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Estilos del cuerpo expuesto

Estilos de corpo exposto

Exposed body styles

Rocío Gómez Z.**
Julián González M.***


* Este artículo se deriva de un estudio realizado con el apoyo de Colciencias y la Universidad del Valle sobre las formas cotidianas de invención del cuerpo joven y las apariencias corporales en Cali, en estratos medios y altos.

** Docente del Instituto de Educación y Pedagogía y miembro del Grupo de Investigación en Educación Popular de la Universidad del Valle. Dirige la Licenciatura en Educación Popular de la misma universidad. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

*** Docente de la Escuela de Comunicación Social y miembro del Grupo de Investigación en Educación Popular de la Universidad del Valle. Investigador sobre las transformaciones del canon clásico del periodismo (periodismo informativo). E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.


Resumen

Este artículo examina algunas lógicas que animan la presentación pública del cuerpo entre jóvenes no pobres de Cali (Colombia) y el examen continuado de la apariencia personal. Aunque el mercado de bienes de consumo y servicios para jóvenes, la comunicación mediática, la moda y el grupo de pares amenazan con tutelar la vida de cada cual, en la apariencia corporal de algunos de estos jóvenes no pobres se juega una suerte de estilo propio y personal que les permite moverse en esos entornos sin sucumbir completamente a su tutelaje.

Palabras clave: cultura somática, jóvenes urbanos, cuerpo.

Resumo

O artigo examina algumas lógicas que animam a apresentação pública do corpo entre jovens não pobres da cidade de Cali (Colômbia) e o exame contínuo da apariência pessoal. Ainda que o mercado de bens de consumo e de serviços para jovens, a comunicação imediata, a moda e o grupo de pares ameacem com tutelar a vida de cada qual, na aparência corporal de alguns destes jovens não pobres se joga uma sorte de estilo próprio e pessoal que lhes permite mover-se nesses meios sem sucumbir completamente à sua tutelagem.

Palavras-chaves: cultura somática, jovens urbanos, corpo.

Abstract

This article examines some logics that encourage the public exposure of the body among no-poor youths in Cali (Colombia), and the continuing examination of the personal appearance. Although the consumption and services market for youths, the media communication, the vogue, and the peers group threaten to influence everybody’s life, in the body appearance of some of these no-poor youths there is played a kind of proper and personal style that allows them to move in their environment without succumbing to its influence.

Key words: somatic culture, urban youths, body.


1. Las lógicas de la exposición urbana del cuerpo joven

El lenguaje y jerga cotidiana de algunos jóvenes caleños distingue radicalmente entre “ser lindo” y “estar bueno”. En el primer sentido se destaca la belleza orientada a satisfacer el ideal de “ser otros cuerpos” (el ideal de la fusión), la belleza asociada al propósito orgiástico (disolverse en otras experiencias corporales). Allí cobra relevancia y centralidad “estar bueno”, “ser sexy” “prepararse para la celebración”, hacer del cuerpo personal un objeto de comun(icac)ión social y encuentro colectivo. En el segundo sentido, la belleza está orientada a satisfacer el ideal de una vida personalmente vivida y representada a otro. Allí cobran relevancia valores como “ser lindo”, “tener un estilo propio”, “tener una apariencia adecuada”, “buena presentación”, “parecer saludable”, “ser atlético”. Los valores en juego son, como lo sugirió alguna vez Baudrillard (1974), los de un erotismo funcionalizado “en que predomina la función social del intercambio”. En el lenguaje común de los jóvenes consultados en los grupos de discusión1, “ser lindo” alude menos a la “belleza del cuerpo” que a la “calidad de la personalidad”, y pasa más por el rostro y la “manera de hablar” que por el cuerpo y “los modos de moverse”. En el primer caso (“estar bueno”) estamos ante el tipo de apariencia táctil que se manifiesta como una invitación a “tocar”; en el segundo caso (“ser lindo”) la eficacia de la apariencia deviene óptica, apunta más bien al “ver”.

Lo que se juega en la apariencia del cuerpo y la belleza dista de ser superficial y leve. La apariencia física y la belleza están operando como auténticos capitales sociales de los que se espera “rentabilidad” y retornos significativos en términos de aumento de la comunicabilidad y aceptación social, posibilidades efectivas de ascenso social, rendimiento erótico y proyección pública. Si se asume seriamente el tema de la apariencia y la belleza corporal en las agendas públicas y políticas, hay que arrebatarle a la moda y los modelajes, a las formas trivializadas de la belleza en los medios de comunicación y al circuito del moldeo técnico del cuerpo, el derecho a administrar e imponer el canon de belleza (aunque se trate de un canon que admite diversidad). También es necesario asumir que el derecho a la belleza, tanto como el derecho a la salud, al cuerpo sano, a la buena alimentación, a la visibilización pública y al erotismo, implica “desnaturalizar” y “desprivatizar” las apariencias corporales y comprender que, como ocurre con las inteligencias –estimuladas mediante intervención educativa–, pueden ser objeto de desarrollo y preocupación pública, o al menos objeto de discusión ciudadana. Por ejemplo, en el seno de la vida escolar adolescente, rica en asedios y pequeñas tragedias asociadas a la urgencia de “apariencias adecuadas”, debatir acerca de “la belleza corporal” puede contribuir a desmitificar y moderar la lesiva influencia del “canon de moda” que discrimina, fuerza inversiones suntuarias y vulnera el equilibrio psíquico y emocional de muchos hombres y mujeres jóvenes.

Camuflaje, mimetismo, adaptación y diferenciación: cuatro modos de la apariencia corporal

Hay por lo menos cuatro lógicas de presentación del cuerpo y la apariencia corporal entre los jóvenes consultados. Cada una resume las reglas que suelen seguir estos jóvenes de acuerdo a juegos sociales en que requieren disponer públicamente sus apariencias corporales para obtener rendimientos simbólicos y materiales:

  1. La lógica de diferenciación o búsqueda de estilo propio. Es la apariencia en sentido prefigurativo2, es decir, aquella en que el “yo” (y, en parte, mi generación) define las reglas de visibilización y los requisitos para diferenciarse de otros que son “mis iguales generacionales” (diferencias entre grupos de la misma edad y clase; diferencias entre grupos de la misma edad, pero distinta clase social) y de los que no pertenecen a “mi generación” (niños, adultos y viejos). El “joven” le enseña a “los mayores” cuál es la apariencia “apropiada”. Considera procedimientos de diferenciación respecto al grupo de pares en lo que, más adelante, denominaremos “estilo propio”.
  2. La lógica de la adaptación o camaleonismo. Prescribe operaciones de adaptación de la apariencia a las exigencias que impone el mundo adulto, los ritos religiosos heredados y las instituciones instruccionales: uniformes escolares, ropa formal de trabajo en las labores profesionales, traje adecuado para ceremonias religiosas –matrimonios y entierros–, o celebraciones y ritos de paso que marcan la transición de joven a adulto –grados, quince años, viaje de estudio fuera de casa–. Es la apariencia post-figurativa, es decir, que imponen las instituciones adultas o los de mayor edad a los jóvenes.
  3. La lógica de imitación o mimética. La proyección de la apariencia propia teniendo como referencia el canon del grupo. Se reconoce la imagen propia de acuerdo a las exigencias y requisitos de la imagen del grupo: estamos ante el desafío de integrarse al grupo de pares y, en ese sentido, se trata de la apariencia co-figurativa. Aquí el “yo” se adecua a las imposiciones del grupo de iguales.
  4. d. La lógica de ocultamiento o camuflaje. A diferencia de las anteriores, esta operación consiste en pasar inadvertido respecto al mundo social en que el sujeto se desenvuelve. El camuflaje se distingue de las otras operaciones y, en particular, del camaleonismo, en que la eficacia pasa por la invisibilización social en un ámbito frecuentemente no institucional y burocrático (la calle peligrosa, el centro de la ciudad, la noche, la marcha de protesta).

En resumen, una lógica crítica y resistente que obra desde el atrincheramiento en la diferenciación propia y la búsqueda del estilo propio; una lógica imitativa o de grupo que aspira a adecuar la apariencia a las exigencias de la tribu; y una lógica adaptativa (camaleónica) que se afirma y adecua al orden y reglas de la apariencia delimitada por la escena laboral e instruccional adulta (igual en la escuela que en la milicia, en la iglesia y el trabajo). Descontada la cuarta lógica –de ocultamiento, más que de visibilización–, hay buenas razones para pensar que los jóvenes integrados, en general, operan estas tres lógicas en los escenarios sociales en que se desenvuelven: la ciudad restringida a sectores de mediano y alto poder adquisitivo, los ámbitos instruccionales adultos y los espacios de encuentro filiales (tribus y familias). Uno puede advertir tentativas de estilo propio tanto en la ciudad restringida como en el grupo de pares y en la escuela; operaciones de adaptación en el centro comercial, en la vida familiar y en el trabajo; y fórmulas miméticas en el grupo de pares, pero también en la escuela o el bar.

La siguiente matriz sintetiza el modo en que se cruzan las tres lógicas de la apariencia con tres tipos espacios de encuentro social diferenciados.

Ámbitos sociales en que se realiza la apariencia corporal del joven urbano integrado
Lógica o funciones de la apariencia (los modos de jugar con la apariencia)
La ciudad restringida a jóvenes de sectores de alto y mediano poder adquisitivo.
(Propensión Prefigurativa)
Los ámbitos instruccionales regulados por adultos
(Propensión Postfigurativa).
Los ámbitos de encuentro filial tribus, pares y familia
(Propensión Cofigurativa).
La lógica de diferenciación o búsqueda de estilo propio
(Lealtad a sí mismo).
Atrincheramiento en la personalidad, en el estilo propio y en las marcas de singularidad como modo de reorganizar las ofertas del mercado a la hora de definir la apariencia. Se mezcla lo que ofrece el mercado para combinarlo selectivamente y construir la apariencia propia y particular. El joven que se arriesga a ir en chanclas al Centro Comercial Chipichape luce desaliñado y ofrece la buena salud de su apariencia natural (piel, cabello, dientes) como signo de distinción. Destrucción y supresi n de las marquillas de la ropa. Las elecciones de la apariencia como forma de rechazo débil o fuerte al mercado, la moda y los media. Atrincheramiento en la personalidad, subversiones críticas al uniforme y fugas y astucias respecto a las restricciones instruccionales. Repliegue en sí mismo, burla a las reglas instituidas y ridiculización sistematica de la apariencia impuesta. Uso intensivo de marcas de distinción en el uniforme y en el cuerpo.
 
Las elecciones de la apariencia como formas de rechazo débil o fuerte a las reglas de presentación pública de cada uno en la institución burocrática.
Atrincheramiento alrededor del derecho a construir una apariencia personal dentro de la familia; control parcial o total de las decisiones de compra y servicios relacionados con el diseño de la apariencia personal.
 
Introducción de rasgos y matices personales en la apariencia de grupo, tribu y amigos.
 
Las elecciones de la apariencia como formas de rechazo débil o fuerte a las formas de presentación de uno en la familia y el grupo de pares.
La lógica de la adaptación o camaleonismo
(Lealtad al canon).
Adecuación a la moda, aguzado sentido de la actualidad y permanente sincronía y armonía respecto a la apariencia que demandan los lugares que la ciudad suntuaria prevé. Las elecciones de la apariencia como formas de lealtad personal al mercado, los media y las modas. Adaptación a las prescripciones que la institución de los adultos define. Apariencia leal a las restricciones que impone el mundo del trabajo o la escuela. Las elecciones de la apariencia como formas de lealtad personal a la institución. Adecuación táctica a los ritos de la organización; ajustes de la apariencia, según los requerimientos de los ritos familiares, a las reglas de apariencia más o menos codificadas en la tribu.
 
Cambios de tribu implican cambios de la apariencia. Las elecciones de la apariencia como formas de lealtad personal al modelo prescrito por el grupo. El harlista, el hippie, el rockero, el barra brava.
La lógica de imitación o mimética
(Lealtad al grupo).
Estilo de grupo, adecuaci n de la apariencia usando los recursos del mercado (o de mercados alternos) para fundar una apariencia colectiva y ajustada a las exigencias del lugar in . Las elecciones de la apariencia como formas de adecuación imitativa al grupo contingente. Camarillas y complicidades de grupo en el espacio instruccional y laboral. Estilo de grupo, marcas secretas de reconocimiento para diferenciarse de los pares etarios en la escuela, en la milicia o en el trabajo. Las elecciones de la apariencia como formas de adecuación a las exigencias del grupo en el ámbito institucional burocrático en que se constituye. Imitación e integración plena al grupo, independientemente de si ha codificado o no ciertos patrones de apariencia.

2. Estilo propio y test Óptico

En este Apartado conviene distinguir entre el tipo de estilo que deriva de la biografía personal, de la experiencia acumulada a lo largo de una vida, el estilo personal – que, como lo indica F. Jameson (1995), ha declinado con la desaparición del sujeto individual–, y el estilo propio, que indica la habilidad para escenificar a la persona, la máscara, el actor. En el primer caso el modo de vivir, la historia propia, la forma en que se ha situado uno en el mundo dado forja el tipo de apariencia que es indisociable del modo en que uno ha vivido terca y tozudamente. Renunciar a la apariencia forjada en el curso de una vida es tanto como renunciar al gusto, al modo de hablar, a la manera de pensar, a la fuerza de las convicciones. El estilo propio, en cambio, apunta al diseño, a la voluntad de poner en escena “un modo de estar y sentirse”, no una manera de “ser y vivir”. El estilo propio es, fundamentalmente, una apuesta por “la forma” y por su adecuación a los vaivenes de la personalidad. Tener “personalidad” y “sentirse bien” son los argumentos que usualmente esgrimieron los jóvenes cuando se les preguntó qué criterios les permiten “ponerse ropa” que a ellos les atrae y al grupo de amigos no. Para las mujeres y hombres jóvenes que participaron del estudio, la personalidad es un recurso fundamental para resistir el dominio extremo del grupo de pares y una condición para moverse en él; es un recurso clave para resistir a la dictadura de la moda y el mercado de bienes, y para redefinirlos de acuerdo a un difuso sentido del “gusto propio y personal”.

El estilo propio es un texto que empieza y termina con la puesta en escena y las emociones que procura. Y las tentativas de hacerse a estilos propios guiarán en algunos de los jóvenes entrevistados sus relaciones con lo que ofrece el mercado. Porque el suyo no es un “consumismo” a secas, es un consumismo de “estilo propio”, pone al centro tanto los requisitos de proyección comunicativa y expresiva de la personalidad, como el talante de las emociones y sensaciones que los singularizan. La suya no es ni resistencia general a lo que ofrece el mercado ni adhesión plena. Se trata de combinar los recursos existentes para producir (ensamblar) apariencias particulares y adecuadas a la escena3. Poseen un saber al detalle y en ocasiones memorioso y fino de las existencias y mercaderías apropiadas para su continua teatralización de la vida y de los encuentros; pueden desarrollar un expertismo de coleccionista sistemático y sabrán discriminar lo que les conviene ponerse y comprar, más allá de las veleidades de la marca, el mercado y la apariencia artificiosa del chicanero o del que no tiene personalidad.

