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Xicanisma: la poética de “concientización” feminista y fronteriza de Ana Castillo*

Xicanísma: a poética de “conscientização” feminista e fronteiriça de Ana Castillo

Xicanisma: Ana Castillo’s Poetics of Feminist and Border “Conscientización”

DOI: 10.30578/nomadas.n54a14

 

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Diana Carolina Peláez Rodríguez**

Resumen

El artículo tiene por objetivo aproximarse a la vida y la obra de la escritora chicana Ana Castillo. La autora, a partir de los poemas, las novelas, los ensayos y las entrevistas de Castillo, se sumerge en la fuerza de su pensamiento feminista y fronterizo y comparte comprensiones sobre su influencia en la comunidad chicana y latina. Al final del artículo, la autora hace referencia a cómo el activismo creativo de Castillo nos provee de una imaginación xicanista y colectiva que construye posibilidades de mundo para un sistema social más justo con las comunidades racializadas en contextos históricamente racistas, clasistas y sexistas.

Palabras clave: xicanisma, Ana Castillo, movimiento chicano, epistemologías de frontera, migraciones, activismo espiritual.

Resumo

O artigo tem por objetivo se aproximar à vida e obra da escritora estadunidense de ascendência mexicana Ana Castillo. A autora, a partir dos poemas, os romances, os ensaios e as entrevistas de Castillo, mergulha na força de seu pensamento feminista e fronteiriço, e compartilha compreensões sobre sua influência na comunidade chicana e latina. No final do artigo, a autora faz referência a como o ativismo criativo de Castillo nos fornece de uma imaginação xicanista e coletiva que constitui possibilidades de mundo para um sistema social mais justo com as comunidades racializadas em contextos historicamente racistas, classistas e sexistas.

Palavras-chave: xicanísma, Ana Castillo, movimento chicano, epistemologias de fronteira, migrações, ativismo espiritual.

Abstract

The article aims to get us closer to the life and work of Chicana writer Ana Castillo. The author, drawing on Castillos poems, novels, essays, and interviews, immerses herself in the force of Castillo’s feminist and border thinking and shares insights about her influence on the Chicano and Latino/a/x community. The author concludes by referring to how Castillos creative activism provides us with a xicanist and collective imagination to build world possibilities for a more just social system towards racialized communities in contexts that are historically racist, classist, and sexist.

Keywords: Xicanisma, Ana Castillo, Chicano Movement, Border Epistemologies, Migrations, Spiritual Activism.

*Este texto es el resultado de mis indagaciones sobre la vida y obra de Ana Castillo, a partir del estudio de sus escritos y el intercambio de comunicaciones personales entre los meses de enero y febrero de 2021.
**Docente e investigadora, Bogotá (Colombia). Magíster en Estudios de Migración Internacional; magíster en Estudios culturales; profesional en Lenguajes y Estudios Socioculturales. Correo: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

Las xicanistas luchamos por nuestra necesidad de entender a cabalidad quiénes somos –seres humanos talentosos–y creer en nuestros dones, nuestra valía, nuestra belleza, mientras tenemos que sobrevivir en constructos de un mundo opuesto a nuestra intuición y conocimiento sobre el significado de la vida.
Ana Castillo, Massacre of the Dreamers

Dar inicio a este texto no ha sido fácil. Ofrecer una introducción a Ana Castillo, a su trabajo y a la importancia de su pensamiento tanto en su comunidad como en otras fuera de las fronteras me ha enmudecido. He repasado en silencio sus palabras y solo encuentro que nadie mejor que ella ha sabido contarse a sí misma y que mi decir solo sería un burdo esfuerzo por encerrarla en casillas o etiquetas, de que ella misma ha sabido muy bien escapar, hasta traspasarlas e incluso superponerse a ellas. Rastreo entonces su propia enunciación y encuentro que se sitúa antes que nada como poeta y narradora de historias, pero también es ensayista, dramaturga, traductora y académica independiente.

En todos estos campos ha conectado y generado afectos profundos en quienes entran en contacto con sus múltiples expresiones. Yo la conocí en las aulas de clase sobre teorías feministas contemporáneas en San Diego, pero también en las calles del este de Los Ángeles, de la voz de raperas xicanas –sí, con X–. Así llegué a estudiar su libro de ensayos Massacre of the Dreamers y desde entonces me conecté con su pensamiento sociohistórico y encarnado, llamado Xicanisma. Estas fronteras diluidas respecto de su impacto, que fluyen entre la academia y las calles, me invitaron a profundizar más a fondo en el movimiento chicano y en los aportes particulares del feminismo que se gestaba en su interior, en donde encontramos a autoras, narradoras de historias, filósofas y poetas de la vida como Gloria Anzaldúa, Emma Pérez, Cherríe Morraga, Norma Alarcón y Ana Castillo.

A lo largo de este texto, conversaremos con Ana Castillo a partir de sus textos, poemas y entrevistas y de nuestro propio encuentro con ella y sus generosas respuestas, en varios intercambios por correo electrónico. Con su voz hecha tiempo, caminaremos por su pensamiento de poder femenino y fronterizo, lleno de valor y autodeterminación, y veremos su influencia en una sociedad racista y elitista que constituyó su identidad nacional con base en las oposiciones entre lo blanco y lo negro, que invisibilizan otras experiencias marcadas por un saberse cruzada por esa misma imaginación, pero a partir de otras diferencias sociohistóricas que no entraban en esa totalidad.

Ana Castillo nació y creció en Chicago en una familia con un linaje de migraciones de México hacia Estados Unidos. Hija de madre proveniente de Ciudad de México y padre nacido en Chicago, ha dirigido su escritura a contar historias sobre los obstáculos sociales y económicos que los latinos enfrentan en los Estados Unidos. Actualmente vive en la zona de frontera de Nuevo México a un par de horas del cruce fronterizo El Paso-Ciudad Juárez. Castillo rompe el molde de la latina que se busca una vida en trabajos de servicio o como operaria en alguna fábrica, como lo hicieron las mujeres de su familia. Ella es licenciada en y maestra en Artes por la Universidad de Chicago y recibió el grado de doctora en Estudios Americanos de la Universidad de Bremen (Alemania), por la colección de ensayos Massacre of the Dreamers. Ha recibido varios premios, entre los cuales están el American Book Award (1987) de la Before Columbus Foundation, por su primera novela The Mixquiahuala Letters; y el Women of Words Award (1988); recibió dos becas del Fondo Nacional de las Artes de EE.UU. (1990 y 1994); el premio Carl Sandberg (1993) por su obra So Far from God (1993a);el reconocimiento Sor Juana Achievement Award (1998), entregado por el Centro Museo de las Artes Mexicanas en Chicago, y el premio de la Asociación de Estudios Americanos Gloria Anzaldúa (2013). También otros reconocimientos por sus obras Sapogonia, The Guardians y Peel My Love Like an Onion.

En su última obra de ensayos autobiográficos: Black Dove: Mamá, Mi’jo, and Me,se describe así: “no soy politóloga o historiadora, soy una poeta. Los poetas tenemos mala fama por nuestras peligrosas opiniones sobre todas las cosas” (Castillo, 2016, p. 327). Y en una entrevista que le hicieron, amplía: “pero yo era una poeta en el movimiento. Entonces no es que estuviera pensando en serlo para enviar mis poemas a una revista especializada. Era más algo como me voy a subir a esa tarima y voy a leer mis poemas. Entonces era más como mi forma de comunicar instantáneamente lo que estaba pensando” (en Cantú, 2008, p. 60). Entre sus obras poéticas están My Father was a Toltec, Women are Not Roses, I Ask the Impossible y Watercolor Women, Opaque Men: a Novel in Verse. Es editora de la colección de historias, poemas y ensayos sobre la Virgen de Guadalupe llamada Goddess of the Americas. Su legado como escritora, pensadora y activista cultural se consolida con su zine La Tolteca, una apuesta sobre la creación sin fronteras y censura.

En los años setenta, cuando se integra al movimiento chicano1 que acompañó las luchas por los derechos civiles en los Estados Unidos, las voces del liderazgo eran principalmente masculinas. Los roles de género dentro del movimiento eran los tradicionales del hogar, en donde los hombres protegían y liberaban y las mujeres cuidaban y reproducían la vida cotidiana. Las expresiones artísticas canalizaban afectivamente el deseo de transformación social y de orgullo de pertenencia y reivindicación sociohistórica méxico-americana por el derecho a estar ahí, con murales, música y poesía, especialmente.

La revisión y reconstrucción de historias familiares y el uso del simbolismo tradicional mexicano y precolonial lograron convocar discursos radicales hacia políticas de liberación comunal e individual que conectaron profundamente tanto con la comunidad mexicana, que fue atravesada por la frontera que se delimitó en el siglo XVIII, como con la de los inmigrantes y nuevas generaciones nacidas en EE. UU. Desde el legendario territorio de Aztlán, pasando por la figura religiosa de la Virgen de Guadalupe, hasta La Malinche, se tornaron en apropiaciones de valor nacional y orgullo, o de vergüenza étnica, en el caso de la última. El papel revisionista del feminismo chicano fue crucial en los giros epistémicos que se dieron respecto de esos mismos signos de valor, orgullo o vergüenza, para evidenciar la injusticia social sobre los cuerpos de las mujeres, las abuelas, las madres, las hijas de la comunidad que sustentaba la subvaloración del poderío femenino dentro del movimiento.

