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Los estudios de género en Colombia: entre los límites y las posibilidades

Gender studies in Colombia: between limits and possibilities

Estudos de gênero na Colômbia: entre limites e possibilidades

Angela María Estrada M.*


* Psicóloga, Magister en Investigación y Tecnología Educativas, Candidata a Doctorado en Filosofía. Investigadora – Docente. Directora del Programa de Maestría en Psicología Comunitaria. Facultad de Psicología. Universidad Javeriana.


Resumen

En una primera parte la autora presenta una elaboración personal sobre los desplazamientos y las convergencias contemporáneas en relación con la concepción del género –categoría de las teorías feministas–. Parte de un somero análisis de las dos olas del feminismo, la primera caracterizada por una orientación del movimiento y dirigido prioritariamente a la conquista de derechos civiles para las mujeres, mientras que la segunda constituye una dinámica de doble registro –académico y político–, con una tendencia creciente a la teorización y a la transdisciplinariedad. Precisa los matices de tres momentos diferenciados de la concepción del género en cuanto tal, para entrar –invitando a desprejuiciar la mirada– a postular una relación de disciplina a objeto entre las teorías feministas y el género. En una segunda parte expone el ‘estado de la cuestión’ en el campo de los estudios de género en Colombia a partir de una muestra de 64 documentos, para lo cual construye y elabora 10 ejes que configuran la investigación de género en Colombia. Finalmente, hace un análisis de la presencia y ausencia diferencial, tanto de una concepción de género, como de la experiencia concreta de personas situadas, entre las distintas modalidades de producción intelectual existente en el campo. Formula por último los retos que se le plantean a éste, tanto desde la perspectiva institucional, como para la investigación.


Presentación1

Ha sido una tarea grata y al tiempo de costos emocionales, abordar la iniciativa de realizar un ‘estado del arte’ sobre los estudios de género en Colombia. Sin lugar a dudas necesario, si se tiene en cuenta que no existía entre nosotros un intento de balance. Digo intento, pues al trabajar con una muestra documental, siempre se quedará por fuera algo importante.

El énfasis de la mirada se puso en los retos que deberá abordar el campo de los estudios de género para consolidar una posición de aporte a la compleja problemática actual de nuestra cultura. Su realización es fruto de una actitud paciente y honesta, que implicó un esfuerzo sistemático de análisis de la producción intelectual existente. Tengo confianza en que será usado como material de reflexión al interior de los equipos y grupos de trabajo2.

Desplazamientos y convergencias contemporáneas del género3

– Las dos olas de feminismo

Para algunas autoras –entre ellas Joan Scott4–, en muchos casos el género configuró la fachada neutral y despolitizada con la cual las teorías feministas5 hicieron su ingreso a la academia, perdiendo, en muchos casos, su claridad y fuerza política.

Entre nosotros, no pocas veces se afirma la existencia de una distinción entre feminismo y estudios de género, refiriendo el primero a un uso ideológico–político y radical de un discurso en defensa de los derechos de las mujeres, mientras que los estudios de género, en cambio, serían vistos como los procesos propios de un campo aparentemente más neutral, científico y con potencial para el desarrollo crítico.

Aunque de origen incierto, se afirma que el uso de la noción de feminismo comenzó a generalizarse en Francia a partir de la última década del siglo pasado, como sinónimo de emancipación de la mujer6. El feminismo se ha debatido históricamente en torno al complejo problema de la igualdad y la diferencia, apuntando a resolver la aparente paradoja en términos de afirmar la igualdad –equidadético– política y la diferencia en las prácticas y condiciones sociales de la existencia personal y colectiva.

El feminismo es –de otro lado– una historia de organización de las mujeres (en asociaciones de vecinas, amas de casa, etc.), en torno a las luchas en la esfera pública tales como la igualdad de derechos ante el sufragio y la educación, la búsqueda de protección de la mujer trabajadora y de la maternidad, la defensa contra la violencia intrafamiliar y la búsqueda de la paz.

Como cualquier proceso político, también el feminismo7 alcanza históricamente un momento en el cual la práctica política ya no es suficiente, imponiéndose la reflexión y la teorización que permitan el análisis y la crítica. Es este un momento decisivo en el cual el movimiento político y los grupos académicos encuentran espacios para la construcción de preguntas comunes que tienen sustento en la experiencia concreta de las mujeres y de sus movimientos políticos y un tratamiento científico en la academia8: es este uno de los campos donde se parte de rechazar la neutralidad valorativa del conocimiento y de la diferenciación entre la neutralidad y la imparcialidad9.

Globalmente, se acepta que el feminismo ha pasado por dos olas bien diferenciadas: una con énfasis exclusivamente político, orientada a la conquista de la equidad en el plano sociopolítico y una segunda, cada vez más teorética, abierta a las diferencias y a la crítica de la cultura. Ola que hace parte del conjunto de voces de crítica al positivismo y a las metáforas biologicistas de las teorías de las ciencias sociales, así como de los sesgos falogocéntricos10.

El feminismo entra a la academia por la vía de la creación del campo de los Estudios de la Mujer, en muchos casos con poca o ninguna relación con el resto de las disciplinas científicas. Tal campo se transforma rápidamente en el de los Estudios de Género, desde el cual comienzan a tenderse puentes hacia las distintas disciplinas sociales y también, menos, con la Filosofía.

– Tres momentos en la conceptualización del género

La noción de género11 fue acuñada en la literatura anglosajona, particularmente en el campo de la antropología feminista, para hacer referencia a la construcción social de las diferencias sexuales a lo largo de la historia y en las diferentes culturas, construcciones de las cuales se derivan los imaginarios culturales y las instituciones sociales, los modelos de socialización y de atribución de la feminidad y la masculinidad y los procesos subjetivos de mediación en los cuales se dirime y construye la identidad personal.

Se encuentran, sin embargo, en la literatura especializada transformaciones en la elaboración de la noción que marcan matices dignos de ser considerados. Se trata de una interpretación que puede no ser del todo compartida, pero que pretende caracterizar la evolución de la noción en el contexto de esta literatura:

Momento 1: El sistema sexo/género. Se debe a Gayle Rubin12 quien en 1975 publicó su artículo ‘El tráfico de mujeres: notas sobre la «Economía Política» del sexo’, texto que sigue siendo una referencia obligada para la comprensión de la noción: “…un «sistema sexo/género» es el conjunto de disposiciones por el que una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana, y en el cual se satisfacen esas necesidades transformadas.” (p. 97).

Aquí el foco de mirada del género era la mujer y más bien en el sentido de un sistema cerrado en sí mismo; aún cuando no se puede desconocer el papel que jugó la propuesta de Rubin, en el sentido de contribuir a ‘desnaturalizar’ nuestra concepción cultural de la feminidad –reificada con el aporte de los ‘relatos’ científicos–, desarticuló la red de relaciones sociales en la cual se construye la feminidad, al ser heredera de una concepción marxista del poder, entendido como el medio de dominación absoluto de unos sobre otros, aunque sin duda abriendo la mirada exclusiva desde las relaciones de clase. También el sexo fue puesto como la base material para las construcciones sociales, atribuyéndole así su carácter de existencia como realidad biológica diferenciable.

