Las luchas por otras educaciones en el bicentenario: de la iglesia-docente a las educaciones étnicas
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Las luchas por otras educaciones en el bicentenario: de la iglesia-docente a las educaciones étnicas
A luta por outras educações dentro da celebração do bicentenário: da religião-educador para a formação étnica
The struggle for Other educations inside the bicentennial celebration: from the religion-educator to the ethnic education
Elizabeth Castillo Guzmán*
José Antonio Caicedo Ortiz**
* Psicóloga. Magíster en Psicología Social-Comunitaria de la Pontificia Universidad Javeriana. Profesora del Departamento de Estudios Interculturales e investigadora del grupo Educaciones y Culturas de la Universidad del Cauca, Popayán (Colombia). E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
** Sociólogo. Magíster en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Andina Simón Bolívar (Ecuador). Profesor del Departamento de Estudios Interculturales e investigador del grupo Educaciones y Culturas de la Universidad del Cauca, Popayán (Colombia). E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Resumen
La escuela se ha constituido en la institución que educa y disciplina las culturas, por ello, ha sido objeto de complejas disputas por su control. Aquí proponemos analizar el proceso que va de la Iglesia-docente a las luchas por otras educaciones, en las cuales, indígenas y afrodescendientes han promovido la etnoeducación, entendida como la batalla por el reconocimiento, la memoria y la identidad en el terreno educativo. Es éste un tema central en el debate contemporáneo respecto a nuestra condición como nación multicultural y su proyecto educativo frente a la alteridad étnica, en el que la escuela puede servir como medio para la dignificación y el empoderamiento de indígenas y afrodescendientes.
Palabras clave: etnicidad, Iglesia-docente, otras educaciones, indígenas, afrodescendientes, Estado, educación.
Resumo
A escola tem se constituído em uma instituição que educa e disciplina as culturas, por isso, tem sido objeto de complexas disputas pelo seu controle. Aqui sugerimos analisar o processo que vai da Igreja-docente às lutas por outras educações, na quais, indígenas e afro-descendentes têm promovido a etnoeducação, entendida como a batalha pelo reconhecimento, a memória e a identidade no terreno educativo. Este é um tema central no debate contemporáneo no que diz respeito à nossa condição como nação multicultural e seu projeto educativo frente a alteridade étnica, na qual a escola pode servir como meio para a dignificação e o empoderamento de indígenas e afro-descendentes.
Palavras chave: etnicidade, Igreja-docente, outras educações, indígenas, afro-descendentes, Estado, educação.
Abstract
Given that education has becoming the institution which educates and disciplines cultures, controlling it has been the objective of complex confrontations. We intend here to analyze the process followed from the religion-educator to the struggle to get other educations. In this line, indigenous and afro-descendants have promoted ethno-education, understood as the fight for recognition, memory, and identity in the education field. This is a main issue in the contemporary debate with respect to our nature of multicultural nation and its educational project regarding the ethnic alterity, in which schooling may serve as a means towards the dignification and empowerment of indigenous and afro-descendants.
Key words: ethnicity, religion-educator, other education, indigenous, afro-descendants, State, education.
De las ideas y las prácticas sobre la alteridad
En el contexto de la llamada conmemoración del Bicentenario, queremos llamar la atención respecto a las relaciones educación-cultura-Estado nacional, que se produjeron a lo largo de estos doscientos años, y que explican la existencia de lo que hoy reconocemos como las etnoeducaciones. Este fenómeno histórico, cuyos antecedentes fundamentales se sitúan en el proceso de la colonización europea, permite entender los modos como se configuraron y legitimaron discursos y prácticas sobre los sujetos, las identidades y las culturas de la nación a lo largo del siglo XVIII y XIX. Bajo estas categorías, se articulan continuidades y discontinuidades de nuestra historia colonial y nuestra historia moderna. Ahora bien, el punto específico de las relaciones naciónalteridad étnica-educación, localiza la mirada en la arena de las políticas educativas que han condensado desde el finales del siglo XVIII, las formas producidas en el tiempo y en el espacio, para representar a unas poblaciones marcadas por el signo de la diferenciación cultural, y que con el paso de los siglos han sido vistas como objeto de formas de gobernabilidad específicas, que se expresan, por ejemplo, en modelos de escolarización civilizatorios e integracionistas. Por estas razones, la historia de las políticas educativas producidas para la indianidad y la negritud, hacen parte de la historia del poder respecto a las formas de gobernar, representar y de asumir la alteridad étnica en el marco del Estado-nacional.
La historia de las políticas educativas dirigidas a las poblaciones indígenas y negras en Colombia ha estado permeada por el sistema de jerarquías impuesto desde el periodo de la colonización europea, en el cual la diferencia cultural fue marcada como desigualdad social, y, desde entonces, se ha expresado en un fenómeno que Quijano (2000) definió como la colonialidad del poder, para mostrar la instauración de relaciones de poder bajo las cuales las dimensiones de raza, trabajo y género quedaron subordinadas a la idea de una supremacía europea1. Este fenómeno de larga duración en la historia de la educación en Colombia, es lo que Rojas y Castillo (2005) denominan educar a los otros, para referenciar un conjunto de concepciones y prácticas que, institucionalizadas en el mediano y largo plazo, determinaron durante casi cuatro siglos (XVII al XX), modos de subalternización de indígenas y negros, a través de dispositivos educadores de corte civilizatorio, con los cuales se construyeron, en buena parte, las formas de gobernabilidad de estas poblaciones.
Bajo este marco histórico surgen también formas de resistencia por parte de los sujetos de la indianidad y la negritud, quienes a partir del siglo XX fundamentalmente, harán de su condición cultural y racial un asunto de lucha política, especialmente para disputar el campo de la educación frente al control del Estado-Iglesia. Este fenómeno, que Castillo (2007) ha denominado las luchas por otras educaciones, es un asunto de gran relevancia que está aún por estudiarse en profundidad, para comprender las condiciones ideológicas, políticas y culturales que configuraron su superficie de emergencia, y las tensiones en relación con el fenómeno de la colonialidad.
Vista de modo estructural, la historia de las otras educaciones no puede ser leída al margen del fenómeno de laeducación para los otros, pues tanto la una como la otra, expresan planos y tensiones que las determinan mutuamente y, por tanto, requieren ser analizadas de forma dialéctica, en un plano de simultaneidad que sirva para comprender su coexistencia en la historia social, política y cultural de la nación colombiana.
Por todo lo anterior, las páginas siguientes exponen dos planos constitutivos del problema: de una parte, la contextualización histórica del proceso de educar a los otros que ha tenido lugar desde la Colonia, y que posteriormente se expresa en las políticas educativas de la República (1820-1890), de la nación católica (1900-1991) y de la nación multicultural (1991-2000). El segundo plano aborda un panorama general de eventos y condiciones histórico-políticas que dan lugar a la emergencia de las luchas por otras educaciones en los años setenta del siglo XX, con lo cual pretendemos mostrar algunos escenarios y condiciones de su configuración inicial. En ese sentido, es importante aclarar que no abordaremos los debates concernientes a los enfoques teóricos que se han producido para explicar e interpretar estos procesos, verbigracia, educación multicultural, educación bilingüe intercultural y/o educación intercultural. Nuestra perspectiva se localiza en una mirada histórica y política en relación con las agencias étnicas, que en el terreno de la educación y las políticas educativas, han acontecido fundamentalmente durante el siglo XX.
Educar a los otros. La colonialidad educadora
Tenemos la profunda seguridad de que los indígenas aceptarán el cristianismo, porque él es todo de amor. Y, ¿cómo no esperar que el cristianismo sea el precursor de la más hermosa civilización para ellos? ¿Qué pueblo se hizo cristiano y no se humanizó?
Madre Laura Montoya2
La educación para los otros inicia su configuración en el momento de la invención y la colonización de América durante el siglo XV, y se consolida a lo largo de varios siglos como una estrategia de civilización e integración de las poblaciones no europeas, consideradas como inferiores, pero esenciales en la expansión del sistema mundo moderno (Wallerstein, 1992).
Rojas y Castillo (2005) han señalado que este modelo operó a través de la evangelización como dispositivo educador para indios y negros, y propició en el siglo XVIII la emergencia de la Iglesia-docente como un sistema de administración de estas poblaciones. Si bien, estos procesos tuvieron en cada caso, el de los indios y el de los africanos esclavizados, expresiones y estrategias diferenciadas, ambos encontraron en la Iglesia-docente su punto de articulación. Esta función educadora de la Iglesia era en realidad un modo de administración de las poblaciones, que se volvió estratégica e indispensable para el sostenimiento económico de la empresa imperial del Nuevo Mundo.
Hacia 1547, la Corona española en cabeza de Carlos I, ordenó por primera vez que los indígenas fueran evangelizados en su lengua nativa. Posteriormente, en 1770, Carlos III prohibió que se hablaran las lenguas indígenas en el Nuevo Mundo. En 1787, el mismo Carlos III, abocado por la solicitud de la corte rusa, ocupada en el proyecto de la "Gramática General" e interesada en el conocimiento de las lenguas americanas, encarga a José Celestino Mutis la tarea de recopilar todo el material existente sobre el tema de las lenguas indígenas americanas. Como lo ha señalado Castro-Gómez (2005: 12), "Mutis logra reunir veintiún manuscritos, entre los que se encontraban algunas de las más importantes obras de la lengua muisca redactadas por misioneros en la Nueva Granada". Estaba en juego, como lo ha argumentado igualmente Castro-Gómez (2005), una "política imperial del lenguaje", con la cual América fue leída, traducida y subalternizada. En un periodo de doscientos años, se establecieron saberes, prácticas e instituciones encargadas de gobernar a las poblaciones y hacerlas rentables para la cultura colonial. La Iglesia-docente, entonces, se instituyó como la estrategia educadora de este modelo.
Inicialmente la labor evangelizadora se dirigió a los indígenas. Con el aumento gradual de esclavos para las minas, estos también se convirtieron en objetivo del trabajo de las misiones. Varias medidas de la legislación colonial referente al trato a los esclavos orientaba a los propietarios a dedicar un tiempo especial (domingos y fiestas religiosas) a impartir la evangelización de los esclavos. Como la presencia de la Iglesia en los poblados principales que se fueron formando a partir del siglo XVII fue más constante, los esclavos y negros libres allí asentados fueron evangelizados con mayor facilidad. Mientras tanto, en los reales de minas y en los pequeños asentamientos fluviales que caracterizaron el poblamiento de la mayor parte del territorio del Pacífico, la presencia de la Iglesia fue mucho más esporádica y menor la intensidad del proceso evangelizador. Sin embargo, en general la Iglesia debería ser considerada por los negros esclavos y libres como una especie de "aliada". Fue la Iglesia quien presionó al poder colonial para que los esclavos tuvieran días de descanso dedicados a la evangelización, al reposo y, como hemos visto en el primer capítulo, a trabajar por su cuenta y acumular bienes propios. Eran los misioneros quienes más abogaban por un tratamiento más humano de los esclavos (Agudelo, 2005: 46).
De este modo, las formas de intervenir a indios y negros resultan, sobre todo, de las concepciones sobre su existencia y su naturaleza, y de la invención que tuvo lugar en relación con su condición como otros coloniales. Como lo ha señalado Bonfil (1995), el indio y el negro son categorías históricamente producidas para sostener el orden de explotación colonial.
Esa categoría colonial (los indios) se aplicó indiscriminadamente a toda la población aborigen sin tomar en cuenta ninguna de las profundas diferencias que separaban a los distintos pueblos y sin hacer concesión a las identidades preexistentes. Tal actitud generalizante la comparten necesariamente todos los sectores del mundo colonizador y se ejemplifica bien en los testimonios que revelan la mentalidad de los misioneros: para ellos, los indios eran infieles, gentiles, idólatras y herejes [...].
Otra es la condición del negro dentro de la estructura colonial. Él forma la segunda categoría del mundo colonizado y en eso se identifica con el indio. Pero representa una fuerza de trabajo complementaria o supletoria a la de la masa colonizada; se le destina a tareas diferentes –en general, a empresas coloniales que no tienen equivalente en las culturas prehispánicas–; se le adjudica un estatuto inferior al del indio; es el esclavo que se adquiere por compra, cuya humanidad se niega más empecinadamente y durante más largo tiempo que al indio, es decir, se le reifica en mayor grado (Bonfil, 1995: 344-346).
La configuración de los sujetos, los saberes y las prácticas de la Iglesia-docente fue un proceso que comprometió las mentalidades y la vida cotidiana de la etapa colonial. Las tensiones que la Iglesia católica enfrentó durante este periodo, dadas sus doctrinas respecto a las poblaciones objeto de colonización y esclavización, fueron determinantes en la configuración de su modelo de Iglesia-docente. Como se sabe, la legislación que regulaba las acciones de los españoles en ultramar, diferenciaba a indios y a negros; esto explica por qué para el siglo XVI se cuenta con un corpus de Leyes de Indias, que sirvió como instrumento para encomenderos, curas doctrineros y misioneros. Para finales del mismo periodo, empiezan a disponerse algunos mecanismos de control para los esclavistas. Este modo de representar y gobernar a indios y a negros da cuenta de las concepciones ontológicas y teológicas que sustentaron su diferenciación y su jerarquización, lo cual será un asunto que mantendrá vigencia hasta muy avanzado el siglo XX.
Los indígenas y los africanos estaban ubicados, entonces, en diferentes posiciones del orden colonial, tanto social como conceptualmente. De manera oficial, se debía proteger a los indígenas tanto como explotarlos; los africanos eran esclavos, y aunque tenían derechos consagrados en la legislación, era algo poco sistemático y desigual (a pesar de que los españoles sí elaboraron un código en 1789), y el interés principal estaba en el control, no en la protección. Dicha diferencia continuó a lo largo del periodo colonial. Idealmente, los españoles hubieran querido mantener tres categorías separadas: los españoles, los indígenas y los africanos; es decir, los dirigentes, los tributarios y los esclavos (Wade, 2000: 37-38).
Desde el siglo XVIII hasta finales del siglo XX, y en medio de los cambios administrativos y políticos que operaron por cuenta de los procesos de independencia de la Corona española hacia 1820, la Iglesia-docente se instaló como horizonte de discursos y prácticas educadoras para las poblaciones integradas al mapa de la nueva República. Indígenas confinados a territorios de resguardos, y negros libertos y dispersos por las geografías de las haciendas, las minas, las plantaciones y algunos poblados céntricos. El desenvolvimiento del proceso independentista dio lugar a varios fenómenos de tipo jurídico y político que determinaron el devenir de la Iglesia-docente en el marco del republicanismo. Aparecen entonces leyes que establecen cambios y modificaciones en las formas de reconocimiento de indios y negros, producto de alianzas y acuerdos establecidos con estas poblaciones en el momento de pactar su vinculación a las luchas lideradas por Bolívar durante la primera década del siglo XIX.
En 1825 Bolívar firma en Cuzco un decreto de repartición individual de las tierras de usufructo colectivo. En Colombia, la Ley del 11 de octubre de 1821 definió que las comunidades indígenas no se llamarían más pueblos de indios sino parroquias de indígenas, permitió el ingreso y residencia de los no indígenas en ellas y previó la disolución de sus resguardos, que serían entregados a las familias bajo la forma de propiedad privada. Aunque la Constitución de 1821 reconocía la ciudadanía a los indígenas, los ubicaba en la clase de miserables, lo cual les excluía de la posibilidad del voto (Rojas y Castillo, 2005: 32).
Posteriormente vendrá una etapa de crisis en el modelo legislativo promovido por Bolívar durante tres décadas de vida republicana. Será en 1886, luego de un largo conflicto en la Gran Colombia, y bajo una determinación política y económica entre los sectores que promovieron el proceso independentista (propietarios, hacendatarios, antiguos esclavistas, comerciantes, militares), que se establece un marco jurídico e ideológico para fundar la nación colombiana. Dado que el texto de la Constitución de 1886 omitió explícitamente referencia alguna a la existencia de indígenas y negros como integrantes de la República, queda establecido que estas poblaciones no cuentan con un lugar en la declaratoria política de la carta constitucional, y, por tanto, quedan confinadas a una "marginalidad jurídica" que sólo será superada a finales del siglo XX con la constituyente que tiene lugar en Colombia en 1991. Así las cosas, negros e indígenas no tendrán estatus de ciudadanía durante todo el siglo XIX y casi todo el siglo XX, y, por lo tanto, estarán cobijados por normas de origen colonial3.
La marginalidad política de los indígenas y la invisibilidad jurídica de los negros son dos hechos que motivan las primeras batallas de estas poblaciones en reclamo de su dignidad a principios del siglo XX. Pero debe señalarse que en el caso de las poblaciones negras el asunto de la invisibilidad tiene implicaciones más complejas, pues lo que va a ocurrir a partir de este momento es que al dejar la condición de esclavos, pareciera que desaparecen como población: "A partir de 1825, los censos nacionales oficializaron el silencio sobre la raza al no mencionarla entre los datos registrados (sino de manera parcial y tácita a través del registro de los esclavos hasta la abolición en 1851)" (Helg, 2004: 28). Para finales del siglo XIX es definitivo el asunto de la formalización de las relaciones con el Vaticano, pues las nacientes repúblicas manifiestan su interés por mantener vigente el catolicismo en sus territorios, es así como bajo la figura del Concordato, la Iglesia católica adquiere estatus para administrar junto con el Estado, la educación nacional. Este hecho define de modo concreto la ruta de la Iglesia-docente en Colombia para todo el siglo XX.
Con la firma del Concordato, la Iglesia católica recibió del Estado el rol de reducción y evangelización de los "salvajes", evidenciando el resurgimiento de una alianza que había demostrado su efectividad durante el periodo de colonización europea: Estado e Iglesia como agentes civilizadores. Adicionalmente, la figura de los "territorios nacionales" supuso una imagen homogénea: de territorios habitados por indígenas, desconociendo la numerosa presencia de afrodescendientes y de otras poblaciones, desde entonces sometidas a la acción de las misiones (Rojas y Castillo, 2005: 35).
De este modo, como lo plantean Rojas y Castillo (2005), al delegar la administración de la educación bajo la figura de "las misiones", se articulan dos fenómenos: la evangelización educadora y la excepcionalidad jurídica. Por esta razón, la Iglesia-docente dará lugar a la existencia de una forma educadora diferenciada para poblaciones negras e indígenas, a las que se considera salvajes. Bajo el modelo de Iglesia-docente, se constituye un fenómeno educador sustentado en la superioridad epistémica del catolicismo, como estrategia colonial del saber y como táctica de control exitosa:
La colonialidad incorpora no sólo a las poblaciones; incluye también sus conocimientos. Ni la Europa occidental colonialista, moderna y racional, ni la sociedad criolla blanco/mestiza, reconocieron en sus "otros" la capacidad de producir conocimientos válidos, universales. En consecuencia, definieron lo que deberían saber; primero para salvar sus almas, luego para redimir sus mentes. Desde los primeros momentos del proceso de colonización, los saberes que habrían de ser institucionalizados y aprendidos por indígenas y negros fueron definidos al margen de sus intereses. La escuela, cuando llegó, lo hizo para "incorporar", para conducir el tránsito de estas poblaciones hacía la sociedad "civilizada". Así que educar a los sujetos de la alteridad ha sido un derecho que los sectores dominantes han considerado como propio y, además, como una manera de hacerlos parte (in-corporarlos) en "su" proyecto de sociedad (Rojas y Castillo, 2005: 138).
Este dispositivo de evangelización civilizatoria para indígenas y negros, implantado en las regiones más apartadas del centro republicano, constituye una clara expresión de la colonialidad del saber (Lander, 2000) con sus tecnologías de la fe educadora. Para finales del siglo XIX e inicios del XX, el modelo de Iglesia-docente, representado en la figura de las misiones, había logrado una amplia y significativa presencia a lo largo y ancho de la nación. En términos estrictos, podríamos decir que con la firma del Concordato y el amparo de la Constitución de 1886, se dio el camino de la institucionalización moderna de la Iglesia-docente en Colombia.
Si el concordato de 1887 reafirmaba a la Iglesia como orientadora moral de la sociedad colombiana, reafirmando por ejemplo su injerencia en la educación, para la costa Pacífica su rol protagonista se reforzaba por la caracterización como tierras de misión que les había dado el gobierno a dichos territorios. Esta denominación convertía a la Iglesia en el principal representante del Estado en la región, en materia de cubrimiento de servicios como la educación y la salud. Se estableció una división de los radios de influencia de las diferentes misiones, en vicariatos y prefecturas apostólicas. Para el caso de la costa Pacífica la Intendencia de Chocó se dividía en las prefecturas apostólicas de Urabá y Chocó bajo la dirección de los misioneros claretianos. En 1898 el mencionado obispo de Pasto solicita a sus instancias superiores en Roma el envío de refuerzos de sacerdotes para cubrir el trabajo evangelizador en la costa Pacífica (Agudelo, 2005: 49).
Todo este proceso de la Iglesia-docente fue claramente útil a los afanes políticos y culturales de las clases dirigentes durante este periodo de la historia, pues sus preocupaciones en torno al progreso favorecieron la disposición para que las misiones administraran "poblaciones", que por su condición de pasado aborigen y africano, eran vistas como una amenaza para la narrativa fundacional de la República.
El temor a ser emparentados en su origen con un pasado bárbaro, donde indios, negros y mestizos tenían sus raíces, los llevó a denigrar de él y a ubicar el punto cero, el comienzo de la era civilizada, en la época de la Independencia. Allí encontraron justificación a su existencia. Su identidad se forjó en la Independencia y se casó con la República, como si fuera su cuna, el ámbito natural donde su personalidad podía encontrar plena libertad para desenvolverse. Solamente con la llegada de la era republicana se habría podido vivir en libertad, bajo la luz de la razón y en condiciones propicias para que la sociedad iniciara el verdadero camino hacia el progreso (Álvarez, 1995: 30-31).
Podemos aceptar, entonces, que esta segunda etapa, ahora republicana, de la Iglesia-docente, fijó en las misiones el derrotero de la educación de los otros durante finales del siglo XIX y principios del XX. La Constitución de 1886 y el Concordato de 1887 representan la superficie de emergencia de la misión educadora, esquema bajo el cual la nación católica y unitaria entrega la administración de los territorios y las poblaciones de la periferia a las congregaciones religiosas, hecho por el cual se explica la vigencia de esta forma de Iglesia-docente en un periodo que va desde 1889 hasta finales de 1997. Los estudios históricos realizados en torno a este fenómeno de las misiones católicas entre poblaciones indígenas4, muestran de modo concreto las formas como se impuso un régimen civilizatorio e integrador de estos pueblos, que produjo una nación periférica, como se ha señalado: "[...] las consecuencias de tres siglos de internados y escuelas misioneras en territorios indígenas afectaron de manera estructural las formas de vida de estos pueblos" (Castillo, 2008: 17). De este modo, las misiones cumplieron también la tarea de occidentalizar a las poblaciones indígenas, como una clara estrategia nacionalista.
La Iglesia católica se convierte en una herramienta de gran valor para el Estado colombiano, sirviéndole en primer lugar como expansora del modo de vida occidental proclamado por la República, en el cual va incluido tanto la religión católica como el idioma español entre otros aspectos y, en segundo lugar, como muro de contención y defensa ante las agresiones de los países vecinos (Restrepo, 2006: 157).
