tan fascinantes y llenas de aventuras como las de los comics; tiene cosas mágicas, terribles, amores y pasiones, creación y muerte. El mundo de la ciencia y de la tecnología, pasan en este momento a un segundo plano y se dedica seriamente a participar y estudiar en el mundo religioso. Se presentó al Seminario Conciliar de Cali, regentado por los Padres Eudistas. La música, los cantos religiosos, el latín, el griego, las novenas de santos, entraron a formar parte no sólo de sus pensamientos sino de sus palabras, de su manera de expresarse y relacionarse con el mundo. Ser sacerdote era contar historias, era llevar la palabra de Dios. Hubo, entonces, en su formación secundaria, una acentuación en lo literario; de hecho, fue presidente del Centro Literario Miguel Antonio Caro, lo importante en este mundo era el dominio de la palabra. A Rodrigo todo ello le fascinaba. Su vocación no estaba en duda, su ánimo y entrega a las labores sociales del Seminario lo hacían un candidato perfecto para el sacerdocio.

«Si el pecado es condenable también lo es la llama que lo aviva: la imaginación. Algunos seminaristas no saben controlar su mente, son muy dados a divagar, a dejarse ir por senderos inconcebibles, a fantasear, a trastocar lo que ha sido correctamente ordenado en la realidad valiéndose de ficciones calenturientas y trasnochadas»8.

Sin embargo, algo empezó a no estar bien. Las reglas, los horarios, las verdades repetidas de memoria, la imposibilidad de tener un pensamiento libre, comenzaron a asfixiarle. El doctor Sibana le había enseñado la libertad del creador: el que quiere inventarse cosas tiene que ser libre y si no lo hace es un pobre esclavo de la tradición. Y su idea de Dios era la de un ser libre, que puede estar en todas partes, que no está sometido ni al tiempo ni al espacio y por lo tanto debería ser posible amarlo libremente. Poco a poco empezó a desencantarse, se dió cuenta que en la vida del Seminario sólo había un camino muy particular que consistía en perseguir la perfección. Un único modelo al que se debía imitar y parecerse tanto que debía dejar de ser él mismo. Este era un acto de violencia, de sacrificio de la propia identidad y de pérdida de libertad.

«La fantasía, amados seminaristas, es la puerta del horno. De allí nacen las utopías, de allí las sirenas, de allí las fementidas maravillas de Dios, porque allí sí la realidad le queda corta a cualquier fantasía. Dios es la fantasía más real y la realidad más fantástica. En ella debéis sumergiros»9.

Y tuvo su primera crisis generada por esta pérdida de libertad, decidió retirarse del Seminario y de la posible vida del sacerdocio:

entro en crisis por la naturaleza misma del mundo religioso que estoy viviendo. Tenía la certidumbre de que una de las condiciones que necesita tanto la ciencia como la creación literaria es la libertad. Ni un escritor, ni un científico, puede ser obediente, tiene que ser libre para imaginar, para crear e inventar. De otra forma será un simple repetidor de lo que los demás dicen o hacen.

De esta experiencia ganó en disciplina, en constancia, en rigurosidad en el tratamiento de la lengua, en habilidad para la interpretación de textos, en experiencia para acercarse a otros y comunicarse con ellos. Sin embargo, debía despojarse de sus creencias y opiniones anteriores y empezar de nuevo. Este tiempo había terminado y se le abría una nueva época: la ciudad, la ciencia y la razón.

A su personalidad imaginativa y a su capacidad de asombro se unen ahora una actitud y un estilo de razonamiento crítico e independiente, así como su pasión por la libertad y su sensibilidad social, mostrando así a un hombre que está en constante búsqueda interior, rompiendo con aquello que le ata y no le permite ir con libertad hacia donde su intuición le señala.

El tercer mundo: el pensamiento científico, lo racional y la ciencia social

«El temperamento mental, por lo que se refiere a la docilidad o carencia de la misma, al amor a la tradición o al deseo de novedades tiene también un profundo significado en la manifestación. El indócil, el proclive a la autonomía de la razón en el pensamiento, no es apto para ser maestro en la enseñanza de la fe, que se basa en la revelación inmutable y en el inefable magisterio de la iglesia»10

A partir de la crisis con el mundo religioso, basada en los asuntos de la fe y de Dios, Rodrigo da un giro hacia el estudio racional del mundo, a estudiar sociología y se viene a Bogotá a la Universidad Nacional. Pasa entonces, de intentar comprender el mundo desde Dios a intentar su comprensión desde el hombre, es decir, da el paso fundamental hacia la modernidad: la ciudad, el hombre, la razón y la ciencia. Retorna entonces al mundo de la ciencia, al que se había acercado en la .tienda de aventuras. y en sus andanzas con el tío ingeniero. La literatura por estos tiempos queda en segundo plano.

La universidad: entre lo sagrado, lo secular y hacerse un hombre moderno

Era como si le hubieran metido en un viaje por el túnel del tiempo; se había brincado seis o siete siglos de la historia de la humanidad, se encontró en una universidad, por los años sesentas, donde la gente hablaba de otras cosas, discutían fervientemente sobre política y sobre nuevas teorías sociales. Se sentía un hombre del pasado que se había quedado en el pensamiento de Santo Tomás.

«Por fortuna, decía Orlando Fals Borda, decano de la Facultad de Sociología, en mayo de 1961, ya una de las ciencias sociales ha roto tierra virgen y ha puesto las bases para una planificación integral»11.

