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Procesos de feminización: lo singular en la conjunción de la filosofía, el arte y la ciencia como una alternativa para sustantivar la categoría género

Feminization processes: the singular in the conjunction of philosophy, art and science as an alternative to substantiate the gender category

Processos de feminização: o singular na conjunção de filosofia, arte e ciência como alternativa para fundamentar a categoria de gênero

Mónica Zuleta P. y Gisela Daza N.*


* Investigadoras DIUC


Resumen

La categoría género, por su carácter de interdisciplinariedad, está abierta a múltiples posibilidades de abordaje, construcción y confrontación. Inscribiéndonos en este proceso creativo, nuestro artículo plantea una propuesta de acceso a lo femenino en tanto diferencia singular, desde una óptica distinta a la de la bipolaridad genérica, inmersa en las polémicas contemporáneas que problematizan la razón y la dialéctica.


Abocándonos a la línea más dulce, la más vibrátil, la más violenta, quisiéramos hablar de la mujer en el arte y en el pensamiento como lo hacen la pareja de Scott y Zelda1: “amo el alcohol en tu boca”, “amo la locura en tus ojos” o como Miller2 dice de la mujer que ama: “atravieso a nado sus ojos, que me traen paisajes desconocidos”. Línea sinuosa, que no bordea nada, “desfile de pecas sobre el horizonte, pelo enmarañado y flotante, sombra resbaladiza y sutil, aleteo de mariposas” como en un poema de Emily Dickinson3. Bifurcante trazo de un cuerpo que restituye su fuerza y potencia el pensamiento a su posibilidad. Nos parece necesario retomar pero a contrapelo los procesos de feminización, de constitución de una naturaleza femenina. Decimos a contrapelo, pues nos importa más bien discernir las condiciones en que se hace posible lo femenino, su confrontación y asimilación por parte del modelo dominante, para alcanzar los signos de su singularización.

Proponemos entonces acceder al devenir mujer como modo de aprehensión de la positividad de la producción singular. Acción de producción que entra en pugna con toda posición, que al resistirse abre paso al deseo, convirtiendo la violencia a la que la somete la dominación en creación, cuando resiste sin dejar de ser minoría. Instante en que la violencia ejercida por la dominación da paso a los signos que expresan los procesos de subjetivación femenina.

Los movimientos de las mujeres en Occidente, en su búsqueda de una palabra propia que las singularice, abandonan paulatinamente las referencias de etnia, cultura, función, para afirmarse en su diferencia como clase, a través de la construcción de una categoría en la ciencia, que atraviesa los límites del discurso político: “la minoría en tanto mujer”, categoría que, aunque susceptible de múltiples transformaciones y decantaciones, no puede ya dejar de producirse. No obstante, su inscripción en la ciencia la institucionaliza, al convertirla en una máquina de reiteración enunciativa y pragmática desde la cual se vehicula la normalización, haciéndole perder la diferencia que la particulariza. Por ello, muchas de las investigacionesque empleando esta categoría, se interesan por el género en Colombia, no cesan de instalar a la minoría en lo normal, al pretender la inclusión por la vía de la denuncia como alternativa por la cual lo femenino puede ingresar al mundo de la razón; razón de todas maneras criticada puesto que a ésta se le impugnan las atribuciones que le niega y le otorga: verdad, representación, moral, sabiduría, adultez.

Verdad postulada por la razón como una idealización trascendente encarnada por el signo sol y a la cual el hombre debe orientar su mirada pero cuidándose de no ser cegado por éste4. Situada detrás del hombre y no delante de él, la verdad ilumina la razón a través del conocimiento, único medio para su acceso, pero dejando un espacio de obscuridad entre la luz y la razón.El hombre occidental hace así una oposición entre certeza e incertidumbre, realidad y apariencia y cree que lo que es claro es aquello que se deja ver y tocar. Ala mujer, ajena a la verdad, enceguecida por el sol, se la recluye en su cuerpo, lugar de su mentira.

