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Política de las señales: estéticas y ciberculturas

Política de sinais: estética e cibercultura

Signal policy: aesthetics and cyberculture

Andrés David Fonseca Díaz**


* Este artículo se desprende del proyecto de investigación "Cultura política, ciudad y ciberciudadanías", desarrollado entre los grupos Educación y Cultura Política de la Universidad Pedagógica Nacional, y Educación Popular de la Universidad del Valle, actualmente en marcha.

** Investigador de la Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá (Colombia), del Grupo de Investigación Educación y Cultura Política. E-mail:Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.


Resumen

El presente artículo genera algunos modos próximos para pensar la cibercultura en el horizonte de contemporaneidad, mostrando algunas claves críticas y poéticas que se van desprendiendo fragmentariamente. La voz del texto es plural, se contorsiona en un juego hipertextual entre el yo y el nosotros, indistintamente fusionados, buscando en el registro de lo común elementos indispensables para la lectura de un acontecimiento emergente, como es hoy el de la cibercultura.

Palabras clave: pensamiento cibercultural, estética, cultura, política, tecnologías.

Resumo

O presente artigo gera alguns modos próximos para pensar a cibercultura em horizonte de contemporaneidade, mostrando algumas claves críticas e poéticas que vão se desprendendo fragmentariamente. A voz do texto é plural, se contorsiona num jogo hipertextual entre o eu e o nós, indistintamente fusionados, procurando no registro do comum elementos indispensáveis para a leitura de um acontecimento emergente, como o é hoje o da cibercultura.

Palavras-chaves: pensamento cibercultural, estética, cultura, tecnologia.

Abstract

This article generates some close ways to think about cyberculture in a contemporary horizon, showing some critic and poetic keys that are going to give off separately. The voice of the text is a plural one, writhed in a hypertextual game between the I and the We indistinctly merged, searching for essential elements in the record of the common to lecture an emergent event, like cyberculture.

Key words: cybercultural thought, aesthetics, culture, politics, technology.


Hay momentos de oscuridad que no deben ser interrumpidos más que por un relámpago
Fazil Hüsnü Daglarca

1. Señales de vida

Conjugar el presente, tomarlo por los bordes ilimitados de lo expresivo, cantar con alegría pensamientos vivos para que se tornen en un tiempo próximo susurro, movimiento, iniciación en los rituales de la inteligencia compartida. Ante la oscilación de la vida, queda un movimiento encantador, voluptuoso, donde los lenguajes vacilan y brotan como emergencias de una humanidad alucinante. Apremia entonces, encontrar espacios que configuren en un tejido disperso, como de cierta manera sucede en el accidente inminente que se hace red, una plataforma de despliegue para el nosotros1. El ciberespacio enlaza estas cualidades y viene siendo, entre otros, el lugar para componer las metáforas que somos, el territorio de las inclinaciones, un laboratorio flotante donde se mezclan experiencias, al igual que una especie de foro en donde las subjetividades ponen en juego lo común, "en el que las realidades más alejadas aparecen como talladas en el mismo tejido sensible y pueden unirse siempre por la fraternidad de la metáfora" (Ranciere, 2005: 51).

Lo anterior es lo que ha de potenciar el pensamiento y la creación cibercultural: intentar crear las condiciones para afirmar aquel espacio que hoy se presenta en sus límites y posibilidades, haciendo germinar orientaciones y tácticas para un encuentro fecundo con este entorno tecnosocial. Acogemos con pasión tal desafío, sugerimos opciones, pero también problematizamos, de tal manera que sea nuestra relación con nosotros mismos y la composición de mundo, las dos alas de nuestro estar y experimentar la realidad. No pensamos en cosas, sino en acontecimientos donde puede fluir la vida, donde es posible devenir distintos y alegres; nos incorporamos en otras disposiciones que nos hacen entrar en sensibilidades efervescentes. Por esto amamos todo lo que fluye: el viento, la sangre, las olas, e intuimos que cuando la intensidad de las relaciones vividas es lo que se pone de frente en nuestra conversación con el mundo más próximo, abrir ámbitos para una constelación de lenguajes, nos estamos aproximando a un horizonte en donde las subjetividades aprenden la libertad como necesidad de vida. Nos reunimos en estos tiempos, en los albores del siglo, a preguntarnos conjuntamente por todo aquello que entraña la felicidad de estar y la capacidad para habitar lo que centellea como ocasión de vida y, en medio de una luz tenue, alcanzamos a percibir los relámpagos que humedecen todo intento, toda esperanza. Somos en el intento y en lo que nos excede, aún indeterminados. Visitamos los intersticios buscando no un refugio, ni menos un repliegue, sino la sensata soberanía de la presencia, la oquedad en donde lo que podemos ser se amplía y la vida es exaltada.

Para pensar hoy en claves menores y políticas la cibercultura, basta con que nos interroguemos por los modos en que la realidad es habitada en nuestra singularidad viviente, en nuestros compases fervientes en donde brota música, un poema, un vestigio de humanidad. La relación con un acontecimiento, de la cual la cibercultura puede ser un ejemplo (pero es preciso expresar que nuestra reflexión no se agota ahí), si ha de inquietarnos como posibilidad y como ocasión fecunda para percibir la novedad de su señal, hemos de tener en cuenta la multiplicidad de aristas que la componen y empezar a rastrear los escenarios, lenguajes y subjetividades que le otorgan complejidad, textura política y con mayor fuerza dotan el espacio de espesor ontológico que empieza a surgir.

