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Un acompañamiento nómade en psicoterapias y psicoanálisis

Um acompanhamento nômade em psicoterapia e psicanálise

A nomadic accompaniment in psychotherapies and psychoanalysis

Eva Giberti*


* Psicóloga-psicoanalista. Docente universitaria. Co-directora de la Maestría en ciencias de la Familia (Universidad Nacional de Gral San Martín -Buenos Aires). Introdujo la divulgación del psicoanálisis en Argentina utilizando los medios de comunicación a partir de 1957.


Debemos ir alegres por la tierra sin aferrarnos nunca como a una patria; el espíritu no quiere encadenarse. Grado a grado, nos eleva y ensancha. Apenas se acomoda nuestra vida y nos confiamos, todo se disuelve; sólo quien está pronto para irse puede escapar del hábito que mata.
Grados, Herman Hesse


Para acompañar a los nómades es preciso acompasarse a sus métricas; ellas diseñan caminos imprevistos, a cuya vera se encuentran aquellos y aquellas que repiten, interminablemente, la retórica del tropezar. Son quienes nos convocan como psicoterapeutas esperando que nos ocupemos de sus conflictos a partir de un saber que sin duda nos sostiene. Quienes somos psicoanalistas o/y psicoterapeutas intentamos acompañarlos guardando en la memoria nuestros propios tropiezos crónicos y revisando nuestras convicciones y nuestras técnicas, las cuales cada día más, dependen de la escucha y del estrecho hablar. Acerca de la escucha, sin particularizar en la escucha psicoanalítica, así lo escribe Baccarini:1.La lógica predicativa quizá estuvo poco atenta a la escucha, que, en cambio, es esencial para (o en) un pensamiento nómade”. ¿Por qué esencial para quienes recorren los silenciosos territorios desérticos?

Porque no sólo habrá de escuchar a los sonidos que habitan cada uno de los vientos, sino porque otros viajeros, en el cruce con los nómades, hablarán con palabras que será preciso tener en cuenta. Cada una de ellas encierra los fonemas básicos y elementales a las que el fonólogo Trubeszkoy2, en 1932 adjudicó contenidos con calidad inconsciente, marcando desde muy temprano las diferencias que a partir de ellos distinguen a un niño de otro. Al margen de los lingüistas tradicionales, Trubeszkoy -que no dejó de señalar la presencia de leyes deductivas e inductivas- descubrió el significante material (que consideró la base del significado formal), asociado con lo inconsciente.

La producción del fonema produce cambios en la significación y debido a ello el rebote al significado originario no es el mismo para todos. El saber del nómada acerca de la pluralidad de sujetos creadores de significantes lo conduce a evocar la fonoaudiología que discierne las calidades inconscientes que están en juego cuando se pronuncian los fonemas. Incorpora de este modo un modelo de interpretación lingüística que merced a su inclusión de lo inconsciente, añade la eficacia de la metonimia, de la metáfora y de la unión entre ambas, cuyo reconocimiento funda la idea de sujeto.

Este recorte de un modelo lingüístico es uno de los tres que estimo pertinente desarrollar para reflexionar acerca del pensamiento nómada y de los nómades.

Otro modelo, ontológico, es el que remite a la idea de sujeto que se ha creado mediante la interpretación que deviene de la metáfora, de la metonimia y de la unión-articulación entre ambas o silepsis, de acuerdo con la tesis de Yañez Cortés3. Y un tercer modelo lógico-gnoseológico, el de un sujeto formalizable como paradoja y formando parte de la estructura metonimia-metáfora-silepsis.

Desde una perspectiva semejante Baccarini advierte acerca de la lógica predicativa, apenas interesada en la escucha, lógica que históricamente se asocia con el pensamiento conceptual y proposicional que desemboca en lo dogmático, en la idea de una verdad, y de una razón. Pensamiento que, como es sabido, excluía por evaluarlas como no científicas a la metáfora, a la metonimia si bien ésta podía utilizarse para construir el concepto.

De modo que el diseño de tal pensamiento se organizaba según el modelo 1):

Conceptual, proposicional con una aceptación mínima de lo metafórico, lo metonímico y la articulación entre ellos, para cerrarse sobre sí mismo, verificando lo conceptual, proposicional, según el planteo de Yañez Cortés.

Pero en los comienzos del siglo surgieron las que habrían de constituirse en tesis de sujeto lideradas por Marx, Nietzsche y Freud, creadas a partir del reconocimiento de la metáfora, la metonimia y la articulación de ambas como fundantes de una nueva comprensión del ser humano, que sin excluir lo conceptual, proposicional, lo limitaba. Esto sugiere la construcción del modelo 2):

metonimia, metáfora, silepsis -concepto, proposiciónmetonimia, metáfora silepsis,

modelo que no puede cerrarse ya que remite a sujeto-deseo (debido a la posición inicial y posterior de la metonimia, la metáfora y la silepsis en la distribución) que en sí constituye una paradoja.

