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Guerras, normalizaciones, crisis del estado-nación en África subsahariana

Wars, normalization, crisis of the nation-state in sub-Saharan Africa

Guerras, normalização, crise do estado-nação na África Subsaariana

Martín Kaluambi Pongo *
Traducción de Pilar Lozano Ortíz de Zárate **.


* Profesor asociado, Departamcnro de Historia, Universidad Nacional de Colombia.

** Antropóloga, candidata a Doctorado en Antropología Ehesse. Coordinadora de la línea de Oénero y Cultura del DIUC.


Resumen

Los conflictos armados de ciertos países africanos en la última década son analizados como el signo de una dificultad de sus regímenes para construir la nación que dicen defender. Esta tesis se apoya sobre la crisis del Estado- Nación y la difícil gestión de la diversidad. Dos paradigmas que resultan reveladores de un divorcio entre la aspiración a h democracia y la nación. La conflictividad en estos países modifica las relaciones y creencias de los actores en la capacidad del Estado para detentar el monopolio de la violencia legítima a la vez que invierte los parámetros de una economía de paz.

Palabras clave: Guerras africanas, mercados de la violencia, diversidad, democracia, política, Estado-Nación.

Abstract

Armed amflict in some African countries in the last decade are analyzed as a sign of their regimes difficulty to build the nation they are defending. This statement is supported on the Nation-State crisis, and the difficult management of diversity. These are two paradigms that revea! a divorce between the will of a "democracy", and the "nation". Conflicts in these countries modify the actors' relations and believes in the State's capacity to stop the monopoly of a legitímate violence, as vuell as flip the parameters of an economy of peace.


Las turbulencias bélicas que sacudieron al África en las últimas tres décadas atrajeron la atención de numerosos analistas dando lugar a una literatura polémica, con tesis a veces complementarias, a veces opuestas. Los reportajes audiovisuales, europeos y norteamericanos, que hacían vivir estas guerras en directo, reproducían tesis a veces superficiales, o como mínimo caricaturales, antes de retomar, tras algunos días u horas, su lugar en el borroso recuerdo de eterno recomenzar. La complejidad de estas guerras, sus motivos confesados o latentes, las configuraciones que desarrollaron, etc., son tan diversas que resulta ilusorio pretender realizar un examen detallado. No siendo posible, dentro de los límites de este artículo, proceder a un análisis de todas las guerras africanas, de alta o baja intensidad, limitaré mi reflexión a algunos casos, cercanos entre sí según cierto número de características. Mi propuesta intentará responder a esta cuestión central: ¿podrían los conflictos armados que fragmentan ciertos países africanos ser (leerse como) señal de una dificultad de los regímenes africanos existentes para construir la nación que dicen defender? Para responderla cruzaré en la discusión factores locales de diferentes niveles, de lo comunitario a lo estatal, y factores internacionales a diferentes escalas, regional y mundial.

Retrospectivas: tendencias bélicas y tortuosas normalizaciones

El continente africano cuenta en su historia con algunas de las más largas guerras: las luchas de liberación en Angola (1961-1975) y Mozambique (1964-1975), Eritrea (1961 1993), rápidamente transformadas en guerras civiles después de la independencia. Detrás de los actores locales, se desplegaban abiertamente los Antonov soviéticos, los contingentes de soldados cubanos, la distribución de armas o subsidios chinos, los asaltos de unidades de mercenarios promovidos por los servicios secretos de Estados Unidos y Europa Occidental. La caída del muro de Berlín y el resquebrajamiento de la Unión Soviética dieron repentinamente paso a otra época, la de un "nuevo orden mundial", de cambio de la política internacional. Frente a estas viejas guerras de desgaste, la ONU entablaba, tanto en Luanda como en Maputo, negociaciones para la resolución de los conflictos "posguerra fría" Al mismo tiempo, la administración estadounidense, buscando cuidadosamente poner en el olvido los compromisos pasados1, ubicaba el conjunto de su política exterior bajo el signo de la promoción del respeto de los derechos humanos, la democracia y la gobernabilidad. La Francia socialista de Francois Mitterand intensificaba las exigencias en la cumbre franco-africana de La Baule (1991) condicionando la ayuda al desarrollo a los esfuerzos que desplegaran los países africanos francófonos para el establecimiento de sistemas democráticos.

Estas claras señales parecían abrir una era de renacimiento por "otra África", con el sentimiento de tener, al fin, saldadas la mayoría de cuentas de la colonización y de los regímenes dictatoriales que la sucedieron. Desorientados por los cambios en la política internacional y por estas señales provenientes de Occidente, los regímenes africanos de la época se veían como los "huérfanos" del antiguo orden internacional al que habían llegado a instrumentalizar a la perfección. Tenían que hacer frente no sólo a su población que, largo tiempo atrás, reivindicaba la democracia y el Estado de Derecho, sino a sus disidentes quienes rivalizaban de manera cada vez más agresiva, por la adquisición de recursos culturales, políticos y económicos en un entorno de creciente penuria. Tal es el contexto en el cual es necesario ubicar las guerras civiles que, tras el fin de la bipolaridad, continuaron en Angola, Mozambique y Sudán, las que estallaron en Liberia, Sierra Leona, Somalia, Ruanda, Burundi, ambos Congos, y más recientemente en Costa de Marfil.

El discurso de crear un orden democrático mundial ha tenido, por una curiosa inversión, un contra eco en el continente africano; algunos piensan que ha contribuido a la continuación e incluso al desencadenamiento de ciertas guerras. Angola y Mozambique constituyen casos ejemplares de persisrencia de conflictos armados después de la Guerra Fría. La Unión Nacional por la independencia total de Angola (UNITA) y la Resistencia Nacional de Mozambique (RENAMO) -movimientos armados que impugnaban "las democracias populares" instauradas por los movimientos de liberación de tendencia marxista, con el apoyo de la URSS y el conjunto de la esfera de influencia tercer-mundista o no alineada-, eran para 1991 y 1992 partidos legalmente reconocidos, una vez suscribieron acuerdos de paz que preveían elecciones pluripartidistas bajo la égida de la ONU. En Angola, la guerra se reanudó cuando Joñas Savimbi, jefe de guerra de UNITA, rehusa admitir su fracaso en las elecciones presidenciales de 1992. Bajo presión internacional se ve obligado a suscribir en 1994 los "acuerdos de Lusaka", que postulaban la instalación de un gobierno de unión nacional, pretensión que no tuvo éxito. A partir de 1998 el movimiento rebelde reactiva la guerra, hasta el 22 de febrero de 2002, día en que Savimbi, a quien la prensa internacional llamara el "Gallo Negro", el "Pol Pot africano", el "Eterno rebelde", perseguido y acorralado, es abatido por el ejército angoleño en Luvuei2 Tras el deceso del cabecilla rebelde se redoblan los esfuerzos diplomáticos que pretendían poner fin a varias décadas de guerra civil. Gobierno y rebeldes de la UNITA firman un alto al fuego en abril, convienen en retomar las negociaciones relativas a la puesta en marcha del "protocolo de Lusaka", plan de paz ya mencionado3 A semejanza de la UNITA, la guerrilla de la RENAMO continuó combatiendo al régimen del FRELIMO (Frente de liberación de Mozambique) el cual, a pesar de las fuertes presiones ejercidas por países occidentales, notablemente Estados Unidos y Sur África, se resistía a un pacto pre-electoral de unidad nacional y de repartición del poder calcado sobre el modelo sudafricano. Siendo una organización puramente rural, débil y mal equipada, la RENAMO sin embargo se infló, jugó el juego de la pacificación, se hizo "reconocer como interlocutor, y posteriormente como parte de los acuerdos al mismo título que el gobierno"4. Los resultados electorales de las presidenciales y legislativas de 1994 dan testimonio del éxito de este movimiento que antiguamente fuera considerado como una organización de asesinos y bandidos sin fe ni ley.

En la región de los Grandes L a gos, Burundi y Ruanda ofrecieron el espectáculo de conflictos que funcionan según una mecánica cíclica. Los sangrientos resquebrajamientos de Burundi, en los noventa, sobrevienen con el asesinato, por militares Tutsi, del presidente Melchior Ndadaye, elegido democráticamente en 1993. La secuela es de todos conocida, masacres sistemáticas de Tutsi y Hutu del UPRONA (Partido de l a Unidad para el Progreso Nacional); represión salvaje por parte del ejército, compuesto esencialmente de Tutsis que pretendían vengar a miembros de sus familias; exilio de millares de Hutu en los países vecinos (Tanzania, Congo Kinshasa) e incluso distantes, caída del régimen de FRODEBU (Frente por la democracia en Burundi) debido a un golpe de Estado conducido por el expresidente, Mayor Pierre Buyoya5 Excluidos, los Hutu radicales y aquellos de los campos de refugiados instalados en Tanzania y Congo Kinshasa, no tardan en constituir movimientos rebeldes6, manteniendo así una situación de guerra permanente. Las negociaciones, establecidas desde 1998 bajo los auspicios del difunto presidente Julio Nyerere de Tanzania, proseguidas después por el expresidente surafricano Nelson Mándela, iban a desembocar en la firma en Arusha, en julio de 2001, de un Acuerdo para la paz y la reconciliación nacional, este se combinaba con un período de transición de tres años y la obligación de alternancia en el poder entre Pierre Buyoya (Tutsi) y Domitien Ndayezeye (Hutu). Este acuerdo complementa el de alto al fuego de 2002 realizado entre el gobierno de la transición y el CNDD-FDD.

En la vecina Ruanda era de esperarse que los acuerdos de paz, firmados en 1993, en Arusha (Tanzania) –que habían puesto fin a tres años de guerra entre las fuerzas gubernamentales y exiliados Tutsis que, deseosos de volver al país, habían formado el Frente Patriótico Ruandés (FPR)– desembocasen en una repartición pacífica del poder y una democratización del país. Nada de esto tuvo lugar: las cimas del horror se alcanzaron en 1994; tres meses de masacres consagrados al genocidio de los Tutsi y de buena parte de los Hutu moderados7 Vencidos, los supervivientes del régimen Habyarimana (militares, milicias, hombres políticos) y más de un millón de Hutus huyeron hacia el vecino Zaire, dejando a las tropas del FPR, conducidas por su hombre fuerte, Paul Kagame, apoderarse del poder en Kigali en julio de 1994. El nuevo régimen se benefició de la compasión de la comunidad internacional que creó el Tribunal Internacional para Ruanda (TPIR) para los crímenes del genocidio. Sin embargo, no se le ocurrió nada distinto que camuflarse detrás de las rebeliones congolesas para exportar, a partir de 1996, la guerra en el Congo Kinshasa (véase infra), pretextando la búsqueda de probables "genocidas" No obstante su paz precaria Ruanda franquea en el 2003 una etapa, con la organización de elecciones presidenciales –ganadas por Paul Kagame8– y legislativas. Tales consultas se muestran como un signo de normalización de la vida política. Sin embargo, la amplitud que adquiere el actual debate sobre la cuestión tabú de los crímenes cometidos por miembros del FPR, particularmente en el año posterior al genocidio, y sobre la eventual creación de una "Comisión de verdad y reconciliación", permiten augurar nuevas sorpresas.

En el Congo Kinshasa el régimen del presidente Mobutu se hallaba empantanado en una transición política caótica y una gestión difícil por la presencia de refugiados Hutu sobre el territorio nacional, cuando surge –en octubre de 1996– la "insurrección de los Banyamulenge" de Zaire. Preparada y fomentada por las autoridades de Kigaliy Kampala, ésta se transforma en rebelión contra el régimen de Kinshasa, con la súbita aparición de la Alianza de fuerzas democráticas para la liberación del Congo (AFDL): una estructura políticomilitar que aquellas contribuyeron a crear aprovechando la confusión de la insurrección, a la cabeza de la cual se entroniza un antiguo rebelde de los años 60 Laurent Désiré Kabila. Sobredimensionados por el apoyo de tropas ugandesas, ruandesas, burundesas y angolesas, las fuerzas de la AFDL libran una guerra singular. En primer lugar, la exterminación sin distinción de más de 200,000 Hutu extraviados en las selvas del Este del Congo, de quienes las autoridades de Kigali afirmaban que se trataba de grupos rebeldes que soñaban con volver a Ruanda, con armas en la mano, para reemprender el genocidio. A continuación, una guerra de siete meses (octubre de 1996 mayo de 1997) en el curso de la cual las tropas de la AFDL derrotan a las fuerzas armadas de Zaire y permiten a Kabila apoderarse del poder en Kinshasa9 Autoproclamado jefe de Estado, Kabila tendrá sólo algunos meses de sosiego antes de verse enfrentado a sus antiguos aliados que, para corresponderle, invaden el Congo Kinshasa en agosto de 1998 mediante rebeliones con terceros interpuestos10.

Esta guerra, que dura cuarto años (1998-2002), se transforma en guerra continental, la coalición Este-africana (Uganda, Ruanda, Burundi), desequilibrada y minada por resentimientos y celos internos, que apoyaba las rebeliones congolesas, se declara en oposición a la coalición, igualmente frágil, que asociaba Estados del África Austral (Angola, Mozambique, Namibia) y África francófona (el Chad), comprometidos del lado del dictador congolés. Ni vencedores ni vencidos, el régimen de Kinshasa bajo Kabila, las disidencias armadas, al igual que sus respectivos aliados, suscribían en 1999 los "Acuerdos de Lusaka", para torpedearlos a continuación y proseguir la guerra, hasta el asesinato del Presidente congolés en enero de 2001 Como cabeza del Estado, Joseph Kabila (hijo del Presidente asesinado) juega las cartas de la guerra y también las de la negociación tanto con los movimientos rebeldes como con sus aliados. A falta de una victoria militar, el régimen de Kinshasa y las disidencias armadas no tienen otra opción que la de recurrir a una solución política, con la organización del "Diálogo intercongolés" (2002) sancionado por un Acuerdo Global inclusivo. Este proceso político consiste en la repartición del poder entre las diferentes partes, para adelantar una transición de dos años hasta las elecciones generales previstas para el 2005.

En 1997 el Congo Brazzaville entra en una guerra civil en todo comparable a aquella que tres años antes había generado 2.000 víctimas en la capital. Combatían en ella, con artillería pesada, sobre un trasfondo de etnias y petróleo, las milicias de los tres candidatos a la elección presidencial: Pascal Lissouba, Jefe de Estado saliente (1992-1997), el general Denis Sassou Nguesso, ex-jefe del Estado (1979 2002) y Bernard Kolelas, alcalde de Brazzaville y posteriormente Primer Ministro de Lissouba. Esta guerra constituía la ilustración de los antagonismos de la clase política, alterada por la desregulación de los mecanismos políticos que favorecían su reproducción y supervivencia y atrapada en una percepción neopatrimonial del poder y los ingresos petrolíferos. A la cabeza de milicianos Cobras, apoyados por tropas angoleñas enviadas p por el régimen de Luanda que quería cobrarle al Presidente Lissouba su amistad con los movimientos rebeldes –la UNITA y el Frente de liberación de Cabinda (FLC)11– el general Sassou-Nguesso expulsa a éste del poder tras cuatro meses de guerra. A pesar de la victoria de Sassou-Nguesso y su reelección como Presidente en 2002, la violencia armada prosigue hoy día en las localidades de la región de Pool donde el ejército gubernamental y sus grupos suplementarios habrían decidido, según parece, apartarse definitivamente del muy enigmático Pasteur Ntumi, jefe de los rebeldes Nsiloulou.

En África Occidental, el conflicto de Liberia y el de Sierra Leona retienen la atención, a ellos se suma el más reciente de Costa de Marfil. La Liberia de Samuel Doe (1980-1990) era un país en ruinas cuando Charles Ghankay Taylor, jefe de la facción rebelde National Patnotic Front of Liberia (NPFL), emprendió una guerra que habría de durar siete años (1989-1996) antes de tomar el poder en Monrovia12 Taylor se encontró a su vez enfrentando otra guerra de siete años contra las disidencias armadas entre las que se destacan los grupos: Liberianos Unidos por la Reconstrucción y la Democracia (LURD) y el Movimiento Democrático Liberiano (MODEL) Esta sangrienta y caótica página de la historia de Liberia se voltea en 2003 con la partida de Taylor hacia el exilio en Nigeria. Asediado a las puertas de la capital Monrovia, espoleado por la presión internacional, cede la Presidencia a Moses Blah, su Vicepresidente, permitiendo una solución pacífica de la guerra civil así como el despliegue de una fuerza africana para el mantenimiento de la paz. El Gobierno liberiano y los movimientos rebeldes firman en agosto el acuerdo global de paz en Accra (Ghana). A éste le siguió la instauración de un poder interino cuyos miembros procedían de las filas de partidarios de Charles Taylor, de movimientos rebeldes, partidos políticos y sociedad civil. Según el Acuerdo, el presidente, vicepresidentes y principales Ministros del nuevo Gabinete no tendrán derecho a presentarse a las elecciones a celebrarse en octubre de 200513.

En Sierra Leona, Foday Saybana Sankoh, antiguo cabo del ejército regular, aparece en 1991, en el este, encabezando un puñado de hombres armados, hundiendo al país en una guerra civil de diez años. Motivo declarado del conflicto, según él y sus rebeldes del Frente Revolucionario Unido (RUF) "salvar a Sierra Leona del régimen corrompido, arcaico y opresivo" del All Peoples Congress del Presidente Joseph Momoh14 La conflagración se prolongó, sin salida; caracterizada por el intenso alistamiento de jóvenes en los grupos armados15, dos golpes de Estado sucesivos y la vuelta al poder de Ahmed Tejan Kabbah16 Tras varias rondas de mediaciones internacionales, africanas, europeas, entre otras, que se estrellan contra el muro de intransigencia de los beligerantes, se hallará una puerta de salida a la guerra con los acuerdos de Lomé (1999), firmados por el Presidente Kabbah, los rebeldes del RUF y oficiales desertores miembros de la junta militar que lo había mantenido alejado del poder por unos meses (1997 98) A raíz de la afrenta que inflingen sus tropas a las fuerzas de Naciones Unidas (2000) Sankoh será capturado y encarcelado en Freetown donde, mientras espera su proceso por crímenes de guerra, muere en julio de 2003.

Puerto de estabilidad desde su independencia en 1960, Costa de Marfil se sumerge en la guerra en 2002, con la toma de los cuarteles por "amotinados" en Abidján. Esta crisis, presentada en un comienzo como un amotinamiento, luego como una tentativa de golpe rápidamente controlada, se transformó en una guerra civil accionada por los movimientos rebeldes que aparecen de inmediato en escena17 Las lecturas posibles de esta guerra convocan a la vez el remible debate sobre la "ivoirité"18, atizado en 1995 bajo la Presidencia de Henri Konan Bédié; la sumamente azarosa gestión económica; los deterioros causados por el golpe de Estado del general Robert Gueï (1999); las sangrientas confrontaciones que acompañaron la elección del actual Presidente, Laurent Gbagbo (2000), el dominio de élites políticas provenientes del sur del país, entre otros19 Los acuerdos firmados en 2002 por los beligerantes desembocaron en la designación de un Primer Ministro "de Reconciliación", pero sobre todo en un principio de repartición del poder con la formación de un gobierno de unión nacional.