En Nicaragua, 1974 y 2011 | Cortesía de Ana Castillo

Nuestra poesía temprana, cuya intención era catalizar la resistencia y revolver los corazones del pueblo, buscaba emplear el ímpetu y el vigor de la vida cotidiana. La emergencia y vitalidad de esta poesía jugaba un importante papel en los dos objetivos primordiales del movimiento chicano: obtener reconocimiento legítimo por parte de la sociedad dominante, para así generar oportunidades educativas y económicas, y la afirmación de nuestra identidad cultural en una sociedad anglocéntrica. Para los años ochenta, sin embargo, llegamos a una nueva fase en la poética de nuestra auto-definición. Como mestizas2, nos observamos críticamente en el lenguaje (todos los que nos componen y su variedad de dialectos), con la comprensión de que el lenguaje no era algo que existía fuera de la experiencia. De forma explícita o implícita, el lenguaje es el vehículo a través del cual nos interpretamos en relación con el mundo. (Castillo, 2014, pp. 177-178)

El uso del Spanglish hace parte del ejercicio de reconocimiento del contexto lingüístico en el que se vive la experiencia y prioriza una carga afectiva, puesta en el español por sobre el inglés, en las memorias o expresiones que fluyen en las prácticas, evidencia de que la preferencia está profundamente relacionada con la identidad del hablante y de que este busca evidenciar esa pertenencia (Espín, 1999, pp. 139-140). Las mujeres chicanas buscaron socavar la ética cultural patriarcal que yacía en cada símbolo, en cada práctica y en cada relación con el mundo que las devaluaba, y construyeron historias paralelas, mitologías alternas, donde lo femenino no requiriera ni aun el permiso de existir y se encontraran en completa libertad de conocerse, quererse y aceptarse en su diversidad. En este ejercicio de intervención política y ética, lo estético fue central, y la escritura y la poesía debían ser accesibles a todas y estar entre las prácticas más democráticas.

Es así que aparecen metáforas que ayudan a imaginar un mundo posible en las fronteras, sin determinismos binarios que violenten a los cuerpos y se asuman en la subordinación y el desprecio de los otros y de sí, por género, clase, sexualidad, espiritualidad o cualquier otro diferenciador. El mito masculino de “puta”, “vendida” y “traicionera” por traer al mundo un hijo de Hernán Cortés, que Octavio Paz circuló sobre la Malinche, fue revisitado por varias autoras, como Norma Alarcón o Marta Cotera, y liberaron su cuerpo de la sumisión sexual como el centro de la maldad nacional, para reconstituirla en la figura de heroína, madre, figura de liderazgo y poder:

La palabra escrita ha sido un lugar exclusivo de un tipo particular de personas: hombres blancos, de clases altas y bien educados. Con el tiempo, un puñado de mujeres “excepcionales” han sido admitidas en tan exclusivo círculo. Aquellas que habían tenido acceso a instituciones públicas o parroquiales, a menudo inferiores, empecinadas en reprimir la voluntad humana no estaban destinadas a hacer de la pluma un estilo de vida. Como parte de la generación que se rebeló globalmente contra la autoridad, creo que hemos logrado, notablemente, cambiar esto. Al escoger ser transmisoras conscientes de expresiones literarias, nos hemos convertido en excavadoras de nuestra cultura común, escarbando leyendas, folclor y mitos para nuestras propias metáforas. Lo nuestro no es Homero sino Netzahualcoyotl, no es Sappho sino Sor Juana, no es Atenea sino Coatlicue. (Castillo, 2014, p. 177)

La poética de la Xicanista

Las escritoras, poetas, académicas y artistas chicanas comprendieron que las demandas del feminismo blanco, liberal y de clase media en Estados Unidos nunca iban a ser suficientes para contar sus historias particulares como mujeres de color en esa sociedad y emprendieron una búsqueda por una ética, estética y política propias, partiendo de sus historias, sus saberes, sus propias metáforas y su propia epistemología. Así constituyen ellas un paradigma crítico que puede ser considerado tanto teoría como método y que comprende formas oposicionales de consciencia (Sandoval, 1998, p. 360).

Xicanisma entró a conversar con varias propuestas de otras mujeres, como la de conciencia mestiza de Anzaldúa o los feminismos del tercer mundo estadounidense, de Chela Sandoval, para sostener creativamente una identidad que no fuera fija o “verdadera”, sino que se reconociera flexible y multidimensional. Gloria Anzaldúa lo llamó conocimiento, como otros modos de relacionarnos con nosotras mismas, con las otras y el mundo y una manera distinta de conectar, más allá de los colores, y otros diferenciales, con aliadas que viven sus propias contradicciones, para así desarrollar juntas una visión espiritual, imaginativa y política (2002, p. 571). Conocimiento es una indagación espiritual que se logra a través de actos creativos como la escritura, la danza, el curanderismo, la enseñanza, la meditación y el activismo espiritual; este surge de la apertura de todos los sentidos y estados (de emoción, cognición, intuición, imaginación y espíritu) conectados para la creación de saberes subversivos y de transformación (p. 542).

Castillo ha llamado “concientización” a este modo de indagar, para explicar la subjetividad xicanista: “una persona que tiene la conscientización es aquella que entiende quién es, que entiende dónde está ubicada en el gran esquema de la sociedad y que tiene las agallas de hacer cambios en su comunidad” (Castillo, 2014, p. 180). El uso de la X en Xicanisma es lo que Ana Castillo llama la “poética” de la xicanista, la cual corresponde a una nueva noción de color e identidad que involucra una revisión de las teorías monolíticas de mestizaje e hibridez racial para reevaluar a la mujer indígena y situarla en el puro centro de su identidad racial (Velasco, 2006, p. 208); es decir, en el centro simbólico de la comunidad imaginada identitaria:

La construcción desde la poesía y la prosa, el desarrollo de ideas, no es un logro que se le asume a un individuo de su generación. Todos estamos creando este telar. A veces es uno vibrante con color y movimiento, en otros es soso y redundante, y para otros, una pobre ejecución. Ninguna de nosotras es infalible, ninguna de nosotras solas logra la perfecta confluencia de elementos en su creación. La poética de la conscientización trata de todo y de todos al mismo tiempo –o al menos esa es su misión—. Se nos hace difícil persuadir incluso a aquellos que están con nosotras, un amante o nuestra hermana, que estamos creando no sólo una nueva poética con nuestro lenguaje, sino una nueva conscientización. (Castillo, 2014, p. 182)

Castillo construye el concepto de Xicanisma para referirse a esta nueva reconfiguración de la diferenciación genérica y étnica desde la “posicionalidad”. De este modo, se desmantela la noción biologicista, ahistórica o esencial de la raza y se abre un espacio para reclamar una experiencia historizada de la articulación entre género y etnicidad que, por consiguiente, posicionará al sujeto de manera política. El uso de la X es un recurso que reconoce y recupera lo indígena en el proceso de identificación y lo posiciona como el centro del mismo; esto con el fin de despojarlo de los significados negativos con los que históricamente la cultura dominante lo ha producido, para ser renombrados de otra manera:

Cuando inicié mi investigación para Massacre of the Dreamers, me pregunté: ¿qué es una chicana? ¿Quién es esta mujer de la que escribiré? Era una búsqueda pragmática y lo que fui descubriendo es que la mujer mexicana, tanto en la cultura prehispánica como después, es que ha sido definida desde un marco muy religioso. No podía extraer lo uno de lo otro. Con la iglesia católica, la cultura y la tradición se mezclan en la religión. Algunos de los mandatos más estrictos dictados por el papa son en contra –bueno, yo creo que lo son– de las mujeres. En este sentido, no puedo separar la identidad de la mujer mexicana y chicana del universo religioso. Las mujeres, creo, cargan las tradiciones de las religiones, así ellas no sean las que formulen la ideología. (Castillo, en Milligan, 1999, p. 20)

En 1996, Castillo edita un libro llamado Goddess of the Americas. La diosa de las Américas, en donde treinta autores comparten sus poemas y ensayos sobre la Virgen de Guadalupe - Tonantzín. El poder femenino para las niñas y mujeres chicanas proviene y está mediado cultural y espiritualmente por la Guadalupe, explica Castillo, y Tonantzín era el nombre en que esta fuerza femenina era reconocida por los mexicas. En la necesidad de reclamar por un mundo espiritual que dé valor y poder a lo femenino y desplazar al “padre” por la “madre”; Guadalupe-Tonantzín encarna ese sentido de cuidado y protección que todos deberíamos convocar “en un mundo en el que la esperanza pende de un hilo” (Castillo, 1996, p. xxiii).

