El marxismo independiente de C.L.R. James*

O marxismo independente de C.L.R. James

The independent marxism of C.L.R. James

DOI: 10.30578/nomadas.n48a9

 

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Daniel Montañez Pico**

Resumen

Este artículo analiza las ideas marxistas independientes desarrolladas por el trinitense C.L.R. James en su etapa americana (1938-1953), en el grupo conocido como Tendencia Johnson-Forest. El autor desarrolla estudios filosóficos sobre la lógica hegeliana para dar profundidad metódica a sus críticas del marxismo ortodoxo, y a sus análisis sobre el capitalismo de Estado y las condiciones sociales de los grupos explotados de su tiempo, con énfasis en el estudio de la población negra de Estados Unidos.

Palabras clave: marxismo independiente, marxismo negro, dialéctica, capitalismo de Estado, tendencia Johnson-Forest.

Resumo

Este artigo analisa as ideias marxistas independentes desenvolvidas pela C.L.R. James em seu palco americano (1938-1953), no grupo conhecido como Tendência Johnson-Forest. O autor desenvolve estudos filosóficos sobre a lógica hegeliana para aprofundar metodicamente suas críticas ao marxismo ortodoxo e suas análises sobre o capitalismo de Estado e as condições sociais dos grupos explorados de sua época, com ênfase no estudo da população negra dos Estados Unidos.

Palavras-chave: marxismo independente, marxismo negro, dialética, capitalismo de estado, tendência Johnson-Forest.

Abstract

This document analyzes the independent Marxist ideas that were developed by the Trinidadian C.L.R. James in his American stage (1938-1953) with the group known as the Johnson-Forest Tendency. C.L.R. James elaborates on philosophical studies in the Hegelian logic to give methodical depth to his criticisms regarding the Orthodox Marxism and to his analysis on state capitalism and social conditions of the exploited groups of his time, creating deeper studies on the black population of the United States of America.

Key words: independent Marxism, black Marxism, dialectics, state capitalism, Johnson-Forest Tendency.

*Este artículo forma parte de un estudio más amplio en curso sobre los marxismos negros y el pensamiento crítico descolonizador del Caribe anglófono, desarrollado desde 2016 en el doctorado de Estudios Latinoamericanos de la UNAM, que cuenta con la financiación de una beca por parte de Conacyt.
** Miembro del Grupo de Trabajo de Clacso “Pensamiento crítico descolonizador caribeño”. Estudiante de doctorado en Estudios Latinoamericanos de la UNAM, Magíster en Estudios Latinoamericanos y Licenciado en Antropología Social y Cultural de la Universidad de Granada. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

Introducción

El jamaiquino Stuart Hall, uno de los más grandes conocedores de la obra y el pensamiento C.L.R. James (Trinidad, 1901-Reino Unido, 1989), establece cuatro etapas principales en su desarrollo intelectual: Trinidad, Londres, Estados Unidos y una cuarta de vuelta en Trinidad (Hall, 1995: 3). El autor señala, además, que su vinculación a los problemas de la clase obrera y a la teoría marxista estuvo presente de forma transversal a estas etapas. Desde sus primeros años en Trinidad, donde se formó como joven escritor de novelas, fue cercano al movimiento obrero autonomista liderado por el capitán Arthur Andrew Cipriani y, una vez que migró a Inglaterra, se vinculó rápidamente con organizaciones de ideología trotskista. Esto es importante señalarlo, porque el acercamiento de James al marxismo se dio directamente a través de la crítica trotskista a las prácticas burocratistas y a la acumulación excesiva de poder en la figura del líder, proceso representado por el gobierno de Stalin en la URSS (Hall, 1995: 6). En la etapa londinense, James comienza un estudio a fondo de la teoría marxista, vinculado creativamente con el activismo panafricanista que realizaba en paralelo. La síntesis de su militancia trotskista en Londres tomaría luz en su obra World Revolution: 1917-1936 (1937), un análisis del auge y la caída de la III Internacional y las diferencias entre Stalin y Trotsky, que desembocaba en una proclama por la conformación de una IV Internacional.

Pero fue en la etapa estadounidense donde James profundizó en los elementos teóricos y filosóficos del marxismo, a partir del desarrollo de un marxismo no ortodoxo, independiente, profundamente original y adaptado a su propio contexto. Para dar claridad a su elaboración teórica, la exposición de la postura de James en esta época se puede estructurar en tres vertientes principales: primera, el desarrollo de un estudio sesudo sobre epistemología y dialéctica hegeliana, que le serviría para proponer una “nueva noción” sobre la “esencia” del proletariado de su tiempo y unos “nuevos universales” para orientar las luchas obreras contemporáneas; segunda, la propuesta de la noción de “capitalismo de Estado” como resultado del análisis de la URSS y de las tendencias contemporáneas del sistema capitalista mundial; y tercera, los análisis derivados de pensar en términos marxistas las posibilidades de liberación de la población negra en Estados Unidos.