Momento 2: La mirada sobre la mujer es también mirada sobre el hombre. El género como categoría relacional. Joan Scott definió el género, en 1985, en los siguientes términos: “… El núcleo de la definición reposa sobre una conexión integral entre dos proposiciones: el género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos y el género es una forma primaria de relaciones significantes de poder. Los cambios en la organización de las relaciones sociales corresponden siempre a cambios en las relaciones de poder, pero la dirección del cambio no es en un sólo sentido…” (p. 289)13.

En su trabajo la autora hace referencia explícita a la naturaleza relacional de la categoría género, en la medida en que enfoca prácticas sociales y relaciones de poder históricamente situadas y cómo tales relaciones se dan entre hombres y mujeres. No es posible estudiar la mujer y la feminidad, sin la comprensión del hombre y la masculinidad.

En ese sentido, aparece el aporte de Linda Alcoff14, quien a propósito del tipo de paradojas que han encontrado las teorías feministas una vez acceden a la cuestión sobre si existe o no una esencia femenina y en qué consistiría, propone una lúcida distinción entre una esencia femenina inexistente y la naturaleza situada del sujeto –y dentro de éste a las mujeres concretas en momentos particulares de la historia–, con lo cual el género adquiere valor posicional.

En efecto, partiendo del contexto postestructuralista, se propone focalizar la noción de experiencia de Teresa de Lauretis, quien basa su definición sobre prácticas y eventos concretos. Tal autora afirma que es necesario no sólo el análisis del lenguaje, sino que a través del análisis y del autoanálisis de los hábitos y las prácticas es posible rearticular la subjetividad femenina y comprender cómo es concebida y construida una subjetividad históricamente situada.

Momento 3: las tecnologías y la deconstrucción del género. Con el énfasis de Lauretis15 en reconstruir la perspectiva propia de las teorías feministas y no feministas en la concepción del sujeto (lo femenino y lo masculino) y su relación con las instituciones, con las prácticas sociales y con los procesos subjetivos, se abre camino la noción de experiencia como prácticas concretas de subjetivación.

Es así que la autora reencuentra el valor político del feminismo, ya que no se trata de luchar a favor o en contra de la mujer–ficción del postestructuralismo, sino de reconstruir posiciones concretas sociohistóricas, para desde ahí realizar una “…crítica de los discursos científicos y la representación imaginativa de nuevos espacios y formas de comunidad”. (p. 85).

Es Judith Butler16 quien hace un esfuerzo por entender las implicaciones de la concepción foucaultiana de la inscripción de discursos históricos en el cuerpo, haciendo énfasis en la comprensión de una identidad incardinada (encarnada). En efecto, cuando Foucault17 afirma que el poder atraviesa los cuerpos, no entra a explicar cómo tiene lugar ese proceso de subjetivación. Butler definitivamente hace un aporte muy sustantivo allí.

No obstante, su distinción entre materia y materialidad es también muy útil para la discusión que aquí se está planteando, pues muestra cómo el cuerpo mismo pasa de ser materia pura para constituirse en materialidad, en la medida en que es informado por la serie de discursos históricos18.

De otro lado, al hacer evidente el hecho de que la noción de género hasta ahora vigente ha aceptado y asumido acríticamente la idea de que la bipolaridad biológica tiene su correspondiente psíquica, da paso a la proliferación de los géneros19 y a la deconstrucción20 de la concepción bipolar de los mismos. No se trata tanto de una concepción andrógina del sujeto, cuanto de poner en cuestión la matriz heterosexual como el único campo legítimo para la subjetivación, la construcción del deseo y la identidad.

– Desprejuiciemos la mirada. Feminismo y estudios de género: una relación de disciplina a objeto

Quisiera proponer, siguiendo a algunas teóricas y teóricos contemporáneos, la siguiente tesis esclarecedora sobre las relaciones entre feminismo y estudios de género, en el registro epistemológico: el feminismo constituye hoy en día un campo académico para la construcción de matrices transdisciplinares que buscan abrir miradas comprensivas sobre temas– problema específicos propios de la construcción histórica de las relaciones de género, en el nivel normativo social, en el cotidiano personal, y en el de su transformación, las cuales serían su objeto (la epistemología también es política)21.

Dada la capacidad de los estudios de género para visibilizar lo invisibilizado teórica e históricamente, deconstruír lo tomado por dado (naturalizado) al interior de las distintas disciplinas, y ser generativo22 de nuevos abordajes y comprensiones, los desarrollos desde esta perspectiva tienen el potencial para poner en cuestión supuestos y concepciones fuertemente endurecidas y naturalizadas, tanto al interior de las distintas disciplinas como de la cultura en general (formas colectivas e individuales de representación de los géneros, de sus roles y las relaciones de poder).

La construcción de matrices transdisciplinares ha sido propuesta23 como alternativa para la eliminación de los reduccionismos propios de cualquier mirada unidisciplinar, el cuestionamiento de la existencia de ‘disciplinas reina’ que demande una condición hegemónica o de privilegio para dar cuenta de cualquiera de los tema–problema delimitados en un momento dado, para el desarrollo de “matrices generativas” (cuya función crítica es identificar divergencias y convergencias disciplinarias en relación con el tema–problema, así como la puesta en crisis de las zonas disciplinares de máxima evidencia), y la construcción de redes de epistemología crítica desde las cuales sea posible la deconstrucción y la reconstrucción teórica.

Se puede afirmar que un indicador objetivo de los avances académicos del feminismo está dado por el surgimiento y fortalecimiento de los espacios de ‘Women Studies’ en las instituciones universitarias. Sin embargo, antes que el género, el objeto de trabajo del feminismo durante la segunda ola, fue la mujer. La mujer considerada como el género necesitado de comprensiones teóricas y científicas menos ideologizadas que las construidas a lo largo de la historia de la cultura occidental.

Pero también la mujer, como sujeto pleno de derechos y necesitado de modelos de desarrollo y de superación de la pobreza, en tanto que comienza una incursión femenina masiva en el mercado laboral, caracterizada por muy bajos niveles de cualificación técnica, excluida de los enfoques de otorgamiento de crédito para el sector informal de la economía, pero abocada a asumir la totalidad de las responsabilidades para atender las necesidades del grupo familiar. Las mujeres jefes de hogar comienzan a configurar un patrón altamente significativo en todos los países del tercer mundo, e incluso –aunque por razones y en condiciones diferentes–, en los del primero.