Representación como certeza de la verdad, que se deriva de la creencia en la permanencia de las esencias de las cosas. Nietzsche afirma que el hombre occidental debe instaurar una certeza basada en el error de suponer la permanencia como medio de alcanzar la esencia; por ello la creencia es anterior a la razón. Paradójicamente, por la creencia se origina la razón, siendo ésta instalada como el medio de acceso a la verdad, que en tanto creencia es un error: “las verdades a priori más firmemente creídas son para mí creencias provisionales; por ejemplo, la ley de casualidad, hábitos muy bien ejercitados de la creencia, tan arraigados que no creerlos acabaría con la especie. Pero ¿son por ésto verdades? ¡valiente razonamiento! como si la verdad se demostrase por la subsistencia del hombre.”5

Moral, palabra cuyo sentido se asocia a la jerarquía de los hombres en el mundo y a la de la significación de sus acciones y obras en dicha jerarquía. “La genealogía de la moral”6 muestra cuando una clase de hombres, los esclavos, pueden por fin apoderarse del mundo al vencer a los otros hombres, a los nobles. Allí tiene su origen la moral: judeocristianos que cambian el sí por el no, interiorizándolo para construirse un alma usada como arma. Surgimiento de la justicia, entendida como la dilatación de la deuda, un intermediario fuera del tiempo, una ley que se introduce en la relación acreedor-deudor y la regula al interiorizar la deuda y volver su pago trascendente, impagable, infinito. El cristianismo redime alhombrede la deuda infinita por el sacrificio del hijo de dios, sacrificio que es amor y se desdobla en el bien y en el mal. “La compasión y el amor a la humanidad como evolución del instinto genésico. La justicia como evolución de la venganza. La virtud como juego de resistencia, como voluntad de poderío. El honor como reconocimiento de lo semejante y de lo equivalente”7. Los valores morales hegemónicos y convertidos en jueces del conocimiento, del arte, de la política, de la sociedad, ocultando sus verdaderas pretensiones: la necesidad de dominar a todo aquello que es diferente, la necesidad de eliminar la felicidad, la necesidad de homogenizar a los hombres, de hacerlos mediocres. Esta moral asocia lo cognoscible y lo permanente a la persona buena, es decir al centro “donde el temor cesa porque hay igualdad”8. Aquí, en este lugar se instala a la mujer como proyección del centro: puro sentimiento de bondad, falsa conciencia y madre del rebaño.

Sabiduría que reposa en la creencia de la verdad al designar como necesaria la correspondencia entre la acción orientada por la razón y el control de las inclinaciones, medio de aproximarse a lo verdadero. Aquellos que orientan su vida a dicha acción, son considerados sabios. Los que no logran esta forma de vida, no son capaces de dominar sus inclinaciones, siendo considerados masa. En tanto la mujer está definida por sus inclinaciones, necesariamente hace parte de la masa, como término derivado de la oposición, en la que el hombre es a su vez el término derivado de la oposición sabiomasa.

Adultez, aquello que completa la gama de los atributos de la razón. El niño está destinado a ser ya sea lo propio de su casta, ya sea lo propio de la estirpe. La mujer siempre es un niño, necesita ser guiada, orientada, prescrita por la ley que es el hombre, o el falo, o la carencia. Además es ajena a la verdad, no porque no quiera acceder a ella sino porque su forma es una mentira. “La mujer tiene que obedecer y tiene que encontrar una profundidad para su superficie”9.

El reconocimiento crítico por la razón, sin embargo, no es la única alternativa por la que opta el pensamiento de lo femenino. Aparece también la opción de una filosofía que se pregunta por el no ser de la mujer en tanto que el ser universal y esencial es masculino. Opción que abre una franja polémica en la cual es posible introducir una Idea del ser femenino a construir, ya sea como sujeto de enunciación, de poder, o como una experiencia. Partícipe de estas perspectivas, nuestra propuesta se sitúa en la impugnación a la razón desde el poder, pero no como ejercicio de oposición para acceder a un lugar en ella, sino como potencia que hace hacer. En esta óptica resaltamos la vía abierta por Valcárcel10 en su exigencia por el derecho al mal para la constitución de un genérico como posibilidad de subjetivación de lo femenino. ¿Cuál es ese mal que Valcárcel exige por derecho? Instaurar la igualdad como posible para la construcción de ese genérico, en el que, a la vez que la mujer se diferencie del otro, se le otorgue la pertenencia a un nosotros humano: aquel de la estirpe.

