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Del 11 de septiembre a la ocupación de Irak

From September 11 to the occupation of Iraq

De 11 de setembro para a ocupação do Iraque

Pedro Brieger *


* Pedro Brieger es sociólogo y coordinador del Departamento de Medio Oriente del Instituto de Relaciones Internacionales (IRI) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Argentina. Titular de "Sociología de Medio Oriente" de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y autor de varios libros sobre temas internacionales y especialente sobre el Medio Oriente E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. .


Resumen

Este artículo analiza las motivaciones de Estados Unidos para invadir Afganistán e Irak después del atentado a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 y la implicación que esta fecha tiene para la primera potencia mundial, el Medio Oriente y el mundo islámico. Se explica de qué manera Estados Unidos construyó la legitimidad para ambas guerras tomando como eje de su política el choque de civilizaciones y la lucha contra el terrorismo, y el rechazo que estas guerras han provocado.

Palabras clave: Torres Gemelas, Islam, choque de civilizaciones, Afganistán, Irak.Palabras clave: Torres Gemelas, Islam, choque de civilizaciones, Afganistán, Irak.

Abstract

The article analyzes US motivations to invade Afghanistan and Irak after the September 11 attacks and the implications these date has for the major superpowper. the Middle East and the Islamic tvorld. There is an explanation about the legitimacy the US built for both wars from the "clash of cívilization" approach and the fight against terrorism, and the reject against both wars..


Un nuevo contexto internacional

La nueva situación internacional creada por la invasión a Irak el 19 de marzo de 2003 debe ser comprendida en el marco de cuatro hechos que se entrecruzan y retroalimentan, dos de ellos históricos y dos del ámbito de las ideologías. Primero, la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, que, como representación simbólica, marcó el comienzo del fin del mundo bipolar y del enfrentamiento Este-Oeste y dio paso a la desaparición de la Unión Soviética en 1991, dejando a Estados Unidos como única e indiscutida1 superpotencia. Segundo, el polémico artículo de Francis Fukuyama, asesor de la Rand Corporation, profetizando sobre el fin de la historia al desmoronarse el bloque soviético e identificando al capitalismo liberal como la única sociedad capaz de satisfacer los anhelos más profundos y fundamentales de los seres humanos (F. Fukuyama, 1994) Tercero, la Guerra del Golfo en febrero de 1991, que dio paso al intento de remodelar un "Nuevo Orden Internacional"2, definición acuñada por el presidente de Estados Unidos, George Bush, padre, y que indicaba los claros intereses estratégicos de Washington de erigirse como potencia hegemónica en el ámbito militar, económico y político al desintegrarse el Bloque Soviético. Cuarto, los planteos del politólogo de Harvard, Samuel Huntington, sobre la relación entre la desaparición de la Unión Soviética, la desaparición de los conflictos sociales y el "choque de civilizaciones" que –según él– marcaría las futuras relaciones sociales (S. Huntington, 1993).

Es en este contexto que deben ser analizados también los atentados a las Torres Gemelas en el corazón de Nueva York, y al Pentágono en Washington en septiembre de 2001, ya que éstos provocaron un verdadero terremoto en la agenda política internacional. La importancia del hecho se debe a que fue atacada la primera potencia mundial, a la magnitud de los atentados y su secuela de muertos; a la compulsión de modificar la agenda de política exterior que tenía Planificada el presidente George Bush, hijo; a las secuelas económicas, culturales y políticas que dejarán en la sociedad estadounidense, y a la necesidad de responder con celeridad, invadiendo Afganistán. Si el historiador inglés Eric Hobsbawm afirma que el siglo XX finalizó con la caída del Muro de Berlín, retrospectivamente algunos plantearán que el siglo XX se extendió hasta el 11 de septiembre y que, en realidad, ese día marca el comienzo del siglo XXI.

Amén del debate teórico que pueda existir al respecto, no cabe duda que los atentados a las Torres Gemelas y el Pentágono el 11 de septiembre marcan "un antes y un después" A la luz de la invasión y posterior ocupación de Irak es posible afirmar que este "después" ha llegado más rápido de lo previsto y que está marcado por la reafirmación de Estados Unidos como la potencia hegemónica mundial capaz de desafiar a las Naciones Unidas para establecer una Pax Americana allí donde sus intereses políticos y económicos lo consideren necesario. Sin embargo, también es cierto que el horror de los atentados en 2001 no impidió que millones de personas en todo el mundo salieran a las calles, menos de dos años después, para tratar de impedir la invasión de Irak.