Para mediados del siglo XX, la educación pública en territorios de comunidades indígenas ocurría bajo dos modalidades: la educación misionera en los llamados territorios nacionales o tierras de misión, y la educación nacional impartida para los "nacionales", y que muy probablemente cobijó a las poblaciones indígenas de los valles interandinos, territorios considerados como integrados a la nación. Romero (2002) señala que, en estas circunstancias, las comunidades indígenas fueron sometidas al régimen de las escuelas oficiales que desconocían por completo sus culturas, y en muchos casos prohibían el uso de su lengua materna. Los internados y las escuelas oficiales, a pesar de provenir de orígenes y desarrollos diferenciados, compartían una perspectiva integracionista de lo indígena, que durante el siglo XX promovió la negación de su existencia como culturas diferenciadas, lo que Artieda (2002) ha denominado en el caso argentino para el mismo periodo histórico, ladisolución del otro aborigen. Para el periodo que incluye 1893-1920, Colombia había establecido catorce regiones de misión, asignadas a diferentes congregaciones religiosas, provenientes en su mayoría de Europa. De acuerdo con los datos de Rojas y Castillo (2005), se puede concluir que prácticamente la totalidad de los llamados territorios nacionales conformaron las geografías de la Iglesia-docente.
A la par, los procesos de escolarización de la población nacional contribuyeron a la construcción de una identidad nacional que desconoció a las culturas indígenas y negras en la historia colombiana. En ese sentido, la escuelamoderna actuó como plataforma del proyecto de la nación mestiza, y promovió a través de sus políticas del conocimiento, un modelo de inferiorización del indígena y el negro. Como la ha resaltado Herrera (2003) en sus estudios sobre los manuales escolares de ciencias sociales para el periodo de 1900 a 1950, estos materiales hicieron, con sus narrativas e iconografías de la teoría de la superioridad de la raza, un saber escolarizado, según el cual, "lo blanco europeo se encuentra por encima de los mestizos y éstos, a su vez, en un nivel superior al que ocupan los indígenas y los negros", es decir, se trataba de una teoría del "hombre nacional".
Estas imágenes y representaciones de la diferencia cultural, según las cuales lo indígena y lo afrodescendiente, se asocian con lo salvaje, lo periférico y lo atrasado, tendrán un enorme peso en las políticas y normatividades educativas del siglo XX, ocupadas fundamentalmente de consolidar un proyecto nacional, monocultural. De esta manera, los planes educativos del siglo XX dejaron por fuera a las poblaciones étnicas, y se concentraron en expandir un sistema educativo nacional oficial directamente regulado por el Ministerio de Educación Nacional, e interesado en promover un proyecto de cultura nacional. Por esta razón, las políticas educativas dejaron el asunto de las poblaciones negras e indígenas en manos de la iglesia docente, logrando que con el tiempo fuese legítima la discriminación y subordinación de la alteridad, como enfoque educativo (Castillo y Caicedo, 2008: 16).
Este proceso de escolarización fungió como medio estratégico para configurar una identidad nacional en términos de lo que Anderson ha llamado la comunidad imaginada, es decir, la experiencia simbólica e identitaria que hace a los individuos sentirse pertenecientes a una nación, e imaginarla como una realidad que los une y los define. Esta identidad nacional, a la cual hacemos referencia, es sobre todo una narrativa decimonónica que se produjo en torno a los ideales, valores y símbolos de la geografía colonial de la nación5. Por esta razón, es una narrativa que excluyó y negó todo aquello que no representara o no constituyera parte esencial de la cultura letrada, católica y mestiza del mundo de las ciudades y las culturas del progreso, y que en términos geoespaciales corresponde fundamentalmente a las geografías del mundo andino.
Pero desde 1930 el asunto tuvo que ver más claramente con la necesidad de formar una conciencia nacional, lo cual exigía una estrategia más compleja, que pasó por la escuela, pero fue más allá de ella. La mirada se centró entonces en el pueblo, en el alma nacional, en la cultura popular, como una condición para movilizar todos los recursos posibles hacia la consolidación del Estadonación, lo cual suponía también una economía nacional. La población se convirtió desde entonces en un factor estratégico que debía ser incorporada a los circuitos económicos que la reforma nacionalista iba a crear (Álvarez, 2007: 115).
El panorama expuesto hasta aquí nos permite señalar varios aspectos centrales, para entender las manifestaciones y las formas de "educar a los otros" bajo el modelo de Iglesia-docente. En primer lugar, para el periodo de la Colonia podemos reconocer que la función educadora de la Iglesia-docente fue la de convertir al catolicismo a indios y negros en situación de servidumbre y esclavización. Durante los procesos de recatolización republicana de finales del siglo XIX, se instituye su papel como misión educadora en las regiones apartadas del centro, en una clara muestra de evangelización-civilización de espacios, sujetos y culturas. Durante el siglo XX se consolida su tarea en tierras de misión, donde cumple una importante función integradora de las poblaciones indígenas y negras, por la vía de la escolarización que castellaniza y nacionaliza. Vale la pena recordar que durante la primera mitad del siglo XX, el modelo de la Iglesia-docente será definitivo en la construcción de imaginarios sobre las poblaciones de los territorios periféricos, mayormente habitados por poblaciones negras e indígenas. Como lo resumen Castillo y Caicedo (2008) para hacer referencia a este recorrido por las formas de "educar a los otros" que tuvieron lugar en nuestro país, se pueden reconocer al menos tres tendencias:
La evangelización como dispositivo de escolarización contiene la idea de humanizar a quienes están por fuera del mundo moral y cultural católico. En ese sentido, se funda una noción que asocia diferencia cultural y religiosa con el fenómeno de lo salvaje.
La escolarización-evangelización se constituye en el mecanismo central de integración y asimilación de las poblaciones indígenas planteado durante el siglo XIX en el marco de construcción del Estado-nación.
La Iglesia-docente dio lugar a la existencia de un tipo de escuela fundada en la idea de tutelar a las poblaciones étnicas respecto del tipo de educación que requerían. De este modo, emerge a la par una idea de escuela, maestro y saber misionero como ejes del modelo (Castillo y Caicedo, 2008: 18).
En todo caso, debe mencionarse que estas dinámicas fueron objeto de cambios y permanencias en sus saberes y sus prácticas, y, por tanto, no pueden leerse como un hecho que acontece de forma inmutable en relación con los tiempos y los contextos. Por el contrario, si algo es necesario auscultar hoy en día, es justamente los procesos que tuvieron lugar a mediados del siglo XX, a partir del modelo de Iglesia-docente, por cuenta de los giros y debates generados con el Concilio Vaticano II y el replanteamiento del papel de la Iglesia católica en América Latina.
La Iglesia-docente enfrentará durante el siglo XX un acontecimiento que cambiará sus destino en el país: se trata de las primeras rebeliones étnicas contra su modelo (Castillo, 2007). De este modo inicia el capítulo de las luchas por las otras educaciones, como un proyecto de largo aliento, agenciado por hombres y mujeres provenientes de escuelas misioneras, castellanizadoras y evangelizadoras, que en su adultez y en el marco de procesos de politización e ideologización, levantarán sus ideas y sus manos para reclamar el derecho a un tipo de educación que otorgue a la identidad racial y cultural la centralidad en el mundo escolar.
Las otras educaciones. Educar para etniza
Una de las formas de someternos a la cultura hegemónica, que llegó imponiendo su visión del mundo, fue adueñándose de nuestra educación, por lo cual, desde la llegada de los jesuitas, imponen un modelo educativo "civilizatorio", que ha venido atentando contra nuestra educación propia, y por tanto, contra nuestras culturas. La resistencia de nuestras autoridades indígenas, hasta hoy, ha demostrado la falta de legitimidad de esas propuestas, aplicadas hasta el momento en que nuestros líderes empiezan a reivindicar unas propuestas alternativas, acordes con nuestras culturas y coherentes con los procesos que hemos tenido que asumir desde lo propio y en la perspectiva de la interculturalidad
Consejo Regional Indígena de AraucaEn el marco de las denuncias y recomendaciones, el Congreso de la Cultura Negra será enfático en exigir a los gobiernos de América, y muy en especial a los de Centro, Antillas y Sur América, la impostergable inclusión del estudio de la cultura negra en los pénsumes educativos en aquellos países donde la etnia nacional tenga el aporte africano como una de sus tres mas importantes raíces. La delegación colombiana presentará una proposición para que oficialmente se incorpore la enseñanza de la Historia de África en la escuela primaria y secundaria, a la par de que se exija por parte de los profesores un mayor análisis del significado de la presencia negra en nuestra comunidad a través del proceso histórico desde su arribo e integración en la vida económica, social y cultural
Fragmento del Discurso de apertura del Primer Congreso de la Cultura Negra de las Américas
Las primeras voces de protesta indígena en materia educativa durante el siglo XX aparecen reportadas en el estudio de Helg (1987), en el cual se señala que hacia 1933 arribaron a Bogotá un grupo de indígenas del Valle de Sibundoy, quienes denunciaban a los misioneros de la Congregación Capuchina por "la administración y explotación ejercida a través de la prefectura apostólica del Caquetá-Putumayo" (Rojas y Castillo, 2005: 69). Este evento es muy significativo, pues marca una etapa de tensiones y conflictos entre los pueblos indígenas y la Iglesia-docente, por cuenta del modelo de misiones en regiones consideradas como de "salvajes reducidos a la vida civilizada"6. De este modo, las otras educaciones tienen en esta historia de las misiones católicas, de la Iglesia-docente como modelo de evangelización destinado a los indios, un factor central para su emergencia. Por ello, los acontecimientos relacionados con las denuncias y exigencias de retiro de las misiones católicas en territorios indígenas, deben entenderse como el embrión de las luchas de las otras educaciones, pues contienen y expresan el rechazo al tipo de educación impuesto desde el régimen colonial y legitimado bajo el modelo republicano y posteriormente nacionalista. Este repudio evidencia en sus expresiones discursivas, elementos definitivos para entender los lugares del conflicto que condensaron acciones y posiciones hasta entonces contenidas o subordinadas.
La lucha por otra escuela, iniciada por las organizaciones indígenas en el siglo pasado, condensa el rechazo de estas poblaciones a las formas de escolarización que les fueron impuestas desde el siglo XVI, y que hemos denominado Iglesia-docente, para dar a entender la función desempeñada por las misiones católicas en la tarea de civilizarlos e integrarlos a través de la escuela. Las consecuencias de tres siglos de internados y escuelas misioneras en territorios indígenas afectaron de manera estructural las formas de vida de estos pueblos (Castillo, 2008: 17).
De otro lado, y de forma paralela, en la arena política surgen las figuras de los parlamentarios negros, quienes hacia los años treinta de la hegemonía liberal, inauguran un capítulo central en este análisis histórico, el referido a las luchas por el acceso a la educación de la población negra que para ese entonces vivía en regiones como Chocó, un segregacionismo racial por parte de minorías blancomestizas que operaban en el modo de apartheid. Será entonces la voz del abogado chocoano Diego Luis Córdoba7, la encargada de difundir un pensamiento político de la negritud, para el cual la educación es la estrategia y la política es la táctica de un proceso emancipatorio de la gente negra del Pacífico colombiano. Para este congresista negro de los años treinta, educación es significado de liberación. Este proceso, así como los eventos que rodean su desenvolvimiento en el plano intelectual y político, constituyen una referencia básica para comprender la emergencia de un pensamiento político sobre las otras educaciones, proveniente de la experiencia particular de las poblaciones negras del Chocó, históricamente subordinadas e invisibilizadas en las narrativas y las formas de gobernabilidad del proyecto de nación.
Durante los años setenta, Colombia, al igual que los países de la región, enfrenta una fuerte tensión entre un proyecto desarrollista que presiona por el ingreso al mundo industrializado, y la resistencia política y cultural de sectores sociales organizados contra la expansión capitalista en América Latina. En este contexto, el surgimiento de las rebeliones de la indianidad y las reclamaciones de la negritud introducen nuevos problemas en las agendas políticas del país y el continente, fenómeno que tuvo un correlato muy importante en el campo de la educación y, particularmente, en la configuración de un problema que hasta entonces no se había planteado: la relación entre educación y cultura. Estamos haciendo referencia a una década convulsionada, cuya historiografía ofrece visibilidades ideológicas y políticas, pero al tiempo oculta, en este caso, la especificidad que lo indígena y lo negro tendrán en la arena de los procesos políticos e ideológicos de la época, y en las condiciones que esto ofrece para el desenvolvimiento de movimientos y organizaciones en la siguiente década, periodo en el cual ocurren dos procesos centrales en la historia de las luchas por otras educaciones. De una parte el surgimiento del movimiento indígena con un conjunto de demandas de carácter educativo y una apuesta muy clara por la autonomía educativa. En segundo lugar, la agencia de un proceso organizativo de gente negra, responsable de promover importantes proyectos educativos en varias regiones del país. Ambos procesos corren por cauces distintos, pues las luchas educativas de los indígenas hacen parte de un movimiento agrario, en el cual avanzan paulatinamente durante los años setenta en lo que se denominó recuperación de las tierras de resguardo. De otra parte, la movilización de las comunidades negras hace parte de un importante proceso regional de afirmación y visibilización de la negritud en regiones como la costa Caribe y el litoral Pacífico fundamentalmente. Las formas de lucha, los modos organizativos y las discursividades que se producen en uno y otro caso son distintas, pero complementarias. El país está aún muy lejos de un reconocimiento de su diversidad racial y cultural, ello se expresa en el terreno de las políticas educativas de este periodo, las cuales se caracterizan por un impulso a la tecnología educativa e instruccional (Quiceno et ál., 2004). El paradigma del desarrollismo y la idea de "países subdesarrollados" hacen de Colombia un actor más en las agendas multilaterales que pregonan la promesa de "educar para el progreso". Esto explica las razones por las cuales, a la par que surgen estos movimientos pedagógicos indígenas y de gente negra, fundando escuelas y formando nuevos maestros, la reforma avanza por todo el país, y la Iglesia-docente, ahora permeada por el Concilio Vaticano II, mantiene su presencia en los territorios nacionales, en una geografía nacional que comprende una mí- nima parte de la costa Caribe, y la totalidad de la región del mar Pacífico, la región del Amazonas y la región del Orinoco. Todas estas regiones con importante presencia de población indígena y/o negra.
Hasta finales de los años setenta, la educación oficial para las comunidades indígenas estaba en manos de las congregaciones católicas, y en especial de misioneros capuchinos extranjeros. Como parte de las luchas de las organizaciones indígenas por una autonomía política y la defensa de su identidad cultural, éstas comenzaron a formular programas de educación bilingüe intercultural, con independencia del Gobierno. El eje central de esas propuestas estuvo en la defensa de la cultura tradicional y la reproducción de su ethos cultural (Quiceno et ál., 2004: 160).
Las primeras intervenciones públicas de las poblaciones negras en relación con la educación parecen haber estado ligadas al fenómeno del racismo y la segregación racial, razón por la cual, para mediados del siglo XX, y a pesar de la importante presencia demográfica de la población negra, el acceso a la educación era un privilegio que sólo una pequeña élite de regiones como el Chocó o la costa Caribe podían tener.
Como lo ha reseñado Garcés (2008), entre 1975 y 1977 se celebró en las ciudades de Cali, Quibdó y Cartagena, respectivamente, el Primer, Segundo y Tercer Congreso de Negritudes en el país, además de otros encuentros regionales en Jamundí, Guacarí, Buenaventura y Puerto Tejada, donde se trataron temas educativos, el aporte del negro a la cultura e historia del país y sus legados en el arte y la cultura. Estos primeros acontecimientos enmarcan el surgimiento de un embrionario movimiento de la negritud, sin antecedentes en la historia de las luchas políticas y de los movimientos sociales en Colombia.
Tres líneas gruesas de reivindicación constituyen las demandas de los actores regionales vinculados a este proceso: la lucha contra la discriminación racial, la lucha contra la desigualdad económica y política de los negros; y la afirmación de la africanía como su horizonte de identificación cultural. Es importante recordar que este espectro político mantiene la continuidad de las luchas iniciadas desde principios de siglo en contextos como el afroamericano, pero incorpora un nuevo enfoque cultural-africanista para el ámbito de las luchas por la identidad de la gente negra en Colombia (Caicedo, 2010: 54).
Estos antecedentes permiten reconocer los contornos de un pensamiento educativo, promovido desde el seno del movimiento de la negritud, que para este momento preciso de la historia colombiana, se enfrentó a una etapa convulsionada por las luchas de sectores populares como el campesinado y los obreros, que ocuparon la atención de la sociedad nacional. Seguramente esto explica la poca visibilidad que este proceso embrionario tuvo en su momento, y que será sólo con el paso de las décadas que se revele en sus dimensiones políticas e ideológicas.
La conciencia del impacto histórico de la Iglesia-docente, especialmente en la figura misionera, será un asunto que cobre toda la relevancia en las acciones y las proclamas del movimiento indígena de los años setenta. Este acontecimiento tuvo un correlato muy importante en el campo educativo, en tanto suscitó a la par un movimiento pedagógico étnico que dio lugar inicialmente al concepto y al proyecto de educación indígena.
[...] durante la década del setenta, comunidades y organizaciones indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta y del Cauca iniciaron la confrontación política con el Estado y la Iglesia, para desmontar el control católico misionero en sus escuelas. Este enfrentamiento condujo a la expulsión de misioneros del territorio de los arhuacos; la fundación de escuelas bilingües, sin autorización del Ministerio de Educación, en tierras recuperadas por los indígenas de Cauca; la puesta en marcha de procesos de formación de maestros y maestras comunitarios por fuera del sistema nacional docente, y el diseño e implementación de currículos y materiales educativos producidos por los equipos de educación de las organizaciones indígenas de Cauca, Tolima y Antioquia, entre muchos otros acontecimientos. Esta lucha constituyó, en últimas, la exigencia del derecho a la educación, la cultura y la autonomía. Este proceso es el antecedente social y político de la etnoeducación como derecho (Castillo, 2008: 17).
Esta otra escuela, agenciada desde los movimientos indígenas, representa una pieza central en la génesis de las otras educaciones, pues sin lugar a dudas permitió a un hecho sin precedentes en la historia de la educación Colombiana: el surgimiento de un comunitarismo docente, ya que en el mediano plazo, las comunidades indígenas agremiadas en el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), dieron existencia a un sistema educativo que incluye la creación de escuelas, la formación de maestros, la construcción de currículos, el diseño de materiales escolares, la puesta en marcha de investigaciones y la organización de culturas escolares comunitarias, todo esto bajo la orientación y el gobierno de las autoridades indígenas y sus organizaciones regionales.
"Defender la historia, la lengua y las costumbres", es el punto sexto de la Plataforma de Lucha o Programa de Trabajo [del] CRIC, planteado en 1971 para resolver problemas de educación detectados en esa década, entre los que destacamos la insuficiente y a veces nula cobertura estatal; luego observamos la inconveniencia de la educación formal que se aplicaba en nuestras comunidades y por ello planteamos, a mediados de los ochenta, comprometer al Gobierno de Colombia en la implementación de una educación desde la cosmovisión de los pueblos indígenas; es decir una educación que promoviera la recuperación de nuestra identidad, nuestro territorio y nuestras prácticas culturales, valorando y reconociendo la importancia de nuestras lenguas nativas. Como consecuencia de este proceso se dio origen a los programas de etnoeducación con el apoyado de los cabildos y agencias de cooperación internacional. Iniciativa, complemento del séptimo punto de nuestra Plataforma "formar profesores indígenas". Como logros de ese primer periodo se pueden establecer el nacimiento de las escuelas bilingües, la emisión del Decreto 1142 y la consolidación del programa de educación del CRIC (Consejo Regional Indígena del Cauca, 2010).
Las luchas emprendidas por indígenas y afrodescendientes a mediados del siglo XX, constituyen la superficie de emergencia de lo que Castillo (2007) ha denominado las otras educaciones, para connotar la existencia de un movimiento político y cultural de corte étnico que ha jugado un lugar central en la transformación de la cuestión educativa en el país y en el continente. Consideramos central este acontecimiento para comprender la historia de la educación colombiana y latinoamericana, dado que las otras educaciones expresan, sobre todo, un conflicto con el carácter colonial (eurocéntrico) de la escuela oficial, y, por tanto, son parte constitutiva de la memoria política de la nación colombiana en su recorrido por doscientos años de promesas democráticas de igualdad que no lograron cumplir sus aspiraciones de forma plena.
En el plano de los procesos institucionales, este fenómeno de creación y puesta en marcha de escuelas comunitarias indígenas y de proyectos comunitarios de gente negra, tuvo un grado importante de resonancia entre algunos profesionales vinculados como funcionarios al Ministerio de Educación Nacional (MEN) en la década de los ochenta. Este ambiente favoreció el impulso para crear en el MEN, un programa denominadoEtnoeducación8, que se definía del siguiente modo:
Un proceso social permanente, inmerso en la cultura propia, que consiste en la adquisición de conocimientos y valores, y en el desarrollo de habilidades y destrezas, de acuerdo con las necesidades, intereses y aspiraciones de la comunidad, que la capacita para participar plenamente en el control cultural del grupo étnico (Ministerio de Educación Nacional, 1985: 51).
Entre 1985 y 1990 el Programa de Etnoeducación del MEN adelantó varios procesos y debates que obtuvieron trascendencia en 1994 en el marco de la promulgación de la Ley General de Educación, en la cual se incluyó el concepto de etnoeducación para reconocer de este modo la existencia de una educación étnica diferenciada (Capítulo IV, Ley 115 de Educación). Posteriormente vendrá la promulgación de un decreto reglamentario de etnoeducación, en el cual se establece el marco normativo para su implementación en las entidades territoriales con presencia de grupos étnicos, y la emergencia entonces de un nuevo capítulo, el de la oficialización de la etnoeducación en el marco de las reformas neoliberales y multiculturales del siglo XXI.
Los inicios de la etnoeducación se corresponden con algunas experiencias similares en comunidades indígenas del país y algunas comunidades afrodescendientes del Cauca, cuyos esfuerzos educativos fueron encausados a implantar una educación acorde a las particularidades sociales, económicas, ambientales y en términos generales culturales. Con la etnoeducación, componentes vitales como la lengua, la historia y la memoria, el sentido de pertenencia y la identidad, entran en un franco proceso de recuperación y fortalecimiento vertiginoso, ganando en la comunidad la confianza en el camino de activar lo propio (Ministerio de Cultura e Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2002: 64-65).
Y para no concluir…
En este breve recorrido por la historia, queda evidenciado cómo el asunto de la etnicidad en el devenir de la nación colombiana durante las últimas décadas, se ha constituido en un elemento central para comprender la historicidad de las relaciones entre el Estado y los grupos étnicos. La existencia de pueblos indígenas originarios, así como la presencia de la diáspora africana en nuestro país desde finales del siglo XV, nos conduce a reconocer que a pesar de las formas de subalternización ejercidas sobre estas poblaciones, el Estado-nación no se puede pensar por fuera de la existencia de la alteridad étnica, por fuera de las tensiones históricamente producidas. Es un hecho, sobre todo en el terreno de la educación, que los procesos étnicos han redundado como un fenómeno político estructural, que cuestiona los dispositivos de escolarización, castellanización, integración y asimilación de las poblaciones indígenas y afrodescendientes a lo largo de doscientos años de Iglesia-docente. En este ambiente de etnización, sus demandas y reclamaciones educativas adquirieron un acento político para hacer notar que problemas históricos como el racismo, la segregación y la discriminación cultural, tienen en la escuela y sus políticas del saber un medio para su reproducción o su desmonte. En el fondo de este largo proceso histórico, creemos que subyace una tesis política de los movimientos étnicos: si la escuela ha sido una estrategia de subalternización, también puede servir como medio para la dignificación y el empoderamiento de los indígenas y afrodescendientes una vez sea "apropiada" para este fin.
