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La formación de investigadores en la acción investigativa: la experiencia del Cinep (1972-1997)

The training of researchers in investigative action: the experience of the Cinep (1972-1997)

O treinamento de pesquisadores em ação investigativa: a experiência do Cinep (1972-1997)

Fernán E. González *


* Subdirector general y director de programas del CINEP, al cual ha estado vinculado durante 25 años como investigador en historia y ciencias políticas. Estudió Filosofía y Letras y Teología (Universidad Javeriana) como pregrado, Ciencia Política como posgrado (Universidad de los Andes) y realizó estudios doctorales en la Universidad de California, Berkeley. Actualmente es profesor en los Andes, ha enseñado también en el Externado de Colombia, Universidad Nacional (Bogotá y Medellín), Universidad Javeriana (facultades eclesiásticas y Cali) y en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (París).


Resumen

Aunque el CINEP, como tal, no tiene entre sus funciones directas la formación académica y práctica de investigadores, sin embargo en la práctica investigativa ha ido configurando un estilo de trabajo que lo ha constituido en una escuela de investigadores. Además, conviene aclarar que el CINEP no se dedica exclusivamente a la investigación académica, sino que combina la investigación teórica con la aplicada y con las actividades educativas y organizativas para colaborar en la búsqueda de una nueva Colombia, más democrática y pluralista, donde los conflictos y tensiones se resuelvan mediante el diálogo entre posiciones diferentes, en un ámbito público, que hace referencia a la interrelación positiva entre una sociedad civil fuerte y un Estado igualmente fortalecido. Como recuerdo de todos los esfuerzos encaminados a hacer realidad estos principios, este artículo quiere recoger esas experiencias como un homenaje a los investigadores que han ido construyendo este proyecto colectivo del CINEP a través de estos primeros 25 años1.


Un poco de prehistoria

Hace 25 años, el 30 de mayo de 1972, el Ministerio de Justicia reconocía la personería jurídica a la fundación Centro de Investigación y Acción Social, CIAS, como entidad que presentaba como objetivo “la transformación de las mentalidades y estructuras de la sociedad colombiana en un sentido de mayor justicia social, por medio de la investigación, la docencia y la acción, integradas e inspiradas en una visión cristiana del hombre.2. El 8 de octubre de 1976 se acepta oficialmente la enmienda que modificaba el nombre de CIAS por el de CINEP, Centro de Investigación y Educación Popular, que el equipo de entonces consideraba que representaba mejor la orientación de las actividades que se pretendían llevar a cabo.

Sin embargo, los orígenes más remotos de la institución se remontan a 1944, cuando el episcopado colombiano empezó a organizar la Coordinación Nacional de Acción Social, cuyas labores se concentraron fundamentalmente en la formación de dirigentes y asesoría a organizaciones como la UTC (Unión de trabajadores de Colombia), FANAL (Federación Agraria Nacional), UCONAL (Unión Cooperativa Nacional), la JTC (Juventud Trabajadora Colombiana), etc. En los años sesenta, se produce otro paso en esta prehistoria, cuando la Compañía de Jesús dedicó a varios jesuitas a especializarse en materias socioeconómicas y políticas en varias universidades del exterior. De esos años son las primeras publicaciones del CIAS, que recogían tesis de grado de sus miembros, investigaciones propias del centro y trabajos de análisis que buscaban apoyar el análisis sociológico y de evaluación pastoral en que estaban empeñados los jesuitas colombianos entre 1967 y 19703.

En la realización de este survey jesuítico, dirigido por Gustavo Jiménez y Francisco Zuluaga, colaboraron varios de los futuros miembros del CIAS-CINEP, como Alejandro Angulo, que acababa de graduarse en Sociología en Berkeley y César Vallejo, que terminaba su maestría de economía en los Andes. Como auxiliares en la sistematización de las encuestas realizadas entonces trabajaron varios estudiantes jesuitas de esa época como Francisco de Roux, Mario Calderón, Javier Sanín, Oscar Borrero, Luis Bernardo Peña, Augusto Acosta y el autor de este artículo. Este estilo de colaboración va a marcar una de las características del futuro CINEP: la formación de investigadores en y a través de la propia acción investigativa. De esta manera, la mayoría de los investigadores y educadores que han pasado por el CINEP deben buena parte de su formación académica al trabajo y a la reflexión interna dentro del propio CINEP.

Otro momento importante en la prehistoria del CINEP es la relación con el IDES, Instituto de Doctrina y Estudios Sociales, creado en 1968 por la Conferencia Episcopal Colombiana, cuya dirección y administración fue confiada al CIAS hasta 1971, cuando el Secretariado Nacional de Pastoral Social del episcopado asumió la responsabilidad total del instituto. En el IDES fue importante la presencia del jesuita francés Pierre Bigo (director del IDES entre 1968 y 1970), que venía del Centro de Acción Popular de París y había dirigido el ILADES (Santiago de Chile) y el IBRADES (Río de Janeiro), cuyas labores eran similares a las del IDES. Lo mismo que la labor de Alberto Jiménez Cadena como director ejecutivo del instituto y el apoyo de los entonces jesuitas Mario Calderón y Rodolfo Ramón de Roux. Otros colaboradores de entonces fueron Jairo Morales Nieto, experto entonces en cooperativismo, que llegaría luego a ser uno de los mejores conocedores del agro latinoamericano, ahora consultor de Naciones Unidas; el economista inglés Michael Mc Cormack; el filósofo y educador Luis Ignacio Morales, la socióloga Clemencia Chiappe y la economista Juanita Uribe. En esos años se iniciaba como periodista Oscar Jaramillo, “Teófilo Escribano”, con sus columnas en EL TIEMPO y EL PAIS.

Precisamente los comienzos del CIAS-CINEP propiamente dicho se deben a la diferencia de criterios entre los miembros del CIAS y los obispos de entonces sobre el enfoque de la formación de los llamados agentes de pastoral social. Los obispos pensaban que se debían formar clérigos y laicos para trabajar en la pastoral social de las diócesis, mientras que los jesuitas pensaban en crear agentes de cambio social, que transformaran las estructuras socioeconómicas y políticas. Por esta diversidad manifiesta de enfoques, el 9 de noviembre de 1971 la Compañía de Jesús renuncia al convenio con el episcopado y el CIAS empieza a existir como grupo autónomo. Este punto de divergencia marcaría profundamente la identidad interna del entonces CIAS, que se reflejaría luego en su actividad investigativa y educativa, que se iría a mover en una línea cada vez más pluralista y secular, nada confesional. Lo que llevaría a relaciones más fluidas con el mundo académico y universitario, acompañadas por algunos conflictos con el mundo eclesiástico.