En el Cuerno de África, Somalia conoció, a partir de la caída del dictador Siyad Barre en 1991, una guerra entre las distintas facciones rebeldes que habían enmarcado la insurrección de Mogadiscio. La competición política se desarrollaba esencialmente entre los Hawire, entre Ali Mahdi Mohamed, declarado presidente interino por su facción, el United Somalí Congress (USC), bajo circunstancias precipitadas, por decir lo menos, y el general Mohamed Farah Hassan Aydiid, quien había dirigido desde Etiopía la fracción más importante, llamada USC Mustahil, en relación con otros frentes como el Somalí National Movement. Esta lucha por el poder toma una forma más radical y destructiva a finales de 1991, comienzos de 1992. Se apoyaba en alianzas ciánicas que, en su expresión política, condujeron a la fragmentación del país con la independencia de Somaliland al norte, del Estado de Puntland en el centro y noreste. Todo ello, a pesar de las tentativas de reconciliación nacional, las reuniones y acuerdos firmados, las intervenciones exteriores de otros Estados, así como de la ONU20 La Etiopía vecina enfrentaba desde casi veinte años atrás, la ofensiva conjunta de los frentes de liberación del Tigre y Eritrea. Exprovincia del Estado etíope, Eritrea obtuvo su independencia en 1993. Una independencia reclamada por la vía de las armas por varias facciones en concurrencia, entre ellas el Frente Popular de liberación de Eritrea (FPLE) rebautizado en 1994 como Frente Popular para la democracia y la justicia (FPDJ)21.

La democracia prueba en el Estado Nación en crisis

¿Deben leerse estos conflictos como el resurgimiento de una "anarquía" a la africana, próxima de la descrita por Robert Kaplan22, como explosiones incontroladas de "barbarie" o incluso de "atavismos étnicos" como lo sugieren ciertos análisis? No es posible encontrar una respuesta que de cuenta de todas estas tendencias guerreras, por similares que parezcan en su manifestación. En un texto sobre los mecanismos disciplinarios y desgarramientos asociados a la violencia en las sociedades africanas, Bogumil Jewsiewcki invita a mantenerse alerta sobre "nuestros propios prejucios" y hace igualmente un llamado a interrogarse sobre la confiscación y monopolio de la violencia por parte del Estado colonial y postcolonial23. Las crisis que confrontan los países africanos no son excepcionales; en todo el mundo, incluso en los Estados más democráticos, las fuerzas centrífugas y movimientos populistas tienen el viento a su favor, particularmente en un contexto de desinterés ciudadano. Lejos de ser signo de no se sabe qué arcaísmo, del cual el continente africano tendría el triste privilegio, estas crisis ilustran, a su manera, una crisis universal de lo político. Desde este punto de vista, es razonable evaluar si no existe un vínculo entre estos dramas y la dinámica que la transición política ha provocado en el Estado-nación en tanto construcción política. Esta línea de reflexión es útil en la medida en que la democratización (de Africa) es percibida como el mecanismo que debe regular la crisis del Estado postcolonial, ampliando las bases del poder a todas las facciones políticas excluidas, modernizando a la vez su gestión.

Pensar las guerras africanas única y exclusivamente mediante conceptos como "barbarie" - exhumados por ciertos analistasy "etnicidad", tal como ésta es retomada como línea de investigación en las temáticas propuestas para este número especial de Nómadas24, parece una explicación bastante reductora y un acercamiento en muchos aspectos insuficiente. Por una parte, estas tesis se apoyan en los conceptos de barbarie, etnia o etnicidad25 que sirven hoy en día para todo, y por tanto para nada, y que se utilizan errónea y trasversalmente. Si de barbarie se trata, un análisis comparativo de las situaciones africanas con los conflictos de Europa del Este y latinoamericanos sería especialmente iluminante. Por otra parte, estas aproximaciones no reconocen la dinámica contemporánea de búsqueda, por parte de los actores sociales y políticos africanos, de un modelo de gestión político cercano al Estado de derecho y de la democracia.

Las causas de estas guerras son múltiples; combinan dos, tres, cuatro, o incluso múltiples categorías tales como: excesiva centralización del poder político y económico, generando corrupción y nepotismo (Angola, Liberia, Sierra Leona, Congo Kinshasa); negativa de algunos dirigentes a rendir cuentas y a aceptar la alternancia política (Ruanda, Burundi, el Congo Kinshasa), menosprecio de las minorías y monopolización del poder por grupos étnicos particulares (Ruanda, Burundi, Somalia), regionales (Costa de Marfil) o religiosos (Sudán); insuficiente cooperación en áreas de frontera (Etiopía-Eritrea, Uganda, Ruanda, Burundi y Congo Kinshasa), ausencia de sistemas de representación eficaces y legados de los antiguos regímenes dictatoriales que alimentan afirmaciones identitarias o nacionalistas. En todos los casos, entran en juego igualmente las ambiciones de los movimientos rebeldes y disidencias armadas, las rivalidades entre las burguesías nacionales; las disputas territoriales por acceso al mar, petróleo o yacimientos de materias primas; las organizaciones de traficantes de armas alimentadas por los distintos tráficos (droga, diamantes, petróleo…) que benefician a los mismos intermediarios. Ciertamente las razones de estas guerras no siempre coinciden con los argumentos que los beligerantes aducen públicamente para justificar su violencia; bien miradas tales razones se enraizan en una especie de "mercados de violencia"26.

Más allá de esta lectura, las guerras africanas de hoy en día pueden considerarse como la manifestación de la crisis del Estado-nación en tanto que formación social y política. Mejor dicho, como la manifestación de un divorcio entre la aspiración a la democracia (entendida como espacio institucional de reconocimiento mutuo de ideas e intereses) y la nación (espacio democrático y constitutivo de las relaciones entre los sujetos) Este divorcio, revelador de la difícil gestión de la diversidad así como de las pretensiones políticas, invirtió los parámetros clásicos de las guerras a tal punto que ya no se trata de Estados que se enfrentan para defender sus respectivas naciones, sino de naciones virtuales que enfrentan el poder para reivindicar un Estado. Por nación virtual entiendo grupos, sociales o políticos, que tienen conciencia de pertenecer a una comunidad lingüística, cultural y política heredera de un pasado común, que comparten valores identitarios y tienen la voluntad de realizarlos. Es aquí, y solamente aquí, donde se articula la crisis de lo político, donde se cuestionan tanto la representación política de los ciudadanos (crisis de la democracia representativa) como las representaciones que estos se hacen de la política (crisis del modelo del Estado-nación).

Estos dos fenómenos se despliegan en competencia con otros referentes identitarios, ya sean étnicos (Ruanda, Burundi), religiosos (Sudán), regionales (Costa de Marfil) o de otro tipo. Los casos paradigmáticos de Ruanda y Burundi permiten parcialmente mesurar la explosión de afirmaciones identitarias en el campo político En elfos se pone de manifiesto que la represión de referentes étnicos sólo tuvo efectos contraproducentes, contribuyendo a destruir el vínculo nacional tanto como evenrualmente lo creaba. En la medida en que los recursos de la ciudadanía democrática se liberaban a cuentagotas, los referentes étnicos pasaron a ser, en su enunciación violenta, una manera de expresarse para quienes no se reconocían en el discurso oficial. En ambos casos, la subrepresentación política generó una sobrerrepresentación identitaria en la que la etnicidad se concibe como un recurso esencial para las batallas políticas. Si bien establecer una comparación es atrevido, es posible, bajo mucha reserva, adelantar que la confrontación somalí tomó prestada esta misma lógica, tanto más cuanto no se condujo "a nombre del nacionalismo pansomalí"27. Al contemplar estas situaciones surge la tentación de plantear que estas configuraciones en juego comprometen una triple dinámica: en primer lugar la decadencia del valor político de la nación (espacio democrático y constitutivo de las relaciones entre los sujetos), seguida del desplazamiento del énfasis desde una historia nacional sesgada por el poder colonial o postcolonial hacia historias regionales o locales vehiculadas como batallas políticas; por último, el antagonismo con el Otro, aquel con quien existe una relación cercana desde hace décadas, habla la misma lengua y es heredero de la misma cultura28.

Ciertamente, la politización de identidades étnicas es consubstancial a los regímenes del África subsahariano pero, bien mirado, no es el hecho étnico en sí el que plantea problemas sino su instrumentalización por parte de las élites que lo utilizan para conquistar y conservar el poder, se trate o no de un sistema político competitivo. La explicación etnicista de los conflictos africanos no lleva muy lejos si nos detenemos sobre casos como los de Liberia, Eritrea, Congo Kinshasa o Congo Brazzaville. Permite más bien eludir las principales configuraciones en crisis, en particular, la confiscación del poder, y en consecuencia del monopolio de la violencia. Aplicada al caso de Congo Brazzaville impidió ver claramente "la lucha específica de las distintas facciones políticas por el control de los ingresos petrolíferos"29. Ocultó en la sombra los éxitos obtenidos en el sur del país por el Partido Congolés del Trabajo (PCT) de Denis Sassou Nguesso, o al contrario, la implantación política y electoral de Pascal Lissouba y su partido, la Unión Panafricana para la Democracia Social (UPADS); en el norte del país. Si bien la movilización de identidades comunitarias puede revelarse como un recurso en tiempos de guerra, no asfixia otras organizaciones como los partidos políticos, sindicatos, sociedad civil, entre otros, que nadaron contra corriente al rumiar el discurso nacionalista. El caso de Eritrea es ejemplar a este respecto porque se inscribe en otra lógica y en línea directa con una experiencia nacionalista para la construcción de la nación. Se diría, parafraseando a Anthony D. Smith, que el nacionalismo en sí no es el responsable de la quiebra de los Estados; éste tiende a surgir de Estados en ruina que dejan de ser viables por razones que no tienen nada que ver con las cuestiones étnicas30. El Congo Kinshasa y Liberia, que estuvieron sujetos a desbordamientos de una naturaleza muy distinta, esgrimieron el nacionalismo, permitiendo que el discurso sobre las cuestiones regionales o étnicas se limitara a una retórica abstracta.

El Estado-nación, en tanto que construcción política, nunca ha sido estable, viéndose permanentemente minado por contradicciones internas y externas. El f in de la bipolaridad no atenuó estas contradicciones, por el contrario, la mayoría de tales conflictos tienen una causa económica común, arraigada tanto en la crisis del modelo capitalista liberal, incapaz de ofrecer bienestar a todos, como en la del modelo comunista. Como lo mostró el informe de la CNUCD, tías varias décadas de políticas neoliberales y socialistas, los países africanos (en conflicto), que habían adherido a una u otra, se encuentran en situación de pobreza estructural31 Atrapados en la maquinaria de la deuda y de las medidas impuestas por el FMI los regímenes africanos difícilmente garantizan la atención a las necesidades y servicios que sus poblaciones reclaman. Han sido incapaces de proreger a los más débiles, redistribuir las riquezas, preservar las solidaridades esenciales, asumir los servicios públicos. En este contexto "la guerra constituye una alternativa a una economía de paz que no alimenta ya: el kalachnikov es el mejor medio de producción"32, para quienes son abandonados a su suerte en los medios rurales y urbanos. Estos últimos encuentran allí los ingredientes de su propia rebelión, la injusticia inicua teledirigida desde las altas cumbres del Estado, la incapacidad de los dirigentes de proporcionar un proyecto de solución, entre otros.

Así aparecen, en las zonas de conflicto, nuevos actores: grupos de autodefensa, milicias privadas, paramilitares o étnicas, entre otros33, que se convierten también en detentores de la violencia al mismo título que el Estado. Los ejemplos son abundantes: milicias privadas como los Ninjas, Cobras, Zulus (Congo Brazzaville), milicias paramilitares como las unidades constituidas en Uganda o Kamajors (Sierra Leona), milicias étnicas como el Interhamwe e Impuzamugambi (Ruanda), el Karimojong (Uganda); milicias populares constituidas por mujeres al igual que hombres (Eritrea) Pero igualmente, millares de niños-soldado, reclutados a la fuerza o por voluntad propia, iniciados tempranamente en el horror, como revelaron los casos del Ejército de resistencia del Señor (ARS) al norte de Uganda, del Frente Revolucionario Unido (RUF) en Sierra Leona, de la Alianza de las Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo (AFDL), para no citar más que algunos. Para numerosos jóvenes la guerra es un salvavidas y un "laboratorio de nuevas formas de lucha donde política y economía se confunden"34 Constituye una oportunidad para renegociar su estatus y su acceso a los recursos; reposicionarse en el espacio público o escapar de su condición, apoyar su propia protección y ganar prestigio en sus comunidades. Víctimas de la exclusión producida por la violencia, de la cual el Estado ejercía el monopolio, estos nuevos actores de los conflictos armados se comprometen en una competencia para obtener un acceso al ejercicio de la violencia. En los diferentes países, la conflictividad modificó su relación con la guerra, así como sus creencias sobre la capacidad del Estado para detentar el monopolio de la violencia legítima en un territorio dado.

Estas guerras, por otra parte, parecen ser también expresión de un legado que podría llamarse la subordinación de la política a lo económico, que consagró la decadencia del Estado-nación en un mundo globalizante donde las fronteras no constituyen ya límites de soberanía. Siguiendo esta pista, la nación como territorio ve afectado su equilibrio por el informal internacionalizado que se instaura en las zonas, sean o no de conflicto; por las actividades mercantiles y de mercenariato; por los movimientos de hombres y de armas. Allí, con destreza y total impunidad, evolucionan redes de contrabandistas de materias primas cuya aparente fluidez no impide una notable eficacia productiva y capitalista. Desde Monrovia a Kigali pasando por Abidjan, Kinshasa, Luanda, Mogadiscio, entre otras, la informalidad se complejiza dada la diversidad de manifestaciones del fenómeno y la multiplicidad de actores. Esto condujo a una reducción de las apelaciones mediante términos no necesariamente sinónimos, pero tampoco ajenos entre sí, usando calificativos como "clandestino", "paralelo", "ilegal", "secreto", "espontáneo", o incluso "segunda economía", "economía a la sombra", entre otros, sin mencionar los más especializados producto de lenguas codificadas propias de los expertos sobre un modo de informalidad o una zona geográfica, como el magendo este-africano.

La retirada de las grandes potencias, combinada con la relativa incapacidad de la ONU para movilizar fuerzas, facilitó la reanudación de las actividades de mercenariato y neomercenariato en los conflictos africanos. A solicitud de los gobiernos, las empresas de mercenarios extranjeras como la sudafricana Executive Outcomes, la israelí Levdan, la británica SandLine International o la americana MPRI, intervinieron en crisis que tenían un fuerte componente económico35. Vinculadas estrechamente a multinacionales mineras estas compañías de "soldados de la muerte" colaboraban con los jefes de guerra, las empresas legales o ilegales de talla mundial con intereses en las zonas de conflicto: De Beers para los diamantes; Elf, Agip, Viga, Texaco, para el petróleo. Para remitirse a algunos ejemplos, los hombres de Executive Outcomes estaban al lado de las fuerzas armadas angoleñas en 1993 en tanto se incrementaba la presión de la UNITA. Intervinieron en Sierra Leona en 1995-1997, a petición del Gobierno Strasser, que pretendía tanto "asegurarse el control y la protección de las principales minas de diamantes y titanio del país"36 como hacer frente a las incursiones del RUF sobre la capital y buena parte del territorio. Por su parte, en 1998, la SandLine International suministraba material a los milicianos Kamajors del Presidente Ahmed Tejan Kabbah, y desde 1997 protegía las minas de diamantes explotadas por la sociedad canadiense Stock Exchange. En ambos casos la prima de guerra se pagó, en derechos de explotación, confiada a sus sociedades especializadas como la Mineral Fields, Branch Energy, Branch Mining o Heritage Oil37. Estos grupos, si bien no sustituyeron a los Estados habían creado, sin embargo, sobre sus escombros, sus feudos, de común acuerdo con sociedades mineras que actuaban como brazos armados de las multinacionales.

La vitalidad del mercenariato, de la que dan testimonio los ejemplos citados, se acompañó de un injerto local que podría llamarse neomercenariato. E n efecto, supervivientes de los putschs o de antiguas guerras civiles, antiguos militantes de las fuerzas armadas menoscabadas y marginales urbanos proponían a su vez sus servicios por distintos motivos. ¿Será necesario dar ejemplos?.

  • Combatientes sierra-leoneses pelearon del lado de Charles Taylor en Liberia así como jóvenes Dan de Costa de Marfil, marginales urbanos y "buen número de "cabezas quemadas" del África Occidental que formaban heteróclitas "brigadas internacionales" más motivadas por la aventura y el saqueo que por la política o el mercenariato organizado"38.
  • Bandas de liberianos se lanzaron (fueron incorporadas) a las filas de movimientos rebeldes de Costa de Marfil que surgieron en la parte norte y occidental del país, y combaten al régimen de Laurent Gbagbo en Costa de Marfil.
  • En su exilio en Uganda, los combatientes Tutsi del F PR habían sido la punta de lanza de la rebelión del National Resistance Movement (NRM) que conducía Yoweri Museveni contra el régimen de Milton Obote.
  • Incontrolables en el plano regional, numerosos combatientes Hutu de las guerras civiles ruandesas y burundesas se enrolaron en las milicias del Congo Brazzaville39. Otros cooperan con la rebelión ñgandesa del Allied Democratic Front (Sur de Uganda), opuesto al régimen de Kampala. Centenares de otros se unieron al movimiento rebelde angoleño, la UNITA que, hasta febrero de 2002, combatía al régimen de Luanda. Millares de otros a su vez descubrieron intereses comunes con el régimen de Kinshasa, y ofrecieron sus servicios como "aliados naturales" en la lucha contra el agresor ugando-ruandés.

El fin del orden impuesto por la Guerra Fría levantó las restricciones que obstaculizaban la circulación visible de grandes cantidades de armas de guerra. En su activismo por la guerra, los protagonistas (regímenes existentes así como movimientos rebeldes), no tuvieron dificultades para abastecerse en los antiguos países socialistas y en el mercado libre americano. La extensión de los flujos económicos y el movimiento de armas limitan la posibilidad de pensar el territorio como una barrera física controlable por el poder40 En realidad el carácter transnacional de estas actividades pone en tela de juicio el concepto mismo de fronteras terrestres de tal modo que la adecuación territorio, ciudadanía, seguridad no es ya creíble, ni siquiera mínimamente. Si bien no tiene sentido volver aquí sobre el papel de los negociantes de armas o de los intereses extranjeros, el cual analicé en una reciente contribución41, me parece importante destacar el de algunos Gobiernos africanos que juegan a apoyar, o incluso fomentar conflictos donde sus vecinos.