Es en el contexto de los ‘Women Studies’ donde se construye la noción de género, dando paso a los ‘Gender Studies’, una categoría crítica que pone en cuestión la determinación biológica de las diferencias psicológicas y sociales entre los sexos; en efecto, aunque en este contexto, como ya se mencionó, no se desconoce la existencia de una binariedad biológica, se duda de su capacidad para determinar las diferencias psicológicas y sociales y se plantea el reto de construir abordajes generativos para la resignificación de las relaciones entre los géneros.

– Desplazamientos teóricos del género en la literatura internacional

Es posible plantear algunos tópicos que parecen tener el tinte de nuevas convergencias:

Del ‘mujerismo’ a la historización de las relaciones de género: implica utilizar el género de modo crecientemente riguroso en el sentido relacional, por tanto inscrito en relaciones histórico–sociales concretas. No obstante lo dicho, y a pesar de que como se verá más adelante, parte de los patrones de esta época tienen que ver con el abandono de la ‘victimización’ que pudo estar presente en épocas anteriores, no se pretende neutralizar el subíndice político (en el sentido teórico y emancipador) de la categoría de género, ni neutralizar la función crítica y de cambio social y cultural que constituye parte de su valor teórico.

Del ‘esencialismo’ a la construcción social de los géneros: se trata de una tendencia firme y decidida a precisar el uso de las nociones de lo masculino y lo femenino, así como las de hombre y mujer, como momentos históricos de la construcción de los géneros. La noción misma del género se transforma y cualifica a lo largo de dos décadas de construcción teórica: de sistema complejo –que condensa el sexo, las representaciones culturales y los modelos de socialización sobre lo que es propio de cada uno de los sexos–, a la incardinación en el cuerpo de los discursos de género culturalmente más legitimados y acumulados a través de los procesos de socialización.

De la ‘actitud contestataria y victimizante’ a la búsqueda de alternativas de transformación de la cultura y de los modos de convivencia. A esta altura no sólo se hace evidente la necesidad de superar la actitud de denuncia, seguramente necesaria en un primer momento, sino más allá de esto avanzar en el señalamiento crítico de los sesgos falogocéntricos, presentes en las distintas disciplinas sociales, en las disciplinas de la salud (tanto física como mental) y en la filosofía: la teoría feminista aparece como un patrón de reconstrucción de enfoques psicosociales y ético–políticos, ante la caída del socialismo y de los metarelatos.

La masculinidad, originariamente representada como el género ‘no problemático’, entra en crisis, validándose por sus consecuencias la concepción relacional del género (los procesos sociales de reconstrucción de una identidad emancipada en los que han avanzado las mujeres a lo largo del siglo, contribuyen, aunque no sean la causa, a la pérdida de legitimidad de la masculinidad). Aparecen los ‘Men Studies’ y los grupos de autoayuda masculina comienzan a proliferar: los hombres se declaran necesitados de repensar su identidad.

Igualmente, la conyugalidad, la relación amorosa, las relaciones madre hija, la atribución de la maternidad a la mujer24, la noción unificada de identidad personal, así como la apertura a la comprensión de la proliferación de identidades fragmentarias, hacen parte de los problemas que se abordan para darle un tratamiento que aporte nuevos modelos para la convivencia humana, abiertos a la pluralidad y al respeto, desde los cuales se redefinan las condiciones de oportunidad justa para todos y todas.

De la asunción sistémica de las teorías a la concepción de caja de herramientas. Otro de los elementos que caracteriza los desplazamientos de la teoría feminista está dado por el abandono del uso de las teorías científicas como cosmovisiones –modos de ver el mundo–, moviéndose en el sentido planteado por Foucault25, de su uso como caja de herramientas.

En efecto, el abandono de la concepción de representación como subíndice del valor de lo teórico y la aceptación de la imposibilidad de la universalidad como características de las teorías de las ciencias sociales26, conduce a que las teorías feministas, como muchos otros campos disciplinares y científicos actuales, adopten la crítica cultural generativa, para hacer evidentes los espacios de libertad que aún nos quedan.

Es posible afirmar que el feminismo como campo disciplinar se mantiene hoy día vigente, a pesar de que también surgen propuestas anti y post feministas. En efecto, incluso al interior de los movimientos de hombres que comienzan a surgir en distintas latitudes, aparecen fracciones autodenominadas feministas (para indicar que comparten las luchas de las mujeres y que se suman a sus propuestas de transformación de la experiencia concreta).

Independientemente de cual sea el futuro desenvolvimiento del feminismo como campo transdisciplinar, asunto para el cual los propios procesos de crítica y autocrítica están en condiciones de generar, bien la total refundación, o bien la reorientación del campo, espero haber mostrado el sentido profundamente académico y el conjunto de las funciones generativas hasta ahora desempeñadas por el feminismo.

Unas palabras finales para complementar el análisis expuesto hasta aquí en relación con el feminismo en América Latina. El movimiento social de mujeres en el subcontinente, según Jane Jaquette27, ha tenido tres patrones de movilización: la lucha por los derechos humanos (personificada en las madres de la Plaza de Mayo), las luchas de las mujeres populares (principalmente dirigidas al mejoramiento de su calidad de vida) y el feminismo (cuya función académica y teórica es aportar comprensiones y modelos que contribuyan al cambio de las relaciones de género y que prevengan contra la reproducción cultural y social de los modelos que se busca superar).

Finalmente, quisiera hacer énfasis y reconocer que entre nosotros, la actitud dogmática no se encuentra ausente del campo del feminismo, como no lo está de la mayoría de los campos de la vida académica y social. Sobre todo dado nuestro contexto cultural, tradicionalmente autoritario. No obstante, el uso dogmático de cualquier noción, en cabeza de personas concretas, no invalida tales nociones; solamente pone de presente su uso indebido. Ahora bien, mal podría estar la crítica a tal actitud, a su vez sustentada en una actitud excluyente e intolerante.

Los estudios de género en el contexto colombiano: un balance provisional

Con el fin de avanzar en la comprensión del ‘estado de la cuestión’ en el campo de los estudios de género en Colombia, se adelantó un análisis de carácter cualitativo28, con base en una muestra documental que incluyó 64 textos. Después de una evaluación rigurosa y satisfactoria de ésta, todos los análisis se refieren a esa base como un conjunto representativo de la totalidad de la producción intelectual sobre género en Colombia. No se encuentran por supuesto todos los documentos que seguramente deberían estar.

Las primeras referencias datan del año 77, década en la cual, como en la siguiente, las publicaciones del campo deben grandemente a la labor editorial pionera de Magdalena León. La producción intelectual comienza a tener un volumen significativo a partir de 1994 (ver Gráfica 1.), lo cual puede ser, en parte, efecto de la actividad preparatoria a la Conferencia de Beijing 95, pero también un indicio de madurez de la actividad científica e intelectual.