Este modelo, opuesto al anterior, no hace lugar a los dogmatismos que separaban la ciencia por una parte y el arte, la poesía, la estética por otra, consideradas de menor valor. Freud, en varias de sus obras se enfrentó con este criterio al subrayar la importancia de los poetas que suelen anticipar en sus poesías la presencia de lo inconsciente en los actos de los seres humanos y hablan anticipadamente de lo que luego estudiará la ciencia. Por otra parte, Freud abarca la idea de metonimia y de metáfora al referirse a los mecanismos de condensación y desplazamiento, posicionándose en la perspectiva del segundo modelo.

Si nos atenemos a la idea de fijeza como tendencia a mantenerse siempre bajo un mismo cielo, los pensadores que centralizaron su práctica en el modelo conceptual, proposicional tuvieron un antecedente en el mito. Recordemos el Génesis y la historia de Caín y Abel: Abel era pastor, apuntaba al nomadismo y Caín, agricultor, sedentario, fundó la ciudad de Henoch y otras ciudades y trabajó la piedra y los metales. Para realizar esas tareas precisó mantenerse bajo el mismo cielo, no cambiar de un territorio al otro; y se mantuvo obediente en el cumplimiento de una sola orden: el castigo de Yahvé por el crimen contra su hermano.

Caín encarna la antítesis del nomadismo el cual reclama el tránsito, el movimiento, la condensación y el desplazamiento simbolizados por la metonimia. Lo que se translada es la metonimia, así como la metáfora condensa dichos translados, ambas imbricadas en una articulación, la silepsis. Caín representa en el lugar de lo estatuído -derivación de estaticus-, aquello que fué fijado y se mantiene sin cambio, lo clasista que indica no salirse de ese lugar.

El nómade en cambio produce una dinámica que sin ignorar lo conceptual no se ata a ello ya que lo conceptual proposicional autoriza discutir sobre de determinadas hipótesis acerca de lo que está escrito, pero tendiendo a lograr la verdad, o el cumplimiento de lo previsto, sin comprometerse en la búsqueda de lo inesperado ni con el saber respecto de la imposibilidad de la plenificación de un pensamiento.

Estimo útil reproducir la crítica advertencia de Remo Bodei4 cuando escribe: “Es inconsistente el proyecto (si se toma como suele ocurrir, al pie de la letra) de un nomadismo y de un transformismo incesante de las ideas, de las creencias y de los deseos. Este puede más bien representar un instrumento apropiado para acreditar, contra una realidad sentida como rígida y opresiva, las exigencias de las “nuevas subjetividades” emergentes para entremezclar juegos ya hechos o para disolver concreciones políticas o mentales inmovilizantes, pero amenaza con convertirse en una vacua e involuntaria repetición del bergsonismo, por el énfasis puesto sobre la categoría de “fluidez” que no está a la altura del duro trabajo de comprensión y demolición de las resistencias y las supera, por consiguiente, sólo con el “deseo” y la fantasía. Desgraciadamente el movimieno, perpetuo no ha sido inventado tampoco para la “mecánica de los fluidos…

Como muestras del nomadismo peligroso Bodei cita los textos de Guattari y Deleuze, El Antiedipo (1973), Rizoma( 1978) y La Rivolizione Moleculare de Guattari(1978). Cuando se refiere a la fluidez menciona, con cierto estimulante comentario, el texto de Luce Irigaray Ce sexe qui n´en estpas un, concediendo algún espacio a “la reivindicación para la mujer de una mecánica de los fluidos, de una continua búsqueda y modificación”.(sic).

El aporte de este autor, un pensador fecundo, interesa no sólo por sus trabajos de índole filosófica, sino por su curiosidad acerca del psicoanálisis y por su dedicación al estudio de las transformaciones del sujeto, a partir de una transformación que “quiere comprenderse a sí misma”.

Tal como Marx se ocupó del modo de producción y no del producto, y de ese modo fisuró los conceptos clásicos de la economía política al introducir las figuras históricas e ideológicas como superestructura de la economía; Nietzsche pensó en el sujeto como sujeto de la estética al proponer la oposición Apolo-Dioniso y Freud produjo los desórdenes propios de una teoría que abrió las compuertas de lo temido para estudiar desde otra perspectiva la sexualidad, el inconsciente y los deslizamientos correspondientes a los actos fallidos, los olvidos y el análisis de los sueños, para lo cual precisó navegar con los nómades.

Las nuevas formaciones de la vida psíquica del sujeto pueden ser estudiadas como neonarcisismos5, o como violencias incrementadas que no encuentran su arraigo total en formaciones infantiles y para las que el psicoanálisis intenta crear espacios de reflexión; un ejemplo de ello es el que produce el actual fenómeno de la perplejidad.

