Espectros de O capital

Specters of Capital

Editorial

[…] por repugnancia a todo culto a la personalidad yo, durante la Internacional, nunca permitía que
llegasen a la publicidad los numerosos mensajes
con el reconocimiento de mis méritos.

Karl Marx

A veces —sólo a veces— cuando las cosas se ponen más tensas, las fuerzas irreductibles e insubordinadas de la multiplicidad mutan hacia lo creativo: desgarran el pensamiento único> y desestabilizan nuestras seguridades ontológicas, para dar paso a que aflore lo inesperado, lo no dicho y, tal vez, lo nunca imaginado. El milagro inmanente de la vida, aún hoy sin descifrar-del- todo, termina por brindar —por un fugaz instante— su rostro esquivo, trágico y paródico, que aparece bajo el aura de la sorpresa, de lo intempestivo e imprevisible.

Entonces, algo de contornos difusos aturde el régimen de la causalidad, el orden seriado, deducible e intencionado de los hechos. Cuando menos podría esperarse, el acontecimiento nos toma por asalto. Luego, quizás, las cosas se estabilizan por un momento para trazar las tenues siluetas de nuevas trayectorias enigmáticas e insospechadas, que encarnan sus propias tensiones y posibilidades de creación. Espiral azaroso de la vida: todo fluye en la vertiginosa rueda del azar.

Hay libros que hacen eso, en los que la potencia impertinente de lo que no está advertido desborda la semiótica interna de la escritura y abraza la facticidad ontológica de la cotidianidad: el mundo de la vida. No son calco o representación. Son libros que nos hacen sospechar de los órdenes instituidos y de las escalas de valoración sedimentadas. Por tanto, interpelan las condiciones de posibilidad de la experiencia. Si, por su influencia, recibimos un guiño de la suerte —porque nos abrimos de manera radical a la novedad—, ya nada queda en su sitio, algo no quiere ser normalizado. La diferencia entra en escena y, eventualmente, se actualiza a través de sus súbitas virtualidades de articulación.

Con todo, no hay garantías: la historia es radicalmente contingente. Y, además, está históricamente constatado que quienes gozan de sistemas de privilegios no se quedan de manos cruzadas frente a la insolencia del acontecimiento. Suelen actuar de manera desesperada y violenta para evitar —a toda costa— que las cadenas significantes despóticas se dispersen. Desconfían de la novedad y la escamotean.

El apartado monográfico de NÓMADAS 48 conmemora 150 años de la publicación de una obra que tiene los atributos antes mencionados. Es un acontecimiento, porque la potencia que provoca excede su núcleo intrínseco de significación y se ensambla con otros registros de la experiencia social; interpela el orden que dispone la percepción del mundo. Se trata de la obra de Karl Marx El capital: crítica de la economía política, cuyo primer tomo se publicó en Alemania en 1867. Desde entonces, ha desplegado una singular peripecia político-epistémica, ya que durante siglo y medio ha abierto —una y otra vez— múltiples posibilidades para el pensamiento crítico, la praxis política, la imaginación emancipadora y la sensibilidad artística. Es, en últimas, una obra polémica.

En este número de NÓMADAS invitamos a una conmemoración singular, que resalta tanto la discontinuidad de la obra como los efectos múltiples que ha suscitado. No preguntamos entonces por el estatuto de la “vigencia de El capital”, asunto de todas formas imprescindible, sino que exploramos sus espectros contemporáneos, su presencia fantasmagórica. Para hacerlo, proponemos una perspectiva de pensamiento que permite rastrear un aspecto seductor de El capital: el hecho de que su potencia significante (lo que ha podido y puede desencadenar) va más allá de la adscripción —o refutación— que un hipotético lector universal podría realizar frente a los argumentos que ordenan el sentido del texto.

El capital es un signo en sí mismo, un signo plural. Su fuerza plástica tiene que ver —además de su riguroso contenido argumentativo interno— con su capacidad de metamorfosis, con sus espectros polifacéticos, con su pensamiento del afuera, pues, en modo alguno puede ignorarse la facultad de devenir y la notoriedad intempestiva que esta obra ha desplegado durante 150 años.