El nuevo contexto de los años sesenta

Por otra parte, la diversidad de enfoques reflejaba igualmente una diversa percepción de la coyuntura por la que entonces atravesaba el país. En el final de los sesenta y principios de los setenta, Colombia estaba cambiando aceleradamente en sus condiciones internas y empezaba a salir de su tradicional aislamiento intelectual para encontrarse invadido por todas las corrientes del pensamiento mundial. Todo esto produjo una rápida secularización de las capas medias y altas de la sociedad colombiana y una profunda crisis de los marcos culturales e institucionales que expresaban la vida del país.

Por su parte, la Iglesia católica colombiana estaba asimilando difícilmente las enseñanzas del Vaticano II y de los documentos del CELAM en Medellín, cuya diferente lectura produjo una profunda división dentro de las Iglesias latinoamericana y colombiana. Esto presentaba un problema adicional: la jerarquía y clero no pose ían un instrumental teórico que les permitiera entender y asimilar positivamente los cambios que estaban ocurriendo en la sociedad colombiana, de manera que pudieran reaccionar creativamente frente a los nuevos retos que implicaban. Este desconcierto explica la radicalización de los sectores clericales contestatarios, “los curas rebeldes” de los sesenta, lo mismo que la incomprensión de los jerarcas frente a las opciones radicales de los primeros. De ahí la tendencia de los contestatarios a sobrevalorar acríticamente los aportes del marxismo, presentados generalmente en su versión más simplista, lo mismo que los análisis provenientes de la izquierda. Este contexto de mutuas incomprensiones y malentendidos enmarca la aparición de Camilo Torres y de los grupos sacerdotales de Golconda y SAL (Sacerdotes para América Latina). Muchas de las dificultades antes descritas entre jesuitas y obispos se debían a la cercanía de ciertos alumnos y profesores del IDES a algunos miembros de Golconda y a la simpatía por la figura un tanto mitologizada de Camilo Torres.

Hacia la búsqueda de una difícil identidad

En ese momento de ruptura, se pensó en la necesidad de una reorientación del trabajo social de los jesuitas: en 1971, el grupo de jesuitas del CIAS estuvo de acuerdo en que su principal acción debería ser una reflexión operativa y eficaz, que inspirara la acción transformadora de la sociedad y pusiera las ciencias sociales al servicio de la encarnación de su visión filosófica y teológica en la situación nacional. En términos políticos y económicos, el grupo de los jesuitas del CIAS consideraba que su papel podría consistir en hacer ver en qué podría residir concretamente el socialismo abierto y democrático, impulsado entonces por Antonio García, en el contexto del país, a la luz de la inspiración cristiana.

Pero no todo el equipo del CIAS estaba de acuerdo con esta opción, como aparece en las discusiones sobre el asunto, que trataban de mostrar su complejidad para superar la adhesión meramente ideológica, aunque había cierto consenso sobre la necesidad de una reforma radical en las estructuras socioeconómicas, políticas, religiosas y educativas.

En este énfasis sobre la necesidad de mayor complejidad en la discusión sobre el tema se destacaba el economista alemán Hermann Mohr, director de investigaciones del CIAS, cuyo análisis sobre la situación económica del país está recogido en su libro Economía colombiana: una estructura en crisis. Análisis del proceso reciente y perspectivas (1972). En torno a este trabajo se reunió un grupo de colaboradores, amigos y alumnos de Mohr, que preludian al futuro equipo económico del CIAS-CINEP, acompañados por otros estudiantes y jóvenes profesionales: Jairo Morales, Fabio Hernán Gómez, María Luisa Chiappe, Francisco De Roux, Armando Gandini y Augusto Acosta.

Las primeras investigaciones: Clientelismo y empresas comunitarias rurales

Paralelamente a esta discusión, se comenzaban a demarcar ya las líneas de investigación que iban a señalar la evolución posterior del equipo: el acercamiento a la lógica interna de los sectores informales y campesinos de la economía y el análisis de la política desde la perspectiva sociocultural y la mirada histórica de largo plazo.

Así, para implementar la línea que tenía como prioridad la organización de base se escoge el concepto de empresa comunitaria, como polo articulador de la investigación con la acción. Por ello, desde 1972 se inicia una investigación sobre empresas comunitarias campesinas, en pleno auge de la ANUC, lo que iba a repercutir en el interior del equipo y marcaría su evolución posterior. Se comienza evaluando las empresas comunitarias existentes para analizar las posibilidades del nuevo modelo en diversas regiones del país.

Por otra parte, se empezaba a diseñar una investigación sobre los valores políticos del pueblo colombiano, para buscar responder a su tradicional apatía política y las carencias ideológicas y organizativas de los partidos tradicionales. En formulaciones posteriores se fue precisando el tema, hasta que en junio de 1974 se presentó el diseño definitivo del estudio, que ligaba la apatía y el comportamiento de los partidos tradicionales con la tradición cultural del clientelismo, siempre en relación con la estructura social del agro colombiano.

Este entonces novedoso enfoque marcó un nuevo rumbo en el equipo, cuya coordinación estaba a cargo del antropólogo Néstor Miranda Ontaneda y del que hacían parte Alejandro Reyes, Jorge Valenzuela, Eloísa Vasco y el autor de este artículo. Los resultados de esta investigación pionera sobre el tema del clientelismo aparecieron en diferentes tipos de publicaciones del CIAS-CINEP: la parte más teórica e histórica apareció en Controversia, “Clientelismo, democracia o poder popular”, de Néstor Miranda y Fernán González en 1976, y “Constituyente I: Consolidación del Estado nacional. (1977). Los estudios de caso sobre Sucre, Boyacá y Tolima se publicaron en 1978, en forma de libros: Latifundio y poder político, de Alejandro Reyes Posada, Clientelismo y minifundio, de Eloísa Vasco y Producción arrocera y clientelismo, de Jorge Valenzuela. Estos libros fueron complementados por el de Germán Neira sobre economía campesina, que se basaba en las teorías de Alexander Chayanov.

