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Los estudios sobre lo masculino en América Latina. Una producción teórica emergente

Studies on masculinity in Latin America. An emerging theoretical production

Estudos sobre masculinidade na América Latina. Uma produção teórica emergente

Mara Viveros Vigoya*


* Doctora en Ciencias Sociales, EHESS, París. Investigadora-Docente, Universidad Extenado de Colombia; Investigadora adscrita CES, Universidad Nacional.


Resumen

El artículo muestra la importancia que ha tomado recientemente la producción de trabajos sobre los hombres como actores genéricos en distintos países latinoamericanos. En este texto presentamos algunos de los estudios publicados en la región a fines de la década del ochenta y en los años noventa, período en el cual se amplían y diversifican los sujetos tratados y se produce una apertura a la interdisciplinariedad. Los trabajos examinados se agrupan en torno a los ejes temáticos que abordan: la construcción de la identidad masculina; la identidad de género en los espacios públicos; la articulación entre género y etnia; la salud reproductiva y la sexualidad masculina. Aunque el proceso descrito ilustra el amplio espectro de temas que abarcan los estudios actuales también se señala la ausencia de algunas problemáticas que merecen reflexión y pueden ser de interés para futuras investigaciones.


El ingreso de lo masculino en el escenario académico latinoamericano

Los estudios actuales sobre las identidades, roles y relaciones de género (Kaufman 1987, Badinter 1993), plantean que la masculinidad dominante experimenta, desde hace tres décadas, la pérdida de muchas de sus evidencias. Repensar la masculinidad, se ha convertido en una urgencia que ha dado lugar a un nuevo campo de estudios, los “Men’s studies”, en buena medida como reflejo del avance de la teoría feminista, cuyo desarrollo se ha dado fundamentalmente en los países anglosajones y más recientemente en algunos países latinoamericanos como México, Brasil, Perú y Argentina.

Si bien en los últimos veinte años se ha realizado un gran número de estudios sobre las mujeres con el fin de superar el “androcentrismo” de las ciencias sociales, los balances teóricos y empíricos de De Barbieri (1992) y Gomáriz (1992) señalan que en el trabajo acumulado en el campo de los estudios latinoamericanos de género existen vacíos como el que se refiere a la investigación y reflexión desde la perspectiva masculina. A pesar del énfasis de los estudios de género en el aspecto relacional de este concepto, la mayoría de ellos se han centrado fundamentalmente en las mujeres. Sólo desde fecha muy reciente ha empezado a cobrar importancia la producción de trabajos sobre los hombres como actores genéricos en distintos países latinoamericanos.

Los primeros estudios sobre lo masculino en la región se orientaban fundamentalmente al estudio del machismo, definido como el culto a la virilidad, o hacían parte de investigaciones sobre grupos domésticos1 o sobre el proceso de socialización de niños y niñas en distintos contextos sociales. Algunos de los problemas más generalizados en muchos de los estudios sobre el machismo de los años 50 y 60 eran su carácter descriptivo, su tendencia a enfocar el machismo en el individuo, destacando los aspectos patológicos y negativos y su perpetuación de una imagen estereotipada del hombre latinoamericano, particularmente del campesino y del obrero (Ramírez 1995). En contraste con las deficiencias de esta literatura, a partir de la década del ochenta, se desarrolló otro tipo de investigaciones sobre masculinidad que incorporó las contribuciones académicas del feminismo a la comprensión de la construcción cultural del género, los usos de la sexualidad y las relaciones inter e intra-género (Gomáriz 1992).

Los estudios recientes en este campo han seguido básicamente dos orientaciones, los que se definen como “aliados” del feminismo y los que reivindican una forma autónoma de estudiar la masculinidad (Kimmel 1992). También existe una literatura sobre el tema de amplia difusión inspirada en el movimiento mito-poético surgido alrededor del libro de Robert Bly, Iron John, en el que a partir de la narración de hadas de los hermanos Grimm se habla del desarrollo masculino y de la profunda nostalgia de los varones de una vida con significado y repercusiones. Los planteamientos de Bly han tenido cierta repercusión en algunos autores y países latinoamericanos y así se han desarrollado grupos y movimientos de hombres que buscan alternativas para la transformación de la masculinidad. Para tal objeto se proponen talleres exclusivamente de hombres que buscan permitirles el reencuentro con la figura paterna y la exploración de los atributos positivos de la masculinidad (cf.. Cardelle 1992, Kreimer 1992).

