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Editorial

Convocar la reflexión sobre el género en su sección monográfica implicó para NÓMADAS un abordaje amplio de la problemática; sólo así se posibilitan diversas formas de entendimiento y uso de la categoría, las cuales son resultado de construcciones históricas específicas. Indiscutiblemente los estudios sobre género han permitido, entre otras, visibilizar prácticas discriminatorias, ordenamientos socioculturales que favorecen la inequidad y discursos científicos que, con apariencia neutral, se sustentan en una racionalidad androcéntrica; pero también es cierto que al amparo de este término, en ocasiones por efecto de una reacción prejuiciada, se plantean interpretaciones que tienden a ocultar sentidos profundos de las relaciones sociales. Ello es producto de que la construcción crítica de la categoría género en Ciencias Sociales, como puede suceder con otras nociones, toma como punto de partida representaciones del sentido común, las cuales, en este caso, conforman un orden simbólico que define excluyentemente lo distintivo de lo femenino y lo masculino.

El tratamiento del tema aquí desarrollado busca abrir el espacio para dar cabida al examen de la problemática de la mujer, al lado del análisis de cierto resquebrajamiento de la legitimidad de dominación del paradigma masculino; igualmente, a la presencia del fenómeno de la homosexualidad en cuyos discursos se cuestiona, particularmente, la lógica cultural reduccionista del género, sustentada en la tradicional oposición binaria. Ello bajo la perspectiva de realizar una discusión teórica sobre los conceptos en juego y un primer balance del estado de la investigación en Colombia frente a algunos de sus aspectos básicos.

Como lo exponen varios de los articulistas, es preciso destacar que la categoría género ingresó en la academia bajo una aparente neutralidad política, facilitando así la presencia de las reivindicaciones feministas. Reivindicaciones que cuestionaban la desigualdad pero al mismo tiempo resaltaban la diferencia en la condición social de la mujer. Este momento de reflexión teórica siguió a una ‘primera ola‘ caracterizada por la institución de prácticas transformadoras de la vida cotidiana y prácticas políticas de los movimientos de mujeres (Cfr. Estrada, Fernández). Igualmente los movimientos reivindicativos homosexuales usaron la categoría género para distinguir lo corporal de los ordenamientos socioculturales construidos sobre esta referencia, y se unieron al debate relacionado con la igualdad y la diferencia para desnaturalizar su condición y mostrar que el rol de género es producto socializador de las valoraciones de lo femenino y lo masculino (Cfr. Serrano, Colón).

Un momento adicional en la discusión, enfatizado en varios trabajos, ubica la discriminación de género en las relaciones de poder que legitiman el ejercicio de la dominación. Poder que resulta eficaz por los discursos que lo instituyen y entre los cuales se encuentra el discurso del saber. En este sentido se entiende la categoría género como analítica pues permite elucidar las condiciones sociohistóricas e interrogar y criticar los cuerpos teóricos de las ciencias sociales construidos desde el universo de lo masculino. Sin embargo, ante la tendencia a integrar lo minoritario del discurso femenino en la normalidad (razón occidental masculina), se propone en cambio acceder a los procesos de feminización en lo social –singularización– a través de la creación, de tal forma que se sustantive la categoría género en las ciencias sociales (Cfr. Zuleta y Daza).

Paradójicamente, el desarrollo investigativo sobre género en Colombia, en general no se corresponde con los avances teóricos evidenciados en su tratamiento, a pesar de constituirse en un campo de gran potencialidad para conformar matrices transdisciplinarias que develen lo históricamente invisibilizado en las relaciones de poder y para debatir las concepciones naturalizadas de las disciplinas sociales y de la cultura en sentido amplio.

En efecto, según algunos de los balances presentados aquí, en diversas ocasiones se equipara la categoría género con el concepto de mujer y el amplio espectro que va de la femineidad a la masculinidad se reduce a sus extremos en relación de oposición excluyente. Otras veces no se trasciende la mera denuncia, la reivindicación coyuntural o la descripción sectorizada y puntual de la situación de algunos grupos de mujeres, de tal manera que el dato, las cifras estadísticas o las historias de vida no permiten revelar los sentidos profundos de las relaciones sociales y generar condiciones capaces de configurar modelos culturales de ruptura. Así mismo, se ha mostrado cómo una buena proporción de investigaciones se orienta a examinar críticamente las políticas y la normatividad que nos rige, pero tan sólo bajo la perspectiva de la inclusión de núcleos femeninos y masculinos marginados, sin destacar las estructuras de dominación y las múltiples tramas de relaciones de poder que crean y recrean la marginalidad en general.

No obstante, estas limitaciones de los estudios sobre género en nuestro país no le son exclusivas. Nuestras ciencias sociales adolecen de estrechez de miras como consecuencia de su provincialismo, la hegemonía de acercamientos unilaterales de corte positivista y funcionalista y la ausencia de una verdadera comunidad académica dispuesta al intercambio y al debate autocrítico de sus resultados e interpretaciones. Ello no impide reconocer que en los últimos años la visión del fenómeno del género en Colombia comienza a hacerse más compleja. La progresiva aproximación a la literatura internacional sobre el tema, la relativa abundancia de eventos y publicaciones en los que se profundiza la discusión de sus problemáticas y el surgimiento de espacios múltiples de indagación investigativa, significan buenos augurios. Particularmente, es preciso destacar la creación de programas de postgrados en los cuales esperamos se asuma la perspectiva transdisciplinaria que el fenómeno reclama y que posibilitaría ampliar la mirada a los diversos matices de la realidad social y cultural que la ciencia convencional no ha permitido.

Como estamos convencidos de que la perspectiva de género se constituye en una de las formas privilegiadas para jalonar el desarrollo y cambio en las ciencias sociales y humanas, NÓMADAS, continuando su tradición, abrió sus páginas a diversas colaboraciones en donde las miradas sociológicas, antropológicas, literarias, psicológicas y filosóficas, entre otras, confluyen bajo la premisa de intentar una reconstrucción crítica del objeto de estudio.

Este es el propósito de la presente edición.

DEPARTAMENTO DE INVESTIGACIONES

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Procesos de feminización: lo singular en la conjunción de la filosofía, el arte y la ciencia como una alternativa para sustantivar la categoría género

Feminization processes: the singular in the conjunction of philosophy, art and science as an alternative to substantiate the gender category

Processos de feminização: o singular na conjunção de filosofia, arte e ciência como alternativa para fundamentar a categoria de gênero

Mónica Zuleta P. y Gisela Daza N.*


* Investigadoras DIUC


Resumen

La categoría género, por su carácter de interdisciplinariedad, está abierta a múltiples posibilidades de abordaje, construcción y confrontación. Inscribiéndonos en este proceso creativo, nuestro artículo plantea una propuesta de acceso a lo femenino en tanto diferencia singular, desde una óptica distinta a la de la bipolaridad genérica, inmersa en las polémicas contemporáneas que problematizan la razón y la dialéctica.


Abocándonos a la línea más dulce, la más vibrátil, la más violenta, quisiéramos hablar de la mujer en el arte y en el pensamiento como lo hacen la pareja de Scott y Zelda1: “amo el alcohol en tu boca”, “amo la locura en tus ojos” o como Miller2 dice de la mujer que ama: “atravieso a nado sus ojos, que me traen paisajes desconocidos”. Línea sinuosa, que no bordea nada, “desfile de pecas sobre el horizonte, pelo enmarañado y flotante, sombra resbaladiza y sutil, aleteo de mariposas” como en un poema de Emily Dickinson3. Bifurcante trazo de un cuerpo que restituye su fuerza y potencia el pensamiento a su posibilidad. Nos parece necesario retomar pero a contrapelo los procesos de feminización, de constitución de una naturaleza femenina. Decimos a contrapelo, pues nos importa más bien discernir las condiciones en que se hace posible lo femenino, su confrontación y asimilación por parte del modelo dominante, para alcanzar los signos de su singularización.

Proponemos entonces acceder al devenir mujer como modo de aprehensión de la positividad de la producción singular. Acción de producción que entra en pugna con toda posición, que al resistirse abre paso al deseo, convirtiendo la violencia a la que la somete la dominación en creación, cuando resiste sin dejar de ser minoría. Instante en que la violencia ejercida por la dominación da paso a los signos que expresan los procesos de subjetivación femenina.

Los movimientos de las mujeres en Occidente, en su búsqueda de una palabra propia que las singularice, abandonan paulatinamente las referencias de etnia, cultura, función, para afirmarse en su diferencia como clase, a través de la construcción de una categoría en la ciencia, que atraviesa los límites del discurso político: “la minoría en tanto mujer”, categoría que, aunque susceptible de múltiples transformaciones y decantaciones, no puede ya dejar de producirse. No obstante, su inscripción en la ciencia la institucionaliza, al convertirla en una máquina de reiteración enunciativa y pragmática desde la cual se vehicula la normalización, haciéndole perder la diferencia que la particulariza. Por ello, muchas de las investigacionesque empleando esta categoría, se interesan por el género en Colombia, no cesan de instalar a la minoría en lo normal, al pretender la inclusión por la vía de la denuncia como alternativa por la cual lo femenino puede ingresar al mundo de la razón; razón de todas maneras criticada puesto que a ésta se le impugnan las atribuciones que le niega y le otorga: verdad, representación, moral, sabiduría, adultez.

Verdad postulada por la razón como una idealización trascendente encarnada por el signo sol y a la cual el hombre debe orientar su mirada pero cuidándose de no ser cegado por éste4. Situada detrás del hombre y no delante de él, la verdad ilumina la razón a través del conocimiento, único medio para su acceso, pero dejando un espacio de obscuridad entre la luz y la razón.El hombre occidental hace así una oposición entre certeza e incertidumbre, realidad y apariencia y cree que lo que es claro es aquello que se deja ver y tocar. Ala mujer, ajena a la verdad, enceguecida por el sol, se la recluye en su cuerpo, lugar de su mentira.

Representación como certeza de la verdad, que se deriva de la creencia en la permanencia de las esencias de las cosas. Nietzsche afirma que el hombre occidental debe instaurar una certeza basada en el error de suponer la permanencia como medio de alcanzar la esencia; por ello la creencia es anterior a la razón. Paradójicamente, por la creencia se origina la razón, siendo ésta instalada como el medio de acceso a la verdad, que en tanto creencia es un error: “las verdades a priori más firmemente creídas son para mí creencias provisionales; por ejemplo, la ley de casualidad, hábitos muy bien ejercitados de la creencia, tan arraigados que no creerlos acabaría con la especie. Pero ¿son por ésto verdades? ¡valiente razonamiento! como si la verdad se demostrase por la subsistencia del hombre.”5

Moral, palabra cuyo sentido se asocia a la jerarquía de los hombres en el mundo y a la de la significación de sus acciones y obras en dicha jerarquía. “La genealogía de la moral”6 muestra cuando una clase de hombres, los esclavos, pueden por fin apoderarse del mundo al vencer a los otros hombres, a los nobles. Allí tiene su origen la moral: judeocristianos que cambian el sí por el no, interiorizándolo para construirse un alma usada como arma. Surgimiento de la justicia, entendida como la dilatación de la deuda, un intermediario fuera del tiempo, una ley que se introduce en la relación acreedor-deudor y la regula al interiorizar la deuda y volver su pago trascendente, impagable, infinito. El cristianismo redime alhombrede la deuda infinita por el sacrificio del hijo de dios, sacrificio que es amor y se desdobla en el bien y en el mal. “La compasión y el amor a la humanidad como evolución del instinto genésico. La justicia como evolución de la venganza. La virtud como juego de resistencia, como voluntad de poderío. El honor como reconocimiento de lo semejante y de lo equivalente”7. Los valores morales hegemónicos y convertidos en jueces del conocimiento, del arte, de la política, de la sociedad, ocultando sus verdaderas pretensiones: la necesidad de dominar a todo aquello que es diferente, la necesidad de eliminar la felicidad, la necesidad de homogenizar a los hombres, de hacerlos mediocres. Esta moral asocia lo cognoscible y lo permanente a la persona buena, es decir al centro “donde el temor cesa porque hay igualdad”8. Aquí, en este lugar se instala a la mujer como proyección del centro: puro sentimiento de bondad, falsa conciencia y madre del rebaño.

Sabiduría que reposa en la creencia de la verdad al designar como necesaria la correspondencia entre la acción orientada por la razón y el control de las inclinaciones, medio de aproximarse a lo verdadero. Aquellos que orientan su vida a dicha acción, son considerados sabios. Los que no logran esta forma de vida, no son capaces de dominar sus inclinaciones, siendo considerados masa. En tanto la mujer está definida por sus inclinaciones, necesariamente hace parte de la masa, como término derivado de la oposición, en la que el hombre es a su vez el término derivado de la oposición sabiomasa.

Adultez, aquello que completa la gama de los atributos de la razón. El niño está destinado a ser ya sea lo propio de su casta, ya sea lo propio de la estirpe. La mujer siempre es un niño, necesita ser guiada, orientada, prescrita por la ley que es el hombre, o el falo, o la carencia. Además es ajena a la verdad, no porque no quiera acceder a ella sino porque su forma es una mentira. “La mujer tiene que obedecer y tiene que encontrar una profundidad para su superficie”9.

El reconocimiento crítico por la razón, sin embargo, no es la única alternativa por la que opta el pensamiento de lo femenino. Aparece también la opción de una filosofía que se pregunta por el no ser de la mujer en tanto que el ser universal y esencial es masculino. Opción que abre una franja polémica en la cual es posible introducir una Idea del ser femenino a construir, ya sea como sujeto de enunciación, de poder, o como una experiencia. Partícipe de estas perspectivas, nuestra propuesta se sitúa en la impugnación a la razón desde el poder, pero no como ejercicio de oposición para acceder a un lugar en ella, sino como potencia que hace hacer. En esta óptica resaltamos la vía abierta por Valcárcel10 en su exigencia por el derecho al mal para la constitución de un genérico como posibilidad de subjetivación de lo femenino. ¿Cuál es ese mal que Valcárcel exige por derecho? Instaurar la igualdad como posible para la construcción de ese genérico, en el que, a la vez que la mujer se diferencie del otro, se le otorgue la pertenencia a un nosotros humano: aquel de la estirpe.

“Poder y mal van juntos”. Con este enunciado Valcárcel cuestiona la imagen ilustrada de la razón cuando toma la forma del poder. Poder en tanto institución, centro maquiavélico ocupado por el sobrevenir justicia del derecho en tanto moral y razón a las que no vale la pena que la mujer acceda y, sin embargo, único medio por el que le es posible construir su subjetivación, a condición de que el poder no sea ya el de la Ilustración, “puesto que interrumpir la designación exige poder hacerlo, exige poder”11. Designación genérica por la que los hombres se construyen una genealogía en la que las cosas, sin origen, deben ser lo que son. Lo masculino aparece como luz, lo femenino como mediación simbólica vital, casta que opera por analogía, otorgándosele el juicio antes de la acción y con él el castigo. La genealogía construye el nosotros masculino, pertenencia a la estirpe, derecho a ser sujeto por la autovaloración, exterioridad que sabe de sí. La analogía construye el nosotros femenino por la identidad, pertenencia analógica a la casta: ser como, una interioridad que está en la tarea de ser. Designación en la que el nosotros masculino está hecho de la igualdad del compartir el logos, mientras que el nosotros femenino es una identidad, que a su vez es representación, analogía, genérico mujer sin diferencia. Acceder al mal por el poder de no negarlo, propuesta de una ética femenina que se deshace de la moral, para conquistar la humanidad que le pertenece. Reconocimiento del poder que se posee, pero también del poder al que se enfrenta: un poder como potencia que hace y hace hacer.