En toda su propuesta, a modo de activismo espiritual, como lo propuso Anzaldúa, Castillo ha buscado que Xicanisma no fuera capturada por la atmósfera sofocante de los auditorios de conferencia ni por las acrobacias de las conceptualizaciones académicas y que, al contrario, “fuera llevada a nuestro puesto de trabajo, los encuentros sociales, las cocinas, las habitaciones y la sociedad en general” (Castillo, 2014, p. 11). Su obra se transforma, se mueve, les habla a las rezanderas, curanderas, brujas, hijas, madres, lesbianas, activistas, pero también a todo el que se identifique, que no sea necesariamente de ascendencia mexicana, o las latinas del otro lado, sino esa mujer desconocida en cualquier lugar de la clase trabajadora:

Entonces lo que me llevó a escribir Massacre of the Dreamers y a quien va dirigido es la mujer de la maquila en Juárez y la maquila en el sudeste asiático y en Los Ángeles y en Nueva York y en Chicago. Ella puede ser de origen mexicano, asiático o indio, de donde sea. Esta es la nueva forma, creo, prestar atención a esa identidad en el mundo en este momento; se ha movido a eso. […] pero siempre será una cuestión de raza, una cuestión de color, porque la historia de la colonización en este mundo ha sido devastadora para mucha gente de color y continua hoy afectándonos. (Castillo, en Milligan, 1999, p. 23)

Trata sobre nosotras. Por eso [los anglos] no conocen esa realidad. Y eso para mí es la muestra más evidente de que el racismo existe y existe para una escritora como yo. Pensemos en So Far from God. La escribí en seis meses como un gesto reactivo al terminar Massacre, el cual me tomó siete años escribir, y sin embargo todo el mundo puede leer So Far from God. ¿Por qué? Porque es ficción. No tenemos que creer que todas esas terribles historias son verdad, porque el libro es entretenido; mientras que Massacre of the Dreamers es todo lo contrario, porque es escritura acérrima y absoluta que busca la verdad. (Castillo, en Cantú, 2008, p. 61)

En Quito (Ecuador), 2012 | Cortesía de Ana Castillo

Conscientes de la movilidad del pensamiento, de la identidad, de la memoria, preguntamos a Ana Castillo por los orígenes deXicanisma y los modos en que ha cambiado, al igual de las transformaciones que ha traído para las mujeres a lo largo de las generaciones que se han nutrido de esta creación, a lo que generosamente nos responde:

Una de las razones por las cuales tiendo a evitar entrevistas sobre mis libros (especialmente años después de su publicación) es que me obligan a ir hacia atrás y pensar en quién solía ser en ese entonces. Es casi imposible hacerlo sin caer en la tentación de hacer una revisión. La memoria no es solo resbaladiza, sino que también es memoria del intento. Esto no significa que he cambiado de opinión o de postura. Es difícil, al menos para mí, posicionarme de lleno en el pasado. Todos nos transformamos con el tiempo, con suerte evolucionamos.

He notado cómo las palabras que toma algún movimiento para incorporarse con su energía, luego más adelante en el tiempo son apropiadas y usadas de otra manera. Algunas veces, mal usadas. Cuando se usan para obtener dinero o fuera de contexto (se me vienen a la mente los comerciales de televisión que usan el slogan, la imagen o la canción de un movimiento social). El significado cambia o incluso es tergiversado.

Quizás es una cuestión de que un término sea para el momento y para aquellos que lo usan para impulsar su movimiento. En mi juventud, cuando “chicano” se convirtió en el referente para los activistas méxico-americanos, nuestros mayores no lo acogieron. Chicano, en su época, era despectivo hacia los mexicanos en los Estados Unidos. Lo mismo puede decirse de la palabra “negro” en el movimiento negro.

A finales de los sesenta e inicio de los setenta, las mujeres negras estaban activas en el diálogo. Para mediados de los setenta, las activistas latinas y chicanas (brown women) en Estados Unidos, a menudo asociadas con la clase trabajadora, comenzaron a identificar sus luchas particulares como mujeres; esto implicaba hasta cierto punto un diálogo asertivo sobre la sexualidad. Xicanisma no existía como término. Algo que podía ser definido como feminismo chicano, sin embargo, se estaba desarrollando en los círculos académicos y en la práctica de organizaciones sociales de base. A mediados de los ochenta introduje el término Xicanisma (chicanismo híbrido de chicana con un giro indígena) para llenar el vacío enunciativo de cómo hablar de la emergencia del pensamiento feminista chicano. Hasta ese momento, el feminismo enunciaba a las mujeres blancas de todas partes, especialmente las de clase media y alta.

Estoy complacida, me siento halagada y respetada de saber que las activistas y académicas más jóvenes reconocen la contribución de Massacre of the Dreamers, pero también de mi poesía y ficción más tempranas (hago referencia a la actual edición de My Father was a Toltec y mi primera novela The Mixquiahuala Letters, ambas actualmente en prensa). Massacre of the Dreamers tuvo una edición de vigésimo aniversario en 2014 como indicador del vigente interés en la obra. También soy consciente de que feministas en otros países aplican las teorías que he presentado allí en relación con la colonización de sus propias sociedades. He visto que las generaciones más jóvenes usan el término, con o sin consciencia de su procedencia con mi libro o si sienten que fuese importante reconocer esa conexión. (Entrevista, 2021)

Vivir en la frontera

En su última colección de ensayos Black Dove: Mamá, Mi’jo, and Me, Ana Castillo hace un ejercicio de memoria profunda para llevarnos de la mano a lo que ella llama “su historia”. Es una autobiografía cuyo propósito explícito es convocar a quien lee a reconocerse en las varias historias que una mujer de color, bisexual, escritora y madre, pueda ofrecer, por más distinta que parezca de la propia, e invita desde la introducción a que nos permitamos sentir los cruces de sentidos comunes que se encuentran y nos unen, más que separarnos.

2016 | Cortesía de Ana Castillo

La dedicatoria con la que abre la novela The Guardians explicita: para todos aquellos que trabajan por un mundo sin fronteras y para todos aquellos que se atreven a cruzarlas. Los personajes en las novelas de Castillo habitan la frontera, con sus mezclas identitarias, nacionalidades y lenguas; pero las fronteras para las chicanas significan más que el territorio cruzado por líneas que bordean un cuerpo y lo fragmentan. Las fronteras son más bien estados de transición y cruces, pero no hacia el otro lado, para existir en él, sino más bien por el bienestar de esa zona indeterminada que escapa de las violencias de lado y lado, una zona de autodeterminación, autonomía y poder. Pero situarse allí tiene sus costos y es la violencia por parte de quienes las han construido para ordenar y dividir. Las mujeres en sus obras son receptoras de esas violencias y son las primeras que nos muestran la posibilidad de ese tercer espacio, el hogar donde estarán a salvo (Johnson, 2004, p. 41). Castillo nos ayuda a reflexionar sobre el control masculino de la sexualidad femenina, las violencias en el mundo dividido por los hombres como lo privado y lo público y los castigos en estos espacios, marcados por los golpes, la violación y el feminicidio.

En Sapogonia, So Far from God, The Mixquiahuala Letters e incluso su autobiografía en Black Dove, Castillo expone la matriz de poder que los hombres han asumido sobre los cuerpos de las mujeres como objeto poseído, castigable y desechable y los riesgos continuos de que las mujeres siempre estén expuestas a esa posibilidad de la violación. Incluso en Sapogonia3 nos expone que el mandato masculino exige fidelidad a la filiación de género antes que nada, y ese será siempre el mayor lugar de sostenibilidad del poder cuando el antihéroe Máximo Madrigal, después de violar a una joven indígena y dejarla en un camino, se pelea a muerte con el hermano de la víctima, aunque luego desarrollan una camaradería. El escape de los personajes femeninos de las fronteras rígidas militarizadas por los cuerpos masculinos y el patriarcado colonial se construye a través del espacio seguro conformado por el trabajo colectivo, político y activista, que evidencia la ética de lo que llama interconnectedness o interconectividad entre las mujeres y su comunidad, y no desde la competencia. Hacerse fuertes en ese espacio seguro de “hogar” expandido que flexibiliza las fronteras de lo público y lo privado para encontrar sustento en las conexiones, un espacio de traducción y negociación donde se transforme la violencia. En la propia descripción que Castillo hace de The Mixquiahuala Letters expresa: “El tema principal se ocupa de las relaciones o las conexiones, con todas sus complejidades aparentemente irreconciliables: mujer con hombre, mujer con mujer, mujer como hija, mujer como madre, mujer con la religión, mujer con la cultura chicana/mexicana, mestiza con la cultura anglo, entre muchas otras” (2014, p. 179).

Pastora, en Sapogonia, es una mujer que representa fuerza y sabiduría ancestral a través de las artes que realiza y de los saberes de la naturaleza que convoca; es considerada una bruja/curandera que lleva una vida poco tradicional. Sofi, en So Far from God, debe superar la pérdida de su esposo, sus hijas y su patrimonio y encuentra en su interior la fuerza para luchar por su comunidad como alcaldesa autoproclamada. Es una fuerza de cambio que mediante la organización de cooperativas provee a la comunidad un sentido de unidad y poder. Ella encuentra su camino como lideresa (Shaul y Quinn-Sánchez, 2016, p. 19). Este libro hace parte de la lista de ochenta libros vetados en Arizona por una ley en contra del curriculum de los Mexican-American Studies, impulsada por los republicanos, que busca que estos libros dejen de ser circulados y enseñados en las escuelas públicas, con el argumento de que enseñan odio y resentimiento hacia los blancos. Entre los libros vetados se encuentran Pedagogía del oprimido, de Paulo Freire, The House on Mango Street de Sandra Cisneros y Borderlands/La frontera de Gloria Anzaldúa.

En la obra de Castillo, las migraciones aparecen en todas sus formas, desde la búsqueda del sueño americano, la deportación, la experiencia del refugiado, del “mojado”, hasta la descripción de la creciente industria migratoria, formal como la patrulla fronteriza e informal como las redes de coyotaje y el problema de la trata de personas. Pero en ninguna obra es este escenario tan central como en The Guardians. La novela se localiza en las ciudades fronterizas de El Paso en Texas, Ciudad Juárez en México y Cabuche en Nuevo México. Castillo nos muestra que, para los anglos del Sur de Estados Unidos, los habitantes fronterizos son siempre transgresores, aliens, con documentos o no, sean chicanos, indígenas o negros, por lo que se esfuerzan por “resguardarla” a como dé lugar. Es un territorio hostil que continúa recordando a esa otredad que quienes entren serán gaseados, violados, mutilados, desaparecidos o asesinados, de modo que “la frontera se ha vuelto como el Triángulo de las Bermudas. Tarde o temprano todos conocen a alguien que ha desaparecido” (Castillo, 2008, p. 132). En la obra, esta es una frontera sitiada por la patrulla fronteriza, la pandilla MTM, los Minutemen, los narcotraficantes, los coyotes, las redes de trata de personas, el Grupo Beta4 y las fuerzas del orden locales. En la novela sentimos las varias violencias territoriales e identitarias, pero también las varias resistencias en los espacios seguros que se conforman por el cuidado desde las redes comunitarias, como protectoras de vida. En la novela, los guardianes son las montañas Franklin, como testigos de lo que ocurre a lado y lado de la frontera, y los personajes principales, Regina y Gabo, que protegen a su familia y a su comunidad de la gran y oscura mancha de actores que “protegen” la nación y sus intereses.