En cuanto a los ejes temáticos de los textos sobre lo masculino se destacan los que abordan la construcción de la identidad masculina, los que discuten en torno a la articulación género/clase/etnia y al impacto de los cambios vividos por las mujeres sobre la subjetividad masculina y los que se interesan por la sexualidad masculina y la participación del varón en los eventos reproductivos. Los trabajos actuales han sido realizados principalmente desde la antropología, la sociología y la psicología social y los enfoques teóricos predominantes han sido los constructivistas que sostienen que las categorías mediante las cuales percibimos, evaluamos y pensamos, se construyen socialmente. Estas nuevas perspectivas en el análisis han traído una expansión del tipo de métodos de investigación cualitativos utilizados para dar cuenta de problemas complejos como el poder y las relaciones de género. La masculinidad se ha empezado a considerar como una construcción social cambiante de una cultura a otra, en una misma cultura según la pertenencia étnica o de clase, en el curso de la vida de cualquier hombre, y según la orientación sexual. Por otra parte, se empieza a prestar atención no sólo a los comportamientos sino a los discursos, mostrando cómo a través de ellos se presenta, defiende y justifica la posición hegemónica de los varones (Ramírez 1995). Finalmente, es necesario señalar que los estudios contemporáneos de masculinidad se ubican en un contexto de profundas transformaciones de las sociedades latinoamericanas que se perfilan como sociedades complejas, con fuertes poblaciones urbanas, un gran contingente de mujeres incorporadas al mercado de trabajo y movimientos feministas más o menos fuertes que cuestionan los privilegios masculinos en el ámbito público y privado. En América Latina, la llamada crisis de la masculinidad tiene como transfondo estos cambios sociales y económicos y la importancia adquirida por el movimiento social de mujeres en sus diversas luchas.

Para ilustrar el amplio espectro de temas que abarcan los estudios actuales de masculinidad examinaré brevemente algunos de los trabajos publicados en América Latina a fines de la década del ochenta y en los años noventa, período en el cual se amplían y diversifican los temas tratados y se produce una apertura a la interdisciplinariedad. Esta revisión no pretende ser exhaustiva ni ofrecer un panorama del estado actual del debate sobre la masculinidad en el área latinoamericana. Es una selección que responde a mi formación en ciencias sociales, a mis preocupaciones e intereses presentes2 y seguramente deja de lado trabajos relevantes. Sin embargo espera proporcionar elementos de información útiles sobre algunos de los debates que genera en la actualidad el tema de lo masculino, y estimular la discusión y análisis del proceso de construcción de esta producción teórica.

Los diferentes ejes temáticos

La construcción de la identidad masculina

Por ser estudios pioneros, en gran parte de carácter exploratorio, la mayoría de las investigaciones se ha enfrentado al desafío de conocer y analizar qué significa ser varón y qué consecuencias acarrea el serlo en el contexto latinoamericano. En efecto, el principal tema en los trabajos analizados es el de la construcción de la identidad masculina. Entre los principales estudios que buscan responder estos interrogantes podemos citar el de Rafael L. Ramírez, “Dime capitán: reflexiones sobre la masculinidad” (1993) y el de Sócrates Nolasco, “O mito da masculinidade” (1993). En el primero se explora, desde una perspectiva interpretativa, la construcción de la masculinidad en Puerto Rico. Se parte de una crítica a los usos del término “machismo” y se continúa con una descripción de las diversas masculinidades en distintos contextos etnográficos. Se afirma igualmente que la ideología dominante de la masculinidad se reproduce en las relaciones homosexuales entre hombres para finalizar el estudio con un planteamiento acerca de la posibilidad de construir una nueva identidad masculina, despojada de los juegos de poder y competencia propios del rol masculino tradicional. Ramírez presenta su interpretación, a partir de fuentes secundarias, de lo que significa ser hombre en Puerto Rico, concluyendo que en Puerto Rico “la ideología masculina se materializa en los genitales y se articula con la sexualidad y el poder” (p 62) y “los encuentros entre hombres están trabajados por el poder, la competencia y el conflicto potencial” (p 72).