Pero afirmar el poder en su potencia requiere construir otras posibilidades, además de las de darse un género, aún si es el de la estirpe, puesto que su conformación implica dejar de lado la producción de la diferencia en sí. De esta forma, aunque asumimos como necesario que la mujer en tanto minoría induzca a la creación de un “nosotros” femenino, en los ámbitos político y del pensamiento, proponemos simultáneamente considerar la opción de la singularidad como modo para retomar los procesos de feminización en la diferencia y discernir las condiciones en las que éstos emergen. Para ello seguimos una huella que irrumpe con la potencia generadora de novedad en los tres planos de la creación12: el plano de inmanencia de la filosofía, el plano de composición en el arte y el plano de referencia en la ciencia. Línea sinuosa, decimos, porque no es un nosotros el que la traza, sino las multiplicidades que escapan a éste, desde el lugar de minoría en el que el nosotros femenino se está construyendo.

En el plano de inmanencia de la filosofía el pensamiento es renovado en sí mismo, al obligarlo a posicionarse cada vez de otra manera. Teatro de la Crueldad de Artaud13 donde cada creación es una variación infinita en su singularidad, un real que no puede ser representado, que no es un como si, sino un destello que se agota en sí. Consistencia en la que los conceptos son disposiciones que fuerzan a sus componentes a entrar en una relación, modulada y procesual, que más que otorgarles necesariedad, se produce en la contingencia. Es este plano al que convocamos para dar consistencia a la Idea de mujer, sustantivada y múltiple, Idea o conexión de componentes en variación continua, no existencia sino experiencia, no virtualidad sino posibilidad. Deleuze-Guattari producen el concepto “devenir- mujer”14 y con él, en una experiencia de lo real, aparece un rostro que asustado observa un mundo, al que dota de existencia.

El devenir mujer toma su especificidad en tanto singularidades de feminidad capaces de recorrer y de impregnar todo un trazo de pensamiento, contaminando a los atributos de la razón para atraparlos en él15. Singularidades partícipes de la constitución de signos expresados por longitudes y latitudes. Longitudes como series de conexiones (relaciones de movimiento y de reposo) que se establecen entre medios heterogéneos y que ponen en conjunción diferentes dimensiones, dando lugar a una etología constituida por aquello que son capaces de componer y de descomponer. Latitudes como serie de afectos a los que corresponden las conexiones, sus intensidades, su potencia, aquello que los hace singulares, diferentes unos de otros, no por la cantidad de potencia que contienen, sino por la cualidad de potencia de la que son capaces.

Las longitudes y latitudes conforman un plano o multiplicidad compuesto por conexiones e intensidades particulares a la relación entre la razón y una experiencia que se rehace en la fragmentación del ser, en donde la identidad pierde su naturaleza totalizante propia del lenguaje, para constituirse en multiplicidades extensas e intensas. En este plano no existe una ordenación de las relaciones ni una graduación de los afectos puesto que no hay composiciones mejores o peores unas de las otras, ni afectos más intensos o menos intensos unos de los otros. Cada plano es una singularidad que no es comparable ni clasificable, ni existe con relación a otra.

El modo de operar de las multiplicidades es del orden de la alianza, del pacto y del contagio y no del azar, lo genético o lo estructural. Simultaneidad de un doble movimiento, uno por el que un rasgo mayoritario se sustrae de la organización jerárquica a la que pertenece y otro por el que un rasgo minoritario, que a la vez se sustrae de la minoría en la que está inmerso, sirve de medio al rasgo mayoritario para entrar en una relación de transformación mutua, constituyendo así una singularidad que ya no corresponde a ninguno de los dos16.

Los afectos hacen posible que una multiplicidad sea atraída hacia otra en tanto juego de seducciones mutuas en las que cada singularidad deviene otra cosa, para que las dos puedan entrar en relación. En esa terrible atracción no se sabe cuál es el paso siguiente de la multiplicidad que ya se constituye, pero sí se sabe que cada una de las que entran en juego, pierde su consistencia para convertirse en otra cosa. Borde de conexión o posición anómala, línea envolvente como dimensión extrema en función de la cual se expresan lasdemás dimensiones de la multiplicidad. Lo anómalo es afecto, ni sujeto ni signo lingüístico: línea de entrada a la multiplicidad que permite que una nueva conexión se establezca, al posibilitar el pacto. Pacto de conexión contra-natura de heterogéneos, composición de intensidades y de potencias.

En el plano de composición del arte la potencia creadora ya no busca la consistencia de la Idea propia del plano de inmanencia de la Filosofía, sino la conservación del afecto y de la conexión en sí, a través de la composición de una intensidad singular, percepto, que se conjunta con su materia. Ya no pensamiento del devenir, sino acto que crea el devenir expresándolo en la materia. Nueva dimensión que independiente del concepto, compone un devenir en el arte, haciendo que la materia se haga expresiva por la junción de la fabulación y la sintaxis en el caso de la escritura, por la junción del compuesto de sensaciones con el material en la plástica y del compuesto melódico con el motivo en la música.

La materia de la escritura son las palabras y la sintaxis que crea el que escribe. Su composición se hace a través de un desbordamiento de la vivencia en el devenir, que inmoviliza el movimiento, arrastrándolo a un presente en el que se suceden como bloques todos los pasados. Por ello el escritor es un vidente que desborda lavivencia de la percepción consciente, de su propio ojo, al cegarlo, para componer una sombra a la que no le ha sucedido nada puesto que lo que sucede, le sucede a la vida: “algo demasiado grande e intolerable que hace estallar las visiones del ojo y las transforma en una fabulación sin sujeto y objeto”17.

El acto del devenir mujer en el arte tiene por particularidad el de ser un medio activo de propagación de los otros devenires, al ser el acceso de todo devenir, puesto que siempre está presente en cada una de las minorías. Si la mayoría en el pensamiento es el lugar de la razón y en la expresión es la forma constituida como patrón, la minoría es aquello excluido de un conjunto definible desde la expresión formal y desde los parámetros de la razón18. Siendo la mujer la minoría por excelencia, puesto que ella es siempre el término derivado, aún en la exclusión, es por ella que lo minoritario, en tanto acto, puede transformarse en margen. Margen que no se define como límite del patrón, tampoco como oposición a éste, que no corresponde a ningún género, a ninguna identidad, a ninguna representación, sino que requiere de un devenir mujer, acto de potencia creadora necesario para deshacer las formas que la minoría también involucra en su exclusión.

Por una operación similar, la escritura se convierte en el medio más propicio de propagación del devenir mujer, al estar inserta en el patrón del lenguaje desde donde se la dota de expresión y contenido. Por ello, en tanto que expresión parte de una materia ya formada que requiere de su desasimiento o molecularización para convertirse en acto creativo, condición que es la misma para que la minoría se transforme en devenir. Esto no ocurre necesariamente con la música o la plástica, cuyas materias de expresión no están previamente formadas, aunque adquieran una forma representativa a posteriori, ya sea cuando se las interpreta por un lenguaje o cuando copian al lenguaje.

El desasimiento de la forma en la escritura como acto del devenir mujer, produce bloques de palabras –fabulación– puestos en variación a través de estilos o sintaxis creadas, que los hacen vibrar, resonar o retraerse. Los bloques de palabras son los perceptos que pueden ser de todo tipo, oceánicos, de paisajes, urbanos, especulares. La conjunción entre los bloques y el estilo crea los afectos, afectos no humanos, que al entrar en un devenir se petrifican o se aceleran.

Cixous compone un tiempo del devenir mujer en la escritura, aquél del instante que fuerza al encuentro con la inocencia de la cosa en sí, obligando a la cosa a indiferenciarse en la palabra y, simultáneamente, abandonando a la cosa para quedarse en la palabra19. Invención de una sintaxis por la que transita la visión de la “inocencia a priori” como multiplicidad que confronta el yo individual y lo transforma en una tribu, en un pueblo, “una naranja”, sin otro tiempo que el del instante con sus detenciones y aceleraciones, sus potencias afectivas:

“Se necesitan al menos tres tiempos para comprender el instante. Inicio del instante, respira, se hace profundo, no se divide… La naranja es un comienzo, a partir de la naranja todas las voces que pasan por ella son buenas. La naranja–el teléfono: salto de medio, hay que cambiarse de pies a cabeza: salir de la luz del instante para entrar en el color gris, ejercicio violento. Deslizarse entre dos olvidos o saltar de una memoria a otra. El teléfono, también un ser vivo, cambio de era, en la otra mano sostengo la naranja todavía por la palabra. Dejo a la naranja a sí misma en su clima, empieza el descenso con la palabra en la mano, el descenso obedece a la naturaleza paradójica de la palabra, el peso del teléfono nada puede contra su ligereza, tuve que soltar la naranja para volver…”20.

En el plano de referencia de la ciencia21, la singularidad no se conserva en el percepto, ni adquiere consistencia en la Idea, sino es suspendida en unas coordenadas y ordenadas espacio-temporales, energéticas e informáticas que le imponen un límite a partir del cual la constituyen, poniéndola en variabilidad. Singularidad funcional capaz de detener la velocidad infinita (caos) de la materia, al transformarla en una relación entre la referencia y sus velocidades. Plano de coordenadas y ordenadas de donde surge la materia formada, cuya variabilidad es una diferencia de potencias de la que emergen estados de cosas como mezclas ordenadas que remiten a las coordenadas espaciales, cosas como interacciones que remiten a coordenadas energéticas y cuerpos como comunicaciones que remiten a coordenadas informáticas. Operación cartográfica consistente en el acto del trazo de las líneas que en tanto funciones de performance son asumidas como opciones problemáticas de la existencia de la materia formada, de las cosas y de los cuerpos en su relación con el caos22.

La cartografía funcional como acto de creación es propia a una praxis científica que denominamos “menor”23, en cuanto solo puede ser producida en el margen, donde la proposición científica más que convertirse en objeto, compone una ficción innovante que da cuenta de un proceso colectivo capaz de conmover los límites que la razón le impone a lo posible. Devenir mujer de la ciencia24 donde el goce reemplaza lo normativo puesto que el científico marginado es capaz de asombrarse con aquello que describe, al inventarse él mismo en la dinámica de los testimonios en los que está en juego. “No hay ciencia sin ficción y no hay ficción sin pasión. La ciencia no se define por una pasión particular, nace cuando las pasiones que suscita su campo encuentran los medios afectivos y sociales de hacer una historia conjunta. Una utopía que opone al sexo del poder no otro sexo, sino los mil y un sexos de la ficción”25.

En la ciencia mayor el objeto se independiza de la descripción y vale para una realidad que se asume preexistente, donde se diferencian el sujeto y el objeto sólo por su adecuación, respondiendo a la fórmula yo = yo. Lo real se reconoce en su continuidad dentro de un régimen de relaciones localizables, encadenamientos actuales, conexiones legales, causales y lógicas. Lo irreal puede ser incluido pero por oposición, haciéndole ocupar un estatuto aparente. La oposición real-imaginario se desarrolla en los encadenamientos de actuales, desde el punto de vista de lo real y en las actualizaciones de la conciencia, desde el punto de vista de lo imaginario. Su forma abstracta es el espacio euclidiano, que hace que las tensiones se resuelvan siguiendo un principio de economía, según determinadas leyes que siempre remiten a centros. El tiempo en cuanto representación indirecta emana de la acción, el movimiento es deducido del espacio: tiempo cronológico. Ciencia de la razón, atribuida a lo masculino, que aspira a la verdad haciendo que sus elementos reaccionen frente a las situaciones o las evidencien.

En la ciencia menor la descripción vale para su objeto, lo reemplaza, lo crea y lo borra, sin cesar de dar paso a otras descripciones que contradicen, desplazan o modifican las precedentes, siendo la propia descripción la que se constituye en el único objeto, descompuesto y multiplicado, sin que se de diferenciación entre sujeto y objeto. Lo real se separa de sus conexiones legales: lo actual se separa de sus encadenamientos motores, lo virtual de sus actualizaciones. Los dos modos de existencia -actual y virtual- se reúnen en un circuito donde lo real y lo imaginario intercambian sus roles y se tornan indiscernibles. Quiebre de la complementariedad de un espacio vivido y de un espacio euclidiano representado. Así, su espacio deja de organizarse según fines, obstáculos y medios y se transforma en encabalgamiento de perspectivas que no permiten captar el obstáculo determinado, puesto que no hay dimensiones que ordenen el conjunto único. La fluctuación que procede a la acción no es vacilación entre varias vías, sino recubrimiento inestable de conjuntos incompatibles, casi semejantes y sin embargo inconexos. El espacio abstracto al dejar de ser euclidiano, se convierte en riemanniano: ajuste de partes que no se predetermina sino que se realiza de múltiples maneras: espacio cuántico, probabilístico, topológico, que da cuenta de relaciones no localizables, presentaciones directas del tiempo, ya no referidas a un tiempo cronológico -que se trastoca por lo irreal-, sino a un tiempo crónico que solo produce trastocaciones. Sus premisas dejan así de ser verídicas, estados, para hacerse falsificantes, múltiples, planteando en el presente diferencias inexplicables y en el pasado alternativas indescidibles entre lo verdadero y lo falso. Es inseparable de una multiplicidad que reemplaza yo = yo, por “yo es otro”.

Proponemos entonces acceder a los procesos de feminización asumiendo el poder como potencia creativa, en la articulación de la filosofía, el arte y la ciencia, desde la singularidad que les es propia. Del plano de inmanencia filosófico, sustraemos el concepto del devenir mujer en tanto nos posibilita la Idea de la singularidad como multiplicidad. Del plano de composición artístico, sustraemos el acto de expresión del devenir que nos posibilita aprehender el proceso de desasimiento de la materia formada como condición de la creación de los signos en la escritura. Del plano de referencia científico sustraemos la función singular propia a la ciencia menor para ingresar al espacio de indiscernibilidad -campos- propio de las multiplicidades que emanan de los signos.

Con esta propuesta pretendemos generar una alternativa novedosa para las investigaciones en Ciencias Sociales en Colombia que se ocupan de la categoría género. Más que indagar por las condiciones de opresión de la mujer en lo social, nos interesa acceder a aquello que son capaces de agenciar los “procesos de feminización” en lo social, a través de la búsqueda de estilos femeninos definidos por la producción de una narrativa particular, en la que sus signos agencian singularidades que trazan mundos posibles heterogéneos y que se expresan en las praxis propias a la creación.

¿Cómo acceder al devenir mujer en el arte y en el pensamiento? Asumiendo la posibilidad de múltiples alternativas, proponemos la sustativización de la categoría género en las ciencias sociales a través del delineamiento cartográfico de la manifestación en la escritura de tres campos que asumimos expresan signos propios a procesos de feminización: lo sexual, lo joven y lo secreto.

El campo de lo joven como lo contemporáneo, aquello que atraviesa las clasificaciones de clase, género y edad, se instituye como un bloque siempre en presente. Línea comunicante entre distintos medios: temporalidad, esteticidad, racionalidad, moralidad, biologización. El devenir mujer pasa por la joven, puesto que es a ella a quien primero se le roba el cuerpo al fabricarle un organismo situado como objeto de deseo que está en oposición al del joven. Pero por ello mismo la joven, deseada, es también una trampa en tanto se instaura como el puente que abre paso a la singularidad de lo joven, al volverse indiscernible de la verdad que su cuerpo agencia26, dejando así de pertenecer a una edad, a un sexo, a un orden de verdad y circulando por ellos para producir todos los bloques de contemporaneidad, todos los sexos. Estilo en el que la narrativa hace uso de una sintaxis compuesta por series de operaciones que imprimen movimientos muy lentos o muy rápidos, capaces de hacer variar el lenguaje, hasta un punto en el que la variación cesa para que surja el signo como novedad. Composición de movimientos de aceleración o desaceleración de una multiplicidad de signos indiferenciables en identidades, ya que su diferencia es la singularidad que compone el bloque, en tanto movimiento. También compuesto intenso, por donde el deseo fluye no para direccionar el bloque hacia un fin, sino para potencializarlo, volviéndolo una risa, una mirada, un gesto, un fin en si mismo.

