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Asalto rápido, ataque preventivo. El teatro doméstico de la guerra y las nuevas disidencias

Rapid assault, preemptive strike. The domestic theater of war and the new dissidences

Assalto rápido, ataque preventivo. O teatro doméstico da guerra e as novas dissidências

Mary Luise Pratt *


* Magíster en Lingüística y Doctora en Literatura Comparada. Profesora de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Nueva Cork-Canadá. Erudita de reconocido nombre en el campo de la lingüística y estudios sobre femini smo, cultura y teoría poscolonial en América Latina. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. .


Resumen

Las tácticas para reprimir la disidencia en el escenario doméstico en EE.UU. son las mismas que aprovechan las acciones militares en el exterior: asalto rápido y ataque preventivo. La derecha opera por medio de entrelazadas redes gubernamentales, mediáticas, corporativas y privadas que sin embargo no logran reinterpelar la ciudadanía de manera consistente o satisfactoria. La derechización actual en EE.UU. tiene antecedentes en el macartismo y la Primera Guerra Mundial, y orígenes en un nuevo activismo desanollado a partir de 1968 y ayudado por la monopolización de los medios. Sin embargo, el internet ofrece un poderoso apoyo a las prácticas opositoras, y crea un nuevo agente político, el público global.

Palabras clave: Derechización, pacifismo, tendencias, guerra de Irak, Estados Unidos.

Abstract

The tactics to repress dissidence in the domestic arena in the USA are the same used by military interventions in foreign lands: rapid assault, and preventive attack. The right wing operates as interlaced governmental, media, corporative and prívate nets that, notuiithstanding, do not success when trying to question citizens in a consistent ana satisfactory vuay. The current emergence of the right wing in the USA has some antecedents in McCarthyism and in the Eirst World War, as well as origins in a neui activism developed since 1968, supported by the media monopolization. Nevertheless, the Internet offers a powerful tool to opposite practices and creates a new political agent: the global audience.


Lo único que hay que hacer es decirles que están siendo atacados, y denunciar a los pacifistas por su falta de patriotismo, y por exponer el país al peligro. Funciona igual en todos los países
Hermann Göring (cit. por L. Lapham, Harper's, 6/ 2003 p. 9.)
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Sólo la presunción, los sueños de grandeza, las vanas fantasías, el anhelo del poder o el deseo de escapar de nuestros peligros y obligaciones domésticos podrían convencernos de que la Providencia nos ha nombrado su pueblo elegido para la pacificación de la tierra.
Charles Beard, historiador estadounidense, 1939
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A mediados de marzo de 2003 un grupo de profesores de la Universidad de Columbia, en Nueva York, organizaron un foro público contra la invasión de Irak, una de las decenas de miles de reuniones convocadas a lo largo de Estados Unidos para debatir la guerra. De las seis horas de debate académico , para algunos un tanto aburrido, sobrevivieron sólo los apasionados aportes de un joven profesor de antropología: que se trataba de una guerra imperial, que sólo el pueblo iraquí podía obtener la liberación de su propio país; que los soldados americanos, en su mayoría provenientes de clases subordinadas, debían negarse a pelear; que los únicos héroes eran quienes ayudaban a vencer al ejército estadounidense; que hacían falta "un millón de Mogadiscios" En el lapso de unas cuantas horas estas últimas palabras, referidas a un incidente de 1993 donde en Somalia murieron 18 soldados estadounidense (ver la película Black Hawk Doum), desataron un ataque de histeria masmediática sumamente revelador: del estado de los medios y de las psiques en el país; de la fuerza de un patriotismo nuevamente militarizado; de la creciente intolerancia hacia la disidencia, y de una nueva onda de agresión contra el pensamiento crítico en las universidades y en la sociedad.

La máquina sensacionalista fue puesta en marcha por un reportero del diario neoyorquino Newsday, quien asistió a la reunión en busca de algún soundbite que le permitiera movilizar las pasiones patrióticas de sus lectores (y avanzar en su carrera dentro del clima hipercompetitivo del periodismo actual) Su reportaje fue retomado por la prensa amarilla neo yorquina, el Daily News y el New York Post, y más importante, por los poderosos ideólogos televisivos de derecha como el belicoso animador de talk show Bill O'Reilly de la cadena Fox. A partir del día siguiente, este profesor fue inundado de amenazas de muerte por teléfono y por correo electrónico; tuvo que cancelar sus clases y esconderse co n su familia. El presidente de la universidad repudió los comentarios antipatrióticos del joven antro pólogo (especialista en estudios latinos), pero afirmó que estaban protegidos por la libertad académica. La respuesta fue un chorro de correos de graduados de la universidad , amenazand o co n suspender sus contribuciones si no se despedía al traidor. No menos de 104 miembros del Congreso firmaron una carta puesta a circular por un representante republicano de Arizona, condenando al profesor e insistiendo en una acción disciplinaria, la cual fue rechazada por el presidente de Columbia, quien argumentó contra tales represalias, que juzgó inaceptables bajo el principio de la libertad académica. Una fideicomisaria de la Universidad del Estado de Nueva York aprovechó la controversia para insistir, en un artículo publicado por el órgano nacional de derecha National Review, sobre la necesidad de imponer la "diversidad ideológica" en las universidades quitándole al profesorado poder de decisión sobre los nombramientos académicos. La reacción predominante dentro de la academia, inclusive entre los demás participantes de aquella mesa fue insistir en la libertad de expresión y condenar rotundamente las palabras que habían generado la polémica. Lo que más ofendía, decía la gente, era la falta de apoyo a las tropas, el dolor que esa indiferencia podía causar a sus familiares.