Si bien lo antedicho es un marco referencial que permite un acercamiento a la nueva situación mundial desencadenada por la invasión a Irak el 19 de marzo de 2003, no es menos cierto que resulta extremadamente complejo tratar de definir el carácter de esta crisis internacional y la naturaleza del conflicto, que se asemeja a las cajas chinas: a medida que se abre una, surge otra, y no se puede vislumbrar cómo y cuál será la última de ellas.

Después (y antes) del 11 de septiembre

Es imposible comprender los atentados del 11 de septiembre sin analizar el rol hegemónico de Estados Unidos y las explicaciones que se han brindado al por qué de los atentados a las Torres Gemelas. Ya en 1993, respondiendo al famoso artículo de Huntington, señalábamos que "no es novedoso en el pensamiento norteamericano –aunque también es atribuible a la mayoría de los países desarrollados que alguna vez fueron potencias coloniales–, asegurar que Occidente es superior al resto de las civilizaciones. Esta cosmovisión, típicamente etnocentrista, consiste en observar a los otros grupos étnico-nacionales a través del prisma de la superioridad del propio grupo –dotado de todas las cualidades posibles– frente a la inferioridad intrínseca de los otros"3.

La representación de un enfrentamiento entre civilizaciones, entre la occidental moderna y progresiva y el Islam como medieval y bárbara, no sólo es históricamente equivocada sino totalmente falaz. Si bien el siglo XX ha conocido varias y profusas masacres, dos de las más "importantes" han sido realizadas por la civilización industrial occidental.

La planificación hasta el último detalle con sus campos de concentración, las cámaras de gas y el exterminio de un pueblo fue realizada por Alemania, la nación más avanzada del planeta en la década del treinta. Tal cual señala el sociólogo Zygmunt Bauman, "como toda otra acción conducida de manera moderna –racional, planificada, científicamente informada, dirigida de forma eficaz y coordinada–, el Holocausto dejó atrás todos sus pretendidos equivalentes premodernos, revelándolos en comparación como primitivos, antieconómicos e ineficaces(…) Se eleva muy por encima de los episodios de genocidios del pasado, de la misma forma que la fábrica industrial moderna está bien por encima de la oficina artesanal"4 Esto es, la máquina de muerte fue formidablemente moderna, tecnológica y " racional" Las bombas que cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki –y en menor medida sobre la ciudad alemana de Dresden, aunque no tuvieron como objetivo provocar el genocidio de todo un pueblo– aniquilaron a casi 300 mil personas con el fin de poner de rodillas a los japoneses y alemanes y "mostrar" el enorme poderío tecnológico de Estados Unidos al nuevo/viejo enemigo, la Unión Soviética. " Hiroshima –sostiene el sociólogo Michael Lowy– representa un nivel superior de modernidad, tanto por la novedad científica y tecnológica simbolizada por la bomba atómca , como por el carácter todavía más lejano, impersonal, puramente "técnico" del acto exterminador presionar un botón, abrir la escotilla que libera la carga nuclear. En el contexto particular y aséptico de muerte atómica entregada por vía aérea, se dejaron atrás ciertas formas manifiestamente arcaicas del Tercer Reich, como las explosiones de crueldad, el sadismo y la furia asesina de los oficiales de la SS. Esa modernidad se encuentra en la cúpula norteamericana que toma –después de haber pesado cuidadosa y "racionalmente" los pros y las contras– la decisión de exterminar la población de Hiroshima y Nagasaki. un organigrama burocrático complejo compuesto por científicos, generales, técnicos, funcionarios y políticos tan grises como Harry Truman, en contraste con los accesos de odio irracional de Adolfo Hitler y sus fanáticos"5 Vale la pena recordar que el presidente de Estados Unidos Harry Truman dijo que "el mundo tendrá que saber que la primera bomba atómica se arrojó sobre Hiroshima, una base militar. Esto ocurrió así porque quisimos evitar, en la medida de lo posible, la muerte de civiles"6.

Es indudable que Estados Unidos despierta sentimientos contradictorios. Por un lado es admirado su estilo de vida –el tan difundido american way of life–, la construcción de su sistema democrático, la libertad de prensa y expresión, y un conjunto de valores que seducen a una porción importante de la humanidad, especialmente a los gobernantes que buscan los favores de Occidente7. Pero, aunque a los occidentales les cueste aceptarlo, este modelo dista de seducir a la mayoría de los pueblos poseedores de tradiciones milenarias, y que son la mayoría sobre la tierra. La realidad indica que en la relación ambivalente que existe entre la aceptación y el rechazo, los atentados a las Torres Gemelas provocaron un sentimiento muy amplio de "sabor a revancha" y "comprensión" en muchas partes del mundo –y no sólo entre musulmanes– independientemente de la identidad de los autores.