“Poder y mal van juntos”. Con este enunciado Valcárcel cuestiona la imagen ilustrada de la razón cuando toma la forma del poder. Poder en tanto institución, centro maquiavélico ocupado por el sobrevenir justicia del derecho en tanto moral y razón a las que no vale la pena que la mujer acceda y, sin embargo, único medio por el que le es posible construir su subjetivación, a condición de que el poder no sea ya el de la Ilustración, “puesto que interrumpir la designación exige poder hacerlo, exige poder”11. Designación genérica por la que los hombres se construyen una genealogía en la que las cosas, sin origen, deben ser lo que son. Lo masculino aparece como luz, lo femenino como mediación simbólica vital, casta que opera por analogía, otorgándosele el juicio antes de la acción y con él el castigo. La genealogía construye el nosotros masculino, pertenencia a la estirpe, derecho a ser sujeto por la autovaloración, exterioridad que sabe de sí. La analogía construye el nosotros femenino por la identidad, pertenencia analógica a la casta: ser como, una interioridad que está en la tarea de ser. Designación en la que el nosotros masculino está hecho de la igualdad del compartir el logos, mientras que el nosotros femenino es una identidad, que a su vez es representación, analogía, genérico mujer sin diferencia. Acceder al mal por el poder de no negarlo, propuesta de una ética femenina que se deshace de la moral, para conquistar la humanidad que le pertenece. Reconocimiento del poder que se posee, pero también del poder al que se enfrenta: un poder como potencia que hace y hace hacer.

Pero afirmar el poder en su potencia requiere construir otras posibilidades, además de las de darse un género, aún si es el de la estirpe, puesto que su conformación implica dejar de lado la producción de la diferencia en sí. De esta forma, aunque asumimos como necesario que la mujer en tanto minoría induzca a la creación de un “nosotros” femenino, en los ámbitos político y del pensamiento, proponemos simultáneamente considerar la opción de la singularidad como modo para retomar los procesos de feminización en la diferencia y discernir las condiciones en las que éstos emergen. Para ello seguimos una huella que irrumpe con la potencia generadora de novedad en los tres planos de la creación12: el plano de inmanencia de la filosofía, el plano de composición en el arte y el plano de referencia en la ciencia. Línea sinuosa, decimos, porque no es un nosotros el que la traza, sino las multiplicidades que escapan a éste, desde el lugar de minoría en el que el nosotros femenino se está construyendo.

En el plano de inmanencia de la filosofía el pensamiento es renovado en sí mismo, al obligarlo a posicionarse cada vez de otra manera. Teatro de la Crueldad de Artaud13 donde cada creación es una variación infinita en su singularidad, un real que no puede ser representado, que no es un como si, sino un destello que se agota en sí. Consistencia en la que los conceptos son disposiciones que fuerzan a sus componentes a entrar en una relación, modulada y procesual, que más que otorgarles necesariedad, se produce en la contingencia. Es este plano al que convocamos para dar consistencia a la Idea de mujer, sustantivada y múltiple, Idea o conexión de componentes en variación continua, no existencia sino experiencia, no virtualidad sino posibilidad. Deleuze-Guattari producen el concepto “devenir- mujer”14 y con él, en una experiencia de lo real, aparece un rostro que asustado observa un mundo, al que dota de existencia.