La etapa estadounidense y la tendencia Johnson-Forest

No wonder that in those days people use to say that in any gathering you could tell a Johnsonite by the enthusiasm and energy we exuded. Our very eyes were stars because CLR had helped us rediscover America and the world, and because in the Johnson-Forest Tendency we had created a unique political community, a fellowship of revolutionary intellectuals and grassroots people united by a common goal, the unleashing of the creative energies of those at the bottom of our society. (Lee, 1995: 172)

El marxismo desarrollado por James en esta etapa surgió en el seno de la tendencia intelectual que cofundaría dentro de la militancia trotskista de Estados Unidos, conocida como Johnson-Forest (en honor a su pseudónimo, J. R. Johnson y al de su compañera intelectual y de lucha Raya Dunayevskaya, conocida como Freddie Forest). La tendencia se conformó como un grupo dentro del Partido Socialista de los Trabajadores de Estados Unidos a finales de los años 30, del cual se separaron en 1940 para pasar a formar parte del Partido de los Trabajadores. Dicha separación se dio en gran medida por las desavenencias con respecto al uso ortodoxo que hacía el Partido Socialista de los Trabajadores de las ideas de Trotsky. Esto impedía, bajo su punto de vista, un análisis correcto de la realidad y las posibilidades del movimiento proletario contemporáneo. James y Dunayevskaya conocían de primera mano el pensamiento de Trotsky, pues ambos habían viajado a México en los años 30 para dialogar y trabajar junto a él. Ambos lo admiraban profundamente, pero habían encontrado finalmente importantes diferencias teóricas y políticas, especialmente en relación con el análisis de la naturaleza del Estado en la URSS. A James y Dunayevskaya se añadió Grace Lee, cuyo pseudónimo era Ria Stone, para consolidarse como la tercera figura principal del grupo. La tendencia se alineó al Partido de los Trabajadores hasta 1947, año en que regresaron a conformar una minoría dentro del Partido Socialista de los Trabajadores.

La tendencia se organizó como un grupo independiente en 1951, al coincidir con el auge de las diferencias teóricas y políticas entre James y Dunayevskaya. Finalmente, el grupo se dividió en 1955. Se dedicó principalmente al estudio filosófico de la obra de autores como Hegel, Marx o Lenin, en la búsqueda por revitalizar la perspectiva marxista al analizar los problemas de la sociedad contemporánea de Estados Unidos y el mundo, y proponer unas visiones de lucha social y de construcción del comunismo más coherentes con su tiempo. En este sentido, es importante señalar que, pese a militar en el movimiento trotskista durante un tiempo, la tendencia no se consideraba a sí misma trotskista, especialmente en las dimensiones teórica y filosófica.

Es un error muy común señalar a James como un trotskista por su militancia en este movimiento en su etapa londinense y en parte de su etapa estadounidense. De hecho, él mismo prefirió la etiqueta de “marxista independiente” (Ali, 1980: 8). Como bien señala Cornelius Castoriadis, quien se sumaría a la tendencia Johnson-Forest en su última época, ser trotskista en las décadas de 1930 y 1940 era para muchos un sinónimo de quiebre con el estalinismo, sin estar de acuerdo necesariamente con todas las propuestas y reflexiones de Trotsky (Castoriadis, 1995: 277). Este fue el caso de James, quien, desde su encuentro con Trotsky en 1939 y en sus textos de la década de 1940, muestra de forma contundente sus diferencias con varias posturas y, en especial, con su método de investigación teórico-político. Además, James abandonó definitivamente la militancia dentro de los círculos trotskistas en 1951 (Ali, 1980: 8). De ser posible considerarlo trotskista, esa adscripción debe limitarse al periodo 1934-1951, pues desde 1939 se desmarcó públicamente de varios de sus postulados teóricos y políticos, pese a continuar militando en cierta medida en las organizaciones trotskistas.

Esta posición contradictoria —pertenecer al movimiento aún en contra de muchas ideas de Trotsky y el trotskismo de su tiempo— fue una constante en la tendencia Johnson-Forest, quienes preferían denominarse marxistas anti-estalinistas antes que trotskistas (James y Dunayevskaya, 2010: 22). En el seno del movimiento, criticaban el uso de las ideas de Trotsky de forma acrítica: “…we found it imperative to clarify our positions against those of Trotsky, positions which the Socialist Workers Party was repeating with ritual emphasis” (James Dunayevskaya, 2010: 20). En palabras del propio James en 1949, ellos eran justamente “enemigos irreconciliables del trotskismo, porque de ahí venimos” (James, 1980:151).

La dialéctica y la autodeterminación de las masas

La etapa americana de James estuvo marcada por su inmersión en las raíces y textos fundacionales del marxismo. El autor quería dar profundidad teórica a los postulados y prácticas políticas de su militancia. Este impulso le llevó a recuperar y promover la traducción al inglés de varios textos de Marx, como fue el caso de algunos ensayos de los manuscritos económicos y filosóficos. Por otro lado, sus compañeras de tendencia, Dunayevskaya y Lee, colaboraron en la recuperación y traducción de textos fundamentales. Destaca la traducción por Dunayevskaya en 1941 de los Cuadernos filosóficos (1914-1916) de Lenin, donde por primera vez quedó clara la importancia de estudiar la obra de Hegel para el entendimiento de las propuestas de Marx.

Además de la incorporación de reflexiones provenientes de las lecturas de la incipiente Escuela de Frankfurt (Turner, 1995: 194), estos trabajos sirvieron de base para un intenso debate sobre los aspectos filosóficos del marxismo al interior de la tendencia. El aporte de James a dicho debate cobró especial relevancia en la escritura de un comentario sobre una de las obras más complejas de Hegel, la Ciencia de la lógica de 1816, en el que revisó la propuesta dialéctica del alemán, y la puso en diálogo con los acontecimientos políticos de su propio tiempo. Este comentario tomó forma de panfleto interno en 1948 y fue publicado en 1980 bajo el título de Notes on dialectics. Hegel, Marx, Lenin.

