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Marco Raúl Mejía Jiménez*

El presente texto busca ver de qué manera las transformaciones de la sociedad y las crisis de los proyectos de transformación social afectan a la práctica que en distintos países de América y el Tercer Mundo ha sido denominada de Educación Popular. Igualmente, se plantea una agenda para tiempos de transición que debe recorrer la educación popular si quiere seguir aportando a la conformación de un movimiento y de un pensamiento crítico —hoy ampliado a los países del Norte— desde las particularidades de un mundo con poder globalizado pero a la vez profundamente enraizado en lo local.

“Cuando tenia casi todas las respuestas me cambiaron las preguntas...» Grafitti bogotano

 

Curiosamente, esta expresión, de las pocas universales que van quedando en el lenguaje «escrito especializado », refleja lapidariamente la incertidumbre que invade hoy a la sociedad moderna, en parte fruto de la velocidad con la cual se han dado transformaciones en estos últimos tiempos, en los más variados ámbitos: bloques de poder mundial, tecnologías, divisiones geográficas, luchas étnicas, campos ideológicos, modelos interpretativos, etc. Estos hechos han transformado radicalmente la composición, los entendimientos y los quehaceres sociales. La Educación Popular, EP, como práctica social, ha sido tocada por todos estos acontecimientos que le traen nuevas preguntas y le exigen variar su rumbo y recomponer los instrumentos con los cuales realiza su quehacer.

Crisis global

Asistimos hoy a nivel mundial a una reorganización de la sociedad, de sus actores y de las relaciones sociales que configuran el entramado del tejido social en el cual, las mujeres y hombres que habitamos el planeta, somos actores por decisión o por obligación.

Son tiempos de crisis profunda. Los paradigmas que acompañaron a las Ciencias Sociales y Naturales en estos tiempos de modernidad ilustrada (desde la Revolución Francesa) y racionalidad científica (desde la Revolución Industrial) son vapuleados por las nuevas condiciones históricas que transforman formas de trabajar, pensar, sentir, representar, conocer, amar, dominar, y desde luego, interpretar esos hechos que hoy conforman el núcleo de este nuevo momento histórico. Este cambio constante ha configurado una modificación sustancial en las formas de operar e interpretar en estos tiempos.

La velocidad con la cual se producen esos hechos nuevos, deja rápidamente sin sentido y sin función formas usadas anteriormente, y configura un campo de crisis en las acciones e interpretaciones que tenían sentido en otras condiciones históricas; progresivamente van perdiendo vigencia en cuanto intentan responder a un momento que ya no existe, con instrumentos propios de otro tiempo y otro espacio diferente al que ahora habitan; así, lo que para unos es crisis para otros es certeza, que los afirma como interpretación o como práctica vigente.

Crisis de proyecto

No sólo asistimos hoy a una crisis de paradigmas -en tanto modelos de interpretación-; asistimos también a un replanteamiento del deber ser de la sociedad y de las certezas del futuro que nos acompañaron durante un largo período; asistimos al emerger de un pensamiento cada vez más pragmático que busca una correspondencia inmediata con el quehacer, abandonando las preguntas por el sentido más global de la acción o por las que le signifiquen ubicar su acción en un norte más teleológico.

La dificultad para ubicar hoy proyectos de futuro, radica en una construcción social derivada de una mezcla de procesos históricos y en un cierto «triunfo» del liberalismo en esta encrucijada histórica. Los lugares más visibles que han propiciado esa crisis de proyecto serían:

El derrumbe de los socialismos reales.

En la apuesta de la década de los 80 por reorganizar sus sociedades, las dos visiones que permeaban globalmente el mundo en la contradicción capitalismo/socialismo, termina con la disolución del campo que en ese momento representaba la posibilidad de una construcción alternativa al capitalismo.

La sobrevivencia de países como Cuba, Corea y China, muestra frente al capitalismo unas economías precarias y débiles que parecieran arrastrar tras de sí los vestigios de esperanza de miles de personas en torno a la posibilidad de transformaciones profundas y radicales en nuestras sociedades.