Entre sus maestros se destacan Virginia Gutiérrez de Pineda, Camilo Torres, Ernesto Guhl, Eduardo Umaña y Orlando Fals Borda:

Yo viví el trompo del tiempo de una manera dramática. En la segunda clase de sociología que nos dió el profesor Fals Borda empezó a hablarnos de instituciones sociales, como la religiosa y nos dijo que debido a que el hombre no comprende algunas cosas, como la naturaleza, la vida interior, la necesidad de sentirse protegido, se inventa un ser que le ayude a explicarse lo que está sucediendo. La primera explicación fue mágica y por ese camino llega a la invención de Dios. Yo levanté la mano y dije: profesor, yo creo que es al revés y Fals Borda, con cara de sorprendido, me pregunta .¿cómo así Rodrigo, cómo así? . La clase se quedó en silencio por un momento y luego las carcajadas fueron soltándose hasta que no paraban de reír. Y yo no entendía por qué se estaban riendo, de qué se reían y me quedé como pasmado. Comprendí que entre el seminario y universidad había varios siglos de distancia y que acababa de dar un brinco en el trompo del tiempo.

Por este tiempo Rodrigo se dedica al pensamiento y a la escritura científica y a volverse un hombre moderno. Su tesis de pregrado, .Entre Dios y el pueblo., fue un estudio de las concepciones sociales y políticas de estudiantes de un seminario, mostrando allí un proceso de uniformización. Cuando ingresaban todos ten ían opiniones diferentes frente al mundo, a la vida, al papel social de los sacerdotes, a la política, pero cuando terminaban todos pensaban igual. Así, Rodrigo, desde su nuevo mundo, el de la ciencia, se vuelve a mirar hacia atrás, hacia el mundo religioso donde vivió su adolescencia.

¿Una ciencia social para la explicación o para la comprensión?

«Primero pensó con Nietzsche si el problema de Tarzán sería un asunto de superhombres. Luego se interrogó por el ser de su .ser ahí. en la selva siguiendo la guía de Heidegger. Después pensó si todo no sería cosa de llegar a convertirse en el espíritu absoluto de Hegel. O si estaría conflictuado por Marx, por la lucha de clases y su falsa conciencia animal. O si le andaría fallando la ética de Spinoza»12

Al finalizar los estudios viaja a los Estados Unidos, a la Universidad de Wisconsin y realiza sus estudios de maestría y el doctorado. Este período de ocho años estuvo dedicado, en sus dos terceras partes al aprendizaje de la sociología matemática, estadística, al funcionalismo, al positivismo. Inicia sus investigaciones sobre sociología de la educación en su tesis doctoral .Análisis de un mito., donde examina el proceso de movilidad social y las instancias sociales que lo promovían o lo estancaban en Colombia. Esta tesis fue muy debatida porque para la mayoría de sus profesores la movilidad social era un elemento resultante del desarrollo. Pero el caso colombiano era distinto, las estadísticas mostraban lo contrario. Andaba, pues, metido en el mundo de la cuantificación de lo social e influenciado por las teorías de Marx, Weber y Talcott Parsonas.

Un día estaba en la biblioteca de la universidad buscando información sobre las teorías sociológicas de los últimos treinta años y decidí descansar y ojear algunos libros en español. Sin pensarlo mucho me decidí a revisar los ficheros en orden alfabético. Me fui a la letra A. De pronto encontré: .Alegría Ciro,. El mundo es ancho y ajeno. Tomé el libro y me fascinó porque estaba trabajando con problemas agrarios. Encontré allí al universo del campesino peruano: el mundo indígena, mestizo, los problemas de la tierra, de los asuntos del poder; de los que yo quería hablar como sociólogo. Luego encontré a .Arguedas, José María.: Todas las Sangres, donde los indios no tartamudean sino que hablan poéticamente y luego Borges y Cortázar. Allí surgió la idea de que yo debía escribir mis vivencias del seminario y que en vez de intentarlo como sociólogo, debía realizarlo como literato. Caí en la cuenta que una de las grandes ventajas de la literatura sobre las ciencias sociales radicaba en poder meterse en el mundo subjetivo del hombre.

Ese verano se dedicó a lectura de novelas latinoamericanas, presentó su tesis, se graduó y regresó a Colombia a trabajar en la Universidad Nacional que se encontraba en un momento de alborotadas intolerancias teóricas. Se había ganado un premio que otorgaban diez universidades norteamericanas para financiar investigación en América Latina y se propuso entonces estudiar los barrios populares en Colombia, el mundo marginal, como se denominaba en aquella época. Pero la investigación debía ser aprobada por un Comité de Profesores y estudiantes. El resultado del dictamen fue que no podía realizar la investigación con plata .gringa.. Además, el tema de la marginalidad no era importante, lo fundamental era investigar el ejército de reserva colombiano. Una especie de inquisición contra la libertad de la investigación. Ésta tenía que estar sometida al escrutinio de la comunidad universitaria; las posibilidades de invención del investigador quedaban completamente anuladas debiendo subordinarse a la línea política, ideológica y teórica que aquélla determinara. Tal situación generó una crisis en Rodrigo y algunos de sus compañeros que abandonaron el alma mater.

Regresa a Estados Unidos y allí continúa leyendo literatura y haciendo investigaciones que tenían que ver con la educación en el mundo rural. En la Universidad de Wisconsin también se generó, entre algunos profesores una polémica por los trabajos que estaba desarrollando. Así es que vuelve a Colombia con la lección bien aprendida: .el proceso de investigación indudablemente tiene una inercia muy grande en sus planteamientos, en las teorías, en los paradigmas y si uno se sale de ellos empieza a tener problemas muy serios que tienen costos tanto en lo económico, en el prestigio, como con la amistad de los amigos o colegas..

Se vincula entonces al Departamento de Planeación Nacional y posteriormente al Centro de Estudios Económicos, CEDE, de la Universidad de los Andes, donde busca una línea diferente de trabajo en investigación que tiene que ver con procesos históricos, de más largo alcance, donde mezclaba el análisis de series estadísticas, para explicar la acelerada expansión escolar en el contexto de la modernización que vivía el país. Aquí empieza realmente su interés por mirar cómo es el proceso de modernización y dentro de éste la naturaleza de la educación, en particular, el fenómeno de su democratización, el cambio en el sistema urbano del país y las transformaciones en las estructuras ocupacionales, entre otros.