Armas y combatientes circularon sin obstáculos tanto en la región de los Grandes Lagos, el Cuerno de África como en África central. En el conflicto mandes, las armas y las municiones para las fuerzas gubernamentales transitaron mucho tiempo por Goma, la capital de la provincia del Kivu, en el ex-Zaire (Congo Kinshasa), donde el difunto mariscal Mobutu no ocultaba su apoyo al régimen del Presidente Juvenal Habyarimana, asesinado en 1994 Otras se compraban en Sudáfrica, como lo indica un informe de la organización americana Human Rights Watch42. Por otra parte, numerosos equipos del Frente Patriótico Ruandés (FPR), le fueron legados por el National Resistance Army (NRA) que condujera en los años ochenta Yoweri Museveni, actual Presidente ugandés. Anglófono y bien visto en Washington, éste abastecía también de armas americanas a los rebeldes cristianos y animistas del Sudanese People Liberation (SPLA) de John Garang, al sur de Sudán, en lucha contra el poder islámico de Jartum. El mercado regional del África central, bien abastecido en Congo Brazzaville y Congo Kinshasa con las tomas sobre e enemigo, fue alimentado también por países vecinos como A n gola. E n el conflicto de Liberia, el suministro de armas de Charles Taylor, vía Burkina Faso y Costa de Marfil , condicionaba las alianzas del momento43, a su vez, el de los rebeldes del RUF transitaba por Liberia la cual jugó un poco el papel de retaguardia de la rebelión sierra-leonesa y de su tráfico de diamantes.

Dentro de la perspectiva de la desestabilización de los vecinos, no puede ignorarse el contexto político y militar de los distintos Estados, y la crisis del Congo sirve como elemento revelador. La creciente delicuescencia del poder de Kinshasa sobre sus provincias periféricas contrastaba con la retoma y eficaz encuadramiento de los regímenes ruandés, burundés y sobre todo ugandés44 La implicación de estos últimos en Zaire en 1996 tuvo, al menos inicialmente, una lógica de seguridad totalmente legítima, se trataba de limpiar el este del país de bandas de merodeadores de todo pelaje, pero con mayor frecuencia de Interhamwe, bien armados, que sembraban allí el terror, con acciones que se desbordaban sobre las fronteras de estos tres países Kinshasa, por incapacidad tanto como por táctica de deterioro, les permitía moverse libremente. A esta lógica de seguridad, que justificó la trasgresión, es necesario superponer otra, la de deshacerse del dictador Mobutu. Durante la segunda guerra del Congo (1998- 2002), esta lógica de responsabilidad nacional sirvió sin duda alguna de maquillaje a los apetitos conquistadores de quienes buscaban plantearse como protagonistas ineludibles en la geopolítica regional y a la codicia sobre los recursos del Congo.

Con todo lo precedente cabe hacer tres observaciones: a) La multiplicidad de actores y su relativa invisibilidad, la transformación de las relaciones de "vecindad" y el juego de redes modifican las configuraciones del conflicto donde la lucha por la democracia y el reconocimiento en el campo político se articulan de manera diferente con las relaciones al territorio. Los negociantes de la muerte, cuyas filiales cabalgan alegremente las fronteras, ejercieron no poca presión sobre la intensificación de los conflictos. Las fronteras, entendidas como cierre del espacio estatal, están en crisis con la mundialización que es en buena medida una mercantilización y un signo de un nuevo desorden internacional, b) La idea según la cual la geopolítica africana está dominada por los conflictos internos resulta obsoleta. El análisis de la dimensión internacional, fundamental, es portador, por la complejidad y fluidez de las construcciones y estrategias aplicadas, de enseñanzas y de fértiles cuestionamientos conceptuales, c) Existen desfases entre los actores locales y los occidentales, retrasos de percepción (creencias en la primacía del Estado), o anticipaciones que crean por sus nuevas categorías, nuevas visiones sobre el orden internacional.

Notas conclusivas

A lo largo de esta reflexión intenté mostrar, a partir de algunos casos de conflictos africanos, la dificultad de construir un Estado de Derecho y soberano sobre el conjunto de su territorio. La crisis del modelo de Estado-nación, crisis impuesta por la pobreza de la política y la política de la pobreza de ciertos Estados africanos es reveladora de la dificultad de estos Estados para construir la democracia, es decir, un espacio institucional de reconocimiento mutuo de ideas e intereses. La imagen que se retiene es la de un África a la deriva, desangrada por guerras civiles abiertas o larvadas, que ha funcionado en un marco de no derecho y un clima de lucha por la vida, donde abundan las milicias o las sociedades privadas de seguridad y mercenariato, donde triunfan el contrabando y lo informal. Los recursos mineros –sobre todo el diamante– fueron el nervio de los conflictos en Angola, Congo Kinshasa, Liberia y Sierra Leona. Más allá tenemos el petróleo en Congo Brazzaville y Angola, la droga en Ruanda y Somalia, entre otros. La resorción de los conflictos en un buen número de países y las diversificadas iniciativas de normalización en que éstos se comprometieron parecen conducir a esta otra África, estable, buena discípula de los organismos internacionales, en particular los financieros: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Esta otra África intenta combinar estabilidad política, Estado de Derecho, marco macroeconómico viable, apoyo al sector privado, reformas económicas y sociales, entre otras Es cortejada por inversionistas que la consideran engalanada con los atavíos de la "buena gobernabilidad", la cual administra a la manera razonada de las bajas crisis, y se compromete –de la mejor manera posible– en la batalla de la democracia (Senegal, Malí, Benín, Botswana, Sudáfrica, entre otros) .


Citas

1 A modo de ejemplo, podemos evocar el soporte que dieron los Estados Unidos al régimen del apartheid sudafricano, al movimiento rebelde angoleño - UNITA; al régimen de Hailé Selassié, emperador de Etiopía, así como a muchos otros regímenes dictatoriales que pulularon en el continente.

2 Sobre las razones y etapas del descontrol bélico, leer A. Rozès, "Un pays en déshérence et au bord de la guerre totale", en: CEAN, L'Afrique politique, 1999. Entre transitions et conflits, Paris, Karthala, 1999, pp.179-199; C . Messiant, "Angola: entre guerre et paix", R. Marchal et C . Messiant, Les chemins de la guerre et de la paix. Fins de conflit en Afrique oriéntale et australe, Paris, Karthala, 1997, pp.157-208. Sobre la muerte de Savimbi, referirse al archivo exclusivo: "les dernières heures de Savimbi", in Jeune Afrique l'Intelligent, No. 2147, 4-10 mars 2002, pp.24-30.

3 Leer los detalles en Afrique relance, Vol. 16, No 1, Avril 2002.

4 C. Messiant, "La paix au Mozambique: un succés de l'ONU, R.", en: Marchal et C. Messiant, Op. cit., p.59.

5 C. Braeckman, Terreur africaine Burundi, Rwanda, Zaire: les rocines de la violence, Paris, Fayard, 1996.

6 De los cuales los más conocidos son el Frente para la defensa de la democracia (FDD), brazo armado de la Coalición para la defensa de la democracia (CDD); el Frente para la liberación nacional (FROLINA); el Comité nacional para la defensa de la democracia (CNDD).

7 Para una visión amplia del genocidio, ver D. Franche, Rwanda: généalogie d'un génocide, Paris, Mille et Une Nuits, 1997; E. Nkunzumwami, La tragédie rwandaise: historique et perspectives, Paris, L'Harmattan, 1996; M. Buhrer, Rwanda: mérnoire d'ungénocide, Paris, Le Cherche Midi, 1996; R. Brauman, Devant le mal. Rwanda: un génocide en direct, Paris, Arléa, 1994; C. Braeckman, Rwanda : Histoire d'un génocide, Paris, Fayard, 1994.

8 A la cabeza del Estado en 1994 como Vicepresidente y Ministro de Defensa, el general Paul Kagame compartió el poder con el Presidente Pasteur Bizimungu, un Hutu moderado, hasta abril de 2000. Las disputas entre los dos hombres condujeron al segundo a dimitir (véase la entrevista a este último en Jeune Afrique l'lntelligent, No 2112 du 5 au 9 juillet 2001, p.26-28), mientras que el primero, Paul Kagame, viene de organizar las elecciones presidenciales que ganó con ventaja notable, para un mandato de siete años.

9 Sobre las peripecias de esta guerra refererirse, entre otros, a M. Muhindo, Le Congo-Zaire: d'une guerre a l'autre. De libération en occupation, Paris, L'Harmattan, 2003, (leer especialmente los capítulos 1 y 2); M. Kalulambi Pongo, Transition et conflits politiques au Congo Kinshasa, Paris, Karthala, 2001, p. 176 et sv ; C . Braeckman, "La campagne vicrorieuse de l'AFDL", in C. Braeckman, M-F. Cross et al., Kabila prend le pouvoir Bruxelles, Grip-Éditions Complexe, 1998, p. 65-87 ; C. Bakatuseka, L'AFDL et la libération du Congo. Récits, témoignages, analyses, Lubumbashi, Editions de l'Humanité, 1997.

10 Los principales movimientos rebeldes son la Reunión congolesa para la democracia (RCD) y el Movimiento para la liberación del Congo (MLC) , a los cuales es necesario añadir dos otros grupos armados disidentes del RCD .

11 Leer el análisis pertinente de J-Sr. Mabeko Tali, "Quelques dessous diplomatiques de l'interyention angolaise dans le conflit congolais de 1997 ", Rupture-Solidarité, Les Congos dans la tourmente, Paris, Karthala, 2000, pp.53-104; O. Vallée, "Congo Brazzaville, Angola: camarades et amigos", Rupture- Solidarité, Op. cit., pp.165-181.

12 El NPFL no era el único grupo insurgente en Liberia; había al menos ocho grandes facciones rebeldes y por supuesto otras de menor importancia. Para una información detallada, leer C. Tuck, "Every Car on Moving Object Gone. The Ecomic Intervention in Liberia", African Studies Quaterly, Vol. 4-1, 2000; A. Clayton, Factions, Foreigners and Fantasies: The Civil War in Liberia, Conflict Studies Center, 1995.

13 S. Smith, "Le pouvoir de Monrovia et les factions rebelles s'engagent pour la paix et la démocratie au Liberia", Le Monde, 19 aoút 2003.

14 Ver A . Ayissi et R-E. Poulton, Bound to Cooperate: Conflict, Peace and Peopíe in Sierra Leone, New York/Genève, Nations Unies, 2000, p.3.

15 El alistamiento de niños-soldado es uno de los principales problemas que se mencionan en el libro de P. Richards, Fighting for the Rainforest : War, Youth and Resources in Sierra Leone, Oxford, James Currey, 1996. Se aborda también en K. Peters and P. Richards, "Jeunes combattants parlant de la guerre et de la paix en Sierra Leone", Cahiers d'études africaines, 150-152, XXXVIII, 2-4, 1998, pp.581-617.

16 Ver M. Juldeh Jalloh, "The May 25,1997 Coup and the Burden of Democratic Survival in Sierra Leone", CEAN L'Afrique politique 1999. Entre transitions et conflits, Paris, Karthala, 1999, pp.161- 178.

17 Además del movimiento rebelde que había surgido al norte del país cuya rama política, el Movimiento Patriótico de Costa de Marfil (MPCI), no aparece sino hasta octubre de 2002, surgen en el Oeste otros dos grupos armados que se reconocían como adeptos del antiguo Presidente Robert Gue'i (asesinado durante las primeras horas del amotinamiento): el MPIGO (Movimiento patriótico de Costa de Marfil del Gran-Occidente) y el MJP (Movimiento para la justicia y la paz).

18 La polémica sobre la "ivoirité" (marfilidad) -principio que impone a los candidatos probar sus orígenes y ciudadanía marfileños como condición para participar en la competencia electoralse focalizó particularmente sobre Alassane Ouattarra (líder del partido Reunión de los republicanos-RDR), exprimer Ministro de Houphouët-Boigny y ex-director agregado del FMI. Con el fin de cerrarle la vía a las elecciones presidenciales se le repudia y se le considera sospechoso en tanto que se le ve como burkinabé (de Burkina-Fasso).

19 Sobre estos aspectos, leer B. Doza, "Naissance d'un nationalisme ivoirien", Le Monde diplomatique, Avril 2003; A-A. Coulibaly, Le Système politique ivoirien, Paris, L'Harmattan, 2002; G . Photios Tapinos, P. Hugon et P. Vimard, La Cote d'lvoire á l'aube du XXIe siécle. Défis démographiques et développement durable, Paris, Karthala, 2002.

20 Leer entre otros J. Cot, (Dir.), Opérations des Nations Unies: legons de terrain. Cambodge, Rwanda, Ex-Yougoslavie, Paris, Fondations pour les Etudes de Défense, 1995 (consultar el capítulo II sobre Somalia, pp.l21-171); R. Marchal, " La Corne de 1'Afrique", Politique africaine, no 50, 1993, pp.2-87 ; J-M. Sorel, "La Somalie et les Nations Unies", Annuaire Francais de Droit International, XXXIX, Paris, Editions du CNRS, 1992, pp.61-88.

21 Ver R. Goy, "L'indépendance de l'Erythrée", Annuaire Francais de Droit International XXXIX, Paris, Editions du CNRS, 1993, pp.337-356.

22 La tesis de la barbarie, desarrollada por Robert Kaplan en su obra The Ends of the Earth. A Journey at the Dawn of the 21th Century, New York, Random House, 1996, con respecto a las sociedades de los Balcanes, retomaba las ideas expresadas en su artículo publicado en 1994 en The Atlantic Monthly, "The Corning of Anarchy".

23 B. Jewsiewicki, "Pathologie de la violence et discipline de l'ordre politique", Cahiers d'études africaines, 150-152, XXXVIII, 2-4, 1998, p.220.

24 Ver el texto de la argumentación de M. Zuleta y M.A. Urrego, "La guerra contemporánea vista en la relación nacional- global", Temática 11: "Las güeñas de extermino étnico, los casos de Australia, Balcanes y Angola. Cómo se juega en la contemporaneidad el problema de la raza", 2003, p.3.

25 Para una idea sobre el itinerario y variaciones que este concepto sufre a través del tiempo, ver C . Coquery-Vidrovitch, "Du bon usage de l'ethnicité…", Le Monde diplomatique, julio 1994, p.4.

26 Sobre la teoría de "mercados de violencia", ver el conjunto de textos en M. Kalulambi Pongo, (ed.), Perspectivas comparadas de mercados de violencia, Bogotá, AlfaOmega Grupo Editor, 2003. La aplicación de este concepto a las guerras africanas se hace en el capítulo 3.

27 R. Marchal, "Somalie: la normalisation malgré tout", R. Marchal et C . Messiant, Op. cit., p.218.

28 Estas intuiciones retoman ciertas ideas que desarrollé en mi libro Etre luba au XXe siécle. Identité chrétienne et ethnicité au Congo Kinshasa, Paris, Karthala, 1997.

29 Para una explicación detallada, leer P. Yengo, "Chacun aura sa part": les fondements historiques de la (re)production de la guerre á Brazzaville", Cahiers d'études africaines, 150-152, XXXVIII, 2-4, 1998, pp.471-503.

30 Smith D. Anthony, Nations and Nationalism in Global Era, Londres, Polity Press, 1995.

31 The Least Developed Countries Repon, Genève, 1995.

32 Stephen Smith, "L'Afrique aux Africains… en armes", Libération, 29 novembre 1998.

33 R. Jackson diferencia los actores internos (milicias étnicas, servicios especializados de seguridad, unidades semimercenarias, cultos religiosos armados, guerreros, bandas criminales) de los actores externos (agencias humanitarias, guardianes de paz, mercenarios extranjeros, compañías militares privadas, empresarios y capitalistas internacionales). Ver R. Jackson, "Violent Internal Conflict and the African State: Toward a Framework of Analysis", Journal of Contemporary African Studies, no 20-1, 2002, pp.33-34.

34 R. Banégas y B. Jewsiewicki, "Vivre dans la guerre. Imaginaires et pratiques populaires de la violence en RDC", Politique africaine, no 84, décembre 2001, p.13.

35 F-X. Sidos, Les soldats libres: la grande aventure des mercenaires, Paris, Aencre, 2002 ; P Chapleau et F. Missier, Multinationales de mercenaires ou Mercenaires SA, Paris, Desclée de Brouwer, Paris, 1998.

36 Reportarse, para una información detallada, a N . Tabiou, "L'intervention de l'Ecomog au Liberia et en Sierra Leone", M. Benchikh, Les organisations intemationales et les conflits armés, Paris, L'Harmattan, 2001, p.271; W. Reno, Corruption and State Politics in Sierra Leone, Cambridge, Cambridge University Press, 1995.

37 Para una visión de las actividades del mercenariato, leer P. Conesa, "Les ravages d'une guene arbitraire: Modernes mercenaires de la sécurité", Le Monde diplomatique, Avril 2003, pp.22-23; J. Geslin, "Kalachnikov business", Jeune Afrique l'Intelligent, no 2128-2129, 23 octobre-5 novembre 2001, p.57 ; F. Misser et O. Vallée, "Les nouveaux acteurs du secteur minier", Manière de voir 51 – Le Monde diplomatique, maijuin 2000, p.30.

38 M. Galy, "Liberia: machine perverse. Anthropologie politique du conflit libérien", Cahiers d'études africaines, 150- 152, XXXVIII, 2-4, 1998, pp.547-548.

39 P. Yengo, art. citado, p.484; J. Kagabo, "Afrique céntrale: des conflits et des recompositions politiques qui font peur" Rechierches internationales, No. 49, 1997, pp.35-42.

40 J-G. Ruggie, "Territoriality and beyond: problematizing modernity in international relations", International Organization, 47, 1, Hiver 1993.

41 Ver M. Kalulambi Pongo, "Guerras africanas, lógicas depredadoras y el negocio del kalashnikov" in M. Kalulambi Pongo, (ed.), Perspectivas comparadas… Op. cit, p.89 y siguientes.

42 Human Rights Watch, Arms Project, January 1994.

43 Leer a este respecto el artículo de C . Wauthier, ‘Appétits américains et compromissions francaises’, Le Monde diplomatique, octobre 1994.

44 C. Braeckman L'enjeu congolais L Afrique céntrale après Mobutu, Paris, Fayard, 1999.


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Violencia sin guerra: La sociedad vasca y el terrorismo de ETA en el umbral del siglo XXI

Violence without war: Basque society and ETA terrorism on the threshold of the 21st century

Violência sem guerra: sociedade basca e terrorismo da ETA no limiar do século XXI

Santiago de Pablo *


* Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco. Es autor de diversos libros y artículos sobre el nacionalismo y la historia vasca del siglo XX. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. .


Resumen

En este artículo analizamos la evolución de la organización terrorista ETA, desde su nacimiento en 1959 hasta nuestros días. En el País Vasco no hay una guerra sino un enfrentamiento entre una minoría, cada vez más reducida, y una sociedad vasca plural, pero mayoritariamente contraria al terrorismo. De ahí que, en este inicio del siglo XXI, ETA se haya convertido en un movimiento cerrado en sí mismo y anclado en el tiempo, que se resiste a aceptar su fracaso.

Palabras clave: País Vasco, España, nacionalismo, terrorismo, ETA.