En el segundo se analiza, a partir de una investigación con 25 hombres de clase media, con edades entre 25 y 35 años, la forma opresiva en que son tradicionalmente socializados los hombres brasileros, sus relaciones con el trabajo, consigo mismos, con sus compañeras, amigos e hijos y se cuestionan los parámetros sociales a través de los cuales se define qué es un hombre. La investigación muestra que los hombres no logran percibir o comprender el significado de las diferencias individuales entre los sexos cuando éstas no están definidas biológicamente y su dificultad para hablar de sus miedos e inseguridades frente a otro hombre, las tensiones que se derivan de sus intentos de adecuarse a una expectativa de desempeño social que no corresponde ni a sus límites ni a sus deseos (Nolasco 1993).

En Colombia, autores como Hernán Henao han mostrado interés por el tema de la identidad masculina en el contexto de los cambios nacionales e internacionales que se han producido en los últimos treinta años. En un trabajo realizado con base en las historias de vida de 45 drogadictos(1994), el autor reflexiona sobre la búsqueda de identidad masculina que se resuelve por la vía de la negación, el temor o la imposibilidad de responder a los retos que enfrentan los varones en el mundo actual. En este estudio se hace referencia al vacío de autoridad que sufre el drogadicto durante la infancia y juventud, con la consecuente fractura de su personalidad y al padre como una imagen dibujada en la cultura antioqueña por el discurso de la madre y el cura del confesionario, “un ser inasible, que desaparece en el momento de la cotidianidad” (p. 9). El autor argumenta que a través del lenguaje del consumidor de psicoactivos podemos aproximarnos a la nueva palabra del hombre, aquel que no tiene poder en el cosmos y es temeroso, inhábil para moverse en un mundo “del cual desaparecieron las súbditas” (p. 16).

Matthew Gutmann (1993) plantea una crítica a los estereotipos sobre el machismo generalizado de los hombres mexicanos, particularmente del de los hombres de sectores populares. Con base en un estudio etnográfico sobre las diferencias intergeneracionales en las identidades masculinas en la colonia popular de Santo Domingo, una de las zonas de invasión más grandes del distrito federal de Ciudad de México, el autor señala los efectos de la crisis económica de 1982 sobre los roles y valores tradicionales ligados a hombres y mujeres. En efecto, esta crisis trajo por consecuencia un número cada vez mayor de mujeres trabajando por dinero, fuera de casa, y la participación de los varones en las tareas domésticas, “erosionando el machismo”. Uno de los principales méritos de este trabajo es poner en relación los procesos individuales de construcción de la identidad con procesos estructurales como la crisis económica.

Los trabajos de Liuba Kogan (1996) y Norma Fuller (1993, 1995, 1996) son algunos de los pocos estudios que abordan la construcción de la masculinidad en los sectores sociales dominantes3. El primero de ellos analiza los estereotipos de género en sectores medios y altos de la sociedad peruana. En su estudio se muestran las particularidades, derivadas del contexto de bienestar económico, que asume la construcción de la masculinidad en los hombres de sectores altos. También se subraya el carácter conservador de las relaciones de género en este sector social, en el cual el propio sistema social frena las posibilidades de transformación o modernización de los roles genéricos. Se señalan sin embargo, diferencias entre los varones jóvenes y los mayores en relación con sus percepciones sobre los roles de género.

Norma Fuller (1993) plantea que los varones peruanos de clase media no han experimentado los grandes cambios vividos por las mujeres de su clase con el ingreso a espacios considerados tradicionalmente como masculinos y la adquisición de nuevos derechos. Por esta razón, si se han visto en la necesidad de cuestionar el modelo masculino vigente ha sido por las transformaciones vividas por las mujeres. En un trabajo posterior (1996), se refiere a la diversidad de significados que tiene la masculinidad para un mismo hombre en distintas etapas de su ciclo vital y a la variedad de comportamientos y códigos éticos que adoptan los varones de los grupos dominantes al relacionarse con distintos tipos de mujeres (su esposa y su amante por ejemplo).

La identidad de género en los espacios públicos

Otra dimensión importante de la identidad de género es su expresión en los espacios públicos, espacios simbólicos del poder, del que las mujeres no han formado parte tradicionalmernte. Desde esta perspectiva, Denise Fagundes Jardim (1992) presenta una sugestiva reflexión sobre la construcción social de la identidad masculina en las clases populares. A partir de la descripción de los butecos, bares en los que se reúnen los hombres de los sectores populares en Porto Alegre, Brasil, la autora muestra la forma en que los hombres se apropian de este espacio social para construir territorios masculinos. Particular interés reviste la manera en que Jardim analiza la estética de estos lugares que articulan significados masculinos relacionados con comidas, bebidas y sonidos. Por último, la autora concluye que los butecos constituyen uno de los espacios privilegiados de socialización de los sujetos y de constante actualización de una cultura masculina.