Al principio pensé que estaba trabajando bien, pero después me di cuenta que mis reportes estaban mal escritos desde el punto de vista de la narración de los fenómenos, usaba un lenguaje demasiado árido, demasiado técnico, preciso, me di cuenta que estaba trabajando con la concepción más tradicional de la ciencia clásica, buscando la univocidad de la palabra, su cuantificación, la demostración de hipótesis.

Y, aunque de alguna manera había avanzado al incorporar el análisis histórico y sociológico de la información proveniente de las encuestas y los censos con gran influencia de la economía, sabía que algo no le satisfacía de esa manera de hacer ciencia social. Por otra parte, la lectura de obras literarias seguía siendo intensa y durante este tiempo escribió .en secreto.: El álbum secreto del sagrado corazón, saldando así la deuda que tenía consigo mismo de contar y cerrar ese mundo de lo religioso que la ciencia, con su lenguaje objetivo no le había permitido escribir.

Posteriormente se integra al Proyecto de Educación y Desarrollo en América Latina y el Caribe, con la participación de entidades como la UNESCO, CEPAL y PNUD. Se radica en Buenos Aires e inicia en la segunda mitad de los años setentas una serie de investigaciones sobre la educación rural y la marginalidad colombiana. En 1966 publica La estructura social y el cambio en la tecnología agrícola; el caso de La Candelaria y más adelante realiza los estudios sobre la educación rural en la zona cafetera colombiana. Sus búsquedas estaban orientadas a comprender los elementos de la organización social que inciden con mayor fuerza en el desarrollo educativo, el papel que juegan los diferentes elementos estructurales en la conformación de los contextos sociales rurales. Se destaca allí la gran debilidad de la escuela como agente de modernización y, al mismo tiempo, su fuerza cuando entra a obrar dentro de contextos sociales que favorecen su desarrollo.

La sociología de la educación en el país se había centrado en el análisis de los grandes problemas estructurales y macrosociales que habían definido, hasta el momento, los términos de la relación educación y sociedad. En este sentido se logró un conocimiento relativamente extenso de la incidencia o participación de la educación en la dinámica social, expresada en la movilidad social, los procesos de modernización, el desarrollo socioeconómico y la participación política.

Realiza por este tiempo investigaciones sobre Las bases sociales para la formación de los maestros colombianos, La profesión del maestro y el desarrollo nacional con la colaboración de María Elvira Carvajal; Maestros de maestros con la coautoría de Leonor Zubieta y Olga Lucía González13; Marginalidad urbana y educación formal con Juan Carlos Tedesco14; y, cerrando este ciclo La escuela inconclusa con la coautoría de Leonor Zubieta15. Esta serie de estudios, algunos realizados en el Centro de Investigaciones de la Universidad Pedagógica Nacional, CIUP, y con el apoyo de Colciencias, aportan a un análisis del proceso de desarrollo colombiano y a la formulación de políticas globales de formación de maestros, distinguiendo el sector rural del urbano y las necesidades educativas de cada sector. Se analiza allí, por una parte, el proceso de diferenciación de las economías regionales y los cambios, modernizaciones y sobre todo las respuestas, que los contenidos curriculares de las normales y otras instituciones formadoras han dado a dicho proceso, señalando en ese momento que la supresión de las escuelas normales contribuiría a sumir las zonas de menor desarrollo en un mayor estancamiento y que la unificación de la enseñanza a partir de lo urbano industrial es una forma de discriminación para el campesino y una fuente de desigualdad social.

A diferencia de lo que sucede en los estudios más convencionales de la relación educación y sociedad, la investigación orientada por el propósito de reconocer la subjetividad quiere aproximarse al sentido que los hechos cotidianos de educar y educarse tienen en los distintos actores de la experiencia educativa.

La pintura que hacen los estudios de los Maestros colombianos, los relatos de Felipa y Floralba, desentrañan la labor docente desde la perspectiva de las mujeres maestras de las zonas rural y urbana marginal, sus conflictos, sus búsquedas personales, sus luchas en los puestos de trabajo, con la comunidad, con los estudiantes, e ir haciéndose mujeres, madres y maestras, todo al mismo tiempo. En este grupo de trabajos ya hay una fuerte resolución metodológica hacia la etnografía, disminuyen las tablas estadísticas, los cuadros comparativos y las teorías de la sociología del desarrollo y de la dependencia, son poco a poco reemplazadas por las .historias de vida., .las entrevistas en profundidad., .los diarios de campo. y aumentan las voces de los actores, de los maestros, de los estudiantes, de los padres de familia y junto a ellas la voz de los investigadores. Se empieza a hablar en el país de la importancia de caracterizar y reconocer la desigual imagen social que el maestro y la comunidad tienen de esta profesión, la función de la escuela, las formas del trabajo docente: profesional y tradicional, para adelantar políticas de formación y capacitación, más consistentes y acordes a la realidad16.

La decisión: una ciencia social para y desde el país

«La historia que voy a contarte, Micaela hija, y te llamo hija aunque sea tu abuela porque me sale decirte así, es ante todo una historia de amor. Te la cuento en silencio, sin realmente contártela, sólo contándomela a mí misma porque a los viejos nos da por hablar solos y porque es una historia terrible y tu no debes saber todavía que el amor es algo más que besos y suspiros»17

Esta inmersión en las historias de vida de maestras, estuvo acompañada, en el campo de la literatura, por cuatro novelas cortas, La amante de Shakespeare, La hora de los cuerpos, Un pasado para Micaela y La didáctica de Anibal Grandas, que corresponde dentro de las Historias del paraíso a la ciudad, las mujeres y la identidad. En ellas, se refleja el paso, en el mundo de la ciencia social, hacia lo subjetivo, manifestándose en historias autobiográficas de viajes a la interioridad de mujeres que se enfrentan a la modernización colombiana. El experimento, como literato, es tratar de ‘ser otro/a’; en la etnografía, es comprender la realidad, desde el punto de vista de los sujetos. Como lo dijera Kundera es un fantástico espionaje, un monólogo interior que nos permite averiguar mucho de lo que somos.