El campo de lo sexual como la operación mediante la cual surge el elemento anómalo que permite la conexión entre multiplicidades; no contenido en el artículo definido “la”, sino en el indefinido “lo” sexual, atraviesa las clasificaciones de género, objetualidad y generación. Intensidades que no pasan por la sexualidad entre una forma hombre y una forma mujer. Campo que en el devenir establece las conexiones entre los bloques de contemporaneidad poniendo en contacto, a través del contagio, sus velocidades específicas y las intensidades que los potencian. Los bloques vuelven anómalo un elemento, suprimiendo de sí mismos aquello que les impide conjuntarse para abrirse completamente hacia otro bloque, comunicándose con él, no por el lenguaje, sino por el signo de su apertura: n sexos y no dos sexos, puesto que el signo de apertura suprime todos los demás27. Relación de elementos anómalos en la que el estilo se conforma por fabulaciones específicas a las conjunciones establecidas entre medios heterogéneos, dando lugar a la emergencia de los signos pasionales que componen la ficción.

El campo de lo secreto como la línea que moleculariza el contenido y disuelve la forma. Fuerza de transparencia, de celeridad, de inocencia, que llena las dimensiones de su multiplicidad: nada oculto, por ello imperceptible; fuga del contenido secreto como máquina binaria que opone el secreto a la divulgación, fuga de la forma que sólo deja sus rasgos para componer nuevas formas, para reconstituirla. En su transparencia el secreto se produce sin que haya nada que develar, pues él es la potencia de desasimiento del contenido como misterio y de la forma como culpa, poniendo en juego lo perceptible y lo imperceptible entre los bloques y los contagios que se producen. Lo perceptible en cuanto contenido se orienta hacia la percepción del secreto, independiente de su finalidad. A su vez, la protección del secreto implica formas secretas específicas de divulgación, de propagación. Lo perceptible en cuanto expresión da cuenta del juicio: “algo ha pasado”. Es decir se refiere a una forma infinita del secreto que pasa por todas las formas, al ser ella misma. La transformación de lo perceptible a lo imperceptible hace que el secreto rompa su continente en tanto contenido y su forma en tanto expresión, transformándose en signo de transparencia. Transparencia de la feminidad que hace que el juicio: “algo ha pasado”, advenga “nada ha pasado” o “inocencia a priori”. Es esta imperceptibilidad del secreto lo que puebla la línea del devenir mujer. Narrativa de la feminidad, no femenina, en donde todo es dicho por transparencia28.

Propuesta de una praxis inscrita en la ciencia menor, que sin pretender desconocer lo que la razón produce, o lo que la impugnación a los atributos generados por ésta posibilita en las reivindicaciones femeninas por el derecho a la diferencia o a la igualdad, busca sustantivar la categoría género movilizándola en los modos múltiples de producción de singularidad, para acceder a los procesos de feminización que abren nuevos campos de posibles en lo social.


Citas

1 Fitzgerald, S. La Férula. Ed. Bruguera, Barcelona, 1978, p. 36.

2 Miller, H. Sexus. Ed Bruguera, Barcelona, 1975, p. 342.

3 Dickinson, E. Poemas. Madrid. Cátedra. 1987. p. 65.

4 Nietzsche, F. Obras completas: Aurora. Aguilar. Buenos Aires, 1952, p. 159.

5 Ibid, p. 169.

6 Nietzsche, F. Obras Completas: La genealogía de la moral. Aguilar: Buenos Aires, 1962.

7 Nietzsche, F. Obras Completas: La Voluntad de Dominio. Op cit. p. 48.

8 Ibid, p. 62.

9 Nietzsche, F. Así habló Zaratustra. Alianza Ed. Madrid, 1984, p. 107.

10 Valcárcel, A. Sexo y filosofía.. Anthropos. Madrid, 1994.

11 Ibid, p. 87.

12 Deleuze, G, Guattari, F. Qué es la Filosofía? Anagrama. Valencia. 1996.

13 Artaud, A. Oeuvres Complètes. Vol. I. Gallimard. Paris. 1953.

14 Deleuze, G; Guattari, F. Mil Mesetas. Pre-textos. Barcelona. 1994.

15 Ibid, p. 289.

16 Ibid, p. 17.

17 Deleuze,G, Guattari, F, Qué es la Filosofía?. Op. cit. p. 177.

18 Ibid, p. 179.

19 Cixous, H. La Risa de la Medusa. Anthropos. Madrid. 1995.

20 Ibid, p. 75.

21 Deleuze, G, Guattari, F. Qué es la Filosofía?. Op. cit.

22 Mil Mesetas. Op. cit. p.18.

23 Diferenciación propuesta por Deleuze-Guattari en Mil Mesetas, Op. Cit, que es desarrollada en el texto sobre el cine de Deleuze, La Imagen Tiempo, Paidós, Barcelona, 1993, pp. 298-345.

24 Steiner, I. “Los mil y un sexos de la ciencia”. Vampiro Pasivo N. 4. Cali, 1993. Pp. 30-58.

25 Ibid. p. 45.

26 Mil Mesetas, Op. cit. p. 290.

27 Ibid, p. 291.

28 Ibid, p. 293.

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La diferencia como problema: género y psicoanálisis

The difference as a problem: gender and psychoanalysis

A diferença como problema: gênero e psicanálise

Ana María Fernández*


* Psicóloga. Profesora de la Universidad de Buenos Aires, Argentina.


Resumen

Deconstruir los modos como el relato psicoanalítico participa del dispositivo de inarización propio de la razón occidental, en la estrategia que la al autora propone para acceder a la construcción de la categoría género que, sustentada en conceptos psicoanalíticos, involucra también los procesos de subjetivación histórico–políticos en las nociones de femineidad y masculinidad.


1. La diferencia como problema

A partir de los años 50 se consolidan tres importantes ejes de visibilidad que permitieron pensar a las mujeres como nuevos sujetos sociales. Por un lado, miles de mujeres anónimas, en centros urbanos de diferentes países occidentales instituyen prácticas transformadoras en su vida cotidiana; su irrupción masiva al mercado laboral, su acceso a la educación secundaria y terciaria, cierta adquisición de códigos públicos, las transformaciones tanto en las formas de los contactos conyugales como en sus regímenes de fidelidad, nuevas modalidades de vivir su erotismo, la problematización de la vida doméstica –es decir la desnaturalización de que ésta sea una tarea necesariamente femenina–, serán algunas de las cuestiones más significativas en este punto.

Por otra parte, y en estrecha relación con lo anterior, la práctica política de los movimientos de mujeres: su lucha sistemática en el plano legal y laboral por leyes y normativas más justas para las mujeres, su denuncia permanente de la discriminación de género tanto en sus formas más evidentes como en aquellas más invisibles, la institución de grupos de autoayuda, etc., han constituído un factor decisivo en la lucha contra la opresión de las mujeres.

En tercer lugar “las académicas” que desde unos veinte años a esta parte se presentan en los más importantes centros universitarios analizando la ausencia de la dimensión de género en sus respectivas disciplinas, así como también sus consecuencias. De tal forma los estudios de la mujer y posteriormente los estudios de género (Bellucci, 1992) han posibilitado que comiencen a manifestarse los sesgos sexistas en cada una de las ciencias. Este análisis de-constructivo es acompañado de significativos aunque incipientes trabajos de re-construcción teórico y metodológico de las mismas.

Estas tres dimensiones: cotidiana, política y académica, en sus avances y retrocesos, fueron instituyendo un movimiento que visibiliza la discriminación, desnaturaliza sus prácticas, denuncia, incomoda, trastorna y produce importantes vacilaciones en el conjunto de significaciones imaginarias sociales que legitimaron durante tantas épocas la desigualdad y la injusticia distributiva entre hombres y mujeres.

Si bien las mujeres avanzan adquiriendo nuevos espacios sociales, lejos estamos de la igualdad de los géneros sexuales. Lo que quiere subrayarse no es una hipotética igualdad conseguida sino cierta transformación –en muy diferente grado según países, clases, generaciones– en lo imaginario social que permite que la discriminación no esté oculta; toma evidencia, incomoda ya a muchas mujeres, obliga frecuentemente a no pocos hombres a esbozar alguna disculpa cuando pronuncian una frase peyorativa con relación a la mujer que pocos años atrás no hubieran necesitado. Induce a los políticos en períodos eleccionarios a incluir demandas de mujeres en sus plataformas electorales; no pocos gobernantes crean organismos de Estado para diseñar políticas públicas sobre las necesidades del colectivo femenino; los partidos políticos discuten el grado de representatividad de mujeres en sus listas de candidatos, legisladores, intendentes, etc.

Si bien sería ingenuo pensar que estos datos evidencian que ha llegado la era de la igualdad entre hombres y mujeres, no habría que subestimar la importancia de aquello que ponen de manifiesto. Algo se ha quebrado del equilibrio anterior donde regía un orden entre los géneros por el cual las mujeres “naturalmente” ocupaban un lugar postergado. Los organizadores de sentido que regían lo femenino y lo masculino trastabillan, las demarcaciones de lo público y lo privado vuelven borrosos –o por lo menos confusos– sus límites. En suma, diversas fisuras amenazan el quiebre del paradigma que legitimó durante siglos las desigualdades de género.

Paradójicamente, a medida que las mujeres van adquiriendo protagonismo como sujetos sociales se vuelven más evidentes las estrategias de discriminación. El impacto de ciertos grados de visibilidad de la misma pone en cuestión su invisibilidad en los cuerpos teóricos, en las metodologías de investigación y en las prácticas institucionales correspondientes a las ciencias humanas. Estas, históricamente, hubieron de homologar Hombre=hombre. En los últimos decenios surge la necesidad de elucidar tanto las categorías desde donde tal diferencia ha sido pensada como su marca en los dispositivos de acción que las diferentes disciplinas han desplegado. Sin lugar a dudas se abre un verdadero desafío a las ciencias humanas que, bueno es reconocer, no todas asumen en igual medida.

Tal elucidación implica dos movimientos articulados: el análisis que el tratamiento de las diferencias de género ha tenido en los conjuntos disciplinarios que se han agrupado como ciencias humanas (de-construcción) (Derrida, 1989,a) y la producción de nuevas conceptualizaciones cuyas lógicas de trabajo se sitúen por fuera de dos ecuaciones de tanta eficacia en nuestra cultura: Hombre=hombre y diferente=inferior (re-construcción).

Debe subrayarse que si bien tal elucidación toma como uno de sus ejes principales el análisis de los discursos clásicos, el problema de la diferencia atraviesa tanto la producción teórica, como las metodologías de indagación, los dispositivos tecnológicos y las instituciones involucradas. En síntesis, la discriminación de género, como toda otra discriminación, se fundamenta y es atravesada en todas sus dimensiones por el problema del Poder. Los poderes como tales sostienen su eficacia obviamente desde los discursos que instituyen. Pero el poder no es meramente una cuestión discursiva, es en primera y última instancia, acto de fuerza, ejercicio de violencia.

Los discursos y mitos sociales ordenan, legitiman, disciplinan, definen los lugares de los actores de las desigualdades y la subordinación de los mismos en los espacios sociales y subjetivos que la violencia –visible o invisible, en tanto acto de fuerza físico o simbólico– , instituye. De tal forma, sus posicionamientos serán el resultado históricosocial pero también singular de las posibilidades de las fuerzas en juego, de las cuales la subordinación es su efecto complejo, difusivo y recurrente.

En síntesis las mujeres en sus innovaciones cotidianas, los feminismos en sus combates políticos y los Estudios de Género han transformado “la diferencia” en problema. Es decir, han quebrado la impunidad frente a la postergación y la discriminación; han problematizado (interrogado, criticado, denunciado), los cuerpos teóricos de las ciencias sociales constituídos a partir de sus fundamentos mismos desde un universal masculino. Dicho universal adquiere diferentes nominaciones según la disciplina que lo aborda, así por ejemplo, Ciencias del Hombre, Derechos del Hombre; o en el caso de los psicoanálisis libido masculina, el falo-significante universal, el Nombre del Padre como lugar de la ley, etc.

El constituir las disciplinas desde un único universal y masculino ha colocado a las mujeres en un lugar de particularidad: complemento o suplemento de dicho universal cuando no de invisibilidad.

“La diferencia” es ahora un problema para pensar y no un ya dado biológico. Los Estudios de Género han permitido pensar que la “diferencia de los sexos” se hizo sinónimo de la desigualdad de los sexos. Es, por tanto, una construcción histórico-social, que las “Ciencias del Hombre ” invisibilizó.

Posteriormente pudo comprobarse que la gran remoción que significó arrancar a las mujeres de un ya dado de la naturaleza, no fue suficiente. El aporte de algunos tramos de las teorías psicoanalíticas fue de utilidad en los trabajos de las feministas de los años ’70 que demostraron que no había un ya dado biológico que definiera el destino (lugar social y político) de las mujeres.

Queda ahora por realizar una elucidación crítica de las nociones psicoanalíticas que colocan en un ya dado simbólico a una femineidad constituída en un excedente de la trama significante.

Pero antes de esto es necesario un poco de historia.

2. Una difícil relación: feministas y psicoanálisis

Tradicionalmente, los movimientos feministas se han ubicado, respecto a la teoría psicoanalítica, en dos tipos de posiciones: la primera, característica de muchas feministas contemporáneas a Freud que vieron en él a un enemigo, rechazó a partir de allí prácticamente en bloque los aportes del psicoanálisis para una eventual comprensión de la subjetividad femenina.

Más allá de los propios textos freudianos, muchas son las confluencias en la persistencia de la oposición teórica al psicoanálisis de diversos movimientos políticos de mujeres, particularmente hasta la década de 1960. Entre ellas merece destacarse la influencia filosófica del existencialismo a través de la impronta casi fundacional que en la reflexión teórica de la opresión de género ha tenido el pensamiento de Simone de Beauvoir.

La segunda, más actual, advirtiendo la importancia de esa disciplina para la indagación de la constitución de la subjetividad, ha tomado la responsabilidad de investigar sus aportes, tratando de elucidar su utilidad en la comprensión de la opresión de género.

Podría decirse que a partir de la década del ’70 comienza a desplegarse un tipo de producción teórica realizada por mujeres feministas sobre el corpus teórico del psicoanálisis, en particular su teoría de la sexuación.

Si bien en la actualidad la importancia de los aportes que la teoría psicoanalítica puede ofrecer a la reflexión feminista es indiscutible, se hacen necesarias algunas puntuaciones con respecto a la manera como tome su incorporación en el debate feminista.

Texto inaugural de este movimiento de indagación fue sin duda “Psicoanálisis y Feminismo”, de Juliet Mitchel (Mitchel, 1976). En el intento de rescatar e introducir los aportes de dicha disciplina, J. Mitchel puntualizaba, con mucho criterio, que el psicoanálisis “no constituye una recomendación para la sociedad patriarcal”, pero cuando a renglón seguido afirmaba que “es un análisis de la sociedad patriarcal” se hace necesario interrogar tal aseveración, ya que ni la teoría, ni sus dispositivos de cura, ni los psicoanalistas, pretenden tal cosa; debe interrogarse entonces qué procesos de elucidación crítica, de deconstrucción de su cuerpo teórico son necesarios para que esta disciplina devenga un instrumento de valor para los/as especialistas en la sociedad patriarcal.

En principio, su letra escrita no analiza por sí misma la sociedad; su objetivo es la enunciabilidad de las formaciones inconscientes; por lo tanto es importante subrayar al respecto que, dado que esta disciplina no se ha planteado como uno de sus objetos de reflexión, la articulación entre formaciones inconscientes y formaciones histórico–sociales, quienes sostengan que la opresión de las mujeres es histórica –y por ende lo serán las marcas en sus subjetividades– deberán pensar, necesariamente, qué indagación crítica será imprescindible desplegar con la teoría en cuestión para poder incorporarla eficazmente en la elucidación de la opresión de género.

En este sentido la lectura de los historiales de mujeres que Freud analizó – pese a la opinión de algunas feministas– no es evidencia por sí sola de la opresión en que vivían; cuando esta lectura se transforma en evidencia de tal situación, es porque es realizada por un/a lector/a para quien la opresión era ya visible con anterioridad. Freud no realiza de forma explícita un análisis de tal realidad –y esta comprobación no tiene por qué invalidar su teoría–; sin embargo, y bueno es subrayarlo, pueden encontrarse en su obra algunas referencias al precio psíquico que las mujeres pagan por las limitaciones que les impone la sociedad, que indican que esta cuestión no le pasaba inadvertida.