El devenir mujer toma su especificidad en tanto singularidades de feminidad capaces de recorrer y de impregnar todo un trazo de pensamiento, contaminando a los atributos de la razón para atraparlos en él15. Singularidades partícipes de la constitución de signos expresados por longitudes y latitudes. Longitudes como series de conexiones (relaciones de movimiento y de reposo) que se establecen entre medios heterogéneos y que ponen en conjunción diferentes dimensiones, dando lugar a una etología constituida por aquello que son capaces de componer y de descomponer. Latitudes como serie de afectos a los que corresponden las conexiones, sus intensidades, su potencia, aquello que los hace singulares, diferentes unos de otros, no por la cantidad de potencia que contienen, sino por la cualidad de potencia de la que son capaces.

Las longitudes y latitudes conforman un plano o multiplicidad compuesto por conexiones e intensidades particulares a la relación entre la razón y una experiencia que se rehace en la fragmentación del ser, en donde la identidad pierde su naturaleza totalizante propia del lenguaje, para constituirse en multiplicidades extensas e intensas. En este plano no existe una ordenación de las relaciones ni una graduación de los afectos puesto que no hay composiciones mejores o peores unas de las otras, ni afectos más intensos o menos intensos unos de los otros. Cada plano es una singularidad que no es comparable ni clasificable, ni existe con relación a otra.

El modo de operar de las multiplicidades es del orden de la alianza, del pacto y del contagio y no del azar, lo genético o lo estructural. Simultaneidad de un doble movimiento, uno por el que un rasgo mayoritario se sustrae de la organización jerárquica a la que pertenece y otro por el que un rasgo minoritario, que a la vez se sustrae de la minoría en la que está inmerso, sirve de medio al rasgo mayoritario para entrar en una relación de transformación mutua, constituyendo así una singularidad que ya no corresponde a ninguno de los dos16.

Los afectos hacen posible que una multiplicidad sea atraída hacia otra en tanto juego de seducciones mutuas en las que cada singularidad deviene otra cosa, para que las dos puedan entrar en relación. En esa terrible atracción no se sabe cuál es el paso siguiente de la multiplicidad que ya se constituye, pero sí se sabe que cada una de las que entran en juego, pierde su consistencia para convertirse en otra cosa. Borde de conexión o posición anómala, línea envolvente como dimensión extrema en función de la cual se expresan lasdemás dimensiones de la multiplicidad. Lo anómalo es afecto, ni sujeto ni signo lingüístico: línea de entrada a la multiplicidad que permite que una nueva conexión se establezca, al posibilitar el pacto. Pacto de conexión contra-natura de heterogéneos, composición de intensidades y de potencias.

En el plano de composición del arte la potencia creadora ya no busca la consistencia de la Idea propia del plano de inmanencia de la Filosofía, sino la conservación del afecto y de la conexión en sí, a través de la composición de una intensidad singular, percepto, que se conjunta con su materia. Ya no pensamiento del devenir, sino acto que crea el devenir expresándolo en la materia. Nueva dimensión que independiente del concepto, compone un devenir en el arte, haciendo que la materia se haga expresiva por la junción de la fabulación y la sintaxis en el caso de la escritura, por la junción del compuesto de sensaciones con el material en la plástica y del compuesto melódico con el motivo en la música.

La materia de la escritura son las palabras y la sintaxis que crea el que escribe. Su composición se hace a través de un desbordamiento de la vivencia en el devenir, que inmoviliza el movimiento, arrastrándolo a un presente en el que se suceden como bloques todos los pasados. Por ello el escritor es un vidente que desborda lavivencia de la percepción consciente, de su propio ojo, al cegarlo, para componer una sombra a la que no le ha sucedido nada puesto que lo que sucede, le sucede a la vida: “algo demasiado grande e intolerable que hace estallar las visiones del ojo y las transforma en una fabulación sin sujeto y objeto”17.