Los escenarios del actual multiculturalismo educativo9, en sus distintas tonalidades nacionales y regionales, cargan con esta historia de rebeliones étnicas, que desde distintos puntos del continente hicieron eco a la crisis de los Estados nacionales hacia los años sesenta, y que por tanto, contienen piezas fundamentales de este rompecabezas denominado la historia educativa latinoamericana. En ese sentido, hemos propuesto reconocer la historicidad de las o tras educaciones, teniendo en cuenta que seguramente sus orígenes, más políticos que pedagógicos, expresan la disputa por el control cultural de la educación y las tempranas fisuras del proyecto del "Estado nacional". Sin embargo, es necesario llamar la atención sobre los cambios de época, que en este caso nos enfrentan a un escenario más complejo, en el cual, las narrativas de la diferencia cultural y su reconocimiento han sido incorporados a los nuevos lenguajes de la globabilización de las culturas y sus gentes. Seguramente las formas de tramitar esta disputa cambien en su apariencia y en sus superficies de emergencia, pero el viejo problema, el de la colonialidad, el de la subalternidad, como mejor lo entendamos, no se resuelve, sigue allí, produciendo puntos de fuga, desatando subjetividades.
Por ello, el asunto de las otras educaciones es también un tema referido al modo como se configuran nuevasrenovadas formas de ser política e intelectualmente étnico en el siglo XXI, y, seguramente, en ese camino de las identidades y sus batallas, subyacen aún las huellas de una Iglesia-docente, pues la historia de las otras educaciones es también la historia social de resistencias y sujeciones en un marco temporal y espacial concreto en el cual se confrontan modelos de subalternización epistémica, ahora a través de estrategias educadoras que se autodefinen "emancipatorias".
Las otras educaciones son parte esencial de la historia de la nación, y, en consecuencia, constituyen un referente obligado para comprendernos en la larga duración de esta conflictiva e inacabada experiencia del Estado nacional, con sus emblemas, sus negaciones y sus narrativas.
Notas
1. Como lo señala el autor, el impacto de la hegemonía del eurocentrismo "en las relaciones culturales" dio lugar a situaciones estructurales como las siguientes: "1) En todos las sociedades donde la colonización implicó la destrucción de la estructura societal, la población colonizada fue despojada de sus saberes intelectuales y de sus medios de expresión exteriorizantes u objetivantes. Fueron reducidos a la condición de gentes rurales e iletradas. 2) En las sociedades donde la colonización no logró la total destrucción societal, las herencias intelectual y estética visual no pudieron ser destruidas. Pero fue impuesta la hegemonía de la perspectiva eurocéntrica en las relaciones intersubjetivas con los dominados. 3) A largo plazo en todo el mundo eurocentrado se fue imponiendo la hegemonía del modo eurocéntrico de percepción y de producción de conocimiento y en una parte muy amplia de la población mundial el propio imaginario fue, demostradamente, colonizado" (Quijano, 2000: 378).
2. Religiosa colombiana (1874-1949), fundadora de la Congregación de Misioneras de María Inmaculada y Misión Santa de Siena. Durante su vida adelantó una importante y destacada labor misional entre las poblaciones indígenas. En sus escritos, la madre Laura, como se le conoció, expresa las concepciones teológicas y antropológicas que animaron su proyecto con los indígenas en los primeros decenios del siglo XX.
3. Se refiere a dos normas fundamentalmente, una, la Ley 21 de 1821 por la cual se establece la abolición de la esclavitud. La segunda es la Ley 89 de 1890 por la cual se organiza la vida de los pueblos indígenas en unidades de tierras colectivas, denominadas resguardos y bajo el gobierno de los cabildos indígenas. En uno y en otro caso, lo que se verá para el período que sigue es una resistencia por parte de la sociedad blancomestiza para acatar esta normatividad. Por ejemplo, como lo señala el historiador Tirado Mejía (1989): "Aunque la Cons- titución de 1843, expedida en nombre de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, en el artículo 2º hiciera declaración democrática en el sentido de que la nación granadina [...] no es ni será nunca patrimonio de ninguna familia ni persona, lo cierto es que miles de familias esclavas siguieron siendo patrimonio de personas. La Ley 21, de julio de 1821, había decretado la libertad de vientres y había suprimido la trata de esclavos hacia el exterior. Sin embargo, para los libertos hijos de esclavos que nacieran con posterioridad a dicha Ley, ésta estableció que deberían permanecer sirviendo a los amos de sus madres hasta la edad de los diez y ocho años, con el fin de indemnizar a éstos los gastos de alimentación y vestido durante el periodo de sujeción. [...] Como complemento fue expedida la Ley 22 de junio 1843, sobre medidas represivas de los movimientos sediciosos de esclavos, que derogó la prohibición de la Ley 22, de junio de 1821 sobre la trata de esclavos" (Tirado, 1989: 158). De otra parte, en el caso indígena, Gross describe: "Una vez obtenida la independencia y proclamada la república, comienza entonces la historia contemporánea, que va a estar marcada por lo que bien podría llamarse una ofensiva, antiindígena: las leyes republicanas del 11 de octubre de 1821 y el 16 de marzo de 1832 decretan para el conjunto del país la disolución de los resguardos y la titulación de las tierras" (Gros, 1991: 208).
4. En referencia a los trabajos de Bonilla (1969), Friede (1973), Pérez (1998), Cabrera (2002), Gómez (2005) y Gaitán (2008), quienes han analizado de forma sistemática y profunda las formas de funcionamiento de las misiones católicas en los llamados territorios nacionales.
5. Con esta noción se alude a las zonas del país que desde el proceso colonial fueron objeto de dominio y control territorial, y que posteriormente, en el siglo XIX, se constituyeron en la geografía de la nación, a saber: "[...] el eje Norte-Sur de las tres cordilleras y la costa Caribe entre los ríos Sinú y Magdalena", quedando por fuera de esta delimitación, más de la mitad del territorio nacional (Serje, 2009: 3).
6. De este modo se determina en la Ley 89 de 1890 la naturaleza de los indígenas de resguardo para quienes estaba determinado el modelo de misiones. Esta Ley estuvo vigente hasta 1991, año en el cual la normativa adquirió un estatus distinto, por cuenta de la reforma constitucional que tuvo lugar y el tratamiento específicamente otorgado al reconocimiento de los pueblos indígenas en Colombia.
7. Destacado parlamentario chocoano (1907-1964), quien promovió una corriente de pensamiento político de la negritud que dio a la educación un lugar central en los debates sobre la relación de la nación con la gente negra.
8. Como señalan Rojas y Castillo en un rastreo conceptual sobre la emergencia de este concepto, "la noción deetnoeducación resulta de un desplazamiento y apropiación al terreno educativo del concepto de etnodesarrollo(Bonfil, 1982). Desde este enfoque, se le atribuye centralidad al concepto de autonomía, entendida como la capacidad de decisión que tienen los grupos étnicos respecto a sus recursos culturales. Este planteamiento enmarcado en los análisis sobre la relación Estado nacionalgrupos étnicos, se asume en su dimensión política e ideológica y su traslación al terreno educativo conduce a la idea de etnoeducación" (2005: 67).
9. Entendido como el conjunto de políticas educativas de los estados multiculturales contemporáneos, que se sostienen en el modelo del reconocimiento jurídico de la multiculturalidad, pero con restricciones en su implementación efectiva (Kymlicka, 2007). En el caso del continente, estas políticas tienen denominaciones diversas, dependiendo de las propias trayectorias históricas que en cada país ha tenido el fenómeno de la alteridad indígena y afrodescendiente. En algunos casos corresponde al modelo de educación bilingüe intercultural, en otros, se entiende bajo el modelo de la educación indígena, y en el capítulo colombiano corresponde al enfoque de la etnoeducación.
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- Última actualización en 21 Septiembre 2016
Una reescritura contrahegemónica de la formación de docentes
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Una reescritura contrahegemónica de la formación de docentes*
A reescrita contra-hegemônico de formação de professores
A counter- hegemonic rewriting of teacher education
Jorge Huergo**
Kevin Morawicki***
* El presente artículo se origina en el proceso de implementación de la Transformación Curricular de la Formación Docente de la Provincia de Buenos Aires, iniciado en 2007 y aún en desarrollo. Está financiado por el estado provincial (Dirección General de Cultura y Educación) y por el Instituto Nacional de Formación Docente (INFOD) de Argentina.
** Profesor en filosofía y pedagogía y Magíster en Planificación y Gestión de la Comunicación (UNLP). Coordinador del Programa de Transformaciones Curriculares de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires. Director del Centro de Comunicación y Educación de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina). E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
*** Licenciado en Comunicación Social (UNLP). Miembro de la Coordinación de la Implementación Curricular de Formación Docente de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires. Docente investigador de comunicación y educación de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina). E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Resumen
Este artículo tiene por objeto presentar la articulación entre las prácticas y las coordenadas teóricas en el caso del proceso de Transformación Curricular de la Formación Docente en la Provincia de Buenos Aires (Argentina), coordinado por los autores. Se inscribe en las iniciativas de restitución del Estado y la recreación de la educación escolar como una política cultural no hegemónica. Desde una perspectiva decolonial, el texto concluye que el énfasis del proceso de transformación de la formación docente estuvo en el reconocimiento de los sujetos y sus prácticas, y la transformación de las subjetividades que abordan la educación y la docencia.
Palabras clave: formación, reconocimiento, posicionamiento, educación popular, enfoque etnográfico, práctica educativa.
Resumo
Este artigo tem como objeto apresentar a articulação entre as práticas e as coordenadas teóricas no caso do proceso de Transformação Curricular da Formação Docente na Província de Buenos Aires (Argentina), empregado pelos autores. Este se inscreve nas iniciativas de restituição do Estado e a recreação da educação escolar como una política cultural não hegemônica. Desde uma perspectiva decolonial, o texto conclui que a ênfase do processo de transformação da formação docente esteve no reconhecimento dos sujeitos e suas práticas, e a transformação das subjetividades que abordam a educação e a docência.
Palavras chave: formação, reconhecimento, posicionamento, educação popular, enfoque etnográfico, prática educativa.
Abstract
This article is aimed to show the articulation between practices and theoretical coordinates in the Curricular Transformation of Teacher Education process in the Provincia de Buenos Aires, Argentina, coordinated by the authors. It follows the initiatives to restore the State and re-create the school education as a non-hegemonic cultural policy. From a de-colonial perspective, the article concludes that the emphasis of this process was on the recognizance of the subjects and their practices, and on the transformation of the subjectivities that undertake education and teaching.
Key words: formation, recognizance, positioning, popular education, ethnographic approach, educational practice.
Preludio: de las penumbras de la “crisis orgánica” a la restitución del Estado
El más reciente embate de las políticas neocoloniales en América Latina ha sido el proyecto neoliberal, que en el caso argentino es la continuación de la arquetípica "desaparición del otro" operada por la Dictadura (1976-1983). El desmantelamiento de la trama sociocultural y el saqueo económico y político de la sociedad, colocaron a Argentina en una situación de "crisis orgánica", con sus inusitados impactos en el campo educativo.
Antonio Gramsci señalaba "fenómenos morbosos" en ese interregno de la crisis orgánica. Podríamos sintetizarlos en al menos tres: (i) la crisis de las instituciones de formación de sujetos y de representación política, (ii) la inadecuación entre los imaginarios de ascenso social y las condiciones materiales (y simbólicas) de vida, (iii) la crisis de los grandes contratos que cohesionan la sociedad y la emergencia de múltiples lazos sociales. A la par de estos fenómenos, la tensión tradicional entre libertad y justicia social derivó en una profundización (en apariencia más light) de la doctrina de seguridad nacional: la tensión entre libertad y seguridad. Esto produjo el incremento del desempleo, de la exclusión y la expulsión social. Pero también la creación de figuras de anomalía y peligrosidad (muchas de éstas desde una concepción neolombrosiana) objeto de miedo y de pánico moral.
En este contexto, se produjeron dos dramáticas escenas en el orden político-cultural. Por un lado, el Estado "gerente" y el mercado (y muchas organizaciones no gubernamentales) fueron produciendo identidades fragmentadas acordes con narrativas de multiculturalidad, pero entendidas bajo la forma del multiconsumo; por otro, la escuela fue perdiendo paulatinamente su carácter sociocultural interpelador y su imagen de institución ligada al ascenso social, a la inserción en el mundo laboral y a la construcción de la sociedad política. El tsunami neoliberal fue devastador para la educación (Puiggrós, 2007).
En concordancia con esta destrucción neocolonial, la crisis de significación inclusiva del sistema escolar produjo una crisis de legitimidad de la tarea docente. En el sistema educativo se comenzó a experimentar una entropía nunca antes conocida, que contribuyó a desarticular los esfuerzos por la igualdad educativa provenientes de matrices populares anteriores. Finalmente, y sobre todo a partir de la crisis de diciembre de 2001, hizo explosión el campo educativo no escolar, a través de múltiples acciones formativas de espacios y organizaciones sociales, y de disímiles experiencias de "educación popular", cuestión que indirectamente contribuyó a profundizar el divorcio político-cultural entre la escuela y la sociedad.
En este contexto, dentro de la formación docente fueron creciendo algunas alternativas que espejaban voluntades transformadoras, a las que podríamos denominar micro-teorías pragmáticas dominantes; todas derivadas del interregno de la crisis y del empobrecimiento teórico del neoliberalismo. Entre éstas debemos mencionar: (i) la pedagogía de la resiliencia, que sostiene una educación selectiva de los más pobres (los "desarrapados" de Simón Rodríguez), y crea una ilusión de inclusión social, pero bajo las formas de un neodarwinismo que presta atención a las minorías excepcionales que escapan a la "pobreza natural"; (ii) lapedagogía de las buenas prácticas, la cual posee dos riesgos: por un lado, el análisis de las prácticas docentes desde un registro moral (lo que a escala global ha llevado a peligrosas consecuencias éticopolíticas de justificación de la destrucción del mal) y, por otro lado, la aspiración a una modelización objetiva que pretende la adaptación y la productividad según modelos empresariales, sin cuestionar el carácter dominante de las prácticas; (iii) algunas pedagogías de la "ciudadanía", que siguen un modelo a veces meramente juridicista, y, otras, acordes con las nomenclaturas impuestas por organismos de cooperación y financiamiento internacionales; (iv) lasperspectivas pedagógicas que apelan al "cambio de mirada", como apuesta por la renovación de modos de ver el quehacer educativo, pero sin una estimación ni un cuestionamiento suficiente de las condiciones de su producción.
Muchos formadores de docentes asumieron y asumen esas microteorías como alternativas de cambio, lo que obstruye la comprensión de los alcances de una verdadera transformación que se inscriba, no ya en los despojos particulares dejados por el neoliberalismo, sino en el campo de posibilidades que abre la restitución del Estado.
A partir de mayo de 2003, comienza en Argentina un período con luces y sombras, con logros y desafíos, que abre un lento pero firme proceso de restitución del Estado argentino, basado en gran medida en la recuperación de las memorias históricas, en la reconstrucción de la justicia social, en la voluntad de integración latinoamericana, en la iniciativa de las políticas públicas populares, etcétera. Este esfuerzo por "descolonizar" la sociedad neoliberal alcanzó también las políticas educativas y de formación docente.
A partir de estas situaciones, se diseñaron las grandes líneas políticas educativas de la educación superior en la Provincia de Buenos Aires1, basadas en la democratización del sistema de educación superior y en el fortalecimiento académico de la formación docente y la formación técnica (Huergo et ál., 2007). Una de las principales estrategias fue la transformación curricular de la formación docente, emprendida a partir de 2006.
De la terquedad del colonialismo pedagógico a la descolonización en los horizontes formativos
Para el escritor Arturo Jauretche –quien ha contribuido significativamente a comprender la articulación entre colonialismo económico y colonialismo cultural–, la "colonización pedagógica" ocurre en nombre de valores particulares construidos como universales, y sostenidos por una intelligentzia (nativa) configuradora de una mentalidad que pretende acallar, obturar y colonizar las culturas populares (Jauretche, 2008). Una colonización que produce "patologías epistemológicas" en la medida en que fuerza los hechos –los tercos hechos– para simplificarlos y aplanarlos desde las ideas y doctrinas "universales". Una auténtica colonialidad del ser y del saber (sustentada en una colonialidad del poder en sus sentidos político y económico) que contribuye a mantener la subalternidad dependiente y que, según Jauretche, se produce en conjunto con un "estatuto legal del coloniaje" imperialista.
La "cultura" moderna occidental emprendió hace siglos una encarnizada lucha contra las (in)culturas populares, y su colonización, cuyo principal armamento fue la escolarización. Se trató de un estatuto que anudó la educación a la escuela, y a un tipo excluyente de transmisión de prácticas, saberes y representaciones. Una tradición producida en el pasado, cuya imagen está en el "laboratorio de humanidad" de Juan Amós Comenio, que contribuye a separar la escuela de la vida cotidiana. Continúa siendo residual, ya que tiene repercusiones significativas en el movimiento cultural del presente, tanto en las producciones como en los hábitus, en las mentalidades y en las posiciones de los actores educativos.
El orden del discurso hegemónico se hizo discurso del orden, estableciendo dicotomías en las cuales uno de los polos debía ser destruido, excluido o conquistado. Bajo formas más atenuadas, este discurso que pretendía desplazar las culturas orales, imponiendo la lógica escritural y el libro como depósito de la cultura universal, sigue presente en los actores educativos (aunque ahora se trate del libro en pantalla). Asimismo, buscaba colonizar culturalmente a los sectores populares denominados bárbaros, por la vía de las promesas y los equipamientos culturales y tecnológicos de la "civilización" (Sarmiento, 1982: 66), cuestión que se prolonga hoy en la identificación de los "nuevos bárbaros"2, cuyas prácticas y saberes son objeto de pánico moral. Era un discurso que proyectaba disciplinar las diversas racionalidades, consagrando una razón a través de la normatización de los saberes y la normalización de las prácticas. El Centenario de nuestra patria (en 1910) fue la culminación de ese sistema excluyente ligado a intereses económicos y de poder de los sectores oligárquicos, que se vio plasmado en los dispositivos pedagógicos del normalismo y el positivismo argentinos. La fórmula "civilizar a los bárbaros" se convirtió primero en "barrer la basura de la inmigración inmunda" (Puiggrós, 1990: 99) y, luego, en el sometimiento del discurso pedagógico al discurso médico. La colonización no fue otra cosa que un despliegue de la biopolítica.
Tanto en los docentes como en los formadores de docentes aún permanecen vestigios de este discurso que, por un lado, contribuyen al distanciamiento entre la escuela y la vida cotidiana, y, por otro, establecen perspectivas basadas en dicotomías viejas o renovadas. A esto ha contribuido la marca del iluminismo en los cuerpos, que ha tendido a separar el vector intelectual del vector emocional, y a impugnar las culturas populares; del idealismo, que siempre ha privilegiado la especulación sobre la práctica, o considera la práctica como una aplicación de las razones de la teoría (frecuentemente copiada de otros contextos); del espiritualismo, que anuda lo educativo a formas de perfección, cristalizando las ideas de bien y de valores inmutables, "positivos", de una vez y para siempre.
Cuando en la transformación curricular se puso en el centro a los sujetos y sus prácticas, y no los nuevos dispositivos curriculares (de captura de sujetos y prácticas), se pensó en la idea generadora de horizontes formativos, con toda la carga de creación, de incertidumbre, de decisión, de búsqueda, de construcción y de aventura que posee esa noción metafórica. Esto instaló una lucha por desmantelar el discurso dominante cristalizado en dos ideas: (i) el logro de competencias, en el sentido de la adaptación a las condiciones existentes de desarrollo de las prácticas, y su creación y desarrollo para un desempeño exitoso. La idea neoliberal invasiva de competencias está ligada a la performatividad de un sistema social admitido y hegemónico que se reproduce a sí mismo, a través del desarrollo de esas competencias. (ii) La idea de perfil de formación, que pone énfasis en la realización de una imagen cristalizada de antemano, perdiendo de vista o desestimando la formación como un proceso de construcción en un campo educativo condicionado histórica y socioculturalmente, atravesado por los procesos de depredación neoliberal y crisis orgánica, lleno de tensiones e incertidumbres, complejo y cambiante, marcado por relaciones intersubjetivas y por encuadres institucionales muchas veces conflictivos.
La idea de horizonte formativo está emparentada con el pensamiento utópico, tan reñido con el pragmatismo neoliberal y tecnicista. Alude a esa zona de la imaginación ubicada en la tensión entre un sujeto real y tendencial (asumiendo que la tendencia al futuro es "natural") y un sujeto deseado (siempre imposible). La metáfora del horizonte siempre inalcanzable está asociada con la idea de utopía: el horizonte tiene la capacidad de desafiarnos, de admirarnos, de intranquilizarnos. Una insatisfacción continua, como la formación: un caminar cuya meta final es indefinida, inacabada, incompleta. Pongamos por caso el viaje de Simón Bolívar con su maestro, Simón Rodríguez (Rumazo, 2006). Caminaron, conversaron, miraron, escucharon, festejaron, asistieron a las ciudades y sus calles, a villas pobres y a la consagración de Napoleón. ¿Cómo imaginar que el viaje culminaría en el monte Sacro con la promesa de Bolívar de liberar América? Pero más aún, ¿cómo imaginar esa escena como la meta (el perfil o las competencias), si la vida y la lucha parecían estar en sus albores?
Sin precisiones biológicas ni sociales para determinar sus alcances, era necesaria una noción de formación que tomara distancia de las tradiciones normalistas, positivistas, idealistas o espiritualistas; que no aludiera a una forma final según una horma, ni a un producto o un estado de llegada, sino a un proceso continuo e inacabado. Por eso admitimos que la noción fuera interpelada por esta idea de los cultural studies: "La formación es un proceso activo [y un producto siempre inacabado] que se debe tanto a la acción como al condicionamiento" (Thompson, 1989: 9). Se trata de poner énfasis en esos condicionamientos múltiples, ni buenos ni malos, diversos a lo largo de la vida, que se articulan con acciones, decisiones y prácticas, y que fraguan nuestra formación.
Las trayectorias del reconocimiento (como decisión político-cultural)
Hay un proceso que logró subvertir la médula de la colonialidad –no sólo pedagógica– y que se convirtió en clave de la formación docente en la Provincia de Buenos Aires: el reconocimiento. A partir de la crisis del sujeto moderno y la emergencia de la complejidad, el discurso pedagógico se refiere a un sujeto casi inexistente. La escuela y los docentes, por adherir al viejo discurso colonizador, necesitan interpelar a un sujeto propio de un orden pretérito basado en un etnocentrismo ajeno. Las interpelaciones sufren una fuerte crisis al sostener modelos de identificación totales, omniabarcativos, basados en una "mitología del orden anterior", y al desreconocer a los sujetos concretos, formados en condiciones históricas y geopolíticas reñidas con la moralización escolarizadora. Recrear el sentido social y cultural de la escuela en gran medida tiene que ver con reconocer a los nuevos sujetos y las nuevas modalidades de la formación subjetiva.
El interés ya no está centrado en la descripción de las crisis del sistema y los modos posibles de reordenarlo. Se trata de reconocer los múltiples modos en que circulan en la sociedad interpelaciones formativas, articuladas con tipos de complejidades y conflictivas socioculturales que provocan zonas de identificación subjetiva. Las dinámicas de trayectorias y de estructuras disipativas por donde circula lo educativo en nuestras sociedades, tras el proceso de depredación dictatorial y neoliberal y los embates de la crisis orgánica, invitan a prestar atención a algo que excede, abarca, provoca y penetra en el sistema escolar: el campo educativo.
Nos referimos a campo educativo para aludir al conjunto desordenado y conflictivo de espacios y discursos interpeladores alrededor de los cuales se producen procesos formativos. De hecho, asumimos la consideración de lo educativo desde el punto de vista del análisis del discurso (Buenfil, 1993), en el que se articulan diferentes y variadas interpelaciones con reconocimientos e identificaciones subjetivas, lo que contribuye a producir lazos de pertenencia social, adhesión a múltiples valores, conductas, saberes o "contenidos", e instancias de modificación de prácticas sociales, ya sean en un sentido conformista o impugnador de la hegemonía.