Durante las últimas décadas, diversas formas de depresión abundaron en las nosografías, y la antigua tristeza llegó a convertirse en paradigma de la clínica, asociada con el estrés. Pero restaba describir una noxa que encontrábamos en la vida de familia que, impregnaba a varios de sus miembros, y en ámbitos no familiares, y que podría sintetizarse en la expresión: “Cuando el mundo se convierte en algo ajeno”. La descripción corresponde a un estado de ánimo en el cual se mezcla la sensación de estar frente a “algo. inexplicable y un estado de incertidumbre (crímenes impunes, fertilización asistida, corrupción en múltiples niveles, ingreso a Internet y sus derivados, por ejemplo), que gestaban una tensión permanente. Estado que se acompaña por una disminución o pérdida del deseo sexual y por una sensación de extrañamiento ante los hechos de la vida diaria, como si no obstante ser protagonistas de la cotidianidad, se sintieran ajenos a ella6.

La perplejidad ante la vida y ante la propia vida no aparecía como síntoma a pesar de constituir un modelo de alteración enajenada, no solamente en relación con un otro, sino respecto de la vida toda. Los sociólogos7 describen un estado semejante que desborda la clínica, y que hoy incluimos en ella porque es desde allí desde donde reiteradamente nos convocan.

En este punto encontramos las articulaciones que dan cuenta de la tensión entre lo moderno y la modernidad. Las normas, los paradigmas y los valores propuestos quedan fisurados y no sirven como sostén para quienes confiaban contar con ellos; esta afirmación se convirtió en rutina entre los autores y también entre quienes no escriben acerca del tema pero lo vivencian, y recurren a los psicofármacos o a las pantallas de televisión como refugio asegurador.

Cuando dialogamos con quienes nos consultan -sean hombres, mujeres o adolescentes, aparece una vivencia persecutoria que podría traducirse diciendo: “Es como si alguien me quisiera tomar por zonzo”. Quienes así lo describen intentan explicar que se sienten como si vivieran en medio de un monumental engaño por medio del cual se pretende que se acepten como reales aquellas historias que son ficticias y que se piense que existe confusión donde rige el encubrimiento.

La variable pronominal “se” que encubre no sabemos a quién o a qué entidad o institución o poder sobrenatural y que encontramos en personas que no son delirantes, traduce el sentimiento de estupidez interior que muchos sobrellevan y que no lograron yugular mediante mecanismos omnipotentes ni ensayando participar en la multiplicidad de esferas de interés que las culturas ofrecen: practicar deportes, viajar, hacer compras, apostar en los juegos, incluirse en programas de televisión y otras. Entonces, quienes se sienten perplejos no llegan a comprender cómo forman parte de una sociedad que fué creada, aparentemente, entre todos pero de acuerdo con modelos que no todos eligieron.

Tal vez, un párrafo de Trías8 se aproxime a un perfil de estos personajes: “Sabe sin saber, no sabe sabiendo acaso, sabe sin querer, quiere sin saber qué, sabe qué quiere sin saber qué es lo que quiere, y a veces también duda de que quiera o de que sepa lo que quiera, vive sin vivir y finalmente muere sin vivir”.

No en vano este autor culmina uno de sus capítulos con este párrafo después de haber recorrido los textos de Beckett, repasado las historias de sus personajes, hijos del azar y huérfanos de la necesidad, que no es de este modo como concebimos a los nómades del pensar.

El enfoque que D. Maldavsky9 propone cuando se refiere al sentimiento de sí permite asociar el tono afectivo con el modo de procesar determinados estímulos que provienen del exterior y que, en determinados sujetos generan una vivencia de arrasamiento: “El sentimiento de sí, de la propia existencia viviente, deriva de que se constituya y subsista el matiz o el tono afectivo, el cual puede ser arrasado por la magnitud de los procesos pulsionales, pero por sobre todo por un enlace particular con lo exterior, con lo otro mundano”.

Este autor aporta una tesis cuya síntesis sostiene que los seres humanos precisan ser capaces de crear un aparato psíquico que pueda sentir los propios sentimientos, y alude a la necesidad de ternura y de matices afectivos contenedores de las emociones del niño, provenientes de la familia.

Una de las características de estos estados de perplejidad permanentes reside en la descripción de una vivencia de vulnerabilidad que mencionan quienes consultan; no es sencillo encontrar matices que le permitan rehacer vivencias de infancia, pero sí se puede reconocer la intensidad de los impactos que provienen del mundo exterior, descriptos como “sorpresas. o hechos incomprensibles, no-metabolizables.

Este sentimiento de sí, parecería vulnerado y “en baja. en quienes consultan, lo que coadyuvaría en la creación de perplejidades como efecto de situaciones con las que no esperaba encontrarse y que describen como propias del fin del milenio.