Abstract

In this article we analyse the evolution of terrorist organisation ETA, from its beginning, in 1959, to the presenl days. At the Basque Country there is not properly a war, but a confrontation betvueen a minoríty, which is clearly shrinking, and a plural society, mainly more and mure against terrorism. Hence, at the beginning of XXI Century, ETA has become a shut up movement, lost in present time, which resists to swallovu its failure.


En agosto de 2003 visité una pequeña abadía románica, en un pueblo perdido en el Departamento francés de Ariége. Al comentarle al guía encargado de enseñar la iglesia que yo era profesor de la Universidad del País Vasco, su reacción –con intención de hacer un comentario gracioso y distendido– fue preguntarme si había tenido la amabilidad de dejar la bomba antes de entrar a la abadía. Y es que el País Vasco, a pesar de contar con un nivel de vida equiparable a otras regiones del mundo occidental o con manifestaciones culturales de primer orden, como el Museo Guggenheim de Bilbao, es conocido en el mundo entero por la vio lencia de ETA (Euskadi ta Askatasuna, es decir, "País Vasco y Libertad", en lengua vasca).

Entender las causas de la pervivencia de este movimiento terrorista en la España democrática de comienzos del siglo XXI no es tarea fácil. En parte porque ETA aparece ho y como un movimiento anacrónico en el co njunto de la Unión Europea, puesto que la inmensa mayoría de los grupos armados semejantes, nacidos a la par que ETA, han dejado de existir. Por otro lado, el nacionalismo y la denominada cuestión vasca –es decir, el problema del encaje institucional del País Vasco en el conjunto de España–, son muy anteriores a la existencia de ETA, pero en la práctica diaria resulta muy complicado distinguir ambas cuestiones, en medio de las complejas y trágicas circunstancias que se vivendía a día en el País Vasco. De hecho, estudiosos y protagonistas no se ponen de acuerdo ni siquiera en la definición territorial del ámbito cultural, político e histórico vasco, descrito muchas veces como un laberinto o un rompecabezas, que ni los que vivimos aquí somos capaces de comprender. Lo cierto es que, en la actualidad, la Comunidad Autónoma del País Vasco o Euskadi comprende las provincias de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Sin embargo, el nacionalismo vasco ha reivindicado y reivindica también como territo rio vasco la actual Comunidad Foral de Navarra y, en menor medida, la zona vasco francesa. Por todo ello, antes de analizar la situación actual del País Vasco, del nacionalismo y de ETA, es necesario realizar un recorrido, necesariamente somero y simplificado, por su historia contemporánea.

1. Las raíces del nacionalismo vasco

Las raíces de la cuestión política vasca pueden rastrearse ya en el siglo XIX, aunque no se plantee ni mucho menos en la actualid ad en los mismos términos que en sus inicios, pues en aquellos momentos la identidad vasca se fundaba sobre un doble patriotismo, vasco y español al mismo tiempo. El Partido Nacionalista Vasco (PNV), fundado en la década de 1890 por Sabino Arana, rompió esa identidad compartida, abogando por una nación vasca separada y enfrentada a España. Los rasgos fundamentales del primer nacionalismo vasco fueron el racismo, el catolicismo integrista, el concepto esencialista de nación, el antiliberalismo y el antisocialismo. Para Sabino Arana, la clave de la libertad vasca radicaba en la supuesta "pureza de raza", lo que significaba un odio a los inmigrantes no vascos.

Arana murió en 1903, sin embargo el PNV continuó en las décadas siguientes un lento pero constante proceso de expansión, compatible con problemas internos, al enfrentarse en su seno los sectores radicales, partidarios de la completa independencia respecto a España, y los moderados, favorables a una autonomía política dentro del Estado español. La unidad del partido pudo mantenerse gracias a una solución de compromiso, que consistió en mantener el objetivo final de la independencia, pero participando activamente en la po lítica española para ir alcanzando logros parciales en el proceso de concienciación nacional. No obstante, este equilibrio pendular entre la autonomía y la independencia no evitó las escisiones, casi siempre protagonizadas por los sectores más radicales e independentistas. Durante la II República española (1931 - 1936), el PNV se constituyó en un movimiento político-social de masas y en 1933 llegó a ser el partido más votado en el País Vasco por vez primera en la historia, pese a ser muy débil en Navarra y algo menos en Álava, las dos provincias del interior.

El inicio de la Guerra Civil de 1936-1939 obligó al PNV a decantarse por uno de los dos bandos beligerantes, haciéndolo, aunque sin entusiasmo, por la República y contra los militares sublevados, para alcanzar por fin la autonomía vasca, su principal objetivo a corto plazo desde la muerte de Arana. La alianza entre el PNV y el Frente Popular se plasmó, en octubre de 1936, en la aprobación del Estatuto y en la formación del primer Gobierno vasco de la historia, presidido por el nacionalista José Antoni o Aguirre. Sin embargo, la victo ria del bando franquista en la guerra significó el final de la efímera autonomía y la marcha al exilio del Gobierno vasco y de muchos dirigentes del PNV, que pasó a la clandestinidad en el interior. Todo ello supuso el abandono del tradicionalismo ideológico por parte del PNV, que fue uno de los fundadores de la Democracia Cristiana europea.

No obstante, –aunque mantuvo encendida la llama del Gobierno vasco en el exilio hasta el final de la dictadura–, el PNV dio claras muestras de agotamiento desde los años cincuenta. La muerte de Aguirre en 1960 simbolizó todo un relevo generacional, pues el principal pro tagonista del antifranquismo vasco a partir de esta fecha no fue ya el PNV, sino una nueva organización, ETA.

2. ETA contra la dictadura franquista

El origen de ETA estaba en un pequeño grupo de estudiantes nacionalistas (Ekin), creado en torno a 1952, que se integró después en las Juventudes del PNV Sin embargo, pronto comenzaron los problemas interno s, pues los jó v enes acusaban al PNV de inactividad y de haber llevado a un divorcio entre el exilio, cada vez más envejecido, y las nuevas generaciones del interior. La escisión se consumó a partir de 1958 y un año después, en julio de 1959, los jóvenes escindidos adoptaron el nombre de ETA. Se trataba de la escisión más importante en toda la historia del nacionalismo vasco, a pesar de que inicialmente no supuso una ruptura ideológica con el nacionalismo vasco más rad ical . De hecho, la trascendencia de ETA no se debió a su radicalidad independentista, sino a la posterior introducción del marxismo en el ideario nacionalista –hasta entonces ligado al catolicismo– y sobre todo a la apelación a la violencia para obtener su objetivo de una Euskadi independiente, unificada, socialista y vascoparlante, según sus propias formulaciones. No obstante, las relaciones iniciales entre el PNV y ETA fueron relativamente cordiales, sobre todo porque la represión franquista contra la nueva organización nacionalista provocó la solidaridad de todo el nacionalismo. A partir de 1964 ETA unió la liberación social con el nacionalismo y comenzó un período de difíciles relaciones con el PNV El motivo de su ruptura no fue tanto el uso de la violencia –que ETA apenas había iniciado y que el PNV miraba con cierta comprensión, como una violencia de respuesta frente a la dictadura–, sino la acusación del PNV a ETA de ser una avanzadilla marxista.

Desde 1968, ETA intensificó sus acciones violentas, al tiempo que consagraba una mezcla de ideología marxista revolucionaria y tercermundista –para la que Euskadi sería una colonia de España–, y de nacionalismo vasco radical. Esta amalgama ideológica y el control del aparato militar dieron lugar a numerosas escisiones en el seno de ETA a lo largo de estos años, integrándose algunos grupos escindidos en la extrema izquierda española. En 1968 un miembro de ETA dio muerte en un control rutinario a un guardia civil, siendo posteriormente él mismo abatido por las fuerzas de seguridad. El mismo año el inspector de policía Melitón Manzanas era asesinado por la organización terrorista, comenzando así una escalada de violencia, en la que ETA sumó 43 asesinatos hasta el final de la dictadura. El franquismo respondió con la represión, a veces indiscriminada, lo que no hizo sino incrementar la solidaridad con ETA. Así sucedió con motivo del consejo de guerra celebrado en Burgos en 1970 (en el que seis militantes de ETA fueron condenados a muerte, siendo posteriormente indultados por Franco) o en el fusilamiento de dos miembros de ETA, junto a tres de otro grupo terrorista español, el FRAP, ya en septiembre de 1975 Sucesos como éstos no hicieron sino dar alas a una organización que se centró cada vez más en la vía armada y en el activismo revolucionario, como se vio en el asesinato en Madrid del presidente del Gobierno franquista, Carrero Blanco, en 1973. Al año siguiente, ETA colocaba una bomba en una cafetería de Madrid, asesinand o a trece personas. Este hecho fue el detonante de la escisión más importante de la historia de ETA, que quedó dividida en dos ramas: militar y político-militar.

3. Combatir contra la democracia

Tras la muerte de Franco, en 1975, se abrió el camino de la demo cracia en España. La transición democrática permitió la reaparición en el interior del nacionalismo histórico, representado por el PNV. Pero el mundo nacionalista –como consecuencia de la aparición de ETA durante el franquismo y de los cambios sociales e ideológicos de la segunda mitad del siglo XX– iba a ser mucho menos homogéneo que en la etapa de la República. De esta forma, se crearon nuevo s partidos nacionalistas de izquierda y extrema izquierda, muchas veces ligados a las diferentes ramas de ETA . Algunos de estos partidos desaparecieron muy pronto y otros se fusionaron, confo rmándo se finalmente, además del PNV, dos grandes bloques, representantes de la izquierda abertzale (nacionalista): la coalición Euskadiko Ezkerra (apoyada por ETA Político-militar) y los diversos grupos del entorno de ETA Militar que formaron Herri Batasuna (HB) en 1978.

En el referéndum constitucio nal de 1978, el PNV propugnó la abstención, mientras la izquierda abertzale pedía el voto negativo. La participación electoral en Euskadi fue escasa (el 45,5 %), pero el 68,8 % de los votantes lo hicieron a favor de la Constitución. Tras la aprobación de ésta, las elecciones de 1979 supusieron la aparición de la hegemonía nacionalista en el País Vasco. El PNV siguió siendo el partido mayoritario (27 % de los votantes en el País Vasco) pero, a pesar de su predominio, tenía ahora un importante competidor en el campo nacionalista, debido al auge de HB, que logró un 15 % de los votos en el País Vasco y superó con creces al PNV en Navarra, aunque aquí el conjunto del voto nacionalista siguió siendo muy pequeño. Además, el terrorismo no terminó con la llegada de la democracia, sino que, a pesar de la amnistía total de 1977 –en la que incluso los condenados por delitos de sangre salieron de las cárceles–, se incrementaron las trágicas acciones de ETA, sumando hasta hoy más de 800 asesinatos desde 1968.

A pesar de que los nacionalistas se habían opuesto a ella, fue precisamente la aprobación de la Constitución española de 1978 la que posibilitó la aprobación del Estatuto de autonomía del País Vasco en 1979, al que se opuso HB. Poco después se constituía el nuevo Gobierno vasco, presidido por Carlos Garaikoetxea (PNV), que tomaba el relevo del Gobierno en el exilio. Aunque el principal problema de Euskadi –la persistencia del terrorismo de ETA– seguía todavía sin resolverse, el País Vasco conseguía así unas altas cotas de autogobierno, contando con hacienda autónoma, policía propia (la Ertzaintza), medios de comunicación públicos, control de la enseñanza, promoción de la lengua vasca, etc. En este marco autonómico –limitado a las provincias de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, puesto que Navarra decidió convertirse en una comunidad autónoma diferente–, los resultados electorales más recientes han configurado una Euskadi plural, en la que el voto nacionalista se sitúa, según el tipo de elección, entorno al 50 % del electorado vasco.

Para conseguir la pacificación del País Vasco, se han intentado en estos veinticinco años de democracia prácticamente todos los medios imaginables. Así, la negociación con el Gobierno central llevó en 1982 a la disolución de ETA Político-militar, quedando así ETA Militar como única rama en activo de la organización terrorista desde esa fecha hasta la actualidad. El Partido Socialista (PSOE) –en el poder en España desde 1982 hasta 1996 y coaligado con el PNV en el Gobierno vasco desde 1987, como consecuencia de la salida del PNV del presidente autonómico, Garaiko etxea, que fundó un nuevo partido nacionalista socialdemócrata, Eusko Alkartasuna (EA)–, trató de negociar directamente con ETA en las fracasadas conversaciones de A rg el (1989), mientras desde el propio Ministerio del Interior se impulsaba a la vez la creación de los GAL, un grupo que practicó el terrorismo de Estado, asesinando a 27 personas entre 1983 y 1987 El nuevo presidente autonómico, José Antonio Ardanza (PNV), promovió en 1988 la firma por todos los partidos democráticos vascos del Pacto de Ajuria Enea o "Acuerdo para la normalización y pacificación de Euskadi", que supuso un paso importante en la unidad de nacionalistas y no nacio nal istas co ntra ETA. Mientras tanto, la efectividad policial se había incrementado desde que, en 1992, la policía capturara en Bidart a la cúpula de la organización terrorista. Ante la dificultad que suponían estas derrotas, ETA optó por iniciar un proceso de "socialización del sufrimiento", con tácticas de kale borroka, terrorismo callejero de menor intensidad, pero que permitía mantener la tensión de sus simpatizantes, agrupados en to rno a HB y a una multitud de organizaciones satélite (juveniles, culturales, depo rtivas, sindicales, etc.). Que el voto a HB –que llegó a sumar el 18% de los votantes en las elecciones auto nómicas– sufriera un descenso casi continuo, no parecía importar demasiad o a un movimiento cada vez más autista respecto a la sociedad vasca. Esta fase culminó en 1997, con el asesinato de Miguel Ángel Blanco, joven concejal del Partido Popular (PP) –el partido conservador en el poder en España desde 1996–, que trajo consigo un reforzamiento del espíritu de unidad frente al terrorismo, con manifestaciones populares contra ETA de una intensidad inimaginable poco saños antes (Domínguez, 1998).

4. El escenario actual

Sin embargo, esta unitaria explosión pacifista fue casi un espejismo, pues en el verano de 1998 la unidad de todos los partidos democráticos frente a ETA se rompió def initivamente. Los partidos nacionalistas moderados (PNV y EA) decidieron acercarse a HB en el "Pacto de Estella", con el objetivo de conseguir que ETA dejara las armas, a cambio de una unidad de acción nacionalista a favor de la soberanía vasca, dando por superado el Estatuto de autonomía. Ello provocó en 1998 la ruptura del pacto de gobierno entre el PSOE y el PNV y, tras conversaciones secretas entre los partidos nacionalistas y ETA, el anuncio por esta organización de una tregua indefinida, que sin embargo duró sólo catorce meses. En este período de tregua, HB recuperó en las urnas buena parte del apoyo popular perdido desde 1979 y apoyó al nuevo Gobierno de coalición nacionalista PNV-EA, presidido por Juan José Ibarretxe (PNV). A pesar de ello, los dirigentes de HB no parecieron percatarse –teniendo en cuenta lo que sucedió después– de que su futuro político dependía también del cese definitivo de la vio lencia por parte de ETA. En efecto, tras un fracasado encuentro con los emisarios del PP, ETA consideró que el proceso no iba lo suficientemente rápido y retomó las accio nes terroristas, dejando HB al Gobierno nacionalista en minoría.

Mientras continuaban las acciones terroristas –a menor ritmo, eso sí, que en etapas anteriores, debido a la efectividad policial y a la pérdida de apoyos por parte de ETA–, los dos últimos años han sido el escenario de un enfrentamiento cada vez más enconado entre el nacionalismo democrático (PNV y EA) y los partidos de ámbito español (PSOE y PP), rompiéndose cada vez los puentes entre ambos sectores. El PNV, en vez de retomar la co alición con los socialistas, ha optado por una huida hacia delante, dando por superado el Estatuto de autonomía de 1979 y yendo a la búsqueda de un nuevo marco político para Euskadi, concretado en el "proyecto del ibre asociación" con España, presentado por Ibarretxe en septiembre de 2003. Teniendo en cuenta que ETA y HB han anunciado su oposición a este plan –que supondría un mayor autogobierno para el País Vasco, pero sin llegar a la independ enc ia abso luta–, resulta imposible saber con qué apoyos piensan contar el PNV y EA para aprobarlo, máxime si se considera que esta vez no han conseguido, a diferencia de lo que sucedió con el Pacto de Estella en 1998, que ETA anuncie una tregua. Proponer un cambio tan importante del estatus político de Euskadi podría ser perfectamente legítimo en tiempos de paz, pero hacerlo mientras sigue la presión del terrorismo sobre muchos ciudadanos vascos parece como mínimo un acto de irresponsabilidad.

Por su parte, el Gobierno español de José María Aznar, apoyado no sólo por su propio partido, el PP, sino también por el PSOE, ha iniciado una nueva estrategia destinada a ahogar el entorno social y político de ETA, con medidas políticas y judiciales, como el cierre de periódicos considerados afines al mund o de la violencia y, sobre todo, la ilegalización de HB, el brazo político de ETA, que no ha podido concurrir a las últimas elecciones celebradas en el País Vasco. Estas medidas, en contra de lo previsto por muchos analistas, no han tenido una excesiva contestación so cial desde este mundo de la izquierda abertzale, cada vez más debilitado, ni tampoco han traído consigo un incremento de los atentados de ETA, que –gracias a la eficacia policial– parece encontrarse también cada vez con menos posibilidades operativas.

5. ¿Por qué ETA?

O mejor, ¿por qué ETA hoy?, puesto que esta organización aparece en la actualidad como un anacronismo, anclada en épocas pretéritas, que sólo puede mantenerse en una realidad virtual, en la que viven, como en una burbuja, sus militantes y simpatizantes (Reinares, 2001) Esa realidad virtual afecta –aunque en grados diferentes– a los tres elementos que configuraron la ETA de los años sesenta: el nacionalismo vasco radical –cuyo origen se encuentra en el primer Sabino Arana y que tuvo una línea de continuidad desde finales del siglo XIX hasta la Guerra Civil–; la dictadura franquista, que hizo realidad en la cosmovisión nacionalista la "invasión" de Euskadi por el Estado español que había imaginad o Sabino Arana (Jáuregui, 1981) y las teorías marxistaleninista- maoístas de la necesidad de la lucha armada para la liberación de los pueblos oprimidos, tan en boga en los años sesenta.