El acto del devenir mujer en el arte tiene por particularidad el de ser un medio activo de propagación de los otros devenires, al ser el acceso de todo devenir, puesto que siempre está presente en cada una de las minorías. Si la mayoría en el pensamiento es el lugar de la razón y en la expresión es la forma constituida como patrón, la minoría es aquello excluido de un conjunto definible desde la expresión formal y desde los parámetros de la razón18. Siendo la mujer la minoría por excelencia, puesto que ella es siempre el término derivado, aún en la exclusión, es por ella que lo minoritario, en tanto acto, puede transformarse en margen. Margen que no se define como límite del patrón, tampoco como oposición a éste, que no corresponde a ningún género, a ninguna identidad, a ninguna representación, sino que requiere de un devenir mujer, acto de potencia creadora necesario para deshacer las formas que la minoría también involucra en su exclusión.

Por una operación similar, la escritura se convierte en el medio más propicio de propagación del devenir mujer, al estar inserta en el patrón del lenguaje desde donde se la dota de expresión y contenido. Por ello, en tanto que expresión parte de una materia ya formada que requiere de su desasimiento o molecularización para convertirse en acto creativo, condición que es la misma para que la minoría se transforme en devenir. Esto no ocurre necesariamente con la música o la plástica, cuyas materias de expresión no están previamente formadas, aunque adquieran una forma representativa a posteriori, ya sea cuando se las interpreta por un lenguaje o cuando copian al lenguaje.

El desasimiento de la forma en la escritura como acto del devenir mujer, produce bloques de palabras –fabulación– puestos en variación a través de estilos o sintaxis creadas, que los hacen vibrar, resonar o retraerse. Los bloques de palabras son los perceptos que pueden ser de todo tipo, oceánicos, de paisajes, urbanos, especulares. La conjunción entre los bloques y el estilo crea los afectos, afectos no humanos, que al entrar en un devenir se petrifican o se aceleran.

Cixous compone un tiempo del devenir mujer en la escritura, aquél del instante que fuerza al encuentro con la inocencia de la cosa en sí, obligando a la cosa a indiferenciarse en la palabra y, simultáneamente, abandonando a la cosa para quedarse en la palabra19. Invención de una sintaxis por la que transita la visión de la “inocencia a priori” como multiplicidad que confronta el yo individual y lo transforma en una tribu, en un pueblo, “una naranja”, sin otro tiempo que el del instante con sus detenciones y aceleraciones, sus potencias afectivas:

“Se necesitan al menos tres tiempos para comprender el instante. Inicio del instante, respira, se hace profundo, no se divide… La naranja es un comienzo, a partir de la naranja todas las voces que pasan por ella son buenas. La naranja–el teléfono: salto de medio, hay que cambiarse de pies a cabeza: salir de la luz del instante para entrar en el color gris, ejercicio violento. Deslizarse entre dos olvidos o saltar de una memoria a otra. El teléfono, también un ser vivo, cambio de era, en la otra mano sostengo la naranja todavía por la palabra. Dejo a la naranja a sí misma en su clima, empieza el descenso con la palabra en la mano, el descenso obedece a la naturaleza paradójica de la palabra, el peso del teléfono nada puede contra su ligereza, tuve que soltar la naranja para volver…”20.

En el plano de referencia de la ciencia21, la singularidad no se conserva en el percepto, ni adquiere consistencia en la Idea, sino es suspendida en unas coordenadas y ordenadas espacio-temporales, energéticas e informáticas que le imponen un límite a partir del cual la constituyen, poniéndola en variabilidad. Singularidad funcional capaz de detener la velocidad infinita (caos) de la materia, al transformarla en una relación entre la referencia y sus velocidades. Plano de coordenadas y ordenadas de donde surge la materia formada, cuya variabilidad es una diferencia de potencias de la que emergen estados de cosas como mezclas ordenadas que remiten a las coordenadas espaciales, cosas como interacciones que remiten a coordenadas energéticas y cuerpos como comunicaciones que remiten a coordenadas informáticas. Operación cartográfica consistente en el acto del trazo de las líneas que en tanto funciones de performance son asumidas como opciones problemáticas de la existencia de la materia formada, de las cosas y de los cuerpos en su relación con el caos22.