Gargani10 describe esta situación como “crisis de la racionalidad” , y lo hace como si fuera una percepción que registrara que la casa de nuestro saber está deshabitada porque al transformarse las relaciones sociales, las relaciones entre hombres y mujeres, entre padres e hijos, entre instituciones y gobernados, también nuestro saber, en materia de política, música, ciencia, resulta transformado. En esta circunstancia se tiene la certeza de que existe un saber no explicitado, no llevado plenamente a la conciencia, más allá del que disponíamos. O sea que sentimos que el saber y nuestro conocimiento no llegan a coincidir, como ocurría en el sistema cerrado de las antiguas convenciones.

Si unimos el texto de Maldavsky con el de Gargani estaremos muy cerca de la descripción del efecto de perplejidad que describo. Para asumir el acompañamiento de estos estados, más allá del reconocimiento de las técnicas de las que disponemos, es preciso eludir la repetición de los cánones propios de los sistemas cerrados -y la aplicación del psicoanálisis podría transformarse en uno de esos sistemas y recurrir al enfoque nómade para repensar en la demanda de quien sufre de acuerdo con algunas características propias del final del milenio y según la propia historia. Lo cual no siempre nos evitará el error, además de recordar que no es posible cerrar todos los caminos de la conflictualidad.

Hablar con otros en situación semejante no ayuda lo suficiente y cuando nos encontramos con alguien que quiere ayudar y convencer de lo erróneo de la vivencia de perplejidad, esos diálogos se convierten en una forma de la violencia. Se produce un efecto de regurgitación psicológica que conduce a girar sobre la propia pisada sin más horizonte que el propio ombligo, extraviada la alternativa nómade del sujeto. Alternativa nómade que conduce a la búsqueda de un sentido de la vida que no puede prescindir del otro. O sea, que ese ser humano perplejo cualquiera sea el sujeto que la teoría enmascara es, inevitablemente, un sujeto paradojal, compelido hacia el reconocimiento de lo imposible de la satisfacción de su deseo. En ese recorrido encuentra piedras que debe eludir y otras que balizarán la senda que cada día construye alentado por el resonar del manantial que aún busca fuera de sí.

Extravíos y medios de comunicación

El abordaje de las nuevas experiencias por las que hombres y mujeres atraviesan, reclama la reformulación del saber-deseo por parte de los psicoanalistas y la creación de nuevas pautas capaces de sostener las interpretaciones-explicaciones con las que trabajamos. Esas teorías, capaces de acompañar a los perplejos, a los que no pueden desear y a los que aman raquíticamente, también suelen ser convocadas para abrir picadas11 en las estadísticas de los delitos donde se asesinan chicas y chicos, donde se explota a toda una población, donde se somete a las mujeres, donde se estafa a destajo.

Es el orden de los extravíos que las teorías psicoanalíticas estudian a partir de nuevas métricas, puesto que los actuales extravíos proponen otras dimensiones; sin embargo, este mundo, nunca fué “este”. siempre fué cambiante, y siempre fué “otro que prometía ser mejor”.

El extravío ya no proviene solamente de lo que constituyó el riesgo de convertir a las psicoterapias y al psicoanálisis en órganos de control, sino de las denominadas políticas emancipatorias que pueden inscribirse en ese orden de lo que “prometía ser mejor. y que, más allá de lo que sus autores propician, genera ilusiones frustrantes.

La liberación de inhibiciones y trabas que podían frenar el crecimiento y ensanchamiento de la vida de los seres humanos no necesariamente incluye la responsabilidad que nos compete frente a los otros seres humanos como parte de una convivencia colectiva. Tanto Habermas como Rawls, pensaron en términos emancipatorios en el nivel de las opciones posibles para cada sujeto, pero no logran aclarar cómo llevar a la práctica sus tesis.

Los que clasifico como extravíos en donde pueden sumergirse los psicoanalistas y psicoterapeutas y quienes trabajan con ellos como pacientes o analizandos, o bien extravíos en los que desembocan aquellos sujetos que confían en políticas emancipatorias pero no logran disponer o disfrutar de lo que éstas prometen, coadyuvan en la construcción de subjetividades que han sido denominadas “nuevas subjetividades” ; en cuya historia los contenidos y estilos que aportan los medios de comunicación adquieren singular importancia.

Una de las observaciones críticas alrededor del ingreso de los medios de comunicación en la vida de familia es la de fomentar el consumismo y al mismo tiempo fijar ante las pantallas del televisor a quienes miran o escuchan; estas críticas remiten al sedentarismo que resulta de dicha fijación, así como a las características de la escucha que ejercemos respecto de ese otro que nos interpela desde las pantallas, diferente en lo comunicacional de cualquier otro que se relacione directamente con nosotros en la dimensión de un álter presente y cercano.