El incidente de la Universidad de Columbia permite ver algunas dimensiones de la maquinaria ideológica actual en EE.UU. y los pactos que la alimentan, y atestigua la intensificación, durante la guerra de Irak, de la cultura de intimidación que se desparramó sobre el país a partir del 11 de septiembre (prefiero hablar de intimidación en lugar de nuestro término habitual, "cultura del miedo" para enfatizar las causas sobre los efectos). En contraste con las enormes y extensas manifestaciones de oposición pública contra la invasión a Irak durante los meses de enero y febrero de 2003, una vez lanzada la acción militar, las posturas antibélicas resultaban admisibles sólo si venían prologadas por explícitas afirmaciones de amor patrio y de apoyo a las tropas estadounidenses. Con esta estrategia muchos progresistas esperaban romper el monopolio conservador sobre el patriotismo, y legitimar un espacio crítico frente a la guerra. Así, la palabra "invasión" fue suprimida de todos los léxicos.

El escándalo alrededor de la conferencia en Columbia derivó no sólo de las pasiones personales, sino de la acción de redes organizadas para generar este tipo de impactos. Son las batallas mediante las cuales se producen las guerras ideológicas, en las que la derecha busca exhibirse en el papel sensacionalista del agresor, mientras las corrientes progresistas, críticas y de izquierda desarrollan exitosamente el uso de los sitios web como espacios de información y debate. En estas breves páginas propongo comentar algunas dimensiones de la situación actual; luego señalar algunos de sus antecedentes históricos, y al final describir brevemente las formas emergentes de disidencia.

Asalto rápido, ataque preventivo: el antiterrorismo doméstico

Cuando hoy se habla de "la derecha" en EE.UU., se alude a una fuerza entretejida por agencias gubernamentales y judiciales, organizaciones no gubernamentales, sectores religiosos, institutos de política e investigación (los think tanks), el Partido Republicano , empresas privadas y de medios. Los actoresse mueven con fluidez a través de las fronteras extremadamente porosas entre estas entidades, ocupando múltiples cargos al mismo tiempo. Por ejemplo, la fideicomisaria de la Universidad del Estado de Nueva York, que exigía diversidad ideológica, fue nombrada en gran medida por su afiliación republicana y su conservadurismo. Pertenece a la Asociación de Graduados y Fideicomisarios, una entidad no gubernamental fundada en 1995 por Lynne Cheney (esposa del actual vicepresidente de EE.UU., doctorada en literatura inglesa e investigadora en el prestigioso y archiconservador American Enterprise Institute.) En 1986, Cheney fue nombrada por Ronald Reagan para ocupar el poderoso puesto de directora de la Fundación Nacional de Humanid ad es, principal ente de apoyo gubernamental para la investigación humanística, desde donde se estableció como protagonista permanente de la derecha en la esfera de la educación. Frente al fracaso, dicen, de los esfuerzos para coordinar una agenda de derecha entre el profesorado1, junto con el demócrata conservador Joseph Lieberman formó la Aso ciación de Graduados y Fideicomisarios. En 2000 la AGF, según anunció en la internet, distribuyó más de 3.000 millones de dólares en instituciones educativas de EE.UU.

Dos meses después del ataque a las To rres Gemelas, la AGF publicó un info rme titulado "Defendiendo la civilización: cómo nuestras universidades le fallan a EE.UU", condenando a las universidades como "el eslabón débil en la respuesta nacional al 11 de septiembre". "Cuando los intelectuales de una nación no están dispuestos a defender su civilización –decía– fortalecen a nuestros adversarios". El documento mencionó a unos 40 académicos y 117 incidentes de antipatriotismo , muchos de ellos consistentes en la mera sugerencia de que podría haber explicaciones para la agresión que acababa de sufrir el país. Esa lista provocó la suspensión de varios profesores, pero fue tenazmente criticada y burlada (la valiente filósofa Judith Butler escribió sumándose a los antipatrióticos y haciendo el pedido fo rmal de ser incluida en el distinguido club). La AGF suspendió su sitio de red y se volvió subterránea. Sin embargo el incidente quedó como señal de las vigorosas energías antidemocráticas que cundían en la época de Bush II.