Otro argumento que es interesante problematizar es el esgrimido con frecuencia por psicoanalistas mujeres con cierto grado de compromiso feminista, que alegan que el psicoanálisis se satisface con “constatar hechos”.

Este supuesto suele llevar a considerar que cuestiones tales como la frecuencia con que en sus dispositivos aparecen mujeres ubicadas en la envidia fálica, por ejemplo, son tomadas como “evidencias clínicas” que tampoco es necesario interrogar. En realidad, en ninguna disciplina los datos hablan por sí mismos, sino que cobran su sentido respecto al marco teórico que los nomina (Bourdieu, 1985)1 y significa de determinada manera.

También se realizan aseveraciones como ésta:

El desarrollo psicosexual específico de hombres y mujeres se efectúa en relación a la noción de falo, en tanto éste es el símbolo elegido por la humanidad para representar la plenitud de la satisfacción en el campo del deseo, y del éxito en el campo de la realización y de la integración social. (Lemaire, 1983)2.

Lo interesante es que estas apreciaciones operan como premisasverdad no interrogables; no ponen en cuestión el grado de generalización de la premisa, como tampoco se abren a interrogaciones a los porqués de la atribuida pregnancia del falo como significante de tales características. Por el contrario, es un ya dado que no llama la atención.

Al ser un ya dado se le vuelven sinónimos la humanidad y la teoría; lo que está claro es que en la teoría psicoanalítica, el falo es un símbolo que representa “la plenitud de la satisfacción y del éxito”. Pero para extender esta significación a toda la humanidad, es necesario suponer que una teoría –el psicoanálisis en este caso– puede aprehender la realidad. Este es un modo típico de reduccionismo por el cual una realidad múltiple y compleja se limita a aquellas mínimas variables con que la teoría puede operar y luego se dice que esa es la realidad.

El segundo paso de tal operación reduccionista es que queda cerrada cualquier interrogación. Cerrar la interrogación es fundamental porque es lo que garantiza que se mantenga sellada la sinonimia entre teoría y realidad.

Por otra parte, a casi un siglo de desarrollo de esta disciplina –y particularmente teniendo en cuenta el grado de inscripción que ha alcanzado en nuestra cultura y su despliegue de variados y diversos dispositivos “psi” en el campo de la salud, la educación, etc., más el número de mujeres que recurren al psicoanálisis o a psicoterapias más o menos inspiradas en él para analizar sus conflictos–, no sería aventurado interrogarse acerca de los efectos de la teoría sobre las mujeres que el psicoanálisis ha gestado a lo largo del siglo.

En ese sentido es interesante la siguiente puntualización realizada por Gayle Rubin:

El psicoanálisis se ha convertido frecuentemente en algo más que una teoría de los mecanismos de reproducción de las normas sexuales; es ya uno de esos mecanismos. (Rubin, 1986).

En síntesis, es innegable que aquellos planteos feministas que advirtieron que el psicoanálisis puede ofrecer importantes herramientas teóricas para el análisis de la sociedad patriarcal y en particular para la elucidación de sus marcas en la subjetividad de mujeres y hombres, ofrecen una posición superadora muy saludable frente al cerrado oposicionismo de las feministas de las décadas de 1920 y 1930. Sin embargo, este avance no debe permitir que olvidemos que, como esta disciplina es producida en el seno de tal sociedad, es necesario un análisis de las marcas de la sociedad patriarcal en el interior de la teoría misma. (Fernández, 1992).

Dicho análisis cuenta aún hoy con una importante resistencia, propia de muchas formas institucionalizadas del psicoanálisis, por la cual este funciona como totalidad y en tal sentido, se ofrece como un conjunto de “creencias teóricas”, de las que no se duda. Es decir, el corpus teórico se instituye como verdad.

En las relaciones entre feminismo y psicoanálisis, puede observarse que el movimiento ha sido principalmente de las feministas hacia el psicoanálisis. Y en esa dirección puede afirmarse que su producción en menos de 20 años ha sido muy significativa, hasta tal punto que hoy se habla de feminismo psicoanalítico, y dentro de él pueden diferenciarse, incluso, escritos feministas que trabajan los aportes del psicoanálisis adscribiéndose a la corriente de las relaciones de objeto, del yo o lacaniana.

Es interesante observar que los escritos de las feministas que trabajan desde el psicoanálisis lacaniano generalmente se inscriben, a su vez, en el feminismo de la diferencia.

Pero, salvo muy puntuales excepciones, el movimiento no ha sido recíproco. Las instituciones psicoanalíticas, por lo menos en Argentina, no han demostrado interés por interrogar sus propias teorías a partir de los aportes en los últimos 30 años de los Estudios de la Mujer y posteriormente los Estudios de Género. Más bien han “cerrado filas” repitiendo lo desarrollado clásicamente por sus maestros.

Esto no excluye el interés o la curiosidad de algunos/as psicoanalistas frente a las áreas de visibilidad que estos estudios han abierto con respecto a invisibles sexistas en las ciencias humanas en general, o en el psicoanálisis en particular.

Pero las formas más institucionalizadas del psicoanálisis actual no han podido entrar en un diálogo fructífero con aquellas feministas que en los últimos años han comenzado una interesante tarea teórica: entrecruzar los análisis de género con la teoría psicoanalítica3.

La importancia que tendría este diálogo no es sólo teórica ya que muchos analizantes –tanto hombres como mujeres– no pueden ser escuchados en sus sufrimientos de género.

Las feministas contemporáneas a Freud, operaron con un rechazo en totalidad, sin advertir la importancia del Psicoanálisis. Si bien esto cerró, durante bastantes años, posibilidades al interior del feminismo de pensar algunas cuestiones, se basaba en una fuerte intuición política que el tiempo haría evidente. La teoría de la sexuación de este cuerpo doctrinal conlleva un implícito de difícil deconstrucción: naturaliza el patriarcado, dando como un ya dado inconsciente lo que es construcción histórico–social de significaciones imaginarias (Castoriadis, 1988).

Al mismo tiempo, y dado que la cultura “psi” se ha desplegado mucho más allá del campo profesional para convertirse en un sistema explicativo que forma parte de un modo de pensar, de una sensibilidad, ha provisto una narrativa científica para la condición femenina; ofrece causas psíquicas: envidias, pasividades o posicionamientos algo fuera del lenguaje, para aquello que constituye un complejo precipitado de la inferiorización política de un género sexual.

En realidad, la idea de este posicionamiento algo fuera del lenguaje, sólo pone en términos teóricos actualizados la antigua idea platónica que ha atravesado la historia cultural de Occidente, por la cual “la mujer” ha sido simbolizada como naturaleza y “el hombre” como cultura. Una vez más, y en un mismo movimiento, se esencializa la diferencia y se naturaliza la desigualdad social (Scott, 1992).

Así las cosas, los ’90 encuentran al feminismo y al psicoanálisis en una, si no difícil, al menos sí fructífera situación4.

Bueno es aclarar rápidamente que la resistencia a los aportes teóricos del feminismo no tiene por qué deberse a particulares rasgos patriarcales de los/as psicoanalistas. Es un problema mucho más general, más allá de las cuestiones de género, donde si bien éstas quedan incluidas, no es una dificultad específica frente a ellas.

La dificultad estriba en el modo de producción de un régimen de verdad, que establece un tipo particular de afectación por la cual la narrativa de causa psíquica, narrativa válida en el campo disciplinario: un modo de pensar – psicoanalítico– lo inconsciente, se establece como lo que el inconsciente es. Esta creencia realista opera como fuerte resistencia a la hora de intentar pensar de otro modo.

El psicoanálisis ofrece resistencia a trabajos deconstructivos cuando se instituye como un gran relato (Fernández, 1994), es decir, cuando transforma en verdad sus narrativas y se ofrece en la ilusión de una teoría “completa”.

Los años ’90 parecieran ser tiempos de crisis de los grandes relatos; en el idioma chino, el vocablo crisis sostiene dos ideogramas: uno refiere a peligro y otro a oportunidad. En tal sentido, la crisis de los grandes relatos si bien presenta el peligro de la caída de sistemas de sentido, ofrece la oportunidad de replantearse verdades instituídas, de recuperar ciertos aspectos de la imaginación radical obturados en las formas instituídas de prácticas y teorías. En suma, oportunidad de abrir áreas de visibilidad que dichas cristalizaciones impiden.

Puede afirmarse que hay una relación necesaria y no contingente entre los efectos de verdad de un dispositivo –el psicoanálisis en este caso– y sus principales invisibles no enunciables.

En lo específico de la cuestión de género, confluye con la institución de un régimen de verdad, el hecho de que sus teorizaciones se han efectuado sobre la ya mencionada naturalización del patriarcado y una lógica de la diferencia –propia del mismo– que excluye y/o inferioriza las diferencias.

La naturalización del patriarcado tiene, en primer lugar, una consecuencia política; el operar desde tal lógica de la diferencia, tiene a su vez consecuencias epistemológicas. Una y otra se sostienen mutuamente y son pilares centrales del dispositivo.

3. De orígenes y defectos

Los textos freudianos ofrecieron las categorías lógicas de la diferencia que han permanecido intactas a través de los pensadores posteriores. Las diferencias entre Freud, M. Klein y Lacan, por ejemplo, son sin duda de suma relevancia, pero son diferencias conceptuales; es decir que los pensadores posteriores a Freud realizaron desarrollos de alguna área en particular del corpus psicoanalítico, o reformularon –magistralmente en el caso de Lacan– ejes de dicho corpus. Pero ejes conceptuales: desplegaron nuevas formas de narrar lo inconsciente; incorporaron aportes de otras disciplinas de las ciencias sociales o de la filosofía con que Freud no contaba; establecieron diferentes ejes para pensar la clínica –esto es muy evidente tanto en M. Klein como en Lacan5 – pero en ninguno de ellos se modifican los a prioris lógicos desde donde pensar la diferencia.

Un ejemplo que puede resultar ilustrativo al respecto es un texto de O. Mannonni (1979) donde desarrolla la temática de la producción de creencias.

En “Ya lo sé, pero aún así…”, capítulo de “La otra escena. Claves de lo imaginario” (Mannoni, 1979) toma la cuestión de la producción de creencias apoyándose en dos trabajos de S. Freud de gran importancia en este punto. Son “El Fetichismo”, de 1927, y “La escisión del Yo en los procesos de defensa”, de 1938.

“El niño cuando toma por primera vez conocimiento de la anatomía femenina descubre la ausencia de pene en la realidad, pero repudia el desmentido que la realidad le infringe, a fin de conservar su creencia en la existencia del falo materno. (Freud, 1968) … La creencia en la existencia del falo materno es conservada y abandonada a la vez; mantiene respecto a esa creencia una actitud dividida… Lo que ante todo es repudiado es la desmentida que una realidad inflige a una creencia… El fetichista ha repudiado la experiencia que le prueba que las mujeres no tienen falo, pero no conserva la creencia de que lo tienen, conserva el fetiche, porque ellas no tienen falo. La renegación por la cual la creencia subsiste después de la desmentida, se explica según Freud por la persistencia del deseo y las leyes del proceso primario”.

A partir de allí, Mannoni abre dos reflexiones que sostiene una desde Freud y la otra desde Lacan. Desde el primero: no hay creencia inconsciente. Desde el segundo: la creencia supone el soporte del otro. En función de esto, con los aportes de ambos pensadores –salvando las diferencias– Mannoni puede dar cuenta tanto de un fetiche privado como de una creencia colectiva.

Hasta aquí puede acordarse; el problema se presenta cuando enuncia “la renegación del falo materno trazaría el primer modelo de todos los repudios de la realidad y constituye el origen de todas las creencias que sobreviven al desmentido de la experiencia”.

“La creencia de la existencia del falo materno, es el modelo de todas las transformaciones sucesivas de las creencias”6.

Se presentan, a partir de estas afirmaciones, dos problemas:

a) Descubrir que la diferencia de los sexos sea insoportable es ya imaginario. Que la diferencia –sexo femenino– tenga que ser pensada como igualdad –pene amputado– es una significación colectiva, algo producido socialmente y no algo dado.

Porque la diferencia es significada colectivamente como insoportable es que se hace necesario desmentirla, y construir un repudio e inventar un fetiche. El cuerpo teórico no “ve” que hay una construcción previa de significaciones, anterior al “descubrir” infantil que organiza uno de los sentidos de tal descubrir.

Para no ver, realiza una serie de operaciones de naturalización. Sin duda una de las más significativas es la naturalización de la inferiorización de la diferencia de los sexos. Al tomar como un ya dado, algo construído por la imaginación colectiva pierde –por invisibilización– la posibilidad de indagar la dimensión política de la sexuación. Niños y niñas no sólo advertirán la diferencia, sino que sus procesos de sexuación no se completarán si no logran creer en el defecto femenino.

b) ¿Por qué pensar que esta producción del niño, o del fetichista está “en el origen” de la producción de creencias? ¿Por qué pensar que la creencia de la existencia del falo materno es el modelo de todas las transformaciones sucesivas de las creencias?

Pensar una cuestión –cualquiera sea– desde una referencia a su origen – cualquiera seaposiciona a quien enuncia tal cuestión en un particular modo de pensamiento, que hoy es necesario –por lo menos–, interrogar. Particularmente porque nuestra cultura conserva –tanto en el lenguaje coloquial como en el científico– un significativo grado de naturalización-invisibilización al respecto.

Nietzsche (Foucault, 1980) ha sido tal vez uno de los pensadores que con más lucidez ha desmontado algunas de las implicancias que se sostienen en esta noción. Ella supone que en el origen se encuentra la esencia exacta de la cosa, su más pura identidad cuidadosamente replegada sobre sí misma y preservada de todo aquello externo, accidental y sucesivo. Buscar el origen es levantar las máscaras de la apariencia para develar lo esencial.

Al mismo tiempo el origen esencial supone que en sus comienzos las cosas estaban en su perfección. La idea de perfección supone no sólo una referencia divina sino que coloca al origen en un lugar de verdad.

Esta verdad divina del origen habilita tanto para refutar el error como para oponerse a la apariencia.

Entonces decir que en el origen de la producción de desmentidas se encuentra la creencia de la existencia del falo materno, instituye una verdad esencial –el defecto del cuerpo de mujer–. Transforma en esencial aquello que no es otra cosa que producción histórica de las significaciones imaginarias que instituyen lo propio de hombres y mujeres. Si es esencia y es verdad es un ya dado universal ya no biológico, ahora inconsciente y por lo tanto se pierde de interrogar semejante rareza de la cultura.

Por otra parte, cuando afirma que es el origen de la producción de creencias, psicologiza; es decir ofrece una narrativa psicológica para explicar complejos procesos religiosos, culturales, políticos. Si explica, traspola. Si explica y traspola, produce ideología.

Sería más pertinente afirmar que el psicoanálisis permite entender las condiciones de posibilidad por las cuales el sujeto de deseo –término teórico, no las personas– puede construir creencias que desmientan la realidad. Da cuenta de la potencialidad de la subjetividad para repudiar una realidad siniestra, para desmentirla produciendo una creencia, un fetiche, una ideología, una utopía, etc. Es decir, hace inteligibles las condiciones de la subjetividad por las cuales el sujeto de deseo –en tanto tal– puede construir creencias que desmientan una realidad insoportable7

Esto es diferente de aplicar una narrativa “psicológica” sobre el origen, que

  1. aplica el modelo del trauma del descubrimiento de los sexos a los acontecimientos colectivos.
  2. naturaliza que el “descubrimiento” sea un trauma.
  3. identifica un tipo particular de trauma, en función del a priori de Lo Mismo.