Nuevo México (Estados Unidos), 2007 | Foto de Robert A. Molina

Por la ilusión de la paz

Everywhere i travel these days,
from university to university,
there is a cheering team waiting at the airport,
not for the poet, of course, but for a hero.
There are plastic flags waving, helium filled balloons, pregnant wives, fathers, mothers, friends, new babies –all to welcome their heroes home–. Their very own
Who stand for freedom somewhere far away.
In a place they’d never heard of before: the magical, golden landof Shahrazad, where anything can happen and has.
In Kentucky and Oregon the descendants of the Puritans hardly surprised me.
El Paso and Albuquerque were another matter, as were
Chicago and Los Angeles.
Who were these Hispanic-Americans convinced that Kuwait deserved liberation and ravaged El Salvador does not?
Who were these new patriots who now pledge allegiance to the flag at family reunions and support free-trade negotiations between the United States and Mexico?
What economic law assures them that women and adolescents exposed to toxic waste and chemicals at wages of three dollars a day by any measure is progress?
Did they hear by chance of the flower rancher north of Los Angeles who kept one hundred fifty Mexican workers under lock and key?
Their heads were shaved.
They were sold goods on credit at the company store.
They worked sixteen hours a day, six days a week –or of the number of women trying to cross the border who are stolen for the extraction of their organs for use in transplants in the United States– or
Of the children shot by United States border officials in Mexican territory?
They distinguish themselves these good Hispanics from
the bad ones: the Chicano gang members,
Columbian drug kings, Puerto Rican crack users, dark
Guatemalans, the good-for-nothing illegals
with no right to be here,
with no right to be,
with no rights.
But i don’t know from where these good Hispanics have come.
It isn’t language that binds us now nor our common history.
There is nothing left between us, those whom
I once so bittersweetly called my people. (Castillo, 1993b)

Por la ilusión de la paz

Dondequiera que viaje estos días
de universidad en universidad,
hay un equipo de vítores esperando en el aeropuerto,
no para la poeta, por supuesto, sino para un héroe.
Hay banderas de plástico ondeando, globos llenos de
helio, esposas embarazadas, padres, madres, amigos,
recién nacidos, todos para dar la bienvenida
a casa a sus héroes. Los propios.
Quienes defienden la libertad en algún lugar lejano.
Un lugar del que nunca habían oído hablar antes: la
mágica tierra dorada de Shahrazad, donde todo puede
suceder y ha sucedido.
En Kentucky y Oregon, los descendientes de los
puritanos apenas me sorprenden.
El Paso y Albuquerque son otro asunto, al igual que
Chicago y Los Ángeles.
¿Quiénes eran estos hispanoamericanos convencidos
de que Kuwait merecía
Liberación, pero El Salvador devastado no?
¿Quiénes eran estos nuevos patriotas que ahora juran
lealtad a la bandera en reuniones familiares y apoyan
las negociaciones de libre comercio entre Estados
Unidos y México?
¿Qué ley económica les asegura que mujeres y
adolescentes expuestos a desechos tóxicos y productos
químicos por un salario de tres dólares al día
significa algún tipo de progreso?
¿Habrán oído de casualidad del ranchero de flores al
norte de Los Ángeles que mantuvo bajo llave a ciento
cincuenta trabajadores mexicanos?
Les afeitaron la cabeza.
Les vendían productos a crédito en la tienda de
la empresa.
Trabajaban dieciséis horas al día, seis días a la semana
–o de la cantidad de mujeres que intentan cruzar la
frontera y que son robadas para la extracción de sus
órganos que luego usan en trasplantes en Estados
Unidos– o
¿De los niños baleados por funcionarios fronterizos de
Estados Unidos en territorio mexicano?
Se distinguen a sí mismos como buenos hispanos al
lado de los malos: los pandilleros chicanos,
reyes colombianos de la droga, consumidores
puertorriqueños de crack, guatemaltecos oscuros, los
ilegales buenos para nada sin derecho a estar aquí,
sin derecho a ser,
sin derechos.
Pero no sé de dónde han venido estos buenos hispanos.
No es el lenguaje lo que nos une ahora ni nuestra
historia común.
No queda nada entre nosotros, aquellos a quienes
alguna vez llamé tan agridulcemente mi gente.

 

Desde este universo fronterizo, le preguntamos a Ana Castillo sobre la transversalidad de las migraciones en su trabajo y el peso simbólico que ha tomado este fenómeno en la política interna y académica de los Estados Unidos:

El primer hecho histórico que me gustaría resaltar a los lectores que no estén al tanto es que la primera ley que se instauró en la frontera México-Estados Unidos no era para mantener a los mexicanos fuera. Sino que se trató de la Ley de Exclusión China [Chinese Exclusion Act] de 1882 en adelante. Sin embargo, con el 9/11, se generó, y tal vez continúa, la idea equivocada de que una amenaza migratoria proveniente del Medio Oriente entraría a los Estados Unidos vía México. He vivido cerca a esta frontera (a una hora de camino en carro) por las últimas dos décadas. Me he percatado de las varias formas de violencia que afectan a las personas a lo largo de la línea fronteriza, por mi relación directa con sus habitantes. Desde aquella espeluznante conocida como “feminicidio” (sobre la cual he escrito y de la cual he hablado internacionalmente), a la guerra contra el narco por parte del gobierno mexicano en el 2008, en donde vimos cómo el gobierno militarizó el territorio; a la violación de derechos humanos en las “maquilas”, con mujeres a las que les pagaban pocos dólares al día; a la pobreza devastadora (provocada en alguna medida por los millones que migraron a las ciudades fronterizas y donde prevalece la falta de infraestructura de vivienda, agua, sanidad, entre otros); hasta el aberrante trato que actualmente se les da a quienes han venido a solicitar asilo; y, por

supuesto, el vergonzoso acto de separación y detención de menores. Aunque he participado en varias marchas a lo largo de los años, no he estado directamente involucrada con organizaciones que trabajan estas problemáticas.

Quisiera reiterar que, a pesar de que a lo largo de mi vida he estado inmiscuida en escenarios académicos, yo no me considero una académica per se. Actualmente no me encuentro afiliada a ninguna institución y rara vez participo en eventos. Creo que me mantengo actualizada en política, especialmente en cómo afecta a los latinos/as/x. Esto, a la luz de toda una vida formando puntos de vista, la mayoría expresados a través de mi escritura, creo que mantiene relevante mi perspectiva. No obstante, al no impartir clases en el presente, no presto mucha atención a las tendencias, términos o controversias internas de la academia. (Entrevista, 2021)

Ana Castillo tiene múltiples formas de expresar su activismo espiritual, pues también hace pintura y dramaturgia y ha hecho explícito su deseo de crear cine, en un género que quisiera llamar Chicana noir,“porque nuestras narrativas son invariablemente negras” (Castillo, 2016, 124). En sus obras y su pensamiento siempre ha dialogado con Latinoamérica, fuera del contexto mexicano. En Black Dove nos cuenta sobre los gustos musicales de su madre, la importancia del danzón cubano en su vida, la literatura brasileña de Clarice Lispector, y Gabriel García Márquez, a quien Regina, protagonista de The Guardians, ha leído atentamente. Por esto le hemos preguntado por su relación con Latinoamérica y las colaboraciones creativas/activistas que ha realizado:

He sido afortunada en la vida por haber sido invitada a hablar en programas, escuelas, festivales literarios, universidades y medios en muchos países. Recuerdo una visita a Cuba en el 2000, cuando el presidente del sindicato de escritores me dijo, Ana, te vemos como latinoamericana, como una de nosotros. He desarrollado muchas conexiones y con mujeres muy variadas en países de habla hispana. Claro que, aunque tengo por Brasil un lugar muy especial, pues estudié portugués en la escuela y lo he visitado, no tengo una conexión formal allí.

Identificarme como lo hago con mi sangre indígena me hace también conectarme con estos pueblos. Tengo innumerables referencias de las veces que he participado en festivales de poesía, encuentros y colaboraciones con escritores de toda América Latina a través de décadas –hombres y mujeres, en presentaciones ante grandes audiencias, en talleres de escritura, siendo publicada o trabajos que he ayudado a publicar acá–. He viajado mucho y sostengo también trabajo a larga distancia. Desde entrar en contacto con un grupo de profesores bilingües en Quito, participando también en festivales de poesía en Nicaragua o en talleres de escritura en la Universidad de Galápagos, dando talleres sobre memoria escrita en Buenos Aires, también festivales de poesía y talleres en Perú, compartiendo con escritoras en Cuba, lecturas y firmas de libros en Puerto Rico, etc. A eso hay que sumarle los viajes alrededor del mundo por trabajo y colaboraciones a distancia. (Entrevista, 2021)

Entre los feminismos, el pensamiento de Ana Castillo y las experiencias que aporta en los actos creativos escritos hay gestos descolonizadores que desplazan los modos de imaginar lo femenino. Ella nos lleva a encarnar un “yo” donde la mujer mestiza/mexicamerindia es el centro de la acción y la reflexión sobre el mundo y que, aunque se sabe subalterna, por las fuerzas que la definen, reconfigura su existencia en sus propios términos y amplía su espectro de acción, sin perecer ante la exposición de las violencias, para posicionarse fuera de los discursos racistas, clasistas y sexistas que la oprimen mientras se forma su propio repertorio de amor a sí misma.