Se han discutido largamente las apreciaciones apocalípticas acerca de estos medios, cuyo análisis nos enfrenta nuevamente con los textos que enunció Tzvetan N.S. Trubetzkoy12 acerca de los fonemas en este caso provenientes de quienes los emiten desde la máquina, a diferencia del nómade que a medida que se translada reconoce el decurso permanente de las diferencias en la significación, cambios en los significantes.

La máquina de televisión suele ser encendida o apagada, dinámica ésta que al mismo tiempo apela a la ilusión de libertad de elección que ignora su dependencia de la paradoja: cuando se elige algo, al mismo tiempo se des-elige otra cosa, síntesis que remite a una lógica de la paradoja, imprescindible cuando pensamos en términos de sujeto de deseo.

La cantidad de canales de los que se puede disponer para “elegir”. marca un único camino que puede enrumbarse según las propias preferencias, pero que, a diferencia de los recorridos nómades, no pueden abrirse más que los canales propuestos por quienes regulan el territorio de la televisión.

El azar al que se expone el pensamiento nómade es parcialmente azaroso, ya que es necesario reconocer un determinismo moderado en la elección de sus rumbos, lo que no autoriza idealizaciones acerca de sus pensamientos y recorridos como paradigma de libertad extrema. Pero la diferencia con el sedentarismo crónico y dependiente de quienes rigen sus vidas viajando preferentemente por los canales de la televisión reside en que no pueden separarse del objeto-cosa-teve, y recordemos, según el modelo ontológico propuesto en un comienzo, que la libertad de Sujeto no está condicionada por el objeto sino por lo que denominamos la falta y el incumplimiento del deseo.

La descripción de lo que sucede con quienes adhieren estrictamente al televisor nos conduce a verificar que cualquier programa aporta su técnica para eludir las soledades de su público y paradojalmente también para eludir los diálogos con otros convivientes. La práctica se sintetiza en un botón: la unidad ojomano que se inauguró en la prehistoria cuando alguien encendió el primer fuego por frotación de dos maderas o de dos piedras, adquirió otro estatuto cuando se logró que las pantallas se convirtieran en escenas vivientes sólo con apretar un botón. Para mirar después las pantallas con la misma concentración, admiración y esperanza con la que en aquel entonces, los hombres y las mujeres que vivían en las cavernas observaban, fascinados, su fuego.

Para nosotros, la unidad ojo- mano, enriquecida por la técnica, enciende alternativas que imperceptiblemente van ligando nuestro modo de ser -para no hablar, por ahora del Yo- con los contenidos de esas pantallas; la persistencia con que día tras día recurrimos a la televisión coadyuva en la construcción de una subjetividad que no puede, ni quiere, prescindir de las imágenes y los sonidos que, otros, ajenos pero fundamentales, diseñan para nosotros. Una subjetividad que incorpor ó la unidad ojo-botón, semejante aunque ajena a la temprana unidad ojo-mano que los bebés inauguran, y que los habitantes de las cavernas, nómades también ellos, habilitaron para acoger en la tierra de los mortales el don que Prometeo les enviara.

Subjetividad en vasos comunicantes

Podemos imaginar que las subjetividades que se construyen incorporando los estímulos y las respuestas que resultan de la utilización de los medios, en este caso me refiero a la televisión específicamente, se dinamizan como si fuesen tubo dentro de un sistema de vasos comunicantes cuyo contenido se distribuye por infinitos canales y se comparte con millones de otros que miran lo mismo. Subjetividades que podrán lograr que ese contenido hierva o se congele según quien sea aquel o aquella que la transporta, pero que tiene su camino trazado dentro del sistema.

También había caminos trazados hace treinta años y las familias con las que trabajábamos organizaban sus vidas de acuerdo con el proyecto que los más grandes tenían respecto de los más chicos, o según fueran sus aspiraciones conscientes. Una diferencia con las familias actuales radica en que los contenidos de los vasos comunicantes no se distribuían masivamente mediante las pantallas de televisión o no aparecían globalizados gracias a la circulación de noticias e informaciones.

Parecería innecesario marcar la diferencia entre los diversos estilos de vida de las familias de hoy en día y su incidencia en las subjetividades. Sin embargo, dado que existen comentarios reiterados acerca del estar a la deriva de los grupos familiares, si se los compara con el ordenamiento que los regulaba en siglos anteriores, y ahora menciono el proyecto de vida de cada familia, es preciso contrastar ambas afirmaciones, ya que estar a la deriva es una expresión que se inscribe en el orden del mal, del andar perdidos, del accidente, la antítesis del proyecto. Y lo que el pensamiento tradicional siempre propició fué ese proyectarse en el futuro que dogmáticamente equivale a sujetarse a una meta visualizada en los tiempos venideros. Equivale a recorrer las huellas conocidas y caminarlas hasta hundirse en un anticipo del propio entierro. La antítesis de los procedimientos nómades.