Después de la desaparición de la Unión Soviética el Islam, convertido en el "nuevo enemigo de Occidente", es mediática, política e intelectualmente señalado como "retrasado, fanático y bárbaro" Antes incluso de la caída del Muro de Berlín, Edward Said señalaba que "existe un consenso sobre el Islam como una especie de chivo emisario para cualquier suceso que no nos guste sobre los nuevos modelos políticos, sociales y económicos a nivel mundial. Para la derecha, el Islam representa barbarie; para la izquierda, una teocracia medieval, para el centro, una especie de exotismo desagradable. A pesar de que se sabe muy poco sobre el mundo islámico existe un acuerdo de que allí no hay demasiado que se pueda aprobar"8 Las imágenes de Afganistán, asociadas a los autores de la destrucción de las Torres Gemelas, o las de la dictadura de Saddam Hussein no hacen más que acrecentar esta antinomia simplista y maniquea de "civilización o barbarie".

El rechazo hacia Estados Unidos no proviene solamente de su intervención en el Medio Oriente. El problema central que ha quedado al descubierto después del 11 de septiembre es la extrema hegemonía ejercida por Estados Unidos sobre el conjunto del mundo, tal cual lo señaló el sociólogo A l a in Touraine dos días después de los atentados9.

De las Torres Gemelas a Kabul

Una vez señalado Bin Laden como culpable de los ataques, Estados Unidos buscó construir la "Coalición Internacional contra el Terror" que le diera legitimidad en su difusa e incierta lucha global contra el terrorismo y un "cheque en blanco" a una ofensiva militar allí donde se realizara. Cómo era lógico de esperar, primero apeló a su propio Congreso –donde consiguió un voto casi unánime de apoyo– y a los países occidentales más poderosos, para luego comenzar a tejer una compleja red de nuevas alianzas, impensada un mes antes de los atentados. El apoyo sin precedentes a Estados Unidos le permitió a Washington "comunicar" sus intenciones de atacar Afganistán buscando amparo en el Artículo 51 del Capítulo 7 de la carta de las Naciones Unidas10 que le otorga el derecho a un país de responder a una agresión, pero como una medida provisoria hasta que el Consejo de Seguridad tome las medidas que considere convenientes.

Ante la presencia de la primera potencia mundial como víctima, muy pocos gobiernos cuestionaron la legitimidad jurídica de la i n tención de Estados Unidos de comenzar los bombardeos sobre Afganistán. Michael Mandel, profesor de derecho en Osgoode Hall Law School, Toronto, y especialista en derecho penal internacional, sostiene que "el Artículo 51 otorga a un Estado el derecho a repeler un ataque que se está llevando a cabo o es inminente, como una medida temporal hasta que el Consejo de Seguridad de la ONU pueda tomar las medidas necesarias para la paz y la seguridad internacionales (y) el derecho a la autodefensa unilateral no incluye el derecho a las represalias una vez el ataque ha parado. E l derecho de autodefensa en derecho internacional es como el derecho de autodefensa en nuestro propio derecho: te permite defenderte cuando la ley no está alrededor, pero no te permite tomarte la justicia por tu mano"11.

Para justificar los bombardeos sobre Afganistán, el gobierno de los Estados Unidos manifestó que los talibanes se habían negado a las cuatro exigencias formuladas por el presidente Bush: la entrega de Bin Laden, el cierre de sus campos de entrenamiento, permitir inspecciones internacionales en suelo afgano y la liberación de los ocho cooperantes internacionales12 El reiterado cambio de discurso del Departamento de Estado respecto de los objetivos a lograr reflejó más que nada la necesidad de encontrar una justificación para que la primera potencia mundial bombardeara uno de los países más pobres del planeta. La búsqueda de la legitimidad del ataque contra Afganistán contó con un elemento propagandístico fundamental: la demonización del enemigo, tal como sucedió durante la Guerra del Golfo en 1991 cuando se magnificó el poderío de Saddam Hussein13, también la magnificación de la capacidad militar de los talibanes y el "ejército de 20 mil hombres de Bin Laden" sirvió para obtener legitímidad y consenso para lanzar la ofensiva militar y ocupar Afganistán y después, Irak.

La invasión a Irak

Los discursos del presidente Bush después del 11 de septiembre, el ataque a Afganistán y la invasión de Irak difícilmente lograrán cambiar la percepción en el mundo árabe-islámico de que existe una guerra contra el Islam y de que hay masacres que para los occidentales pesan como montañas y otras –en Chechenia, Bosnia, Palestina, Irak o Afganistán– pesan como plumas, para utilizar la metáfora de la escritora italiana Rossana Rossanda14.