«Dijo que mientras el Filósofo Caleño exponía brillantemente sus ideas se le vino a la mente una imagen que había denominado .Los anteojos del filósofo.. Tu lees mis libros y los repites eficientemente en tus clases. A veces intentas mirar por medio de mis conceptos este país, vislumbrar el sentido de su cultura. Usas mis teorías como anteojos. Pero sucede que para tu propósito yo sufro de miopía y todo lo ves borroso. Eso mismo haces con el astigmatismo de Hegel y con la presbicia de Spinoza. Has aprendido a mirar con anteojos ajenos y eso te convierte en un pobre profesor de filosofía […] y cuando el Filósofo Caleño despierte entenderá, en medio de una intensa angustia, que en este país las facultades de filosofía se parecen más a una óptica que a cualquier otra cosa»18.

En suma, durante los setentas y mediados de los ochentas, una crisis que se venía gestando en Rodrigo desde sus épocas de pregrado en la Universidad Nacional se desata con intensidad. Por una parte, la total insatisfacción con el modo en que estaba realizando investigaciones desde la sociología del momento. Su trabajo con las agencias internacionales, la UNESCO y CEPAL, tenía contradicciones muy fuertes porque no se sentía totalmente dedicado a comprender la realidad educativa de este país; se sentía sometido a las teorías y a las políticas que estos organismos internacionales de financiación querían, ¿para qué le sirven estas investigaciones al país?, ¿de qué le servía aplicar políticas que eran iguales para el África y Asia?, ¿dónde quedaba lo particular colombiano? Ni las teorías de la dependencia, ni las de la reproducción social permitían mirar desde dentro la realidad colombiana, eran teorías prestadas .sentía una obligación social y ética de hacer investigación que descubriera los fenómenos nuestros y desde allí apostar por nuevas maneras para resolver nuestros problemas.. Ya, en Buenos Aires, el maestro Jorge Graciarena le había dicho, amorosamente, paternalmente, que veía la necesidad de que estudiara a Colombia con sus propios ojos y dejara de confiarse en los lentes que le proporcionaban los teóricos de la sociología.

Es una acumulación de crisis y reflexiones. La pregunta central por el papel del investigador lo lleva a tomar la decisión de abandonar el Proyecto de Educación para América Latina en el que venía trabajando y que seguramente lo habría llevado a vivir en algún bien remunerado puesto como burócrata internacional de la educación y opta por ser un investigador independiente y empezar en forma, en medio de la soledad y la recriminación de algunos de sus colegas, a estudiar el mundo escolar por dentro, esto es, desde la visión de sus actores.

La resolución de esta crisis tiene mucho que ver con Jorge Luis Borges. Asiste a las .Siete noches. ofrecidas por Borges en el teatro Coliseo de Buenos Aires en 1977: La Divina Comedia, La Pesadilla, Las Mil y Una Noches, El Budismo, La Poesía, La Cábala y La Ceguera. .Señoras y señores: Paul Claudel ha escrito en una página indigna de Paul Claudel que los espectáculos que nos aguardan más allá de la muerte corporal no se parecerán, sin duda, a los que muestra Dante en el Infierno, en el Purgatorio y en el Paraíso…. Y Rodrigo veía un hombre pequeño, hermoso, de cuerpo cansado, solo en ese gran escenario: .señoras y señores: los sueños son el género; la pesadilla la especie….19 Pero a medida que hablaba veía crecer a Borges, era un hombre plácido, pleno, hacía lo que amaba hacer. Este encuentro con Borges precipita la crisis y lo lleva a renunciar a Naciones Unidas y a buscar en Colombia el camino para llevar a cabo la investigación social que cree más eficaz y la escritura literaria. Borges le mostró que si no tomaba esta decisión nunca podría ser él mismo.

En fin, para que el hombre viva, Dios ha de morir. .Dios ha muerto. como fruto de la modernidad. Lo real es lo positivo, frente a lo quimérico o lo fantástico, lo real es lo dado en la experiencia, es lo preciso contra lo vago. El discurso de la sociología como ciencia naciente no puede ser otro que éste; concebida como una .fí- sica social. debería establecer las leyes que rigen el desarrollo social como el de un organismo vivo, desde una perspectiva de la dinámica social como progreso y del mantenimiento del orden y la estabilidad. Sin embargo, estas ideas tenían su reverso, el fuerte cuestionamiento de que la idea del progreso y la razón universal fueran posibles tanto en el plano teórico como práctico.

Adicionalmente, el ambiente científico y quizás podríamos hablar del .paradigma. predominante al que se enfrenta Rodrigo, provenía, en primera instancia, de Europa y Estados Unidos. Se pensaba que precisamente ese enfoque científico, positivo de la sociología, era aplicable a la solución de los problemas que retardaban el progreso del país, conjugándose así con el proceso de modernización. En segunda instancia, y a partir de la crisis del paradigma americano, el nacimiento de la Investigación-Acción, de la cual recibe gran influencia por sus trabajos con el maestro Orlando Fals Borda y la sociología de la dependencia, Rodrigo, junto con otros investigadores sociales, se plantean la función social de la ciencia en el país .de lado de las clases bajas . y la autonomía nacional como condición necesaria para el cambio, generando así un grupo disidente dentro del .paradigma. vigente.

Rodrigo vive las crisis por las que pasa la sociología misma, cuestiona la .objetividad. y la función social que cumple la ciencia en el país. Es indudable que a pesar de sus estudios, desde la perspectiva positivista, Rodrigo siempre se interrogó por si la metodología utilizada le permitía efectivamente comprender los fenómenos sociales y contarlos de manera adecuada, esto es, hay un dinamismo intelectual permanente que lo lleva a criticar su trabajo, replanteándose incluso el método, que deja de ser el centro de la actividad científica para convertirse en un camino que debe ser flexible, manejable de acuerdo a la pregunta, el tema o el problema que requiere ser comprendido. Esta intuición y luego certeza frente a su quehacer investigativo lo hace desde muy temprano .desobediente. .como le enseñara Sibana. con los paradigmas vigentes; lo lleva a romper, si era necesario, con grupos o comunidades científicas, para seguir auténticamente su búsqueda.

