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Editorial

La pregunta que guía el tema monográfico de este número de la revista NÓMADAS concierne a la necesidad de examinar las múltiples relaciones existentes en la actualidad entre guerra y nación. De manera que, mediante esta pregunta, NÓMADAS quiere ingresar a la dimensión de la política y, desde distintas ópticas, sugerir la hipótesis de que la manifestación contemporánea del capitalismo promueve nuevas formas de expresión de la guerra que trastocan los antiguos vínculos entre ellas y los Estados nacionales. Así, se busca debatir el nivel de vigencia o de caducidad de la fórmula de Carl Von Clausewitz que supone que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”.

Si se asume que la guerra ha sido uno de los caminos por medio de los cuales se han impuesto los distintos ordenamientos globales y que es fruto de las variadas formas de soberanía que han imperado en el mundo a lo largo de la historia conocida –creer en la posibilidad de un mundo exento de guerras no es sino una quimera– no es absurdo proponer que las manifestaciones de la guerra varían al compás de las transformaciones de la soberanía, a pesar de que mantengan aquella propiedad que las identifica: la destrucción de pueblos, de etnias y de culturas. En efecto, aunque los artículos integrantes de este número presentan distintas posturas frente a las relaciones entre guerra y nación propuestas por sus autores, hay una línea que atraviesa a muchos de ellos que insinúa que las guerras contemporáneas poseen particularidades.

¿Cuáles serían las particularidades de las guerras de hoy? De acuerdo con algunos articulistas, la diferencia entre lo de hoy y lo de ayer estriba en la suposición de que se produjo una serie de acontecimientos que invirtió la fórmula de Clausewitz. Los hechos que sustentan esa afirmación si bien tienen que ver con lo ocurrido el día 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos que dio lugar a la formulación de la política de la guerra preventiva por parte de ese país, comenzaron a manifestarse desde antes: algunos autores los sitúan después de la Segunda Guerra Mundial y, especialmente, a partir de la guerra de Vietnam; otros autores los sitúan a partir del momento en que se llevó a cabo el primer ataque a Irak por las fuerzas conjuntas de la OTAN, el 16 de enero de 1991: así, según los autores, la inversión de la fórmula se relaciona con el inicio de un nuevo modo planetario de soberanía que “hace de la política la continuación de la guerra por otros medios”. Aunque hay posturas diferentes en torno a los beneficios o perjuicios de este modo de soberanía, estos autores suponen que una de las consecuencias más evidentes de dicha inversión es que las guerras actuales propician otro tipo de alianzas entre naciones en torno al acto mismo de la declaratoria de guerra. Estas alianzas desvalorizan la declaratoria de guerra por razones geopolíticas de fronteras y, más bien, valorizan intervenciones militares de carácter concertado entre bloques de naciones que conforman fuerzas multilaterales para el ataque a un enemigo omnipotente y omnipresente que amenaza a todo el planeta. La alianza, entonces, se encamina, por un lado, a la ocupación militar del país donde reside ese enemigo y, por otro, a la puesta en marcha de una misma política de seguridad al interior de las distintas naciones como modo para impedir que ese enemigo potencial cuente, en el presente y en el futuro, con los medios para el ataque en aras de proteger de semejante amenaza al mundo representado por las fuerzas multilaterales y, también, al país por ocupar. Lo anterior trastoca permanentemente la composición de los bloques multilaterales de fuerzas, dado que cualquier nación puede cobijar a ese enemigo y, en consecuencia, está en peligro de una declaración de guerra multilateral (cabe anotar que ello es mucho más cierto para las naciones débiles). También trastoca permanentemente las fronteras geopolíticas dado que, con independencia de los niveles de apertura y de clausura de las fronteras, todos los países son atravesados por la misma política de seguridad (vale decir que ello es mucho más cierto para las naciones fuertes).

