Marx: la naturaleza y la mercancía

Marx: a natureza y a mercadoria

Marx: nature and merchandise

DOI: 10.30578/nomadas.n48a14

 

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Taeli Gómez Francisco*

Resumen

Las obras de los clásicos Marx y Engels hicieron un énfasis histórico en la dimensión social como problemática intersubjetiva. Este artículo busca demostrar que la razón principal de este aparente problema es que el antagonismo sociedad-naturaleza no era una realidad acumulada al momento de su publicación. Hoy, en cambio, es imperativa una lectura integral desde la lógica de una totalidad ideal marxista, en especial desde el concepto de mercancía. El texto proyecta al marxismo, sin revisiones, para auto-constatarlo como filosofía de la práctica que incorpora lo humano y lo no humano.

Palabras clave: Marx, Engels, naturaleza, mercancía, totalidad ideal, humano-no humano.

Resumo

Os trabalhos dos clássicos Marx e Engels deram uma ênfase histórica à dimensão social como problemática intersubjetiva. Esse artigo procura demonstrar que a principal razão para esse aparente problema é que o antagonismo sociedade-natureza não era uma realidade acumulada no momento de sua publicação. Hoje, porém, uma leitura integral é imperativa da lógica de uma totalidade marxista ideal, especialmente do conceito de mercadoria. O texto projeta o marxismo, sem revisões, para se autoconfirmar como uma filosofia da prática que incorpora o humano e o não-humano.

Palavras-chave: Marx, Engels, natureza, mercadoria, totalidade ideal, humano-não-humano.

Abstract

The works of the classic authors Marx and Engels made a historical emphasis on the social dimension as an intersubjective problematic. This text aims to demonstrate that the main reason for this evident issue is that the society-nature antagonism was not a fully realized reality when it was originally published. At the present however, a holistic interpretation is imperative from the logic of an ideal Marxist totality, particularly from the concept of merchandise. The article projects Marxism, without prior revisions, to validate itself as a philosophy of practice that incorporates what is human and what is not.

Key words: Marx, Engels, nature, merchandise, ideal totality, human-non-human.

*Académica de las Cátedras de Filosofía del Derecho y Ética, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad de Atacama (Chile). Doctora en Ciencias Filosóficas de la Universidad de La Habana (Cuba), abogada. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

La riqueza de las sociedades en que impera el régimen capitalista de producción se nos aparece como un «inmenso arsenal de mercancías» y la mercancía como su forma elemental. Por eso, nuestra investigación arranca del análisis de la mercancía.
Karl Marx,
El capital

Introducción

En el contexto de los 150 años de la publicación de El capital, surgen distintas proyecciones y valoraciones. Los diversos aportes a la epistemología, la filosofía y la economía, entre otras disciplinas, han enriquecido sus debates. Sin embargo, en lo que respecta a la contradicción sociedad-naturaleza no ha habido una profundización como lo amerita la práctica actual. Esto sin desmerecer los valiosos aportes de autores clásicos como Enzensberger (1974), quien advertía sobre la “falsa conciencia” del movimiento ambiental, o las reflexiones sobre la naturaleza de Schmidt (1977) y Foster (2000).

Sin necesidad de proponer un estado del arte sobre la relación entre marxismo y medioambiente, aquí se intenta abrir la reflexión teórica de una práctica que sus creadores no vivieron, además de reconstruir la estructura de la totalidad ideal marxista y considerar las nuevas relaciones materiales inclusivas de lo no-humano y sus reflejos dialécticos creativos, como la conciencia social y sus formas. Las crisis sociales han incorporado una dimensión ecológica que desafía al marxismo como filosofía de la práctica. Este ha abordado principalmente la dimensión social como problemática intersubjetiva —lo que bien sintetiza la mercancía como relación social—; y que hoy desde una macro contradicción histórica condicionante, en una fase de contradicciones acumuladas a nivel global, resulta insuficiente como marco explicativo de la complejidad del capital.