Hablamos de un referente reiterado para la academia crítica, los movimientos sociales anticapitalistas, el arte disidente y los partidos políticos de izquierda.El capital ha abierto una diversidad de posibilidades para el pensamiento social crítico, la praxis política transformadora y la imaginación social contestataria. Su potencia significante es directamente proporcional a los afectos que pone en juego para inspirar exégesis inéditas y comprensiones de geo-grafías, que evidencian la operatividad situada del capital, y apropiaciones vernáculas que producen nuevas interpretaciones teóricas.

Esta es una conmemoración nómada. En consecuencia, la multiplicidad es la forma de pensamiento a la que apelamos. Nos interesa escudriñar los efectos variables que se han derivado de la obra, para indagar por sus mutaciones significantes, sus apropiaciones locales y sus revitalizaciones políticas. Esto desde diversos contextos históricos, sociales y culturales, ya que pensamos que la evocación de El capital no se agota en destacar sus valiosos aportes a la historia de las ideas políticas, económicas o filosóficas, ni en la exaltación de la genialidad de Marx. Ambas cosas ciertamente innegables.

El asunto que ponemos en consideración es un poco disímil: tiene que ver con pensar la diferencial dimensión creativa de la obra y, en ese sentido, con cartografiar la pluralidad de significantes que han propiciado versiones singulares de la crítica de la economía política, así como con identificar interpretaciones imprevistas del capitalismo que resuenan con El capital. La cuestión es, pues, su iterabilidad. Por eso, nos enfocamos en el plusvalor de las inéditas derivas epistémicas, pragmáticas y políticas que ha propiciado, así como en su capacidad de ser repetible —de manera heterogénea— en escenarios distintos al europeo centro-occidental.

Este conjunto de elementos son la referencia que subyace al diseño de los tres ejes del monográfico, que hemos llamado Exégesis, Geo-grafías y Derivas. En el primero de éstos hay contribuciones que arriesgan interpretaciones polémicas de El capital, así como de su función hermenéutica en el corpus teórico marxiano. Son lecturas que se permiten problematizar algunas de las tendencias interpretativas usuales y que, desde allí, abren horizontes para configurar matrices localizadas de posible transformación de las sociedades contemporáneas. En el segundo eje, Geo-grafías, exploramos formas de operatividad del capital en contextos situados que dan cuenta de su articulación con otros modos de producción, tecnologías de gobierno de las conductas, órdenes discursivos civilizatorios y resistencias. Se trata de la cuestión de la “subsunción formal del capital”, de su inscripción específica en singularidades histórico-espaciales. Por último, el eje Derivas indaga por apropiaciones vernáculas de El capital y por la correspondiente emergencia de teorizaciones fronterizas en las que la crítica de la economía política —más allá de una negación reactiva— se ensambla con la crítica pormenorizada del patriarcado, el racismo, el colonialismo, el Estado liberal, y resalta la condición abigarrada que ha caracterizado la instauración del proyecto del capital en el sur global.

Como se ha dicho, en no pocas ocasiones los efectos discursivos, libidinales y pragmáticos de El capital han desbordado su unidad primordial de sentido —el conjunto de planteamientos que lo constituyen como un complejo sistema de argumentación— y los límites de su panorama intencional de pensamiento. Por ello, sus múltiples espectros exceden las ideas propuestas por Marx, en su función de autor, y lo que él mismo llamó el “culto a la personalidad” —como lo evidencia en la carta a Guillermo Bloss que usamos como epígrafe—, para acoplarse con localizaciones geográficas diversas, variedad de prácticas político-organizativas y con conceptualizaciones del capital que abordan esferas no consideradas de lleno en la obra, o que quedaron insinuadas en ésta. Con todo, cabe resaltar que muchas de esas cuestiones “pendientes” fueron esbozadas por Marx con un carácter intuitivo, latente y cuasi profético en El capital o en los Grundrisse. En parte, de allí deriva su signo enigmático y quimérico, que se desprende de su inconclusión fundamental: es una obra inacabada e inacabable.

La onda expansiva que ha generado El capital tiene que ver, justamente, con su capacidad para propiciar interpretaciones ex-céntricas: ha suscitado lecturas heterodoxas e inspirado, al mismo tiempo, articulaciones limítrofes entre diversas posiciones de sujeto que se sitúan políticamente en la crítica de los órdenes de subordinación realmente existentes y que, desde allí, provocan y evocan otros mundos posibles. En síntesis, esta entrega de NÓMADAS conmemora el irrevocable “eterno retorno” de El capital, que como un fantasma recorre el pensamiento social contemporáneo.


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