En relación con el Medio Oriente, otra lista negra fue armada por el grupo de vigilancia Campus Watch, fundado por el ex académico y especialista en Medio Oriente Daniel Pipes, y financiado, como la mayoría de los proyectos educativos de la derecha, por las grandes fundaciones conservadoras (Heritage, Olin, Coors, entre otras). Pipes se ocupa de atacar a los especialistas universitarios que critican a Israel o que simp atizan co n lo s palestinos. Mantiene un sitio web (www.campuswatch.org) y una extensa red mundial. (Hace dos meses una pro feso ra de Yale, al publicar un artículo antibélico en el periódico universitario, recibió 18.000 correos electrónicos incluyendo amenazas de muerte y violación). Recientemente, a pesar de la fuerte oposición de los especialistas académicos, Pipes fue nombrado por la administración Bush en el Consejo de Directo res del US Institute of Peace, un instituto federal independiente fundado en 1984 para aconsejar al gobierno sobre po lítica exterio r. Simultáneamente, Pipes es periodista del New York Post y de The Jerusalem Post, diarios pertenecientes al enorme imperio del australiano Rupert Murdoch, fundador de Fox TV y también ideólogo de derecha. No es para asombrarse entonces que saltando a la red multimediática, el escándalo de Columbia se haya ampliado con tanto sensacionalismo y rapidez.

Como sugiere el caso de Co lumbia, el rápido y concentrado asalto sobre las acciones de disenso, y su espectacularización mediática, es producto de un tejido de entidades gubernamentales, políticas, mediáticas y de redes electrónicas formales e informales. Cuando Hillary Clinton habló en 1999 de una "vasta conspiración de derecha," el público no le creía; ahora el concepto de una "vasta red de derecha" forma parte del vocabulario cotidiano. Tres factores clave son la creciente concentración de los medios, cada vez en menos manos, su politización hacia la derecha, y el amarillismo de los circuitos de información y debate. Estos hechos permiten la escenificación de conflictos ideológicos domésticos según los mismos códigos co n que se orquestan las guerras en el exterior: despliegue rápido, bombardeos masivos y abrumadores llovidos sobre un enemigo objetivado, criminalizado y empequeñecido, junto con ataques preventivos.

Casi co incidiendo con el foro de Columbia, una cantante del grupo tejano Dixie Chicks, comentó en un concierto en Londres que la avergonzaba que el presidente Bush fuera tejano. Sus palabras provocaron otro paroxismo de rabia y agresión bajo el signo del patriotismo. Horas después, a lo largo de los EE.UU. las radioemisoras, una tras otra, denunciaban el acto antipatriótico con feroz invectiva, renunciaban a poner la música de las Dixie Chicks e invitaban a los oyentes a un boicot contra sus discos. El Congreso estatal de Caro lina del Sur aprobó una reso lució n demandando que antes de alguna aparición pública en el estado, ofrecieran disculpas y dieran un concierto gratuito para familiares de militares.

El ataque a las Dixie Chicks parecía una espontánea reacción en serie, pero la verdadera cadena era la inmensa empresa radiofónica Clear Channel con sede en San Antonio (Texas), dueña de 1.200 radioemisoras que controla 25% de los oyentes radiofónicos en todo el país y 60% de la programación de rock2 Cuenta con un público de 103 millones de personas dentro de EE.UU., y en su red de 240 radioemisoras internacionales alcanza la sexta parte de la población mundial. Durante la guerra, Clear Channel dejó atrás la función informativa de los medios para encabezar la organización de manifestaciones probélicas por medio de su inmensa red radiofónica y sus 47 estaciones de televisión. El vicepresidente de Clear Channel es un viejo amigo de la familia Bush, exsocio de George II en negocios en Texas, activista republicano. Seguramente ni siquiera fue necesaria una llamada de Karl Ro ve para movilizar la cadena contra la infeliz Chick, bajo el pretexto de responder a las reacciones de sus oyentes. El debate en la Internet, sin embargo, revela que las reacciones de los oyentes fueron en realidad muy diversas. Muchos apoyaron a la valiente Chick, quien se disculpó por faltarle al respeto al presidente, reafirmando su amor patrio, y reiterando sus motivos para oponerse a la guerra. Semanas después en su concierto de Carolina del Sur, las Dixie Chicks ofrecieron al público la oportunidad de abuchearlas y se les respondió con una larga y afectuosa ovación.

Clear Channel controla los programas de conciertos de numero sos artistas, como Madonna, Pearl Jam, Aerosmith, Janet Jackson. El mensaje para los músicos fue claro: quienes usan su acceso a los medios para expresar disensos políticos pueden esperar amplias y dramáticas represalias inmediatas. El actor activista Tim Robbins cita una conversación con un rockero, quien dice compartir la oposición a la guerra, pero sin poder hablar en público porque Clear Channel "controla nuestros ciclos de conciertos y la mayoría de radioemisoras que ponen nuestra música. Yo no puedo declararme contra la guerra". Es obvio que puede –lo triste es la forma como la lógica del mercado se naturaliza dentro de los círculos disidentes–. Pero el miedo también es real, la destrucción de vidas y carreras por las listas negras de McCarthy es historia conocida entre los artistas de hoy.