Parece ser un poco veleidoso el nudo en cuestión, pero lo que empezamos a ver surgir es un mar incandescente de voces, de imágenes y de textos en su diferencia más abismal con cualquier intento de cierre, de clasificación y axiomática capitalista. El ser del acontecimiento fragua, combate, a partir de un sonido de fondo anónimo, tanta desilusión aprendida, y sin mucha algarabía, pone en entredicho los modos en que se fabrica masivamente la infelicidad; también es capaz de tomar el atajo, no pide permiso y se arroja a un mundo en donde las inclinaciones de las subjetividades se comparten en tiempo real. Esto sí va revelando un porvenir, dado que estamos conversando con el presente potencial y no con realidades objetivas que la mayoría de las veces otorgan cierta opacidad a lo magmático, al espesor dador de vida.

Las anteriores señales nos van alejando de los lugares comunes desde los cuales la cibercultura es estudiada por distintas orientaciones de pensamiento, y nos tientan a surcar por otros parajes que sugieren nuevos riesgos. Quedarnos en las mismas preguntas –cuando algunas están sedimentadas en falsas dicotomías (real/virtual, cultura/tecnología, técnica/naturaleza, cerebro/cuerpo) y otras saturadas por su insuficiencia ontológica y política (políticas de ciencia y tecnología)– sería obturar el ángulo y la fuerza con la que pensamos la realidad2: como ámbito de la experiencia viva. Podrían objetar el vuelco que nos imponemos, que nos urge en aras de un pensamiento cibercultural, así como también, extrañar algunos temas de la agenda política de fin de siglo; pueden del mismo modo, anatematizar la torsión que estamos realizando, percibir un excesivo entusiasmo filosófico, un derroche de optimismo en la riqueza pletórica de la señal, pero el asunto es de una delicadeza tal, que si no lo pensamos en conjunto, con toda su inclemente complejidad, sucumbiremos al intento de problematizar el sentido de lo humano en el mundo y del mundo humano que para nosotros es, en "síntesis disyuntiva", lo que nos mantiene atentos y vivos en el pensar y arrojados en el actuar.

Esta es, lo comprendemos, una entrada no exenta de incertidumbre, pero que en el momento de plantearse, tiene en su diversidad una paleta de colores que convocan al mismo tiempo múltiples dimensiones de la subjetividad, que han de ser, contemporáneamente hablando, transversales a todo intento teórico y político. Y existen otras intuiciones, de similar fuerza, que hacen que seamos tan incisivos en estas cuerdas vocales del pensamiento. La cuestión toca el corazón de los procesos de subjetivación, merodea el interrogante por el cual se vienen creando otros modos de ejercer la política: configuración del nosotros, pensamiento político, enriquecimiento de las experiencias humanas, gestación de nuevos lenguajes que afirman realidades en donde la diferencia es destino y condición de posibilidad; despertamos los que somos hijos tardíos del siglo pasado, frente a la pregunta intrigante por el cómo asumimos existencialmente nuestras vidas, en relación, por una parte, con los problemas contemporáneos, las situaciones planetarias y, por otra, con las experiencias vitales que nos fuerzan a imaginar, pensar y actuar. Reconocemos que esta concepción del mundo desde lo que venimos planteando, se constituye en parte de uno de los más profundos agujeros negros en donde toda tentativa teórica acaba por ensombrecerse o quizá, en cierto gesto irreverente, extravíe su mirada. Se nos impone una apuesta de este calado, para dimensionar la altura de lo que pasa y nos pasa, de cara a las ciberculturas y su potencial profanatorio. Tal perspectiva es indispensable si queremos pensar lo que viene, lo por-venir.

Estas acepciones asumen un riesgo en el pensamiento y nos instalan hoy en otras fertilidades, en la intimidad del juego, por así decirlo, en confrontar lo que nos pone en juego, lo que nos dispone en el pensamiento y en los microcosmos de la creación. Por más que nos estremezcan muchas fuerzas, sean teóricas o sísmicas, aun cuando la escucha y el cuerpo sean cada vez más inmunes a lo que se encuentra más susceptible en la existencia, en las afecciones y en las actuales condiciones de vida en la tierra, es evidente que nos toca sólo a nosotros y a lo que pasa en medio nuestro, articularlas en el juego, en una ficción que haga partícipe el todo espiritual y el resto de humanidad que aún portamos. ¿Quién juega hoy en día con sus restos3, con lo que le queda, pero también con sus excedencias? ¿En dónde están los que combinan la experiencia con la de otros distantes en la fraternidad del juego? ¿Hasta cuándo vamos a dejar que otros nos jueguen en sus mentiras más piadosas, nos envuelvan en sus tentáculos de la simulación? Alguien ya nos insinuaba que "el juego como órgano de profanación está en decadencia en todas partes" (Agamben, 2005: 101), y nosotros en ejercicio valiente hemos encontrado que jugar y ponernos en juego, conjugan rasgos de humanidad que hoy en su fragilidad se nos dificultan, pero que vale la pena inventar.

Un trabajo que incumbe a los pensadores ciberculturales y no sólo a sus teóricos, es seguir construyendo "cajas de herramientas", propagar las señales que circundan el planeta, componer códigos abiertos que dejen espacios vacíos para ser articulados por la potencia del nosotros –y algo sumamente importante– que apoyen esta serie de dibujos metafóricos y conceptuales que pueden derivar en la hechura del wiki de la inteligencia compartida, en software libre del pensamiento. Esto marcaría distancia con las investigaciones que leen la realidad sin implicación de las subjetividades, sin murmullo y sin red que las conecte. En épocas de enlaces y de hipervínculos, nos apremia entrar en las nervaduras del presente y esculpir ahí nuevos sentidos de realidad. Es el sentido de realidad humana el que nos conecta en un vínculo directo con el pensamiento y con la creación de mundo. A lo mejor, no tenemos mucho tiempo para lamentarnos, para huir del planeta, el capitalismo ha afinado sus estrategias de poder. En tiempos donde se abren tantos espacios para el discurrir de lo vital, tantas academias en donde se baila, el asunto está en electrizar el campo magnético en donde los relámpagos desplazan las inercias que repliegan la subjetividad estándar.