El espacio laboral es otro espacio social en el cual inciden las relaciones de género, introduciendo diferencias e inequidades en las ocupaciones realizadas, en la distribución de los ingresos, en las modalidades laborales y en las valoraciones de las actividades realizadas por hombres y mujeres. Virginia Guzmán y Patricia Portocarrero (1992) analizan, a partir de historias de vida de obreras y obreros de la ciudad de Lima, la valoración que se asigna al trabajo femenino y masculino dentro del espacio fabril y la articulación entre su identidad de género y su identidad social. Las autoras sostienen que la presencia femenina en la fábrica no está totalmente legitimada y que los valores más estimados en este medio están asociados con cualidades “viriles”: la fuerza, la capacidad de resistencia, la posesión de conocimientos técnicos masculinos, el ejercicio de posiciones de mando. Por otra parte la fábrica es ocupada material y simbólicamente por los hombres y el sindicato, instancia privilegiada para la construcción del discurso obrero, es también liderado por las concepciones masculinas, asociadas claramente con el espacio público y el ejercicio de la ciudadanía.

En un trabajo colombiano reciente (Arango y Viveros 1996) se analizan y comparan las trayectorias profesionales de mujeres y hombres, altos funcionarios públicos, durante la administración Gaviria (1990-1994), desde una perspectiva de género. La investigación pone de presente diferencias en las trayectorias laborales de mujeres y hombres que remiten a desventajas comparativas para las mujeres en la medida en que sus carreras presentan inicios en niveles inferiores de la pirámide ocupacional, ritmos de ascenso más lentos, acceso limitado a los cargos de más prestigio y poder y menor movilidad en cargos y entidades. Estas desigualdades se producen a pesar de que las mujeres presentan perfiles educativos similares a los masculinos. El estudio señala que uno de los factores de mayor incidencia en la reproducción y transformación de las inequidades de género en el trabajo es la interrelación entre familia y trabajo; se hacen manifiestas las grandes diferencias que se juegan en este tePor otra parte, detrás de la utilización del concepto “mestizo”, lo negro y lo indio han quedado invisibilizados como categorías étnicas de poblaciones con reclamos y culturas específicas (Wade 1990). Algunos autores como Joel Streicker han analizado los contenidos de las categorías raciales a través de las articulaciones que se establecen entre clase, raza y género en la vida cotidiana. En su estudio Policing Boundaries: race, class and gender in Cartagena, Colombia, este antropólogo examina las interacciones entre estas tres categorías en el discurso cotidiano de los habitantes del barrio Santa Ana en Cartagena. El autor plantea que la raza está inmersa en el discurso de clase y género de los santaneros y que la interdependencia de estas tres categorías rreno, tanto en sus dimensiones objetivas -sincrónicas y diacrónicas- como en los aspectos subjetivos que atañen a la percepción de la familia, la paternidad y maternidad y los arreglos de pareja.

La articulación entre género y etnia

En las sociedades latinoamericanas, caracterizadas por ser pluriétnicas y multiculturales, se ha hecho necesario pensar en las distintas formas en que se construyen las identidades masculinas en los diferentes grupos étnicos y complejos socioculturales. Una vertiente de este tipo de estudios es la representada por autores como Octavio Paz (1959) y retomada más tarde por Milagros Palma (1990) y Sonia Montecino (1991, 1995) quienes afirman que la exageración y la arbitrariedad del predominio masculino en las sociedades coloniales ibéricas se debe a su nacimiento -real y simbólico- signado por la ilegitimidad. Para estos autores, la figura de la Malinche constituye un mito fundador del orden social latinoamericano y lo masculino se percibe construido en una relación problemática con lo femenino, desde el modelo del hijo o del padre ausente. Aunque este punto de vista tiene, como lo plantea Fuller (1996) la ventaja de considerar las especificidades históricas de las sociedades iberoamericanas para explicar la dinámica de las relaciones entre los géneros, ignora el proceso de modernización en el que están insertas actualmente estas sociedades y las particularidades de cada una de ellas.