Tres términos de uso común designan y resumen esta crítica que, desde el estilo propio y la habilidad para apreciar detalles y construir una apariencia particular (siempre cambiante), le dirigen algunos de estos jóvenes a quienes se pliegan sin más a las reglas del mercado.

  1. Chicanero. El término acusa a quien aparenta “ser” lo que no “es” apelando a artificios, adornos y marcas que no le corresponden. El exceso de marca es pues exceso de apariencia o, para decirlo de otro modo, impostura. Algo de aquello hay en la acusación de “picado”. Parecer lo que uno no es. De esta manera la marca como forma de “distinción” troca en su reverso: falsificación. Aquí habría una falsificación del “estilo propio” mediante la descarada exhibición del reloj recién comprado, el auto, las zapatillas de marca.
  2. Superficial, plástico, pitillo. Las tres acusaciones señalan una variación interesante respecto a la anterior: la incapacidad de resistirse a las veleidades del mercado sin hacerse a un estilo propio usando, por supuesto, lo que el mercado ofrece. Estamos entonces ante –por decirlo de algún modo– el exceso de mercado, en que el acusado aparece como un sujeto incapaz de construir su propia proyección y apariencia personal (falta de originalidad). Aquí habría déficit de estilo propio debido al repliegue excesivo en el mercado.
  3. Sin personalidad. Incapacidad general para producir un estilo propio y proyectarse públicamente como un sujeto particular, al mismo tiempo atractivo debido a sus singularidades, pero sin llegar a ser extravagante o excéntrico. La acusación está dirigida a quien es incapaz de diferenciarse, de construir una “voz y presencia propia” dentro y fuera del grupo.

Como podrá advertirse a continuación, aspirar a una apariencia corporal propia, con personalidad, que no se reduce y pliega al control del mercado y al del grupo de pares, fuerza un continuo test. Hacerse a un estilo propio exige desarrollar un examen continuo de sí mismo, de los recursos disponibles para la apariencia y del entorno social en que cada uno hace presencia. Nada más parecido a la actitud básica del editor del texto audiovisual, que obra permanentemente revisión y examen de la apariencia (el texto audiovisual) de acuerdo a lo que prevé que serán las condiciones de recepción o la escena de publicación. Es una actitud fuertemente comunicativa, hay conciencia constantemente de cómo combinar los recursos existentes y editar las secuencias adecuadas para hacer rendir estética y emocionalmente su texto. La apariencia corporal es un texto que vive de y en la escena.

Esa mirada que sabe anticipar y actuar, que examina los recursos adecuados para la presentación y exposición del cuerpo, que induce la comunicación de la personalidad a través del cuerpo, esa mirada –decimos– integra varias miradas y varios tipos de test óptico4 en una sola operación. En la cabeza del que mira está el mirón mirándose a sí mismo. Test óptico de primer orden: la síntesis de la mirada del examinadorvoyeurista y del narciso. Pero mientras lo hace, se mira a sí mismo siendo observado por otros. Test óptico de segundo orden: la mirada del que se sabe mirado y lo disfruta. La mirada del exhibicionista. Pero a esa mirada de voyeur, de narciso y de exhibicionista, se suma una cuarta mirada: la del que sabe cómo los otros miran su “mirar”, cómo miran el modo en que mira. Test óptico de tercer orden: aquí se funden la mirada del seductor –galán y descarado– y la del terrorista, del acosador. El sujeto adecua el cuerpo para seducir o para aterrorizar. Y finalmente, el test óptico de cuarto orden: la mirada del paranoide, del cazador o del acomplejado. Del que examina el mirar del otro y permanece al asecho, observando la mirada de ojos que lo vigilan y observan.

Aguarda el momento oportuno para cazar, escabullirse o camuflarse. El mirón, pues, encarna bien en el joven urbano. Posee esa mirada robusta que funde al voyeurista y al narciso, al exhibicionista, al seductor-terrorista, al paranoide acomplejado y al cazador. Una conciencia óptica excesiva. Por eso afirmamos que este saber de la mirada y con la mirada, este test óptico que examina el cuerpo y la apariencia, puede equipararse bien al del editor audiovisual.

El test óptico es un saber y una práctica permanente. Es un saber conquistado en el mundo práctico tal como el habla o la gestualidad del rostro. El test óptico es la práctica y el mecanismo que permite afinar el sentido de belleza mediante el principio relacional, es decir, ateniéndose a la idea según la cual las relaciones sociales son lo real y fundan los términos relacionados: de esta manera la belleza no es un dato objetivo –en el sentido de externo a las condiciones sociales en que es dada– sino social y relacional (que es distinto a relativo). Las cosméticas y las cirugías son algunos de los procedimientos que responden a esta aspiración a una adecuada proyección comunicativa de la personalidad en la apariencia, en tanto texto escenificado para esa proyección.

Cecilia, una de las participantes en los grupos de discusión realizados en el marco de la investigación en la que se basa el presente artículo, menciona el siguiente testimonio: “Tengo un amigo que tiene una agencia [de modelos], y había una muchacha muy linda: tiene ochenta cirugías y se sigue sintiendo fea. Tiene una cara linda y un cuerpo precioso, y sin embargo se seguía sintiendo fea, y no es fea”. El caso revela en qué medida el complejo de fealdad no tiene que ver con la apariencia corporal, sino con la intensidad del test óptico exacerbado, en este caso, por la competencia profesional. La profesionalización del test óptico sobre la apariencia configura el malestar de la joven modelo en un campo de trabajo en que el examen de las minucias objetivas y detalles ínfimos se traduce en diferencias abismales que, para el mundo ordinario, pasarían inadvertidas. El malestar indica cómo la apariencia es generada a través de la sofisticación del test permanente. Las opciones de rediseño más severas –cirugía, por ejemplo– indican el grado en el que el test óptico profesional sobre la apariencia se ha ido intensificando y extendiendo entre hombres y mujeres jóvenes. El cuerpo es un texto a editar. El incremento de las cirugías plásticas entre jóvenes es la forma extrema de esta decidida inclinación por invertir el cuerpo e invertir en el cuerpo, una inclinación que no debe confundirse con los viejos procedimientos de maquillaje, enmascaramiento y disfraz. Estamos ante una continua reescritura del cuerpo cuyo dispositivo central es el test óptico continuo. La cirugía plástica realiza y objetiva las innumerables cirugías imaginadas que la mirada y el test óptico han realizado una y otra vez, previamente. Antes de entrar al quirófano, este cuerpo expuesto ya había estado allí.

Editor audiovisual.
Factura y proyecta un texto audiovisual.
Productor de apariencias corporales y estilos propios.
Factura y proyecta su propia personalidad mediante la puesta en escena del cuerpo, el rostro y la palabra.
1. Extraordinaria habilidad para examinar y anticipar los públicos, habilidad para el examen de aquello que en el texto es propicio a los requerimientos de una adecuada puesta en escena. 1. Un agudo sentido de lo que los lugares y gentes le demandan y le exigen al cuerpo para su puesta en escena.
2. Registro y archivos minuciosos de detalles, escenas, secuencias. Relectura de lo filmado para efectos de confeccionar secuencias adecuadas. Relectura de los modos como en otros filmes se han resuelto problemas narrativos mediante procedimientos de edición. 2. Test ptico de primer orden: la mirada del mirón sobre su propia apariencia (narciso) y sobre la apariencia de otros (el voyeur).
3. Revisión, clasificación, pietaje del material, de planos, imágenes, y examen minucioso del material desde la perspectiva de cómo será mirado por los otros, por los públicos. 3. Test ptico de segundo orden: la mirada del exhibicionista. Habilidad para reconocer y disfrutar el ver del otro.
4. Montaje y edición pensando en los efectos que interesa producir y desencadenar en los públicos. 4. Test ptico de tercer orden: la mirada del que mira que le miran la mirada y, de conformidad con ello, la ajusta para producir determinados efectos (el terrorista, el descarado, el seductor).
5. Examen de los resultados de la exhibición, evaluación de efectos sobre el público, valoración crítica del texto audiovisual exhibido. La tensión y angustia de la premier. 5. Test ptico de cuarto orden: la mirada del que examina las reacciones, los ojos de los otros, del que asecha y vigila a los otros y calcula los movimientos adecuados para proceder de acuerdo a las reacciones de los otros (el paranoide, el cazador, el acomplejado).

Citas

1 La investigación consideró seis grupos de discusión (Ibáñez, 1992) en que participaron 42 jóvenes, además de entrevistas semi-estructuradas a diez jóvenes y el examen-registro fotográfico de nichos de encuentro joven en Cali. De entre los 42 participantes, 22 eran mujeres y 20 hombres. Tres de los 20 hombres declararon, durante el grupo de discusión, su inclinación homosexual. Teniendo en cuenta el perfil socioeconómico del colegio o universidad en que estudian, la escolaridad de los padres, la condición laboral de algunos de ellos, se puede establecer la siguiente clasificación. En los grupos de discusión de colegios privados participaron los jóvenes con mayores ingresos, mayores posibilidades de prolongar su vida escolar y con padres con mayores niveles de escolaridad. De los 16 jóvenes de colegios privados (8 hombres y 8 mujeres), 11 han estudiado en colegios bilingües o clasificados entre los de mejor rendimiento académico de la ciudad. En los 13 participantes de los grupos de discusión de colegios públicos (8 mujeres y 5 hombres) la composición es más heterogénea. Sólo en los casos en que los padres son profesores (4 padres profesores y 3 madres profesoras) éstos poseen estudios universitarios (licenciaturas, especializaciones y maestrías), exceptuando uno en que el padre es ingeniero industrial. Los padres no profesores en la mayoría de los casos han alcanzado estudios de bachillerato completos o incompletos (en 10 de los 25 participantes). Los colegios públicos de mayor prestigio en la ciudad son aquellos en los que estudian los participantes de colegios públicos cuyos padres tienen los mayores niveles de escolaridad. Los participantes de los grupos de discusión de universidades (pública y privadas) revelan, junto con los de colegios privados, el mayor nivel de escolaridad de los padres. En la escala de máxima escolaridad de los padres y mayor clasificación socioeconómica del colegio y universidad participaron 10 jóvenes (6 mujeres y cuatro hombres). En segundo lugar, están aquellos en que al cruzar escolaridad de los padres y perfil socioeconómico de la institución escolar revelan variaciones del tipo colegio de clase media y alta, y nivel medio (bachillerato) de los padres; o colegio privado de menor reconocimiento y padres con estudios parciales o completos de tipo universitario. Es el caso de 29 de los 42 participantes. En condición de mayor vulnerabilidad socioeconómica y escolar se encuentran aquellos que, adelantando estudios universitarios o de bachillerato, deben trabajar para sostenerse y contribuir al ingreso familiar, o en que la escolaridad de los padres es mucho menor y la clasificación socioeconómica de la institución educativa en que se forman es relativamente baja; tres participantes del estudio se encontraban en esta condición.

2 La distinción entre cultura prefigurativa, cofigurativa y postfigurativa es definida por Margaret Mead (1970) en los siguientes términos: “Las distinciones que marco entre tres tipos diferentes de cultura –postfigurativa, en la que los niños aprenden primordialmente de sus pares; cofigurativa, en la que tanto los niños como los adultos aprenden de sus pares, y prefigurativa, en la que los adultos también aprenden de los niños– son un reflejo del período en que vivimos” (p.35).

3 En esta tentativa de ensamblar apariencias a partir de los recursos disponibles se advierte lo siguiente. En las observaciones realizadas respecto al cuerpo de los adolescentes, habría una lógica femenina que opera a través del agregado de accesorios y una lógica masculina que opera mediante la eliminación y simplificación de accesorios (y las vellosidades). Un número significativo de los adolescentes recarga el cuerpo con varios cueritos, collares y escapularios, cadenas, aretes (triples y dobles), objetos de plata, maletines. La indumentaria asimila objetos de muy distinta procedencia (artesanías, objetos técnicos contemporáneos, prótesis, objetos de la naturaleza –como piedrecillas– debidamente pulidos, argollas, piezas múltiples) que participan del ornato general del cuerpo. En términos generales, podemos advertir cierto barroquismo que alude menos a la “cantidad y arracimamiento” de objetos de ornato, que al modo de uso y la procedencia de las piezas: es decir, lo barroco se refiere a la diversidad de fuentes que nutren el ornato del cuerpo, los lugares del cuerpo en que se sitúan las piezas y la manera de mezclarlas que pareciera desafiar una gramática ortodoxa. La actitud según la cual cualquier “objeto” potencialmente puede disponerse como “signo de ornato” define este barroco postmoderno. Si “la estrategia femenina” (que no de las mujeres) de ornamentación es cercana a un cierto barroquismo, “la estrategia masculina”, (que no de los hombres) de ornato pasaría por la eliminación de accesorios y vellosidad (cabellos). Es como si la feminización implicara algunas formas de barroquismo en el cuerpo y la “masculinización” se moviera hacia la eliminación y rechazo (moderación) de los accesorios. De esta manera, hombres y mujeres jóvenes pueden rediseñar sus apariencias feminizándolas o masculinizándolas mediante una lógica aditiva o extractiva. Ambas operan de acuerdo con la ocasión y las circunstancias, como conviene a una cosmética anclada a las oportunidades y no a lo que “uno es”.

4 Por supuesto, hacemos un uso laxo y flexible del concepto benjaminiano de test óptico (Benjamin, 1935).


Bibliografía

  1. BAUDRILLARD, Jean, La sociedad de consumo. Sus mitos y sus estructuras, Barcelona, Plaza y Janés, 1974.
  2. BENJAMIN, Walter, “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, en: Discursos Interrumpidos I, Madrid, Taurus, 1982 (1935).
  3. GÓMEZ, Rocío y González, Julián, Desing: Designar / Diseñar el cuerpo joven y urbano, Colciencias y Universidad del Valle, Cali, Anzuelo Ético, 2003.
  4. IBÁÑEZ, Jesús, Más allá de la Sociología. El grupo de discusión: Técnica y Crítica, Madrid, Siglo XXI, 1992.
  5. JAMESON, Frederic, El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado, (Primera edición en inglés, 1984; primera impresión en español, 1991), Barcelona, Paidós, 1995.
  6. MEAD, Margaret, Cultura y compromiso. Estudio sobre la ruptura generacional, (Primera edición en inglés, 1970), Barcelona, Gedisa, 1991.
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Temporalidad social y jóvenes: futuro y no-futuro

Temporalidade social e juventude: o futuro e não-futuro

Social temporality and youth: future and non-future

Ana María Arango Cárdenas*


* Antropóloga, Universidad Nacional de Colombia. Investigadora del Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos de la Universidad Central (IESCO-UC), Línea sobre Jóvenes y culturas juveniles. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.