Este es el lugar, pensamos nosotros, en donde la pregunta por los usos sociales y estéticos de los repertorios tecnológicos adquiere su mayor consistencia, su pleno vigor político y existencial. Otras entradas, muy válidas por cierto, son ritmadas tácitamente; su procedencia emerge de las cuencas de las artes y del pensamiento filosófico y son aquí y ahora convocadas para componer una balsa en la cual atravesemos las fronteras y los límites en trance de una actitud decidida y abierta frente al mundo. De ahí para adelante podemos volvernos cada vez más específicos, hacer todas las notas de pie de página, contrastar hipótesis, hasta especular, pero eso sí, nunca echar a perder el horizonte de la composición de las subjetividades, desafío al que nos vemos remitidos hoy y en especial en el siglo que ya comienza.

Cuando hablamos de la relación con la realidad y de la composición (o poéticas) del mundo, estamos intentando tramar y hasta profanar el discurso sobre la apropiación de las nuevas tecnologías. Detengámonos un poco en estos dos ámbitos de la experiencia humana que por inactuales, detentan con cierta claridad una perspectiva sugerente para las expresiones ciberculturales. También éstas son en semántica actual tan sólo claves para pensar las ciberculturas de modos próximos, abiertos a la remezcla. Con ellas, cualquier intento de posproducción es legítimo y, como señalábamos precedentemente, es en alianza viva entre las expresiones artísticas y el pensamiento en donde se presenta una espléndida ocasión. Puede leerse asimismo lo anterior, como un ejercicio de variación de la señal, un ritmo peculiar en el que somos fieles al acontecimiento4, una forma de acentuar lo que constituye la creación del mundo y, a la par, la composición singular de nosotros en él.

Una fuerte consideración a modo de excurso: el sentido no sólo está en cada uno, está entre nosotros. Dos pinceladas al respecto: el sentido del mundo es lo que hoy nos expone a pensar; el sentido está en una distancia próxima donde albergamos el instante posible. Estamos en camino de señales, buscando un indicador donde pueda brotar una música inaudita. Pasar y pasar, nunca encontrar el sentido, quizás éste siempre esté ausente y pasamos de una señal a otra como si fuésemos una Antena Mutante5. Podemos en tiempo real, tanto instaurar como recoger señales que se propagan por el medio, podemos jugar y hacerle variaciones a los micromundos que existen en el interior de la señal, hasta llegar a crear ficciones comunes que serán las fiestas del futuro. La insignificancia de la onda o de la señal, no es un obstáculo para nosotros; somos el intervalo, el paso de una señal a otra, una frecuencia modulada. Al propagarnos, acontece una experiencia mínima que desciende a los imperceptibles rostros de lo posible. Y es lo posible, por excelencia, el lugar intermedio, fecundo, en cuanto presenta también el espacio de la ingravidez y de la exterioridad, el del abismo y la osadía.

Cierto ingenuo afán por cristalizar, por cercar lo que es sin fronteras, ha impedido leer los brotes de singularidad que cada vez vemos surgir en los entornos ciberculturales; ya sea en gesto de captación o de laminación, lo diferente cada vez se ve más expuesto a perder la enjundia con la que es enunciado y encarnado y, por otra parte, tan sedimentado que aplasta los ribetes que lo hacen erguir. Sobreviene entonces la cuestión de configurar legitimidades y realidades, en momentos en donde crear y pensar más allá de los parámetros, de las tradiciones, de la nostalgia y del conservadurismo, se vuelve viva voz prescindible, ya que son otras urgencias las que apremian. La legitimidad, escuchemos muy bien, es cuestión del nosotros, de la fuerza que se conforma en medio de muchos silencios que resuenan, en medio de tanta algarabía ensordecedora6. Muchos colectivos autogestionados, muchas fuerzas latentes creativas que usan los repertorios tecnológicos, no tienen un sentido prefigurado, unos objetivos delimitados; éstos van tejiendo poco a poco sentidos de realidad en la medida en que van explorando conjuntamente posibilidades en la complicidad de sus trayectos. Primero, es la suspensión del sentido, una gravitación en el vacío del cual se van desprendiendo partículas que lentamente van constituyendo cuerpo, para luego pasar a un estado de intrepidez que toma la conformación de mundo.

Como veremos, la voluntad de animación cultural, la afirmación de realidades distintas a las que se imponen, la producción de contenidos emergentes, la disposición a compartir los bienes comunales, las inteligencias cooperativas, las nuevas composiciones ciudadanas de la subjetividad en el encuentro con las nuevas tecnologías, hacen parte del espectro expandido de la política de las señales. Si nos preceden unas pinceladas en torno a las señales de vida, basta con que nos adentremos en el espacio potencial de aquéllas que se han materializado como experiencias, trayectos, tácticas, nuevas dimensiones de uso y de relación con las tecnologías de la virtualidad bajo la óptica sugerente y sugestiva del acontecimiento, y también desde la perspectiva inaugural de algo que apenas está en nuestro continente en ciernes y que además se nos presenta con dificultades de acceso y posicionamiento en la vitalidad de sus señales.