Esta obra es fundamental para comprender el desarrollo de las ideas teóricas y políticas que James y su tendencia acuñaron durante 15 años. En ella se desentrañan los debates acerca del método de investigación e inducción filosófica y teórica que la tendencia utilizaba para analizar los problemas sociales y pronosticar horizontes de acción colectiva. Además, es uno de los textos más originales de James estilísticamente. Despliega una estrategia narrativa que combina un espíritu pedagógico cargado de humor, con incisivas críticas analíticas sobre las perspectivas políticas más en boga. La pasión didáctica atraviesa el texto completo, que trata de hacer comprensible, y sobre todo aprehensible, la lógica hegeliana a los marxistas de su tiempo. Pero no se trata sólo de una sistematización del pensamiento hegeliano, sino del ensayo práctico de su propuesta dialéctica sobre diversos problemas concretos. La obra constituye una explicación de la lógica de Hegel, en diálogo con las coyunturas políticas del marxismo mundial en los años 40, desarrollado de manera simultánea (Robinson, 2000: 279). La libertad de estilo que James desplegó en esta obra se debe en gran medida a que la escribió fundamentalmente para formar a los seguidores de su tendencia política, sin pensar en que acabaría publicándola 30 años después.

En la obra hay tres líneas claras que se desarrollan de forma paralela: 1) el análisis doctrinal de la lógica de Hegel; 2) una crítica teórica y política implacable al trotskismo como forma errónea de uso de la dialéctica; y 3) la aplicación de la lógica de Hegel al análisis de los movimientos marxistas y la formulación de unos “nuevos universales” para su época.

• Muerte en bucle,  película de Arthur Robison, 1928 | Hermanos Stenberg

Sobre la primera línea se destaca el profundo respeto que James tiene hacia la figura de Hegel, único que merece en el texto la categoría de ‘maestro’. Brevemente señala que Hegel era en efecto políticamente conservador y reaccionario, sobre todo en lo referente a su teoría del Estado y su filosofía de la historia, pero enseguida plantea que esa no es razón para demeritar su lógica y su método dialéctico, fundamental para el desarrollo del marxismo (James, 1980: 93). Al seguir a Lenin, James plantea que la lógica de Hegel es fundamental para comprender las posturas de Marx, por lo que la mayoría de los marxistas no han comprendido auténticamente su obra (James, 1980: 7-8). También siguiendo a Lenin, explica la noción de “saltos” dentro de la lógica, en especial el salto que implica pasar de “percibir” y “entender” un acontecimiento a “razonarlo” dialécticamente, momento en el cual se “desvelan las cosas en sí mismas” y se hace posible “imaginar el futuro” (James, 1980: 11/18).

• Fragmentos de un imperio,  película de Friedrich Ermle, 1929 | Hermanos Stenberg

Apoyado en Hegel, James apunta, como concepto clave, que las categorías deben adecuarse a los cambios sociales con el paso del tiempo, incorporando el fundamento de la teoría en la experiencia concreta. Para ello, señala como buenos ejemplos aplicados de la lógica hegeliana, a Marx y a Lenin, quienes, además de desentrañar la “esencia” de los problemas de su tiempo, supieron adaptar sus posturas e ideas conforme se transformaba su sociedad (James, 1980: 55/100/114). La clave de ser buenos pensadores marxistas radicaba entonces en reactualizar, desde el análisis certero de la coyuntura, el “absoluto” o “universal” fundamental del marxismo, a saber, el socialismo y la idea del proletariado libre. Este ejercicio lo realizaría Lenin de forma magistral, al poner el énfasis en el desarrollo de los soviets, tomándolos como la base material, económica y política mientras reactualizaba el “universal” socialista, sobre todo en su obra El Estado y la revolución (1917):

Marx and Engels had said “the Commune, that is the dictatorship of the proletariat”. Now Lenin said “the soviets, that is the dictatorship of the proletariat”. Think over that book [El Estado y la revolución]. In Lenin’s mind there is no longer any fundamental distinction between politics and economics. Politics is concentrated economics but concentrated bourgeois economics. He makes no distinction between the armed workers administering the state and the armed workers administering the economy. (James, 1980: 140)

La segunda línea estuvo marcada por la crítica a Trotsky y al trotskismo, aunque también aplicó el esquema a los seguidores de Max Shachtman, de tendencia socialdemócrata. James indica el mal uso de la razón dialéctica que realiza Trotsky, tanto en sus posicionamientos y escritos tempranos (James, 1980: 114/144), como en su propuesta definitiva de la “revolución permanente” y en su crítica al burocratismo estalinista. Bajo este punto de vista, Trotsky aplicó las ideas y categorías de Lenin al análisis de las condiciones de su tiempo, y se apartó de Stalin por ver quién era su mejor seguidor, cuando existía la opción de reactualizar estas ideas desde el ejercicio de la razón dialéctica. Para James, Trotsky erraba al copiar las ideas de Lenin en lugar de su método:

…socialism could not be built was as great an abstraction as Trotsky’s theory of the permanent revolution. It was a continuation of his old struggle with Bolshevism, by this time corrupted under Stalin. All this, the theory of the permanent revolution, the whole debate about socialism in a single country, the masses would turn to us when they understood, etc., all this is the purest subjective thinking with no objective contact with reality […] The official Fourth International has no concept whatever of socialism. All Trotsky can say about Russia after twenty-five years is: revise the plan, reinstate the soviets. He has learnt nothing. The same old content, no life, no spirit, no colour […] He [Trotsky] taught that nationalized property was the only basis for the development of socialism, i.e. of free humanity. False: a transference to the Universal of the fixed, finite, limited, particular determinations of 1917. The truth is the opposite; only free humanity, socialism, can develop nationalized property. (James, 1980: 107, 128-129, 155)