Estos incidentes confirman el comentario de John Le Carré: "América ha entrado en una de sus fases de lo cura histórica, aunque esta es la peor que puedo recordar"; del historiador Eric Foner: "estamos viviendo un momento en el que muchos comentaristas parecen ver la libertad de expresión como inconveniente antipatriótico. Los ataques incesantes a los disidentes tienen el propósito de crear un atmósfera de shock and awe dentro del país"; o del rockero Bruce Springsteen condenando "la presión por parte del gobierno y las grandes corporaciones para imponer una conformidad de pensamiento acerca de la guerra y la política"3. Pero también como estas citas muestran, existe un vigoroso clima de debate y contestación. A pesar de los números de las encuestas, la invasión a Irak se disputó animad amente en las calles, en las cafeterías, en las iglesias y los lugares de trabajo. Hasta los familiares de militares no escondían sus dudas sobre la justificación de la intervención. Muchos radioyentes suscribieron los comentarios de las Dixie Chicks. A firma Foner, "con la excepción de la Segunda Guerra Mundial, no hay guerra en la historia de este país que no haya suscitado una animada oposición doméstica." La oposición a la guerra fue articulada en los reducidos pero no inexistentes medios nacionales progresistas, por algunas figuras de la prensa mainstream, en muchas publicaciones locales y, sobre todo, en una enorme proliferación de sitios de la red armados precisamente para criticar los intereses comerciales y la derecha. Esta proliferación de sitios, muchos de muy alta calidad4, constituye una inmensa fuente de información, de ideas y de solidaridad. La red representa un nuevo recurso obviamente al alcance de todo el espectro político, pero particularmente poderoso para las perspectivas mino ritarias, disidentes y no funcionales a los intereses d omi nantes La ano nimía e invisibilidad de la red justamente protegen de la táctica de asalto mediático preferida por la derecha. A unque la influencia de estos medios alternativos en nada se acerca a la de los grandes medios comerciales, hay que reconocer la red como un nuevo espacio vital, participativo y asequible que está contrarrestando la erosión de la ciudadanía por parte de los medios.

Sin embargo la autocensura admitida por el rockero tiene numerosos ecos. A artistas y grupos teatrales se les hizo saber que la Fundación Nacional de las Artes sólo considerará proyectos "muy seguros" El riesgo y la experimentación artísticos amenazan. A los científicos investigadores sobre sida se les aconsejó que en sus propuestas al Instituto Nacional de la Salud evitaran palabras como "ho mosexual", "sodomía", "sexo anal." En los espacios del dogmatismo, la nomenclatura es todo. La decepcionante pasividad de los demócratas atestigua la dificultad de responder a la agresividad y la rapidez con las cuales la máquina republicana responde a cualquier voz de oposición razonable. Horas después de atribuir la invasión de Irak a un fracaso diplomático, Tom Daschle, líder demócrata, fue triturado por la Casa Blanca y todo el equipo de comentaristas de derecha. No ha vuelto a levantar la cabeza.

He sugerido más arriba que las tácticas que se usan en el teatro de la guerra también se despliegan en el escenario doméstico. Se trata no sólo del asalto rápido sino también del ataque preventivo . Según el semanario progresista The Nation, en febrero un avión federal con 100 agentes armados aterrizó misteriosamente en un pequeño pueblo de Idaho a las 4:30 de la madrugada. Los agentes invadieron el dormitorio de la universidad del estado, llevándo se sin explicaciones a un estudiante Saudita y separando a 20 estudiantes mediorientales más. Los interrogatorios duraron horas; luego se fueron. Poco después, el saudita resultó acusado de haber contribuido con dinero a una asociación caritativa en Detroit que estaba bajo sospecha de vínculos terroristas. En abril se repitió el drama en la universidad estatal de Arizona donde se cayó sobre un grupo de estudiantes cuyo crimen fue ser mediorientales y haber pasado una tarde en una galería de tiro recreativo. La vio lencia estatal busca no el enemigo sino el posible enemigo; la seguridad depende no de la capacidad de responder sino de ser el primero en agredir ( frase favorita atribuida a Condoleezza Rice, "la mejor defensa es una buena ofensiva") Por ley nacional todos los hombres jóvenes originarios de 25 países musulmanes han sido citados ante el servicio inmigratorio; se les toman las huellas, la foto, se verifican sus documentos. Quienes tienen la más mínima irregularidad en su estatus migratorio son inmediatamente detenidos o deportados. Se detiene a miles, incluyendo seis estudiantes de Colorado cuyo crimen fue no haberse matriculado por suficientes horas de clase. Se prepara una segunda etapa (Patriot II): la muestra de ADN, y una inmensa base de datos que rastreará todos los movimientos de los 1,2 millones de estudiantes e investigadores extranjeros en el país.