Este artículo aborda la relación de la naturaleza humana con la no humana, desde una perspectiva práctica, para complementar algunas categorías marxistas, sin necesidad de convertirse en una revisión ni en un cambio que reconozca omisiones temáticas como la ambiental. Por el contrario, busca dar una proyección que lo reafirme como unidad práctica y revolucionaria.

Uno de los aspectos por tratar es cómo se puede concebir la crisis ecosocial al interior de la totalidad ideal marxista, sin supeditarla al ámbito de la superestructura y la conciencia social. En otros términos, la problemática del mundo actual puede ser abordada materialmente por el marxismo, a partir de mecanismos para su solución.

El argumento propuesto contempla incorporar al estudio de la mercancía lo que hemos denominado“valor ecosocial”, para resaltar la materialidad del valor de uso como natural, pues su particularidad está en la apropiación privada de la interrelación ecosocial. Así mismo, se plantea una lógica de plus ecosocial y nuevas consideraciones del fetichismo de la mercancía. La dialéctica materialista permite demostrar el movimiento histórico de la relación social que representa la mercancía, en un nuevo contexto que objetiva la relación humana-no humana.

La relación sociedad-naturaleza y la totalidad ideal marxista

El complejo contexto actual comprende múltiples problemáticas sociales y crisis ecológicas, lo que permite decir que el ser social —entendido como las relaciones sociales dialécticamente determinadas por las relaciones sociales de producción (Marx, y Engels, 1972)—, tiene propiedades con un grado de acumulación que exige la inclusión de la relación sociedad-naturaleza en el estudio de lo social. Desde una perspectiva de crisis, esto se traduce en una crisis ecosocial que integra la dimensión humano-no humano.

Las lecturas que se realizan de Marx o Engels con enfoque ambiental son a veces reduccionistas. Por ejemplo, Gale resalta que la riqueza está en la expansión de bienes útiles (1999: 205), y se cuestiona que no otorga relevancia al problema ambiental y desatiende el valor de la naturaleza en la generación de valor (Immler y Schmied-Kowarzik, 1984; Bunker, 1985; Deléage, 1989, citados en Altvater, 2007: 346). En esa línea, también hay críticas a la noción de dirección lineal del desarrollo de las fuerzas productivas (Benton, 1999: 189), así como a la perspectiva prometeica de la producción (Gómez, 2012).

Lo cierto es que Marx no incluye la conciencia ecológica entre los metarreflejos de las relaciones sociales, pues no podía anticipar problemas que no habían alcanzado madurez en su época (Fung, 2000). Dicha cuestión obliga a realizar una lectura del marxismo como actividad práctica y no solo como acto cognitivo. En esa línea, se plantea una proyección creativa desde el ámbito de la relación social contradictoria denominada capital, y se advierte que su superación solo es posible si se considera la relación socionatural condicionante que incorpora lo humano-no humano como parte de su conexión con la realidad actual. Es decir, la relación sociedad-naturaleza debe ser incorporada al marxismo desde el estudio de su base material, sin reducirla a su soporte —la tierra, el campo, lo agrícola—, al tomarla como el conjunto de las relaciones sociales que se auto producen. Por consiguiente, actualizar la relación sociedad-naturaleza implica resignificar la totalidad ideal.