En relación con lo anterior, otro grupo de articulistas, también desde distintas perspectivas, se centra en discernir la particularidad de las pequeñas guerras de hoy. Tildadas de nacionalistas y libertarias por unos, y de fundamentalistas y terroristas por otros, las pequeñas guerras tienen en común la manera como convocan y conciernen al mundo, así el conflicto sea de baja intensidad y provenga de un pequeño país sin aparente importancia. No obstante esa convergencia, las posturas de este grupo de autores difieren en las formas como cada quien concibe la puesta en marcha del conflicto armado en el contexto de lo nacional y de lo global: para algunos, la nueva soberanía global tiende a hacer desaparecer antiguos modos de manifestación de resistencia política, como la lucha armada revolucionaria, por considerar que están fuera de lugar las banderas del nacionalismo radical y excluyente que esos movimientos armados promueven. Estos autores, en consecuencia, creen necesaria la conformación de otros movimientos de resistencia, transversales, heterogéneos y pacifistas, más acordes con estos tiempos de la globalización; para otros, por el contrario, las resistencias nacionalistas están vigentes en la medida en que, precisamente, se contraponen al proyecto de soberanía que pretende la subordinación de las fronteras locales en favor de la mayor circulación de las políticas económicas globales. Finalmente, otros autores suponen las resistencias por fuera de lugar y, en razón de ello, creen necesaria la adhesión de las naciones, por vías de derecho, a grandes bloques multilaterales que favorezcan la conformación de una democracia plena en todas las regiones del planeta.

Por otro lado, este número también plantea la urgencia de considerar el conflicto interno colombiano en perspectiva. Se sabe que las circunstancias de violencia del país propician los análisis aislados y de coyuntura, como si otros pueblos, en otros lugares, no estuvieran padeciendo situaciones parecidas o como si lo que está ocurriendo no tuviera efectos diferentes a la autodestrucción, fruto de la supuesta barbarie que diferencian al mestizo, al negro y al indio, del blanco. Así como el problema árabe-israelí no solamente concierne al Medio Oriente, sino que involucra a la mayoría de los pueblos que está buscando un lugar y un espacio para hacer valer su cultura, el conflicto colombiano involucra a la mayoría de los pueblos que está buscando otros caminos para desarrollar un proyecto de nación que rompa con aquel dispuesto por los criollos hace 200 años y que hoy ha sido absorbido por el neoliberalismo. Así, la mirada en perspectiva supone que se comparten con otras gentes y otras naciones, cercanas y lejanas, problemáticas similares y que, si bien se requiere construir caminos singulares para solucionarlas, también se demandan las alianzas en aras de que esos caminos los constituya una variedad de fuerzas heterogéneas, como manera para evitar que se repita, bajo otro nombre y otro disfraz de democracia, ese proyecto nacional blanco, masculino y excluyente.

El diagrama escogido para el desarrollo del tema monográfico está dividido en cuatro apartados, cada uno con pretensiones diferentes. El primero está compuesto por una selección de ensayos que da cuenta de distintas concepciones acerca de la relación entre guerra y nación, desde dos perspectivas críticas de las ciencias sociales de mucha resonancia en la actualidad: la neoestructuralista y la neo-marxista. El segundo lo conforma una colección de ensayos de distinta índole sobre los conflictos armados que están teniendo lugar en Latinoamérica, como son los de Colombia, México y Perú. El tercero presenta un grupo de artículos que examina algunos de los conflictos armados que se están desarrollando en otras regiones del mundo, tales como el del País Vasco, el conflicto árabe-israelí, la guerra preventiva dentro y fuera de los EU, los conflictos africanos, entre otros. Por último, el cuarto apartado analiza algunos asuntos que conciernen, en general, a las guerras contemporáneas, tales como el papel de las Naciones Unidas en la actualidad, el viejo problema del derecho al abuso sexual que se le otorga al vencedor sobre el vencido, el cual sigue vigente, a pesar de la supuesta humanización de la guerra y la cuestión de las fronteras y la guerra, analizada a la luz de una perspectiva histórica que establece algunas relaciones entre el capitalismo y la guerra y le otorga, desde este perspectiva, una particularidad a las guerras actuales.

Esperamos, pues, que los objetivos propuestos para el número se vean reflejados a través de los artículos que se seleccionaron para hacerlos cumplir. Somos conscientes de que entre los propósitos y la realización siempre hay un hiato que, a nuestro parecer, permite, a la vez que obstaculiza, otras interpretaciones quizás mucho más apropiadas. El tema de la guerra en la medida en que convoca y concierne a la mayoría es polémico y, por ello mismo, no puede hacer gala de una intención única.

 

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