Faltando uno de estos tres ingredientes en aquella época, es casi seguro que ETA no existiría tal como la conocemos hoy, pero también es probable que –para sus militantes– sigan existiendo todavía hoy en su imaginación. En primer lugar, ETA ha incrementado sus rasgos de etnonacionalismo radical, hasta el punto de que el reconocimiento de un País Vasco independiente, como si se tratara de una realidad étnica preexistente, que englobe a todos los territorios reivindicados como propios, independientemente de la voluntad de sus habitantes (en algunos casos mayoritariamente contraria a esta utopía), se ha convertido en el principal objetivo de ETA. En cuanto al marxismo, su influencia en el seno de ETA y de HB es uno de los asuntos más debatidos por los investigadores, pero está claro que el inicio del uso de la violencia por ETA fue en buena medida fruto del ambiente nacional-revolucionario que era habitual en muchos movimientos de extrema izquierda de los años sesenta. La presencia del socialismo marxista en la ideología de ETA se ha ido diluyendo con el paso del tiempo, aunque sigue apareciendo en sus textos internos casi como un lugar común. No existe en la actualidad por tanto una ideología marxista dentro de ETA, pero sí una subcultura revolucionaria, presente por ejemplo en la simbología de sus sectores juveniles o en sus apoyos internacionales, que tienden a considerar a ETA como la última guerrilla revo lucionaria de la vieja Europa. Por último, el franquismo es una dictadura que ya ha pasado a la histo ria, pero muchos simpatizantes de ETA siguen pensando que la transición democrática española fue un proceso fallido y que las estructuras d el poder franquista siguen en pie, hasta el punto de acusar al Estado español de ser un régimen totalitario o de practicar el apartheid con los vascos, o de afirmar que las cárceles franquistas eran más justas y humanitarias que las de la actual demo cracia española. Que todo esto es pura fantasía y que la democracia en España –perfectible, como toda democracia– es homologable a la de otros países de Europa occidental puede comprobarlo cualquier observador no contaminado co n una visión completamente deformada de la realidad, sin la que no puede explicarse el asesinato de ciudadanos ino centes por parte de ETA o la negativa de HB a condenar estos atentados.

El recorrido histórico que hemos realizado y la complejidad de la situación actual –con una minoría intransigente que cree tener toda la razón, obligando a los demás a ceder en sus ideas por medio de las armas– nos hacen ser moderadamente pesimistas pensando en un futuro próximo de un País Vasco sin violencia. Es cierto, sin embargo, que ETA es hoy más débil que nunca y que su base social parece empequeñecerse a marchas forzadas. No obstante, ETA sí ha conseguido que la po lítica vasca esté en la actualidad más crispada que nunca, habiéndose ensanchado el foso que separa a los partidos nacionalistas vascos y españoles hasta convertirse en un verdadero abismo. La responsabilidad de este fracaso no corresponde exclusivamente a ETA , pues el PNV ha contribuido con su radicalización a desvertebrar la política vasca, mientras que parte de la estrategia auspiciada por el PP, con el apoyo de algunos medios de comunicación españoles, no sólo contra ETA, sino también contra el nacionalismo vasco en general, no ha sido en mi opinión la más acertada. De ahí la enorme responsabilidad del nacionalismo vasco democrático, que a veces sigue cometiendo el error de ver todavía a ETA como un hijo pródigo, a quien hay que vo lver a traer al redil nacionalista, pues el enemigo de verdad no sería ETA, sino España, entendido como un Estado opresor y enfrentado históricamente a Euskadi. De esta forma, no hace más que dar alas a ETA , que ve cómo algunos de sus mitos fundacionales son aceptados sin apenas trabas por el nacionalismo gobernante. Y de ahí –como también sucede a veces en el caso español– que sea imp o rtante la construcción de un nuevo nacionalismo cívico, depurado de sus ingredientes etnicistas, que admita la p lural id ad de la sociedad vasca como parte fundamental de su concepción de la identidad nacional (Arregi, 2000).

A pesar de estas dificultades, es cierto que, vista la historia con perspectiva de longue durée, también hay hechos que invitan al optimismo. Por ejemplo, con el paso del tiempo, ETA ha dejado de ser considerado, como lo fue probablemente en la época de Franco, por buena parte de la sociedad vasca (e incluso del antifranquismo español) como un movimiento de liberación, para ser considerado sin más como un grupo terrorista, cada vez más marginado, que no tiene no y a razón, sino ni siquiera razones para seguir atentando supuestamente en nombre del "pueblo trabajador vasco" Por ello, el caso vasco es –en el contexto de los movimientos violentos analizados en esta revista– el de una violencia sin guerra, puesto que, para que haya guerra, debe haber dos bandos enfrentados y aquí no existe más que una banda que quiere imp o ner v io lentamente su voluntad a la mayoría de la sociedad vasca, dividida por una doble identidad nacional (española o vasca), pero abrumadoramente contraria a ETA. Por ello, el problema vasco no es un conflicto entre Euskadi y España, sino un problema de convivencia entre vascos, o mejor entre una minoría que quiere imponer su opción por la fuerza y el resto de los ciudadanos. Sólo los propios violentos pueden ver en la violencia una necesidad histórica de la "liberación nacional vasca".

La salida a la situación actual no es desde luego sencilla. Pero el final de la violencia no depende de determinismos históricos sino de la voluntad de las personas, sobre todo los militantes y simpatizantes de ETA, pero también los responsables de los partidos democráticos, nacionalistas y no nacionalistas. Hace algún tiempo escribimos –refiriéndonos a la necesidad de que el PNV rectificara el error cometido al pactar en 1998 con HB, un partido que seguía apoyando a ETA y sin condenar la vio lencia– que "la historia del siglo XX ha demostrado que el sueño de construir una gran patria irredenta suele acabar a menudo en una pesadilla" (De la Granja y De Pablo, 2000) Frente a la pesadilla que todavía supone para muchos sobrevivir en Euskadi, sí es posible pensar en que el sueño de vivir en paz y libertad en el País Vasco se haga algún día realidad. Y ese sueño consistiría no sólo en que desaparezca definitivamente la lacra del terrorismo, sino que Euskadi sea un marco de convivencia plural y democrático, en el que sea posible el entendimiento entre las dos identidades nacionales que de hecho existen en el País Vasco.


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Capitalismo, guerra y nación*

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Capitalismo, guerra y nación

Capitalism, war and nation

Capitalismo, guerra e nação

Johanna Parra Bautista **
Miguel Ángel Urrego ***


* Este texto es producto de la reflexión llevada a cabo por sus autores desde la línea de investigación referida a Modernidad e Identidad Nacional del Diuc.

** Historiadora y politóloga. Estudiante de la Maestría en Antropología, CIESAS, México. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. .

*** Doctor en Historia. Miembro del Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, México. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. .


Resumen

La guerra como instrumento del capitalismo ha tomado un lugar importante en la historia de los dos últimos siglos. La violencia surge por la acumulación de capital y por el necesario control de los mercados y materias primas. Este es el escenario al que nos enfrentamos: la guerra y el capitalismo. Es la guerra por la solución de las crisis económicas o por la consolidación del poder político, militar y económico. La guerra es inherente al capitalismo..

Las naciones, el colonialismo y el imperialismo responden a los intereses económicos de las grandes naciones capitalistas. Las naciones fuertes hablan del fin de las naciones a la vez. que reivindican la suya propia con el objeto de que el mundo no occidental desarticule y abandone sus procesos nacionales. Aun así la nación está presente y es un derecho del Tercer Mundo.

Palabras clave: Nación, guerra, imperialismo, colonialismo, globalixación neoliberal.

Abstract

War as an ínstrument of capitalism has taken an important place in contemporary history. Violence emerges because of the accumidation of capital and the fíght for the control of the markets and raw material. Thís is the world we enfaced: One of war and capitalism. is the war for the economic crisis solution, or for the consolidation of political, economic and military powers. War ís inherent to capitalism..

Nations, colonialism and imperialism are answers to the economic interests of the big capitalist nations. Strong nations talk about the end of the nations meanwhile they want to enforce their oxvn nation. But nation is present and is a right of the Third World.


La guerra ha sido una característica de las sociedades humanas de todos los tiempos; clásicos del cine como 2001 Odisea del espacio y La guerra del fuego nos muestran que el buen manejo de un hueso sobre la cabeza del contrario funda sociedad. Aunque la practican la mayor parte de los pueblos, es inherente a la existencia de los imperios. En un pasado muy remoto la antigua Roma se extendió hasta el Medio Oriente y el Islam hasta la India, el norte de África y España. Las razones que han llevado a los hombres y a las mujeres a la guerra han sido de carácter religioso, como las cruzadas, o por la supervivencia de las tribus, como los bárbaros contra Roma, y evidentemente existen objetivos de tipo comercial, como en las Cruzadas, la piratería, el contrabando, la trata de esclavos y el colonialismo.

Para diversos autores, entre ellos Roger Bartra, la violencia que acompaña al ser humano muestra que nuestro cerebro aún no ha evolucionado lo suficiente y que somos simplemente un reptil –es lo que se denomina el complejo reptílico– y, por ello, la guerra y la violencia serian la expresión de un comportamiento típicamente animal1.

En el marxismo la violencia es la partera de la historia y ésta no es más que el producto de la lucha de clases. La expresión "el poder nace del fusil", que identifica a Mao Tse Tung, oscurece, sin embargo, el análisis sobre la sociedad china que hizo este marxista y el uso de la frase fuera de contexto no deja ver su sentido según el cual la única vía de lograr la paz, ante la invasión japonesa y la lucha anticomunista, era la guerra. La inclinación por la paz de los bolcheviques durante la Primera Guerra Mundial los obligó a acuñar la consigna de pan y paz y una vez en el poder retiraron a Rusia de la guerra. Esta tradición pacifista del marxismo fue resaltada por Jean Paul Sartre en una serie de artículos titulados "Los comunistas y la paz". No obstante, la ruptura chino soviética, las invasiones soviéticas a diversos países de Europa Oriental y, lo que es más dantesco, la guerra entre países "socializados" por la URSS, como Etiopía y Somalia, o la acontecida entre Vietnam y China, ante la invasión de los primeros a Cambodia, mostraron que la guerra podía darse entre estados aparentemente socialistas.

Las dos guerras mundiales, el fascismo y el conflicto en Vietnam evidenciarían, según algunos posmodernos, el fracaso del proyecto histórico de la Ilustración y el carácter hegemónico/violento de la racionalidad occidental y de su fundamento historicista. El fascismo alemán demostró que escuchar música "clásica" no iba en contra del uso de hornos para aniquilar judíos.

Los fenómenos posteriores a la década de los ochenta del siglo XX –la desintegración de la URSS, Europa Oriental, la restauración del capitalismo en China, la derrota sandinista, y la decadencia cubana–, significaron para el pensamiento liberal el fin de la bipolaridad, la bancarrota del socialismo y el triunfo del capitalismo; en otras palabras, el fin de la historia2 En apariencia, se acabarían los conflictos mundiales y entraríamos en la eternidad del capitalismo y la paz mundial, eso sí, con una gran potencia que aseguraría la convivencia y combatiría los disociadores, esto es, la paz estadounidense.

La desintegración de la URSS y Europa Oriental no se manifestó en una pacífica reconstitución de las antiguas naciones, salvo en el caso de la antigua Checoslovaquia; por el contrario, ha dado paso a sangrientas luchas de las minorías étnicas y religiosas por la plena autonomía y Yugoslavia es el mejor ejemplo de este proceso. Por otra parte, la resistencia a la globalización neoliberal se ha definido en muchos lugares como una lucha de defensa de la Nación, de su economía y autonomía. De manera que la Nación se convierte, nuevamente, en un campo de lucha. Contrario a lo que muchos piensan, la lucha nacional no ha dejado de tener sentido y, lejos de ello, nos encontramos en el cuarto ciclo, desde la Revolución Francesa, de conformación de naciones y, como en el pasado, la guerra es un elemento constitutivo. En esta situación se encuentran los kurdos, los vascos y los palestinos, para mencionar unos pocos casos.

Consideramos pertinente hacer ciertas precisiones. Desde el siglo XVI la historia de la humanidad se desarrolla bajo el dominio del modo de producción capitalista. A este régimen de producción le es inherente la violencia y la guerra, en otras palabras, la negación de lo humano. Esto sucede en al menos tres dimensiones: el carácter violento de la acumulación; la tendencia a establecer sistemas de control de la población; y, la pretensión ideológica de constituir una civilización, la conformación del Estado nacional y el imperialismo. Ampliemos algunos de estos aspectos.

Marx argumentaba que el capitalismo había nacido chorreando sangre por todo los poros de la piel. La enorme explotación de seres humanos que permitió la acumulación originaria de capital no se extinguió con el fin del siglo XIX. De hecho la historia de los grandes capitale muestra cómo la explotación de los trabajadores, niños, mujeres y hombres, se dio bajo condiciones infrahumanas pues al capitalismo le es inherente la plusvalía3. El control de los mercados y de las materias primas en las diferentes etapas del capitalismo, alimentó diversos tipos de guerras, la del opio por ejemplo, y alentó la presencia de militares y regímenes políticos de extrema derecha, tal como aconteció con las dictaduras militares en América Latina y la implantación de diversas formas de terrorismo de Estado.

Las economías de enclave en nuestro continente expresaron formas económicas que violentaron la ley, la legislación laboral e invariablemente culminaron en masacres, como la de las bananeras ocurrida en Colombia en 1928. La expansión de intereses llevó a las naciones más desarrolladas económicamente –Estados Unidos–, a alimentar el separatismo, como en Panamá y en Texas, a crear guerras como la de 1898 con España en el Caribe y Filipinas y a involucrarse en conflictos en el Sudoeste asiático, África o el Medio Oriente5.

El segundo tema para considerar es el de control de la población. El capitalismo requirió someter no solo a la población "peligrosa" que atentaba contra la propiedad –delincuentes y vagos– sino a los trabajadores. Para ello estableció la figura del tribunal, que hegemonizó la definición de lo que era bueno y malo y lo justo y lo injusto, obviamente expresando el punto de vista burgués5. La ley fue diseñada para reprimir todo aquello que atentara contra el trabajo y la propiedad. En 1530 Enrique VIII estableció una ley que determinó: "Los mendigos viejos e incapacitados para el trabajo deberán proveerse de licencia para mendigar. Para los vagabundos jóvenes y fuertes, azotes y reclusión. Se les atará a la parte trasera de un carro y se les azotará hasta que la sangre mane de su cuerpo (…). En caso de reincidencia y vagabundaje, deberá azotarse de nuevo al culpable y cortarle media oreja, a la tercera vez que se le sorprenda, se le ahorcará como criminal peligroso y enemigo de la sociedad"6. Ejecución que no estaba lejos de la del parricida, pues contemplaba el castigo ejemplarizante y una muerte dolorosa7 Marx explica que la única oportunidad para las masas expulsadas del campo fue el convertirse en vagabundos y ladrones, de manera que la acumulación los deja sin nada y además por eso los castiga. En los siglos XIX y XX el control de los trabajadores se expresó en la disciplina de trabajo, en la implantación del reloj en la fábrica y en el fordismo.

En tercer lugar, hay que considerar el imperialismo. La acumulación de grandes capitales, la necesidad de controlar las materias primas y los mercados dieron lugar a la constitución del imperialismo, definido por Lenin como una etapa superior del capitalismo, que se caracteriza por la dominación de las naciones a través de los flujos de capital del centro a la periferia. Ya no se trataba, como en el pasado, de un control territorial, en el siglo XX fue suficiente la inversión de capitales en sectores estratégicos, como el petróleo o la industria manufacturera, o el establecimiento de enclaves para la producción de banano. Esta característica se modificó a partir de la década de los ochenta cuando las mayores tasas de ganancia se encuentran en la especulación financiera y las telecomunicaciones y en menor grado en las industrias pesadas, las que de hecho se trasladan a ciertos países de la periferia quienes, a través de maquilas o industrias, producen los automóviles, los electrodomésticos y las confecciones, que en tiempos pasados se hacían en el centro8.

Finalmente, hay que considerar el carácter civilizatorio del capitalismo9. Este sistema se autodefine como única posibilidad de destino para la humanidad. Hereda todas las concepciones eurocentristas, racistas y coloniales de los viejos imperios. El concepto de civilización construye un parámetro que define quiénes son los pueblos que no poseen los medios para desarrollarse, razón por la cual deben ser salvados de sí mismos por los imperios. El proyecto de historia universal descansa sobre la máxima de existencia de un destino, la civilización, y un relato, la historia nacional, que construye el mito que asocia modernidad con Occidente10. La ideología que subyace a estas ideas aparece no sólo bajo la forma de relato histórico sino en la etnografía de sacerdotes y viajeros, en los estudios científicos sobre los pueblos colonizados y en la literatura. La construcción de conceptos e imágenes no solamente es un divertimento de los estudios sino parte de la dominación de los imperios11.

Las globalizaciones del capitalismo, desde la primera ocurrida con el descubrimiento de América, hasta la más reciente, la globalización neoliberal, se presentan como la oportunidad de crear un sentido de destino para la humanidad. En la más reciente de las reformas económicas el mercado aparece como el mecanismo para ampliar los beneficios de la sociedad, no pocos neoliberales sostienen que el mercado es la clave en la superación del subdesarrollo; así por ejemplo, la eliminación de la inversión estatal en salud, la reducción del número de empleados y la privatización se presentan bajo el argumento de ser parte de un proceso de mejoramiento de la prestación del servicio. Si se tienen en cuenta las ultimas décadas observaremos una serie de razonamientos –fin de la historia, las utopías y los metarrelatos– que, junto a la desaparición de los países socialistas en el mundo y el auge de los neoliberales, fortalecen la pretensión burguesa de un nuevo discurso civilizatorio12.

Los sucesos del 11 de septiembre evidencian este principio del capitalismo. Estados Unidos redefine la política exterior bajo el principio de guerra preventiva, acuñando nociones tan vagas como la del "eje del mal" que a pesar de su pobreza tienen innegable impacto pues está ligada a los reiterativos llamados del presidente Bush a defender la "civilización" Esta política pugna por el establecimiento de un "siglo estadounidense".

Las guerras del capitalismo, la nación como escenario

La guerra capitalista más importante es la que se da por la constitución de la Nación y por la supremacía de una de ellas. Nos detendremos en este apartado para señalar cuatro aspectos: el vínculo de la Nación con el capitalismo, la relación entre capitalismo y colonialismo, las guerras anticoloniales y, finalmente, el sentido de la Nación en la reciente globalización neoliberal.

El capitalismo crea las naciones como una necesidad para lograr el desarrollo de sus fuerzas productivas. No puede existir un aparato productivo de considerable importancia sin la intervención estatal, sin proteccionismo y sin subsidios; así lo demuestra, entre otros, el proceso de industrialización de Inglaterra.

La formación de naciones se hizo con guerras13. Las hoy naciones desarrolladas no escaparon al horror de la violencia. Su historia tiene períodos de dantescas masacres e incluso de genocidios. Ni la culta Francia ni mucho menos el advenedizo Estados Unidos son extraños a este hecho. La guerra civil, el racismo, la conquista del Oeste, la urbanización y el imperialismo caracterizan a Estados Unidos, a pesar de ser producto de migraciones de todas las procedencias.

La guerra y los odios étnicos se constituyen en formadores de la memoria de la Nación, para recordar a "los soldados caídos", "el holocausto", "las víctimas del terror", los héroes nacionales, la "Revolución Mexicana", la "Revolución Rusa" y la "Zona Cero", las fiestas patrias se conmemoran con júbilo. La memoria de la Nación sobrepasa las formas que adoptaba la organización política. La Nación es, por tanto, una compleja construcción simbólica y cultural que se alimenta de mitos, símbolos y la historia que permiten, la construcción de un conjunto de referentes ante los cuales las personas imaginan esa Nación y su pertenencia a ella14. Por supuesto, la ¿mayor parte de la producción simbólica es homogeneizante y excluyente y corresponde al punto de vista de la burguesía. La Nación retoma elementos populares y los incorpora en un discurso de dominación que se difunde desde el Estado. De manera que los discursos de inclusión posibilitan que los sectores dominados acepten la hegemonía.