El ataque preventivo y el asalto rápido generan una nueva hermenéutica, que transforma el cuestionamiento en amenaza, la disidencia en antipatriotismo y el antipatriotismo en terrorismo. El fanático estrella O'Reilly declara que los activistas opuesto s a la guerra deben ser encarcelados Richard Perle, importante consejero del Departamento de Defensa denomina al distinguido periodista Seymour Hersh "lo más cercano que hay a un terrorista" Por su parte, Foner es uno de tantos "profesores traidores" que "odian a América" ("Estás con nosotros o estás con los terroristas" declara Bush.) Estos violentos juegos de nomenclatura autorizan toda clase de agresiones. Un hombre en Santa Fe es arrestado e interrogado por cinco horas por haber escrito en un chatroom de internet que Bush "está fuera de control" Su comentario se interpreta como "una amenaza contra el presidente." Los órganos de caridad cancelan las apariciones de Susan Sarandon y Tim Robbins por miedo a lo que vayan a decir. La hermenéutica de la camiseta entra en juego: en el Estado de Nueva York un hombre es arrestado en un malí por llevar una camiseta que dice "Paz en la tierra"; en Florida un niño es expulsado por llevar una con el símbolo de la paz. Los maestros de primaria y secundaria se sienten autorizados para castigar cualquier expresión de crítica a la guerra o al Gobierno, mientras en Albuquerque dos maestras de secundaria son despedidas por exhibir posters contra la guerra en sus salas de clase. En dos universidades, estudiantes que tienden la bandera al revés como signo de patriotismo disidente son atacados y agredidos físicamente.

En este escenario recodificado por la nueva doctrina, los ciudadanos son asediados por tres invitaciones: la denuncia, el consumo y la conformidad. No es una fórmula satisfactoria, sin embargo, en cuanto a la denuncia, la ética individualista de los estadounidenses no acepta el espionaje sobre el vecino, ni la vigilancia del vecino sobre uno. La gente rechazó rotundamente una propuesta post 11 de septiembre para formar un cuerpo ciudadano encargado de reportar actividades sospechosas. La gente sí se vuelca al consumo, pero la debilidad de la economía y la dramática polarización económica del país significa que muchos carecen de recursos para consumir. La conformidad no requiere de talentos ni recursos, pero choca con la otra reacción provo cada por las emergencias –el deseo imperioso de "hacer algo"–. Existe en el país un enorme deseo de actuar, frente a un Estado que le pide al ciudadano no hacer nada, que sólo vea televisión y que ni siquiera vote. Al mismo tiempo, el miedo puso en juego un fuerte deseo de ser pro tegido. Esto es lo único capaz de dar sentido a la pasividad y, para algunos, legitimidad a la vigilancia. La gente se divide, por ejemplo, frente a las nuevas medidas de seguridad en los aeropuertos, que imponen un ritual de striptease serial, acto de vulnerabilidad voluntaria y de sometimiento del cuerpo al poder del prójimo conciudadano (aunque muchos inspectores no lo sean) Algunos lo encuentran reconfortante, un ejercicio placentero de solidaridad cívica y una garantía eficaz. Para otros es una intruso ria puesta en escena de auto ritarismo.

Las estrategias mediáticas de la derecha también muestran fracturas y puntos de inestabilidad. En la esfera de los medios la correspondencia entre los objetivos político-ideológicos y los objetivos comerciales nunca está garantizada, por ejemplo. Como herramienta político-ideológica, el asalto mediático opera con el fin de intimidar; como mecanismo mediático-comercial, supropósito es montar un espectáculo que atraiga público. Cuando trabajan juntos en los muy exitosos talk shows de derecha (Rush Limbaugh en la radio; Bill O'Reilly en la televisión, por ejemplo), el dogmatismo político y el estilo violento y agresivo producen una fórmula mediática y comercial con la cual el pensamiento democrático todavía no encuentra manera de competir. El espectáculo consiste en la vio lenta descalificación de toda postura que difiera de la doctrina del día; se deslegitima el diálogo, la racionalidad, los valores democráticos, y cualquier concepto de consenso basado en el compromiso o el entendimiento mutuo. La fórmula tiene varios puntos vulnerables, sin embargo. El comercio no se deja regir por lealtades. Los programas de ataque requieren una sucesión constante de blancos espectacularizables, sean de izquierda o de derecha. Si hacen falta moros, se ataca cristianos. La no-aparición de las armas masivas en Irak crea blancos muy atractivos en el Departamento de Defensa. Mientras tanto, los ataques preventivos amenazan acabar con los moros, es decir, amenazan dejar la derecha sin blancos atacables, y sin materia prima con la cual mantener los miedos y justificar, por ejemplo, las detenciones preventivas. La prevención exitosa se autodéslegitima –la onda de ataques terroristas que se anunciaba en EE.UU. a partir del 11 no ocurrió–.

Orígenes y antecedentes

El ataque a las Torres Gemelas no surgió de la nada, aunque se haya vivido así. Lo mismo podría decirse de los cambios políticos que le siguieron. Se anunciaron y se vivieron como consecuencias del 11 de septiembre, pero según se va descubriendo, existieron antes como proyectos que buscaban un clima ideológico y político apropiado para realizarse. El Acta Patriota (Patriot Act) aprobada en octubre de 2001, que transformó los derechos civiles frente a la amenaza terrorista, apareció co n tanta rapidez que se supone que en gran medida ya estaba redactada antes del ataque. Un plan titulado Defending the Homeland (Defensa de la Patria) fue redactado en 1999. El proyecto de intervención en Irak llevaba años circulando en Washington; Cl into n lo había rechazado. Shock and Awe fue el título de un libro publicado en 1996 por la Universidad Nacio nal de Defensa. La idea de una apropiació n estadounidense de los recursos petroleros del Medio Oriente originó, según la revista Harper's, algo así como un sueño de Henry Kissinger en los años setenta, cuando EE.UU. aún no tenía presencia militar en la región.