Totalidad ideal marxista

La posición de Marx y Engels ofrece una manera de concebir la realidad desde ciertas tramas categoriales que representan determinaciones materiales; de ahí la denominación de materialismo dialéctico. En ese sentido, uno de sus aportes es la perspectiva totalizante, una lógica de conexiones y dependencias que implican una totalidad ideal desde la cual se puede comprender el proceso histórico. Vale decir, una totalidad ideal marxista representa un conjunto de fundamentos significativos y concatenados de categorías, ordenadas bajo determinaciones materiales. Marx, la sintetiza desde los siguientes elementos y niveles:

En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad (…) El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia (Marx, 1955a: 373)

En primer término, este análisis atiende a la base real, al conjunto de las relaciones sociales de producción, al modo de producción. Otro momento del análisis se refiere a la relación con la superestructura jurídica y política, y a la conciencia social1. Ahora bien, el sentido propuesto de totalidad ideal marxista pretende abarcar el desarrollo concreto de los períodos históricos. En esa línea, una de las principales categorías corresponde a la formación económico-social, la cual representa la totalidad del ideal marxista, no como abstracción, sino a partir del reconocimiento de sus características (Lenin, 1963). Entonces, el énfasis de la propuesta de Marx y Engels está principalmente en la problemática intersubjetiva, lo que era coherente con su lectura de la vida del siglo XIX. Engels, por ejemplo, hace mención a la dinámica sociedad-naturaleza aludiendo a las condiciones de la clase obrera en Inglaterra (Engels, 1974).

En definitiva, en el contexto actual, replantear las bases para una nueva perspectiva de totalidad ideal marxista, exige concebir a la relación sociedad-naturaleza como unidad mínima de análisis. Para lograrlo hay que hacer énfasis no solo en atender a la problemática ambiental desde la conciencia social2 sino desde la base material, desde la conformación misma de la mercancía.

La relación naturaleza humana-no humana y su incorporación a la totalidad ideal marxista

El capitalismo cambió radicalmente la forma del trabajo y por ende la forma de concebir la relación sociedad-naturaleza. En esta etapa, el hombre pasó de una relación necesaria de colaboración en el proceso productivo con la naturaleza, por la insuficiencia de las fuerzas productivas, a vincularse directamente con la máquina-herramienta. Este divorcio negó la unidad hombre-naturaleza, lo que implicó también su negación, de manera que las fuerzas productivas se convirtieron en fuerzas destructivas. El hombre deja de ser la herramienta de acción directa sobre el objeto de trabajo y se limita a actuar como fuerza motriz sobre una máquina-herramienta, y es sustituido por el aire, el agua, el vapor, etc. (Marx, 1973: 328). Cuando la forma del trabajo ha estado vinculada a la tierra, el hombre actúa directamente sobre el objeto de trabajo, por su relación inmediata con la naturaleza. La energía muscular desplegada sobre la herramienta y el objeto del trabajo actúan como complemento3. De esa manera, la producción está destinada al consumo y lo que se extrae, por lo general, se retribuye en forma material o simbólica.

Con la nueva relación social, el trabajo útil deja de ser determinante y, por el contrario, la mercancía materializa el trabajo abstracto. El valor de uso ya no es el fin directo del productor, sino la obtención de equivalente general abstracto. El intercambio orgánico entre la sociedad y la naturaleza, bajo la forma de mercancía, deja de ser una relación productiva inmediata como materia útil de sus valores de uso. Así, se produce una reducción hacia un trabajo abstracto, en el que la mercancía representa un valor de intercambio como “materialización” del trabajo abstracto humano, ya no en su determinación natural subjetiva y objetiva (Schmidt, 1977: 100).

Si en los anteriores modos de producción el hombre estaba subordinado a la naturaleza, en el capitalismo lo está en relación con un producto del trabajo; si el intercambio se daba entre los hombres y la naturaleza, ahora se produce entre los hombres (Marx y Engels, 1972). Esta nueva forma del trabajo aleja cada vez más al hombre de la naturaleza, e incluso se crea una relación antagónica. De hecho, la conciencia social representa este antagonismo al modo de la realidad cartesiana, donde el conocimiento científico propició un ideal de dominación del hombre frente a la naturaleza; de ahí la relación epistemológica sujeto-objeto. Marx explica lo anterior de la siguiente manera: “(…) al definir los animales como simples máquinas, Descartes ve las cosas con los ojos del período manufacturero, a diferencia de la Edad Media, en que las bestias eran consideradas como auxiliares del hombre” (Marx, 1973: 342).