El Tercer Mundo debió enfrentar el colonialismo con guerras de liberación nacional. En el Sudoeste Asiático y África los pueblos adelantaron luchas por la posibilidad de formación de la Nación, con lo que evidentemente no estaban repitiendo la historia de la Revolución Francesa sino generando un capítulo adicional a una tendencia inaugurada a finales del siglo XVIII. Lo más importante es que estos conflictos en muchas ocasiones constituyeron un capítulo de la Guerra Fría y una avanzada de las potencias y, en algunos casos, el Tercer Mundo infringió derrotas significativas al imperialismo.

Las manifestaciones recientes del nacionalismo son vistas como un peligro o como la expresión de los pueblos atrasados o fundamentalistas. Chatterjee señala que el nacionalismo es concebido como una fuerza oscura y primitiva en Occidente, como la droga y el terrorismo, es un producto del Tercer Mundo15. La perspectiva que critica este autor tiene una herencia en las interpretaciones liberales y conservadoras del nacionalismo, para quienes éste se funda en las prácticas políticas y los derechos morales.

Si bien los estudios más clásicos de la Nación ya evidenciaban la relación de ésta con el capitalismo como elemento de su génesis y expansión y como estructura de poder y dominación, los estudios poscoloniales continúan con su trabajo mediante aproximaciones que cuestionan los discursos occidentales de la modernidad a través de narrativas que interrogan un proceso que vincula el yo y el otro, el colonizador y el colonizado. Encontramos unos sujetos activos, influidos por el colonialismo y, así mismas activos en los cuestionamientos y el proceso de construcción de Nación, pero no por eso fuera de la estructura del capitalismo.

En un mundo de Estados-nación, el nacionalismo no puede estar confinado en las periferias, lo vemos presente también en los Estados más poderosos que en momentos de desequilibrio lo utilizan en busca de legitimidad. Por ello, la histeria fundamentalista de la Casa Blanca radicaliza el nacionalismo estadounidense hasta la irrupción de la xenofobia y estimula la inclinación de la población a respaldar la aventura militar en Irak.

La globalización neoliberal impone procesos de integración regional y económica y de unificación de los sistemas laborales, legales; promueve la formación de una cultura de consumo y de una sensibilidad que, aunque pobre simbólicamente, logra uniformar individuos de diferentes regiones del mundo. Este proceso es irreversible. Las corrientes posmodernas insisten en la desaparición de la Nación debido a la crisis del proyecto de modernidad –un proyecto hegemónico y unitario, originado en las corrientes ideológicas de la burguesía y fundado en sentimientos que han propiciado innumerables genocidios–, y al impacto de la globalización. Los procesos revolucionarios tercermundistas que vincularon la idea de Nación con la de pueblo dieron origen a conceptos como los de soberanía nacional, vitales en la lucha anticolonial. A juicio de Negri y Hardt, esta última noción hace parte del sometimiento que significó la idea original de soberanía16.

El sugerente análisis de Negri y Hardt culmina con un rechazo a la reivindicación de la Nación en la actual globalización, por la existencia del Imperio y porque ésta remite a construcciones de corte retrógrado, por ejemplo, a la centralidad de la noción de soberanía17 Incluso, se opone a su defensa en nombre de necesidades políticas de los sectores populares. Marx había señalado que el capitalismo se desarrollaría hasta tal punto que desintegraría los Estados nacionales y todos los marxismos son internacionalistas por principio. Sin embargo, existe una serie de consideraciones que cuestionan este punto de vista expuesto en Imperio.

En primer lugar, al finalizar, el siglo XX presenciamos los nacimientos de nuevos Estados, tanto en África como en Asia Central, Europa Oriental, la región del Cáucaso y los Balcanes. Así mismo, las mayores transformaciones geopolíticas ocurridas por la fragmentación de la URSS a principios de la década de los noventa y por las diversas guerras étnico-religiosas en la antigua Yugoslavia.

En las fronteras occidentales aún hoy persisten numerosos proyectos fragmentarios; pese a la conformación de la Unión Europea, el peso de los nacionalismos regionales dentro de algunos de los Estados miembros sigue siendo una realidad. Cataluña, el Euskal Herria y, en menor medida, Galicia, buscan una mayor autonomía del gobierno central español, reafirman e impulsan su etnicidad por medio de la educación en lenguas minoritarias y se unen con el fin de sabotear los mecanismos de tributación exigidos por Madrid. En el Reino Unido los conflictos religiosos y nacionales se siguen manifestando en el Ulster. Los irlandeses católicos separatistas y los colonos británicos anglicanos unionistas continúan los diálogos entre la mediación de Londres y Dublín. Los sectores valones y por lo tanto francófonos al interior de Bélgica se acercan cada vez más al Estado francés, mientras los flamencos de origen lingüístico holandés se reafirman culturalmente partiendo de las diferencias de lengua. En Alemania, las diferencias religiosas e históricas entre el norte y el sur provocan auges ocasionales de regionalismos. Algunos sectores bávaros se inclinan ideológicamente hacia la adopción de una monarquía regional.

En segundo lugar, el nacionalismo y la Nación son empleados por el Imperio, para utilizar el concepto de los autores a los cuales venimos haciendo referencia. El gobierno de Estados Unidos los usa en su favor para justificar el control de los recursos petroleros iraquíes y para legitimar todo tipo de intervenciones. Este belicismo se funda en la renovación de los mitos de origen y de finalidad más primitivos de la nación estadounidense. Mal harían los sectores populares y los proyectos de los "globalifóbicos" en abandonar este terreno y cederlo completamente al Imperio. Las dinámicas mundiales evidencian que las naciones tienen aún mucha vida. Por otra parte, un gran porcentaje de las luchas antiglobalización que se presentan en el Tercer Mundo se dan como defensa de la Nación y de sus recursos. Decir además, como lo sostienen Negri y Hardt, que la lucha de liberación que reivindicó la soberanía nacional no culminó en nada, olvida a Vietnam. La lucha por la defensa de la Nación no supone la negación de luchas globales.

En tercer lugar, las naciones se desarrollan en los sistemas-mundo y la globalización –como se puede ver en los trabajos de Braudel– no es un fenómeno nuevo sino que ocurre desde el siglo XVI. El capitalismo genera procesos de globalización que no necesariamente se oponen a la Nación.

En cuarto lugar, la producción simbólica sobre la Nación, que a todas luces tiene un carácter hegemónico, clasista y racista, moviliza todavía amplias masas. Decir que es producto de la ignorancia es simplemente una valoración moral que no reconoce la vitalidad de tales fenómenos y su potencial en la lucha antiglobalización.

Comentario final

La guerra no es una perversión de la política. Tampoco es nueva en la historia de la humanidad. Sin embargo, el capitalismo es un sistema al cual le es inherente la violencia, la guerra y el terror. Suponer que la guerra se acabará pronto de la faz de la tierra es un error. Solo la negación del capitalismo, desde la utopía, hace posible la superación del conflicto. No es una apología a la violencia, solo es el reconocimiento de una realidad histórica. La distinción moral sobre la violencia, la moral en sentido sartreano, es que ésta debe estar en la antípoda del terror. Históricamente la violencia revolucionaria es la que ha permitido, al menos como propósito general, el establecimiento de relaciones más humanas entre los hombres. Es un imperativo moral el rechazo a la guerra capitalista contra Irak pero, igualmente, a las prácticas de los actores del conflicto en Colombia, específicamente el secuestro y las masacres. Tampoco es deseable el modelo de violencia estatal que estimula el surgimiento de posiciones fascistas en la población, agenciado pot la política de seguridad democrática. Es indispensable la superación simbólica real de la violencia, con juicio a los responsables, sin pacto entre élites que lleven a un acuerdo entre caballeros sin solución efectiva al conflicto interno y sus secuelas y sin beneficio para el pueblo.

La Nación representa uno de los espacios preferidos por el capitalismo para ganar mercados y solucionar sus crisis económicas. Con la globalización neoliberal las naciones no han llegado a su fin. Sus estructuras de origen moderno no solo sobreviven en medie de las prácticas del neoliberalismo sino que cada vez vemos una mayor articulación entre lo global y lo local y un destacado fortalecimiento de los nacionalismos. Por ello, las luchas por la defensa de la Nación, como lo demuestra el EZLN, tienen plena vigencia y se articulan a confrontaciones más globales, como las que se han efectuado contra las reuniones de la OMC.

La entrada de tropas estadounidenses a Bagdad marca el inicio de la guerra preventiva. La estrategia permite a Estados Unidos no sólo la invasión a Irak sino la formulación de diversos planes de intervención política y militar en distintas partes del globo como la que puede colegirse del Plan Colombia, vigente actualmente en este país.


Citas

1 Roger Bartra, La jaula de la melancolía y metamorfosis del mexicano, México, Grijalbo, 1987 La poesía de Alvaro Mutis expresa este horror ante la imposibilidad de los hombres y las mujeres por aprender del pasado.

2 Francis Fukuyama, El fin de la historia y el último hombre, Buenos Aires, Planeta, 1992.

3 La literatura pasada y reciente reñeja tales condiciones: Historia de dos ciudades de Dickens y El Paraíso en la otra esquina de Mario Vargas Llosa. En el cine, Pandillas de New York.

4 El capitalismo ha empleado la guerra como un mecanismo de reactivación de la economía. De hecho, parte de la explicación de la reciente invasión a Irak se encuentra en la necesidad de dinamizar la economía estadounidense. Es otra "historia de la infamia".

5 La institución del tribunal, por su lógica interna, es burguesa; así lo explica Michel Foucault en Un diálogo sobre el poder, Madrid, Alianza Materiales, especialmente "Sobre la justicia popular. Un debate con los Maos" pp.20 y ss.

6 Carlos Marx, El capital. Crítica de la economía política, México, Fondo de Cultura Económica, 1977, tomo I , Capítulo XXIV. "La llamada acumulación originaria", especialmente el numeral 3 "Leyes persiguiendo a sangre y fuego a los expropiados, a partir del siglo XV. Leyes reduciendo el salario", pp.624 y ss. La cita corresponde a la página 625.

7 Recordemos que la ej ecución del parricida que estudió Foucáult fue el 2 de marzo de 1757 Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, México, Siglo X X I Editores, Nueva Criminología, 2003.

8 La otrora próspera industria del automóvil estadounidense ha registrado quiebras en las empresas líderes, pero no es una situación exclusiva del sector; la industria del juguete es un privilegio de China y otros países de Oriente quienes producen más del 70% de los productos consumidos en el mundo.

9 La hipótesis de que la globalización neoliberal se define a sí misma como un proyecto civilizatorio: Edgardo Lander "Ciencias sociales: saberes coloniales y eurocéntricos", en: Edgardo Lander (comp.), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, Buenos Aires, CLACSO, 1993.

10 Una crítica a la frecuente asociación entre modernidad y Occidente en Enrique Dussel. "Europa, modernidad y eurocentrismo", en: Ibíd, pp.41-53.

11 Edward Said explica que los conceptos y representaciones sobre Oriente producidos desde el centro del imperio constituyen instrumento de dominación. Orientalism, Londres, Penguin, 1985, y Culture and Imperialism, Londres, Chatto and Windus, 1993.

12 Lo de socialismo es un decir; recordemos que la ruptura del movimiento comunista internacional a comienzos de los sesenta se realizó, entre otras cosas, por la denuncia china de la restauración del capitalismo en URSS. ¿Por qué habría que suponer que el cambio en la Unión Soviética solo se dio con la Perestroika y el Glasnot?.

13 Existe en los estudios sobre la nación y el capitalismo un particular olvido de la violencia. Considérese dentro de esta tendencia la historiografía liberal y los postmodernos, como por ejemplo Ernest Gellner, Naciones y nacionalismo, Madrid, Alianza Editorial, 1988.

14 Benedict Andetson define la nación como una "comunidad política imaginada, inherentemente limitada y soberana", Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo, México, Fondo de Cultura Económica, 1994.

15 Partha Chatterjee. The Nation and its Fragments. Colonial and Poscolonial Histories, New Jersey, Princeton University Press, 1993, capitulo 1, p.4. Este es uno de los autores del grupo de Subaltern Studies que más reflexiona sobre la nación. Establece un debate con Benedict Anderson sobre la forma modular de la nación y la idea de que Occidente ya imaginó ésta. En Colombia, hay una apropiación poco original de la propuesta de este grupo de trabajo. En general, hay una repetición de manuales universitarios en otro idioma. Del amplio trabajo de Saurabh Dube véase la presentación del grupo en la introducción a Pasados poscolonioles. Colección de ensayos sobre la nueva historia y la historiografía india, México, El Colegio de México, 1999. Un balance sobre sus aciertos y debilidades en Sujetos subalternos, México, El Colegio de México, 2001. En una perspectiva neo marxista Aijaz Ahmad, "Teoría, política, subalternidad y poscolonialidad", en: Santiago Castro-Gómez, Oscar Guardiola-Rivera y Carmen Millán de Benavides (Editores), Pensar (en) los intersticios, Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, Colección Pensar, 1999, pp. 111 y ss.

16 Toni Negri y Michael Hardt, Imperio, Barcelona, Paidós, 2002, p.104.

17 Ibíd, segunda parte, capítulo 5. En una muestra de ignorancia por el tema, superada por su arrogancia, Carlos Pabón, Nación postmortem. Ensayos sobre los tiempos de insoportable ambigüedad, San Juan, Ediciones Callejón, 2002, expresa el punto de vista postmoderno; claro que existen textos serios en este grupo de pensadores.

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Fronteras etnosexuales en zonas de guerra

Ethnosexual borders in war zones

Fronteiras heterossexuais em zonas de guerra

Joane Nagel*
Traducción de Diógenes Carvajal**


* Joane Nagel es University Distinguisced Professor de la Universidad de Kansas. Su investigación se centra en las pol íticas de etnicidad y sexualidad y sus publicaciones recientes incluyen "Ethnicity and Sexuality" [Etnicidad y sexualidad], Annual Review of Sociology (2000), y Race, Ethnicity, and Sexuality: Intímate Intersecrions, Forbidden Frontiers [Raza, etnicidad y sexualidad: intersecciones íntimas, fronteras prohibidas] (Oxford University Press). Email: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. .

** Investigador, Línea de Género y Cultura del DIUC.


Resumen

Este artículo entre sexualidad y guerra, en particular la sexualización de la raza, la etnicidad y el nacionalismo como una estrategia de guerra. Señala una serie de paralelos entre la heterosexualidad masculina y el nacionalismo contemporáneo, a la vez que describe su despliegue amio arma de guerra, por ejemplo, a través de la construcción de la hombría patriótica y de la exaltación de la maternidad, como iconos de la ideología nacionalista. Finalmente, presenta vanos ejemplos históricos de las dimensiones etnosexuales implícitas en la cuestión de librar la guerra y mantener la paz.

Palabras clave: etnosexuales, raza, etnicidad, naciótialismo, genero, sexualidad, guerra, violencia sexual y masculinidad.

Abstract

This paper explores the intersection between sexuality and war, in particular the sexualization of race, ethniaty, and nationalism as a strategy of voarjare. lt outlines a number of patulléis between masculine heterosexuality and contemporary nationalism and describes their deployment as weapons of war, for instances, through the construction of patriotic manhood and exalted moderhood as icons of nationalis ideology. Finally, it provides several historical examples of the ethnosexual dímensions of waging war and keeping the peace.


Introducción

El presente artículo examina las dimensiones etnosexuales y generizadas de hacer la guerra y mantener la paz. Por "etnosexual " me refiero a las intersecciones entre raza, etnicidad y nacionalismo, por un lado, y sexualidad, por el otro, y hago notar que, en la mayoría de los países del mundo, la raza se define de manera sexual, a la vez que la sexualidad se define en relación con la raza. Los territorios que descansan en las intersecciones de las fronteras raciales, étnicas o nacionales son etnosexuales –lugares eróticos y destinos exóticos que son vigilados, supervisados, patrullados, regulados y restringidos, pero que de igual forma son constantemente penetrados por individuos que fraguan enlaces sexuales con Otros tipos étnicos, a través de las fronteras–. Las fronteras etnosexuales son las zonas limítrofes a ambos lados de las divisiones étnicas; rodean los bordes de las comunidades étnicas; constituyen espacios sensuales simbólicos y físicos en los cuales los imagmarios sexuales y el contacto sexual o cunen entre miembros de diferentes grupos raciales, étnicos y nacionales.

Parte del contacto sexual entre fronteras étnicas se da por medio de "colonos etnosexuales" quienes establecen romances a largo plazo, se unen o forman familias y se convierten en miembros de comunidades étnicas "del otro lado" Parte del contacto sexual se da por medio de "transeúntes etnosexuales" quienes domidesean una estadía breve o extensa, entran en uniones sexuales, pero eventualmente retornan a sus comunidades de origen. Otra parte del contacto sexual se da por medio de "aventureros etnosexuales", quienes emprenden expediciones a través de divisiones étnicas para tener encuentros sexuales recreacionales, casuales o "exóticos", con frecuencia más de una vez, pero que regresan a sus bases sexuales de origen luego de cada excursión. Finalmente, parte del contacto sexual también se debe a "invasores etnosexuales", quienes llevan a cabo asaltos sexuales a través de fronteras étnicas, dentro de territorio étnico extraño, y seducen, violan y esclavizan sexualmente a Otros étnicos como un medio de dominación y colonización sexual. Las fronteras etnosexuales son lugares en lo s cuales la etnic id ad es sexualizada y la sexualidad se define en relación con la raza, la etnia y nacionalidad.

Bo squejar esta imaginería sexual nos permite entender la guerra como una empresa racial, étnica, generizada y sexual. En las siguientes páginas examinaremos las formas en que la sexualidad se despliega en misiones militares y documentaremos los usos de tecnologías sexuales al momento de librar la guerra y mantener la paz. Ello en cuanto la comprensión de las dinámicas sexuales de la guerra demanda considerar el carácter generizado de las naciones y del nacionalismo. De hecho, desde que las guerras se pelean dentro y entre naciones, la apelación al nacionalismo representa el llamado a las armas más común y poderoso dentro de una conexión histórica íntima y moderna entre hombría y nacionalismo que celebra, por un lado, la hombría patrió tica y, por otro, la maternidad, como los dos grandes iconos de la nación. Así, la ideología nacionalista tiende a concebir a las naciones como conglomerados de familias en las que los hombres son sus defensores, mientras que las mujeres son las defendidas, encarnación del corazón y del hogar.