El acercamiento al sector informal

Otra línea de análisis que va a caracterizar el enfoque investigativo del CINEP es el acercamiento a la lógica interna del llamado “sector informal” de la economía, que se inicia desde 1974, con el programa de empresas comunitarias urbanas, que se aproxima al análisis del sector informal desde una perspectiva de cambio social radical: se pensaba entonces que la organización económica comunitaria podría llevar a la superación del sistema capitalista. El apoyo a la creación de las empresas estaba acompañado de actividades de formación, formal o informal (administración, concientización sobre la realidad económica y política, sindicalismo, cooperativismo y organización barrial). El programa logró establecer 8 empresas productoras, que beneficiaban a 200 trabajadores del llamado sector atrasado de la economía. Pero más allá de estos beneficiados, el equipo logró un acercamiento más complejo al tema de la llamada economía informal, al descubrir los complejos entrelazamientos y relaciones que tenía con la economía considerada formal. Así, se terminó concluyendo que la política económica para sistemas autogestionarios tiene que articularse globalmente con todo un sector de la economía, que tenga incidencias globales en el nivel regional y/o industrial.

En la misma línea, en 1978, se realizó una encuesta en profundidad sobre 100 pequeñas empresas de cinco ramas productivas con el fin de estudiar las relaciones de producción dentro del sector informal de la economía, lo mismo que las formas de su articulación con el sector moderno. Con esta información y la experiencia de las empresas comunitarias, Ernesto Parra analiza varios de los rasgos del sector informal y concluye que es imposible que las empresas informales acumulen capital puesto que trasladan necesariamente sus excedentes al sector moderno. A partir de la información recogida en ambas experiencias investigativas, Bernardo Botero y Jorge Iván González elaboraron sus tesis de maestría en la Universidad de los Andes, en administración de empresas y economía, respectivamente. Jorge Iván González se había vinculado al CINEP, junto con Gabriel Garrido, desde que eran estudiantes de pregrado, como asistentes en una investigación sobre la UTC, que coordinaba entonces Manuel Uribe.

Esta experiencia investigativa sobre el sector informal fue aprovechada ulteriormente, en 1979, para que el CINEP elaborara una consultoría para el PMUR (Programa móvil urbano y rural del SENA-Holanda) sobre el papel del sector informal en el desarrollo global de la economía informal. La consultoría fue realizada por Fernando Rojas Hurtado, Alicia Eugenia Silva Nigrinis y Gilberto Gómez Arango. En las etapas iniciales de discusión teórica colaboraron Luis Ignacio Aguilar, Jorge Salazar, Jorge Iván González y Gabriel Garrido ; los dos últimos contribuyeron también en fases diversas de la recopilación y sistematización de la información.

En un momento de reflexión ulterior, en 1991, Francisco de Roux y Bernardo Botero recogen y analizan el sentido de su experiencia en las empresas comunitarias, que consideraban insertas dentro de un intento serio de preparar la transición a una nueva sociedad. Tal vez por esto, las empresas comunitarias resultaron sospechosas de subversión durante la ola represiva de 1979 y algunos de sus miembros fueron perseguidos, acusados de pertenecer al M-19. Por ello, se resolvió desvincular el experimento del CINEP y crear en 1981 una nueva entidad, CORFAS (Corporación Fondo de Apoyo de Empresas Asociativas), para aprovechar la experiencia acumulada.

En esa reflexión posterior, muy autocrítica, se concluye como falso el supuesto de que la experiencia de producción comunitaria desarrollaba casi automáticamente unos valores colectivos contrarios a los imperantes en una empresa capitalista. Una experiencia micro no podía quebrar valores vigentes en el conjunto de la sociedad: la interpretación de la realidad social que expresaban los trabajadores de las empresas comunitarias no hacía sino reproducir una realidad deformada por los valores dominantes en la sociedad.

Por otra parte, en 1995 Francisco de Roux termina, en un documento sobre la situación de los trabajadores populares en una economía abierta, invitando a abandonar los mitos de los años sesenta y setenta, que llevaron a soñar en ámbitos productivos alternativos, que no se someterían a la lógica del sector moderno capitalista por moverse en una lógica de resistencia, al margen del mercado, que anunciaba proféticamente un mundo autogestionado, desinteresado y austeramente autosuficiente. Y señala la necesidad de mirar a los sectores populares como insertos, desventajosamente, en la totalidad de la economía, que funciona como un continuum, de naturaleza dinámica, un universo de circuitos de producción e intercambio de bienes y servicios.

Pero, además de las lecciones sobre el llamado sector informal y sus relaciones con el conjunto de la economía, el proyecto de empresas comunitarias urbanas aportó en el CINEP una importante discusión interdisciplinar sobre el concepto de investigación-acción participativa. Así, en 1978 Guillermo Hoyos colaboró, desde la epistemología, con Ernesto Parra, Francisco de Roux e Isabel Aguirrezábal, para una reflexión sobre la lógica de este tipo de investigación. La línea de reflexión epistemológica en Ciencias Sociales era impulsada en el CINEP por Guillermo Hoyos, cuyo esfuerzo cristalizó en varios seminarios nacionales e internacionales en torno a las relaciones entre epistemología y política, la crítica al positivismo en ciencias sociales y el sujeto como objeto de las ciencias sociales. En esos seminarios, realizados en colaboración con CLACSO, COLCIENCIAS, la Fundación Friederich Naumann y la Sociedad Colombiana de Epistemología, participaron Guillermo Hoyos, Carlos Federici, Jesús Alberto Valencia, Luis Enrique Orozco, Clemencia Chiappe, Aracely de Tezanos, Luis Alberto Restrepo, Salomón Kalmanovitz, Fernando Rojas, Alfredo Molano, Carlos Alberto Uribe y Elías Sevilla, entre otros. Además, los seminarios de nivel latinoamericano contaron con la participación de Franz Hinkelammert, Angel Flisfich, Augusto Serrano, Luis Silva Santiesteban, Jean Paul Margot, Rigoberto Lanz, Félix Gustavo Schuster, José Arthur Gianotti, Francisco Miró Quesada, Carlos Strasser, Guillermo Rocha, Brún Silva y René Antonio Mayorga, ente otros.