La continuidad de las ideas se refleja claramente en la continuidad de los personajes. Una de las grandes revelaciones de las revisiones histó ricas provocadas por el triunfo de la derecha es que las semillas se sembraron en los años 1968-1978, época triunfal de las fuerzas progresistas. Por ejemplo, Richard Cheney y Donald Rumsfeld, vicepresidente y secretario de Defensa de EE.UU., se conocieron en 1968 cuando aquél, estudiante de posgrado de 27 años, era becario en Washington. Rumsfeld, con 35 años, era un joven congresista. No se cayeron bien, dicen. Para Rumsfeld, Cheney era un académico distraído; a éste, el actual vicepresidente le parecía arrogante (The New York Times, 31/5/03), pero igual, el arrogante contrató para su equipo político al distraído. En los mismos años el joven Karl Rove empezaba su carrera con los College Republicans (Republicanos Universitarios) asociación a cuya presidencia Rove accedió con la ayuda oculta del ala derecha del partido. Contratado en 1980 por el equipo de campaña presidencial de George Bush padre, se estableció en el seno de la dinastía Bush.

Durante el auge del liberalismo pro gresista en las instituciones académicas, la "Asociación de Republicanos Universitarios" fue marginada y burlada, pero también estuvo patro cinada por poderosos intelectuales como William Buckley, y por grandes fundaciones conservadoras que cultivaban talentos como Rove, financiando capacitaciones, estudios, congresos y reuniones y, durante los años ochenta, una red de periódicos estudiantiles agresivamente conservadora. Algunos han seguido carreras permanentes en los institutos de investigación que posee la intelligentzia de derecha. Rove fue uno de los tantos actores futuros cuidadosamente cultivados por esa maquinaria patriarcal, consciente de estar construyendo un movimiento cuyo vehículo político iba a ser el Partido Republicano. En los campus universitarios se convocaba a los jóvenes ambiciosos y desafectados por las retóricas triunfales del feminismo, la justicia racial, la multiculturalidad. El Partido Demócrata nunca emprendió un proyecto parecido. Sin duda, por influencia de su sector sureño conservador y racista más bien rechazaba la radicalidad de su base de apoyo juvenil y universitaria. Las consecuencias, treinta años después, son devastadoras. Con poquísimas excepciones, las energías radicales de la numerosísima generación posguerra (los babyboomers) nunca han sido recuperadas por el sistema político del país El liderazgo del Partido Demócrata jamás ha reflejado sus bases de apoyo, lo cual limita su capacidad de armar una oposición eficaz dentro del escenario político y legislativo. Los votos obtenidos por Ralph Nader en las últimas elecciones presidenciales hubieran garantizado la victoria de Al Gore.

Como dice Foner, "la historia de los derechos civiles en Estados Unidos está lejos de ser una trayectoria directa hacia una libertad cada vez mayor". El caso más cercano y obvio es el macartismo; a veces basta sustituir la palabra terrorista por comunismo. La lista de organizaciones terroristas publicada por el secretario de Justicia, John Ashcroft, recuerda la Lista de Organizaciones Subversivas de la administración Truman a fines de los años cuarenta. La American Association of Universities declaró en 1953 que el comunismo mundial constituía la principal amenaza para la libertad académica, y la membresía en el Partido Comunista "extingue el derecho a un puesto universitario". El texto se encuentra todavía en su sitio de red, junto con consideraciones sobre el papel de las universidades en garantizar la superioridad militar estadounidense.

Muchos historiadores encuentran importantes paralelos con la Primera Guerra Mundial, cuando las Actas contra el Espionaje (1917) y la Sedición (1918) prohibieron prácticamente toda crítica del Gobierno y de la guerra. En esa ocasión gran número de disidentes, socialistas y líderes sindicales fueron encarcelados o deportados y se despidió a académicos opuestos a la guerra. El Gobierno también estableció una agencia de propaganda, el Comité de Información Pública5.

El politólogo Richard Lewontin ofrece una hipótesis general: "En EE.UU. –dijo en 1997– la intervención estatal masiva en la producción y el consumo se vuelve una posibilidad política sólo en una crisis de guerra, cuando la supervivencia de la nación y de la civilización en general son amenazadas"6 Sus palabras, escritas en relación con la Guerra Fría, anticiparon la necesidad de esta nueva onda de militarización y un nuevo antagonista global, el terrorismo. El fin de la Guerra Fría, según esta hipótesis, anuló una de las principales maneras de equilibrar la economía del país. El geógrafo marxista David Harvey confirma el argumento. La guerra y el gasto social, dice, son los dos mecanismos disponibles para corregir las inevitables crisis de sobreacumulación producidas por el capitalismo desenfrenado7. El análisis explica muchas dimensiones del momento actual, pero tal vez las causas y efectos se hayan alternado. La dramática reestructuración económica que se lleva adelante bajo el pretexto del antiterrorismo apunta hacia una intervención estatal para institucionalizar la sobreacumulación y garantizar un desequilibrio permanente. ¿Será que la sobreacumulación deja de ser un efecto indeseable para ser el mo to r de una nuev a estrategia geo po lítica: el estado de guerra permanente?.