Para decirlo en palabras de Judith Butler (Butler, 1992):

“El lenguaje psicológico que intenta describir la fijeza interior de nuestras identidades como mujeres o como varones funciona para reforzar una cierta coherencia y para impedir convergencias de identidades de género y todo tipo de disonancias de género, o cuando existen, para relegarlos a los primeros estadíos de una historia de desarrollo, y por lo tanto normativa (…) Parece crucial resistirse al mito de los orígenes interiores, comprendidos ya sea como naturales o fijados por la cultura”.

Los dos problemas que el texto de Mannoni plantea:

  • naturalizar la diferencia sexual como insoportable
  • pensar la verdad por el origen, son tributarios de un modo binarista de pensar las diferencias de antigua tradición en la cultura occidental, por lo cual, como se decía líneas arriba, “se esencializa la diferencia y se naturaliza la desigualdad social” (Scott, 1992).

Este no es un “error” de Mannoni, o del psicoanálisis, se inscribe en un modo de construir el mundo en términos binarios. De allí la importancia de los trabajos de-constructivos.

4. De-construcciones: epistemología y política8

De-construir implica analizar en los textos las operaciones de la diferencia y las formas en que se hace trabajar a los significados. Dentro de las parejas binarias el término primario o dominante deriva su privilegio en una supresión o limitación de sus a prioris. Igualdad, identidad, presencia, lenguaje, origen, mente, razón, son términos privilegiados en relación a sus opuestos que son vistos como variables bajas, impuras del término primario. Así por ejemplo la diferencia es la falta de identidad o semejanza, la ausencia es la falta de presencia, etc.

El modo de-constructivo provisto por Derrida (Derrida, 1989, b) articula la inversión y el desplazamiento de las oposiciones binarias, de manera tal que hace visible la interdependencia de términos aparentemente dicotómicos y la manera como su significado se relaciona con una historia genealógica y particular construidos para “propósitos particulares en contextos particulares” (Gross, 1992). Hace visible que las oposiciones no son naturales sino construidas. Es en tal sentido que la de-construcción intenta seguir los efectos sutiles y poderosos de la diferencia en acción, dentro de la ilusión de una oposición binaria.

Tal vez este aspecto sea una de las cuestiones más importantes que la de-construcción posibilita en tanto desnaturaliza patrones de significado que son utilizados diariamente, y que los cuerpos teóricos incorporan sin advertir sus implicancias epistémicas y políticas. Para la de-construcción de la teoría psicoanalítica en lo que a cuestiones de género respecta, es necesario articular dos dimensiones de trabajo:

  1. Dimensión epistémica: Deconstrucción de la Episteme de lo Mismo, para poder pensar la diferencia de otro modo (Fernández, 1993). Dicha deconstrucción supone una elucidación crítica de las categorías epistémicas desde donde el psicoanálisis ha pensado la sexuación que pueda quebrar el impasse donde tal Episteme lo ha colocado. Esto supone poner en interrogación la lógica de la diferencia desde donde esta teoría ha organizado sus conocimientos; elucidar la persistencia de una lógica por la cual la diferencia sólo puede ser pensada a través de parámetros jerarquizantes que invisibilizan posiciones fundamentales de la subjetividad de las mujeres. Lógica de la diferencia por la cual se homologa Hombre=hombre, invisibilizando aquello genérico femenino por no homologable a lo masculino; lógica de la diferencia por la cual cuando lo diferente se hace presente, es pensado como inferior, complemento o suplemento de lo Uno, único, universal y masculino.
  2. Dimensión política: deconstrucción genealógica de las categorías conceptuales, por ejemplo: lo activo–lo pasivo, objeto–sujeto de deseo; esto implica una indagación histórica de cuándo, cómo y por qué se instituyeron, cómo se significaron lo femenino–masculino en determinados tiempos históricos y, fundamentalmente, cuándo la teoría rompe con el esencialismo de lo femenino y lo masculino y cuándo no puede hacerlo.

Esto permite quebrar el hábito de pensar las categorías conceptuales como a–históricas y universales (esencias) y al mismo tiempo encontrar los puentes entre estas narrativas teóricas y los dispositivos político-sociales que sostienen.

Dicho de otro modo, un análisis genealógico que permita abrir visibilidad respecto de las inscripciones histórico-sociales en la construcción de la subjetividad –femenina y masculina– que sostienen una forma particular de orden político-social: el patriarcado9. Condición (femenina y/o masculina) pero no esencia, ni estructura inconsciente universal, modo de ser histórico-social en su dimensión subjetiva. Marcas en la subjetividad del ordenamiento socio-político de los géneros.

En tanto las invisibilidades epistémicas y políticas puedan dejar su condición de tales, se abre un camino de rearticulación del campo teórico que sin lugar a dudas podrá llegar a ser muy significativo tanto para las preocupaciones teóricas de la opresión de género, como para el campo de la escucha psicoanalítica.

Teoría institucionalizada que no puede o no quiere escuchar significativos aportes de elucidación crítica que puntúan sus marcas sexistas. Mujeres y hombres en tratamiento que no son escuchados en sus padecimientos de género.

¿Qué distorsiona, impide, cierra la escucha? Posiblemente –y entre otras cosas– la resistencia al dislocamiento necesario de un cuerpo doctrinal, en este caso el psicoanálisis, para poder utilizar dicha disciplina en el abordaje de cuestiones que en el enlace con otras nociones de otros campos de saberes, permitan la reflexión de regiones que por su complejidad no pueden ser abordadas unidisciplinariamente.

En un sentido más general, puede decirse que encontrar la articulación de estas cuestiones, hallar una forma de indagación inclusiva y no excluyente de los aportes de diversos territorios disciplinarios, significará avanzar en uno de los impasses más persistentes de las ciencias humanas, cual es la articulación de aquello que ellas previamente han separado: “lo social” y “lo mental”.

Para ello hay que reconocer, como se planteaba líneas arriba, una dificultad: la falta de tradición en la cultura psicoanalítica de trabajar nociones de dicho campo como parte integrante de una caja de herramientas de pensamiento.

Es posible que dicha dificultad estribe en el modo de producción de un régimen de verdad, que establece un tipo particular de narrativa válida en el campo disciplinario: un modo de pensar –psicoanalítico– lo inconsciente, se establece como lo que el inconsciente es. Esta creencia realista opera como fuerte resistencia a la hora de intentar pensar de otro modo.

En estrecha implicancia con el modo de producción de sus regímenes de verdad, instituye un modo particular de pensar las determinaciones al modo causal (De Brasi, 1996) por el cual la causa psíquica se transforma en La Causa. Problema epistemológico sin duda, pero a esta altura de los acontecimientos sería muy difícil diferenciarlo de modos políticos de operar de la mayoría de las instituciones psicoanalíticas.

Los aportes psicoanalíticos son de suma importancia en una caja de herramientas del campo de problemas de la subjetividad (Fernández, 1996). Pero para ello, como cualquier otra teoría que haya organizado férreos sistemas teórico-institucionales, es necesario:

  • Problematizar los efectos de verdad del dispositivo psicoanalítico.
  • Genealogizar las condiciones históricas de producción de sus conceptos.
  • Elucidar sus efectos en el disciplinamiento social.
  • Deconstruir los binarismos donde ha quedado atrapado su tratamiento de la diferencia.

Y esto es de capital importancia para el futuro productivo de dicha disciplina ya que en toda teoría hay una relación necesaria entre los efectos de verdad y sus invisibles noenunciables. Su posibilidad de desplegar nuevos horizontes de inteligibilidad estriba en poner toda su capacidad crítica en esta ecuación teóricoinstitucional. Es decir, transitar –para usar una palabra de Heidegger–, sus impensados.

Cuando el trabajo deconstructivo–genealógico se realiza en torno a la cuestión de género, articular la dimensión epistémica y la dimensión política10 pone de manifiesto, hasta dónde, cuando un cuerpo teórico esencializa, la constitución de la subjetividad, ahora en un ya-dado simbólico, forma parte de las instituciones que reciclan la subordinación femenina.

Por el contrario, cuando puede disociar sus construcciones teóricas, se coloca como elemento insustituíble no sólo para comprender el malestar de género de hombres y mujeres, sino también para dar lugar a la conceptualización de las profundas transformaciones que se encuentran hoy en proceso de la subjetividad de hombres y mujeres.

Tal tarea deconstructivogenealógica es, sin duda, una actividad teórico–académica que –bueno es aclararlo– exige gran rigurosidad, pero la decisión de realizarla es política.


Bibliografía

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Citas

1 Para un análisis de la dimensión política de los actos de nominación, véase Bourdieu, P., 1985.

2 El subrayado es mío.

3 Uno de los aportes más interesantes al respecto es el de Dío–Bleichmar, 1985.

4 Para un interesante análisis de la complejidad actual de esta relación, ver Butler, 1992.

5 Para un análisis crítico de los aportes de Lacan en la constitución de la femineidad, ver los trabajos de Emilse Dío–Bleichmar, 1993 y 1991.

6 El subrayado es mío.

7 He desarrollado más extensamente esta cuestión en Del imaginario social al imaginario grupal, en Fernández – De Brasi, 1993.

8 He desarrollado más extensamente estas cuestiones en La mujer de la ilusión (1993) y en De eso no se escucha: el género en Psicoanálisis (en Burín–Dío–Bleichmar, 1996).

9 Al interior del debate feminista en la actualidad, la noción de Patriarcado se ve sometida a su de-construcción, al igual que identidad femenina y género. Creo que no hay que confundir la de-construcción con una procesadora (en el sentido doméstico) de los conceptos. Los primeros usos de la noción de patriarcado se realizaron desde una perspectiva estructuralista (estructura patriarcal) y en tal sentido le caben las críticas realizadas a la noción de estructura: énfasis en la reproducción y no en la transformación, subrayado de lo idéntico en desmedro de lo diverso, etc. Aquí se utiliza dando cuenta de un modo de orden político–social en el cual están instituídas formas de ejercicio del poder de los hombres sobre las mujeres, donde ambos géneros son marcados por consecuencias político–económicas, culturas subjetivas y eróticas de tal ordenamiento. Para la actualización de este debate, ver Benhabib y Cornella, 1990 y Nicholson (Comp., 1992). También Tubert, S., Psicoanálisis, feminismo y postmodernismo”, (en: Burín–Dío– Bleichmar, 1996).

10 He dado un tratamiento más extenso de esta articulación en De eso no se escucha: el género en Psicoanálisis, 1996.

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Los estudios de género en Colombia: entre los límites y las posibilidades

Gender studies in Colombia: between limits and possibilities

Estudos de gênero na Colômbia: entre limites e possibilidades

Angela María Estrada M.*


* Psicóloga, Magister en Investigación y Tecnología Educativas, Candidata a Doctorado en Filosofía. Investigadora – Docente. Directora del Programa de Maestría en Psicología Comunitaria. Facultad de Psicología. Universidad Javeriana.


Resumen

En una primera parte la autora presenta una elaboración personal sobre los desplazamientos y las convergencias contemporáneas en relación con la concepción del género –categoría de las teorías feministas–. Parte de un somero análisis de las dos olas del feminismo, la primera caracterizada por una orientación del movimiento y dirigido prioritariamente a la conquista de derechos civiles para las mujeres, mientras que la segunda constituye una dinámica de doble registro –académico y político–, con una tendencia creciente a la teorización y a la transdisciplinariedad. Precisa los matices de tres momentos diferenciados de la concepción del género en cuanto tal, para entrar –invitando a desprejuiciar la mirada– a postular una relación de disciplina a objeto entre las teorías feministas y el género. En una segunda parte expone el ‘estado de la cuestión’ en el campo de los estudios de género en Colombia a partir de una muestra de 64 documentos, para lo cual construye y elabora 10 ejes que configuran la investigación de género en Colombia. Finalmente, hace un análisis de la presencia y ausencia diferencial, tanto de una concepción de género, como de la experiencia concreta de personas situadas, entre las distintas modalidades de producción intelectual existente en el campo. Formula por último los retos que se le plantean a éste, tanto desde la perspectiva institucional, como para la investigación.


Presentación1

Ha sido una tarea grata y al tiempo de costos emocionales, abordar la iniciativa de realizar un ‘estado del arte’ sobre los estudios de género en Colombia. Sin lugar a dudas necesario, si se tiene en cuenta que no existía entre nosotros un intento de balance. Digo intento, pues al trabajar con una muestra documental, siempre se quedará por fuera algo importante.

El énfasis de la mirada se puso en los retos que deberá abordar el campo de los estudios de género para consolidar una posición de aporte a la compleja problemática actual de nuestra cultura. Su realización es fruto de una actitud paciente y honesta, que implicó un esfuerzo sistemático de análisis de la producción intelectual existente. Tengo confianza en que será usado como material de reflexión al interior de los equipos y grupos de trabajo2.

Desplazamientos y convergencias contemporáneas del género3

– Las dos olas de feminismo

Para algunas autoras –entre ellas Joan Scott4–, en muchos casos el género configuró la fachada neutral y despolitizada con la cual las teorías feministas5 hicieron su ingreso a la academia, perdiendo, en muchos casos, su claridad y fuerza política.

Entre nosotros, no pocas veces se afirma la existencia de una distinción entre feminismo y estudios de género, refiriendo el primero a un uso ideológico–político y radical de un discurso en defensa de los derechos de las mujeres, mientras que los estudios de género, en cambio, serían vistos como los procesos propios de un campo aparentemente más neutral, científico y con potencial para el desarrollo crítico.

Aunque de origen incierto, se afirma que el uso de la noción de feminismo comenzó a generalizarse en Francia a partir de la última década del siglo pasado, como sinónimo de emancipación de la mujer6. El feminismo se ha debatido históricamente en torno al complejo problema de la igualdad y la diferencia, apuntando a resolver la aparente paradoja en términos de afirmar la igualdad –equidadético– política y la diferencia en las prácticas y condiciones sociales de la existencia personal y colectiva.

El feminismo es –de otro lado– una historia de organización de las mujeres (en asociaciones de vecinas, amas de casa, etc.), en torno a las luchas en la esfera pública tales como la igualdad de derechos ante el sufragio y la educación, la búsqueda de protección de la mujer trabajadora y de la maternidad, la defensa contra la violencia intrafamiliar y la búsqueda de la paz.

Como cualquier proceso político, también el feminismo7 alcanza históricamente un momento en el cual la práctica política ya no es suficiente, imponiéndose la reflexión y la teorización que permitan el análisis y la crítica. Es este un momento decisivo en el cual el movimiento político y los grupos académicos encuentran espacios para la construcción de preguntas comunes que tienen sustento en la experiencia concreta de las mujeres y de sus movimientos políticos y un tratamiento científico en la academia8: es este uno de los campos donde se parte de rechazar la neutralidad valorativa del conocimiento y de la diferenciación entre la neutralidad y la imparcialidad9.

Globalmente, se acepta que el feminismo ha pasado por dos olas bien diferenciadas: una con énfasis exclusivamente político, orientada a la conquista de la equidad en el plano sociopolítico y una segunda, cada vez más teorética, abierta a las diferencias y a la crítica de la cultura. Ola que hace parte del conjunto de voces de crítica al positivismo y a las metáforas biologicistas de las teorías de las ciencias sociales, así como de los sesgos falogocéntricos10.

El feminismo entra a la academia por la vía de la creación del campo de los Estudios de la Mujer, en muchos casos con poca o ninguna relación con el resto de las disciplinas científicas. Tal campo se transforma rápidamente en el de los Estudios de Género, desde el cual comienzan a tenderse puentes hacia las distintas disciplinas sociales y también, menos, con la Filosofía.

– Tres momentos en la conceptualización del género

La noción de género11 fue acuñada en la literatura anglosajona, particularmente en el campo de la antropología feminista, para hacer referencia a la construcción social de las diferencias sexuales a lo largo de la historia y en las diferentes culturas, construcciones de las cuales se derivan los imaginarios culturales y las instituciones sociales, los modelos de socialización y de atribución de la feminidad y la masculinidad y los procesos subjetivos de mediación en los cuales se dirime y construye la identidad personal.