Como sabemos, las diferentes culturas que han sido sometidas en los últimos siglos irrumpen en un horizonte "más allá" de la modernidad/colonialidad. Un "más allá" que marca una zona donde las culturas toman su revancha bajo la forma de diferentes discursos o polos formativos, que son referenciales y a la vez contingentes y precarios. Si bien en el campo educativo no pierde su significación el discurso escolar, es preciso reconocer otros discursos que interpelan la formación subjetiva, como el mediático, el del mercado, el callejero, el comunal, etcétera. Y, a su vez, alrededor de esas referencias formativas abiertas y precarias, la emergencia de referentes que ya no son sólo los adultos, padres o maestros, sino otros y diversos actores sociales.
Desde esta perspectiva, la clave consistió en reconocer este campo educativo no como algo del orden del contexto, que "se mete por las ventanas" de las escuelas, sino como aquello que, dentro de las propias escuelas, actúa en la pugna cotidiana por el significado de la vida, de la experiencia y del mundo. Eso que forma parte de la trama cultural o de la urdimbre simbólica escolar, y que desarregla el sentido social y las propuestas didácticas escolares. Eso que, por lo general, los maestros no sólo no reconocen, sino frente a lo cual carecen de herramientas formativas que les permitan desarrollar su práctica educativa.
Por este camino, un primer reconocimiento se refería a los pioneros de una perspectiva pedagógica decolonial que admitiera o fuera pertinente con la noción de campo educativo; se trata de precursores que representan páginas y voces soterradas, objeto del olvido y el silenciamiento académico. Los temas de la "razón poscolonial" ya estaban aquí en quienes lograron subvertir epistemológicamente el discurso hegemónico/colonialista moderno (Mignolo, 1995). Por eso, optamos por reconocer a ciertos pedagogos poscoloniales avant la lettre, como Saúl Taborda y Paulo Freire, entre otros, que contienen ciertos rasgos contrahegemónicos (Huergo, 2005):
- La resonancia actual de la "pedagogía comunal", ligada a diversas formas culturales de nuestras sociedades, y de la dimensión educativa de todos los espacios sociales, en tensión con los "ideales pedagógicos" hegemónicos (Taborda, 1951):
- Los modos en que las instituciones y las "reformas" educativas copiadas fracasan debido a que cargan con contradicciones propias de los contextos y los procesos que les dieron origen.
- La comprensión de los procesos histórico-culturales, a través de la permanente tensión dialéctica entre tradición y revolución (y entre lo particular y lo universal –acaso, lo global y lo local–).
- El reconocimiento de la experiencia, la vivencia y el erotismo juvenil, para poder desarrollar acciones educativas que resulten interpeladoras para los sujetos, considerando "el niño como niño y el joven como joven" (Taborda, 1951, II: 270).
- La recuperación del sentido político de lo educativo a partir de Paulo Freire, pero haciendo hincapié más en el conflicto propio del diálogo que en la armonía o la transparencia dialógica. Un "encuentro" (Freire, 1973) en el que se hacen visibles las relaciones de poder ligadas al saber y a la intersubjetividad.
- El trabajo de reconocimiento del "universo vocabular" de los otros, sus culturas, sus sueños y sus fracasos, sus negaciones y sus proyectos, sus temas de época, sus lenguajes para nombrar la experiencia y pronunciar el mundo.
- Los horizontes liberadores, pero también la desnaturalización, en la formación subjetiva, de las articulaciones entre el lenguaje y la experiencia (Freire, 1975).
- El reconocimiento de las resistencias culturales que, en clave gramsciana, desafían las relaciones entre sensibilidad popular y comprensión de la perspectiva pedagógica (Freire y Faúndez, 1986).
En los procesos de intervención e investigación y, en particular, en el proyecto no hegemónico de formación de formadores, nos planteamos la opción decolonial en tanto reconocimiento de tres cuestiones, entre otras.+
El otro y la cultura diferente
La noción de reconocimiento adoptada es la que propone Pierre Bourdieu (1991): reconocimiento de alguien que es un partenaire al que se le concede igualdad de honor y se lo estima capaz de jugar el mismo juego, y de jugarlo bien. Un reconocimiento percibido como pertenencia a un campo común (115), que opera como condición previa a la conformidad o el rechazo. Lo cual, como advierte Bourdieu, no se reduce a la política del dar (que en Freire significa asistencialismo o paternalismo), en la que "se posee para dar, pero también se posee al dar" (212), con lo cual se establece una relación de dominación (por tener más y por la retención del otro) que va del don a la deuda.
El reconocimiento del otro, de su "aquí y ahora", pone en el centro el problema de las diferencias culturales. La diferencia cultural (colonial) no es la diversidad de los discursos del multiconsumo, donde se enmascaran relaciones desiguales de poder. Así como la experiencia multicultural no es tanto la de un "yo" frente a "otros" (un "yo" tocado por los otros pero atrincherado en su posición), sino la del contacto cultural, frecuentemente conflictivo, que toca el pellejo, algo que se hace evidente en el mundo urbano latinoamericano. En ese contacto comienza un trabajoso proceso de reconocimiento y construcción intercultural de un nuevo nosotros.
La experiencia, la voz y los saberes en la comunicación educ
Se trata del reconocimiento de una experiencia que se multiplica en diversas formas de socialidad, donde se revela lo particular, fundado en un conocimiento más ligado a la creencia que a la razón. Una experiencia que los docentes nombran como angustiante toda vez que se produce en el encuentro entre nuevas políticas, propuestas o dispositivos, y los sedimentos y seguridades de la práctica que aún son "modernos". La experiencia se produce en medio del desacomodo originado por el choque entre prácticas residuales y una cultura educativa que fluctúa entre la novedad y la transformación.
Por otro lado, se trata del reconocimiento de la voz de los docentes y los estudiantes, como un conjunto de significados multifacéticos por medio de los cuales hablan y dialogan, leen la experiencia y el mundo, la "escriben" incluso antes de que nosotros (investigadores o formadores) les "enseñemos" a escribirla. La voz resulta de cierta mediación de un discurso privado pero situado en la trama del lenguaje y de los significados compartidos y colectivos (McLaren, 1995). En ese sentido, es ciertamente precaria, incluso puede ser transitoria. A través de lavoz, una suerte de lenguaje clandestino o fugitivo, los sujetos interpretan la experiencia, la vida y el mundo, y la hacen posible3.
En esta línea, los saberes reconocidos que circulan, se distribuyen y se resignifican en las escuelas. Se trata de saberes producidos por diversos discursos (mediático, callejero, comunal, escolar, de mercado), todos éstos en esa "arena de lucha" por el sentido que son las escuelas y las aulas. Saberes nómadas (a la manera en que concebía Taborda las culturas comunales), diseminados, deslocalizados, descentrados, trasversales (Martín-Barbero, 2003), que instauran un nuevo estatuto epistemológico desafiando la tarea docente y la construcción disciplinar. Por otro lado, hay un nuevo estatuto experiencial del saber. Es el modo en que se concibe ínsitamente el cono- cimiento en las generaciones formadas en el entorno de las llamadas nuevas tecnologías. Se trata de saberes de superficie y regidos por la velocidad, más propios de un surfista que del buceador, quien va a las profundidades de un asunto (Baricco, 2009), lo cual incide en la mutación de las experiencias.
El escenario educativo (escolar) como espacio social
Este reconocimiento implica considerar tres dimensiones del espacio, observando las cercanías y distancias, los encuentros y desencuentros, las continuidades y rupturas entre estos. (i) El espacio diseñado (o prescripto) para los distintos actores educativos y para las interacciones escolares. Comprende el diseño arquitectónico, las prescripciones y regulaciones espaciales, la distribución establecida o instituida en el diseño, las disposiciones espaciales y los equipamientos que las configuran, la regionalización, los ejes, distancias y dominios espaciales, las sendas y estaciones prescriptas, etcétera. En este sentido, es un dispositivo que pretende capturar los movimientos, relaciones y formas sociales de habitar el espacio. (ii) El espacio recorrido por los diversos actores (según lo diseñado y prescripto o más allá de este límite). Hacemos referencia a las zonas, lugares o regiones que los sujetos recorren o por los cuales circulan o donde se establecen diferentes tipos de relaciones. Es la dimensión de lo clandestino, de la oportunidad, de lo subterráneo, de las inscripciones particulares o identitarias, de lo vivido, de lo efectivamente experimentado. (iii) El espacio representado (lo percibido y lo significado): aludimos a los significados que los actores le otorgan al espacio, a sus zonas o regiones, además de los posibles significados y sentidos que se le atribuyen a esos espacios por actores que ni siquiera los recorren (Huergo y Morawicki, 2009).
Además, implica reconocer los sentidos del tiempo en la escuela: (i) el tiempo estratégico-instrumental, dominado por el cálculo racional planteado desde una exterioridad trascendente, y (ii) el tiempo práctico, dominado por la duración: la experiencia subjetiva del tiempo. Pero también la simultánea multiplicidad de tiempos que condicionan las prácticas y estrategias en las instituciones educativas. Entre estos: el tiempo engañoso (ese tiempo de la sociedad organizada de duración larga), el tiempo errático (de incertidumbre y marcada contingencia, donde prevalece el presente), el tiempo cíclico (como intento por disminuir la contingencia y acentuar la continuidad), el tiempo anticipatorio (de la innovación, la discontinuidad y contingencia del cambio), el tiempo explosivo (del fermento revolucionario y creador), etcétera (Harvey, 1998).
Un aspecto que actúa como configurativo de las dinámicas culturales e intersubjetivas escolares es la idea de comunidad educativa, que tiene que ser reconocida como ambivalente: tan cara al quehacer docente y las escuelas que se piensan "críticas", pero con bastantes peligros. La idea de comunidad está fuertemente ligada a concepciones de la nueva derecha. Por un lado, por la vía de la genealogía propuesta por Roberto Espósito (2007): lo que "está entre nosotros", "nuestra vida común" (que se autopercibe como natural u originaria), produce una construcción de "los otros" que pueden ser avasallados, marginados, expulsados, sobre todo cuando se trata de "nuevos bárbaros". Por otro lado, la idea de comunidad educativa está peligrosamente emparentada con las formas que adquiere el "neocomunitarismo" como modalidad de desarticulación (política) de la política en algunas sociedades latinoamericanas. Se trata de una peligrosa fantasía-trampa neocolonial.
Más allá de esta pedagogía del reconocimiento, el proyecto decolonial –que en nuestro lenguaje ha sido caracterizado como "releer la escuela para reescribirla"– pone el acento en un momento necesario y que pertenece a la memoria latinoamericana: la liberación. Una liberación que apunta a devolver sentido a la educación pública y común, desde el escenario de las luchas por el reconocimiento (Ricoeur, 2006) de identidades, formas de socialidad, subjetividades, modos de percepción, circulación de saberes, voces, experiencias. El desafío liberador consiste en la apertura de espacios de posibilidad para pronunciar esa diversidad, en situaciones de justicia e igualdad. El propósito es activar el "sentido de pertenencia" en una sociedad atravesada por formas de discriminación, de exclusión, de avasallamiento y de expulsión social.
Desmantelamiento crítico de las prácticas docentes colonizadas: del ego cogito al posicionamiento subjetivo
La ambición de la transformación curricular es el logro de una descolonización subjetiva. Y esto último implica no sólo un cambio de mirada, que puede ser meramente idealista, sino una transformación –a su vez– del posicionamiento docente. Este proyecto se alimenta de una crítica de las prácticas docentes dominantes, no restringida a la racionalidad crítica moderna (emparentada con el ego cogito colonial), sino centrada en el reconocimiento de la complejidad, de las facetas múltiples del conflicto y de la crisis (Huergo, 2010). Recordemos que el cambio del posicionamiento subjetivo no es sólo un cambio de mirada, sino un movimiento del cuerpo, otro "caminar hacia". Y no depende sólo de modificaciones en las formas de ver, sino de ciertos cambios en el mundo que provocan la necesidad de mirar distinto. De otro modo, sería una mera apuesta al idealismo que (desde Hegel) cree que todo lo que pasa por la razón o por la mirada, es real.
Se trata de un momento de descolonización cultural: del pensamiento, de los cuerpos, las prácticas, los saberes. Por eso el proyecto pretende considerar las prácticas dominantes (colonizadas) como objeto de transformación. Esas prácticas son hegemónicas y se juegan en la tensión permanente entre el deseo y el rechazo, y poseen ciertos rasgos, entre éstos:
- Catexia (represión, contención, obturación) del cuerpo y de la sensibilidad, del movimiento, de diversas posturas e inscripciones corporales que son objeto de "pánico moral", de contactos considerados indisciplinados, incluso del erotismo (tal como fue señalado por Saúl Taborda).
- Involucramiento naturalizado en rituales y rutinas cuyos sentidos abonan a la cultura y la ideología dominantes, sin ser problematizados.
- Identificaciones acordes con un "discurso de orden" en el sistema educativo que sostiene posiciones etnocéntricas, racistas, falocéntricas, racionalistas o iluministas, conservadoras, sexistas, logocéntricas, mercantilistas, cientificistas, tecnicistas, etcétera.
- Desreconocimiento mutuo y exclusión de la reciprocidad en las relaciones que se producen en la práctica, lo que hace que los espacios educativos signifiquen su pertenencia para algunos y representen ajenidad para otros.
- Ausencia de compromiso con la construcción colectiva y el diálogo en las vinculaciones entre reflexión y acción, entre teoría y práctica, entre polos de formación, proceso fuertemente profundizado en el período de auge neoliberal.
- Sometimiento a la narración dominante en función de la "autoridad pedagógica" personificada en los adultos y la autoridad de los dominios de saber materializados en las disciplinas.
- Impugnación o acallamiento de las voces y las experiencias sociales y subjetivas de los otros, aunque hayan sido pobladas de sentidos dominantes o formateadas por el mundo de los significados hegemónicos.
- Conformismo y reproducción de relaciones de poder desiguales y autoritarias, y de prácticas (tanto en situación de aprendizaje como de enseñanza) conformistas con el orden social y cultural establecido, obturando la percepción del carácter de hacedores de la historia de los sujetos (Huergo, 2010: 15).
En todos los rasgos encontramos un elemento común: el olvido, el soslayo o la negación del carácter ético-político y político-cultural de la práctica docente, y la obturación del desarrollo de una cultura de transformación.
Del juego entre saber y poder, se deriva una colonialidad incorporada y performativa: la colonialidad del pensar, construida a partir de dicotomías que se actualizan en el "pensar" presente, en una serie de políticas culturaleseducativas, instituciones, normativas, regulaciones, inversiones materiales, producciones didácticas. Una colonialidad del pensar se prolonga en el discurso pedagógico y en la enseñanza, pero anclada y materializada en las posiciones subjetivas. El pensamiento organizado según dicotomías, polos opuestos que se excluyen mutuamente, es altamente generador de sentidos ideológicos: sentidos naturalizados que contribuyen, a lo largo del tiempo, a estructurar las percepciones sobre el mundo sociocultural. Una vez instalado este orden imaginario social, nos es difícil salirnos de esos modos dicotómicos de pensar, debido a que somos sujetos del pensamiento occidental colonial basado en el ego cogito como polo de una dicotomía, que contribuye a estructurar múltiples naturalizaciones.
Donde la mirada dicotómica ve anomalías, desvíos, inadaptaciones, el posicionamiento no hegemónico, que asume las fuerzas en tensión, ve posibilidades de apropiación mutua, de articulación. Ve polos que se hibridan mutuamente, que se encuentran unos con otros de modos no armoniosos, pero que no pueden separarse de manera fija. Las prácticas, y también las prácticas docentes, son siempre una zona porosa donde se encuentran y se articulan esas fuerzas, esas matrices, esos aspectos o esos polos. Aunque ya lo sabemos: la articulación no deja incontaminados, segregados, en estado "sagrado" a los elementos que se ponen en relación. Los transforma: ningún elemento sale del juego de las tensiones igual a como entró.
En gran medida, la colonialidad del saber –al descartar, controlar, perseguir o expulsar otras formas de saber, ligadas a lo popular– ha mantenido la subalternidad a través de la "alienación de la ignorancia" (Freire, 1973) y del "divorcio entre el sujeto cultural y el sujeto pensante" (Kusch, 1976). Para las políticas hegemónicas, el maestro ha sido entendido desde un "otro" que piensa desde fuera. Y para muchos maestros, el alumno es el anómalo, el incapacitado, también el ignorante o el que no tiene palabra por pronunciar. Por eso, uno de los horizontes pedagógicos del proyecto de formación de docentes es "el maestro como pedagogo", es decir, el propósito de devolver unidad dialéctica al sujeto cultural y al sujeto pensante (Kusch, 1976). La supremacía del sujeto pensante sobre el cultural le ha venido muy bien a las tradiciones esencialistas, intelectualistas e iluministas. Del otro lado, en el pragmatismo y el basismo se reconoce el valor del sujeto cultural, pero como alguien que piensa sólo individualmente, débilmente y con los límites de la inmediatez.
En la dominación cultural, como sostiene Edward Said respecto del colonialismo, al "otro" (del que se habla) nunca se le invita a hablar, y es el objeto de la fantasía y de la construcción (Said, 1995). Eso ha ocurrido con el discurso pedagógico académico, que frecuentemente está situado por fuera del sujeto de la práctica educativa. Como sostiene el uruguayo Hugo Achúgar, en gran medida el paradigma teórico "poscolonial" es el efecto de una mirada situada desde fuera de nuestra memoria (Achúgar, 1998), incluso aunque se prolongara en formas latinoamericanas de hablar sobre o por el sujeto cultural, constituyendo una suerte de "neocolonialismo tercermundista".
Una pedagogía del posicionamiento toma distancia de aquellas concepciones que conciben las posiciones sociales determinadas por espacios de sujeción de los cuerpos, o que asocian la posición con el rol (en las versiones de Parsons o de Goffman) como algo dado, donde el guión está escrito, el escenario está montado y los actores desempeñan papeles escritos para ellos (Dirección General de Cultura y Educación-Provincia de Buenos Aires, 2007). En el caso de la docencia, es importante estimar los condicionamientos estructurales que constituyen la "posición" del docente. Pero es imprescindible percibir, a la vez, el carácter activo de la docencia: el posicionamiento que el docente construye en la institución y en el sistema escolar. El docente va configurando su posicionamiento en la medida en que tensiona aquellos condicionamientos con su inserción en situaciones sociales y educativas que trata de transformar, y en tanto que –contra el determinismo y el individualismo– busca ser sujeto activo y crítico, procurar la subjetivación, y así extender su autonomía. El posicionamiento docente se juega en la tensión (que no debe ser percibida como dicotomía) entre una posición asignada que institucionalmente se le deposita y una autonomía que tiende a la acción transformadora.
Si admitimos que la subjetividad se fragua en la articulación entre el yo que lee y escribe y el yo que es leído y escrito, el posicionamiento alude al yo que lee y escribe, a partir del reconocimiento, la objetivación y el cuestionamiento de los modos en que ha sido y es leído y escrito. Hace referencia a un modo otro de situarse en la acción educativa (institucional, en el aula, etcétera), que no se reduce sólo a una nueva forma de "mirar", sino a poner en juego todos los sentidos, el pensamiento en ese nuevo modo de situarse y el cuerpo (que se encuentra frecuentemente "anestesiado" y colonizado por lo instituido).
Esto implica cierto "hacer estallar" las obsesiones por el "objeto" específico de las disciplinas, en este caso, la pedagogía. Y, además, algo más que un cambio de la mirada, apostando a una transformación en el posicionamiento de las subjetividades que miran. Un difícil y complejo proceso que no se reduce a las apelaciones a "mirar más ampliamente" o "revisitar la mirada". Es decir, que no se refiere sólo a la mirada, la perspectiva o el enfoque, ni a las mencionadas interpelaciones discursivas que supondrían una voluntad individual transformadora (Morawicki, 2009), sino a la articulación entre la representación imaginaria y la acción. Esto es, a la producción de un lenguaje de posibilidad para la experiencia docente (lo cual refiere a la subjetividad), a partir del desmantelamiento y la impugnación de las representaciones naturalizadas sobre la realidad educativa, la institución escolar, los sujetos, el espacio del aula, la práctica de enseñar, entre otros asuntos.
Itinerarios… Una pedagogía del viaje
El itinerario de trabajo realizado con los formadores de docentes del campo de la práctica no fue sencillo. Sobre todo porque las marcas de la "herida colonial" de la escolarización no se modifican demasiado con cambios de miradas, apelaciones a la formación ciudadana, buenas prácticas u otras suturas. Nuestro trabajo con aproximadamente 250 formadores de la Provincia de Buenos Aires en 2008, hizo evidente que las propuestas curriculares (por ejemplo, de una experiencia social en espacios comunitarios –y no en escuelas–, de educación popular, etcétera) ubicaban la formación en otro registro. Esto significó para los docentes una situación de incertidumbre, de inquietud y hasta de angustia. Algunos formadores participantes expresaron, por ejemplo: "Me genera la esperanza de creer que se podrá mejorar la educación desde nuevos docentes más críticos y conscientes de su realidad sociocultural". Al inicio del itinerario, la estrategia "sirvió para desestructurarse, repensar la práctica pedagógica, volver a situarse" (Dirección de Educación Superior, 2008: 14). También para compartir con otros, miedos e incertidumbres, y comprender que la transformación era necesaria y posible.
Uno de los ejes centrales del camino recorrido hasta hoy ha sido el intercambio entre los docentes. Éste contribuye a ser conscientes de la colonialidad, lo que significa avanzar en su desestructuración, teniendo en cuenta las invisibilizadas heridas históricas que ha implicado. Un intercambio no siempre armonioso que ha girado alrededor de las experiencias y de una voluntad, no tanto de lograr certezas de objetos pedagógicos "claros y distintos", sino de adentrarse en la complejidad más bien incierta de todo proceso en tiempos residuales de una larga crisis, que también es un terreno de posibilidad para la recuperación del carácter interpelador de la escuela como la más fuerte institución pública y popular de Argentina.
Desde el inicio se puso énfasis en el relato subjetivo a través de diversas estrategias que iban desde el "cuaderno de bitácora" hasta el texto autobiográfico que refiere a la propia formación (trabajado a partir de "La importancia del acto de leer", de Paulo Freire (1991)). En él no sólo aparece la dimensión colonial de la escolarización, sino también diversas experiencias y vivencias que se mueven en la tensión entre la terquedad de esa escolarización encarnada y ciertas "gnosis de frontera" (Mignolo, 2000) que contribuyen a desaprender las configuraciones sobre prácticas, poder y saber asimiladas en el contexto moderno/colonial. De este modo, es posible "reaprender" desde la subjetividad otros sentidos de las dinámicas culturales-educativas. En esa vía, Peter McLaren afirma que una "pedagogía decolonial" consiste en la posibilidad de una "suspensión temporal del momento colonial, un espacio liminar que, mientras aún contiene rasgos figurativos de los discursos coloniales y neo-coloniales, eficazmente permite su suspensión y que se desarrolle una comunidad de resistencia" (McLaren, 2003: 147).
En el camino de intercambio se abordan algunas cuestiones claves que se derivan de la línea político-cultural de la transformación curricular. Uno de los objetos de reflexión/reflexividad consiste en los modos en que hemos asumido, en el largo proceso de escolarización, los conocimientos construidos sobre el "otro" (pero también sobre nuestra propia identidad). Otro es el avance en el reconocimiento de que el discurso colonial no opera sólo como una construcción instrumental de conocimiento, sino también según las ambivalencias de la fantasía y el deseo (Bhabha, 1994). En efecto, las "figuras" de la identidad docente, objeto de reflexividad en el intercambio, se juegan en una permanente tensión entre atracción y repulsión.