Si bien las nuevas formas del trabajo han producido un distanciamiento práctico del hombre y la tierra, entre el humano y no humano —al igual que sus representaciones dualistas hombre-naturaleza, o sujeto-objeto—, la totalidad ideal marxista tiene la capacidad de integrar la relación mutua sociedad-naturaleza a la base material, particularmente a la mercancía como un momento sintético explicativo del capitalismo.

La relación naturaleza humana-no humana y la mercancía

El carácter histórico de acumulación, a partir de la crisis de la relación sociedad-naturaleza representa un estadio del conjunto de las relaciones sociales de negación del mundo y de la posibilidad de inexistencia. No es una crisis externa a la práctica, sino inmanente al capitalismo. La intención aquí no está en identificar un perjuicio o externalidad provocada por el capitalismo, sino en demostrar que es consustancial a él, que lo porta como germen en su materialidad. De acuerdo con esto, se hace necesario indagar más sobre la relación naturaleza humana-no humana, no como axioma filosófico del capital, sino como parte constitutiva de él. Al respecto, Marx fortalece su hipótesis sobre el materialismo dialéctico y le da solidez teórica y práctica, al plantearse como tarea analizar los elementos constitutivos de producción, circulación y funcionamiento del capital a través del estudio de la mercancía (Gemkow, 1990: 150). De ahí la necesidad de continuar con la lógica metodológica de análisis.

Mercancía: valor de uso y valor ecosocial

Desde las primeras páginas de El capital, la mercancía se entiende como la unidad mínima de análisis que contiene y sintetiza la relación social del capital, pues explica las relaciones de explotación. En última instancia, la mercancía representa una categoría económica del modo capitalista de producción, como la totalidad presente en la parte; de ahí la importancia de su comprensión. Al respecto, Luckacs (1970: 110) señala que la mercancía no es sólo un problema particular, ni aún el problema central de la economía como ciencia particular, sino que representa el problema estructural de la sociedad capitalista en todas sus manifestaciones vitales. La pregunta que surge es: ¿cómo se complejiza la mercancía si se le incorpora la relación humano-no humano como una contradicción que hoy deviene en una crisis ecosocial?

En ese sentido, resulta necesario abordar algunos aspectos del valor de uso, que permiten profundizar la exploración a la luz del argumento central de este trabajo. En el capítulo I de El capital se analizan los dos factores de la mercancía: valor de uso y valor (sustancia y magnitud del valor). Su cualidad está en la materialidad misma de la mercancía (el hierro, el trigo, el diamante, etc.), y este carácter no depende de la apropiación de sus cualidades útiles, de la cantidad de trabajo invertido, pues forman el contenido material de la riqueza, cualquiera que sea su forma social (Marx, 1973: 4). Lo interesante de la idea sobre el valor de uso es su carácter distintivo de cualidad; en términos de identidad, representa una cualidad propia que podría satisfacer distintas necesidades. El trabajo que encierra el valor de uso se denomina trabajo útil, y es concreto, especial y único. El valor de uso adquiere cuerpo en el consumo de los objetos, por lo que adquiere sentido como soporte material del valor de cambio.

Ahora bien, en cuanto a la actividad productiva del capital, el trabajo útil deja de ser determinante y, contrariamente, la mercancía materializa el trabajo abstracto. El objetivo del productor ya no es el valor de uso, sino la obtención de un equivalente general abstracto. El capitalismo no está centrado en lo que se produce, en tanto objeto útil destinado a satisfacer necesidades, sino en la producción de la unidad mínima elemental sintética denominada mercancía. Para el capitalista, su mercancía no tiene valor de uso inmediato, sino como encarnación del valor de cambio. Es decir, las mercancías no representan valores de uso para su poseedor, sino para los no poseedores (Marx, 1973: 52). Hasta ahí El capital ha dado cuenta de la intersubjetividad como contexto de la esencia humana, de una dimensión del movimiento social y de la contradicción trabajo. Ahora, al alero de una crisis ecosocial como cualidad contradictoria del ser social, se abre paso a una noción de valor ecosocial. Según esta, una mercancía tiene valor de uso y un valor distinto, como parte de otro momento analítico.