Se encuentran, sin embargo, en la literatura especializada transformaciones en la elaboración de la noción que marcan matices dignos de ser considerados. Se trata de una interpretación que puede no ser del todo compartida, pero que pretende caracterizar la evolución de la noción en el contexto de esta literatura:

Momento 1: El sistema sexo/género. Se debe a Gayle Rubin12 quien en 1975 publicó su artículo ‘El tráfico de mujeres: notas sobre la «Economía Política» del sexo’, texto que sigue siendo una referencia obligada para la comprensión de la noción: “…un «sistema sexo/género» es el conjunto de disposiciones por el que una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana, y en el cual se satisfacen esas necesidades transformadas.” (p. 97).

Aquí el foco de mirada del género era la mujer y más bien en el sentido de un sistema cerrado en sí mismo; aún cuando no se puede desconocer el papel que jugó la propuesta de Rubin, en el sentido de contribuir a ‘desnaturalizar’ nuestra concepción cultural de la feminidad –reificada con el aporte de los ‘relatos’ científicos–, desarticuló la red de relaciones sociales en la cual se construye la feminidad, al ser heredera de una concepción marxista del poder, entendido como el medio de dominación absoluto de unos sobre otros, aunque sin duda abriendo la mirada exclusiva desde las relaciones de clase. También el sexo fue puesto como la base material para las construcciones sociales, atribuyéndole así su carácter de existencia como realidad biológica diferenciable.

Momento 2: La mirada sobre la mujer es también mirada sobre el hombre. El género como categoría relacional. Joan Scott definió el género, en 1985, en los siguientes términos: “… El núcleo de la definición reposa sobre una conexión integral entre dos proposiciones: el género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos y el género es una forma primaria de relaciones significantes de poder. Los cambios en la organización de las relaciones sociales corresponden siempre a cambios en las relaciones de poder, pero la dirección del cambio no es en un sólo sentido…” (p. 289)13.

En su trabajo la autora hace referencia explícita a la naturaleza relacional de la categoría género, en la medida en que enfoca prácticas sociales y relaciones de poder históricamente situadas y cómo tales relaciones se dan entre hombres y mujeres. No es posible estudiar la mujer y la feminidad, sin la comprensión del hombre y la masculinidad.

En ese sentido, aparece el aporte de Linda Alcoff14, quien a propósito del tipo de paradojas que han encontrado las teorías feministas una vez acceden a la cuestión sobre si existe o no una esencia femenina y en qué consistiría, propone una lúcida distinción entre una esencia femenina inexistente y la naturaleza situada del sujeto –y dentro de éste a las mujeres concretas en momentos particulares de la historia–, con lo cual el género adquiere valor posicional.

En efecto, partiendo del contexto postestructuralista, se propone focalizar la noción de experiencia de Teresa de Lauretis, quien basa su definición sobre prácticas y eventos concretos. Tal autora afirma que es necesario no sólo el análisis del lenguaje, sino que a través del análisis y del autoanálisis de los hábitos y las prácticas es posible rearticular la subjetividad femenina y comprender cómo es concebida y construida una subjetividad históricamente situada.

Momento 3: las tecnologías y la deconstrucción del género. Con el énfasis de Lauretis15 en reconstruir la perspectiva propia de las teorías feministas y no feministas en la concepción del sujeto (lo femenino y lo masculino) y su relación con las instituciones, con las prácticas sociales y con los procesos subjetivos, se abre camino la noción de experiencia como prácticas concretas de subjetivación.

Es así que la autora reencuentra el valor político del feminismo, ya que no se trata de luchar a favor o en contra de la mujer–ficción del postestructuralismo, sino de reconstruir posiciones concretas sociohistóricas, para desde ahí realizar una “…crítica de los discursos científicos y la representación imaginativa de nuevos espacios y formas de comunidad”. (p. 85).

Es Judith Butler16 quien hace un esfuerzo por entender las implicaciones de la concepción foucaultiana de la inscripción de discursos históricos en el cuerpo, haciendo énfasis en la comprensión de una identidad incardinada (encarnada). En efecto, cuando Foucault17 afirma que el poder atraviesa los cuerpos, no entra a explicar cómo tiene lugar ese proceso de subjetivación. Butler definitivamente hace un aporte muy sustantivo allí.

No obstante, su distinción entre materia y materialidad es también muy útil para la discusión que aquí se está planteando, pues muestra cómo el cuerpo mismo pasa de ser materia pura para constituirse en materialidad, en la medida en que es informado por la serie de discursos históricos18.

De otro lado, al hacer evidente el hecho de que la noción de género hasta ahora vigente ha aceptado y asumido acríticamente la idea de que la bipolaridad biológica tiene su correspondiente psíquica, da paso a la proliferación de los géneros19 y a la deconstrucción20 de la concepción bipolar de los mismos. No se trata tanto de una concepción andrógina del sujeto, cuanto de poner en cuestión la matriz heterosexual como el único campo legítimo para la subjetivación, la construcción del deseo y la identidad.

– Desprejuiciemos la mirada. Feminismo y estudios de género: una relación de disciplina a objeto

Quisiera proponer, siguiendo a algunas teóricas y teóricos contemporáneos, la siguiente tesis esclarecedora sobre las relaciones entre feminismo y estudios de género, en el registro epistemológico: el feminismo constituye hoy en día un campo académico para la construcción de matrices transdisciplinares que buscan abrir miradas comprensivas sobre temas– problema específicos propios de la construcción histórica de las relaciones de género, en el nivel normativo social, en el cotidiano personal, y en el de su transformación, las cuales serían su objeto (la epistemología también es política)21.

Dada la capacidad de los estudios de género para visibilizar lo invisibilizado teórica e históricamente, deconstruír lo tomado por dado (naturalizado) al interior de las distintas disciplinas, y ser generativo22 de nuevos abordajes y comprensiones, los desarrollos desde esta perspectiva tienen el potencial para poner en cuestión supuestos y concepciones fuertemente endurecidas y naturalizadas, tanto al interior de las distintas disciplinas como de la cultura en general (formas colectivas e individuales de representación de los géneros, de sus roles y las relaciones de poder).

La construcción de matrices transdisciplinares ha sido propuesta23 como alternativa para la eliminación de los reduccionismos propios de cualquier mirada unidisciplinar, el cuestionamiento de la existencia de ‘disciplinas reina’ que demande una condición hegemónica o de privilegio para dar cuenta de cualquiera de los tema–problema delimitados en un momento dado, para el desarrollo de “matrices generativas” (cuya función crítica es identificar divergencias y convergencias disciplinarias en relación con el tema–problema, así como la puesta en crisis de las zonas disciplinares de máxima evidencia), y la construcción de redes de epistemología crítica desde las cuales sea posible la deconstrucción y la reconstrucción teórica.

Se puede afirmar que un indicador objetivo de los avances académicos del feminismo está dado por el surgimiento y fortalecimiento de los espacios de ‘Women Studies’ en las instituciones universitarias. Sin embargo, antes que el género, el objeto de trabajo del feminismo durante la segunda ola, fue la mujer. La mujer considerada como el género necesitado de comprensiones teóricas y científicas menos ideologizadas que las construidas a lo largo de la historia de la cultura occidental.

Pero también la mujer, como sujeto pleno de derechos y necesitado de modelos de desarrollo y de superación de la pobreza, en tanto que comienza una incursión femenina masiva en el mercado laboral, caracterizada por muy bajos niveles de cualificación técnica, excluida de los enfoques de otorgamiento de crédito para el sector informal de la economía, pero abocada a asumir la totalidad de las responsabilidades para atender las necesidades del grupo familiar. Las mujeres jefes de hogar comienzan a configurar un patrón altamente significativo en todos los países del tercer mundo, e incluso –aunque por razones y en condiciones diferentes–, en los del primero.

Es en el contexto de los ‘Women Studies’ donde se construye la noción de género, dando paso a los ‘Gender Studies’, una categoría crítica que pone en cuestión la determinación biológica de las diferencias psicológicas y sociales entre los sexos; en efecto, aunque en este contexto, como ya se mencionó, no se desconoce la existencia de una binariedad biológica, se duda de su capacidad para determinar las diferencias psicológicas y sociales y se plantea el reto de construir abordajes generativos para la resignificación de las relaciones entre los géneros.

– Desplazamientos teóricos del género en la literatura internacional

Es posible plantear algunos tópicos que parecen tener el tinte de nuevas convergencias:

Del ‘mujerismo’ a la historización de las relaciones de género: implica utilizar el género de modo crecientemente riguroso en el sentido relacional, por tanto inscrito en relaciones histórico–sociales concretas. No obstante lo dicho, y a pesar de que como se verá más adelante, parte de los patrones de esta época tienen que ver con el abandono de la ‘victimización’ que pudo estar presente en épocas anteriores, no se pretende neutralizar el subíndice político (en el sentido teórico y emancipador) de la categoría de género, ni neutralizar la función crítica y de cambio social y cultural que constituye parte de su valor teórico.

Del ‘esencialismo’ a la construcción social de los géneros: se trata de una tendencia firme y decidida a precisar el uso de las nociones de lo masculino y lo femenino, así como las de hombre y mujer, como momentos históricos de la construcción de los géneros. La noción misma del género se transforma y cualifica a lo largo de dos décadas de construcción teórica: de sistema complejo –que condensa el sexo, las representaciones culturales y los modelos de socialización sobre lo que es propio de cada uno de los sexos–, a la incardinación en el cuerpo de los discursos de género culturalmente más legitimados y acumulados a través de los procesos de socialización.

De la ‘actitud contestataria y victimizante’ a la búsqueda de alternativas de transformación de la cultura y de los modos de convivencia. A esta altura no sólo se hace evidente la necesidad de superar la actitud de denuncia, seguramente necesaria en un primer momento, sino más allá de esto avanzar en el señalamiento crítico de los sesgos falogocéntricos, presentes en las distintas disciplinas sociales, en las disciplinas de la salud (tanto física como mental) y en la filosofía: la teoría feminista aparece como un patrón de reconstrucción de enfoques psicosociales y ético–políticos, ante la caída del socialismo y de los metarelatos.

La masculinidad, originariamente representada como el género ‘no problemático’, entra en crisis, validándose por sus consecuencias la concepción relacional del género (los procesos sociales de reconstrucción de una identidad emancipada en los que han avanzado las mujeres a lo largo del siglo, contribuyen, aunque no sean la causa, a la pérdida de legitimidad de la masculinidad). Aparecen los ‘Men Studies’ y los grupos de autoayuda masculina comienzan a proliferar: los hombres se declaran necesitados de repensar su identidad.

Igualmente, la conyugalidad, la relación amorosa, las relaciones madre hija, la atribución de la maternidad a la mujer24, la noción unificada de identidad personal, así como la apertura a la comprensión de la proliferación de identidades fragmentarias, hacen parte de los problemas que se abordan para darle un tratamiento que aporte nuevos modelos para la convivencia humana, abiertos a la pluralidad y al respeto, desde los cuales se redefinan las condiciones de oportunidad justa para todos y todas.

De la asunción sistémica de las teorías a la concepción de caja de herramientas. Otro de los elementos que caracteriza los desplazamientos de la teoría feminista está dado por el abandono del uso de las teorías científicas como cosmovisiones –modos de ver el mundo–, moviéndose en el sentido planteado por Foucault25, de su uso como caja de herramientas.

En efecto, el abandono de la concepción de representación como subíndice del valor de lo teórico y la aceptación de la imposibilidad de la universalidad como características de las teorías de las ciencias sociales26, conduce a que las teorías feministas, como muchos otros campos disciplinares y científicos actuales, adopten la crítica cultural generativa, para hacer evidentes los espacios de libertad que aún nos quedan.

Es posible afirmar que el feminismo como campo disciplinar se mantiene hoy día vigente, a pesar de que también surgen propuestas anti y post feministas. En efecto, incluso al interior de los movimientos de hombres que comienzan a surgir en distintas latitudes, aparecen fracciones autodenominadas feministas (para indicar que comparten las luchas de las mujeres y que se suman a sus propuestas de transformación de la experiencia concreta).

Independientemente de cual sea el futuro desenvolvimiento del feminismo como campo transdisciplinar, asunto para el cual los propios procesos de crítica y autocrítica están en condiciones de generar, bien la total refundación, o bien la reorientación del campo, espero haber mostrado el sentido profundamente académico y el conjunto de las funciones generativas hasta ahora desempeñadas por el feminismo.

Unas palabras finales para complementar el análisis expuesto hasta aquí en relación con el feminismo en América Latina. El movimiento social de mujeres en el subcontinente, según Jane Jaquette27, ha tenido tres patrones de movilización: la lucha por los derechos humanos (personificada en las madres de la Plaza de Mayo), las luchas de las mujeres populares (principalmente dirigidas al mejoramiento de su calidad de vida) y el feminismo (cuya función académica y teórica es aportar comprensiones y modelos que contribuyan al cambio de las relaciones de género y que prevengan contra la reproducción cultural y social de los modelos que se busca superar).

Finalmente, quisiera hacer énfasis y reconocer que entre nosotros, la actitud dogmática no se encuentra ausente del campo del feminismo, como no lo está de la mayoría de los campos de la vida académica y social. Sobre todo dado nuestro contexto cultural, tradicionalmente autoritario. No obstante, el uso dogmático de cualquier noción, en cabeza de personas concretas, no invalida tales nociones; solamente pone de presente su uso indebido. Ahora bien, mal podría estar la crítica a tal actitud, a su vez sustentada en una actitud excluyente e intolerante.

Los estudios de género en el contexto colombiano: un balance provisional

Con el fin de avanzar en la comprensión del ‘estado de la cuestión’ en el campo de los estudios de género en Colombia, se adelantó un análisis de carácter cualitativo28, con base en una muestra documental que incluyó 64 textos. Después de una evaluación rigurosa y satisfactoria de ésta, todos los análisis se refieren a esa base como un conjunto representativo de la totalidad de la producción intelectual sobre género en Colombia. No se encuentran por supuesto todos los documentos que seguramente deberían estar.

Las primeras referencias datan del año 77, década en la cual, como en la siguiente, las publicaciones del campo deben grandemente a la labor editorial pionera de Magdalena León. La producción intelectual comienza a tener un volumen significativo a partir de 1994 (ver Gráfica 1.), lo cual puede ser, en parte, efecto de la actividad preparatoria a la Conferencia de Beijing 95, pero también un indicio de madurez de la actividad científica e intelectual.

– Las múltiples voces de la investigación sobre género en Colombia29

La lectura analítica de los documentos incluidos en la muestra permitió construir unos Ejes Temáticos que configuran la investigación de género en Colombia. En la Tabla 1 se ubica, para cada uno de los ejes, según tipo de documento, la frecuencia que aporta a su composición y el número total de referencias incluidas en cada uno de los ejes (ya que un documento pudo ser clasificado en más de un eje, el número total de referencias es mayor al número de documentos). Describamos un poco cada uno de los ejes:

1. Propuestas y análisis de la política pública: Integra trabajos cuyo contexto es la búsqueda de una representación equitativa de las necesidades de las mujeres en nuestra legislación (no sólo como madre, sino como ciudadana). En ellos se pone en evidencia el modo en que la aparente neutralidad de género de las políticas públicas desconoce tales necesidades. Igualmente se trata de un campo en el cual en la legislación y en la política se busca el reconocimiento del aporte de las actividades femeninas al sostenimiento de la calidad de vida de la unidad doméstica. También está presente el tema de la necesidad de un apoyo estatal para que la mujer tenga una presencia más clara en el proceso de legalización de tierras y vivienda. Finalmente, aparece un marcado énfasis en la necesidad de una política de atención integral a las mujeres.