La cartografía funcional como acto de creación es propia a una praxis científica que denominamos “menor”23, en cuanto solo puede ser producida en el margen, donde la proposición científica más que convertirse en objeto, compone una ficción innovante que da cuenta de un proceso colectivo capaz de conmover los límites que la razón le impone a lo posible. Devenir mujer de la ciencia24 donde el goce reemplaza lo normativo puesto que el científico marginado es capaz de asombrarse con aquello que describe, al inventarse él mismo en la dinámica de los testimonios en los que está en juego. “No hay ciencia sin ficción y no hay ficción sin pasión. La ciencia no se define por una pasión particular, nace cuando las pasiones que suscita su campo encuentran los medios afectivos y sociales de hacer una historia conjunta. Una utopía que opone al sexo del poder no otro sexo, sino los mil y un sexos de la ficción”25.

En la ciencia mayor el objeto se independiza de la descripción y vale para una realidad que se asume preexistente, donde se diferencian el sujeto y el objeto sólo por su adecuación, respondiendo a la fórmula yo = yo. Lo real se reconoce en su continuidad dentro de un régimen de relaciones localizables, encadenamientos actuales, conexiones legales, causales y lógicas. Lo irreal puede ser incluido pero por oposición, haciéndole ocupar un estatuto aparente. La oposición real-imaginario se desarrolla en los encadenamientos de actuales, desde el punto de vista de lo real y en las actualizaciones de la conciencia, desde el punto de vista de lo imaginario. Su forma abstracta es el espacio euclidiano, que hace que las tensiones se resuelvan siguiendo un principio de economía, según determinadas leyes que siempre remiten a centros. El tiempo en cuanto representación indirecta emana de la acción, el movimiento es deducido del espacio: tiempo cronológico. Ciencia de la razón, atribuida a lo masculino, que aspira a la verdad haciendo que sus elementos reaccionen frente a las situaciones o las evidencien.

En la ciencia menor la descripción vale para su objeto, lo reemplaza, lo crea y lo borra, sin cesar de dar paso a otras descripciones que contradicen, desplazan o modifican las precedentes, siendo la propia descripción la que se constituye en el único objeto, descompuesto y multiplicado, sin que se de diferenciación entre sujeto y objeto. Lo real se separa de sus conexiones legales: lo actual se separa de sus encadenamientos motores, lo virtual de sus actualizaciones. Los dos modos de existencia -actual y virtual- se reúnen en un circuito donde lo real y lo imaginario intercambian sus roles y se tornan indiscernibles. Quiebre de la complementariedad de un espacio vivido y de un espacio euclidiano representado. Así, su espacio deja de organizarse según fines, obstáculos y medios y se transforma en encabalgamiento de perspectivas que no permiten captar el obstáculo determinado, puesto que no hay dimensiones que ordenen el conjunto único. La fluctuación que procede a la acción no es vacilación entre varias vías, sino recubrimiento inestable de conjuntos incompatibles, casi semejantes y sin embargo inconexos. El espacio abstracto al dejar de ser euclidiano, se convierte en riemanniano: ajuste de partes que no se predetermina sino que se realiza de múltiples maneras: espacio cuántico, probabilístico, topológico, que da cuenta de relaciones no localizables, presentaciones directas del tiempo, ya no referidas a un tiempo cronológico -que se trastoca por lo irreal-, sino a un tiempo crónico que solo produce trastocaciones. Sus premisas dejan así de ser verídicas, estados, para hacerse falsificantes, múltiples, planteando en el presente diferencias inexplicables y en el pasado alternativas indescidibles entre lo verdadero y lo falso. Es inseparable de una multiplicidad que reemplaza yo = yo, por “yo es otro”.