Por último, después de haber mostrado el método dialéctico y sus aplicaciones acertadas y desacertadas, el libro expone un ejercicio de razonamiento para los problemas de 1948, y propone una reactualización del universal socialista desde el entendimiento de las contradicciones y bases materiales de los movimientos proletarios contemporáneos. James bautiza este “nuevo universal” como una “nueva noción”, con énfasis en la autodeterminación de las masas, el fortalecimiento de una “espontaneidad organizada” y la reactualización de la idea leninista de partido en su conformación directa desde las masas y uniones obreras, que la distanciaba de la apuesta por la vanguardia de Trotsky:

• ¿Cuál de los dos?,  película de Nunzio Malasomma, 1927 | Hermanos Stenberg

The abolition of capital and the abolition of the distinction between the proletariat as object and proletariat as consciousness will be one and the same process. That is our new notion and it is with those eyes that we examine what the proletariat is in actuality […] Organization as we have know it is at an end. The task is to abolish organization. The task today is to call for, to teach, to illustrate, to develop spontaneity–the free creative activity of the proletariat. The proletariat will find its method of proletarian organization […] The party as we have know it must disappear. It will disappear. It is disappearing. It will disappear as the state will disappear. The whole labouring population becomes the state. That is the disappearing of the state. […] This is our universal-the question of the party. Lenin only posed it by implication. I repeat. If every cook learnt to govern, if every worker to a man administered the economy of the state, the party as knowing could not be in opposition to the proletariat as being […] We are beyond State and Revolution. I can summarize where we are in the phrase: The Party and Revolution. That is our leap. That is our new Universal-the abolition of the distinction between party and mass […] To believe that the party is less a vanguard party because it contains all the workers “to a man”, that is today a completely reactionary concept and is in essence Trotskyism. (James, 1980: 61-62, 117, 176, 180, 223)

Esta idea de autodeterminación de las masas era un pilar de la tendencia que ya había sido planteada en varios escritos anteriores a esta obra. En 1947, James y Dunayevskaya publicaron The Invading Socialist Society, uno de los principales documentos del grupo. El texto, además de desentrañar las diferentes posturas teóricas y políticas dentro de la Cuarta Internacional y los movimientos proletarios en distintos países, esboza una apuesta determinante por poner el destino de la producción, la economía, la política y, en definitiva, la revolución, en manos de los propios trabajadores, al criticar las apuestas por la conformación de partidos vanguardistas y la nacionalización y estatalización de la economía. El título del libro, extraído de una expresión de Engels, enfatiza en la idea de que, en el seno de una sociedad vieja se encuentra el germen de la nueva. Las prácticas sociales cotidianas y los modos de vida del proletariado en organizaciones obreras espontáneas deberían ser tenidas en cuenta por los marxistas como base para teorizar sobre el socialismo, y no al contrario.

La principal dialéctica a desarrollar, era la que existía entre el mundo oscuro, enorme e implacable, y las pequeñas luces que conseguían germinar contra viento y marea en su interior: las relaciones entre lo claro y lo sombrío. El marxista tenía la labor de identificar y registrar esa luminosidad y apostar decididamente por ella, no crearla. Para James, uno de los mayores ejemplos de ello fue la apuesta de Lenin por los soviets, que él no creó ni ordenó crear, sino que los trabajadores mismos fueron quienes tuvieron la iniciativa. Pero él apostó decididamente por ellos, intervino en la revolución como marxista, y señaló que ahí estaba la clave y era donde había que concentrar las energías, lo cual quedó resumido en su famosa proclama: “todo el poder para las soviets”. Para la tendencia era fundamental partir de estas experiencias concretas de organización espontánea de los obreros, en vez de idear horizontes y recetas que deberían seguir, tal y como hacían la mayoría de teóricos marxistas, especialmente los trotskistas. The Invading Socialist Society registra diversos movimientos proletarios de su tiempo y apuesta por potenciarlos en vez de dirigirlos hacia horizontes pre-configurados, basados en experiencias exitosas del pasado y no en experiencias reales del presente.

The struggle for socialism is the struggle for proletarian democracy. Proletarian democracy is not the crown of socialism. It is its basis. Proletarian democracy is not the result of socialism. Socialism is the result of proletarian democracy. To the degree that the proletarian mobilises itself and the great masses of the people, the socialist revolution is advance […] The self-mobilization of the masses is the dominating social and political feature of our age […] The slogans of workers control of production, nationalization, can no longer used except as Lenin use them, in the closest relation with the slogan of a workers and farmers government. (James y Dunayevskaya, 2010: 38, 54, 118).

La idea de la potencia de la autodeterminación de las masas acompañaría a James toda su vida, desplegada de múltiples formas en sus estudios sobre cultura popular y literatura, y continuó existiendo en el grupo Facing Reality, que conformó después de su deportación y de su ruptura con Dunayevskaya. Su principal publicación (Facing Reality, 1958) funcionó como una especie de reactualización de los postulados de The Invading Socialist Society y apareció firmada por James, Grace Lee y Cornelius Castoriadis. Para James era fundamental estudiar los aspectos de la historia y de la cultura de los pueblos que propiciaban este tipo de organización espontánea revolucionaria. En este sentido, se destaca la publicación de su obra corta Every Cook Can Govern (1956), en donde desarrolla un estudio de la democracia ateniense antigua para mostrar la existencia de ejemplos históricos de sociedades humanas autogobernadas desde las clases populares. El título de la obra provenía de una conocida frase de Lenin que decía “todo cocinero tiene que aprender cómo gobernar el Estado”. Pese a reconocer que Atenas no era un ejemplo perfecto, debido en gran medida a la existencia de esclavos y el mal trato hacia las mujeres (James, 2010: 141), James consideraba que su recuerdo podía instaurar una inspiración para las luchas obreras de su tiempo:

This is the greatest lesson of the Athenian democracy for us today. It was in the days when every citizen could and did govern equally with any other citizen, when in other words, equality was carried to its extreme, that the city produced the most varied, comprehensive and brilliant body of geniuses that the world has ever know […] There is room for differences of opinion, and Greek Democracy has always ad and still has many enemies. But the position we take here is based not only on the soundest authorities, but on something far more important, our own belief in the creative power of freedom and the capacity of the ordinary man to govern (James, 2010: 144, 148).