En consecuencia, el proceso de producción científica se opone a una visión lineal y de progreso y se descubre, en cambio, su carácter histórico guardando relación dialéctica con la tradición y a la vez con el desarrollo y el progreso. Esto, a su vez, hace que haya cierta continuidad entre las ideas, temas y problemas en la construcción del nuevo saber, es decir, como lo plantean Kuhn y Bachelard, hay tanto un ritmo acumulativo, de sedimentación paulatina de la ciencia, como un ritmo marcado por las crisis y rupturas, conformando tanto la biografía misma de la comunidad científica, como la biografía individual de los científicos.

En fin, .volverse moderno. no fue una simple cuestión de vivir en la ciudad, de incrementar su racionalidad y su conocimiento de la cultura de Occidente. Le significó estar en una constante vigilia tanto de las imágenes como de las fracturas de la época: la modernización no llevaba implícita la modernidad, esto es, a pesar de los desarrollos urbanísticos e industriales está inserta en la cultura un pensamiento premoderno; la sensación de que todo se vive y se tiene que hacer en un tiempo mestizo. La constante yuxtaposición de imágenes .modernas. y .tradicionales. (la forma de vida de la hacienda caucana, el tiempo premoderno del seminario y la vida de la Universidad Nacional y en las universidades americanas, p.e.) son el escenario vital y nutricio de las búsquedas que, desde la sociología de la educación, intenta comprender e interpretar Rodrigo Parra.

En este contexto los temas de la calidad de la educación y la cultura escolar son los nodos de fuerte debate y permanente escudriñamiento: los diferentes actores, ámbitos y contextos, lo micro y lo macro, lo escrito y lo no dicho; en fin, hay un intento de captar el fenómeno educativo colombiano desde diversas perspectivas y desde su complejidad sociocultural. El retorno a la subjetividad, a cómo los sujetos llegan a otorgarle significado a su experiencia en la cotidianidad, es el camino que elige tanto en la ciencia social, en particular con la etnografía, y en la literatura.

El cuarto mundo: el del pensamiento postmoderno, el tiempo mestizo, el caos, el desorden

«Hay algo en Gorospe que le hace recordar su infancia al Filósofo Caleño, la escuela en que estudiaba, la profesora de dibujo, una mujer plácida con abundante papada, ojos violentos que delataban la firmeza de las ideas fijas. Así han sido muchos de sus maestros: hombres y mujeres de ideas claras, inamovibles, que disfrutan la autoridad que confiere el aula. A esta mujer, y a los hombres y mujeres que son como ella, les debe lo que es: no ser lo que quiso ser»20

Hacia mediados de los ochentas y principios de los noventas hay otra serie de investigaciones que se sustentan tanto en una comprensión de la ciencia social como desde una teoría que venía conformando: la teoría del tiempo mestizo. Metodológicamente hay un desplazamiento cada vez mayor hacia la sinfonía de las voces que muestra diferentes matices de la escuela .por dentro.. Las veinticinco investigaciones y trece artículos publicados por Rodrigo Parra y colaboradores hasta 1990 en editoriales y revistas de Argentina, México, Colombia, Brasil y Estados Unidos, fueron reunidos en cuatro tomos bajo el título Escuela y Modernidad en Colombia21. El primer tomo incluye los trabajos que se refieren a Alumnos y maestros, el segundo a la Escuela Urbana, el tecero a la Escuela rural y el cuarto a La Universidad.

La preocupación central que orienta a estos estudios es la pregunta por la calidad de la educación, la cual es un asunto de la modernidad. La modernización del país es el suelo histórico que le da a la educación el sentido que tiene actualmente. La calidad entonces, es comprendida más allá de los exámenes y pruebas nacionales que aislan a la escuela de la sociedad soslayando lo que tiene que ver con la función social del conocimiento, y es mirada a través de la cultura escolar y el tiempo social:

«La cultura escolar se refiere a las formas de organización social de la institución escolar, a los valores, normas que la informan, al concepto y manejo del poder, de la participación, de la solución de conflictos, las reglas que rigen la violencia, las relaciones entre maestros y alumnos, la disciplina, la naturaleza del conocimiento y la manera de trabajarlo. La cultura escolar es tal vez el instrumento pedagógico más complejo y poderoso con que cuenta la escuela no sólo para llevar a cabo su trabajo en el campo del conocimiento, sino fundamentalmente para ejercer su labor de formadora de ciudadanos. …El tiempo social tiene que ver con el juego de las múltiples temporalidades que vive toda sociedad, con la velocidad con que se transforman las diferentes zonas, sectores, instituciones, grupos»22.

Estos estudios reunidos en Escuela y modernidad en Colombia recibieron el Premio Interamericano de Educación Andrés Bello de la OEA en 1990. En este período se puede decir que cada vez más los procesos investigativos giran hacia procesos formativos, esto es, a que los mismos actores construyan sus investigaciones, dejando el rol de .dadores de información. para que generen una conciencia sobre su propia experiencia de vida. En efecto, no sólo los que le han acompañado como coautores y colegas viven ese desarrollo formativo, ahora también noveles investigadores, maestros, normalistas y jóvenes, vivencian con Rodrigo una especie de .taller literario. a través de la etnografía en que con enorme paciencia, va creando los espacios para que sus coequiperos hilen sus propias interpretaciones, dando pistas sobre qué es lo que puede estar sucediendo, haciendo sugerencias metodológicas, asombrándose con los descubrimientos, riendo y sufriendo en los momentos de tensión y de angustia en medio de cientos de páginas de diarios de campo, entrevistas, observaciones. Como un artesano, va tejiendo la filigrana del descubrimiento: los conceptos, las categorías van emergiendo y la narración se va construyendo colectivamente.