Resumen

Este texto constituye una primera reflexión para el desarrollo de una investigación empírica que permita ahondar en las relaciones de la temporalidad con la constitución de los sujetos sociales. Se revisa la asimilación de los jóvenes a la idea de futuro a partir de dos imágenes presentes en los estudios de juventud en el país: peligro social y cambio social. Finalmente, se introducen algunas inquietudes sobre las regulaciones temporales y sus modos de planificación.

Palabras clave: temporalidad, progreso, representaciones, jóvenes, futuro, subjetividad.

Resumo

Este texto constitui uma primeira reflexão para o desenvolvimento de uma investigação empírica que permita afundar nas relações da temporalidade com a constituição dos sujeitos sociais. A assimilação dos jovens à idéia de futuro é revisada a partir de duas imagens presentes nos estudos de juventude no país: perigo social e mudança social. Finalmente, são introduzidas algumas inquietudes sobre as regulamentações temporais e seus jeitos de planificação.

Palavras-chaves: Temporalidade, progresso, representações, jovens, futuro, subjetividades.

Abstract

This paper is the begining of one reflection which provide the context for an empirical research in the field of relationships of temporality and social subjectivities. It analyses the young people idea of future from two images founded in the youth research in Colombia: social danger and social change. Finally, they are introduced some questions about time regulations and its ways of managment.

Key words: Temporality, progress, representations, youth, future, subjectivity.


El tiempo: eje fundamental para una aproximación sociocultural

Aunque no midas las horas del día como largas o cortas, cerca o lejos, aún las llamas doce horas. Porque las señales del tiempo que vienen y van son obvias, la gente no lo duda. Aunque no lo duden, no lo comprenden. O cuando los seres sintientes dudan de lo que no pueden comprender, su duda no está fija firmemente. A causa de esto, sus dudas pasadas no necesariamente coinciden con la duda presente. Aun la duda en sí misma no es más que tiempo.
Fragmento de poema Zen.
Primer día de invierno,
primer año de Ninji (1240),
Monasterio Kosho Horin.

El tiempo es un eje primordial de configuración de los sentidos sobre el mundo y la realidad. Así, las culturas revelan diferentes perspectivas en que se experimentan, recrean y perciben las temporalidades sociales. Un ejemplo actual serían las diversas formas como un mismo día es denominado en el planeta; pocas veces nos preguntamos qué significa que el 24 de enero del año 2005 (en el conteo estandarizado) también sea 13 Dhul-hajj al final de la peregrinación anual Hajj a la Meca en la tradición islámica, o que en Hong Kong o Shanghai sea 15 Ding Jou. No nos detenemos a comprender que existen diferentes temporalidades, o quizás, si éstas tienen factura humana, más bien las concebimos como dimensiones naturales y eternas, que están dadas de antemano y se vuelven incuestionables1.

Buscando comprender las diversas formas de ser en el mundo, se han tomado en consideración dos dimensiones: el espacio y el tiempo, para visualizar las variaciones socioculturales determinadas histórica y geográficamente. Desde la sociología, Wallerstein (1997) retoma esta combinación para referirse al sistema mundo moderno.

Señala que una característica peculiar de este sistema,

Es el lugar que se le ha dado a las múltiples construcciones sociales del TiempoEspacio. Esta característica le ha dado gran flexibilidad y resistencia. Al mismo tiempo le ha dado una habilidad extraordinaria para ocultar a sus integrantes la realidad sobre lo que están experimentando (…) Los sistemas históricos derivan su estabilidad del hecho de que la mayoría de personas que se hallan en ellos, consideran el sistema social como natural y permanente, si no eterno (Wallerstein, 1997: 3-4).

Aquí, se esbozarán los apuntes iniciales de una reflexión sobre la temporalidad y la importancia particular que toma en la configuración moderna de los ritmos sociales. Si bien la institucionalización del tiempo católico ocurrida en el siglo XVI se considera como un detalle del pasado, no percibimos que a partir de ese hecho, paulatinamente, se fue determinando un ritmo mediante el cual la sociedad de la era de los descubrimientos nació a una realidad homogénea de tiempo. El calendario gregoriano normatizado por el Vaticano en 15822 –noventa años después de la llegada al “nuevo mundo”–, constituyó una forma de dominar a las culturas amerindias al negar no solo sus formas singulares de medir el tiempo, sino al tratar de desaparecer las versiones nativas del origen del universo y aun de las propias culturas. El calendario fue uno de los instrumentos centrales que contribuyó a crear un nuevo orden mundial3, en el cual la maximización del tiempo y la rentabilidad por su control incrementaron la explotación de los recursos humanos y naturales. El calendario, que originariamente venía de una sociedad europea católica, y el reloj mecanizado cimentaron la época moderna, en tanto su intento de

Sincronizar la heterogeneidad de las temporalidades sociales en un tiempo único, uniforme, homogéneo y cuantitativo que viene prefijado externamente. En efecto, institucionaliza un régimen de temporalidad estandarizado que rompe la ligazón con los procesos naturales para configurar un tiempo artificial al que debe plegarse la totalidad de la vida colectiva […] un régimen de disciplina temporal que coloniza el entramado de la vida social (Carretero, 2002: 6-7).

En este proceso que pone en juego un nuevo factor de sincronización, el reloj constituye

La máquina clave de la época industrial porque, por una parte, permite la estandarización de la producción […] por otra parte contribuye a la creencia en la concepción del mundo de la ciencia, matemáticamente medible e independiente de los hechos. El tiempo ya no es una sucesión de experiencias, sino una colección de horas, minutos y segundos que se pueden atesorar […] a la imagen del dinero, la única forma de riqueza ilimitada, puede ser acumulado, mercantilizado, y reinvertido (Lasén, 2000: 49).

Asimismo, el establecimiento del sistema de zona horaria internacional en 1884 produjo una mayor sincronicidad en las comunicaciones, reflejando su amplio impacto en las dinámicas económicas, y en el modo en que el “mundo” se empezó a percibir como una sola unidad. Los nuevos sistemas de comunicaciones y transporte requirieron de un único patrón horario que fue fijado con referencia al meridiano de Greenwich, justo en el momento en que Inglaterra tiene la hegemonía en el sistema mundo moderno. Las estructuras temporales fueron transformadas en un valor económico y reglamentadas posteriormente a través de modelos de trabajo que manifestaron la necesidad de automatizar y economizar el tiempo al servicio del rendimiento productivo. Los intereses empresariales hicieron patente la importancia de la sincronización de la producción, por ejemplo, al tener conocimiento de la hora en todo el planeta y ejercer control efectivo con el horario de los empleados. A partir de estas condiciones temporales, se transformaron los marcos y contenidos del calendario social, y también se definieron más nítidamente categorías sociales marcadas por la temporalidad como son la niñez, la juventud, la adultez y la vejez, que recrearían una continuidad anclada en una matriz cultural e histórica dirigida hacia el progreso4. Dichas categorías sociales operaron como fuerzas para la producción y acumulación de capital. En este proceso, la reproducción social, como condición, recae de manera importante en la juventud que sobrelleva un sentido temporal en tanto interviene en la definición del futuro de la sociedad.

Margulis y Urresti (1998) han señalado que a partir de los siglos XVIII y XIX, la construcción de la juventud surge como una condición en la sociedad occidental moderna, aplicada a aquellos jóvenes que de acuerdo a su posición de clase podían vivenciar una etapa de preparación y de algunas libertades, que mediaría entre su madurez biológica y social. Superado este periodo, se esperaba su plena integración a la vida social, condición que fue definida a partir de los roles adultos de ser trabajador-a, esposo-a, padre-madre. Tal moratoria no era experimentada del mismo modo por jóvenes en otros sectores y contextos culturales. Por ejemplo, durante la expansión de la revolución industrial se complejizaron los diferentes oficios (de mayor a menor cualificación) y variaron los tiempos de aprendizaje como los contenidos educativos según las clases sociales5.

Con la industrialización6 se generaliza el modelo de la fábrica; este demanda capacitar mano de obra técnica y experta que cubra las diversas funciones requeridas. La escolaridad se prolonga a lo largo de toda la infancia y se especializa la participación de los sujetos según un criterio de edad. Por esta vía la juventud es administrada en diferentes espacios sociales. La escuela y otras instancias de formación serán encargadas de ofertar aspiraciones, erigiéndose como el camino idóneo para alcanzar un mejor futuro7. Sin embargo, muchos jóvenes de clases populares viven periodos cortos de escolarización o ninguno, ante su necesidad de insertarse rápidamente al mercado laboral, y asumir desde muy temprano responsabilidades adultas.

El escenario descrito brevemente se complejiza de manera significativa como producto de las transformaciones políticas, económicas y culturales de las denominadas sociedades de la información, en las que la reproducción de los contenidos socializadores deja de ser mediada exclusivamente por instancias como la familia y la escuela. En este contexto se ha hecho indiscutible la teleología de producir y consumir como un rasgo dominante que estructura los tiempos de vida. El ideal de tiempo que fue determinado poco a poco por la economía basada en el lucro ha programado todas las formas de tributación que siguen las naciones y ha dado sentido al ritual consumista que se realiza para cada anualidad. Al definir esta temporalidad, observamos que una de sus características se basa en incrementar el control de franjas definidas de tiempo, como los 12 meses del año o los 60 minutos-hora que se privilegian, entre otras unidades que se usan8. La economía de libre mercado se configura como un sistema de creencias basado en el valor de la ganancia. El ideal de la ganancia a cualquier precio y en el menor tiempo posible domina el sistema económico de la sociedad. Estamos tan imbuidos en los patrones de hábito fomentados por esta temporalidad profundamente enraizada, que virtualmente muchas personas no pueden pensarse o percibirse fuera de este patrón. La alternancia entre los tiempos de trabajo y los del ocio responde a la lógica que regula los tiempos productivos en función del consumo, mediante la especialización de industrias que inundan el tiempo libre (industrias del espectáculo, entretención, etc.)9. Esta condición configura de manera significativa la modelización de los sujetos sociales y manifiesta el interés programado del capitalismo de obtener ganancia a futuro. En este proceso el énfasis recae de forma definitiva sobre las generaciones venideras de consumidores potenciales. En la posguerra aparece la cultura del ocio juvenil (Gil Calvo, 2001: 105), la que posteriormente, con la expansión de los medios de comunicación, desembocó en una “cultura mediática juvenil” (Busquet, 2004: 180), un espacio de consumo destinado específicamente a esta franja que, a su vez, ofrece lo juvenil como un atributo que puede ser consumido.

La transformación de las estructuras y símbolos dinamizadores de la modernidad sucede ante la evidencia de que este orden viene creando su propio detrimento, con un gran costo ecológico y social. En la incertidumbre generada, el joven resiente un mayor pesimismo por su futuro y vive fuertes contradicciones en la toma de decisiones para su porvenir. Este aspecto toma características difusas para aquellos jóvenes que no logran soñar ni siquiera qué desean hacer de sí. Las grandes desigualdades entre jóvenes de un mismo país y con los de otros países ponen en evidencia la polarizacion de un régimen planetarizado de inclusiones y exclusiones, que manifiesta una relación de los jóvenes con el futuro marcada por la tensión y la desorientación. En ellas oscila la imagen -que no es nuevade los jóvenes determinados por diversos prototipos, de quienes son jóvenes por tener un futuro y consumir esta atribución, y de quienes se ven sin futuro y en la periferia del flujo de consumo que determina una juventud mediática.

Los estudios sobre jóvenes: expresión de facetas antagónicas

A mediados del siglo XX la mayoría de países latinoamericanos adoptaron el modelo de desarrollo urbano-industrial. Entre otras cosas, este modelo trajo consigo una ampliación en la cobertura de la educación, que extendió su perímetro definiendo aspiraciones y privilegios sociales. No obstante, este influjo no significó el equilibrado acceso a oportunidades proporcionadas por un sistema estable, que brindara garantías de inserción a lo productivo y de movilización social. Al contrario, se entró a cuestionar que un futuro -el del individuo-, pudiese estar asegurado por el solo hecho de haber pasado por la educación, como la vía tradicional hacia el trabajo y la independencia económica10.

Hacia la década de los sesenta, los jóvenes latinoamericanos comienzan a ser visibilizados en los movimientos estudiantiles que manifiestan tempranamente las contradicciones y conflictos no resueltos en la configuración desigual de nuestras sociedades. Lo anterior no significa que la América Latina sea un contexto social homogéneo, puesto que existen importantes diferencias entre jóvenes de cada país; sin embargo, las imágenes oscilantes del estudiante revoltoso al delincuente generaron diversos prototipos que han determinado su constitución. En los ochenta, la faceta política del joven es desplazada y se le comienza a responsabilizar por su participación en la violencia urbana. En este contexto los jóvenes son vistos como violentos y peligrosos, como los protagonistas de la inseguridad en las ciudades. La connotación que adquieren como sujetos fácilmente influenciables recae hacia finales de los noventa en la droga como agente manipulador. Se señala además que el empobrecimiento estructural generado por los modelos económicos ha afectado de lleno a los jóvenes, los cuales han

continuado señalando, a través de múltiples modos en que se hacen presentes, que el proyecto social privilegiado por la modernidad en América latina ha sido, hasta hoy, incapaz de realizar las promesas de un futuro incluyente, justo y, sobre todo posible (Reguillo, 2000b: 20-22).

En Colombia, que no es ajena a estos procesos, las representaciones del joven pendulan entre el desconcierto y la esperanza; imágenes entre otras, que emergen en la revisión de estudios de juventud en el país, en un lapso de veinte años (de 1985 a 2003). De manera importante la definición de joven es circunscrita a las nociones de peligro social y cambio social que han sido descritas en los Estados del Arte para Bogotá y Colombia (Serrano, et al., 2000; Escobar, et al., 2004) y subrayan la importancia de comprender los efectos prácticos del uso de ciertas concepciones y representaciones en la estructuración de las relaciones sociales. La primera imagen visibiliza al joven como actor central de los fenómenos de violencia. La preocupación social se focaliza en dos actores: la insurgencia y el narcotráfico, de quienes con frecuencia se señala, menguan la seguridad nacional y ciudadana y están conformados en forma prevalente por jóvenes. Asimismo, se manifiesta la presencia de actores colectivos en las ciudades, bandas, pandillas y parches en los barrios, hecho que tuvo en el sicario su imagen emblemática. Las agrupaciones y culturas que irrumpen en las urbes son valoradas negativamente en la mayoría de los casos o son concebidas como la expresión de las contradicciones sociales que afectan a jóvenes de sectores populares. Por su parte, en los sectores rurales, esta peligrosidad no es la excepción, pues se considera que los jóvenes son protagonistas centrales de actividades ilícitas y del conflicto armado.