Disidencia, resistencia y el nuevo superpoder

En marzo de 2003, por la época de los ataques a las Dixie Chicks y al profesor de Columbia, circuló un correo electrónico anunciando que el representante demócrata Dennis Kucinich estaba dispuesto a presentar en el Congreso una resolución quitándole al presidente Bush la facultad de adelantar la guerra sin aprobación parlamentaria. Si recibía en las siguientes 24 horas suficientes mensajes de apoyo, decía, (creo recordar que se mencionaba la ci fra de un millón) se consideraría con el apoyo suficiente para dar ese paso y enfrentar la crítica que ello ocasionaría. Se solicitaba al destinatario mandar un mensaje a Kucinich y reenviar la noticia a allegados y amigos. De inmediato decenas de miles de ciudadanos copiaron, mandaron y reenviaron la comunicación, en las 24 horas siguientes Kucinich recibió más del número de mensajes que pedía y presentó luego la demanda. Esta es una escena que hoy se repite a diario entre decenas de millones de estadounidenses, con una proliferación de variantes. Como se mencionó más arriba, la comunicación electrónica se ha convertido en una poderosa herramienta de solidaridad, disidencia y actuación colectiva, resistente hasta ahora tanto a los ataques preventivos como al asalto rápido.

A pesar de las expectativas en contrario, la comunicación electrónica no ha suprimido el diálogo directo, la participación callejera, ni la manifestación fo rmal, sino que ha demostrado una importante capacidad de complementarlos y facilitarlo s; y enriquece mucho las bases de datos asequibles entre los interlo cuto res, factor que ayuda a que los puntos de vista de la gente difieran de las pautas telev isiv as. La movilización mundial del 15 de febrero de 2003 fue un parte victorioso. Producto de la coordinación electrónica y de un nuevo activismo centralizado en Internet, resultó la primera manifestación masiva a escala planetaria.

En EE.UU., el ejemplo innovador y eficaz fue la red Moveon, encabezada por un joven veinteañero de Berkeley. La gran innovación de esta red ha sido la acumulación no sólo de firmas sino también de fondos. Pueden mandar un mensaje anunciando que se precisa dinero para un anuncio televisivo o radiofónico, y la plata es canalizada en cuestión de horas; contribuir sólo requiere hacer click. Y de hecho, al igual que los servicios de venta en línea, si el usuario comprometido así lo quiere el sistema archiva su número de tarjeta para futuras contribuciones. En mayo de 2003 los opositores a una nueva norma de desregulación de los medios pudieron presentar más de 750.000 mensajes electrónicos en apoyo a su postura, hecho que ha forzado la reconsideración de las medidas8.

Las prácticas más tradicionales de oposición siguen funcionando, vigoro samente en algunos casos. Más de cien ciudades aprobaron resoluciones rechazando la reforma de derechos decretada en el Acta Patriótica. La Asociación Nacional de Bibliotecarios está proponiendo normas para eliminar los nuevos controles sobre el acceso a Internet y la posible vigilancia gubernamental sobre los préstamos de libros; la Asociación Nacional de Libreros propuso iniciativas para anular las leyes que permiten al gobierno vigilar las compras de libros. Frente a la disminución de los derechos civiles durante 2002 y 2003, la membresía en la Unión Americana de Derechos Civiles (ACLU) casi se duplicó para al canzar 300 000 afiliados, y la entidad fue inundada de contribuciones que le permiten sacar anuncios en los periódicos nacionales y abogar en las cortes en contra de medidas represivas. El proyecto Total Information Awareness, un inmenso esquema para vigilar todas las bases de datos públicas, privadas y comerciales, propuesto por el muy recordado John Poindexter, se canceló ante el fuerte rechazo público suscitado.

En los campus universitarios, junto con el debate sobre la guerra, crecen las campañas antimaquilas, que presionan a las fábricas de ropa deportiva, por ejemplo , para mejorar los sueldos y las condiciones de trabajo en sus fábricas Más impactantes todavía son las nuevas alianzas entre estudiantes y trabajadores de mantenimiento, que en un número creciente de universidades han lo grado imponer nuevas normas laborales y sueldos más adecuados; también se sindicalizan las capas más explotadas del trabajo académico. Los nietos de los años sesenta, herederos de los valores de sus padres, demuestran un sentido práctico que le faltó a la generación anterior.