La desintegración de la Unión Soviética y la Guerra del Golfo en 1991 le permitieron al presidente George Bush, padre, lanzar su proyecto del Nuevo Orden Internacional con el claro objetivo de posicionarse como la única superpotencia mundial. El discurso oficial norteamericano sostuvo y sostiene que la guerra contra Irak se hizo para luchar contra el terrorismo y "liberar al pueblo iraquí de la tiranía" de Saddam Hussein, aunque muy pocos sigan creyendo en la veracidad de estos argumentos. Además, si bien es cierto que el 11 de septiembre de 2001 Estados Unidos fue víctima de un atentado terrorista en su propio territorio, los planes de guerra contra Irak diseñados por los republicanos son muy anteriores al atentado contra las Torres Gemelas15.

La guerra contra Irak es el producto de una conjunción de hechos, la visión imperial de los republicanos una vez desaparecida la Unión Soviética, el petróleo, el control estratégico del Medio Oriente, la necesidad de debilitar a la Unión Europea, la crisis de la economía estadounidense y la urgencia por tapar algunos escándalos de empresas emblemáticas como Enron. Estados Unidos es el país que más petróleo consume en el mundo, alrededor del 25 por ciento de la producción total, y algunos estudios sostienen que si tuviera que producir lo que consume sólo tendría petróleo para cuatro años16 Esto explica la importancia del control energético del Medio Oriente donde se encuentran más del 65 por ciento de las reservas de crudo controlado por los países árabes que forman parte de la Organización para la Producción y Exportación del Petróleo (OPEP), que es la que fija los precios del crudo. Quien mejor explicó los motivos globales de una guerra contra Irak fue el ex presidente Jimmy Cárter en un artículo publicado el 10 de marzo en el New York Times al criticar a la administración Bush porque aseguró que "nuestros objetivos son cambiar el régimen y establecer una Pax Americana en la región, tal vez ocupando el país por una década"17, lo que significa ocupar Irak al mejor estilo colonial para luego repartirse, no sólo el petróleo, sino también toda la infraestructura del Estado iraquí. Es en este contexto que puede entenderse que la Casa Blanca haya otorgado por vía de la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) la reconstrucción de aeropuertos, centrales eléctricas, caminos, puentes, infraestructura de trenes, puertos, agua potable, cloacas, escuelas y centros médicos, sistema de irrigación y los edificios gubernamentales semanas antes del comienzo de los bombardeos, y mientras las Naciones Unidas debatían la manera de evitar la guerra18.

En 2003, a medida que las tropas anglonorteamericanas se adentraban en territorio iraquí, los países árabes –a pesar de su rechazo al régimen de Saddam Hussein–, pasaron de posturas ambivalentes a una condena a la invasión y posterior ocupación de Irak. Los gobiernos árabes no podían aceptar la guerra contra Irak por varios motivos. Primero, porque implicaba un ataque a un país árabe. Segundo, porque los planes estadounidenses para un reordenamiento regional del Medio Oriente contemplan los intereses norteamericanos y del Estado de Israel, y relegan otra vez la aspiración palestina a un Estado independiente. Tercero, porque la afinidad ideológica entre un gobierno republicano poblado de representantes de "lobbies" y organizaciones pro israelíes y el gobierno de Ariel Sharon son tan estrechas que el mundo árabe y musulmán está convencido de que detrás de la guerra se encuentra la mano del Estado de Israel. Como explicó el periodista Robert Fisk diez días antes de que comenzaran los ataques, "no se puede encontrar a mejores amigos de Israel en Estados Unidos que en los miembros de la administración Bush –Donald Rumsfeld, Richard Perle, John Bolton, Paul Wolfowitz y todos los demás–, quienes fueron o siguen siendo integrantes de cabildos israelíes en Washington. Ellos son parte del poder motivador detrás de la invasión a Irak, conflicto cuyos resultados podrían superar incluso los más grandiosos sueños de Israel. Si la aventura de Estados Unidos en Irak es exitosa, estos funcionarios bien pueden esperar un lugar de honor en la historia de Israel. El colapso de Irak puede significar el colapso del presidente palestino Yasser Arafat, y el de todo poder árabe que se atreva a desafiar a Israel"19.