Toda esta serie de trabajos lo llevan a dilucidar una serie de fenómenos, para los cuales Rodrigo acude a analogías y metáforas que le permiten pintarlos con mayor claridad. La fractura fáustica, la esquizofrenia escolar, la fractura pedagógica .Eco y Narciso., que muestra a la escuela como un ámbito esencialmente verbal, la fractura democrática, la fractura de la temporalidad y de la cultura escolar, señalan entre otros el letargo de la escuela frente a su contexto, la inoperancia del conocimiento fuera de ella, la incapacidad de comunicarse con los nuevos lenguajes y tecnologías. Pero en especial, la escuela vive en su interior la complejidad de la coexistencia de varios tiempos sociales .A este tiempo social donde habitan los tiempos de la premodernidad, la modernidad y la postmodernidad, los tiempos del atraso educativo, donde la personalidad de cada hombre y cada mujer ha sido horneada con el barro de estos tiempos al tiempo, podríamos llamarlo tiempo mestizo.23.

Este período tiene un carácter, como antes se señal ó, más formativo. En la Universidad del Quindío, bajo la orientación de Rodrigo, cuatro cohortes de maestros de postgrado en educación realizan sus propias investigaciones que luego fueron publicadas por la Fundación FES en la colección Vida escolar en Colombia. Después se publican allí trabajos de investigación educativa, coordinados por Rodrigo y hechos por maestros rurales y urbanos en el Valle, Tolima, Boyacá, Bogotá, Caldas y Cauca. Esto es, se genera un movimiento de democratización de la investigación y el investigador profesional experimenta un desempoderamiento ya que el centro de la actividad y autonomía investigativa pasa al maestro. Posteriormente surge el proyecto .Atlántida. como un intento de responder a la pregunta de cómo realizar estudios cualitativos, con mayor cobertura y cómo trabajar con adolescentes y jóvenes estudiantes en procesos investigativos .es decir, desde ellos, no desde el mundo adulto del investigador., .fue una experiencia hermosa porque vimos el proceso de crecimiento y de expansión del mundo de los jóvenes quienes tenían que desenvolverse en diferentes espacios y situaciones, nos inventamos una nueva narrativa en su investigación para que contaran su propia historia..

Esta experiencia de .Atlántida., rompe totalmente tanto con el modelo de interpretación teórica como metodológica de los trabajos anteriores. Se vinculan maestros de universidades, de colegios, jóvenes de 18 ciudades del país, donde los informes regionales son escritos por los mismos maestros y estudiantes. El equipo de investigadores coordinadores se une a esta pléyade de trabajos presentando su comprensión e invitan a otros profesionales del campo de la psicología, de la lingüística, para que desde sus puntos de vista, enriquecieran una comprensión de los fenómenos que allí se habían encontrado. El paradigma de la sociología del orden social, se quiebra; deja ver algunas cosas, pero los adolescentes y jóvenes demandan otra. De esta manera, acompañado por el equipo de la Fundación FES y por Elsa Castañeda, quien le acompaña desde hace ya bastante tiempo en esta aventura de crearse nuevos caminos de investigación educativa, deciden intentar una mirada de las ciencias sociales desde las perspectivas postmodernas, de la velocidad, del caos, del desorden, desplazándose entonces hacia el paradigma de la complejidad.

Este no fue un proceso fácil, fue doloroso, arduo, porque finalmente llevábamos metidos más de veinte años en el otro modelo de pensamiento. Esto implicó un cambio personal, en la manera de trabajar con los maestros, con la gente, para darles a ellos las herramientas para que fueran investigadores y pudieran adentrarse a su mundos vitales de otra manera. Hay que reconocer que los jóvenes sumergidos en ese mundo de la velocidad, de la fragmentación, del nomadismo, ellos se convertían ahora en potentes etnógrafos, con el lenguaje propio, para intentar comprender sus mundos.

Una década después de Ausencia de futuro y de Pedagogía de la desesperanza donde ya se había hecho una aproximación a los jóvenes del sector marginal y se había señalado que eran ellos quienes tenían una educación menos eficaz a pesar de ser quienes más la necesitaran, .Atlántida., genera un foro nacional en el que se debate sobre la naturaleza de los jóvenes colombianos, ganando el premio nacional de ciencias sociales de la Fundación Alejandro Ángel Escobar en 1996.

Vimos con emoción cómo los jóvenes y los maestros se apropiaron de sus trabajos y dieron entrevistas a la televisión, a la radio, participaron en seminarios, se sintieron orgullosos de lo que habían hecho. Un componente adicional es la creación de una base de datos cualitativa para que otros investigadores o interesados puedan consultarla y utilizar esa información. Los actores son investigadores; pero el lector también puede ser actor de la investigación, es, en definitiva, un desplazamiento en varias direcciones: en el lenguaje utilizado en la investigación para que todos tengan acceso a sus resultados y puedan entrar a formar parte de una comunidad científica más amplia; el cambio en los roles del investigador, esto es, su desempoderamiento; una búsqueda de una función social de la investigación en nuestro país; y, finalmente, en otorgarle el poder al lector para que sea actor y cree cosas nuevas a partir de los hallazgos de las investigaciones.

El estudio más reciente es el proyecto Génesis: innovación escolar y cambio social24; en esta investigación, acompañado por Elsa Castañeda, Marina Camargo y Juan Carlos Tedesco, se hace un análisis de doce experiencias que dan vida a una mirada alternativa de la innovación educativa. Aquí se entiende la innovación desde una perspectiva social, que asume el desafío de la modernización escolar, la necesidad de formar ciudadanos productivos y competitivos para un mundo en permanente cambio, que se mueve entre lo local y lo global. En este proyecto participan siete universidades del país. Aquí la pregunta no es cómo transformar la escuela integrándola al sistema de educación moderna, sino cómo ella, a veces desde lo marginal, desde lo excluído, se transforma y crea alternativas a su contexto.