A partir de este nombramiento se han desarrollado políticas sustentadas principalmente en el control, la corrección y la prevención, que se constituyen en los mecanismos de acción dirigidos a millares de seres humanos abandonados a su suerte. Las circunstancias de desigualdad, interpretadas como la falta de oportunidades sociales, son el argumento con el que se explica que ante la situación de inestabilidad social y económica, los jóvenes se conviertan en agentes propiciadores de conflictos y violencia, lo que los asocia con la idea de No-Futuro. Algunos autores han señalado que la cercanía del riesgo y la muerte, como experiencias cotidianas, marcan las trayectorias y expectativas sociales de muchos jóvenes que viven el afán de resolver lo inmediato.

Forzados por un ‘útero social’ empobrecido, dentro de un mundo paradigmático y del consumismo y en el marco de necesidades básicas insatisfechas, los deseos y anhelos de los jóvenes se explicitan en el afán por la inmediatez (Barrios y Gutiérrez, 1997).

Aquí toma primacía la idea del presente sobre el futuro, este es visto como la posibilidad de afectar las actuales condiciones de vida. Otro estudio resalta que el sentido de futuro de algunos jóvenes vinculados a pactos de no agresión y convivencia se presenta mediante una pugna entre la realidad y los sueños, debido a que la incertidumbre es un elemento que tienen incorporado: “quién sabe si mañana estaremos vivos”; aspecto paradójico porque enuncian su futuro cargado de sueños (López, s.f.).

Por el contrario, la imagen de la juventud como motor del cambio social asimila al joven con una idea sobre el futuro y lo convierte en el depositario de las esperanzas de transformación. Esta noción será otorgada a aquellos sujetos que estarían en capacidad de reproducir el ideal de producción y consumo, a través de participar en el flujo de los capitales económicos regulados y en los destinos políticos de la nación. Esta idea cobra especial fuerza a comienzos de los años noventa en el país, con el movimiento que convocó a la Asamblea Nacional Constituyente en 1990, y es reforzada con el discurso participativo impulsado por la Carta Constitucional del 91 que procuraba la inclusión de distintos sectores a la vida política del país. Circunscrita a los espacios formales de un ejercicio político estatal, la participación buscaba que los-as jóvenes incidieran en su entorno inmediato y en los destinos nacionales a través de su inserción al modelo (Escobar, et al., 2004: 171).

La imagen del Futuro recae en estos sujetos a partir de algunos presupuestos: por un lado, se considera a la juventud como un periodo de maduración biológica que otorgaría un cierto “plus vital”, la potencialidad de vivenciar una etapa de desarrollo que los identifica como dinamizadores del cambio social y político. Se les considera como un factor de renovación y relevo generacional, que les da un cierto protagonismo como actores políticos o bien como agentes de inconformidad. Sobre todo, a través de esta imagen, el joven es asumido como actor social y sujeto político participativo que impulsa el cambio. Desde una perspectiva institucionalizante, se propende por su inclusión en las propuestas estatales, y es concebido como actor estratégico del desarrollo. A esta visión subyacen diferentes atribuciones de temporalidad: mientras en unas el sujeto está en etapa de preparación para asumir un papel activo en la sociedad, poniéndose el énfasis más bien en su potencialidad a largo plazo, en otras se da lugar central a las posibilidades actuales de los-as jóvenes y a su capacidad para incidir en el presente.

A modo de conclusión

El efecto de la aplicación de las actuales políticas neoliberales coloca al vaivén de los condicionamientos del capitalismo global a Colombia, un territorio en el cual tradicionalmente, el afán de lucro, la desigualdad, la corrupción, etc. han establecido un régimen de violencia social, política y económica durante varios años. La pérdida de credibilidad en los mecanismos clásicos de representación y participación política, la agudización de problemáticas sociales y la menguada influencia de instituciones socializadoras han creado un sinsentido que convierte al futuro en un sino desfigurado. En este contexto, la pregunta por la temporalidad y la juventud adquiere especial validez, ya que se relaciona con la direccionalidad que ha tomado la reproducción social bajo estas condiciones. En los estudios revisados para el estado del arte (2004), observamos que en muchos casos se responsabiliza a la pobreza como causa primordial de la criminalidad juvenil y de otros problemas. Mediante esta operación, se estereotipa a determinados jóvenes como susceptibles a la delincuencia y la violencia. Este principio parece tener igual resonancia en la captación voluntaria o forzada de los y las jóvenes al conflicto armado interno. De nuevo, la causa de su participación en la violencia se focaliza en la falta de oportunidades con que cuentan. El aumento de los dispositivos y las acciones a partir de estigmatizar a los jóvenes, es una imposición

Sobre aquellos que no se ajustan a la figura de un “consumidor- ciudadano” funcional al modelo económico y político privilegiado por los gobiernos de la región, mecanismo que se opera a través de la expansión de un imaginario que transforma la pobreza de una condición estructural a una categoría de identidad (Reguillo, 2001: 7).

Las imágenes descritas muestran dos facetas, si se quiere antagónicas, respecto a los jóvenes. El tiempoporvenir expresa un aspecto difuso para aquel que sería dueño del no-futuro: se siente violentado, en primera instancia, al ser condicionado por una inestabilidad que limita sus aspiraciones a un régimen de inclusiones y exclusiones. Este mundo abierto a unos y cerrado a otros toma otra cara con aquel joven que se siente incluido, aquel que responde a los ideales de inserción y accede a los medios para escalar socialmente. En el camino de examinar los estereotipos sobre los jóvenes surge la pregunta por quiénes son los que representan y conciben a los jóvenes. Las representaciones no solo refieren al representado sino al que representa; en ese sentido no son inocentes y se convierten en rasgos de identificación que obligan a asumir el estigma como emblema e identidad. Los jóvenes tienden a asumir dichas representaciones, lo que genera una situación de complicidad involuntaria, puesto que estos estereotipos

Guardan estrecha relación con el modo como efectivamente actuamos en la sociedad; en otras palabras, la representación orienta la acción, le da intención, direccionalidad, contenidos y de manera especial sentido. (Ibíd.: 8-9).

Consideramos que en la actualidad, el paradigma de una relativa aceleración en un futuro diluido y con climas cambiantes ha convertido al tiempo en un bien de consumo muy preciado. Así, el énfasis puesto en la esfera económica estandariza la contabilización temporal, que se convierte en una característica de nuestra constitución social, al servicio de la acumulación, hiperproducción y consumo. Se produce una aceleración que no es más que el efecto de la necesidad de consumir tiempo. La oferta remite a un ahorro de tiempo y de dinero que reduce el presente a la lógica monetarizada del consumo. La venta de tiempo corre en paralelo con el precio para acceder a este. Desde otro ángulo, también es visible el impulso de muchos jóvenes a consumir todas las experiencias posibles en el menor tiempo, para “ser jóvenes, pero no inexpertos”.

Cuestionar la lógica temporal y sus modos de planificación, introduce importantes interrogantes:

Parece útil preguntar qué tipo de correspondencias existe entre la exaltación del instante en la vida cotidiana, en el consumo y la dinámica escurridiza de los mercados de bienes y mensajes (García Canclini, 2004: 50).

La gestión temporal muestra que, aunque la estructura descrita en el calendario y el reloj sean las mismas generando una cuasi-sensación de unicidad histórica, ha ocurrido una transformación en la temporalidad moderna que se hallaba dirigida hacia el futuro. El énfasis puesto en el hoy, definido en el presentismo que tanto jóvenes y agendas públicas y políticas expresan, es una temporalidad que desdeña los planteamientos a largo plazo y describe un presente que los medios de comunicación fabrican mediante una actualidad producida con relación a la economía. Nos referimos a la instalación que hacen los medios de comunicación de un presente continuo, en donde la secuencia de acontecimientos hace que cada hecho borre al anterior. El futuro que queda es aquel que determina el sino inexorable del reloj, para quien siempre existe un mañana y unas tres de la tarde próximas. Pero, al minimizar la perspectiva, para la mayoría, el futuro es incierto y se configura mediante las posibilidades de sobrevivir en la transacción de diferentes capitales. La visión centralizada en la definición del joven a partir de su inserción o no al aparato productivo oculta la incapacidad estatal para solucionar problemas sociales y económicos de larga data, a los que se responde mediante la categorización de los sujetos en la medida de su inclusión y exclusión, a través de clasificaciones que los reducen a variables.

La búsqueda de solución a la condición estructural desigual no es reciente, como lo demuestra Robert Nisbet (1991) al retomar uno de los cuestionamientos de Henry George sobre las contradicciones que veía surgir durante el auge del ideal del progreso:

¿Cómo es que, en medio de los incuestionables progresos de la humanidad, está aumentando la miseria de los pobres en proporción casi directa a los adelantos de la tecnología, la ciencia, el arte del gobierno, las artes y otros tantos campos de la actividad social? ¿Qué es lo que hay que hacer para conseguir que los pobres participen también en el progreso general de la humanidad? (Nisbet, 1991: 289).

No deja de sorprendernos el sentido que tienen estos cuestionamientos, en vista del crecimiento exponencial de la tasa de pobreza y exclusión de los países. Lo que llamamos futuro o su negación es de por sí una condición profunda y compleja de analizar. La situación de imprevisión e incertidumbre de los jóvenes no es exclusiva; al contrario, es compartida por todos. El modelo económico que degrada la política social ve como una condición de peligrosidad o amenaza los actos de sobrevivencia de ciertos jóvenes, en especial de quienes están bajo la “pobreza extrema”11. La temporalidad en estas condiciones adquiere una valoración negativa puesto que representa lo improductivo, un tiempo que no se articula directamente en los circuitos de la economía global.

Esta reflexión constituye una primera entrada para el desarrollo de una investigación empírica que permita ahondar en las relaciones de la temporalidad con la constitución de los sujetos sociales, al considerar los nexos posibles entre la medición del tiempo y la definición de las etapas de la vida. Desde los contextos cotidianos interesaría interrogar la experiencia del tiempo y las concepciones de diferentes sujetos y colectivos. Quizás sea determinante explorar los espacios formales (colegios, universidades) y, fuera de ellos o de sus lógicas, advertir la existencia de diferentes formas de ser en el tiempo que, espontáneamente o como reacción conciente e inconciente a las coerciones, expresan modos singulares de sincronización.


Citas

1 Según señala Reguillo, lo difícil es penetrar en la propia experiencia del tiempo y del espacio en que nos hemos formado para reconocer en ella todo lo que hay de determinación histórica y por tanto de relatividad social y cultural (Reguillo, 2000a: 74).

2 La reforma al calendario juliano hecha por el papa Gregorio XIII en 1582 consistió en añadir los diez días de desajuste que se tenía al determinar los equinoccios y solsticios. Se adoptó la norma del año bisiesto para tratar de sincronizar la irregularidad anual que crea un día cada cuatro años.

3 El calendario gregoriano fue en principio adoptado por la Europa cristiana e impuesto a la América hispanolusitana; sin embargo, no tuvo la misma aceptación en todas partes –su uso no fue unilateral–; se introdujo por motivos económicos y políticos, siendo adoptado en Inglaterra en 1752, en China en 1912, en Japón hace unos 130 años y en Rusia en 1918, entre otros. Se constituyó como un emblema de occidente civilizado y se convirtió en norma internacional y patrón globalizado (Ackermann, 2000: 50-51).

4 Hacia finales del siglo XIX los pensadores veían en la idea del progreso una consumación natural, representada en una continuidad histórica en la que, a través de sucesivas fases de desarrollo, se recrea una proyección lineal del tiempo dirigida hacia el futuro. Por ejemplo, Lewis Morgan y Edward Tylor describieron la evolución social de la humanidad en tres fases: salvajismo, barbarie y civilización. En el progreso pervive la creencia “de que la humanidad avanza hacia un estado futuro de suma perfección que es preciso conquistar […] y se contempla por vez primera en la historia de la cultura occidental el presente exclusivamente como preparación en expectativa de un objetivo de futuro” (Carretero, 2002: 3).

5 En Francia a partir del siglo XVIII se determinó la enseñanza en dos instituciones: “el instituto o el colegio para los burgueses (la enseñanza media) y la escuela para el pueblo (la enseñanza primaria). La enseñanza media es el ciclo largo. La primaria ha sido durante mucho tiempo corta y, en Francia e Inglaterra, han sido necesarias las revoluciones surgidas de las últimas grandes guerras para prolongarla” (Ariès, 1987: 441).

6 En el siglo XIX la industrialización se consolidó en el norte de Europa y Norteamérica, a finales del siglo XIX y comienzos del XX en el sur de Europa y Japón, y a finales del siglo veinte sus efectos se extendieron a casi todos los rincones del globo.

7 Bourdieu señala que “La escuela, esto siempre se olvida, no es simplemente un lugar donde se aprenden cosas, saberes, técnicas, etc., es también una institución que otorga títulos –es decir, derechos– y confiere al mismo tiempo aspiraciones” (Bourdieu, 1998: 146).

8 El año de 12 meses estandariza esta situación claramente con sus ritmos de vacación y de trabajo; asimismo, la división de la hora en 60 minutos define la unidad de pago para todos los empleos, el valor hora de trabajo.

9 Señala Augé que “en el mundo actual, aumenta día a día la distancia entre los más ricos y los más pobres […] prestemos atención por un instante a la imagen de felicidad que propone o tiende a imponer la sociedad a los individuos que tienen la fortuna de vivir en la parte más desarrollada del mundo, en la llamada ‘sociedad de consumo’. Dicha expresión contiene dos implicaciones. Sugiere que el ideal social es el consumo de todos y para todos, pero también que todo debe ser consumido, y por tanto, previamente producido, y no solo alimentos y todos los bienes de subsistencia inmediata, sino también la información, el ocio, la cultura, el saber, conceptos que en virtud de tal circunstancia se elevan a la categoría de ‘productos de consumo’ […] En suma, el individuo no es libre de no ser lo que la época quiere que sea. Y quiere que sea feliz. Que consuma y sea feliz. Al mismo tiempo le propone una definición de la infelicidad o insatisfacción, que consiste, esta última, en no consumir” (Augé 2004: 10-11).