Los seminarios de discusión interna

El intercambio y reflexión interdisciplinares sobre las experiencias del equipo va a ser otro rasgo característico de la investigación y formación de investigadores en el CINEP. Los programas internos de seminarios, tanto de todo el CINEP como de cada uno de los respectivos equipos, resultaron ser un método excelente de formación de investigadores. Algunos de los temas fueron la lectura comentada en común (.una lectura ingenua”, según algunos), de El Capital de Marx, el análisis de la coyuntura del país en lo económico, social y político y la cuestión del desarrollo urbano. Además, se tenían seminarios internos de los equipos, para discutir sus respectivas temáticas4.

En el seminario de tres años (1976-1979) sobre la lectura de Marx, dirigido por Guillermo Hoyos, confluyeron muchos investigadores internos y externos al CINEP, como Luis Alberto Restrepo, Fernando Rojas Hurtado, Víctor Manuel Moncayo, Luis Enrique Orozco, José Fernando Ocampo. Esta reflexión sobre las categorías marxistas de pensamiento culminaría en un número especial de la revista Controversia, con ocasión del centenario de la muerte de Marx, en el que participaron Víctor M. Moncayo, Rubén Jaramillo, Luis Alberto Restrepo, Isaac Illich, Guillermo Hoyos, Fernando Rojas y Francisco de Roux.

En la recopilación de las actas del seminario interno, colabora como asistente de investigación Mauricio Archila, que realizó también la compilación e introducción del libro que recoge los debates realizados en el CINEP sobre la temática Estado y Capital, en torno a las ponencias del profesor inglés John Holloway. Archila se vincularía luego a la investigación sobre los orígenes del sindicalismo, enfatizando los aspectos de cultura e identidad obrera. Esta investigación estaba vinculada al apoyo del trabajo de educación sindical y trabajo popular, que insistía en la necesidad de recuperar la memoria histórica de la clase obrera. En esa línea, en 1986 Archila recopilaría las visiones teóricas del marxismo sobre el sindicalismo y haría un balance de las huelgas durante la presidencia de López Michelsen. Después de sus estudios doctorales en el exterior, Archila publicaría algunos avances de la información y reflexión realizadas para su tesis. Controversia publicar á sus estudios sobre Barranquilla y el río (1987), la cultura radical de Barrancabermeja (1986) y la memoria obrera en Bogotá y Medellín (1989), que constituyen el preámbulo de su obra sobre identidad obrera, que recoge su tesis doctoral, publicada por el CINEP en 1991.

El final de los setenta: problemas campesinos, análisis coyunturales y derechos humanos

En 1979, ante la crisis interna y el reflujo de la organización campesina, el departamento de Trabajo Rural resolvió reorientar su labor hacia el fortalecimiento de la organización de base y el campo educativo. Sin embargo, se continúa con cierta labor investigativa: entre 1978 y 1979, Salomón Kalmanovitz, Alejandro Reyes y Diana Medrano realizaron un estudio sobre Transnacionales y Agroindustrias, que mostraba cómo se estaba configurando una nueva división internacional de la producción alimentaria, que se reflejaba en un cambio de estrategias agrarias del Estado colombiano. Este proyecto hacía parte de un estudio de nivel latinoamericano, realizado conjuntamente con el CETRAL de París, dirigido por Gonzalo Arroyo, sobre la degradación de las capas populares y los derechos humanos en América Latina.

También se publicaron en 1979 los resultados de una investigación sobre el papel de la producción parcelaria dentro de las formaciones sociales capitalistas. En 1984, Alicia Eugenia Silva realizaría una investigación sobre las condiciones laborales de las mujeres floristas y de las empleadas domésticas, con la colaboración de Consuelo Corredor y Mireya León como asistentes de investigación.

En 1981 se inicia un trabajo con campesinos fiqueros de Santander y un análisis histórico de la ANUC, Asociación Nacional de Usuarios Campesinos. Además, la ayuda de la Fundación Ford permitió al CINEP publicar una serie de ensayos sobre la problemática campesina, que permitirían revitalizar el interés por los problemas rurales. Con una introducción de William Ramírez, Darío Fajardo, Absalón Machado, Piedad Gómez, María Cristina Salazar, León Zamosc y Pilar Gaitán, ofrecerían una buena visión de conjunto sobre los problemas campesinos. La reactivación del interés por este tema se hizo patente en el trabajo investigativo de León Zamosc, Cristina Escobar, Silvia Rivera, Juan Guillermo Gaviria y Diana Medrano, cuyos resultados produjeron la mejor visión de conjunto que se ha producido en el país sobre la historia de la ANUC. En esta investigación, se evidencia el proceso de formación de jóvenes investigadores, recién graduados, que se vinculan a un proceso con colegas más experimentados, para luego salir a realizar estudios de posgrado en el exterior.

A partir de enero de 1979, se configuró un equipo de trabajo en medios audiovisuales para reforzar el trabajo de educación popular en este campo. Además del trabajo educativo con comunidades urbanas y rurales, se inició un proyecto de investigación sobre la interpretación de la información transmitida por los medios masivos de comunicación. Este equipo estaba compuesto por Jaime Heredia, Pedro Santana, Vanessa Marmetini y Hernando Martínez Pardo. Esta metodología se aplicó a la información de prensa sobre las alzas del costo de vida, de la gasolina y el transporte. Entre 1982 y 1984, la actividad del equipo derivó hacia el estudio de lo popular en los medios masivos, lo mismo que al estudio del impacto de la televisión en la formación de opinión pública. Esta línea de reflexión e investigación conduciría a una investigación sobre el lenguaje de la telenovela en Colombia, realizada por Clemencia Rodríguez y Patricia Téllez, publicada en 1989.

A partir de las labores del equipo rural, en 1979 se empieza en el CINEP la reflexión sobre la problemática de derechos humanos, con una ponencia sobre conflictos rurales y derechos humanos en Colombia, elaborada conjuntamente entre Alejandro Reyes, Orlando Fals Borda, Apolinar Díaz Callejas y Adolfo Triana, para un seminario internacional. Otro de los primeros avances del CINEP en esta materia fue una reflexión conjunta de Alejandro Angulo y Guillermo Hoyos, con Pierre de Charentenay y Gabriel Ignacio Rodríguez, en 1980.