2. Señales virtuales

Si en las puntadas iniciales nos poníamos en el riesgo de una conversación sobre el sentido, el destino y la existencia humana, al tiempo que nos aproximábamos con serenidad a un nudo de relevancia histórica y vital, en las señales virtuales seguiremos algunos ejemplos que lindan con el campo de las prácticas artísticas y las nuevas tecnologías, las estéticas digitales, las redes sociales, la libre-cultura y las poéticas tecnológicas. Fue inevitable dar algunos giros para llegar a la virtualidad de la señal, insinuar una metafórica viva para orientarnos en la multiplicidad de las experimentaciones tecnosociales. Es imposible instalarnos en la cuestión cibercultural, en sus prácticas y en su pensamiento, sin que a esto le anteceda una tonalidad, una vibración anímica, una zona con espesor ontológico y potencial político. En aras de una exposición más ordenada, reuniremos las experiencias en la intersección entre estéticas y ciberculturas, en cuatro campos –señales compartidas, señales fronterizas, señales en tránsito, señales ciberciudadanas– que terminan configurando el intermezzo del texto.

2.1 Señales compartidas

Dentro del amplio espectro de prácticas que trazan dinámicas sociales en Internet, aparece una experiencia que permite dotar de algunos matices lo que venimos planteando. Este es un proyecto desarrollado en Argentina denominado Venus, que se planteó en el ámbito de la construcción de redes sociales a partir de la exploración-creación de nuevos modos de vida comunitaria7. Aquí el ciberespacio y las redes generadas en este entorno, forjaron nuevas relaciones con los otros a partir de un laboratorio donde se indagaban nuevas formas de compartir y de crear. Esta experiencia que proponía una nueva dimensión de uso de Internet, marcó un profundo interés en el potencial de las subjetividades, la constitución de dinámicas comunicativas, conversacionales, de tal modo que su valía pone de presente haber intentado una conquista del territorio virtual a partir de las interacciones con los bienes comunes y el reparto de las pasiones próximas. Igualmente, el proyecto Venus plantea una interfaz entre lo colaborativo, lo afectivo y lo relacional con dinámicas de uso de las tecnologías de la información, creando una posibilidad significativa para las prácticas sociales y artísticas emergentes en el ciberespacio.

2.2 Señales fronterizas

Otra experiencia que pone en relación la señal de las coyunturas comunes y planetarias con un festival cibercultural, son los Borderhacks. Esta apuesta, además de tener fisonomía global, supone un posicionamiento táctico y localizado, de cierta manera fronterizo, ante una coyuntura problemática actual, como es la de los inmigrantes. Frente a una situación contemporánea y acentuada con mayor vigor en tiempos de globalización, este agenciamiento ciberactivista propone a través de un campamento donde confluyen manifestaciones de la cultura digital, el arte electrónico y el pensamiento situado, conversaciones y movimientos en donde la cuestión de los inmigrantes es repensada, donde también se incita a una gestualidad en la frontera, de tal modo que colaborativamente sea rebasada sin necesidad de destruirla. Este rasgo es característico de ciertas expresiones estético-políticas en la actualidad, que reciclan, condensan señales, remezclan, ejercen una activismo sin representación y sin partido, se encuentran en la intermitencia y usan los cortocircuitos y agujeros del sistema para atravesar los cerramientos ficticios y mentales. Si bien es cierto, la inquietud central es la frontera, la respuesta por la multitud activista permite el paso –por el tiempo de tres días– de otras señales que contrastan y que afirman otras realidades diferentes a las instituidas. Este encuentro tiene lugar en la frontera Tijuana-San Diego donde se presencia una atmósfera crítica, participativa y en red, a través de conferencias, conversatorios, talleres, exposiciones fotográficas, arte digital e interactivo multimedia, proyecciones de documentales y películas, de tal modo que lo significativo de la experiencia parte de dos aspectos: la diseminación de una riqueza de señales por la atmósfera y la interpelación a cierta lógica normalizada como actualmente se concibe el asunto de los inmigrantes. Aquí se plantea un asunto relevante. Este alude al paso de las señales en medio de la frontera, hackear un espacio físico fronterizo y ejecutar acciones que alteren el rostro del problema. Borderhack8forma parte de la cadena de Bordercamps denominada "kein mensch ist illegal" ("ningún ser humano es ilegal"), que surgieron en Alemania hace cuatro años y que continuaron en diversas fronteras de la Unión Europea con los países del antiguo bloque del Este.

Este modo de operar del hacktivismo9 se constituye como una táctica novedosa que instituye nuevas formas de abordar los problemas, de instalarse en ellos y, sobre todo, a partir de la generación de formas de subjetividad política en relación con lo tecnológico y lo transfronterizo.

2.3. Señales en tránsito

En el ámbito de la producción de contenidos sobre y desde la cultura digital, destacamos los proyectos Fin del Mundo y Compartiendo Capital en Argentina, Platoniq y Joystick en España y La Cápsula10 en Colombia. Todas estas cinco experiencias-plataformas –sin equipararlas y guardando las distancias y diferencias– fomentan espacios para el desarrollo de prácticas creativas, proyectos, publicaciones e información sobre la cultura libre y digital y animan las experiencias artísticas contemporáneas a través de espacios online y off-line. Compartiendo mutuos intereses, todas estas apuestas contribuyen a generar otros modos de compartir, de crear reflexiones desde la sociedad contemporánea, y además, asunto fascinante, promueven la generación de interfaces entre la tecnología, los contenidos emergentes, las prácticas artísticas y las comunidades.