.Tener proyecto de futuro. es uno de los paradigmas clásicos propuestos por las clases medias, que adherían a dicho proyecto con el énfasis y la perseverancia de quien está convencido de estar fraguando su destino y controlando el futuro; de allí que se convirtió en muletilla de políticos, moralistas y educadores cuando apelan a “la juventud. y reclaman de ella que piense en el futuro, o reconvienen a los jóvenes porque carecen de proyecto; en realidad no logran reconocer el giro simbólico que implica el no-proyecto de innumerables jóvenes, hartos del imperio de aquellos adultos que tras esa expresión exigen coincidencia con los proyectos que ellos avalan y no con otros13.

Insistir en el antiguo paradigma del proyecto que garantice el bienestar futuro -y toda familia tiene un proyecto para sus hijos aunque ignore que lo posee- significa desatender las urgencias jugadas entre lo moderno y la modernidad, época esta última en la cual la aceleración no sólo adquirió estatus de ideal, sino que se impone en la continua búsqueda y celebración de lo nuevo.

Guattari14 apela a la idea de velocidad asociada a la banalidad al describir una índole de subjetividad:” (…) y en ese momento recrear de modo práctico las diversas figuras de la subjetivación histórica, entre las que la subjetividad capitalista es la más vertiginosa por su vacío, por su banalidad, su vulgaridad, su estado de cosas a la altura del betún”.

Incluir la aceleración en la cotidianidad, y competir con otros acelerados y con otras aceleradas se correlaciona con la producción de adrenalina y con la imposibilidad de detenerse para tomar aliento; porque detenerse significa perder tiempo, es decir, descapitalizarse.

La disposición nómade

La antítesis de esta dialéctica es el andar del nómade que se detiene para rescatar su aliento porque lo precisa para lo que vendrá; su ejercicio de peregrino le enseñó que el aliento gastado sólo sirve para recordar que ya respiró aquellas ideas que le ampliaron el fiato, y le sirvieron para crecer, pero que la pausa actual no puede petrificarlo en la nostalgia de lo que quedó atrás.

Esta es parte de la disposición nomádica, que asume lo ya dado como algo a superar y de lo cual hay que despedirse, sin que siempre sea necesario aniquilarlo. El gesto identitario del nómada es la despedida porque transita un adiós de sí mismo permanente. Y haberlo elegido lo deja sin asidero para los aspectos de su Yo que estuvieron originados en aquello de lo cual se despide.

Nómade equivale a translado meditado, insustituible, ajeno al espontaneísmo simplificador. Translado que realiza la metonimia de la traslación y asume la condensación de ese translado que propone la metáfora cuando el nómade se detiene en el oasis para poder continuar su camino, reguladas y unidas ambas por la bisectriz de la silepsis; es decir, el deseo es el que está en juego, formalizado ahora mediante la aplicación de la metáfora, la metonimia y la silepsis de acuerdo con la tesis de Yañez Cortés.

Lo que importa es el camino y el encuentro con otro, y la negativa a adherir exclusivamente a lo conceptual, proposicional como paradigma de verdad, incluye la oposición al rigor intelectual, al estilo althusseriano o a la manera de Feyerabend.

La praxis del nómade apuesta a la búsqueda de oasis que no anuncian el final del recorrido sino que inauguran el rumbo hacia otro remanso. Al decir de Herman Hesse en el Juego de Abalorios: “En cada comienzo está un hechizo / que nos protege y ayuda a vivir”. Digamos entonces que la creación nunca termina y no se agota porque es deseo.

En el esquema Nº1 que propuse al comenzar este artículo, subrayé que se trata de un modelo cerrado en el pensamiento, que se vuelve sobre sí mismo ya que carece de translados, oasis, búsqueda interminable, porque le sobran certezas. El nómade, regido por el deseo, anuncia la falta permanente debido a la imposibilidad de conceptualizar deseo. El nómada aprendió que puede conocer la cosa, el objeto, pero para abordar al sujeto deberá recurrir al saber y no a conocer de objeto, y deberá sumir la imposibilidad de conceptualizar deseo.

En el modelo que propuse deseo remite a sujeto, a sujeto de la interpretación dado que ésta coadyuva en la metaforización del mismo y en la necesidad de metonimizarlo, ya que actualmente no nos encontramos en el sujeto hegeliano- que desemboca en el objeto- sino que se impone saber acerca del para-sí o el para - otros que Heidegger propusiera.

Maldavsky sostiene15 que el nomadismo, como constructo ideológico montado sobre las prácticas de los nómades, puede asociarse con el modelo que ofrece la vida pulsional con sus componentes conservadores, por una parte, y por otra, el permanente esforzarse de la pulsión hacia adelante, que incluye lo desconocido.

