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¿Fin o metamorfosis de la escuela?*

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¿Fin o metamorfosis de la escuela?

End or metamorphosis of the school?

Fim ou metamorfose da escola?

José Joaquín Brunner**


* Artículo tomado de la Revista David y Goliath No. 58a. Buenos Aires, 1991

** Sociólogo e investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias sociales FLACSO. Santiago de Chile.


Resumen

El autor adhiere a la idea de que la escuela es una de las matrices de la modernidad por cuanto separa la transmisión cultural de cualquier soporte fijo (escritura), radicándola en el propio proceso de escolarización: su gramática interna consistiría en redes de clasificación del conocimiento, siendo el orden escolar esencialmente un procedimiento; el juego que juega la escuela es el de la obtención de los usos de adquisición del conocimiento. De esta forma, el "fin de la escritura" como tecnología predominante del conocimiento, significará el comienzo de ui nueva era de escolarización.


La modernidad tiene poco que ver con la escritura y mucho que ver con la escuela. Esta última se monta, por así decir, sobre la escritura, pero no le pertenece. Al servirle de vehículo se vale de ella para difundir, con más o menos éxito, la forma predominante, hasta ahora, de apropiación y uso del conocimiento.

De cualquier modo, hay dos versiones sobre este asunto. La primera versión señala que las formas de transmitir mensajes llevan asociados unos modos determinados de ejercer el poder. Sin embargo, tal afirmación no nos dice nada sobre el tipo de asociación que se establece entre comunicación y dominación. Así, por ejemplo, Lévi-Strauss sostiene que la aparición de la escritura facilitó el "fortalecimiento de las dominaciones" En cambio, Gouldner presenta la hipótesis de que la extensión de la escritura hizo posible una "cultura del discurso cuidadoso", cultura en que se desenvuelven los lenguajes racionales y reflexiones propios de la modernidad. Según esta versión, ambas respuestas no serían, necesariamente, excluyentes entre sí. La escuela representaría la mejor expresión y, a la vez, la superación de esa ambigüedad. Su gramática interna consiste en la escritura; el orden escolar sería esencialmente escritural. En el ámbito educativo moderno, centrado en torno a la escuela, el acceso a la reflexión disciplinada supone, por lo mismo, el texto.

Todo conocimiento calificado como valioso reside allí; de ahí proviene, hacia allá está destinado.

Puede decirse, incluso, que en esta versión el principio educativo moderno reside en la apropiación del texto. Es a través de ese proceso que la escuela resuelve la tensión entre "fuerza pura" y "razón pura", que según algunos se escondería tras toda acción pedagógica.

En suma, el aprendizaje del texto asocia a través de la escuela un modo de transmisión de mensajes y un modo de ejercicio del poder, basados ambos en la escritura. Esta asociación, a su vez, habría llegado a ser un rasgo definitivo de la modernidad. El "fin de la escritura" significaría, por tanto, no sólo el fin de la modernidad sino, además, el fin de la escuela y del principio educativo moderno. Estaríamos entrando, así en la era de la pos-escuela. La otra versión, que creo que expresa mejor los signos de los tiempos, podría presentarse más o menos así.

La escuela es una de las matrices de la modernidad, en cuanto separa la transición cultural de cualquier soporte fijo, radicándola en el propio proceso de la escolarización. El principio educativo moderno es la escuela como tal, no los soportes preferentes que ella usa para inculcar conocimientos y cuya apropiación constituyen el fin de toda educación, según la primera versión.

De hecho, la modernidad es una máquina creadora de formas y procedimientos (democracia, mercado, burocracia, ciudadano, escuela), que son capaces de procesar una complejidad creciente de "materiales" (decisiones, producción de bienes y significados, rutinas de administración, derechos, aprendizajes). Si en ella "todo lo que es sólido se evapora en el aire", pierde su aura y termina en aceleración diversificada, es precisamente porque la modernidad es la fase superior del cambio: continuo, generalizado, incierto, potencialmente ilimitado.