Cuarto, porque nadie duda que Estados Unidos está detrás del control del petróleo iraquí, lo que seguramente afectará a los otros paíse; productores y exportadores de petróleo. El panorama que se abre en el Medio Oriente a raíz de la invasión y posterior ocupación de Irak es sumamente complejo y conflictivo, y seguramente la permanencia de las tropas anglo-norteamericanas en Irak incrementará el rechazo a toda la política de Estados Unidos. James Woolsey, el ex director de la CIA durante el gobierno de Clinton, dijo el 3 de abril que Estados Unidos estaba embarcado en la "Cuarta Guerra Mundial" Aseguró que ésta se extendería por años y que tendría tres enemigos: los gobernantes religiosos de Irán, los fascistas de Irak y Siria y los extremistas islámicos como Al Qaeda"20 En el mundo árabe e islámico nadie duda de sus palabras; en el resto del mundo tampoco.


Citas

1 Ver el trabaj o conj unto de los miembros de la RAND Corporation Frank Carlucci (secretario de defensa entre 1987-1989), Robert Hunter (embajador en la OTAN entre 1993-1998) y Salmay Khalizad (trabajó en temas de defensa en el equipo del presidente Bush entre diciembre de 2000 y enero de 2001) A global Agenda for the U.S. president. www.rand.org/publications/MR/MR1306/.

2 Oriente y la Guerra del Golfo, Buenos Aires, Letra Buena, 1991, especialmente el capítulo 8 "Hacia un Nuevo Orden Internacional".

3 Pedro Brieger, "El Nuevo Orden Internacional y el choque de civilizaciones", publicado en Globalización e Historia, III Jornadas de Historia de las Relaciones Internacionales, AAW, Buenos Aires 1998.

4 Zygtnut Bauman, Modernity and the Holocaust, London, Polity Press, 1989, p.15,28. Citado por Michel Lowy en "Barbarie y modernidad en el siglo XX" www.rebelion.org (16.09.2001).

5 Lowy, idem.

6 Citado por el historiador Howard Zinn en "A just cause, not a just war", en: The Progressive, December 2001 www.progressive.org/0901/zinn1101.html.

7 A pesar de su imprecisa definición en la vulgata mediática, Occidente en realidad representa a los países capitalistas desarrollados de origen anglosajón, como bien se encarga de explicitarlo Huntington en "The Clash of Civilizations?".

8 Edward Said, Covering Islam. How the Media and the experts determine we see the rest of the World, Routledge & Kegan Paul, Londres 1985; p. XV.

9 Alain Touraine, "La hegemonía de EE.UU. y la guerra islamista" en: El País, 13.09.2001.

10 El texto completo del Artículo 51 está en la Carta de las Naciones Unidas, Capítulo VII: Acción en Caso de Amenazas a la Paz, Quebrantamientos de la Paz o Actos de Agresión, Artículo 51: "Ninguna disposición de esta Carta menoscabará el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de las Naciones Unidas, hasta tanto que el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad internacionales. Las medidas tomadas por los Miembros en ejercicio del derecho de legítima defensa serán comunicadas inmediatamente al Consejo de Seguridad, y no afectarán en manera alguna la autoridad y responsabilidad del Consejo conforme a la presente Carta para ejercer en cualquier momento la acción que estime necesaria con el fin de mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales" www.unic.org.ar.

11 Michael Mandel, "Say what you want but this war is illegal", en: Toronto Globe & Mail, 9.10.2001.

12 "EE.UU. ataca Afganistán. E l Pentágono confirma el ataque" El País, 7.10.2001.

13 El general Norman Schwarzkopf, quien comandó la Guerra del Golfo, reconoce en su autobiografía que la Guardia Republicana –presentada como una impresionante fuerza militar&nmdash; fue derrotada casi sin pérdidas materiales y humanas por parte de la coalición internacional que desalojó a Irak de Kuwait. Schwartzkopf, Norman, Autobiografía, Barcelona, Plaza & Janés, 1993, pp.610- 641.

14 El País, 28 de septiembre 2001.

15 Ver especialmente "A Clean Break: A New Strategy for Securing the Realm" de agosto de 1996 (http://www.israeleconomy.org/strat1.htm) y los textos publicados por el American Enterprise Institute-AEI (www.aei.org).

16 www.ecoportal.net/noti/notas966.htm.

17 Jimmy Cárter, "Just war, or a Just war?" New York Times, 10.03.03.

18 Ver toda la documentación de las licitaciones para la reconstrucción de Irak en www.usaid.com.

19 La Jomada, México, 9 de marzo 2003.

20 www.cnn.com, 3 de abril, 2003.


Bibliografía

  1. FUKUYAMA, Francis, El fin de la historia y el último hombre, Buenos Aires, Planeta, 1994.
  2. HUNTINGTON, Samuel, "The Clash of Civilizations?" en: Foreign Affairs, Volume 72, No. 3, Summer 1993.

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