Valor ecosocial

Si bien está claro que el valor de uso representa lo útil de la mercancía (en tanto bien que satisface necesidades), hoy, dada la crisis ecosocial, se requiere seguir encontrando significados en la mercancía. No es suficiente hablar del sustrato corpóreo de la mercancía como valor de uso sin más; se requiere elaborar una noción que visibilice, en su composición, los fundamentos de su relación con la crisis ecosocial. En ese sentido, al tomar la forma de un producto destinado al consumo humano, la extracción de materias primas afecta a las dinámicas relacionales de los ecosistemas en la que ocurre; y, en el contexto de producción de mercancías, arriesga los ecosistemas humanos. Este momento no ha sido contemplado conceptualmente en el valor de uso, por lo que se requiere una noción autónoma desde una crisis ecosocial. A ello le denominamos valor ecosocial.

El valor de uso ha atendido el significado de la corporalidad que porta. Sin embargo, no se ha contemplado suficientemente a su contrario; es decir, a lo que deja de ser. Por ejemplo, un cuaderno de apuntes sirve para escribir y como materia prima cuenta con la celulosa y el árbol. Pero también porta a su contrario —el árbol muerto—, un ecosistema destruido en sus relaciones. En última instancia, una mercancía lleva implícita una destrucción de la biodiversidad biológica y una pérdida de material genético único e irremplazable, pues cada animal ocupa un nicho ecológico, y hasta un cambio pequeño altera la cadena alimenticia (Chebez, 1999).

En ese sentido, el valor ecosocial involucra a la vez una corporalidad-mercancía y una pérdida de vitalidad, un humano-no humano que “deja de ser”, como dialéctica de la naturaleza. La relación deja de auto-producirse como vida, y pasa a constituirse en una cosa. El valor ecosocial representa esa contradicción: en última instancia, la catástrofe, su reducción o daño está en la propia mercancía y no en su externalidad.

Con el aporte de la consideración del valor ecosocial, la mercancía aparece como una unidad de análisis con una mayor profundidad histórica. Gracias a éste, las crisis ecosociales se pueden dejar de considerar como una consecuencia del capitalismo o como una marginalidad del mismo. No existe entonces un capitalismo bueno o malo con la naturaleza, la destrucción está presente en el momento mismo de su surgimiento. Todo aquello que se mata y se disminuye está, en última instancia, explicado desde el valor ecosocial que tiene la mercancía. Marx se anticipa de alguna manera a esto en los Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844, donde plantea que, mientras más se apropia del mundo exterior, el obrero más se priva a sí mismo de los “medios de vida” en un doble aspecto: primero, porque el mundo sensorial externo deja de ser un objeto que pertenece a su trabajo; y segundo, porque deja de ser paulatinamente medio de vida en el sentido inmediato, para la subsistencia física del obrero (Marx, 1965: 73).

Ahora bien, el valor ecosocial implica una apropiación privada de la interrelación ecosocial; el capitalista no sólo se apropia de la fuerza de trabajo, sino también —siguiendo el ejemplo anterior—, del árbol-celulosa que contiene la hoja de papel, pero además de la muerte de ecosistemas y, en definitiva, del “árbol-no árbol”, ser-no ser. La contradicción que porta la mercancía importa para el productor pues sirve para obtener ganancia.