Tabla 1: EJES TEMÁTICOS QUE CONFIGURAN LA INVESTIGACIÓN DE GÉNERO EN COLOMBIA

EJES TEMÁTICOS Tipo de Documento Número de Referencias
1. PROPUESTAS Y ANÁLISIS DE LA POLÍTICA PÚBLICA Investigación Descriptiva (2)
Documento de Política (4)
Memorias (1)
Ensayo (4)
11
2. MUJER Y EDUCACIÓN Investigación Descriptiva (1)
Investigación Multimétodo (2)
Ensayo (1)
Ensayo teórico (1)
5
3. MUJER, ETNIA, MUJER, AFRO-FACÍFICA Ensayo (3)
Investigación Cualitativa (1)
4
4. ACTORES Y VIOLENCIAS EN EL COTEXTO INTRAFAMILIAR Investigación Cualitativa (1)
Ensayo (1)
2
5. DESARROLLO SOSTENIBLE, PLANEACIÓN CON PERSPECTIVA DE GÉNERO Documento de Política (1)
Ensayo (2)
3
6. GÉNERO, MUJER, CIUDADANÍA Y PARTICIPACIÓN - DEMOCRATIZACIÓN EN AMÉRICA LATINA Investigación Cualitativa (2)
Investigación Descriptiva (5)
Ensayo (3)
Ensayo Teórico (1)
Investigación Multimétodo (1)
Memorias (2)
14
7. GÉNERO, MUJER, CONDICIONES DE VIDA Y DEMOGRAFÍA Investigación Descriptiva (2)
Investigación Cualitativa(5)
Investigación Multimétodo (3)
Ensayo (3)
Ensayo Teorpetico (3)
16
8. MUJER, TRABAJO Y TRABAJO DOMÉSTICO Investigación Descriptiva (2)
Estado del Arte (1)
3
9. LITERATURA, HISTORIA, MATERIAL CULTURAL, GÉNERO, MUJER Y ESCRITURA Ensayo (6)
Investigación Multimétodo (1)
7
10. FEMINISMO, GÉNERO, IDENTIDAD Y RELACIONES DE GÉNERO, FEMINIDAD, MASCULINIDAD Ensayos (12)
Ensayos Teoréticos (5)
Memorias (1)
Estado del Arte (1)
19

Es posible afirmar que este eje ha tenido una dinámica significativa, ha sido nutrido por alguna investigación empírica de carácter descriptivo y es posible suponer que en torno a él se han gestado procesos de consulta y participación que se reflejan en la presencia de un alto número de memorias de eventos.

2. Mujer y educación: Se trata de un campo en el cual se denuncian la desigualdad de oportunidades educativas todavía presentes entre nosotros; se estudian los niveles de acreditación diferencial que requieren hombres y mujeres para acceder a los mismos cargos; se analizan los procesos de modernización que contribuyen al acceso de la mujer a mayores oportunidades educativas. De otro lado, se pone de manifiesto la presencia del sexismo en los textos escolares, categoría que es postulada como núcleo del currículo oculto, el cual hace falta poner al descubierto. Parece importante destacar un campo específico denominado Capacitación de Género, a través del cual se busca hacer visible la discriminación y modificar los patrones culturales que la reproducen.

Se tomó la decisión de elaborar un eje sobre Mujer y Educación, debido no sólo a su dinámica temática en la muestra, sino a la función central de la educación en la reproducción de los estereotipos de género y de los modos de jerarquización y subvaloración a ellos asociados. Finalmente, se trata de un eje en el cual tanto la investigación empírica –en los niveles más sofisticados encontrados dentro del campo–, como la construcción teórica, tienen una presencia significativa.

3. Mujer, etnia, mujer afropacífica: Evidencia los modos de doble exclusión que padecen las mujeres negras y ejerce una tarea crítica sobre quienes entre el mismo grupo étnico o fuera de él los reproducen. Focaliza de manera particular las condiciones de vida de la mujer afropacífica, su marginación de los beneficios que genera el desarrollo; estudia sus roles en torno a la estabilización de las redes de parentesco, caracteriza los modos del lazo social en esas comunidades particulares.

Se trata de un eje que le da tratamiento a una problemática fuertemente invisibilizada en nuestra cultura, como es la del racismo y la doble exclusión que se sufre desde el género en la condición de etnia minoritaria. Incluye todavía poca investigación, pero la existente presenta un enfoque antropológico que se abre a la comprensión de la cultura propia de nuestro litoral pacífico.

4. Actores y violencias en el contexto intrafamiliar: Recoge trabajos que enfocan la problemática de influencia que tienen sobre la vida familiar y las actitudes personales, historias de maltrato anteriores (en la familia de origen). Incluye la perspectiva histórica de la construcción de relaciones autoritarias y legitimadoras de los modos de castigo hacia la mujer.

Siendo un eje de mucha importancia entre nosotros, muestra una escasa dinámica en la muestra (sólo una investigación cualitativa). Esto comienza a darnos pistas de los problemas con que se enfrenta la investigación en el momento en que intenta abordar el espacio de la intimidad y la vida privada del ser humano, espacio donde se da un alto índice de maltrato.

5. Desarrollo sostenible y planeación con perspectiva de género: Retoma estudios en torno a las mujeres reconociéndolas como agentes de desarrollo económico, cultural y social. Señala la importancia de tomar en consideración la sobrecarga de trabajo a las mujeres como consecuencia de los programas de desarrollo y tomar esto como uno de los criterios para la planeación con perspectiva de género. Trata de construir criterios para la creación de la igualdad de oportunidades (equidad). De otro lado, pretende la construcción de paradigmas que hagan viable el desarrollo sostenible (buscando comprometer a las mujeres en la protección del medio ambiente), lo cual implica resignificar el concepto de calidad de vida.

Es un tema relativamente nuevo, que comienza a prosperar entre nosotros. Su desarrollo a nivel de investigación es todavía incipiente.

6. Género, mujer, ciudadanía y participación - democratización en América Latina: Integra un espectro amplio de temáticas. Desde las que enfocan el comportamiento político de las mujeres, siguiendo con la actividad y las formas de participación femenina (desde lo local a lo macro), hasta la evaluación del impacto político de las organizaciones femeninas en la transformación de la participación política.

Focaliza cualitativamente los modos de participación política femenina como tal (la representatividad de las mujeres se convoca más en torno a actividades de beneficio colectivo que de beneficio personal). Pone de presente cómo la noción dominante del ejercicio de la política invisibiliza las acciones políticas de las mujeres populares, quienes deben realizar una labor silenciosa de organización que les permita el acceso al espacio público; sin embargo, el costo que las mujeres en general deben pagar por acceder a tales espacios públicos es un défict en la vida personal.

Se trata específicamente el problema de la integración de las mujeres populares a la participación democrática que surja de la familia hacia el barrio, buscando colectivizar experiencias, partiendo de reivindicar la emancipación de la experiencia personal de todas las formas de opresión que subsisten. Se reporta cómo los movimientos de derechos humanos, asumidos en su gran mayoría por mujeres, han logrado un impacto en la sociedad, ganando mayor conciencia.

En el terreno teórico, se generan críticas a los modelos económicos vigentes en cuanto que redunden en la transformación de la vida cotidiana ya que inciden en graves violaciones de los derechos económicos, culturales y sociales. Aparecen contribuciones en relación con la reivindicación de la diferencia como modo de transformar la cultura patriarcal; se propone la complicidad en el cambio del orden social superando los estereotipos de género. La incorporación del género a la promoción y protección de los derechos humanos otorga un nuevo sentido a la convivencia democrática. Finalmente, el feminismo aparece como el agente que puede ofrecer una nueva concepción de poder ante el conjunto de fuerzas surgido en distintos espacios; esto le plantea el reto de enfrentar la contradicción entre el discurso tradicional en defensa de las instituciones –el cual apela a las cualidades esenciales de la mujer en tanto madre– y las pretensiones feministas de subvertir el orden patriarcal.

Es un eje con una fuerte dinámica, fruto seguramente del trabajo permanente de los grupos de mujeres integrados a las redes de la sociedad civil con presencia en la constituyente, y que continúan teniéndola en torno a acciones de oposición y presión ciudadana en la coyuntura política actual. Se nutre por la investigación empírica de nivel superior a lo descriptivo y por documentos que expresan procesos de concertación y consulta.

7. Género, mujer, condiciones de vida y demografía: Con énfasis en los análisis de la dinámica poblacional, es también un espacio privilegiado para el examen de las situaciones y las vicisitudes de la salud femenina. Se caracteriza también por la observación y estudio detallado de las condiciones de vida de grupos poblacionales específicos: jóvenes, trabajadoras sexuales, mujeres campesinas, mujeres pobladoras –e incluso víctimas de la violencia y el desplazamiento–, trabajadoras asalariadas y domésticas, entre otras. Enfoca la identidad de género desde lo que se denominan roles sexuales. Presenta una dinámica importante en el contexto de la muestra; sin embargo se mantiene a un nivel altamente descriptivo.

8. Mujer, trabajo y trabajo doméstico: Uno de los campos más destacados de la producción de la sociología con perspectiva de género. En efecto, caracteriza la brecha existente entre el trabajo desempeñado por las mujeres y las modalidades del mismo que ha sido posible definir a través de los instrumentos disponibles en la investigación. Realiza un seguimiento de las transformaciones en los patrones de trabajo de las mujeres y su grado de incorporación reciente. Llama la atención sobre el proceso de feminización de la actividad agropecuaria. Precisa los problemas de cualificación a los que se ve enfrentada la empleada de la industria manufacturera.

De otro lado, la conceptualización del trabajo doméstico del feminismo marxista en la década de los 80 –desafortunadamente con poco impacto en nuestra cultura, al tratarse de una de las dimensiones más endurecidas de los patrones de género–, plantea la necesidad de reconsiderar la atribución cultural del trabajo doméstico a la mujer, su aceptación más como un acto de amor que como tarea de reproducción de la fuerza de trabajo y la exigencia de justicia, de hacer visibles las condiciones de la trabajadora doméstica asalariada. Señala la necesidad de reconceptualizar el trabajo doméstico en la lógica del cuidado mutuo y de repensar la masculinidad30.

9. Literatura, historia, material cultural, género, mujer y escritura: Aúna trabajos que afirman tanto la existencia de una cosmovisión particular de las mujeres que posibilita construir y reconstruir desde ella, como los que postulan y estudian la construcción de la idea social de la mujer y la contribución de la literatura a tal fin. Se denuncia la castración sufrida por la mujer como sujeto de enunciación, lo cual requiere una reflexión permanente sobre el uso (sexista) del lenguaje. Se pregunta: ¿qué sucede en la relación entre mujeres y dónde recurrir para conseguir apoyo como escritoras?

Se afirma la necesidad de impulsar una nueva lectura de la historia de las mujeres que permita identificar cómo distintos hechos y procesos abren espacios para ellas al tiempo que se requiere no sólo de estrategias particulares para captar su punto de vista, sino de una mirada que diferencie modelos e imaginarios propios de distintas condiciones sociales. Se trata de un eje que integra una producción con base en ensayos principalmente.

10. Feminismo, género, identidad y relaciones de género, feminidad, masculinidad: También aquí se da la presencia de un debate que podría caracterizarse como ‘estructuralismo versus construcción social de la realidad’. Elabora la afirmación de que la diferencia ha sido convertida en desigualdad, la cual se valida en prácticas culturales donde el poder está en juego en las relaciones de género. Hace falta pensar el poder y el liderazgo desde la identidad de género y decidir qué se busca: igualdad o diferencia.

Igualmente, el seguimiento de las identidades de género existentes entre nosotros diferenciadas por una serie de factores (ubicación geográfica, sociales, generacionales, etc.), los procesos de transición que están teniendo lugar, en cuanto al surgimiento de otras nuevas y las alternativas de convivencia, de pareja, de pautas de crianza y de unidades domésticas que –en torno a las nuevas identidades– se están generando, en un marco que desborde la noción hegemónica de la familia nuclear, ampliaría las posibilidades de comprensión y crítica cultural de la dinámica de los géneros en la vida cotidiana.

Se intenta construir explicaciones teóricas en torno a la subordinación de las mujeres, tomando como núcleo la díada naturaleza/cultura, asociada a lo femenino y lo masculino respectivamente.

Se formula la necesidad de construir una ética desde las mujeres que busque disminuir la ‘servidumbre interior’ y el crecimiento de la conciencia, así como promover un proyecto amoroso que matice la lógica de la exclusión a partir de la reciprocidad y la simetría. Igualmente, se formula la necesidad de reconceptualizar los espacios y los modelos de socialización masculina. Finalmente, también la noción de género alcanza en algunos trabajos una dimensión teorética que recoge categorías teóricas fuertes y avanza en su desarrollo. Presenta, sin embargo, una altísima producción con fundamento en ensayos.

– Recuperando la voz

Análisis del conjunto de la producción intelectual en el campo de los estudios de género. Sin lugar a dudas, se aprecia una diferencia importante entre las investigaciones empíricas que en general reportan o relatan situaciones de vida concretas a partir de la red de relaciones sociales dentro de las cuales se desenvuelve la vida de mujeres y hombres, particularmente en condiciones de marginalidad y escasez de oportunidades.

En efecto, en estos casos, y dado que entre nosotros la bipolaridad de la identidad de género se encuentra fuertemente endurecida, la coincidencia sexo/género es muy alta. Y es necesario decirlo: aunque la investigación empírica se centra de modo principal, por no decir que exclusivamente en la mujer, abriéndose a la multiplicidad que le permiten los datos, la perspectiva teórica sobre el género no penetra en las miradas investigativas y en las propuestas metodológicas. La investigación empírica estudia a las mujeres, noción problemática –como la que más–, en la perspectiva conceptual de género.

En los casos en que se trata de ensayos (ver Gráfica 2.), particularmente los que enfatizan el reciclaje de otras fuentes, el pensamiento tiende a configurar un orden cerrado sobre sí mismo, que deja pocas entradas a la experiencia concreta y situada de las mujeres y los hombres colombianos y latinoamericanos en condiciones de vida específicas. Lo anterior a pesar de que la misma literatura teórica afirma que las identidades subjetivas en muchas ocasiones constituyen modos de resistencia frente a los modelos prescritos.

Son pocos los trabajos que aportan al desarrollo de las teorías feministas y el campo del género. No se encuentra con frecuencia el uso de matrices transdisciplinares que permitan aprovechar categorías fuertes de algunas de disciplinas sociales para el tratamiento de problemas en el campo. En efecto, parece que en muchos sentidos somos ahora el producto del ghetto que fue necesario construir para que la academia le hiciera recepción a los temas del género y al feminismo.

– Retos para el fortalecimiento de los estudios de género en Colombia:

Institucionales

Parece indispensable continuar el esfuerzo sostenido hasta ahora por hacer una recepción lo más amplia posible del pensamiento internacional feminista y de género que cree las condiciones para la formación de las nuevas generaciones.

No obstante, sería muy provechoso fomentar la formación de académicas y académicos a nivel de doctorado, con el fin de que aportaran a la configuración de programas de investigación más corporativos, de más largo aliento y orientados a hacer avanzar las preguntas y a desplazar las fronteras del campo.

Parece saludable la búsqueda de alternativas para que proliferen los grupos de trabajo académico, que adopten programas de investigación específicos y diversos. Todo lo anterior redundaría en un mayor desarrollo de nuevos y alternativos modos de investigación, que superen nuestra tendencia actual de producción.

Para la investigación

Quisiera señalar en primer término, que la investigación de género ha venido siendo muy fecunda en lo que toca con los procesos de democratización en perspectiva de género y particularmente en lo que tiene que ver con la promoción de los modos de participación de la mujer popular, la comprensión de sus trayectorias laborales y las limitaciones de los modelos de análisis. Igualmente, en relación con el estudio y la promoción de una política de protección a las mujeres, así como la planeación del desarrollo con perspectiva de género, la cual implica reconocerle a las mujeres su liderazgo en la gestión de la calidad de vida. Tales campos, sin embargo, se encuentran abiertos y llenos de retos, tal como se verá más adelante.

Igualmente, el hecho de que entre nosotros comience a abrirse paso la búsqueda de espacios para la resignificación de la masculinidad, es una conquista que el campo de los estudios de género, sin lugar a dudas, puede abonarse. La investigación en este terreno, que ahora se plantea como un reto, debería abrirse a la experiencia concreta y situada, antes que cerrarse en elaboraciones que muchas veces no ubican adecuadamente la unidad de análisis, perdiendo la posibilidad de aportar nuevas comprensiones.