Hacia el uso alternativo del derecho

La línea de derechos humanos, que iba a caracterizar el trabajo posterior del CINEP, también aparece ya en el trabajo del Consultorio Jurídico, que se llamaría más tarde CENDEP, Centro de Defensa Popular, liderado por Carlos Vasco. Ahí se genera también otra línea de investigación, que se abre por esos años, relativa al “derecho alternativo. y la reflexión sobre el uso político del derecho: al lado del trabajo práctico se realizaban reuniones mensuales de evaluación y reflexión y se adelantaba una investigación sobre el papel de la legislación de Estado de sitio en el proceso represivo de esos años. Esta combinación de trabajo práctico jurídico con reflexión teórica constituye un buen ejemplo de construcción grupal de conocimiento y de formación de abogados-investigadores a partir de una práctica concreta, que pretendía usar el derecho en favor del cambio social.

Esta línea encontraba cierta resistencia en otros miembros del equipo, que, desde una perspectiva más teórica, inspirada en la Escuela de la derivación lógica del capital, negaban al derecho la posibilidad de este uso alternativo. Esta visión contraria a la alternativa estaba representada por los escritos de Víctor Manuel Moncayo y Fernando Rojas Hurtado. La confrontación de las dos líneas produjo un interesante seminario sobre teoría crítica del derecho, donde se revisaron textos clásicos (Pashukanis, Stucka, Edelman), confrontados con autores más modernos (como Foucault, Deleuze y los hermanos Basaglia) y los autores clásicos que se debatían en el CINEP de entonces (Marx, Rosdolski, Kant y Hegel). La mayoría de los jóvenes integrantes de este equipo (Juan Jaramillo, Germán Palacios, Eduardo Rodríguez, Luis Javier Orjuela, Olga Lucía Gaitán, Víctor Manuel Uribe, Leopoldo Múnera) viajó luego a continuar estudios de posgrado en universidades del exterior, lo que, junto con los cambios de perspectivas en derechos humanos y en el uso alternativo del derecho, significó el desplazamiento teórico del CINEP hacia corrientes consideradas eclécticas por la ortodoxia marxista.

Recientemente, en 1995, Camilo Borrero ha recogido la experiencia de estos años de trabajo en materia de derecho, que se ha prolongado a través de una investigación sobre el acceso de las masas populares a la justicia, que realiza el CINEP con otras ONGs. Por parte del CINEP trabajan en ella el mismo Borrero, con el antropólogo Andrés Salcedo, con el apoyo de otros miembros del CINEP vinculados a la Escuela de derechos humanos y al trabajo barrial.

Los años ochenta: Observatorio político, el trabajo urbano y los servicios públicos

Parte de las reflexiones sobre el estado de sitio aparecieron publicadas en 1981 y 1983 por parte de varios abogados que iniciaban entonces su carrera como investigadores y que serían luego muy conocidos por la opinión: el futuro vicefiscal Adolfo Salamanca, con José Luis Aramburo, y Gustavo Gallón Giraldo, hoy director de la Comisión Colombiana de Juristas. Gustavo Gallón se había vinculado al CINEP para realizar un observatorio sobre las relaciones entre los militares y el Estado colombiano, y el seguimiento de la evolución del Estado colombiano, particularmente las relaciones entre ejecutivo y legislativo. Esas investigaciones aparecieron publicadas entre 1982 y 1984, en varios números de la revista Controversia, y otros materiales inéditos, como el análisis de la actividad del Congreso, en términos del paso “De la función legislativa a la función legitimadora”, realizado en 1981. En Controversia No. 105, realizada en 1982 con la colaboración de Germán Palacios y Miguel Rozo, se presentan los cambios de las relaciones entre Estado, gremios económicos y trabajadores como ampliación de la concertación entre ellos. Años más tarde, Gallón retomará esta perspectiva para explicar la política económica entre 1980 y 1985. Ya en 1991, a propósito de la discusión de la Constituyente, produjo una propuesta de modificación a la legislación de Estado de sitio.

Al equipo del observatorio político estuvieron vinculados como asistentes de investigación Nancy Vallejo, Germán Palacios, Luis Javier Orjuela, María Emma Wills y Gonzalo De Francisco. Las contribuciones de este equipo al seguimiento de la coyuntura política se reflejan en las revistas Panorama y Qué pasó, con las cuales el CINEP quería hacer llegar sus planteamientos a un público más amplio, que son el antecedente de Cien días vistos por el CINEP, cuya fundación y orientación inicial estuvieron también a cargo de Gustavo Gallón. A través de la discusión colectiva de los artículos sobre la coyuntura se trató de crear una metodología de análisis, en torno a la cual se fue creando un equipo de analistas, compuesto por Camilo Castellanos, Julián Vargas, Ricardo Vargas, Eduardo Matyas, Elsa Blair, Fabio Sandoval, Francisco Reyes, entre otros.

Otra iniciativa importante surgida a partir de este observatorio político fue el Coloquio sobre Alternativas Populares en Colombia, en 1987, organizado por Gustavo Gallón, con la colaboración del P.Horacio Arango, hoy provincial de los jesuitas colombianos, con el apoyo de la fundación Participar, el IEPRI de la Universidad Nacional y el Centro Colombiano de Estudios Europeos. El evento, que contó con la presencia de 110 participantes buscaba hacer un balance de “la inconformidad popular en Colombia”, que se reflejó en un arco iris de posiciones y de información supremamente valioso para el futuro historiador que quiera entender los años sesenta y setenta en Colombia.

A partir del trabajo directo en los barrios populares, en 1983 se empezó a recopilar información sobre políticas estatales de vivienda urbana, proyectos de reforma urbana, mecanismos de control del precio del suelo y legislación urbana en general. Y se inicia entonces un grupo informal de trabajo como instancia de consulta para una investigación sobre esas políticas. Componían ese grupo Hernando Clavijo (Externado de Colombia), Samuel Jaramillo (CEDE-UNIANDES), Adolfo Izquierdo (CIDER-UNIANDES), Santiago Fandiño y Carlos Zorro (SENA-CIID), Jorge Enrique Vargas (Planeación Nacional), Diego Yepes (Planeación Distrital), Francisco Reyes (Dimensión educativa), Angela Guzmán (Universidad Nacional), Rodrigo Quintero (FEDEVIVIENDA) y Víctor M.Moncayo (CINEP), entre otros. Con el apoyo de COLCIENCIAS, se creó entonces un equipo de investigación sobre las políticas estatales en torno a la vivienda popular, que se presentaba “íntimamente ligada con las actividades educativas”. El equipo estaba coordinado por Hernando Clavijo y compuesto por Samuel Jaramillo, Javier Giraldo y Santiago Camargo.