En consecuencia “se produce una insatisfacción entre lo que se anhela repetir y lo que se persigue como novedad en el mundo, con pronóstico de aventura; siempre permanece un resto, un plus pulsional debido al cual el ser humano hacia adelante en busca de lo que sea”.

La tendencia a la exploración y la importancia de lo nuevo concita una insatisfacción que puja por avanzar en contraposición con la convocatoria de experiencias anteriores asociadas al encierro y a la repetición. No faltan riesgos en la búsqueda de aventuras intelectuales: perderse en laberintos o irse por las ramas que pueden finalizar en la desorientación absoluta que, yo añadiría, no es lo mismo que mantenerse a la deriva.

Estamos autorizados a entenderla como disposición porque al hablar de pensamiento nómade o de planteos de índole nómade se produce un efecto de sentido que resulta de las variadas combinaciones de los conocimientos que tenemos acerca de los nómades como pueblos y civilizaciones. Construimos abstracciones a partir de su modo de noafincarse y de buscar oasis, así como de sus maneras de producir estrategias de supervivencia y descubrir nuevos parajes; pero como nuestras abstracciones no pueden resumirse en una sola de las propiedades que caracterizan a los nómades, podemos pensar que se trata de una disposición porque resulta del efecto de un conjunto en el que la totalización de sus diversos niveles (o segmentos) logra fundar un sentido.

Formando parte del mismo, encontramos lógicas diferentes, la primordial, es la lógica del azar, (paradigma del nómade pensante), ya que la necesidad (característica fundante del ser humano), que tiende a lo unitario, repetido, monolítico, queda ligada a azares polivalentes y múltiples al evadir el camino previsto, asfaltado y conocido y se lo sustituye por la arena del desierto. La provocación del azar (ya mencioné su relación con un determinismo moderado) que el pensamiento nómade suscita, es la ruptura epistemológica que coadyuva en la creación del sentido de lo nómade.

Lo nómade implica ruptura, tal como se la vió florecer en el siglo XX a raíz de los revisionismos provenientes de diversas disciplinas y del surgimiento, en 1929, de la tesis de Bachelard acerca del pensamiento “aproximalista”16 que se podría sintetizar diciendo “no hay más filosofía que la proximidad”. En ella apuntaba a lo que más tarde sería su trabajo para la imposibilidad de verificación en términos de las ciencias duras. Su adhesión a los contenidos de la teoría psicoanalítica y su decisión de incorporar la poesía y la literatura en la aplicación del psicoanálisis marcó un sendero prometedor para esta disciplina, encaminado hacia las prácticas nómades.

La desestructuración epistemológica que marcó la caída del imperio del objeto puesto que el cogito cartesiano no daba cuenta de todas las características del ser humano ni del deseo que lo funda, facilitó la creación de la confianza y la esperanza en el psicoanálisis como técnica a cargo de “lo inconsciente del sujeto”.

El sujeto de interpretación (modelo ontológico), parte de este momento histórico y habrá de caracterizarse por su relación con la metonimia, la metáfora y la silepsis, en intercambios recíprocos y pasajes en movimiento de una a la otra. La interpretación es una estructura regulada por la metonimia, la metáfora y la silepsis que contiene un intento conceptual proposicional. El psicoanálisis también posiciona al individuo como sujeto de la paradoja (modelo gnoseológico-lógico), que reclama la aplicación de otras lógicas, no formales17 y que desde las lógicas fuertes aplica variables débiles; la lógica de las paradojas cuenta con distribuidores que pueden pasar por el azar, la historicidad, y aún de la probabilidad, es decir, aquellas lógicas que puedan integrarse con la metonimia y la metáfora, que dependen de la creatividad del pensamiento y no sintonizan con el concepto y lo proposicional.

Desde las perspectivas que enuncié y que constituyen un mínimo recorrido por los ámbitos emblemáticos del nomadismo avanzamos junto con quienes nos apelan solicitando acompañamiento psicoanalítico. Intentamos acceder a un nomadismo intelectual que cuenta con un asidero interior, subjetivo, que es la adscripción identificatoria (Maldavsky, 1999) con innumerables contenidos teóricos que nos incitaron a des-sujetarnos de los dogmas.

Así acompañamos las nuevas desesperaciones de los sujetos escindidos, de los no-sujetos y de los sujetos descentrados; algunas de ellas han sido bella y claramente descriptas por los maestros y allí encontramos la huella fecunda; otras veces, si retrocedemos hasta los considerados maestros, la cinta del casete chirría sin encontrar el timbre ni la altura que nuestros consultantes demandan.