Finalmente, la conscientización xicanista trata de cuestionar las definiciones reductoras y monolíticas de las identidades de género, étnicas y nacionales y dar cuerpo a las contradicciones, en lo que la chicana Norma Alarcón ha llamado “‘sujetos-en-proceso’ mediante narrativas textuales” (Klahn, 2003, p. 122), pero es una conciencia continua de sí misma, de las alianzas que construye y del entorno.

Con el análisis identitario xicanista, a través de actos creativos –el activismo espiritual de Anzaldúa–, se busca enfrentar el miedo aprendido a conocerse, así como abrir espacios de autoevaluación que nos acerquen a una comprensión de nosotras mismas de forma afirmativa. El activismo de Castillo provee al mundo de una visión donde se cambian los hechos que condicionan a que las mujeres sean violadas, acosadas sexualmente o sigan siendo las peores pagadas, especialmente las latinas, en un país como Estados Unidos. En la voz de Castillo: “como xicanistas (no solo como obreras culturales sino guerrilleras culturales) debemos ser tanto arqueólogas como visionarias de nuestra cultura. Así puede que contribuyamos a una visión colectiva hacia el desarrollo de un sistema social alternativo” (2014, p. 226).

Ecuador, 2016 | Cortesía de Ana Castillo

Notas

  1. El chicanismo surge en la década de los sesenta en Estados Unidos, cuando un grupo de personas de ascendencia mexicana se apropian y resignifican el término chicano para conformar un nuevo discurso político. El término hacía referencia de manera peyorativa a la clase obrera de origen mexicano que realiza los peores trabajos en Estados Unidos (Valenzuela 1998, p. 42). La recodificación del término causó el efecto de evidenciar la distancia que había entre aquellos que encontraron un lugar en la nación anglosajona y aquellos que eran excluidos (Alarcón, 1998, p. 372). El discurso del nacionalismo cultural chicano descansa en el deseo de encontrar y recuperar el territorio mítico ancestral náhuatl llamado Aztlán –ubicado en el sudoeste de Estados Unidos– y de ser reconocidos como un grupo sociocultural único, que no es ni mexicano ni estadounidense, con su propia cultura, lenguaje e historia (Ríos, 2008, p. 3). Su lucha consistía en revalorar y honrar positivamente todo lo chicano y ofrecer un contradiscurso crítico del dominante para visibilizar la importancia de su cultura.

  2. Como recurso estético para resolver el Spanglish en la traducción al español de las fuentes usadas en este texto, todas las oraciones o palabras que estén en cursivas buscan identificar aquellas que han sido escritas/dichas originalmente en español y así no perder el efecto. Todas las traducciones fueron hechas por la autora de este texto.

  3. “Sapogonia es un lugar único en Las Américas, donde todos los mestizos habitan, sin importar la composición nacional o racial del individuo, ni su condición legal –o, quizás, por causa de todas ellas” (Castillo, 1994, p. 1).

  4. La organización Minutemen es una milicia de civiles que desde la conformación de los Estados Unidos busca proteger las tierras colonizadas y funciona hasta hoy. El Grupo Beta es una organización mexicana para la protección y defensa de los derechos humanos de los migrantes en el cruce.

Referencias bibliográficas

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La Etnnia: el legendario himno del hip hop latino*

La Etnnia: o legendário hino do hip hop latino

La Etnnia: The Legendary Anthem of Latin American Hip Hop

DOI: 10.30578/nomadas.n54a13

 

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Diana Avella**

Resumen

Este artículo expone de manera cronológica, el recorrido e impacto de la agrupación de rap La Etnnia en la música colombiana. La autora conecta hechos históricos del país con la acción creativa de cada una de las producciones musicales de La Etnnia. Asimismo, destaca la relevancia de su arraigo territorial, que convierte un punto geográfico de la ciudad de Bogotá en un lugar de la memoria colectiva del hip hop latinoamericano. El artículo concluye destacando la participación de las agrupaciones de rap en la movilización social que tuvo lugar en Colombia en los meses de abril y mayo del 2021 y su conexión con el legado de La Etnnia.

Palabras clave: La Etnnia, 5-27, hip hop colombiano, migración, tecnología, rap latino.

Resumo

Este artigo expõe de maneira cronológica, o percorrido e impacto da agrupação de rap La Etnnia na música colombiana. A autora conecta fatos históricos do país com a ação criativa de cada uma das produções musicais de La Etnnia. Assim mesmo, destaca a relevância de seu arraigo territorial, que torna um ponto geográfico da cidade de Bogotá em um lugar da memória coletiva do hip hop latino-americano. O artigo conclui destacando a participação das agrupações de rap na mobilização social que teve lugar na Colômbia nos meses de abril e maio de 2021 e sua conexão com o legado de La Etnnia

Palavras-chave: La Etnnia, 5-27, hip hop colombiano, migração, tecnologia, rap latino.

Abstract

This article presents a chronological journey on the impact of the Colombian rap group La Etnnia. The author articulates the country’s recent historical events with the creative response of each of La Etnnia´s musical productions. Likewise, the paper highlights the relevance of the band´s territorial roots, which turns the city of Bogotá into a geographical point of collective memory for Latin American hip hop. The article concludes by highlighting the participation of rap groups in the social mobilizations that took place in Colombia in the months of April and May 2021 and their connection with the legacy of La Etnnia

Keywords: La Etnnia, 5-27, Colombian Hip Hop, Migration, Technology, Latin American Rap.

*Éste artículo es resultado de veinte años de trayectoria en el movimiento hip hop como rapera, y del interés de conectar la academia con las calles y sus historias, además de la necesidad de documentar el trabajo de La Etnnia como parte fundamental de la memoria histórica en Colombia y relato vivo de la música independiente en el continente.
**Rapera con veinte años de trayectoria. Licenciada en Lengua Castellana y aspirante al título de magíster en Educación en Tecnología de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Gestora cultural, defensora de derechos humanos, primera mujer en liderar el Festival Hip Hop al Parque, como curadora entre los años 2017 y 2019. Primera jueza de la Red Bull Batalla de los Gallos Colombia. Correo: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

Intro: el “Génesis del planeta hip hop”1

En las calles de la ciudad de Bogotá, durante el año 1996, encontré el breakdance como una forma de reinterpretar las aceras. Tenía once años y la calle me recibió, dura y sabia; tenía en sus callejones el ritmo musical que se encargaría de convertirme en una de las raperas más importantes de Colombia y la primera en abrir brecha en territorios habitados únicamente por voces masculinas. Mi historia en el hip hop inicia con un casete regrabado del grupo La Etnnia. El disco El ataque del metano representó la plegaria de los días difíciles en el barrio que me vio nacer y crecer, calles que compartimos como territorio de origen con La Etnnia. Este texto es un recorrido cronológico, soportado en documentos y entrevistas que dan fe de la incidencia de este grupo en el hip hop latino, pero, particularmente, es una forma de rendir homenaje con honores al barrio, al territorio y al rap como forma genuina de resistencia y poder popular.

La agrupación La Etnnia, homenajeada como “leyendas de la música” por la Cancillería y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, fue también autora de la banda sonora de la tres veces ganadora del premio India Catalina a mejor serie de televisión nacional El robo del siglo, emitida por Netflix en el 2020. Fue declarada patrimonio cultural de la nación, luego de ser incluida en el 2019 dentro de las colecciones de una de las bibliotecas públicas más antiguas de América, la Biblioteca Nacional de Colombia, y tras haber ganado el premio Messengers of Truth en el marco del Forum Barcelona 2004, otorgado por la agencia Hábitat de las Naciones Unidas, y ser nominada por los premios MTV Latinoamérica en el 2005 a las categorías de mejor artista independiente y mejor artista nuevo - central. Es la columna vertebral del rap latino.

La Etnnia se ha convertido en la narrativa de los barrios y los callejones de la periferia global, la voz de migrantes, jóvenes, víctimas del conflicto interno armado y artistas de este lado del continente. Cuenta con una trayectoria ininterrumpida de 36 años, retratados en diez álbumes que por medio de todos los formatos de almacenamiento para difusión de música, tales como casete, cd, disco de vinilo y plataformas digitales, han documentado la memoria colectiva, territorial e identitaria de Colombia. En este escrito se hace un recorrido por la historia de la agrupación de rap homenajeada con los mayores reconocimientos institucionales y artísticos a escala nacional e internacional y la más respetada por los habitantes y artistas de los callejones de la mítica “Atenas Suramericana”2, como llaman a Bogotá en su histórico disco El ataque del metano.

En el 84, parados de cabeza
New Rapper Breaker con fuerza y destreza
La graba tronando, en el ruedo estallando
Cada uno con su estilo
En el suelo va girando.

