Inclusão, equidade e mercado: objetivos da educação superior?

Inclusion, equity and market: objectives ofhigher education?

 

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Editorial

Dos hechos lamentables, uno con impacto global, el otro con alcance local, acontecieron durante la edición de este número de la revista NÓMADAS: de una parte, el ataque a personas de la comunidad LGBTI, muchas de ellas de origen latino y afrodescendiente, en un club de Orlando, Florida (Estados Unidos), que dejó medio centenar de fallecidos; y, de otra, el pronunciamiento “jurídico” en Colombia de una abogada, quien en nombre de una entidad gubernamental, responsabilizó y culpó de los hechos a la víctima de un brutal feminicidio ocurrido hace algún tiempo en Bogotá. En el primer caso, el detonante de la agresión fue la homofobia; en el segundo, el exabrupto se explica como producto del sexismo y la ignorancia, compartidos por buena parte de la sociedad.

La pobreza, la falta de oportunidades y las profundas desigualdades económicas, sociales y culturales amplían cada vez más las brechas entre países ricos y pobres y entre norte y sur. Cientos de personas mueren diariamente en el mundo, huyendo de la guerra, el hambre y las persecuciones étnicas y religiosas. Así mismo, el fundamentalismo religioso justifica la barbarie, el terror y el exterminio del otro, como prácticas de control y dominación de territorios, poblaciones y personas.

Ante el reto que constituye este panorama, los problemas que convoca el presente número monográfico interpelan la misión de la educación superior en la formación de jóvenes capaces de ejercer una ciudadanía global incluyente; de reconocer, comprender y respetar al “otro en su cultura”; y, sobre todo, de tener la capacidad para ponerse en el lugar de sus semejantes. La preocupación por la equidad, la igualdad de oportunidades, el reconocimiento y respeto de las diferencias, la diversidad y el multiculturalismo, en suma, la formación ciudadana para aprender a vivir juntos con los diversos en el mundo global es un asunto pendiente dentro de la calidad educativa y la excelencia científica, y no ha hecho parte de la acreditación exigida a las instituciones de educación superior (IES).

Por otra parte, la creciente mercantilización y masificación de la educación terciaria ha devenido en la denominada Universidad-empresa, la cual privilegia la ganancia y la renta y deja de lado la educación ciudadana, pluralista y democrática. La masificación o ampliación de coberturas no ha implicado universalización, y el acceso a la Universidad sigue siendo un privilegio del cual están excluidos la mayoría de jóvenes de los sectores pobres, de los grupos étnicos y del sector rural. Es cierto que el ingreso masivo a la Universidad ha favorecido a las mujeres, pero como consecuencia del orden de género existente, sus logros no se han traducido en igualdad y equidad salarial, mayor reconocimiento ni prestigio social; al contrario, cuanto más alto es su nivel de escolaridad, la brecha salarial tiende a aumentar. De igual forma, las demandas de igualdad e inclusión han dado paso a múltiples políticas y acciones afirmativas dirigidas a integrar a grupos excluidos, entre éstos, especial atención se ha dado a las minorías étnicas. No obstante, con frecuencia este tipo de acciones se limita a garantizar el acceso de jóvenes indígenas y afrodescendientes al sistema educativo, sin tener en cuenta sus contextos, conocimientos y necesidades culturales, lo que ha produce en los educandos desarraigo y crisis frente al modelo imperante.

La equidad y la inclusión no se pueden reducir a garantizar el ingreso de las personas excluidas a la educación, sin duda, éste es el primer paso, pero es insuficiente. La formación para la ciudadanía global requiere un cambio profundo de todo el sistema educativo, puesto que el aprendizaje para reconocer y respetar al “otro en su cultura” y a las personas en sus múltiples “posiciones de sujeto” debería empezar en los primeros años de vida; dejar este imperativo ético para el momento cuando los jóvenes ingresan a la Universidad puede ser demasiado tarde, sobre todo, si consideramos que el “verdadero choque de civilizaciones, es un choque dentro de la persona individual” (Nussbaum).Como nunca antes, y como consecuencia de las tecnologías de información y comunicación (TIC), en la actualidad estamos expuestos y en contacto inmediato con la enorme diversidad humana, es preciso entonces que la Universidad se ponga a la altura de los tiempos, para que pueda convertirse en un lugar privilegiado “para las comunicaciones interculturales” (Touraine).

En un mundo donde el mercado ha desplazado al Estado, es urgente que este último retome el rumbo y cumpla con su función ética y social de garantizar los derechos, la equidad y la redistribución. En particular, el Estado debe asegurar el derecho fundamental a la educación como un bien sagrado para el desarrollo de capacidades que posibiliten el bienestar, la seguridad y la felicidad, así como la formación para la ciudadanía global. Ahora bien, para enseñar y aprender a comprender “al otro en su cultura”, será preciso adelantar procesos de formación docente para educar “profesores inclusivos”, incorporar la perspectiva interseccional en los programas curriculares de las disciplinas, realizar estudios orientados a comprender las resistencias al reconocimiento del diferente y las dificultades de la convivencia con los diversos. Por último, y muy especialmente, se requiere voluntad política y decisión tanto de las entidades responsables de formular políticas y velar por su ejecución, como de las instancias, órganos e individuos directivos de las IES. En un contexto de “crisis mundial de la educación”, de exacerbación de los fundamentalismos y odios raciales, étnicos y religiosos, que a su vez tienen consecuencias negativas contra las mujeres y las personas con orientaciones sexuales diversas, es el momento para que la Universidad asuma una mirada reflexiva, y, por tanto, crítica de sí misma como institución, y asuma la importancia que posee la formación multicultural en la educación de ciudadanos/as del mundo. Por supuesto, lo coherente es que el cambio empiece por casa.

Dada la relevancia académica de la filósofa Martha Nussbaum y la estrecha articulación de su conferencia, pronunciada al recibir el título Honoris Causa de Doctora en Filosofía otorgado por la Universidad de Antioquia (Colombia), con las preguntas de este monográfico, hemos considerado indispensable su presencia aquí. Expresamos nuestro agradecimiento a los profesores Pablo Javier Patiño, Sara Yaneth Fernández y Luis Javier Londoño, quienes amablemente nos apoyaron con la gestión para autorizar la publicación de la mencionada conferencia en este número de la revista.

 


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