La conjunción entre hombría e independencia nacional se hace más evidente en la militarización de la [hétero]sexualidad en los conflictos nacionalistas, en especial cuando la heterosexualidad se inscribe en el servicio de defender la nación, y los hombres y mujeres "enemigos/as" son construidos sexualmente como Otros hombres y Otras mujeres promiscuas, sobresexuados y subsexuados al mismo tiempo. La estrecha relación entre el nacionalismo y el masculinismo es aún más clara cuando tradiciones e instituciones de masculinidad glorificada son amenazadas por la presencia de mujeres u homo sexuales; cuando mujeres intentan enrolarse en academias militares o cuando homosexuales tratan de alistarse en las fuerzas armadas, una defensa del privilegio masculino, racial y heterosexual se dispara con frecuencia como un intento frenético de los hombres por proteger la "pureza" de tradiciones e instituciones en las cuales la masculinidad hegemónica es santificada y segregada.

Apelaciones nacionales al honor masculino se convierten en llamados de guerra efectivos debido a que el patriotismo es una alarma que muy pocos hombres pueden resistir, en particular en medio de una "crisis" política, los hombres que tratan de resistir se arriesgan al menosprecio o algo peor de sus comunidades y familias, algunas veces incluyendo a sus madres. Contrario al estereotipo común de madres que buscan retener a sus hijos cuando éstos marchan hacia la guerra, Elise Boulding reporta que muchas madres de objetores de conciencia durante la Segunda Guerra Mundial se opusieron al pacifismo de sus hijos; la autora argumenta que las mujeres desempeñan un papel claro en preparar a "los niño s y los hombres para un combate de toda la vida, bien sea en la esfera profesional, el escenario cívico o el campo de batalla militar"1. El miedo a las acusaciones de co bardía por parte de otros hombres o mujeres no es el único aspecto que lleva a los hombres a la guerra. También hay imanes que los jalan hacia el patriotismo, el nacionalismo o el militarismo –la seducción por la aventura, la prueba de su hombría, de camaradería masculina–. Los motivos que esgrimen los hombres para justif icar su alistamiento en guerras con frecuencia describen su anticipación y excitación, su sentido de embarcarse en una gran aventura, y su deseo de no quedar "atrás" o "por fuera" de la gran búsqueda que representa la guerra.

Igual de fuertes, pero no siempre tan visibles como las conexiones entre género y guerra, están los enlaces entre sexualidad y guerra. Cynthia Enlo e nota que la sexualidad siempre ha sido un aspecto importante, aunque co n frecuencia descuidado, de las fuerzas armadas y de las operaciones militares. A través de la historia, las mujeres han sido parte de los llamados "seguidores de campo", proveyendo servicios como lavandería, enfermería, compañía y sexo a los soldados que están en misiones militares durante tiempos de paz y de guerra2. Si bien en ocasiones estas mujeres han sido esposas, familiares o no vias, siempre dentro de las filas ha habido prostitutas. Hay que anotar que, alrededor del mundo, las mujeres nativas que han tenido sexo con los soldados extranjeros no siempre lo han hecho de manera vo luntaria, sino que también han sido obligadas a prestar el servicio sexual a los militares, convirtiéndose en víctimas de vio laciones o en esclavas sexuales3.

La mayoría de las guerras son, en su núcleo, un fenómeno etnosexual. Bien que la guerra se luche cruzando fronteras nacionales o dentro de límites estatales, el frente militar es siempre una frontera etno sexual. Las diferencias de nacionalidad, raza o etnicidad separan a los combatientes e identifican a los objetivos de agresión en las operaciones militares. Ya sea que la v io lenc ia en la guerra venga del combate o del ataque sexual, o que sean los rifles o los cuerpos los que se usan como armas, quienes son asaltados física o sexualmente casi siempre son de una etnia diferente. Los hombres en la guerra no violan, por regla general, a sus "propias" mujeres a no ser que, por supuesto, sean sospechosas de deslealtad, en especial deslealtad sexual o "colaboración".

La explotación y el abuso sexual son armas importantes de la guerra, y la vio lación es quizá el componente más común del arsenal sexual de la misma. Susan Brownmiller documenta la práctica rutinaria de la vio lación, especialmente violaciones masivas, en la guerra4. Enemigos móviles o invasores usan la violación de mujeres y niñas "enemigas" en la lógica de la zanahoria y el garrote: vio lar a las mujeres locales es un botín de la guerra que las tropas disfrutan; la violación también es una técnica de terror y guerra para dominar y humillar a los hombres enemigos por medio de la conquista sexual de sus mujeres. La violación en la guerra, como en muchos otros escenario s, es vista como una transacción entre hombres en la que las mujeres son la moneda que se usa para el intercambio. Tomar sexualmente a las mujeres del enemigo equivale a ganar territo rio y, además, tiene ventajas psico lógicas. Con frecuencia en varios países del mundo la violación se define como una acción de contaminación, una forma de manchar a la víctima, su linaje y su nación, tanto real como simbólicamente. La guerra sexual se puede extender más allá del momento de la violación en situaciones en las cuales se vilipendia la reputación de las víctimas por mutilaciones físicas o cuando hay embarazos o nacimientos como resultado de los asaltos sexuales.

Uno de los hechos de violación en la guerra más conocidos es la "violación de Nanking " que o currió durante la invasión japonesa a China en el invierno y primavera de 1938-1939, cuando los soldados japoneses violaron aproximad amente 80.000 mujeres y niñas chinas5. Un suceso menos conocido de explotación sexual japonesa en tiempo de guerra fue la esclavitud sexual de miles de mujeres, en especial asiáticas, por parte de la Armada Imperial Japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. La esclavitud sexual durante la guerra es una variante de la violación durante tiempos de guerra. La esclavitud extiende la táctica de la violación como una estrategia a corto plazo de una misión militar y la convierte en un rasgo permanente de operaciones militares. El ejército militar estableció campos de mujeres de nominados "mujeres para el confort militar" (Jugun Ianfu) en Japón y en otros países en los que las tropas japonesas se apostaban. Mientras que allí había algunas mujeres japonesas de clase baja obligadas a la esclavitud sexual, la mayoría de las 200.000 esclavizadas por el ejército japonés eran Otros étnicos o nacionales llevados desde Corea, China, Taiwán, Indonesia, Malasia y las Filipinas, para ofrecer servicios sexuales a las tropas6.

Las preferencias de los soldados por mujeres de razas y nacionalidades esclavizadas en campos de violación no fueron exclusividad de la armada japonesa7. Japón no fue el único país que estableció operaciones organizadas a gran escala de servidumbre sexual forzada durante la Segunda Guerra Mundial. Los nazis usaron los campos de concentración en Alemania y en otros territorios ocupados para mucho más que el trabajo industrial y bélico, que el programa de genocidio en contra de los judíos y que la deportación y asesinatos masivos en contra de los roma (gitanos)8 y otras personas no arias. El trabajo sexual también le fue exigido a mujeres internas y tanto hombres cómo mujeres prisioneros fueron usados para experimentación sexual por parte de los científicos y médicos nazis. Los campos de concentración alemanes fueron lugares de prostitución obligada y asalto sexual y, al igual que en Japón, no todas las mujeres de los campos alemanes fueron tratadas "igual". La edad, juventud y apariencia física de una mujer la hacían más o menos susceptible de ser objeto de agresión sexual nazi9. Y, al igual que en muchas áreas de la vida social, incluso (y especialmente) en campos de concentración en tiempos de guerra, el origen étnico fue importante. Había prohibiciones oficiales hacia los soldados alemanes que los prevenía de tener sexo con mujeres judías, aunque estas reglas con frecuencia no se hacían cumplir. Muchas mujeres judías sobrevivientes repo rtaro n abundante to rtura sexual, así como violaciones, y estos asaltos fueron acompañados con frecuencia de abuso verbal racial y antisemita10.

Los Aliados tambien estuvieron invo - lucrados en violencia y explotación sexual durante la Segunda Guerra Mundial. En algunos casos, en forma de violaciones masivas, como las cometidas en contra de mujeres alemanas por parte del ejército soviático11. En otros casos, el abuso y la explotación sexual se originaron cuando personal militar se aprovechaba de la vulnerabilidad de las mujeres que enfrentaban privaciones económicas, malnutrición, o inanició n debido a la disolución de las economías locales y la producción de comida. Muchas mujeres de países ocupados o liberados encontraron las uniones sexuales o la prostitución como las alternativas preferibles a las otras más desagradables que estaban disponibles para ellas y sus familias. Las tropas estadounidenses también cometieron violaciones durante la guerra y la ocupación que le siguió. En su examen de los registros del ejército de Estados Unidos, Brownmiller encontró 947 condenas de violación, además de cargos o juicios de soldados estadounidenses en cortes marciales del ejército durante el periodo comprendido entre enero de 1942 y julio de 194712.

La violación en tiempos de guerra no se detuvo al final de la Segunda Guerra Mundial, ni ha cambiado su carácter etnosexual después de 1945. La práctica de la violación durante la guerra se extendió a los conflictos mayores y menores durante la segunda mitad del siglo XX –en guerras civiles, insurgencias y contrainsurgencias, en guerras de independencia y en invasiones militares, intervenciones y operaciones en países y regiones d el mund o incluyendo Bangladesh, Vietnam, Irak, Kuwait, Bosnia. Nicaragua, Croacia, Serbia, Ruanda, Liberia, Perú, Cachemira y Sierra Leona–13. La lógica de la violación durante la guerra es siempre la misma, se cometen violaciones a través de fronteras etnosexuales, y la violación es usada por ambos bandos por razones de honor, para recompensar a las tropas, para aterrorizar y humillar al enemigo, y como una forma de crear solidaridad y protección por medio de la culpabilidad mutua en grupos pequeños desoldados. La lealtad y la aversión étnica unen las manos en la violación durante la guerra.

En los conflictos nacionalistas de la Europa del Este de la era postsoviética, el uso de la violación como un arma de guerra ha empezado a salir a la luz. Por ejemplo, durante la guerra de los noventa o currida entre varias fronteras étnicas y nacionales de la antigua Yugoslavia –entre croatas y serbios, cristianos y musulmanes–, y contra los roma, entre otros. El más notorio de estos conflicto s étnico s fue el de Bo snia; esta notoriedad derivó en parte por su carácter sexual, especialmente las vio laciones masiv as de mujeres musulmanas bosnias por parte de hombres cristiano s ortodoxos serbios. Muchos de estos hombres y mujeres eran antiguos vecinos. Lo s musulmanes y los cristianos habían vivido lado a lado en la ciudad de Sarajevo y en otros lugares de Bosnia durante décadas y muchos se habían casado. A quel la paz fue destrozada en 1992 cuando empezó la "limpieza étnica".

La limpieza étnica o la expulsión de un grupo étnico de un territo rio reclamado por otro grupo siguió un patrón común en la región. Grupos de hombres serbios armados (algunas veces tropas uniformadas y otras veces "irregulares" que no estaban oficialmente en el ejército ni portaban uniformes) rondaban los pueblos y aldeas bosnios en grupos, saqueando y despojando casas y negocios, y violando y matando principalmente musulmanes desarmados que encontraban en su camino. Los sobrevivientes reportaron que los serbios iban a los mismos pueblos varias veces como en oleadas. Durante la primera ola, por lo general, algunos de los hombres musulmanes eran asesinados y los demás eran encerrados para ser asesinados después o para internarlos en campos de concentración. Las mujeres musulmanas, niños y niñas, y los anciano s fueron dejados atrás. Fue durante las,siguientes o leadas de serbios que éstos v io laro n mujeres y niñas que no eran serbias.

El mismo patrón de terror sexual, tortura y violación usado por los serbios en sus campañas de limpieza étnica y de guerra en Bosnia se repitió en Kosovo, Yugoslavia, en 1998-1999. Una vez más grupos de hombres serbios –policías, soldados, irregulares– arrasaron las aldeas invadiendo hogares y vio lando a los habitantes femeninos kosovaro-albaneses (la mayoría musulmanes), atacaron sexualmente a las mujeres kosovaro-albanesas refugiadas que huían de las zonas de combate, y asaltaron sexualmente a mujeres kosovaro-albanesas que eran retenidas como rehenes o que estaban detenidas. El conflicto de Kosovo terminó en 1999 cuando las tropas de la OTAN entraron a Kosovo en junio del mismo año14.

En la primavera de 2000 las Naciones Unidas convocaron un Tribunal criminal internacional para la antigua Yugoslavia en La Haya, para investigar y perseguir a aquellos que ordenaron los asesinatos en masa y las vio laciones masivas en los diversos conflictos étnicos de la antigua Yugoslavia15. Esta investigación sacó a la luz la pregunta de si las vio laciones y la esclavitud sexual eran "crímenes contra la humanidad " Enloe argumenta que esta pregunta refleja un nuevo conocimiento y ventilación públicos de lo que ha sido una larga y oculta historia del asalto sexual, la tortura y la explotación de mujeres durante la guerra, ya que "las violaciones en Bosnia han sido documentadas por organizaciones de mujeres y reporteros feministas están usando las noticias de asaltos sexuales en tiempos de guerra por parte de soldados varones para repensar los verdaderos significados de soberanía e identidad nacional. Si tienen éxito, la construcción total del escenario de la política internacional será significativamente menos vulnerable al patriarcado"16.

Tal como lo reportan las audiencias y organizaciones de derechos humanos cada año, no son sólo las mujeres enemigas las que son objeto de abuso sexual y tortura durante la guerra. No he visto documentado el establecimiento de campos de violación co n hombres que sean esclavos sexuales, sin embargo, los hombres son con frecuencia abusados sexualmente como una forma de intimidación, tortura y combate en conflictos y guerras internacionales, así como en operaciones militares o paramilitares contra po líticas internas o insurgencias étnicas. Los hombres también pueden ser vulnerables a la guerra sexualizada de formas más directas. En su crítica a la visión que el confucionismo patriarcal del Japón tiene de todas las mujeres y el trato racista hacia las mujeres no japonesas, Kazuko Watanabe también identifica un peligro para los hombres. Argumenta que los hombres son atrapados en roles masculinos y forzados a representar guiones patriarcales y sexuales que los mercantilizan y los ponen en peligro de la misma manera que a las mujeres que son víctimas de los propio s hombres17. De acuerdo con esta lógica, aunque los hombres son perpetradores de la vio lació n y el abuso sexual tanto de hombres como de mujeres en tiempos de guerra, los hombres pagan un precio psicológico, social y físico por su complicidad en los sistemas masculino s patriarcales de la vio lencia sexual y etnosexual. Por ejemplo, muchos soldados presentan diversos grados de estrés postraumático o "neurosis de guerra" luego del combate. Michael Kimmell reporta que durante la Primera Guerra Mund ial los oficiales y doctores tendían a ver dichos desórdenes como "fracasos para amoldarse a las demandas de género "18. Aunque los soldados de los tiempos modernos que sufren de estrés postraumático son vistos con más simpatía que sus contrapartes histó ricas, muchos, incluso aquellos que trabajan en la industria del cuidado de la salud, todavía ven a los soldados que exhiben síntomas que surgen del combate y las operaciones militares con cierta sospecha, como simuladores, fraudulentos, o débiles19.

Sexo y espacio

Un estado de guerra no es necesariamente una condición para la militarización del sexo. Incluso en tiempos de paz o como parte de una estrategia de "defensa", la presencia de tropas militares, operaciones o bases, crea un mercado conveniente y lucrativo para la industria del sexo y las tropas invasoras o de paz encuentran amplias opo rtunidades para aso ciaciones sexuales co n y ataques sexuales contra mujeres y niñas locales. Es la escala de las operaciones militares, no es la ocurrencia de los combates lo que determina la cantidad e intensidad de la acción sexual –comercial, conveniente y obligatoria– sino las fronteras etnosexuales que rodean las instalaciones y tropas militares. Po r ejemplo, la Guerra Fría cambió el carácter de la pro stitución ligada a lo mi l itar que ya estaba operando a gran escala a finales de la Segunda Guerra Mund ial. Luego de la guerra, todos los poderes Aliado s establecieron bases militares permanentes en estados antes ho stiles (po r ejemplo, A lemania, Japón, Ital ia) y en mucho s países amigos como parte de la Organización del tratado del A tlántic o Norte (OTAN) y varios acuerdos y tratados de mutua defensa (por ejemplo, con Filipinas, Panamá y Guyana).

Durante la Guerra Fría la creación de una red global de bases y pactos militares de parte de los Estados Unidos y sus aliados y por la Unión Soviética y sus aliados, expandió de manera considerable el número de fuerzas armadas e instalaciones militares alrededor del mundo. Estos nuevos consumidores militares generaron una demanda sin precedentes por muchos productos y servicios necesarios para las o peraciones y personal militares, incluyendo servicios sexuales. Las bases militares se conv irtieron en rasgos permanentes del paisaje geopolítico en la segunda mitad del siglo XX, y se expandieron en tamaño y personal debido a varias alertas de combate durante la Guerra Fría como las de Corea, Vietnam, América Central y el sur de África. La prostitución llegó a ser una industria estable y a gran escala alrededor de las bases militares en muchas partes del mundo. No estuviero n invo lucradas sólo las bases de Estados Unidos. Los soldados son un conjunto diverso de aventureros etnosexuales; Enloe reporta que durante la década de los ochenta los británicos, franceses, indios, cubanos, vietnamitas, canadienses y antiguos soviéticos estacionaron sus tropas en otros países, y en las décadas siguientes muchos de estos y otros estados, incluyendo Filipinas, Irlanda, Kenia y Nigeria, han enviado tropas a servir como fuerzas de paz regionales de las Naciones Unidas20.

Las trabajadoras sexuales que ofrecen servicios a las tropas militares por lo general son de una etnia distinta a la de sus clientes, ya que casi siempre los soldados están ubicados en regiones de un país con poblaciones étnicas diferentes, o en países en los que las trabajadoras sexuales locales o inmigrantes son de nacionalidades diferentes a las de las fuerzas de ocupación. Es importante notar, en esta casi exclusiva discusión heterosexual, que las trabajadoras sexuales que los militares visitan no son siempre mujeres. Las últimas cinco décadas de militarización global han institucionalizado la prostitución femenina y masculina a una escala sin paralelos en muchos países del mundo que le sirven a las operaciones militares de la OTAN y del bloque Este. La desintegración de la Unión Soviética a principios de los noventa y el subsiguiente f inal de la Guerra Fría cambió la lógica de muchas de estas bases militares y colocaciones de personal, llevándolos de una competencia de super poderes a una manutenció n internacional de la paz. Las operaciones de paz de la ONU y la OTAN se han expandido, al igual que lo ha hecho el ejército de Estados Unido s en pro de la paz. Como resultado, la circulación internacional de soldados sigue siendo un rasgo importante del sistema global. Estas nuevas tropas de paz no son más célibes que sus predecesoras de la Guerra Fría, y las nuevas misiones militares han generado una demanda continua de servicios sexuales. Por ejemplo, Judith Stiehm reporta que durante las misiones de paz de las Naciones Unidas en Namibia entre 1989 y 1990 "algunos miembros de las fuerzas de paz llevaron mujeres locales a sus cuarteles, vehículos de la ONU estaban estacionados frente a burdeles, e incluso se cree que oficiales de alto rango explotaron a mujeres locales empleadas por la ONU [En Camboya a principios de los noventa] la atención del público fue llevada hacia el abuso de mujeres, niños y niñas locales por parte de tropas de la ONU y de la policía cívica… el miedo al sida hizo que las "vírgenes" fueran altamente deseables y los jóvenes, hombres y mujeres, fueron reclutados para la prostitución"21.