– Las múltiples voces de la investigación sobre género en Colombia29

La lectura analítica de los documentos incluidos en la muestra permitió construir unos Ejes Temáticos que configuran la investigación de género en Colombia. En la Tabla 1 se ubica, para cada uno de los ejes, según tipo de documento, la frecuencia que aporta a su composición y el número total de referencias incluidas en cada uno de los ejes (ya que un documento pudo ser clasificado en más de un eje, el número total de referencias es mayor al número de documentos). Describamos un poco cada uno de los ejes:

1. Propuestas y análisis de la política pública: Integra trabajos cuyo contexto es la búsqueda de una representación equitativa de las necesidades de las mujeres en nuestra legislación (no sólo como madre, sino como ciudadana). En ellos se pone en evidencia el modo en que la aparente neutralidad de género de las políticas públicas desconoce tales necesidades. Igualmente se trata de un campo en el cual en la legislación y en la política se busca el reconocimiento del aporte de las actividades femeninas al sostenimiento de la calidad de vida de la unidad doméstica. También está presente el tema de la necesidad de un apoyo estatal para que la mujer tenga una presencia más clara en el proceso de legalización de tierras y vivienda. Finalmente, aparece un marcado énfasis en la necesidad de una política de atención integral a las mujeres.

Tabla 1: EJES TEMÁTICOS QUE CONFIGURAN LA INVESTIGACIÓN DE GÉNERO EN COLOMBIA

EJES TEMÁTICOS Tipo de Documento Número de Referencias
1. PROPUESTAS Y ANÁLISIS DE LA POLÍTICA PÚBLICA Investigación Descriptiva (2)
Documento de Política (4)
Memorias (1)
Ensayo (4)
11
2. MUJER Y EDUCACIÓN Investigación Descriptiva (1)
Investigación Multimétodo (2)
Ensayo (1)
Ensayo teórico (1)
5
3. MUJER, ETNIA, MUJER, AFRO-FACÍFICA Ensayo (3)
Investigación Cualitativa (1)
4
4. ACTORES Y VIOLENCIAS EN EL COTEXTO INTRAFAMILIAR Investigación Cualitativa (1)
Ensayo (1)
2
5. DESARROLLO SOSTENIBLE, PLANEACIÓN CON PERSPECTIVA DE GÉNERO Documento de Política (1)
Ensayo (2)
3
6. GÉNERO, MUJER, CIUDADANÍA Y PARTICIPACIÓN - DEMOCRATIZACIÓN EN AMÉRICA LATINA Investigación Cualitativa (2)
Investigación Descriptiva (5)
Ensayo (3)
Ensayo Teórico (1)
Investigación Multimétodo (1)
Memorias (2)
14
7. GÉNERO, MUJER, CONDICIONES DE VIDA Y DEMOGRAFÍA Investigación Descriptiva (2)
Investigación Cualitativa(5)
Investigación Multimétodo (3)
Ensayo (3)
Ensayo Teorpetico (3)
16
8. MUJER, TRABAJO Y TRABAJO DOMÉSTICO Investigación Descriptiva (2)
Estado del Arte (1)
3
9. LITERATURA, HISTORIA, MATERIAL CULTURAL, GÉNERO, MUJER Y ESCRITURA Ensayo (6)
Investigación Multimétodo (1)
7
10. FEMINISMO, GÉNERO, IDENTIDAD Y RELACIONES DE GÉNERO, FEMINIDAD, MASCULINIDAD Ensayos (12)
Ensayos Teoréticos (5)
Memorias (1)
Estado del Arte (1)
19

Es posible afirmar que este eje ha tenido una dinámica significativa, ha sido nutrido por alguna investigación empírica de carácter descriptivo y es posible suponer que en torno a él se han gestado procesos de consulta y participación que se reflejan en la presencia de un alto número de memorias de eventos.

2. Mujer y educación: Se trata de un campo en el cual se denuncian la desigualdad de oportunidades educativas todavía presentes entre nosotros; se estudian los niveles de acreditación diferencial que requieren hombres y mujeres para acceder a los mismos cargos; se analizan los procesos de modernización que contribuyen al acceso de la mujer a mayores oportunidades educativas. De otro lado, se pone de manifiesto la presencia del sexismo en los textos escolares, categoría que es postulada como núcleo del currículo oculto, el cual hace falta poner al descubierto. Parece importante destacar un campo específico denominado Capacitación de Género, a través del cual se busca hacer visible la discriminación y modificar los patrones culturales que la reproducen.

Se tomó la decisión de elaborar un eje sobre Mujer y Educación, debido no sólo a su dinámica temática en la muestra, sino a la función central de la educación en la reproducción de los estereotipos de género y de los modos de jerarquización y subvaloración a ellos asociados. Finalmente, se trata de un eje en el cual tanto la investigación empírica –en los niveles más sofisticados encontrados dentro del campo–, como la construcción teórica, tienen una presencia significativa.

3. Mujer, etnia, mujer afropacífica: Evidencia los modos de doble exclusión que padecen las mujeres negras y ejerce una tarea crítica sobre quienes entre el mismo grupo étnico o fuera de él los reproducen. Focaliza de manera particular las condiciones de vida de la mujer afropacífica, su marginación de los beneficios que genera el desarrollo; estudia sus roles en torno a la estabilización de las redes de parentesco, caracteriza los modos del lazo social en esas comunidades particulares.

Se trata de un eje que le da tratamiento a una problemática fuertemente invisibilizada en nuestra cultura, como es la del racismo y la doble exclusión que se sufre desde el género en la condición de etnia minoritaria. Incluye todavía poca investigación, pero la existente presenta un enfoque antropológico que se abre a la comprensión de la cultura propia de nuestro litoral pacífico.

4. Actores y violencias en el contexto intrafamiliar: Recoge trabajos que enfocan la problemática de influencia que tienen sobre la vida familiar y las actitudes personales, historias de maltrato anteriores (en la familia de origen). Incluye la perspectiva histórica de la construcción de relaciones autoritarias y legitimadoras de los modos de castigo hacia la mujer.

Siendo un eje de mucha importancia entre nosotros, muestra una escasa dinámica en la muestra (sólo una investigación cualitativa). Esto comienza a darnos pistas de los problemas con que se enfrenta la investigación en el momento en que intenta abordar el espacio de la intimidad y la vida privada del ser humano, espacio donde se da un alto índice de maltrato.

5. Desarrollo sostenible y planeación con perspectiva de género: Retoma estudios en torno a las mujeres reconociéndolas como agentes de desarrollo económico, cultural y social. Señala la importancia de tomar en consideración la sobrecarga de trabajo a las mujeres como consecuencia de los programas de desarrollo y tomar esto como uno de los criterios para la planeación con perspectiva de género. Trata de construir criterios para la creación de la igualdad de oportunidades (equidad). De otro lado, pretende la construcción de paradigmas que hagan viable el desarrollo sostenible (buscando comprometer a las mujeres en la protección del medio ambiente), lo cual implica resignificar el concepto de calidad de vida.

Es un tema relativamente nuevo, que comienza a prosperar entre nosotros. Su desarrollo a nivel de investigación es todavía incipiente.