10 Para el caso colombiano, Parra Sandoval (1985) señala que “la ampliación del sistema educativo, no sólo en lo concerniente a la educación básica primaria sino también a la técnica profesional, se debió a la demanda de personal capacitado y especializado que exigía el nuevo modelo socioeconómico adoptado en el país a partir de la década de los cincuenta. En contraste, hacia mediados de la década de los setenta, dicha ecuación no resultó, poniendo en evidencia la incapacidad de la educación para mantener cautiva a la población juvenil, y asimismo, la incapacidad del sector productivo de emplear a estos jóvenes” (Parra Sandoval, citado en Estado del Arte, 2004).

11 Para caracterizar la situación de pobreza en América Latina Reguillo retoma “los datos que documentan la desesperanza y son, al mismo tiempo, pálido reflejo de la exclusión: en el grupo de jóvenes urbanos que va de 15 a 19 años, hay más de 4 millones de pobres en Brasil, casi tres millones en México y más de un millón en Colombia. En Honduras 70% de los jóvenes urbanos viven en situación de pobreza, en Ecuador 58%, en Bolivia, 53%, en México 50 %. En Argentina y Costa Rica, 20%, en Brasil 33% y en republica dominicana 37%. ¿Con qué autoridad moral puede reclamarse a los jóvenes su desencanto frente a la política?, ¿desde que lugar se justifica el discurso autoritario, “regañón”, que los acusa de apatía?” (Reguillo, 2001:14-15).


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Temporalidades e territorialidades juvenis em uma metrópole brasileira

La temporalidad y la juventud territorialidad en una metrópolis brasileñas

Temporalities and juvenile territorialities in a Brazilian metropolis

Silvia Helena Simões Borelli**
Rosamaria Luiza (Rose) de Melo Rocha***


* Este artigo apresenta resultados da pesquisa “Jovens urbanos: concepções de vida e morte, experimentação da violência e consumo cultural” vinculada, no Brasil, ao Programa de Estudos Pós-Graduados em Ciências Sociais (PUCSP); financiada pela FAPESP, teve sua origem, em 2001, na proposta de composição de uma rede internacional de pesquisadores, sob a responsabilidade do IESCO-UC, Bogotá, Colômbia.

** Antropóloga, Pesquisadora e Professora Doutora dos Programas de Pós-Graduação em Ciências Sociais e em Comunicação e Artes (PUC/SP e SENAC/SP). E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

*** Doutora em Ciências da Comunicação (ECA/USP), pós-doutorado em Ciências Sociais (PUC/SP) e professora da PUC/SP e ESPM/SP. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.


Resumen

El artículo analiza interconexiones entre experimentaciones temporales y vivencias territoriales de jóvenes urbanos (São Paulo, Brasil). Se basa en el adensamiento del debate sobre juventud en la contemporaneidad y, anclándose en diferentes instrumentos de campo propone la delimitación de ejes teórico-metodológicos capaces de detectar “mapas de tensiones” y destacar, entre otros: nomadismos, moratoria social, temporalidades y socialidades, revelados en especial en los modos de construcción subjetiva propiciados por la ocupación de espacios urbanos públicos y privados.

Palabras clave: Juventud; temporalidad; territorialidad

Resumo

O artigo analisa interconexões entre experimentações temporais e vivências territoriais de jovens urbanos (São Paulo, Brasil). Tomando por base o adensamento do debate sobre juventude na contemporaneidade e ancorando-se em diferentes instrumentos de campo, propõe a delimitação de eixos teórico-metodológicos capazes de detectar “mapas de tensões” e destacar, entre outros: nomadismos, moratória social, temporalidades e socialidades revelados, em especial, nos modos de construção subjetiva propiciados pela ocupação de espaços urbanos públicos e privados.

Palavras-chaves: Juventude; temporalidade; territorialidade

Abstract

This article analyses the interconnections between temporal experiences and territorial personal experiences of urban youths (São Paulo, Brazil). It is based in the densification of the contemporary debate on youth and, anchoring in different field tools, proposes to delimit the theoretical and methodological axis able to detect “maps of tensions” and highlight, among others: nomadisms, social moratorium, temporalities, and socialities. These are revealed in special in the ways of subjective construction that are sponsored by the occupation of urban spaces, both public and private.

Key words: youth, temporality, territoriality


O debate acerca da juventude vem se pautando por duas vertentes que, de forma equivocada, podem se apresentar como opostas e não-complementares. De um lado, define-se por substratos universais: conflitos geracionais, padrões de linguagem, rebeldia, heroísmo e aventura, adesão ao movimento e ao jogo, ligação ao presente e rejeição ao passado, recusa da experiência, auto-realização, exaltação da vida privada, ideal de beleza, amor e felicidade (Morin, 1984).

Os partidários desta vertente preconizam que todos os jovens respondem por um padrão de identificação capaz de torná-los visíveis em qualquer parte do mundo. Apregoam, ainda, que as sociedades modernas estão organizadas prioritariamente ao redor de um modelo de “juvenilização”, um dos elementos básicos para a construção de referenciais de universalidade: “(…) o tema da juventude não concerne apenas aos jovens, mas também àqueles que envelhecem” (Morin, 1984:152-153).

Segundo Margulis e Urresti (1998: 5), “no mercado de bens simbólicos ser jovem é ter prestígio; os que emanam ‘juventude’ têm alta cotação”. Esta idéia confirma-se em depoimentos juvenis colhidos em pesquisa realizada na cidade de São Paulo (Brasil), como pode ser visto a seguir:

Juventude é o meio de vida, viver muito, divertir-se muito, tipo aquele velhinho que está em plena juventude. Eu dou risada: ele não está não! O maior velho está na juventude, por quê? (P.S.B. 15-17; F/ZS)1.

O que é ser jovem? É… uma época que você pode saber o que é juventude, brincar cada vez mais e nunca, nunca deixar de tirar a criança dentro de si, nunca, nunca… ser jovem é aproveitar cada segundo da vida, mas sendo feliz sem se destruir (J.S.S. 15-17; F/ZS).

Os fortes marcadores temporais aqui expressos –“viver muito”, “divertir- se muito”, “aproveitar cada segundo da vida”– apontam sutis percepções da intensidade, o “aqui agora” como garantia de longevidade juvenil, e, paradoxalmente, de um quase mítico resgate da infância em sua dimensão lúdica e descompromissada: o brincar é um fim em si, mas balizado por um grau de consciência próprio da maturidade.

Encontram-se ainda perspectivas teóricas que respondem por jovens territorializados em contextos particulares. Estas tendências objetivam responder por este ou aquele jovem em suas inserções singulares: como, subjetivamente, cada jovem articula e experimenta a hierarquia de classes e as desigualdades sociais, a exposição à violência, as condições de gênero e etnia, o acesso ao consumo cultural, entre outros.

O que se assume no projeto de pesquisa que referencia este artigo é que os jovens são, ao mesmo tempo, universais e singulares, vivendo em situações de forte tensão entre o seu mundo e o dos adultos, este último pautado por lógicas institucionais que nem sempre conseguem incorporar outras sensibilidades, novas formas de relacionamento, conhecimento e experimentação.

Também, incorpora- se a perspectiva de que os jovens são atores capazes de produzir e provocar ressignificações no campo das dinâmicas sócio- culturais. Desde este ponto de vista, confirma-se que as concepções juvenis estão expressas não somente em conteúdos intrínsecos, mas principalmente em seus modos de operar. Disso deriva a noção de “mapas de tensões”2, recurso para compreensão dos elementos e das correlações de forças que formam tais concepções. Elas não se caracterizam por coerência e unicidade, mas por constante choque ou fluxo: um mesmo elemento presente em um mapa particular pode aparecer em outro ocupando lugar diferenciado, de acordo com o jogo de tensões em que se situe. Alguns vetores se destacam neste “mapa de tensões”: as conexões entre nomadismo, moratória social e vivências espaço-temporais.

Na análise destes elementos e de suas articulações, temos como objeto específico de investigação jovens moradores da zona sul e oeste da cidade de São Paulo3. Jovens que de acordo com recortes socioeconômicos de nossa sociedade podem ser classificados enquanto moradores periféricos ou situados mais ao centro. Periféricos enquanto despossuídos de equipamentos culturais, sociais e qualidade de vida e, mais ao centro, no sentido de estarem situados mais próximos destes indicadores. As características acima fazem parte de uma noção que concebe a juventude em sua perspectiva singular recortada pelas seguintes variáveis: classe social; a divisão por jovens por faixa etária (15-24 anos); nível de escolaridade e o cotidiano escolar; o relacionamento com a família, bairro, cidade; os produtos e manifestações de produção e consumo culturais; a experimentação da violência e as concepções de vida e morte. Entretanto, como já citado, a categoria juventude também pode ser concebida em sua perspectiva universalizante que associa a categoria aos conceitos de jovem, juvenil, juvenilização conectada as noções de rebeldia, heroísmo, espírito de aventura e outros.

Nomadismo

Na caracterização do perfil da juventude contemporânea, destacase o nomadismo. Ele pode ser entendido no seu sentido literal –deslocamento espacial e geográfico, “des-centramento, des-espacialização” (Martín-Barbero, 1997)– como se ampliar em direção a uma mobilidade temporal –viver tempos de passagem, alternância momentânea, simultaneidades; ou, ainda, supor a existência de um nomadismo de percepção– absorver fluxos, filtrar, aparar, equacionar os inúmeros “chocs” (Benjamin, 1989:109-113) que resultam de uma vida cotidiana tensa e intensa permeada pela relação com a cidade e conectada a tradicionais e recentes mídias.

Para Maffesoli (2000:152-153) o nomadismo juvenil se justifica porque os jovens se percebem situados em um mundo “estranho/estrangeiro” e nele se inserem de formas alternadas: ora respondendo de maneira organizada e programada ou, de tempos em tempos, de forma “insidiosa, desordenada e insolente” que expressaria a recusa às imposições de um contexto que envelhece e o desejo de se distanciar dele, definindo outros lugares por onde “escapar”. Do ponto de vista analítico, afirma-se que os jovens são “um objeto nômade, de contornos difusos” (Martín-Barbero, 1998:22).

São nômades porque tomam conta da cidade, numa circulação transversal que explode os limites da espacialidade urbana:

Antes só ficava por aqui. Agora é que comecei a ir mais para o outro lado, assim… para a zona sul. Sempre fiquei muito na zona oeste. Agora começo a aprender a andar na zona sul… mas se saio, geralmente faço circuitos grandes porque tenho o costume de me perder. Outro dia saí da Vila Mariana e fui parar na zona leste, só que não sabia que ‘tava na Moóca’. Mas tudo bem… Só conheço a cidade quando me perco… (M.L.A. 18-24; F/ZO).

“Só conheço a cidade quando me perco”… Nômades que afirmam, num diálogo não-intencional com Walter Benjamin que, para conhecer uma cidade, é preciso perder-se nela: “Saber orientar-se numa cidade não significa muito. No entanto, perder-se numa cidade, como alguém se perde numa floresta, requer instrução” (1987:73).

A análise dos dados4 sobre nomadismo espacial confirma que a grande maioria dos jovens, tanto de zona sul como de zona oeste, afirma “gostar de circular pela cidade e descobrir novos lugares e pessoas”. Indagados sobre “o que o jovem mais precisa, se de ‘refúgio e proteção’ ou se de ‘soltar as amarras e sair pelo mundo’”, a maioria dos da zona sul assinalou a primeira resposta, enquanto a maior parte dos da zona oeste ficou com a segunda opção. A transparência do dado é notável: os jovens da zona sul precisam de “refúgio e proteção” pois experimentam muito mais proximamente situações externas de risco, começam a trabalhar mais cedo e saem pelo mundo cotidianamente. Os da zona oeste, por viverem certo nível de “moratória social” (Margulis e Urresti, 1998: 5), apelam por autonomia, soltar as amarras, sair pelo mundo.

São depositários de uma sensibilidade, que Simmel denominaria “vida mental” (1973: 11), capaz de dar conta de múltiplos influxos –sons, imagens, leituras– de forma alternada (ver TV, depois ler jornal e, em seguida, estudar e pesquisar na internet) ou de maneira simultânea (ouvir música, ao mesmo tempo em que assiste a TV, que fala ao telefone, que estuda e pesquisa na internet). As alternâncias e simultaneidades separam irmãos, com pouca diferença de idade e reforçam o “nomadismo de percepção”:

É assim, sempre estou lendo um jornal, assistindo a TV, procurando notícias da internet… Não, não consigo ouvir música enquanto estudo. Tem que estar completo silêncio se não, não consigo me concentrar. Só meu irmão que é meio maluco, ele bota uns sons, aquelas músicas que os caras uivam, não falam. Ah! não sei como ele consegue ligar o rádio, a TV e estudar ao mesmo tempo. Eu não consigo (R.R.A.M. 15-17; F/ZO).

Faço teatro, eu era bastante tímido, mas depois que comecei a fazer teatro perdi um pouco da minha timidez. Fiz um ano de violino e continuo tocando; também fiz reciclagem de papel e ‘silk screen’, que ainda faço na minha casa e que é estampar camisetas com o meu próprio desenho e design. Mexo com computador e dou aula de informática, gosto de montar ‘sites’ e dou aula de tapeçaria artesanal aos sábados… Sou muito ligado a som, música e ‘videogame’ (A.M.J. 18-24; M/ZS).

São nômades na busca por pertença fora do “lócus” de origem e nas cisões dentro do contexto familiar. Nômades nas rupturas com a escolaridade e com a escola oficial, por vezes calcada em normas autoritárias, em um corpo de valores individualistas e na exclusão do “outro”, diferente no rol de referências (Cubides, Toscano, Valderrama, 1998: IX):

O que mudaria na minha escola? O ensino, o ensino deles é seguir aquela meta passada (A.M.J. 18-24; M/ZS).

Comecei, parei, comecei, parei. Com tudo é assim. Porque estudava tudo. Queria sair de qualquer jeito do colégio, só que minha mãe não queria. Aí falei: “Então quero fazer magistério, aí tenho que sair do colégio”. Não sei se foi uma fuga, fiz dois anos de magistério, repeti por causa de matemática, saí e fui para outro colégio. Aí falei: “Não é o que quero”. Prestei… todas as outras faculdades, prestei administração só que como já tinha entrado na Faap, queria fazer Faap. E… prestei hotelaria, na verdade acho que queria hotelaria, não sei. Aí comecei a fazer, ‘tava indo bem, tal’. Só que… a Faap é muito cara. Aí não sabia se era isso e parei. Só que quando parei é… não… não sabia se queria voltar, aí comecei a trabalhar (M.L.A. 18-24; F/ZO).