“Génesis”, en Criminología (La Etnnia, 1999)

KRS One, el más importante teorizador del hip hop, llamado también “The Teacha”, en su obra The Gospel of Hip Hop describe y presenta los cuatro elementos de este movimiento, los términos que los conforman y sus códigos: el breakdance (danza), M.C (maestro de ceremonias, intérprete y escritor de rap), grafiti (expresión plástica en muros empleando aerosol y otras técnicas) y deejay (músico creador del scratch, mediante interfases o de manera análoga, modificando el tempo de discos de vinilo en tornamesas), como los pilares que emulan los cuatro elementos de la naturaleza, fundamentales para el equilibrio de todo ecosistema. En palabras de KRS One, hacen parte de la “conciencia colectiva” que se expresa a través del arte y refleja las experiencias de vida, relatadas desde la pintura, la música y el baile. Un real hip hopper es entonces quien honra la existencia simultánea de estos cuatro elementos; en este sentido, “como las letras, la danza también es una forma de comunicación”. Lo anterior para enmarcar la acción creadora de La Etnnia y su coherente conexión con el primer elemento enunciado por KRS One, entendido como elemento fundante: el breakdance.

Los New Rappers Breakers, como se conoció a La Etnnia en su origen, fue un grupo conformado por varios destacados artistas que posteriormente conformarían las agrupaciones Gotas de Rap y La Etnnia Razta. De allí, los hermanos Pimienta, conocidos por su nombre artístico, o como se conoce en el rap, su A.K.A: Ata, Kaiser y Kany, provenientes de un humilde núcleo familiar conformado por su mamá, una mujer originaria de Boyacá, como miles de colombianos, desplazada por la violencia, y su padre, proveniente de la Guajira, se conocerían como La Etnnia. Dicha agrupación de breakdance fue bautizada así en el pilar hídrico de La Garza, fuente central del barrio Las Cruces, Ata lo relata en la entrevista concedida al Canal Capital para su programa Sonido BTÁ: “Antes de irnos a un reto, en Estudio 51, ese día nos metimos en la pila y dijimos que éramos los New Rappers Breakers”. Esto tuvo lugar en 1987.

Foto familiar, barrio Las Cruces, Bogotá (Colombia), 1984 | Tomada de: Radiónica

En la pila del parque
fue el simbólico bautismo
de ahí salimos estudiando la doctrina
un callejero catecismo
que hoy en día capta almas
con su rebeldía y activismo
.
“Mi religión Ft Alcolirykoz” (Prod. El Arkeólogo), en Álbum 10 (La Etnnia, 2019)

Esta experiencia de acción artística desde la danza estuvo antecedida por la llegada de las películas Beat Street y Breaking, como lo narra Kaiser en una entrevista desarrollada para la construcción del presente documento:

Nosotros el primer recuerdo que tenemos del breakdance, fue ir a ver las películas Breaking y Beat Street en el Teatro El Embajador en el centro de Bogotá; en los años 80. Teníamos un hermano mayor: Carlos Pimienta (Q.E.P.D), él fue quien nos invitó a ver la película y recuerdo que cuando salimos del teatro, muchos de los pelados y jóvenes que fuimos a verla salíamos a tratar de imitar un poco de lo que se veía en la película. (Kaiser, comunicación personal, abril del 2021)

En las discotecas del Sur y del Centro de Bogotá, como Rumba Latina, Atlántida o Estudio 51, los New Rappers Breakers hicieron historia, pero no solo el breakdance fue un elemento fundante, también el grafiti dio lugar a la resignificación de los muros y a la identidad territorial, el símbolo de lo que sucedería artísticamente con la Etnnia después de su incursión en el breakdance con los New Rappers Breakers es el icónico grafiti Etnnia Razta, ubicado en los callejones del barrio El Girardot. Kaiser expresa lo siguiente con respecto a la convergencia entre la danza y las artes plásticas, conectado con lo que KRS One denomina real hip hop:

Ya estábamos marcados por ese gusto de lo que se estaba viendo, digamos; nos llamó mucho la atención los colores, la música, la rebeldía que se exponía en estas películas y pues era muy similar a lo que se veía en Bogotá, obviamente sin querer comparar Bogotá con Nueva York en ese momento, y mucho menos ahora. Pero sí creo que esa urbe ruda, esa urbe cruda y jóvenes con algo de rebeldía y con algo de fuerza para querer salir de esas cosas que los tenían hastiados y cansados. (Kaiser, comunicación personal, 2021)

Del mítico Ataque del metano a la Saga latina, raíces del rap colombiano

El 5-27 es la nomenclatura de la casa que nos vio nacer y crecer, no solo como seres humanos sino como artistas, el 5-27 representa los sueños de toda nuestra niñez, se fueron plasmando, se fueron guerriando, se fueron construyendo día a día.

El 5-27 es como elemento que representa los sueños y las esperanzas de unos pelados que alguna vez se propusieron
hacer algo, el 5-27 es el viejo rancho que continúan en pie con
los años y que nos vio crecer, nos vio nacer como artistas;
primero como breakers, luego como raperos.

(Kaiser, comunicación personal, 2021)

El proceso creativo de La Etnnia responde a la importante conexión entre música, identidad y territorio, una especie de ritual entre el lugar de nacimiento, la lucha por la independencia musical y la titánica tarea de crear oportunidades para la cultura en un barrio periférico de la ciudad. La casa localizada por la nomenclatura urbana 5-27, ubicada en el barrio Las Cruces, entre las carreras 5a y 6a, por el callejón de la calle 2a, es el lugar en el cual habitan desde su nacimiento los hermanos Pimienta; además, 5-27 se convierte en el nombre del sello independiente bajo el cual lanzan su primer larga duración, El ataque del metano, en 1994.

Casa 5-27, barrio Las Cruces, Bogotá (Colombia) | Foto: Fanpage La Etnnia

Hablar del 5-27 en la industria musical o en el argot popular, es hablar del nacimiento de los poetas urbanos que contradijeron el libreto que les fue asignado como hombres jóvenes, localizados en uno de los sectores más azotados por la limpieza social en la década de los noventa. Como bien dice William Ospina, “El mundo sabe improvisar sus poetas y conductores cuando los necesita”, y aquella Colombia estaba imbuida en el narcotráfico, como salida a la pobreza, y en el asesinato sistemático de la generación que planteaba un cambio social y una pregunta por la equidad económica, cultural y estructural para las minorías.

Al final de la década de los ochenta y comienzos de los noventa, fueron asesinados José Antequera, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro, crímenes que se conectaban en el imaginario colectivo con los magnicidios de Rodrigo Lara Bonilla en 1984, Luis Carlos Galán en 1989 y Jorge Eliecer Gaitán en 1948. Las confrontaciones vividas por muchos años en las zonas rurales del país, se trasladaban a las ciudades; el fenómeno de la limpieza social conllevaba el miedo a ser pobre, joven y hombre en las localidades más deprimidas de Bogotá. Este relato acerca de la agrupación La Etnnia responde también a la conexión profunda entre el grito de rebeldía y la exclusión social que muchas de las personas que habitamos en el Centro Oriente de Bogotá reclamábamos. Los barrios Las Cruces, El Dorado, Los Laches, Las Brisas, El Girardot, El Rocio y Santa Rosa –el barrio en el cual nací– fueron la zona en la cual crecieron los hermanos Pimienta, en los años noventa. Recuerdo con claridad, alrededor de mis ocho años, que había asesinatos recurrentes en las calles empinadas del barrio, como lo describo en mi texto monográfico “Nacimiento de una experiencia”:

Desde entonces, ya no era viable salir a fiestas en el barrio, ni tampoco salir después de que oscurecía, porque por ese entonces, inicios de los años 90, morir solo era una cuestión de ser joven y estar en el lugar equivocado, por esos años, los rayas buscaban marihuaneros, guerrilleros y estudiantes, pero como no había manera de identificarlos, ellos jugaban a la muerte por descarte. (Avella, 2005)

En el informe presentado en el año 2015 por el Centro Nacional de Memoria Histórica, “Limpieza Social, una violencia mal nombrada”, la localidad de Santafé, en Bogotá, aparece como un lugar en el que sistemáticamente se asesinaba a jóvenes: “El mismo miembro del F2 sostenía que el escuadrón operaba en otras zonas de la ciudad como El Pesebre, Belén, Guacamayas, La Victoria, Las Cruces y Los Laches” (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2015, p. 105). La Etnnia menciona estos hechos como parte del repertorio social que fue inspirando su repertorio sonoro:

la situación personal o social que inspiró El Ataque del Metano, fue el entorno social de los 90s, pues era un contexto bastante fuerte. Hablando de esos años específicamente creo que desafortunadamente estábamos pasando por unos momentos muy fuertes y nosotros como jóvenes, por ejemplo, yo recién terminando mi bachillerato sentía que lo que se vivía era algo Bastante complejo. (Kaiser, comunicación personal, abril del 2021)

En su obra El lugar de la cultura, Homi Bhabha (2013) sostiene que “La cultura se vuelve tanto una práctica incomoda y perturbadora de supervivencia y suplementariedad (entre arte y política, pasado y presente, público y privado)” (p. 215) La Etnnia plantea esa práctica perturbadora desde la idea gráfica de El ataque del metano, que en su portada representa el relleno sanitario de Mondoñedo, al Sur de la ciudad, y en el arte interior del disco se presenta el mapa de la zona en que limitan las localidades de Mártires y Santafé, pasando por las calles que van del Voto Nacional al barrio El Belén.