El panorama que se muestra en este estudio es que un buen grupo de las llamadas innovaciones, mantienen al país en el atraso porque no favorecen un mejoramiento de la calidad de vida de todos; en algunas, por ejemplo, se beneficia una clase social, a la que no se genera una conciencia social. En cambio, se encontró que hay experiencias marginales, que sí han contribuido a generar esa conciencia y a transformar las comunidades; allí la escuela se nutre de los procesos y los conocimientos comunitarios, surge de la necesidad de la misma gente y retorna a ella.

Mirando hacia el futuro, Rodrigo Parra, junto con Elsa Castañeda y Juan Carlos Tedesco, vislumbran orientar sus esfuerzos hacia los siguientes aspectos: intentar dar respuesta al problema de los nuevos modos de conocer en el mundo contemporáneo; y seguir indagando por ese actor fundamental del mundo escolar que es el maestro, sus maneras de vivir hoy, el ser humano total y su relación con los niños y los jóvenes. Con este interés están llevando a cabo en la Fundación Restrepo Barco el proyecto La vida de los maestros, donde, con un propósito investigativo y formativo, maestros de cinco zonas del país escriben sus autobiografías. Se preguntan por quiénes son, no sólo como maestros, sino como actores sociales, seres afectivos, seres políticos, los hombres y mujeres escogidos para formar las próximas generaciones de colombianos.

En el fondo el propósito ha sido dibujar un fresco del mundo escolar de mitad de siglo hasta ahora, ya se han visto cosas, como la formación en la primaria, la secundaria, la universidad, la capacitación docente, las escuelas, los maestros, las políticas educativas, los jóvenes estudiantes, las innovaciones, pero faltan los niños y niñas, la familia y su relación con la escuela, estos temas se abandonaron, ¿cómo es el mundo de los niños, en el barrio, en la familia, en la escuela, cómo viven la violencia? Luego estaríamos listos con este fresco del mundo escolar colombiano para ir construyendo una teoría sobre la relación escuela-sociedad en Colombia y desde allí plantear derroteros al mundo educativo, los caminos, las urgencias que permitan transformarlo, hacerlo más eficaz y más humano, más cercano a las necesidades de este país de tiempo mestizo. Aquí se cerraría este ciclo. Luego buscaremos inventarnos otra cosa.

En el campo de la literatura, Tarzán y el filósofo desnudo y El informe a Julio Verne cierran las Historias del Paraíso: la ciudad y el tiempo mestizo, allí la estructura narrativa regresa y muerde la cola del Álbum Secreto, la fragmentación de los textos, los paisajes y esbozos, los pensamientos entrecruzados, pintan una topografía para que el lector juegue e imagine construirla. La idea del álbum, de los trozos de textos, de las mil historias contenidas en otras, dejan ver la influencia en Rodrigo de las teorías del caos, del desorden, a las cuales también acude en la ciencia social. La hipertextualidad en sus hipernovelas, muestra que esa fragmentación textual y esa flexibilidad de organización constante están en íntima relación con su forma de pensar y, sobre todo, con la naturaleza de la investigación social que venía realizando25.

Es evidente el reconocimiento que actualmente tiene la obra de Rodrigo en la comunidad científica nacional e internacional. La difusión de sus trabajos y las transformaciones implicadas en la enseñanza de la investigación no sólo ha generado un paradigma que se ha venido emulando en el país, particularmente desde las facultades de educación, sino que además ha venido generando una sensibilidad y una conciencia social frente a los actores de la escuela colombiana. Esta enseñabilidad de los resultados de la ciencia, cierra el ciclo del proceso de creación científica, de la relación entre ciencia y cultura, es decir, el investigador no sólo produce conocimientos, sino que además tiene un deber social: comunicarlos, enseñarlos a otros.

Hoy se percibe a Rodrigo con una visión reposada de la vida, pero no por ello nostálgica ni estática; por el contrario, permanece el inquieto investigador que busca nuevos elementos de comprensión y de interpretación de la realidad, nuevos caminos, avizorando problemas, con la certidumbre de que no hay nada terminado y de que siempre habrá que inventarse algo nuevo para superar el abismo de lo desconocido; en fin, apoyando, formando otros grupos de investigadores para que creen sus propios conocimientos, sus propios caminos de autocomprensión.

Para él, tanto el proceso de investigar como el de escribir son un viaje al interior de quien los realiza, un acto de invención y de sumo placer ante el descubrimiento. Ésta es su actitud ante la vida. Se teje un mayor acercamiento entre el mundo de la ciencia y el de la literatura en su obra, lo cual se evidencia no sólo en sus temas, en el uso del lenguaje o los .juegos del lenguaje. (las metáforas, la narración, la fragmentación), sino efectivamente en su apuesta de una mayor comunión entrambas como un camino que le permite aproximarse a la complejidad del hombre y de la mujer en la sociedad contemporánea.

La decisión intelectual hoy, en el campo de la investigación social y en el de la escritura está permeada por el discurso postmoderno de la volatilidad, de la fragmentación, de la desjerarquización, que intenta rehabilitar ideales modernos como la libertad, la autocrítica, la reflexión, la democratización del conocimiento. Sí, es un hombre mestizo en la piel, en el tiempo y en el pensamiento. Un hombre que ha creído en la investigación social y en la escritura ’de y desde’ este país del .Sagrado corazón..

Un epílogo para volver a comenzar: la profecía de Flaubert, el encuentro amoroso entre ciencia y literatura

Siempre he pensado que el ejercicio de crear con las palabras es el mayor placer que ha inventado el hombre, comparable solamente con el amor.