6. Género, mujer, ciudadanía y participación - democratización en América Latina: Integra un espectro amplio de temáticas. Desde las que enfocan el comportamiento político de las mujeres, siguiendo con la actividad y las formas de participación femenina (desde lo local a lo macro), hasta la evaluación del impacto político de las organizaciones femeninas en la transformación de la participación política.

Focaliza cualitativamente los modos de participación política femenina como tal (la representatividad de las mujeres se convoca más en torno a actividades de beneficio colectivo que de beneficio personal). Pone de presente cómo la noción dominante del ejercicio de la política invisibiliza las acciones políticas de las mujeres populares, quienes deben realizar una labor silenciosa de organización que les permita el acceso al espacio público; sin embargo, el costo que las mujeres en general deben pagar por acceder a tales espacios públicos es un défict en la vida personal.

Se trata específicamente el problema de la integración de las mujeres populares a la participación democrática que surja de la familia hacia el barrio, buscando colectivizar experiencias, partiendo de reivindicar la emancipación de la experiencia personal de todas las formas de opresión que subsisten. Se reporta cómo los movimientos de derechos humanos, asumidos en su gran mayoría por mujeres, han logrado un impacto en la sociedad, ganando mayor conciencia.

En el terreno teórico, se generan críticas a los modelos económicos vigentes en cuanto que redunden en la transformación de la vida cotidiana ya que inciden en graves violaciones de los derechos económicos, culturales y sociales. Aparecen contribuciones en relación con la reivindicación de la diferencia como modo de transformar la cultura patriarcal; se propone la complicidad en el cambio del orden social superando los estereotipos de género. La incorporación del género a la promoción y protección de los derechos humanos otorga un nuevo sentido a la convivencia democrática. Finalmente, el feminismo aparece como el agente que puede ofrecer una nueva concepción de poder ante el conjunto de fuerzas surgido en distintos espacios; esto le plantea el reto de enfrentar la contradicción entre el discurso tradicional en defensa de las instituciones –el cual apela a las cualidades esenciales de la mujer en tanto madre– y las pretensiones feministas de subvertir el orden patriarcal.

Es un eje con una fuerte dinámica, fruto seguramente del trabajo permanente de los grupos de mujeres integrados a las redes de la sociedad civil con presencia en la constituyente, y que continúan teniéndola en torno a acciones de oposición y presión ciudadana en la coyuntura política actual. Se nutre por la investigación empírica de nivel superior a lo descriptivo y por documentos que expresan procesos de concertación y consulta.

7. Género, mujer, condiciones de vida y demografía: Con énfasis en los análisis de la dinámica poblacional, es también un espacio privilegiado para el examen de las situaciones y las vicisitudes de la salud femenina. Se caracteriza también por la observación y estudio detallado de las condiciones de vida de grupos poblacionales específicos: jóvenes, trabajadoras sexuales, mujeres campesinas, mujeres pobladoras –e incluso víctimas de la violencia y el desplazamiento–, trabajadoras asalariadas y domésticas, entre otras. Enfoca la identidad de género desde lo que se denominan roles sexuales. Presenta una dinámica importante en el contexto de la muestra; sin embargo se mantiene a un nivel altamente descriptivo.

8. Mujer, trabajo y trabajo doméstico: Uno de los campos más destacados de la producción de la sociología con perspectiva de género. En efecto, caracteriza la brecha existente entre el trabajo desempeñado por las mujeres y las modalidades del mismo que ha sido posible definir a través de los instrumentos disponibles en la investigación. Realiza un seguimiento de las transformaciones en los patrones de trabajo de las mujeres y su grado de incorporación reciente. Llama la atención sobre el proceso de feminización de la actividad agropecuaria. Precisa los problemas de cualificación a los que se ve enfrentada la empleada de la industria manufacturera.

De otro lado, la conceptualización del trabajo doméstico del feminismo marxista en la década de los 80 –desafortunadamente con poco impacto en nuestra cultura, al tratarse de una de las dimensiones más endurecidas de los patrones de género–, plantea la necesidad de reconsiderar la atribución cultural del trabajo doméstico a la mujer, su aceptación más como un acto de amor que como tarea de reproducción de la fuerza de trabajo y la exigencia de justicia, de hacer visibles las condiciones de la trabajadora doméstica asalariada. Señala la necesidad de reconceptualizar el trabajo doméstico en la lógica del cuidado mutuo y de repensar la masculinidad30.

9. Literatura, historia, material cultural, género, mujer y escritura: Aúna trabajos que afirman tanto la existencia de una cosmovisión particular de las mujeres que posibilita construir y reconstruir desde ella, como los que postulan y estudian la construcción de la idea social de la mujer y la contribución de la literatura a tal fin. Se denuncia la castración sufrida por la mujer como sujeto de enunciación, lo cual requiere una reflexión permanente sobre el uso (sexista) del lenguaje. Se pregunta: ¿qué sucede en la relación entre mujeres y dónde recurrir para conseguir apoyo como escritoras?

Se afirma la necesidad de impulsar una nueva lectura de la historia de las mujeres que permita identificar cómo distintos hechos y procesos abren espacios para ellas al tiempo que se requiere no sólo de estrategias particulares para captar su punto de vista, sino de una mirada que diferencie modelos e imaginarios propios de distintas condiciones sociales. Se trata de un eje que integra una producción con base en ensayos principalmente.

10. Feminismo, género, identidad y relaciones de género, feminidad, masculinidad: También aquí se da la presencia de un debate que podría caracterizarse como ‘estructuralismo versus construcción social de la realidad’. Elabora la afirmación de que la diferencia ha sido convertida en desigualdad, la cual se valida en prácticas culturales donde el poder está en juego en las relaciones de género. Hace falta pensar el poder y el liderazgo desde la identidad de género y decidir qué se busca: igualdad o diferencia.

Igualmente, el seguimiento de las identidades de género existentes entre nosotros diferenciadas por una serie de factores (ubicación geográfica, sociales, generacionales, etc.), los procesos de transición que están teniendo lugar, en cuanto al surgimiento de otras nuevas y las alternativas de convivencia, de pareja, de pautas de crianza y de unidades domésticas que –en torno a las nuevas identidades– se están generando, en un marco que desborde la noción hegemónica de la familia nuclear, ampliaría las posibilidades de comprensión y crítica cultural de la dinámica de los géneros en la vida cotidiana.

Se intenta construir explicaciones teóricas en torno a la subordinación de las mujeres, tomando como núcleo la díada naturaleza/cultura, asociada a lo femenino y lo masculino respectivamente.

Se formula la necesidad de construir una ética desde las mujeres que busque disminuir la ‘servidumbre interior’ y el crecimiento de la conciencia, así como promover un proyecto amoroso que matice la lógica de la exclusión a partir de la reciprocidad y la simetría. Igualmente, se formula la necesidad de reconceptualizar los espacios y los modelos de socialización masculina. Finalmente, también la noción de género alcanza en algunos trabajos una dimensión teorética que recoge categorías teóricas fuertes y avanza en su desarrollo. Presenta, sin embargo, una altísima producción con fundamento en ensayos.