Las expresiones de la cultura contemporánea que estas experiencias legitiman, muy próximas a los entornos artísticos y de pensamiento, nos muestran nuevas dimensiones de uso de las tecnologías en contextos en donde la experticia no es condición para la experimentación. La consigna ciberpunk y contracultural "hazlo tú mismo" predomina en muchas de las prácticas sociales y activistas que tienen Internet como su escenario, y es así como estas plataformas de interacción propenden más que por conservar o museificar la realidad, por arriesgarse al procesamiento (Brea, 2007), a compartir y restituir al uso común las fuerzas de la creatividad social. Estos rasgos, disfrutamos al decirlo, anticipan una entrada osada en el siglo que apenas inicia, en donde empiezan a abundar lenguajes y experiencias en las cuales las subjetividades se colocan ante sus contingencias de modos creativos.

A medida que surgen plataformas en el ciberespacio para compartir no sólo información, sino como escenario de propagación creativa y afectiva por parte de las subjetividades y las comunidades, las apropiaciones que parten de estas interacciones con Internet se apoyan en experiencias situadas, potencialmente instaladas en ciudades y territorios existenciales. Esto hace que gocen de mucha relevancia las apuestas de carácter pedagógico y experimental y en su diversidad, connoten la activación de prácticas y redes que van consolidando las expresiones contemporáneas de la cultura digital. Jugando en determinadas ocasiones el papel de agenciamientos colectivos, en donde redes cooperativas conforman espacios sociales, estas zonas de despliegue redefinen las prácticas discursivas y todo lo concerniente a las dinámicas de producción creativa en la actualidad, y conjuntamente al ser espacio para la generación de pensamiento, agitan las inteligencias colectivas que emergen del entorno de la Red.

2.4. Señales ciberciudadanas

Tendencias con comportamientos ciberciudadanos surcan por los espacios de la Red. Allí acontecen sobre todo diálogos con el mundo, abiertos y plurales, más que respuestas frente a determinadas coyunturas. El proyecto Venus, que se caracteriza por tejer relaciones entre sujetos, configura la noción de tecnologías de la amistad, la cual alude a todas aquellas que posibilitan "el arte de conectar a la gente, de tejer redes, de cruzar fronteras simbólicas, de multiplicar las oportunidades de encuentros fértiles". A este respecto y desde otro ángulo, pensadores ciberculturales como Cibergolem (Alonso y Arzoz, 2005) hacen énfasis en su Antitratado comunal de hiperpolítica. La quinta columna digital, en el que una de las claves de la política cibercultural es la comunidad abierta. Este tipo de comunidad, en la que los bienes comunes son activados, la solidaridad viva fraguada, lo global conectado entre redes locales, las formas de interacción y de relación vincular son compuestas en vista de una comunidad planetaria, son al pensar de Cibergolem, una apuesta cibercultural. Esta criatura virtual de pensamiento señala que el propósito cultural de la comunidad "no es el falso mestizaje obligatorio que impone la globalización, sino la identidad abierta y evolutiva que garantice que el experimento humano nunca acabe en el globalismo unificador y alienante del imperio" (Cibergolem, 2005: 78). Ahora bien, es insostenible sumergirnos en las señales ciberciudadanas, sin considerar aquel aspecto antes mencionado de la comunidad abierta, y es también insoslayable repensar el lugar de la subjetividad política y ciudadana sin apercibirnos de las prácticas que acontecen en los entornos tecnosociales para la co-gestación de lo común y de la riqueza de posibilidades en la inmensidad de nodos en relación.

Una señal en clave ciudadana que redefine la participación política hacia la multiplicidad de actores, la constituyen los últimos proyectos del artista Daniel García Andújar. Estas experimentaciones en red, al igual que los escenarios de generación de contenidos antes mencionados, parten de plataformas de encuentro sobre problemáticas comunes que convocan cuestiones de la cultura en dos ciudades de España. La primera experiencia suscitada por el artista, consiste en discusiones abiertas sobre las políticas culturales valencianas11, donde se conjugan múltiples voces que son las que se encargan de la creación de contenidos. En este proyecto se procuró que las voces se fueran hilando en una plataforma común de diálogo, espacio colaborativo para forjar pensamiento. El otro espacio de intercambio y creación similar, de profundas repercusiones ciudadanas, tiene como telón de fondo de discusión, las necesidades culturales de Barcelona12. Ambos espacios generaron efectos en los modos de ejercer la ciudadanía y dinamizaron formas de resistencia civil y ciudadana, activando la creación de preguntas, situaciones y nucleamientos colectivos13.

Una constelación de problemáticas contemporáneas empieza a trastocar las formas del ejercicio de la ciudadanía convencional, aún cuando no podemos decir que sea superada. En ella coexisten rasgos de una ciudadanía soportada por el territorio, la nación y las lógicas de la representación, con otra más activa, conocedora de sus propias potencias, que usa creativamente los repertorios tecnológicos para resistir y crear mundo. Esta ciudadanía plantea nuevos espacios de actuación política y estética a partir de zonas indeterminadas, acontecimientos que no llegan a solidificarse por la misma dinámica abierta de conversación. Estas prácticas ciberciudadanas a la par que configuran espacios de producción micropolítica, sortean obstáculos encarnados en los modos clásicos de hacer política. En este sentido, las ciberciudadanías plantean muchos interrogantes para el pensamiento social, para el devenir político de la existencia humana, y en la creación de disensos, multiplican los espacios en donde la acción política14 puede ser ejercida.