Creatividad, curación y pliegues

El modelo nómade refleja la usanza de los antiguos músicos itinerantes que encontraban su alivio inventando poesías que transformaban en canción, de acuerdo con los argumentos que sus recorridos les aportaban; así narraron las gestas que luego se reconocieron como acontecimientos, cuando lo posible de lo imposible hacía su aparición histórica18.

En el momento que trabajamos en psicoterapias y en psicoanálisis, los caminos del nomadismo contribuyen para que aquel o aquella a quien acompañamos, puedan anticipar sus posibilidades de acuerdo con su manera de ser. La complejidad del emprendimiento reside en que estas personas corren el riesgo de ser capturadas por los modelos que desde la infancia les llegan vía vasos comunicantes; y no siempre dejan espacio libre y propio para una creatividad que sea el efecto de la tensión que toda búsqueda produce. Como diría Husserl, quienes nos consultan suelen estar pre-figurados, cuando la demanda del nómade es la opuesta o la antagónica, según sea la evaluación.

De donde el recurso a la psicoterapia o al psicoanálisis no necesariamente remita a la “curación. o “equilibrio. de quien consulta, sino a la creatividad que le permita prescindir de aquello que lo encorseta. Allí donde encuentra las fijaciones y recuerdos que no logra borrar porque la propia infancia lo tironea en busca de lealtades hacia los vínculos tempranos, los que iniciaron al Yo en los códigos convencionales, los que se preocuparon por enseñarle a acomodar cuidadosamente cualquier pliegue” fuera de lugar”. como cuando se tiende una cama y se estiran prolijamente las colchas y las sábanas para aplanar cualquier arruga antiestética; es el modelo que reproducen, ilusoriamente, quienes pretenden ordenar las ondulaciones de las arenas del desierto.

Esos pliegues, definidos e inciertos, son ahijados del viento; el soplo, la brisa o el tumulto del aire tormentoso pueden recrear en las arenas la estética de lo imprevisto que alimenta la pulsión de ser nómade. Sus pensamientos desafían a los interrogantes consagrados para construir otros, los que derivan del propio sentir, y del sentir de los otros que nos convocan. Ellos y nosotros, ya sea como habitantes convencionales de territorios conocidos y reiteradamente rastreados, o como nómades coincidimos en buscar la estrella polar para no perder el rumbo. La diferencia reside en que, para los primeros, la estrella polar es la guía real, y la esperanza de poder conceptualizarlo todo. Para los nómades, a semejanza de R. Stemmbler, jurisconsulto y filósofo de la escuela neokantiana de Marburgo, que en 1880 afirmó: “la justicia es como la estrella polar que nos guía pero nunca se alcanza”. la estrella polar es inalcanzable, porque forma parte de los iconos de la virtualidad.


Citas

1 E. Baccarini, “Introduzione”. en: El Pensiero nómade, Cittadella, Assisi, 1994.

2 T.N.S.S”. Trubetzkoy, La Phonologie, 1929, Seminario en La Sorbonne, 1931, edición VRIN, París.

3 R. Yañez Cortés, Comunicación personal. Seminario acerca del Sujeto. Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) Ofset, Buenos Aires, 1993. La silepsis se produciría como bisectriz en el ángulo recto formado por el cruce de la diacronía y la sincronía, entre la repetición y la creación.

4 R. Bodei, “Comprender, modificarse”. en: La Crisis de la razón, México, Siglo XXI, 1983.

5 Lipovetsky, La era del vacío, Barcelona, Anagrama, 1986.

6 E. Giberti, “Cuando el mundo se convierte en algo ajeno”. en: Diario Clarín, Buenos Aires, 1997.

7 A. Gurrutxaga, La perplejidad sociológica, Bilbao, Universidad del País Vasco, 1996.

8 E. Trías, Drama e identidad, Barcelona, Destinos, 1993.

9 D. Maldavsky, Teoría y clínica de los procesos tóxicos, Buenos Aires, Amorrortu, 1992.

10 A. Gargani, “Introducción”. en: Crisis de la razón, México, Siglo XXI, 1983.

11 En Argentina se denomina picada al sendero que se abre en plena selva para lo cual se utilizan machetes.

12 Trubetzkoy T. N. S”. Ob. cit.

13 E. Giberti, “Relato por invitación”. Seminario organizado por la Fundación Kellog :Juventud y Familia, Campos de Jordao, Brasil, 1998, en prensa.

14 F. Guattari y T. Negri, Las verdades nómadas, Donostia, Tercera prensa, 1996.

15 D. Maldavsky, Comunicación personal, 1998.

16 G. Bachelard, Essai sur la connaissance approchee, Paris, Vrin, 1929.

17 E. Giberti y colaboradoras, ¿Y por qué? se preguntan algunas mujeres, Buenos Aires, Fundación A.Moreau de Justo, 1988.

18 A. Badiou, Manifiesto por la filosofía, Buenos Aires, Nueva Visión, 1979.