El fin de las Utopías

El derrumbe de los socialismos reales, producido por el colapso de su propia revolución tecnológica, su incapacidad para el abastecimiento y consumo para sus habitantes y su precariedad en la construcción de democracia, significó para muchas personas en el planeta, el surgimiento de una especie de pensamiento negativo que renuncia a todo tipo de acción y reflexión que le signifique concebir transformaciones radicales en nuestras sociedades. Esto ha traído consigo, un acomodamiento individual a las posibilidades que se dan a nivel personal, acompañado de una renuncia a toda eventualidad de construcción colectiva. Asistimos a la transformación de muchos sueños y esperanzas en una masa de lógicas de sobrevivencia inmediata.

El fin de las Ideologías

Pero no sólo fué la renuncia a los sueños; también ha significado el afianzamiento de una visión frente a los problemas sociales que los entiende en téminos de «ingeniería social» y, por lo tanto, su resolución está en la vía de políticas tecnocráticas (fruto de la acción de los tecnócratas y burócratas eficientes) que dan paso a la participación y la democracia. Esto ha dado origen a un tipo de pensamiento «objetivo» que niega la existencia de intereses sociales diferentes y anuncia el fin de las Ideologías, como interpretación de los fenómenos desde un horizonte de conflicto y de interés de clase social.

Fin de la Historia

La inexistencia de un contradictor directo para el capitalismo a nivel mundial, ha llevado a que muchos retomen un autor de moda en estos tiempos, Fukuyama, quien recogiendo una vieja lectura de Hegel, plantea la plena vigencia del pensamiento liberal y de su manera de organizar la sociedad, colocando como tarea inmediata y futura su consumación y perfeccionamiento como única posibilidad real y creíble hoy en el escenario mundial.

Fin de las Visiones Globales

Es igualmente el emerger de un pensamiento fraccionado que no aborda la globalidad de la sociedad por su sentido (Utopía) sino que desde el pensamiento post-moderno, anuncia el fin de las grandes visiones explicativas de la sociedad. Así, da paso al fin de «una manera de pensar y organizar el tiempo», como si el mundo fuera explicable desde una historia universal y fuera un todo comprensible y transmitible como unidad.

También Reestructuración Cultural

El emerger de esta sociedad tecnólogica de fin de siglo ha traido consigo nuevas condiciones del saber, del sentir, y una nueva socialización muy centrada en la imagen. Se han transformado los dos lugares tradicionales de socialización: la escuela y la familia. Algunos señalan también la crisis de las organizaciones políticas como mediadoras entre el Estado y la sociedad civil, produciendo una nueva hegemonía social desde lo masivo y sus mensajes, que implica la reorganización de la política en su faceta más espectacularizada.

Educación popular: así mismo en crisis

Todo lo planteado en las páginas anteriores ha introducido entre los educadores populares una serie de preguntas por la vigencia o no de las prácticas que hemos realizado en estos últimos 40 años en América Latina.( 1)

Esto ha llevado a constituir diversos grupos; unos plantean el fin de la Educación Popular; otros, en cambio, afirman su plena vigencia; y otros, que ven en las realidad de la época la urgencia de su reestructuración. A continuación (por límites de espacio) presentaré una caracterización de las tareas pendientes desde un planteamiento que busca la refundamentación de la educación popular.

Hacia una agenda prioritaria

El historiador Paul Kennedy, en un iluminador texto sobre el auge y caída de los grandes imperios, señala que asistimos a uno de los momentos de la Historia de la Humanidad en que se ha concentrado más el poder en pocas naciones y personas. Sólo 7 países, con sus 850 millones de habitantes, controlan mucho más el poder que nunca en ese resto de planeta con 4.400 millones de habitantes. Curiosamente, en el Sur, unas minorías participan del nivel de vida del Norte; e incluso en el Norte, grupos cada vez más amplios comienzan a vivir un deterioro de sus condiciones de vida que los asemejan a sectores pobres del Sur.