El camino construido desde las incertidumbres hacia la construcción colectiva de certezas provisorias, junto con la experiencia realizada en espacios sociales no escolares, fue nombrado como pedagogía del viaje. Aludimos principalmente con ese nombre al recorrido de Simón Rodríguez junto a Simón Bolívar, a pie, por Europa. A pie se conversa, se lleva tal o cual libro, se discute, se miran otros espacios, otros paisajes, se conoce otra gente, se comenta acerca de los lugares por donde se pasa. En el viaje hay distintos olores, distintos colores, diferentes sonidos, músicas, canciones. El hombre se interroga e interroga al viaje: el viaje significa una serie de preguntas a las que se debe responder de manera fecunda. Toda esa tierra, de tanta historia y de tan variado paisaje, educa y provoca iniciativas. En los viajes a pie, en movimiento, se instala más la vida que en el reposo. Ya no es el maestro el que enseña; el pedagogo es el viaje. Con las marcas de ese viaje, el 15 de agosto de 1805, Rodríguez y Bolívar ascienden al monte Sacro, dialogan, discuten, recuerdan; se abren, de pronto, hacia el porvenir, como rasgando las nubes del tiempo; examinan la situación de la América sojuzgada; advierten la posibilidad de liberarla, destrozando la vasta red opresora; ven en lo profundo la fuerza que se requiere para el reto y la acción. Finalmente hacen un juramento que es el fruto educativo del viaje. Cuenta Rodríguez:
Y luego Bolívar, volviéndose hacia mí, húmedos los ojos, me dijo: Juro delante de usted, juro por el Dios de mis padres; juro por mi honor y juro por la patria, que no daré descanso a mi brazo ni reposo a mi alma, hasta que no haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español. [Narra Bolívar] Abrazándonos, juramos liberar a nuestra patria o morir en la demanda (cit. Rumazo, 2006: 46).
Ese viaje, en la formación docente, adquiere mayor sentido en aquella experiencia social (establecida en el Diseño Curricular de Formación Docente), anterior a la entrada en la práctica escolar. Hablamos de una experiencia social en la que el futuro maestro se vincula con el campo sociocultural de la comunidad, a través de sus organizaciones, en una práctica educativa no escolarizada. Ésta tiene por objeto acceder a la "práctica docente" desde la comprensión y el posicionamiento del futuro docente en el campo educativo. Una práctica que promueve la construcción de una perspectiva que permita repensar la práctica educativa escolar y el carácter interpelador de la propia tarea docente en el marco de las transformaciones culturales, políticas y sociales que se plantean hoy en nuestro país.
Otra de las claves en la transformación curricular es la incorporación del enfoque etnográfico, que hemos articulado con las estrategias propias de la educación popular de inspiración freireana. Hemos asumido que son pocas las instancias de la producción discursiva en ciencias sociales que dan alguna certeza sobre la importancia de la formación teórica cuando se interviene en procesos político-culturales decoloniales. Nos referimos a aquella dimensión que hemos rastreado (y apropiado) en la educación popular y la etnografía: los modos en que se acercan los investigadores o educadores al proceso de conocimiento de las personas y las culturas, y bajo qué concepción de conocimiento se posicio- na quien apuesta por desencadenar procesos formativos no hegemónicos.
En tiempos de cierta evanescencia de los discursos respecto a sus posibilidades de repercusión transformadora de la realidad opresiva, la palabra epistemológico empieza a dejar mucho que desear. Sin embargo, es éste el principal aporte de las perspectivas de la educación popular y del enfoque etnográfico. De un tiempo para acá, no es posible pensar un proceso de trabajo político-cultural contrahegemónico sin partir, desde un primer momento, de los sujetos culturales, sus "aquí y ahora", y no meramente desde nuestra visión sobre ese "aquí y ahora", sino precisamente desde la perspectiva de los actores acerca de su contexto. Ésta opción no es sencilla de realizar si aceptamos que los propios marcos de representaciones y valores (incluso los más puros valores progresistas) median con más fuerza de lo pensado este acercamiento, haciendo que forcemos demasiado la realidad para incorporarla a nuestros marcos teóricos e ideológicos, y viceversa. Rosana Guber nos pone en relación con los más importantes aportes metodológicos de Paulo Freire:
La entrevista etnográfica sirve fundamentalmente para descubrir preguntas, es decir, para construir los marcos de referencia de los actores a partir de la verbalización asociada más o menos libremente en el flujo de la vida cotidiana. Desde estos marcos extraerá las preguntas y temas significativos para la segunda etapa (Guber, 2001: 86).
Resuena aquí la idea freireana sobre universo vocabular y temas generadores.
Conocer el mundo del "otro cultural" –en palabras etnográficas–, del "universo vocabular" o "universo temático" –en terminología freireana–, implica apelar a un cierto rigor en el proceso de construcción de conocimiento de aquellos a los que van dirigidas nuestras acciones. Pero alude también a un reconocimiento de estos mundos sociales y subjetivos: a hacerle saber y sentir al otro que podemos jugar un mismo juego de construcción política y cultural.
Por lo mismo, el cruce entre etnografía y educación popular implica un posicionamiento ético-político (en la medida en que no intenta avasallar la identidad cultural del otro) y pedagógico o estratégico: es desde la experiencia del otro que podremos hablar al sujeto al cual nos referimos en los discursos y en las revistas especializadas; mientras que hacerlo, además, aumentará las posibilidades de que las personas se sientan aludidas ante la invitación a hacer juntos un proceso de transformación (subjetivo y político-cultural). Es un proceso, entonces, anclado en el diálogo, no como un armónico ponerse de acuerdo, sino como espacio de encuentro, conflictivo pero productivo, de ideas, percepciones y modos de actuar en relación con ese mundo que se vivencia todos los días. Por eso, desde el punto de vista etnográfico, ese "diálogo" ha de ser el objeto de la descripción densa que hemos alentado en el análisis de la escuela como espacio social.
Ese diálogo es también una urdimbre simbólica. En tanto sujetos culturales, en el mismo momento en que la comunidad habla, es hablada; de igual modo, las personas expresan su mundo y sus percepciones, y a la vez expresan el orden hegemónico del que forman parte. De allí que la problematización como proceso formativo es la que permite desarrollar un proyecto decolonial con los otros, reconociéndolos en sus condiciones materiales y simbólicas de vida. Acaso es el punto de partida para iniciar juntos un camino que revierta la colonización de la subjetividad, tan vinculada a la educación en clave de escolarización, y a las prácticas políticas con signo moderno e iluminista.
En tanto, la pregunta por cómo aportar a la formación de docentes para recuperar la escuela como espacio público para una formación no colonial de las subjetividades, alude a cómo hacer de ésta un lugar convocante, interpelador, deseado. No podemos sino recordar, entonces, las viejas y vigentes advertencias de Freire. Partir no de las ideas y papers de escritorio, sino acercarnos cabalmente a los otros, sabiendo que no lograremos nunca desentrañar la esencia de lo que son, pero con la certeza de que es la reflexividad (como vigilancia del proceso de conocimiento) la que nos dará seguridades éticas y políticas respecto de un trabajo transformador. Porque el camino, en todo caso, apuesta a intervenir para realizar un proceso de "desnaturalización" o "problematización" de las prácticas, saberes y representaciones que el movimiento hegemónico-colonizador ha incorporado en los cuerpos latinoamericanos.
Finalmente, en el itinerario hemos hecho énfasis en la documentación narrativa de las prácticas docentes. Como en el caso de la mujer subalterna de Spivak (1987), "la" docente es sobre quien se escribe, se discute y se legisla, pero no es alguien a quien se le permita una posición discursiva desde la cual ella misma pueda hablar. Se puede discutir el alcance de la narración de "pequeñas historias", como posibles renuncias a los discursos acerca de la "gran historia". En este sentido, Arturo Roig se pregunta: "¿Por qué vamos a renunciar a hacer la historia de los opresores y de los oprimidos que atraviesa a todas las pequeñas historias?" (1998: 15). Sin embargo, las narraciones de los docentes abren la posibilidad de construir "identidad narrativa", centrada en el poder decir y contar quiénes somos (Ricoeur, 2006), qué hacemos, dónde estamos y, en ese movimiento, contarnos, lo que contribuye a la construcción de nuevas urdimbres simbólicas que adquieren un carácter no hegemónico, antes de quedar constreñidas por el discurso desde el cual somos hablados por otros.
Colofón: caminantes que trazan caminos
La descolonización-decolonialidad no sólo hace la crítica o la deconstrucción de las heridas coloniales; también activa una memoria de liberación que da nuevos sentidos a la educación pública, común y popular. Tiempos y espacios de posibilidad están abriendo las puertas a memorias y procesos que instalan, no una novedad, sino una historia que abreva en nuestras memorias y nuestros sueños sociales, tantas veces postergados o avasallados.
Interpelar la transformación curricular de la formación docente en la Provincia de Buenos Aires desde estas coordenadas, nunca significó reemplazar la voz de los actores por nuevas u otras teorías. Estamos convencidos de que no se trata tanto de una centralidad en los dispositivos curriculares sino en el reconocimiento de los sujetos y sus prácticas. Tampoco se trata de un cambio en las miradas sobre lo educativo y la docencia, sino de una transformación de las subjetividades que miran. He allí el sentido estratégico y ético-político que impregnó nuestra perspectiva, que va del reconocimiento de las complejidades del mundo cultural en tensión con una escolarización encarnada, hacia un posicionamiento subjetivo que, asumiendo la "herida colonial" (Dussel, 2004: 137), sea capaz de restituir la palabra, la experiencia y el sentido movilizador de la utopía.
Notas
1. Esas políticas educativas fueron conducidas por la reconocida pedagoga Adriana Puiggrós, quien fuera directora general de cultura y educación de la Provincia de Buenos Aires (2005-2007), y en el caso particular de la educación superior por Jorge Huergo, director de educación superior entre junio de 2006 y diciembre de 2007. La educación superior de la Provincia es un sistema que cuenta con más de 200 institutos formadores (170 de los cuales desarrollan formación docente), con unos 85.000 estudiantes en total. Los 207 institutos públicos de educación superior de la Provincia de Buenos Aires constituyen el 8,5% de la totalidad de instituciones estatales y privadas de este nivel en Argentina.
2. La idea de nuevos bárbaros ha sido planteada por autores diversos, como por ejemplo, Peter McLaren (1995) o Alessandro Baricco (2009), y se refiere a los grupos cuyas prácticas transgreden las prácticas consideradas en los parámetros amplios de la "normalidad", o se encuentran en situaciones marginales respecto de los órdenes sociales dominantes asociados con la idea de "civilización".
3. A partir de la mezcla de tecnicismo e idealismo se han menospreciado las propias experiencias, sometiéndolas al análisis según parámetros de "calidad", de "buenas prácticas", etcétera, ligadas al progreso como idea fantasmática que captura al sujeto, sometiéndolo al camuflaje discursivo deontológico, y llevándolo al menosprecio de la validez y el sentido de sus propias experiencias y de su propia voz para nombrarlas.
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- Última actualización en 21 Septiembre 2016
Acciones colectivas y expropiación de bienes naturales. Tácticas de resistencia a la invisibilización mediática y los reenmarcamientos estatales
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Acciones colectivas y expropiación de bienes naturales. Tácticas de resistencia a la invisibilización mediática y los reenmarcamientos estatales*
Ações coletivas e expropriação de bens naturais. táticas de resistência contra a invisibilidade na mídia eo Estado re-enquadramento
Collective actions and natural goods expropriation. Resistance tactics against the invisibilization in the media and the State re-framing
Patricia Mariel Sorribas**
Ximena Cabral***
* Las problematizaciones atraviesan dos proyectos de investigación: uno relativo a las mediaciones mediáticas de la conflictividad social y las estrategias de visibilización de los colectivos movilizados, y otro orientado hacia la expresividad de la protesta social dentro del conflicto por los bienes naturales comunes, financiados por el Conicet desde 2006 y 2007, respectivamente.
** Magíster en Sociología y doctoranda en Psicología. Becaria de postgrado tipo II del Conicet. Profesora de las universidades Nacional de Córdoba (Argentina) y Católica de Córdoba (Argentina). Miembro del Programa de Estudios de Acción Colectiva y Conflicto Social (CEA-Conicet), Córdoba (Argentina). E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
*** Licenciada en Comunicación Social, maestranda en Partidos Políticos y doctoranda en Estudios Sociales en América Latina (CEAUNC). Becaria de Postgrado tipo I del Conicet. Miembro del Programa de Estudios de Acción Colectiva y Conflicto Social (CEAConicet), Córdoba (Argentina). E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Resumen
Desde una lectura sobre la acción colectiva y los procesos de enmarcado, el presente texto focaliza en aquellas prácticas de los colectivos orientadas a revertir los procesos de invisibilización, estigmatización y silenciamiento dentro de la prensa hegemónica en Argentina. Para ello, caracteriza el avance de las políticas extractivas en los últimos años en América Latina, y la visibilidad mediática hegemónica que adopta la conflictividad en torno a éstas; luego traza la resistencia vía protestas y medios de comunicación alternativos, para finalmente dar cuenta de los reenmarcamientos del discurso público oficial en torno a lo ambiental y lo indígena como nueva estrategia de invisibilización.
Palabras clave: acción colectiva, encuadres mediáticos, políticas extractivas, discurso público, bienes naturales, resistencia.
Resumo
De uma leitura sobre a ação coletiva e os processos de enmarcado, o presente texto enfoca naquelas práticas dos coletivos orientados a reverter os processos de invisibilização, estigmatização e silenciamento dentro da imprensa hegemônica na Argentina. Para isso, caracteriza o avanço das políticas extrativas nos últimos anos na América Latina, e a visibilidade mediática hegemônica que adota a conflitividade em torno a estas; logo traça a resistência via protestos e meios de comunicação alternativos, para finalmente dar conta dos reposicionamentos do discurso público oficial em torno ao ambiental e ao indígena como nova estratégia de invisibilização.
Palavras chave: ação coletiva, enquadramentos mediáticos, políticas extrativas, discurso público, bens naturais, resistência.
Abstract
From a view of the collective action and the framing processes, this article focuses on those collectives practices tending to reverse the invisibilization, stigmatization and silencing processes inside the hegemonic media press in Argentina. To get the purpose it characterizes the last years extractive policies advancement in Latin America and the hegemonic visibilization on the media of the conflicts around those policies; then it describes the resistance through protests and alternative media. Finally, it gives an account of the official public discourse re-framing around the indigenous and environmental issues as a new invisibilization strategy.
Key words: collective action, framing, extractive policies, public discourse, natural goods, resistance.
Políticas extractivas en el mapa neocolonial
La imagen de un gran mapa donde se puedan colorear regiones según la radicación de las fábricas globales, graficaría la forma en que el capitalismo en su lógica global e imperial, asigna y ordena geopolíticamente el territorio. Las diferentes cromáticas irían definiéndose de acuerdo con las necesidades de este capitalismo, que va calificando el valor geopolítico de esos territorios. En tal mapa, y por una reorganización acelerada en los últimos quince años, cualquier empresa industrial (automotriz, aérea, naviera o textil) globaliza el proceso de producción1, es decir, se unifica industrialmente como una serie de fábricas a escala planetaria (Barreda, 2006). En ese sentido, el trazado geopolítico se colorea en dos grandes terrenos vinculados por un lado con la carrera por el desarrollo tecnológico y, por el otro, con la búsqueda de espacios, tanto en lo relativo a la extracción de los recursos-insumos, como a la construcción de mercados en donde colocar los nuevos productos. Así, mientras la naturaleza continúa constituyendo la fuente fundamental para lo obtención de las materias primas, los territorios libres (liberados) para el capital ("cercados" para aquellos intereses y sectores no ligados al capital) constituyen el soporte físico-espacial indispensable para localizar la extracción de naturaleza, transformándose así la ecosistémica y biodiversa naturaleza en nada más que "recursos naturales" (Galassi, 2009).
Este trazado remite a la concepción de acumulación originaria, propuesta por Marx, no como una fase o instancia primaria, sino reactualizada y constitutiva del capital en su lógica neocolonial. La acumulación no es resultado sino punto de partida del régimen capitalista de producción.
El descubrimiento de las comarcas de oro y plata en América, la cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de las indias orientales, la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros: son todos hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos idílicos representan otros tantos factores fundamentales en el movimiento de la acumulación originaria" (Marx, 1994: 638).
La reactualización de esos procesos en ciertos espacios a partir de la "conquista", el "saqueo" y la "caza", se constituye en la lógica dominante dentro de la forma de acumulación primaria y extractiva con la que se configura la política dentro de América Latina.
La imagen conformada por las factorías con la que iniciábamos, permite proponer un trazado subrayando su sentido colonialista en cuanto a los cambios en el modelo productivo de acumulación. La categoríaneocolonialismo se torna una de las características "más relevante y reveladora de nuestra época" (Scribano, 2005, 2008 y 2009), por constituir un momento histórico de compleja recomposición y transformación del modelo de dominio colonial que afecta y configura las condiciones de existencia de nuestras sociedades contemporáneas.
Un eje central de la explicación de las nuevas dinámicas lo constituye la expropiación de bienes comunes necesarios para mantener el irracional sistema de producción. Cantidades exorbitantes de madera, carbón, agua, combustibles fósiles, caracterizan esta lógica depredatoria a partir de políticas que promueven y posibilitan la expansión de la agroindustria, la monopolización y el control de tierras y las imposición de paquetes tecnológicos para el control de alimentos y materias primas. Ahora bien, en ese mapa, la racionalización geográfica de los procesos de producción depende en parte de la cambiante estructura de las instalaciones de transporte, de la demanda de materias primas y de la comercialización por parte de la industria y de la tendencia inherente del propio capital a la aglomeración y a la concentración. Así, tanto la expansión como la concentración geográficas son producto de la misma lucha por crear nuevas oportunidades para la acumulación de capital (Harvey, 2001: 264), cuya circulación implica un aumento determinante de los flujos espaciales donde carreteras, puertos, viaductos, se construyen para el transporte de las mercancías. Esos flujos se trazan como líneas que interconectan los diferentes puntos y factorías del mapa, a partir de su organización en ejes-corredores: ejes centrales que coordinan las grandes regiones del mundo, los grandes corredores de integración urbano-industrial y urbano-regional desarrollados a partir de la década de los noventa2. Luego, a partir del 2000, en Brasilia, y ante doce presidentes latinoamericanos, se presenta públicamente el proyecto Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA). La Autoridad Sudamericana de Infraestructura (ASI) se crea en el nivel ministerial para formalizar y dar rumbo a la iniciativa e identificar posibles proyectos en tres sectores clave: energía, transporte y telecomunicaciones. La coordinación técnica y el funcionamiento de IIRSA se delegó en 3 bancos multilaterales de desarrollo: el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (Fonplata)3. Los proyectos en el marco de la IIRSA varían enormemente, desde mejoras viales y construcción de nuevas carreteras, al establecimiento de servicios de telecomunicaciones de alta calidad (con mayor ancho de banda)4, y se identifican casi 300 proyectos de inversión en los 3 sectores, y más de 189 estudios de viabilidad iniciados. En esa línea, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) propone, siguiendo las pautas metodológicas del BID, la creación de 18 corredores de integración para poder vincular también la economía sudamericana del Atlántico (sobre todo de la región de Mercosur) con la cuenca del Pacífico. Son los viaductos que pasan por el cuello de botella estratégico que significa Bolivia, atravesada por 5 de esos corredores, para dar salida al Pacífico (Barreda, 2006). Dentro de estos corredores, se destaca el eje norte-sur5 por sus yacimientos mineros, cabezas de cuenca y grandes reservas de biodiversidad, que no integra tanto zonas urbanizadas, sino una de las zonas más importantes del planeta en materia de hidrocarburos, minerales, biodiversidad y agua. A partir de la propuesta del BID, también en esta zona se pretende integrar las tres grandes cuencas fluviales de Sudamérica: Orinoco, Amazonas y Paraná, lo que en términos ambientales constituye un grave problema. Estos trazados van delineando el mapa central donde se producirán, a su vez, las diferentes expresiones conflictuales a las que nos iremos refiriendo.
Políticas extractivas vía mecanismos de desposesión y mercantilización
Los aportes de Harvey (2005) en torno a los mecanismos de acumulación por desposesión6 y el proceso de creciente mercantilización de la tierra, nos permiten obser- var las relaciones y los claroscuros dentro de este mapa que intentamos trazar.
Una de las formas centrales de la depredación la constituye la mercantilización de la tierra7, donde las degradaciones medioambientales son condicionadas por las políticas neoliberales que han sido geográficamente desiguales e inestables a lo largo del tiempo. La neoliberalización viene siendo también la era de más rápida extinción en masa de especies ocurrida en la historia reciente. En la industria extractiva y en la agricultura el carácter depredatorio se asume a partir de su agotamiento lineal8, cuando se ha demostrado que muchos sistemas ecológicos sufren hundimientos repentinos después de que se han efectuado daños más allá de cierto límite, a partir del cual, se abre un proceso en cascada que anula su capacidad natural para reproducirse (Harvey, 2005). Aquí, la simple acción del hombre sobre la naturaleza permite incrementar la riqueza producida sin un capital adicional (Marini, 2007), llevando a que se extiendan las fronteras de tierra para la producción, y avasallando espacios de bosques, ecosistemas y expulsando a las comunidades originarias de las tierras –como así lo testifican las denuncias de los movimientos sociales y de pueblos originarios dentro de esta región–9.
Ya en este terreno conviene señalar que el Estado ha desempeñado un papel crucial tanto en el apoyo como en la promoción de las acciones de privatización de los bienes sociales y naturales, lo cual supone una transferencia de activos desde la esfera pública y popular a los dominios de lo privado y de los privilegios de clase (Harvey, 2005). En tal sentido, y asociados con los datos proporcionados por Barreda (2005 y 2006), se describen algunos de los procesos mencionados. En primer lugar, aparece la privatización-empresarialización, utilizando el poder del Estado para forzar esos procesos: privatización de material genético, contenido celular de las semillas, donde las poblaciones cuyas prácticas han desempeñado un papel decisivo en el desarrollo de estos materiales genéticos, pueden ser objeto de extracción de las rentas derivadas de su utilización10, y biopiratería11, en beneficio de un reducido número de grandes compañías farmacéuticas. En segundo término, las redistribuciones estatales implementadas vía privatización y recortes de aquella parte del gasto público que constituye el salario social12, o vía reformas del código tributario que conceden un trato favorable hacia los beneficios generados por las inversiones, frente a los que proceden de los salarios y de otro tipo de ingresos; la promoción de elementos regresivos en la legislación fiscal; la imposición de tasas a los usuarios de los servicios y la introducción de subvenciones y exenciones fiscales destinadas a las corporaciones (recanalización de los fondos públicos en beneficio de las empresas) o deducciones fiscales sobre el tipo de interés hipotecario, como forma de subsidiar a los propietarios de viviendas con rentas más elevadas y a la industria de la construcción13.
La modificación o la caducidad de los marcos normativos elaborados para proteger la fuerza de trabajo y evitar la degradación medioambiental, si bien implica una pérdida neta de derechos14, tiene como su consecuencia más grave el agotamiento de los bienes comunes (tierra, agua, aire), que sumado a la mercantilización vía turismo de las formas culturales15, de la historia y la creatividad intelectual, implica desposesiones íntegras que remiten a la complejidad del abordaje al referenciar la mercantilización y desposesión del territorio como forma de acumulación dentro del neocolonialismo.