São nômades em relação ao consumo e aos estilos de vida:

Quando era menor era metaleiro… mas aí, sei lá, fui gostando de outros gêneros musicais… fui metaleiro na oitava série. Tinha o cabelo comprido, tampava toda a cara. O pessoal tirava sarro assim, eu fazia cara de mau e dormia. Depois, já ouvia alguma coisa que não era metal, aí comecei a ouvir MPB (C.M.O.P. 15-17; M/ZO).

São nômades quanto às expressões da religiosidade:

É assim… minha mãe gosta de ir bastante à igreja… Eu também, assim… eu segui… eu era evangélica, né? Era… aí saí. Mas me atraem aquelas pessoas… budistas, essas coisas tudo assim (…) A primeira vez que fui numa igreja católica, vi um monte de santo ali… Acho que tava fazendo dez anos do massacre do Carandiru, então eu vi um monte de santo… e me deu um arrepio assim, ó… um santo negro, um santo que olhava assim pra você, meu deus! (J.S.S. 15-17; M/ZS).

Sou católica, mas fui um tempo mórmon. Antes eu não era de nenhuma e Minha mãe falava que a minha religião era só sair, só que resolvi entrar em uma. Antes a minha avó me levava para a igreja dela, na Assembléia de Deus, só que eu não gostava, eu fui para a mórmon da minha tia, tudo opção dos outros, a minha tia me chamava e eu tinha que ir quando era menor, a minha mãe falava: “você vai”. Agora a opção é minha (P.S.B. 15-17; F/ZS).

Nômades, enfim, diante da vida e da cultura.

Moratória social

aqui utilizado de acordo com a proposta de Margulis e Urresti (1998: 5), tem sido debatida a partir do momento em que se detectou uma tendência, em várias partes do mundo: os jovens, principalmente os de inserção social privilegiada têm permanecido na casa dos pais por mais tempo do que as gerações anteriores. Os principais motivos apontados pelos jovens paulistanos para começar a trabalhar foram, nessa ordem: ajudar em casa; comprar suas próprias coisas; e ser independente. Nenhum jovem da zona oeste, central, declarou como razão a exigência dos pais e nenhum jovem da zona sul, periférica, respondeu que começou a trabalhar para formar currículo ou para agregar conhecimento5.

A grande maioria dos jovens da zona sul utiliza parte de seu salário para ajudar nas despesas da família. Com gastos próprios, as despesas mais comuns são roupas e acessórios e, depois, alimentação, calçados e baladas. A maioria na zona oeste não precisa ajudar em casa e fica com todo seu salário, gastando com roupas, acessórios e baladas e, depois, com alimentação, cds e saúde. A moratória social apresenta-se como um dos fatores de explicitação das diferenças entre classes sociais, ou seja, das especificidades que separam zona sul e zona oeste.

Temporalidades

Diversas concepções de temporalidade dividem as gerações. O presente, para os jovens, vinculase, no geral, ao aqui e agora:

Tem que analisar o passado, analisar o presente pra poder ver o que posso melhorar para frente, mas viver sempre presente 100%. Não viver com a cabeça no passado ou com a cabeça no futuro. Viver 100% a cada momento. Eu ‘tô aqui’, tenho que estar aqui, então… agora que ‘tô aqui, tô’… 100% entrevista (A.I.U. 18-24; F/ZO).

Passado e futuro parecem não ter vida própria e quando referidos, emergem articulados ao tempo presente:

Futuro? Não penso, vivo como se fosse o último dia. Passo tudo que tenho que passar num dia, não sei se no outro vou estar viva. Amanhã faço a mesma coisa e vivo, não penso no futuro não. O presente deixo acontecer. Tudo acontecer. Do presente tenho um pouco de medo, tenho medo do que vai acontecer. Penso nas surpresas da vida, também prefiro não pensar, deixa (P.S.B. 15-17; F/ZS).

Entretanto, o passado pode dizer respeito a algo que precisa ser esquecido. A troca de perguntas e respostas, citada a seguir e coletada durante uma das entrevistas em profundidade, confirma esta hipótese:

O que é o tempo presente?/ É o que eu estou vivendo agora. / E o futuro? / É o que quero conseguir. / E o passado? / O que já foi de ruim. / O passado para você é o que ficou de ruim para trás? / Isso! / De que imagem boa lembra do passado? / De estar junto com os meus avós, os dois já faleceram, e ver a minha família junta. / Falou que quer esquecer o passado e lembrar de coisa boa, o que quer esquecer? / A necessidade que a gente tinha de trabalho e de alimentação. / Faltava? / Isso (A.M.J. 18-24; M/ZS).

Passado? Passado… foi bom, mas deixa ele lá, entendeu, prefiro não lembrar. Foi bom, mas deixa ele lá (R.B.S. 18-24; M/ZO).

O passado, tento apagar o que não gosto. É bom o passado. Alguma coisa… é bom não lembrar, mas têm outras que até é bom, você lembra o que aconteceu, fica lembrando as coisas boas. O passado para mim foi bom, não foi tão ruim, tem algumas coisas que eu evito, não gosto de lembrar (P.S.B. 15-17; F/ZS).

Finalmente, a concepção de juventude se mistura à dimensão da temporalidade presente. Quando solicitado a responder, “Qual é a primeira coisa que vem a sua cabeça quando se fala em juventude?”, um dos entrevistados afirma: “É curtir o momento; se posso me divertir hoje porque vou deixar para depois?” (A.M.J. 18-24; M/ZS).

De que falam os “lugares meus”?

As diversas temporalidades experimentadas por jovens da cidade de São Paulo, um dos mais marcantes paradigmas de metrópole no contexto brasileiro6, revelam interessantes cartografias de subjetividades quando, estes jovens, são diretamente abordados em seus lugares de lazer e encontro societal7. O destemor juvenil convive com vários temores, materializando-se em estratégias de comunicação, circulação pela cidade, reconhecimento inter-grupal e no reconhecimento e/ou negação do “outro”, do diferente.

Os espaços de encontro juvenil, públicos ou privados, são locais de demarcação na territorialidade de pertencimentos grupais. Neles, os jovens buscam consolidar suas articulações de sociabilidade extrainstitucionais. Funcionam como palcos nos quais podem exibir de modo mais ostensivo, espontâneo e coeso símbolos visuais, gestos, expressões verbais, práticas corporais e hábitos de consumo –inclusive ilícitos, como uso de maconha e ingestão de álcool por menores de idade– que afirmam simbolicamente e realizam, na prática, sua participação em agrupamentos culturais particulares.

É intrigante o fato dos jovens observados manifestarem a aceitação da convivência com o diverso mas, tácita ou explicitamente, evitarem a “contaminação”. Convivemos no espaço, mas não somos iguais, este é um discurso subjacente a inúmeras práticas de socialidade mapeadas na cidade de São Paulo. Muitas vezes, um mesmo lugar abriga tribos similares que, contudo, insistem em demarcar, no espaço, a sua diferença. É o que relatou o jovem L., de 23 anos8: “A marquise9 é dividida em três partes. O pedaço dos skatistas, o dos que andam de bicicleta e aquele que é dos patinadores. Essa divisão foi acertada informalmente depois de uma grande briga entre patinadores e skatistas, com gente que foi parar na delegacia e no pronto-socorro”.

Próximos espacialmente, distantes territorialmente. Contudo, eles se unem. Praticar a mesma atividade gera o pertencimento a uma irmandade “branca” que, mesmo sem se conhecer, defende-se mutuamente. Como descrito por L., “se você andar sempre de ‘skate’ aqui, mesmo sem ser amigo de ninguém, no dia em que você precisar todos [os skatistas] irão ajudar”.

Na Benedito Calixto10, a demarcação é mais sutil, com paredes invisíveis separando, em especial, o lado gay dos “outros”: o grupo de perfil universitário, pós-adolescente, agregado em uma iniciativa a la saída do colégio, em uma típica sociabilidade de tribos; os grupos menos hegemônicos, de idades e perfil variado que ocupam das calçadas até quase as ruas que margeiam a Praça, interessados em consumir altas doses de cerveja e em paquerar; os flutuantes, fazendo footing na Praça, “desfilando”, olhando e sendo olhado. As diferenças ficam de lado quando se trata de defender a ocupação do território que, literalmente, privatiza a Praça, as calçadas, teoricamente abertas à circulação de pedestres, e as ruas, teoricamente abertas à circulação de veículos.

A Galeria do Rock11 nos oferece um quadro mais particular. Nela, a demarcação das tribos é clara, assim como a “rejeição” implícita a freqüentadores que não pertencem a nenhuma das tribos. Nesse caso, é interessante notar como o “loteamento” da galeria dáse em consonância com uma segmentação do consumo simbólico, não parecendo existir muita simpatia por “tribalistas de butique”, ou seja, consumidores exclusivamente interessados em objetos, não “iniciados” no estilo de vida e de pensamento correlatos a tais símbolos (roupas, cd’s etc.) de pertencimento grupal.

ação juvenil nos territórios observados são flagrantes as iniciativas juvenis de transformação destes espaços em “locais seus”. Como sintetizado por R., garota de 16 anos, moradora da Lapa12, ao se referir à mesma Benedito Calixto: “Sabe, aqui é a minha casa”. Ou, como sugerido por F., 18, freqüentador do Posto da Faria Lima13. Mesmo este sendo um lugar para o qual os jovens se dirigem na expectativa de presenciar “rachas”, F. afirma ter escolhido freqüentá-lo pois “procurava um local tranqüilo para conversar com meus amigos”. Não é de se estranhar a recorrente presença da segurança particular, às vezes ostensiva, assumida como tal, às vezes discreta, mas sempre contundente. Em um dos locais, foi particularmente curiosa a narrativa apresentada por um dos “homens de preto”: não se trata, em alguns destes locais, de coibir atitudes ilícitas. Antes, trata-se de permitir que elas –o consumo de maconha, por exemplo– aconteçam com “tranqüilidade”.

A forte presença de “tribos” nos espaços observados pode levar, igualmente, à consolidação de lugares monotemáticos, arenas identitárias coesas e menos abertas à incorporação de membros estranhos. Exemplar mais significativo desta realidade é a LAN House observada, que impressiona quanto a fidelização de sua clientela. O jovem F., 19 anos, segundo alegou, estava a duas noites sem dormir, participando de uma disputa “virtual” com outros jovens do grupo, que parecem viver em um mundo microscópico, fechado. Mais uma vez o estar aqui –no local do encontro– regula- se por outro estar aqui –no grupo de pertencimento–. É assim, portanto, que os jovens estão ali. E, nesta situação, mais uma vez desenha-se um “mapa de tensões”: estou aqui, apesar da cidade; estou aqui, apesar e por conta de meu engajamento profissional; estou aqui, eu mesmo, mas eu mesmo referendado pelo meu grupo; estou aqui, apesar de e/ ou referendado pela conivência, desconhecimento ou autorização de meus familiares. Estou aqui, em alguns casos, apesar de meu pertencimento de classe ou bairro de origem.

Confirma-se uma tese concernente ao “modo de viver” a temporalidade metropolitana articulada aos sensóreos juvenis: criar “ilhas” equivale a criar lugares inerciais que permitem, em meio à agitação metropolitana, viver-se um tempo “próprio”, particular, seja ele regido, entre outros, pelo risco (como no “rappel”14), pelo ócio (como na Praça Benedito Calixto), pela ação física (como na Marquise do Parque do Ibirapuera), pela interação virtual (como em variadas LANs).

A partilha se dá igualmente através da utilização de gírias. Boa parte faz referência a uma marcação de tempo e de intensidade: o recorrente “tá ligado?” (entende, está atento, acompanha, confirma), o citadíssimo “da hora” (muito bom, muito legal, muito atual), mas também em “sussa” (sossegado) e em “irado” (excepcionalmente bom, intensamente bom). Confirma-se um vínculo ou experimentação temporal bastante ambivalente: de um lado, o êxtase –com a urgência de viver com intensidade e com a concentração das experiências no mundo do “aqui e agora”–, de outro, a anestesia –com discursos e atitudes que sinalizam certo comportamento “blasé”, com a afirmação de uma tranqüilidade quase reativa ou com o investimento no potencial “desvinculante” e letárgico de drogas e álcool, os mesmos, diga-se de passagem, utilizados para excitar e acelerar15. Os jovens da geração “tá ligado”, parecem, nesse aspecto, ser também representantes de uma cultura do “liga/desliga” ininterrupto.

Esta pesquisa priorizou o acesso a jovens metropolitanos, moradores das zonas sul e oeste da cidade de São Paulo, por meio da coleta de narrativas construídas a partir de fragmentos de seu cotidiano e de sua vida na cidade. Tentou- se compartilhar e interagir com estes jovens em seus próprios contextos culturais e, também, em situações especialmente organizadas para coleta de informações.

É importante considerar que os relatos juvenis ocupam, neste contexto, um lugar epistemológico e metodológico privilegiado para observar suas representações e formas de sociabilidade, numa etnografia dos usos que investigou os movimentos de ruptura e continuidade, de enraizamento e deslocamento.

Os jovens em São Paulo –e também em outros lugares do mundo– formam um grupo singularmente atingido pelas rapidíssimas transformações no panorama de nossa sociedade. Assim, torna-se cada vez mais necessário compreender o sentido de suas narrativas e, através delas, decifrar seus “modos de ser e de viver”. As “falas” emergem entrelaçadas pelo sentido de urgência, destemor, ousadia e desassossego, pela ausência de esperança, desemprego e consumo inviabilizado. Fatos tais como trânsito e poluição, exposição excessiva aos chocs da vida na metrópole, relação com as mídias e as novas tecnologias, isolamentos das periferias em relação ao centro e disseminação do medo entranham-se na vida cotidiana, transformando-se em geradores de novas violências, mas também de novas percepções, sensórios e contornos da vida mental.


Citas

1 Referências como esta estão relacionadas às entrevistas em profundidade: iniciais do nome dos(as) entrevistados (as); faixa etária (15-17/18-24); gênero (M/F); zonas de moradia e contraste na cidade de São Paulo (S/O – sul [alto grau de exclusão sócio-cultural]/oeste [bom nível de acesso ao capital cultural]).

2 A noção de “mapas de tensão” está diretamente vinculada ao que indica Martín-Barbero sobre os “mapas noturnos”. Diz ele: “un mapa para indagar no otras cosas (…) pero desde el otro lado: el de las brechas, el consumo y el placer. Un mapa no para la fuga, sino para el conocimiento de la situación desde las mediaciones y los sujetos”. De los medios a las mediaciones, p. 229.

3 Os jovens entre 15 e 24 anos representam um contingente considerável de nossa população e o cenário que estamos visualizando corresponde às grandes cidades, em particular, ao município de São Paulo em bairros da região sul e oeste.