Precisamente en ese cambio de las condiciones nuevas de la producción, centradas en la acumulación tecnológica, se da también una concentración y centralización intensa del conocimiento. Como afirma Gorostiaga, «Esta concentración es más intensa y monopólica que las otras formas de capital, aumentando la brecha entre el Norte y el Sur. La repercusión de este fenómeno ha llevado a una desmaterialización creciente de la producción, donde cada vez se requieren menos materias primas por unidad de producto, mostrando cómo en la producción japonesa se ha dado entre el año 1965 y 1987, una reducción del 33% del uso de materias primas”.( 2)

Hoy surgen muchas preguntas sobre si el modelo de desarrollo seguido por el Norte es viable para el Sur en términos económicos. Cada vez aparecen más posiciones que lo niegan: desde aquellas ambientalistas que señalan el costo como destrucción del planeta, pasando por posiciones culturales como los postmodernistas que ven en ese proyecto una falsa concepción de los valores de progreso, igualdad, libertad, fraternidad, sueño de la ilustración y la modernidad europeas.

También existen quienes buscan alternativas más radicales en la redistribución del ingreso, ya que los agotamientos de los paradigmas no necesariamente significan fin y extinción de los problemas que el capitalismo ha ido creando a medida que su proyecto se va haciendo más global. Como testimonio está el informe del Banco Mundial sobre el desarrollo en el mundo, que entre muchos datos nos habla de esos 1.000’000.000 de habitantes del planeta en situación de indigencia total, que reciben menos de US370 anuales; y ubicados junto a ellos, hay 2.200’000.000 de mujeres y de hombres que están en el umbral de la pobreza y que en su inmensa mayoría son de los antiguos países del Tercer Mundo o del mundo del Sur. De esta inmensidad de empobrecidos, le corresponden a América Latina 185’000.000 de habitantes.

El campo de acción y las condiciones que hicieron necesario el reemerger de la Educación Popular están presentes con mayor fuerza hoy, con el agravante de que se han ampliado a los países del Norte. Sin embargo, las motivaciones, las fundamentaciones, los modelos de intervención y los instrumentos han ido variando como fruto de la nueva época. La E.P. recompone sus cargas hoy, para dar una respuesta más sólida y concreta en este entrecruce de caminos históricos, buscando sus nuevos rumbos y organizando una agenda de trabajo que le permita reconstituirse en estos años, para reorganizar su intervención conservando como entonces, su opción ética de transformación social.

Agenda de transición difícil

Quizás en estos años nos estamos jugando la existencia dinámica de la Educación Popular en cuanto que las nuevas preguntas de la realidad exigen nuevas respuestas. De esa capacidad de readecuación a nuevas realidades va a depender la posibilidad de dar un salto cualitativo que nos permita encontrar una forma de intervención más concreta, más clara, más rigurosa y ante todo, más transformadora. En ese sentido, hablamos de transición difícil, ya que se abre un período en el cual es prioritario desarrollar una serie de tareas que van a permitir mantener la nave a flote a pesar de la tormenta; dotando a la E.P. de nuevos instrumentos posibilitaremos que pueda seguir haciendo grandes travesías. Observemos algunas de esas tareas prioritarias en este período de transición.

a .Reconocer su origen histó rico variado y contradictorio

Si miramos hacia atrás, reconocemos troncos refrendadores de la Educación Popular en infinidad de instancias: los métodos alfabetizadores, los grupos cristiamos, los procedentes de la Academia, los procesos productivos, los movimientos culturales, los procesos políticos y muchos más. Esta variedad de orígenes produce una cierta dispersión en los elementos constitutivos de la E.P.; razón demás para que sean analizados y así buscar la manera de construir -desde ese acumulado histórico, en ocasiones contradictorio- la nueva práctica de la E.P.

Esto significa superar una forma excluyente y descalificadora que ha hecho carrera entre los educadores populares, quienes han convertido las diferencias en antagonismos irreconciliables; sin duda, esas diferencias son más explicables en sus supuestos teórico-ideológicos de origen o en los énfasis en procesos específicos que en los procesos educativos concretos.