En fin, se ha intentado un recorrido por una topografía inacabada, se ha visto a un hombre que desde muy niño se asombra ante al mundo de la ciencia, la tecnología y el mundo social; ese niño que vuelve en forma de detective y crítico de su propia vida, que se divierte creando historias desde su actual .tienda de aventuras., que invita a otros para que creen con él nuevas cosas. Esta generosidad con el conocimiento, que quizás viviera de la mano de su maestro Orlando Fals Borda, llama la atención a las generaciones venideras de investigadores: como en una carrera de relevos, él ha abierto el camino, ha mostrado que la sociología como la literatura son una especie de conciencia del país, que no se puede olvidar la existencia de Marías de Jesús, Felipas y Floralbas; de jóvenes excluídos, marginados socialmente, a quienes si no escuchamos, les negaremos su propia historia, porque ’sin voz’no existirán. Como ya lo dijera el maestro Simón Rodríguez hacia 1828: .si queremos que en América haya Patria y Lengua, debemos evitar cualquier forma de deslenguamiento que consiste en un estrechamiento de las posibilidades de expresión, sea a través de palabras o de imágenes.26.

Cerremos pues el telón con un aparte del texto con el cual recientemente Rodrigo Parra ganó el Primer Concurso de Ensayo .Rafael Gutiérrez Girardot., en la V Semana Cultural de Colombia en México: «La profecía de Flaubert contiene una enseñanza y un desafío que nos lanza a través del tiempo. […] la necesidad de que los novelistas construyamos una conciencia ilustrada sobre el saber científico, es coger en las manos la bola de fuego de la reconciliación entre la ciencia y la novela. ¿Cómo vivir el atraso de nuestros sistemas educativos que nos han transmitido una noción rezagada de la ciencia, una ciencia anclada en paradigmas moribundos, una ciencia del orden, de la certidumbre, de la simplicidad, de la quietud? Me parece que el mejor camino es escuchar la profecía de Flaubert y aceptar su desafío. […] La novela humea ante nosotros, desafiante y misteriosa, como un nuevo mundo que es necesario explorar. La plurivocidad de la lengua de la ciencia se nos ofrece con ironía y hondura, como un moderno festín de Esopo. Es hora de sentarnos a manteles con Flaubert».


Citas

1 Rodrigo Parra Sandoval, El álbum secreto del sagrado corazón, Santafé de Bogotá, Plaza y Janés, 1991.

2 Íbid, p. 113.

3 De aquí en adelante los textos que no tienen nota a pie de página se refieren a fragmentos de las entrevistas realizadas a Rodrigo Parra Sandoval.

4 Pequeña máquina, parecida a un vagón de tren que funciona con un motor de gasolina y se desplaza por los rieles del ferrocarril.

5 Se recogen apartes de La profecía de Flaubert, con la que Rodrigo Parra Sandoval ganó el Primer Concurso de Ensayo .Rafael Gutiérrez Girardot. en la V Semana Cultural de Colombia en México, 1996.

6 Íbid,p. 85.

7 Rodrigo Parra Sandoval, El álbum secreto del sagrado corazón, Santafé de Bogotá, Plaza y Janés, 1991, p. 119.

8 Íbid,p. 91.

9 Íbid,p. 91.

10 Íbid,p. 59.

11 Gabriel Restrepo, El departamento de Sociología de la Universidad Nacional y la tradición sociológica en Colombia. En: La sociología en Colombia. Balances y Perspectivas. Memoria del III Congreso Nacional de Sociología. Asociación Colombiana de Sociología, Bogotá, agosto 20- 22 de 1980, pp. 21-50.

12 Íbid, p. 43.

13 Todos estos estudios están compilados en el libro: Los maestros colombianos, Bogotá, Plaza y Janés, 1986.

14 Colaboraron además en este trabajo Francisco Parra Sandoval y María Elvira Carvajal. Publicado en UNESCO-CEPAL-PNUD, proyecto Desarrollo y Educación en América Latina y el Caribe, fichas/14, Buenos Aires, Argentina, 1981.

15 Rodrigo Parra Sandoval, La escuela inconclusa, Bogotá, Plaza y Janés, 1986.

16 Hay en sus reflexiones conceptuales influencia de Peter Berger y Thomas Luckmann, Bourdieu y Passeron y, en América Latina, de los trabajos de Juan Carlos Tedesco y Germán Rama.

17 Rodrigo Parra Sandoval, Un pasado para Micaela, Bogotá, Plaza y Janés, 1984.

18 Rodrigo Parra Sandoval, Tarzán y el filósofo desnudo, Santafé de Bogotá, Arango editores, 1996, p. 129.

19 Jorge Luis Borges, Siete Noches, México, Fondo de Cultura Económica, 1981, pp. 9 y 35.

20 Rodrigo Parra Sandoval, Tarzán y el filósofo desnudo, Santafé de Bogotá, Arango Editores, 1996, pp. 41-42.

21 Rodrigo Parra Sandoval, Escuela y Modernidad en Colombia: la escuela urbana, Tomo III, Bogotá, Fundación FES, Fundación Restrepo Barco, Colciencias, IDEP y Tercer Mundo, 1996.

22 Rodrigo Parra Sandoval, El tiempo mestizo. Escuela y modernidad en Colombia. En: AAVV. la cultura fracturada, Bogotá, Fundación FES, Colciencias y Tercer Mundo1995, pp. 129-158.

23 Ibid.

24 Rodrigo Parra Sandoval, et al. Proyecto Génesis, Innovación escolar y cambio social, Tomo I y II. Bogotá, Fundación FES-Colciencias, 1997.

25 Una referencia a este tipo de fragmentación de la información y su relación con una forma de investigar, rastreada en la obra de Wittgenstein, se encuentra en: Liestol Gunnar, Wittgenstein, Genette y la narrativa del lector en hipertexto. George P. Landow (comp.) Teoría del hipertexto, Barcelona, Paidós, 1997.

26 Simón Rodríguez, Luces y virtudes sociales, En: Obras Completas, Universidad Simón Rodríguez, Caracas, 1975, vol. II, p.87.


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