3. Señales poéticas

Por cuestión de espacio, entraremos brevemente en las señales vivas que han surgido en la travesía del texto e intentaremos bordear de nuevo la frontera, los tránsitos, la vida, las prácticas ciberciudadanas, haciendo variaciones y contrastando los rasgos fundantes que se han espaciado en este artículo. Cuando hablamos de señales poéticas nos preguntamos por aquellas contraseñas –es decir, claves para entrar– que a partir de los usos inventivos de las nuevas tecnologías, la disposición común y afectiva y la creación de mundo, confieren a la realidad y a la vida de las subjetividades nuevas dimensiones del habitar y de la experimentación.

En ocasión de apertura, las señales poéticas brindan en el encuentro con las señales precedentes, una redefinición de la realidad y de sus sombras. De tal manera que el ejercicio de trazar imágenes de pensamiento y un pensamiento en imágenes sobre la cuestión de la cuestión, la relación-composición de realidad, favorezca un clima para los que acogen la radical novedad del acontecimiento, es decir, connote una fuente de fertilidad para los artistas, pensadores, productores y creadores que entran en la escena contemporánea como un relámpago en medio de tanto escepticismo heredado y empobrecidas lecturas de la realidad.

Es preciso afirmar que son señales poéticas, no sólo las que ocupan magnitudes metafóricas, sino todas las que comparecen como poéticas del mundo. Huelga a su vez señalar que los rasgos expuestos en el preludio del texto –Señales de vida– constituyen modulaciones que intentan colocar el problema en una perspectiva existencialmente situada y conectada con los vestigios que emanan de las prácticas y los inéditos usos de la Red. Así como ésta es chance de experimentación, las poéticas inauguran una nueva posibilidad para la existencia compartida, para una humanidad que no desdeña las suturas, los vacíos e indeterminaciones que la componen. Para las señales poéticas, la composición de mundo es el rasgo esencial que resulta atravesando el intento singular y la producción de las subjetividades. Pero a esta constitución afirmativa de la existencia le precede un ethos consustancial a las relaciones que gestamos con el presente y con la vida potencial. Este es el ángulo hacia donde deriva nuestro entusiasmo y es, al tiempo, la fragilidad constitutiva de nuestro envite. Y es la alegría de habitar el mundo y de conjugarlo lo que nos dispone en otras dimensiones y en un movimiento que empieza a vibrar en el cosmos. Pensamos que carecer de este espacio vital es profundamente perjudicial para el devenir humano, a la par que procurar un estado de disposición afectiva con la realidad es nuestra consigna. Suponemos que "el no entusiasmado es alguien que simplemente no ha entendido dónde está él con relación a sí mismo y al todo" (Sloterdijk, 2004: 26), alguien que presta poca atención a sus fuerzas y al aura que impregna su singularidad.

Tanto la composición de mundo, como la habitación compartida entre señales pobladas de diferencias, enunciados y encarnaciones de lo posible, insinúan un desafío para las prácticas ciberculturales y, extensivamente, para las políticas de las señales que emergen en la relación de las subjetividades con los nuevos entornos tecnológicos. Quizá, tomar en serio ontológicamente estas señales, contribuya a una poiesis incesante de alternativas de diversa índole, que participan de un escenario para todos común e ilimitado en los usos colectivos que podamos emprender. La mayoría de las experiencias citadas, así como también los colectivos y comunidades abiertas; artistas e inteligencias sensibles, repartidas en el mundo; pensamientos fronterizos; albergan en su enunciación una forma de morar la tierra, de abrir el código humano-cultural, de colocarse ante lo indeterminado y que intuimos, contiene un obstinado inconformismo frente a los parámetros de la realidad homogénea y naturalizada. Resaltamos también que las señales poéticas intensifican en una coreografía para la producción de subjetividad, tres ámbitos fundamentales, posición-disposición-composición, para la co-creación de mundo y a su vez están mediados por las experiencias y los lenguajes que son en definitiva los que orquestan las huellas que hacen mundo. Seguimos entrando, a pesar de que el texto esté a punto de finalizar, e igualmente a pesar de que nos impulsen a hallar respuestas y salidas. Es una entrada lo que aquí se pone en cuestión, un tacto enriquecido por la metáfora y todo esto a nuestro parecer es sumamente trascendente como clave para las prácticas estéticas ciberculturales.

Cada vez nos enfrentamos a esta problemática ontológica y política con miras a buscar contrastes, afinando un poco la problematización de nuestra investigación y, a fortiori, haciendo que la interpelación por el presente y por nosotros mismos no se difumine en toda la travesía por el conocimiento y por la vida. Hemos de forjar con este tipo de pensamientos, un lugar en donde la pregunta por el acontecimiento que estamos indagando, se nos presente imprevisible y con la opción de sugerir vínculos con nosotros mismos entre las realidades próximas que en muchos momentos se nos ocultan. Configurar una perspectiva con este tono, abre la conversación no sólo a los que estamos inmersos en la cibercultura, sino que ilumina con su fuerza metafórica a la humanidad en sus devenires singulares. Ahora bien, por tentar la subjetividad que estamos siendo y por las claras imbricaciones con lo cotidiano, estas puntadas no son fáciles de practicar, ya que lo que estamos proponiendo no son generalidades, ni nuevos paradigmas, es a lo enigmático de lo humano a lo que le hablamos, con la intención de que sea desbordado en los ámbitos de la experiencia compartida.