La tarea central consistirá en retomar todas esas tradiciones históricas, analizar lo que le han aportado a la E.P. y construir una nueva identidad; esto es, permitir una recomposición temática que no sea la suma de las tradiciones sino la ampliación de ellas en lo que hoy es vigente; así será posible reorganizar su campo de tal manera que construyamos un horizonte con el legado histórico acumulado.

b. Construir un campo de saber práctico-teórico

Derivado de lo anterior, podríamos afirmar que uno de los problemas centrales de la E.P. ha sido la dificultad para acumular saber. Cada educador popular, cuando inicia alguna de sus prácticas, pareciera creer que está inventando el mundo ya inventado por otros.

Es necesario superar una vieja actitud empirista que hace de la práctica no sólo el único criterio de verdad posible, sino que además la presenta como si desde ella se produjera el conocimiento y no la reflexión sobre ésta. En ese sentido, es necesario hacer de la reflexión una práctica más allá del levantamiento abstracto de lo cotidiano, permitiéndonos construir una abstracción de un nivel diferente, que no niegue la abstracción de la realidad, sino que la complemente y la enriquezca.

Estas prácticas van a exigir procesos de sistematización profundos y de encuentro con el saber constituido, que serán base para que la E.P. pueda construir un cuerpo conceptual teórico-práctico, referido a acciones prácticas-teóricas; podrá entonces ir ganando posibilidades de generalización, replicabilidad y conceptualización, que apunten hacia una visión de saber integral, en cuanto va a ser un saber no sólo definido y conceptualizado sino también en construcción permanente, y referido a los saberes preexistentes y a la acción inmediata de sus practicantes.

c. Reconstrucción de los excluidos como sujetos históricos

Hemos señalado en anteriores acápites, cómo la calidad de popular que le da identidad a esa educación que desarrollamos se ha visto cobijada por una gran diversidad de entendimientos. Pero además, la crisis de los paradigmas hoy, muestra cómo los sectores tradicionales que se habían fundado en las clases sociales, están sufriendo una readecuación fruto de una nueva generación de asalariados que surge al amparo de la nueva sociedad del conocimiento y del crecimiento del sector servicios, así como del nuevo apartheid social gestado en el capitalismo de final de siglo.

Igualmente, una nueva socialización que reorganiza la sociedad, nos indica cómo la llamada Cultura Popular sufre una atomización debida a la presencia en ella y entre ella, de una cultura masiva y de imágenes que produce grandes modificaciones en el imaginario popular.

Estos cambios exigen un trabajo muy riguroso de observación y de investigación del tejido social, para profundizar en la manera como el capitalismo en este final de siglo ha recompuesto el mundo de lo popular. Este empeño nos llevará a hacer un rastreo histórico que nos permita reconstruir a esos hombres y mujeres populares hoy como sujetos históricos, operantes bajo otros parámetros y sufriendo la dominación con las particularidades de esta época. Una época en la cual, la heterogeneidad de esos sujetos nos enfrenta a un reto mucho más complejo y, ante todo, más cargado de exigencia frente a la construcción de los nuevos derroteros que permitan enfrentar las nuevas formas de la dominación, con aquellos testigos y actores de una historia que aún no ha llegado a su fin.

d.Construir lo educativo de la Educación Popular

Si bien durante estos 40 años hemos operado en el Continente como práctica social, no podemos desconocer el hecho de que todos los afanes de nuestro quehacer estuvieron marcados por los resultados políticos inmediatos, por el retorno a la práctica organizada concreta y por el accionar político transformador; estas urgencias nos evitaron pensar en lo educativo que había en nuestro quehacer.

En no pocas ocasiones, construirmos con cierta suficiencia nuestras actividades; como si nuestras prácticas fueran el nuevo paradigma educativo de los procesos de transformación y no tuviesen nada que ver con una tradición histórica en el campo de la Educación. Iniciar un camino en este aspecto, le va a significar a la E.P. empezar a hacerse la pregunta por las relaciones entre lo metodológico y lo pedagógico, y la manera como algunos elementos suyos se enlazan con la tradición educativa de la historia de la humanidad; sin duda, allí encontrará un entronque con una reflexión que no se inicia con los educadores populares pero a la cual sí podemos aportar luego de un balance fructífero.