– Recuperando la voz

Análisis del conjunto de la producción intelectual en el campo de los estudios de género. Sin lugar a dudas, se aprecia una diferencia importante entre las investigaciones empíricas que en general reportan o relatan situaciones de vida concretas a partir de la red de relaciones sociales dentro de las cuales se desenvuelve la vida de mujeres y hombres, particularmente en condiciones de marginalidad y escasez de oportunidades.

En efecto, en estos casos, y dado que entre nosotros la bipolaridad de la identidad de género se encuentra fuertemente endurecida, la coincidencia sexo/género es muy alta. Y es necesario decirlo: aunque la investigación empírica se centra de modo principal, por no decir que exclusivamente en la mujer, abriéndose a la multiplicidad que le permiten los datos, la perspectiva teórica sobre el género no penetra en las miradas investigativas y en las propuestas metodológicas. La investigación empírica estudia a las mujeres, noción problemática –como la que más–, en la perspectiva conceptual de género.

En los casos en que se trata de ensayos (ver Gráfica 2.), particularmente los que enfatizan el reciclaje de otras fuentes, el pensamiento tiende a configurar un orden cerrado sobre sí mismo, que deja pocas entradas a la experiencia concreta y situada de las mujeres y los hombres colombianos y latinoamericanos en condiciones de vida específicas. Lo anterior a pesar de que la misma literatura teórica afirma que las identidades subjetivas en muchas ocasiones constituyen modos de resistencia frente a los modelos prescritos.

Son pocos los trabajos que aportan al desarrollo de las teorías feministas y el campo del género. No se encuentra con frecuencia el uso de matrices transdisciplinares que permitan aprovechar categorías fuertes de algunas de disciplinas sociales para el tratamiento de problemas en el campo. En efecto, parece que en muchos sentidos somos ahora el producto del ghetto que fue necesario construir para que la academia le hiciera recepción a los temas del género y al feminismo.

– Retos para el fortalecimiento de los estudios de género en Colombia:

Institucionales

Parece indispensable continuar el esfuerzo sostenido hasta ahora por hacer una recepción lo más amplia posible del pensamiento internacional feminista y de género que cree las condiciones para la formación de las nuevas generaciones.

No obstante, sería muy provechoso fomentar la formación de académicas y académicos a nivel de doctorado, con el fin de que aportaran a la configuración de programas de investigación más corporativos, de más largo aliento y orientados a hacer avanzar las preguntas y a desplazar las fronteras del campo.

Parece saludable la búsqueda de alternativas para que proliferen los grupos de trabajo académico, que adopten programas de investigación específicos y diversos. Todo lo anterior redundaría en un mayor desarrollo de nuevos y alternativos modos de investigación, que superen nuestra tendencia actual de producción.

Para la investigación

Quisiera señalar en primer término, que la investigación de género ha venido siendo muy fecunda en lo que toca con los procesos de democratización en perspectiva de género y particularmente en lo que tiene que ver con la promoción de los modos de participación de la mujer popular, la comprensión de sus trayectorias laborales y las limitaciones de los modelos de análisis. Igualmente, en relación con el estudio y la promoción de una política de protección a las mujeres, así como la planeación del desarrollo con perspectiva de género, la cual implica reconocerle a las mujeres su liderazgo en la gestión de la calidad de vida. Tales campos, sin embargo, se encuentran abiertos y llenos de retos, tal como se verá más adelante.

Igualmente, el hecho de que entre nosotros comience a abrirse paso la búsqueda de espacios para la resignificación de la masculinidad, es una conquista que el campo de los estudios de género, sin lugar a dudas, puede abonarse. La investigación en este terreno, que ahora se plantea como un reto, debería abrirse a la experiencia concreta y situada, antes que cerrarse en elaboraciones que muchas veces no ubican adecuadamente la unidad de análisis, perdiendo la posibilidad de aportar nuevas comprensiones.

No obstante lo anterior, parece necesario desarrollar metodologías que permitan una mirada más parsimoniosa de la cultura y las relaciones de género en la vida cotidiana, incluso de las instituciones, con el fin de encontrar la real dimensión de lo que las mujeres en la esfera personal e íntima sí sentimos como una economía de género: el costo emocional (e incluso de otros tipos) que tiene para nosotras –este es el peso de la historia en la vida personal– el asumir el ejercicio de roles no tradicionales en el ámbito público.

El estudio de la historia de la vida cotidiana (de las mujeres y de los hombres) colombiana, podría ser un campo de avance y profundización que permitiera comprender la genealogía de las actuales relaciones de género, de los modos de masculinidad y feminidad. Este espacio podría enfocar las pautas de crianza, los modos de vínculo y los modelos de maternidad y paternidad que se construyen entre nosostros. Particularmente importante parece el estudio del vínculo en la configuración de una identidad nacional y la dificultad para reconocernos como conciudadanos. Volvemos, pues, a la teoría política, terreno en el cual las teorías feministas han demostrado tener un modo de abordar y tratar la realidad.

De otro lado, se hace indispensable precisar el uso de categorías de mucho arraigo en la tradición marxista, como la del poder, que como lo muestra Foucault31, es insuficiente para dar cuenta de la multiplicidad de tramas de relaciones de poder, si se tiene en cuenta que requiere una mirada que desborda totalmente la concepción de la interacción desde la lógica de quienes lo poseen o no. Por supuesto, las relaciones históricas de poder crean modos de dominación que ni este autor, ni nosotros, pretendemos desconocer. Más bien se trata de “…la producción multiforme de relaciones de dominación”.

Argumentos como los anteriores son los que le dan mucho peso a la propuesta de Villarreal32 para que el feminismo construya pensamiento en relación con el poder, que contribuya a la transformación de las relaciones de género y de la cultura, evitando de manera consciente e intencional, la reproducción de lo que se pretende transformar.

Unas palabras finales. Se impone un uso más cuidadoso y menos ligero de categorías que teniendo posibilidades de aportar al desarrollo de la teoría dentro del campo, terminan en desuso antes de que hayan aportado su potencial, por la banalización excesiva a la cual se les somete. Es esta también una manera de proteger un campo llamado a tener un futuro importante en la historia y la vida cultural de la humanidad.


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Citas

1 Debo un reconocimiento explícito a Alexandra Torres, quien de manera solidaria, cómplice diría yo, y desinteresada, no sólo se encargó de la construcción y la depuración de la base de datos, sino que me ofreció el soporte moral que por momentos requerí.

2 Agradezco al Programa de Estudios de Género, de la Universidad Nacional de Bogotá, la generosa oportunidad que me ofreció de participar en el programa de formación de docentes en el campo, altamente enriquecedora personal y académicamente.

3 Los desarrollos de este parágrafo se basan en mi proyecto de doctorado en filosofía, en cuya preparación me encuentro comprometida en este momento.