Las metáforas que han sido experimentadas por colectivos, comunidades, subjetividades, en relación con el entorno cibercultural –desmaterialización, transversalidad, virtualidad, exposición, interfaz, red, hipertextualidad–, pueden revelar pasajes, desafíos y tránsitos frente una sociedad exangüe y son pertinentes ontológicamente en la medida en que nos incorporaremos en sus huellas, en sus virtualidades, y con mayor preeminencia, de cara a las situaciones que más nos afectan. La Red, dentro de la perspectiva anterior, es un espacio propicio para el accidente creativo, para la combinatoria, un lugar para la expresión y la experiencia en donde se articulan sin limitantes territoriales lo que es perentorio para lo humano, sus deseos, y es muy difícil ante esto –sospechamos– no prestar sutil atención.

La cuestión que importa y es legítimo compartirlo, parte de una urgencia de entrada: dejarnos llevar por una fuerza implicante que ponga en tensión los límites que ponen cerco a la imaginación y la decisión. Una ontología cibercultural dotaría de vida a las prácticas sociales en el ciberespacio, procuraría densificar la metáfora en red que somos en tiempo real, a su vez, generaría vida en donde crece hoy tanta desesperanza y sugeriría antes de proclamar axiomáticas, una entrada desde el lugar singular que cada uno ocupa en su cotidianidad. Los riesgos que habría que asumir para asistir a esta fiesta de las subjetividades, a este gozo compartido, a esta interacción entre fuerzas, lo sabemos con cierta claridad, no dependen exclusivamente de los repertorios tecnológicos. Urge decir que las tecnologías no valen per se, sino por la fuerza, por la comunidad viva que se apropia de sus señales, de sus metáforas, o mejor diríamos –por sus resonancias políticas–, por esta potencia de profanación de la cual ciertos artistas han sido los mejores portaestandartes, y ciertas prácticas colaborativas las más audaces y tácticas. En tiempos donde brotan tendencias hegemónicas de pensamiento de profunda inspiración conservadora, las comunidades afines, las inteligencias colectivas, las pasiones cómplices, la amistad entretejida en escritura, sonido e imagen a través de Internet, la viva inmaterialidad que se gesta en una conversación, muestran gérmenes de creación que sobreviven al imperio de lo posible y van marcando diferencias que horadan la infertilidad del presente. No es que no sean importantes otras señales, como por ejemplo las amenazas, vértigos y ocasos que han planteado lúcidamente otros teóricos de los medios y las tecnologías de la virtualidad (entre ellos los más destacados son Paul Virilio, Franco Berardi y Jean Baudrillard). Como hemos hecho énfasis en el decurso del artículo, decidimos conjugar metáforas y señales afirmativas, con la intención de ser transportadas por ellas a otras virtualidades de la experiencia. Tenemos la leve intuición de que las señales y su política –una política de las señales– proveerá en poco tiempo una serie de instrumentos, códigos, wikis, en donde lo que aparece hoy centelleante pueda ser constelado. Pero, quizá, siguiendo el rastro de la señal, nos sea preciso devenir aquella metáfora que somos y esto, lo sabemos, es asunto de atrevimiento.

Para terminar, la política de las señales es también hoy una experiencia y una condición de contemporaneidad posible. Puede ser amenaza, pero también chance; un llamado a repensarla y activarla es apremiante, porque de no hacerlo, otras fuerzas recodificarían de modos perversos las señales que hoy vemos flotar entre nosotros. Es entonces a la generación de pensamiento y a la experimentación en las prácticas ciberculturales a lo que de nuevo nos tienta componer mundo, y a una seducción táctica (no panorámica) para abrir espacios. Eso sí, no sólo los que quedan (los restos) sino también los que pueden dotarse de vida y expresarse; no sólo el lugar que falta (una nueva utopía), sino también cultivar lo imposible, lo impensable. Estos lugares han de cobrar entre nosotros, la posibilidad de tornarse obra de vida, de conocimiento, de ficción.


Citas

1 Nosotros figura como la encarnación plural de un segmento de realidad híbrida, emerge de una resonancia profunda en la que no hay lugar para la fusión, sólo interferencias, propagaciones, composiciones. Lo genuino del nosotros es lo que está entre, lo que condensa y lo que fuerza, dado que aquí no hay espacio para protagonistas; nosotros no es lo colectivo, es el aliento, el fuego, el clamor intenso de todo encuentro vivo.

2 Realidad se refiere en la travesía del texto, a los modos vitales en que nos exploramos, en los que hacemos viaje en complicidad con las fuerzas que somos; experiencia de realidad que va revelando pasajes, tránsitos y trances con la fortuna de llevarnos siempre a visitar inéditos modos de percibir y sentir. Existen tantas realidades como subjetividades en despliegue, en creación compartida, en poética inaugural. Realidades constituyentes en trama, entre nosotros, en lenguaje, en órbita, en esperanza. Otra semántica potente de realidad que es bastante sugerente, alude "al conjunto oscilante de lo aprehendido como traducción contextualizada a partir de los intereses de despliegue de un sujeto en autoposicionamiento" (Contreras, 2007: 256).

3 Los restos de humanidad se nos ocultan o inicuamente son administrados. Quizá, ha sido el arte el que ha puesto en un lugar intrigante lo que nos desborda, las excedencias de la humanidad. Lógica del resto que sustrae, que introduce en un sentido suspendido el movimiento tectónico de lo sensible. La remezcla afectiva, la creación colaborativa, las variaciones, el procesamiento de la experiencia, la apropiación low–tech son indistintamente ejemplarizantes de lo que podemos hacer con lo que está a nuestro alcance, con nuestras afecciones.