Para poder hacerlo, necesitaremos producir una reflexión que nos fundamente y nos coloque en el horizonte de lo educativo; esta reflexión sin embargo, no podrá hacerse como un simple ejercicio académico sino muy en concordancia con los diferentes niveles de actores que tenemos en la E.P.; vale decir, grupos de base, grupos de activistas, grupos de intelectuales y muchos otros. De este trabajo surgirá una tensión adicional: cómo la reflexión, que se da más en los espacios de las organizaciones no gubernamentales y a partir de grupos de profesionales, pueda ser apropiada por los grupos de educadores populares más de base. Ese será un reto para nuestra imaginación, como también lo será la urgencia de construir instrumentos que permitan la homogenización conceptual de una práctica-teórica.

e. Recomponer el campo de lo político en el cual operamos

No sólo tenemos que afirmar lo educativo: también tenemos que iniciar un proceso de relectura de la manera como entendimos lo político en el pasado, y la manera como en diversas oportunidades acompañamos la política de izquierda como aquella política coherente con el proyecto de transformación hacia el que apunta la E.P.; sin darnos cuenta, en diferentes ocasiones, muchos de los comportamientos de estas izquierdas, y algunas de sus acciones, fueron en contravía de lo que se planteaba a nivel del discurso.

En esa mirada voluntarista de la intencionalidad política, abandonamos el deber ser de la E.P.; sólo nos importaba saber que se buscaba el cambio social y que se enfrentaba al estado capitalista; los medios no importaban mucho. El pensar lo metodológico nos alertó sobre los medios, pero nunca fuimos capaces de ir más allá de esa crítica.

Quizás la reflexión de futuro sobre el poder que buscamos construir -y del cual cada vez son más excluídas las personas, los grupos y las instituciones del campo popular-, nos permita decir con más precisión cuáles son esos componentes básicos a partir de los cuales hoy podemos hablar de mantenernos en un horizonte de transformación social; un horizonte dotado de una ética de cambio en donde estén incluídos los sectores populares con los cuales trabajamos y donde la opción no siga siendo únicamente la de los ilustrados sino la de los procesos reales impulsados por los actores populares.

Esto significa que en este final de siglo, el repensar las nuevas formas de hacer política nos deberá llevar más allá de los esquemas tradicionales y de la democracia política que nos ofrece socarronamente la redemocratización del continente. Requiere que los educadores populares pensemos con rigor cómo realmente exigir y construir una radicalización de la democracia como condición de futuro para los sectores populares.

f.Redescubrir el diálogo/ confron tación de saberes como encuentro de diferentes.

Si algo oscureció el panorama educativo y político de la E.P. en los útimos tiempos, fue la ilusión de establecer un igualitarismo en el saber y el conocimiento; a partir de allí se levantaba un supuesto horizontalismo en la relación educativa, que presuponía que nadie sabía más que nadie y que todos éramos iguales.

Precisamente, el proceso de origen histórico mostró que esto no era cierto para todos; que el punto de partida básico es la diferencia total como parte de una heterogeneidad cultural, social, económica, política y de capacidades personales. Que la igualdad de la que partimos es precisamente esa diferencia, que nos hace a todos humanamente iguales pero cargados de contactos con mundos diferentes.

Esta situación real va a hacer de los diferentes actores, sujetos en construcción; y de la manera como se dé el encuentro de éstos en eventos educativos a nivel formal, no formal e informal, dependerá la construcción de instrumentos diferenciados, según las actividades, las esferas de relación, y los procesos en los cuales se participe.