Nosotros creamos la expectativa de un ataque pero que al final era musical (refiriéndose a los grafitis realizados por ellos en Bogotá, previo al lanzamiento del disco, con la frase “pronto el ataque del metano”. Esa era la idea que queríamos manejar. Como dice la intro, “un ataque frontal a todo lo establecido”. El metano es un gas que se produce de la descomposición de las basuras. Queríamos hablar de la podredumbre de la sociedad. Algo que existía, que existe, pero de lo que nadie había hablado, así como tan de frente. (Kany en entrevista para Vice, 2016)

El ataque del metano fue gestado en un estudio casero ubicado en la calle 2a con carrera 5a, grabado en los estudios de Sincrosonido; se realizó la captura sonora de instrumentos en vivo, los cuales se esperaba que fueran interpretados por los músicos de la agrupación musical 1280 Almas, lo que finalmente no se concretó. Sin embargo, aquel disco de sonidos ambientales, mezclas de producción casera, experimentación sonora y sonidos en vivo, se lanzó en el norte de la ciudad, inicialmente se distribuyó en casete y un año después salió en CD; el disco se realizó en la ciudad de Los Ángeles.

El ataque del metano es el estandarte de la música independiente en Colombia, la insignia del poder popular hecho música. El virtuosismo en la rima, la conexión del verso con los beats plurales, mantiene la herencia del rap clásico con la presencia del scratch y se lanza sin miedo a navegar con el hardcore puro de bajos marcados y notoriamente grabados en vivo, transitando por la manipulación anárquica y empírica de sintetizadores, sonidos ambientales que luego encajan de manera precisa y armónica con cada momento y track del disco. Cuenta con once tracks,incluyendo la canción “Cordón de miseria”, y la mítica “Manicomio 5-27” se convierte en la oda del rap latino, invadiendo las emisoras, las calles, los barrios, trazando premonitoriamente el camino del gran legado de esta agrupación musical.

En 1997, La Etnnia presentó su segundo larga duración Malicia indígena, con 13 tracks. La producción ejecutiva la realizaron los hermanos Pimienta, en tanto que la mezcla estuvo a cargo de Ata y Kany. El arte del disco se equipará al librillo de pasaporte de migración, son ocho páginas y seis internas que presentan las letras de dos de las canciones del disco: “Cargado de ilusiones” y “Caja de sorpresas”. Estas dos canciones presentan el relato de momentos diferentes del proceso migratorio ilegal, narrado en primera persona en el caso de “Cargado de ilusiones”, y una referencia en la sección que ellos denominan “Observaciones importantes” en la página 2, en la cual se encuentran los créditos de todas las canciones. Dicha nota reza: “El buen nombre del HIP HOP, Colombiano depende de todos nosotros, tratemos de no deteriorar la imagen, SAQUEMOS BUENOS PRODUCTOS”.

Su migración es como un acontecimiento en un sueño soñado por otro. La intencionalidad del migrante está impregnada por las necesidades históricas que él no conoce ni conoce nadie que él conozca. (John Berger, citado por Bhabha, 2013, p. 201)

Las letras de cada una de las trece canciones presentan el panorama nacional de la década de los noventa, pero ahondan en el fenómeno migratorio desde varias orillas; analizan los aspectos sociales, familiares, comunitarios y territoriales de la migración forzada por asuntos económicos, por la falta de oportunidades y por la violencia que arreciaba en el país durante aquellos años. “Cargado de ilusiones”, “Judío errante” y “Caja de sorpresas” presentan los relatos, sentires y luchas de los 994.000 colombianos que salieron del país entre 1995 y 2002 (Organización Internacional para las Migraciones [OIM], 2010, p. 48).

El sueño era cambiar
Desde que arreglé maletas
El color del dinero
Me abrió nuevas metas
Partí una vez de ilusiones cargado
Y con los días seguro está el resultado.

“Cargado de ilusiones”, en Malicia indígena(La Etnnia, 1997)

Como lo menciona Kany, de la ilustración de la Venganza del zipa, realizada por Ata, a los trazos que dieron vida a la imagen de Criminología, álbum presentado en 1999, se dieron cuenta de que “la lírica del grupo, había trascendido fronteras, lo que estaba pasando en Colombia, lo que estaba pasando en los barrios, en los guetos de Colombia, estaba pasando en cualquier latitud de Latinoamérica, de México hasta la Patagonia”. Este disco fue grabado en los Studios 5-27, se masterizó en Los Ángeles, en el estudio fundado por el ingeniero de masterización de artistas como Tupac, System of A Down, MC Hammer, Queen y Iron Maiden, Eddy Schreyer; la masterización de este disco en específico la llevaron a cabo Tom Baker y Jason Robert en Oasis Mastering, en tanto que la producción ejecutiva, como la de las anteriores producciones, estuvo a cargo de los hermanos Pimienta. Criminología es el primer álbum de La Etnnia ilustrado en su totalidad por Ata, definiendo una estética que conecta al grafiti con el rap. El disco abre con la canción “La bolsa”, respecto a la cual Kaiser comparte lo siguiente:

“La bolsa” nos habla específicamente del antiguo DAS o también del F-2, eran brazos armados del Estado encubiertos, pero no eran tan encubiertos; porque se sabía de ellos. Trabajan de una forma sucia; investigaban algo y su método eran las torturas a las personas que querían sacarle información. En Las Cruces había digamos bandas que se dedicaban a cosas y demás, pues uno tenía comunicación, eran vecinos o amigos. La bolsa era una de esas torturas, colocar una bolsa en la cabeza cuando estaba esposado hasta que hablaban como lo refleja la canción: “Canta, canta, palomita”, así sacaban ese tipo de información con violencia. Supimos de muchas personas que cayeron en esta manera; unos desafortunadamente no pudieron salvarse de esto y los que pudieron salvarse lo contaban. (Kaiser, comunicación personal, 2021)

Festival Hip Hop al Parque, Bogotá (Colombia), 2016 | Foto: Olivos Ocupados para la revista Diáspora 15-20

En noviembre de 1997, el diario El Tiempo titulaba “DAS y Convivir harán inteligencia conjunta”. El paramilitarismo, como una fuerza armada avalada como un secreto a voces por el Estado, traspasaba los límites de la guerra en los campos colombianos y llegaba a las ciudades, con los métodos de tortura propios de estas fuerzas armadas ilegales. El álbum Criminología en sus catorce tracks presenta el contexto nacional de finales de los años noventa, canciones como “La bolsa”, “El intocable” o “Crimen y castigo” narran el análisis de contexto capturado de los relatos vividos por los callejones del centro oriente. Desaparición forzada, tortura, negocios ilegales, narcotráfico, explotación infantil, migración son las categorías que van tejiendo el desarrollo de este larga duración, para llegar a los últimos tracks, “Génesis”, “La Etnnia” y “Emigrante latino”, que sin duda eran un anticipo de la inminente internacionalización de La Etnnia, que ya había conquistado América Latina y prometía llegar al mundo entero.

Esto te incentiva
Naufragante a la deriva
Te has enfrentado
Y has careado hasta la muerte
Y al mismo mar oscuro
Que también quiso comerte.

“Emigrante Latino”, en Criminología (La Etnnia, 1999)

El paso al álbum Stress, dolor y adrenalina en el 2001 anuncia el poder narrativo que caracterizó al hip hop colombiano y dejó huella en el rap internacional, como también de la unión de titanes en el track “Konexión Kolombo”, que comparten con Tres Coronas, y la eliminación de toda frontera que se interpusiera entre La Etnnia y cualquier rincón del planeta Tierra. Este disco, insistiendo en el poder latino y la reivindicación racial y popular, presenta un sonido internacional, beats, mezclas, voces que evidencian una grabación y masterización dignas de la industria musical; es el primer álbum de la agrupación presentado en disco de vinilo.

Para mí La Etnnia representa los inicios del rap colombiano, han sido y seguirán siendo uno de los pilares más importantes que tenemos en el hip hop.

Hay muchos arquitectos de lo que llaman la “vieja escuela” pero lastimosamente muchos ya no están activos, La Etnnia ha resistido el paso del tiempo, con lo difícil que es ser leyenda en este país. Siguen sacando discos, nunca han parado a pesar de tantas dificultades.

Ellos representan todo lo que nosotros como raperos pensamos vivir a futuro, queremos envejecer con dignidad en el rap, morir en nuestra ley y ellos son exactamente eso, son como los hermanos mayores de todos nosotros, un ejemplo a seguir. (Gambeta - Alkolirykoz, comunicación personal, 2021)

En el 2004 adquirí el álbum Real, de La Etnnia, en las tiendas especializadas de rap de la calle 19 con carrera 9a, trabajaba como mesera en un restaurante vecino llamado Café de Olla, mientras presentaba mi primer disco grabado con el grupo Por Razones de Estado. Diana Avella, como es mi nombre artístico y de nacimiento, ya sonaba en las emisoras como una de las pocas mujeres raperas de Colombia, sin embargo, debido a mi origen popular, trabajaba y estudiaba en la universidad pública, retando a la pobreza de los ranchos de bahareque que rodearon mi infancia. Las calles empinadas del Girardot, Lourdes, El Rocío, barrios vecinos de Las Cruces, me dieron el respeto del público, productores y artistas del rap local. Era artista, pero sobre todo una coleccionista, estudiosa de hip hop, y aún lo sigo siendo.

La zona histórica de La Etnnia era también mi zona, los primeros versos que rapee no fueron míos, fueron las canciones de El ataque del metano que aprendí de memoria a los once años en 1996. La Etnnia se convirtió en mis “hermanos mayores”, como dice Gambeta. Mi mamá (q. e. p. d.) siempre me contó sobre los muchachos que bailaban breakdance en el barrio y que luego, con el paso de los años, aparecían en televisión. Los hermanos Pimienta siempre han sido para muchas familias de la zona un gran ejemplo y objeto de admiración. Hoy, veinticinco años después de conocer el rap gracias a las rimas del casete de El ataque del metano, de recorrer cuatro continentes y doce países gracias al rap, y luego de ser la primera curadora del festival de hip hop más grande del continente, sigo escuchando La Etnnia de manera religiosa, una especie de ritual que me conecta con el barrio, mi abuela y mi mamá.