4 Scott, Joan. (1985). “El Género: una categoría útil para el análisis histórico”. En: Lamas, M. (Comp.1996). El Género: la construcción cultural de la diferencia sexual. México, UNAM – Porrúa, pp. 265–302.

5 La teoría y la filosofía feministas, son términos acuñados y reconocidos internacionalmente.

6 Offen, Karen (1988). “Definir el Feminismo: un análisis comparativo”. Historia Social. No.9, invierno 1991, pp.103–135.

7 No puede pensarse en un movimiento unificado, sino en una multiplicidad de procesos de búsqueda tanto de reivindicación social y cultural, como de espacios sociales. Son muchos los modos de clasificación que ha tenido y le han sido atribuidos incluso durante un mismo período histórico. También ha sido pensado como facción de movimientos políticos, uno de cuyos más destacados ejemplos es el feminismo marxista; no obstante, la historia ha mostrado que el feminismo tiene su propia dinámica y que puede disolver y/o transformar los lazos que ha construido durante épocas particulares.

8 Bonder, Gloria. “Los estudios de la mujer y la crítica epistemológica a los paradigmas de las ciencias humanas”. Desarrollo y Sociedad. No.13. Bogotá, enero de 1984, pp. 25–38.

9 Martín–Baró, Ignacio. (1988). “Retos y perspectivas de la psicología en América Latina”. En: Pacheco, G. & Jiménez, B. (Comps). Ignacio Martín– Baró (1942–1989). Psicología de la liberación para América Latina. Guadalajara, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente/ Universidad de Guadalajara, 1990, 11–79. El autor propone una distinción en tal sentido, afirmando la necesidad de tomar opciones en el trabajo académico con unas poblaciones y unas problemáticas concretas, manteniendo un ideal de rigor científico que exige la apertura a la totalidad de los datos provenientes de la realidad.

10 Término acuñado por Derridá, para cuestionar la preferencia de la historia de la filosofía por lo masculino –pero extendible al conjunto de las ciencias sociales–, buscando impedir que la diferencia sexual se relegue “…a la categoría de objeto de ciencia regional, bajo el pretexto de una neutralidad trascendental…”. En: Bennington, Geoffrey & Derridá, Jacques (1991). Jacques Derridá. Madrid, Cátedra, Teorema, p. 216.

11 Aunque no se trata de una noción libre de ambigüedades, tal como lo deja ver Marta Lamas en “Usos, dificultades y posibilidades de la categoría «género» (1993)”. Lamas, M. (Comp.1996). El Género: la construcción cultural de la diferencia sexual. México, UNAM – Porrúa, pp. 327–366. En primer lugar, no parece ser una noción que se corresponda etimológicamente en las diferentes lenguas. En castellano tiene diferentes acepciones y la que alude a la construcción de lo femenino y lo masculino se basa en los géneros gramaticales, noción que sólo es comprensible para los ya iniciados, y que por lo tanto termina teniendo un uso críptico.

12 Rubin, Gayle (1975). “El tráfico de mujeres: notas sobre la ‘Economía Política’ del sexo”.En: Revista Nueva Antropología. No. 30, Vol. VIII, México, noviembre, 1986, pp. 94–145.

13 Scott, Joan. Op. Cit.

14 Alcoff, Linda (1987). “Cultural feminism versus postestructuralism: the identity crisis in feminist theory”. En: Signs. 13 (3), 1988, pp. 405–436.

15 De Lauretis, Teresa (1989). “La esencia del triángulo, o tomarse en serio el riego del esencialismo: teoría feminista en Italia, los E.U.A. y Gran Bretaña”. En: Debate Feminista. Año I, Vol. 2. México, septiembre de 1990, pp. 77– 115.

16 Butler, Judith. “Variaciones sobre sexo y género. Beauvoir, Wittig y Foucault (1987)”. En: Benhabib, Seyla & Cornella, Drucilla. Teoría Feminista y Teoría Critica. Valencia, Alfons El Magnanim, 1990. Butler, Judith (1993). Bodies that matter. On the discursive limits of “sex”. Grait Britain, Routledge.

17 Foucault, Michel. Microfísica del poder. Madrid, La Piqueta, 1992.

18 Ibid.

19 Es esta una de las categorías centrales de mi proyecto de doctorado en Filosofía, la cual requiere un tratamiento filosófico riguroso y profundo.

20 Postulada por Derridá, quien afirma que “…la deconstrucción no se limita a ser una crítica, sobre todo una crítica teórica, sino que debe desplazar las estructuras institucionales y los modelos sociales…”. Derridá, Jacques. “Prólogo. «…Una de las virtudes más recientes…» ”. En: de Peretti, Cristina (1989). Jacques Derridá. Texto y deconstrucción. Barcelona, Anthropos. También Scott, Joan (1988). “Igualdad versus diferencia: los usos de la teoría postestructuralista”. En: Debate Feminista. Año 3, Vol. 5, marzo, 1992 pp. 85– 102, muestra el valor que tienen la ‘inversión’ y el ‘desplazamiento’ como estrategias metódicas de la deconstrucción, orientada a trastocar el sentido.

21 Fernández, Ana María (1993). La Mujer de la Ilusión. Buenos Aires, Paidós.

22 La noción de teoría generativa aparece propuesta por Kenneth Gergen (1978). “Toward Generative Theory”. En: Journal of Personality and Social Psychology. U.S.A.,Vol. 36, No. 11, pp.1344–1360, como lo propio de las teorías del campo de la Psicología Social. En el contexto de la evaluación de propuestas teóricas rivales, Gergen sugiere tomar en consideración la capacidad generativa de las diferentes propuestas, la cual define como: “…la capacidad de retar los supuestos que orientan la cultura, a fin de desarrollar preguntas fundamentales sobre la vida social contemporánea, y apadrinar una reconsideración de ‘lo tomado por dado’ y, a través de esto, ofrecer nuevas alternativas para la acción social.” (p.1346). Esta noción de generatividad de Gergen es empleada por Ignacio Martín Baró para proponer su Psicología de la Liberación. La noción de generatividad también es empleada por Giulia Colaizzi. “Feminismo y teoría del discurso. Razones para un debate”. En: Collaizzi, G. (Ed. 1990). Feminismo y teoría del discurso. Madrid, Cátedra, pp. 13–28, para referirse a la distinción entre lenguaje y discurso, aludiendo al “principio dialéctico y generativo a la vez”, por el cual las palabras remiten a una red de relaciones de poder históricas, específicas y construidas, y, por lo tanto, transformables. (p. 20)

23 Fernández, Ana María. Op. Cit.

24 Son varios los autores que señalan que mientras sea el cuerpo de la madre el único objeto (en sentido psicoanalítico) con el cual hay que romper lazos para configurar un modelo de masculinidad que termina dando lugar a un sujeto desincardinado, al rechazar el cuerpo de la madre, nuestra cultura seguirá siendo misógina. Un cambio cultural de la masculinidad pasaría por el ejercicio de unos modos simétricos de maternización (donde cada ser humano fuera también maternizado por un sujeto de su propio sexo). Cfr. Balbus, Isaac (1987). “Michel Foucault y el poder del discurso feminista”. En: Benhabib, Seyla & Cornella, Drucilla. Teoría feminista y teoría crítica.Valencia, Alfons El Magnanim, 1990.