El hombre como mínimo ecosocial concreto

Dada la configuración del principio de identidad, ha existido una forma de pensamiento occidental heredera de la tradición parmeniano-aristotélica, proyectada hasta Leibniz con su clásica mónada, que excluye al no ser del pensamiento lógico. Ésta línea ha destituido el pensamiento inclusivo de la contradicción que, por el contrario, ha venido a rescatarse desde Heráclito, pasando por Hegel y llegando a Marx y Engels. Sobre esta base de pensamiento, al portar tanto ser como no ser en su significado, la mercancía aumenta la crisis ecosocial, pues la necesidad individual de ganancia cobra vigencia. Frente a ello se requiere una noción que objetive la relación humano-no humano y que se configure como un límite social a necesidades.

Al respecto, Marx expone, en las Tesis sobre Feuerbach, un cuestionamiento a la mirada individualizadora, al señalar que la esencia humana no reside en la individualidad, pues esta “no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales” (Marx, 1955b: 427), lo que invita a prever que, bajo un modo de producción capitalista, el género humano está en riesgo. Desde la perspectiva de la parte, es decir, de cómo se concreta esta esencia humana en cada sujeto, se propone el término de mínimo ecosocial concreto. Mínimo, para señalar que el todo está en la parte —de manera hologramática, parafraseando a Morin 2002—; ecosocial, para incluir al humano y no humano; y concreto, para reconocer una particularidad histórica diferenciada. Esta expresión permite comprender el significado de las necesidades humanas, pues se debe atender al humano con un mayor grado de complejidad.

Plus-ecosocial

Como se ha señalado, el valor ecosocial es una noción que da cuenta de la relación contradictoria de la mercancía, pues hay en ella una corporalidad y una trama viva que deja de ser en última instancia su negación. Por ejemplo, cada vez que se tala un árbol para hacer una casa, se afecta parte de un ecosistema. La pregunta es: ¿por qué puede ser tan apocalíptico cuando se trata de la producción de la mercancía? Para explicar esto es necesario constatar que todas las mercancías pueden dar cuenta de un valor ecosocial como tramas de vidas que dejan de ser por convertirse en objeto. Es por eso que la mercancía tiene valor ecosocial, en tanto tiene corporalidad. El problema se presenta cuando hay un excedente de interrelación viva incorporado a la mercancía que dejará de reproducirse como vida, lo que podría denominarse un plus-ecosocial. Para cuantificar esta noción habría que considerar de manera exponencial el excedente relacional de vida que deja de ser.

El punto crucial está dado por la dialéctica de la relación sociedad-naturaleza pues, cuando se habla de valor ecosocial —y, por tanto, de plus-ecosocial—, se pierde la trama de la vida humano-no humano. Por lo tanto, la explotación capitalista se torna más compleja, ya que no sólo contiene tiempo no remunerado como su base de ganancia, sino al hombre mismo como cuerpo-naturaleza. Mientras más produce el obrero es más pobre, y más se pierde en el proceso, y con él la totalidad viva; “mientras más tiene, menos es” (Gómez, 2007a: 141). Hay entonces un trabajo humano que produce bienes para vivir, para comer y consumir, pero cuando esto ocurre en el contexto de la mercancía, o sea, el de producir para otros que persiguen el equivalente general, surge un individuo que siempre quiere más para sí, desdeñando el hecho de que la universalización de la producción de las mercancías, en cuanto relación social, conlleva a la autodestrucción del humano como especie. Finalmente, hay un plus que el hombre produce para otro, pero ya no sólo como producto, sino como humano-no humano en peligro de extinción.

Fetichismo ecosocial

Marx se refiere en El capital al fetichismo de la mercancía con una analogía al fetichismo religioso, pues en ambos casos los productos de la mente humana aparecen dotados de una existencia independiente, con vida propia, “a esto es lo que yo llamo el fetichismo bajo el que se presentan los productos del trabajo tan pronto como se crean en forma de mercancías y que es inseparable, por consiguiente, de este modo de producción” (Marx, 1973: 40). La forma fantasmagórica que reviste la circulación de la mercancía, según Marx, se explica como una relación entre objetos materiales, y es en realidad, una relación social concreta entre los mismos hombres. Al circular las mercancías esconden lo que significa el misterio de la subordinación del trabajo al capital, incorporado en ellas como relaciones sociales de explotación (Gómez 2007b: 2).