La teoría del capitalismo de Estado

Sin lugar a dudas, los aportes más importantes de la tendencia Johnson-Forest fueron los dedicados al análisis del denominado “capitalismo de Estado”. Las obras que recogieron estas reflexiones fueron fundamentalmente The Invading Socialist Society (1947) y State Capitalism and World Revolution (1950). A diferencia de los demás trabajos de James, son textos más cortos, sintéticos y esquemáticos, estilo que solía desplegar en sus obras de temáticas económicas (Henry, 1992: 145). La idea del capitalismo de Estado era en esencia algo que ya había sido anunciado y que varios autores de la época estaban planteando. El encuentro de Raya Dunayevskaya y Cornelius Castoriadis en Francia, en el verano de 1947, cobra especial relevancia, pues allí pudieron comprobar que sus análisis sobre esta cuestión eran convergentes (Dunayevskaya, 1995: 299). Desde entonces Castoriadis estuvo muy cercano a la tendencia hasta su disolución, e incluso formó parte de Facing Reality posteriormente.

La idea de capitalismo de Estado de la Johnson-Forest se desarrolló fundamentalmente en contraposición al análisis trotskista de la URSS estalinista como un Estado socialista de carácter obrero que había conseguido nacionalizar la economía pero que, debido a su política del socialismo en un solo país, basada en el burocratismo centralista, iba camino de rendirse ante el reformismo burgués (James & Dunayevskaya, 2010: 26; James; Dunayevskaya, Lee, 2010: 4). La tendencia Johnson-Forest señaló, a partir de intuiciones de Marx y Lenin sobre las posibles fases de desarrollo de la construcción real del socialismo (James; Dunayevskaya, Lee, 2010: 18), que la URSS comandada por Stalin era en realidad un capitalismo de Estado perteneciente a una nueva etapa de desarrollo del sistema capitalista. Es decir, se trataba de un capitalismo nacionalizado, controlado absolutamente por un Estado autoritario y burocrático, impuesto por el movimiento revolucionario de masas proletarias. Esta fase aun distaba mucho de la idea de la dictadura del proletariado propuesta por Lenin, y era más bien una dictadura de la burocracia del proletariado que controlaba el partido. La tendencia consideraba, a diferencia de lo que planteaban algunos seguidores de Trotsky como Michel Pablo, que esta fase burocratista no tenía por qué durar cientos de años, y que podía ser superada rápidamente por nuevos movimientos revolucionarios de masas que ya estaban en cierto modo presentes en varios países del mundo (James, Dunayevskaya y Lee, 2010: 24).

En este punto, James y sus camaradas consideraron indispensable renovar la de idea de partido, democratizándolo y dándole un sentido que iba mucho más allá de la idea de toma del Estado y que ponía énfasis en la autodeterminación de las masas. Esta nueva idea de partido trataba de superar dialécticamente a la leninista, la cual consideraban que había sido útil para su momento histórico, en un “salto” que James denominaba el paso del “Estado y la revolución” al “partido y la revolución” (James, 1980: 180). Además, fue en la idea de partido que el grupo trababa de introducir en la IV Internacional, donde predominó el modelo de partido-vanguardia de inspiración trotskista.

En este punto, la discusión sobre el partido y el Estado era fundamental para la tendencia, pues consideraba que la apuesta de Trotsky, aunque crítica con el burocratismo y el autoritarismo estalinista, proponía una toma del Estado que apuntaba de nuevo a la nacionalización de la economía para derivar en un “capitalismo de Estado” y no en la superación dialéctica de esa fase de desarrollo del movimiento proletario. Bajo su punto de vista, Trotsky y los trotskistas partían de un problema de método, ya que aplicaban las ideas leninistas, construidas desde y para otro momento histórico, a una realidad distinta. Estas ideas apuntaban a la nacionalización de la economía como punto fundamental para la construcción del socialismo, y era justamente eso lo que había conseguido el estalinismo y a lo que apuntaban la mayoría de partidos comunistas en el mundo. Este devenir llevaba únicamente a la construcción de un “capitalismo de Estado” donde los proletarios seguían siendo explotados, quizás apenas en mejores condiciones que en la anterior fase.

Es importante señalar que la tendencia Johnson-Forest no estaba en contra del proyecto de la toma del Estado y de la nacionalización de la economía, el cual apoyaron eventualmente, pero consideraban que era momento de su superación dialéctica y de un desarrollo de la política y la economía, mediante la democracia directa en manos de los trabajadores. Por otra parte, esta postura no les acercaba al anarquismo, el cual también criticaban por su falta de perspectiva organizativa y su carácter de clase pequeño-burgués, pero sí a ciertas organizaciones de carácter anarcosindicalista, como las experimentadas en la España de los años 30 o en la Hungría de los 50.