Por otra parte, detrás de la utilización del concepto “mestizo”, lo negro y lo indio han quedado invisibilizados como categorías étnicas de poblaciones con reclamos y culturas específicas (Wade 1990). Algunos autores como Joel Streicker han analizado los contenidos de las categorías raciales a través de las articulaciones que se establecen entre clase, raza y género en la vida cotidiana. En su estudio Policing Boundaries: race, class and gender in Cartagena, Colombia, este antropólogo examina las interacciones entre estas tres categorías en el discurso cotidiano de los habitantes del barrio Santa Ana en Cartagena. El autor plantea que la raza está inmersa en el discurso de clase y género de los santaneros y que la interdependencia de estas tres categorías sociales tiene que ver con la naturalización de las diferencias, una poderosa forma de neutralizar el juego de lo social y de las subjetividades individuales. En el contexto de este barrio, la noción de masculinidad se construye no sólo en oposición a la feminidad sino también a la masculinidad de los negros y los ricos (los primeros considerados peligrosos y asociados con lo animal y los segundos, más femeninos, por estar más interesados en ellos mismos y por las restricciones que les imponen sus esposas).

Desde otra perspectiva, Ondina Fachel Leal (1992a y b) explora la articulación entre la identidad cultural y la identidad de género a partir de sus investigaciones sobre la cultura gaucha. La autora plantea que la identidad gaucha se construye en torno a la identidad masculina. Para ilustrar esta afirmación examina algunas de sus manifestaciones culturales. Por ejemplo, aborda el significado del suicidio masculino en el Estado de Rio Grande do Sul, área de asentamiento de la cultura gaucha. En su trabajo Suicidio, Honra e Masculinidade na Cultura Gaúcha señala que en esta cultura el suicidio es una práctica corriente y la muerte representa un desafío y una oportunidad para que los hombres prueben su masculinidad. Cuando un gaucho4 pierde su fuerza y ya no es capaz de domar la naturaleza que lo rodea, pierde su identidad como gaucho y su masculinidad. Su derrota es percibida como una feminización y una muerte cultural, experimentada por él como su muerte individual. Igualmente estudia uno de los mitos más importantes del folklore gaucho, el mito de la salamandra del Jarau5. Para la autora los mitos son modalidades discursivas que organizan una explicación en relación con la realidad social. Se analiza esta narración como un mito fundador de la sociedad pastoril gaucha, como el relato de la auto-gestación y auto-creación del hombre gaucho en el cual se pone en escena la lucha del hombre para no sucumbir al encanto de la mujer que amenaza su identidad tanto de hombre como de gaucho.

Los estudios sobre salud reproductiva y sexualidad masculina

El concepto y el campo de investigación de la salud reproductiva, surgidos desde hace una década, permiten encarar los eventos reproductivos no sólo desde un punto de vista médico sino también sicológico y social y entender que “la reproducción es influenciada, e influye en los comportamientos sociales y en las construcciones culturales en torno a la sexualidad” (IWHC 1993 citada por Gysling 1994). Desde esta perspectiva se ha cuestionado el mayor énfasis en el comportamiento reproductivo de las mujeres que en el de los varones, ignorando la importante influencia masculina en las decisiones reproductivas (Tolbert et al. 1994). Algunos trabajos como el de Juan Guillermo Figueroa (1995) y el de Hernando Salcedo (1995) intentan colmar este vacío de información sobre los papeles masculinos en los campos de la salud reproductiva y la sexualidad. El primero tiene por objeto identificar algunos elementos de la forma en que investigadores, educadores y activistas latinoamericanos han interpretado la salud reproductiva en el ámbito de los varones. El trabajo de Figueroa busca replantear algunos elementos del análisis demográfico tradicional vinculado con la fecundidad e identificar indicadores más complejos y comprensivos de la realidad que rodea a la fecundidad y al proceso reproductivo de las personas, incorporando a los varones de una manera más explícita.

Hernando Salcedo (1996) analiza a partir de entrevistas en profundidad a 72 hombres colombianos que se enfrentaron a la decisión del aborto inducido, las vivencias masculinas frente a este tipo del aborto y a través de ellas las representaciones masculinas sobre la vida sexual, la vida reproductiva y el sentido del deseo. En el estudio se plantea que el primer evento reproductivo juega el papel de un rito de iniciación masculina, que los hombres disocian el deseo reproductivo y el deseo sexual pero asocian el deseo de descendencia a la posición de la mujer con respecto a su propia vida afectiva. Finalmente se concluye que los hombres demandan participar de las decisiones procreativas y buscan formas alternas de concebir la paternidad.