No obstante lo anterior, parece necesario desarrollar metodologías que permitan una mirada más parsimoniosa de la cultura y las relaciones de género en la vida cotidiana, incluso de las instituciones, con el fin de encontrar la real dimensión de lo que las mujeres en la esfera personal e íntima sí sentimos como una economía de género: el costo emocional (e incluso de otros tipos) que tiene para nosotras –este es el peso de la historia en la vida personal– el asumir el ejercicio de roles no tradicionales en el ámbito público.

El estudio de la historia de la vida cotidiana (de las mujeres y de los hombres) colombiana, podría ser un campo de avance y profundización que permitiera comprender la genealogía de las actuales relaciones de género, de los modos de masculinidad y feminidad. Este espacio podría enfocar las pautas de crianza, los modos de vínculo y los modelos de maternidad y paternidad que se construyen entre nosostros. Particularmente importante parece el estudio del vínculo en la configuración de una identidad nacional y la dificultad para reconocernos como conciudadanos. Volvemos, pues, a la teoría política, terreno en el cual las teorías feministas han demostrado tener un modo de abordar y tratar la realidad.

De otro lado, se hace indispensable precisar el uso de categorías de mucho arraigo en la tradición marxista, como la del poder, que como lo muestra Foucault31, es insuficiente para dar cuenta de la multiplicidad de tramas de relaciones de poder, si se tiene en cuenta que requiere una mirada que desborda totalmente la concepción de la interacción desde la lógica de quienes lo poseen o no. Por supuesto, las relaciones históricas de poder crean modos de dominación que ni este autor, ni nosotros, pretendemos desconocer. Más bien se trata de “…la producción multiforme de relaciones de dominación”.

Argumentos como los anteriores son los que le dan mucho peso a la propuesta de Villarreal32 para que el feminismo construya pensamiento en relación con el poder, que contribuya a la transformación de las relaciones de género y de la cultura, evitando de manera consciente e intencional, la reproducción de lo que se pretende transformar.

Unas palabras finales. Se impone un uso más cuidadoso y menos ligero de categorías que teniendo posibilidades de aportar al desarrollo de la teoría dentro del campo, terminan en desuso antes de que hayan aportado su potencial, por la banalización excesiva a la cual se les somete. Es esta también una manera de proteger un campo llamado a tener un futuro importante en la historia y la vida cultural de la humanidad.


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Citas

1 Debo un reconocimiento explícito a Alexandra Torres, quien de manera solidaria, cómplice diría yo, y desinteresada, no sólo se encargó de la construcción y la depuración de la base de datos, sino que me ofreció el soporte moral que por momentos requerí.

2 Agradezco al Programa de Estudios de Género, de la Universidad Nacional de Bogotá, la generosa oportunidad que me ofreció de participar en el programa de formación de docentes en el campo, altamente enriquecedora personal y académicamente.

3 Los desarrollos de este parágrafo se basan en mi proyecto de doctorado en filosofía, en cuya preparación me encuentro comprometida en este momento.

4 Scott, Joan. (1985). “El Género: una categoría útil para el análisis histórico”. En: Lamas, M. (Comp.1996). El Género: la construcción cultural de la diferencia sexual. México, UNAM – Porrúa, pp. 265–302.

5 La teoría y la filosofía feministas, son términos acuñados y reconocidos internacionalmente.

6 Offen, Karen (1988). “Definir el Feminismo: un análisis comparativo”. Historia Social. No.9, invierno 1991, pp.103–135.

7 No puede pensarse en un movimiento unificado, sino en una multiplicidad de procesos de búsqueda tanto de reivindicación social y cultural, como de espacios sociales. Son muchos los modos de clasificación que ha tenido y le han sido atribuidos incluso durante un mismo período histórico. También ha sido pensado como facción de movimientos políticos, uno de cuyos más destacados ejemplos es el feminismo marxista; no obstante, la historia ha mostrado que el feminismo tiene su propia dinámica y que puede disolver y/o transformar los lazos que ha construido durante épocas particulares.

8 Bonder, Gloria. “Los estudios de la mujer y la crítica epistemológica a los paradigmas de las ciencias humanas”. Desarrollo y Sociedad. No.13. Bogotá, enero de 1984, pp. 25–38.

9 Martín–Baró, Ignacio. (1988). “Retos y perspectivas de la psicología en América Latina”. En: Pacheco, G. & Jiménez, B. (Comps). Ignacio Martín– Baró (1942–1989). Psicología de la liberación para América Latina. Guadalajara, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente/ Universidad de Guadalajara, 1990, 11–79. El autor propone una distinción en tal sentido, afirmando la necesidad de tomar opciones en el trabajo académico con unas poblaciones y unas problemáticas concretas, manteniendo un ideal de rigor científico que exige la apertura a la totalidad de los datos provenientes de la realidad.

10 Término acuñado por Derridá, para cuestionar la preferencia de la historia de la filosofía por lo masculino –pero extendible al conjunto de las ciencias sociales–, buscando impedir que la diferencia sexual se relegue “…a la categoría de objeto de ciencia regional, bajo el pretexto de una neutralidad trascendental…”. En: Bennington, Geoffrey & Derridá, Jacques (1991). Jacques Derridá. Madrid, Cátedra, Teorema, p. 216.

11 Aunque no se trata de una noción libre de ambigüedades, tal como lo deja ver Marta Lamas en “Usos, dificultades y posibilidades de la categoría «género» (1993)”. Lamas, M. (Comp.1996). El Género: la construcción cultural de la diferencia sexual. México, UNAM – Porrúa, pp. 327–366. En primer lugar, no parece ser una noción que se corresponda etimológicamente en las diferentes lenguas. En castellano tiene diferentes acepciones y la que alude a la construcción de lo femenino y lo masculino se basa en los géneros gramaticales, noción que sólo es comprensible para los ya iniciados, y que por lo tanto termina teniendo un uso críptico.

12 Rubin, Gayle (1975). “El tráfico de mujeres: notas sobre la ‘Economía Política’ del sexo”.En: Revista Nueva Antropología. No. 30, Vol. VIII, México, noviembre, 1986, pp. 94–145.

13 Scott, Joan. Op. Cit.

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16 Butler, Judith. “Variaciones sobre sexo y género. Beauvoir, Wittig y Foucault (1987)”. En: Benhabib, Seyla & Cornella, Drucilla. Teoría Feminista y Teoría Critica. Valencia, Alfons El Magnanim, 1990. Butler, Judith (1993). Bodies that matter. On the discursive limits of “sex”. Grait Britain, Routledge.

17 Foucault, Michel. Microfísica del poder. Madrid, La Piqueta, 1992.

18 Ibid.

19 Es esta una de las categorías centrales de mi proyecto de doctorado en Filosofía, la cual requiere un tratamiento filosófico riguroso y profundo.

20 Postulada por Derridá, quien afirma que “…la deconstrucción no se limita a ser una crítica, sobre todo una crítica teórica, sino que debe desplazar las estructuras institucionales y los modelos sociales…”. Derridá, Jacques. “Prólogo. «…Una de las virtudes más recientes…» ”. En: de Peretti, Cristina (1989). Jacques Derridá. Texto y deconstrucción. Barcelona, Anthropos. También Scott, Joan (1988). “Igualdad versus diferencia: los usos de la teoría postestructuralista”. En: Debate Feminista. Año 3, Vol. 5, marzo, 1992 pp. 85– 102, muestra el valor que tienen la ‘inversión’ y el ‘desplazamiento’ como estrategias metódicas de la deconstrucción, orientada a trastocar el sentido.

21 Fernández, Ana María (1993). La Mujer de la Ilusión. Buenos Aires, Paidós.

22 La noción de teoría generativa aparece propuesta por Kenneth Gergen (1978). “Toward Generative Theory”. En: Journal of Personality and Social Psychology. U.S.A.,Vol. 36, No. 11, pp.1344–1360, como lo propio de las teorías del campo de la Psicología Social. En el contexto de la evaluación de propuestas teóricas rivales, Gergen sugiere tomar en consideración la capacidad generativa de las diferentes propuestas, la cual define como: “…la capacidad de retar los supuestos que orientan la cultura, a fin de desarrollar preguntas fundamentales sobre la vida social contemporánea, y apadrinar una reconsideración de ‘lo tomado por dado’ y, a través de esto, ofrecer nuevas alternativas para la acción social.” (p.1346). Esta noción de generatividad de Gergen es empleada por Ignacio Martín Baró para proponer su Psicología de la Liberación. La noción de generatividad también es empleada por Giulia Colaizzi. “Feminismo y teoría del discurso. Razones para un debate”. En: Collaizzi, G. (Ed. 1990). Feminismo y teoría del discurso. Madrid, Cátedra, pp. 13–28, para referirse a la distinción entre lenguaje y discurso, aludiendo al “principio dialéctico y generativo a la vez”, por el cual las palabras remiten a una red de relaciones de poder históricas, específicas y construidas, y, por lo tanto, transformables. (p. 20)

23 Fernández, Ana María. Op. Cit.

24 Son varios los autores que señalan que mientras sea el cuerpo de la madre el único objeto (en sentido psicoanalítico) con el cual hay que romper lazos para configurar un modelo de masculinidad que termina dando lugar a un sujeto desincardinado, al rechazar el cuerpo de la madre, nuestra cultura seguirá siendo misógina. Un cambio cultural de la masculinidad pasaría por el ejercicio de unos modos simétricos de maternización (donde cada ser humano fuera también maternizado por un sujeto de su propio sexo). Cfr. Balbus, Isaac (1987). “Michel Foucault y el poder del discurso feminista”. En: Benhabib, Seyla & Cornella, Drucilla. Teoría feminista y teoría crítica.Valencia, Alfons El Magnanim, 1990.

25 Op. cit.

26 Foucault, Michel (1986). Las palabras y las cosas. México, Siglo XXI.

27 Jaquette, Jane. “Los movimientos de mujeres y las transiciones democráticas en América Latina”. En: León, M. (Comp.) Mujeres y participación política. Avances y desafíos en América Latina. Santafé de Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1994, pp.117–138.

28 Se empleó el siguiente procedimiento: se realizó una primera consulta en el Centro de Documentación de Género, Mujer y Desarrollo de la Universidad Nacional (CDUN), cruzando los descriptores Género y Colombia, dada la capacidad de éste para captar material proveniente de todo el país, además de ser nuestro principal centro sobre el tema. La consulta por los descriptores mencionados es muy amplia, ya que, como el mismo nombre del Centro lo indica, toda la documentación indizada se encuentra en ese campo. La búsqueda lograda en el CDUN se complementó con el material pertinente y ya disponible en nuestra base datos, proveniente de una tesis de pregrado en Psicología dirigida por la autora, consistente en un análisis documental sobre epistemología y género. El criterio básico tenido en cuenta para la selección, fue que se tratara de material clasificado en el campo del género, elaborado por colombianas/colombianos o sobre Colombia. Con este criterio se incluyeron algunos estudios sobre América Latina y se eliminaron comentarios, presentaciones, y material semejante. Con el material seleccionado se definió una ‘muestra cualitativa’ sobre la cual se realizó una lectura analítica, luego de haber depurado la base de datos para la consignación de la información. El material analizado se clasificó tanto por período de publicación’, como por ‘tipo de documento’, con base en las siguientes categorías: (a) Investigación descriptiva (incluye investigaciones empíricas de carácter cuantitativo o que se basan en estadísticas. Se las clasificó como descriptivas ya que los casos analizados no alcanzaban niveles explicativos del tipo posible –modelos explicativos estadísticos–, cuanto se maneja tal tipo de datos. (b) Investigación cualitativa (incluye estudios que emplean material de campo recogido etnográficamente, particularmente historias de vida, procesados a través de estrategias cualitativas, pero cuyos niveles explicativos también son limitados. (c) Investigación multimétodo (Incluye trabajos empíricos que combinan las estrategias cualitativas y cuantitativas, dando por ejemplo contextualización macro a estudios de caso en profundidad, con lo cual se logra, en general, mayor potencia analítica. (d) Memorias (documentos resultado de encuentros y/o talleres sobre temas relacionadas con el campo del género). (e) Documento de política (Incluye tanto informes de consultorías, como propuestas de política generales o específicos por campos de desarrollo. (f) Ensayo (Incluye elaboraciones conceptuales cuya tendencia preponderante es el ‘reciclaje’ de fuentes secundarias, sin mayor aporte personal. (g) Ensayo teorético (Incluye elaboraciones conceptuales que no solamente emplean con propiedad categorías teóricamente fuertes –con sustento disciplinar–, sino que con su apoyo los autores alcanzan niveles de teorización relativamente genuinos. (h) Estado del arte (Incluye el tipo de investigación, que a partir del análisis de una base documental significativa, permite determinar el estado de la cuestión en un campo particular).

29 Debo un agradecimiento especial a todo el personal del ‘Centro de Documentación de Género, Mujer y Desarrollo’ de la Universidad Nacional, por toda la colaboración prestada en la primera etapa del estudio, durante la cual apoyaron al grupo de cinco lectores con que se contó, todos estudiantes de tesis o último año de Psicología, y exalumnos del seminario sobre ‘Aproximaciones teóricas a la problemática del género’ que dirijo en la Facultad; son ellos: María Isabel Botero, Adriana Flórez, Inés Adriana Rojas, Sol Viviana Rojas y David Zuluaga.

39 En el presente estudio se incluyó mi Estado del Arte que realiza un balance respecto de la investigación sobre el trabajo doméstico en América Latina durante la década 82–92. Las referencias colombianas que incluye la muestra de 17 trabajos son las siguientes: Dambois, R. (1992). “Trayectorias en la perspectiva comparativa. Trayectorias laborales de obreros en la industria colombiana y la industria alemana”. Ponencia presentada al ‘Seminario sobre el uso de historias de vida en la investigación en las ciencias sociales’. Villa de Leyva, 17–20 de marzo. León, M. (1987). “Colombia: trabajo doméstico y servicio doméstico”. En: Schuller, M. (Comp.) Poder y derecho. Estrategias de las mujeres del Tercer Mundo. U.S.A, OEI International, pp. 333,347. León, M. (1988). “La lucha por la seguridad social de la trabajadora doméstica”. En: ISIS – MUDAR. Mujeres, crisis y movimiento. América latina y el Caribe. Santiago de Chile, Ediciones de las mujeres, No. 9, pp. 109–116. León, M. (1990). “La trabajadora invisible: condiciones de salud de la trabajadora doméstica en Colombia”. En: OPS Asociación americana de personas jubiladas. Las Mujeres en edad mediana y avanzada. Washington, pp. 383–394. Meertens, D. (1987). “Mujer y Vivienda en un barrio de invasión”. En: Revista Foro. No. 4, noviembre, pp. 3846 Bogotá, Fundación Foro por Colombia. Puyana, Y.(1990). “El trabajo doméstico: una forma ancestral de opresión de la mujer”. En: Grupo Mujer y Sociedad. Mujer, amor y violencia. Bogotá, Tercer Mundo Editores – Universidad Nacional – Centro Editorial. Rey de Marulanda, N. (1982). “La unidad reproducciónproducción en las mujeres del sector urbano en Colombia”. En: León de Leal, M. (De.). La realidad colombiana. Debate sobre la mujer en América Latina. Bogotá, ACEP, pp. 56–71. Rico de Alonso, A. (1991). “Niñas y jóvenes en Colombia. Realidades, problemas y posibilidades”. Informe Final de Consultoria Presentado a UNICEF. Santafé de Bogotá, mimeo. Segura de Camacho, N. (1982). “La reproducción social, familia, trabajo”. En: León de Leal, M. (Ed.) La realidad colombiana. Debate sobre la mujer en América Latina. Bogotá, ACEP, pp. 84–98.

31 Foucault, Michel. Microfísica del Poder. Op. cit.

32 Villarreal Méndez, Norma. “El camino de la utopía feminista en Colombia, 1975–1991”. En: León, M. (Comp.) Mujeres y participación política. Avances y desafíos en América Latina. Santafé de Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1994, pp.181- 204.


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