Proponemos entonces acceder a los procesos de feminización asumiendo el poder como potencia creativa, en la articulación de la filosofía, el arte y la ciencia, desde la singularidad que les es propia. Del plano de inmanencia filosófico, sustraemos el concepto del devenir mujer en tanto nos posibilita la Idea de la singularidad como multiplicidad. Del plano de composición artístico, sustraemos el acto de expresión del devenir que nos posibilita aprehender el proceso de desasimiento de la materia formada como condición de la creación de los signos en la escritura. Del plano de referencia científico sustraemos la función singular propia a la ciencia menor para ingresar al espacio de indiscernibilidad -campos- propio de las multiplicidades que emanan de los signos.

Con esta propuesta pretendemos generar una alternativa novedosa para las investigaciones en Ciencias Sociales en Colombia que se ocupan de la categoría género. Más que indagar por las condiciones de opresión de la mujer en lo social, nos interesa acceder a aquello que son capaces de agenciar los “procesos de feminización” en lo social, a través de la búsqueda de estilos femeninos definidos por la producción de una narrativa particular, en la que sus signos agencian singularidades que trazan mundos posibles heterogéneos y que se expresan en las praxis propias a la creación.

¿Cómo acceder al devenir mujer en el arte y en el pensamiento? Asumiendo la posibilidad de múltiples alternativas, proponemos la sustativización de la categoría género en las ciencias sociales a través del delineamiento cartográfico de la manifestación en la escritura de tres campos que asumimos expresan signos propios a procesos de feminización: lo sexual, lo joven y lo secreto.

El campo de lo joven como lo contemporáneo, aquello que atraviesa las clasificaciones de clase, género y edad, se instituye como un bloque siempre en presente. Línea comunicante entre distintos medios: temporalidad, esteticidad, racionalidad, moralidad, biologización. El devenir mujer pasa por la joven, puesto que es a ella a quien primero se le roba el cuerpo al fabricarle un organismo situado como objeto de deseo que está en oposición al del joven. Pero por ello mismo la joven, deseada, es también una trampa en tanto se instaura como el puente que abre paso a la singularidad de lo joven, al volverse indiscernible de la verdad que su cuerpo agencia26, dejando así de pertenecer a una edad, a un sexo, a un orden de verdad y circulando por ellos para producir todos los bloques de contemporaneidad, todos los sexos. Estilo en el que la narrativa hace uso de una sintaxis compuesta por series de operaciones que imprimen movimientos muy lentos o muy rápidos, capaces de hacer variar el lenguaje, hasta un punto en el que la variación cesa para que surja el signo como novedad. Composición de movimientos de aceleración o desaceleración de una multiplicidad de signos indiferenciables en identidades, ya que su diferencia es la singularidad que compone el bloque, en tanto movimiento. También compuesto intenso, por donde el deseo fluye no para direccionar el bloque hacia un fin, sino para potencializarlo, volviéndolo una risa, una mirada, un gesto, un fin en si mismo.

El campo de lo sexual como la operación mediante la cual surge el elemento anómalo que permite la conexión entre multiplicidades; no contenido en el artículo definido “la”, sino en el indefinido “lo” sexual, atraviesa las clasificaciones de género, objetualidad y generación. Intensidades que no pasan por la sexualidad entre una forma hombre y una forma mujer. Campo que en el devenir establece las conexiones entre los bloques de contemporaneidad poniendo en contacto, a través del contagio, sus velocidades específicas y las intensidades que los potencian. Los bloques vuelven anómalo un elemento, suprimiendo de sí mismos aquello que les impide conjuntarse para abrirse completamente hacia otro bloque, comunicándose con él, no por el lenguaje, sino por el signo de su apertura: n sexos y no dos sexos, puesto que el signo de apertura suprime todos los demás27. Relación de elementos anómalos en la que el estilo se conforma por fabulaciones específicas a las conjunciones establecidas entre medios heterogéneos, dando lugar a la emergencia de los signos pasionales que componen la ficción.