Ahora bien, incorporar la categoría de fetichismo ayuda a entender el contexto de lo ecosocial, donde la naturaleza externa al proceso de producción no circula en el mercado de lo social, y se hace visible sólo en cuanto materia prima, es decir, como corporalidad. Más aún, no se aprecia la relación social entre una clase que ya no se apropia de la fuerza de trabajo de otra, sino de sí misma, en cuanto humano-no humano. En consecuencia, este valor ecosocial expresado de forma cuantitativa como plus-ecosocial y cualitativa como pérdida de material genético, extinción de animales y, en última instancia, ecosistemas que se destruyen relacionalmente, invita a profundizar sobre los niveles de análisis que consideran la relación humano-no humano a nivel de la materialidad según la totalidad ideal marxista. De acuerdo con ello, la mercancía no es una mera cosa que circula en el mercado, no tiene vida independiente al ecosistema que destruyó, en tanto lo porta. La mercancía es una relación ecosocial de vida-muerte, una relación articulada indivisible que contiene el ser (humano-no humano) y el no ser (humano-no humano). En consecuencia, la mercancía deviene en una crisis ecosocial que circula en el mercado.

El trabajo

Para producir valor de uso se requiere de trabajo útil y para producir mercancías, de un trabajo abstracto-humano, pero, ¿cómo interpretar qué trabajo produce un valor ecosocial? Es preciso recordar que, para la totalidad ideal marxista, el trabajo es una condición de existencia. Engels lo aborda así al señalar que el trabajo es la primera condición fundamental de la vida humana y que el hombre ha sido creado por obra del trabajo (1991: 142). Por su parte, Marx sostiene que el capitalismo no produce al hombre simplemente como mercancía (la mercancía-hombre, el hombre en el rol de mercancía), sino también como un ser espiritual y físicamente deshumanizado (Marx, 1965:89). Más aún, en el capitalismo el hombre produce para satisfacer la ganancia de otro, al mismo tiempo que le vende su vida. Sobre esa base, Marx desarrolla una categoría que denomina trabajo enajenado, y lo explica en tres sentidos (1965: 75-76):

  1. El productor ve el producto de su trabajo como algo ajeno, inclusive como algo que lo domina. De ahí que la desvalorización del mundo humano crezca en razón directa a la valorización del mundo de las cosas.

  2. En relación con la actividad vital, el acto productivo aparece sólo como un medio para la satisfacción de una necesidad, de lo que resulta una enajenación propia.

  3. Una tercera determinación del trabajo enajenado es la de su cuerpo inorgánico, es decir, de la naturaleza.

En este sentido, a diferencia de los animales que producen sus nidos o viviendas a partir de la necesidad básica del individuo y su prole, el hombre produce universalmente, para lo que abarca la totalidad de la naturaleza; vive de ella, es su cuerpo, ha de mantenerse en proceso continuo para no morir. Desde esa perspectiva, el humano es un ser genérico que se relaciona consigo en cuanto especie. Esta unidad indivisible no sólo representa un sentido material, sino también espiritual. Es decir, el hecho de que el hombre sea el cuerpo humano de la naturaleza implica una relación consigo, en tanto ser y conciencia.

Sin embargo, con el trabajo enajenado se separa el ser genérico del individual, pues convertir a la naturaleza en algo ajeno hace lo mismo con el hombre también sobre sí mismo, y en consecuencia, la naturaleza es invisible como su cuerpo inorgánico y no se comprende parte de la trama como un mínimo ecosocial concreto. La vida genérica se convierte en un medio de vida para la creación individual, lo que podría explicar la desatención de la vida humana como especie, cosificada como mercancía en pos de un interés individual. A diferencia de un animal que sólo se produce a sí mismo, el hombre reproduce la naturaleza total (Marx, 1965: 78) —o la destruye—. Esto soporta el análisis de una nueva necesidad del ser material, la relación que tiene el hombre con su propio cuerpo-naturaleza.