Otra serie de trabajos (Serrano 1994, García 1993 y Cáceres 1995) pretenden mostrar que la adopción de rasgos o comportamientos identificados como masculinos o femeninos es independiente de la preferencia sexual. José Fernando Serrano (1994) plantea que la “homosexualidad” es una categoría construida para referirse a ciertos aspectos de la vida de los seres humanos, que rebasa los componentes sexuales e implica toda una expectativa de vida y una forma de entender y sentir el mundo. A partir de sus entrevistas con varones homosexuales de sectores medios urbanos colombianos el autor concluye que no existe una sóla homosexualidad sino una diversidad de situaciones, múltiples géneros homosexuales donde interactuarían componentes femeninos y masculinos, variando de acuerdo con la vida de los individuos. Por otra parte, a través de sus prácticas, los homosexuales le otorgan nuevos significados a las categorías y roles que la sociedad les impone. De esta manera resuelven la tensión entre la identidad que se les propone socialmente y la identidad que ellos elaboran y recrean.

Carlos Iván García, en su trabajo “Los pirobos” del Terraza: interacción y discriminación sociales en un grupo de trabajadores sexuales, desarrolla un análisis sociolingüístico orientado a mostrar las relaciones entre el fenómeno de la prostitución masculina y los procesos de violencia y discriminación social. El autor analiza el lenguaje y las características socio-culturales de este grupo de trabajadores sexuales de Bogotá y los distintos elementos que cohesionan su identidad. En este estudio se muestra entre otras cosas, la heterogeneidad de situaciones que encubre la palabra homosexual y la diversidad de actores y sectores sociales que participan de esta forma de vida.

Carlos Cáceres en su artículo Bisexualidades masculinas en la Lima de los noventa: consideraciones de Salud Sexual, propone una taxonomía que intenta dar cuenta de la diversidad de experiencias de hombres con actividad homosexual en Lima con el fin de identificar los obstáculos para prácticas sexuales más seguras. Los “personajes” descritos por Cáceres no deben considerarse ni estáticos ni claramente definidos sino en proceso de aparición o de extinción. Así encontramos, principalmente en los sectores populares, al bisexual “activo” o “mostacero” que no cuestiona su heterosexualidad básica, al “marica” o “cabro” afeminado que no suele llamarse a sí mismo “hombre” y al travesti que despliega maneras femeninas agresivamente exageradas. En los sectores medios tenemos al “entendido” que participa en encuentros homosexuales clandestinos, al “bisexual casado”, al bisexual gay y al “gay” que participa plenamente en la cultura homosexual local y asume un estilo “macho”. Estas caracterizaciones permiten diseñar e implementar programas de prevención del SIDA y de promoción de la salud sexual que consideren la heterogeneidad de los significados sexuales y sean más “democráticos”.

Las investigaciones recientes en el campo de la sexualidad hacen énfasis en que la vida sexual es el producto de sistemas culturales y sociales que modelan no sólo la experiencia sexual sino la forma en que es comprendida e interpretada esta experiencia. Dentro de este marco constructivista Richard Parker (1993) examina, a través de documentos históricos y testimonios personales, la cultura sexual brasilera, considerada como resultado de un conjunto de procesos sociales, culturales e históricos. El autor señala que las nociones de femenino y masculino, en tanto elaboraciones culturales, son la base de un complejo sistema de dominaciones simbólicas que establece relaciones jerárquicas no sólo entre hombres y mujeres sino entre una amplia gama de tipos clasificatorios que estructura el panorama sexual de la cultura tradicional brasilera. Estas nociones proporcionan a los brasileros la perspectiva más importante para interpretar y evaluar su universo sexual. Este universo está estructurado por lógicas diversas como son la ideología de lo erótico con su énfasis en los cuerpos y placeres y los discursos de la sexualidad que subrayan la racionalización y la reproducción del sistema jerárquico de género.

Otros estudios como el de Alejandro Villa sobre Fecundidad y Masculinidad: algunos dilemas subjetivos en la construcción de género en los varones. Buenos Aires, buscan vincular la construcción de la identidad masculina y los comportamientos sexuales de los varones. Este autor hace referencia a la falta de figuras identificatorias parentales que conducen a los hombres a buscar una identidad personal a través del grupo de pares. En este grupo se impone el ejercicio de una sexualidad sin involucramiento afectivo, como una pulsión biológica incontrolable, y el desprecio hacia las mujeres. Villa señala de qué manera la valoración positiva de la paternidad está en permanente tensión con la autonomía social y sexual de la cual podrían disponer los varones por fuera del mundo doméstico y con las deficientes condiciones materiales que impiden el buen desempeño de los roles de padre y proveedor que les prescribe la cultura.