El álbum Real les hizo merecedores de dos nominaciones a los premios MTV Latinoamérica en el 2005, gracias a los videoclips de las canciones “Real”, grabado en formato cine, con actores naturales, y “Malvado instinto”, uno de los primeros videoclips de rap colombiano basado en animación, realizada por Ata, dirigido junto a Phyco Studio. Colaboraciones con T-Weaponz y Full Nelson son históricas alianzas, fijan un hito en el rap colombiano. Domingo, de Qn5 Music, uno de los productores más respetados de hip hop, que estuvo a cargo de los discos de artistas como Rakim y Krs One, se encargó de la producción de dos de los tracks de este álbum.

Tres años más tarde presentaron el álbum Por siempre, y en el 2011 La voz de la calle, caracterizado por una producción de altísima calidad y una notable claridad en canciones como “Falso positivo”, un canto en contra de la impunidad frente a las ejecuciones extrajudiciales. Para el 2014, en Universal, mediante colaboraciones con los artistas Li Saumet de Bomba Estéreo, Alerta Kamarada, Doctor Krápula y Justo Valdez, dialogan desde sonoridades propias de la fuerza musical colombiana, proponiendo reflexiones poderosas como en todos sus discos, aquí con un espacio particular para el análisis de la desaparición forzada en Colombia, por medio de la canción “Desaparecidos”, al lado de Javier Fonseca.

5-27 Internacional presenta los featuring con Kool G Rap, Cormega, The Game, Sean Price (q. e. p. d.) y Chris Rivers, una gran alianza con el productor Domingo Padilla. Previamente a su Álbum 10, lanzado en el 2019, hicieron un proceso de mentoría musical denominado “Legacy”, con artistas nacionales. Su último larga duración, publicado hace dos años, en ocasión de importantes movilizaciones como el gran paro nacional del 2019 y las movilizaciones de Bolivia, Chile y Argentina, no solo es potente por su producción altamente profesional, sino por las voces de grandes artistas nacionales e internacionales como Gab Gotcha, Ali A.K.A Mind y Alcolirykoz.

La Etnnia, “Vox populi”: rap independiente, tecnología y movilización social

El análisis acerca de la conexión entre el hip hop y la tecnología es parte fundamental del origen de esta agrupación, su historia discográfica y creativa es testimonio de ello. Kany es insistente en indicarlo: “Empezamos a conseguirnos algunos aparatos electrónicos como sintetizadores, cajas de ritmo, tornamesas, mezclador y empezamos a asesorar con algunos músicos y a maquetear El ataque del metano”. Uno de los grandes logros de esta agrupación musical ha sido mantenerse en el tiempo, transitando con sus voces y su sonoridad por todos los formatos de almacenamiento: iniciaron en el 94 con el Ataque del metano, en formato casete, pasaron al formato CD en una segunda edición de este disco en el año 95, para dar un gran salto a lo clásico presentando Stress, dolor y adrenalina en formato vinilo, y justamente nueve años después dieron apertura a la distribución digital a través de su canal de Youtube en el 2010, con 149.000 suscriptores, 83.000 seguidores en Instagram y más de 60.000 oyentes fijos mensuales en Spotify. La radio también ha sido un espacio de construcción importante para los hermanos Pimienta, con programas como La Mega Hip Hop en el FM.

Discografía de La Etnnia | Foto: Fanpage La Etnnia

El trabajo que ha hecho La Etnnia en el paso de lo análogo a lo digital es muy relevante, así lo señala Paola Colmenares, general manager de Vidaprimo y Cinq Music Latam, y directora de Colmenares Group: “Los grupos que nacieron en análogo, les cuesta más tener números en digital, entre tanto, los que nacen en digital tienen números altos en digital. Al ser un grupo histórico y contar con importantes números de reproducción en lo digital, habla de la relevancia en la industria musical de esta agrupación”. (Colmenares, comunicación personal, abril del 2021).

Por su parte, Chucky García, periodista musical, curador del festival Rock Al Parque, menciona:

Es una de las carreras independientes más sólidas, interesantes y productivas, congruentes y consecuentes que hemos tenido en los últimos cuarenta años. Ser independiente cuando ellos empezaron, era muy diferente a lo que significa ser hoy independiente, en ese entonces ser independiente era la única opción. (Chucky García, comunicación personal, 2021).

El uso de artefactos tecnológicos, la autogestión del contenido sonoro, la reivindicación de lo empírico como una oda al poder identitario del hip hop, y la independencia como un grito libertario y emancipador en el rap por parte de La Etnnia, son parte del camino transitado, un camino en el que los grandes beneficiarios han sido las vidas, las historias, las voces y los relatos de los menos favorecidos, las historias no contadas en esta nación. Nunca han dado un solo paso al costado en el momento de plasmar y mantener sus reivindicaciones en firme, pero jamás han disminuido su calidad musical, el estudio de las tecnologías, las posibilidades de captura de sonidos de ambiente, instrumentos en vivo, exploración en los grandes estudios de grabación, desde su Studio 5-27 hasta los estudios en los Estados Unidos donde han tenido la oportunidad de perfeccionar sus producciones. La Etnnia es el legendario himno del hip hop latino.

Las posibilidades de distribución, comunicación e independencia les han permitido durante toda su historia ser la voz viva de la resistencia, pronunciarse sobre cada uno de los hechos históricos en Colombia, como lo expresan tanto gráfica como sonoramente en su canción “Vox populi”: “Yo lucho con mi música contra lo establecido […] escuadrón 5-27 dando frente”. El repertorio de esta agrupación musical relata y retrata la realidad del país, y con su voz ha acompañado las grandes apuestas de nación por la defensa de los derechos humanos. Ellos acompañaron la defensa de los acuerdos de paz durante el año 2016, en el gran concierto nacional por la defensa del Sí, en el plebiscito sobre los acuerdos de paz. A este respecto Kany menciona en entrevista con el medio de comunicación Pacifista:

Pero de todas maneras el mejor proceso de paz es que no haya tanta diferencia social. Entre menos desigualdad la gente se va a ir culturizando más. Esta descomposición social solo es producto de la pobreza y el único proceso de paz que la puede acabar es una inyección económica y social a las clases menos favorecidas.

Durante los últimos días de abril del 2021 y continuando a lo largo de los meses de mayo y junio del mismo año, en Colombia ha tenido lugar uno de los más grandes levantamientos populares de la historia del país. Todas las vertientes artísticas levantaron su voz, las calles se llenaron de grafitis, arte urbano, ollas comunitarias, pedagogía popular, resistencia. El rap se ha encargado de presentar de forma creativa, clara y dinámica el panorama nacional, ha acompañado las tomas populares, las acciones comunitarias en defensa de la vida. Ese legado del rap que resiste, del rap colombiano que se pronuncia frente al dolor y la barbarie, es una herencia innegable de agrupaciones como La Etnnia, que desde El ataque del metano hasta la canción “Despierta”, de su última larga duración, han comprometido su palabra y su rima por hablar la verdad y esclarecer la guerra que también hemos vivido en los barrios de las ciudades; esas violencias crudas que viven los más pobres y que se basan en desigualdades estructurales, en segregaciones territoriales y en las exclusiones geográficas históricas de una ciudad que a manos del Esmad y la policía asesina y vulnera los derechos humanos.

La Etnnia, por siempre, para la voz de las personas silenciadas, por los jóvenes de los sectores populares desaparecidos y asesinados por las guerras urbanas, para la vida en el barrio y por la memoria de Colombia. Los hermanos Pimienta son el orgullo y el ejemplo, nuestros hermanos mayores en el rap, el ejemplo de un rap clásico, de altura, son la memoria cantada de las calles bogotanas.

En Times Square, Nueva York (Estados Unidos), 2017 | Foto: Fanpage La Etnnia

Notas

  1. En “Génesis” (minuto 1:19), track incluido en Criminología, álbum de La Etnnia lanzado en 1999.

  2. En “Intro la voz del metano” (minuto 0:13), track incluido en El ataque del metano, álbum debut de La Etnnia, de 1994.

Referencias bibliográficas

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  2. AVELLA, D. (2015). Nacimiento de una experiencia monografía de pregrado]. Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá.

  3. BHABHA, H. (2013). El lugar de la cultura. Buenos Aires: Manantial.

  4. CENTRO NACIONAL de Memoria Histórica (2015). Limpieza social. Una violencia mal nombrada. Bogotá: Centro Nacional de Memoria Histórica - Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), Universidad Nacional de Colombia.

  5. KRS, O. (2009). The Gospel of Hip Hop First Instrument. Nueva York: Power House Books.

  6. ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL para las Migraciones (OIM) (2010). Perfil migratorio de Colombia. Bogotá: OIM.

  7. OSPINA, W. (2005). Los nuevos centros de la esfera. Bogotá: Nomos.

  8. SERRANO, S. (2017) “Acá en Bogotá también vivimos una guerra”: fundador de la Etnnia. Recuperado de https://pacifista.tv/notas/aca-en-bogota-tambien-vivimos-una-guerra-fundador-de-la-etnnia/

  9. SONIDO BTÁ. (2015, 5 de septiembre). La Etnnia especial - Sonido BTA (Evolucionar sin perder la esencia) [archivo de video]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=dEJFKyhznWg

  10. VALLEJO, N. (2016). La Etnnia: una historia oral. Vice. Recuperado de https://www.vice.com/es/article/rydjgk/la-etnnia-una-historia-oral


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