En tal sentido, una mercancía ya no sólo es una materialización del trabajo social, sino también un cuerpo inorgánico, la vida misma cosificada. En última instancia, la mercancía contiene a su ser genérico en proporción al que deja de producir. Con cada mercancía se disminuye la posibilidad de auto-reproducirse, porque se limita la realización de su actividad vital y es menos universal. El trabajo produce un valor ecosocial presente en la mercancía y, mientras más produce universalmente, más se da la enajenación de su cuerpo inorgánico. Por lo tanto, al tiempo que produce mercancías, el trabajo produce el término de la vida del trabajador y de la especie humana. En este sentido, el trabajo enajena al hombre de sí mismo, de los demás y de la naturaleza. Mientras más produce, más se auto-elimina, como mínimo ecosocial concreto.

Conclusiones

Frente a la contradicción entre producción y cese de vitalidad es fundamental resignificar desde la práctica la totalidad ideal marxista:

  1. El capital aborda una contradicción propia de los tiempos de Marx: la relación social capital-trabajo. Sin embargo, la acumulación de ésta como relación material ya no sólo porta el ámbito de la intersubjetividad como contexto de la esencia humana, sino además una dimensión del movimiento social, como ser socionatural.

  2. Esto no quiere decir que la sociedad y la naturaleza existen como dos aspectos externos e independientes, sino que la crisis ecosocial es una contradicción, a nuestro juicio, material, inmanente e inherente a la práctica social capitalista.

  3. La crisis ecosocial, como práctica social capitalista, se puede identificar como un valor ecosocial en la unidad mínima de análisis que es la mercancía y que, a la larga, es su propia negación intrínseca.

  4. La mercancía es un valor de intercambio que busca un equivalente general, por lo que deja de tener a la vista las necesidades humanas-no humanas del hombre y de su cuerpo inorgánico para satisfacer la necesidad de ganancia. No hay entonces un límite que impida que todo vital, tarde o temprano cese.

  5. Plantear al humano como un mínimo ecosocial concreto, permite entender que las necesidades se satisfacen considerando al ser genérico-universal-individual en simultáneo, al todo y la parte como unidad.

  6. La unidad ser genérico-universal-individual también explica la idea de que la forma del trabajo no es privado, sino social y universal; para realizarlo, ésta debe tener un cuerpo inorgánico como interrelación socio-natural.

  7. Los conceptos de valor ecosocial, plus ecosocial y fetichismo eco social permiten plantear una solución material a la crisis ecosocial, donde es crucial la contradicción del plus ecosocial como apropiación privada de la interrelación viva.

  8. Hay una producción de riqueza en proporción inversa a la disminución del ser genérico de lo humano-no humano como unidad.

En definitiva, si no se incorpora la crisis ecosocial en cuanto ser social, se frena la movilidad de las estructuras conceptuales del marxismo y su lógica pierde vigencia. Por el contario, reafirmar sus categorías desde la práctica, permite mantener su validez ante las relaciones sociales nuevas y sus posibilidades heurísticas.

Un aniversario más de El capital

Notas

  1. Ver Carta de Engels a J. Bloch. (Engels, 1955).

  2. Refiérase a las ideas ambientalistas, a las propuestas sobre Derecho ambiental, la ética y Bioética, a la estética e incluso la complejidad como paradigma científico, en general desde las distintas formas de la conciencia social. (Gómez, 2007a, 2009, 2016).

  3. Marx en El Capital, tomo I, capítulo XIII, explica cómo la máquina-herramienta desplaza al hombre.

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