En contraste con los enlaces históricamente fortuitos e incluso autorizados entre ejércitos nacionales y proveedores de servicios sexuales, Stiehm encontró que las tropas de paz internacionales y las excursiones sexuales de los oficiales en pueblos locales y rurales se volv ieron controvertidas a medida que avanzaban los noventa. Por primera vez varias preguntas surgieron sobre la actitud dada por sentada de que "los muchachos serán muchachos" propia de los oficiales de alto rango de las Naciones Unidas. Stiehm le atribuye este cambio de corazón y mente a la presencia de mujeres en las tropas de paz de la ONU y a que varias organizaciones no gubernamentales religiosas se han comprometido con esta situación (por ejemplo organizaciones de caridad o ayuda), las cuales cuestionaron las ganancias adicionales que durante largos años disfrutaron los hombres de las fuerzas armadas22, La revelación de los apetitos e indulgencias etnosexuales de las tropas de las Naciones Unidas y las críticas que surgieron, forzaron a los oficiales de esta entidad a diseñar políticas nuevas para intentar restringir dicho comportamiento.

Un aspecto impo rtante de la prostitución relacionada con lo militar, incluso en escenarios de paz, es que ilustra de manera muy clara los enlaces entre geopolíticas, etnicidad y sexualidad. Incluso lejos de los frentes de guerra co n sus confrontaciones directas étnicas y nacionales, los encuentros sexuales invo lucran personal militar extranjero y mujeres locales. Los hombres y mujeres que pro veen servicios sexuales a los militares y al personal po licial en tiempos de paz son invariablemente Otros radicales, étnico s y nacionales. Dicho s encuentro s sexuales co n frecuencia son las únicas interacciones reales que ocurren entre personas locales y soldados extranjeros. Como resultado de esta relación distorsionada y limitada, la imagen comercial sexualizada que cada uno tiene del otro magnifica los estereotipos y prejuicios que con frecuencia se asocian a diferencias raciales, étnicas o nacionales. La hipersexualización de las mujeres locales, la comercialización de la cultura sexual y la presencia de una industria sexual afianzada, que provienen de la militarización de la sexualidad, co n frecuencia permanecen largo tiempo después de que las guerras han terminado.

El complejo militar-sexual

A pesar de la reducción en el número de bases y ocupaciones militares asociadas a las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Fría, las industrias sexuales que estas bases y ocupaciones ayudaron a generar y expandir se han mantenido como nichos permanentes en muchas economías locales. Además de seguir sirviendo a operaciones militares en curso alrededor del mundo, un legado central del comercio sexual global militarizado es el turismo sexual23. El turismo sexual es parte de una gran industria de sexo-por-beneficios que incluye, por ejemplo, prostitución, pornografía, publicidad sexual, materiales, equipos y bailes nudistas y exóticos. Los destinos del turismo sexual son lugares de concentració n sexual comercial que o frecen una amplia gama de establecimientos y servicios a los que llegan los consumidores en busca de sexo. Los clientes de los destinos del turismo sexual pueden pro venir de poblaciones locales o de jurisdicciones más distantes nacionales e internacio nales. Los tures sexuales con frecuencia son dados a conocer y arreglados por agencias y o rganizaciones especializadas en el turismo sexual. Tanto el turismo sexual como la gran industria sexual de la cual hace parte son operaciones comerciales que incluyen componentes legales e ilegales con algunos trabajadores bien remunerados y otros explotados.

El turismo sexual representa otro capítulo en la historia del sexo y la guerra. El turismo sexual se desarrolló como la industria internacional que es hoy con la ayuda de los militares de Estados Unidos. La estrategia de enviar grandes grupos de consumidores a destinos de servicios sexuales comerciales empezó, en parte, como una estrategia para entretener a las tropas durante la guerra de Vietnam. Ryan Bishop y Lillian Robinson argumentan que hay una conexión histórica entre las operaciones de sexo-para- la-venta para complacer a los soldados y la venta de sexo a los turistas: "el turismo sexual se construye sobre una infraestructura establecida por el R&R24 militar y extendida por medio de contratos corporativos recreacionales"25. Los autores detallan un enlace fascinante entre las acciones militares de Estados Unidos y el Banco Mundial en el desarrollo de la industria sexual tailandesa.

En 1967 Tailandia contrató con el gobierno de los Estados Unidos la prestación de servicios de "R&R" para sus tropas durante la guerra de Vietnam. Los clientes actuales de los bares go-go [cabarets] que surgieron de esos contratos no son sólo estadounidenses blanco s sino también europeos y australianos –todos farangs26 para los tailandeses–. Fue en 1971, cuando aún se daba la guerra en el sureste de A sia, que el presidente del Banco Mund ial, Robert McNamara, quien había sido Sec retario de Defensa de los Estado s Unidos cuando se firmaron los contratos de R&R con Tailandia, viajó a Bangkok para tomar medidas, junto con los expertos del Banco, para hacer un estudio sobre los prospectos de turismo en la Tailandia de la posguerra27.

Debido a la presencia y el lucro de la industria sexual en tiempos de guerra, la sugerencia d el Banc o Mund ial, que Tailand ia siguió, de especializarse en el turismo, se convirtió en una sexualización a gran escala del comercio turístico. Las acciones militares de los Estados Unidos y el Banco Mundial se convirtieron en socios en el desarrollo de lo que es, quizá, en la más famosa o vergonzosa, dependiendo del punto de vista personal, industria sexual del mundo28.

Conclusión

La etnicidad y la sexualidad son compañeros constantes en los frentes de guerra alrededor del mundo. El sexo es un arma de guerra co mún y un precio rutinario de la paz. En los conflictos a través y dentro de fronteras nacionales, las diferencias de lenguaje, religión, cultura y color co n frecuencia se convierten en justificaciones para el asalto sexual; nativos étnicos extraños son designados como objetivos de ataques sexuales y la guerra sexual es librada en contra de enemigos definidos étnicamente. Las víctimas de asaltos etnosexuales no son un daño colateral asociado a las campañas militares; se les designa como objetivos de ataques sexuales; son víctimas que son culpables de una Otredad étnica; están en el lugar equivo cado en el momento equivo cado; son el medio sexual para un fin étnico, una estación sexual temporal en el camino hacia la solución final. El periodo posterior a la Segunda Guerra, con su competencia económica y rivalidad geopolítica de super poderes, produjo un complejo militar-sexual masivo para alimentar los apetitos sexuales a gran escala de sus efectivo s militares de gran escala. La militarización de la sexualidad ha sobrevivido a la Guerra Fría en la forma de una industria sexual internación nal que le sirve a personal militar alrededor del mundo en conflictos y operaciones de paz y que satisface el creciente mercado civil del etnosexo. El turismo sexual y el tráfico de mujeres, hombres, niños y niñas, es un legado presente del sexo y la guerra. Lo s nuevos campos de batalla etnosexuales pueden hallarse en distritos exportadores, zonas económicas especiales, y en los distritos sexuales emergentes de las ciudades globales del mundo.


Citas

1 Elise Boulding, 1977:167; ver también Vickers 1993:43- 5; Adams 1990: 131-2.

2 Cynthia Enloe, en Susan Sturtevant, Let the Good Times Roll; ver también Anne M. Butler, Daughters of Joy, Sisters of Misery: Prostitutes in the American West, 1865-90 (Urbana: University of Illinois Press, 1997) .

3 Para una reseña reciente ver Anne Llewellyn Barstow, War's Dirty Secret: Rape, Prostitution, and Other Crimes Against Women (Cleveland: The Pilgrim Press, 2000).

4 Susan Brownmiller, Against Our Will: Men, Women, and Rape (New York: Simon and Schuster, 1975).

5 Ver Iris Chang, The Rape of Nanking: The Forgotten Hohcaust of World War II (New York Basic Books, 1997); James Yin y Shi Young, The Rape of Nanking: An Undeniable History in Photographs (Chicago : Inno vativ e Publishing Group, 1997).

6 Japón todavía tiene que hacer una restitución satisfactoria a las "mujeres de confort" coreanas y filipinas que fueron esclavizadas sexualmente durante la Segunda Guerra Mundial, y algunas antiguas víctimas han llegado incluso a exigir una apología y rendición de cuentas públicos para su tratamiento; ver Seth Mydans, "Inside a Wartime Brothel: The Evenger's Story", New York Times (Noviembre 12, 1996): A3; Maria Rosa Henson, Comfort Woman: A Fílipina's Story of Prostitution and Slavery Under the Japanese Mititary (Lanham, MD: Rowman and Littlefiled Publishers, 1999); Sangmie Choi Schellstede, Comfort Women Speak: Testimony by Sex Slaves of the Japanese Mititary (New York: Holmes and Meier, 2000); para discusiones sobre el sistema de burdeles japonés, ver George L. Hicks, The Comfort Women: Japan's Brutal Regime of Enforced Prostitution in the Second World War (New Cork: W. W. Norton, 1995); Keith Howard, True Stories of the Korean Comfort Women (London: Cassells, 1995); Sayoko Yoneda, "Sexual and Racial Discrimination: A Historical Inquiry into the Japanese Military's 'Comfort' Women System of Enforced Prostitution" in Nation, Empire, Colony: Historicizing Gender and Race, Ruth Roach Pierson y Nupur Chaudhuri (eds.) (Bloomington: Indiana University Press, 1989), pp. 237- 50; para una discusión sobre restitución en general, y especialmente su relación con las mujeres esclavizadas por Japón durante la Segunda Guerra Mundial, ver Elazar Barkan, The Guilg of Nations: Restitution and Negotiating Historical Injustices (New Cork: W.W. Norton, 2000), en particular el capítulo tres.

7 El trabajo sexual y no sexual fuero n exi gidos a las mujeres esclavizadas por los japoneses (Ibíd., 503) ; los japoneses también hiciero n uso de la violación como un instrumento de terror y dominación; el episodio más vergonzoso es la "violación de Nanking " en la cual miles de mujeres fuero n vio ladas y asesinadas; ver Brownmiller, Against our Hill, pp. 53-60.

8 La autora usa la denominació n roma para referirse a los gitanos; aunque en español dicho término no es común, se mantiene para respetar la preferencia de la autora sobre el término gypsies de uso más común. El término roma fue sustituido en el siglo XV cuando los roma arribaron a Europa y fueron llamados Gypsies pues se creyó, erróneamente, que procedían de Egipto, cuando su verdadero o rigen está en las castas bajas de la Iridia de donde emigraron en diversas oleadas que comenzaro n en el siglo V, siendo las más importantes las del siglo XI que siguieron a las invasiones musulmanas a la India. En español el término "Romaní " se usa para designar la lengua de los gitanos. N. del T.

9 Brownmiller, Against Our Hill, pp.61-2.

10 Para informaciones de primera mano sobre el trato femenino en los campos, ver Sarah Nomberg-Przytyk, Tales from a Grotesque Land (Chap el Hill: University of North Carolina Press, 1985), pp. 14- 20; Livia E. Bitton Jacksori, Elli: Corning of Age in the Holocaust (New York: Times Books, 1980), p p .59-61; Cecile Klein, Sentenced to Live (New York: Holocaust Library, 1988), pp.73-7; Lore Shelley, Auschwitz: The Nazi Civilization (Lanham, MD: University Press of America, 1992).

11 Ver Cornelius Ryan, The Last Battle (New York: Simón and Schuster, 1966) : Barstow, War's Dirty Secret.

12 Brownmiller, Against Our Will, pp.76-7; estas 947 condenas son solo parte de un universo mucho más grande de asalto sexual llevado a cabo por las tropas de Estados Unidos por diversas razones: la mayoría de las violaciones no son reportadas y cuando lo son, las condenas son relativamente raras incluso hoy; mucho más en la década de los cuarenta durante un estado de guerra u ocupación militar; aún más, estas fueron condenas en las que los soldados fueron hallados culpables, y no inc luy en un posible número mucho más amplio de cargos y juicios llevados a cabo; más aún, estos registros fueron sólo para condenas de personal de la armada y la fuerza aérea, y no incluyeron información de la marina o cuerpos de marina de Estados Unidos; finalmente, estos registros tampo coincluyeron información sobre cargos, juicio s o condenas para crímenes sexuales meno res que la violación, como la sodomía o el asalto co n intento de cometer violación o sodomía.

13 Ver Americas Watch y el Women's Rights Project, Untoli Terror: Violence against Women in Peru's Armed Conflict (New York: Americas Watch, 1992); Asia Watch y Physicians for Humans Rights, Rape in Kashmir: A Crime of War (New Yo rk: Asia Watch, 1993); Ximena Bunster, " Surviving Beyond Fear: Women and Torture in Latin America", en Women and Change in Latin America, June Nash y Helen Safa (eds.) (So uth Hadley, MA: Bergin & Garvey, 1986), pp. 297-325; Samiral-Khalil, Republic of Fear: The Politics of Modern Iraq (Berkeley: University of California Press, 1989) .

14 Human Rights Watch reporta que aunque ambos lados cometieron asaltos sexuales durante el conflicto, las tasas de violaciones por parte de hombres serbios sobrepasaron en número las de abuso sexual de los hombres kosovaro-albaneses durante el conflicto; ver Human Rights Watch Report, "Kosovo: Rape as a Weapon of 'Ethnic Cleansing' " (marzo 21, 2000); mi agradecimiento a Hsui-hua Shen, Departamento de Sociología, Universidad de Kansas, por centrar mi atención en dicho reporte.

15 Para reportes iniciales sobre las audiencias y los juicio s de dicho tribunal, ver Marlise Simona, "Bosnian Serb Trial Opens: First on Wartime Sex Crimes", New York Times (marzo 21, 2000): 3; John-Thor Dahlburg, "Bosnian Witness Says She Endured Series of Rapes; Courts: Victim No. 50 Testifies in The Hague", Los Angeles Times (marzo 30, 2000): 1; Chris Bird, "UN Tribunal Told of Bosnian Rape Camp Horror", Guardian (abril 21, 2000): 1; Roger Thurow, "A Bosnian Rape Victim Suffers from Sears that Do Not Fade", Wall Street Journal (Julio 17, 2000): 18.

16 Cynthia Enloe, "Afterword: Have the Bosnian Rapes Oponed a New Era of Feminist Consciousness?", en Mass Rape, pp. 219-30; continúan los progresos, lentos, en el cambio hacia la definición de la violación sexual como una violación de los derechos humanos y en la persecución de los responsables de asaltos sexuales en la antigua Yugoslavia; en junio 29 del 2001 el gobierno serbio entregó al antiguo presidente yugo slavo, Slobodan Milosevic, al tribunal de crímenes de guerra de las Naciones Unidas en La Haya, Países Bajos; Marlise Simona con Carlotta Gall, "Milosevic is Given to UN for Trial in War-Crime Case", New York Times ( junio 29, 2001): 1; es importante notar que más o menos al mismo tiempo que se sucedían las violaciones y matanzas en Yugoslavia y Bosnia, millones de hombres, mujeres, niños y niñas estaban siendo violados, mutilados y asesinados en Ruanda; mientras que los gobiernos occidentales vacilaron y retrasaron sus respuestas frente a las masacres y atrocidades yugoslavas y ruandesas, y mientras un tribunal internacional se estableció en 1994 para perseguir a los ruandeses por sus crímenes de guerra, la cuestión de la violación como un crimen de guerra se destacó en Yugo slavia. No sucedió lo mismo con el caso mandes de mucha más escala; quizá se requerían reportes de violaciones masivas y esclavitud sexual de mujeres blancas, o bien, mujeres blancas musulmanas, para que el mundo "civilizado " se interesara en la noticia de la violencia etnosexual de la guerra.

17 Watanabe, "Military Comfort Women", pp.506-7.

18 Michael Kimmel, Manhood in America: A Cultural History (New York: The Free Press, 1996), pp.133-4.

19 Ver, por ejemplo, Tracy X. Karner, Masculinity, Trauma, and ldentity: Life Narratives of Vietnam Veterans with Post Traumatic Stress Disorder (Ph.D. diss., University of Kansas, 1994) .

20 Cynthia Enloe, Bananas, Beaches, and Bases: Making Feminist Sense of International Politics (Berkeley: University of California Press, 1990), p.66.

21 Judith Hicks Stiehm, "United Nations Peacekeeping: Men's and Women's Work", en Gender Politics in Global Govemance, Mary K. Meyer y Elisabeth Prugl (eds)., pp. 41-57 (Lanham, MD: Rowman and Littlefield, 1999), pp.50- 4.

22 Stiehm le atribuye el comentario "los muchachos serán muchachos" a Yasushi Akashi de Japón, el jefe de la misión de paz de la ONU en Cambo ya; el comentario surgió como respuesta a "una carta firmada por más de 180 mujeres [que] fue enviada a Akashi acusando al personal de la UNTAC de acoso sexual del staff y de mujeres en la calle y afirmando que no había un canal para rectificar este compo rtamiento " (Ibíd., p. 54) . UNTAC es la sigla de United Nations Transitional Authority i n Cambodia [Autoridad transitiva de las Naciones Unidas en Camboya], que estuvo en Phnom Penh (Camboya) desde marzo de 1992 hasta septiembre de 1993. Su misión fue asegurar la implementación del mandato Agreements on the Comprehensive Political Settlement of the Cambodia Conflict, firmado en París el 23 de octubre de 1991. Dicho mandato incluía aspectos relacionados con los derechos humanos, la organización y realización de unas elecciones, medidas militares, la administración civil, garantizar la ley y el orden, el repatriamiento y reasentamiento de refugiados y personas desplazadas y la rehabilitación de la infraestructura cambo yana. N del T.

23 El turismo sexual es diferente de la industria sexual general, en que el primero es el sector de comercio sexual que en la actualidad ofrece viajes y tures organizados co n el f in de llevar a los consumidores de sexo a destinos en los cuales se concentra el servicio sexual.

24 Rest and Recreation, descanso y recreación. N del T.

25 Ryan Bishop y Lillian S. Robinson, Night Market: Sexual Cultures and the Thai Economic Miracle (New York: Routledge, 1998), p.248.

26 Los tailandeses denominan farangs a las personas extranjeras, occidentales, principalmente europeas; el término también se aplica a los descendientes de éstos nacidos en territorio tailandés.

27 Bishop y Robinson, Night Market, pp.8-9.

28 Phil Williams, "Trafficking in Women and Children: A Market Perspective", en Illegal Immigration and Commercal Sex: The New Slave Trade, Phil Williams (ed.), pp. 145-70 (London: Frank Cass,1999), p. 154; ver también Lisa Law, " A Matter o f 'Choice': Discourses on Prostitution in the Philippines" en Sites of Desire Economies of Pleasure: Sexualities in Asia and the Pacific, Lenore Manderson y Margaret Jolly (eds.), (Chicago: University of Chicago Pres. 1997), pp.233-61.


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