La producción de este equipo se refleja en las revistas de esos años (1982-1987), dedicadas al barrio popular, a los UPAC y la autoconstrucción, las reivindicaciones urbanas y los movimientos cívicos urbanos, a veces vistos en relación con el desarrollo regional. Desde una perspectiva más ortodoxamente marxista, aparecen los libros de Víctor Manuel Moncayo sobre las relaciones entre espacialidad capitalista y políticas urbanas del Estado. Con una perspectiva más pluralista e interdisciplinar se realizaron varios seminarios de discusión sobre la problemática urbana actual en Colombia y el problema de la vivienda popular. Más recientemente, en los noventa, se retoma la temática urbana desde la perspectiva de la descentralización y la construcción de democracia local: Mauricio Katz, Vicente Zamudio, Marta C. García y Natalia Paredes emprenden el seguimiento de la descentralización electoral, fiscal y en salud.

Vinculada al trabajo urbano, aparece también en esos años (1983- 1990) la reflexión sobre los movimientos cívicos y populares, que es contemplada desde perspectivas diversas por Fernando Rojas Hurtado, Marta Cecilia García y Beltrina Corte con Camilo González Posso. Un intento de análisis sobre los movimientos sociales ante la crisis en Suramérica fue realizado en 1986 por este equipo, que publicó, además, un balance de los movimientos cívicos en Colombia; se publicó en 1985 un balance de los movimientos populares en Colombia, que recogía contribuciones de Fernando Rojas Hurtado, Camilo González Posso, Santiago Camargo, Mauricio Romero, Carlos Salgado y Leopoldo Múnera.

También relacionada con el trabajo urbano surge la investigación sobre servicios públicos domiciliarios, que van a marcar mucho la historia ulterior del CINEP. La reflexión sobre el problema de los servicios públicos se inicia desde 1985 con unos estudios introductorios de Fernando Rojas Hurtado y Jorge Iván González, seguidos por un trabajo posterior de Luis Mauricio Cuervo, en 1989, que lideraría la investigación de un equipo dedicado al tema. Así, en 1989, Luis Mauricio Cuervo, Samuel Jaramillo y Jorge Iván González unirían sus esfuerzos para producir una reflexión, tanto teórica general como sectorial, sobre los servicios públicos domiciliarios urbanos. Y en 1990, Samuel Jaramillo y Oscar Alfonso publicarían un balance de las realizaciones y limitaciones del acueducto y alcantarillado en Bogotá. Y en 1991, el equipo, compuesto por Luis Mauricio Cuervo, Samuel Jaramillo, Oscar Alfonso, María Mercedes Maldonado, Pedro Ignacio Bernal y Rubén Jaramillo publicaron un informe sobre el servicio del agua en el país. Además, en 1991 el equipo publicaría informes sobre los servicios de acueducto y alcantarillado en Barranquilla y Barrancabermeja. Finalmente, en 1992 Luis Mauricio Cuervo haría un balance histórico del servicio de luz eléctrica mientras que Samuel Jaramillo realizaría en 1995 una historia de los servicios públicos en Colombia.

La reactivación de la investigación macro estructural

Desde 1983, surge en el CINEP un intento de compactar el grupo de investigadores en torno a la reflexión común y el debate público de los grandes temas nacionales. Este grupo, liderado por Francisco de Roux, se congregó tanto en torno a la discusión interna sobre los temas que cada investigador desarrollaba, como alrededor de debates públicos y talleres populares, realizados generalmente en la sede del CINEP. Para preparar estos debates, cada investigador deber ía preparar un documento ocasional, que debería discutirse previamente con los demás investigadores del equipo. Este funcionamiento produjo 17 documentos ocasionales durante 1983, varios materiales para la revista Controversia y acercó al equipo a una concepción más común de los problemas, produciendo una reactivación del interés por la investigación macroestructural sobre los grandes temas nacionales.

Así, entre 1981 y 1986 Moncayo y Rojas analizaron el informe Bird- Wiesner, y los problemas tributarios; Francisco de Roux se dedicó al estudio de los problemas del empleo y desempleo urbanos; Luis Jorge Garay hacía sus primeros acercamientos al problema de la deuda colombiana, mientras que Fernando Tenjo se encargaba del estudio de la crisis financiera y Salomón Kalmanovitz se ocupaba de analizar la recesión de entonces. El autor de estas líneas se ocupaba del caudillismo latinoamericano, el pensamiento de Bolívar, las relaciones Iglesia-Estado en el siglo pasado y las contradicciones entre clientelismo y descentralización tributaria.

Además, en 1986 el equipo realizó un análisis de conjunto sobre el plan de desarrollo del gobierno Betancur y algunos de sus miembros (Kalmanovitz, De Roux, Garay) participaron con otros académicos (Gabriel Misas, José Antonio Ocampo, Eduardo Lora y otros) y algunos personajes de la vida nacional en un debate sobre la deuda externa colombiana. En el equipo colaboraban también algunos jóvenes investigadores como Carlos Salgado y Luis Javier Orjuela. Salgado se inicia en el CINEP como asistente de investigación de Salomón Kalmanovitz, que estaba redactando entonces su texto de Economía y Nación, publicado en 1985. Esta conformación del equipo, interdisciplinar e intergeneracional, es otra experiencia de formación y educación continuada en la investigación.