Esto quiere decir que la comunicación va a tener que ser pensada como parte del proceso, y no simplemente como instrumento. Allí, los diferentes niveles de conocimiento y saber van a plantearnos la necesidad de construir instrumentos precisos, que permitan la comunicación entre grupos culturalmente diferentes: NEGOCIACION CULTURAL ENTRE HETEROGENEOS. Y esto no sólo para el encuentro entre las personas o los grupos más intelectualizados con los menos intelectualizados o los más de base, sino también para el encuentro entre la vasta heterogeneidad que compone el campo popular.

g.Hacia el redescubrimiento de la subjetividad

La E.P. estuvo marcada igualmente, y de manera bastante fuerte, por las condiciones materiales en las cuales vivían los grupos con los que trabajaba. El afán por encontrar salidas a estos problemas nos llevó, durante mucho tiempo, a colocar la fuerza en una materialización de los problemas; los resultados del trabajo que se desarrollaba, se esperaban encontrar en los procesos organizativos o en la capacidad de denunciar la dominación. A ello lo denominábamos «procesos objetivos».

Sin embargo, el trabajo de algunos grupos que mostraron desarrollos más allá del horizonte de clase, permitieron descubrir la existencia de problemáticas que constituían la identidad de ciertos sujetos sociales, en un proceso mayor de comprensión, diferenciándose dentro de aquel masivo al que denominábamos «los explotados ». Así, grupos como las mujeres y las minorías étnicas como los negros y los indígenas, evidenciaron otros aspectos de la desigualdad social, que en muchas ocasiones no eran interiorizados por los actores sociales implicados en ella.

Esto significó comenzar a pensar los patios interiores de cada individuo, donde la dominación funcionaba a través de procesos cotidianos más allá de las palabras críticas o de la voluntad de transformación. Estos desarrollos develaron una subjetividad poco trabajada en los procesos educativos y organizativos que se gestaban desde la E.P.

Aparece entonces la urgencia de construir el nexo sujeto/realidad y de determinar la manera como cada sujeto construye socialmente la realidad. De allí se desprendió el reto y la urgencia de pensar las necesidades más allá de aquellas a las que siempre habíamos ubicado como «necesidades básicas»: trabajo, educación, salud, vivienda; nos encontrarmos entonces con un ser humano que desde el fondo de su subjetividad construye su realidad, a partir de una multitud de necesidades y más allá de nuestras gastadas categorizaciones.

h.Repensar la idea de poder exis tente en nuestras prácticas

Si bien la idea de poder ha estado siempre acompañando las prácticas de lo político, hemos ido encontrando que dentro de las actividades de la E.P., esta idea ha estado también presente pero bajo la concepción de un macro-poder, identificado las más de las veces con el Estado. Visto así, el poder desde la E.P. siempre se ha jugado en el horizonte de un proyecto estratégico, con modelos teóricos y prácticos más o menos de referencia a procesos de socialismo real, con los cuales no fuimos críticos; incluso, en algunos casos anatematizamos a quienes plantearon algunas diferencias, ya que fuimos demasiado esquemáticos en nuestra concepción de reforma o revolución, sin generar procesos de discusión más amplia que nos permitieran diferenciarnos.

Al surgir en el panorama del trabajo social y popular los análisis sobre la existencia y operación de los micro-poderes, la E.P. se vió interpelada ya que, conciente e inconcientemente, sus prácticas venían interviniendo algunos dispositivos de ese poder (a veces de institucionalización, o a través de materializaciones corporales, o bien en procesos de interacción y de relación social).

Hoy, cuando el mundo recompone sus organismos de poder en un nuevo estatuto del saber y del conocimiento y cuando la exclusión social opera por estos nuevos mecanismos, se exige de los educadores populares una nueva relación con los procesos de construcción de poder popular. Esto con la certeza de que el poder pasa por la deconstrucción de muchos de los instrumentos de poder que utilizamos en nuestras anteriores prácticas, incluídas formas de organización que ya no tienen sentido en esta nueva época. Deconstrucción para construir ese nuevo poder, que nos comienza a entregar el nuevo camino de futuro.

i.Construir un proceso investigativo coherente con la Educación Popular

Quizá sea éste uno de los lugares en los cuales la E.P. no alcanzó a construir, ni teórica ni prácticamente, un proceso más sistemático en esta nueva época histórica. No cabe duda de que tuvo muy poca capacidad de retroalimentación y por eso, una de sus tareas centrales hoy, va a ser el desarrollo de procesos investigativos que le permitan mirar al interior de sus prácticas para poder conocer mejor su quehacer y sus mecanismos de intervención.