Por último, es interesante apreciar, como ha señalado Noel Ignatiev, que una de las cuestiones más novedosas en la noción de capitalismo de Estado de la tendencia Johnson-Forest, fue que no la aplicaban exclusivamente al análisis de la URSS o los Estados comunistas, sino a los partidos comunistas de todos los países (Ignatiev, 2010: 9). James y sus compañeras consideraban que el capitalismo de Estado era una tendencia histórica presente incluso en países donde los partidos proletarios no habían tomado el Estado, como en Estados Unidos. En muchos países, los partidos comunistas estaban tomando las mismas formas burocratistas y autoritarias del estalinismo en su organización interna y tenían los mismos objetivos organizativos; eran el germen de un capitalismo de Estado. Por ello, criticaron a los trotskistas cuando éstos denominaban a los partidos comunistas de otros países como “herramientas del Kremlin”. James consideraba que esta apreciación era errónea, pues dichos partidos no eran meros seguidores o marionetas de Stalin, sino el resultado de una fase histórica del movimiento proletario que empujaba hacia un centralismo estatista de carácter global y capitalista (Robinson, 1995: 249). En este sentido, pese a que la tendencia fomentaba y suscribía en gran medida la tesis internacionalista de los trotskistas, apoyaba la lucha proletaria autónoma de cada país y la superación dialéctica de sus partidos comunistas nacionales, mediante estrategias aplicadas a los diferentes contextos y formas de cada Estado.

La cuestión negra

So, although the Johnson-Forest Tendency was originally organized around de Russian question -we took the position that Russia was a state-capitalist- the focus of our struggles soon shifted to what in these days were called “The Negro Question” and the “American Question”. (Lee, 1995: 165-166)

Pese a haber pasado a la historia por teorizar el capitalismo de Estado en la URSS, la tendencia Johnson-Forest se dedicaba, sobre todo, a pensar e impulsar los movimientos revolucionarios de su propia tierra en los Estados Unidos. La potencia que allí existía contaba con numerosas facetas, expresadas en gran medida en los llamados “movimientos por los derechos sociales” donde se encontraban las luchas obreras, de las mujeres, de los jóvenes o de la población negra. La tendencia consideraba que estos movimientos tenían la fuerza revolucionaria viva que hacía añicos los debates eternos de los pensadores marxistas, enfrascados en sus pequeños círculos. James escribió artículos e ideas para todos estos movimientos, con un énfasis en el potencial de emancipación de la población negra.

• La vida privada de Peter Vinograd,  1934 | Anatoly Belsky

El conocido en la época como “problema negro” o “cuestión negra” no era algo nuevo para James. Desde su etapa en Inglaterra había estado profundamente implicado en las luchas antirracistas y anticoloniales, en especial las africanas. También había escrito sobre su oposición a la participación de la población negra en las guerras mundiales, como forma de luchar contra el imperialismo. De hecho, el motivo principal de su llegada a Estados Unidos en 1938 era que lo habían enviado a trabajar como asesor en temáticas raciales del Partido Socialista de los Trabajadores de Estados Unidos (Bogues, 1997: 76). James consideraba al racismo como un producto del capitalismo, heredero del sistema esclavista que se debía exterminar. Para ello era necesaria una lucha concreta contra el problema, pero articulada a las luchas socialistas proletarias del mundo.

• El invicto,  película de Arnold Kordium, 1928 | Hermanos Stenberg

Como muchos militantes negros de su tiempo, James era consciente de que la situación de los obreros negros era quizás la de mayor nivel de explotación, expoliación y tortura de todos los trabajadores del mundo. Por esta razón, además de luchar por el socialismo y la revolución, era pertinente una lucha paralela de reivindicación de los derechos sociales para equiparar las condiciones del proletariado negro a las del proletariado blanco, luchar además contra el racismo inserto dentro de las propias organizaciones obreras. El caso concreto de Estados Unidos en esta temática fascinaba a James, ya que, pese a tratarse de uno de los países más ‘avanzados’, su población negra se encontraba en las peores condiciones de vida del mundo. Esta situación permitía una potencia revolucionaria inédita en el país que mantenía el liderazgo del sistema capitalista, y resultaba interesante pensar en cómo potenciar su movimiento. Para ello, consideraba necesario sumergirse en la historia del “problema negro” de Estados Unidos para rastrear sus raíces, lo que le llevó al estudio de la obra fundamental del pensador afroamericano W.E.B. Du Bois, Black Reconstruction in America (1935), donde se mostraban los orígenes del racismo contemporáneo en Estados Unidos desde los tiempos de la Guerra de Secesión Americana (1861-1865).

La tesis principal de la obra de Du Bois exponía que, en la etapa de Reconstrucción del sur derrotado, se había creado un sistema de racismo institucional, heredero de la esclavitud, que había dividido permanentemente a la clase obrera en líneas raciales. Esta idea fascinó a James porque le recordó el ejercicio que él mismo había realizado en su obra los Jacobinos Negros (1938) en relación con la Revolución haitiana y la Revolución francesa. Ambos trabajos buscaban borrar el racismo de los análisis sobre los grandes acontecimientos históricos de la historia de Occidente, al introducir la perspectiva de grandes grupos de población ignorados y expulsados de la historia. James meditó toda su vida sobre este racismo académico, histórico y teórico, contra el que trataba de luchar en sus trabajos. Para él, sin embargo, la cuestión no radicaba en la construcción de “estudios negros” que se dedicaran al estudio de la historia y la sociedad de los negros —como efectivamente habían hecho los blancos consigo mismos—, sino de compensar la situación y formular una visión más completa de los acontecimientos y las tendencias sociales. Los siguientes extractos pertenecen a entrevistas que estudiantes de los incipientes “Black Studies” de Estados Unidos en los años sesenta le hicieron a James, y donde se puede apreciar claramente su enfoque sobre esta cuestión:

Black scholar: What are some of the key books you would recommend to black studies students? C.L.R.: We have to go back to Du Bois again. When I give classes on history I use certain books, and I always use Du Bois’ Black Reconstruction. Not because it deals with black history or because he is a black man, but because that is one of the finest history books ever written by any body. To this day, I don’t know any book which deals with the history of the Civil War in the way that Du Bois’ book does. That is black studies. Otherwise, black studies is a lot of nonsense. (James, 1970: 37)