Los desplazamientos: de recurso a servicio
Dentro del trazado inicial hemos intentado observar cómo las apropiaciones unilaterales de los bienes comunes se desarrollan bajo la concentración en manos privadas del acceso, manejo y distribución de estos bienes considerados como "recursos". En esta instancia intentaremos delinear cómo estos recursos se transforman en muchos casos en "servicios" vitales privados en Latinoamérica y en Argentina en particular. Este traspaso puede materializarse en la sugerente expresión de una vivendi universal. Esta nominación hace referencia a la convergencia y optimización entre las redes que permite la obtención de mayor ganancia, ya que Vivendi fue la primera empresa planetaria en manejo de agua y de basura, estuvo en el área del gas y la electricidad, fue la segunda empresa mundial de comunicación, manejaba industrias culturales (Larousse y Hachette), es dueña de MP3.com, incluso fue la primera empresa mundial de construcción. Ésta, como otras empresas, es categorizada como de servicios múltiples que se mueven por medio de estructuras de red y se pueden clasificar entre productivos, metabólicos, puramente formales o reproductivos (de la sociedad o reproductivos del medio ambiente). Las del sector servicios son las empresas que impulsan los procesos de privatización del ambiente al pretender el pago por "servicios" de agua y biodiversidad. Precisamente, por la importancia estratégica de los bienes que estas empresas transforman en recursos gestionados como servicios, es que se expresa su contraparte en el control territorial16. En Latinoamérica, la mayor parte de las inversiones extranjeras directas (IED) se concentran en áreas de recursos naturales y de manufactura de tecnología baja y media-baja, y existen muy pocos proyectos relacionados con la búsqueda de activos que faciliten las actividades de investigación y desarrollo (Cepal, 2009a). Después de la liberalización de las inversiones iniciada a principios de los años noventa, la IED tuvo fluctuaciones, pero siempre con una clara tendencia ascendente. Cabe destacar que de las corrientes de capital que han recibido los países de la región en las últimas dos décadas, la IED ha mostrado ser la mayor y más estable, incluso durante los períodos de crisis (Cepal, 2009b). En articulación con los primeros planteos, desde la misma Cepal se informa que los principales actores de la IED, es decir, las fuentes de dicha inversión, son las empresas transnacionales (ET), la mayoría de éstas clasificables como de "servicios múltiples". Los nuevos proyectos de inversión anunciados en 2009 en el sector primario acumularon un monto anunciado de 11.200 millones de dólares, y se concentraron, fundamentalmente, en actividades extractivas, minería e hidrocarburos. Entre las principales operaciones de fusiones y adquisiciones de 2009 se destacan las destinadas a la manufactura o el procesamiento de recursos naturales que tuvieron como principal destino Brasil, Uruguay, Chile y Colombia, siendo los inversionistas más importantes Finlandia, Alemania y Francia (Cepal, 2009a). Asociado con esto, se resalta que la intensidad tecnológica de la actividad transnacional en la región ha sido baja y concentra las actividades intensivas en trabajo y las actividades manufactureras intensivas en recursos naturales. Estas actividades tradicionalmente se asocian con el uso de mano de obra menos calificada y tecnologías estándares.
En Argentina, hemos observado como en los últimos años se han profundizado las políticas de las grandes ET que avanzan sobre el territorio, privatizando la naturaleza y apropiándose de los bienes comunes, mientras reciben el apoyo explícito del poder político central17. Del mismo modo, la explotación de la minería a cielo abierto18, la expansión de la frontera agrícola19, la tala indiscriminada de bosques, el desmonte y el monocultivo de árboles20constituyen intervenciones sobre la naturaleza que han modificado el clima, la capacidad de absorción del suelo (provocando inundaciones y desmoronamientos o aludes que afectan a poblaciones enteras). Tales inversiones asociadas con los bienes naturales coinciden con aquellos territorios donde se enraízan los principales conflictos sociales que impugnan los modelos económicos de los Estados-nación de la región. Solamente para la actividad minera se contabilizan 155 conflictos, 182 proyectos y 261 comunidades afectadas, siendo Perú, Argentina, Chile y Brasil los países de mayor concentración de dicha conflictividad (OLCA, 2010). En Argentina, además de la minería, la conflictividad en torno al petróleo, las plantas de celulosa y la sojización configuran los principales núcleos alrededor de los cuales se movilizan los colectivos que con sus demandas, desde las más específicas hasta las más integrales21, impugnan el modelo económico en desarrollo, llevando a la emergencia de alrededor de setenta asambleas por conflictos socioterrioriales y socioambientales.
Por otra parte, estas acciones extractivas-depredatorias necesitan de la construcción de un relato donde la tecnificación y las ficciones del progreso sean asumidas como propias dentro de estos territorios. Es aquí donde el papel de los medios masivos de comunicación –en tanto contracara del accionar económico– se hace indispensable para que el reenmarcamiento que hace de un "bien común" un "recurso" que al ser gestionado de modo privado retorna al ciudadano como "servicio", se desarrolle de manera que no genere disonancias, es decir, que el desplazamiento semántico naturalice ambos términos como equivalentes. Este reenmarcamiento debe ocluir el carácter conflictual que adquiere para aquellos sujetos que se enfrentan directamente con las avanzadas extractivas-depredatorias. Es necesario que los sujetos que se constituyen en audiencias –aquellos que dependen de la mediación mediática para conocer esta realidad– no perciban la naturaleza conflictual del desplazamiento de sentidos, naturalizando estas nuevas formas de nombrar.
Las mediaciones que silencianinvisibilizan y estigmatiza
Como hemos observado a partir de diferentes registros de protestas22, podemos señalar que las acciones de protesta se enfrentan, a su vez, con procesos de invisibilización, de estigmatización, de burocratización o ficcionalización de la democracia semidirecta y de represión. Los dos primeros procesos encuentran su condición de posibilidad a través de las mediaciones mediáticas que configuran una política de silenciamiento dentro de la agenda mediática hegemónica. Mientras que la represión y la burocratización responden a la mediación estatalante este tipo de conflictividad.
La mediación que logra invisibilizar-silenciar puede operar mediante las técnicas de recopilación, selección y edición de las noticias; los límites de tiempo y espacio; la falta de libertad en el formato dado a las noticias; los procesos de socialización dentro de la sala de redacción; y otras limitaciones organizacionales que ayudan a determinar tanto el contenido como las perspectivas de las noticias (Maneri y Ter Wal, 2005). Estudios sobremedia frame (Rucht y Neidhardt, 1999; Rucht et ál., 1999) señalan que los procedimientos de selección afectan a las diversas modalidades de las manifestaciones políticas –principalmente las de tipo colectivo–, produciendo sub o sobrerepresentaciones de dichos eventos. Más específicamente se proponen tres mecanismos generales por los cuales los sesgos de descripción en los reportes de los eventos ocurren: la omisión de información, la subrepresentación de la información y el framing de los eventos a partir de las piezas de información que sí son reportadas por la prensa (McCarthy et ál., 1999).
Otras formas de invisibilizar-silenciar más estructurales corresponden a las políticas de programación. En Argentina, paradójicamente, de forma simultánea a la implementación de la Ley Servicios de Comunicación Audiovisual (Ley 26.522), la reprogramación de Radio Nacional dejó fuera del aire el programa Horizonte Sur, vinculado con la visibilización de las voces disidentes en cuanto a los agronegocios y las críticas al modelo de acumulación. Lejos de contribuir a la "creación de contenido local" y de considerar que
[...] la comunicación audiovisual en cualquiera de sus soportes resulta una actividad social de interés público, en la que el Estado debe salvaguardar el derecho a la información, a la participación, preservación y desarrollo del Estado de derecho, así como los valores de la libertad de expresión (Ley 26.522).
La reducción del espacio radial y las amenazas y agresiones recibidas por medios comunitarios, constituyen parte de las operaciones que fortalecen el proceso de invisibilización- silenciamiento23.
Dentro de este proceso, que hace referencia al escaso y casi inexistente registro de estas acciones colectivas y protestas, se ocluyen: a) las consecuencias para la naturaleza y los pobladores de este modo de intervenir económicamente sobre ellos, b) las acciones de resistencia y protesta de esos pobladores y c) las acciones represivas en contra de esa movilización. Desde las voces de los propios protagonistas de muchas de las acciones colectivas en relación con los conflictos ambientales y en defensa de sus territorios y modos de vida, se hace explícita la mediación mediática que omite visibilizarlos: "[...] en el mapa han sido muchos hermanos silenciados", "se ocultan, les están ocultando todas las represiones que ocurren en nuestro territorio", "la gente está siendo investigada, está siendo reprimida, está siendo perseguida"24.
Complementariamente, la accesibilidad al espacio y a la construcción del discurso público por parte de diferentes agentes estatales y empresariales relacionados con el actual modelo económico en Argentina, está garantizada. De ello dan cuenta, por ejemplo, la "ingeniería legal" que posibilita el accionar minero en tanto discurso normativo que justifica y legitima a los emprendimientos del sector, la responsabilidad social empresaria o licencia social para la extracción de los "recursos naturales" y hasta las campañas de forestación (¿o mejor dicho de forestación?) en donde el uso de términos como árboles o bosques y todo su campo de significaciones pierde sentido, porque de lo que se trata es "del desembarco de los agronegocios forestales". Estas son sólo algunas de las diversas vías de manifestación del discurso legitimante del modelo económico, que a su vez ocultan e invisibilizan toda aquella otra expresión que no se ajuste a éste y le ofrezca resistencia. Los principales actores de la IED, las ET, tienen en su discurso como una de sus principales preocupaciones el tema ambiental, pero no para evitarlo o corregirlo25, sino para reducir sus responsabilidades legales al mínimo posible.
Los colectivos sociales movilizados que llegan a hacer visibles sus acciones por la mediación mediática, a su vez pueden ser objeto de atribuciones identitarias negativas que se instituyen en estigmas sobre la protesta social. La prensa, ante ciertos colectivos sociales movilizados, efectúa una atribución de agencia cuando se trata de acciones que considera negativas, contribuyendo o reforzando la configuración de una identidad mediática negativizada sobre las audiencias (Van Leeuwen, 1995). La mediación se construye a partir de la reactivación de ciertos fantasmas sociales (Scribano, 2005 y 2009), a partir de estrategias retóricas metonímicas que llevan de la protesta al caos, al desorden y la bestialidad-incivilidad. En primera persona, miembros de pueblos originarios que defienden sus territorios reconocen:
[...] porque cuando se habló de nosotros, siempre se habló con calificativos denostadores, excluyentes pero, fundamentalmente siempre en tiempo pasado [...] a nosotros nos defenestran diciendo que somos fundamentalistas, ambientalistas o de que estamos negando una actividad esencial para el desarrollo de los pueblos [...] los gobernantes y los representantes de las empresas [mineras] hablan a través de los medios. Jamás se van a presentar a un foro de discusión con la comunidad de afectados (II Congreso de Pueblos Originarios, 2010)26.
Así, estas voces son visibilizadas en oposición a las narrativas del "desarrollo", y son conjugadas con la demonización del trazado del eje del mal que alinea fundamentalismo con ambientalismo.
La vía institucional implementa otras mediaciones bajo la forma de canales que orientan y regulan las acciones colectivas tendientes a reconfigurar los marcos normativos. Así, las modalidades de democracia semidirecta que propician el protagonismo de la ciudadanía en términos legislativos, a la vez tienen la cualidad de a) regular y normalizar la acción colectiva tornándola menos conflictiva; b) regular los tiempos y espacios de tramitación de las demandas; c) descolectivizar la acción; d) en algunos casos, ocultar el carácter minoritario de la mayoría que decide dentro del poder legislativo, la cual debilita así su representatividad; y e) ser una vía para dar legitimidad a la voluntad del poder ejecutivo, alineando el proceso y la decisión final con la posición de esta autoridad. La experiencia de la Asamblea de Gualeguaychú por las pasteras localizadas sobre el margen del río Uruguay que llegó hasta los tribunales de La Haya, y la experiencia en Córdoba de la Comisión de Ordenamiento Territorial del Bosque Nativo (COTBN)27, evidencian las relaciones entre poder político y poder económico que van cercenando institucionalmente las "demandas" y avances de los colectivos. Apelando a ciertos significantes que configuran la identidad del buen ciudadano, se esconden prácticas antidemocráticas. Al reverso de esta retórica que apela a la legalidad, los derechos y el consenso, se justifican y enmarcan acciones autoritarias y de grupos de intereses. A esta cuestión de derechos se le suma el ejercicio "correcto" que supone la forma en que se manifiesta la protesta. Hasta la expresión de bronca, angustia y decepción parecen tener una forma unívoca de manifestación28.
El Estado y las formas institucionales de la política se presentan entonces como gerenciadores de las prácticas extractivas y depredatorias por vía doble, a partir de la instalación de marcos jurídicos que las hacen posibles –la "institucionalidad democrática"– o aguzando su aparato represivo para evitar y acallar las prácticas de resistencia.
En esa última línea, la reacción estatal vía represión directa hacia los colectivos movilizados, evidencia la capacidad de atención selectiva de las fuerzas policiales, lo cual permite sostener la plena vigencia de las políticas de control y criminalización de la protesta. Acción estatalpolicial que incluso llega a hacerse presente de manera masiva ante familias campesinas que resisten desalojos. Esta criminalización se da en el marco de una retórica belicista como forma que da cierta "legalidad" al ejercicio de la coacción y, al mismo tiempo, como forma de represión preventiva que presiona sobre los imaginarios de resistencia. La masacre de pueblos originarios en Perú, el golpe de Estado en Honduras, las bases militares en Colombia y Paraguay, los puertos de Sallaberry y Callao en Perú, la IV Flota de Estados Unidos en el Atlántico y en el Pacífico, la nuclearización de la isla Diego García y las represiones y judicializaciones en espacios locales son parte de los escenarios que muestran esta geopolítica militarista29. La represión se ha hecho sistemática y constituye una constante en la forma de resolver los conflictos sociales recientes en la provincia de Catamarca (Andalgalá), Chubut (Esquel), en el norte cordobés, en el monte de Santiago del Estero y otras provincias30, y adquiere particular crueldad con el crimen de Chocobar (Cabral, s/f), registrado por los mismos asesinos.
En los conflictos ambientales los actores tienen visiones excluyentes. El Estado y sus instituciones tienen una visión sectorial y físico-natural; las ET consideran el tema como un problema de control de emisiones (indicadores); los indígenas, campesinos, vecinos y pescadores entienden lo ambiental como un problema integral, donde el deterioro de los bienes naturales forma un todo con el deterioro de la calidad de vida, de la tenencia de la tierra y el derecho al trabajo (Carrillo, 2000). La diferencia entre estas visiones, a su vez, encuentra desiguales oportunidades de alcanzar una visibilidad que permita tornarse hegemónica, universal y natural.
La resistencia: medios propios y redes alternativas de comunicación
Ante las operaciones de invisibilización-silenciamiento y de estigmatización por parte de las corporaciones mediáticas, emerge la necesidad de construir medios propios tanto para tener una existencia como para poder constituir otros enmarcados. En este sentido, la relación entre procesos de enmarcado y acción colectiva ha adoptado centralmente tres formas donde los medios aparecen a) como amplificadores de la posibilidad de construcción de audiencias; b) como registro-testigo de los procesos colectivos, así como de las prácticas represivas de la protesta; y c) como mediación que entabla una resonancia con los marcos de acción colectiva de los propios activistas. De esta manera, en diferentes episodios de protesta puede analizarse el lugar privilegiado de estos medios de comunicación en la construcción social del conflicto, al visibilizar actores, prácticas y discursos que configuran los marcos de percepción de las audiencias. Construir audiencias, atenuar la represión y disputar los enmarcados de los conflictos socioambientales en la región, y en Argentina en particular, ha sido posible por el desarrollo de tácticas de difusión y la construcción de medios propios, más el enlace con periodistas de medios alternativos que se han multiplicado hacia fines de los noventa, a la par de la concentración monopólica dentro de las políticas culturales y, específicamente, dentro de las políticas de comunicación vinculadas con la convergencia tecnológica de los multimedios.
Lo que se denominó cerco informativo31 –denunciado por diferentes organizaciones sindicales– aludía a la necesidad "amplificadora", vinculada con la construcción de audiencias en diferentes instancias de expresión. El acceso al espacio desregulado de la Web permitió fortalecer la noción de una prensa propia y la construcción de redes en la cual los colectivos encuentran resonancia y amplificación de sus marcos interpretativos en torno a este tipo de conflictividad.
En el plano regional, la denuncia del proyecto IIRSA por el Comité Regional Sudamericano de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), diagnosticó la falta de conocimiento por parte de la opinión pública acerca del proyecto en sí y de sus impactos socioambientales. Así, se creó el Observatorio Ambiental IIRSA como una alternativa de comunicación y monitoreo a través de la oficina regional para América del Sur. Según las organizaciones que lo conforman, sus productos (mapas, foros electrónicos y gacetillas de prensa para periodistas) fortalecerán la capacidad de la sociedad civil, los gobiernos y el sector privado para evaluar los impactos, oportunidades y amenazas asociados con IIRSA, desde una perspectiva socioambiental.
En Argentina, específicamente, las últimas acciones y talleres de la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC) –lugar de encuentro, intercambio y debate de los colectivos afectados por el saqueo y la contaminación de los bienes naturales– se orientan a la visibilización de IIRSA. Los mismos portales de la UAC, No a la Mina, Movida Ambiental, Iconoclasistas y otros productos digitales sirven al mismo fin de contrarrestar la invisibilización mediática hegemónica, a la vez que permiten amplificar y documentar estas luchas. Como forma de resistencia y confrontación se editan los propios mapas y registros, las cartillas, los volantes y algunos documentos que operan como soportes desde los cuales se interpelan las demandas y las prácticas que sustentan las prácticas colectivas32. Las superficies de inscripción se multiplican y amplifican con la posibilidad de registros más autónomos de estos medios33.
Este tipo de mediación hace de quien sostiene la cámara o el micrófono un testigo, y de lo objetivado técnicamente un testimonio. Tal es el caso del fotógrafo Brad (Indymedia), quien fue asesinado por las fuerzas represivas al visibilizar la pueblada de Oaxaca, y lo que se conoció en Argentina como "la masacre del puente Pueyrredón", donde la presencia de las cámaras al visibilizar la acción y sus agentes ofreció un contenido que no puede enmarcarse como "la crisis se cobró dos víctimas" (tal como lo tituló el periódico Clarín).
Más allá de los avances y resistencias que materializan estos medios alternativos, parte de la respuesta estatal vía represión también los alcanza. Recursivamente se hace necesario registrar, documentar y visibilizar la violencia ejercida contra la prensa comprometida con esta mediación, alineada con los colectivos movilizados. La colectivización de los reporteros "sin fronteras" es la que posibilita la lucha contra la invisibilización de sus propias prácticas34. En varios países, Reporteros sin Fronteras pudo observar la paradoja de que la población local, si bien es la primera víctima de la contaminación y los diversos tráficos, llega a apoyar a los que están comprometiendo su futuro35. Situaciones similares son denunciadas por periodistas de medios independientes y alternativos en Argentina, a partir del accionar de la Red Nacional de Medios Alternativos (RNMA) que aglutina a diferentes proyectos radiales, websites, audiovisuales y gráficos. En su balance a diez años de su creación, se definió la importancia de incorporar la RNMA a las comunidades de pueblos originarios y a los movimientos campesinos como parte de la identidad del espacio. Asimismo, se propició la elaboración de un banco de datos sobre casos de criminalización con información sobre causas abiertas en cada provincia, de donde se desprende la necesidad de articularse con otras organizaciones que no estén en la RNMA36.
Esta mediación alternativa y en resonancia con los marcos de acción colectiva de los propios actores, enmarca y denuncia los conflictos desde un tiempo-espacio experimentado en común. Las retóricas del desarrollo y la sustentabilidad como parte de la fantasmática vinculada con el progreso, son confrontadas por el abandono, la desocupación, el hambre, la enfermedad y la muerte que van testimoniando los propios pobladores. La retórica vinculada al consenso, la participación y el fortalecimiento de regiones asociada con la democratización del espacio y sus relaciones37 –formas de ocultamiento de la lógica neocolonial e imperial del trazado del mapa regional–, entra en conflicto con la condición marginal a la que son expulsados quienes no se resignan. Al plan de progreso, desarrollo y responsabilidad empresarial construido por los medios hegemónicos y el Estado como parte del discurso hegemónico, se contraponen las gráficas y trazados de la prensa alternativa que registran testimonios de quienes hablan de envenenamiento, depredación, saqueo y extracción vital. Aquí esas empresas de servicios múltiples operan como máscaras de emprendimientos saqueadores que ocluyen la vitalidad del bien, intraducible como "servicio".
Paradójica y hasta cínicamente, la retórica bicentenaria en torno a la libertad, la soberanía y la independencia, se articula con la plena vigencia del credo liberal. El Bicentenario es también el momento en el que se asiste a la profundización de lógicas coloniales que suponen, en el trazado de las fábricas globales, ser una de esas regiones del mapa que aporta las energías que alimentan y mantienen el desarrollo de los países centrales. En Argentina, durante el año de festejos del Bicentenario, la conflictividad asociada con la defensa de bienes naturales comunes se incrementa y se contrapone a la versión oficial que no sólo ocluye lo conflictual, sino que instrumentaliza un encuadre folclórico estetizado sobre "lo" indígena. Cuestiones con las que concluiremos en el siguiente apartado.
Reenmarcamientos oficiales en el Bicentenario (a modo de conclusión)
Como hemos observado, la alta dependencia de las economías de la región latinoamericana, de la cual la IED es un claro indicador, y la centralidad de los bienes naturales y primarios en la generación de la riqueza tornan comprensibles –aunque no justificables– las estrategias que los Estados- nación implementan ante la emergencia de la conflictividad y las prácticas de resistencia de los colectivos movilizados. El carácter menos urbano y la posición marginal dentro del amplio territorio argentino que soportan muchas de las comunidades sensibilizadas y activas, facilita el mantenimiento de las respuestas estatales hasta ahora referenciadas (burocratización y represión).
Dentro de esas comunidades, enfatizamos el caso de los pueblos originarios porque son precisamente éstos los que –tanto en Argentina como en otros países de la región– deben necesariamente combatir la materialidad que adquiere el capitalismo en estas latitudes. Junto con amplios sectores de pequeños campesinos y otros pobladores, encarnan diferentes intentos de resistencia a la desposesión y mercantilización de aquello que consideran un bien.
Habiendo experimentado la radicalidad y la orientación contraria a la lógica capitalista de las demandas que estos pueblos plasmaron en el documento "Demandas y propuestas de acción al Estado argentino" (Foro Nacional Derecho de los Pueblos Indígenas en la Política Pública, 2005)38, la anterior presidencia optó por no canalizarlas institucionalmente. Si la vía institucional en democracia queda obstaculizada y la resignación –asumir la identidad sacrificable– no constituye una opción, queda la resistencia y la acción colectiva. Frente a estas alternativas, el Estado también se ha dado otras modalidades de reacción. Precisamente, el discurso reflexivo y la revisión histórica en torno al Bicentenario fue la ocasión para que en el nivel del discurso público, la situación de los pueblos indígenas fuera parte de la agenda estatal. Ser parte de esa agenda implica quedar enmarcados en el discurso oficial –restringido a sus operaciones de énfasis y reducción de la complejidad social–, a la vez que ser incluidos dentro de un proceso de visibilización que prioriza figuras individualizadas como portavoces de loindígena. Así, la Marcha de los Pueblos Originarios, "Transitando hacia el Camino de la Verdad" –Qapac Ñanta Purispa–, ingresó a la plaza encabezada por el referente nacional del Movimiento Barrial Tupac Amaru, Milagro Sala, y fue recibida por las Madres de Plaza de Mayo. Se trata de toda una forma de organizar la(s) experiencia(s) de estos pueblos, de manera que el carácter conflictual en el nivel estructural siga invisibilizado en el momento de mayor visibilidad mediática y urbana alcanzada por algunos de los colectivos movilizados. Desde la perspectiva de quienes participaron de esas acciones, la experiencia adquirió el carácter de espectáculo pensado para otros: las grandes audiencias. La interacción con la máxima autoridad del Estado-nación no constituyó una instancia de reconocimiento: "[...] la respuesta de la presidenta no estuvo a la altura de la marcha ni de los reclamos [...] no está informada sobre nosotros [...] no está en la misma dimensión que nosotros" (II Congreso de Pueblos Originarios, 2010). Las respuestas brindadas por el Estado en dicha oportunidad39, por un lado, hacen inteligible su desconocimiento acerca de lo demandado por estos actores, y por el otro, son la marca del discurso público oficial, que instala una idea de lo originario y lo indígena hoy en Argentina, a partir de una estetización de sus prácticas y cosmovisiones.