25 Op. cit.

26 Foucault, Michel (1986). Las palabras y las cosas. México, Siglo XXI.

27 Jaquette, Jane. “Los movimientos de mujeres y las transiciones democráticas en América Latina”. En: León, M. (Comp.) Mujeres y participación política. Avances y desafíos en América Latina. Santafé de Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1994, pp.117–138.

28 Se empleó el siguiente procedimiento: se realizó una primera consulta en el Centro de Documentación de Género, Mujer y Desarrollo de la Universidad Nacional (CDUN), cruzando los descriptores Género y Colombia, dada la capacidad de éste para captar material proveniente de todo el país, además de ser nuestro principal centro sobre el tema. La consulta por los descriptores mencionados es muy amplia, ya que, como el mismo nombre del Centro lo indica, toda la documentación indizada se encuentra en ese campo. La búsqueda lograda en el CDUN se complementó con el material pertinente y ya disponible en nuestra base datos, proveniente de una tesis de pregrado en Psicología dirigida por la autora, consistente en un análisis documental sobre epistemología y género. El criterio básico tenido en cuenta para la selección, fue que se tratara de material clasificado en el campo del género, elaborado por colombianas/colombianos o sobre Colombia. Con este criterio se incluyeron algunos estudios sobre América Latina y se eliminaron comentarios, presentaciones, y material semejante. Con el material seleccionado se definió una ‘muestra cualitativa’ sobre la cual se realizó una lectura analítica, luego de haber depurado la base de datos para la consignación de la información. El material analizado se clasificó tanto por período de publicación’, como por ‘tipo de documento’, con base en las siguientes categorías: (a) Investigación descriptiva (incluye investigaciones empíricas de carácter cuantitativo o que se basan en estadísticas. Se las clasificó como descriptivas ya que los casos analizados no alcanzaban niveles explicativos del tipo posible –modelos explicativos estadísticos–, cuanto se maneja tal tipo de datos. (b) Investigación cualitativa (incluye estudios que emplean material de campo recogido etnográficamente, particularmente historias de vida, procesados a través de estrategias cualitativas, pero cuyos niveles explicativos también son limitados. (c) Investigación multimétodo (Incluye trabajos empíricos que combinan las estrategias cualitativas y cuantitativas, dando por ejemplo contextualización macro a estudios de caso en profundidad, con lo cual se logra, en general, mayor potencia analítica. (d) Memorias (documentos resultado de encuentros y/o talleres sobre temas relacionadas con el campo del género). (e) Documento de política (Incluye tanto informes de consultorías, como propuestas de política generales o específicos por campos de desarrollo. (f) Ensayo (Incluye elaboraciones conceptuales cuya tendencia preponderante es el ‘reciclaje’ de fuentes secundarias, sin mayor aporte personal. (g) Ensayo teorético (Incluye elaboraciones conceptuales que no solamente emplean con propiedad categorías teóricamente fuertes –con sustento disciplinar–, sino que con su apoyo los autores alcanzan niveles de teorización relativamente genuinos. (h) Estado del arte (Incluye el tipo de investigación, que a partir del análisis de una base documental significativa, permite determinar el estado de la cuestión en un campo particular).

29 Debo un agradecimiento especial a todo el personal del ‘Centro de Documentación de Género, Mujer y Desarrollo’ de la Universidad Nacional, por toda la colaboración prestada en la primera etapa del estudio, durante la cual apoyaron al grupo de cinco lectores con que se contó, todos estudiantes de tesis o último año de Psicología, y exalumnos del seminario sobre ‘Aproximaciones teóricas a la problemática del género’ que dirijo en la Facultad; son ellos: María Isabel Botero, Adriana Flórez, Inés Adriana Rojas, Sol Viviana Rojas y David Zuluaga.

39 En el presente estudio se incluyó mi Estado del Arte que realiza un balance respecto de la investigación sobre el trabajo doméstico en América Latina durante la década 82–92. Las referencias colombianas que incluye la muestra de 17 trabajos son las siguientes: Dambois, R. (1992). “Trayectorias en la perspectiva comparativa. Trayectorias laborales de obreros en la industria colombiana y la industria alemana”. Ponencia presentada al ‘Seminario sobre el uso de historias de vida en la investigación en las ciencias sociales’. Villa de Leyva, 17–20 de marzo. León, M. (1987). “Colombia: trabajo doméstico y servicio doméstico”. En: Schuller, M. (Comp.) Poder y derecho. Estrategias de las mujeres del Tercer Mundo. U.S.A, OEI International, pp. 333,347. León, M. (1988). “La lucha por la seguridad social de la trabajadora doméstica”. En: ISIS – MUDAR. Mujeres, crisis y movimiento. América latina y el Caribe. Santiago de Chile, Ediciones de las mujeres, No. 9, pp. 109–116. León, M. (1990). “La trabajadora invisible: condiciones de salud de la trabajadora doméstica en Colombia”. En: OPS Asociación americana de personas jubiladas. Las Mujeres en edad mediana y avanzada. Washington, pp. 383–394. Meertens, D. (1987). “Mujer y Vivienda en un barrio de invasión”. En: Revista Foro. No. 4, noviembre, pp. 3846 Bogotá, Fundación Foro por Colombia. Puyana, Y.(1990). “El trabajo doméstico: una forma ancestral de opresión de la mujer”. En: Grupo Mujer y Sociedad. Mujer, amor y violencia. Bogotá, Tercer Mundo Editores – Universidad Nacional – Centro Editorial. Rey de Marulanda, N. (1982). “La unidad reproducciónproducción en las mujeres del sector urbano en Colombia”. En: León de Leal, M. (De.). La realidad colombiana. Debate sobre la mujer en América Latina. Bogotá, ACEP, pp. 56–71. Rico de Alonso, A. (1991). “Niñas y jóvenes en Colombia. Realidades, problemas y posibilidades”. Informe Final de Consultoria Presentado a UNICEF. Santafé de Bogotá, mimeo. Segura de Camacho, N. (1982). “La reproducción social, familia, trabajo”. En: León de Leal, M. (Ed.) La realidad colombiana. Debate sobre la mujer en América Latina. Bogotá, ACEP, pp. 84–98.

31 Foucault, Michel. Microfísica del Poder. Op. cit.

32 Villarreal Méndez, Norma. “El camino de la utopía feminista en Colombia, 1975–1991”. En: León, M. (Comp.) Mujeres y participación política. Avances y desafíos en América Latina. Santafé de Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1994, pp.181- 204.


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