I do not believe that there is any such thing as Black Studies. There are studies in which black people and black history, so long neglected, can now get some of the attention that they deserve […] I do not know, as a Marxist, black studies as such. I only know the struggle of people against tyranny and oppression in a certain social and political setting, and, particularly, during the last two hundred years, it’s impossible to me to separate black studies from white studies in any theoretical point of view. Nevertheless, there are certain things about black studies that need to be studied today. They have been ignored; we are beginning to see a certain concern about them. I believe also that certain of this studies are best done by black people, not by professors as such, but by the same people who are engaged in the struggle in which those people were engaged then. (James, 1984b: 186, 201)

En cuanto a la opinión de James sobre la situación de explotación y dominación de la población negra en Estados Unidos y su potencia revolucionaria, existen dos documentos clave: sus conversaciones con Trotsky de 1939 y su espléndido artículo “The Revolutionary Answer to the Negro Problem in the US”, publicado en 1948 en la revista de la Cuarta Internacional. El primer documento consiste en la transcripción de la visita que hizo la comitiva del Partido Socialista de los Trabajadores de Estados Unidos en abril de 1939 a Trotsky en su casa de Coyoacán, en la Ciudad de México, donde se encontraba como exiliado político. Dicha comitiva estaba liderada por James, quien ya firmaba con su pseudónimo Johnson y llevaba apenas cinco meses en Estados Unidos. El documento se divide en dos grandes partes: la primera dedicada a la cuestión negra en Estados Unidos y la segunda a la discusión de los problemas y perspectivas de la Cuarta Internacional en el panorama mundial. La primera parte incluye un debate sobre la autodeterminación de los movimientos negros. La discusión expone el debate entre James, Trotsky y Charles Curtiss, cada uno con una posición diferente. James apoyaba la autodeterminación en relación con la acción política autónoma de los movimientos negros, pero no estaba de acuerdo con la reivindicación de la autodeterminación territorial y la petición de un estado negro propio dentro de los Estados Unidos, como proponían algunos líderes negros relacionados con el “National Movement for the Establishment of the 49th State”:

• El Lápiz,  1928 | Hermanos Stenberg

No one denies the Negroes right to self-determination. It is a question of whether we should advocate it. In Africa and en the West Indies we advocate self-determination because a large majority of the people want it. In Africa the great masses of the people look upon self-determination as a restoration of their independence. In the West Indies, where we have a population similar in origin to the Negroes in America, there has been developing a national sentiment. The Negroes are majority […] In America the situation is different. The Negro desperately wants to be an American citizen […] In Poland and Catalonia is a tradition of language, literature and history to add to the economic and political oppression and to help weld the population in its progressive demand for self-determination. In America it is not so. (James; Trotsky y Curtiss, 1984: 33)

Por el contrario, Trotsky defendía el apoyo a la iniciativa de la autodeterminación territorial, con el argumento de que podría significar un paso hacia la construcción del socialismo (James; Trotsky; Curtiss, 1984: 37). Charles Curtiss, por su parte, se ciñó a argumentos económicos marxistas ortodoxos que presentaban cualquier iniciativa de autodeterminación territorial como reaccionaria (James; Trotsky; Curtiss, 1984: 39). La postura de Trotsky obligó a James a reforzar su postura, para lo que esgrimió argumentos históricos, culturales y lingüísticos, que demostraban que la mayoría de negros de Estados Unidos no querían en realidad un país propio, sino ser ciudadanos americanos de plenos derechos. James consideraba esta postura como heredera de las ideas de Marcus Garvey, quien había postulado una “vuelta a África”. Estas ideas nacionalistas negras, bajo el punto de vista de James, eran apoyadas por la población afroamericana por una cuestión sentimental y pragmática más que por un apoyo real y literal a los argumentos. Consideraba que si los líderes ponían énfasis en subir la autoestima del papel en la historia de la cultura y la población negra conseguirían su apoyo y confianza (James; Trotsky; Curtiss, 1984: 34). Sin embargo, pensaba que la mayoría de la población negra de Estados Unidos no deseaba una autodeterminación territorial, ya que no existían indicios de una cultura, historia y literatura de carácter nacional, como era el caso de Polonia, Cataluña o las Antillas inglesas, dado que los afroamericanos no eran una nación sino una parte excluida de la nación americana (Richards, 1995: 321).

James defendía un programa de acción política autónoma del movimiento negro, que pusiera énfasis en equiparar sus derechos a los de la población blanca mientras luchaba por reubicar la memoria de las luchas negras como parte de las luchas revolucionarias americanas. La acción política autónoma, según James, podría poner a la población negra a la altura social de la población blanca, y quebrar las diferencias entre el proletariado negro y el blanco para conseguir una acción conjunta efectiva y revolucionaria. El argumento estaba sustentado en numerosos ejemplos históricos de Estados Unidos y el mundo donde negros y blancos habían luchado juntos en la consecución de diversos hitos revolucionarios (James; Trotsky; Curtiss, 1984: 43). Sin embargo, la argumentación no consiguió convencer a Trotsky, quien seguía viendo con buenos ojos apoyar la iniciativa separatista negra como un paso revolucionario hacia el socialismo mundial; tampoco convenció a la mayoría de líderes de movimientos negros, quienes apoyaban la idea de que la población negra en Estados Unidos era como una “colonia interna” al modo de Cataluña en España, lo cual funcionaba bien políticamente en un contexto más general de alianzas con las luchas antiimperialistas de África y las Antillas. James debatió esta cuestión extensamente en los años sesenta y setenta en numerosas ocasiones con líderes de los movimientos Black Power como Stokely Carmichael o Huey P. Newton, sin llegar a modificar su posición.