La espectacularización y estetización conllevan como reverso la invisibilización de uno de los actores centrales y "sacrificables" dentro de las lógicas de acumulación neocoloniales. Aun en estos escenarios de regímenes políticos democráticos, el sacrificio y la desaparición aparecen como marcas recurrentes y encubiertas bajo ropajes civilizatorios. Son las "zonas sacrificables"40, según la lógica de rentabilidad económica que favorece la radicación de empresas extractivas en nombre del desarrollo. En cambio, según los propios habitantes de esos territorios, se trata de la desaparición de "seres humanos [...] de una ciudad centenaria con una enorme riqueza cultural", es decir, no se interviene sobre un territorio deshabitado sino que son "zonas donde vive gente" y, por lo tanto, "es necesario que mueran o se vayan para que la actividad [minera] se sustente" (II Congreso de Pueblos Originarios, 2010). El destierro o la muerte aparecen como equivalentes que cercenan, acorralan, aplanan a ciertos cuerpos. Zonas y cuerpos que constituyen el reverso de un mapa neotecnologizado bajo viaductos, carreteras, puertos que hablan de integración y crecimiento. Nuevamente, lo que quede por fuera o se desborde, será parte de ese sujeto social sacrificable ya previsto por el Estado, y cuya desaparición progresiva se naturaliza junto con la desaparición de la naturaleza y los bienes comunes.
Notas
1. Este tipo de transformación, que hace a la construcción de la fábrica mundial, es a su vez el punto de partida del control del trabajo en el mundo, desafiando a la organización obrera.
2. Un núcleo industrial que desplazó el centro de la economía mundial del Atlántico al Pacífico es el factor clave para entender por qué la nueva "necesidad" de integración por parte de Estados Unidos es recepcionada por el gobierno mexicano, y trae como consecuencia la intervención sobre su propio territorio terrestre y marítimo. Esta reorganización del territorio significa romper con toda la industria de la agricultura y de la mano de obra nacional, –con quinientos años de historia–(Barreda, 2006).
3. Desde su creación, los bancos multilaterales de desarrollo han tenido un papel muy activo en el financiamiento de los estudios y proyectos relacionados con IIRSA, y proporcionaron apoyo técnico, facilitando la participación del sector privado extranjero.
4. En la primera cartera de IIRSA se realizaron 189 estudios de proyectos. De ellos, 41 fueron identificados como proyectos ancla, megaproyectos que darán lugar al desarrollo de cientos de proyectos subsiguientes. Las primeras actividades propuestas para IIRSA representan una inversión total de US$ 23.500 millones. Véase: <http://www.proteger.org.ar/iirsa/pagina.php?id=2>.
5. La resistencia a los proyectos del ALCA fue masiva en la región. La creación de tratados bilaterales en sustitución, y la actualización de corredores diseñados desde el Norte en el marco del IIRSA, muestran el mismo contenido imperialista y neocolonizador que se denunciaba en relación con el ALCA (Spedale, 2009).
6. Para Harvey (2005), el proceso de financiarización sumado al cambio tecnológico alejado de la producción, resulta relevante como mecanismo de acumulación por desposesión. A diferencia de Barreda (2006) este autor sostiene a su vez, que las áreas de producción que más crecieron fueron las emergentes industrias culturales que utilizan la tecnología de la información como base de la innovación y comercialización de sus productos.
7. Las proposiciones de Harvey (2005) suponen la "mercantilización de todo", con énfasis en las mercancías ficticias (en términos de Polanyi).
8. Según Harvey, un factor legal posibilitado por los Estados (los contratos a corto plazo), trae como consecuencia la presión ejercida sobre los productores para extraer todo lo que se pueda mientras dure la vigencia del contrato. El horizonte temporal más dilatado posible para la explotación de los recursos naturales es equivalente a la tasa de descuento (aproximadamente veinticinco años), pero en la actualidad la mayoría de los contratos son por un periodo menor.
9. La cantidad de foros y el crecimiento de cumbres "de los pueblos" e indígenas caracterizaran parte del escenario en este primer cuarto de siglo, donde se van testificando el despojo y la expulsión de campesinos e indígenas. Al respecto, ver los informes del Observatorio Social de América Latina (OSALClacso).
10. Un estudio reciente (Then y Tippe, 2009) sobre solicitudes presentadas ante la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), muestra que las grandes empresas internacionales de semillas (Monsanto, Dupont y Syngent) siguen intentando imponer sus reivindicaciones de monopolio sin preocuparse por las consecuencias para la seguridad alimentaria global y el sustento de los agricultores del mundo entero.
11. En Barreda (2005) confluyen los planteos de la materialidad del capitalismo actual en términos de corredores en la zona de Chiapas y el intento de implantación de transnacionales de industria biotecnológica.
12. Ejemplo: planes de vivienda en Inglaterra en la gestión de Margaret Tatcher que obligaron a los recientes propietarios (clases bajas) a desplazarse a las periferias en ciudades como Londres, transformando los barrios obreros en centros de intensa elitización. Igual sucedió en México, China, Estados Unidos y está sucediendo localmente en la ciudad de Córdoba (Levstein y Boito, 2008).
13. Al respecto y en el nivel local (Córdoba, Argentina), véase: Boito et ál. (2010).
14. La presión de las empresas extranjeras para la explotación forestal en países pobres, resiente las mínimas protecciones legales alcanzadas. Las propias políticas del FMI colaboraron con la reducción de los fondos estatales destinados a la gestión de esos recursos forestales. No parece accidental que entre 1997 y 1998 en el punto álgido de una crisis financiera que expulsó a millones de personas del mercado de trabajo en Indonesia, una oleada de incendios descontrolados arrasó Sumatra. Igual sospecha se ha sostenido públicamente en la provincia de Córdoba frente a los incendios en zonas de reserva.
15. En sintonía con procesos de sociosegregación urbana implementados en Europa, en Córdoba (Argentina), también se intervino el espacio público rediseñando el centro de la ciudad y estableciendo "corredores turísticos" modificando las interacciones sociales previas (Espoz, et ál., 2010).
16. Estas dos dimensiones del fenómeno pudieron establecerse en el caso de Chiapas (zona en la cual está el agua, la electricidad, el petróleo y el mejor territorio para comunicar con el Atlántico y el Pacífico), donde mediante un atlas geopolítico se produjo el mapeo de los recursos y se estudió su relación con la pobreza y con la militarización del territorio (Barreda, 2006).
17. Una de las expresiones más obscenas la constituyó el veto de la Ley de Protección de los Glaciares. Después de su aprobación por las dos cámaras, el poder ejecutivo la vetó vía decreto.
18. Actualmente existen pedidos de autorización a los gobiernos provinciales y locales en las provincias de San Juan, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Mendoza y Neuquén para cientos de explotaciones mineras. La envergadura del problema social que implica este sector hizo que, desde el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y un grupo de organizaciones académicas y no gubernamentales, se desarrolle un proyecto que focaliza inicialmente en la generación de un sistema de información sobre la conflictividad minera, confiable, legítimo y útil para el diseño y la aplicación de políticas públicas.
19. La expansión de la frontera sojera y el uso de agroquímicos están directamente asociados con la concentración y depredación de la tierra como mercancía. La sojización no tiene límites ambientales ni sociales. Ejemplos paradigmáticos en Argentina son el asesinato con una topadora de una mujer que intentaba impedir el desmonte (denunciado por Vía Campesina) y el alud en Tartagal (Salta) en 2008 como consecuencia inmediata del desmonte.
20. El Congreso Forestal Mundial (Buenos Aires, Argentina) estuvo respaldado por los más altos funcionarios del Gobierno Nacional. Con el fin de incentivar la actividad forestal, la Cámara de Diputados aprobó la prórroga por diez años de la Ley 25.080 de Inversiones para Bosques Cultivados. La prórroga, sancionada en noviembre de 2008, tuvo el apoyo de Carlos Cheppi desde la secretaría de AGPyA, y fue impulsada por los senadores Urquía, Capitanich y otros, quienes presentaron el proyecto de ley. Las fuerzas armadas anunciaron la posibilidad de uso de sus tierras para el mismo fin. Véanse las declaraciones del Grupo de Reflexión Rural en el marco del Congreso Mundial de Forestación durante 2009, disponibles en: <http://parendefumigar.blogspot.com>; véase también la campaña del ejército, disponible en: <http://www.remonta.mil.ar/content/boletin.htm>.
21. Los conflictos socioambientales más importantes giran en torno a las políticas y proyectos de extracción de recursos naturales, al régimen de propiedad y uso del territorio, y al acceso a fuentes de agua (FARN, 2010).
22. Como integrantes del Programa de Acción colectiva y Conflicto Social del Centro de Estudios Avanzados-UE Conicet, trabajamos diferentes instancias de encuentro, participación y registro de estas problemáticas. Las sistematizaciones de las intervenciones de diferentes movimientos sociales, colectivos e intelectuales durante las primeras jornadas de Acción Colectiva y Conflicto Social contra la Expropiación y Depredación de la Naturaleza. Modelo de Acumulación y Ambiente en la Reconfiguración Neocolonial del Capital, y otros pronunciamientos al respecto, pueden consultarse en <www.accioncolectiva.com.ar>, y en artículos de divulgación: Cabral (2009 y 2010), Cabral y García (2009).
23. Al respecto, véase la denuncia de censura en <http://www.grr.org.ar/censurahsur> y <http://horizontesurblog.blogspot.com>.
24. Parte de estas expresiones conformaron de la actividad de observación y registro de intervenciones en los paneles del II Congreso de Pueblos Originarios, Córdoba, 2010.
25. Las ET consideran los problemas ambientales como situaciones exclusivamente físico-naturales, que se reducen a emisiones, efluentes y residuos. El daño a terceros y la responsabilidad social son temas que, según las ET, significan sólo al pago de impuestos, el resto queda en manos del Estado (Carrillo, 2000).
26. Expresiones similares han sido recogidas en la plenaria final del Primer Encuentro de Médicos de Pueblos Fumigados, a partir de testimonios de pobladores y del colectivo Paren de Fumigar (Córdoba, agosto de 2010). La Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC) denunció las operatorias de demonización en el momento de planificar la movilización céntrica y los diferentes escraches.
27. En noviembre de 2007 se sancionó la Ley Nacional de Bosques y recién en febrero de 2009 la reglamentó el ejecutivo, previa multiplicación de protestas de alrededor de setenta organizaciones y colectivos de todo el país. En Córdoba, en 2010, la Legislatura aprobó un proyecto de ley que desconoce los estudios y lineamientos planteados por la Comisión, permitiendo extender la superficie de desmonte.
28. En Argentina, el movimiento piquetero y sus formas de manifestación (quema de neumáticos, rostros semicubiertos y porte de palos como medida de seguridad) son reconstruidos como marcas delictivitas de alteración del orden.
29. Al respecto, Ceceña (2004) describe y mapea las formas en que Estados Unidos militarizó los territorios y las relaciones sociales dentro de Latinoamérica. Véase zonas estratégicas en: <http://defenselink.mil>.
30. Informe de la Cátedra Unesco de la Universidad de Cataluña, en el apartado sobre el modelo agropecuario (Cátedra Unesco de la Universidad Politécnica de Cataluña et ál., 2009).
31. El "cerco informativo" fue abordado en Córdoba desde diferentes ámbitos que confluyeron en la creación de la Red Alternativa de Medios (RAM), junto con radios comunitarias, públicas y universitarias, revistas alternativas y medios de prensa digitales que trabajan con organizaciones sociales (2002-2003), y desde el Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren). En el nivel nacional, la red Indymedia y algunos colectivos decontrainformación van apareciendo en otras provincias.
32. Véanse los diferentes mapas trazados del conflicto realizado por Iconoclasistas, así como audios, fotografías y otros registros de las diferentes acciones colectivas en: <http://asambleasciudadanas.org.ar/?page_id=232>.
33. En Córdoba, dos experiencias de trabajo en esta línea se conformaron después de 2001. La convocada por la Universidad (Córdoba Nexo) posibilitó el trabajo con los documentos directos que se crearon en las diferentes experiencias asamblearias y autogestivas que caracterizaron el escenario posterior a 2001 en la ciudad. La iniciativa del Cispren (Prensared) fortaleció la idea de trabajo a partir de redes.
34. Casos: a) Lúcio Pinto, fundador y editor de Jornal Pessoal en Belém (Estado de Pará, Norte), publicó una serie de investigaciones sobre la deforestación amazónica, razón por la cual recibió treinta y tres actuaciones judiciales en su contra; b) Vilmar Berna, director del diario Jornal do Meio Ambiente, por abordar el exceso de pesca clandestina y las amenazas sobre la fauna marina de la Bahía de Río, recibió intimidaciones telefónicas, amenazas de muerte, y en mayo de 2006 dejaron delante de su casa un cadáver ensangrentado, medio calcinado; c) en el estado de Espirito Santo (Sudeste), Fabrício Ribeiro Pimenta tuvo que huir tras el atentado que sufrió el 30 de julio de 2009. El periodista se encontraba denunciando los vertidos tóxicos de una marmolería clandestina instalada en plena zona residencial.
35. La razón es evidente: quienes se enriquecen saqueando los recursos disponen de medios para, al hacerlo, dar empleos o ingresos a los más desfavorecidos. Esto hace que la lucha contra la deforestación o el combate contra las fábricas más contaminantes resulten más difíciles y perjudiciales para quienes los llevan a cabo.
36. Para consultar las conclusiones y puntos centrales de discusión revisar las resoluciones del 4° y 7° encuentro, disponibles en: <www.rnma.org.ar>.
37. Agenda de Implementación Consensuada es la forma como se tituló la planificación de redes y corredores de infraestructura para el transporte de mercancías del IIRSA. Su nominación connota acuerdos que suponen una igualdad de condiciones de negociación apoyada sobre fines integracionistas.
38. Los ejes centrales de dicho documento son territoriointerculturalidad- biodiversidad-personalidad jurídica.
39. Para mayor información sobre las medidas tomadas, véase: <http://www.casarosada.gov.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=7218>.
40. Tal expresión se le atribuyó a la presidenta argentina, Cristina Fernández, en uno de los paneles del II Congreso de Pueblos Originarios.
Referencias bibliográfi
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- Última actualización en 21 Septiembre 2016
Pospornografía: ¿vector decolonial o sofistificación de la maquinaria imperial?
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Pospornografía: ¿vector decolonial o sofistificación de la maquinaria imperial?*
Pospornografía: Vetor decolonial ou sofisticação da máquina imperial?
Post-pornography: de-colonial vector or the imperial machine sophistication?
Édgar Giovanni Rodríguez Cuberos**
* Se recomienda leer este texto con el acompañamiento auditivo (soundtrack): Goodnight moon de Shivaree, Hurt de Johnny Cash y Everybody knows de Leonard Cohen, con el propósito de establecer un vínculo mutimedial, y poner en juego una estética receptiva propia delperformance (esta "forma y metódica" se explica en extenso en un artículo previo, publicado en esta misma revista, bajo el título "Ciencia social performativa", Nómadas, No. 29, pp. 142-154). Agradezco a la doctora Rocío Rueda Ortiz por sus comentarios al borrador.
** Licenciado en Biología. Magíster en Investigación de Problemas Sociales Contemporáneos. Profesor catedrático de la Maestría en Investigación en Problemas Sociales Contemporáneos del Iesco-Universidad Central, y de la Fundación Universitaria Politécnico Grancolombiano, Bogotá (Colombia). E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Resumen
El artículo propone explorar las implicaciones y prospectivas de tendencias que postulan formas de considerar la manifestación simbólica del cuerpo en su afán por liberarlo, por desplegarlo como potencia de sujetos que lo consideran un territorio, una geografía y un campo de acción. Se recurre entonces a la pornografía como lugar legítimo de análisis cultural y político desde una postura decolonial. Lo pospornográfico aparece así en la última década como lugar expresivo de respuesta a un proyecto que domina el deseo, y que instaura en baja intensidad las formas y estructuras de las sexualidades en un marco económico y cultural.
Palabras clave: pospornografía, performance social, sociología cultural, cuerpo y decolonialidad.
Resumo
O artigo propõe explorar as implicações e prospectivas de tendências que postulam formas de considerar a manifestação simbólica do corpo em sua presa por liberá-lo, por mostrar como potência de sujeitos que o consideram um território, uma geografia e um campo de ação. Portanto, apela-se à pornografia como lugar legítimo de análise cultural e político desde uma postura decolonial. O pós-pornográfico aparece assim na última década como lugar expressivo de resposta a um projeto que domina o desejo, e que instaura em baixa intensidade as formas e estruturas das sexualidades em um marco econômico e cultural.
Palavras chave: pós-pornografía, performance social, sociologia cultural, corpo e decolonialidade.
Abstract
The article aims to explore the implications and prospects of some tendencies that, eager to deploy the body as a potential and to set it free from subjects who consider it as a territory, a geography and action field, postulate some ways of thinking on the bodys symbolic expression. Consequently, pornography is a legitimate place of political and cultural analysis from a de-colonial perspective. Thus, in the last decade Post-pornography appears as an expressive place corresponding to a project that dominates desire and establishes in low intensity forms and structures of sexualities in an economic and cultural framework.
Key words: post-pornography, social performance, cultural sociology, body, de-coloniality.
Un blow job cultural1...
El enigma reside en que mi cuerpo es a la vez vidente y visible. Él, que mira todas las cosas, también se puede mirar, y reconocer entonces en lo que ve el "otro lado" de su potencia vidente. El que se ve viendo, se toca tocando, es visible y sensible para sí mismo.
Maurice Merlau-Ponty¿Cuál es el parásito más resistente? Una idea.
Christopher Nolan, guión de Inception
Este trabajo asume varias dificultades, quizás la principal sea asumir la pornografía2 como un ámbito de debate y de reflexión académica legítimo. En sí misma, esta dificultad es la que da cuenta de la necesidad de comprender esta manifestación cultural como un inquietante motor en la estructuración de subjetividades modernas y contemporáneas. Lo que intento mostrar (a riesgo de una consideración negativa por parte de críticos y lectores3) es la consistencia de una máquina simbólica que afecta con baja intensidad la constitución de los cuerpos y su registro concreto en las dinámicas de relación y orden social, quizá con la esperanzada intensión de proponer dentro del campo analítico decolonial (como lo llama Mignolo (2008)), un punto de entrada alterno, de carácter estético complejo. Es decir, que no puede verse reducido ni comprometido en su forma de desarrollo y consideración metodológica, exclusivamente a enfoques de carácter historiográficos, y tampoco, someterlo al debate clásico en la historia de las ciencias sociales por defender su legitimidad académica en tanto tema de conocimiento válido.
Por el contrario, quiero asumir aquí una posición un poco más coherente con los debates y discusiones actuales de los estudios poscoloniales o de modernidad/colonialidad, para que desde las propias características y desarrollos del problema, se pueda establecer o generar un lugar de enunciación propio que me permita en el terreno de la exploración empírica, dar cuenta decolonialmente del asunto (por lo menos de manera preliminar), y posibilitar en esta vía la incorporación cruzada de una serie de saberes interpretativos que supongan (muy a pesar de las escuelas radicales de investigación social) una metodología propia y una triangulación de evidencias para hablar de algo que de entrada es multivariado, complejo y extenso4.
Por supuesto, no se trata entonces de hacer de lo pospornográfico un objeto de estudio "posmoderno", sino, en primer lugar, de inquietarse desde una visión temporal de larga duración, por ¿cuáles han sido las condiciones a través de las cuales la(s) narrativa(s) pornográfica(s) ha(n) generado un(os) efecto(s) en el cuerpo individual y colectivo, referidas al espectro de las prácticas sexuales, y que pueden plantearse desde el marco de estudio de las opciones decoloniales?5 Segundo, ¿de qué forma el efecto de subjetivación adquiere un papel emancipador y cuándo de dominación?; y, tercero, ¿cómo rastrear manifestaciones decoloniales de las prácticas sexuales en el dominio de lo que recientemente se ha venido a llamar o etiquetar como pospornográfico? Es en este sentido, y a través de esta intuición de plasticidad del pensamiento en lo ético y estético, que intento enunciarme como pospornógrafo latinoamericano6.
Así, la tesis principal que trataré de exponer aquí, considera que dentro del campo de los estudios decoloniales que giran sobre la naturaleza y consecuencias de las expansiones económicas (Mercantilismo del siglo XVI, Revolución Industrial del XIX y revolución tecnológicocibernética subsiguiente y continua, siglos XX y XXI) y su relación con la subalternización y las manifestaciones de borde, entre éstas, afro, caribeñas, asiáticas, latinoamericanas, que se contraponen a la retórica de la modernidad, se requiere de manera urgente una comprensión del carácter estético que dichas transformaciones han generado con dispositivos heterogéneos en esas comunidades imaginantes, y que actúan como vectores de fuerza o bien para la decolonización, o bien para la continuidad de la subsumisión de la creatividad y el mantenimiento de otros poderes imperiales renovados o estratégicamente sofisticados. Asumiendo que en últimas, es a través de los cuerpos que dichas condiciones pueden verse reflejadas y/o puestas en la escena de la constitución de la realidad, por medio de relaciones e imaginarios de conducta y visión de sí mismos y de los demás (una lógica del habitar y del existir en particular).
En la actualidad, considerar el cuerpo como categoría de análisis en los estudios sociales, supone que podemos comprenderlo como condición y función simbólica expresiva, y como lugar de diferencias posibles en oposición a la tradición higienista y medicalizada o de división cartesiana entre pensamiento/espíritu y cuerpo/materia. La pugna concreta donde se hacen visibles los procesos de desterritorialización, de deslocalización, de conocimiento, etcétera, atraviesa, como distintos tipos de fuerza y con distinta intensidad, por el cuerpo social e individual. De allí que las subjetividades se construyan, se generen o se transformen como consecuencia de este evento expresivo, en donde el cuerpo sirve como soporte y como plataforma.
Ensayo visual: bukakee pospornográfico7 (Imágenes aquí)
En consecuencia, las relaciones constituidas por estas subjetividades y los andamiajes de la realidad que éstas establecen, pasan por una economía diferencial entre el conocimiento, las emociones y los afectos. En esta relación, la visión que pueden definir los individuos sobre su propia sexualidad adquiere un carácter fundamental, pues las opciones para devenir son múltiples en este sentido, y pueden ser fácilmente capturadas y estandarizadas.
De tal suerte, el fenómeno de la pornografía8 se entiende no como un lugar de enunciación de una historia social, sino como esa extraña manifestación estética compleja y paradójica que involucra aspectos relevantes en la relación colonial subalterna, que adquiere visos culturales precisos para problematizar desde su producción, circulación y recepción, miradas sobre lo étnico, lo racial, lo genérico y lo sexual, entre otros aspectos. Esta construcción del "Otro social" funciona de forma permanente en una compleja trama de encuentros/desencuentros de las potencias diferenciales entre las personas, en la que se ponen en juego diversos mecanismos de sujeción y control. Frankfurter afirma en este sentido que:
La construcción del Otro social como caníbal-salvaje, demonio, brujo, vampiro o una amalgama de todo ello, se basa en un repertorio coherente de símbolos de inversión. Los relatos [...] que narramos sobre los pueblos de la periferia juegan con su salvajismo, sus costumbres libertinas y su monstruosidad. Al mismo tiempo, es indudable que el placer y el horror que sentimos al contemplar esa "Otredad" –unos sentimientos que influyeron en la brutalidad de los colonos, los misioneros y los ejércitos que entraron en las tierras de esos Otros– también afecta en el nivel de la fantasía individual (cit. Zimbardo, 2008: 25).
Es en este lugar de la fantasía que la sujeción permea la conciencia tanto de colonos como de colonizados, y es natural que la imaginación en una etapa adulta se oriente fundamentalmente hacia lo sexual.