Adquirir esa mirada hacia adentro significa hacer de sus prácticas, procesos cada vez más rigurosos que hagan posible construir su campo práctico-teórico con un rigor tal que el diálogo con otros saberes constituidos sea una realidad. Así mismo, le va a permitir a la E.P. superar la mirada que sobre metodologías únicas ha hecho carrera a su interior.

Esa investigación va a llevar a reconocer a la Educación Popular como una práctica intencionada con instrumentos precisos para logar su cometido.

Pero no sólo hacia adentro; también hacia afuera es necesaria esa construcción. Constituida en un campo del saber -delimitado en lo político- pedagógico- va a requerir de un diálogo con otras formas del saber en una perspectiva transdisciplinaria de tal modo que, apoyada en saberes ya conformados, pueda construir un campo con identidad propia y con proyección de aplicación práctica. Sin embargo, tendrá que elaborar procesos investigativos posibles teniendo en cuenta los niveles de las diferentes personas y grupos entre los cuales actúa.

Esto es un reto para la formación de los futuros educadores populares, ya que implicará superar su formación instrumental (basada en técnicas y dinámicas) para producir una formación coherente con la fundamentación de su quehacer. Un quehacer que deberá estar dotado de múltiples dispositivos con los cuales realizar su práctica; de probabilidades de esa difusión que permita a muchos entender su problemática; o de una gran capacidad investigativa que haga factible comprender las nuevas condiciones del contexto y las posibilidades internas de la E.P. para hacerse nuevas preguntas, ampliando su problemática y recreándola con novedosas perspectivas.

j.Reinventar el movimiento y el pensamiento crítico

Se han movido las categorías, los principios y las prácticas que componían la legión de los que queríamos cambiar el mundo. Se ha producido una desbandada de individuos que soñaron construir mejores tiempos para los desheredados de la tierra. No está de moda hablar de pobres ni de transformaciones sociales. Algunas agencias para el desarrollo ubicadas en los países del Norte, han planteado no más ayuda para la Educación Popular pues no están interesados sino en unidades productivas, y cada vez se siente más un proceso de extinción de la E.P. como parte del fin del pensamiento crítico.

No obstante, para los educadores populares, la erosión del principio de realidad no es sólo un problema para los del paradigma perdedor. También lo es para los del aparente ganador. La crisis de los Estados Unidos, visible a través de su déficit del Tesoro, su deuda externa, su déficit comercial, una cierta pérdida de competitividad tecnológica y de productividad, muestran también una crisis mayor, con la emergencia de nuevos actores.

Para la E.P., ser del lado del paradigma perdedor le significa redimensionar su quehacer y estar alerta para descubrir en los procesos sociales las posibilidades de reestructuración de sus conflictos y tareas con el fin de erigir esa nueva perspectiva. Esto le implica reconocerse en esa tradición crítica que creyó posible una emancipación social, política y económica. Es necesario recuperar su tronco histórico del marxismo, en una lectura de fuentes que le permitan ajustar cuentas con su pasado y recuperar los elementos dinámicos que aún permanecen y reconstruir así tal pensamiento crítico en el presente.

Como tarea central va a tener que producir unos nuevos análisis de la realidad, que atisben las claves actuales de la dominación, la subalternidad y la exclusión. Claves que nos permitan leer hoy las recientes relaciones sociales escondidas tras un discurso tecnocrático que, en un culto a la ciencia y a la tecnología, olvida leer las relaciones de poder y dominación presentes en ellas y que si lo olvidamos, damos paso a la naciente alienación de la época: la alienación tecnocrática.

La E.P., como parte del pensamiento critico surgido desde el Tercer Mundo, en este momento histórico, debe reconstituirse a sí misma como actora histórica. Y en esta reconstitución, reconstituye el pensamiento critico, que no será el mismo ni en su forma, ni en su contenido, ni en sus características. Será nuevo y anunciará en su novedad, futuro para los desheredados.