Hasta la literatura se ha vuelto terreno de lucha. En los meses siguientes al 11 de septiembre, el Departamento de Estado contrató a quince eminentes autores para contribuir a una co lección de ensayos sobre el tema del escritor en la cultura americana (v The New York Times 7/ 12/ 02) El propósito era demostrar en el extranjero , sobre todo en el mundo árabe, que la cultura estadounidense es más que McDonalds y Hollywood. De hecho el proyecto recuerda las campañas culturales de la Guerra Fría, a cargo entonces de la United States Information Agency. En la poesía, mientras tanto, estalla la controversia. En 2002 Amiri Baraka, militante afroamericano y poeta laureado del Estado de New Jersey, fue destronado luego de leer un po ema donde se atribuía el ataque a las Torres a una conspiración judía. En febrero de 2003, en plenos preparativos bélicos, la señora Bush invitó a un distinguido grupo de poetas a un simposio en la Casa Blanca sobre tres grandes figuras nacionales: Walt Whitman, Langston Hughes y Emily Dickinson. Cuando algunos invitados anunciaron su intención de aprovechar la ocasión para hablar contra la guerra, Laura Bush canceló el evento. Uno de los desinvitados respondió con una invitación general a los poetas para colocar poemas contra la guerra en un sitio en la red. En un día llegaron 1.500 poemas, y pocos días después 3.500. Los poetas desinvitados organizaron lecturas alternativas en distintos lugares del país9.

La disidencia también aparece en los lugares menos esperados. La oposición a la guerra dentro de las fuerzas armadas fue intensa y hasta los soldados rasos, en entrevistas televisivas, expresaron sus dudas v su confusión acerca de los motivos para la intervención. En la CIA y las agencias de espionaje los agentes experimentados se horrorizaron frente a la manipulación de datos para justificar la invasión. Pero el nuevo elemento es seguramente el nuevo protagonismo ciudadano a escala global, po sibilitado por la comunicación electrónica y la visibilización televisiva. Lo que ocurrió el 15 de febrero no fue una serie de protestas locales sino una sola manifestación global con forma de archipiélago. La oposición a la política de EE.UU. ha desencadenado lo que el escritor Jonathan Schell llama un nuevo superpoder: el público global. Sin caer en romanticismos, es innegable que una fuerza nueva ha entrado en el escenario geopolítico.


Citas

1 En las universidades norteamericanas los graduados influyen, sobre todo organizados en redes, con su dinero, fuente esencial de fondos para las universidades norteamericanas, tanto públicas como privadas. Los fideicomisarios, que suelen ser representantes prestigiosos de grandes corporaciones y, en las universidades públicas, nombramientos políticos, dictan las políticas universitarias a nivel macro y –factor importantísimo– nombran a los rectores (presidentes).

2 Clear Channel nació de una primera etapa de desregulación en 1996, que le permitió una expansión sin antecedentes, de 36 estaciones a 1.200. Esta consolidación nadie lo niega, ha estrechado el panorama tanto musical como ideológico al cual los ciudadanos tienen acceso. La música experimental, local, clásica, folclórica, internacional (como las voces de izquierda), ya no existen en la radio comercial de EE.UU. Los medios nacionales están casi monopolizados por cuatro gigantescas empresas: AOL-T ime Warner, Viacom, Disney y el megasaurio News Corporation. Este último, por ejemplo, obra imperial de Rupert Murdoch, comprende la empresa fílmica Fox Entertainment, la red televisiva Fox, una empresa de cable que incluye Fox News y varios canales más; una red de periódicos que abarca el Times de Londres, The New York Post, The Jerusalem Post, una colección de casas editoriales como la gigante Harper Col l ins, una imprenta cristiana, y muchas entidades más . Está en proceso de adquirir el servicio de satélite DirecTV (The New York Times, 27/5/03).

3 La cita de John Le Carré se encuentra en The London Times, 15-1-2003; la de Eric Foner en The Nation, 2/6/2003, p. 13; la de Bruce Springsteen en su sitio en la red.

4 Para algunos ejemplos, ver los sitios: <commoncause.org>, <alternet.org.>, <takebackthemedia.com>, <MikeHersh.com>, <dissidentvoice.org>, <prospect.org>, <moveon.org>, <clearchannel-sucks.org>. La lista es arbitraria pero representativa.

5 Por razones incomprensibles, los antecedentes más obvios, o sea las repetidas intervenciones estadounidenses en los países de este hemisferio, casi nunca se explicitan a pesar del reconocimiento de que la invasión a Irak representa una nueva fase de política imperial.

6 Richard Lewontin: "The cold war and the transformation of the academy" en The Cold War and the University, New Press, Nueva York, 1997, pp. 1-34.

7 David Harvey: " The ‘new’ imperialism: On spatio-temporal fixes and accumulation by dispossession" próxima a aparecer en The Socialist Register.

8 A pesar de una oposición amplia y fuerte, el 1 de junio los cinco miembros de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) , encabezada por el hijo del actual secretario de Estado, Colin Powell, votaron 3 contra 2 a favor de nuevas reglamentaciones que concentrarán todavía más la propiedad de los medios. Oponiéndose a las nuevas normas, Ted Turner, fundador de CNN, ha señalado que los cambios entregarán a las empresas comerciales" aún más poder para excluir ideas importantes del debate público"; Barry Diller, ex-director de los Estudios Paramount, fundador de la red Fox e importante accionista de Vivendi, insiste que "necesitamos más reglamentos, no menos" (The New York Times, 2/6/ 03). Una coalición de demócratas y republ icanos asegura la futura reconsideración de las nuevas reglas.

9 Mientras tanto, el director de la prestigiosa universidad militar de West Point es el teniente general William J. Lennox, Jr., doctorado en literatura inglesa por Princeton y gran admirador de la poesía.

 

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