En este último punto, en lo sexual, se considera ampliamente el efecto psíquico y pragmático de una suerte de biopolíticas que históricamente han condicionado nuestra posición como subalternos, así como las miradas que tenemos sobre nuestro propio cuerpo y nuestras prácticas sexuales. Es en el cuerpo, entonces, en sus gramáticas de representación, donde fluye la condición política necesaria para pensarnos diferente. En palabras de Preciado, la pornografía
[...] se constituye en una política del espacio y de la visibilidad que genera segmentaciones precisas de los espacios públicos y privados [...] de cómo cubrir lo descubierto y cómo destapar lo oculto, de separar las mujeres limpias de las sucias, el animal comestible de la carroña, lo útil de la basura, la cama heterosexual de la calle y sus perversiones (2009a: 45).
Si el cuerpo es, entonces admitimos que las formas de representarlo funcionan como vectores de fuerza que consolidan lenguajes y poderes resultado de la proyección sensible que tenemos de una época o una situación. La fotografía, por su parte, bien sea en su versión clásica o como repetición de una secuencia de imágenes con apoyo sonoro (cine) hace parte de la herencia de la modernidad y vehiculiza percepciones de mundo y mediaciones con nuestro cuerpo, desde, para, hacia y en éste. Tal es la importancia del cuerpo, que la forma de representarlo como ordenamiento de lo social, ha sugerido diferentes estrategias de ocultamiento, censura9, dominio, manierismo, a todo lo largo de la historia de la humanidad. La visión del cuerpo se articula con los preceptos morales y a las concepciones de intimidad, de civilidad, del decoro, de la decencia y del asco10. En este sentido, la antropología de lo asqueroso define en gran parte nuestra cultura sexual, y ha sido tema central en las apuestas judeocristianas y, por supuesto, también, de la obra psicológica, precisamente porque de su consideración aparecen las prohibiciones y los vicios. Al respecto, considera Miller:
Los seres humanos son probablemente la única especie que experimenta asco y parece que somos los únicos capaces de sentir aversión por su propia especie [...] somos el fundamento de todo asco: el hecho de que vivimos y morimos, y de que este proceso es sucio y desprende sustancias y olores que nos hacen dudar de nosotros mismos y temer a nuestros semejantes (1998: 16).
Curiosamente, el sexo y las prácticas sexuales operan y conducen en algunas ocasiones a la supresión del asco. La pornografía se ubica en este juego en el nivel psíquico y cultural.
Tratar de hablar acerca de pornografía en clave decolonial (pos), supone un recorrido denso por un tema que hasta hace unos años atrás resultaba por lo menos incómodo para aquellos que trataban de ver el asunto de la pornografía como ámbito de atención académica (en varios trabajos "clásicos" en el tema los autores inician con prólogos a manera de "disculpa moral" para asumir la entrada al espinoso asunto y salvar su "posición" para poder hablar sin que se planteen sarcasmos ulteriores). La turbidez del tema implica una suerte de tamices analíticos que desde diversas disciplinas intentan decodificar el tabú propio que involucra la sexualidad implícita en "el porno", y que la cultura alimenta desde órdenes inimaginables. Para quienes no son especialistas en el tema (o dicen no serlo), la pornografía, como campo de trabajo, carece de una significación homogénea, varía histórica y culturalmente, pero se constituye en muchas ocasiones como principio regulador de las conductas, como un vector de fuerza cultural que con baja intensidad va tejiendo y definiendo política, económica, moral y éticamente las representaciones de los imaginarios que sobre el sexo tenemos.
Entonces, sorpresivamente asuntos como la raza, las luchas políticas por la cuestión del género, las reivindicaciones culturales, etcétera, tienen en el fondo mucho que ver con la pornografía. En esta se fijan y mutan múltiples percepciones legales, institucionales y demás, que políticamente las personas usan alrededor del mundo como escaparate de sus fantasías y su concreción en las relaciones cotidianas. En otras palabras, el hecho pornográfico hace parte de una matriz más compleja que tácitamente se encarga de filtrar el deseo, actúa en las sociedades como máquina de captura, pero a veces también de fuga, juega hábilmente con las proyecciones de la sexualidad, del cuerpo, de los géneros y de las razas, excluye e incluye, etcétera. Es, quizás, una de las funciones más exacerbadas del capitalismo tardío, reflejo cultural inmanente. Por supuesto, no hay aquí una defensa del fenómeno, sino una puesta en tensión de su significado: ¿qué produce la pornografía? ¿Qué impactos genera? ¿Qué tipo de conocimiento alimenta o reproduce?
Mignolo afirma con referencia al conocimiento en general y al estatus del debate actual sobre lo colonial o decolonial:
Una distinción epistémica y geopolítica debe ser realizada entre el proyecto de los estudios de la subalternidad y el proyecto de los estudios postcoloniales, en tanto que el primero se origina principalmente del impulso y la furia de la herida colonial, mientras que el segundo se origina principalmente del impulso y las condiciones de la academia occidental y el concomitante mercado de publicaciones. Estoy hablando de la geopolítica del conocimiento y la dependencia histórico-estructural entre la metrópolis y las colonias, entre el imperialismo y el colonialismo en todos los planos: económico, político, epistémico y en la formación de subjetividades (2005: 49).
Esto significa que la mirada "académica" de la pornografía, en principio puede ser considerada como una reflexión elaborada también en el centro y no en la periferia, en la que al igual que otros fenómenos y condiciones, se ha expandido de forma exponencial en las regiones limítrofes y en las que se manifiestan en extenso coletazos e interpretaciones diversas de los discursos hegemónicos. La pospornografía podría devenir en este sentido en otra vía, siempre y cuando como elaboración propia adquiera de forma situada su propia condición de legitimidad discursiva, para ubicarse en una cartografía del poder y de su propia localización, y visibilizar lugares de enunciación de lo sexual.
En este orden de ideas, se identifica aquí uno de los ejes problemáticos si quisiéramos asumirla como una tendencia que se reafirma y que se reclama como vector decolonial. Es decir, el análisis dependería de una consideración amplia sobre la dependencia académica y la geopolítica del conocimiento en tanto lo sexual se constituye como lugar de prácticas de dominación y de reiteración de construcciones simbólicas y referenciales sobre el cuerpo, que ya de entrada suponen una multiplicidad de efectos prácticos y conceptuales. ¿Hasta qué punto entonces lo pospornográfico se aleja de una condición eurocentrada moderna?
Esta pregunta resulta importante si se considera que el discurso pospornográfico resulta ser una consecuencia contemporánea de los movimientos feministas y de su interpretación de los efectos de la pornografía en la representación de la mujer11, de lo que coligo que la pospornografía tiene pendiente como centro de reflexión incluso su locus de enunciación de la mirada reflexiva, para sortear precisamente su lugar dentro de las formas de conocimiento que disputan la independencia hermenéutica y metodológica, y que por ello, su extensión no sólo debe darse en el plano de la expresión artística, sino en el eje estético referencial del mundo cotidiano de las personas, dada su naturaleza invasiva.
De tal suerte, la genealogía de la pospornografía está imbricada en la consolidación y cambio de la biopolítica que Mignolo describe:
En los años 1970, el cambio sucedió cuando los indígenas, los negros y las mujeres, blancas y de color, tomaron su destino en sus propias manos. Esto es, el cambio bio-político. El cambio geo-político tomó lugar en los mismos años en Latinoamérica y África, y vino de la conciencia crítica del Tercer Mundo en la distribución global del conocimiento [...]. Brevemente, el dominio entero del conocimiento ha sido apropiado y manejado por las instituciones europeas y estadounidenses operando en lenguajes imperiales (2005: 55).
Así, es conveniente asumir que el movimiento pospornográfico permite a los individuos reconocer y problematizar su condición sexual, su economía del placer, que desde la maquinaria pornográfica (como lenguaje imperial) prefija unas determinaciones y supone una acción centrada en las demandas contraepistémicas y políticas. De nuevo, ¿cuándo es esto posible?
El cuerpo en esta condición se nos presenta como algo angustiosamente inestable, propio y ajeno a la vez, reflejo de una gramática imperial de dominación y sujeción a los modelos dados que, como afirma Pérez, son:
Unos modelos en los que el cuerpo –ya sea su vertiente publicitaria o "pornográfica"– es presentado como referencia desproblematizada y productiva. Vivimos, pues, entre múltiples cuerpos. O mejor aún, entre numerosos fantasmas. Los mismos no son más que metáforas de una sociedad agotada: reflejos estereotipados de un modelo social que oculta su debilidad en la hiperproducción de un exceso que sólo conduce a la nada (2004: 37).
Esta hiperproducción excesiva de lo pornográfico es lo que llamo aquí el blow job cultural, una constante felatio codificadora de experiencias que instaura a fuerza de multiplicación de la imagen, comportamientos que tienen efecto directo sobre el cuerpo. En otras palabras, la enajenación de la vida misma, si por sexo consideramos la expresión poética libre de los individuos a través del encuentro/desencuentro de sus cuerpos.
Del cum shot12 al body art: decolonialidad sexual a través del arte
El performance ya dejó de tener un carácter espectacular o radical, la mirada del artista sobre el cuerpo consiste ahora en extrapolar y revelar las simultaneidades ocultas de la experiencia banal. El retrato situacional que se busca, desborda la experiencia en la medida en que refleja descarnadamente una acción cotidiana: "El modelo se convierte en un estándar sin afecto, desmultiplicado, uno cualquiera; tanto el modelo como el colectivo están, a partir de este momento, clonados: la experiencia colectiva ya no es una experiencia fundacional" (Perrin, 2004: 311). El arte, entonces, se vuelve más sistemático y obsesivo en la búsqueda de aquello que en su demostración inquieta, posee como apuesta una estética indicial (el producto devela sus propias reglas y sentidos). Resulta notable la cantidad de secuencias de vida que han sido incorporadas como normales y que disfrazan la esquizofrenia, la ridiculez y el absurdo del sistema completo, ese mismo que retiene lo corpóreo y que sólo lo deja expresar por repeticiones y capturas, cuerpo subsumido.
La crudeza se transforma en una gramática para poder decir-hablar de la realidad, ya no maquillada por lo ligth del proyecto económico, donde se nos antoja todo como realizable. El éxito nunca antes se había problematizado tanto, nunca antes se nos había mostrado tan extraño y bizarro, incluso gozando de él en sus parámetros aceptados socialmente. "El hombre nuevo no tendrá lugar, ya que el propio humanismo se ha ausentado, programado de nuevo por una tecnología que teje tanto una nueva piel como un nuevo estado de conciencia" (Perrin, 2004: 321).
Como sabemos, durante los últimos quinientos años hemos asistido globalmente a una hegemonía científica y cultural. Parte de esta hegemonía está determinada por el control de la representación y, particularmente, de la visualidad. Dado que como reitera Buck-Morss,
Las posibilidades tecnológicas de los nuevos media se inscriben en un marco de relaciones globales que son violentamente desiguales respecto a las capacidades de producción y distribución. Su desarrollo está sesgado por intereses económicos y militares que nada tienen que ver con la cultura en el sentido global, humano (2005: 146).
Por ello, desde las nuevas perspectivas de aproximación a la realidad, y particularmente desde el performance y los nuevos estudios visuales, se propone la posibilidad de acercarnos de una manera diferencial a productos concretos que afectan nuestra relación con el entorno13.
En este sentido, el discurso que se está elaborando en torno a la pospornografía, puede convertirse en un estilo de producción audiovisual performático que desafía la producción de la imagen sexualizada tradicional, y que tiene efectos sobre nuestros afectos, las narraciones identitarias de género, la construcción del otro, la inclusión, entre otros asuntos. Algunos autores, por ejemplo, ya han detectado que la pornografía convencional posee un papel relevante en las prácticas sexuales, y actúa como dispositivo educativo en el campo sexual y en la construcción del género como impronta cultural14. Así, las posibilidades y las oportunidades de ampliar un "giro visual" en términos metodológicos y estratégicos, implica una posición renovada frente a las maneras en las cuales nos asumimos como sujetos frente a una paradojal democratización de los medios visuales y tecnológicos. No se trata exclusivamente entonces de la divulgación extensiva de las apuestas visuales, sino de lo que son capaces los espectadores en sus propias potencias para que develen las distintas hegemonías actuantes sobre sus propios cuerpos y su sexualidad.
Las nuevas tecnologías de la información han posibilitado que la experiencia pornográfica se convierta de facto en algo habitual y han eliminado algunas de las inhibiciones morales tradicionalmente impuestas a su consumo para muchas personas que de otro modo serían "decentes" (McNair, 2004: 69).
Estas nuevas políticas y posibles agenciamientos de la mirada aún en ciernes, anuncian un terreno de trabajo hermenéutico que nos pueda ayudar a comprender las alteraciones del espacio y el tiempo que generan todos los mensajes por sobreexposición. En nuestra sociedad actual, la lógica de poder actúa a través de una penetrante difusión de automatismos cognitivos. Lo sexual no escapa a ello. Entonces: "En lugar de represión y disciplina, esta forma de poder crea interfaces tecno-sociales que preestablecen patrones cognitivos de una manera que no podría ser producida de ninguna otra forma" (Bernardi cit. Graziano, 2005: 175). Se trata, según Valeria Graziano (2005), del despliegue de un "semiocapitalismo" que se adapta, cambia y muta dentro de la lógica del mercado, y termina por invisibilizar otras opciones que no se encuentren adscritas a su estructura. Es en este sentido que el cuerpo se vuelve simulacro, dado que dentro del mecanismo semiocapitalista, terminamos por asumir una abundancia de significantes vacíos, prefijados, que nos impulsan a actuar y no a vivir las situaciones en el afán por parecernos al objeto que se comercializa simbólicamente (la identidad, el éxito, la imagen, etcétera), a partir de lo cual, fortalecemos nuestra ilusión de ser partícipes y dueños de nuestro destino (falsa "democratización" definida por el acceso masivo a la reproducción de la imagen).
Las mercancías deben expresar las ideas que emergen constantemente de la interacción compleja y caótica de las personas unas con otras y con su medio y corresponder a ellas. Al hacerlo, se convierten en vehículos para la propagación y la transformación de estas ideas; los motores meméticos de su evolución en curso [...] las declaraciones de rebeldía y oposición son, en esta economía, igual de vendibles, si no más, que el sometimiento a las cosas tal como son (McNair, 2004: 27).
Entonces, el poder de la imagen que se describe aquí propone una desterritorialización más sofisticada en el dominio de la geografía de las mentes y las conciencias, se encamina al locus de la potencia de todos los individuos.
Quizá desde esta perspectiva, la pospornografía pueda asumirse como vector decolonial, si en su ejercicio se enfoca en involucrar formas distintas que nacen como expresiones plásticas que reiteran la libertad de las personas en imaginar sus propios tiempos y espacios para sus cuerpos, y se consolidan distintas formas de relación. Por otra parte, se corre el peligro, como en cualquier otra alternativa, de que estas visiones se coopten y terminen haciendo parte del repertorio de mutación que el semiocapitalismo domina, y se termine por capturar su expresión.
Si no sabemos de que es capaz un cuerpo, entonces del mismo modo desconocemos casi todo acerca de lo que es capaz una obra. Tanto una reflexión sobre el cuerpo como sobre el cuerpo de la obra plantea también una reflexión sobre sus funciones y sus usos. En lugar de fetiches, el cuerpo invita a hallar funciones y a reencontrar actos artísticos (Perrin, 2004: 316).
Por demás, la opción aquí sería la creación continua, acelerada, independiente y vertiginosa, propia de un espíritu noble que tenga como deseo principal la consolidación de una estética representacional crítica y políticamente centrada en la reinvención de lo cotidiano, que permita saberse en los flujos de la cultura y en la agitada inmaterialidad propia de la época en la que existimos: dentro de la pornosfera y la cultura del striptease.
Vintage bondage15 cultural
La novedad no es la atadura sino el nudo. La sujeción imperial fluctúa por hilos y fuerzas que son sutiles pero efectivas. Más cuando la sujeción es ampliamente deseada. En este sentido, las tramas de conflicto en las teorías de la dependencia se expresan ampliamente por vectores culturales donde los dispositivos no buscan vencer sino convencer; la extensión e intensión del modelo económico transnacionaliza y desterritorializa la mirada sobre éste y los cuerpos, a través de una sofistificación y captura del propio desear: lo pornográfico domina la imaginación sobre el cuerpo y las formas fantasmáticas de las prácticas sexuales (vinculadas con el placer), constituyéndose así en el producto de comercio más efectivo, pues sugiere una instauración moderna de la mirada. Curiosamente, lo pornográfico entra en tensión con una primera modernidad que busca distanciarse del relato de cuerpo de la hegemonía cristiana, y posteriormente de un pensamiento ilustrado como segunda modernidad. En esta cruzada por el deseo se define la figura del cuerpo por exportar dentro del inconsciente colonizador.
La masculinidad propia de un pensamiento teológico y luego egológico determina para la pornografía su sesgo patriarcal y de extenso dominio sobre el rol de la mujer. Basta con estudiar el desarrollo de la fotografía antropológica de finales del siglo XIX y comienzos del XX16, para tejer en el clandestino inconsciente de quienes están deseosos por conocer el cuerpo del salvaje, obligándolo a asumir posturas que más que antropológicas resultan ser altamente sugestivas para los coleccionistas. Subalternizar una cultura pasa en primera instancia por doblegar sus sistemas de referencia simbólicos, para subsumir su cuerpo y sus relaciones sexuales, luego las maquinarias imperiales y colonizadoras trabajan a doble jornada para cooptar el deseo del otro e implantar incluso la forma dominante de la construcción social al filtrar de forma altamente efectiva la mirada sobre las propias perversiones, las nociones de vulgaridad, de decencia, de asco, etcétera. Es en este punto que la periferización no sólo opera en el campo de lo económico, sino que sutil y efectivamente constituye una biopolítica del deseo.
Este campo es problemático porque la mayoría de los estudios afirman que la pornografía se vuelve problema social por la sordidez a la que arroja a quienes la consumen; la preocupación por lo pronto se condensa en los centros hegemónicos (Europa y Estados Unidos) y trata de estructurar políticas sobre sus uso, reproducción y tratamiento.
El contenido de la pornografía (la que tiene éxito) debe reflejar lo que se denomina estructura de deseo del consumidor. La pornografía solo puede funcionar eróticamente –esto es, actuar como medio de excitación sexual– en la medida en que consigue reflejar este deseo. El deseo del consumidor a su vez, está estructurado por la psicología de su sexualidad individual (McNair, 2004: 77).
Si esto es así, la pornografía puede terminar siendo un excelente dispositivo para el mapeo de la psicología del consumidor y de las masas deseantes y sus preferencias, que por el momento se mueven en máximo dieciséis categorías17 de preferencia sexual... un mundo erótico demasiado cerrado y poco creativo, diría yo.
Para nuestro caso, la delgada línea entre lo científico y lo pornográfico se quiebra y aporta evidencia para hablar de una simultaneidad en la colonialidad/modernidad. El discurso pornográfico en este sentido, muestra las relaciones directas para ubicarlo como vector de fuerza en el aparato mental deseante, individual y colectivo; pasa por una preocupación por la manifestación frente al valor cristiano del sexo sólo para reproducirse, y luego, por una higienización de las prácticas sexuales, específicamente en el manejo urbano del oficio de la prostitución.
Se entiende por pornografía un escenario ficticio de peligro y redención, un constante y pequeño melodrama en el que, si bien nuevos vectores han reemplazado a los antiguos, los papeles permanecen más o menos iguales a como lo fueron en un principio: la amenaza que comunicaron, las víctimas que cobraron, los redentores que galvanizaron y como ellos mismos se asignaron esa tarea (Kendrick, 1995: 16).
De este modo, en la condición de colonialidad-poscolonialidad en términos históricos de larga duración, se manifestó una variación psíquica bastante sugestiva: el proceso involucraba un proyecto de acumulación capitalista y de subalternización de bárbaros, ignorantes e inferio- res, pero además esta variación psíquica expandía también el proyecto pornográfico como consecuencia de la circulación más abierta de materiales simbólicos propios de la imaginería de la modernidad. Luego, en fenómenos como el "blanquiamiento" o la limpieza de sangre, de los cuales habla Castro-Gómez (2005) en la Nueva Granada, por ejemplo, no sólo trae como consecuencia la legitimización de un poder, sino también la adquisición de nuevos órdenes de distracción "más europeos" en la conciencia psíquica oculta de las élites criollas.
La pornografía es un diseño maquetado de una actividad sexual que depende del ojo creador y su nivel de perversión pero que al masificarse expande el deseo simplemente por la ilusión de algo aceptado por los demás. Lo obsceno es entonces un sentimiento variable e inconstante (Arcand, 1993: 27).
De nuevo, en este proceso de larga duración de la modernidad, la circulación de materiales en este sentido, no sólo implicaba la interiorización de un discurso ilustrado o científico, sino también la adquisición de nuevos regímenes de entretenimiento. El dominio de la imagen ya no pertenecía exclusivamente a las élites, sino que incluso el vulgo podía exponerse a su influjo, de modo que en la pugna entre la racionalidad ilustrada y la superstición, existía otro factor oculto: la imagen y el relato pornográfico. Ejemplos concretos saltan a la vista, como la aparición del Aretino, libro del renacimiento de amplia circulación que recoge imágenes y relatos eróticos y pornográficos, o las descripciones puramente sexuales que ilustraban los repertorios de prácticas asociadas con la brujería en el Malleus maleficarum, o las caricaturas sexuales que desprestigiaban a la monarquía francesa y que intensificaron el odio de la plebe hacia esa clase dominante "corrupta y libidinosa".
Sexed up: ¿devenir sexualidades decoloniales como evidencias sociales pospornográficas?
¿Nos interesa devenir sexualmente? ¿Qué puede significar en clave decolonial? No obstante, la realidad "pornochic" que describe McNair (2004) es un asunto inmediato, es decir, hemos devenido bajo la captura de una idea previa de lo sexual. Ser sexual hoy por hoy, no descansa en la tradición normativa que dicta pautas de comportamiento sobre "la fidelidad" o sobre el sexo como valor de cambio, sino que se recorre como modo de existencia matricial y en pliegue. Nuestra imaginación esta explotada en lo pornográfico. Para McNair
[...] vivimos en un mundo de sexualidades plurales y perversidades polimorfas, de que esta diversidad de identidades sexuales existe junto con muchos otros elementos de la vida moderna que se apartan mucho del estado humano "natural" tal como pudo haber sido en un pasado prehistórico remoto, y de que no obstante la valoramos y protegemos como parte obvia de la vida contemporánea (2004: 17).
Sin saberlo, la sexualización de la cultura habita nuestros cuerpos y voluptualiza nuestra mirada del mundo, donde la pornografía actúa como catalizador de dicha voluptuosidad. En ello se establece un interesante debate, pues, ¿qué puede antojarse ahora como obsceno o más obsceno? En el periodo de escritura de este ensayo, en una prestigiosa cadena radial anuncian con exaltación que próximamente uno de los íconos sexuales de nuestra sociedad "posará totalmente desnuda" en una revista de amplia circulación, al tiempo, el auditorio, apenas con una semana de antelación, se escandalizaba (y con razón) de las barbaridades confesas por un paramilitar mientras amenizaba, "suavizaba", su confesión con el tema musical Nunca más18. Al inicio del texto, en el ensayo visual se contrasta, por ejemplo, la imagen de la cacería del amo y de su bestia junto con otras imágenes sexualmente explícitas. ¿Qué resulta entonces más obsceno o más morboso? ¿Qué tipo de perversión de la mirada se pone en juego para su interpretación? ¿Toda representación del cuerpo implica culpas? ¿Qué cuerpos cuentan? ¡¿Quién es mi cuerpo?!
Si bien es cierto, el negocio de la pornografía es altamente rentable