Para hacerlo, tendrá que transitar antes los senderos de la derrota y de la transición a lo inédito. De nuestro esfuerzo se subordina un tránsito de vida o de muerte. De nosotros depende el ser sepultureros o refundadores. De nuestra vida como educadores populares se sujeta el reivindicar esta práctica que con sus procesos en la acción y en la reflexión, reconstruirá la heredad y el futuro del pensamiento crítico. Nuestras acciones darán cuenta de la búsqueda o el entierro. Tenemos la palabra.

Palabras primeras desde el arte y finales de este escrito

Siempre ha sido más fecundo el arte para sintetizar las épocas; y éstas como nunca, comienzan a ser tematizadas por pintores, cantores, escritores... Déjenme darle la palabra a dos de ellos para que nos tematicen en pocas líneas el signo de una época. En su último libro de cuentos, García Márquez coloca en boca de un ex-presidente en el exilio, frases que parecen de educadores populares de estos tiempos:

«...todos como yo: usurpando un honor que no merecíamos con un oficio que no sabíamos hacer. Algunos persiguen sólo el poder, pero la mayoría busca todavía menos: el empleo» .(3)

También Joan Manuel Serrat en su último álbum discográfico nos ha recordado que en otros tiempos soñábamos, porque llevamos compañera:

Se echó al monte la Utopía perseguida por lebreles que se criaron en sus rodillas, y que al no poder seguir su paso, la traicionaron. Y hoy, funcionarios del negociado de sueños dentro de un orden son partidarios de capar al cochino para que engorde.

Ay! Utopía. Cabalgadura que nos vuelve gigantes en miniatura Ay! Utopía dulce como el pan nuestro de cada día.

Quieren prender a la aurora porque llena la cabeza de pajaritos, embaucadora que encandila a los ilusos y a los benditos; por hechicera que hace que el ciego vea y el mudo hable; por subversiva de lo que está mandado, mande quien mande.

Ay! Utopía incorregible que no tiene bastante con lo posible. Ay! Utopía que levanta huracanes de rebeldía.

Quieren ponerle cadenas pero, ¿quién es quien le pone puertas al Monte? No pases pena, que antes que lleguen los perros, será un buen hombre el que la encuentre y la cuide hasta que lleguen mejores días. Sin utopía la vida sería un ensayo para la muerte.

Ay! Utopía Cómo te quiero porque les alborotas el gallinero Ay! Utopía que alumbras los candiles del nuevo día. (4)

Perdón, no eran dos; son tres porque la guitarra es la de Paco de Lucía.

Citas

 

(1) En escritos anteriores he hecho énfasis en

7 usos históricos de Educación Popular:

a. La Reforma Protestante.

b. La Asamblea Francesa 1792

c. Los pensadoresdelas nacientes Repúblicas Americanas: S.Rodríguez,D.F.Sarmiento,Artiagas, J.Martí.

d. Pedagogos de la Escuela Activa Europea:Pestalozzi, Freinet.

e. El naciente Movimiento Obrero de comienzos de siglo en América Latina (Chile, Colombia, Perú).

f. Las universidades populares de comienzos de siglo en América Latina (Perú, México, Salvador, Cuba).

g. Las experiencias de escuelas populares de Bolivia y Perú.

 

(2) Gorostiaga, Xabier. «América Latina frente a los desafíos globales», Revista Cristus, Mayo-Junio 1992.

 

(3) García Márquez, Gabriel, «Buen Viaje, Señor Presidente», en Doce Cuentos Peregrinos, Editorial Oveja Negra, Santa Fé de Bogotá, 1992.

 

(4) Serrat, Joan Manuel, Utopía, A Fernando

A. Guereta, Discos Philips, 1992.

__________________

* Educador e investigador del Centro de Investigación y Educación Popular - CINEP. Asesor del Movimiento de Educación Popular Integral Fe y Alegría de Colombia. Consultor del Instituto para el desarrollo de la democracia Luis Carlos Galán. Asesor del Consejo de Educación de Adultos para América Latina - CEAAL.


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