Un análisis académico a partir del trabajo de Armero

Otro trabajo investigativo a partir de la acción organizativa fue el realizado por Rosario Saavedra, que aprovechó la experiencia de participar durante cinco años (1985-1989) en el programa de reconstrucción dirigido a los sobrevivientes de Armero, para allegar, desde una mirada sociológica, mucha información sobre el manejo de desastres. Una vez terminado el proceso de reconstrucción, Rosario Saavedra decidió aprovechar la experiencia acumulada para realizar una tesis de doctorado en el Instituto de Altos Estudios de la Universidad de París, bajo la dirección de Christian Gros y Francisco de Roux. Los estudios en París le permitieron un toma de distancia frente a la experiencia. De esta manera, la tesis resultante, que tomó como sujeto de la investigación a los distintos actores sociales, fue considerada por los jurados como un aporte al análisis del modelo social que surge como reacción a la catástrofe, cuyo funcionamiento refleja bastante lo que era la sociedad antes del drama de Armero. También permitió acercarse críticamente al proceso de reconstrucción del área, publicado en 1996 por el CINEP, mostrando cómo las políticas adoptadas para la reinserción respondían a un esquema de modernización que no tenía en cuenta a las víctimas como sujetos sociales. Además, los jurados señalaron la originalidad de los aportes de la tesis y su utilidad para la acción de ONGs en situaciones de desastre y riesgo.

Un acercamiento desde el largo plazo a las violencias y al narcocultivo

A partir del Programa por la Paz de los jesuitas colombianos, se fue viendo la necesidad de una investigación y reflexión que diera sentido a las actividades en pro de la búsqueda de paz e iluminara los fenómenos de las violencias colombianas desde una perspectiva macroestructural y de largo plazo. Así, a comienzos de 1988 se constituyó un equipo interdisciplinar para analizar las condiciones objetivas y subjetivas de las violencias, que terminó siendo coordinado por Fernán González, y estaba compuesto inicialmente por los historiadores Fabio Zambrano y Fabio López, la economista Consuelo Corredor, la abogada María Teresa Garcés, la comunicadora social Amparo Cadavid y el filósofo Darío Restrepo. Luego se vincularon al equipo la antropóloga María Victoria Uribe, el sociólogo José Jairo González, la socióloga Elsa Blair, el politólogo Mauricio García Durán y el economista Mauricio Romero.

Las hipótesis iniciales, que recogían la discusión previa del grupo original de participantes, fueron recogidas por Fernán González en un documento ocasional, de agosto de 1988, que se convertiría en una especie de matriz de los diferentes subproyectos de la investigación. En ese documento ya aparecían conceptos como fragmentación y privatización del poder, precariedad del Estado, debilidad de la Sociedad civil y cultura de la intolerancia, que marcarían el desarrollo de los trabajos ulteriores. En ese proceso, la confrontación de hipó- tesis e informes parciales de cada uno de los miembros del equipo y la discusión de los autores que se habían referido al tema de la violencia, fue creando un espacio de acercamiento común al tema, que respetaba las iniciativas y diferentes enfoques de las disciplinas de cada investigador, pero que iba creando una especie de escuela de pensamiento y de investigación, en la que todos los investigadores, viejos y jóvenes, aprendíamos los unos de los otros.

Este intercambio se vio reforzado por la necesidad, impuesta por las agencias financiadoras, de escribir una revista que fuera divulgando paulatinamente los resultados parciales de la investigación. Se fundó así la revista Análisis. Conflicto social y Violencia en Colombia, de la que aparecieron 5 números, entre 1988 y 1992, dentro de la serie de documentos ocasionales del CINEP. También se contribuyó con varios números de la revista Controversia, entre 1989 y 1990, dedicados a los problemas agrario, colonización, configuración político-jurídica del país, cultura política, modelos de desarrollo etc, como trasfondo de las violencias. Los resultados de la investigación, recogidos en la colección Sociedad y Conflicto del CINEP, publicada entre 1992 y 1993, ilustran la metodología del acercamiento al fenómeno de las violencias: un acercamiento global macroeconómico e histórico-cultural de largo plazo, se ve complementado con varios estudios de caso de regiones particularmente violentas (Sumapaz, Magdalena Medio, zona esmeraldífera de Boyacá, Bajo Cauca, Medellín) y una mirada global a las relaciones con las fuerzas armadas y a los procesos de paz, para desembocar luego en una mirada más globalizante. Además, este proyecto de investigación hizo parte de un proyecto más global, de carácter comparativo de nivel latinoamericano, liderado por la APEP, Asociación Peruana de Estudios e Investigación para la Paz.

En este libro aparece la colaboración de Ricardo Vargas y Jackeline Barragán, “Economía y Violencia del narcotráfico en Colombia: 1981- 1991”, junto con la de Darío Betancur y Martha García, “Narcotráfico e historia de la mafia colombiana”. La colaboración de Vargas y Barragán es uno de los primeros productos de una línea de investigación que se iniciaba desde 1992, con una mirada interdisciplinar para producir pautas para unas políticas de cooperación técnica frente al problema de la droga en Colombia. Después de concluida esta primera fase, se empezó a diseñar una investigación sobre las relaciones entre violencia y narcotráfico y el impacto cultural del narcocultivo en las regiones afectadas.

En las diversas fases de este proyecto, liderado por Ricardo Vargas, estuvieron vinculadas a su equipo María Victoria Rivera, Marta Liliana Herrera, Nancy Ramírez y Ximena Useche. Resultados parciales de este equipo han ido apareciendo en libros publicados en 1994 y 1995, con contribuciones de Salomón Kalmanovitz sobre aspectos macroeconómicos, Rodrigo Uprimny sobre relaciones del fenómeno con el régimen político y la política criminal, María V. Rivera sobre cultivos alternativos, de Ricardo Vargas y Jackeline Barragán sobre el impacto regional del cultivo de la amapola y Francisco de Roux sobre el problema de la ética. Además, entre 1995 y 1997, se han producido artículos diversos sobre el tema, en que se relaciona el auge del narcocultivo con el marco macroestructural o las diferencias en la política internacional frente al tema.