4 La fidelidad al acontecimiento reside de cierta manera en no lanzar respuestas determinantes y definitivas a lo que se abre, a lo que está en trance (la existencia). "Tener respuestas ya hechas (maoísmo, leninismo, trotskismo) frente a nuevos problemas es dejar escapar el acontecimiento" (Lazzarato, 2006: 45). Ser fiel también implica una habitación en las oquedades por un buen tiempo, un ejercicio físico de tensar los vacíos y sobre todo un viaje entre sus intersticios. Ser fiel a un acontecimiento "es moverse en la situación que este acontecimiento ha suplementado, pensando (pero todo pensamiento es una práctica, una puesta a prueba) la situación ‘según' el acontecimiento. Lo que, por supuesto, ya que el acontecimiento estaba fuera de todas las leyes regulares de la situación, obliga a inventar una nueva manera de ser y de actuar en la situación" (Badiou, 2004: 71). También, permitir que no se clausure –el acontecimiento– hace parte de una genuina fidelidad, dado que lo que muestra aquél, puede ser una herida, un tatuaje o un cosmos latente que salta caóticamente. En ambos casos, siempre interrumpe nuestros modos de percibir y de sentir (posición–disposición), luego la composición de mundo es fruto de una larga amistad e intimidad con lo indeterminado.

5 Antena Mutante no sólo es una expresión metafórica de nuestra destinación errante en el planeta, es también un colectivo de transmisión que reside en la ciudad de Bogotá y que en su sitio electrónico señala lo siguiente: "Ser reconocidos como comunicadores piratas sintonizados. Hackeo en la calle, transmisión en vivo, para escuchar, transmitir voces periféricas y amplificar los sonidos y los ruidos de la multitud".

6 Un enlace para complementar lo que venimos planteando como política de las señales, configuración tramática del nosotros y de cara a la semántica de la legitimidad en red, es el video que está alojado en Internet en la página de Youtube. El grupo es Funki Porcini, la canción, Atomic kitchen.

7 El Proyecto Venus plantea "una experiencia en el campo de la tecnocultura basada en la aplicación de diferentes tecnologías y del uso intensivo de talento artístico y científico para explorar nuevas formas de vida comunitaria. Consiste en el desarrollo de una comunidad de artistas y científicos/tecnólogos, un laboratorio experimental donde se exploran nuevas formas de relación social, producción, distribución, intercambio y formas de autogestión integrada en producciones artísticas, culturales y tecnológicas".

8 Puede encontrarse en: <http://www.deletetheborder.org>.

9 Dos experiencias en América Latina que involucran el hacktivismo se encuentran en Perú; estas son Hacking-Net que se describe como "una comunidad virtual, aparato humano de inseminación y propagación de gérmenes artísticos conceptuales, donde desarrollan proyectos en dos campos: la parte tangible en acciones en espacios artísticos, la parte no tangible en el ciberespacio. En las performances hacen uso de ambos". Y e–L.I.T.E. Lima HackLab que se propone contribuir al desarrollo de la libertad y la autonomía de la sociedad a través del empleo de tecnologías libres.

10 Pueden encontrarse en: <http://www.findelmundo.com.ar>, <http://www.compartiendocapital.org.ar>; <http://www.platoniq.net>; <http://www.jstk.org>; <http://www.lacapsula.com>.

11 Puede encontrarse en <http://www.evalencia.org>.

12 Puede encontrarse en: <http://www.ebarcelona.org>.

13 Algunos autores, Levy (2004), Lewkowicz (2004), Melucci (2001), Zemelman (2007), plantean situaciones de pensamiento comunes y con cierto tono afirmativo (superando el nihilismo teórico que se cierne frente a las mutaciones actuales). Vislumbran actitudes para ver en las mutaciones señales, destellos, sugiriendo (como decíamos anteriormente, fieles al acontecimiento) frente a algunas situaciones que nos desbordan, que rompen los parámetros, la exigencia de estar a la altura de lo que pasa, reformando el pensamiento y aguzando la sensibilidad, para poder leer en visión crítica y de conjunto la compleja actualidad como lienzo de posibilidades. Ya sea el desanudamiento del discurso, la gestación de una nueva esfera pública, un pensar sin el Estado, el problema de las identidades y subjetividades en tiempos de fluidez, el sujeto como existencia y potencia, esta estela de pensamiento aviva y dota de fuerza las estéticas y políticas ciberculturales. En esta coyuntura habría que intentar pensar a la altura de los signos de nuestro tiempo, en ritornelos cada vez más osados, articulados en complejidad creciente y en vitalidad desbordante, si no queremos caer en teorías y arquitecturas conceptuales en donde casi nada de nuestra humanidad se pone en juego.

14 Entendemos por acción política, un plus de gestualidad y sensualidad en la que el nosotros mantiene una postura crítica y creativa frente a sus contingencias. La acción es política cuando se teje una trama discursiva y afectiva en las inmediaciones del acontecimiento que la instiga; incontenible y sostenida por las pasiones, la acción rebasa cualquier objetivo, cualquier blanco; es fuga, derrame, toma, conquista, erguimiento de subjetividades próximas en deriva permanente. Otra semántica de la acción, la podemos relacionar en el cruce delicado entre cine y política: entre estos se fundan escenas vivas, se rozan en su estrategia, ambas emplean el montaje y la perspectiva, el ángulo y el encuadre; la acción política "establece montajes de espacios, secuencias de tiempo, formas de visibilidad, modos de enunciación que constituyen lo real de la comunidad política". (Ranciere, 2005: 55). La acción política a la luz del acontecimiento, inventa nuevas formas de vivir con los otros, vincula pathos y eros en una dinámica disensual, crea fuerza y ritmo en donde no los hay y es bellamente una manera de celebrar el estar vivo, la fiesta en donde se actualiza lo más impersonal de nosotros mismos.


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