4 Coletados através de questionário estruturado.

5 Estes últimos, em sua maioria, ingressam no mercado de trabalho mais cedo, entre 15 e 17 anos.

6 Associada a experimentações de urbanidade, protagonismo cultural e produtividade econômica, entre outros.

7 Na observação etnográfica realizada nesta pesquisa, foram observados, ao todo, quatorze locais. Destes, dez são locais de cruzamento de jovens vindos de variados bairros e classes sociais.

8 Referências como essa estão relacionadas às entrevistas realizadas durante a observação etnográfica e contém a inicial do(as) entrevistados e sua respectiva idade.

9 Marquise localizada no Parque do Ibirapuera, grande área verde da cidade, que, entre outros, sedia o prédio da Bienal de Artes do país. No final de semana, é ponto de lazer e encontro disputado por diferentes grupos e classes sociais. A marquise concentra várias atividades, principalmente relacionadas ao skate, patins e bicicletas.

10 Praça pública que abriga, aos sábados, feira de antiguidades e praça de alimentação, margeada por bares e outras lojas comerciais.

11 Galeria temática bastante antiga, localizada no centro de São Paulo, local de cruzamento de jovens advindos de diferentes regiões da cidade, consolidou-se como ponto de encontro de tribos urbanas: rappers, hip-hoppers, adeptos do reggae, góticos, punk-rockers, hardrockers, metaleiros, entre outros. Possui ainda lojas de cabeleireiros e algumas de rock “clássico”. Nos corredores e barzinhos, demarcados pelos diferentes andares da galeria, circulam e se socializam partidários dos diferentes estilos.

12 Bairro da zona oeste de São Paulo.

13 Local de cruzamento de jovens provenientes de diferentes regiões da cidade. Trata-se de posto de gasolina com loja de conveniências, utilizado para a ostentação de carros “turbinados” e como ponto de encontro e partida para a realização e observação de “rachas”, competições de velocidade automobilística em espaço urbano, realizadas, obviamente, sem nenhuma legalização.

14 Descida, amparado por cordas e cinturões de segurança, de grandes alturas.

15 Os mais visíveis agregadores desses diferentes universos são o consumo de maconha e de álcool.


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Tejiendo la memoria en la construcción de identidades juveniles*

Tecendo a memória na construção das identidades juvenis

Weaving memory in the construction of youth identities

Martha Cecilia Herrera**
Vladimir Olaya***
Raúl Infante Acevedo****
Alexis V. Pinilla*****


* Este artículo hace parte de la investigación “Memoria Escolar y Memoria Mediática en jóvenes de una escuela pública de Bogotá”, del Grupo Educación y Cultura Política de la Universidad Pedagógica Nacional, la cual contó con la cofinanciación de Colciencias.

** Profesora e Investigadora de la Universidad Pedagógica Nacional. Grupo Educación y Cultura Política. E-Mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

*** Investigador Universidad Pedagógica Nacional. Grupo Educación y Cultura Política. E-Mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

**** Investigador Universidad Pedagógica Nacional. Grupo Educación y Cultura Política. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

***** Profesor Investigador Universidad Pedagógica Nacional. Grupo Educación y Cultura Política. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.


Resumen

En este artículo se exponen algunos elementos en torno a las identidades así como al papel de la memoria en la construcción de subjetividades, a partir de reflexiones hechas sobre relatos elaborados por estudiantes de un colegio distrital de Bogotá, por medio de los cuales expresaron lo que ellos eran, sus recuerdos de infancia y juventud, los acontecimientos, lugares y personas que les habían impactado en su vida, así como la importancia que en estos recuerdos tenían los medios de comunicación.

Palabras claves: Identidades, subjetividades, memoria, juventud, medios de comunicación.

Resumo

Este artigo expõe elementos sobre as identidades e o papel da memória na construição de subjetividades a partir dos relatos feitos por alunos de uma escola em Bogotá, nos quais elles expresaram o que elles eram, suas lembranças sobre infancia e juventude, os fatos, lugares e pessoas que tinhan tido impacto na suas vidas, assim como a importância que nestas lembranças tiveram os meios de comunicação. Palavras-chaves: Identidades, subjetividades, memória, mocidade, mídia.

Abstract

This article includes some elements around the identities of youngsters, and around the role played by memories in the construction of subjectivities. The discussion on these elements is based on reflections on stories elaborated by students of 10 grade of basic education in a district school in Bogotá. In these stories, these youngsters talked about whom they were, their childhood memories, and the events, places and people that impacted them, as well as about the importance of mass media in their memories.

Key words: Identities, subjectivities, memory, youth, media.


El surgimiento de categorías relacionadas con la constitución de sujetos, la construcción de identidades y de subjetividades cobra articulaciones específicas a partir del proyecto de la modernidad y de los desarrollos del capitalismo como modo de producción social. En este contexto, el sujeto se construye como una categoría basada en el supuesto de que las prácticas y representaciones de los seres humanos puedan ser situadas como parte de un todo coherente y estructurado en donde el elemento racional tiene la supremacía (Touraine, 1994). Sin embargo, las ideas sobre la unidad y homogeneidad del sujeto así como el predominio de lo racional han empezado a ser reelaboradas para dar cuenta del análisis de las transformaciones de orden político, social y cultural, ocurridas a lo largo del siglo XX (Laverde, Daza y Zuleta, 2004).

A través de sus múltiples experiencias los individuos se apropian y reelaboran referentes culturales provenientes de los grupos sociales de los que forman parte, lo cual tiene lugar a través de procesos de subjetivación en los que, a partir del conocimiento de sí mismo como punto central de referencia, la identificación y la diferenciación juegan un papel trascendental, posibilitando a los individuos y a las colectividades los anclajes que dan sentido de pertenencia, bien sea en el plano personal o en el de las comunidades en las que éstos están insertos. De este modo, las identidades de diverso orden y sus múltiples referentes se superponen de manera abigarrada en las sociedades contemporáneas, dando lugar a subjetividades complejas que entran a cuestionar las representaciones en torno a un sujeto único y racional. En esta dirección algunos autores (Laclau, Mouffe, 2004) proponen un concepto de sujeto como resultado de una relación contradictoria entre la necesidad (estructura social) y la autonomía (contingencia). Es decir que el ser humano es tanto relacional como autónomo. La subjetividad se encuentra en estrecha relación con los dispositivos sociales y sus lógicas socio-históricas dentro de los cuales los sujetos aprenden a vivir y a interactuar.

Así, las sociedades están conformadas por matrices de significación compleja que sirven de marcos referenciales a los individuos y a las colectividades para dotar de significados las actividades materiales y simbólicas. En la apropiación y reelaboración de estos marcos referenciales, la memoria va a jugar un papel primordial, al constituirse en dispositivo que permite la organización de las experiencias vividas y la estructuración de esquemas y patrones mentales, ligados a las significaciones culturales del grupo del que hacen parte los individuos, contribuyendo a la constitución de identidades individuales y colectivas. Maurice Halbwachs señala las dificultades de separar memoria social y memoria individual, ya que buena parte de las representaciones sociales y los recuerdos que tienen los individuos se basa en matrices sociales y culturales de las cuales éstos forman parte. Para el autor, las estructuras narrativas en las que se apoya la memoria desempeñan un papel importante en la construcción de los sujetos, al permitir entender las experiencias como parte constitutiva de los procesos identitarios (Halbwachs, 1994:38). Pero la memoria, al igual que la identidad, no es única; existen múltiples memorias en la vida de una sociedad y en la trayectoria biográfica de los individuos. Estas memorias son parciales y se estructuran de acuerdo a los escenarios sociales y culturales en donde los individuos y los grupos llevan a cabo sus prácticas sociales.

En los últimos cincuenta años, el desarrollo de los medios masivos de comunicación y las nuevas tecnologías han transformado los escenarios clásicos de socialización y sociabilidad, así como las particularidades de los procesos de subjetivación. A partir de la concepción de Pierre Nora (1984), sobre los lugares de la memoria, podemos considerar los medios de comunicación como escenarios privilegiados de la memoria en la sociedad contemporánea, una memoria que en muchos casos no es espontánea sino producida. Para Nora, los lugares producidos por la memoria social y cultural, que pueden ser tanto de orden material como simbólico, proporcionan los soportes de la memoria y contribuyen a generar lazos de identidad y pertenencia, lazos que, no necesariamente, son armónicos. En este autor “la idea de que las colectividades tienen memoria implica una amplia transformación del status de los individuos y de sus relaciones con la comunidad. Así, la identidad ha pasado de ser una noción individual y subjetiva a una colectiva, cuasiformal y objetiva” (Nora, 2005). De tal manera, cada individuo es la síntesis no sólo de las relaciones existentes sino también de la historia de estas relaciones. La identidad tiene, entonces, un carácter intersubjetivo y relacional como parte de un complejo proceso dialógico (Taylor, 1995: 55).

En este orden de ideas, podríamos decir que buena parte de las concepciones que hoy se tienen de lo juvenil nacen de las producciones mediáticas pues “la vida de los jóvenes corre paralela al discurso de los medios: son éstos un espejo con el que la juventud se identifica o se repudia” (Instituto Federal Electoral, 2003: 51). No obstante, la vida de lo juvenil pasa por otros ámbitos en donde también tiene lugar la constitución de identidades juveniles; en otras palabras, no sólo los medios construyen lo juvenil sino también las vivencias y las experiencias que se dan en diferentes escenarios de interacción y las formas en que éstas son subjetivadas por los individuos, dando lugar, para evocar de nuevo a Nora, a una verdadera marea de las memorias.

Con el objeto de sondear algunos de estos aspectos, se trabajó con un grupo de jóvenes de grado décimo, entre los 15 y 18 años, pertenecientes a una escuela pública de Bogotá, con el propósito de invocar la memoria en torno a los recuerdos y olvidos sobre sí mismos, así como al papel que los medios de comunicación habían tenido en sus vidas. Por ello, en el presente artículo se analiza la información recogida a través de talleres en los que los jóvenes elaboraron lo que denominamos frisos; entendidos como productos artísticos que permitieron plasmar en imágenes y palabras, recuerdos y vivencias que posibilitaron la construcción de relatos biográficos, dando lugar a narraciones construidas desde el momento presente que atañen al ahora, reelaboran el pasado y proyectan el futuro.

Los significados de los frisos: el relato de la experiencia de vida

El doblez del friso, el juego de la imagen-palabra, el estar con los amigos, sirvieron como detonadores para la evocación de vivencias y sentimientos que permitieron a los jóvenes encontrar canales de expresión para hablar de sí mismos; fueron una manera de juntarse en la que los recuerdos sobre los medios quedaron en un segundo plano, para dar paso a la emergencia de experiencias vitales que atraviesan los diferentes escenarios en donde estos jóvenes han interactuado a lo largo de sus vidas. Conversar sobre los trabajos que habían hecho permitió que algunas de las imágenes y eventos evocados se abrieran en campos de significación amplios y se convirtieran en relatos abigarrados en donde lo importante era hablar de sí mismos y compartir sus experiencias. Estas actividades nos revelaron cómo la construcción de espacios de autorreflexión sobre las historias personales convoca a los jóvenes a hablar de aquello que usualmente no se habla en espacios escolares formales y coadyuva a la consolidación de procesos de identidad y constitución de subjetividades.

Ante la pregunta de qué había significado la elaboración de los frisos se obtuvieron respuestas como:

1 ¿Qué significa el friso para ti?

2yo quise hacer todas las etapas de mi vida y reflejarlas ahí, porque son cosas que uno ya no recuerda (…), cuando yo lo estaba haciendo me hizo pensar en muchas cosas de mi infancia que ya no recordaba, como por ejemplo los programas de televisión, la comida… (Grupo focal 1).

– Para mí el friso fue como desahogarme.

• ¿Por qué?

– Porque hay cosas que uno tiene siempre guardadas, entonces se le da por desahogarse no diciendo sino escribiendo y pintando (Grupo focal 1).

En la búsqueda de coherencia los jóvenes recurrieron como recurso a una línea cronológica para ordenar sus recuerdos. La mayoría dividió su biografía en etapas de 0 a 6 años, de 7 a 12 y de 13 a los 15 y/o 18 años. Aun así, en varias ocasiones situaron hechos relevantes en sus vidas que rompían dichos límites temporales y no se ajustaban con facilidad a esas clasificaciones. No obstante, al hablar sobre sus vidas los jóvenes encuentran una fuerte fragmentación entre la infancia y la juventud: la primera, la relacionan con el estar en casa en compañía de sus familiares, compartiendo momentos en donde la televisión y el gusto por los programas de la denominada franja infantil, ocuparon un lugar importante en sus vidas. Así, ellos afirman la división hecha por los medios sobre las franjas de audiencias según edad, aunque la elección de estos programas, denominados infantiles, se prolongue, en muchos casos, al período de la juventud. La segunda etapa, la juvenil, es entendida como parte de un cambio radical respecto a la infancia, percibiéndosele como un ciclo más ligado con la escuela como espacio de socialización, impregnado por la construcción de lazos afectivos fuera de la familia, por la vivencia de experiencias grupales y la participación en espacios y eventos sociales. En este caso, la televisión, aunque continúa siendo importante, se ve desplazada en muchas ocasiones por las actividades mencionadas, en las que la música ocupa uno de los lugares preferenciales en las vivencias rememoradas. Ésta es una etapa caracterizada por la aparición de diversidad de problemas y por un eterno cambio en la búsqueda de sí mismo y de referentes de identidad, en donde la interacción con los pares es de gran importancia para la construcción de lazos afectivos y la búsqueda de reconocimiento.

– Cuando era niña me gustaban mucho los cuentos infantiles y sobre todo me encantaba ver los Cuentos de los hermanos Grimm, también me gustaba Sailor Moon, Aventuras en pañales, el Chavo, los Pitufos… Ahora, en mi adolescencia me gusta mucho la música y gozar el rato cuando estoy con mis amigas y amigos, pasarla bien. Me fascinan los paseos y los momentos de recocha que se pueden gozar con música y con desorden (Friso 8).