El campo de lo secreto como la línea que moleculariza el contenido y disuelve la forma. Fuerza de transparencia, de celeridad, de inocencia, que llena las dimensiones de su multiplicidad: nada oculto, por ello imperceptible; fuga del contenido secreto como máquina binaria que opone el secreto a la divulgación, fuga de la forma que sólo deja sus rasgos para componer nuevas formas, para reconstituirla. En su transparencia el secreto se produce sin que haya nada que develar, pues él es la potencia de desasimiento del contenido como misterio y de la forma como culpa, poniendo en juego lo perceptible y lo imperceptible entre los bloques y los contagios que se producen. Lo perceptible en cuanto contenido se orienta hacia la percepción del secreto, independiente de su finalidad. A su vez, la protección del secreto implica formas secretas específicas de divulgación, de propagación. Lo perceptible en cuanto expresión da cuenta del juicio: “algo ha pasado”. Es decir se refiere a una forma infinita del secreto que pasa por todas las formas, al ser ella misma. La transformación de lo perceptible a lo imperceptible hace que el secreto rompa su continente en tanto contenido y su forma en tanto expresión, transformándose en signo de transparencia. Transparencia de la feminidad que hace que el juicio: “algo ha pasado”, advenga “nada ha pasado” o “inocencia a priori”. Es esta imperceptibilidad del secreto lo que puebla la línea del devenir mujer. Narrativa de la feminidad, no femenina, en donde todo es dicho por transparencia28.

Propuesta de una praxis inscrita en la ciencia menor, que sin pretender desconocer lo que la razón produce, o lo que la impugnación a los atributos generados por ésta posibilita en las reivindicaciones femeninas por el derecho a la diferencia o a la igualdad, busca sustantivar la categoría género movilizándola en los modos múltiples de producción de singularidad, para acceder a los procesos de feminización que abren nuevos campos de posibles en lo social.


Citas

1 Fitzgerald, S. La Férula. Ed. Bruguera, Barcelona, 1978, p. 36.

2 Miller, H. Sexus. Ed Bruguera, Barcelona, 1975, p. 342.

3 Dickinson, E. Poemas. Madrid. Cátedra. 1987. p. 65.

4 Nietzsche, F. Obras completas: Aurora. Aguilar. Buenos Aires, 1952, p. 159.

5 Ibid, p. 169.

6 Nietzsche, F. Obras Completas: La genealogía de la moral. Aguilar: Buenos Aires, 1962.

7 Nietzsche, F. Obras Completas: La Voluntad de Dominio. Op cit. p. 48.

8 Ibid, p. 62.

9 Nietzsche, F. Así habló Zaratustra. Alianza Ed. Madrid, 1984, p. 107.

10 Valcárcel, A. Sexo y filosofía.. Anthropos. Madrid, 1994.

11 Ibid, p. 87.

12 Deleuze, G, Guattari, F. Qué es la Filosofía? Anagrama. Valencia. 1996.

13 Artaud, A. Oeuvres Complètes. Vol. I. Gallimard. Paris. 1953.

14 Deleuze, G; Guattari, F. Mil Mesetas. Pre-textos. Barcelona. 1994.

15 Ibid, p. 289.

16 Ibid, p. 17.

17 Deleuze,G, Guattari, F, Qué es la Filosofía?. Op. cit. p. 177.

18 Ibid, p. 179.

19 Cixous, H. La Risa de la Medusa. Anthropos. Madrid. 1995.

20 Ibid, p. 75.

21 Deleuze, G, Guattari, F. Qué es la Filosofía?. Op. cit.

22 Mil Mesetas. Op. cit. p.18.

23 Diferenciación propuesta por Deleuze-Guattari en Mil Mesetas, Op. Cit, que es desarrollada en el texto sobre el cine de Deleuze, La Imagen Tiempo, Paidós, Barcelona, 1993, pp. 298-345.

24 Steiner, I. “Los mil y un sexos de la ciencia”. Vampiro Pasivo N. 4. Cali, 1993. Pp. 30-58.

25 Ibid. p. 45.

26 Mil Mesetas, Op. cit. p. 290.

27 Ibid, p. 291.

28 Ibid, p. 293.


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