Reflexiones finales

Aunque el proceso descrito para los estudios sobre lo masculino en América Latina muestra esfuerzos recientes que están alimentando y enriqueciendo esta nueva inquietud intelectual, todavía existen temáticas inexploradas en este campo que merecen reflexión y pueden ser de interés para futuras investigaciones. Se necesitan trabajos que continúen analizando la diversidad de las experiencias masculinas en relación con la clase, la pertenencia étnica, el ciclo de vida, la orientación sexual, etc. Pero también es útil considerar que al interior de una misma cultura existen formas de masculinidad hegemónicas y subordinadas con tensiones entre ellas “con un juego de alianzas y contradicciones que matizan aún más el estudio y permiten comprender mejor la conducta individual” (Minello 1996: 15).

Hacen falta trabajos históricos sobre los hombres, que los analicen como actores sociales pertenecientes a un género y que develen la participación de las ideologías masculinas en la vida cotidiana. Igualmente sería deseable una reflexión sobre la relación de los hombres con el poder, tanto institucional como interpersonalmente; sobre la relación entre la identidad masculina y el tipo de participación política. Se requieren investigaciones sobre la relación entre la construcción de la masculinidad, la violencia y la sexualidad; sobre la influencia de la religión en la construcción de la identidad de hombres laicos y religiosos. También, como lo plantea Teresita de Barbieri (1995), se necesita conocer cómo afecta a los varones la feminización actual de muchas labores desempeñadas tradicionalmente por hombres o por el contrario la masculinización de ocupaciones tradicionalmente femeninas como la enfermería.

Otras temáticas poco exploradas en el contexto latinoamericano son las representaciones populares de la masculinidad en los medios de comunicación, las prácticas masculinas en los espacios domésticos y privados y el significado de la paternidad, la jefatura de hogar y las responsabilidades domésticas para distintos grupos de hombres. Finalmente, como lo señala Marta Lamas (1996), es importante desarrollar un eje de reflexión biopsico- social que distinga estos tres ámbitos y permita reconocer y explicar sus articulaciones. Por ejemplo, no sólo se trata de incluir al varón en el análisis de los procesos de salud reproductiva sino de incorporar la dimensión simbólica e imaginaria del cuerpo masculino. Se trata de entender que para analizar la masculinidad no sólo se requiere abordarla como una construcción cultural e histórica, es decir, como una cuestión de género, sino también referirse a la subjetividad, al cuerpo como un hecho cultural y psíquico y a las implicaciones de la diferencia sexual.


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Citas

1 En el caso colombiano, los trabajos sobre la personalidad masculina y femenina en los distintos complejos culturales familiares (Gutiérrez de Pineda 1968, Dussán de Reichel 1954), constituyeron una base extensa y documentada para los posteriores estudios sobre la configuración de los roles femeninos y masculinos en esta sociedad.

2 Me refiero a mi participación como investigadora principal en dos proyectos: uno sobre la construcción de la identidad masculina en los sectores medios urbanos colombianos y otro sobre las representaciones sociales en torno a la esterilización masculina (Cf. Viveros y Cañón 1995; Viveros, Gómez y Otero 1995).

3 Actualmente se están realizando simultáneamente tres estudios en Chile (Valdés y Olavarría 1995), Perú (Fuller 1995) y Colombia (Viveros y Cañón 1995) que buscan identificar, describir y analizar la construcción de la masculinidad en los varones urbanos de sectores medios, de dos grupos etáreos y pertenecientes a distintas culturas regionales en cada uno de estos países.

4 El gaucho es definido por la autora como el trabajador rural de ganadería extensa, habitante de la pampa latinoamericana.

5 En este caso particular, el mito narra la historia de una bella princesa mora transformada en salamandra que seduce a los hombres y los atrae a una caverna oscura en la cual después de superar difíciles pruebas pueden obtener de su mano siete dones: suerte en el juego, habilidades musicales y poéticas, conocimientos terapéuticos, carisma y poder sobre los hombres, etc. (que constituyen formas prescritas por la cultura para obtener el reconocimiento como un verdadero gaucho).


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