La juventud es identificada con diversas problemáticas que se presentan tanto en los encuentros interpersonales –en algunos casos signados por la escuela– en las relaciones construidas en los grupos familiares y barriales. Los testimonios recogidos se relacionan con los contextos específicos a los que pertenecen los jóvenes, quienes son habitantes de barrios pertenecientes a los estratos uno y dos, con características sociales y económicas bastante difíciles. En esta medida las representaciones acerca de ellos como jóvenes tienen relación con los entornos en donde se vive y con significaciones en las que está inmersa la lectura de estas realidades. Por ello, no es extraño encontrar referencias a una vida difícil y riesgosa a la que hay que enfrentar con mucho coraje y en donde, a veces, los programas de televisión y la música sirvieron como referentes para hablar de estas vivencias:

– Algo que llevo siempre en mi vida son las ganas de vivir, sabiendo que en estos momentos estoy pasando un momento muy difícil, pero son obstáculos que uno siempre tiene que pasar sabiendo que con una ayuda de “el de arriba” lograré salir de este momento, pero ante las circunstancias soy muy alegre, no se demuestran los problemas, porque yo sé que en cada uno de nosotros hay un artista, un amante y un guerrero. Una frase que llevo siempre en mi vida es: haré de éste un día feliz porque sólo depende de mí y de nadie más que así sea. Vive cada segundo de tu vida porque no sabrás cuál es el último que vivirás (Friso 7).

¿Quién soy yo?: cómo me veo, cómo veo el mundo, cómo me ven los otros

• Háblanos un poco de lo que dibujaste en tu friso.

– … primero empecemos por lo que es el árbol: para mí el árbol ha significado siempre el progreso y esto que cae acá son todas las ideas que uno va descubriendo, que no se pueden lograr; seguimos por un poporo quimbaya, yo lo puse porque eso está en el museo del oro que fue el primer museo que visité y me pareció genial. El amanecer del sol significa el descubrimiento del conocimiento a través del progreso; después siguen las lágrimas: cada lágrima que va escurriendo es algo de la infancia que se va perdiendo, se convierte en palabras y se va al abismo: eso se pierde totalmente y es lo que quiero representar con ese dibujo. Cada vena que está acá significa un sufrimiento que yo tenía por cada cosa que descubría yo solo, sin la autoridad de una mamá o un papá que estuviesen ahí, o sea, siempre hacía falta alguien y siempre me la pasaba en la cama y por eso es que la cama tiene en la extensión un lápiz junto con la música; la música fue lo primero que me interesó cuando estaba solo (Grupo focal 7).

Los recuerdos y relatos de la infancia son polifónicos, evidenciando las características de la identidad como proceso dialógico y relacional en el que el otro emerge en la construcción de subjetividad. Las proximidades familiares implican cargas culturales y generacionales que registran diversas marcas identitarias. Muchos de los recuerdos sobre la niñez estuvieron articulados a las narraciones que sobre ésta tenían sus familiares.

– Ésta es la etapa de mi infancia cuando nací en Bogotá, el 3 de julio de 1989. Mi mamá me cuenta que nací en una de las clínicas de Bogotá y me cuidaron muy bien porque era muy juicioso, pero mi mamá también cuenta que me gustaba que me pusieran cuidado y me narraran cuentos que a mí me interesaban mucho. Después aprendí a leer y leía las historietas del periódico y me gustaba ver los dibujos animados y trataba de dibujarlos pero nunca pude dibujar ninguno; después comencé a ver TV donde daban Los Pitufos, Tazmania (Friso 11).

La vivencia en el entorno familiar logra mediar entre las tradiciones culturales históricamente construidas y la aparición de nuevas instituciones que bordean la cotidianidad y la construcción de parámetros de sociabilidad. Estas situaciones, entramado de ires y venires entre diversas generaciones, hablan también de un estatuto temporal fragmentado y discontinuo en el que se superponen épocas marcadas por acontecimientos para personas cercanas a la vivencia del sujeto o recordados por el sujeto mismo. Así, la historia de vida no siempre reviste rigidez temporal; ella se recuerda a la manera de actos significativos que permiten develar huellas de identidad que entretejen la vida personal con la social.

• ¿Dónde crees que aprendiste a querer a Colombia?

– Desde muy pequeño mi papá y mi mamá han sido muy colombianos, desde siempre el paseo de olla y continuamente decían que apreciáramos lo que teníamos y nos llevaban a ver bailes como los bambucos y nos integraban a los grupos folclóricos. Ellos eran un poco chiflados, se les corría la teja a veces y entonces así comenzamos a querer a Colombia, obligados (Grupo focal 7).

Televisión y música: presencia constante en la vida de los jóvenes

En la búsqueda de sentidos y en la construcción de los mismos, los medios de comunicación juegan como mediadores entre las percepciones de los jóvenes frente a las realidades y las proyecciones del mundo. Este fenómeno nace de la interpelación que hacen las industrias culturales a través de construcciones simbólicas que pretenden dar cuenta de formas y estilos de vida en diferentes espacios sociales. En estas búsquedas de sentido se encuentra una identificación con diversos personajes de los medios de comunicación. En los modos de verse a sí mismos, la música juega un papel fundamental en las construcciones juveniles pues la música, a diferencia de la TV, tiene en muchos casos mayor relevancia grupal ya que, mientras la TV, por lo general, privilegia como escenario los espacios domésticos, la música juega un papel más significativo en la construcción de sociabilidades fuera del contexto familiar. De todas maneras, no hay que olvidar que, en ocasiones, alguna parte de la música es vista y escuchada a través de programas televisivos.

– Me gustan las canciones de Ricardo Arjona porque hablan del amor. Una que me gusta mucho es la de una niña que ahora se va a convertir en mujer porque va a estar con su novio. Es que yo me pongo a pensar que muchos hombres se llevan a una niña y la entregan mujer porque ya han tenido relaciones con ella. Yo me pongo a pensar y es como la vida cotidiana, pues hay tantas niñas embarazadas y hay muchos hombres que sólo quieren estar con ellas y las dejan después, es tenaz que pase eso (Grupo focal 2).

Los recuerdos sobre la música también detonan la memoria sobre vivencias de la infancia, imágenes flashes de los padres y su influencia en los gustos musicales. Imágenes que quedan marcadas como huellas y se detonan cada vez que la canción emerja en cualquier escenario de sus vidas, anudándose con el acervo cultural que los jóvenes llevan consigo y que anudan lo intergeneracional.

– Cuando yo estaba pequeña, me acuerdo que mi papá llegaba y se ponía a escuchar Pink Floyd, hubo un tiempo en que mi mamá se volvió cristiana, entonces mi papá ya no podía escuchar su música en la casa y cuando a mí me empezó a gustar esa música y escuché ese disco de nuevo, mi vida como que se devolvió en un segundo y yo me acordé cuando estaba pequeña y de lo que viví, y pienso que esas fueron las raíces, que mi papá colocó esa semilla y se dieron los frutos en estos momentos (Grupo focal 6).

La música es para el joven la expresión de sensibilidades y de construcción de lazos de identidad que son compartidos con sus pares, asumiendo múltiples significaciones que les permiten expresar sus posiciones ante la vida, ante la sociedad, en algunos casos desde una postura política.

– La música protesta para mí es el método por el cual podemos expresar las inconformidades políticas; en ocasiones hay canciones como Fábula de los Tres Hermanos de Silvio Rodríguez que muestra todas las ocurrencias de los hombres para alcanzar sus metas, sólo que no planea ni tiene en cuenta los obstáculos que puede encontrar en el camino (Friso 26).

En las letras de las canciones se halla una suerte de crónica de los jóvenes que dice de sus vivencias. La ficción de la música se traslada a la épica barrial detonando el recuerdo como experiencia vivida. En la apropiación de producciones culturales mercantilizadas, los jóvenes construyen estructuras híbridas que mezclan lo local y lo global, en las que se habla de la realidad latinoamericana. En estas expresiones, se involucran los sentimientos de desarraigo y deslocalización que corresponden a ambientes culturales en los que viven los jóvenes.

• Y a ti ¿por qué te gusta tanto el Hip-Hop?

– Porque habla mucho de la calle, o sea la lírica habla de todo lo que está sucediendo; si yo supiera cristalear (rapear), yo cantaría el momento que estoy pasando…, son cosas demasiado reales (Grupo focal 3).

El influjo y la diversidad cultural presentada por los medios como la realidad de los contextos complejos en donde se actúa, hace que los jóvenes vivan en una constante búsqueda de sentidos, en un eterno ir y venir, en la elección de gustos o adhesiones a diversidad de grupos con x o y referente identitario. Esto es lo que les permite ser reconocidos, encontrar a los otros. Es la constitución de algún sentido lo que prevalece ante lo vertiginoso de la vida moderna. Cuando los jóvenes hablan acerca de lo que ha significado la televisión casi todos reconocen que ella ha estado siempre presente en sus vidas, encontrando en ella enseñanzas respecto a valores morales o de convivencia, llegando en ocasiones a reproducir en los juegos infantiles algunos de los programas televisivos.

– Como mi hermanito está pequeño, yo veo con él Pinocho. Es una buena película, a mí me marcó porque refleja muchas cosas debido a la enseñanza que deja. Por ejemplo: en la escena cuando los niños se van al parque de diversiones en lugar de irse a estudiar, los niños se vuelven burros y eso lleva a un mensaje: que uno se vuelve burro si no estudia. Los niños prefieren otras cosas, se van a fumar, a romper vidrios, hacer lo que les gusta y pues a lo último salen llorando y ahí, en ese momento, sí quieren a la mamá, cuando se convierten en burros. Entonces es un mensaje muy bonito. Por eso me gusta, porque mi hermanito aprende de esa película, y pues yo también aprendo (Grupo focal 6).

Hay programas que muestran a los jóvenes puntos de vista acerca de la realidad y de la sociedad que permiten el contacto con otros contextos culturales y formas de interpretar los fenómenos sociales. En algunos programas se articulan nuevas formas de entender el orden social o por lo menos de contestarlo. Así, los jóvenes incorporan episodios de la ficción a sus entornos no ficticios y, a la inversa, en el comentario e interpretación de los problemas de sus vidas personales, introducen acontecimientos y desarrollos de la ficción percibida en los media que les sirven como modelos a partir de los cuales pensar lo problemático de sus propias vidas.

– Pues ese programa que están dando ahorita (El mundo según Pirry) todavía lo sigo viendo, porque ese man tiene una perspectiva muy bacana de la vida, ese man cuenta las cosas, no así no más, para él no cualquier persona es un héroe. Por decir algo, ayer que lo vi estaba mostrando cosas que pasan en Medellín, que la gente conocía una parte de la ciudad pero no la otra que es la de las matanzas, y pues estaba él contando sobre las cosas que se hacían en el momento y que aquellos que luchaban contra esas cosas en las comunas eran verdaderos héroes (Grupo focal 4).

Qué sueño para mí…

Finalmente, las proyecciones de vida tienen que ver con perseguir un horizonte de sentido, son la consecución de aquello en lo que el ser ve un lugar de reconocimiento ante lo social desde el desempeño individual, es la forma en que se piensa interactuar ante un medio social, tanto desde las propias condiciones sociales como desde las características individuales. Las visiones de futuro están íntimamente ligadas con las opciones que deja ver el medio en el que se vive, con las características sociales en las que se mueven los sujetos y el entorno cultural de cada uno de los individuos. En ese sentido, es necesario reconocer cómo una parte de los jóvenes evidenció que desde los medios existen aprendizajes que hablan de la forma de leer y de actuar en la vida que también tiene incidencia en sus visiones sobre el futuro. Así, varios jóvenes postulan modos de ser individuales, ligados a proyecciones desde la visión que de algunas profesiones emiten los medios de comunicación, pero a su vez, también desde otros referentes relativos con sus experiencias de vida y sus propias utopías.

– No sé, porque cuando yo salga del colegio yo quiero ser policía.

• ¿Sí?, ¿por qué?

– No sé, me llama la atención, vea por ejemplo lo que pasa con ese man que es policía en la telenovela la Viuda de la Mafia; a mí me gusta como el riesgo que él está corriendo para averiguar toda la vida de esos mafiosos, es como un berraco por estar ahí y eso siempre me ha llamado la atención, como investigar, averiguar (Grupo focal 3).

–Fíjese que no sé, fíjese que… quiero ser pintor, a veces quiero ser escultor que exporta cosas, quiero ser médico, odontólogo, no pierdo la esperanza de ser arqueólogo, quiero montar una escuela de ballet folclórico, quiero hacer un proyecto para mi localidad, quiero muchas cosas, pero no hay tiempo, yo siempre lo he dicho, o sea… como dijo un profesor: todo está construido en el tiempo y lo que menos tiene uno es tiempo (Grupo focal 7).

La interpretación que se hizo de los frisos elaborados por los jóvenes y utilizados a la manera de lugares de la memoria para expresar aspectos relativos a sus identidades nos permite hablar de maneras de ser específicas y cambiantes, aferradas a contextos particulares en los que se entremezclan lo individual y lo social. De este modo la construcción de los frisos nos permitió entender que en la constitución de identidad la memoria juega un papel fundamental como espacio que permite la construcción de la significación desde la experiencia vivida como recuerdo presente y esperanza futura. Son los lugares de la memoria, pensados como construcciones sociales, los que permiten la búsqueda de la reconstrucción simbólica de la identidad; en esta medida, y como lo vimos en las expresiones de los jóvenes, aquello que se evidenciaba como un pasado, en donde las generaciones anteriores cobran una fuerte importancia, ayuda en la reconstrucción y en la forma de significar el presente y, por ende, en las visiones de futuro. En alternancia con lo anterior, vemos cómo dicha reconstrucción se ve influenciada por los medios de comunicación como nuevos espacios de socialización que interpelan las formas de estar de los jóvenes. Lugares que hoy mediante sus estructuras y mensajes dicen de la realidad. Los medios desde sus estructuras y ritmos aceleran la velocidad del mundo simbólico, al igual que inciden en la construcción de sentidos en la medida en que prevén una innovación permanente y que no hablan solamente de información sino de nuevas formas de percibir la realidad. Tal estructura advierte de nuevas temporalidades, cada vez más pasajeras y variadas. Esta aparición de símbolos convierte a los jóvenes en nómadas y viajeros incesantes de sentidos. Es la búsqueda de significantes que les permitan reconocerse y reconocer al otro que está fraguada por la memoria, por las estructuras sociales presentes y los contextos sociales a los cuales se pertenece, haciendo de la identidad un entramado social complejo, dependiente, autónomo e híbrido. Lo anterior nos permite entender una nueva dinámica social en las formas de decir y estar en la sociedad en la que se anuda lo electrónico, lo icónico, lo oral, lo escrito, mediados a través de la experiencia corporal. Trama que se expresa en construcciones simbólicas cambiantes que entretejen de manera compleja las vivencias en la escuela, en la familia, en el barrio, en el parche, constituidas por una dinámica y lógica propia que es necesario tratar de revelar desde la experiencia de los propios jóvenes.


Citas

1 Símbolo que identifica la intervención del investigador.

2 Símbolo que identifica la intervención de uno de los estudiantes dentro de los grupos focales en los que se conversó acerca de los frisos.


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