Nuevamente el sector informal pero dentro del conjunto de la economía

Aprovechando la información recogida a través del proyecto educativo sobre calidad de vida, en el que colaboraban Francisco de Roux, Jorge Iván González y Diva Botero, junto con el balance acumulado en el CINEP sobre el papel del sector informal en el conjunto de la economía, se empieza a reestructurar la intervención del CINEP en las economías populares partiendo de los mecanismos de mercado como un hecho dado, a partir del cual deben pensarse las economías populares. Este proyecto de intervención social estuvo acompañado por un proyecto de investigación, que se lleva a cabo desde 1995 hasta hoy, acerca de la manera como estos sectores se insertan en los circuitos económicos, como necesario punto de partida de la aceleración de las economías locales de vecindarios o barrios pobres, que les permitiera pasar de una economía de subsistencia a una economía de acumulación sostenible. La aplicación de la propuesta de los circuitos económicos al sector de la construcción fue explorada por Carlos Enrique Ramírez, entonces asistente de la investigación, como tesis de grado en 1995.

Este acercamiento novedoso al llamado sector informal en una perspectiva integrada, no dualista, es reforzado por las investigaciones macroeconómicas del equipo del CINEP que se dedica al análisis de políticas y alternativas de desarrollo, a partir de 1995. Así, el esfuerzo por reflexionar sobre el modelo de desarrollo vigente en Colombia, el impacto de la inflación sobre los salarios, el deterioro del gasto social, los enfoques sobre la pobreza, sirven de marco general de los trabajos pilotos para la búsqueda de modelos de intervención económica del CINEP, tanto urbanos como rurales. Así, la investigación sobre las condiciones macroestructurales del país en el actual proceso de globalización se convierte en apoyo a las prácticas educativas y organizativas que buscan generar alternativas viables para el desarrollo sostenible e integral de las economías populares.

Hacia el fortalecimiento de las relaciones entre Estado y Sociedad civil

El trabajo de reflexión sobre la crisis política casi permanente del país fue llevando al equipo a la necesidad de replantearse el problema en términos de relaciones entre Estado y Sociedad, para contribuir a la construcción de un espacio público de resolución de los conflictos, que pasa por la democratización y modernización del Estado. Por eso, desde 1994 se conformó un equipo coordinado inicialmente por Fernán González, y compuesto, además, por Ana María Bejarano, Mauricio Archila y Helena Useche, que pretendían acercarse a las transformaciones recientes de las relaciones entre Estado y Sociedad civil desde cuatro vertientes complementarias entre sí: el análisis histórico, estructural y coyuntural, en los niveles macro y micro, complementado con el seguimiento de los movimientos sociales. Los resultados parciales de esta investigación, discutidos en los seminarios internos del equipo, han ido alimentando la segunda época de la Revista Controversia, que renace en 1995. Así, Ana María Bejarano invitaba a repensar las relaciones entre Estado y Sociedad civil de manera más positiva y mostraba cómo, a partir del Frente Nacional, se había fortalecido el Estado de manera selectiva, mientras Mauricio Archila ofrecía un balance sobre la movilización social bajo el Frente Nacional y Helena Useche interpretaba su microanálisis barrial en términos de inserción periférica.

Posteriormente, este equipo se vio reforzado por un grupo más juvenil de investigadores, que inició, junto con el departamento de Ciencia política de la Universidad de los Andes y la Fundación EVALUAR, un análisis del papel de las ONGs en el fortalecimiento de la Sociedad civil. Este equipo estaba conformado por Renata Segura, Adriana Posada e Ingrid Bolívar5. Como es usual, la dinámica de encuentro de investigadores experimentados con juveniles, evidenciada en las discusiones teóricas y lecturas comunes de los seminarios internos, resultó muy provechosa para todas las partes.

Conclusión: hacia una estrategia explícita de formación de investigadores

La reflexión sobre la experiencia de las investigaciones realizadas durante estos 25 años y la manera como se han ido vinculando a ellas investigadores jóvenes, recién egresados de la universidad, ha ido consolidando un estilo de trabajo de formación en el CINEP. Ese estilo parte de la propia acción investigativa, confrontada con los enfoques teóricos pertinentes, así provengan de vertientes teóricas diversas, junto con la discusión común de los aportes e informes parciales de cada investigador, novel o experimentado. La discusión de los avances y los seminarios teóricos relativos a cada tema son parte obligado de la formación continuada de los investigadores del CINEP, por experimentados que sean.

Así, el principio central de la capacitación es tomar como punto de partida las actividades investigativas que cada miembro del equipo está realizando, para confrontarlas en la discusión con el resto del equipo y enriquecerlas con las perspectivas teóricas de los demás en seminarios internos frecuentes. El reclutamiento de jóvenes asistentes de investigación, salidos casi siempre de los alumnos universitarios más notables, aporta sangre e ideas nuevas a los equipos. Además, estos investigadores jóvenes tienen la oportunidad de experimentar y profundizar lo aprendido de manera abstracta en las aulas, a través de una investigación concreta. Generalmente, estos investigadores realizan posteriormente estudios de posgrado en el exterior, para los cuales se trata de apoyarlos de la mejor manera posible, ayudándoles a conseguir becas o apoyos nacionales o internacionales. Actualmente, los investigadores recién egresados de la universidad tienen la oportunidad de contar con la posibilidad de una tutoría por parte de uno de los investigadores experimentados del CINEP en las áreas principales en que el centro desarrolla actividades: política, paz, economía, educación y cultura. En ese sentido, el CINEP se asume como una escuela de formación práctica de investigadores, donde profesionales recién graduados tienen la oportunidad de perfeccionar y profundizar sus conocimientos, refinar sus capacidades y especializarse en áreas de mutuo interés.


Citas

1 El autor ofrece excusas por cualquier error u omisión, pues, al intentar rescatar esta historia, se ha percatado de que su memoria no es tan buena como creía y de que los archivos antiguos del CINEP adolecen de algunas deficiencias.

2 Ministerio de Justicia, resolución No. 1960 de 1972.

3 Desgraciadamente, las limitaciones de espacio de este artículo obligaron al autor a suprimir la extensa bibliografía que recoge la experiencia investigativa del CINEP durante estos 25 años.

4 Con relación a la investigación sobre clientelismo, el autor de este artículo debe confesar y agradecer la experiencia de lectura, reflexión y discusión de textos básicos, informes parciales y finales, llevadas a cabo en los seminarios internos del equipo, bajo la dirección de Néstor Miranda Ontaneda, que constituyeron parte importante de su formación como investigador.

5 Ingrid Bolívar, Adriana Posada y Renata Segura. “El papel de las ONG en la Sociedad civil: la construcción de lo público, en: Controversia, No. 170, 1997.


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