La gramática interna de la escuela consiste en redes de clasificación del conocimiento; el orden escolar es por eso esencialmente un procedimiento (allí reside su moral y se manifiesta su ritual). En el ámbito educativo moderno, el acceso a la reflexión disciplinada supone, por tanto, el curriculum, la pedagogía y la selección de comportamientos considerados valiosos. Toda la escolarización reside allí: no en el soporte sino en la forma; no en los contenidos sino en la modalidad; no en las materias sino en la secuencia. El juego que se juega en la escuela consiste, en consecuencia, en la adquisición de los usos de la adquisición del conocimiento: la mente no se llena con cosas (contenidos); sólo se organiza mediante relaciones entre relaciones, conexiones y modos de generar, conservar y combinar. Los contenidos son el medio; el fin es adquirir su uso y modalidad. El hecho de que la escuela insista en los medios no contradice lo anterior; más bien lo confirma. Es sólo mediante esa insistencia en los medios (como si fueran fines) que cumple su fin: transformar los fines aparentes (contenidos) en medios para la adquisición de relaciones entre medios, procedimientos, modalidades, disposiciones de uso, etc. Puede decirse, entonces, que en esta versión el principio educativo moderno radica en la adquisición de las modalidades prevalecientes de adquisición y uso de los procedimientos cognoscitivos. Toda educación es una metaeducación; la adquisición de lenguajes (que sólo por comodidad llamamos conocimientos) en realidad es un metaconocimiento.

Es a través de ese proceso que la escuela resuelve la tensión entre, de una parte, su dependencia de conocimientos (contenidos de información sobre el mundo) y tecnologías para su uso que evolucionan independientemente de ella y, por otra, la necesidad de construir masivamente, ella misma, un orden de transmisión capaz de "crear" con contenidos las disposiciones relaciónales de la mente y los procedimientos de adquisición y uso que la constituyen.

En suma, la escuela asocia mediante la acción pedagógica un modo de transmisión con un modo de producción social (de la mente, de bienes y símbolos), modos basados ambos en tecnologías del conocimiento. Esta asociación, a su vez, es un rasgo definitivo de la modernidad.

La escritura ha sido, por un tiempo, el soporte prevaleciente de esa asociación. La tecnología disponible para efectuar los procesos de escolarización. La escritura ha estado asociada, en este contexto, a la producción en masa: de disciplinas, de bienes y servicios; en fin, de socialización relevantes para el modo de producción social del industrialismo. La gramática de la producción y de la transmisión estaban unidas por un mismo código genético: la escritura como modo de distribuir los conocimientos socialmente necesarios para asegurar la reproducción de la sociedad.

El "fin de la escritura" como tecnología predominante del conocimiento, y de su soporte textual, significan el comienzo de una nueva era en la escolarización, una mutación de la escuela y probablemente, con ello, la confirmación del principio educativo moderno.

Por ahora estamos en el término de un ciclo y entrando en el próximo, donde el conocimiento disponible no sólo aumenta explosivamente sino que además se transmite por medios que emplean de maneras diversas la electrónica y la computadora. La comunicación se descentra, como todo lo demás en la sociedad. La escuela misma está atada todavía a su pasado, a su centro textual, tratando de "reducir a escritura" las nuevas tecnologías del conocimiento. Dicha operación está condenada seguramente al fracaso. Pero en las próximas décadas también la escuela se verá arrastrada a descentrarse. Desde ya se observa que las redes de clasificación del conocimiento están variando rápidamente, poniendo en crisis el curriculum tradicional. Surgirán nuevas modalidades clasificatorias que llamarán, a su vez, a emplear nuevos métodos y medios de transmisión. Más que nunca antes se hará evidente ahora que el orden escolar es esencialmente una combinación de procedimientos y su adquisición, dentro o fuera de la sala de clases, mediante textos de muy diverso tipo recurriendo a medios múltiples y combinados.

En el ámbito educativo de mañana, la institución que hoy llamamos escuela radicalizará su carácter de forma, continente que procesa contenidos livianos, mutantes, siempre prontos a quedar obsoletos. La secuencia de procedimientos de adquisición y uso será entonces más importante que la secuencia de materias. Las modalidades de acceso a los lenguajes (primarios, secundarios y terciarios) serán un rasgo definitorio de la escuela que vendrá. Casi todo se jugará en el terreno de la adquisición de los usos de la adquisición del conocimiento.

La educación se volverá ella misma, como todo el modo de producción y transmisión de la sociedad más abstracta (los metalenguajes) buscará la flexibilidad adaptativa sobre todo, verá reducirse las jerarquía y los límites, impulsará al individo a integrarse en redes, a funcionar sin demasiados puntos fijos, a cumplír funciones más especializadas pero la vez más variadas y múltiples.

Dejará de ser el centro de coordenadas estables para pasar a integrarse a un sistema cuyo punto de fuga principal es, precisamente, el mate rial con que trabaja la escuela: los procedimientos de adquisición y uso del conocimiento.

No será el fin sino la metamorfosis de la escuela.


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