• Industria de la impresión,  1928 | Elbrus Gutnov

El segundo gran documento de James sobre la cuestión negra en Estados Unidos, “The Revolutionary Answer to the Negro Problem in the US” (1948), es una síntesis extraordinaria sobre el significado de los movimientos negros y su potencia emancipadora. James se afianzó en su postura sobre la importancia de este movimiento para el impulso de la revolución social en Estados Unidos y sobre la necesidad de su independencia política. Además, a partir de los análisis de Lenin y Trotsky, reflexionó sobre el problema del liderazgo revolucionario (James, 1948: 247). También analizó cuestiones que hasta el momento no habían sido muy desarrolladas, como el papel de las mujeres negras dentro del movimiento (James, 1948: 249). El documento expone la persistencia del prejuicio racial en las organizaciones proletarias, que entorpece la posibilidad de la transformación revolucionaria de la sociedad, y la cercanía casi natural de los movimientos negros a los postulados de las luchas proletarias socialistas y las ideas marxistas:

We say, number 1, that the Negro struggle, the independent Negro struggle, has a vitality and a validity of its own; that it has deep historic roots in the past of America and in present struggles; it has an organic political perspective, along which it is traveling, to one degree or another, and everything shows that at the present time it is traveling with great speed and vigor. We say, number 2, that this independent Negro movement is able to intervene with terrific force upon the general social and political life of the nation, despite the fact that it is waged under the banner of democratic rights, and is not led necessarily either by the organized labor movement or the Marxist party. We say, number 3, and this is the most important, that it is able to exercise a powerful influence upon the revolutionary proletariat, that it has got a greal contribution to make to the development of the proletariat in the United States, and that it is in itself a constituent part of the struggle for socialism. (James, 1948: 243).

• Se tratan todos los temas relacionados con la construcción industrial, la economía y la política , 1930 | Fedor Slutsky

Autores como Anthony Bogues han interpretado el acercamiento de James a la cuestión negra en Estados Unidos en esos años como antecedente de uno de los lemas de la “tradición radical negra”, también llamada “marxismo negro”, sobre la afirmación “Race is Class”. El análisis de James escapa a la que para muchos es una falsa dicotomía teórica entre la raza y la clase, con énfasis en que la autodeterminación y la potencia revolucionaria del movimiento negro atajan y enfrentan ambas cuestiones en simultáneo. Terminaremos con su espléndida síntesis:

Race and class, therefore, in the traditional paradigm of ‘left’ political theory, are seen as discrete and conflicting notions. In James’s analysis the issue is not about which is primary or secondary, but rather that the self-activity of blacks brings them into conflict with the bourgeois state and that the dynamic of this logic is the struggle for socialism. In other words, the issue is one of moments in historical process. Race and class could not be separated into discrete, contradictory realities; they were an integral part of the experiences of the African-American population (Bogues, 1997: 95).

Conclusiones

C.L.R. James fue uno de los pensadores más importantes del Caribe en el siglo XX, ampliamente conocido por su obra Los Jacobinos Negros (1938), en donde realizó una revisión de la revolución haitiana que tomaba en cuenta el punto de vista de los esclavos. Allí presentó un trabajo pionero de “historia desde abajo” y del lugar de la cultura popular en las revoluciones sociales. Además, es considerado uno de los pioneros de los marxismos negros (Robinson, 2000: 241), que reactualizaron los horizontes y análisis marxistas desde la experiencia histórico-social de la población negra en el capitalismo. En este artículo hemos analizado la producción teórica durante su estancia en Estados Unidos (1938-1953), marcada por su liderazgo de la tendencia Johnson-Forest. En esta etapa, aunque menos conocida, James puso el énfasis en el estudio a profundidad de las bases filosóficas del marxismo para dotar de mayor solidez a sus críticas, apuestas y análisis sociales y políticos de su tiempo. También desarrolló aproximaciones marxistas originales a la teoría del capitalismo de Estado y a las condiciones de vida y las posibilidades emancipadoras de la población negra en Estados Unidos.

Sobre el primer tema, el autor sostuvo la tesis de que la URSS hacía uso de un capitalismo de Estado, y advirtió que esa podía ser una fase de desarrollo contemporánea del capitalismo a la que tendieran otros países. Sobre el segundo tema, defendió —contra la mayoría de los autores marxistas— una agenda política reivindicativa propia y autónoma para el proletariado negro de Estados Unidos, de acuerdo con las condiciones específicas de su explotación, atravesadas por un intenso racismo socio-estructural que el proletariado blanco no sufría. Además, James escribió sobre diversas causas como las luchas de las mujeres contra el patriarcado y las organizaciones juveniles, o las movilizaciones anticoloniales que recorrían el mundo en su época. En todas sus reivindicaciones aparecía la idea de autodeterminación de las masas como un elemento clave, presente en todas las revoluciones a lo largo de la historia. Frente a los marxismos ortodoxos defensores de fórmulas vanguardistas y estatistas, el marxismo independiente de James siempre apostó por la autoorganización proletaria y la profunda confianza en que, siguiendo a Lenin, “todo cocinero puede gobernar”.

• El genio Siska,  Un yankee en Petrogrado Vol. 8" "por Marietta Saginya, 1924 | Alexander Rodchenko
• Yankee vete a casa,  Un yankee en Petrogrado Vol. 9 por Marietta Saginya, 1924 | Alexander Rodchenk

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• 5 minutos,  1928 | Anatoly Belsky